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Cuadernos
de MARCHA i i
NUMERO 14 JUNIO 1968

------------- SUMARIO--------------
INTRODUCCIÓN .................................................. 3
MARX EN EL URUGUAY......................................... 4
MARIO SAMBARINO >
Emancipación política y emancipación
humana en el ¡oven M a r x ............................... , 5
KARL MARX Y AMÉRICA LATINA
(Selección, traducción y notas de Pedro Scarón)...... 13
BENEDETTO CROCE
Ensayo de interpretación y de crítica
de algunos conceptos del m arxismo................... 41
O. BAKURADZé
La formación de las
¡deas filosóficas de Karl Marx .......................... 63
LOUIS ALTHUSSER
Marxismo y humanismo ................................. 77
ROBERT PARIS
Más acá del marxismo
(A propósito de Louis Althusser, "Pour M a r x " ) ...... 89
YVES CALVEZ
Crítica del pensamiento marxista . . . . . . . . . . . . . . . 99
C. WRIGHT MILLS
los marxistes ............................................... 117
/

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STE Cuaderno, como el anterior, contiene textos de muy distintas pro­
E cedencias.
De marxistas y de quienes no lo son. La elección no obedece a un pro­
pósito de eclecticismo. No procura conciliación alguna. Quiere eso si, mos­
trar algunas de las posibles interpretaciones que ha merecido la obra de
Marx, incluidas las suscitadas por el “descubrimiento” de los trabados —an­
teriores al “Manifiesto Comunista”— del joven Marx, verbigracia la de Ba-
kourodze y también la del jesuíta Jean-Ives Calvez.
Quiere algo más: por un lado, probar que la lectura y el estudio de
Marx son necesarios para comprender la problemática actual; por otro, que
la “revolución de nuestro tiempo” exige completar y desarrollar a Marx.
Y aqui en América Latina, con igual o mayor motivo que en otras latitudes
geográficas y económicas.
“Nadie que no se adentre a fondo en las ideas del marxismo — dice
Wnght Mills— puede ser un científico social idóneo; nadie que crea que
el marxismo ha dicho la última palabra puede serlo tampoco.”
Y ya hace setenta años Croce —que, no lo ocultamos, ejerció una gran
influencia en nuestra juventud— escribía proféticamente: “La continuación
de la obra política de Marx es mucho más difícil que la continuación de
su obra científica.”
Al exhumar a Croce, pensamos en Antonio Gramsci el marxista italiano
y en José Carlos Mariategut, de los primeros, no sólo en el tiempo, entre los
marxistas latinoamericanos que, como acaba de señalarlo, una vez más, Anto­
nio Melis, bebieron en la “común fuente croceana” sin desprecio de la “califi­
cación ideológica y política netamente divergente de la suya”.
Por nuestra parte, frente a cuanto nos ha tocado vivir y ver, recorda­
mos con los pies puestos en nuestra tierra americana, que Engels en su res­
puesta, citada por Croce, a Dührtng, escribió: “Aquel que quiere reducir «
una misma ley la economía política de Tierra del Fuego y la de Ingla­
terra moderna, no puede llegar a otra cosa que a los lugares comunes más
vulgares."
Buscar, con el aporte del marxismo —fin y método—, soluciones propias
a los problemas propios de nuestro continente que Marx no pudo ver ni pre­
ver, ¿no es nuestra tarea?
MARX EN EL

URUGUAY
La tal ve* primera Información sobre Marx y la Internacional publicada en la prensa de
Montevideo, apareció en el diario de José Pedro Varela, La Paz, el 21 de setiembre de
1171. Reproducía unas breves declaraciones de Marx. Por el sitio en que apareció la nota y
bu característica* de aqu*i diario, las líneas de introducción debieron ser de pluma del propio
Varela, H# aquí tu texto, con su título original:

LA IN T E R N A C IO N A L Y SUS PROPÓSITOS

La dirección del H e r a l d de Nueva York resolvió enviar a uno de sus


redactores a conferenciar con el célebre jefe de la Internacional, Karl Marx,
a fin de informarse de la índole, tendencia y fines que se propone la refe­
rida sociedad.
He aquí cómo, legón el H e r a l d , Karl Marx expuso cuéle» eran los prin­
cipio* de la Internacional:
"Atacamos igualmente la monarquía y el capital. T anto una como
otro pertenecen a una civilización que desaparece rápidamente. El feuda­
lismo la esclavitud, la monarquía, el capital, el monopolio, deben desapa­
recer sucesivamente de la faz tic la tierra. El feudalismo fue el primero; la
monarquía va tan a prisa que u|>cnas la juzgamos digna de nuestros golpes. El
m onopolio y el capital la seguirán de cerca. La lucha será terrible pero es
necesaria e inevitable. El capital no es más que una de las formas de la es­
clavitud. Ahora pensamos trabar el combate en Inglaterra y esperamos hacer
triunfar nuestros derechos por los medios legales, por actos del Parlamento.
Resistirá la aristocracia pero tenemos en nuestro favor el número, la inteli­
gencia. la disciplina y venceremos en ese país primero que en cualquier otro,
porque el trabajo y el capital ya están organizados aquí según el sistema
cooperativo. Bajo este aspecto la Gran Bretaña es superior a la Francia, don­
de la industria y la tierra se ven fraccionadas en pequeñas partes, y donde
el trabajador está aislado y reducido a sus piopias fuerzas.
"Sí nuestro partido subiese al poder, el primer acto del Parlamento se-
deponer la Reina y proclamar la República.
“En seguida entregaríamos todas las grandes propiedades al Estado, que
la* explotaría en favor de los productores."
MARIO SAMBAR!NO

EMANCIPACION POLITICA
Y EMANCIPACION HUMANA
EN EL JOVEN MARX
I — INTRODUCCIÓN allá del interés actual que tiene lo que actual­
mente importa como histórico, existe en tal ca­
ENTRO del auge actual de los estudios so­ so un interés actual, y no ya histórico, de aque­
D bre el marxismo ocupa un lugar destacado llos contenidos intelectuales que, además de per­
mitir comprender cómo en determinado momen­
la atención dispensada a aquellos escritos de
Marx que pertenecen a la época de la gestación to se pensó sobre un momento histórico, dan pie
de lo que habría de ser su doctrina, y que se para repensar a tal momento histórico y a tal
identifican como trabajos del “joven Marx”. No pensamiento del mismo, proyectando nueva luz
es cosa de ocultar que, en buena parte, ese in­ sobre el acontecer y el pensar que de allí par­
tieron.
terés ha estado determinado por la voluntad de
deformar su pensamiento posterior, viéndolo a Por todo ello nos ha parecido oportuno po­
ner atención en dos breves escritos del joven
la luz de elementos románticos y conceptos es­
Marx, ambos publicados en 1844: uno. Sobre la
peculativos que Marx no sostuvo después, aun
cuestión judía (1); el otro, Glosas marginales
cuando no haya logrado exorcisarlos por Com­
pleto Pero además de ese interés ilegítimo hay
otras razones de buena índole para volver los (1) Zur Judenfrage (Sobre la cuestión judía).
ojos hacia el joven Marx. Y no se trata sólo I as citas y referencias se hacen en la siguiente
del gusto por la verdad histórica acerca de la forma: el primer número se refiere a la página
del tomo I de la edición alemana: KarlMarx-
historia de un pensamiento, lo que estaría muy Friedrich Engels. Werke. Dietz Verlag, Berlin,
justificado, tanto de por sí como porque a tra­ 19G4; el segundo número remite a la versión es­
vés del examen de su gestación se puede com­ pañola de W. Roces, de la cua! con frecuencia nos
prender mejor el sentido verdadero de sus tesis apartamos, y que aparece en: Carlos Marx y Fe­
finales; sino que ocurre además que algunos de derico Engels. La Sagrada Familia y oíros escri­
tos filosóficos de la primera época. Editorial
esos escritos, llenos de la frescura de un talento Grijalbo S.A., México, D.F., 1962. Entre las di­
juvenil, poseen un interés doctrinal real, propio vergencias que se pueden encontrar con la ver­
y directo, incluso cuando en ellos asoman ideas sión de Roces, la más importante, y a nuestro
que quedaron truncas, o marginales u olvidadas, juicio decisiva para la interpretación del texto,
se refiere a la traducción de la expresión “bür-
en el proceso selectivo del pensamiento poste­ gerliche Gesellschaft”, anfibológica en alemán,
rior. Ahora bien: cuando este último se ve con­ que nosotros vertimos siempre por “sociedad ci­
frontado con la complejidad del subsiguiente vil”, y Roces lo hace así algunas veces, pero en
proceso histórico, aquellos ingredientes primitivos las más pone “sociedad burguesa”. Es claro qua
en estos textos Marx hace la critica do la so­
se revalorizan, ofrecen sugestiones fecundas y ciedad “burguesa”, pero en función do la es­
ayudan al pensamiento crítico. Es así que, más tructura que en ella tiene la sociedad "civil”.
«rftlcai tobre d artículo "FJ Rey de Prusia aparentemente paradójico. Pero también ha co-,
jr U refonua social. Por un prusiano” (2). El nocido revoluciones (en el sentido laxo del tér­
carácter ocasional y polémico de esos trabajos mino, no sólo pues violentas y breves, sino poco
•líele liacer que el lector pase de largo sobre notorias para su tiempo y a largo plazo) acom­
alguno» conceptos de filosofía práctica que en pañadas por transformaciones sociales profundas.
ello» maneja Marx, y que son importantes en Así las cosas, parece que lo político y lo social
•i mismos, a la vez que ayudan a comprender son términos que pueden encontrarse y desen­
«1 punto de partida y el punto de llegada de contrarse de maneras múltiples. Lo que el joven
aspectos claves de su pensamiento. Marx tiene en vista, en los escritos que nos ocu­
El tema central de dichos textos es el pro­ pan, es el proceso de transformación que, desde
blema de la emancipación humana, que Marx fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, ha
examina a través de un importante aparato con­ producido en algunos Estados la “emancipación
ceptual referido al modo de ser que es propio política”, no ya en lo externo sino en lo interno,
del hombre, al sentido que en él tiene la libertad, o sea: la emancipación respecto del señorío de
y a su relación con el Estado político y la so­ origen feudal, respecto pues de lo que eran las
ciedad civil de que forma parte. En su aplica­ instituciones políticas del “antiguo régimen”. El
ción Marx enjuicia los cambios político-sociales joven Marx ve que en tal caso la revolución po­
aportados por el acontecer histórico desde los lítica ha sido a la vez una revolución social, pe­
fines del siglo anterior, dejando ya entrever as­ ro ve, además, que lo que allí se ha revolucio­
pectos que serán fundamentales en su actitud nado es la relación existente entre lo político y
teórico-práctica siguiente; y lo hace por medio lo social, sin perjuicio de que esa transforma­
de los conceptos de Estado político y sociedad ción sea simultáneamente el cumplimiento, o la
civil, emancipación política y humana, univer­ perfección, de esas mismas relaciones antes exis­
salidad y particularidad del hombre, unidad y tentes, y no sea la que ha de producir una ver­
dualidad, vida genérica y vida individual, nin­ dadera emancipación humana.
guno de los cuales puede esclarecerse sin sus Antes del cambio que hemos de examinar, lo
múltiples relaciones significativas con los otros. político y lo social estaban más indisolublemente
Por eso, y aunque nuestro propósito es precisar unidos de lo que puede entenderse cuando se
especialmente el sentido de la idea de emanci­ dice que tal orden político se corresponde con
pación, el proceso explicativo no puede particu­ tal orden social, pues lo social mismo, en cuan­
larizarse, y la comprensión ha de cumplirse de to a su estructura, tenía ya, de una manera inme­
una manera a la vez progresiva y totalizadora. diata, significado político, en tanto formaba ins­
Pero, dado que habremos de insistir en lo que titucionalmente parte del orden del Estado. Po­
más expresamente puede conectarse con nues­ sesión, familia, trabajo, estamento, corporación,
tro tema, y que en este punto la tesis de Marx determinaban “la relación del individuo singu­
es la Insuficiencia de la emancipación política, lar con el todo del Estado, esto es, sus relaciones
nos parece conveniente comenzar el comentario políticas, esto es, sus relaciones de separación y
por el examen de cómo concibe el joven Marx exclusión con las otras partes integrantes de la
las relaciones entre el orden político y el orden sociedad” Aquellos elementos no eran en verdad
social. sociales si tomamos a la sociedad como univer­
salidad, sino que constituían “sociedades parti-
II __ e m a n c ip a c ió n p o l ít ic a
Y ESTRUCTURA SOCIAL como distinta de ‘lo político”. Que la fórmula
no puede significar sin más “sociedad burgue­
L mundo ha conocido muchas revoluciones sa”, se ve en que Marx la usa también cuando

E políticas que no sólo no han cambiado la

dificado sustancialmcntc la estructura política


examina la estructura social del “antiguo régi­
men”. Cuando el joven Marx quiere referirse a
estructura social, sino que tampoco han mo­ lo típicamente burgués, como cuando contrapo­
ne, en la nueva sociedad, citoyen y b o u rg eo is, usa
este último término, tal como en francés En
misma. Han sido simples desplazamientos de las citas no se reproducen las frecuentes bas­
poder, dentro de sistemas que en su sustan­ tardillas que suele usar Marx.
cia permanecieron idénticos. Ha conocido tam­ (2) K ritisc h » R a n d g lo sse n zu d e m Artikel
bién otras revolucione» que han cambiado la " D e r K ö n ig v o n P re u sse n u n d d ie S o zia lrefo rm .
estructura política sin que por ello, ya sea V on ein e m P re u s s e n " Se cita la página del to ­
previa, concomitante o sucesivamente, se haya mo I de la misma edición alemana de las o' as
dado un cambio en la estructura social. Hasta de Marx y Engels que se señala en la nota an­
terior, anteponiendo al número las letras Kr, No
ha conocido también revoluciones hechas para se agrega otro número porque no sabemos q u e
que no haya ninguna revolución, lo que sólo es haya alguna versión española de ese te x to .
eulart» dentro d* la «ociedad** (368/35-6); pero lítica abolió d carácter político de la sociedad
sus funcione* eran políticas, por cuanto, aunque civil” (Ibid.).
“excluían al individuo del todo del Estado, con­ La consecuencia de ello fue que, tanto el
vertían las relaciones especíales de su corpora­ modo de actividad, como la situación de cada
ción con el todo en su propia relación universal uno, dejaron de ser el signo de su integración
con la vida del pueblo, y a su determinada en estructuras parciales, para adquirir un alcan­
actividad y situación civil en su actividad y ce estrictamente individual; dejaron de ser lo*
situación universal” (Ibid.). Por eso el Estado medios por los que el individuo entraba en re­
como tal, como unidad y universalidad, aparece lación con el Estado, lo que pasó a cumplirse
en la forma de algo separado, “como especial por su actividad como ciudadano, distinta y pa­
incumbencia de un Señor, cesionado del pueblo ralela respecto de su actividad individual. A ca­
y de sus servidores” (Ibid). da uno le cupo ocuparse y preocuparse por el
La consideración de los textos seleccionados todo, y en el ejercicio de ésta su función po­
que han sido expuestos nos muestra que el jo­ lítica se cumple el momento de universalidad
ven Marx concibe a una sociedad nacional co­ que está ínsito en su modo humano de ser. E*
mo un todo, el cual en realidad sólo es concreto claro entonces que el Estado, en tanto univer­
en sus diferenciadas partes integrantes, y que salidad pura o instituida, en tanto pues que
supera esas diferencias en la unidad, en cierto expresión organizada de la vida genérica del
modo ideal, de un Estado puesto por encima y hombre quedó, al menos en su apariencia, dife­
fuera de ellas. Ese Estado es representativo de renciado de la sociedad civil, a la vea que és­
lo que la sociedad es como todo genérico, como ta, perdida ya la apariencia de su contenido
universalidad, y la relación con ésta es la que universal, quedó emancipada de la vida polí­
resulta definida como relación política. El indi­ tica. Dicho de otro modo: en el Estado se con­
viduo se manifiesta como entidad política en fun­ centró la materia política; y la vida de la socie­
ción de su relación con esa universalidad, la cual dad civil, liberada de un significado político di­
en el antiguo régimen se cumple a través de su recto, devino el campo expresivo de lo particular
lugar en la sociedad civil, o sea a través de la en tanto que particular. Lo político y lo civil,
forma parcial de sociedad en la que tal hombre en un proceso simultáneo, se distinguen, se dis­
está situado; sociedad parcial que —ella sí— tie­ tancian y se contraponen.
ne inmediatamente un carácter político, porque Desde el momento en que ahora el Estado,
es ella la que se relaciona directamente con el en cuanto puro ente político, se integra y man­
Estado, en cuya universalidad se integra, pero tiene por un juego de conexiones con los hom­
a través de las características de su propia par­ bres como ciudadanos, es decir en tanto que a
ticularidad. En cuanto indisolublemente ligado su vez son ellos entes políticos, los quehaceres
a la vida de una sociedad, el hombre es una esen­ espirituales y materiales que constituyen el dia­
cia comunitaria, en el sentido de que su modo rio entretejimiento de la actividad por la que
de ser es siempre un modo de ser-en-común. Pero subsisten todos y cada uno en cuanto seres par­
en la sociedad feudad ese modo de ser, que lo ticulares necesitados, quedan excluidos del Es­
constituye como universalidad, no queda reali­ tado y entregados al libre funcionamiento de la
zado de una manera propia e inmediata, por sociedad civil. Tal, a lo menos, ha sido la idea
cuanto se cumple por medio de su situación es­ pura del puro Estado liberal, del Estado mero
tatutaria en la sociedad civil; y esa situación es juez y gendarme, del que todos forman parte
particular. como ciudadanos, y del que todos están fuera
Así las cosas, el significado de la revolución en tanto que cada uno regula de por sí su li­
que determinó la emancipación política resulta bertad privada según la ley de su propio gusto
claro: fue abolido el poder señorial, y el Estado, o interés. Por eso puede decir Marx: “Donde d
como entidad política, pasó a ser cosa que in­ Estado político ha alcanzado su verdadero desa­
cumbe a todos y en la que todos han de par­ rrollo, lleva el hombre no sólo en d pensamiento,
ticipar activamente; por lo tanto fueron elimi­ en la conciencia, sino también eii la realidad,
nados los estamentos, las corporaciones, los gre­ una doble vida, una celestial y otra terrenal;
mios, los privilegios, que se interponían entre el la vida en la comunidad politica, en la que se
hombre del pueblo o el pueblo mismo, y su ser valora como ser comunitario, y la vida en la so­
comunitario total. No más diferencias políticas; ciedad civil, donde actúa como hombre privado,
“libertad, igualdad, fraternidad” ; por lo tanto, considera a los otros hombres como medios, él
que queden fuera de la vida política las estruc­ mismo se degrada como medio y se vuelve ju­
turas sociales que determinaban diferencias en guete de poderes extraños” (3!)5/23). A*í la
cuanto a la condición política. De donde esta Estado político se relaciona con U sociedad ci­
Importante consecuencia: que “la revolución po­ vil como el cielo con Ja tierra, o sea que la tra*-
«fend« Idealmente y no realmente, dejándola co­ de Estado; se emancipa de la propiedad, decla­
mo eitá (Cf. lbid.). Por eso también: “El hom­ rando que todos son ciudadanos, cualquiera sea
bre tul como es en tanto miembro de la sociedad su patrimonio; se libera de las diferencias de na­
civil, el hombre no-político, aparece pues necesa­ cimiento, y aun de cultura, declarando que todos,
riamente como d hombre natural” (369/37). cualquiera sea su nacimiento y cualquiera sea su
Si tal ha sido el significado de la emanci­ instrucción, son igualmente ciudadanos libres pa­
pación política, su resultado inmediato es la ra votar y libres para ser electos. Pero en los he­
manifestadón patente, en el mismo orden de lo chos todas las diferencias abolidas por el Estado
secular, de la dualidad que ya en la sociedad politicamente emancipado, y que por lo tanto
feudal desgarraba la unidad del hombre en hom­ ya no valen para los hombres en tanto entes
bre de dos reinos; “en el Estado, donde el hom­ políticos, siguen actuando y pesando en la vida
bre vale como ser genérico, es el miembro ima­ real, siguen siendo diferencias operantes en la
ginario de una soberanía quimérica, está despo­ sociedad civil. Por eso dice Marx: "el Estado
jado de su vida individual efectiva y dotado de puede ser un Estado libre sin que por eso el
una ficticia universalidad” (355/24); en la ver­ hombre sea un -hombre libre” (353/22). Mas
dad de los hechos, en el funcionamiento efec­ entonces, y por cuanto la dualidad de lo polí­
tivo de la sociedad civil, el ideal ser comunitario tico y lo civil conduce a escindir lo inescindi-
desaparece ante el comportamiento del particu­ ble, la proposición puede invertirse: si no hay
lar en tanto que particular: “no se considera ver­ emancipación humana plena, si el hombre no es
dadero y auténtico hombre al hombre en cuan­ en verdad libre y no sólo políticamente libre, no
to ciudadano, sino al hombre en cuanto bour- hay Estado libre. Esos límites se hacen patentes
geois” (366/34). Por eso los llamados “derechos en el contenido de la emancipación política:
humanos”, aunque en parte son políticos, funda­ “Por eso el hombre no fue liberado de la reli­
mentalmente están destinados a servir al hom­ gión: recibió la libertad religiosa. No fue libe­
bre en cuanto civil, pues a él le pertenece la pri­ rado de la propiedad: recibió la libertad de pro­
macía. El reconocimiento de su libertad es el piedad. No fue liberado del egoísmo de la in­
de su desenfreno no-social. Pero tal hombre no dustria: recibió la libertad industrial (369/37).
es libre, pues el Estado, que se dice al servicio Y ha recibido esas libertades en hombre de su
de su interés, es el mediador entre él y su liber­ monàdico interés privado.
tad, secularizando también en este otro aspecto
la mediación religiosa; mas en tal grado es esto III — EL ESTADO CRISTIANO
una ficción, que “el derecho humano a la liber­
tad deja de ser un derecho cuando entra en coli­
sión con la vida política, mientras que, con arre­
glo a la teoría, la vida ]>olít¡ea sólo es la ga­
N O debemos olvidar (pie el ninnilo de te is
que anteceden se esplicatati en un trabajo
que ya hemos calificado tle ocasional y polémico.
rantía de los derechos humanos” (367/35). V Debemos ahora compenetrarnos algo de este as­
por éstos se entienden, fundamentalmente, “los pecto, pues es el que, en definitiva, permite ver
del hombre egoísta, separado del ser-cn-común", en toda su fuerza las proyecciones de lo antes
o sea el derecho a ser “mónada aislada" que usa dicho. Marx escribe Sobre la cuestión judía a
de los otros como medios, al tiempo que los con­ fin de hacer el examen crítico de dos trabajos
sidera iguales en cuanto otras mónadas que pue­ de II, llauer, en los cuales éste abordaba el pro­
den servirse de él; el derecho a disponer de su blema de la aspiración de los judíos alemanes a
patrimonio a su capricho, sin que en nada im­ su emancipación politica, o sea a la abolición
porten los demás; el derecho a que la sociedad de su estatuto de secesión. Tal aspiración, según
sea la seguridad y garantía de su propio y sin­ II. llauer, era de carácter egoísta, porque en A’e-
gular interés. (Cf. 364-5/32-33). mania nadie estaba políticamente emancipado,
La emancipación política ha sido un pro­ y era por esta emancipación de todos que, pri-
greso efectivo, ha suprimido en verdad formas i mero, había que luchar, así como por la emanci­
de servidumbre, pero tiene límites claros que pación humana en general. La situación en A’e-
muestran que no coincide con el concepto de tnania, todavía ligada al orden tradicional, era
emancipación humana. Su alcance restringido se la de un Estado cristiano, que como tal se fun­
observa fácilmente en esto: que el Estado, como daba en un sistema de privilegios, dentro de los
Estado, en cuanto a su estructura jurídica, se cuales estaba también la condición del judío,
libera de yugos de los que no queda liberado cesionado por su diferenciación religiosa, que te­
el hombre; es más: en los hechos, éste puede nía su propio estatuto social, por el cual, aunque
verse todavía más subyugado. El Estado se excluido de ciertos derechos y deberes de los súb­
emancipa de la religión declarando la libertad ditos cristianos, tenía a su vez derechos y deberes
de cultos, y aun más al liberarse de la religión de que carecían éstos. Al pedir su emancipación
política, los judíos reclamaban, ímplícitameente, es en esa idealidad, en la que el rey y el mendigo
que el Estado cristiano abandonase su prejuicio son iguales cuando tan desigual es su mundo
religioso, sin abandonar ellos el suyo. Ni por su efectivo, que pretende tener su espíritu y mani­
religión, que era distinta; ni por la ciudadanía, festarse como esencia comunitaria. Ahora bien:
que no existía en Alemania; ni por su condición respecto de la religión, la emancipación política
de hombres, que no se cumplía plenamente ni consiste en remitirla al mundo de los intereses
siquiera en aquellos que habían de liberarlos, privados; deja entonces de ser uno de los símbo­
podían los judíos fundamentar su aspiración. Es los de la unidad ficticia de un Estado; pero al
aproximadamente así que Marx hacía el resumen manifestarse en el orden de la sociedad civil,
del planteo de Bauer, al que reconocía sagacidad revela su esencia, oculta pero originaria, que
y novedad. No olvidemos que entonces el proble­ consiste en provenir de la separación real de los
ma judío no era un problema racial, sino estric­ individuos, los unos respecto de los otros y ca­
tamente religioso. Nada había contra el judío da uno respecto de sí mismo, pues es la expre­
converso al cristianismo, cosa que había hecho sión ideal del alejamiento que todos los de tal
el padre de Marx. sociedad padecen respecto del ser-en-común que
Es lógico entonces que en el centro del pro­ en todos es esencial. Mas si la sociedad civil es,
blema haya que plantear el sentido del concep­ fuera de la unidad abstracta del Estado, el rei­
to de un “Estado cristiano”. En cuanto cristiano, no de la guerra de todos contra todos, la religión,
éste parece excluir de sí la universalidad formal cuando pasa al rango de lo que es mera prefe­
que en cuanto Estado habría de requerírsele. Por rencia de cada cual, coincide con ese dominio
eso parece preciso plantear el tema de la supe­ de las diferencias que es característico del inte­
ración política de la religión. Pero —y dentro rés privado. El Estado cristiano cumplido no es
de la inclinación al ateísmo que se manifestaba el que declara que el cristianismo es su funda­
en sectores de la izquierda hegeliana— tal supe­ mento, sino más bien el Estado sin religión. (Cf.
ración no-es, según advierte Marx, la superación Ibid.). De ahí la esencia religiosa del nuevo Es­
de la religión en cuanto tal: “El problema de'-, tado profano, en tanto dualista y no unitario:
las relaciones de la emancipación política con la “Eos miembros del Estado político son religiosos
religión deviene para nosotros el problema de la |>or el dualismo entre la vida individual y la vi­
relación de la emancipación política con la einan- da genérica, entre la vida de la sociedad civil y
c ción humana” (352/21). Es así que surge la vida política; religiosos, en tanto el hombre
la problemática que en los parágrafos anteriores se relaciona con la vida del Estado, que está más
hemos examinado. Ea complementación de lo allá de su individualidad efectiva, como con su
en ellos expuesto nos lleva ahora a preguntarnos vida verdadera; religiosos, por cuanto la religión
cómo concibe el joven Marx el sentido del “Es­ es aquí el espíritu de la sociedad civil, la expre­
tado cristiano” y de su superación, tanto polí­ sión de la separación y del alejamiento del hom­
tica como humana. bre respecto del hombre” (360/28).
Lo que, por siglos y siglos se ha llamado Hay pues también, en el Estado político que
“Estado cristiano” no ha sido otra cosa que un tiende a una estructura liberal, un más allá irreal
Estado cuya esencia está enajenada para el pue­ (el ciudadano) y un más acá real, el del hombre
blo (Cf. 367/35), en el cual “vale el extraña­ concreto, que es donde ahora importa la salva­
miento, pero no el hombre” (360/28), un Es­ ción individual: “Ea imagen fantástica, el sueño,
tado imperfecto, al que la religión “le sirve de el postulado del cristianismo, la soberanía del
complemento y le permite santificar su imper­ hombre, como un ser extraño, diferenciado del
fección” (358/26), contrariando las máximas del hombre efectivo, es en la democracia realidad
Evangelio, que no podría acatar sin disolverse sensible, presente, máxima secular” (360-1/29).
como Estado; al cual pues la religión le sirve de Por eso en lugares donde, en tiempos de Marx,
medio cubriendo la “infamia de sus fines secu­ se había logrado una verdadera emancipación po­
lares” (360/28), por lo que “él es el Estado de lítica de la religión, como en los Estados Unidos,
la hipocresía” (358/26). “El llamado Estado cris­ no se había logrado por ello no ya una emanci­
tiano es la negación cristiana del Estado, pero pación real, sino ni siquiera social de la religión,
de ninguna manera la realización estatal del cris­ tanto por no concebirse allí que se pueda inte­
tianismo” (357/26). grar decentemente la sociedad si no se tiene
Tal Estado cristiano remite a lo celestial la religión, sino también porque el espíritu del in­
unidad comunitaria que desconoce y desgarra terés privado tiene en esa sociedad una máxima
en lo terrenal, que es el reino efectivo de la expresión (Cf. 351-2/20-1).
división y de la particularidad, de suerte que De la misma manera que el proceso histó­
recurre a una idealidad irreal para disimular y rico ha hecho posible disolver por el análisi»
compensar la deficiencia de su estructura real; la idealidad del cristianismo en su significado
real, n preciso poner en descubierto la ni tampoco político; es social, pero en tanto lo
realidad del judaismo tras su idealidad; pues social está gobernado por el poder del dinero, que
¿uta e» la traducción o la complomentación de a través de él gobierna a lo político. Por éso su
■quilla. El espíritu del judaismo no está en lo superación ha dé estar eñ Una tránsfofmáeión
sabático sino en lo Cotidiano, dónde su culto Social qué haga imposible él podéf dél dirtéfó,
y su Dios son la usura y él dinero (Gf.371-2/ y qué impida que todo cuánto tiene valor Sé
40-1). Por su propia naturaleza, el judaismo vuelva mercancía. Sólo en tal transformación
no se ha mantenido a pesar de la sociedad social el hombre podrá encontrarse a sí mismo
ciistiana, sino por medio de ella, en tanto que en su verdadero ser comunitario.
históricamente ella misma lo engendra (Cf.
Jhitl.) lis más: en la nueva sociedad civil, el IV — LA EMANCIPACIÓN HUMANA
judaismo ha encontrado su apogeó (Cf. 376/43): Y LO POLITICO
“ El cristianismo ha surgido del judaismo y se
lia disuelto en el judaismo. El cristiano fue, ERO, ¿cómo ha de entenderse en su signifi­
desde el primer momento, el judío teorizante, el
judío es por lo tanto el cristiano práctico, y el
P cado radical la emancipación humana?:
“Sólo cuando el hombre individual efectivo ha
cristiano práctico ha devenido de nuevo judío” recobrado en sí al ciudadano abstracto y, como
(Ihid.). El judio, esté o no políticamente eman­ hombre individual, en su vida empírica, en su
cipado, se ha emancipado ya gracias al poder trabajo individual, en sus relaciones individua­
del dinero (Cf. 373-40); por ejemplo, para ilus­ les, ha devenido ser genérico, sólo cuando el
trar lo dicho por Marx: de tal banquero que, hombre ha conocido y organizado sus fuerzas
eu un Estado políticamente no-emancipado care­ propias (3) como fuerzas sociales y por lo tanto
ce de los derechos del no-judío, depende la po­ no separa más de sí la fuerza social en la forma
lítica del Estado. Por eso la verdadera “emanci­ de fuerza política, sólo entonces la emancipa­
pación social del judío es la emancipación de ción humana se ha completado” (370/38).
la sociedad del judaismo” (376-7/44), o sea una Así pues la emancipación humana supone la
emancipación no ya política, sino humana, que superación del dualismo entre el orden político
lia de consistir en la liberación de la sociedad y el orden social, no porque lo segundo tenga
de la servidumbre a que está sometida por cau­ significado politico, ni porque lo primero resul­
sa del interés privado y del dinero. Al realizar te de lo segundo o lo exprese, pues en ambos
la emancipación política la nueva sociedad da casos el dualismo existe, sino porque lo prime­
sin duda un paso adelante, puesto que contribu­ ro se disuelve, deja de tener un sentido propio,
ye a manifestar la plenitud de su esencia: ha cuando el individuo concreto se realiza efectiva­
conducido un proceso histórico a su término en mente como ser social, no se aísla de lo que
el sentido de que ha permitido llegar a un pun­ a la vez es su principio y su sentido, el cual no
to en el cual se hace patente la necesidad de consiste en la sociedad como tal. pues éste es
una transformación radical, que libere al hom­ un término exterior y contrapuesto, sino en su
bre efectivo, concreto, real, y no ya al hombre modo social de ser, de suerte que su particula­
abstracto (Cf. 370/37) que oculta su estrechez ridad se desarrolla con valor universal. Marx
v pobredad humanas con su “piel de león po­ está en el polo opuesto de la línea liberal según
lítica” (355/24), la cual la mayor dicha del todo se logra cuan­
El paso de la sociedad que tenía al cristia­ do cada uno procura su propia dicha indivi­
nismo como fundamento ideal, a la sociedad dual. Cuando el particular se aísla hacia su par­
real de estructura judaica, es para el joven ticularidad se pierde su sentido de universali­
Marx un proceso histórico de perfecta lógica. Só­ dad, no se realiza de manera propia su modo
lo )x>r medio del cristianismo, que ha hecho “ex­ social de ser, lo ideal y lo real marchan por
teriores al hombre todos los vínculos nacionales, caminos separados y se sitúan en planos distin­
naturales, morales y teóricos” que son necesarios tos. Por eso la transformación necesaria es de
puta permitir configurar el sentido concreto de carácter social y no politico, y no puede ser rea­
tilín personalidad humana no separada de sí mis- lizada por actos políticos de sectores interesados
niu, "podía la sociedad civil llegar a separarse en su propia particularidad. Por eso también
completamente del Estado” (376/43), de suerte esa transformación, además de superar la etapa
(pie lo teológico, lo laboral, lo estatutario, no de la emancipación politica, ha de superar a la
Integran la condición abstracta de su ser-ciuda­ política misma, ha de superar al Estado romo
dano, el nial se asemeja a la “quimérica íiacio- ente político, ha de superar, en definitiva, aquel
n a l i i l .n l tlrl judío (que) es la nacionalidad del
mercader” (374-D/42). El verdadero nudo del
problema ¡udro-criitlano no e» pues teológico, (3) " io rc e s p r o p re t" e n el o rig in a l.
grado o momento del desarrollo de la razón que ma de seres humanos, sino una comunidad que
se puede designar como “entendimiento políti­ permite que el hombre sea humano, y lo sea
co”. El punto de vista que se corresponde con por su sentido de comunidad.
éste, cegado por la aparente universalidad del
Estado, no puede comprender la dualidad real V — CONSIDERACIONES FINALES
entre Estado y sociedad. Es así que, cuando el
entendimiento político busca la razón de los ma­
OS dos textos examinados guardan intima
les sociales, la encuentra, sea en leyes inevita­
bles de la naturaleza, o en malas formas de vida
privada, así sea la mala voluntad de los pobres,
L relación con otros de esa misma época
(1843-44). Traducen la decepción de Marx por
que no quieren trabajar o piden demasiado, o las revoluciones políticas y su separación de la
en el ánimo no-cristiano de los ricos, o en el ideología social-democràtica. Expresan también
espíritu reaccionario de los propietarios: “Por una actitud crítica respecto del hegelianismo, no
eso Inglaterra castiga a los pobres, el rey de obstante lo cual es de evidente filiación hege-
Prusia exhorta a los ricos, y la Convención de­ liana el sistema conceptual utilizado. Llama
capita a los propietarios” ¡Rr. 401); o en de­ además la atención la analogía que más de una
fectos intencionales o casuales de la administra­ de sus formulaciones tiene con textos del joven
ción (tales políticos deshonestos, tales funciona­ Hegel, por entonces inéditos.
rios incompetentes), lo que exige medidas co­ El lenguaje utilizado en los trabajos mencio­
rrectivas, las cuales no enmiendan nada de fon­ nados difiere considerablemente del que se en­
do (Cf. Ibid.). “Si el Estado moderno qui­ cuentra en las obras posteriores de Marx, en
siera superar la incompetencia de su administra­ las que éste trató de evitar las expresiones qua
ción, tendría que superar la actual vida priva­ pudiesen dar lugar a interpretaciones “metafísi­
da. Si quisiera superar la vida privada, tendría cas”. Por lo demás, es bien sabido que, en 1844,
que superarse a sí mismo, pues él existe sólo en Marx estaba todavía lejos de comprender todos
oposición a la misma” (Kr. 402): pues, sólo so- los mecanismos del orden económico que cons­
' bre los elementos particulares el Estado se conss tituyen el trasfondo de los fenómenos que exa­
tituve como universalidad. mina, de suerte que los escritos de entonces no
Resulta así que no sólo la emancipación po­ representan lo característico de las doctrinas da
lítica es distinta de la emancipación humana, su madurez. Pero los textos que hemos estudia­
sino también que el entendimiento político no do muestran, a nuestro juicio con gran claridad,
es capaz ni de comprender ni de realizar la enfoques que serán persistentes en sus obras. Sus
emancipación humana. El Estado político no temas de ente ces: unidad y dualidad del hom­
puede encontrar en él mismo y en la sociedad bre, vida política y estructura social, particula­
a la que expresa, el fundamento de los males ridad y universalidad, vida de sentido individual
sociales (Cf. Kr. 401), y cada partido los ex­ o de valor genérico, continúan poseyendo actua­
plica porque está en el peder el partido con­ lidad; baste pensar, para poner un solo ejem­
trario; o se cree que todo se arregla cambiando plo, su importancia para examinar el sentido
por otra una determinada forma de Estado (Cf. de esas nuevas formas de mediación entre lo in­
Ibid.). No se piensa ni se quiere pensar que el dividual y lo colectivo que representan las fuer­
mal está en lo político en cuanto tal, y que zas gremiales, y juzgar acerca de cómo ésta*
sólo puede enmendarse en una reforma social orientan su acción. Pero también importan, y
que supere el punto de vista de la emancipación mucho, para emprender el análisis de otro cam­
política, lo que no puede provenir de una polí­ po que hoy pide urgentemente nuestra atención,
tica del Estado. A lo más el entendimiento polí­ y que es el de la vida internacional. Son mu­
tico sueña con una moralización de la política chas las naciones que tienen una situación qua
y de la sociedad, pide por ejemplo honestidad y es semejante a la que en el orden interno re­
frugalidad, pues para él el principio de la acción presenta la emancipación política. En la socie­
está en la voluntad, y cuanto más se desarrolla dad internacional van juntas la ficción de una
“tanto más ciego es respecto de los límites espi­ igualdad jurídica y la realidad de una depen­
rituales y naturales de la voluntad, y más inca­ dencia sustancial, y el hecho de que no haya,
paz es de descubrir la fuente de los males so­ como ente abstracto, un Estado supranacional,
ciales” (Kr. 402). La emancipación política no hace sino señalar más especialmente que en
tiende a superar el aislamiento del hombre de esa sociedad sólo existen particularizaciones com­
la comunidad política; la emancipación social, petitivas que no representan otra cosa que el
que pertenece a otro orden más grave y profun­ reino de la fuerza, más el aditamiento’verbal
do, quiere superar la separación del hombre de de invocaciones al todo. Tal vez movimiento»
la comunidad humana, que no es una mera su­ regionales, o de conjuntos de naciones' que e»-
té* m *»u estado » « n e j a n t e al que t e n i a el les, en y por la particularidad, pueda cum plir
«br*ro aislado «a lo« comienzos d e la emanci- se una universalidad efectiva, que s e a otra co­
p««LSa politice, o m o v i m i e n t o s ideológicos e x * sa que la universalidad aparente y la privativi*
«manadonalec, puedan r e p r e s e n t a r a q u í f o r m a s dad real a la que aspiran k c c e n tro * in te rn a »
4» anadiacidn que permitan accione* por Las cua­ « to n a le » á® pode».

Cu a d e r n o s de m archa
KARL MARX
Y
AMERICA LATINA S e le c c ió n , Ir a d u e e M » y
*oU* d» Pedí« Se**«»

A D V E R T E N C IA
ciento cincuenta años del nacimiento de Marx, a ochenta y cinco de su muerte, la mayoría
A de los marxistas latinoamericanos, y también de quienes no nos denominamos marxistas,
aún no conoce buena parte de lo que escribió Marx sobre América Latina. La presente selección
aspira a salvar esa omisión, curiosa, de tantos editores. Puede resultar útil, asimismo, para contri­
buir a desmitificar la figura de Marx, victima, casi por igual, de detractores y apologistas.
El lector deberá tener en cuenta: a) Unas pocas palabras que en el texto figuran entre
corchetes (paréntesis cuadrados: [ ]) no son de Marx, sino del anotador. Por ejemplo, cuando
Marx utiliza los términos “Amerikaner”, “amerikanisch”, en el sentido de “norteafnencano” o
“estadounidense”, traducimos ‘‘[norteamericano”. Lo mismo ocurre con todos los títulos que
aqui aparecen entre barras diagonales, b) Ninguna de las notas pertenece a Marx; las mismas
han sido agregadas para facilitar la comprensión del texto a un público amplio.
En la mayor parte de los casos, las traducciones han sido realizadas sobre la base de la re­
copilación más completa de obras de Marx que existe en el momento: “Marx Engels IVerke”
(en adelante MEW), Dietz Verlag, Berlín, edición a cargo del Institut für Marxismus-Leninit-
mus beim ZK der SED. Dicha recopilación supera no todas, pero si muchísimas de las taras que
afectaron a las ediciones de obras de Marx preparadas durante la época de Stalin.
Aunque nuestra intención inicial era publicar aqui todos los escritos de Marx referentes
a América Latina, en esta primera selección preferimos dejar de lado algunos fragmentos que
figuran en obras relativamente muy difundidas en español (por ejemplo “El capital”) y hemos
pasado por alto ciertas menciones menores, cuya inclusión sólo se justificaría en una edición
académica. No incluimos, tampoco, a “Bolívar y Ponte”, publicado ya en el número anterior
de Cuadernos de Marcha bajo el titulo de “Bolívar”. Como no disponemos aún de los últimos
tomos de la correspondencia de Marx y Engels con terceras personas, es posible que hayamos
omitido menciones a América Latina que figuren allí. Por último, entendemos que a partir de
1844 la obra de Marx es prácticamente inseparable de la de Engels, aun en los casos en que ca­
da pensador elaboró independientemente determinado trabajo; pese a ello, y para ajustarnos a
la orientación general de estos dos números de Cuadernos de Marcha, en la presente ocasión
hemos dejado al margen algunos interesantes textos fruto del trabajo individual de Engels.
Quiero hacer constar mi reconocimiento a Margarita Rittau, cuya ayuda resultó invalo­
rable para resolver algunas dificultades de traducción, P. $»
man una nueva orientación al comercio mun­
/LA MAGNIFICA dial? La “independencia” de algunos españoles
de California y Tejas sufrirá con ello, tal vez;
CALIFORNIA/(1) ’a “justicia” y otros principios morales quizás
sean vulnerados aquí y allá, ¿pero qué importa
[ . . . ] Digamos solo un par de palabras res­
esto frente a tales hechos histérico-universa­
pecto a la ‘'confraternización general entre los
les? [ . . . ]
pueblos” y a la fijación de “fronteras, que la fM EW , B a n d V I, S. 273-274.)
propia voluntad soberana de los pueblos ha tra­
tado fundándose en sus características naciona­
les”. Los Estados Unidos y México son dos re­
públicas; en ambas el pueblo es soberano.
/EL ORO
¿Cómo ha ocurrido, entonces, que entre es­
tas dos repúblicas, que según la teoría moral
CALIFORNIANO.
deberían estar “hermanadas” y “federadas”, ha-
a estallado una guerra a causa de Tejas; cómo 1 CANALES EN EL
Í i “voluntad soberana” del pueblo [norte]ame­
ricano, apoyada en la valentía de los volunta­
rios [norteamericanos, ha desplazado, basándo­
ISTMO. I / (2)
se en “necesidades estratégicas, comerciales y [ . . . ] Ahpra nos ocuparemos de América. El
geográficas”, unos cuantos cientos de millas más hecho más importante que aquí ha acontecido,
*1 sur los límites trazados por la naturaleza? más importante aun que la Revolución de Fe­
¿Y le reprochará Bakunin a los [norteameri­ brero, es el descubrimiento de las minas aurífe­
ras californianas. Ya ahora, apenas dieciocho
canos una “guerra de conquista”, que por cier­
to propina un rudo golpe a su teoría basada meses después, es posible prever que este des­
en la “justicia y la humanidad”, pero que fue cubrimiento tendrá resultados mucho más tras­
llevada a cabo única y exclusivamente en be­ cendentales que el propio descubrimiento de
neficio de la civilización? ¿O acaso es una des­ América. Desde hace trescientos treinta años to­
gracia que la magnífica California haya sido do el comercio de Europa hacia el Océano Pa­
arrancada a los perezosos mexicanos, que no sa­ cifico se practica, con la resignación más con­
bían qué hacer con ella?; ¿lo es que los enér­ movedora, por el Cabo de Buena Esperanza o
gicos yanquis, mediante la rápida explotación el Cabo de Hornos. Todos los proyectos para
ríe las minas de oro que existen allí, aumenten cortar el istmo de Panamá han fracasado a cau­
los medios de circulación, concentren en la cos­ sa de la estúpida rivalidad entre los pueblos
ta más apropiada del Océano Pacífico, en pocos mercantiles. Hace dieciocho meses que se han
años, una densa población y un activo comercio, descubierto las minas de oro californianas, y los
creen grandes ciudades, establezcan líneas de yanquis se han abocado a la construcción de
barcos de vapor, tiendan un ferrocarril desde un ferrocarril, de una gran carretera, de un ca­
Nueva York a San Francisco, abran en realidad nal desde el golfo de México; los vapores ya
por primera vez el Océano Pacífico a la civili­ navegan en viajes regulares desde Nueva York
zación y por tercera vez en la historia impri­

