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Tres conocimientos que poseo que son valiosos para mí:

1. La hermenéutica: Por ella se suele entender la capacidad para poder interpretar textos,
sin embargo, a lo largo de mi carrera conocí otras perspectivas que extendieron este
panorama. Ya no sólo se trataba del texto escrito, incluso la oralidad lo era. Por lo
tanto, al ser un ejercicio interpretativo necesariamente viene acompañada de la
comprensión. Comprender es ir más allá de uno mismo, es tratar de posicionarse en
la posición que ocupa el otro.
Pero también la hermenéutica implica el diálogo con ese otro y para dialogar resulta
indispensable saber escuchar lo que el otro dice (la comprensión). Esto último lo
desarrollo Gadamer en algunos de los trabajos que componen su principal obra
Verdad y método, en la cual se esboza una dialéctica entre el escucha y el habla que
componen el diálogo. Y para poder interpretar lo que el otro dice, es necesario
escuchar aquello que dice, incluso si va en contra de nuestros principios morales. Pues
el conocimiento no se construye por a través de uno mismo, sino con el constante
diálogo con otro u otros.
La parte teórica la aprendí por medio de textos, sin embargo, a nivel práctico fue
distinto. Al principio escuchar cosas que me contrariaban me resultaban chocantes,
empero, poco a poco fue agarrando gusto por escuchar a los demás y así aprender de
ellos cosas que con antelación no sabía o si era el caso, no les asignaba cierta
relevancia. Por otra parte, las personas que posibilitaron esto, fueron algunos
profesores míos (Mauricio Beuchot, Carlos Ham, Mario Magallón Anaya) y la gente
con la que conversaba.
2. Pedagogía Liberadora: Como hemos visto en alguna de las lecturas, dicha pedagogía
se presenta como la adquisición de conocimientos cuyos fines buscan la
transformación del medio en el que el estudiante se encuentre inscrito, pues de no ser
así, se podría caer en habladurías (teoría sin práctica) o activismo (práctica sin teoría).
Dicho conocimiento lo adquirí por medio de las enseñanzas de mi maestro Mario
Magallón Anaya, así como por medio de mi otro maestro Carlos Ham. Es con este
último con quien he podido llevar más a la práctica esta pedagogía, pues desde hace
un año lo asisto dentro de sus materias en la Facultad de Filosofía y Letras de la
UNAM.
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