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GUÍA BÁSICA PARA COMBINAR BIEN LOS ALIMENTOS:

Cómo consumir las proteínas: Las proteínas concentradas (carnes, huevos, lácteos,
etc.) son un alimento poderoso porque presentan aminoácidos esenciales, pero exigen
condiciones especiales para ser digeridas y liberar sus nutrientes. Para iniciar la digestión
proteica el estómago segrega pepsina que actúa solamente en un medio sumamente ácido
que debe mantener hasta la completa digestión de las proteínas concentradas. Si se
desean combinar proteínas animales con otro alimento, la mejor elección son los
vegetales no feculentos (verduras, coles, brotes, etc.) Y éstos conviene consumirlos
crudos, en forma de una abundante ensalada. Las proteínas concentradas de origen
animal, no deben entrar en más de una comida al día, aunque otras proteínas ligeras de
origen vegetal, sí. (las legumbres, el queso de soja o tofu, las semillas y los frutos secos
crudos, pueden cubrir las necesidades de grasa y proteínas.)
Cómo consumir los hidratos de carbono: Algunos hidratos de carbono (pan, patatas,
pastas, azúcares, etc.) son feculentos y al introducirlos en la boca, las glándulas salivales
segregan ptialina junto a otros jugos alcalinos. Después de tragar la fécula alcalinizada
necesita hallar en el estómago un medio alcalino para terminar de ser digeridas por
completo. Lo que mejor combina con las féculas son las frutas no ácidas y las verduras
frescas -crudas o levemente cocidas. Si te gustan las pastas o las patatas, se puede hacer
una comida completa con ellas pero sin añadirles huevos, carnes o quesos. Como expresé
en el tercer punto, tampoco es conveniente acompañar las féculas con líquidos porque
éstos “lavarían” la saliva que actúa en el primer paso de la digestión de los hidratos de
carbono. Por eso es que siempre aconsejo masticar muy bien los alimentos para
ensalivarlos en forma adecuada.
Cómo consumir las grasas: Las grasas pueden combinarse con los hidratos de carbono
(frutas y verduras). Aunque las proteínas vegetales, son "relativamente" compatibles con
las grasas, las proteínas animales, no. Las mejores grasas son los aceites vegetales y de
semillas, prensados en frío. Hay que consumirlos crudos en su estado líquido (no freír).
Además de las malas combinaciones, también evitar margarinas, y demás sustitutos de
la manteca, como son los aceites “hidrogenados” que están tratados de tal manera que,
para descomponerlos, el estómago debería generar temperaturas de hasta 250° C (lo cual
quiere decir que son: indigeribles).
“CONSEJO ÚTIL Y TERAPÉUTICO”: Jugo de zanahorias (o también de espinacas, de
uvas, o de remolachas, etc.): Se deben beber al natural e inmediatamente después de su
preparación. Están indicados para casos de gastritis, cólicos, obesidad, trastornos
hepáticos, úlceras gástricas, etc. (Estos preparados son muy ricos en elementos orgánicos
alcalinos como sodio, potasio y fósforo que corrigen el meteorismo, neutralizan la acidez
y favorecen el peristaltismo).
CONCLUSIÓN: Los alimentos demasiado grasos, muy condimentados, mal combinados,
acompañados de abundante bebida, salsas picantes con mayonesas, o excesivamente
azucarados, provocan digestiones más lentas y pesadas de lo normal. Si, además, no
guardamos orden en el horario y distribución de las comidas a lo largo del día y, por
ejemplo, un día no desayunamos, otro casi no comemos y al siguiente tomamos una gran
cena, nuestro aparato digestivo acabará sufriendo las consecuencias. Hay que recordar,
además, que las grandes comilonas, el stress, y el ingerir muy rápido los alimentos,
obligan al estómago a trabajar mucho más de lo habitual, con la consiguiente sensación
de malestar, acidez y pesadez.