(1) Este fragm ento forma parte del edito­ (2) Aplastada la revolución alemana de
rial “El paneslavismo democrático”, publicado 1848-1849, Marx debió refugiarse primero en
»in firma, el 15 de febrero de 1849, en el p e ­ Francia, luego en Inglaterra. Es aquí donde fun­
riódico de Marx, la “Neue P.heinische Zeitung”. da la “Neue Rheinische Zeitung - Politisch-öko­
El artículo constituye una réplica al “Llam a­ nomische Revue” (Nueva Gaceta Renana - Re­
miento a los eslavos”, del revolucionario ruso vista económico-política). En una “Revisión” co­
Mijuíl Bakunin, y aunque fue redactado por rrespondiente a ynero-febrero de 1850, publica­
Friedrich Engels, refleja tam bién fieimente el da en el número de febrero, aparece el presenta
pensamiento de Marx en esa época: “La cons­ fragmento. La “Revisión” se publicó sin firtra,
titución que regía en la redacción [de la “N.R.Z.”] pero diversas referencias de Marx y Engels apa­
■e reducía »Implemente a la dictadura de M arx”, recidas en cartas y artículos perm iten establecer
eacrlbln Engels en 1884 (“Marx und die «Neue que fue un trabajo común de ambos pensadores.
Rheinische Zeitung»”, MEW, Band XXI, S. 19). Con todo, el fragmento que reproducimos es po­
O, como lo explicaba el mismo Engels a Schlü­ sible que se deba a la sola pluma de Marx. En
ter. en una carta fechada el 15 de mayo de “H err Vogt” (véase MEW, Band XIV, S. 451) M arx
181)5, refiriéndose precisamente a su trabajo en cita algunas frases de ese pasaje, precedidas de
común con Marx: "Los trabajos de Marx y los estas palabras: “En el número de febrero de
míos, en aquella época, son casi absolutamente 1850 de la «Revue der Neuen Rheinischen Zei­
Inseparable», a causa de la división planificada tung» . . . revelé [ich verriet] al público alemán
del trabajo” (MEW, Band V, S. XIV). lo sig u ie n te ...” (subrayados míos - P.S.).-
a Chagre», (3) «de Panamá a San Francisco, el Nueva Orlean*. Ese día el Océano Pacífico de-
comercio «del Océano Pacífico se concentra ya sempeñará el mismo papel que hoy el Atlán­
en Panamá y la travesía por el Cabo de Hor­ tico y en la Antigüedad y la Edad Media el
nos ya está anticuada. Una costa que se extien­ Mar Mediterráneo: el papel de la gran vía
de a lo largo de 30 grados de latitud, una de marítima del comercio mundial, y el Océano
las más hermosas y feraces del mundo, hasta Atlántico quedará reducido al papel de un
hoy poco menos que deshabitada, se transforma mar interior, al igual que hoy dia el Medi­
ante nuestra vista en un país rico, civilizado, terráneo. La única posibilidad de que los paí­
densamente poblado por hombres de todas las ses civilizados europeos no caigan, cuando lle­
razas, desde el yanqui al chino, desde el negro gue ese día, en la misma dependencia política,
y el indio al malayo, desde el criollo y el mes­ comercial e industrial en que al presente se en­
tizo al europeo. El oro californiano se vierte a cuentran Italia, España y Portugal, está en una
raudales sobre América y la costa asiática del revolución social que, mientras haya tiempo,
Océano Pacífico y arrastra a los reacios pue­ subvierta el modo de producción y de intercam­
blos bárbaros al comercio mundial, a la civili­ bio con arreglo a las necesidades de la propia
zación. Por segunda vez se imprime al comercio producción, surgidas de las modernas fuerzas
mundial una nueva orientación. Lo que en la productivas, y con ello posibilite la génesis da
Antigüedad fueron Tiro, Cartago y Alejandría, nuevas fuerzas productivas qüe aseguren la su­
en la Edad Media Genova y Venecia, lo que perioridad de la industria europea y compen­
hasta ahora han sido Londres y Liverpool, los sen las desventajas de su situación geográfi­
emporios del comercio mundial, eso se vuelven ca. [,«.]
ahora Nueva York y San Francisco, San Juan [MEW, B atid V » S. 229-2214
de Nicaragua (4) y León, (5) Chagres y Pana­
má. El centro de gravedad del comercio mun­
dial, en el Medioevo Italia, en la Época Moder­
na Inglaterra, está hoy en la mitad meridional /EL 0K 0
de la península norteamericana. La industrias y
el comercio de la vieja Europa tendrán que
esforzarse poderosamente si no quieren caer e.n
CALIFORNIANO.
la misma decadencia de la industria y el co­
mercio italianos desde el siglo XVI, si Inglate­
CANALES EN EL •
rra y Francia no desean tornarse en lo mismo
que son hoy Venecia, Génova y Holanda. Den­
tro de pocos años tendremos una linea regular
ISTMO. I I / 345(6)
de paquebotes de Inglaterra a Chagres, de Cha- [ ...] Llegamos ahora a los Estados Unido*
gres y San Francisco a Svdney, Cantón y Sin- de Norteamérica. La crisis de 1836, que fue
gapur. Merced al oro californiano y a la infa­ aquí donde estalló en primer término y donde
tigable energía de los yanquis, pronto ambas causó más terribles estragos, duró casi ininte­
costas del Océano Pacífico estarán tan pobla­ rrumpidamente hasta 1842 y trajo como con­
das. tan abiertas al comercio, tan industriali­ secuencia un tras tocamiento completo del sis­
zadas, como lo está hoy la costa de Boston a tema crediticio [nortejamericano. Sobre esta
base más sólida, el comercio de los Estados Uni­
dos se recuperó, al comienzo con marcada len­
(3) Puerto panameño sobre la desemboca­ titud, naturalmente, hasta que entre 1844 y
dura del río del mismo nombre, a orillas del 1845 alcanzó incluso una prosperidad importan­
Caribe. Actualmente en la Zona del Canal, ocu­ te. Tanto la suba de precios como las revolu­
pada por los norteamericanos.
ciones en Europa, no constituyeron para [Noi’*
(4) Actualmente San Juan del Norte (o
Greytown), en el extremo SE de Nicaragua; en te] América más que fuentes de ganancias. Da
1848 fue ocupada por los ingleses; los Estados 1845 al 47 se aseguró éstas mediante la enorma
Unidos proyectaron en 1849-1850 abrir un canal
precisamente a partir de esa localidad, por el río
San Juan y el lago de Nicaragua. Por el tratado (6) En la “Revisión” puDiicaaa en los nú­
de Clayton-Bulwer (abril de 1850) Gran Breta­ meros 5-6 de la “Revue der Neuen Rheinischen
ña y Estados Unidos acordaron la “neutraliza­ Zeitung”, en noviembre de 1850, Marx y Engels
ción” (entre las grandes potencias, se entiende) analizan los acontecimientos de la política mun­
de cualquier canal que se construyera en la dial acaecidos entre mayo y octubre de dicho año.
región. Insertamos aquí el fragmento correspondiente •
(5) Cuando Marx escribía estas líneas, León los Estados Unidos, donde figuran varias refe­
era aún (lo fue hasta 1857) la capital de Nica­ rencias a la política de su» clases dominante»
ragua. otra con lo» países de nuwtra América.
«portación do cércale* y lo* mayores precios cias para el comercio internacional en su conjun­
deí algodón durante 1846. La crisis de 1847 la to. Esta trascendencia no se funda en el aumen­
afectó *ólo ligeramente. En el año 1849 tuvo la to del oro gracias a las minas recién descubier­
mayor cosecha algodonera de su historia, y en tas, aunque este aumento de los medios de
1850 ganó aproximadamente 20 millones de do­ cambio de ningún modo dejará de ejercer una
lare* con el producto de la zafra del algodón, influencia favorable sobre el comercio en gene­
que coincidió con el nuevo auge de la industria ral. Se basa en el espolazo que la riqueza mi­
algodonera europea. Las revoluciones de 1848 neral de California dio a los capitales en el mer­
ocasionaron una intensa emigración de capital cado mundial; se funda en la actividad que de­
europeo hacia los Estados Unidos, el cual en sencadenó en toda la costa occidental [norte]
parte llegó con los propios emigrantes y en par­ americana y en la costa oriental asiática, en el
te *e produjo mediante la colocación en Europa nuevo mercado que se ha creado en California
de títulos [norte]americanos de deuda pública. y en todos los países sujetos a la influencia de
Esta mayor demanda de títulos [nortejamerica- California. El solo mercado californiano es ya
nos aumentó a tal punto sus precios, que desde importante; hace un año había allí 100.000 hom­
hace poco la especulación neoyorquina se ha bres, hoy son por lo menos 300.000, que no pro­
lanzado con gran avidez sobre los mismos. Lle­ ducen casi otra cosa que oro y que truecan ese
gamos a la conclusión, entonces, de que pese oro por los productos necesarios —procedentes
a todas las afirmaciones que en contra formule de mercados exteriores— para sus necesidades
la prensa burguesa reaccionaria, la república vitales. Pero el mercado californiano es insigni­
burguesa es la única forma estatal a la que ficante. si se le compara con la incesante expan­
nuestros capitalistas europeos otorgan su con­ sión de todos los mercados en el Océano Pací­
fianza. Existe en general sólo una expresión pa­ fico, con la sorprendente intensificación del co­
ra la confianza burguesa por cualquier forma mercio en Chile y Perú, en México Occidental,
e*tatal: su cotización en la bolsa. en las islas Sandwich (9a) y con el comercio, de
brusco surgimiento, entre Asia y Australia, por
La prosperidad de los Estados Unidos, con una parte y California por la otra. A través de
todo, se acreció también por obra de otras cau­ California se han vuelto necesarias rutas mun­
las. El territorio habitado, el mercado de la diales completamente nuevas, rutas cuya impor­
Unión norteamericana, se extendió en dos direc­ tancia tendrá que superar en breve la de tod"s
ciones con una rapidez asombrosa. El aumento las demás. La principal vía comercial en el
de la población, tanto por el crecimiento natu­ Océano Pacífico, que tan sólo ahora ha sido real­
ral en el interior como por la inmigración, en mente descubierto y que se ha convertido en
continuo ascenso, aparejó el control sobre es­ el océano más importante del mundo, arranca
tados y territorios enteros. Wisconsin y Iowa en hoy del istmo de Panamá. El establecimiento de
pocos años llegaron a tener una población rela­ conexiones a través de ese istmo, mediante ca­
tivamente densa y todos los estados de la región rreteras, ferrocarriles y canales, es al presen e
del Alto Mississippi recibieron un considerable imperiosamente necesario para el comercio mun­
caudal de inmigrantes. La explotación de las dial y en algunos aspectos se ha puesto en eie-
minas del Lago Superior y la producción ce- cución. Ya se ha construido el ferrocarril de
realera creciente de todo el territorio de los la Chagres a Panamá. Una compañía [nortelarre-
gos dieron al comercio y a la navegación en ricana ha hecho medir topográficamente la cuen-789
este gran sistema lacustre interior un nuevo im­
pulso, que se intensificará aun más en virtud de
una ley aprobada en la última sesión del con­ (7) La actual provincia canadiense de Nueva
greso, disposición que otorga grandes facilida- Escocia era en 1850 una colonia directamente de­
pendiente de la Corona británica; el nombre de
de* al comercio con Canadá y Nueva Esco­ Canadá se aplicaba por lo general a las actua­
cia. (7) Mientras los estados del Noroeste (8) les provincias de Quebec y Ontario, entonces
adquieren así una importancia completamente llamadas Bajo y Alto Canadá (Lower and Upper
nueva, se coloniza a Oregón en pocos años, Te­ Cañada) respectivamente.
jas y Nuevo México son anexados, California (8) La denominación “Noroeste” se emplea
conquistada. El descubrimento de las minas au­ aquí en su sentido tradicional; en rigor, los
“estados del Noroeste” (Ohio, Indiana, Illinois,
rífera* californianas puso un broche de oro a Michigan, Wisconsin, Minnesota, Iowa) en esa
la prosperidad [norte]americana. Ya hemos lla­ época ya no estaban al noroeste de los Estados
mado la atención en el segundo número de es­ Unidos.
ta revista, (9) antes que todos los demás perió­ (9) Ver aquí el fragmento anterior a ésfe.
dicos europeos, acerca de la importancia de es­ (9a) Antigua denominación de las islas Ha­
te descubrimiento y de su* necesarias consecuen­ wai!
ca del río San Juan, en Nicaragua, para unir los cuales, como se ha comprobado cada vea ro**,
ambos mares en ese lugar, primero mediante una se puede transportar cada vez más rápido, re­
carretera interoceánica y luego por un canal. En lativamente a menor precio, y más ventajo«*-
los periódicos ingleses y [ norte ] americanos se mente, a los emigrantes que en los velero«.
discute acerca de otras rutas: la del istmo de Aparte de los vapores de hélice que ya parten
Darién, la del Atrato en Nueva Granada^ la del desde Glasgow y Liverpool hacia Nueva York,
istmo de Tehuantepec. En medio de la ignoran­ probablemente se sumarán nuevos vapore* a esa
cia, súbitamente revelada, de todo el mundo ci­ línea y se establecerá otra entre Rotterdam y
vilizado respecto a las condiciones de América Nueva York. En qué medida el capital tien®
Central, es imposible determinar cuál es la vía actualmente la tendencia de lanzarse *obr* la
más ventajosa para un gran canal; conforme a navegación oceánica a vapor, lo demuestra el
los pocos datos conocidos la ruta del Atrato y constante aumento de los vapores que compiten
la que cruza Panamá ofrecen las mejores posi­ entre Liverpool y Nueva York, el establecimien­
bilidades. Además de las comunicaciones a tra­ to de líneas completamente nuevas de Inglate­
vés del istmo, también se ha vuelto urgentemen­ rra a El Cabo y de Nueva York a El Havr®,
te necesaria una rápida expansión de la nave­ así como una serie de proyectos similares de lo«
gación oceánica a vapor. Ya los vapores surcan que se rumorea en Nueva York.
las aguas entre Southampton y Chagres, Nueva
York y Chagres, Valparaíso, Lima, Panamá, Con esta tendencia del capital a la naveg*
Acapulco y San Francisco; pero estas pocas lí­ ción oceánica a vapor y a la canalización del
neas, servidas con un reducido número de uni­ istmo americano ya está echada la piedra fun­
dades, son absolutamente insuficientes. El desa­ damental para la superespeculación en este do*
rrollo de la navegación de vapor entre Europa minio. El centro de esta especulación es inevitar
y Chagres se vuelve día a día más necesario, y blemente Nueva York, que recibe el grueso del
el tráfico creciente entre Asia, Australia y Amé­ oro californiano; que ya ha atraído hada si el
rica demanda nuevas, grandes líneas de vapores comercio principal con California y que, en
de Panamá y San Francisco a Cantón, Singa - general, desempeña para América el mismo pa­
pur, Sydney, Nueva Zelandia y a la mayor es­ pel que Londres para Europa. Nueva York ya
tación del Océano Pacífico, las islas Sandwich. es el centro de la navegación a vapor transatlán­
De todos los territorios del Pacífico son Austra­ tica en su conjunto; todos los vapores del Océar
lia y Nueva Zelandia, los que en especial más no Pacífico pertenecen a compañías neoyorqui­
han progresado, tanto por el rápido desarrollo nas, y casi todos los proyectos en este ramo bro­
de la colonización como a influjo de California, tan de Nueva York. La especulación sobre línea«
y no quieren ni un momento más seguir sepa­ transoceánicas de vapores ya ha comenzado en
radas del mundo civilizado por un viaje de cua­ Nueva York; la Compañía de Nicaragua, sur­
tro y hasta seis meses de duración en veleros. La gida de Nueva York, es asimismo el principio
población total de las colonias australianas (ex­ de la especulación sobre los canales del istmo.
ceptuada Nueva Zelandia) pasó de 170.676 La superespeculación se desarrollará muy pron­
(1839) a $33.764 en el año 1848, o sea que to, y, a pesar de que el capital inglés ha entra­
aumentó en nueve años un 95/i% . La propia do masivamente en tales empresas, y pese a qu®
Inglaterra no puede dejar a estas colonias sin la bolsa londinense se colmará de análogos pro­
conexión de vapores; el gobierno en este mo­ yectos de la más diversa índole, Nueva York
mento hace gestiones en pro de una línea que seguirá siendo esta vez, empero, el centro d®
continúe el correo transcontinental con las In­ toda la faramalla y será la primera en experi­
dias Orientales, y, se concrete esto o no, la ne­ mentar, como en 1836, su colapso. Innumera­
cesidad de conexión mediante vapores con Amé­ bles proyectos fracasarán, pero al igual que en
rica y especialmente con California, hacia la 1845 el sistema ferroviario inglés, esta vez, por
cual emigraron el año pasado 3.500 personas lo menos, la estructura de una navegación uni­
procedentes de Australia, será satisfecha en bre­ versal a vapor se impondrá a la superespecula­
ve. Realmente, se puede decir que el mundo co­ ción. Por más que quiebren muchas sociedades,
mienza por primera vez a ser redondo desde que subsistirán los vapores, que duplican el tráfico
existe la necesidad de estos viajes oceánicos uni­ atlántico, que conquistan el Océano Pacífico,
versales de vapores. que unen a Australia, Nueva Zelandia, Singa-
pur y China con América, y reducen el viajo
Esta expansión inminente de la navegación alrededor del mundo a la duración de cuatro
de vapor se desarrollará aun más mediante la ya meses. [ . . . ]
citada apertura de las colonias holandesas y
el aumento del número de vapores de hélice, con [MEW, Band VH, 8. 4M-1374

• i « . *■*
do* entre sí, esto sólo demuestra la tendencia
/ESLAVOS Y histórica y la capacidad física e intelectual de
la nación alemana para someter, absorber y asi­
CRIOLLOS/'10' milar a sus viejos vecinos orientales; que esta
tendencia de los alemanes a la absorción cons­
[ ...] Así terminaron, por ahora y probable­ tituyó siempre, y constituye aún, uno de los más
mente para siempre, las tentativas de los esla­ poderosos medios de propagar la civilización
vos de Alemania (11) para recobrar una exis­ europea occidental en Europa Oriental; que es­
tencia nacional e independiente. Restos disemi­ ta tendencia no se detendrá más que cuando el
nados de numerosas naciones cuya nacionalidad proceso de germanización haya alcanzado loi
y vitalidad política estaban agotadas desde tiem­ confines de naciones grandes, compactas e in­
po atrás y que, por ello, se habían visto obli­ quebrantadas, capaces de una existencia nacio­
gadas, durante casi un milenio, a seguir las hue­ nal autónoma, tal como los húngaros y, hasta
llas de una nación tñás fuerte que los hahia do­ cierto punto, los polacos; y que por lq tanto el
minado —tal como los galeses en Inglaterra, destino natural e ineluctable de estas nacionei
los vascos en España, los bajo-bretones en Fran­ moribundas era dejar que se cumpliera el pro­
cia y en los últimos tiempos los criollos españo­ ceso de disolución y absorción por vecinos más
les y franceses en las partes de Norteamérica poderosos que ellas.
ocupadas por los anglosajones—, esas naciona­
lidades agonizantes, los bohemos, carintios, dál- [A fait* d< o rig in al logléit, n u e s tra trad u cció n
matas, etc., habían intentado aprovechar la con­ está h ech a sa b re la base de la v ersió n alem an»
de MEW (B and VII, S. 80-81) y de dos tr a d u c ­
fusión general de 1848 para restablecer su status ciones fran c esas: la de la h ija de M arx, Laura-
I.afa rg u e (R évolution e t C o n tre-rév o lu tio n en
político del Anno üomini 800. (12) La historia A llem agne p a r K arl M arx, tr a d u it p a r L au ra La-
de un milenio tendría que haberles mostrado farg u e, P aris. 1900) y la de E ditions Sociales (P a ­
ris, 1951]
que una regresión tal era imposible, que si todo
el territorio al este del Elba y del Saale había
estado otrora ocupado por eslavos vincula­ /LA GUERRA DE
y
do) Tomamos este fragmento, donde Marx
Engels asimilan la situación, en los Estados
MÉXICO. 1/
Unidos, de los “criollos españoles y franceses” a [CARTA DE MARX A ENGELS!
la de los eslavos en Alemania, de “Revolución 30 de noviembre de 1854.
y contrarrevolución en Alemania”. Esta obra
plantea un espinoso problema de autoría, impo­ [. . .] Anteayer recibí por fin los dos tomo*
sible de analizar circunstanciadamente aquí. Li­ de la “Mexican War” de Ripley (13) aproxi­
mitémonos a señalar que para la señora E. A. madamente 1200 páginas, de gran formato.
Stepánova (“Federico Engels”, Ediciones Pue­ Ripley pie parece a mí —por lo tanto opinión
blos Unidos, Montevideo, 1957) “dicha obra per­
tenece a la pluma de Engels, y n o a la de Marx”. puramente profana— haberse formado plus ou
Personalmente, por el contrario, creo irrefutable moins (14) tras las huellas de Napier (15) como
lo que afirma Riazánov a este respecto: “[Los] historiador militar. El libro e* sensato y, a mi12345
artículos, reunidos en seguida en volumen con
el titulo de «Revolución y contrarrevolución en
Alemania» fueron atribuidos a Marx. Por la co­
rrespondencia de Marx a Engels, hoy sabemos (11) M a rx y E n g els u tiliz a n el té rm in o A le ­
que son obra de este último. N o co n v ie n e . sin m a n ia e n u n se n tid o a m p lio —h a b itu a l en el
e m b arg o , e x a g e ra r. E n el fo n d o e s la o b ra co­ siglo p a sa d o — , c o m p re n d ie n d o ta m b ié n a A u s­
m ú n d e M a rx y E n g els y éste la escrib ió u tili- tr ia ; e s te p aís, in c lu so , e ra la ca b e z a v isib le d e
mando n u m e ro sa s indicaciones d e M a rx , así co­ la C o n fe d e ra c ió n G e rm á n ic a (1815-1868). R e c u é r­
mo los artículos que ambos habían publicado en d ese q u e e n e s a ép o c a se e n c o n tra b a n en poder
la «Nueva Gaceta Renana»” (D. Riazánov, “Marx d e A u stria , B o h e m ia , M o rav ia , G a rin tia , Dalma-
y Engels”, Claridad. Buenos Aires, 1946, pág. 101; cia y o tro s te rrito rio s p o b la d o s fundamental­
subrayados míos). Señalemos que la correspon­ m e n te p o r eslavos.
dencia entre ambos pensadores confirma amplia­ (12) A fio d e l S e ñ o r 800; a lre d e d o r d e e»U
mente las asertos de Riazánov (véase por ejemplo fe c h a c o m ien z a el a v a n c e d e los p u e b lo s g e r m á ­
MEW, Band XXVUI, S. 59 und 128) y que Lenin n icos so b re te rrito rio s d e E u ro p a c e n tro -o rie n ta l
cuando ya conocía esa correspondencia, siguió p o b la d o s h a s ta en to n c e s p o r eslavos.
refiriéndose a “Rowolución y contrarrevolución” (13) M a rx se re f ie r e a “T h e W a r w ith M é­
como a una obra do Marx (en “Consejos de un x ic o ” , N ew Y o rk , 1849, d e R o sw ell S a b in a
ausente”, por ejemplo, atribuye a Marx pasajes R ip le y (1823-1887) u n o ficial n o rte a m e ric a n o
de aquel trabajo!. Es indiscutible, por último, que q u e p a rtic ip ó en la g u e rra d e a g re sió n de E s­
todas las ideas manifestadas en los artículos so­ ta d o s U n id o s c o n tra M é x ico (1848-1848).
bre la revolución alemana, lo i c u a le s a p a re c ía n (14) m á s o m en o s
e n el "N e w -Y o rk Daily T rib u n a " b a jo la firm a de (15) W illia m N a p ie r (1785-188Q), g e n e ra l y
M a rx , eran compartidas absolutamente por éste. e s c rito r m ilita r b ritá n ic o .

M e . i«
juicio, no carece de sentido crítico. Dana (16) tera ha embrollado todo y hecho necedades, pe«
seguramente no lo ha leído. Si lo hubiera he­ todo lo cual merecería haber sido fusilado por
cho, habría visto que su héroe, el general cualquier consejo de guerra decente. Pero es al
Scott, (17) by no means, neither (18) como co­ primer (conforme al rango) general de [Nortos]
mandante en jefe ñi como gentleman aparece ba­ América. Probablemente por eso Dana cree <m
jo una luz favorable. Me interesa especialmente él. Taylor con toda seguridad vale más qut
esta historia, porque hace poco he leído en An­ Scott, tal como parece haberlo sentido el públW
tonio de Solís, (19) “Conquista de México”, (20) co [norte]americano, que convirtió al primer»
la campaña de Fernando Cortez. Se puede en presidente de los United States, y al segundo^
realizar comparaciones muy interesantes entre pese a todos stis esfuerzos, lo deja irse al fot»
las dos conquistas. (20) Por otra parte, aunque again and again. (28) Me parece que el gene­
los comandantes en jefe —Taylor (21) tanto ral Worth (29) es el más eminente, respecto
como Scott— me resultan muy mediocres, toda a lo cual me tienes que dar tu opinión no biea
la guerra constituye seguramente una digna hayas leído la cosa. Y también sobre otro pun­
obertura para la historia bélica de la gran Yan- to. ¿No es singular que Scott siempre esté d*
ouilandia Los enormes espacios en los que se 2 a 10 millas de las active operations, (30) qU*
desenvuelve la acción y el pequeño número de nunca aparezca personalmente en el campo d t
hombres con los que es llevada a cabo, entre batalla, sino que siempre “is observing the pro­
ellos más volunteers (22) que regular army, (23) gres of events” (31) desde una segura retaguar­
le dan a la guerra su originalidad “americana”. dia? Ni siquiera se presenta en persona, como
En lo que se refiere a Taylor y Scott, su único lo hace Taylor, cuando la aparición del coman­
mérito parece consistir en que estaban conven­ dante en jefe es necesaria para la “moral” del
cidos de que los yanquis siempre saldrían a flo­ ejército. Tras la muy encarnizada battle of Con-1678920345
te, por más hondo que se metieran en el pan­
tano. A principios de la semana próxima te en-,
viaré los dos tomos. Escríbeme —porque son1 (16) Charles Anderson Dana (1819-1897), pe­
voluminosos— si por correo (no conozco bien riodista norteamericano, redactor entre 1847 y
las últimas disposiciones) o por Parcel Co. (24) 1362 de la “New-York Daily Tribune” y, d«
1858 a 1863, de la “New American Cyclopaedia"{
Addio en una y otra empresa colaboraron asiduamento
Tu Marx y Engels.
K. M. (17) Winfield Scott (1786-1866), comandó al
[MEW. E a n d X X V III, S. 413-414.] ejército estadounidense en la guerra contra Mé­
xico.
(18) de ningún modo, ni
/LA GUERRA DE (19) Historiador eepnfiol (1610-1686), autor
de la “Historia de la conquista de México, po­
MÉXICO. II/ blación y progresos de la América Septentrional*
(1684).
(20) En español en el original.
[CARTA DE MARX A STMGELS] (21) Zachary Taylor (1784-1850), extermlna-
2 de diciembre de 1854. dor de indios y comandante de las fuerzas arma­
das de la secesionista Tejas en 1845; en la gue­
[ . . . ] Te envío el lunes con la mencionada rra contra México estuvo al frente del ejército
de Río Grande. Poco después (1849) fue electo
Parcel Comp. el Ripley y la “Conquista de Mé­ presidente de los Estados Unidos.
xico”, (20) El último, una vez que no lo nece­ (22) voluntarios
sites, enviarlo de vuelta, porque el Solís no es (23) ejército regular
mío. Sólo he leído íntegramente (naturalmente (24) compañía de encomiendas
que por arriba, tal como bastaba para mi pro­ (25) cuentamusas, farsante
pósito) el Ripley. Ahora me resulta muy claro (26) pericia
(27) el multilateral Greeley; Horaee Gree­
—y Ripley lo expone en bandeja con su modo ley (1811-1872) fundó y dirigió el “New-York
sarcásticamente sostenido— que el gran Scott Daily Tribune” —para el que trabajaba Marx—;
es un humbug (25) y Un perro envidioso, pe­ fue un adversario inconsecuente del sistema es­
dante, inepto, mezquino y completamente ordi­ clavista y, durante cierto tiempo, partidario del
socin’ismo utópico.
nario, que, consciente de deber todo a la va­ (28) cada vez más
lentía de sus soldados y el skill (26) de sus ge­ (29) William Jenkins Worth (1794-1849) par­
nerales de división, recurre a jugarretas vulga­ ticipó en la derrota y exterminio de los indios
res para asegurarse la gloria. Parece ser tan gran seminólas (1835-184?) y en varias batallas de la
guerra contra México.
general como el many sided Greeley (27) es (30) de la acción o del combate
un gran filósofo. El tipo durante la campaña en­ (31) observa el curso de los acontecimiento»
trcra* (32) arremetió hada adelante con *u
•taff, (33) cuando todo estaba liquidado. Du­ /BO LÍVAR/323*6789401(42)*
rante la batalla indecisa de Molino del Rey (34)
hizo decir a los “bravos” muchachos que se [CARTA DE MARX A ENGELSJ
aguantaran, que él quizás ^aparecería en perso­
na. Su talento “diplomático” es comparable tan [Londres,] 14 de febrero de 1858
sólo con sus aptitudes militares. Cuando muestra [ . . . ] Además Dana (16) me pone reparos
desconfianza es siempre hacia sus talentosos ge­
a causa de un artículo más largo sobre “Bolí­
nerales de división, pero nunca contra Santa
Anna, (35) que lo lleva de la nariz como a un var”, porque estaría escrito en un partisanstv-
niño crecidito. Lo característico en la guerra es, le, (43) y exige mis authorities. (44) Éstas se
me parece, que cada división y cada pequeña las puedo proporcionar, naturalmente, aunque
partida de tropas por separado, pese a las ór­ la exigencia es extraña. En lo que toca al parti-
denes defectuosas o falsas del Chief, (36) siem­ sanstyle, ciertamente me he salido algo del tono
pre arremete stubbornly (37) contra el objeti­ enciclopédico. Hubiera sido pasarse de la raya,
vo y aprovecha spontaneously (38) cada inci­ querer presentar como Napoleón I al canalla
dente, de tal manera que en última instancia más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el
resulta un todo armónico. El sentimiento yanqui verdadero Soulouque. (45)
de independencia y capacidad individual, qui­
[MEW, Band XXIX S. JSO i
sas aun mayor que en los Anglo Saxons. (39)
Los españoles están completamente degenerados
[verkommen], Pero, con todo, un español dege­
nerado, un mexicano, constituye un ideal. Todos
L A G U E R R A C IV IL
los vicios, la fanfarronería, bravuconería y don-
quijotismo de los españoles a la tercera poten­
N O R T E A M E R I C A N A (46)
cia, pero de ninguna manera lo sólido que éstos [ ...] En la política exterior de lo: Estados
poseen. La guerra mexicana de guerrillas, una Unidos, así como en la interior, el interés de los
caricatura de la española, y aun las huidas de esclavistas servía de Estrella Polar. En realidad,
los regular armies (40) infinitamente superiores. Buchanan había obtenido el cargo presidencial
En esto, empero, los españoles no han produci­ gracias a la publicación del Manifiesto de Os-
do ningún talento como el de Santa Anna. tende, en el cual se proclama que la adquisición
Vale. (41) Tu de Cuba, ya por compra, ya poi la fuerza de
K. M.
CMEW, B a n d X X V III, S. 416-417.] las armas, constituye el gran objetivo de la po-

(32) Batalla de Contreras, librada el 19-20 lector de Cuaderno» ya conoce, resultó eviden­
de agosto de 1847 a pocos kilómetros al sur de temente demasiado fuerte para los editores de
la ciudad de México. la obra, aunque éstos, no obstante, terminaron por
(33) estado mayor publicarlo. Un par de años después, Marx sé
C34) Penúltimo combate importante (8 de se­ mantenía en sus trece respecto a Bolívar. En
tiembre de 1847) antes de la caída de la capital uno de los apéndices de “Herr Vogt” escribía:
me-icana. “La fuerza creadora de mitos, característica de
'35) Antonio López de Santa Anna (¿17957- la fantasía popular, ha probado su eficacia, en
1878), político y militar mexicano, conservador, todas las épocas, inventando «grandes hombres».
varias veces dictador o presidente de su país El ejemplo más notable de este tipo es, sin duda,
(1333-1835, 1841-1844, 1846-1848, 1853-1855); en el de Simón Bolívar.”
1836 procuró, infructuosamente, aplastar la insu­ (43) estilo prejuiciado o fanático
rrección separatista de los esclavistas téjanos; en (44) autoridades, fuentes
1846 fue llamado para encabezar la resistencia (45) Faustin Soulouque (¿17827-1867). presi­
nacional contra la agresión norteamericana. Más dente de Haití (1847-49), luego emperador (1.849-
tarde vendió a los yanquis (1854) una parte del 59) bajo el nombre de Faustino I.
territorio de México (unos 50.000 km2, la “Gads- (46) En este artículo, del que publicamos su
den Purchase”); en 1861 apoyó la intervención parte final, Marx rectifica en buena medida sus
d e Francia. Inglaterra y España contra su país. concepciones anteriores cobre el conflicto entre
(36) jefe Estados Unidos y México. “La guerra civil nor­
(37) obstinadamente teamericana” apareció el 20 de octubre de 1861
(38) espontáneamente en el periódico liberal burgués “Die Presse”, de
(39) anglosajones Viena. Marx comenzó a colaborar con este pe­
(40) elércitos regulares riódico, precisamente con este artículo, “car il
(41) adiós faut vivre” (para parar la olla) y “también para
(42) En esta ferta Marx se refiere a su tra­ terminar el libro” (esto es. “El capito1”). (Véa­
b a jo »obra B o lív a r para la “New American Cy- se Marx-Engels “Briefwechsel”, Band III, S. 32
•lo p eed la". E l »xtlculo "Boiívar y Ponto”, que el u. 52.)
litica nacional. (47) Bajo su gobierno el norte Kansas, en las filas de. los Estados U n id « , a
de México ya estaba dividido entre especulado­ la condición de estado esclavista con sumé ©oh»
res norteamericanos en tierras, que esperaban titución esclavista impuesta .esde afuera. Da
impacientemente la señal para precipitarse so­ ahí que se renovara la lucha, que esta ves tw
bre Chihuahua, Coahuila y Sonora. No menos vo lugar principalmente en el congres© e s
dirigidas desde la Casa Blanca en Washington Washington. Incluso St. A. Douglas, el jefe da
estaban las incansables expediciones piratas de los demócratas norteños, pasó entonces (1857*
los filibusteros contra los estados de América 1858) a oponerse al gobierno y a sus aliado«
Central. (48) En la más estrecha relación con del Sur, porque la imposición de una constitu­
esta política exterior, cuyo propósito manifiesto ción esclavista contradecía el principio de la
era conquistar nuevo territorio para la expan­ soberanía de los pobladores, establecida e» t í
sión de la esclavitud y del poder de los escla­ Nebraska Bill de 1854. Douglas, senador pe»
vistas, se encontraba la reapertura de la trata Illinois, un estado del Noroeste, naturalment»
de esclavos, secretamente apoyada por el go­ habría perdido toda su influencia sí hubies*
bierno de la Unión. El propio St. A. Douglas (49) querido reconocer al Sur el derecho de roba»
declaró el 20 de agosto de 1859 en el se­ por la violencia, o mediante leyes del congreso^
nado [norte]americano: Durante el año pasado territorios colonizados por el Norte. Así cotn®
se habrían introducido más esclavos desde Áfri­ la lucha por Kansas había creado el Partid«
ca que en ningún otro año, incluso que en la Republicano, motivó al mismo tiempo la prima­
época en que la trata aún era legal. El núme­ ra escisión dentro del propio Partido Demócrata»
ro de los esclavos ^importados en el último año El Partido Republicano formuló su primera
se cifra en 15.000. plataforma para la elección presidencial da
La propaganda armada de la esclavitud en 1856. Aunque su candidato, John Frémont, na
el exterior era el objetivo confeso de la política se impuso, de todos modos la enorme cantidad
nacional; la Unión, de hecho, se habia vuelto de sufragios emitidos por él demostró el rápida
el esclavo de los 300.000 esclavistas enseñorea­ crecimiento del partido, principalmente en t í
dos en el Sur. Una serie de compromisos, que Noroeste. En su segunda Convención Nacional
el Sur obtuvo gracias a su alianza con los de­ para la elección presidencial (17 de mayo da
mócratas norteños, aparejó ese resultado. 7’Hos 1860), los republicanos reiteraron su platafor­
los intentos de resistencia contra los crecientes ma de 1856, ampliada solamente con alguno«
abusos de los esclavistas, intentos repetidos pe­
agregados. Su contenido fundamental era el si­
riódicamente desde 1817, habían ido a pique por
guiente: ni un pie de nuevo territorio debe se»
obra de esa alianza. Por fin se produjo un vi­
raje. entregado en adelante a la esclavitud. La polí­
Apenas se había aprobado el Kansas-Ne- tica pirata hacia el exterior ha de cesar. S«
braska Bill, que borró la línea fronteriza de la estigmatiza la reapertura de la trata de «ciar 4789
esclavitud y sometió su introducción en nuevos
territorios a la voluntad de la mayoría de los
colonos, cuando emisarios armados de los es­ (47) En 1854 los embajadores norteamerica­
clavistas, ralea fronteriza de Missouri y Arkan- nos en Inglaterra, Francia y España — B u c h a ­
sas con el cuchillo de monte en una mano y el nan, Masón y Soule, respectivamente— p u b l i ­
caron en Ostende el manifiesto a l q u e a l u d «
revólver en la otra, se lanzaron sobre Kansas y Marx.
procuraron, mediante atrocidades inauditas, ex­ (48) Ya en enero de 1857 Marx se h a b ia re­
pulsar a sus pobladores del territorio colonizado ferido incidentalmente a estas expediciones. En
por éstos. Tales correrías gozaron del apoyo del el artículo “El conflicto británico con China”,
gobierno federal en Washington. Con este mo­ publicado en el “New-York Daily Tribune”, se­
tivo se produjo una enorme reacción. En todo ñala que una justificación particularmente cana­
llesca, hecha por “The London Times”, de lo«
el Norte, particularmente en el Noroeste, (8) se atropellos británicos contra China, “no desacre­
formó una organización de socorro para apoyar ditaría siquiera al general William WaHcer d«
a Kansas con hombres, armas y dinero. De es­ Nicaragua” (véase K. Marx and F. Engels, “On
ta organización surgió el Partido Republicano, Colonialism”, Foreign Languages Publishing
House, Moscow, 1959, p. 90, o MEW, Band XII,
que debe su origen, pues, a la lucha por Kan­ S. 106).
sas. Luego de que fracasara el intento de trans­ (49) Stephen Arnold Douglas (1813-1861),
formar a Kansas en un territorio esclavista por político norteño partidario de un compromiso
la fuerza de las armas, el Sur procuró alcanzar con el Sur, presidió la comisión senatorial sobre
el mismo resultado a través de intrigas políti­ problemas de los territorios. En 1856 aspiró, sin
éxito, a la proclamación presidencial por el Par­
cas. El gobierno de Buchanan, en particular, tido Demócrata; en 1860 fue candidato demócra­
hizo lo posible y lo imposible por relegar a ta en la elección que ganó Abraham Lincoln.
vos. Finalmente, deben promulgarse leyes free- La representación de cada estado en la Cá­
-*oil (50) para el fomento de la colonización libre. mara de Representantes depende, como es sa­
El punto vitalmente importante de esta pía bido, de la cantidad de personas que integran
taforma era el de que no se debía conceder un su población. Como la población de los estados
»olo pie de nuevo territorio a la esclavitud; ésta, libres crece muchísimo más rápidamente qué
más bien, debería quedar confinada de una vez la de los estados esclavistas, el número de los re­
por todas en los limites de los estados donde ya presentantes norteños había de dejar atrás con
existía legalmente. La esclavitud, por tanto, ten­ gran celeridad al de los sureños. El asiento real
dría que ser formalmente internada; pero la ex­ del poderío político del Sur po/ lo tanto se
pansión continua del territorio y la permanente transfiere cada vez más al senado [norte] ame­
extensión de la esclavitud allende sus viejos lí­ ricano, donde cada estado, sea grande o peque­
mites constituyen una ley vital para los estados ña su población, está representado por dos se­
esclavistas de la Unión. nadores. Para mantener su influencia en el se­
El cultivo de los artículos sureños de expor­ nado, y a través del senado su hegemonía sobre
tación, algodón, tabaco, azúcar, etc., realizado los Estados Unidos, el Sur por consiguiente ne­
por esclavos, sólo es remunerativo mientras sea cesitaba una formación continua de nuevos esta­
practicado por grandes cuadrillas de esclavos, dos esclavistas. Esto, sin embargo, sólo era posi­
en escala masiva y sobre vastas superficies de ble mediante la conquista de países extranjeros,
un suelo naturalmente fértil, que sólo requiere como en el caso de Tejas, o por la transforma­
trabajo simple. El cultivo intensivo, menos de­ ción de los territorios pertenecientes a los Esta­
pendiente de la fertilidad del suelo que de la dos Unidos en territorios esclavistas, primero,
inversión de casita!, inteligancia y energía del y luego en estados esclavistas, como en el caso
trabajo, es contrario a la naturaleza de la es­ de Missouri, Arkansas, etc. John Calhoun, (53) a
clavitud. De aquí la rápida transformación de quien los esclavistas admiran como a su estadista
estados como Maryland y Virginia, que antaño par excellence, (54) manifestó ya el 19 de fe­
empleaban esclavos para producir artículos de brero de 1847 en el senado que esta corpora­
exportación, en estados que crían esclavos para ción sola ponía el equilibrio del poder en manos
exportarlos a las regiones ubicadas más al sur. del Sur; que la extensión del territorio esclavis­
Incluso en Carolina del Sur, donde los esclavos ta era necesaria para preservar este equilibrio
constituyen los cuatro séptimos de la población, entre el Sur y el Norte en el senado, y que,
el cultivo del algodón desde hace años está com­ por lo tanto, se justificaban los intentos del Sur
pletamente estacionado, a causa del agotamien­ de crear nuevos estados esclavistas por la vio­
to del suelo. Sí, Carolina del Sur,, por la fuerza lencia.
de las circunstancias, ya se ha transformado Por último, el número de los verdaderos es­
parcialmente en un estado criador de esclavos, clavistas en el Sur no pasa de 300.000, una re­
pues por año vende esclavos por valor de cua­ ducida oligarquía ante la cual se hallan muchos
tro millones de dólares a los estados del extremo millones de los llamados “blancos pobres” (poor
Sur y del Suroeste. (51) Una vez que se ha al­ whites), cuya masa crece constantemente por501234
canzado este punto, la adquisición de nuevos
territorios se torna necesaria, a fin de que una
parte de los esclavistas pueda equipar con los (50) Free-soil, literalmente suelo libre, se de­
esclavos nuevas plantaciones fértiles, y con ello nominaba al territorio en el cual la esclavitud
te cree un mercado de cría de esclavos, por en­ estaba prohibida.
de de venta de éstos, para la parte que ha per­ (51) Tal como en el caso de la denomina­
manecido en los lugares de origen. No existe ción “Noroeste” —ver nota 8— debe tenerse en
cuenta que el término “Suroeste” no designa aquí
duda alguna, por ejemplo, de que sin la adqui­ a los estados que actualmente se hallan en la
sición de Louisiana, Missouri y Arhansas por los región suroccidental de los Estados Unidos, sino
Estados Unidos, hace tiempo que la esclavitud a Arkansas, Louisiana, Tejas.
se hahría extinguido en Virginia y Maryland. (52) Robert Augustus Toombs (1810-1885),
En el Congreso Secesionista de Montgomerv, el adalid de la esclavitud, renunció en 1861 a su
cargo de senador para plegarse a los secesionis­
senador Toombs. (52) uno de los voceros del Sur, tas. Fue secretario de estado de la Confederación.
formuló contundentemente la ley económica que (53) John Caldwell Calhoun (1782-1850),
rige la constante expansión del territorio de la plantador sureño, ocupó altos cargos en el go­
esclavitud: “Si no se produce —aseveró— un bierno norteamericano (vicepresidente, secreta­
gran aumento del territorio esclavista, dentro de rio de defensa, más tarde de estado). En el
senado defendió tenazmente la causa de los
quince años habrá que permitir a los esclavos esclavistas, y fue un precursor de la secesión de
que huyan de los blancos, o los blancos tendrán los estados del Sur.
que huir de los esclavos.” (54) por antonomasia

» a ®. a* CtUADKnNO® t » MAttOMA'
obra de la concentración de la propiedad de la por encima del poder de los jefe* demócratas f
tierra y cuya situación sólo puede compararse sólo hubiera provocado la deserción de *u ejér­
con la de los plebeyos en la época de la más cito hacia el campo republicano. Al partido es­
extrema decadencia de Roma. Sólo mediante la clavista, por otro lado, no le podía bastar con
adquisición, o las perspectivas de adquisición, la “soberanía de los pobladores”, defendida por
de nuevos territorios y por medio de expediciones Douglas. Lo que ese partido quería obtener te­
piratas es posible conciliar los intereses de estos nía que lograrse en los cuatro años siguientes,
‘ blancos pobres” con los de los esclavistas, brin­ bajo el nuevo presidente; sólo podía obtenerse
dar una salida inofensiva al ansia de acción que m ediantílos recursos del gobierno federal y no
anima a aquéllos y volverlos dóciles gracias a la toleraba demora ulterior alguna. No escapaba
esperanza de algún día transformarse ellos mis­ a la comprensión de los esclavistas que se har
mos en dueños de esclavos. bía formado un nuevo poder, el Noroeste, cuya
El confinamiento estricto de la esclavitud población, que entre 1850 y 1860 casi se había
dentro de su viejo territorio, pues, tenía que duplicado, ya poco menos que se equiparaba a
producir, con arreglo a la ley económica, su la población blanca del Sur; un poder que ni
paulatina extinción; en la esfera política, ani­ por tradición o temperamento, ni por modo de
quilar la hegemonía que los estados esclavistas vida, se inclinaba a dejarse arrastrar de compro­
ejercen a través del senado, y, finalmente, ex­ miso en compromiso, a la manera de los viejos
poner a la oligarquía esclavista, dentro de sus estados norteños. La Unión aún tenía valor pai­
propios estados, a amenazantes peligros por el ra el Sur sólo en tanto el poder federal le sir­
lado de los “blancos pobres”. Con el principio viera como medio para la ejecución de la polí­
de que toda extensión ulterior de los territorios tica esclavista. En caso contrarío, más le valía
esclavistas debía prohibirse por ley, los republi­ provocar abora el rompimiento, en lugar de con­
canos, pues, atacaban en sus raíces el poder de templar durante cuatro años el desarrollo del
los propietarios de esclavos. La victoria electo­ Partido Republicano y el ascenso del Noroesta
ral republicana, por consiguiente, debía apare-, y comenzar la lucha bajo condiciones más des­
jar la lucha abierta entre el Norte y el Sur. De favorables. Por ello el partido esclavista jugó
todos modos, esta victoria electoral, como ya se va banque! (56) Cuando los demócratas del
ha señalado, estaba condicionada por la escisión Norte se negaron a seguir desempeñando el pa­
en el campo demócrata. pel de los “blancos pobres” sureños, el Sur pro­
vocó la victoria de Lincoln por medio de la dir
La lucha de Kansas ya había provocado una
visión de los sufragios, y luego tomó esta victo­
división entre el partido esclavista y sus aliados
los demócratas del Norte. La misma lucha es­ ria como pretexto para desenvainar la espada.
talló ahora, con motivo de la elección presiden­ El movimiento entero se fundaba y *e fun­
cial de 1860, en una forma más general. Los da, como se ve, en la cuestión de la esclavitud.
demócratas norteños, con Douglas como su can­ No en el sentido de si en los actuales estado»
didato, lograron que la introducción de la escla­ esclavistas deben ser liberados directamente lo*
vitud en los territorios dependiera de lo que esclavos o no, sino en el de si los veinte millone*
decidiese la mayoría de los pobladores. El par­ de hombres libres del Norte deben seguir subor­
tido de los esclavistas, con Rreckinridge 155) co­ dinados a una oligarquía de 300.000 dueño» de
mo candidato, sostiene que la Constitución de esclavos; de si los enormes territorios de la re­
los Estados Unidos, tal como también lo ha de­ pública deberán convertirse en semillero* de es­
clarado la Corte Suprema, establece la legali­ tados libres o de la esclavitud; finalmente, de
dad de la esclavitud; ésta ya es legal en sí v si la política nacional de la Unión debe enarbo­
para sí en todos los territorios y no requiere lar la bandera de la propagación armada de la
ninguna naturalización especial. Mientras que esclavitud en México, América Central y del
los republicanos, pues, prohibieron todo aumen­ Sur. [. ..]
to de los territorios esclavistas, el partido sure­ IMKW, Barnt XV. S. .134-338.156
ño reivindica como dominios legalmerite garanti­
zados todos los territorios de la república. Ix»
que, pongamos por caso, procuraron hacer con (55) John Cabell Rreckinridge (1821-1875),
Kansas —imponer la esclavitud en un territo­ vicepresidente de Estados Unidos entre 1857 y
rio, gobierno federal mediante, contra la volun­ 1861, se plegó a la Confederación en esta última
tad de los propios pobladores— ahora lo pro­ fecha; secretario de guerra de los secesionistas
en 1865.
claman como ley para todos los territorios de (56) “¡está en juego la banca!” Jugar v a
la Unión. Una concesión de esta índole estaba b a n q u * significa arriesgarlo todo a una sola carta.

N U M sna i s / ju n io te sa p a o . as
LA INTERVENCIÓN EN MÉXICO / I / ,5,)
Londres, 7 de noviembre de 1861. Francia y España, se oponían a una cruzada
contra México bajo mando inglés.
El “Times” de hoy publica un editorial, en El 24 de setiembre el “Moniteur” privado
»u conocido estilo abigarradamente calidoscópi­ de Palmerston, el “Morning Post”, (65) comu­
co, afectadamente humorístico, en torno a la nicó los pormenores de un convenio que habian
incursión ordenada por el gobierno francés en concluido Inglaterra, Francia y España para una
Dappental y a la protesta suiza contra esta vio­ intervención conjunta en México. Al día siguien­
lación de su territorio. El oráculo de Printing te la “Patrie” (66) negó la existencia de tal
House Square (58) recuerda cómo, en la época acuerdo. El 27 de setiembre el “Times” refutó
de la lucha más intensa entre los fabricantes y
los terratenientes ingleses, se hacía que niños
pequeños, empleados en las fábricas, arrojaran
agujas en las partes más delicadas de la maqui­ (57) Este artículo de Marx, que reproduci­
mos íntegramente, apareció por primera vez en
naria para detener por completo el movimiento “Die Presse”, el 12 de noviembre de 1861. Co­
de los poderosos autómatas. La maquinaria es mo se recordará, en ese mismo año Francia, In­
Europa; el niño pequeño, Suiza, y la aguja que glaterra y España intervinieron en México, so
ésta arroja en el autómata de tranquilo funcio­ pretexto de los desórdenes Internos de ese país
y de la moratoria externa que, ante las dificul­
namiento es. .. la incursión de Luis Bonaparte tades provocadas por la insurrección reacciona­
en su territorio o, más bien, el clamor de aqué­ ria, se había visto obligado a decretar el gobier­
lla contra tal incursión. De tal modo la aguja no de Juárez. En abril de 1862 los gobiernos de
se transforma súbitamente en el grito provocado Inglaterra y España, ul no poder solucionar las
diferencias surgidas entre ellos y Napoleón III,'
por el pinchazo de la misma, y la metáfora en retiraron sus tropas. Los franceses ocuparon Ciu­
una bufonada contra el lector que esperaba una dad de México (1863) y proclamaron empera­
metáfora. El “Times” se regocija además con su dor al archiduque austríaco Maximiliano (1864),
propio descubrimiento de que Dappental consta pero la tenaz resistencia armada del pueblo me­
xicano y, en parte, la presión del gobierno de
de una sola aldea, llamada Cressoniéres. Finaliza Estados Unidos, que no deseaba competidores
su breve artículo contradiciendo completamente en su zona de influencia y que ya había solu­
lo afirmado al comienzo. ¿ Por qué, exclama, ha­ cionado su principal problema interno, los obli­
cer tanto ruido con esta bagatela suiza infinita­ garon finalmente a abandonar el país (1867).
(58) Plaza de Londres donde se encuentra
mente pequeña, cuando en la próxima primave­ la redacción del “Times”.
ra arderá Europa por los cuatro costados? A no (59) Henry John Temple Palmerston (1784-
olvidarse de que Europa era hace poco un au­ 1865), que desde 1809 integró repetidas veces
tómata bien regulado. El artículo parece carecer y en diferentes cargos el gabinete británico,
fue entre 1855 y' 1865, salvo un breve intervalo,
totalmente de sentido, pero sin embargo lo tie­ primer ministro; uno de los políticos más cor-
ne. Es una manifestación de que Palmerston (59) dialmento odiados por Marx, quien le dedicó, en­
ha dado carte blanehe (60) en el incidente sui­ tre otros numerosos artículos, una famosa serie
zo a su aliado de allende el Canal. La acla­ en el “Peoplc’s Paper”, el periódico cartista.
(60) carta blanca
ración de esta declaración (61) se encuentra (61) Juego de palabras no enteramente tra­
en la descarnada noticia publicada por el “Mo- ducible: die Erklärung dieser Erklärung; en el
niteur”, (62) según el cual Inglaterra, Francia primer caso la palabra Erklärung significa a c e ­
y España concluyeron el 31 de octubre un con­ ración o explicación; en el segundo declaración.
(62) “Le Moniteur Universel” era el perió­
venio para una intervención colectiva en Méxi­ dico oficial del gobierno francés.
co. Tan lejos como está el cantón de Vaud de (63) Dappental, la zona suiza que había ocu­
Veracruz, están de cerca el artículo del “Times” pado Napoleón III, queda en el cantón de Vaud.
sobre el Dappental y la noticia del “Moniteur” (64) La guerra de agresión desencadenada
en octubre de 1859 por España contra Marrue­
sobre México. (63) cos, finalizó en abril de 1860 con el pago a la
Puede creerse que Luis Bonaparte haya in­ primera de una contribución en metálico y con­
cluido la intervención en México entre las mu­ cesiones territoriales menores. En marzo de 1861
chas posibilidades que permanentemente tiene a el gobierno conservador de la República Domi­
nicana resolvió la “unión” del país con España,
su disposición para distraer al pueblo francés. situación que se prolongó hasta la revolución in-
Es seguro que España, cuyos baratos éxitos en dependentVta de 1865.
Marruecos y Santo Domingo se le Van subido (65) En la época en aue Marx escribía estas
a la cabeza, (64) sueña con una restauración líneas el “Morning Post’’ (que apareció desde
1772 hasta 1937) ocupaba una posición whig de
en México. Pero es indiscutible que el proyecto derecha.
francés aún no había madurado y que ambas, (66) Periódico bonapartista francés.
(

rf
a la “Patrie”, sin nombrarla. Según el artículo Indudablemente, el medio más original éa
del “Times”, Lord Russell (67) comunicó al go­ fortalecer a un gobierno consiste en el secues­
bierno francés la decisión inglesa de intervenir, tro de sus ingresos y territorios por la violen­
a lo cual monsieur Thouvenel (68) respondió cia. Por otra parte, la mera ocupación d e lo»
que el Emperador de los Franceses había llega­ puertos y la percepcl* n de los derechos en aqué­
do a similar determinación. Ahora le tocaba el llos sólo puede hacer que el gobierno mexicano
turno a España. El gobierno español manifestó establezca una línea aduanera más hacia *J
en un órgano oficioso que se proponía intervenir interior del país. De esta manera se duplicar­
en México, pero de ningún modo junto a Ingla­ ía n los derechos de importación sobre mercan­
terra. Las desmentidas llovieron. El “Times” ha­ cías extranjeras y los de exportación sobre mer­
bía anunciado categóricamente que “el presi­ caderías americanas; de hecho, la intervención
dente de la Unión [norte]americana había dado satisfaría los reclamos de los acreedores euro­
su anuencia plena a la expedición proyecta­ peos mediante exacciones sobre el comercio e u ­
da”. (69) Apenas esta noticia alcanzó la orilla ropeo-mexicano. El gobierno mexicano sólo pue­
opuesta del Atlántico, cuando todos los órganos de volverse solvente por obra de la consolidap
de gobierno [norte]americano la estigmatizaron ción interior, y sólo puede consolidarse inter­
como un embuste, ya que el presidente Lincoln namente en tanto se respete su independenr
está con —no contra— México. De todo esto cia en lo exterior.
se infiere que el plan de la intervención, balo
su forma actual, se originó en el gabinete de Si se contradicen entre sí los objetivos pre­
St. James. (70) suntos de la expedición, tanto más se contra-
No menos enigmáticas y contradictorias que dicen los supuestos medios de alcanzar esos s u ­
las manifestaciones sobre el origen del acuer­ puestos fines. Los propios órganos guberna­
do fueron las declaraciones acerca de sus fines. mentales ingleses admiten que tal o cual cosa
Un órgano de Palmerston, el “Morning Post”, sería realizable por medio de una intervención
anunció que México no era un estado organi­ unilateral de Francia o de Inglaterra o da
zado, con un gobierno que existiera, sino una España, pero que todo se vuelve irrealizable
simple guarida de bandidos. Como tal había que si se trata de una intervención colectiva de eso»
tratarlo. La expedición se proponía sólo una estados.
cosa: satisfacer a los acreedores de México en Recuérdese que en México el Partido Libe­
Inglaterra, Francia y España. (71) A este ob­ ral bajo Juárez, el presidente oficial de la repú­
jeto las fuerzas combinadas ocuparían los prin­ blica, controla actualmente casi todos los pun­
cipales puertos mexicanos, percibirían los dere­ tos del país; que el partido católico, encabe-678901
chos de exportación e importación en la cos­
ta de México y retendrían esta “garantía ma­
terial” hasta que todos los reclamos por deudas
quedaran satisfechos. (67) Lord John Russell (1792-1878), político
El otro órgano palmerstoniano, el “Times”, liberal, ocupó diversos cargos en el gabinete bri­
declaró, por el contrario, que Inglaterra, a tánico, incluso el de primer ministro; “pacificó”
a Irlanda; entre 1859 y 1865 fue secretario do
causa de una prolongada experiencia, se había asuntos exteriores.
vuelto “insensible ante el desvalijamiento prac­ (68) Édouard-Antoine Thouvenel (1818-1866),
ticado por México, país en quiebra”. No se tra­ canciller de Napoleón III entre 1860 y 1862.
taba de los intereses privados de los acreedo- (69) Seguimos aquí el texto de la versión
rees, sino que “esperaban que la mera presen­ alemana, hecha por el propio Marx, de esta ci­
cia de una escuadra combinada en el Golfo de ta del “Times”. El original inglés, tal como lo
México y la ocupación de algunos puertos, bas­ reproduce Marx en el artículo siguiente de esta
recopilación, presenta algunas diferencias do
tarían para urgir al gobierno mexicano a rea­ menor entidad.
lizar nuevos esfuerzos en aras del mantenimien­ (70) El palacio de St. James es la residen­
to de la paz interna y forzarían a los descon­ cia londinense del rey.
tentos a que practicaran una forma de oposi­ (71) Hacia 1861 los acreedores británico»,
ción más constitucional que el bandidaje”. (69) franceses y españoles reclamaban al gobierno
mexicano sumas que, según una estimación, as­
Según esto, pues, la expedición se realiza­ cendían a algo más de 73 millones de dólares.
ría en apoyo del gobierno oficial mexicano. Al Vale la pena hacer notar que de esa cantidad
mismo tiempo, empero, el “Times” insinuaba sólo 263.490 dólares, esto es, poco más del 0,3%,
que “la capital de México es suficientemente correspondían legalmente a los acreedores fran­
ceses, pese a que, a pretexto de las deudas, fi­
salubre, caso que sea necesario internarse tan­ nalmente fue Francia la principal potencia in­
to”. (69) terventora.
NUMERO 14 / JU N IO 1968 RAO. -■
xado por el g en eral M á r q u e z , (7 2 ) ha e x p e ri­ Se tra ta , p u e s, s im p le m e n te de a p lic a i a
m e n ta d o una d e rro ta tra s o tra , y que la cua­ lo s e s ta d o s de A m é ric a , m e d ia n te una nueva
d rilla de b a n d id o s o rg a n iz a d a por ese p a rtid o S a n ta A lia n z a , la te s is según la cual é s ta se
ha s id o e m p u ja d a h a c ia la s s ie r ra s de Q u e ré - c o n s id e ra b a lla m a d a a in te rv e n ir en la s re la ­
ta ro y depende de una a lia n z a con e l je f e in ­ c io n e s g u b e rn a m e n ta le s in te rn a s de lo s p a ís e s
d io de la z o n a , M e j í a . (7 3 ) L a ú ltim a e sp e ra n - e u ro p e o s . E l p r im e r p la n d e e s ta ín d o le fu e p r e ­
xa del p a rtid o c a tó lic o e ra la in te rv e n c ió n es­ p a ra d o por C h a te a u b ria n d p a ra lo s R o rb o n e i
p a ñ o la . d e E s p a ñ a y F ra n c ia , e n la é p o c a d e la R e s ta u ­
ra c ió n . F u e f r u s tr a d o p o r C a n n in g y por M on-
“El ú n ic o p u n to -— d i c e el « T im e s» — re s­
ro c , e l p re s id e n te d e lo s E s t a d o s U n id o s , q u ie n
p e c to al cual p o s ib le m e n te pueda e x is tir una
d e c la ró in te rd ic ta to d a in tr o m is ió n ru ro p ea en
d ife re n c ia e n tre n o s o tro s y n u e s tro s a lia d o s , se
lo s a s u n to s in te rn o s de lo » e s ta d o s a m e ric a ­
re fie re al g o b ie rn o de la re p ú b lic a . In g la te rra
n o s. D e s d e e n to n c e s la U n ió n [ n o rte ]a m e ric a n a
d e s e a ría d e ja rlo en m anos d e l P a rtid o L ib e ra l,
c o n s id e ró s ie m p re la D o c trin a de M o n ro e co­
m ie n tra s que F r a n c ia y E spaña son so sp ech o ­
mo le y in te r n a c io n a l. La p re s e n te g u e r r a c iv il,
sas de p a rc ia lid a d por la re c ié n d e rrib a d a do­
e m p e ro , c re ó la s itu a c ió n p ro p ic ia p a ra que
m in a c ió n e c le s iá s tic a . S e r ía s in g u la r, q u e F ran ­
la s m o n a r q u ía s e u ro p e a » s e n ta ra n un p re c e d e n ­
c ia se p r e s e n ta r a s im u ltá n e a m e n te e n el V ie jo y
te de in te rv e n c ió n , so b re el m al puedan L in ­
en el N u e v o M undo c o m o p ro te c to ra d e sac e r­
d a rse m ás t a r d e . (7 5 ) E s te c o n s titu y e el v e r­
d o te s y b a n d id o s . (6 9 ) E x a c ta m e n te así co­
d ad ero o b je tiv o de la In te rv e n c ió n a n g lo -fra n c o
m o e n I t a l i a lo s p a r t i d a r i o s d e F r a n c i s c o I I (7 4 )
e s p a ñ o la . Su re s u lta d o in m e d ia to s ó lo puede
e ra n p e rtre c h a d o s en R om a p a ra su tra b a jo
— c o n s is te n te en to m a r a N á p o le s in g o b e rn a ­ y ha de s e r la re s ta u ra c ió n de la a n a rq u ía , y a

b le — , e n M é x ic o la s c a rre te ra s , e in c lu s o la s en v ía s d e e x tin c ió n , e n M é x ic o ,
c a lle s de la c a p ita l, e s tá n in fe s ta d a s de b a n d i­ Al margen, en general, de todo* los prin­
dos a lo s c u a le s e l p a r t i d o c le ric a l tie n e p ú b li­ cipios del derecho de gente», tiene para Euro­
c a m e n te p o r s u s a m ig o s .”
pa una gran trascendencia el hecho de que In­
|Y es ju s ta m e n te p o r esa ra z ó n , q u e In g la ­ glaterra, a través de concesiones en el domi­
te rra fo rta le c e al g o b ie rn o lib e ra l al e m p re n ­ nio de la política continental, haya comprado
der ju n to a F ra n c ia y E spaña una c ru z a d a la subordinación de Luis Ronaparte en la ex­
c o n t r a é l; q u e t r a t a d e s o f o c a r la a n a r q u ía , p r o ­ pedición mexicana.
p o rc io n a n d o al a g o n iz a n te p a rtid o c le ric a l tro ­
p a s a lia d a s d e re fre s c o p ro c e d e n te s d e E u ro p a 1 IMKW, Stand XV, a sdt sesi72345

L as c o s ta s de M é x ic o , p e s tile n c ia le s com o
s o n , s a lv o d u ra n te lo s b re v e s m eses in v e rn a le s , (72) El general I^ionardo Márquez, en un
s ó lo pueden ser m a n te n id a s m e d ia n te la con­ tiempo partidario do Santa Atina, «»tuvo al fren­
q u is ta d e l p a ís m is m o . P e r o u n te r c e r ó r g a n o g u ­ te del partido conservador en la revuelta de
b e r n a m e n ta l in g lé s , e l “ E c o n o m is t” . d e c la r a q u e
1859-60 contra el gobierno de Juárez y apoyó
desde un principio a Maximiliano. Esta le dio
la c o n q u is ta d e M é x ic o es im p o s ib le . distintos destinos diplomático» y. y» al filo del
hundimiento del “imperio", lo designó jefe del
“Si con un e jé rc ito in g lé s se le q u ie re im ­ estado mayor y por último llautanant d« l'empire.
poner — d ic e el p e rió d ic o — un p rín c ip e b ritá ­
(73) Tomás Mejía (¿18127-1867), general reac­
n ic o , se p r o v o c a r á con e llo l a ira m á s v iru le n ­ cionario, participó activamente en las operacio­
ta d e lo s ^ E s ta d o s U n id o s . L o s c e lo s d e F r a n c i a nes militares de los intervencionistas contra el
h a ría n im p o s ib le u n a c o n q u is ta d e t a l ín d o le , y gobierno de Juárez (tomas de Morelln, Queréta-
no y Tamaulipas). Fue derrotado en Matamoros
el p ro y e c to s e r ía re c h a z a d o rá p id a m e n te , casi
(junio de 1866) y finalmente fusilado por trai­
p o r u n a n im id a d , ta n p r o n t o c o m o s e le p r e s e n ­ dor, el 19 de junio de 1867, junto a Maximiliano.
ta s e a un p a rla m e n to in g lé s . I n g l a t e r r a , p o r s u
(74) Francisco II (1836-1894), último rey de
la d o , no puede c o n fia r a F ra n c ia el g o b ie rn o Nápoles, fue expulsado del reino (1860) por las
d e M é x ic o . D e E s p a ñ a , m á s v a le n i h a b la r.” fuerzas revolucionarias al mando de Garibaldi
y abdicó al año siguiente.
Toda la e x p e d ic ió n es p u e s un c a m e lo , cu­
(75) Como se recordará, hubo precedentes
y a c la v e n o s la p r o p o r c io n a la “ P a tr i e ” c o n la s de esa naturaleza mucho antes de la Guerra de
s ig u ie n te s p a la b ra s : “El c o n v e n io re c o n o c e la Secesión. Ya promulgada 'a Doctrina Monroe,
n e c e s id a d de in s ta la r en M é x ic o un g o b ie rn o Estados Unidos se había abstenido de obstacu­
lizar varias intervenciones europeas que no le­
fu e rte , que pueda m a n te n e r a llí la tra n q u ili­
sionaban directamente sus intereses, como la
d a d y el o rd e n ” . ocupación británica de las Malvinas.
*• euA O M N O * O » 14t u r w t
LA INTERVENCIÓN EN MÉXICO /II/ <">
Londres, 8 de noviembre de 1861. el artículo del “Times”, rechazaron desde Imm
tiempo esta aseveración.
La proyectada intervención en México por Por ende es seguro, y así lo ha admitido
parte de Inglaterra, Francia y España es, en expresamente “The Times”, que la intervención
mi opinión, una de las empresas más mons­ conjunta en su forma actual es de cur> inglés,
truosas jamás registradas en los anales de la vale decir palmerstoniano. A España la arras­
historia internacional. Se trata de un ardid de tró a adherirse la presión francesa, y a Francia
típico sello palmerstoniano, que pasma al pro­ se le persuadió mediante concesiones en el cam­
fano por la insania en cuanto al objetivo y la po de la política europea. En este aspecto es
imbecilidad en lo relativo a los medios emplea­ una coincidencia sugestiva que “The Times” del
dos, insania e imbecilidad que parecerían en­ 6 de noviembre, en el mismo número donde »#
teramente incompatibles con la conocida capa­ anuncia la conclusión en París de un acuerdo
cidad del viejo maquinador. para la intervención conjunta en México, pu­
Es probable que, entre las muchas cartas blique simultáneamente un editorial donde s«
que Luis Bonaparte, para distraer al público trata con mofa y exquisita contumelia la pro­
francés, está obligado a tener permanentemen­ testa de Suiza contra la reciente invasión de su
te en la manga, pueda haber figurado una ex­ territorio, o sea el Dappental, por una fuerza
pedición a México. Es seguro que España, a militar francesa. Como retribución por su ca­
cuya nunca muy firme cabeza se le han su­ maradería en la expedición mexicana, Luis Bo-
bido sus baratos éxitos recientes en Marruecos naparte ha obtenido carte blanche para sus pro­
y Santo Domingo, sueñe con una restauración yectadas intrusiones en Suiza y, quizás, en otras
en México. Pero, con todo, lo seguro es que al partes del continente europeo. Las tratativas
plan francés le faltaba mucho para madurar, y entre Inglaterra y Francia acerca de estos pun­
que tanto Francia como España se resistían*, tos se prolongaron durante setiembre y octubre
enérgicamente a una expedición conjunta en enteros.
México bajo guía británica. No existe en Inglaterra nadie que desee una
El 24 de setiembre, el “Moniteur” priva­ intervención en México, salvo los tenedores do
do de Palmerston, el “Morning Post” londinen­ títulos mexicanos, quienes, empero, nunca pu­
se, hizo el primer anuncio pormenorizado del dieron gloriarse de ejercer el mínimo ascendien­
plan a seguir en la intervención conjunta, con te sobre el sentir de la nación. De aquí la difi­
arreglo a los términos de un tratado recién con­ cultad de volver aceptable al público el plan
cluido, según dice, entre Inglaterra, Francia y palmerstoniano. El mejor medio era aún, pues,
España. Esta declaración casi no había cruza­ desconcertar al elefante británico por medio de
do el canal cuando el gobierno francés, median­ declaraciones contradictorias, procedentes del
te las columnas de la “Patrie”, le daba un enér­ mismo laboratorio, mixturadas con los mismos
gico mentís. El 27 de setiembre el “Times” de materiales, pero diferentes en las dosis adminis­
Londres, el órgano nacional palmerstoniano, tradas al animal.
rompió por primera vez en un editorial el si­ El “Morning Pust”, en su edición del 24 de
lencio acerca del proyecto, contradiciendo, aun­ setiembre, anunció que no habría “guerra te­
que sin citarla, a “La Patrie”. El “Times” ase­ rritorial alguna en México”, que lo único que
guró incluso que el conde Russell había comu­ estaba en discusión eran las reclamaciones mo­
nicado al gobierno francés la decisión adoptada netarias al erario mexicano; que “sería impo­
por Inglaterra de intervenir en México, y que sible tratar con México como un gobierno es­
monsieur de Thouvenel replicó que el Empera­ tablecido y organizado” y que, consecuente­
dor de los Franceses había llegado a una con­ mente, “los principales puertos mexicanos se­
clusión similar. Entonces le tocó el turno a Es­ rían ocupados temporariamente y secuestradas
paña. Un periódico oficioso de Madrid, aunque sus rentas aduaneras”.
confirmó la intención española de entremeterse El “Times” del 27 de setiembre declaró, por76
en México, repudió al mismo tiempo la idea
de una intervención conjunta con Inglaterra,
Los dementis (77) no estaban agotados aún. (76) El presente artículo de Marx, que en
“The Times” había afirmado categóricamente buena parte es una ampliación del anterior, se
publicó el 23 de noviembre de 1861 en el perió­
que “el presidente [norte]americano había dado dico norteamericano “New-York Daily Tribune”.
su anuencia plena a la expedición”. Todos los L® reproducimos íntegramente
periódicos [norte]americanos que mencionaron (77) desmentida*

^fUMERCS t 4 ? JUNI<3 t é « « PA A . S '*


el contrario, que “ante la deshonestidad, el re­ más despiadada y mordaz contra toda la aventu­
pudio [de deudas], el saqueo inevitable y legal ra. Comienza afirmando que “la expedición es
de nuestros connacionales por obra de una co­ muy notable” (más adelante dice que es curiosa).
munidad en bancarrota, una larga experiencia “Tres estados se coligan para obligar a un cuar­
nos ha vuelto insensibles”, y que, por tanto, to a conducirse correctamente, no tanto por me­
“el robo privado a los tenedores ingleses de bo­ dio de una guerra, sino de una intervención
nos” nc era, contrariamente a lo que opinaba autoritaria cu salvaguarda del orden.”
el [Morning] Post, el motivo de la intervención. ¡Intervención autoritaria en salvaguarda del
Al tiempo que señalaba, en passant, (78) que orden! ¡Es textualmente la jerga de la Santa
“la ciudad de México es suficientemente salu­ Alianza, y en boca de Inglaterra, con su enal­
bre, caso que sea necesario internarse tanto”, tecimiento del principio de no-intervención, sue­
“The Times”, confiaba, empero, en que “la na realmente de un modo muy notable! r Y
mera presencia de una escuadra combinada en por qué “los métodos de la guerra, de la decla­
el Golfo y la ocupación de algunos puertos, ur­ ración de guerra y todos los otros preceptos del
girían al gobierno mexicano a realizar nuevos derecho internacional" han sido sustituidos por
esfuerzos para mantener la paz y convencerían “una intervención autoritaria en salvaguarda del
a los descontentos de que practicaran una forma orden” ? Porque, dice “The Times", no “existe
de oposición más constitucional que el bandida­ gobierno alguno en México", ,i Y cuál es el obje­
je”. Si, entonces, según el [Morning] Post, había tivo proclamado de la expedición? “Formular
que iniciar la expedición porque “no existe un demandas a las autoridades constituidas de
gobierno en México”, conforme a “The Times” México.”
ésta sólo se proponía alentar y apoyar al go­ Es fácil recapitular los únicos ngrnvios adu­
bierno mexicano existente. ¡ Por cierto! El mé­ cidos por las potencias Interventoras, los únicos
todo más singular jamás imaginado de conso­ motivos que podrían «lar a su actitud hostil el
lidar a un gobierno consiste en la ocupación de atisbo más tenue de justificación. Se trata de
su territorio y el secuestro de sus ingresos. los reclamos monetarios de los tenedores de tí­
Una vez que “The Times” y el “Morning tulos y una serie de ultrajes personales a que
Post” dieron el pie, John Bul! fue transferido a han sido sometidos, se dice, súbditos de Ingla­
los oráculos ministeriales menores, que lo traba­ terra, Francia y España, fistos eran los motivos
jaron de modo sistemático en el mismo estilo de intervención tal como originariamente los
contradictorio durante cuatro semanas, hasta expuso el “Morning Post" v tal romo los con­
que la opinión pública quedó por fin suficien­ firmó oficialmente hace algún tiempo Lord
temente compenetrada de la idea de una inter­ John Russell, en tina entrevista ron represen­
vención conjunta en México, aunque se le man­ tantes de los tenedores ingleses de títulos mexi­
tuvo deliberadamente en la ignorancia del obje­ canos, Hoy el “Times" manifiesta: “ Inglaterra,
tivo de esa intervención. Por último, las trata- Francia y España han concertado una expedi­
tivas con Francia llegaron a su término; el ción para hacer que México Cumpla sus compro­
“ Moniteur” anunció que el 31 de octubre se misos específicos y para proteger a los súbditos
había concertado el acuerdo entre las tres po­ de las respectivas coronas". Sin rmbargo, en el
tencias interventoras, y el “Journal des Dé- curso de su artículo, “The Times” vira en re­
bats” (79) —uno de cuyos propietarios ha sido dondo v exclama:
designado comandante de un baque de la es­ “Obtendremos, sin duda, por lo menos un
cuadra francesa— informó al mundo que no se reconocimiento de nuestros reclamos pecuniarios;
tenía en vista ninguna conquista territorial per­ de hecho, una sola fragata británica hubiese po­
manente: que se ocuparía Veracruz v otros pun­ dido lograr esa satisfacción cu cualquier mo­
tos de la costa y que se había resuelto avanzar mento. Podemos confiar, también, en que los más
hacia la capital en caso de que las autoridades escandalosos de los ultrajrs cometidos serán ex­
constituidas de México no cumplieran las de­ piados mediante compensaciones más directas v
mandas de la intervención; que. además, se ins­ sustanciales; pero resulta claro «pie si quisiéra­
talaría en la república un gobierno fuerte. mos obtener tan sólo esto, no necesitábamos re-789
A “The Times”, que desde su primer anun­
cio del 27 de setiembre parecía haberse olvidado
de la misma existencia de México, le correspon­ (78) de pasada, incldcnlulmente
día ahora dar un nuevo paso. Quienquiera que (79) El “Journal des Débats Politiques et
ignorara su conexión con Palmerston y la in­ T-iittéraires” liberal, moderado, apareció desde
troducción original del provecto de éste en sus 1789 hasta 1944; por lo évioca en que Marx es­
cribía este artículo, el "Journal" era el vocero
Columnas, sería inducido a pensar que el edi­ de los grandes capitalistas que «e agrupaban en
torial publicado hoy en el periódico es la sátira torno a la casa de Orléans.
c u rrir a m e d io s ta n e x tre m o s com o lo s a h o ra lid a d , p e rd ie ro n to d o d e re c h o so b re MéxSe© A
p ro p u e s to s .” c a u s a d e l s a c rific io v o lu n ta rio , p o r p a r te de M »
“The Times”, pues, con tanto palabrerío, m e rs to n , d e la h ip o te c a q u e e l t r a t a d o de 1824
confiesa que las razones aducidas originaria­ le shabía c o n c e d i d o .
mente para la expedición eran hueros pretex­ Pero, y a q u e e l ‘T i m e s ” l o n d i n e n s e
tos; que para el logro de reparaciones no se que la actual i n t e r v e n c i ó n n a d a t i e n e que
necesitaba en absoluto un procedimiento como el con reclamos m o n e t a r i o s n i c o n u l t r a j e s a pera»
presente, y que, en realidad, el “reconocimiento sonas, ¿cuál e s , e n t o n c e s , s u o b j e t i v o r e a l o p r o »
de reclamos monetarios y la protección de súb­ textado?
ditos europeos” nada tienen que ver con la actual “ U n a i n t e r v e n c i ó n a u t o r i t a r i a en s a l v a g u * »
intervención conjunta en México. ¿Cuáles, en­ d a d e l o r d e n .” I n g l a t e r r a , F r a n c i a y E s p a ñ a p ro *
tonces, son sus verdaderos objetivos? yectan u n a n u e v a S a n t a A l i a n z a y se h a n c o n o *
Antes de seguir a “The Times” en sus ex­ tituido a s í m i s m a s e n a r e ó p a g o a r m a d o q u A
plicaciones ulteriores, llamaremos la atención, en velará p o r l a r e s t a u r a c i ó n d e l o r d e n era el m u n ­
passant, acerca de algunas “curiosidades” que do entero. “ H a y q u e r e s c a t a r a México de Ea
aquél se cuida bien de no tocar. ¡En primer a n a r q u ía ” , d ic e “ T h e T im e s ” , " y p o n e rlo m
término, es realmente “curioso” ver cómo Es­ la vía d e l a u t o g o b i e r n o y l a p a z ” . L o e ira v a s * *
paña —justamente España entre todos los paí­ res “ d e b e n i n s t i t u i r u n g o b i e r n o f u e r t e y est»
ses— se torna en adalid de la santidad de las bit a l l í , y e s e g o b i e r n o h a d e s e r e x t r a í d o é$
deudas extranjeras! El “Courrier des Diman­ “algún partido m e x i c a n o ” .
ches” (80) del último domingo reclama al go­ A h o ra b ie n , ¿se im a g in a a lg u ie n quo
bierno francés que aproveche la oportunidad y merston y su v o c ero , “T h e T im e s ” , re a lm e ra ts
obligue a España “al cumplimiento, eternamen­ c o n s id e ra n la in te rv e n c ió n c o n ju n ta ecm ® u a
te postergado, de sus añejos compromisos pen­ m e d io p a r a a l c a n z a r e l f i n p r o c l a m a d o , e®t® <r%
dientes con los tenedores franceses de títulos”. la extinción d e la a n a r q u ía y e l e s ta b le c im ie ra t»
La segunda “curiosidad”, aun mayor, es que en M é x ic o de un g o b ie rn o e s ta b le y fu e rte ?
el mismísimo Palmerston que, conforme a la re­ Muy le jo s de s u s te n ta r un c re d o ta r a u tó p ic a ^
ciente declaración de Lord John Russell, está “The T im e s ” d e c la ra e x p r e s a m e n t e era s u p rin -
por invadir a México para hacer que el gobier­ cipal e d ito ria l del 27 de s e tie m b r e : “El ú n ic o
no de ese país pague a los rentistas ingleses, es p u n to re s p e c to a l c u a l p o s ib le m e n te p u e d a e x is ­
quien sacrificó voluntariamente, en contra de tir u n a d if e r e n c ia e n tr e n o s o tro s y n u e s tro * a lia ­
la voluntad del gobierno mexicano, los derechos dos, se re fie re al g o b ie rn o de la re p ú b lic a . A
concedidos a Inglaterra por tratado y las hipo­ In g la te rr a le c o m p l a c e r l a d e ja rlo era la s m a n o »
tecas que México habla dado a sus acreedores del P a rtid o L ib e ra l, a c tu a lm e n te era el p o d e r,
británicos. m ie n tra s que F ra n c ia y E spaña son so speche*
Por el convenio concluido con Inglaterra en sas de p a rc ia lid a d a fa v o r de la re c ié n d e rri­
1826, México se comprometía a no permitir el b a d a d o m in a c ió n e c le s iá s tic a . . . S e rla s in g u la r,
establecimiento de la esclavitud en ninguno de por c ie rto , que F ra n c ia se p re s e n ta ra s im u ltá ­
los territorios que constituían el, en ese enton­ n e a m e n te en el V ie jo y N uevo M undo eom ®
ces, imperio. (81) Por otra cláusula del mismo p ro te c to ra de s a c e rd o te s y b a n d id o s .” En rae
tratado, otorgaba a Inglaterra, como garantía e d ito ria l de hoy, “T h e T im e s ” c o n tin ú a ra z o ­
de los préstamos concedidos por capitalistas bri­ n a n d o e n la m is m a v e n a y re su m e sus e s c rú p u ­
tánicos, la hipoteca de 45.000.000 de acres de lo s en la s ig u ie n te s e n te n c ia : “Es d ifíc il supo­
tierras fiscales en Tejas. (82) Fue Palmerston n e r q u e la s p o te n c ia s in te r v e n to r a s p u e d a n c o in ­
quien, diez o doce años después, intervino co­ c id ir to d a s en la p re fe re n c ia a b s o lu ta por uno
mo mediador en favor de Tejas y en contra de lo s d o s p a r t i d o s en lo s c u a le s e s tá d i v i d i d # 80123
de México. En el tratado que entonces concer­
tó con Tejas, no sólo sacrificó la cláusula anti­
(8 0 ) S e m a n a r i o f r a n c é s , c r í t i c o m o d e r a d o <5*
esclavista, sino también la hipoteca sobre tie­ N a p o le ó n III.
rras fiscales, despojando así a los rentistas (8 1 ) E n re a lid a d , e l “ im p e rio ” m e x ic a n o f u n ­
británicos de su garantía. El gobierno mexicano d a d o p o r A g u s tín d e I tu r b id e ( “ A g u s tín I ” ) so
protestó en esa oportunidad, pero entretanto el h a b ía d e rru m b a d o y a e n 1823; e n o c tu b re d a
1824 s e p ro c la m ó f o r m a lm e n te la re p ú b lic a .
secretario John C. Calhoun (83) pudo permi­ (8 2 ) A l r e d e d o r d e 1 8 2 .0 0 0 k i l ó m e t r o s c u a ­
tirse, más adelante, el chiste de informar al ga­ d ra d o s.
binete de St. James que su deseo “de ver abo­ (8 3 ) C a lh o u n (v e r n o ta 53) fu e s e c re ta rio d o
lida la esclavitud en México” se cumpliría me­ g u e r r a d e M o n r o e e n 1 8 1 7 -2 5 y s e c r e t a r i o d e e s ­
t a d o e n 1 8 4 4 -4 5 ; d e s d e e s t e ú l t i m o c a r g o t r a b a ­
jor mediante la anexión de Te'as a los Estados jó e n p ro d e la a n e x ió n d e T e ja s a E s ta d o *
Unidos. Los tenedores ingleses de títulos, en rea­ U n id o s .
México, y es igualmente difícil imaginar que se A Palmerston le pareció que la actual convul­
encontrará un compromiso viable entre enemi­ sión en los Estados Unidos constituía una bue­
gos tan determinados”. na ocasión para adoptar el proyecto bajo una
Palmerston y “The Times”, entonces, son forma modificada. Como los Estados Unidos, por
plenamente conscientes de que “existe un go­ el momento, deben impedir que las complicacio­
bierno en México” ; que el Partido Liberal, “os­ nes exteriores interfieran en su guerra por la
tensiblemente favorecido por Inglaterra, está Unión, todo lo que pueden hacer es protestar.
actualmente en el poder” y que la “domina­ Quienes en Europa les desean lo mejor, esperan
ción eclesiástica” ha sido “recién derribada” ; que protestarán, con lo cual los Estados Unidos
que la intervención española era la última es­ repudiarán firmemente, ante los ojos del mun­
peranza perdida de los sacerdotes y bandidos, do, toda complicidad en uno de los planes más
y, finalmente, que la anarquía mexicana esta­ nefandos.
ba en vías de extinción. Saben, pues, que la La expedición inilitnr da Palmerston, ejecu­
intervención conjunta, con ningún objetivo tada por una coalición ron otras dos poten­
proclamado si no es el de rescatar a México cias europeas, se inicia timante el receso par­
de la anarquía, producirá precisamente el efec­ lamentario, sin la sanción y contra la volun­
to contrario, debilitará al gobierno constitucio­ tad del parlamento británico, La primera gue­
nal, fortalecerá al partido clerical mediante una rra extraparlamentariu tlr Palmerston fue la
partida de bayonetas españolas-y francesas, rea­ guerra afgana, (85) endulsitda y justificada
vivará los rescoldos de la guerra civil y, en lugar mediante la presentación tle documentos falsos.
de extinguirla, restaurará la anarquía en todo Otra guerra de esa (naturaleza) fue la persa, de
su esplendor. 1857-1858. (86) En esa oportunidad se defen­
La inferencia que el propio “Times” extrae dió con el argumento de tpin "el principio de la
de estas premisas es realmente “notable” y “cu­ sanción previa por la cámara (67) no es apli­
riosa”. “Aunque”, asevera, “esas consideracio­ cable a las guerras asiátlcns''. Parece que tam­
nes pueden llevarnos a considerar con cierta an­ poco se aplica a las guerras americanas. Con
siedad los resultados de la expedición, no se el control de las guerras r» el exterior, el par­
pronuncian contra la oportunidad de la expedi­ lamento perderá todo control sobre la hacienda
ción en sí.” pública y el gobierno parlamentarlo se trans­
No se pronuncian, por tanto, contra la opor­ formará en una farsa,
tunidad de la expedición en si, ya que la expe­
dición se pronuncia contra el único objetivo os­ (T raducción d*l te x to o rlsln n l IngUs, «csiin la re­
copilación: M arx and ICnxels. "T*i» C ivil W «r In th*
tensible. No se pronuncian contra los medios, ya U nited S ta te s”, In tarn atlo n n l n ilills lie is , N ew York, Se-
cond E dition, 1S40, p. 55 34 t84567
que éstos desbaratan su propio fin declarado.
Pero aún mantengo in petto (84) la mayor
“curiosidad” aportada por “The Times”. “Si el (8 4 ) en re se rv a
presidente Lincoln” , afirma, “aceptara la invi­ (8 5 ) M a r x s e r e f i e r a a l a g u a r r a d a 1 8 3 8 -1 8 4 2
e n tr e I n g la te r r a y A f g a n is tá n , q u e s ig n ific ó u n
tación, prevista en el convenio, de participar en r u d o f r a c a s o p a r a la p r i m e r a ; a u n q u e lo g r ó a p o ­
las inminentes operaciones, el carácter de todo d e r a r s e d e g r a n p a r t e d a e s e p a ís e n 1838, s u s
el asunto se volvería más curioso aun.” tr o p a s d e o c u p a c ió n fu e r o n p r á r t( e n m a n te a n i­
q u ila d a s e n e l le v a n ta m ie n to n a c io n a l d e fin e s
Seria, por cierto, el colmo de las “curiosi­ d e 1841.
dades” que los Estados Unidos, que viven en (8 6 ) L a g u e r r a a n g lo - p r r s a se d e s a rro lló e n ­
amistad con México, se asociaran a los trafi­ t r e n o v i e m b r e d e 1856 y m a r z o d e 1857, ( M a r x
cantes del orden europeos y, al solidarizarse con q u e h a b ia a n a liz a d o e s te c o n flic to d u r a n te su d e ­
sus actos, sancionaran la interferencia de un s a r r o l l o — v é a s e M E W . B a n d X I I , 8 . 71 u . 1 1 7 —
c o m e te a q u í u n p e q u e ñ o e r r o r e n c u a n t o a la s
areópago armado europeo en los asuntos inter­ fe c h a s d e in ic ia c ió n y té r m in o d e l m is m o ). S e g ú n
nos de los estados americanos. El primer proyec­ e l c o n v e n io d e p a z f ir m a d o e n P a r ís , P c rs ln r e ­
to de tal trasplante de la Santa Alianza al otro n u n c ió a s u s p re te n s io n e s » o b re e l p rin c ip a d o
lado del Atlántico, durante la Restauración, fue a u t ó n o m o d e H e r a t (NAV d o l A f g a n i s t á n a c t u a l ) ,
p e ro G ra n B re ta ñ a , a su v ez, p u e s ta e n tr e d o s
urdido por Chateaubriand para los Borbones
f u e g o s p o r l a s p r i m e r a » r e v u e l t a s d e lo s s o l d a ­
de Francia v España. La intentona fue desar­ d o s in d io s e n C a lc u ta y B e r h s m p u r , d e b ió p o s ­
ticulada por un ministro inglés, Mr. Canning, te r g a r s u s p ro y e c to s d e c o n q u is ta .
y un presidente \ norte]americano. Mr. Monroe (87) the House, «1 parlamento.
E L D E B A T E P A R LA M E N T A R IO S O B R E L A
R É P L I C A A L D I S C U R S O D E L A C O R O N A (88)890123* '
Londres, 7 de febrero de 1862. a sí mismo y ha expuesto a su pueblo % I*
humillación más indigna” al —en lugar d#
[ • ..] La parte “sustanciosa” del debate gi­ actual como “gentlemen”— no tomar la ini­
ró en torno a los Estados Unidos, México y ciativa y entregar voluntariamente a Masón,
Marruecos. Slidell y compañía y dar cumplidas satisfaccio­
Respecto a los Estados Unidos, los Outs nes. (94) Su secundante en la Cámara Baja,
(los que no están en el gobierno) elogiaron la Mr. Disraeli, comprendió de inmediato en qué
política de los Ins (89) (los beati possiden- grado la embestida de Derby podía dañar la»
tes). (90) Derby, (91) el jefe conservador de la esperanzas ministeriales de los conservadore*.
Cámara de los Lores, y Disraeli, el jefe con­ Por ello declaró, a la inversa:
servador de la Cámara Baja, no se opusieron “Cuando tengo en cuenta las grandes di­
al gabinete, sino entre sí. ficultades con las cuales han tenido que luchar
Derby en primer lugar manifestó su desa­ los estadistas norteamericanos, debo manifestar
grado por la falta de una “pressure from mi opinión de que se lian enfrentado a ellas vi­
without”.(92) “Admira”, dijo, la actitud dig­ ril y valerosamente.”
na y estoica de los obreros fabriles. En lo que Por otra parte —con la consecuencia habi­
se refiere a los fabricantes, tiene que excluir­ tual en él —Derby protestó contra las ‘‘nueva*
los de su elogio. A éstos la convulsión [norte] doctrinas” del derecho marítimo. Inglaterra en
americana les ha venido de perlas, ya que la todas las épocas ha sostenido los derechos de lo»
superproducción y la saturación (93) de todos beligerantes contra las pretensiones de los neu­
los mercados de cualquier modo les habrían trales. Lord Clarendon, (95) ciertamente hizo
impuesto una restricción del comercio. a París, en 1856, una concesión “peligrosa”.
Afortunadameiíte esta aún no ha sido ratifica­
Más adelante Derby atacó violentamente1
da por la Corona, de manera que “no altera
al gobierno de la Unión, “que se ha expuesto el estado de la ley internacional”. Mr. Disraeli,
de acuerdo en eífte punto, evidentemente, con el
(88) El presente artículo, del cual inclui­ gabinete, evitó toda alusión al problema.
mos la parte directa o indirectamente referente Deiby aprueba la política ministerial d e
a la intervención contra México, se publicó el no-intervención. Aún no ha llegado la hora de
12 de febrero de 1862 en nuestro conocido “Die reconocer a la Confederación sureña, pero el
Presse”.
(89) Los que están en el gobierno. Ins son orador reclama documentos auténticos para juz­
los que están i n office; O u t s , quienes se hallan gar “en qué medida el bloqueo es efectivo
o u t of office.
(90) los dichosos (o bienaventurados) posee­
dores. (94) Derby se refiere al “caso/Trent”. El 8
(91) Edward George Smith Stanley, conde do noviembre de 1861 el buque de guerra yan­
de Derby (1799-1869), ultrarreaccionario, opresor qui “San Jacinto” intercepto en el canal Oíd
de Irlanda, fue dos veces secretario de colonias
y primer ministro en tres oportunidades. Bahama ul paquebote inglés “Tren t”, en el que
(92) Literalmente, “presión desde afuera”. En viajaban James Masón y John Slidell, enviados
su artículo “Un mitin obrero londinense”, dice por la Confederación para representarla en Lon­
Marx: “Ninguna innovación importante, ningu­ dres y Parla, respectivamente. Los norteños se
na medida decisiva se lleva a cabo en este país apoderaron do los agentes sudistas y de sus se­
sin p r e s s u r e f r o m w i t h o u t (presión desde afue­ cretarios, todo lo cual dio origen a un entredicho
ra), ya sea que la oposición necesite tal pressure diplomático con Gran Bretaña. El caso se cerró
contra el gobierno, o el gobierno contra la opo­ el 26 de diciembre, al anunciar el gobierno de
sición. Por p r e s s u r e f r o m w i t h o u t el inglés en­ la Unión que liberaría a los detenidos, lo que
tiende las grandes demostraciones populares, ex­ so efectuó días después.
traparlamentarias, que naturalmente no pueden (95) George William Villiers, conde de Cla­
ser puestas en escenas sin la activa cooperación rendon (1800-1870), virrey de Irlanda (1847-52)
de la clase obrera” (MEW, Band XV, S. 454). y lino de los culpables de la terrible hambruna
(93) En MEW (XV, 469) se lee “Überpro­ que asoló a ese país entre 1847 y 1851 (un mi­
duktion und Überführung aller Märkte”, esto es, llón de muertos). Clarendon, varias veces minis­
literalmente, “sobreproducción y traslación de tro de asuntos extranjeros, fue uno de los inspi­
todos los mercados”, lo cual en el contexto no radores de la Declaración de París (16/IV/1856)
resulta lógico. Con seguridad se trata de una en la que se establecieron normas jurídicas para
errata de MEW o de “Die Presse”: “Überführung” la guerra en el mar, entre ellas varias en salva­
(traslación) por “Überfüllung” (saturación). guarda de las naves neutrales.
y por lo tanto legalmente obligatorio” (96) los mexicanos que manejaran sus propios asun­
Lord .John Russell aclaró, a este respecto, que tos de gobierno.
el gobierno de la Unión ha utilizado una can­ Mr. Disraeli en la Cámara Baja se abstiene
tidad suficiente de buques para el bloqueo, pero de todo juicio previo al examen de los docu­
que no lo ha llevado a cabo consecuentemente mentos presentados. Empero, encuentra “sospe­
en todas partes. Mr. Disraeli se abstiene de choso” el anuncio del gobierno. Inglaterra fue
juzgar la naturaleza del bloqueo, pero exige do­ la primera en reconocer la independencia de
cumentos ministeriales para su ilustración. Po­ México. Este reconocimiento recuerda una polí­
ne en guardia muy enfáticamente contra cual­ tica memorable la política contra la Santa
quier reconocimiento prematuro de la Confe­ Alianza— y a un hombre memorable, Canning.
deración, tanto más porque Inglaterra en este ¿Qué singular motivo, pues, empujó a Inglate­
momento está comprometida en la amenaza rra a asestar el primer golpe contra esa inde­
contra un estado americano (México) cuya in­ pendencia? Por añadidura la intervención en
dependencia ella misma fue la primera en reco­ muy poco tiempo ha cambiado de pretexto. Ori­
nocer. ginariamente se trataba de obtener satisfaccio­
Después de los Estados Unidos, le tocó el nes por ultrajes perpetrados contra súbditos in­
turno a México. Ningún parlamentario conde­ gleses. Ahora corren rumores referentes a la in­
troducción de nuevos principios de gobierno v
nó una guerra [librada] sin declaración de gue­
la fundación de una nueva dinastía. Lord Pal­
rra, pero sí la intromisión en los asuntos inter­
merston se remite a los documentos presenta­
nos de un país bajo el santo y seña de la “po­
dos, así como a la convención, la cual prohíbe
lítica de no-intervención”, así como la coalición
a los aliados la “subyugación” de México y la
de Inglaterra con Francia y España para intimi­
imposición de una forma de gobierno no grata
dar a una nación semi-indefcnsa. En realidad, los al pueblo. Al mismo tiempo, Palmerston arroia
Outs sólo dieron a entender que se reservaban
luz sobre un escondrijo diplomático. Sabe de
a México como pretexto para sus maniobras oídas que un partido mexicano desea la trans­
partidistas. Derby exige documentos tanto sobre formación de la república en monarquía. Desco­
la convención entre las tres potencias como so­ noce la fuerza de ese partido. El “sólo desea,
bre el modo de su ejecución. Aprueba la con­ por su parte, que en México se establezca algu­
vención porque —a su juicio— el camino justo na forma de gobierno, con la cual los gobiernos
para cada1una de las partes contratantes hu­ extranjeros puedan tratar”. Desea, por tanto,
biera sido hacer valer sus derechos independien­ que se establezca una “nueva” forma de gobier­
temente de las otras. Ciertos rumores públicos no. Proclama la inexistencia del actual gobier­
le hicieron temer que por lo menos una de las no. Reivindica para la alianza de Inglaterra,
potencias —España— proyectaba operaciones al Francia y España la prerrogativa de que gozó
margen del acuerdo. ¡Como si Derby realmente la Santa Alianza: decidir sobre la existencia o
hubiera creído capaz, a la gran potencia espa­ inexistencia de gobiernos extranjeros. “Esto es
ñola, de la audacia de obrar contra la volun­ el máximo”, agregó modestamente, “que el go­
tad de Inglaterra y Francia! Lord John Russell bierno de Gran Bretaña procura alcanzar.” ¡ Sólo
respondió: Las tres potencias persiguen el mismo eso! [ . . .]
fin y evitarían escrupulosamente el impedir a ]MEW, B and XV. S. 469-471.1

EL REVOLTIJO MEXICANO ,97)


macia británica, con toda su santurrona hipo­
Londres, 15 de febrero de 1862. cresía, su furia desatada ante los débiles, su ser­
El libro azul (98) recién publicado sobre la vilismo frente a los fuertes y su absoluto despre­
Intervención en México contiene una revelación cio por el derecho de gentes. En otro artículo,
muy comprometedora sobre la moderna diplo- mediante un análisis preciso de los despachos

(96) Derby alude al bloqueo de los puertos de U$S 191.000.000 en 1860 a tan sólo U$S 4 mi­
de la Confederación, proclamado por Lincoln en llones en 1862.
abril de 1861 y puesto en práctica alrededor de (97) El presente artículo apareció en el
“New-York Daily Tribune” el 10 de marzo de
julio. El Norte empleó unas 600 embarcaciones 1862. Salvo error u omisión, fue el último tra­
en el bloqueo, que resultó altamente efectivo: se bajo de Marx publicado en ese periódico.
estima que en 1861 las posibilidades de captura (98) Se trata de la “Correspondence Rela-
eran de 1 en 10; en 1864 de 1 en 3. En virtud, tive to the Affairs of México” (Correspondencia
en gran medida, de esas operaciones, el valor referente a los asuntos de México), editada en
de las exportaciones algodoneras del Sur cayó Londres.
intercambiados entre Downing Street (99) y los no destinados a trascender internacionalmente,
representantes británicos en México, aportaré la sino específicamente para uso parlamentario. Pre­
prueba irrebatible de que la actual confusión para así el 16 de enero un informe en el que
es de origen inglés; de que Inglaterra tomó la se pregunta, en tono bastante iracundo, acerca
iniciativa de concretar la intervención y de que de la iniciativa unilateral emprendida por Es­
lo hizo bajo los pretextos más deleznables y con­ paña. Las dudas y escrúpulos, que durante más
tradictorios, para solapar los motivos reales pero de un mes habían dormitado en su interior y
inconfesos de su actuación. Esta ruindad con ni siquiera dieron síntomas de vida durante su
que se aplicaron los medios más abominables entrevista personal con el señor Istúriz el 7 de
para iniciar la intervención mexicana, sólo es enero, perturban repentinamente los sueños pla­
superada por la imbecilidad senil en cuyo mar­ centeros de este estadista candoroso, sincero y
co el gobierno británico pretende estar sorpren­ crédulo. El señor Istúriz se siente como tocado
dido y trata de escurrir el bulto ante la pues­ por un rayo y, en su respuesta fechada el 18
ta en práctica de la ignominiosa intervención de enero, le recuerda algo irónicamente a Su
por él mismo planeada En primer término con­ Excelencia las oportunidades desperdiciadas por
sideraré el aspecto de la cuestión mencionado éste de dar rienda suelta a su retardada cólera.
últimamente. En verdad, cuando Istúriz adopta, en su justi­
El 13 de diciembre de 1861 el señor Istú- ficación de la iniciativa tomada por España, el
riz, ÜOO) embajador español en Londres, presen­ mismo aire de candor que Lord John Russell
tó a John Russell una nota con las instruccio­ aparentó en su demanda de una explicación, le
nes que el capitán general de Cuba había re­ paga a Su Excelencia en su misma moneda. “El
mitido a los comandantes españoles que estaban capitán general de Cuba”, dice el señor Istúriz,
al frente de la expedición mexicana. John Rus­ “llegó demasiado temprano a Veracruz porque
sell se desentendió de la nota y guardó silencio. temía arribar demasiado tarde.” “Además —y
El 23 de diciembre el señor Istúriz le dirige una aquí agracia a Lord John Russell con una in­
nueva nota, donde explica las razones que lle­ directa—, la expedición desde hace tiempo esta­
varon a la expedición española a abandonar Cu­ ba preparada en todos los aspectos”, aunque
ba antes de la llegada de las tropas inglesas y el capitán general, hasta mediados de diciembre,
francesas. John Russell pasa por alto una vez “ignoraba los detalles del convenio y el punto
más la nota y permanece mudo. El señor Istúriz, fijado para el encuentro de las escuadras.” El
en el afán de verificar si esta silenciosa reserva convenio no había sido firmado hasta el 20 de
—mantenida, durante un tiempo inusualmente noviembre. Si el capitán general ya tenía “pre­
prolongado, por el en otros casos tan elo­ parada en todos sus aspectos” su expedición,
cuente descendiente de la casa fie Redford— desde hace tiempo, “antes de mediados de di­
puede significar algo ominoso, solicita insisten­ ciembre”, entonces las órdenes que originaria­
temente una entrevista personal, que se le con­ mente le dirigieron desde Europa para el co­
cede y tiene lugar el 7 de enero. En ese mo­ mienzo de la expedición, no aguardaron a la fir­
mento John Russell ya hacía más de un mes que ma del tratado. En otras palabras, el concierto
estaba al tanto de la apertura unilateral de las original entre las tres potencias y las medidas
operaciones, por parte de España, contra Mé­ adoptadas para su ejecución, no esperaron al
xico. Había transcurrido casi un mes desde el tratado y se diferenciaban en sus “detalles” de
momento en que el señor Istúriz le había infor­ lo establecido en éste; el convenio, desde un prin­
mado oficialmente de este acontecimiento. A cipio, no estaba ideado como una guía para 910
pesar de todo, John Russell, en su entrevista (99) A la Downing Street —una de las ca­
personal con el embajador español, no dejó es­ lles céntricas de Londres— dan varios edificios
capar una sola palabra que pudiera expresar el del gobierno británico; en el n9 10 queda la se­
menor desagrado y asombro por “los precinita- de del gabinete.
dos pasos dados por el general Serrano”. (101) (100) Francisco Javier de Istúriz (1790-1871),
político liberal español, fue presidente de las
Sus manifestaciones ante el señor Tstúriz no da­ cortes (1823), presidente del consejo (1836), jefe
ban la menor impresión de que todo era injusto del gobierno (1838, 1846 y 1848) y embajador de
y de que el proceder español era reprobado por su país en Inglaterra (1848, 1850-54 y 1858-62);
el gobierno británico. El orgullo castellano del en sus últimos años se hizo conservador.
(101) Francisco Serrano y Domínguez (1810-
señor Istúriz, naturalmente, ni le dejó pasar por 1885), capitán general de la entonces colonia es­
la cabeza que los poderosos aliados de España pañola de Cuba (1859-62). Participó en el levan­
sólo jugaban con ella v la habían convertido en tamiento de O’Donnell (1856) y, como jefe de la
su mero instrumento. Empero, el período de se­ Unión Liberal, en la revolución de 1868. Fue re­
siones del parlamento se aproximaba y John gente desde 1869 hasta el advenimiento de Ama­
deo I en 1871 y varias veces jefe del ejecutivo
Russell había de redactar una serie de informes entre 1868 y 1874.
ftCtu&r, fino «»lamente como fórmula decoros», En un despacho del 20 de enero » Lord Cor-
necesaria para conciliar a la opinión pública con ley, (103) embajador inglés en París, le remi­
«1 nefando plan. El 23 de enero John Russell le te una reseña de su entrevista con el conde
responde al señor Istúriz en una nota bastante Flahault. El día anterior, el 19 de enero, redac­
agria, donde le da a entender que “el gobier­ tó un despacho a Sir F. Crampton, (104) el
no británico no se puede dar completamente embajador inglés en Madrid; el documento
por satisfecho con la explicación dada”, pero constituye una mezcla singular de hipocresía
que a la vez no cree a España capaz de la es­ santurrona, dirigida al parlamento británico, e
túpida impertinencia de ser tan audaz como pa­ insinuaciones solapadas para la corte de Ma­
ra obrar contra Inglaterra y Francia. Lord John drid acerca del valor real del lenguaje liberal
Russell, que durante un mes entero estuvo tan al que recurre tan abiertamente. “El comporta­
aletargado, tan inactivo, de súbito se vuelve vi­ miento del mariscal Serrano”, afirma, “presumi­
vacísimo y despejadísimo, apenas se aproxima blemente provocará cierto malestar”, no sólo de­
rápidamente el período de sesiones del parla­ bido a la prematura partida de la expedición
mento. No hay tiempo que perder. El 17 de española desde 1.a Hahana, sino también “a
enero mantiene una entrevista personal con el causa del tono de la proclama emitida por el
conde Flahault, (102) e] embajador francés en gobierno español”. Pero simultáneamente el
Londres. Éste lé trae la mala noticia de que bon Ilumine (105) propone a la corte madrileña
su soberano considera necesario “enviar una una excusa verosímil por la evidente violación
fuerza militar adicional a México” ; que España del convenio, lista completamente convencido
ha echado a perder el asunto por su iniciativa de que la corte madrileña no abrigaba mala in­
precipitada; que “los aliados tendrían ahora que tención alguna; pero lo* jefes militares, lejos de
avanzar hacía el interior de México, y que no Europa, en ocasione* ion “imprudentes” y de­
solamente las fuerzas militares combinadas se ben “ser muy celosamente vigilados”. De esta
mostrarían insuficientes para la operación, sino manera el buen Russell ofrece voluntariamente
que la operación misma adoptaría tal carácter, sus servicios para aliviar a la corte madrileña de
que Luis Bonaparte no podría permitir a las la responsabilidad y cargarla «obre las espaldas
tropas francesas caer en una situación que fue­ de atolondrados jefes españoles que están “en
ra peor que la de los españolas, o correr el ries­ la lejanía”, e incluso fuera del alcance de las
go de ponerse en ridículo.” prédicas del buen Russell. No menps curiosa es
La argumentación de Flahault, aun así, era la segunda parte de s ii despacho. Las fuerzas
todo menos convincente. Si España había infrin­ militares aliadas no deben estorbar el derecho
gido el tratado, hubiera bastado una sola nota de los mexicanos “a elegir su propio gobierno”,
de St. James o las 'Fullerías para amonestarla con lo cual se da a entender (pie en México no
por sus ridiculas pretensiones y reducirla al existe “ningún gobierno”, y que, por tanto, no
modesto papel que a ella le había asignado el solamente habría que elegir nuevo* miembros
convenio. Pero no. Como España había violado del gobierno, sino incluso “una nueva forma de
el acuerdo —una ruptura puramente formal y gobierno” bajo la égida de lo* intrusos, de los
fin consecuencias, ya que su apresurado arribo aliados. La “constitución de un nuevo gobierno”
a Veracruz no afectó en nada el objetivo con­ “complacería” al gobierno británico; pero, natu­
feso de la expedición—, como España había osa­ ralmente, las fuerzas militares de los intrusos no
do echar el ancla en Veracruz sin la presencia deberían conculcar el sufragio universal, que se
de las tropas inglesas y francesas, a Francia proponen recomendar a los mexicanos para |a
no le quedaba más salida que seguir las huellas institución de un nuevo gobierno. Por supues­
de España, infringir a su vez el convenio y no to, queda librado a los comandante* de la inva-
solamente aumentar sus tropas expedicionarias,
fino también modificar todo el carácter de la (102) Joseph Flahault de la Blllarclerje
operación. Las potencias aliadas, naturalmente, (1785-1870), general y diplomático francés, hijo
(“natural”) de Talleyrand, fue embajador en
no necesitaban ningún pretexto para poner las Londres en 1842 y 1860-62.
cartas sobre la mesa y, ya en el mismo co­ (103) Henry Wellesley, conde d e Cowley
mienzo de la expedición, echar al viento los sub­ (1804-1884), fue embajador en F ra n c ia entre 1852
terfugios y objetivos bajo los cuales presunta­ y 1867; condujo las negociaciones previa* y pos­
teriores a la guerra de Crimea, concluyó la paz
mente la habían emprendido. Es por eso que de 1857 con Persia (ver nota 86) y contribuyó
John Russell, a pesar de que “lamenta el paso” a preparar la intervención anglo-fr»n eo -e sp añ o ­
dado por Francia, lo da por bueno al comuni­ la contra México.
carle al conde Flahault que “nó tiene nada que (104) John Fiennes Crampton (1805-1880)
objetar, en hombre del gobierno de Su Majes­ embajador en Fspaña entre 1860 y 1869.
(105) hombre débil, demasiado bondadoso;
tad, contra la validez del argumento francés”. anciano
*iún »ranada juzgar qué forma de nuevo gobier­ presentante en México, que las tropas francesa»
no ei “incompatible con los sentimientos de y españolas marcharán “inmediatamente” hacia
México” y cuál no lo es. En cualquier caso el la capital mexicana, que el archiduque Maximi­
buen Russell se lava las manos. Russell envía liano “al parecer es el ídolo del pueblo mexica­
soldados extranjeros a México para forzar al no” y que, si tal es el caso, “en el convenio no
pueblo de allí a que "elija” ún nuevo gobierno; hay nada que pueda obstaculizar su ascenso al
pero espera que ios soldados cumplirán apaci­ trono de México”.
blemente su cometido y examinarán con mucho Dos cosas son dignas de señalarse en estas
esmero los sentimientos políticos del país en el revelaciones diplomáticas: la primera, cómo se
cual se han entrometido. ¿Es menester detener­ le ha tomado el pelo a España, y la segunda,
se un solo instante en esta andrajosa farsa? Lean cómo a Russell ni siquiera se le pasa por la ca­
ustedes, al margen de los despachos del buen beza la idea de que no puede iniciar una gue­
Russell, el “Times” y el “Morning Post” de rra contra México sin declararla previamente,
octubre, seis semanas antes de la conclusión del y que no puede formar para ese conflicto una
acuerdo ficticio del 30 de noviembre, y encon­ coalición con potencias extranjeras sino sobra
trarán, predichos, exactamente los mismos desa­ la base de un convenio que comprometa a todas
gradables acontecimientos que Russell pretende las partes contratantes. ¡ Ésta es la gente que
no haber descubierto hasta fine* de enero, y que desde hace dos meses nos ha hartado con su
él achaca a la "imprudencia” de algunos envia­ santurrona hipocresía sobre el carácter sagrado
dos españoles lejos de Europa. de las severas reglas del derecho internacional y
La segunda parte de la farsa que Russell con su respeto por éste!
tuvo que representar, consistió en poner sobre [MEW, B a n d XV. 8 . *72-477.1
el tapete al archiduque Maximiliano de Austria,
a quien Inglaterra y Francia tenían en vista co­
mo rey mexicano.
El 24 de enero, aproximadamente diez días
/INGLATERRA CONTRA
antes de la inauguración del parlamento, I>>rd
Cowley escribe a Lord Russell que no solamen­
MÉXICO/
te la chismografía parisiense se ocupa exhausti­ [CARTA A ENGELSI (107)
vamente del archiduque, sino que hasta los 6 de marzo de 1862.
oficiales qUe marchan a México con las tropas
de refresco, aseveran que la expedición persigue [ . En materia de brutalidad por parte de
el fin de convertir al archiduque Maximiliano Inglaterra, el Mexican Blue Book (68) supera
en rey de México. Cowley considera necesario todo lo registrado por la historia. Comparado
interpelar a Thouvenel sobre este tema escabro­ con Sir C. Lennox Wyke, Ménshikov (108) re­
so. Thouvetiel le responde que no es el gobierno sulta un gentleman. Este canalla no sólo des­
francés, sirio emisarios mexicanos —“que con pliega el celo más desenfrenado en la ejecución10678
ese motivo han llegado a Viena”— quienes han
iniciado las tratativas cón el gobierno austríaco.
Por último, ustedes esperan que el candoroso (106) Charles Lennox Wyke (1815-1897) fue
embajador y luego ministro plenipotenciario bri­
John Russell, quien apenas cinco dias atrás en tánico en México (1860-63). Wyke, a cuyos mé­
un despacho a Madrid había insistido machaco­ todos brutales se refiere Marx en el texto si­
namente en las cláusulas del convenio; quien guiente, reconoció empero, más de una vez, que
incluso tiempo después, en el discurso de la Co­ la mayoría de los mexicanos estaban contra el
partido conservador y los intervencionistas.
rona del 6 de febrero, anunció la “reparación” (107) Brindamos sólo la parte referente a
de los ultrajes que, como sostienen los súbditos México. Debido a la extensión de las citas de
europeos, sería el único motivo y fin de la inter­ Charles Wyke (en inglés) que figuran en esta
vención; ustedes esperan, pues, que John Rus­ carta —todas las frases entrecomilladas—, hemos
considerado conveniente traducirlas ya en el tex­
sell monte en cólera y arroje rayos y centellas to, y no, como hemos hecho con palabras y ex­
ante la sola idea de que a su benévola confian­ presiones sueltas, al pie. En la versión española
za se le haya hecho una jugarreta tan inaudita­ de esas citas procuramos re-erear la heterodoxa
mente vil. ¡Nada de eso! El bueno de Russell sintaxis del plenipotenciario británico.
(108) Alexandr Serguéievich Ménshikov
acepta la cháchara de Cowley el 26 de enero y (1787-1869), soldado y estadista ruso, participó
el día siguiente se apresura a redactar un des­ nc*'vamente en las luchas contra Napoleón, en
pacho, donde ofrece voluntariamente sv pro­ la opresión de Finlandia y en la guerra ruso-
tección a la candidatura del archiduque Maxi­ turca de 1828-29; fue además comandante en jefe
de las fuerzas rusas en la guerra de Crimea. Marx
miliano al trono de México. alude aquí a su actuación como embajador ex­
Russell informa a Sir C. Wyke, (106) su re­ traordinario en Constantinopla (1853).

/
4» k s instrucciones secretas de Pana, 009) *ino a usted, una persona interesada (es decir, como
ademis, por necedad, procura vengarse de ministro mexicano de relaciones exteriores) le
u* d ministro mexicano de relaciones exteriores plazca decirlo”. Pero satis superque! (114) [ ...]
Í actualmente alejado del cargo), el señor (20)
Zamacona, (110) un ex-periodista, lo supere in­
variablemente en el intercambio de notas diplo­
[M arx-E ngclf, ' ‘Biiefwechuel**, D ietz V er­
ía« B erlín, 11)50, liwnd III, S. 73-74,]

máticas. En lo tocante al estilo del tipo, van aquí


algunas muestras de sus notas a Zamacona: “El UN “CASO MIRES”
acto arbitrario de suspender todos ios pagos por
al espado de dos años les está despojando a las
partes interesadas su dinero durante ese espa
INTERNACIONAL ,,15>
ido de tiempo, lo cual es una pérdida absoluta Londres, 2U de abril de IR62.
de tanto valor para ellas.” “Un hambriento pue­
de justificar, ante sus propios ojos, el acto de Un tema central en los circulo» diplomáti­
robar un pan con el argumento de que lo forza­ cos locales lo constituye la Irrupción de Fran­
ba una necesidad imperiosa; pero tal argumen­ cia en México. Se tiene por un enigma el he­
to, desde el punto de vista moral, no puede jus­ cho de que Luis Bonaparte haya reforzado
tificar *u violación de la ley, la cual, prescin­ las tropas expedicionarias en rl preciso instante
diendo de todo sentimentalismo, se mantiene tan en que prometió reducirla», y que quiera seguir
positiva como si su delito no tuviera excusa. Si adelante mientras que Inglaterra »e retira. Aquí
realmente se estaba muriendo de hambre, debió se sabe muy bien que el impulso para la expe­
rimero haberle pedido al panadero que miñ­ dición mexicana procedió riel gabiiirie de St.

Í ara su necesidad, pero haciendo así (¿pasando


hambre?), según su propio y libre albedrío, sin
permiso, actúa exactamente como ha actuado el
James, no de las Tuberías, (110) Se «abe, igual­
mente bien, que a Luis Bonaparte le place eje­
cutar todas sus empresas, y especialmente las
gobierno mexicano respecto a sus acreedores en aventuras ultramarinas, bajo la égida inglesa.
esto ocasión.” “En cuanto al punto de vista Como es de dominio público, el imperio restau­
desde el cual usted considera el problema, tal rado aún no ha remedado el truco del original:
«orno se expresa en su nota antes mencionada, acuartelar las tropas francesa» rn la» capitales
me disculpará señale que no puede ser resuelto de la Europa moderna. Como pl» nllcr (117) las
unilateralmente, SIN también tener en cuenta ha llevado en cambio a la» capitale» dr la Eu­
las opiniones de aquellos que directamente pa­ ropa antigua, a Constantinopla, Atemt» y Roma,
decen bajo la aplicación práctica de tales ideas y hasta por añac'dura a Pekín, d 10). ¿Había1092345678
corno emanan de usted.” “Tengo pleno derecho
de quejarme por haber oído por primera vez (109) El primer ministro Pnlmcruton (ver
aceerca de esta medida extraordinaria al verla nota 59).
(110) Manuel María de Znmuconu, político
«n carteles impresos, fijados a través de la vía y periodista mexicano, respaldó a Juárez hasta
pública.” “Tengo un deber que cumplir, tanto 1864. En 1867 fundó un periódico, "El Olobo", y
ante mi propio Dios como ante aquel por el cual fue electo al congreso; desde ambas tribunas cri­
estoy acreditado, el cual me impele, etc.” “Sus­ ticó duramente a Juárez y contribuyó «I ascen­
so de Porfirio Díaz al poder.
pendo todas las relaciones oficiales con el gobier­ (111) intrigas
no de esta república hasta que el de Su Majestad (112) diplomáticos
adopte aquellas medidas que ellos juzguen ne­ (113) dificultades, perturbaciones
cesarias.” Zamacona le escribe que a las intri­ (114) ¡demasiado y más quo demasiado!
(115) Con este título, Marx alude i|l proce­
gues (111) de los diplomatists (112) extranjeros so a que fuera sometido en 11161 un banquero
les cabe la principal responsabilidad, desde ha­ y especulador francés, Jules-lsaae MIres (1809-
ce 25 años, en las troubles (113) de México. Wy­ 1871), de cuyas estafas eran cómplices varios pa­
ke le responde que “ ¡la población de México es­ niaguados de Napoleón III. El articulo, que re­
producimos enteramente, se publicó en “Die
tá tan degradada que se ha vuelto peligrosa, no Presse” el 2 de mayo de 1862.
•ólo para sí misma, sino para quienquiera que (116) El palacio de las Tullecías (Incendiado
entre en contacto con ella!” en 1871 y posteriormente demolido) era la sede
Zamacona le escribe que las propuestas que del Poder Ejecutivo francés.
(117) recurso que se adopta a falta de otro
formula Wyke liquidan la autonomía de la re­ mejor; peor-es-nada
pública y atentan contra la dignidad de todo (118) Luis Napoleón mantuvo tropas de
estado independiente. Wyke responde: “Discúl­ ocupación en Constantinopln y Atenas durante
peme si agrego que una propuesta como la que la guerra de Crimea (1854-56) v en Romo desde
1849 —intervención contra la República Roma­
je he formulado no se vuelve necesariamente na— hasta 1870. En 1860 una expedición franco-
desdorosa e impracticable simplemente porque inglesa tomó por asalto y suqueó a Pekín
que perderse el efecto teatral de una gira a la les de las bolsas europea* tanto eomo ú e®»s>
capital de los aztecas, así como la oportunidad Mires. .
de realizar colecciones arqueológico-militares á Es esta deuda, pues, de 52.000.000 de dóla­
la Montauban? (119) Si, empero, se toma en res —de los cuales sólo se han adelantado
consideración el estado actual de las finanzas 4.200.000—, la que el gobierno de Juárez se nie­
francesas y los serios conflictos futuros, con los ga a reconocer, en primer lugar porque no tiene
Estados Unidos e Inglaterra, que puede apare­ nada que ver con ella, y en segundo término
jar el comportamiento de Luis Bonaparte en porque los señores Miramón, Zuloaga y Peza-y-
México, habrá que rechazar sin más trámites la Peza carecían de todo poder constitucional pa­
precedente explicación de sus actitudes, susten­ ra contraer tal deuda pública. Los franceses
tada por diversos periódicos británicos. Creo, en “prominentes” más arriba citados supieron, no
cambio, que puedo comunicarles a ustedes la so­ obstante, imponer la opinión contraria en el lu­
lución del problema. gar decisivo. A Lord Palmerston, por su lado,
Por la época de la resolución del 17 de ju­ ciertos parlamentarios le advirtieron a tu debido
lio de 1861, (120) cuando los reclamos de los tiempo que todo el asunto aparejaría las más1920345
acreedores ingleses estaban en vías de ser con­
templados pero el plenipotenciario inglés (106) (119) Charles-Guillaume Cousin-Montauban
exigía un examen de todo el registro de las deu­ (1796-1878) comandaba la expedición contra P e­
das y pecados de México, (120a) el ministro me­ kín mencionada en la nota anterior; sus tropas,
aparte de cometer innumerables crímenes y ve­
xicano de relaciones exteriores (110) estimó la jámenes contra la población civil, desvalijaron y
deuda con Francia en 200.000 dólares, o sea una luego incendiaron el Palacio de Verano Yuan-
bagatela de aproximadamente 40.000 libras es­ ming-yuan, destruyendo así una de las más afa­
terlinas. La factura presentada ahora por Fran­ madas joyas arquitectónicas de China.
(120) Con esa fecha el congreso mexicano
cia, en cambio, de ningún modo se ciñe a tan resolvió una moratoria de dos años en el pago
modestos límites. de la deuda externa. Aunque en noviembre del
Bajo la administración católica de Zuloaga mismo uño el gobierno de Juárez anuló ese
y Miramón (121) se efectuó una emisión desti­ acuerdo —tomado 'como pretexto por los inter­
vencionistas—, Inglaterra, Francia y España si­
tuios de deuda pública mexicanos por el monto guieron adelante con sus agresivos planes.
de 14.000.000 de dólares, por intermedio de la (120a) En el original, “Schulden- oder
casa bancaria suiza de j. B. Jecker & Comp. (122) Sündenregister”. La palabra alemana “Schuld”
La suma total que fue lograda al realizarse la significa "deuda”, pero también “culpa” ; de ahí
el juego do palubras con “Sünden” (pecados).
primera emisión de estas obligaciones, alcanzó (121) El general Félix Zuloaga (1814-1876),
sólo el 5% del importe, o sea a 700.000 dólares. líder conservador, ocupó la ciudad de México y
El total de los bonos cayó muy pronto en ma­ se proclamó presidente en enero de 1859, pero
nos de franceses prominentes, entre ellos algu­ fue depuesto en diciembre del mismo año. Miguel
nos parientes del emperador y maquinadores de Miramón (1832-1867) comandó las fuerzas de los
reaccionarios en 1859-60; en diciembre de es­
la “haute politique”. (123) La casa de Jecker & te último uño fue derrotado por el general jua-
Comp. cedió a estos caballeros los mencionados rista Ortega, en Calpulalpán. Más tarde apo-ó
bonos por muchísimo menos de su precio nomi­ la intervención extranjera; el l 9 de febrero de
nal originario. 1867 el general Escobedo lo batió en Hacienda de
San Jacinto y en abril cayó prisionero. El go­
Miramón contra io esta deuda en momentos bierno de Juárez lo hizo fusilar por traidor, ju n ­
en que se hallaba en posesión de la capital. Más to a Maximiliano.
tarde, cuando había descendido al papel de me­ (122) Jean-Baptiste Jecker (¿18107-1871), es­
ro jefe de guerrilla, otra vez hizo emitir, por peculador y banquero suizo, estaba estrecha­
mente vinculado a los manejos financieros de la
medio de su presunto ministro <de finanzas, el camarilla bonapartista; fue fusilado por los co­
señor Peza-y-Peza, (124) títulos de deuda pública muneros de París,
por un valor nominal de 38.000.000 de dólares. (123) alta política.
Nuevamente correspondió a la casa Jecker & (124) Carlos G. de la Peza y Peza fue el au­
tor de la célebre “emisión Peza” del 6 de julio
Comp. negociar la emisión, pero en esta oportu­ de 1859, no reconocida por ningún gobierno li­
nidad limitó sus adelantos a la modesta suma de beral de México. En 1867, cuando se restauró la
apenas 500.000 dólares, o sea entre el 1 y el 2% república, los bonos Peza constituían casi la m i­
por dólar. Una vez más los banqueros suizos se tad de la deuda pública mexicana (36.906.446
en 78.331.604).
las ingeniaron para desembarazarse de su pro­ (125) Parroquianos, concurrentes asiduos.
piedad mexicana a la mayor velocidad posible, (125a) Marx utiliza aquí el adjetivo ím pe-
y nuevamente los títulos cayeron en las manos rialistisch (imperialista) y no kaiserlich (impe­
de aquellos franceses “prominentes”, entr ellos rial). Debe señalarse que, a diferencia de teóri­
cos posteriores, para M arx el imperialismo (Im*
algunos habitúes (125) de la corte imperialis­ perialismus) era “la forma más prostituida, y
ta, (125a) cuyos nombres perdurarán en los ana- al mismo tiempo final, de ese poder estatal al
ho*tiles interpelaciones en la Cámara Baja. Era secuencia, ralmerston convocó urgentemente la
de temer, entre otras, la pregunta de si el poder Conlerencia de Orizaba (128) para retirarse de
terrestre y naval británico debía utilizarse para un asunto que amenaza degenerar en un case
respaldar las jugadas (126) de ciertos políticos Miré» internacional.
rouge et noir (127) de allende el canal. En con­ IMSW, B a n d XV, 8. 4%-4WU

UN DEBATE SUSPENDIDO ACERCA DE


MÉXICO Y LA ALIANZA CON FRANCIA (129)
Londres, 16 de julio de 1862. el último libro azul sobre México, y por lo tan­
to, con arreglo a la constitución, debe debatirse
Uno de los inventos anglo-parlatmentarios ahora el problema mexicano. Sé que la fracción
más extraños es el count out (el recuento). ¿Qué del gobierno y la de la oposición están de acuer­
es el count out? Si están presentes menos de 40 do en descartar mi propuesta mediante un count
miembros en la Cámara Baja, no forman quo­ out. Del sentido del deber que anima a este
rum, vale decir, un cuerpo capaz de adoptar de­ cuerpo, espero que no se tolere tal maniobra en
cisiones. Si un parlamentario independiente pre­ un caso de tanta importancia.”
senta una moción que es igualmente fastidiosa Pero Lord R. Montagu no contaba con la
>ara ambas facciones oligárquicas —los Ins y
Í os Outs (los que están en el gobierno y los que
están en la oposición)— éstas se ponen de acuer­
do para que, el día del debate, parlamentarios
huéspeda. Una vez que hubo terminado de ha­
blar, que Layard (131) le contestara en nombre
del gobierno y que Fitzgerald (132) hubiera apor­
tado algo de cháchara oficial por cuenta de
df los dos sectores progresivamente se acaben, los Tories, Kinglake (miembro liberal) (133) to­
es decft, se esfumen. Cuando el abandono de los mó la palabra. El exordio de su discurso fina­
escaños ha alcanzado el máximo necesario, el lizó con las siguientes palabras:
whip gubernamental (el látigo del gobierno), o
sea el parlamentario a quien el gabinete de tur­ (126) Spieloperationen, literalm ente “opera­
no le ha Confiado el velar por la disciplina de la ciones de juego”.
fracción, hace una seña al compinche previa­ (127) rojo y negro (los colores de la ruleta)
(128) En Orizaba (estado de Veracruz), en
mente destinado a esa tarea. El compadre par­ territorio mexicano ocupado, se reunieron el 9
lamentario se levanta y con despreocupada in­ de abril de 1862 los representantes de las poten­
genuidad solicita al charmain (presidente) que cias interventoras. Los mismos no llegaron a un
haga contar [los miembros presentes en] la cá­ acuerdo sobre cómo proseguir la agresión contra
México; Inglaterra, especialmente, no quería des­
mara. Se realiza el recuento y, mire usted, encon­ pejar el camino a Francia y temía, ante el cariz
tramos que hay presentes menos de 40 miem­ que tomaba la guerra civil en EE.UU., un posi­
bros. Con ello el procedimiento llega a su tér­ ble enfrentamiento con la Unión. De resultas de
mino. La antipática moción es quitada de en esta reunión Inglaterra y España retiraron sus
medio, sin que el partido de gobierno y el opo­ fuerzas del cuerpo expedicionario.
(129) Artículo publicado por “Die Presse” el
sitor hayan tenido que encontrarse en la desa­ 20 de julio de 1862. Lo reproducimos en su to­
gradable y comprometedora situación de tener talidad.
que rechazarla en una votación. (130) Robert Montagu (1825-1902) político
conservador, enconado adversario de Palmerston.
En la sesión de ayer se introdujo el “count (131) Austen Henry Layard (1817-1894) rea­
out” de una interesante manera. Lord R. Mon- lizó importantes excavaciones arqueológicas en
tagu (130) había anunciado que ese día presen­ Mesopotamia (Marx lo llamó —MEW. Band XI,
taría una moción relativa a la comunicación de S. 98— “el gran sabio de Nfnive”). Ingresó al
parlamento en 1852, como liberal: fue subsecre­
nuevos documentos diplomáticos sobre la inter­ tario de estado en el Foreign Office (1861-66) y
vención en México. Comenzó su discurso con embajador en Madrid (1869-77) y Constantinopla
las siguientes palabras: (1877-80).
“El sábado pasado se presentó a la cámara (132) William Robert Vesey Fitzgerald
(1818-1885), político conservador. Fue secretario
interino de relaciones exteriores (1858-59) y go­
ue la sociedad burguesa naciente había forja- bernador de Bombay (1366-72).
o como herram ienta de su propia liberación del (133) Él liberal Alexander William Kinglake
feudalismo, y al que la sociedad burguesa plena­ (1809-1891), miembro de los Comunes desde 1857
mente desarrollada ha transformado en un ins­ hasta 1865, escribió una obra histórica destina­
trum ento de subyugación del trabajo por el ca­ da a la glorificación del ejército británico, “The
pital” (Marx, “Der Btirgerkrieg in Frankreich", Invasión of the Crimea” (1863), duram ente cri­
•n MEW, Band XVII, S. 338). ticada por Engels.
“La terie entera de negociaciones, reveladas menzó sin previa anuencia del parlamento. La
por los documentos, es un ejemplo notable de primera guerra extraparlamentaria se llevó a
la forma y manera en que el gobierno francés cabo en 1857.(138) Palmerston se disculpó di­
utiliza sus relaciones con este país como medio ciendo que era una guerra librada en Asia. El
de apuntalar el trono imperial. mismo principio se aplica ahora a América. Ter­
“Para el gobierno de Francia es de impor­ minará finalmente por aplicarse a Europa. El
tancia decisiva apartar la atención del pueblo régimen parlamentario se convierte en una mera
francés de los asuntos internos, mostrándole có­ farsa en el momento en que la representación
mo aquél está ocupado en grandes empresas en popular pierde, con el control de la guerra, el
el exterior. Y aun más importante para el go- control sobre los desembolsos.” (139)
bierno francés es mostrarle que lleva » cabo ta­ Lord Montagu concluyó con estas palabras:
les acciones en conjunción con una de las gran­ “Acuso al gabinete de haber hecho que no*
des potencias prestigiosas.’’ aliáramos con el asesino de la libertad en Fran­
Apenas Kinglake había, pronunciado estas pa­ cia; de poner ahora, a ese aventurero desalma­
labras, cuando un “honorable” miembro de la do, en condiciones de instituir el despotismo en
cámara propuso que ésta fuera “contada”. Y un país extranjero. [El gabinete] liga nuestro
hete aquí que la Cámara se había ido disolvien­ destino al de un hombre que provoca el aborre­
do hasta tener sólo 33 miembros. La moción de cimiento de la humanidad y la venganza del
Lord Montagu fue ultimada por el mismo count cielo.”
out contra el que protestó al inaugurarse el de­ [MEW, B »na XV, S. Í21-523.)
bate.
Aparte el discurso interrumpido de Kinglake,
sólo el de Lord Montagu contiene datos de (134) Juan Nepomuceno Almonte (¿1804?-
1369), general y político mexicano, fue em baja­
interés. En la exposición de Lord Montagu fi­ dor en los Estados Unidos (1841-46, 1353) y en
gura el siguiente análisis de los hechos: Francia (1857, 1860) y uno de los promotores de
“Sir Charles Wyke había concluido un acuer­ la intervención de este último país en el suyo.
do con México. Por servilismo para con Luis Al desembarcar los franceses en Veracruz, se
autotituló “jefe supremo de la nación”, pero su
Bonaparte, Lord Russell no ratificó ese conve­ “gobierno” fue disuelto por los propios in ter­
nio. Sir Ch. Wyke firmó el acuerdo menciona­ ventores en setiembre de 1862.
do después de que Francia, por sus conexiones (135) Denominación, en diversos momentos
con Almonte, (134) el jefe del partido reaccio­ de los siglos XVIII-XIX y particularm ente du­
rante el Segundo Imperio (1852-1870) de la se­
nario, hubiera adoptado una conducta que anu­ gunda cám ara o Cámara de Diputados francesa.
laba la convención conjunta entre Inglaterra, (136) Así en MEW, Band XV, S. 522-523:
Francia y España. El propio Lord John Russell “den [ ..- I englisch-amerikanischen V erirag”. Pe­
declaró en un despacho oficial que aquel conve­ ro casi seguramente estamos ante una errata (de
los compiladores de MEW o del propio Marx) y
nio satisfacía todas las legítimas demandas de se debe leer “den [ . . . ] englisch-mexikanischen
Inglaterra. En su correspondencia con Thouve- V ertrag”, esto es, “el convenio anglo-mexica-
nel, empero, prometió, con arreglo al deseo de no". En una traducción al inglés de este artículo
Bonaparte, no ratificar el acuerdo por el momen­ (ver Marx and Engels, “The Civil W ar in the
to. Permitió que Thouvenel comunicara esa de­ United States”, ed. cit., p. 197) se lee: ‘the Anglo-
Mexican treaty”. Incidentalmente, el texto de al­
cisión al Corps Législatif. (135) Sí, Lord Russell gunas de las citas que figuran en este trabajo
se rebajó tanto, que prometió a Thouvenel que difiere, a veces sensiblemente, entre la recopila­
suspendería toda comunicación con Sir Ch. Wy­ ción de MEW y la “The Civil W a r ...”, lo que
ke hasta el 1# de julio de 1862 —un plazo que parecería indicar que o los editores alemanes o
los editores norteamericanos ajustaron el texto de
le daba tiempo a Thouvenel para contestar—. aquéllas a los originales (¿actas de la Cámara de
Éste respondió que Bonaparte no discutía el los Comunes?), apartándose de la versión perio­
derecho de Inglaterra a actuar aisladamente, pe­ dística dada por Marx. Seguimos aquí, natural­
ro que desaprobaba el convenio anglo-america- mente, la versión de MEW.
(137) Charle* de Morny (1811-1865), hijo de
no (136) concertado por Sir Ch. Wyke. Acto Joseph Flahault (ver nota 102) y de la reina
continuo Russell ordenó a Wyke que se abstu­ Hortensia (madre también de Napoleón III), fue
viera de ratificar el acuerdo,'*, uno de los organizadores del golpe de diciembre
Inglaterra, añadió Lord Montagu, utiliza su de 1851 y presidió el “Corps Législatif” en
1854-50 y 1857-65. Morny se valió de sus cargo*
influencia para imponer la aceptación de las de­ pura enriquecerse, peculados y estafas mediante.
mandas fraudulentas contra el erario mexicano (138) Montagu se refiere a la guerra anglo-
que Morny, (137) “y quizás personas de relevan persa de 1856-57 (ver nota 86).
e posición en Francia”, habían pergeñado me­ (139) Nótese la coincidencia conceptual entre
este párrafo de Montagu y el último del artículo
diante el concurso del bolsista estafador Jecker. de Marx “La intervención en México [II]”, in­
“Todo el asunto mexicano”, prosiguió, “se co­ cluido en esta selección.

NUM*mo le/o-iN i© i»e» PAO, »*


bién del que le sirvió para convertir en france­
/MÉXICO Y LOS sas a Saboya y Niza. (151) Para mí no cabe du­
da alguna de que en México se rompe el cogota
“CRAPAUDS”/ si antes no lo ahorcan. [ ...]
[M arx-E ngels, "B riefw ech sel’', B a n d III,
[DE CARTAS A ENGELS! S. 83. 90. 135, 152. 183.]

[I] (141) alrededor de


6 de mayo de 1862. (142) testaferros
(143) De ahí esas lágrimas. La frase es de
J.. La actual maniobra de Bonaparte en “La Andriana” de Terencio (acto I, escena U)
México (al principio la cosa tenía el sello de y la citan Cicerón (“Discurso pro Celio”, cap.
XXV) y Horacio (“Epístolas”, I, 19, 41).
Pam) 009) se explica porque Juárez sólo reco­ (144) los últimos de los hombres!
noce la deuda oficial a Francia, o sea 46.000 li­ (145) sapos; aquí: franceses. El 5 de mayo
bras esterlinas. Pero Miramón y su banda, por de 1862 los vencedores de Sebastopol, Magenta
medio del banquero suizo Jecker et Co., han y Solferino, al mando del general Lorencez, ha­
bían sido ignominiosamente rechazados en Pue­
emitido títulos de deuda pública por 52.000.000 bla por los juaristas.
cíe dólares (de los cuales sólo se han papo (146) el honor de la bandera.
about (141) 4 millones (¡f dólares). Estos títulos (147) Bajo Imperio (romano); Marx alude
de deuda —Jecker et Co. sólo [son] hommes de. aquí, burlonamente, al decadente Segundo Impe­
rio (francés) proclamado en 1852 por Luis Bona-
»aille (142)— han caído casi por dos cobres en
Îas manos de Morny et Co. Exigen de Juárez
el reconocimiento de los mismos. Hiñe illae la-
crimae. (143)
parte.
(148) puertos
(149) Mote de Napoleón III, derivado de los
nombres (en francés) de las tres ciudades desde
las cuales habiu intentado tomar el poder:
til] ' i Boulogne (conspiración de 1840), Strasbourg
(complot de 183(1) y París (elección como presi­
27 de mayo de 1862. dente en diciembre de 1848).
(150) sufragio
[ . . . ] ¡Palmerston lo ha hecho empantanar­ (151) En 1800 Napoleón 111 se cobró, con la
te bonitamente a Bonaparte en México! [ . .. ] anexión de Snboyu y Nizu (hasta entonces pro­
vincias del reino de Cerdeña) la ambigua parti-
[III] ripución francesa en la guerra contra Austria de
20 de noviembre de 1862. 1859. Se pudo saber asi, como escribía Engels
(MEW. Band XIII, S. 563), qué entendía Luis
[ ...] ¡Si los mexicanos (les derniers des Napoleón por una "Italia libre y agradecida,
hommes!) (144) derrotaran nuevamente a los cra­ que debe sólo a Francia su independencia". En
ambos territorios anexudos se realizaron “plebis­
p a u d s (145)! ¡Pero estos últimos perros hablan citos”, con el resultado previsible.
ahora en París —los presuntos burgueses radi­
cales— hasta de “l’honneur du drapeau” ! (146)
[ ...] BIBLIOGRAFÍA DE LAS NOTAS
[IV] Para la elaboración de nuestras notas he­
mos tomado datos de diversas obras, y entre
13 de febrero de 1863. ellas muy particularm ente de las siguientes:
Cossío Villegas, “Historia moderna de México”
[ . . .] La aventura en Mexico constituye, por (México, 1955), Egon Conte Corti, “Maximilia­
lo demás, un final superlativamente clásico para no y Carlota” (México, 1944), “W ebster’s Bio­
la farsa del lower Empire. (147) [. ..] graphical Dictionary” (Menasha, 1961), “Web­
ster’s Geographical Dictionary” (Menasha,
[V] i 1962), Haberkern u. Wallach, “Hilfswörterbuch
für Historiker” (Bern, 1964), Kerff y Seyde-
15 de agosto de 1863. witz, “W örterbuch der Aussenpolitik” (Berlin,
1965), Erich Bayer, “Wörterbuch zur Ges­
[ . . . ] Me parece importante para los Uni­ chichte” (Stuttgart, 1960), Hans Herzfeld,
ted States que se apoderen antes que nada de “Geschichte in Gestalten” (Frankfurt am Main.
los restantes ports, (148) Charleston, Mobile, 1963), Vincent Esposito. “The West Point Atlas
of American Wars” (New York. 1967), Mark
etc., con vistas a la colisión que puede pro­ M. Boatner III. “The Civil War Dictionary”
ducirse ese día entre ellos y Boustrapa. (149) Es­ (New York, 1966), E. Lipson, “Europe in the
te Lazarillo de Tormes imperial ahora no sólo Nineteenth Century” (London. 1946). Utiliza­
caricaturiza a su tío, sino que lo hace consigo mos también distintas obras de Marx y Engels
mismo. Pues el “suffrage” (150) en México es, y, en algunos casos, datos contenidos en las no­
tas del Insritut für M arxismus-LenirGmus a
por cierto, una hermosa caricatura, no solamen­ las “Marx Engels Werke”. P. S.
te del suffrage por el cual él se hizo, sino tam­
BENEDETTO CROCE

ENSAYO DE INTERPRETACION
Y DE CRITICA DE ALGUNOS
CONCEPTOS DEL MARXISMO servía con una libertad que permitía introducir
I — EL PROBLEMA CIENTÍFICO DE
“ EL CAPITAL" DE MARX a veces cierta ironía. No es asombroso que “El
Capital” haya sido considerado, simultánea y
UNQUE la obra de Kail Marx ha sido sucesivamente, un tratado de economía política,
A muchas veces expuesta, criticada, resumi­
da y hasta se han publicado extractos en pan­
una filosofía de la historia, un conjunto de leyes
sociológicas, una crítica moral y política, e in­
fletos de propaganda, no es fácil comprender el cluso, un libro de historia!
carácter peculiar de las investigaciones de Marx; No obstante, si se intenta comprender cuál
incluso es necesario una gran capacidad de abs- es la forma y la comprensión de la investigación
tración y de sentido filosófico. Existen pues di­ de Marx y si se deja de lado, como hay que
ficultades intrínsecas y, además, no parece que hacer, toda la parte histórica, polémica y des­
el autor haya tenido siempre plena conciencia criptiva (que pertenecen al organismo del libro
del carácter peculiar de sus trabajos, es decir de pero no al de la investigación principal), se
la diferencia teórica que los distingue de todos puede prescindir al instante de la mayor parte
los que tienen por objeto los hechos económi­ de las definiciones antedichas y establecer los dos
cos; de todas maneras, no creyó necesario, u puntos siguientes:
olvidó suministrar las explicaciones prelimina­ 1) En su forma, es evidente que “El Ca­
res y metódicas que podían ayudar a conocer la pital” es una investigación abstracta: la sociedad
naturaleza. Por último hay que tener en cuenta capitalista que Marx estudia, no es tal o cual
la propia composición de su obra, mezcla extra­ sociedad, históricamente existentes, Francia o In­
ña de teoría generales, de polémicas y sátiras glaterra, ni siquiera la sociedad moderna de las
amargas, de ilustraciones y digresiones his­ naciones más civilizadas de Europa Occidental
tóricas y cuyo plan es tan complicado que sólo o de América. Es una sociedad ideal y esque­
Loria (¡hombre feliz!) pudo decir que “El Ca­ mática, deducida de ciertas hipótesis, que in­
pital” era uno de los libros “más bellos y más cluso podrían no haberse realizado nunca en el
simétricos”; por el contrario, la obra es verda­ transcurso de la historia. Es cierto que esas hi­
deramente asimétrica; no tiene orden ni propor­ pótesis corresponden en gran parte a las con­
ción; y choca contra todas las leyes de la esté­ diciones históricas del mundo civilizado moder­
tica; algo parecido, en cie.j^s aspectos, a la no pero si esa correspondencia constituye la
“Scienza nuova” de Vico. Por último, la obra importancia, el interés de la investigación de
está plagada de esa fraseología hegeliana —de­ Marx, porque nos ayuda a comprender, en su
leite de Marx— cuya tradición ya se ha perdido funcionamiento, hechos que nos tocan de muy
y de la cual, dentro de esa misma tradición, se cerca, el carácter de esa investigación no por eso
M translonna. fin ninguna parte se encontrará revolucionario rechazaba las investigaciones abs­
1« viva imagen de las categorías de Marx, por­ tractas que no tienen un vínculo estrecho con
que son categorías abstractas que, para que se los intereses de la vida histórica. Si “El Capi­
realicen, necesitan perder muchos de sus ele­ tal” tenía que ser una monografía puramente
mentos y adquirir muchos otros. económica, es lícito presumir que nunca habría
2) En su comprensión, la investigación de sido escrito.
Marx no abarca todo el ámbito de los hechos ¿Qué hizo pues Marx, y desde qué punto
económicos, ni siquiera esa región última y do­ de vista estudió los fenómenos de la sociedad ca­
minante, donde todos los hechos económicos tie­ pitalista, si es que no realizó un estudio de pura
nen su fuente, como ríos que descienden de la teoría económica? Marx adoptó, fuera del do­
misma montaña. Se limita, en'cambio, a una for­ minio de la pura teoría económica, una propo­
mación económica particular, a la sociedad en sición, la igualdad célebre entre valor y trabajo,
la cual el capital es objeto de propiedad pri­ es decir: el valor de los bienes producidos por el
vada, es decir, según una expresión propia de trabajo es igual a la cantidad de trabajo social-
Marx, a la sociedad capitalista. Deja afuera, no mente necesario para producirlos. La afirmac'ón
sólo las otras formaciones históricas o teórica­ de este elemento particular es el punto de par­
mente posibles, como la sociedad fundada so­ tida de su investigación propia.
bre el monopolio o la sociedad fundada sobre ¿ Pero qué vinculación existe entre esta pro­
el capital colectivo, sino incluso una serie de posición y las leyes de la sociedad capitalista ?
fenómenos económicos comunes a las diferentes ¿Cuál es su función en la investigación? y ¿cuál
sociedades y a la economía individual. En sín­ es, además, su significación intrínseca? Marx
tesis, “El Capital”, desde el punto de vista do nunca lo- explicó, y sobre este punto existen las
la forma, no es una obra de descripción histó­ mayores confusiones y los críticos se han per­
rica; desde el punto de vista de la comprensión, mitido las mayores fantasías.
no es un tratado de economía política, y mu­ ■ Unos han visto en la ley del valor-trabajo
cho menos una enciclopedia (1). vina ley histórica, propia de la sociedad capita­
Pero, admitidos estos dos puntos, no hemos lista, y que determina todas las manifestaciones
»ún penetrado la esencia propia de la investiga­ de ésta (2); otros, que consideran con razón
ción de Marx. Si “El Capital” fuera sólo lo que que las manifestaciones de la sociedad capita­
hemos dicho, sería simplemente una monografía lista no están determinadas por esta ley, sino
económica de las leyes de la sociedad capitalis­ que obedecen a motivos económicos generales
ta. Para escribir una monografía Marx tenía tina propios de la naturaleza económica del hombre,
■ola manera de proceder: después ele investigar lian abandonado esta ley, que les parece una pro­
cuáles son esas leyes, las habría explicado me­ posición absurda a la cual Marx llegó al llevar
diante las leyes generales o los conceptos fun­ a sus consecuencias extremas una idea bastante
damentales de la economía; hubiera reducido en poco feliz de Rirardo.
una palabra, lo complejo en simple o bien hubie­ La crítica pues, la de la aceptación com­
ra pasado, mediante deducciones y con la intro­ pleta, acompañada de una interpretación evi­
ducción de nuevas hipótesis, de lo simple a lo dentemente falsa, a la negación total y sumaria
complejo. Habría así mostrado, con vina expo- del modo de proceder de Marx, cuando, en estos
■ición metódica, que los hechos del mundo eco­ últimos años, y en particular después de la apa­
nómico más diferentes en apariencia están re­ rición del tercer volumen póstumo de “El Ca­
gidos, en última instancia, por una misma ley, pital”, se comenzó a buscar y seguir un camino
o, lo que resulta lo mismo, como esa ley se re­ mejor. En realidad, a pesar de sus ardientes de­
fracta de manera diferente al pasar a través de fensores, la doctrina de Marx seguía siendo oscu­
las diversas organizaciones sin cambiar de na­ ra; y a pesar de las condenas desdeñosas y su­
turaleza, puesto que de no ser así el modo y el marias, tenía la vida dura, como no la tienen,
mismo criterio de la explicación desaparecerían. por lo común, los errores y sofismas.
Este trabajo ya estaba hecho en gran parte A VVerner Sombart le corresponde el mérito
cuando Marx escribía; después fue continuado de haber afirmado, en un artículo notable, que
por los economistas y alcanzó un grado muy alto las conclusiones prácticas de Marx pueden ser
de perfección, como lo atestiguan, por ejemplo, refutadas desde el punto de vista político, pero
los tratados de economía política de los profe- que, científicamente, es necesario en primer lu­
■ores italianos Pantaleoni y Pareto. Pero no me gar comprender su pensamiento. (3)
parece que Marx se hizo economista para de­ Sombart se apartó claramente de la interpre­
dicarse a esta clase de estudios de un interés tación de la ley del valor de Marx considerada
casi exclusivamente teórico, hasta escolástico. la ley real de los hechos económicos, y formuló
Toda su personalidad de hombre práctico y de en una forma mucho más compleja e incluso
¿iría, mucho más valiente, las indicaciones tí­ mostrar según cuáles divergencias dé ésta añe­
midas qüe ya otros habían propuesto (C. dida se forman los precios de las mercadería*
Schmídt); afirmó que la ley del valor de Marx en la sociedad capitalista, y cómo la propia tuér­
no és un hecho empírico, sino un hecho rácional za del trabajo adquieré un precio y se convierte
(keihe empirische, sonderà eihe gedanklichè en una mercadería. Marx formuló éste proble­
Thatsàèhe); qué el valor de Marx ès uh hecho ma, és cierto, con expresiones impropias; esté
lógico (einé logische Thatsaché) ; qüé ayuda à valor típico, Utilizado por él como medida, lo
nuestro pensamiento a comprender los hechos presentó como la ley de los hechos económicos
de ia vida económica. (4) dé la Sociedad capitalista. Y es, Si se quiere, la
Está interpretación fue, eh sus líneas gene­ ley, péro en su concepción, y no en la realidad
rales, aceptada por Engels en un trabajo escrito económica. És evidente, éh efecto, que podemos
pocos méses antes de su muerte y publicado des­ concebir las divergencias én relación á una me­
pués. Engels opinaba “que no había por qué dida como las rebeliones de la realidad contra
considerarla ihexactà, péro qué, no obstante, éra esd medida, qüé elevamos de ésa manera á la
muy vaga y podía exponerse con mayor preci­ dignidad de ley.
sión”. (5) Desde el punto de vista formal, nada hay qué
Es preciso mencionar también las observa­ objetar a esta investigación iniciada por Marx.
ciones profundas y plagadas dé dudas qué pu­ ¿Nó éS un profcedimiéntó córriénté eh él aná-
blicó recientemente, en el “Journal des Econo- ÜSis científico considerar un hecho, no sólo Có­
mistes”, Sobre la teoría del valor, Un eminente mo sé presenta, sino también como sería si un»
marxista francés, Sorel. Reconoce que la teoría dé sus factores variara, o comparar el hecho hi­
de Marx ho puede aplicarse a los fenómenos potético con el hechó real, estudiando al pri­
reales de la vida económica, y que, si puede mero éh tatito difiere del segundo, al cual ss
aportar cierta dáridád, en una medida muy li­ considera fundamental, Ó estudiando el Segundo,
mitada, nò parece qué pueda jamás explicar en eñ tanto difiere del primero, tomado con ésé
el sentido científico de la palabra. (6)¡ mismo valor?
Recientemente, Labriola, en una rápida ob­ Si yo construyera deductivamente las máxi­
servación Sobre este problema, aludiendo Sin lu­ mas morales qüe se desarrollan en dos grüpos
gar a dudas a Sombart, del cual acepta en par­ Sociales en lucha éntre sí, y si mostrara en qué
te la opinión, aunque la critica, escribe también Sé diferéhcián de las máximas morales que se
que là téoríá del valor “no representa dé nin­ desarrollan eh estado de paz, haría algo similar
guna manera un «factum empiricum», extraído a lo realizado por Marx. Y no habría gran pe­
de la inducción vulgar, que tampoco expresa ligró (aunque la expresión no fuera feliz ni p*>-
una posición lógica, como ha dicho alguien; sino cisá) eh decir, en un sentido figurado, que la
que es la premisa lógica sin la cual todó el resto ley de las máximas morales de las épocas da
es ininteligible”, (7) guerra es la misma que la de las máximas de
Esta expresión dé Labriola me parécé, en las épocas dé paz, pero adaptada a las Condi­
efecto, mucho más exacta qué la de Sombart, ciones huevas y transformada dé tal manera qué
que, por otra parte, no da la sensación de éstar parece, én definitiva, contradictoria consigo mis-
contènto con sü expresión, Cómo si su pensa­ má. Marx, mientras permaneCé dentro de lo*
miento no fuera aún clàro y no hubiera podídó límites de su hipótesis, procede dé una manera
encontrar una locución satisfactoria. Hecho ra­ científica muy correcta. El error sólo comeri-
cional, héchri lógico, es poco decir, poiqué bien zaríá cuando él u otros llegaran a Confundir la
sé sábé que todas laS ciencias están plagadas dé hipótesis éórl la realidad y él modo de conce­
héchóá lógicós, éS décir dé conceptos. Él válor- bir y dé jüzgaf con el modo de ser. Mientras nó
trábajó de Marx fío és una generalidad lógicá, sé caiga eh este error, el procedimiento nó pue­
s:no un hecho razonado y tomado como tipo, es de criticarse.
decir algo muy diferente de un concepto lógico. Pero esta justificación formal nó puede sér
Ño es tampoco una pálida abstracción; tiene to­ suficiente. Procediendo de una manera lógica­
da la riqueza del hecho concre'o. (8). Este he­ mente Correcta, se puede llegar a resultados sin
cho concretò sirve además, énvlá investigación significación y sin importancia, y sólo lograr jue­
dé MárX, de término dé Comparación, de me­ gos mentales. Tomar una medida de compara­
dida, dé modelo, (9) respectó a la Sociedad ca­ ción arbitraria, y comparar, y deducir, y esta­
pitalista. blecer finalmente Una serie dé divergencias en
Después de haber acéptádó ésta medida o relación con esta medida, ¿para qué? Es preci­
este modelo, la ihvéstigación se le presenta a so entonces justificar la propia medida: es de­
Marx de la manera Siguiente: Dado qüé él Va­ cir, hay que determinar la significación y la
lor é» ìguàl ál trabajo íóciaiifléftte hècèsàrio, importancia qué puede tener para nosotros.
Erte problema, aunque no fue formulado de Pero me parece que esta investigación está
esta manera, se le planteó a los críticos de Marx recién iniciada y no terminada, y, si tuviera que
f mucho* le han encontrado después una solu­ decir cómo habría que perfeccionarla, agrega­
ción, al afirmar que Sa igualdad entre el valor ría que es preciso intentar precisar y aclarar
y trabajo es un ideal ético-social, un ideal mo­ esa palabra objetivo, que es vaga y metafórica.
ral. Pero es imposible encontrar algo más inexac­ ¿Qué es un hecho económicamente objetivo?
to en sí mismo y más apartado del pensamiento ¿Esa palabra no indica el presentimiento de una
de Marx que esta interpretación. De esta pre­ idea más que la visión clara de esa idea?
misa: el valor es igual al trabajo socialmente
jsecesario, ¿qué consecuencias morales podrían Agregaré que esta expresión “objetivo” (cu­
extraerse? Si se reflexiona, verdaderamente nin­ yo término correlativo es “subjetivo” ) no me
guna. La comprobación de este hecho no nos parece exacta aquí. Consideremos, en cambio,
dice nada sobre las necesidades de las socieda­ en una sociedad, únicamente lo propiamente eco­
des y esas necesidades hacen imprescindible tal nómico, es decir, en toda la vida social, sólo la
o cual organización ético-jurídica de la propie­ sociedad económica. Suprimamos enseguida,
dad y de la forma de distribución. El valor po­ por abstracción, todos los bienes cuya cantidad
drá ser igual al trabajo, y sin embargo condicio­ no puede aumentarse por trabajo. Por otra
nes históricas especiales podrán hacer necesaria abstracción, suprimamos todas las diferencias de
una sociedad dividida en castas o en clases, di­ clases, que pueden considerarse accidentes en
vidida en gobernantes y gobernados, en amos v relación con el concepto general de sociedad
súbditos, con, por consiguiente, una distribución económica. Hagamos abstracción del modo de
desigual del producto del trabajo. El valor será distribución de la riqueza producida, que, como
igual al trabajo, pero incluso aunque se admita ya hemos dicho, sólo puede ser determinada
que condiciones históricas nuevas hacen posible por razones de oportunidad o de justicia, pero
la desaparición de la sociedad basada en la divi­ siempre tomando en consideración toda la vida
sión en clases y el advenimiento de la sociedad social y no sólo la sociedad económica. ¿Qué
comunista, y también aunque se admita que, en nos queda luego de todas estas sucesivas abs­
esta sociedad, la repartición puede hacerse se­ tracciones? Nada más que la sociedad econó­
gún la cantidad de trabajo suministrado por ca­ mica como sociedad productora (società lavo­
da uno, esta repartición no será consecuencia ratrice) (11). Ahora bien, para esta sociedad sin
de la igualdad comprobada entre valor y traba­ diferenciación tic clases, es decir para una so­
jo, sino efecto de una medida tomada por razo­ ciedad económica como tal, cuyos únicos bienes
nes especiales de oportunidad social (10). Tam­ son productos del trabajo ¿qué puede ser el
poco puede decirse que esta igualdad contiene valor? Evidentemenete la suma de esfuerzos, es
en sí misma un ideal de justicia perfecta (aun­ decir la cantidad de trabajo que necesita la
que no sea razonable), porque el criterio de lo producción de las diferentes categorías de bie­
justo no tiene ninguna relación con las dife­ nes. Y, puesto que se trata del organismo social
rencias, a menudo puramente naturales, que económico, y no de los individuos que lo com­
existen en la capacidad de los individuos para ponen, es natural que ese trabajo sólo puede,
hacer un trabajo social más o menos importan­ calcularse promcdialmente y por consiguiente
te o para producir un valor más o menos gran­ como trabajo socialmente (repito que se trata
de. De la igualdad entre valor y trabajo no de una sociedad) necesario.
puede deducirse ni una máxima de justicia abs­ F.1 valor trabajo se nos presentaría así co­
tracta, ni una máxima de oportunidad social. mo la determinación del valor en la sociedad
Esas dos máximas sólo pueden encontrar su fun­ económica considerada en sí misma, y sólo en
damento en otros órdenes de consideraciones tanto que productora de bienes cuya cantidad
absolutamente diferentes de la consideración de puede aumentarse por trabajo.
una simple igualdad económica.
Sombart no cayó en esta confusión vulgar, De esta definición puede extraerse el coro­
y con mayor justeza buscó la significación de lario siguiente: la determinación del valor-tra­
la medida planteada por Marx en las profun­ bajo tendrá cierta correspondencia en los hechos
didades de la propia sociedad y al margen de en tanto exista una sociedad que produzca
nuestros juicios morales. Afirma que el trabajo bienes por medio del trabajo. Es evidente que
es el hecho económico objetivamente más im­ en el país de Gocagne, esta determinación no
portante, y que el valor, en el pensamiento de tendría ninguna correspondencia en los hechos,
Marx, es sólo “la expresión económica de la porque todos los bienes existirían en cantidades
fuerza productiva social.del trabajo, como fun­ superiores a las necesidades; también es eviden­
damento de la existencia económica.” te que esta determinación no podría realizarse
en una sociedad cuyos bienes fueran inferiores ra). En otras palabras, estudiaba el problema
a las necesidades, pero que no pudieran ser au­ social del trabajo, y mostraba por la compara­
mentados poi el trabajo. ción implícita que había hecho, el modo parti­
cular como se resolvía ese problema en la socie­
Pero la historia sólo nos suministra, hasta el dad capitalista. He ahí la justificación real, y
momento, sociedades que, aunque tengan bie­ no ya formal, de su manera de proceder.
nes que el trabajo no puede aumentar, han
provisto sus necesidades con trabajo. Esta Gracias a esta manera de proceder, y a la
igualdad entre valor y trabajo tiene por el mo­ luz proyectada por el modelo elegido, Marx pu­
mento y tendrá durante un tiempo indefinido do llegar a descubrir y a definir el origen so­
una correspondencia en los hechos. ¿Qué natu­ cial del beneficio, es decir de la plusvalía. La
raleza tiene esta correspondencia? No hemos expresión plusvalía no tiene sentido en econo­
admitido: 1) que se trata de un ideal moral; mía pura, corno su propio nombre nos lo está
2'*’) que se trata de una ley empírica; y como diciendo, puesto que una plusvalía es un extra­
hemos llegado a la conclusión de que esta igual­ valor, y por consiguiente escapa al dominio de
dad es un hecho (que Marx utiliza como un la economía pura. Pero tiene un sentido, y no
modelo); tenemos que decir, y no puede haber es una idea absurda, como concepto de diferen­
otra conclusión: que es un hecho, pero un hecho cia, cuando se compara una sociedad económica
que existe en medio de otros hechos: es decir, con otra, un hecho con otro, o dos hipótesis en­
un hecho que empíricamente se nos presenta con­ tre si.
trariado, disminuido, desfigurado por otros he­ También al partir de esta premisa pudo lle­
chos, como una fuerza entre otras fuerzas, cuya gar a esta proposición tan importante: los pro­
resultante es distinta a lo que podría ser si esas ductos del trabajo en la sociedad capitalbta
otras fuerzas dejaran de existir. No es un hecho sólo cxcepcionahnente se venden por su valor,
dominante absoluto, pero tampoco un hecho y generalmente por debajo o por encima de su
inexistente o simplemente imaginario (12). valor, y a veces con diferencias muy grandes:
es decir, el valor no coincide con el precio. Si,
Es preciso destacar aún que en el curso tic en hipótesis, la organización de la producción
la historia este hecho ha sufrido muchas vicisi­ capitalista se transformara de golpe en produc­
tudes, es decir que ha sido contrariado en ma­ ción comunista, se presenciaría, no sólo ese cam­
yor o menor grado; y aquí es adecuada la ob­ bio de fortunas de individuos que preocupa tan­
servación que Engels hacía a Sombart, es de­ to, sino también un cambio mucho más impor­
cir que la forma como Sombart define la ley tante: la transformación de la condición de ¡as
del valor “no destaca toda la importancia que propias cosas. Se formaría entonces una esca’a
tiene esta ley en las etapas del desarrollo eco­ de apreciaciones de los productos del trabajo
nómico en las cuales domina.” Engels hacia en­ que diferiría enormemente de las apreciaciones
seguida una incursión por la historia económi­ actuales. No es el momento de mostrar cómo
ca para mostrar que la ley del valor de Marx, Marx demuestra esta proposición mediante el
es decir la igualdad entre valor y traba io so­ análisis de las variaciones en la composición del
cialmente necesario, “dominó” durante miles de capital en las diferentes industrias, es decir de ’a
años (13). “Dominó”, es mucho decir; pero es parte del capital constante (máquinas, etc.) y del
exacto que las oposiciones de los otros hechos capital variable (salarios).
a esta ley fueron mucho menos numerosas y me­
nos intensas en el comunismo primitivo, en la De esta manera, o sea por la demostración
economía medieval y en la economía domés­ del crecimiento continuo del capital constante
tica, etc.. .. mientras alcanzan su punto máximo en relación al capital variable, Marx estableció
en la sociedad basada sobre el capital privado otra ley muy importante de la sociedad capita­
y sobre la competencia muñe' al más o menos lista, la ley de la tendencia a la baja de la tasa
libre, es decir, en la sociedad que produce casi del beneficio. El progreso técnico que, en una
exclusivamente mercaderías (14). sociedad económica abstracta, tendría como con­
secuencia una disminución del trabajo necea-
Marx, pues, al tomar como modelo la igual­ río para producir la riqueza, determina en la
dad entre valor y trabajo y al aplicarlo a la sociedad capitalista una baja gradual de la ta­
sociedad capitalista, comparaba en cierta medi­ sa del beneficio (15). Pero esta sección del ter­
da la sociedad capitalista a una parte de sí cer volumen de “El Capital” es una de las menos
misma, aislada y elevada a la categoría de exis­ acabada de esta obra postuma tan poco aca­
tencia independiente: comparaba la sociedad ca­ bada; por otra parte, me propongo realizar al
pitalista con la sociedad económica en sí misma respecto un examen crítico profundo en otro
(pero sólo en su calidad de sociedad producto­ ensayo (16).
II — EL PROBLEMA DE MARX Y LA ha dado una explicación política; pero, sin negar
ECONOM ÍA PURA (CIENCIA que las preocupaciones políticas son a menudo
causa de errores teóricos, esta explicación no
ECONÓM ICA GENERAL)
me parece suficiente ni exacta; me niego a creer
que un grupo entero de estudiosos se deje do­
A economía marxista es pues una economía
L que estudia la sociedad productora abstrac­
ta, y que muestra las variaciones que ésta sufre
minar ciegamente por pasiones extrañas a la
ciencia, o, lo que es peor aún, que falsifique a
Sabiendas su pensamiento teórico y que cons­
en las diversas organizaciones económicas socia­ truya sistemas económicos por razones de cir­
les. Marx realiza su investigación para Una Sola cunstancias.
de estas organizaciones, la organización capita­
lista, y se limitó a simples indicaciones para la En realidad, el propio Marx nunca tuvo
economía basada én la esclavitud, para la eco­ tiempo u ocasión de asumir posición respecto a
nomía basada en el vasallaje, para el comunis­ la economía pura, a los hedonistas, a los Utili­
mo primitivo y para la economía doméstica y tarios, a la escuela deductiva, a la escuela aus­
natural (17). tríaca cualquiera sea el nombre qué se le dé á
esta escuela, pero tenía el más profundo despre­
És en ese sentido qué Marx y Engels afir­ cio por la "ofeconornia vulgaris”, expresión con
maban que la economía, es decir la economía la cual designaba las investigaciones de economía
tal como ellos la estudiaban, es una ciencia his­ general, qite explican, según él, lo que no hay
tórica (18). Pero incluso Sobre este punto, su necesidad de explicar y dejan sin explicar lo
definición no fue tan feliz como su investigación; más difícil de explicar y lo que nos interesa
ya sabemos que las investigaciones de Marx ño verdaderamente, Engels tampoco se ocupó de
son históricas, sino hipotéticas y abstractas, fes manera especial; pero podemos tener una idea
decir teóricas (19). Sé podría decir con mayor de su concepción por su polémica contra Düh-
exactitud, qué son investigaciones dé Sociología ring. 1)ilhi ing Sé esforzaba por encontrar una
ecoriómica, si la palabra sociología no tuviera ley general del valor qué pudiera dominar todas
tantos Séntidos diferentes y arbitrarios. las formas posible» de la economía; y Engels res­
Hemos caracterizado exactamente la natu­ pondía: "Quien quiéra reducir a una única ley
raleza de la investigación dé Marx; si la ley del la economía política de Tierra del Fuego y la
valor que formula es la ley particular de la de Inglaterra moderna, sólo ptirde llegar a los
sociedad productora abstracta, y si sólo se rea­ lugares comunes más vulgares." Y Se burlaba
liza parcialmente en las sociedades económicas de las verdades fundamentales, de las leyes eter­
históricamente conocidas y en otras sociedades nas de la naturaleza, de los axiomas tautológicos
hipotéticas o posibles, parece posible Concluir: y vacíqS, a los cítales Dühring había llegado eon
l 9) qué la economía marxista no es la ciencia su método (20). No existen leyes fijas ni leyes
económica general; 29) que el valor trabaio rto eternas: no existe pues ninguna posibilidad de
es el coAcepto general del valor. Una ciencia construir una ciencia general de la economía
económica general puede pues, e incluso debe, para todas las épocas y todos los lugares, fii En­
vivir y desarrollarse al margen de la investiga­ gels se hubiera referido a los qué proclaman la
ción marxista: establecerá un concepto del va­ eternidad y el carácter necesario de las leves
lor que deducirá de hipótesis completamente di­ de la sociedad capitalista, habría tenido razón,
ferentes y más comprensivas que las hipótesis y habríá atacado lín prejuicio que la historia
particulares dé Marx. Y Si lós economistas qüe hasta para desmentirlo, al dembstrar que el ca­
estudian lá economía pura, encerrados en Su es­ pitalismo ha aparecido én énoeas diferentes, ha
pecialidad, cometen fel error de mostrar Una re­ sido el sucesor de formas diversas de organiza­
pulsión intelectual bastante mezquina por lás ción económica o incluso que ha desaoarecido
investigaciones de Marx, los marxistás, por su para ser remplazado por otras formas. Pero és­
parte, cometen el error dé desconocer las inves­ ta crítica no alcanzaba a Pühring, porque Beh­
ring no quería dar como fiias y eternas las le-
tigaciones ajenas de SuS festudios, y dé préíéh-
yés de la sociedad capitalista, riño establecer
dei* a veces que son inútiles, é incluso completa­
un concepto general del valor, lo cual es com­
mente absurdas.
pletamente distinto; quería, en otras palabras,
En mi opinión, y lo digo francamente, la demostrar cómo, desdé el punto de vista pura­
única antítesis 6 enemistad qué puede existir mente económico, la sociedad capitalista sé ex­
entré estas dos clasés dé investigaciones es la plica por lós mismos conceptos gfeherales que
antipatía y lá ignorancia tecíprócas de ésos dos éxplicah las ótraS formas dé b'rgahizacióh. Nadié,
grupos de estudiosos. Es cierto que á veces se le iriclusivé Engels, podrá impedir que sé plantee
-m
y resuelva este problema, porque no se pueae visto una sicología económica, que te desarrolla
destruir la lógica, que, al lado de los hechos al margen de la economía propiamente dicha,
particulares, trata los conceptos generales. Pero en esta definición hay un equívoco extra­
Sería interesante investigar todas las remi­ ño. La economía pura no tiene nada de sicolo­
siones que hace Marx en “El Capital” a análisis gía. Y en primer lugar es difícil determinar el
no hechos y extraños a su estudio, que son el sentido preciso de esas palabras: sicología eco­
terreno sobre el cual arraigan las investigacio­ nómica. La ciencia de la sicología se divide en
nes de la economía pura. ¿Qué es, por ejemplo, ciencia formal y ciencia descriptiva. En la ciencia
“el trabajo humano abstracto” (abstrakt mens- formal no hay cabida para los hechos económi­
chliche Arbeit) concepto del cual Marx se sir­ cos, ni para cualquier otro hecho físico qua
ve como de un postulado? ¿Por qué “processus” tenga un contenido particular. La ciencia des­
te realiza esa reducción del trabajo completo en criptiva sin duda incluye las representaciones,
el trabajo simple, al cual alude corno un hecho los sentimientos, las voliciones que tienen un con­
corriente? ¿Y si, en la hipótesis de Marx, las tenido económico; pero tales como se presentan
mercaderías aparecen como concreciones de en la realidad, mezclados a otros fenómenos sí­
trabajo, o trabajo cristalizado, ¿por qué, en otra quicos de contenido diferente, e inseparables da
hipótesis, todos los bienes económicos, y no sólo ellos. De manera que la sicología económica
las mercaderías, no podrían aparecer como con­ descriptiva puede ser, a lo sumo, una delimita­
creciones de medios de satisfacción de necesida­ ción aproximativa que tiene como objeto de des­
des cristalizadas? Leo en “El Capital”: “Cosas cripción especial la forma de concebir, de sen­
que, por sí mismas no son mercaderías, como por tir y de desear de los hombres (en una épo­
ejemplo, la conciencia, el honor, etc., pueden ha­ ca y en un lugar dados o, incluso en general,
cerse venales y adquirir así por el precio que como se lian presentado hasta el momento en la
*e les otorga forma de mercadería. Una cosa historia) en relación a algunas categorías de
puede pues tener precio formalmente sin tener bienes, que se denominan comúnmente materia­
valor. El precio se convierte en una expresión les o económicos, y que es preciso, de todas ma­
imaginaria como algunas magnitudes en mate­ neras, especificar y determinar. Dominio éste,
máticas” (21)'. La dificultad, una vez más, está pues, en realidad, más de la historia que de la
indicada, pero no resuelta. ¿Existen pues pre­ ciencia, que sólo recoge allí generalidades vaga*
cios formales o imaginarios? Y, ¿qué son? ¿A e insignificantes, como lo demuestra el largo es­
qué leyes obedecen? ¿Quizá son las palabra» tudio de Wagner en su Manual, lo más notable
griegas en la prosodia latina que. según, la re­ que conozco de todo lo que se ha escrito sobre
gla de la escuela, “per Ausoniae fines sine lega este problema y que sin embargo, en el fondo,
vagantur” ? Es a estas preguntas que responden es tan poco notable y tan poco concluyente! (23)
las investigaciones de la economía pura. La enumeración y la descripción de las diferen­
tes tendencias de los hombres: tendencias egoís­
El filósofo Lange, que rechazaba la ley del tas y antiegoístas, búsqueda del interés perso­
valor de Marx, que la veía como un parto for­ nal y temor de lo perjudicial, temor al esfuerzo
zado, un hijo del dolor, porque no podía con­ y búsqueda de la' recompensa, sentimiento del
siderarla —y en eso tenía razón1— una ley ge­ honor y temor de la desestima y el desprecio
neral del valor, mucho antes de que se pusieran públicos, amor a la actividad y odio de la iner­
de moda las investigaciones de la economía pu­ cia, sentimiento de respeto frente a la ley mo­
ra, se orienta hacia las soluciones que después ral, etc., etc., a eso Wagner denomina sicología
ésta aportó; “Hace alguno« año* —escribía en económica; sería mejor decir que son “observa­
su libro sobre “El problema obrero”— también ciones de sicología descriptiva” que deben te­
trabajé en una nueva teoría dd valor, que fue­ nerse presentes cuando se estudian los problemas
ra capaz de hacer aparecer 1 I casos más ex­ prácticos de la economía. (24)
tremos de las variaciones del valor como casos ¿Qué hay pues en común entre la sicología
especiales de una misma fórmula.” Y después de y la economía pura? Estos economistas parten
agregar que no lo habia. lograda indicaba que del postulado hedonista, es decir de la natura­
se había encaminado por la vía que luego Je- leza económica aun del hombre, y de ahí dedu­
vara ha seguido en su “Theory of political eco- cen los conceptos de utilidad (utilidad econó­
notny”, publicada en 1871. (22) mica, que Pareto propuso con razón denominar
Algunos marxistas más prudentes, y mode­ con el nombre especial de ofelimidad) de valor,
rados han pensado que las investigaciones de los etc., etc., y todas las leyes particulares según
hedonístas no tienen por qué ser rechazadas por las cuales el hombre se comporta como “homo
falsas y mal fundadas; han tratado entonces de oeconomicus”. Hacen exactamente lo mismo
justificarla* frente * la doctrina marrista, y han que los filósofos que se ocupan de la ética cuan*
do wtudian la naturaleza moral; que los filósofos 111 — EL CAMPO PROPIO DE LA
de la lógica, cuando estudian la naturaleza ló­ DOCTRINA DEL MATERIALISMO
gica; etc. Si eso es sicología económica, habría
HISTÓRICO
que decir que la ética es una sicología de la
ética y la lógica una sicología de la lógica. Y
I el materialismo histórico quiere ser algo
como todo lo que conocemos pasa a través de
la siquis humana, la ontología sería una sicolo­ S aceptable desde el punto de vista crítico,
no puede ser, como ya se ha dicho, ni una
gía del ser, la matemática una sicología de la
matemática (!!) Habríamos así confundido las nueva construcción a priori de la filosofía de la
cosas más diversas y realizado una revolución historia, ni un nuevo método del pensamiento
cuyo fin no comprenderíamos. Concluimos pues histórico: debe ser simplemente un canon de in­
que, observándola desde cerca y con atención, terpretación histórica. Ese canon nos aconseja
es preciso convenir que la economía pura no es dirigir nuestra atención sobre la infraestructura
una sicología, sino que es en realidad la ciencia económica de la sociedad para comprender me­
general de los hechos económicos. jor sus configuraciones y sus cambios.
Esta manera de encarar las cosas no debería
• LabrioJa demuestra, también, cierta antipa­ provocar ninguna dificultad, sobre todo si se
tía, que no me parece justificada, por los eco­ tiene presente que no supone ninguna anticipa­
nomistas de la economía pura, “que —dice— ción sobre los resultados, y que sólo es una ayu­
traducen en conceptualismo sicológico la razón da para obtenerlos; de origen absolutamente em­
del riesgo y de otras consideraciones análogas pírico. Cuando el crítico del texto de la D. Co­
de la práctica comercial corriente.” Y tienen ra­ media de Dante aplica el célebre canon de
zón —podemos responder— porque la inteligen­ Witte: “la lección difícil debe preferirse a la
cia también tiene derecho a comprender las ra­ lección fácil”, sabe que sólo posee un simple
zones del riesgo y de la práctica comercial y a instrumento, que puede ser útil en infinidad de
explicarlos en su mecanismo y en su naturaleza. casos, inútil en otros, y cuyo empleo correcto
¿Por qué hablar de conceptualismo sicológico: y beneficioso depende siempre de su facultad
no parece una transacción poco feliz entre lo que lie discernimiento. De la misma manera y en el
la inteligencia dice que es la economía pura mismo sentido se debe decir que el materialis­
(ciencia que desemboca en un concepto irreduc­ mo histórico es un simple canon, aunque en
tible) y la definición poco precisa de sicología realidad sea, un canon extraordinariamente su­
que he criticado antes? El sustantivo y el adjeti­ gestivo.
vo rechinan juntos. Labriola habla con desdén ¿ Pero era ese el sentido que le atribuían
del “atomismo abstracto” de los hedonistas, que Marx y Engels; de esa manera lo entienden, por
logra que “no se sepa ya qué es la historia y que regla general, los marxistas?
el progreso se convierta en una pura aparien­ Comencemos por la primera cuestión. Es
cia.” (25) No me parece justificado ese desdén, difícil y plantea muchas, dificultades. La pri­
puesto que Labriola sabe perfectamente que en mera deriva, por así decirlo, del estado de las
todas las ciencias abstractas las cosas desapare­ fuentes. La doctrina del materialismo histórico
cen, y sólo sus elementos son tomados en consi­ no se encuentra en un libro clásico y definitivo
deración: no se puede pues hacer un reproche para sus kutores, al cual se habría incorporado,
especial a la ciencia económica. Pero si la his­ de manera que la discusión del libro y la discu­
toria y el progreso son hechos extraños al es­ sión de la doctrina fueran lo mismo. Al contra­
tudio de la economía abstracta, por eso de­ rio, está diseminada en una serie de obras, es­
jan de existir y de ser el objeto de otras disci­ critas en el transcurso de medio siglo, con lar­
plinas; y eso es lo que importa. gos intervalos, y en donde se le menciona a
Por mi parte, acepto la construcción econó­ menudo de una manera accidental; a veces in­
mica de la escuela hedonista, la utilidad ofelimi- cluso simplemente está sobrentendida o conteni­
dad, el grado final de utilidad e incluso la ex­ da implícitamente. Si se quisiera conciliar to­
plicación (económica) del beneficio del capital das las fórmulas que Marx y Engels suminis­
como producto del grado diferente de utilidad traron, se tropezaría con fórmulas contradicto­
de los bienes presentes y de los bienes futuros. rias que no permitirían a un intérprete pruden­
Pero esto no responde a la necesidad de una ex­ te y metódico establecer lo que era, para ellos,
plicación que podríamos denominar sociológica en general, el materialismo histórico.
del beneficio del capital; y esta explicación, y Otra dificultad surge enseguida respecto al
todas las otras de esta naturaleza, sólo pueden alcance que debe atribuirse a sus fórmulas. Has­
encontrarse en la dirección que Marx las ha ta el momento nunca se ha estudiado lo que
buscado. (26) podría denominarse la “forma mentis” de Marx,
con la cual Engels tenía puntos de contacto por ¿Cuál fue la posición que asumió Marx respec­
la propia naturaleza de su mentalidad, por imi­ to a la filosofía de la historia de Hegel? ¿En
tación y por influencia. Marx, como ya he des­ qué consiste la crítica que le hizo? ¿Esa crític»
tacado, tenia una especie de horror por las in­ es la misma en el artículo publicado en lo»
vestigaciones puramente escolásticas. Devorado Deutsch-franzoesische Jahrbücher de 1844, en la
por la sed de conocimiento de las cosas, se de­ Heilige Familie de 1845, en la Miseria de la
tenia poco en discusiones de conceptos y en las Filósofía de 1847, en el apéndice al “Manifiesto
formas de los conceptos, lo cual a veces llega­ del Partido Comunista” de 1848, en el prefacio
ba hasta la indeterminación o a la exageración de Zur Kritik de 1859, y en el prefacio a la so>
de los propios conceptos. Por eso nos ofrece el gunda edición de “El Capital” de 1873? ¿Pu»
contraste extraño de afirmaciones que, toma­ den plantearse las mismas interrogantes para laa
das rigurosamente, son inexactas, y que nos pa­ obras de Engels, para el Antidühring, para sus
recen, y están en efecto, cargadas y plenas de artículos sobre Feuerbach, etc.? ¿Marx quiso
verdades. Marx estaba inclinado, en síntesis, ha­ sustituir, como se ha afirmado, la idea hegeliar
cia una especie de lógica concreta. (27) ¿Es pre­ na por la materia, o por el hecho material?
ciso pues interpretar literalmente sus expresio­ ¿Qué relación habia en su mente entre el con­
nes, y correr el riesgo de darles un valor distin­ cepto de material y el concepto de económico?
to del que tenían realmente en el pensamiento ¿La explicación que dio de su posición respe»
íntimo del escritor? ¿O hay que interpretarlas to a Hegel: “las ideas están determinadas pof
con amplitud y correr el riesgo de darles un los hechos del punto de vista de Hegel, o la
significado teóricamente quizás más aceptable, inversión del punto de vista de los ideólogos y
pero históricamente menos verdadero? de los doctrinarios” ? (29) Son todos problemas
Sin duda, las obras de muchos pensadores que competen a la historia de las ideas y qua
presentan estas mismas dificultades, pero en las serán resueltos un dia u otro, si es cierto qus
obras de Marx son muy grandes. La interpre­ aún no ha llegado el momento de construir la
tación tendrá que realizarse con paso mesura­ historia de ideas que están todavía en vías da
do: trabajar de especie a especie, de libVo a desarrollo.
libro, de proposición a proposición, relacionar Si dejamos de lado este trabajo de curiosi­
estas manifestaciones diferentes entre si, pero dad histórica, debemos sobre todo trabajar so»
sin olvidar las diferencias de tiempo, las circuns­ bre esas ideas, para avanzar en el conocimiento
tancias de los hechos, las impresiones fugitivas, teórico del problema. ¿Cómo se puede justificar
los hábitos mentales y literarios; y tendrá que científicamente el materialismo histórico? Ma
resignarse a reconocer lo dudoso, lo inacabado, planteé esa pregunta y a ella responden las itv
cuando sea necesario, y resistir a la tentación vestigaciones criticas aludidas al principio da
de afirmar y completar de su propio peculio. este capítulo. No quiero volver sobre lo mismo,
Es posible, por ejemplo —como lo creo por ra­ pero daré otros ejemplos tomados de la litera­
zones diversas—- que el sentido que atribuí an­ tura inarxista. ¿Cómo debe comprenderse cienti-
teriormente al materialismo histórico sea el mis­ ricamente la neo-dialéctica marxista? El pensa­
mo que le daban Marx y Engels en el fondo miento definitivo, expuesto por Engels sobre esta
de su pensamiento; o por lo menos el que ha­ particular, (30) me parece éste: la dialéctica e*
brían aceptado como propio si hubieran tenido el ritmo del desarrollo de las cosas, es decir la
más tiempo para esos trabajos de elaboración ley interna de las cosas en su desarrollo. Esa
científica y si la crítica no hubiera aparecido ritmo no se determina a priori y por deducción
tan tarde. Todo esto importa sólo hasta cierto metafísica, sino al contrario se observa y se com­
punto al intérprete y al historiador de ideas, prueba a posteriori: y sólo a través de repetidas
porque, para la historia de la ciencia, Marx y observaciones y verificaciones realizadas en los
Engels, no son ni más ni menos de lo que son diferentes campos de la realidad, se puede su­
en sus obras, personajes rí des y no personajes poner que todos los hechos se desarrollan por
hipotéticos o posibles. (28) negaciones y negaciones de negaciones. (31) Lm
Por otra parte, para la propia ciencia, y no dialéctica sería pues el descubrimiento de una
para su historia, incluso los Marx y los Engels gran ley natural, menos vacía y menos formal
hipotéticos o posibles tienen su valor. En otras que la ley de evolución, y no tendría nada en
palabras, teóricamente importa comprender los común con la vieja dialéctica hegeliana, salva
diferentes modos posibles de interpretación de su nombre, que nos conservaría el recuerdo his­
los problemas planteados y de las soluciones da­ tórico de la manera como Marx llegó a ella.
das por Marx y Engels, para poder elegir en­ ¿ Pero ese ritmo natural de desarrollo existe ver­
tre estas últimas, después de la critica, las que daderamente? La respuesta sólo puede darla la
nos parecen, teóricamente, ciertas y aceptables. observación, a la cual ya Engels recurría pa~a
afirmar su existencia. ¿Y qué es una ley recor­ histórico? No creo que se pueda negar que en
dada por la observación?, ¿puede llegar a ser la literatura marxista, es decir entre los discí­
una ley que rija las cosas de manera absoluta, pulos y los intérpretes de Marx, existe verda­
o es una de esas leyes que actualmente se de­ deramente un peligro metafísico, contra el cual
nominan leyes tendenciales, o es sólo una simple hay que defenderse. Incluso en las obras d«
generalización? ¿Esta representación del ritmo Labriola se encuentran proposiciones que re­
por negación no es un viejo residuo metafísico, cientemente lian llevado a un crítico riguroso
del cual es preciso desembarazarse? (32) y exacto a concluir que Labriola concibe el ma­
lie ahí una investigación que podría contri­ terialismo histórico como una verdadera meta­
buir al progreso de la ciencia. física, y de la peor especie, una metafísica de lo
De la misma manera se puede y se debe ha­ contingente. (34) Aunque ya señalé, en un tra­
cer la crítica de otras proposiciones de Marx y bajo anterior, las proposiciones y las fórmulas
de Engels. ¿Qué debemos pensar de la polémica que me parecían criticables en las obras de La­
de Engels y Dühring sobre el principio de la briola, pienso todavía, como creía entonces, que
historia: ese principio reside en la fuerza polí­ son simplemente excrecencias dé un pensamien­
tica o en el hecho económico? ¿No es posible to realista y sano, es decir, para vincular mi
que esta polémica conserve valor particular con­ crítica a las consideraciones desarrolladas en las
tra la afirmación de Dühring, quien decía que páginas precedentes, que al volverse marxista ha
el hecho político históricamente es lo fundamen­ adoptado un aire y un tono un poco cortantes,
tal, pero que en sí ella no tenga esa importancia y que a menudo demuestra cierta despreocupa­
general que cree tener? Nótese que la tesis de ción por la elaboración formal de los conceptos,
Engels: “La fuerza protege (schütz), pero no que asombran un poco en un ex-discipulo de
causa (verursacht) la explotación”, podría pre­ Herbart; (35) pero que corrige con sus obser­
cisamente invertirse en esta otra: “La fuerza vaciones y sus limitaciones, a veces ligeramente
causa la explotación, pero el interés económico contradictorias, siempre felices, porque nos de­
la protege”, y ello por el bien conocido princi­ vuelven a) terreno realista.
pio de la interdependencia y de la concurrencia Labriola, por otra parte, tiene una cualidad
de los factores sociales. que lo distingue de todos los que comúnmente
¿Y la lucha de clases? ¿En qué sentido es ' exponen o aplican e! materialismo histórico. Si
exacta esa fórmula general: la historia es una sus fórmulas teóricas tienen aspectos vulnerable*
lucha de dases? Casi me animaría a decir que a la crítica, cuando hace historia, cuando se ocu­
la historia es una lucha de clases: l 9) cuando pa de hechos concretos, es prudente y circuns­
existen clases; 2<?) cuando tienen intereses an­ pecto: tiene desarrollado al grado máximo, el
tagónicos; 39) cuando tienen conciencia de este respeto de la historia. Odia los esquematismos
antagonismo. Lo que nos conduciría, en sínte­ de cualquier clase, cuando se trata de elucidar y
sis, a esta igualdad humorística, la historia sólo de profundizar procesos determinados; y no se
es una lucha de clases cuando e s ... una lucha cansa de señalar que no existe “teoría" por más
de clases. En realidad, lia ocurrido que las cla­ buena y por más excelente que sea, que auto­
ses no han tenido intereses antagónicos, y a me­ rice el conocimiento sumario de cada historia
nudo no tienen conciencia, y eso lo saben muy particular”, (36)
bien los socialistas que se esfuerzan, a veces sin En su último libro hay un largo examen de
éxito (con los campesinos, por ejemplo) por des­ lo que podría ser una historia del cristianismo.
pertarla entre el proletariado moderno. Respec­ Labriola critica a los que toman por objetó de
to a la posibilidad de la inexistencia de clases, esa historia a la entidad cristianismo, del cual
los socialistas que la anuncian para la sociedad no se sabe cuándo ni dónde existió, porque la
del futuro, tienen por lo menos que admitir que historia de los últimos siglos de Roma no* mues­
no es algo intrínsecamente necesario al desarro­ tra simplemente el nacimiento y el crecimiento
llo histórico, porque, incluso en el futuro, y sin de lo que fue la asociación cristiana o la Iglesia,
clases, la historia, es de esperar, no se detendrá. y es ése un conjunto de hechos que varía con
En una palabra, incluso esta fórmula particular; las variaciones de las condiciones históricas. Me
“la historia es mía lucha de clases”, simplemen­ parece exacta esta crítica de Labriola, si no se
te nos da una orientación, tiene el valor limi­ quiere negar (que él, por otra parte, no niega)
tado de una regla general, de un canon, como la justificación de esa forma de exposición his­
afirmamos de manera general para la concep­ tórica que, a falta de otra palabra, denominó
ción materialista. (33) historia por conceptos, (37) para distinguirla de
Pero, —y podemos ahora responder a la. la exposición histórica propiamente dicha, la de
segunda pregunta que nos hemos planteado— La vida de un grupo social dado, en un lugar
¿cómo entienden los marxistas el materialismo dado y en un lapso dado. Quien hace la
historia del cristianismo, pretende, en realidad, mucha frecuencia en la literatura marxista; se
hacer algo parecido a lo que hace el historia­ confunde siempre las formas económicas con las
dor de la literatura, de la filosofía, del arte, épocas económicas. Bajo la influencia del positi­
es decir aislar una masa de hechos que entran vismo evolucionista, esas divisiones que Marx
en un concepto determinado y disponerlos por designó de manera general con el nombre de:
series cronológicas, sin desconocer o negar, no economía asiática, economía antigua, economía
obstante, las raíces que esos hechos tienen en feudal y economía burguesa, se han convertido
otros hechos de la vida, de los cuales son parte en cuatro épocas históricas: comunismo, econo­
integral e integrante; pero considera a esos he­ mía basada en la esclavitud, economía basada en
chos aparte, para estudiarlos más de cerca. Por el vasallaje, economía basada en el trabajo asala­
desgracia, si la literatura, la filosofía, el arte, riado. Pero la historiografía moderna —que no
etc., son conceptos determinados o determina- es, en realidad, esa cosa superficial a que se re­
bles, el cristianismo, en cambio, es casi única­ fieren la mayoría de los marxistas, para aho­
mente una bandera, con la cual se han cubierto rrarse el trabajo de participar en sus difíciles
creencias intrínsecamente muy diferentes, y, al avances— sabe perfectamente que son cuatro
hacer la historia del cristianismo, se puede co­ fomias de organización económica que se. suce­
rrer a menudo el riesgo de hacer en realidad den y se entremezclan en la historia real, y que
propiamente la historia de una palabra, vacía, forman a menudo las mezclas y las sucesiones
sin tenia. (38) más extraordinarias. Sabe que existió una edad
Pero qué diría Labriola si dirigiera su cri­ media y un feudalismo egipcio, una edad media
tica contra esa Historia del origen de la familia, y un feudalismo helénico; conoce también un neo-
de la propiedad privada y del estado, que es medioevo alemán, que siguió a la expansión bur­
una de las más importantes aplicaciones histó­ guesa de las ciudades alemanas antes de la Re­
ricas realizadas por los marxistas: deseada por forma y el descubrimiento del Nuevo Mundo; y
Marx, esbozada por Engels tras las huellas de compara de buen grado las condiciones econó­
los trabajos de Morgan, continuada por otros. micas generales del mundo grecorromano en su
En este dominio, no se quiso hacer simplemente, apogeo con las de Europa en los siglos XVI
como quizás se podría, un manual bueno y útil y XVII.
de los hechos históricos abarcados en esos tres A esta concepción arbitraria de las época»
conceptos; se hizo una super-historia, una histo­ históricas se vincula la concepción de la inves­
ria, según las mismas expresiones de Labriola, tigación de la causa (no, no es un error: de la
de la entidad Familia, de la entidad Estado, y causa!) del pasaje de una de esas formas a 1*
de la entidad Propiedad privada, siguiendo un otra. Se investiga, por ejemplo, la causa de la
ritmo predeterminado. Una ‘‘historia de la fami­ abolición de la esclavitud, que por otra parte,
lia”, para retener uno de esos tres grupos de he­ tendría que ser la misma, ora se trate del mun­
chos, sólo puede ser una enumeración de las for­ do grecorromano, ora de la América modernaj
mas particulares adoptadas por la familia en los y lo mismo respecto al vasallaje, o al comunis­
diferentes pueblos y en el transcurso del tiempo: mo primitivo, o a la forma capitalista: esas in­
una serie de historias particulares, que se vin­ vestigaciones absurdas han hedió célebre entre
culan en un concepto general. ¿Eso nos ofre­ nosotros a Loria, el descubridor perpetuo de la
cen las teorías de Morgan, retomadas por En­ causa única; aunque el mismo no sabe bien si
gels, que la crítica moderna ataca por todos los esta causa única, es la tierra, la población, o
flancos? (39) ¿No se ha llegado a considerar cualquier otra cosa. No obstante, es fácil com­
como etapa histórica fatalmente cumplida por probar (basta leer, con un poco de atención,
todos los pueblos ese extraordinario matriarca­ los libros de historia) que el pasaje de una for­
do, en el cuál se confunden tanto la simple fi­ ma económica o, generalmente de una forma
liación materna como la predominancia de la social a otra, no es el efecto de una causa
mujer en la familia y en la sociedad? ¿No oímos única, ni siquiera de un grupo de causa»
los reproches, e incluso las burlas de los mar­ siempre iguales, sino que es el efecto de causa»
xistas contra los historiadores prudentes que se y circunstancias que es preciso examinar en ca­
niegan a afirmar, en el estado actual del cono­ da caso, porque varían, de ordinario, en cada
cimiento de las fuentes, que existió un comu­ caso. La muerte siempre es la muerte, ¡pero se
nismo primitivo o un matriarcado en el pueblo muere de tantas enfermedades!
griego? En realidad, no me parece que, en toda Permítaseme terminar este capítulo tratando
esa investigación, se haya dado pruebas de mu­ un problema que Labriola plantea en su libro
cha sagacidad critica. reciente, y que él relaciona con la crítica fie!
Quisiera también llamar la atención de La­ materialismo histórico.
briola sobre otra confusión que aparece con Labriola distingue entre el materialismo his­
tórico como interpretación histórica y como con-' ¿No sería bueno que, de un lado como d#
eepción general de la vida y del mundo (Lebens otro, se practicara un poco el autoexamen, se
und Weltanschauung). Se pregunta cuál es la dejara un poco de lado el orgullo, y se confesara
filosofía inmanente del materialismo histórico y, que el socialismo y el liberalismo pueden consi­
después de algunas observaciones, llega a la con­ derarse científicos por metáfora o por hipérbola,
clusión de que esta filosofía es la tendencia al pero que ni uno ni otro son, ni pueden ser, de­
monismo y que es una tendencia formal. ducciones científicas y que se trasladara entonces
Me permito señalar que, si en la denomi­ el problema del socialismo y del liberalismo, o
nación materialismo histórico metemos dos cosas de cualquier otro programa social práctico, a otro
diferentes, es decir: l 9) un procedimiento de terreno, (pie no es el de la ciencia pura, pero sí
interpretación histórica; y 29) una concepción el único adecuado?
determinada de la vida y del mundo, es natu­ Dcnténgamos un momento en el liberalismo.
ral que encontremos allí una filosofía e incluso Se nos presenta bajo dos formas intelectuales, es
una filosofía con tendencia al monismo, por­ decir, con una doble justificación. En su forma
q u e ... se ha puesto previamente. ¿Qué vincu­ más antigua, es innegable que tiene un funda­
lación íntima puede existir entre esos dos órde­ mento metafísico, que se basa en la creencia de
nes de pensamiento?, ¿una vinculación lógica y la bondad de las leyes naturales y en el concep­
de coherencia mental? Por mi parte, confieso to naturaleza (derecho natural, estado natural,
que no llego a verla. Creo, por el contrario, que etc.), que aparece con la filosofía del siglo XVII
Labriola nos expone simplemente a propósito y que reinó durante todo el siglo XVÍII. (40)
del materialismo histórico, la orientación que No pongamos obstáculos a la naturaleza y todo
considera necesaria del pensamiento moderno marchará mejor. La crítica de Marx, en reali­
sobre los problemas ontológicos, o bien, la acti­ dad, no se dirige directamente contra esta con­
tud que según él debe asumir, la conciencia so­ cepción. Su análisis del concepto naturaleza, mos­
cialista respecto a las concepciones optimistas tró que éste era el complemento ideológico del
o pesimistas, etc., etc. Creo, en una palabra, que desarrollo histórico de la burguesía, un amia
no es esa una investigación que descubra la muy poderosa de la cual ella se sirvió contra los
concepción filosófica que existe en el fon­ privilegios y las opresiones. que quería destruir.
do del materialismo histórico, sino simple­ (41) Pero ese concepto pudo haber nacido co­
mente una digresión, por otra parte importante mo instrumento de una función histórica acci­
e interesante. ¡ Pero cuántos otros puntos de vis­ dental y ser no obstante intrínsecamente ver­
ta, impresiones y sentimientos muy importantes dadero. La expresión leyes naturales tendría,
se encuentran en la conciencia socialista! ¿Por en ese caso, la misma significación que leyes
qué bautizar esta complejidad de hechos nue­ racionales y habría entonces que iínpugnar ese
vos con el nombre de materialismo histórico, que carácter racional y la excelencia de esas leyes.
tiene ya el sentido bien determinado de un modo Ahora bien, cabe rechazar ese concepto porque
de interpretación histórica? ¿No es el fin dél es­ es de origen metafísico, pero no se puede refu­
tudioso distinguir y analizar lo que se presenta tarlo. Desaparece con la metafísica que integra,
como una unidad, en la realidad empírica y en y actualmente parece haber desaparecido. ¡ Qué
la conciencia común? en paz descansen las leyes naturales!
Pero el liberalismo se presenta bajo una for­
IV — EL CONOCIM IENTO CIENTÍFICO ma totalmente distinta entre sus partidarios más
Y LOS PROGRAMAS SOCIALES recientes. Los liberales han abandonado las hi­
pótesis metafísicas y han establecido dos tesis
A es un lugar común afirmar que con Marx
Y el socialismo pasó de la utopía a la ciencia,
como lo indica el título de pequeño folleto de
importantes desde eí punto de vista práctico:
a) la tesis de que existe un máximo hedonista
económico, que consideran idéntico al máximo
Engels; el socialismo científico es ahora una de­ deseable para la sociedad; (42) y b) la tesis que
nominación corriente. Labriola no oculta —con ese máximo hedonista sólo puede alcanzarse me­
razón— su poca simpatía por esta expresión. diante la libertad económica más completa. Con
Por otra parte, los partidarios de otras escue­ estas dos tesis se colocan al margen de la me­
las, por ejemplo los liberales intransigentes (los tafísica y sobre un terreno realista, pero no so­
cito de preferencia honoris causa, porque están, bre un terreno científico. En efecto, la primera
también ellos, dentro de la categoría de los idea­ tiene por contenido un juicio sobre los fines de
listas de nuestra épocal, condenan, siempre en la vida humana, quizás aceptable, pero que no
nombre de la ciencia, al socialismo por anticien­ puede deducirse de una proposición científica.
tífico y nroclaman que sólo su propia doctrina La segunda tesis sólo puede demostrarse recu­
ec científica,. rriendo * la experiencia, e* decir a lo que sa­
bemos de la sicología humana, y a lo que, por mentó* que suscita la líbre competencia, m ¡mo­
aproximación y por conjetura, esa sicología se­ da llegar a conocer la línea mn (e* decir la lí­
rá probablemente en el futuro. Es posible hacer nea de adaptación completa de la producción
ese cálculo, y ha sido hecho con mucha pene­ a las necesidades) y si los gastos para hacer fun­
tración, ciencia y prudencia; si se quiere, puede cionar la organización unificada (comunista) n®
calificarse como científico, pero es sólo una me­ son superiores a los gastos ocasionados por la
táfora y una hipérbole, como ya hemos indica­ solución por aproximaciones de las ecuaciones de
do: el conocimiento que nos proporciona nun­ producción. Reconoce también cuanto hay de
ca podrá tener, en efecto, el valor de un cono­ parasitario en el capitalismo (el caballero de la
cimiento rigurosamente científico. (43) triste figura de M arx); pero sostiene, a la vea,
Pareto, uno de los más inteligentes partida­ que el capitalismo suministra servicios »ocíale*
rios actuales del liberalismo, de los más leales que no se sabe cómo reemplazar. (45) Las antí­
y de los más sinceros, (44) no oculta ese carác­ tesis de estos dos puntos de vista podrían ña-
ter limitado y aproximativo que tienen las con­ sumirse de esta manera: los liberales piensa»
clusiones del liberalismo; y para él es tanto más que la sicología humana es extremadamente fi­
ja, y los socialistas que puede ser considerable­
evidente puesto que utiliza fórmulas matemáti­
cas, que indican inmediatamente el grado de mente modificada. Es indudable, que la sicolo­
certeza que pueden alcanzar afirmaciones seme­ gía humana cambia y se adapta; pero la exten­
sión y la rapidez de esos cambios « sustrae»
jantes.
a toda determinación segura y caen dentro d*
En efecto, el comunismo (que también ha las conjeturas y las opiniones individuales. ¿Po­
tenido su período metafísico, y anteriormente drán alguna vez ser objeto de un cálculo exacto í
un período teológico) puede oponer con bue­ Si pasamos a otro orden de consideraciones,
nas razones a las dos tesis del liberalismo otras si investigamos no lo que es deseable, es decir lo*
dos tesis que consisten: a) en una estimación fines y los medios que imaginamos y considera­
diferente, que no es puramente económica,'s del mos excelentes, sino aquello que, en la situa­
máximo deseable para la sociedad; b) en la ción presente, la historia nos promete, e# deci*
afirmación de que ese máximo puede alcan­ las tendencias objetivas de la sociedad moder­
zarse, no por el liberalismo absoluto, sino por na, no llego a entender cómo muchos libéralo*
la organización de las fuerzas económicas. Y ese pueden calificar de utopía ai socialismo. Los «so­
es el sentido de la famosa fórmula: el pasaje del cialistas tendrían muchas más razone* para ca­
reino de la necesidad (1. re competencia o anar­ lificar así al liberalismo, si lo estudiaran tal co­
quía) al de la libertad (dominio del hombre so­ mo es actualmente y no como era hace cincuen­
bre las fuerzas de la naturaleza). Pero el co­ ta años, cuando Marx lo criticó. El liberalismo
munismo tampoco puede demostrar estas dos te­ dirige sus exhortaciones a un ser que, por lo mo­
sis, y por las mismas razones. Los ideales no se nos actualmente, no existe: el interés nacional
demuestran; los cálculos empíricos y las con­ o general de la sociedad, porque la sociedad a<y
vicciones prácticas no entran en el campo de tual está dividida en grupos antagónicos y sólo
la ciencia. Pareto comprendió perfectamente es­ conoce el interés particular de cada uno de eso*
te carácter del socialismo moderno y reconoce grupos, y no tiene noticias, o muy débilmente, d*
que el sistema comunista, como sistema, es con­ un interés general. ¿En quién tienen fe los li­
cebible, es decir que no presenta contradiccio­ berales? ¿En los terratenientes o en los indus*
nes internas. Según él, no se enfrenta a leyes dustriales, en los obreros o en los poseedores d*
científicas sino a dificultades prácticas inmen­ deuda pública? El socialismo, en cambio, desde
sas como por ejemplo, las dificultades que en­ Marx, ha confiado poco en la bondad y el buen
contraría la adopción de los progresos técnicos sentido de los hombres y ha proclamado qu*
sin la ayuda de la experiencia y de la selección la revolución social será principalmente el fru­
que provoca la competencia; la ausencia de es­ to de la fuerza de una clase directairfente inte­
tímulos al trabajo; la elección del personal que resada, el proletariado. Y sus progresos han sido
ya no se realizaría, siempre según Pareto, en tantos que el historiador debe preguntarse si 1*
rirtud de razones exclusivamente técnicas, como experiencia que tenemos del pasado permite su­
en la industria moderna, sino por razones polí­ poner que un movimiento social de esa exten­
ticas y sociales. Está de acuerdo con las críti­ sión y esa intensidad puede ser absorbido o dis­
cas de los socialistas a los derroches que provo­ persado sin pasar antes al terreno de los he­
ca la libre competencia; pero los considera ine­ chos. Una vez más, recurro a Pareto, que rer
vitables como medios prácticos para lograr el conoce que, incluso en la tierra pseferida d*
equilibrio de la producción. El verdadero pro­ los liberales, en Inglaterra, el sistema se mantie­
blema a resolver, afirma, es: si, en los experi- ne no porque exista el convencimiento »obre tu

V iU M te * » « 1* f JU N IO l a O «su». ««
bondad intrínseca, sino porque es favorable a los la metafisica, consecuencia de su naturaleza des­
intereses de algunos empresarios. (46) Reconoce, pótica. Se podrían citar ejemplos muy signifi­
en su calidad de historiador, que si el movi­ cativos, incluso entre los grandes filósofos, He-
miento social al realizarse, como todos los otros gel, Schopenhauer, Rosmini; que demostrarían
movimientos, sigue la línea de la menor resis­ cómo las más humildes conclusiones prácticas,
tencia, es posible que sea necesario pasar por producto de pasiones y de intereses humanos,
un estado socialista para llegar a un estado de fueron a menudo metafísicamente transformadas
libre competencia! en deducciones del Espíritu, del Ser Divino, de
He dicho que los liberales extremistas son, la Naturaleza de las cosas, de la finalidad del
mucho más que los socialistas, idealistas, o si se Universo. La metafísica hipostasiaba lo que lue­
quiere, ideólogos. En Italia, se puede compro­ go deducía triunfalmente. Ya Marx en su jo-
bar, espectáculo curioso, cierto acercamiento y ventud mostró con sentido del humor, en el he­
cierta simpatía intelectual entre socialistas y li­ gelianismo de bruno Bauer, la armonía presta-
berales, puesto que unos y otros son críticos mor­ blecida de lo que denominaba la crítica crítica­
daces y penetrantes de un mismo hecho, que los mente hecha (kritische Kritik) con la censura
primeros denominan anarquía burguesa y los se­ alemana.
gundos socialismo burgués. Pero, mientras en la Quienes abusan más de esa palabra ciencia
acción práctica, los socialistas (y ahora no me convierten a esta función limitada de la inteli­
refiero sólo a Italia) obtienen grandes éxitos, gencia en una especie de adivina o de pitonisa.
los liberales deben contentarse con las vanas flo­ Pero lo que es deseable no pertenece a la cien­
res de la maledicencia; son un grupo pequeño cia; y lo que es realizable no pertenece a la
de hombres de gran inteligencia, llenos de bue­ ciencia. (48)
nas intenciones que se escuchan entre sí. (47) ¿El conocimiento científico es pues algo ab­
No quiero criticar a esos liberales honestos, ra­ solutamente luperfluo en los problemas prácti­
dicales y consecuentes; cuentan con toda mi ad­ cos? ¿A eso quiero llegar? El lector atento ya
miración y no se les puede reprochar su poco ha advertido, sin duda, que no discuto aquí
éxito. Quiero simplemente agregar que si los la utilidad de la ciencia, sino la posibilidad de
ideales, como dice el filósofo, tienen las piernas deducir, como quieren algunos, proposiciones
cortas, las del ideal de los liberales son excesiva­ científicas de lo* programas práctico*; es úni­
mente chicas! camente esta posibilidad la que niego.
Podría continuar mi demostración analizan­ La ciencia, en tanto es el conocimiento de
do otros programas sociales, el del socialismo las leyes de los hechos, puede ser un excelente
de estado por ejemplo, que acepta el ideal so­ instrumento para simplificar lo* problemas, al
cialista, pero como fin último y que incluso permitir distinguir en ellos lo que puede ser
podría no lograrse nunca completamente, afinnado científicamente y lo que sólo se pue­
y n® cree que la fuerza motora esté en de conocer de manera incompleta. Así se han
una clase revolucionaria, ni en la opinión de resuelto y aclarado muchas cosas sobre las cua­
la gente bien pensante, sino en la fuerza pro­ les se discute comúnmente. Veamos un ejem­
pia del estado, concebido como poder creador, plo: cuando Marx demostró, contra Proudhon y
independiente y superior a las voluntades indi­ sus predecesores ingleses (Bray, Cray, etc.); lo
viduales. Es innegable que la función del esta­ que había de absurdo en la creación de los bo­
do, como todas las funciones sociales, por un nos de trabajo, es decir del trabajo-moneda; y
conjunto de circunstancias entre ellas la tra­ cuando Engels dirige críticas análogas a Düh-
dición, el respeto, la conciencia de algo superior ring y otras críticas, mejos justificadas quizás,
a los individuos y otras impresiones y senti­ a Rodbertus; (49) o cuando ambos establecie­
mientos que la sicología colectiva analiza, ad­ ron que existe una conexión íntima entre la for­
quiere cierta independencia y desarrolla ciertá ma de producción y la forma de distribución,
fuerza propia; pero en la evaluación de esta fuer­ estaban en el dominio propio de la demostra­
za se cae en los más crasos errores, como lo ha ción científica, puesto que se proponían demos­
mostrado luminosamente la crítica socialista; de trar que existía incompatibilidad entre las con­
todas maneras, siempre se trata de un cálculo; secuencias y las premisas, es decir ponían ál
y seguimos estando en el ámbito de la opinión, desnudo las contradicciones internas de los con­
en ese territorio que la ciencia puede aún par­ ceptos que criticaban. Lo mismo se puede decir
cialmente conquistar, pero que siempre le opon­ de la demostración, rigurosamente hecha por los
drá resistencia en gran parte. liberales, de esta proposición: toda protección
i Cuántos abusos se han hecho con la pala­ equivale a una destrucción de riqueza. Y si se
bra Ciencia! hubiera establecido exactamente esta ley de la
En una época esos abusos eran monopolio de baja tendencia! de la tasa del beneficio, con

M •u a a n N e e ¡s* uawew4í
la cual Marx se propuso corregir y extender individuos que tienen facultad crítica existe el
la ley de Ricardo deducida de la usurpación hombre apasionado y dotado de imaginación,
progresiva de la renta de la tierra, se podría se puede decir también que, en la vida de les
decir, bajo algunas condiciones, que el fin de sociedades, la inteligencia tiene en verdad un»
la organización capitalista burguesa es induda­ parte muy pequeña y mezquina; y, con un po­
ble, aunque no se pueda prever con toda se­ co de hipérbole, se puede agregar que las cosas
guridad qué sociedad la reemplazará. siguen su curso con independencia de nosotros,
Esta restricción bajo algunas condiciones es Dejemos que los charlatanes proclamen, no di­
esencial. Todas las leyes cientificas son leyes abs­ ría en las plazas públicas donde nadie les cree­
tractas, y entre lo abstracto y lo concreto no ría, sino en las cátedras universitarias o en las
hay puente, porque lo abstracto no es una rea­ salas de congreso y de conferencias, que la cien­
lidad sino un esquema del pensamiento, una cia (es decir su ciencia) es la reina de la vid».
forma propia de pensar, casi diría, por abrevia- Limitémonos a afirmar como Labriola que “1*
ción. Y aunque el conocimiento de las leyes es­ historia es el verdadero maestro de todos, j
clarece nuestra percepción de lo real, no puede que somos vividos por la historia”,
convertirse en la propia percepción. (50)
De todo esto puede sacarse en conclusión V — EL JUICIO ÉTICO Y
que Lab rióla tenía mucha razón cuando, poco
satisfecho con la denominación socialismo cien­ LOS PROBLEMAS SOCIALES
tífico, proponía, sin explicaciones, reemplazarla
ABRIOLA fustiga con su espíritu mordaz *
por comunismo crítico. (51)
Si pasamos de las leyes abstractas y de los
conceptos a la observación de la realidad his­
L los que reducen la historia a un caso de
conciencia o a un error de contabilidad.
tórica, encontramos sin duda los puntos de Se pliega pues a esta doble tesis: l f) que
unión de nuestros ideales y las cosas; pero tam­ para Marx el problema social no era un pro­
bién caemos en difíciles cálculos de probabili­ blema moral; y 2o) que su análisis del capita­
dades, de los cuales no se puede eliminar, como lismo conducía a la comprobación de las leyes
ya hemos dicho, la variedad de opiniones y de que regulan una sociedad dada, y no a la com­
tendencias. probación de un robo, como se lo imaginan
Ante el futuro de las sociedades, ante los algunas mentes simplistas, como si bastara res­
caminos a seguir, es preciso repetir como Faus­ tituir al obrero el monto exacto de su super
to: ¿Quién puede decir: creo? ¿Quién puede trabajo para que todas las cuentas quedaran
decir: no creo? en regla y el problema social se resolviera. (53)
No es que quiera recomendar o justificar Dejaremos de lado' esta segunda tesis que
de alguna manera el escepticismo vulgar. Pero demuestra, una vez más, las desnaturalizacio­
es preciso, a la vez, ser conscientes de la rela­ nes burlescas que puede tener una teoría cien­
tividad de nuestras creencias y decidirnos prác­ tífica; nos detendremos algo en la primera fór­
ticamente cuando no decidirse es una falta. mula que suscita por regla general el mayor
¡ He ahí la dificultad! Es la causa de todas las escándalo entre los no socialistas, al punto que
angustias de los hombres de ideas, de su im­ muchos de ellos quieren agregar un poco da
portancia práctica, que el arte simbolizó en sal a la mezcla y completar el socialismo con
Hamlet. Por cierto, no hay que imitar a ese ma­ la moral.
gistrado que menciona Rabelais, célebre en va­ En realidad, nunca las grandes ínfulas y
rios lugares vecinos por lo acertado de sus sen­ las indignaciones morales fueron menos perti­
tencias, y cuyo método consistía simplemente nentes.
en dirigir una plegaria al Señor y jugar a los Esas tesis, que parecen denotar una gran
dados la sentencia cuando llegaba el momento indiferencia moral, tienen en Marx un sentido
de dictarla. (52) Hay que esforzarse para llegar claramente circunscripto y muy evidente. Su­
a una convicción subjetiva y recordar siempre pongamos por un momento, como se. pensó tan­
que las grandes personalidades históricas han tas veces, que ninguna organización social, da
tenido el coraje de osar. Alca jacta est, dijo Cé­ ninguna clase, pueda existir sin la esclavitud, o
sar; Gott Kelfe mir, Amen, dijo Lutero. La au­ sin el vasallaje, o sin el trabajo asalariado, lo
dacia histórica no sería audacia, si estuviera cual significaría decir que la esclavitud, el va­
acompañada de la visión anticipada de los re­ sallaje o el trabajo asalariado son condiciones
sultados, como en los profetas y los inspirados naturaltss de la organización social y que sin
por el Señor. ellas no puede existir esta cosa tan esencial al
Felizmente, la lógica no es la vida, y el hom­ hombre y de la cual, por lo menos desde que
bre no es sólo inteligencia. Si entre los propios el hombre es hombre, nunca ha podido prescítv

NUMERO i a / J U N I O >»•• PAO. « •


dír: la sociedad. Establecida esta condición de telectual; parece que nos empeñamos en atribuir­
hecho, ¿qué significación tendrían nuestros jui­ le a nuestras pobres palabras un poco de la efi­
cios morales contra esos seres humanos opreso­ cacia del verbo divino: Fiat lux, et lux fuit! (561
res, que denominamos amos de esclavos, seño­ Ese mismo sentimiento quizás aparezca en el
res feudales y capitalistas burgueses, y a favor fondo de las oposiciones que encuentra por re­
de esos seres humanos oprimidos, que denomi­ gla general la otra máxima práctica de los so­
namos esclavos, siervos, trabajadores libres, que, cialistas: el obrero hace su educación en la lu­
unos y otros, sólo podrían ser lo que son y que cha política. Pero Labriola tiene sobradas ra­
sólo podrían cumplir la función que la propia zones para admirar en el progreso del socialis­
naturaleza de las cosas les ha asignado? (54) mo alemán “ese caso verdaderamente nuevo e
Nuestras condenaciones, serían la condenación imponente de pedagogía social; ese hecho que,
de lo inevitable. Sería, para poner un ejemplo en un número tan considerable de hombres y,
un poco grosero, como si nos indignáramos por­ en particular de obreros y pequeñoburgueses,
que hay hombres feos al lado de hombres her­ se forma una conciencia nueva, cuya formación
mosos, hombres enfermos al lado de hombres resulta, en igual medida, del sentimiento direc­
sanos. Pero el encomio o la condena siempre to de la situación económica, que impulsa a la
se refieren a una voluntad, buena o mala: y lucha, y de la propaganda del socialismo, con­
esos juicios estarían, en cambio, dirigidos con­ siderado como un fin o un punto de llegada”.
tra un hecho que no ha sido querido por na­ ¿Cuáles son los medios que tienen a mano los
die y que es soportado por todos, porque no que predican máximas morales, para obtener un
puede ser sino lo que es. Podemos, por supues­ efecto semejante? ¿Esos obreros que se unen en
to, deplorarlo; pero, al deplorarlo, no sólo no asociaciones, que leen sus diarios, discuten los
se le destruye, sino que nada se cambia: en actos de sus delegados, aceptan las decisiones del
síntesis, perdemos el tiempo. congreso, no son hombres que hacen una edu­
Es a eso que Marx llama la impotencia de cación moral?
la moral, o la inutilidad de plantearse esos pro­ No hay sólo vanidad y orgullo en ese sen­
blemas, que son absurdos, porque no dependen timiento de repugnancia que muchos sienten
de los esfuerzos de nadie para resolverlos. respecto a las máximas prácticas de los socia­
Cuando, al contrario, esas relaciones de so­ listas, y en el deseo qur manifiestan de asumir,
metimiento no aparecen como necesarias al or­ en nombre de la moral y de la religión, la di­
den social en general, sino simplemente necesa­ rección espiritual de la educación del obrero; no
rias para una de sus etapas históricas, y cuando seremos tan ingenuos ni tan indulgentes como
comienzan a surgir nuevas condiciones que ha­ para admitir esa explicación parcial. Hay más:
cen posible su abolición (fue el caso del progre­ hay, diría, miedo y temor.
so industrial respecto a la servidumbre, y eso Miedo, poco razonable, a que la organiza­
piensan los socialistas del asalariado y del be­ ción política del proletariado conduzca a un
neficio para las etapas ulteriores de la civiliza­ desborde bestial tic las masas populares y a un
ción moderna), entonces la condenación es jus-. trastrocamiento social; como si la historia no nos
tificada y es, hasta cierto punto, también efi­ diera ejemplos de esos desbordes, precisamente
caz, para acelerar el proceso de disolución y durante aquellas épocas en que se pretende aue
barrer los últimos vestigios del pasado. la religión dirigía i las conciencias, como en las
Ese es el sentido de esta fónnula de Marx: “jacqueries” del siglo XIV, en Francia, en la
la moral condena lo que la historia ya ha con­ Guerra de los Campesinos, en Alemania y cuan­
denado. (55) do la organización y la educación políticas del
No puedo llegar a comprender qué dificul­ pueblo eran nulas! (57)
tades impiden admitir estas afirmaciones, aun Temor, razonable en cambio, y que surge
para quienes aceptan las doctrinas éticas más da la creencia que se pueden superar movimien­
rigurosas. No se trata, en efecto, de desconocer tos proletarios instintivos y ciegos por la fuerza,
la naturaleza de la moral o de convertirla en mientras que la organización acompañada de la
algo fortuito y puramente relativo: se trata sim­ conciencia esclarecida no puede ser vencida, o
plemente de establecer las condiciones del pro­ sólo puede sufrir derrotas temporarias ¿Momm­
greso social de la humanidad, al llevar el pen­ sen no destaca, respecto a las rebeliones de los
samiento de los efectos secundarios e inevitables esclavos de la Roma antigua, que los estados se­
a las causas fundamentales y al despojarnos de rían bien felices si no tuvieran que correr otros
las vanas imágenes y de los piadosos deseos. Ca­ peligros que aquellos que pueden surgir de las
be pensar que si se siente cierta repugnancia rebeliones proletarias, que no son mayores que
por esa concepción, proviene del orgullo de la los peligros que se corren ante las manadas de
vanidad humana mucho más que de un error in­ osos o de lobos hambrientos?
t
Luego de aclaradas estas proposiciones de posible construir una teoría del conocimiento
¿tica y de pedagogía socialistas, cabe aún pre­ gún Marx, (59) es, en mi concepto, una em­
guntarse: ¿cuál era el pensamiento filosófico de presa absolutamente desesperada querer ocor
Marx y de Engels respecto a la moral? ¿Eran parse del principio de la ética según Marx.
relativistas, utilitarios, hedonistas, o idealistas,
absolutistas, etc.? VI — CONCLUSIÓN
Permítaseme afirmar que estos problemas
tienen poca importancia y que incluso son algo AS observaciones precedentes son en parto
inoportunos. Ni Marx ni Engels fueron filósofos
de la ética, y no gastaron mucho sus mentes
L ensayos de interpretación y en parte ensar
yos de corrección crítica de algunos puntos do
poderosas en el estudio de esos problemas. Es vista de algunos conceptos de Marx y de la li­
preciso dejar bien establecido que sus conclu­ teratura marxista. ¡Cuántos otros puntos mero*
siones respecto a la función de la moral en los cerían ser sometidos a una revisión, desde el pro­
movimientos sociales, y respecto al método de blema de la concentración de la propiedad pri­
educación del proletariado, no contienen ningu­ vada en un pequeño número de manos, quo
na contradicción de principios éticos generales, amenaza convertirse en algo semejante a la
aunque choquen, en un lado u otro, con los ley de bronce de los salarios, tan desacredi­
prejuicios de la seudo moral corriente. Sus opi­ tada, hasta esa extraña proposición de historia
niones personales sobre los principios de la ética de la filosofía, que el proletariado es el heredó­
no asumieron, en sus obi g, una forma cientí­ lo de la filosofía alemana! La atención podría
fica elaborada, y algunos puntos y algunos sar­ también dirigirse hacia otros grupos de proble­
casmos no son elementos suficientes como para mas que no hemos tratado (por ejemplo, la con­
instituir una discusión sobre este tema. cepción de la sociedad del futuro), como tamr
Diría más aun: yo que, en materia de ética, bién hacia los desarrollos particulares y las apli­
no he logrado aún librarme de la prisión de la caciones históricas y prácticas que se han reali­
crítica kantiana, y no veo que se haya superado zado. (60) Si esta descomposición del marxismo
la posición que ocupa Kant, que incluso ..me pa­ que se nos anuncia (61) fuera una rigurosa re­
rece fortificada por ciertas tendencias modernas, visión crítica, sería realmente bienvenida.
no puedo considerar definitiva la forma como En resumen hemos intentado mostrar en
Engels polemizó contra Dühring sobre los prin­ nuestras observaciones precedentes:
cipios de la moral en su obra tan conocida. (58) l 9) Desde el punto de vista de la ciencia eco­
Aparece una vez más la manera de proceder nómica, que la economía marxista está justifi­
que ya hemos criticado respecto a las discusio­ cada plenamente, si se la considera no como la
nes sobre el concepto general del valor. Düh­ ciencia económica general, sino como una eco­
ring, por razones de abstracción científica, con­ nomía sociológica, o una economía aplicada a
sidera a l' individuo aislado y declara explícita­ un problema particular, de interés capital para
mente que se trata de una concepción abstrac­ la vida histórica y social.
ta. (Denkschema); Engels afirma, con fineza pe­
ro inexactamente, que ¡ese hombre aislado es 29) Desde el punto de vista de la filosofía
nada más que una nueva edición del Adán del de la historia, que el materialismo histórico de­
Paraíso Terrestre! Es indudable que incluso en be liberarse de toda concepción a priori (ya sea
esta crítica hay un buen número de golpes cer­ una herencia de Hegel o una consecuencia del
teros, y se podría considerarla justa en general, contagio del evolucionismo vulgar), y que hay
si se aplicara sólo a las concepciones éticas co­ que considerar esta doctrina un simple canon
mo conjunto de reglas particulares y de juicios de interpretación histórica, muy fecundo por
morales que se refieren a situaciones sociales de­ otra parte.
terminadas; esos conjuntos y esas construcciones 39) Desde el punto de vista práctico, que es
no pueden pretender la verdad absoluta para imposible deducir el programa marxista (al
todas las épocas y para todos los lugares, preci­ igual que cualquier otro programa social) de
samente porque se trata de apreciaciones he­ proposiciones de pura ciencia, puesto que los
chas para ciertos tiempos y ciertos lugares. Pe­ programas sociales deben ser el producto de la
ro, fuera de esas construcciones particulares, el observación empírica y de convicciones prácti­
análisis nos suministra los principios fundamen­ cas: en ese terreno, el programa del marxismo
tales y directores de la moral, frente a los cua­ aparece como uno de los más altos y más au­
les se plantean problemas que se pueden resol­ daces, y al mismo tiempo uno de aquellos quo
ver de manera diversa, pero que indudablemen­ tienen más vínculos con las condiciones objeti­
te no fueron tomados en consideración ni por vas de la sociedad actual.
Marx, ni por Engels. Y en verdad, si no es im- 49) Desde el punto de vista ético, hemos in-

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tentado destruir la leyenda de la amoralidad, nista, poiqué es la única posible progresivamen­
dél carácter anti-ético intrínseco del marxismo. te); 3?) un método (ayudar i l desarrollo com­
Agregaré una observación sobre el segundo pletó dé la burgtiesiá, y educar jjolíticaméñlé
punto. Quizás se piense que al reducir el máte- a la clase destinada a sucedería). Marx, por su
riálismo histórico a los limites dentro de los cua­ genio político, pudo duránte mucho tiempo guiar
les lo hemos circunscripto, no sólo deja de ser con Sus consejé« ál movimiento socialista inter­
una teoría científica (lo cual estaríamos dis­ nacional, pero no podía formular preceptos y
puestos a admitir), sino que pierde absolutamen­ catecismos para todas las contingencias y todas
te toda clase de importancia; contra esta Segun­ lás complicaciones históricas. La continuación
da consecuencia, aquí, como ya iremos dicho en de la obra política de Marx es mucho más di­
otra parte, protestamos enérgicamente. Sin du­ fícil que la continuación de su obra tientífiba.
da hay algo ábsurdo en el horror que algunos Y si, en este segundo áspecto, los márxistas han
profesan por la ciencia pura y las abstracciones, caído a vecéS én un dogmatismo Científico la­
porque esos procedimientos intelectuales son in­ mentable, algunos hechos recientes purdfen ha­
dispensables para el propio conocimiento dé la cernos temer que cáigán en un dogmatismo mu­
realidad concreta; pero la adoración total y ex­ cho más. ábsurdo aun, él dogmatismo polítifco.
clusiva de las proposiciones abstractas, de las de­ Motivo de temor para los máirxistas más escla­
finiciones, de los teoremas, de los corolarios es recidos, en Alemania Kautsky y Bérnstéin, en
también absurda: como si en eso hubiera cierta Francia Sorel, y el libro reciente de LaBriolá
aristocracia de la mente humana. Los economis­ contienen, á esté respecto, gravéis advertencias.
tas de la economía pura (para no tomar ejem­ 'Noviembre de 1&97.
plos en otras disciplinas, y se podría encontrar
cantidad en las matemáticas puras), podrían
servirnos para mostrar que por regla general no NOTAS
es muy importante ni incluso muy difícil descu­
brir teoremas científicos, estricta, impecable­ (1) Antonio Librióla, profesor en II Uni­
mente científicos. Basta pensar, para convencer­ versidad dé Romá, el más emiñéñté dé 101 mlr-
se, en el gran número de epónimos de los n u e -\ xistas italianos, én un libro reciente (Discorren-
dó di socialismo e di filosofía) lo denomina una
vos teoremas que nos vienen de las escuelas de colosal monografía (económica). Pero en una
Alemania o de Inglaterra. Las redes, con an­ obra anterior (In memoria dei Manifestó dei
chas mallas, de las abstracciones y de las hipó­ Communisti) lo había denominado u h k filosofía
tesis, dejan escapar, inaprensible, la realidad dé la h isto ria .
concreta, es decir el propio mundo en el cual (2) No me refiero a los que consideran
ley dél valor- trabajo como la ley g e n e r a l del
vivimos y nos movemos, y que nos interesa co­ valor. La reful'áció'n es simple. ¿Cómo podría ser
nocer. Marx, como sociólogo, sin dudá no nos “genérál”, púesio que no tiene en cuenta toda
ha dado definiciones sutilmente elaboradas del una categoría de bieiiés económicos, los bienes
hecho social, como se encuentran en los libros en los cuajes no se puede aumentar la cantidad
por el trabajo?
de ciertos sociólogos contemporáneos, de Sim-
(3) Werner Sombart, “Zur Kritik des öko­
mel y Stamler en Alemania, de Durkheim en nomischen Systems von Kárl Marx”, en el Ar­
Francia; pero nos enseña (incluso con sus pro­ chiv für soziale Gesetzgebung und Statistik vol.
posiciones aprpximativas por el contenido y pa- VII, 1894, pp. 555-594. Lamento no tener á ma­
radojales en la forma), a penetrar en lo que es, no, para citarlo, el estudio crítico (desdé él pun­
to de vista hedpnista), de este artículo y del
en su realidad éfectivá, la sociedad, y aun, des­ tercer volumen de El Capital, hecho el año pa­
de ese punto de vista, me asombra que á nadie sado por Bohm-BaWerk y publicado en él Re-
fcé le haya ocurrido denominarlo: “él más nota­ euéil d’etudés con motivo dél jubileo dé Knies.
ble continuador de Alaquíaselo”. (4) Ob. cit. p. 571 y ss.
Una observación todavía sobre el tercer pun­ (5) Neue Zeit, vol. I, pp. 4-11, 37-44.
to. Si el programa social del márxi'srnó no pue­ (6) “Sur la theorié márxisté dé 31 vllfeur",
de estar contenido todo entero en lá ciencia én el Journal des Ecohómistes, húmero dé ma­
yo de 1897, pp. 222-31.
marxistk ni en ninguna otra ciencia, la práctica
cotidiana de la política socialista no puede, tam­ (7) “Üiscorrendo di Socialismo e di íiloso-
fia”, p. 21.
poco, estar contenida toda entera en los princi­ (8) Es preciso recordar que un h e c h o c o n ­
pios generales del programa. Ese programa, al c r e t o puede no ser Un h e c h o e m p í r i c o , sino un
analizarlo, nos da: 1?) un fin último (la organi­ hecho construido por hipótesis y p u r a m e n t e i m a ­
zación técnica dé la sociedad); 2”) una ratón g i n a r i o , o un hecho p a r c i a l m e n t e é m p í r i c o , es
decir de existencia fragmentaria en la realidad
histórica de este fin, buscada en las tendencias empírica. Veremos más adelante que la premisa
objetivas de la sociedad moderna (necesidad de lógica dé Marx precisamente tiéñé esté ultimó
U disolución capitalista, y Prgahizáción comu­ carácter.
(9) Acepto de buena gana la expresión em­ lo en eso puede consistir el progreso científico.
pleada por Labriola que además ya he utilizado Las exposiciones que se han hecho del sistemm
hace un año. de Marx son simplemente materiales; incluso a
(10) Al hacer una hipótesis de esta clase, veces consisten, como la de Aveling, simplemen­
Marx veía con toda claridad que, en ese caso, te en una serie de resúmenes de los diferente»
‘•el tiempo de trabajo desempeñaría una fun­ capítulos, más oscuros que el propio original.
ción doble; por un lado, como medida de valor, (17) “Para realizar, integralmente, esta cri­
por otro, como medida de la parte individual tica de la economía burguesa, no basta conocer
que corresponde a cada productor en el trabajo la forma capitalista de producción, del inter­
común” (andrerseits dient die Arbeitzeit Zu­ cambio y de la distribución. Es preciso estudiar
gleich als Mass des individuellen Antheils der también, por lo menos en sus rasgos esenciales,
Producenten an der Gemeinarbeit, und daher y tomarlas como términos de comparación, las
auch an dem inidviduell verzehbaren ’heil des otras formas que la han precedido en el tiempo
Gemeinprodukts) Das Kapital, I p. 45. o que existen paralelamente en los países me­
(11) Esta sociedad productora, no son los nos desarrollados. Esta investigación y esta com­
productores u obreros de nuestra sociedad capi­ paración, hasta el momento sólo han sido he­
talista, que son una clase, es decir una fracción chas, y en forma sumaria, por Marx, y debemos
de la sociedad económica, y no la sociedad eco­ casi exclusivamente a bus investigaciones lo que
nómica y abstracta, productora de bienes cuya sabemos de la economía teórica preburguesa”
cantidad puede ser aumentada por el trabajo. (Engels, Antidühring). Engels escribía esto hace
(12) Se podría dudar de este alcance general veinte años; desde entonces, la literatura histé­
del valor-trabajp, considerado, como de aplica­ rico-económica se ha desarrollado extraordina­
ción general en toda sociedad económica pro­ riamente; no obstante la investigación histórica
ductora, en el pensamiento de Marx y Engels, en muy pocas ocasiones ha sido acompañada de
si se recuerdan numerosos pasajes en los cuales la investigación teórica.
ambos, en varias ocasiones, afirmaron que: en (18) “La economía política es esencialmente
la sociedad comunista del futuro el criterio del una ciencia histórica” (Engels, ob. cit. p. 150).
valor desaparecerá y la producción será regula­ (19) Es extraño comprobar que Engels (es
da por la utilidad social cf. los “Umrisse” de el pasaje citado en la penúltima nota) dice con
Engels, de 1844; Marx, “Miseria de la Filoso­ mucha exactitud que Mapc ha hecho theorelis-
fía”; Engels, “Antidühring”. Pero esta afirma­ che Oekonomie, en cambio, en el pasaje citado
ción tiene que ser entendida en el sentido que, en la nota anterior (extraído del mismo libro
por no estar esa sociedad comunista hipotética y casi de la misma página), afirma resuelta­
basada en el intercambio, la función dei valor mente que la economía en el sentido marxiste
(de cambio) perdería, según ellos, toda impor­ no es más que una ciencia histórica!
tancia práctica, pero no en este otro sentido: que (20) “Antidühring”, págs. 150, 155,
para la conciencia de la sociedad comunista el
valor de los bienes no sería ya más igual al tra­ (21) “Das Kapital”, I, p. 67.
bajo que cuestan a la sociedad. Todo lo contra­ (22) F. A. Lange, “Die Arbeiterfrage".
rio, en una forma de organización económica se­ (¿3) Adolf Wagner, “Grundlegung der poli-
mejante, el valor trabajo sería la ley económica tischen Oekonomie”, vol. I, libro I, cap. I, “Die
que dominaría completamente en la apreciación wirthschafliche Natur de3 Mensehen”.
de los diferentes bienes producidos por el tra­
bajo. Se tendría entonces una simplicidad de (24) Permítaseme hacer notar que, en ros
evaluación, como la que Marx describe en su estudios, los economistas cometen de ordinario
Robinsonada; Das Kapital I 43. un error muy grava al hacer coincidir el con­
(13) “Devenir social”, noviembre de 1895, pp. cepto de lo "económico" con el de "egoísta". Le
817 y siguientes. actividad económica es una esfera independiente^
al lado de todas las otras actividades humanas,
(14) También Marx en "Der Fetischcharak­ como la esfera ética, la esfera estética, la esfera
ter der Waare und sein Geheimniss” esbozaba lógica, etc. Los bienes mcrales y la satisfacción
someramente las otras formas económicas: la so­ de las necesidades morales más elevadas del
ciedad medioeval, la economía doméstica, etc. hombre, por el hecho de ser bienes y necesida-
“Alle Mysticismus der Waarenvelt, all der Zau­ des, pertenecen al dominio de la ciencia eco­
ber und Spuk, welcher Arbeitsprodukte auf nómica, pero, por otro lado, sólo lo son por su
Grundlage der Waarenproduktion umnebelt, condición de bienes y necesidades y no en su
verschwindet daher sofort, sobald wir zu andern calidad de morales o inmorales, egoístas o al­
Produktionsformen flüchten”. La relación que truistas. Al igual que toda manifestación (por
existe entre el valor y el trabajo aparece, con la palabra, o poi cualquier otro medio de ex­
mayor evidencia, en las organizaciones económi­ presión) pertenece al dominio de la estética, pe­
cas menos complicadas, porque está menos con­ ro solo en su condición de manifestación y n®
trariada y menos oscurecida por otros hechos. por su calidad de verdadera, falsa, moral. In­
(15) Das Kapital, I. III, sect III, cap. XIII, moral, útil, perjudicial, -etc. Los economistas es­
XIV, XV: “Gesetz des tendentiellen Falls der tán aún bajo la impresión del hecho que Adam
Profitrate” (vol. III, P.I, pp. 191-249). Smith haya escrito una teoría de la ética y una
(16) Los marxistas deberían abocarse a li­ teoría de la economía, y muchos han creído qua
berar el pensamiento de Marx de la forma li­ en una trató la teoría de los hechos altruistas
teraria que le ha dado, a estudiar de nuevo y y en la otra la teoría de los hechos egoístas. Pe­
completamente los problemas que plantea y a ro de ser así, Adam Smith habría tratado, en
darles fórmulas nuevas y más precisas, nuevos una y otra de sus obras fundamentales, hechos
desarrollos y nuevas ilustraciones históricas. Só­ de naturaleza ética, dignos de »probación o de

Mu m e h c I \* / juN í<a is>e»


desaprobación moral y no hubiera sido un eco­ tile acaba de exponer y criticar la concepción
nomista. ¡Extraña consecuencia! metafísica juvenil de Marx.
(25) “Discorrendo di socialismo e di filoso­ (29) Confieso no haber podido c o m p re n d e r,
fía”. aunque lo intenté, el sentido de este pasaje (que
(26) E s curioso que, incluso los economistas tiene no obstante que ser muy claro, puesto que
de la economía pura, tengan necesidad de otra se le cita a menudo y sin comentarios) del pre­
explicación, lo cual los lleva a afirmaciones facio a la segunda edición de E l Capital: “Meine
contradictorias y a dificultades insuperables. diale ktische Methode ist der Grundlage nach
Pantaleoni (“Principi di economia pura”) critica von der Hegel’schen nicht nur verschieden, son­
a Böhm-Bawerk, y se pregunta dónde el deudor dern ihr direktes Gengentheil. Für Hegel ist der
del capital conseguirá lo necesario para pagar el Denkprocess. dei. er sogar unter der Name Id ee
interés. Pareto (Introducción a Karl Marx, El in ein selbstädiger Subjekt verwandelt, der
Capital) nota 1: “Los fenómenos de la p lu s v a ­ Demiurg des Wirklichen, das nur seine äussere
lía están en contradicción con la teoría de Marx,
Erscheinung bddet. Bei mir ist umgekehrt d as
td e e le nichts andres als das im Menschenhoi.f
que determina el valor sólo por el trabajo. Pero, umgesetzte und übersetzte Materielle”. (Das
por o tra p a rle , h a y ah í u n a a p ro p ia c ió n seme­ Kapital, I, p. XVII). Me parece que el Id e e lle
ja n te a la q u e co n d en a M a rx . No está demos­
trado que esta apropiación sea útil para obte­ de la última proposición no tiene ninguna rela­
ner el máximo hedonista del individuo y de la ción con el D en k p ro ce ss y con la Id ee hegelia­
especie. P e ro es u n p ro b lem a d ifícil encontrar na de la penúltima proposición. Algunos han
el m edio d e e v ita r e s ta a p ro p ia c ió n ". Un gran
creído que quise negar con mis objeciones la
economista italiano ha intentado conciliar los inspiración hegeliana de Mafx. Quizás sea útil
puntos de vista de la escuela hedonista y de decir que me niego simplemente a admitir que
la escuela ricardo-marxista, G. Ricca Salerno exista una re la c ió n lógica entre esas dos teorías
“La teoría del valore nella storia delle dottrine de la historia. ¡Negar la inspiración hegeliana de
y dei fatti economici”.
Marx sería negar la evidencia!
(30) “Antidühring”, part. I, cap. XIII.
^27) N o sin razón el demasiado criticado
Dühring observaba que en las obras de Marx (31) Algunas de estas cuestiones se estudian
pparecen demasiado a menudo expresiones “que en la obra de Gentile “La filosofia di Marx”.
parecen generales sin serlo en realidad” (allge­ (32) Ya Lange, a propósito de El Capital de
mein aussehen ohne es zu sein): “Kritische Ges­ Marx, observaba que la dialéctica hegeliana, “el
chichte der Nationalökonomie und des Socialis­ desarrollo por antítesis y conciliaciones, podría
mus”. casi- llamarse un d e sc u b rim ie n to an tro p o ló g ico .
(28) Gentile, “Una critica del materialismo Sólo que, en la historia como en la vida del
ítorico” en los Studi storice de Crivellucci, vol. individuo, el desarrollo por antitesis n o se r e a ­
VI, 1897, págs. 379-423, expresa sus dudas sobre liza in d u d a b le m e n te ta n fácil y ra d ic a lm e n te , n i
la interpretación realista que he dado del pen­ con ta n ta sim etría , com o en la co n stru c c ió n e s ­
samiento de Marx y de Engels, e incluso sobre mi p e c u la tiv a " . (Die Arbeiterfrage).
método de interpretación. Reconozco, con bue­ (33) Sobre las clases a b s tra c ta s de la eco­
na voluntad, que, en mis dos trabajos preceden­ nomía marxista y las clases re a le s o h istó ric as,
tes, no indiqué el punto preciso donde termina ver las observaciones de Sorel, art. cit. del “Jour­
la interpretación de los textos y donde comien­ nal des Economistes”.
za la parte propiamente teórica; esa exposición (34) G. Gentile, ob. cit., en “Studi storici”.
teórica sólo puede considerarse conforme al pen­ (35) Su odio por lo que denomina la esco ­
samiento íntimo de Marx y Engels por conjetura lá stic a es realmente excesivo, pero no es ino­
y en el sentido indicado antes. En su volumen portuno, incluso en su exceso, como una reac­
reciente, “La filosofía di Marx”, Gentile observa ción contra las costumbres corrientes de los li­
que si es cómodo, y en algunos casos legítimo teratos puros, de los simples eruditos, de los
y necesario “interpretar las doctrinas afirmando razonadores en el vacío, de los juglares del pen­
que parte de lo que enuncian son escorias o ele­ samiento abstracto, y de todos aquellos que
mentos accidentales, o exteriores y caducos, y pierden el sentido de la conexión íntima entre
que otra parte constituye la sustancia verdadera la ciencia y la vida.
y vital”, sin embargo es necesario justificar esta (36) “Discorrendo di socialismo e di filosofia".
interpretación de alguna manera. Entiende así,
sin duda, que es necesario “justificarla como in­ (37) “Intorno alia storia della cultura” (Kul­
terpretación histórica”, poraue es indudable su turgeschichte) en “Atti dell’Accad. Pont”, vol,
Justificación como corrección teórica. Me parece XXV.
que no es difícil justificar históricamente esta (38) “Si se entiende por cristianismo úni­
interpretación, si se considera que (como lo dice camente el conjunto de creencias y esperanzas
Gentile), Marx no ha insistido sobre su construc­ sobre el destino humano, esas creencias —escri­
ción metafísica, mientras ha insistido sobre sus be Labriola—, en realidad son tan variadas que
puntos de vista históricos, que constituyen el hay diferencia, para no citar sino una, entre
centro de su crítica de la sociedad actual, y de el libre arbitrio del catolicismo posterior al con­
Ja política que preconizaba. La personalidad de cilio de Trento y el determinismo absoluto de
Marx, considerado como sociólogo y como jefe Calvino.”
de un movimiento social, supera sin duda a la (39) Aparte de la obra, bastante poco me­
del Marx metafísico, que sólo lo fue, por así tódica, de Westermarck, History of human ma-
decirlo, durante su juventud. No creo por otra rriage, ver, en particular, el libro de Frnest Gros­
parte que no sea interesante estudiar a Marx se “Die Fo-men der Familie und die Formen
desde todos los puntos de vista; el propio Gen- der Wirthschaft”,
CU *B SBN O S De M ARCH«
(40) Estas relaciones aparecen expuestas en a una solución objetivamente falsa, pero »aSJk-
pocas palabras, pero con gran exactitud, en la tivamente moral, porque, desde el punto de viste
obra de Ingram “Histoire de l’economie politi- de la ética, está inspirada en la pureza y la »1»»
que”. ceridad de la intención.
(41) Ver Marx. “Miseria de la Filosofía”, p. (51) La palabra comunismo es más exaeto
167 y siguientes; Éngels, “Antidühring”, p. 1 y porque hay muchos socialismos (democrático,
stes. del Estado, católico, etc.). Sobre las relaciones
(42) Sobre las máximas hedoníslas, cf. Ber- entre la doctrin materialista de la historia jr
tolini Pantaleoni, “Cenni sul concetto di massi- el socialismo, ver Gentile.
mi edonistici individuali e collettivi”, en el (52) Pantagruel, III, 39-43.
Giornale degli economisti; cf. Coletti, en el (531 El absurdo de esta interpretación paro»
mismo Giorn., vol V. cerá evidente si se observa que muy » menudo
(43) Como ilustración de este empleo me- el capitalista industrial paga por el trabajo del
tafísico de la palabra ciencia, ¿no existe en Ita­ obrero un precio superior al que obtiene en »1
lia hasta una Rivista di polizia scientifica? mercado: es cierto que en estos casos el capita­
(44) “Cours d’economie politique”. lista marcha hacia la ruina y la bancarrota; peí»
(45) Cf. también su crítica, ya citada, de no siempre es posible evitarlos. “Marx parte do
Marx, p. XXXVI. las investigaciones realizadas por la escuela In­
(46) “Salvo Inglaterra, donde reina el libre glesa, de las cuales habría hecho un estudio pro­
cambio, principalmente porque favorece los in­ fundo, y quiere explicar el beneficio sin admitís
tereses de algunos empresarios, el resto de los ninguna deshonestidad." (Sorel, arh c ii p . 227X.
países civilizados se inclina cada vez más hacia (54) Ver er el “Antidühring”, p. 308, la Jus­
el proteccionismo.” tificación histórica de la división de clases.
(47) Ver el “Giornale degli economisti”, ex­ (55) En apoyo de esta interpretación, cf. “An­
celente desde el punto de vista crítico, y en par­ tidühring”, págs. 152-153, 206, y especialmento
ticular las “Chroniques” de Pareto. págs. 161-162; el prefacio a la traducción alem*»
(48) Puede observarse que la dificultad de na de “La miseria de la Filosofía”, 2» edic., Stutt-
separar lo puramente científico de lo práctico, gart, 1892, cf. también Labriola, ob. c it
es la causa principal de las dificultades y de (56) Ver en Labriola, ob. cit., las profundo*
la pobreza de las ciencias sociales y políticas. observaciones sobre las dificultades que enfrenta
V cabe sonreír frente, a esos naturalistas d sus la doctrina del materialismo histórico er¿ el es­
ingenuos admiradores, que pretenden salvar las tado de ánimo de los que quieren “moralizar el
ciencias sociales y políticas por aplicación de socialismo”.
los métodos, según sus propias expresiones, de Esas discusiones sobre la ética de Marx re­
las ciencias naturales. (Un astrónomo italiano, cuerdan la crítica que se le hizo tradicional-
tan ingenuo como sabio distinguido, propuso la mente a la ética de Maquiavelo, crítica en la
creación de observatorios sociológicos, qu» per­ cual triunfó De Sanctis (en el notable capitula
mitirían a la sociología ser, en pocos años, algo que consagró a Maquiavelo en su “Storia della
semejante a la astronomía.) Pero la cosa no es letteratura”), pero que se repite constantemente
tan simple; los sociólogos tienen todos la inten­ y que reencontramos incluso en la obra del pro­
ción de aplicar métodos exactos; pero, ¿qué que­ fesor Villari, que reprocha a Maquiavelo el na
dan de estas aplicaciones cuando se marcha per haberse planteado el problema moraL
ignes, sobre un suele que va, como diría Dante: Siempre me he preguntado por qué razón, a
“d’una e d’altra parte raiz de qué obligación, de qué contrato, Maquia­
Si come l’onda che fugge e velo tenía que estudiar toda clase de problema*
s’appressa?” 'neluso aquellos para los cuales no tenía la me­
(49) Ver el prefacio a la traducción alema­ nor competencia y la menor simpatía. ¿Se pueda
na de la “Miseria de la Filosofía”, 2^ edit. Stutt- por ejemplo, reprochar a un químico no habar
gart, 1892. ascendido de sus investigaciones particulares has­
ta los problemas generales y metafísicos sobra
(50) Las ciencias normativas tendrían como los principios de la realidad? —Maquiavelo parta
fin comprobar los medios y las condiciones ne­ de la comprobación de un hecho' el estado da
cesarias para alcanzar fines determinados; pero lucha en el cual se encuentra la sociedad, y su­
sólo pueden establecer reglas generales o pro­ ministra reglas de conducta conformes a esta
bables, cuya aplicación al caso concreto perte­ situación de hecho. ¿Por qué razón tenía qu*
nece, en última instancia, al dominio de las opi­ exponer él, que no era un filósofo moralista, la
niones y de los cálculos individuales: por esa ética de la lucha? va derecho hacia las conclu­
razón antaño se consideraban artes (arte médico, siones prácticas. Los hombres son malos, afirma
arte político, arte poético, etc.), lo que actual­ y, frente a hombres malos, son necesarios proce­
mente se denomina ciencias normativas. Si nos dimientos malos. Engañarás a quien te engañe.
limitamos a las ciencias propiamente dichas, in­ Harás violencia a quien te haga violencia. Esta*
cluso la ética mas absoluta conoce conflictos da máximas no son ni morales, ni inmorales, ni
deberes, que no puede solucionar porque se plan­ beneficiosas ni perjudiciales; son una cosa u otra
tean entre elementos cuantitativos, que el indi­ según los fines subjetivos y los efectos objetivos
viduo tiene que calcular en cada ocasión. ¿Quién de la acción, según las intencione* y los re­
puede resolver, por ejemplo, el antiguo con­ sultados. Pero es indudable que una moral que
flicto entre los deberes del soldado y los deberes quisiera introducir en la guerra las máximas de
morales y sociales, salvo el propio individuo que las épocas de paz, sería una moral para cordero»
es la sede de ese conflicto? (ver: De Vigny, “Ser­ que se quiere degollar y no para hombres que
vidumbre y grandeza militar”). Este puede llegar quieren rechazar la injusticia y afirmar su da-

NUMKRCJ 14/JUNKX I»«« *«***> má


recho. "Y si los hombres íueran todos buenos, Ausgang der klassichen deutschen Philosophie”,
este precepto no sería bueno, etc. etc.,” d'ice el 2* edit., Stuttgart, 1895, págs. 59-62; cf. Andler,
propio Maquiavelo (El Príncipe, cap. XVIII). Vi- en la “Revue de metaphysique”, 1897; Labriola,
llari aún sigue atascado en estas viejas fórmulas ob. citada; Gentile ob. citada. Desde este punto
“el fin justifica los medios”, el “fin moral”, los de vista (y limitando esta afirmación a la teoría
“medios inmorales”. No obstante, basta reflexio­ del conocimiento), se podría hablar como La­
nar un poco para comprender que los medios, briola de un materialismo histórico como filoso­
simplemente por el hecho de ser medios, no fía de la praxis, es decir una manera particular
pueden ser morales, ni inmorales; sólo están bien de concebir y resolver e incluso superar el pro­
adaptados o mal adaptados. Medio inmoral es blema de las relaciones entre el pensamiento y
una contradicción en los términos, si es que no el ser. La filosofía de la praxis fue estudiada
es simplemente una expresión del lenguaje co­ por Gentile en el volumen citado.
rriente. Sólo el fin es pasible de ser calificado (60) Algunas interpretaciones podrían ser
como inmoral o moral. Un análisis más profun­ sólo simples explicaciones de palabras. A mu­
do de esos ejemplos que se acostumbra citar, chos les parece extraño que el socialismo tienda
demuestra que no se trata de medios inmorales, a la abolición del Estado. Sin embargo basta
sino de finos inmorales. La confusión llega al señalar que el Estado para los socialistas es si­
extremo cuando se introduce en los problemas
la distinción absurda entre moral privada y moral nónimo de diferencia de clases, y de existencia
pública. de clases dominantes y de gobierno, para com­
Que se me excuse esta digresión, pero proble­ prender que, al igual que se puede hablar del
mas totalmente análogos se plantean respecto a origen del Estado, también se puede hablar de
las máximas éticas del marxismo. su fin: lo cual no significa el fin de la sociedad
(57) Podríamos comparar aquí las rebeliones sometida a reglas (cf. “Antidühring”, p. 302). Es
de los campesinos, sobre los cuales Italia, estos preciso una gran elaboración crítica para llegar
últimos años, nos ha suministrado más de un a concebir la manera como ferminari económica­
ejemplo, con las luchas políticas de los obreros mente la sociedad capitalista; sobre este punto,
alemanes o con las luchas económicas de los el pensamiento de Marx y Engels es oscuro y
"Trades Unions" de Inglaterra. contradictorio (cf. Antidühring).
(58) Ver, en particular, part. I, cap. IV, “Mo­ (61) Ver Ch. Andler, “Los Orígenes del So­
ral und Eecht. Ewige Wahrheiten”. cialismo de Estado en Alemania”. Andler anun­
(59) Ver en particular los pensamientos de cia un nuevo libro y actualmente realiza una
Marx, über Feuerbach de 1845, en apéndice al serie de conferencias sobre la descomposición del
Mtudío de Engels, “Ludwig Fuerbach und der marxismo.
o.

/■

LA FORMACION DE LAS
IDEAS FILOSOFICAS
DE KARl MARX
OS Anbí 1642-1843 constituyen la segunda to más intensificaban el proceso dé su "pér|ls#>
L etápa de lá formáción de lói conceptos
filosóficos de Marx. Es la épócá* entre -otros,
cionamiento”, más y más esa filosofía se volví«
absurda.
dé los artículos de la Rheinische Zcitung y del Marx, á diferencia de los jóvenes hegeB*r
rnanuscritó incoriipletó lituládo: Contribución ¡a nos, no opone las diferentes partes de la filo­
la crítica de la filosofía del derecho de Hcgel. sofía de Hegel. Toma como punto de partida,
Lenin habla de los artículos de Rheinische para emplear la expresión de Engels “los hecho«
Zéitung para situar el pasaje de Marx del idea­ testarudos”. Estudiando la realidad objetiva,
lismo ál materialismo y del democratismo re­ desde el punto de vista revolucionario, Marx
volucionario al comunismo. El manuscrito de íe opone á la filosofía hegeliana en su conjunto.
lá Contribución á la crítica de la filosofía del Lá defensa de la libertad de prensa maros
derecho de Hegel, que fue desconocido pára el comienzo de la acción de Marx. Sus exigen­
Lenin, también debe ser relacionado con este cias revolucionarias se diferencian en numeroso«
periodo de transición. aspectos de aquellas de la oposición burguesa
La evolución de las ideas de Marx suscita que, en Alemania, se caracterizó siempre por su
un vivo interés. Es de Hegel que partieron los espíritu de indecisión y un carácter equívoco.
hegeliános de izquierda. Es también de Hegel El 14 dé enero de 1842, el gobierno prusiar
que partió Marx. Pero ambos procesos era radi- no decreta una nueva instrucción para la cen­
calmante diferentes; Marx, lo mismo que los sura. El 10 de febrero, Marx propone a Ruga
hegeliános de izquierda, sacó conclusiones revo­ un artículo: “Observaciones sobre la nueva ins­
lucionarias de la filosofía de Hegel. No obstan­ trucción para la censura prusiana”, para la re­
te, las conclusiones de los hegeliános de izquier­ vista Deutsche Jahrbücher.
da no eran sino el resultado de la evolución ló­ La instrucción para la censura, brillante­
gica de la filosofía hegeliana. Es cierto que apo- mente criticada por Marx, suprimía la liber­
yabán sus deducciones en materiales históricos, tad de la prensa y pedía a los escritores que sa
pero no podían verlos sino a través del prisma limitaran a no exponer sino una verdad “mo­
de la filosofía hegeliana, el más lógico, sin em­ desta” y “seria”.
bargo, de todos los sistemas idealistas posibles. Marx saca a luz el hecho de que esta ins­
Oponiendo entre ellos los diferentes aspectos de trucción está basada sobre la iáea de la desigual­
lá filosofía de Hégel (era ,1o que hacían los jó­ dad de clases. Los funcionarios, como resorte*
venes hegeliános) Se llegaba inevitablemente a. del Estado burocrático y policial, son todopo­
su destrucción. Y cuanto más se dedicaban a derosos. Todo depende de sus motivos subjeti­
oponer un aspecto de esta filosofía a otro, cuan- vos; actúan fuera de toda norma objetiva. El

nuM Éna ia / j u n i <3 lo sa PAO. «S


Estado ubica a los funcionarios por encima de nueva instrucción para la censura”, había emi­
la sociedad, privada del derecho de utilizar li­ tido ideas democráticas y revolucionarias, las
bremente la prensa. Marx llega a esta conclu­ retoma y las profundiza en los artículos que pu­
sión: “La forma totalmente radical de curarse blica en la Rheinische Zeitung. Lenin escribe a
de la censura sería su abolición pues esta insti­ propósito de la actividad de Marx en ese dia­
tución es mala”. (1) rio: “En 1842 publica artículos en la Rheinische
Las opiniones de Marx expresadas en su Zeitung (de Colonia), en particular una crítica
primer artículo de publicista se diferencian ne­ de los debates en el sexto Landtag renano sobre
tamente de las de Hegel. Aunque Marx no nom­ la libertad de prensa, un artículo sobre las le­
bra a Hegel, la comparación de las posiciones de yes que reprimen los robos de madera, luego
Marx con las del autor de la filosofía del de­ otro donde toma partido en favor de una polí­
recho muestra toda la profundidad de las di­ tica desligada de la teología, e tc .... Es aquí
vergencias entre ambas. Hegel (ver su Filosofía donde vemos a Marx pasar del idealismo al ma­
del Derecho § 39) considera la libertad de pren­ terialismo y del democratismo revolucionario al
sa como admisible si no contradice los intereses comunismo.” (3)
del Estado, los deseos del gobierno. Es cierto Marx consagró sus primeros escritos para la
que aquí, Hegel no tiene en vista un régimen Rheinische Zeitung a los debates que tuvieron
de Estado en general, sino simplemente un Esta­ lugar en el Landtag renano sobre el tema de la
do “real” y “racional”. Pero si recordamos que libertad de prensa. Los landtags eran asamblea»
Hegel definió al Estado prusiano con estos mis­ representativas, o más bien, no eran sino piado­
mos atributos, resulta claro que justifica y de­ sas caricaturas de aquéllas. La “democracia”
fiende el régimen político existente, la “liber­ prusiana se manifestaba en la verborragia de
tad” del Estado policial. Por el contrario, Marx los diputados que no tenían derecho de deci­
reivindica la libertad de prensa cuya limitación dir cuestiones importantes. Pero lo esencial aquí
en su opinión, no corresponde a la idea de li­ es que, en los debates del Landtag renano, se re­
bertad y por lo tanto, representa una violencia flejaba la actitud de las clases sobre la cuestión
para el espíritu. política mayor: la libertad de prensa. Estos de­
La actitud crítica de Marx respecto a la fi­ bates develaban el verdadero carácter de la opo­
losofía del derecho de Hegel está confirmada sición burguesa. Las deliberaciones de los libe­
por su carta a Ruge del 5 de marzo de 1842. rales a propósito de la libertad de prensa tenían
Marx propone a Ruge, para la revista Deutsche siempre un tono indeciso y un carácter de fi-
Jahrbücher un artículo “que presente una críti­ listeísmo.
ca del derecho natural de Hegel, respecto a la Marx considera las divergencias surgidas en
Constitución interior. El fondo de este artículo el Landtag como una manifestación de las con­
se resume en la lucha contra la idea de monar­ tradicciones de clase. Desenmascara tanto las as­
quía constitucional; considerada como una cosa piraciones reaccionarias de aquellos que se opo­
bastarda que se contradice y se aniquila abso­ nen a la libertad de prensa como la inconse­
lutamente”. (2) cuencia de sus defensores. Marx considera la
Procediendo a la crítica de la filosofía del restricción de la libertad de prensa como un pe­
derecho de Hegel, Marx expresa ideas que, ligro para la cultura humana. Al confirmar las
desarrolladas, serán la base de su pasaje del libertades acordadas a los privilegiados, la cen­
idealismo al materialismo y del democratismo sura representa al mismo tiempo una forma de
revolucionario al comunismo. Las consideracio­ despotismo en relación con el pueblo. Liberar
nes revolucionarias de Marx con carácter ente­ a la prensa de la censura seria transformarla
ramente idealista dejan lugar poco a poco, du­ en prensa del pueblo, pues la censura no acuer­
rante el período de su actividad en la Rheinische da la libertad de prensa efectiva sino a un gru­
Zeitung a una noción clara de los intereses ma­ po determinado de individuos. La ley de cen­
teriales y económicos de los hombres. Este giro sura no es una verdadera ley: “trata a la liber­
de su pensamiento le permite asir la base real tad como a un criminal.” (4) Sin embargo Marx
de la sociedad y, más tarde exponer, por pri­ no se contenta con reconocer el carácter pro­
mera vez en las Deutsch-Französischen Jahrbü­ gresista de la libertad de prensa y el carácter
cher, los fundamentos del materialismo histórico. anti-nacional de la censura. Va más lejos. Sos­
En enero de T842, los liberales de la pro­ tiene que la represión de la libertad de prensa
vincia renana fundan un diario , de oposición, está determinada por el régimen de Estado, por
la Rheinische Zeitung. Marx comienza a cola­ la política del gobierno, que garantiza así los
borar en él y, en octubre de 1842, se convierte privilegios de una parte de la sociedad.
en su jefe de redacción. Las opiniones de Marx son esencialmente
Marx que, en sus “Observaciones sobre la diferentes de las reivindicaciones democráticas
burguesas. La condición de la libertad de pren­ todas las demás constituciones pertenecen a un
sa, piensa Marx, no radica únicamente en la grado inferior de desarrollo y de actualización
supresión de la censura. Apoyándose en la situa­ de la razón.” (7)
ción de la prensa en Francia, donde no había El problema de las relaciones recíprocas de
limitación como en Alemania, Marx hace no­ la filosofía, de la religión y de la política ocu­
tar que semejante prensa tampoco puede ser pan un lugar importante en los artículos de
calificada de “libre”, pues la censura espiritual Marx.
está remplazada allí por una censura material: La filosofía, si quiere representar a la
los medios financieros. verdad, debe estar indisolublemente ligada a la
A pesar de su concepción idealista del Esta­ vida, pasar del campo hermético de los siste­
do, Marx va, también en este aspecto, mucho mas al vasto terreno de la política. “Como toda
más lejos que Hegel. Partiendo del concepto de filosofía verdadera es la quintaesencia espiritual
un Estado “único”, Marx pone en primer plano de su tiempo, necesariamente debe llegar el mo­
la idea de la representación del pueblo. Los di­ mento en que la filosofía entrará en contacto y
putados que sesionan en el Landtag no pueden acción recíproca con el mundo real de su tiem­
ser considerados como representantes del pue­ po, no sólo interiormente por su contenido, sino
blo. “La provincia —señala— debe luchar no también exteriormente por su forma. La filoso­
tanto por la voz de sus representantes, sino con­ fía deja entonces de constituir un sistema d o
tra ellos mismos.” (5) Los intereses de toda la terminado frente a otros sistemas det.— uñar
sociedad deberían estar representados en el dos; se transforma en la filosofía en general an­
Landtag. “La provincia, escribe Marx, exige que te el mundo, se transforma en la filosofía d d
las palabras de los estados provinciales se trans­ mundo contemporáneo.” (8)
formen en la voz del país, audible para el pú­ Hay que examinar los problemas político*
blico.” (6) desde el punto de vista filosófico y no desde d
No existe vida política libre sin representa­ punto de vista religioso pues “la sabiduría d»
ción del pueblo. Ésta es tan necesaria para la aquí abajo, la filosofía, tiene más derecho a in­
sociedad como el aire es necesario para el hom­ teresarse en el reino de este mundo, en el E»-
bre. tado, que la sabiduría del más allá, la reli­
También en esos artículos Marx se aleja de gión.” (9)
la filosofía de Hegel. Oponiéndose a Hegei que Ya en esta época el lazo entre la religión y
considera que el estado prusiano es la expresión la política es muy claro para Marx. Tiene con­
del Estado ideal y se opone abiertamente a la ciencia plenamente de que, en los estados con­
representación del pueblo, Marx califica al es­ temporáneos, la definición de la religión es: “re­
tado prusiano de sistema que ahoga toda liber­ ligión de dominación, c u lto .. . de la voluntad
tad y reivindica la representación del pueblo del gobierno.” Bacon calificaba a la física teo­
como condición necesaria de la libertad. lógica de hija estéril y, trazando los límites d»
Marx desarrolla luego esta idea en un ar­ la teología y de la física, transformaba a esta
tículo referente a las “comisiones de los estados última en ciencia fecunda. Da la misma manera,
en Prusia”. La realización del concepto de Es­ la teoría de la filosofía es liberar a la política
tado, afirma Marx, es imposible sin la organi­ de la teología y fundar una verdadera ciencia
zación de una representación popular. El poder política.
representativo debe servir para expresar los in­
tereses de todo el pueblo y no ser un monopolio Marx rechaza categóricamente a la religión.
de las clases privilegiadas. La verdadera repre­ Según él, la conciliación de la ciencia y de la
sentación es la del pueblo por sí mismo. fe equivale a un renunciamiento de toda cien­
Así Marx, se opone categóricamente al he­ cia. U n profundo abismo separa a Marx d«
cho de que el pueblo esté privado de derechos Hegel, para quien la fe y la ciencia no se so­
políticos y defiende los principios de un Estado paran esencialmente una de otra, sino que ex­
democrático. La oposición entre los puntos de presan un solo y mismo contenido bajo dife­
vista de Marx y de Hegel es evidente. Hegel rentes formas. La ciencia, escribe Hegel, es la
consideraba que la monarquía era la forma su­ expresión del espíritu absoluto. La fe expresa
perior del Estado, el régimen más racional. Con­ lo mismo pero bajo un aspecto particular, im­
siderando como “abstracta” y “carente de espí­ perfecto. “La fe no se opone a la sabiduría,
ritu práctico” la reivindicación de un régimen —escribe Hegel— ella misma no es más que uní
democrático, Hegel escribía en la Filosofía del forma particular de la sabiduría.” (10)
espíritu: “La forma de Estado más perfecta es D e esta manera, desde la primera época di
la monarquía. La constitución monárquica es su actividad, Marx relaciona estrechamente li
pues la constitución de la razón desarrollada, lucha teórica y la lucha política práctica. Li
teoría parí él, no es un fin en sí mismo, sino pósito de la definición de los “robos de made­
an instrumentó de lucha revolucionaria. ra” y de la instauración de medidas de repre­
Esta toma dé posición profundiza la diver- sión reflejaban los intereses de la propiedad pri­
|w¡nría entre Marx y los jóvenes hegelianos que vada. Los diputados exigían que se calificara d#
consideran como meta final de. su actividad el “robo” la recolección de madera secá. Marx
sermón ateísta y lá fráseologíá revolucionaria. muestra que semejante forma de abordar lá
En 1838-1841 Marx mantuvo estrecho contactó cuestión es unilateral. La ley debe tomár, como
con Bruno Bauer. Se puede suponer, sin embar­ punto de partida, no motivéis subjetivos, sino el
go, que, á pesar de esas buenás relaciones, ja­ carácter objetivo de la acción.
más estuvieron enteramente de acuerdo. Y a El derecho débe tener en cuenta, concreta­
partir de 1842 comienza una lucha agudá entre mente, caracteres específicos del objeto o de la
ámbos. El hecho está directamente confirmado ácción. Si la ley no debe ser Sino el resultado
por una carta de Engels á Mehring: “cuando, de Una pura abstracción, entonces toda propie­
hacia fines de noviembre (1842 O.B.) en cami­ dad privada puede ser considerada torpe un ro­
no hacia Inglaterra, volví a la redacción dé la bó, pues, abstractamente hablando, la propiedad
Rheinische Zeitung, encontré allí a Marx y fue de un hombre es la negación del derecho a la
en está ocasión que tuvo lugar nuestro primer propiedad de otro. Pero el Landtag no háce usó
encuentro, que fue muy frío. Entre tanto Marx de tal abstracción sino respecto a los campesi­
se hábía alzado contra los hermanos Bauer, es nos. En cuanto a los propietarios de bosques,
decir se oponía á que la Rheinische Zeitung se las medidas de represión se diferencián según
transformara esencialmente en un vehículo de sus intereses.
propaganda teológica, de ateísmo, etc.. . . en lu­ Tomando lá defensa de los intereses de lá
gar de ser el de discusión y de la acción polí­ “masa pobre, desvalida social y políticamente”,
ticas.” (11) Marx demuestra que, según la dialéctica de lá
Los jóvenes hegelianos de Berlín, á, la cabr­ forma y del contenido, el privilegio jurídico y
ía ¡de quienes se encontraba Bruno Bauer, se el concepto de ley nacional no pueden coincidir
calificaban de “Libertos”. Marx criticó impla­ en ningún caso, que los derechos de los privile­
cablemente sus .concepciones y la redacción de giados no pueden servir de contenido a la ley:
la Rheinische Zeitung se negó muchas veces a “Por su contenido los derechos consuetudinarios
publicar sus artículos pues contenían una críti­ de las clases superiores se resisten a ser puestos
ca ábsti*actá dé la, religión y sé limi'tábari a dis­ bájo formá de ley general. No pueden ser ex­
cusiones superficiales sobré él comunismo. Márx presados bajo forma de ley pues son producto
pedía que la crítica de la religión estuviera li­ de la ausencia de leyes. Contradiciendo por su
gada á la crítica dé la ’política, pues, como él contenido la forma de la ley, su universalidad
10 afirmaba, el aniquilamiento de lá religión es y su necesidad, esos derechos consuetudinarios
imposible sin él aniquilamiento de sus bases de pruebah por eso mismo que son injusticias con­
existencia. En cuanto ál comunismo es cierto suetudinarias. . . Deben ser derogados como
que lo rechazaba, pero no conocía más que su contrarios a la ley,” (14)
fónhá cóhtemporánéá. (12) Al mismo tiempo La condición de la unidad de la forma y
Márx séñálaba. qiie no sé podía emitir, tina ápre- del contenido del derecho racional consiste en
ciáción sobre el comunismo sin haberlo estudia­ que éste expresa bajo forma de ley los derechos
do a fondo, que no se podía discutirlo á través de los desposeídos. El derecho puede ser tradu­
dé “resúmenes fortuitos y teatrales”, como lo cido en ley en la medida en que el Contenido
hacían los jóvenes hegelianos. Criticando á los de ésta no contradiga sü forma. El privilegio
“Libertos” Marx escribía á Ruge: “Reclamo, jurídico es la expresión misma de la ilegitimi­
11 se hicierá necesário hablar del comunismo, Una dad. Por lo tanto, la legalización de los dere­
fcríticá totalmente distinta, más fundamental” chos de las clases dominantes confirma la rup­
(13) Éste “examen fundamental” condujo rápi­ tura entre la forma y el contenido de la ley.
damente a Marx á las bases del comunismo cien­ Podríamos preguntarnos en qué se apoya
tífico. Marx, cuando demuestra que es necesario libe­
Los artículos en íó¿ «toles Márx ánalíza los rar a los trabajadores y establecer la unidad del
debates á propósito de los robos de madera re- contenido racional y de la forma de la ley. En
fléjári el cambio de sus conceptos. Encontramos esos artículos, los intereses jurídicos de los hom­
áquí esclarecidos los intereses económicos de las bres descansan sobre sus intereses económicos,
diferentes clases, las relaciones de éstas con él la determinación de las diferentes relaciones so­
Estado. Para emplear sus propios términos, ciales descansa sobre lá base de las relaciones de
Marx “vuelve a la tierra”. propiedad.
Las opiniones emitidas en el Landtag a pro- Los propietarios privados colocan sus intere-

rÁ*». •« c u a p íu n o « nw m a r c h a
te s ante todo y por encima de todo: “El interés dos por el Estado, de los campesinos de Mosela.
privado se considera como la meta final del Exige que el Estado sirva al país y no que éste
mundo.” (15) sirva al Estado. La situación miserable de los tra­
Marx, analizando los debates en el Landtag bajado! es es la confirmación del hecho de que
para la atribución de privilegios particulares a el poder político no se ajusta a lo que exigiría
los propietarios de bosques, demuestra que el Es­ la realidad sino que está en contradicción con
tado existente es el defensor de los propietarios ella, es decir que es reaccionario. Marx caracte­
privados. El Estado instrumento de los intereses riza así la actitud del Estado ante la situación
privados no corresponde a su concepto; es irra­ miserable de los campesinos moselanos: “La
cional. Teniendo esto en cuenta, “la estructura miseria constante de un núcleo del Estado nos de­
del Estado, la determinación de las diferentes muestra la contradicción existente entre la reali­
instituciones administrativas, todo debe salir de dad y las máximas de la administración”. (17).
su cuadro para reducirse al papel de instrumen­ Es natural que los órganos del Estado, apo­
to de los propietarios territoriales, cuyo interés yados sobre bases burocráticas, sean ciegos y
deviene el alma determinante de todo el meca­ sordos cuando se trata de investigar las causa«
nismo. Todos los órganos del Estado se transfor­ de la miseria del pueblo: “Pero la administrar
man en orejas, ojos, manos, piernas, gracias a ción, escribe Marx, no puede, a causa de n
los cuales el interés del propietario de bosques misma naturaleza burocrática, percibir las ra­
escucha, espía, estima, guarda, se apodera, co­ zones de la miseria en la región administrada»
rre." (16) sino únicamente en la esfera de la naturaleza
Una sola idea domina al Landtag: la de la y de los ciudadanos privados que están fuera da
propiedad privada. No ve en el Estado más que la zona administrada.” (18)
una máquina que garantiza la dominación de
Marx critica duramente la desigualdad so­
los explotadores.
cial y política existente y la organización poli-
El análisis de los aspectos materiales de la
tica prusiana, que constituyen un sistema basa­
vida social abre a Marx nuevas perspectivas.
do en la dominación de la propiedad privada,
Era imposible explicar las relaciones materiales
el saqueo a los trabajadores y la carencia de de­
reales sobre la base del idealismo. Así comienza
rechos para éstos.
la evolución de Marx hacia el materialismo y
Si, para Hegel, el organismo político existen­
el comunismo.
te, es decir el estado prusiano reaccionario, es
Las cuestiones planteadas en sus artículos
racional y necesario, para Marx la racionalidad
»obre los campesinos de Mosela muestran al des­
y la necesidad están sometidas al criterio de las
nudo la inconsistencia de los argumentos del
exigencias democráticas revolucionarias. Si H e­
idealismo. Los dos artículos publicados por la
gel ubica al Estado en la base de la sociedad
Cassette Rhenane describen la insoportable situa­
civil, Marx, por el contrario, busca la base d*
ción creada a estos campesinos, su condición
las relaciones políticas en la vida económica y
oprimida y su privación de todo derecho. El
social, es decir en la sociedad civil.
gobernador von Chapper ataca a esos artículos
y discute la veracidad de los hechos citados. Es Estos problemas concretos dan a Marx la
Marx quien le responde. ocasión para dedicarse a un estudio serio y pro­
A partir de la situación de ios campesinos fundo de las relaciones económicas. Escribe a
de Mosela, revela la esencia del estado prusia­ propósito de esto, en el prefacio de la Contri­
no y afirma que no hay que buscar la causa de bución a la critica de la economía política: “En
la miseria campesina fuera de la esfera de ac­ 1842-1843, en mi calidad de redactor de la Ga-
tividad de los órganos administrativos del Es­ zette Rhenane me encontraba por primera ve*
tado, sino dentro de esta misma esfera. Marx en la obligación embarazosa de dar mi opinión
va aún más lejos. Ve la causa del mal en la sobre los llamados intereses materiales. Las de­
estructura de la máquina de Estado. El carác­ liberaciones del Landtag renano sobre los robos
ter del Estado explotador, su misión, es el de de madera y el parcelamiento de la propiedad
servir únicamente a los intereses de las clases territorial, la polémica oficial que von Chapper,
dominantes; los trabajadores, no tienen, en prin­ entonces primer presidente de la provincia re­
cipio, ninguna posibilidad de defenderse. El bu­ nana mantuvo con la Gazette Rhenane sobre la
rocratismo que reina en semejante Estado no se situación de los campesinos de Mosela, en fin,
debe a los antojos de tales o cuales funciona­ los debates sobre el libre-cambio y el proteccio­
rios sino qué es el corolario inevitable del hecho nismo me dieron las primeras razones para ocu­
que las masas populares están privadas de todo parme de cuestiones económicas." (19)
derecho. En la ocasión, Marx defiende enérgi­ La manera de comprender las relaciones so­
camente los intereses y los derechos, desprecia- ciales, haciéndolas descansar sobre la base de

NSJMEfKf t* /J U N S © S*»«* »»A


la» condiciones económicas, hace que resalte Según esta filosofía del derecho, el Estado
con toda la claridad deseada el carácter de la extrae su origen de la familia y de la sociedad
filosofía sobre la cual se apoya Marx. Los prin­ civil. Éstas están presupuestas por aquél. Sin em­
cipios del idealismo son puestos en duda. En bargo, la síntesis de la familia y de la sociedad
lugar de un Estado “uno” existe en realidad civil en el Estado no es más que una síntesis
una sociedad dividida en clases que tienen inte­ conceptual, es decir que no muestra un desa­
reses opuestos. En lugar de un régimen ideal, rrollo real que culmina con el nacimiento del
un aparato burocrático que descarta al pueblo Estado, sino un proceso de devenir de la idea
de toda participación en la vida política. La para sí. En consecuencia, la familia y la socie­
prensa que debería ser una manifestación del dad civil aparecen como momentos del concepto
espíritu popular está transformada en coto de de Estado y por lo tanto como predeterminadas
caza de una minoría de la sociedad. En lugar de ellas mismas por él. Aquí, como lo dice Marx,
la armonía de lo particular y de lo social, el todo está puesto sobre la cabeza. El desarrollo
antagonismo de las clases y la opresión del hom­ real es transformadó en desarrollo fenomenal,
bre por el hombre. ¿Puede entonces decirse de las relaciones reales son captadas a la inversa,
semejante Estado que es la realización de la Idea y todo este proceso no revela sino un movimien­
moral? ¿Se puede tomar el ideal como punto de to de la Idea. Sólo a ella se atribuye la marca
partida cuando toda la vida espiritual, las ac­ de la realidad, y así la “condición está plantea­
ciones de los hombres, sus relaciones recíprocas da como condicionada, la determinación como
están determinadas por las condiciones materia­ determinada, lo que produce como producto de
les? ¿Adonde conduce la lucha de los con­ su producto.” (20) La realidad, en el idealis­
ceptos puros contra un régimen político en el mo, aparece como algo místico, como resultado
cual la influencia ejercida por esos conceptos del movimiento de la Idea hacia la meta. ‘‘El
está determinada por condiciones económicas? hecho del cual partimos no es tomado como tal,
Tales son los problemas con los cuales tropieza sino como resultado místico.” (21)
Marx en el transcurso de su actividad. Les da La realidad como producto de la Idea, el
una solución en la Contribución a la crítica de desarrollo real como fenómeno de desarrollo de
la filosofía del derecho de Hegel. la Idea, la sustitución de la base real y de las
En esta obra, Marx habla como materialis­ relaciones reales por una base mística y por re­
ta, somete a una crítica destructora el idealis­ laciones místicas — tales son los principios del
mo de Hegel en general y su filosofía del de­ idealismo hegeliano en general y de su filosofía
recho en particular. del derecho en particular. “En este parágrafo
Dedica una atención particular al problema (§ 268 ->■ O. B.) —concluye Marx— está en­
de la correlación de lo abstracto y de lo concre­ cerrado todo el misterio de la filosofía del dere­
to en la filosofía hegeliana. En la filosofía del cho y de la filosofía de Hegel en general.” (22)
derecho, como en los demás aspectos de su fi­ Examinemos ahora qué aspecto toma el pro­
losofía, Hegel parte de lo abstracto para ir a lo blema de las relaciones' recíprocas entre lo abs­
concreto. Las determinaciones abstractas del tracto y lo concreto sobre la base de esta com­
pensamiento no son verdaderas por sí mismas; prensión de la realidad.
su verdad descansa sobre lo concreto. La verdad Hegel define el Estado como un organismo.
no está dada inmediatamente. Es proceso, re­ Las diferentes partes del régimen político no
sultado de la apropiación de los pensamientos, constituyen un conjunto mecánico sino una uni­
resultado del desarrollo del conocimiento. Hegel dad orgánica. En consecuencia, el régimen polí­
critica a la metafísica que atribuye un valor ab­ tico es el resultado del desarrollo del organismo.
soluto a las determinaciones abstractas, que no ¿Pero de cuál organismo? Como ya hemos vis­
comprende el desarrollo del pensamiento al to, el término “organismo” define al régimen
“plantear y resolver” las contradicciones y que político. El primero constituye el predicado del
por ello no llega jamás a lo verdaderamente con­ segundo. Hegel pone el predicado en el lugar del
creto. sujeto. El organismo es el régimen político, es
Hasta cierto punto esta crítica es legítima. decir que el desarrollo del organismo es el ré­
Sin embargo el propio Hegel, identificando el gimen político. Hablamos aquí del organismo en
pensamiento y el ser, no sabe liberarse de la general, como de la idea en general. Conclusión:
oposición metafísica de lo abstracto y de lo con- el régimen político es el resultado del desarrollo
sreto. La dialéctica idealista tiene muchos pun­ de la idea. Luego de haber transformado el su­
ías de contacto con la metafísica. Esta analogía jeto en complemento y viceversa, Hegel pasa de
e* particularmente evidente en la filosofía del la idea abstracta de organismo al concepto con­
derecha. creto de organismo, es decir al régimen político.
/
A lo abstracto, que en la filosofía de Hegel tre ellas.” (25) Y más adelante: "Ue siexti®, H»-
es el punto de partida, no corresponde ninguna gel no hizo más que disolver la «org a n in a fa
realidad diferente de ese abstracto. Esta reali­ política» en la idea general, abstracta de «orga­
dad se crea más tarde. El desarrollo hacia lo nismo»; pero aparentemente y, según su propia
concreto o del concepto de organismo no repre­ opinión, extrajo de la «idea universal* el el*
senta ni siquiera el conocimiento de ese desarro­ mentó determinado. Hizo del sujeto un produc­
llo. En realidad, todo sucede al revés. El empleo to, un predicado de la idea. No extrae su pen­
de los conceptos abstractos no demuestra que no samiento del objeto, sino el objeto de un pss»=
exista realidad concreta. Estos conceptos son el samiento que termina en ella misma, y qna
reflejo de la realidad concreta, que no es aún termina en ella misma en la esfera abstracta
reconocida como concreta. de la lógica. No se trata de desarrollar la idea
El concepto abstracto, lo mismo que el con­ determinada de organización política, sino qu«
cepto concreto, es el reflejo de la realidad obje se trata de dar a la organización política una
tiva, concreta, existente. Sin embargo, el con­ relación con la idea abstracta, de hacer de ella
cepto concreto, a diferencia del concepto abs­ un eslabón de la historia de su vida (de la Idea)»
tracto, es el reflejo adecuado de la realidad, re­ lo que es una mistificación manifiesta.” (2S)
cubre la esencia de las cosas. El pasaje de lo La idea abstracta desempeñando el papel é»
abstracto a lo concreto es posible porque son am­ demiurgo milagroso no es, en realidad, nada mía
bos la esencia del reflejo de la realidad concreta. que la abstracción bajo forma de hipostasit é »
No es sino el pasaje de un nivel a otro del co­ los objetos reales. “Hegel —escribe Marx—- pro­
nocimiento. Sólo el pensamiento puede ser abs­ mueve la independencia de los predicados, le*
tracto. Lo que existe objetivamente es siempre objetos, pero lo hace separándolos de su ind»
concreto. Si admitimos la existencia objetiva de pendencia real, de su sujeto. Después, el sujeto
pensamientos abstractos, se puede hablar enton­ real aparece como resultado, cuando hay que
ces de pasaje de la realidad abstracta a la rea­ partir del sujeto real y considerar su objetiva*
lidad concreta, es decir de creación de esta_ últi­ cióri. En consecuencia, es la sustancia místico
ma. En consecuencia, en semejante caso el pa­ la que se transforma en sujeto real y el sujeto
saje de lo abstracto a lo concreto se identifica real se presenta como otra cosa, como un mo­
con la creación de lo concreto. Es ésta la con­ mento de la sustancia mística.” (27)
clusión a que llega Hegel. De esta manera, luego de haber abstraído lo
Marx demuestra que el pensamiento de la realidad concreta y atribuido la independencia
realidad abstracta es místico. En Hegel el pasa­ a los productos de abstracción, Hegel, por eso
je de lo abstracto a lo concreto significa creación mismo, transforma el sujeto en predicado, y o
de la realidad concreta por el pensamiento abs­ la inversa, obliga al predicado, idea abstracta,
tracto. Pero al mismo tiempo, Hegel no puede, a crear la realidad concreta. La consecuencia do
sin traicionar a la dialéctica, hacer surgir de lo semejante mistificación es el pasaje artificial do
abstracto el carácter específico de la realidad lo abstracto a lo concreto y la aparición de uno
concreta. Lo que, por su lado, excluye la posi­ vinculación imaginaria entre ambos.
bilidad de conocimiento científico pues, como lo He ahí donde se apoyan, según Marx, fe«
dice Marx, “una explicación que no da la diffe­ puntos de vista de Hegel sobre la sustancia y
rentia specifica no es una explicación”. (23) Y sobre el mundo empírico, que tiene una signifi­
Marx revela una de las particularidades funda­ cación fenomenal. Develando el secreto de la
mentales del idealismo de Hegel: “El único inte­ mística hegeliana, Marx descubre por ello mis­
rés es el siguiente: encontrar en cada elemento mo las raíces gnoseológicas del idealismo y *1
—ya sea Estado o naturaleza— la «Idea» pura, carácter abstracto de la filosofía de Hegel.
la «Idea» lógica; los sujetos reales... devienen El punto de vista idealista mistifica la dia­
simples denominaciones de la Idea, de manera léctica de la forma y del contenido. En la Filo­
que no tenemos sino una apariencia de conoci­ sofía del Derecho, esta dialéctica está tan defor­
miento real.” (24) mada que es difícil decir qué método Hegel apli­
El resultado es que lo concreto reviste en ca: el método dialéctico o el método metafísico!
Hegel un carácter imaginario. El pasaje a lo ¿Qué reprocha Hegel a la metafísica? En la
concreto no es prácticamente descendido de la Lógica se pronunciaba contra la ruptura de la
esfera de lo abstracto, de lo universal. “No exis­ unidad de la forma y del contenido. La forma
te ningún puente —escribe Marx— que pueda y el contenido constituyen siempre una unidad
hacer pasar de la idea general de organismo a la orgánica. Es absurdo preguntarse cuál de lo«
idea determinada de organismo del Estado o de dos, la forma o el contenido, es esencial. “Am­
constitución política y jamás, en toda la eterni­ bos son igualmente esenciales. No existe conte­
dad, un puente semejante podrá ser tendido en- nido sin forma, de la misma manera que no aab-

N U M S R O l*/»JUN¡<3 Í 9 » 9
fes materia sin forma." (28) La metafísica con­ no de la idea abstracta. Dicho de otra manera,
federa a la forma como exterior, fortuita frente no existe ni puede existir de hecho, forma para
al objeto. “Considera el contenido como esen­ semejante contenido, porque no es real sino fru­
cial c independiente, la forma, al contrario, co­ to de la abstracción. Por lo tanto, la forma del
mo no esencial y dependiente.” (29) interés general queda sin contenido, formal, pues
Se mostrará más adelante que Hegel altera no existe contenido real. “Hegel separa el con­
la dialéctica a cada paso, rompe él mismo la tenido y la forma, el ser «en sí» y el ser «para
unidad de la forma y del contenido y, de esta sí» y hace agregar este último del exterior, como
manera, traiciona el “núcleo racional” de su un momento formal.” (31)
método. La forma, demuestra Marx, no es forma con­
El Estado, escribe Hegel, es la expresión de tinente salvo en el caso en que expresa un con­
lo» intereses generales, la realización del espíri­ tenido real.
tu libre. Sin embargo Hegel, no idealiza sin ob­ De esta maner-a la filosofía idealista torna
jeciones el régimen político existente, no aprue­ imposible la aplicación consecuente del método
ba su contenido real sin condiciones, pues está dialéctico a los fenómenos de la vida social. El
m is o menos obligado a tener en cuenta hechos método dialéctico idealista llega al fin de cuen­
reales y no puede cantar la alabanza del Estado tas a conclusiones metafísicas; no puede servir
sin antes haber “arreglado” esos hechos. de instrumento de explicación de la realidad ob­
Según Hegel, el concepto de Estado supone jetiva.
e! interés nacional, el interés general. En el con­ El alcance limitado de la dialéctica idealista
cepto este contenido existe objetivamente, sus­ aparece de una manera particularmente clara
tancialmente. Sin embargo, es necesario que el cuando estudia la contradicción. Marx muestra
contenido se manifieste en el mundo empírico. que la filosofía idealista y conservadora de H e­
Debe existir, no sólo en sí, objetivamente, sino gel no puede resolver científicamente la cuestión
también para si, subjetivamente. Dicho de otra del origen interno del desarrollo. Nos ocupamos
manera, el interés general debe abandonar la aquí de la alteración y de la mistificación de la
esfera de la abstracción y transformarse en te­ ley de la unidad y de la lucha de los contrarios
ma de los sujetos reales. por Hegel.
La forma misma de plantear la cuestión con­ Definiendo el método dialéctico, Hegel cri­
tiene la mística. N o es de los sujetos que deduci­ tica la metafísica, que estudia las determinacio­
mos el interés general, sino a la inversa, el inte­ nes del pensamiento en la inmovilidad, oponién­
rés genera] deviene sujeto. En Hegel, escribe dolas, una a otra, abstractamente. Las vincula­
Marx, “no son los sujetos quienes tienen nece­ ciones internas y las transiciones de determina­
sidad del interés general, como de su verdadero ciones contradictorias son ajenas a la metafísica.
interés, sino el interés general quien necesita de “La dialéctica, por el contrario, es ese pasaje
ios sujetos para su existencia formal.” (30) inmanente de una determinación a otra, en la
El Interés general existente en lo abstracto cual se ve que esas determinaciones del enten­
se manifiesta bajo forma empírica, es decir de­ dimiento son unilaterales y limitadas, es decir
sdeñe para sí, mediante el elemento clase. Según contienen su negación en sí misma.” (32) La
Hegel el contenido del interés general bajo for­ dialéctica descubre en cada cosa la contradic­
ma del elemento clase, representa la unidad de ción interna, cuyo desarrollo implica la nega­
la forma y del contenido. ción, la superación del objeto. El saber no se
El abismo que separa la existencia en sí y la limita a las determinaciones abstractas del en­
existencia para si llama sobre todo la atención. tendimiento. El entendimiento ve sólo la identi­
El contenido sustancial se constituye antes que dad abstracta, sin diferencia interna. “Pero un
la forma empírica. Si es así, uno puede enton­ examen más sutil nos muestra que lo finito no
ces preguntarse: ¿cuál es la significación de la está limitado sino desde el exterior, pero se su­
forma que expresa un contenido semejante? El prime en virtud de su propia naturaleza y pasa
elemento clase, en tanto forma empírica, no pue­ de sí mismo a su contrario. Así se dice, por ejem­
de servir para representar el interés nacional plo: el hombre es mortal, y se considera la muer­
real. La cuestión no se agota por el hecho de te como una cosa que tiene su razón de ser en
eí elemento clase no sirva, como tal, para circunstancias exteriores; según esta manera de

r forma al interés nacional. Es necesario bus­


car la razón de la ruptura entre la forma y
contenido más profundamente. Sobre la base de
considerar las cosas existen dos propiedades par­
elticulares del hombre: la de ser viviente y tam­
bién la de ser mortal. Pero, la concepción verda­
la concepción general de Hegel, es imposible en­ dera es que la vida como tal lleva en sí el ger­
contrar en realidad una forma que exprese un men de la muerte y que de una manera general
“Interés nacional” que se deduzca del pueblo y lo finito se contradice en sí mismo y por ello se
¿ 41 ■. ¿ ... -
ámilá.” (33) La condición necesaria para cono­ dád aparece en realidad como la reunión arti­
cer là rfcálídad ès comprender que “todo lo rfcal ficial dé los extremos. El poder legislativo ro­
córitierife en sí dètèhnihacióriès contrádifctorias lar,iona mediàntè él gobierno ál monarca eón 1«
y qué, eri consecuencia, él conocimiento, ó trias sociedad civil, y fnédiárité él elemento dàsè r *
rxàctàrrièritfe él hecho dé cafitár al objetó én laciòna á la sociedad civil con él monarca. Adi­
Sii concepto, no significa más qué tomas dé con­ mitiendo incluso, qué là sociedad civil esté me
ciencia dfe esc objeto comò ünidád concrèti de presentada en el elemento clase, là reunión del
determinaciones contradictorias.’* (34) eleménto clásé y del gobierno rió da là loludóa
Así cáda objeto, cadi fenómeno representa dé lá contradicción entré lo individual y lo uni­
uná identidad Concreta, es decir la unidad de lá versal sino qué transporta ésta contradicción *
identidad y dé là diferencia. Esto significa que otra parte. Dicho de otra manera, el mismo tér­
el objetó implica una contradicción interna. La mino medio aparece comò una eontradifcdÓft f
éséñciá dé lá cósa fes la contradicción. Los con­ también exigirla un término medio y asi hasta
tràrie» se determinan unò a otro, y no existen él infinitó. “Aquí —anota Marx— áparéce todo
sin làzo recíproco. La contradicción es la fuente lo absurdo de estos extremos que desempeñan al­
y él principio dèi desarrollo. “Là Contradicción, ternativamente el papel de extremó y de me­
lié áqu} èri suma ló qué rnuéve al mundo, y és dio. Lo que «taba determinado inicialmènte co­
ridículo décir que rió sé puedé pensar la con- mò medió eritré dos extremos àpàrece ahora co­
trádicción.” (35) mo extremo mismo y uno de los dos extremo«
Todo él sistema de Hegel representa un en­ al cual ese medio sérvía como mediadóri còri el
sayo de explicación del movimiento y de los pa­ otro extremo interviene Otra vèr àhòrà corno
sajes de un grado a otro sobre la base de la con­ medio entré él rriedio precedente y él otro w
tradicción. Sin embargo, en la filosofía de He­ tremo.” (37) Hegel traiciona la ley de la uni­
gel, la ley de la unidad y de la ludia de los dad y de la lucha de los contrarios. Ló indivi­
contrarios éS deformadá a cada paso, y al fin de duai y lo universal, que debían servir como pai­
cuentas, esta ley se. anula completamente. El tes dé la contradicción son mediatizados à tra­
idealisti Hegel no puede comportarse de otra vés de un mixturo conipositum. Así èri lugar da
manera. Si el desarrollo de la realidad es típica­ i-'ésóívcr dialécticamente là contradicción, Marx
mente conocimiento dèi espíritu absoluto, se de­ sfe ésfuetza én conciliar los contrarios. Es por
riva que toda contradicción es, en el fondo, con­ éso que Marx escribe que Hegel “sé satisface
tradicción entre conocimiento y no conocimien­ con esta apariencia dé solución y là hace apar
to. Y cómo él espíritu absoluto en el sentido pro­ récét como là cosà misma.” (38)
pio de esta palabra és saber absoluto, es natu­ La carisi reside èn èl principiò que quiere,
ral que là contradicción sea, de manera general, qüe, en virtud de los pasajes recíprocos, ló in­
én él espíritu absoluto; y que en lugar de la uni­ dividual, 1Ò particular y lo universal lleguen a
dad dé los contrarios Se establezca su identidad. coincidir; però entonces la contradicción entre
Por supuesto, ésto no es presentado de una ma­ éllos pierde todo sentido. De esta manera, la
nera tan simple y evidente en la filosofía de dialéctica científica se esfuerza por conciliar a
Hegel, però la idea fundamental del sistema és, los contrarios y, en lugar dé là lucha dé lo«
sin dudà, està. contrarios, coloca, al fin de cuentas, là armonía,
Marx rechaza la enseñanza de la dialécti­
Hegel exàminà las relaciones recíprocas del ca idealista relativa a là unidad dé los contra­
régimen político y dé la sociedad civil en su rios y por primera vez procede a lá elaboración
contradicción. Marx considera racional esta for­ dé la ley fundamental de la dialéctica materia­
ma de abordar la cuestión. “Es aquí justamente lista: la lèy de là unidad y de là Iuchà dè leu
donde aparece toda la profundidad dé Hegel, contrarios.
—«cribe Marx—: empieza siempre por poner en Demuestra que là unidad dé los contràrio«
contradicción las determinaciones y és ese el es provisoria. Là idea de mediatizar los con­
priricipal objeto de su investigación.” (36) trarios és incompatible con là dialéctica, pórqu«
■■Còrno sé resuelve ésta coordinación en la la solución dé la contradicción proviene de su
filosofía dé Hègèl? Sé ésfuérra por éricontrar un lucha y nò dé su conciliación.
terminó mèdio à là contradicción éntre él régi­ A pesar de toda là riqueza dé pensamiento,
men político y là sociedad civil. Tóma el poder del ártículo escrito por Marx, la concepción drl
legislátlvó. Resultado: la contradicción sé pre­ mundo que tiène Su àutor no « tòdavfà la da
ferita bajó fòriria de deducción: él monarca (lo un comunista, aunque las preiriisas más impor­
individuali, el poder legislativo (ló particular), tantes de un pasajé a las ideas comunistas es­
là sociedad civil (lo Universal). tén desarrolladas èn là Contribución a la critica
El térmiho medio qué débé expresar la uni- ’‘de là filosofía del derecho de Hegel.
El análisis que hace de la sociedad civil tu­ por primera vez, en 1842. Nos referimos a la
vo una importancia primordial en su evolución carta a Ruge del 20 de marzo de 1842: “En el
hacia el comunismo. Gracias al estudio de los artículo mismo —escribía Marx— tuve que ha­
hechos económicos y políticos, Marx se conven­ blar necesariamente de la esencia general de la
ce, por un lado, de la falsedad de la enseñanza religión y sobre ese punto entré un poco en con­
idealista respecto al derecho y al Estado y, por flicto con Feuerbach, no en el plano del prin­
otro lado, de la necesidad de una transforma­ cipio, sino de su exposición. En todo caso, la
ción radical de la sociedad. Llega a la conclu­ religión no saldrá muy bien parada.” (40)
sión de que no son los funcionarios ni la bur­ ¿En qué sentido hay que interpretar los tér­
guesía, ni la nobleza quienes podrían desempe­ minos de Marx? ¿Qué significa la aprobación
ñar el papel de transformadores revolucionarios del principio y el desacuerdo respecto a la ex­
del régimen social. ¿Qué clase está llamada a posición del principio? Lipcndine explica así es­
cumplir esta misión? Marx da una respuesta a te pasaje: “Marx está de acuerdo con el prin­
esta pregunta en 1844. Y esta respuesta signi­ cipio materialista fundamental, enunciado por
fica, al mismo tiempo, la culminación del pa­ Feuerbach, pero al mismo tiempo, no está de
saje de Marx al comunismo. acuerdo con el carácter de la argumentación de
En el Prefacio a la Crítica de la economía Feuerbach, con el sistema de pruebas que él
política, Marx caracteriza de esta manera las utilizó, para basar sobre argumentos el prin­
conclusiones a las que llegó en la Crítica de la cipio materialista de su filosofía. Marx quie­
filosofía del derecho de Hegel: “El primer tra­ re referirse al carácter pasivo y contemplativo
bajo que emprendí para resolver las dudas que del materialismo de Feuerbach.” (41) No pode­
me asaltaban fue una revisión crítica de la Fi­ mos estar de acuerdo con interpretación seme­
losofía del derecho, de Hegel, —trabajo cuya jante. Si Marx, a comienzos de 1842, “está de
introducción apareció en los Anales franco-ale­ acuerdo con el principio materialista fundamen­
manes publicados en París en 1844. Mis inves­ tal enunciado por Feuerbach”, como lo afirma
tigaciones llegaron a este resultado: las relacio­ Lipendine, ¿cómo explicar entonces que en los
nes jurídicas, —así como las formas del Estado— artículos que escribió aquel año, defendiera el
no pueden ser comprendidas ni por ellos mismos, punto de vista idealista, hablara del estado co­
ni por la supuesta evolución general del espíri­ mo de la manifestación de la Idea moral, etc.?
tu humano, sino que, por el contrario tienen sus Afirmar que Marx, desde los comienzos de 1842,
raíces en las condiciones de existencia materia­ responde en forma materialista a la pregunta
les, cuyo conjunto Hegel, siguiendo el ejemplo principal de la filosofía no corresponde eviden­
de los ingleses y de los franceses del siglo XVIII, temente a la realidad.
comprende bajo el nombre de «sociedad civil», Pero, en su carta a Ruge, Marx ¿aclara bien
y que la anatomía de la sociedad civil debe ser su aprobación al principio de Feuerbach? Apo­
buscada a su vez en la economía política.” (39) yó inmediatamente la crítica feuerbachiana de
Hemos recorrido el camino que condujo a la religión, y la Esencia del cristianismo (que
Marx a rechazar el punto idealista y a procla­ apareció en setiembre de 1841) tuvo primero
marse materialista. De aquí sacamos dos con­ para él una significación antirreligiosa —como
clusiones importantes: 1) No se puede conside­ crítica de la religión. Marx fue siempre un lu­
rar el pasaje de Marx al materialismo como un chador consecuente contra la religión. La Esen­
pasaje al materialismo de Feuerbach únicamen­ cia del cristianismo llama de inmediato su
te. 2) Las opiniones que exageran la influencia atención. Recibe el libro con entusiasmo y, en
de Feuerbach sobre Marx y analizan la evolu­ ese momento, lo considera como una de las ba­
ción de éste esencialr*ente como el resultado de ses del ateísmo. (41 bis) Sólo en este sentido es
esta influencia, son falsas. que escribe Ruge en marzo de 1842, que su de­
La cuestión del papel que desempeñó Feuer­ sacuerdo nada tiene que ver con el principio.
bach, en la formación de las ideas materialistas Nuestra opinión está confirmada por el hecho
de Marx no presenta solamente un interés his­ de que Marx, en esta carta, habla de la reli­
tórico. Presenta una gran significación teórica gión, y que el pasaje citado muestra claramen­
para comprender las relaciones del materialismo te que la aprobación o el desacuerdo con Feuer­
feuerbachiano y del materialismo marxista. bach se relaciona con la cuestión de la esen­
Examinemos brevemente la actitud de Marx cia de la religión. En cuanto a la afirmación de
hacia el materialismo de Feuerbach en 1842-43. Marx “entré en conflicto. . . en el plano no del
Desde el comienzo, Marx adoptó una actitud principio, sino de su exposición”, se trata aquí
crítica respecto al materialismo de Feuerbach, del carácter contemplativo del ateísmo de Feuer­
c induso cuando se hiza partidario de él. Ex­ bach, porque Feuerbach no relacionaba la críti­
presó »u opinión sobre la filosofía de Feuerbach, ca de la religión con los problemas de la polí­
tica, de la vida social, que tenían una importan­ social en forma Idealista, hubiera expresado Se­
cia de primer plano para Marx. En una carta mejantes puntos de vista.
a Ruge del 30 de noviembre de 1842, Marx ex­ Nuestra afirmación según la cual Marx com­
presaba el deseo de que “se criticara la religión partía el ateísmo de Feuerbach hasta su pasaje
haciendo sobre todo la crítica de la situación al materialismo y que debe comprenderse en es­
política” ; que se vinculara la crítica de los cie­ te sentido la carta a Ruge del 20 de marro de
los a la de la tierra, pues “la religión, privada 1842 pierde todo carácter paradojal si recorder
por sí misma de contenido, no se nutre del cielo, mos que, no sólo Marx sino otros jóvenes he-
sino de la tierra y con el aniquilamiento de la gelianos (que, entre paréntesis, nunca se trans-
realidad absurda de la cual es la teoría, ella pa­ formaron en materialistas) se plegaron en er­
rece sola.” (42) te período a la critica feuerbachiana de la reli*
gión. ¿Acaso Ruge no era idealista? ¿Y no M
Podemos afirmar que, ya en esta época, Marx
cierto que el mismo Ruge apoyó también la cri­
iba mucho más lejos que Feuerbach. Es claro
tica de la religión hecha por Feuerbach? ¿Quién
también que no ignoraba las insuficiencias de
sino el idealista Ruge, calificaba la enseñanza
la crítica feuerbachiana a la religión.
de Feuerbach como “nueva transformación d«
Pero sí decimos que, desde los comienzos de la filosofía alemana”, pues consideraba que “únb
1842, la Esencia del cristianismo convirtió a camente la crítica del cristianismo es la filoso­
Marx al materialismo y si interpretamos la car­ fía, la ciencia libre” ? (46)
ta a Ruge del 20 de marzo de 1848 en ese sen­ La crítica de la religión expuesta «n la
tido (es decir que Marx reconoce el principio Esencia del cristianismo influyó sobre todos loa
del materialismo), entonces tenemos que elegir: jóvenes hegelianos. Y Marx no fue una excep-
o debemos negar en general un período idealista ción. Es difícil decir qué grado de estima tenía
en el desarrollo filosófico de Marx luego de 1841, Marx por la crítica de la religión antes de 1842.
pero entonces no se comprendía la posición de Sin embargo, no hay lugar a dudas de que sa
Lenin que decía notar en los artículos de la Ga­ compenetró de golpe con el ateísmo de Feuer­
ceta Renana el pasaje de Marx del idealismo al bach. Es indudable también, que vio desde el
materialismo; o hay que sostener que en '1842 comienzo los límites de este ateísmo y que coi*
Marx era materialista, feuerbachiano, pero que sideró necesario profundizarlo y desarrollarlo,
interpretaba la vida social de una manera idea­ En una carta de Hess a Auerbach del 2 de se­
lista. Sin embargo ambas suposiciones son erró­ tiembre de 1841 leemos: ‘T anto por sus aspira­
neas. La falsedad de la primera es evidente en ciones como por la cultura de su pensamiento
si misma. En cuanto a la segunda, los artículos filosófico, supera no sólo a Strauss sino también
de Marx publicados en la Gaceta Renana no a Feuerbach, y esto es algo!” (47) D e esta ma­
dan una base suficiente para asegurar que su nera, Marx en su carta a Ruge, habla de so
autor haya sido materialista en sus explicacio­ conformidad con Feuerbach en un sentido de-
nes de la naturaleza. Hubiera resultado parado- teixninado; en particular, quiere referirse a la
jal que en esa época Marx explicara la natu­ crítica a la religión de Feuerbach, o a su atei*
raleza a la manera de Feuerbach (y esto no se mo. Sin embargo, repitamos lo que fue dicho
nota en ningún lado) y que explicara la socie­ antes, la crítica de la religión de Feuerbach e*
dad a la manera de Hegel. En verdad, el pro­ tá ligada a la crítica del idealismo, y esto influ­
pio Feuerbach era idealista “en la superficie”, yó en Marx por la razón de que la práctica hi*
pero no se puede identificar ese idealismo con tórica concreta lo condujo al rechazo de los
el de Hegel. ¿Se puede suponer realmente que principios idealistas. En otras palabras: la tran*
Marx se pronunciara por el materialismo de formación de la crítica de la religión en crítica
Feuerbach y al mismo tiempo considerara a del idealismo tuvo lugar para Marx esencial­
la prensa, al Estado, etc., como manifestaciones mente sobre la base de la práctica revolucio­
del espíritu? ¿Un materialista a la manera de naria.
Feuerbach hubiera podido decir que la “liber­ El aporte de Feuerbach a Marx se reveló en
tad de prensa es el ojo siempre abierto del es­ la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel,
píritu del pueblo”, que es la “antorcha de la donde Marx, por primera vez, responde en for­
razón al Estado” ; (43) que “ese mismo espíritu ma materialista a la pregunta fundamental d»
que dirige a los ferrocarriles con manos de tra­ la filosofía; lo que conduce a la ruptura del úl­
bajadores construye los sistemas filosóficos en el timo lazo con el idealismo. La influencia de la
cerebro de los filósofos” ; (44) que “la libertad obra de Feuerbach, Tesis provisorias para la
de prensa es ella misma una forma de la idea” ? reforma de la filosofía, es fuertemente visible en
(45) Ningún materialista, incluso si hubiera lle­ este trabajo.
gado a comprender los fenómenos de la vida Las Tesis provisorias de Feuerbach fueron
publicadas en 1843. Desempeñaron un papel pera crítica de la religión. Su obra, la Esencia
muy importante en el pasaje de Marx del idea­ del cristianismo, proclamó nuevamente y sin ro­
lismo al materialismo. Sin embargo, Marx aco­ deos el triunfo del materialismo (Engels) y
ge las tesis de Feuerbach en forma crítica. Es­ anunció el fin de la filosofía clásica alemana.
cribe a Ruge, el 18 de marzo de 1843: “Los afo­ La meta central de la Esencia del cristianis­
rismos de Feuerbach no me satisfacen en un mo es criticar la religión y la teología. En esta
solo punto, se apoya demasiado en la naturale­ obra, la crítica del idealismo se presenta de una
za y no lo suficiente en la política. Y, no obs­ manera secundaria, no está presente sino en la
tante, es la única unión gracias a la cual la fi­ medida en que la teología y la filosofía especu­
losofía actual puede transformarse en una ver­ lativa tienen una base común, en la medida en
dad.” (48) que son parientas.
Marx pide que se tome como punto de par­ En las Tesis provisorias, Feuerbach muestra
tida, no la crítica abstracta de la religión como “que el secreto de la teología es la antropología
lo hacía Bruno Bauer, no la crítica de la reli­ pero que la teología —la teología especulativa—
gión desde el punto de vista del materialismo es el secreto de la filosofía especulativa.” (51)
contemplativo como lo hacía Feuerbach, sino La crítica del idealismo, la crítica de la filosofia
que se vincule la crítica de la religión con la de Hegel, de las cuales se ponen al desnudo las
crítica de la política, para hacer una acción po­ raíces gnoseológicas y los lazos con la teología
sitiva y práctica; aspira pues a que se realice se ubican en primer plano en las Tesis.'
la unidad de la teoría revolucionaria y de la Marx hace eco calurosamente al materialis­
actividad práctica. Es con estas intenciones que mo de Feuerbach en la Crítica de la filosofía del
Marx hace suyas las tesis de Feuerbach. derecho de Hegel, obra en la cual asimila las
Mehring, que no comprendió el carácter de ideas materialistas de Feuerbach con un espíritu
la influencia de Feuerbach sobre Marx, no lle­ crítico. Este espíritu crítico se expuso ya en sus
ga al fondo de la cuestión cuando habla de la cartas escritas antes de la publicación de las
influencia de las Tesis provisorias sobre Marx. Tesis. La observación expresada en la carta a
Al exagerar la importancia de esta influencia Ruge confirma indiscutiblemente que Marx no
y declarar que las Tesis de Feuerbach fueron fue nunca un partidario incondicional de Feuer­
“una revelación para Marx”, (49) Mehring no bach, y que mantuvo siempre frente a éste una
puede explicar por qué las Tesis y no la Esencia actitud crítica. Algunos pasajes de la Crítica de
del cristianismo fueron una revelación. He aquí la filosofía del derecho de Hegel testimonian la
el juicio de Mehring: “Hablando claramente, influencia de Feuerbach sobre Marx: sus juicios
ellas (las Tesis provisorias — O. B.) no conte­ sobre la transformación del sujeto en predicado
nían nada más que lo que había en la Esencia en Hegel, los desarrollos sobre la Idea absoluta,
d d cristianismo pero rompían con frases conci­ sobre la abstracción puesta bajo forma de hi-
pas, breves, penetrantes con la filosofía de He­ postasis, sobre las raíces gnoseológicas del idea­
gel y debían necesariamente producir una pro­ lismo, etc. Marx analiza todas estas cuestiones
funda impresión en Marx, tanto más cuanto que en sus obras que critican a la filosofía del de­
esta misma realidad palpable que Feuerbach recho hegeliano, lo mismo que en aquellas don­
oponía con fuerza y éxito, a la abstracción in­ de toma sus ejemplos de la vida práctica. Sin
material de Hegel ya había provocado en Marx embargo, sería un craso error pensar que Marx
dudas profundas acerca de la filosofía hegelia­ aplica de manera dogmática a los fenómenos de
na.” (50) la vida social (relaciones recíproca* del régimen
Mehring cree que el estudio de la vida real político y de la sociedad civil, etc.) el método
(comprendido en un sentido estrecho y super­ utilizado por Feuerbach para resolver los pre­
ficial) no hizo sino provocar dudas profundas cedentes problemas.
en Marx y que no es este estudio el que habría A diferencia de Feuerbach, Marx conserva
conduddo a Marx del idealismo al materialis­ el “núcleo racional” de la dialéctica hegeliana
mo. Es la filosofía de Feuerbach la que dio una y llega por primera vez a su modificación en
solución a las dudas de Marx, y es por eso que el sentido materialista. Marx no rechaza entera­
Marx se incorporó su materialismo, utilizando mente la filosofía hegeliana, pero comienza a
su enseñanza como base de su concepción del superarla haciendo su crítica y planteando las
mundo. Tal es el verdadero sentido de la con­ bases del materialismo dialéctico.
cepción de Mehring. De esta manera, el pasaje de Marx del idea­
Entonces ¿qué influencia tuvieron las Tesis lismo al materialismo no fue determinado sola­
provisorias sobre Marx? mente por la influencia de Feuerbach. Todo él
Ya en 1841, Feuerbach adelantaba una ás­ desarrollo intelectual de Marx, y esto es lo de-
cisivo, se hizo sobre la base de la práctica re­ (24) Ibidem, pág. 210-211.
volucionaria, del estudio concreto e histórico de (25) Ibidem, pág. 212-218.
la realidad, de la superación crítica del idealis­ (26) Ibidem, pág. 213.
mo. El materialismo de Feuerbach no desempe­ (27) Ibidem, pág. 224.
ñó sino un papel auxiliar. (28) Hegel: Werke, Edición Glöckner, Stutt­
gart 1629, t. VIII, pág. 302.
(29) Ibidem.
(30) Marx Engels Werke, t I, p. 284.
NOTAS (31) Ibidem, p. 264.
(32) Hegel: Werke, Edición Glöckner, t. V ö \
(1) Marx Engels Werke, Berlin Dieta, t I., p. 190.
pág. 25. (33) Ibidem, p. 190-191.
(2) MEGA 1/1, VHb., pág. 269. (34) Ibidem, pág. 142.
(3) Lenin: “Karl M arx” en OEuvres, Ed. i i (35) Ibidem, pág. 280.
1 2r. pág. 75. (36) Marx Engels Werke, t. I, pág. 28t,
(4) Marx Engels Werke, t. I, pág. 57. • (37) Ibidem, pág. 292.
(5) Ibidem, pág. 43. (38) Ibidem, pág. 279.
(6) Ibidem, pág. 44. (39) K. Marx, C o n trib u c ió n a la c r id e * .
(7) Hegel Werke, Edition Glöckner, S tutt­ Paris 1957, p. 4.
gart 1928, t X pág. 418. (40) MEGA, t. I, 2/Hb., p. 272.
(3) Marx Engels Werke, t I. pág*. 97-98. (41) L ip e n d in e : A p re p ó sito d e l d e r a rr o ß «
(9) Ibidem, pág. 100. filosófico d e K . M a rx , p . 51.
(10) Hegel: Werke, Edición Glöckner, t. X, (41 bis) En efecto, si leemos los a rtíc u lo s d e
pág. 446. Marx publicados e n la G a c e la R e n a n a , v em o e
(11) Citado por Mehring en: “Geschichte que Marx cita a menudo a Feuerbach cuando
aler deutschen Sozialdemokratie”, t. I, pág. 382. critica a la religión. Por ejemplo, en u n o d e tu *
artículos, escribe: “El ser humano ha c o n sid e ra d o
12) 'Xa Rheinische Zeitung, escribía Marx, siempre como ser supremo lo que compone *u
quien ni siquiera puede acordar realidad teórica verdadera esencia.” (M arx E n g els W erk e, t. I ,
a las ideas comunistas bajo su forma actual, me­ pág. 115). Sin embargo esos artículos no testimo­
nos aun puede desear o solamente considerar co­ nian la aprobación de Marx a la crítica, feu e r»
mo posible su realización práctica. Someterá es­ chiana del idealismo, al materialismo d e Feue*«
tas ideas a una crítica fundamental". (Marx, En­ bach.
gels Werke, t. I, pág. 108).
(42) MEGA, t. I, 2/Hb., p. 28«.
(13) MEGA, t I, 2/Hb„ pág. 286.
(43) Marx Engels Werke, t I, p.60-81,
(14) Marx Engels Werke, t I, pág. 116.
(44) Ibidem, pág. 97;
(15) Ibidem, pág. 134.
(45) Ibidem, pág. 50.
(16) Ibidem, pág. 130.
(46) Las frases de Ruge fueron extraídas de
(17) Ibidem, pág. 188. un artículo de Lourier: “Los Jóvenes Hegeliano*
(18) Ibidem, pág. 188-189. y Feuerbach”, P.Z.M., 1923, d9 3, p. 77.
(19) K arl Marx: Contribución • la crítica da (47) MEGA, t. I, 2/Hb., p. 261.
la economía política, París, Ediciones Sociales. (48) Ibidem, pág. 308.
1957, pág. 3. (49) Mehring: K a rl M a rx , 1933, p . TT.
(2Ö) Marx Engels Werke, t. I, pág. 207. (50) Mehring: F ü r G esc h ic h te d e r P hilo * * “
(21) Ibidem, pág. 208. phie. 1931, p. 130.
(22) Ibidem, pág. 208. (51) Feuerbach: Werke, Stuttgart, 1904* l B,
(23) Ibidem, pág. 210. p . 222

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LOUIS ALTHUSSER

MARXISMO Y HUMANISMO "M i método anqlítico no toma como punto de partida el Item«
bre, sino al período social económicamente d a d o . . . ”
Marx, notas sobre Wagnei
"El Capital"
I Marx, la forma de la lucha de clases. El hm s w
nismo revolucionario no podia ser entonces ti»
L “humanismo” socialista está a la orden del no un “humanismo de clase”, el “humanismo
E día. Embarcada en el período que, del so­
cialismo (a cada uno según su trabajo), va a
proletario”. Fin de la explotación del hombre
quería decir de la explotación de dase. Libera­
conducirla al comunismo (a cada uno según sus ción del hombre quería decir liberación de la
necesidades), la Unión Soviética proclama la dase obrera y, ante todo, por la dictadura d«l
consigna: Todo para el hombre, y aborda nue­ proletariado. Durante más de cuarenta ano%
vos temas: libertad del individuo, respeto de la en la U.R.S.S., a través de luchas gigantesca»,
legalidad, dignidad de la persona. En los parti­ el “humanismo socialista”, antes de expresara*
dos obreros, se aplauden las realizaciones del en términos de libertad de la persona, se exprar
humanismo socialista y se buscan sus bases teó­ só en términos de dictadura de clase. (1)
ricas, en “El Capital” y, de más en más en las El fin de la dictadura del proletariado abra
obras de juventud de Marx. en Rusia una segunda fase histórica. Los sovié­
Es un acontecimiento histórico. Uno puede ticos dicen: en nuestro país, las clases antago­
incluso preguntarse si el humanismo socialista nistas han desaparecido. La dictadura del pro­
no es un tema bastante tranquilizador y atra­ letariado ha cumplido su función, el estado no
yente para hacer posible un diálogo entre co­ es más un estado de clase, sino un estado del
munistas y socialdemócratas. Aun mismo un pueblo entero (de cada uno). Efectivamente,
mayor intercambio entre esos hombres de “bue­ desde ahora, los hombres «n Rusta, so» tratado«
na voluntad” que rechazan la guerra y la mi­ sin distinción de clase, es decir como persona«.
seria. Hoy, la gran vía del humanismo parece A los temas del humanismo de clase vemos su­
conducir también ella, al socialismo. ceder entonces, en la ideología, los temas de ua
De hecho, la lucha revolucionaria tuvo siem­ humanismo socialista de la persona.
pre como objetivo, el fin de la explotación y por Hace diez años el humanismo socialista no
tanto la liberación del hombre, pero, en su pri­ existía sino bajo una sola forma: el humanis­
mera fase histórica debió tomar, como lo preveía mo d# clase. Hoy existen do»; «1 humanismo

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de clase, allí donde reina aún la dictadura del valor teórico de ese concepto. Al decir que el
proletariado (China, etc.), y el humanismo de la concepto de humanismo es un concepto ideoló­
persona (socialista), allí donde ha sido superada gico (y no científico), afirmamos a la vez que
( U R.S.S.). Dos formas correspondientes a dos designa exactamente a un conjunto de reali­
fases históricas necesarias. En el humanismo de dades existentes, pero que a diferencia de un
la “persona”, el humanismo de “clase” puede concepto científico, no ofrece un medio para co­
contemplar su propio futuro, realizado. nocerlas. Designa, de un modo particular (ideo­
Esta transformación de la historia aclara lógico), existencias, pero no da su esencia. Con­
ciertas transformaciones de espíritu. La dicta­ fundir estos dos órdenes, sería prohibirse todo
dura del proletariado, que los socialdemócratas conocimiento, mantener una confusión y correr
rechazaban en nombre del “humanismo” (bur­ el riesgo de caer en errores.
gués) de la persona, y que los oponía diametral­ Para ver con claridad, invocaré brevemente
mente a los comunistas, ha sido superada en Ru­ la experiencia de Marx que sólo llegó a la teo­
sia. Incluso se prevé que podrá adoptar en Occi­ ría científica de la historia al precio de una crí­
dente formas pacíficas y breves. Por tanto se tica radical de la filosofía del hombre, que le
esboza una especie de encuentro entre dos “hu­ sirvió de fundamento teórico durante sus año»
manismos” de la persona: el humanismo socia­ de juventud (1840-45). Empleo ios térmi­
lista y el humanismo liberal burgués o cristiano. nos “fundamento teórico” en su sentido estricto.
La “liberalización” de la U.R.S.S. da garantías Para el joven Marx, el “hombre” no era sola­
al segundo. En cuanto al humanismo socialista, mente un grito, que denunciaba la miseria y la
puede considerarse pet sólo como la crítica de las servidumbre. Era el principio teórico de SU con­
contradicciones, sino también y sobre todo copio cepción del mundo y de su actitud práctica. La
el cumplimiento de las aspiraciones “más nobles” “Esencia del hombre” (ya fuera libertad, razón
del ^umanismo burgués. En él, la humanidad en­ o comunidad) inauguraba a la vez una teoría
contraría al fin realizado su sueño milenario, rigurosa de la historia y una práctica política
imaginado en los esquemas de Jos humanismos coherente.
pasados, cristianos y burgueses: que en el honv Se lo puede observar en las dos etapas del
bre y entre lo» hombres llegue por fin el reino período humanista de Marx.
del hombre.
En esta forma ** cumpliría la promesa profè­ I. — La primera etapa está dominada por
tica de Marx; contenida en los Manuscritos del un humanismo nacionalista-liberal, más cerca
44: “El comunismo.. . apropiación de la esen­ de Kant y de Fichte que de Hegel. Cuando
cia humana por el hombre, es comunismo, en Marx combate la censura, las leyes feudales re-
tanto que naturalismo acabado — humanis­ nanas, el despotismo de Prusia, funda teórica’
mo. . ,* mente su lucha política, y la teoría de la his­
toria que lo sostiene, sobre una filosofía del hom­
bre. La historia no es inteligible sino por la esen­
I» cia del hombre, que es libertad y razón. Liber­
tad: es la esencia del hombre así como la gra­
ARA ver más allá de este acontecimiento,
r para comprenderlo, para conocer el sentid-
vedad es la esencia de los cuerpos. El hombre
está dedicado a la libertad, su propio ser. Aun­
do del humanismo socialista, no basta con seña­ que la reehace o la niegue siempre permanecerá
lar el acontecimiento ni con registrar los con­ en ella: “La libertad constituye hasta tal punto
ceptos (humanismo, socialismo) en los cuales el la esencia del hombre que incluso sus adversa­
acontecimiento piensa él mismo. Es necesaria ir rios la realizan combatiendo su realidad. . , La
al fondo de las bases teóricas de los concepto* libertad, pues, ha existido siempre, ora como
para asegurarse de que nos dan cabalmente un privilegio particular, ora como derecho gene­
verdadera conocimiento científico del aconteci­ ral”» (2) Esta distinción aclara la historia en­
miento. tera: así, el feudalismo es libertad, pera en 'a
Ahora bien, el binomio “humanismo-socialis­ forma “na nacional” del privilegio; el estado
ta” encierra justamente una desigualdad teórica moderno es libertad, pero en la forma racional
evidente: en el contexto de la concepción mar-, del derecho universal. Razón: el hombre no es
xista, el concepto de “socialismo” es bien un libertad sino como razón. La libertad humana
concepto científico, pera el concepto de huma­ no es ni el capricho ni el determinismo del in­
nismo no es sino un concepto ideológico. terés, sino, como lo querían Kant y Fichte, au­
Entendámonos: se trata, no de discutir la tonomía, obediencia a la ley interior de la ra­
realidad que el concepto de humanismo socia­ zón. Esta razón que “ha existido siempre, pero
lista «o encarga d# deiignar, lino de definir el no siempre bajo la forma racional” (3) (ejem-
pío: el feudalismo)t existe, por último, en los ción, al mostrar en la sinrazón, 1» alienadón de
tiempos modernos, bajo la forma de la razón en la razón, y en esta alienación la historia del heor
el estado, estado del derecho y de las leyes. “La bre, es decir su realización. (5)
filosofía considera al estado como el gran orga­ Marx profesa siempre un* filosofía del hom­
nismo donde la libertad jurídica, moral y polí­ bre: “Ser radical es tomar las cosas desde la nial
tica debe alcanzar su realización, y donde cada ahora bien, para el hombre, la raí* es el hom­
ciudadano, al obedecer las leyes del estado, no bre mismo. . ( 1 8 4 3 ) . Pero el hombre no as
obedece más que las leyes naturales de su propia libertad-razón, sino porqué en primer término,
razón, de la razón humana,” (4) De la misión es “gemeincoesen”. “Ser comunitario”, un s e t
de la filosofía: “La filosofía exige que el estado que no se realiza teóricamente (ciencia) y práo*
sea el estado de la naturaleza humana.” Esta ticamente (política) sino en relaciones humanaa
exhortación va dirigida al estado mismo; que re­ universales, tanto con los hombres, como con
conozca su esencia y se transformará en razón, sus objetos (la naturaleza exterior “humaniza­
verdadera libertad de los hombres al reformarse da” por el trabajo). También aquí, la esencia
a sí mismp. La crítica filosófico-política (que re­ del hombre sirve de base a la historia y a la
cuerda al estado sus deberes consigo mismo) re­ política. - s ..
sume entonces la totalidad de la política en la
La historia, es la alienación y la produedó*
prensa libre, libre razón de la humanidad, la que
de la razón en la sinrazón, del hombre verda»
deviene la política misma. Esta práctica política
dero en el hombre alienado. En los productos
•—que se resume en la crítica pública, es decir
alienados de su trabajo (mercaderías, estado, re­
en la crítica pública por vía de la prensa— y
ligión), el hombre, sin saberlo, realiza la esen­
que reclama como su condición absoluta la li­
cia del hombre. Esta pérdida del hombre, que
bertad de la prensa, es la de Marx en la Rheinis-
produce la historia y el hombre, supone natural­
che Zeitung. Al desarrollar su teoría de la his­
mente una esencia prexistente definida. Al final
toria, Marx funda y justifica al mismo tiempo
de la historia, este hombre, transformado en
su propia práctica: la crítica pública del perio­
objetividad inhumana, no tendrá más que recu­
dista, que piensa como la acción política ‘por
excelencia. En esta filosofía de las luces, todo perar, como sujeto, su propia esencia alienad*
en la propiedad, la religión y el estado, para de­
se ensambla con rigor.
II. — La segunda etapa (42-45) está do­ venir hombre total, hombre verdadero.
minada por una nueva forma de humanismo: el Esta nueva teoría del hombre crea un nuevo
humanismo “comunitario” de Feuerbach. El es­ tipo de acción política: la política de una reo-
tado-razón ha permanecido sordo ante la razón: propiación práctica. El llamado a la simple ra­
el estado prusiano no se ha reformado. Es la zón del estado desaparece. La política no es más
misma historia la que ha dictado este juicio so­ simple crítica teórica, edificación de la razón
bre las ilusiones del humanismo de la razón: los por la prensa libre, sino reapropiación práctica
jóvenes radicales alemanes esperaban del pre­ de su esencia por el hombre. Porque el estado,
tendiente que cumpliera, convertido en rey, las como la religión, es bien el hombre, pero «1
promesas que había pronunciado mientras espe­ hombre en la desposesión: el hombre está escin­
raba el trono. Pero el trono no tardó en cam­ dido entre el ciudadano (estado) y el hombre
biar al liberal en déspota, el estado que debía, civil, dos abstracciones. En el cíelo de! estado,
en fin, devenir la razón, puesto que lo era en en los “derechos del ciudadano”, el hombre vi­
si mismo, no paria, una vez más, sino la sinra­ ve imaginariamente la comunidad humana de la
yón. De esta inmensa decepción, que fue vivida cual está privado en la tierra de los “derechos
por los jóvenes radicales como una verdadera del hombre”. Del mismo modo, la revolución
crisis histórica y teórica. Marx sacó la conclu­ será no sólo política (reforma liberal radon*!
sión: “ ...e l estado político... encierra precisa­ del estaco), sino también “humana” (“comu­
mente en sus formas modernas las exigencias de nista"), para restituir al hombre su naturaler*
la razón. No se detiene allí. En todos los casos alienada en la forma fantástica del dinero, del
supone la razón realizada. Pero en todos los ca­ poder y de los dioses. Además, esta revolución
sos cae igualmente en la contradicción entre su práctica será la obra común de la filosofía y del
definición teórica y sus hipótesis reales”. Un pa­ proletariado porque, en la filosofía, el hombre
so decisivo entonces se cumple: los abusos del es afirmado teóricamente; en el proletariado, es
estado ya no son considerados como distraccio­ negado prácticamente. La penetración de la fi­
nes del estado frente a su esencia, sino como una losofía en el proletariado será la rebelión cons­
contradicción real entre su esencia (razón) y su ciente de la afirmación contra su propia nega­
existencia (sinrazón). El humanismo de Feuer­ ción, la rebelión del hombre contra sus condi­
bach permite justamente pensar esta contradic­ ciones inhumanas. Entonces el proletariado na-
!

gará tu propia negación y tomara posesión ae do Marx la afrontó, los dos postulados comple­
tí mismo en el comunismo. La revolución es la mentarios definidos por él en la sexta tesis sobre
práctica misma de la lógica inmanente a la alie­ Feuerbach:
nación: es el momento en que la crítica, hasta l 9) Que existe una esencia universal del
entonces desarmada, reconoce sus armas en el hombre.
proletariado. D a al proletariado la teoría de lo 2^) Que esta esencia es el atributo de los
que es: el proletariado, en cambio, le da su fuer­ “individuos considerados aisladamente” quienes
za armada, una sola y misma fuerza donde cada son los sujetos reales.
uno no se alia sino consigo mismo. La alianza Estos dos postulados son complementarios e
revolucionaria del proletariado y la filosofía indisociables. Ahora bien, su existencia y su uni­
está, pues, aquí también, sellada en la esencia dad presuponen toda una concepción empirista-
del hombre. idealista del mundo. Para que la esencia del hom­
bre sea atributo universal, es necesario, en efec­
to, que existan sujetos concretos, como hechos
III absolutos: lo que implica un empirismo del su­
jeto. Para que esos individuos empíricos sean
partir de 1845, Marx rompe radicalmente hombres, es necesario que cada uno de ellos lleve
A con toda teoría que tome como fundamen­
to de la historia y la política una esencia del
en sí toda la esencia humana, si no de hecho, por
lo menos de derecho: lo que implica un idea­
hombre. Esta ruptura única comporta tres as­ lismo de la esencia. El empirismo del sujeto im­
pectos teóricos indisociables: plica pues el idealismo de la esencia y viceversa.
1) Formación de una teoría de la historia Esta relación puede invertirse: empirismo del
y de la política fundada en conceptos radical­ concepto - idealismo del sujeto. Esta inversión
mente nuevos: conceptos de formación social, respeta la estructura fundamental de esta pro­
fuerzas productivas, relaciones de producción, blemática, que permanece fija.
superestructura, ideologías, determinación en úl­ Se puede reconocer en esta estructura-tipo
tima instancia por la economía, determinación no sólo el principio de las teorías de la socie­
específica de los demás niveles, etc. dad (de Hobbes a Rousseau), de la economía po­
2) Crítica radical de las pretensiones teó­ lítica (de Petty a Ricardo), de la moral (de
ricas de todo humanismo filosófico. Descartes a Kant), sino también el principio
mismo de la “teoría” idealista y materialista
3) Definición del humanismo como ideo­
(premarxista) “del conocimiento” (de Locke a
logía.
Feuerbach, pasando por Kant). El contenido de
También en esta nueva concepción, todo se
la esencia humana o de los sujetos empíricos pue­
ensambla con rigor, pero es un rigor nuevo: la
de variar (como puede observarse de Descartes
esencia del hombre criticada (2) es definida co­
a Feuerbach); el sujeto puede pasar del empiris­
mo ideología (3 ), categoría que pertenece a la
mo al idealismo (como puede observarse de
nueva teoría de la sociedad y de la historia ( 1).
Locke a K ant): los términos en presencia y su
La ruptura con toda antropología o todo hu­ relación no varían sino en el interior de una es­
manismo filosófico, no es un detalle secundario: tructura-tipo incambiada, que constituye esta
está relacionada con el descubrimiento científico problemática misma: a un idealismo de la esen­
«le Marx. cia corresponde siempre un empirismo del sujeto
Significa que en un mismo y único acto, (o a un idealismo del sujeto, un empirismo de
Marx rechaza la problemática de la filosofía la esencia).
anterior y adopta una problemática nueva. La Al rechazar la esencia del hombre como fun­
filosofía anterior idealista ( “burguesa” ) descan­ damento teórico, Marx rechaza todo ese sistema
saba, en todos sus terrenos y desarrollos (“teoría orgánico de postulados. Expulsa a las categorías
del conocimiento”, concepción de la historia, eco­ filosóficas de sujeto, empirismo, esencia ideal,
nomía política, moral, estética, etc.) soljre una etc. de todos los dominios donde reinaban. No
problemática de la naturaleza humana (o de la sólo de la economía política (rechazo del mito
esencia del hombre). Esía problemática fue, du­ del homo oeconomicus del individuo con facul­
rante siglos enteros, la evidencia misma y nadie tades y necesidades definidas, como sujeto de la
pensaba en ponerla en duda, en sus mismas economía clásica); no sólo de la historia (recha­
modificaciones internas. zo del atomismo social y del idealismo político-
Esta problemática no era vaga ni floja: al ético) ; no sólo de la moral (rechazo de la idea
contrario, estaba compuesta por un sistema co­ moral kantiana); sino también de la filosofía
herente de conceptos precisos, estrechamente ar­ misma: puesto que el materialismo de Marx ex­
ticulados los unos con los otros. Implicaba, cuan­ cluye el empirismo del sujeto (y su reverso: el
lujeto trascendental) y el idealismo del con­ bre. Todo pensamiento que invocara a Marx par
cepto (y su reverso: el empirismo del concepto). ra restaurar de una manera u otra una antro­
Esta revolución teórica total no tiene dere­ pología o un humanismo teóricos no sería teó­
cho a rechazar los antiguos conceptos sino por­ ricamente más que cenizas. Pero, prácticamente^
que los remplaza por conceptos nuevos. Marx podría edificar un monumento de ideología pro-
crea, en efecto, una nueva problemática, una marxista, que pesaría sobre la historia real y
nueva forma sistemática del plantear problemas arriesgaría arrastrarla a callejones sin salida.
al mundo, nuevos principios y un nuevo método. Porque el antihumanismo marxista teórico
Este descubrimiento está contenido inmediata­ tiene como corolario el reconocimiento y el co­
mente ' en la teoría del materialismo histórico, nocimiento del humanismo mismo: como ideolo­
donde Marx propone no solamente una nueva gía. Marx no cayó jamás en la ilusión idealista
teoría de la historia de las sociedades, sino tam­ de creer que el conocimiento de un objeto pu­
bién, al mismo tiempo, implícita pero necesaria­ diera, por último, remplazar a ese objeto o di­
mente, una nueva “filosofía” de implicaciones sipar su existencia. Los cartesianos, que sabían
infinitas. Así, cuando Marx remplaza en la teo­ que el sol estaba a dos mil leguas, se asombra­
ría de la historia el viejo binomio individuos- ban de que se le viera a doscientos pasos: no dis­
esencia humana por nuevos conceptos (fuerzas ponían de mucho, para llenar este vacío. Marx
de producción, relación de producción, etc.) pro­ no creyó jamás que el conocimiento de la na­
pone de hecho, al mismo tiempo, una nueva con­ turaleza del dinero (una relación social) pudiera
cepción de la “filosofía”. Remplaza los antiguos destruir su apariencia, su forma de existencia:
postulados (empirismo-idealismo del sujeto, em­ una cosa, pues esta apariencia era su mismo ser,
pirismo-idealismo de la esencia) que son la base tan necesaria como el modo de producción exis­
no sólo del idealismo, sino también del mate­ tente. (6)
rialismo premarxista, por un materialismo dialéc­ Marx no creyó jamás que una ideología
tico - histórico de la praxis: es decir, por una pudiera ser disipada por su conocimiento: por­
teoría de los diferentes niveles específicos de -la que el conocimiento de esta ideología, siendo
práctica humana (práctica económica, práctica conocimiento de sus condiciones de posibilidad,
politica, práctica ideológica, práctica científi­ de su estructura, de su lógica específica y de su
ca) en sus articulaciones propias, fundada sobre función práctica, en el seno de una sociedad
las articulaciones específicas de la unidad de la dada, es al mismo tiempo el conocimiento de
sociedad humana. Digamos en una palabra, que las condiciones de su necesidad. El antihumanis-
al concepto “ideológico” y universal de la prác­ mo teórico de Marx no suprime pues de ningu­
tica feuerbachiana, Marx lo sustituye por una na manera la existencia histórica del humanismo.
concepción concreta de las diferencias específi­ Tanto antes como después de Marx, encontra­
cas que permite situar cada práctica particular mos en el mundo real, filosofías del hombre, y
en las diferencias específicas de la estructura hoy algunos inarxistas se sienten tentados de de­
social. sarrollar los temas de un nuevo humanismo teó­
Para comprender lo que hay de radicalmen­ rico. Más aún: el antihumanismo teórico de
te nuevo en el aporte de Marx, es necesario pues Marx reconoce, al ponerlo en relación con sus
tomar conciencia no sólo de la novedad de los condiciones de existencia, una necesidad al hu­
conceptos del materialismo histórico, sino tam­ manismo como ideología, una necesidad con con­
bién de la profundidad de la revolución teórica diciones. El reconocimiento de esta necesidad no
que ellos implican y anuncian. Es con esta con­ es puramente especulativo. Es sobre ella que el
dición que se hace posible definir el estatuto del marxismo puede fundar una política concer­
humanismo: rechazando sus pretensiones teóri­ niente a las formas ideológicas existentes, cua­
cas y reconociendo su función práctica de ideo­ lesquiera que sean: religión, arte, moral, filoso­
fía, derecho —y humanismo en primer lugar.
logía. Una política marxista (eventual) de la ideología
Bajo la relación estricta de la teoría, se pue­ humanista: es decir, una actitud política respecto
de y se debe pues hablar abiertamente de un anti­ al humanismo, —política que puede ser ora
humanismo teórico de Marx y ver en ese anti­ el rechazo, ora la crítica, ora el empleo, ora el
humanismo teórico la condición de posibilidad a [royo, ora el desarrollo, ora la renovación hu­
absoluta (negativa) del conocimiento (positivo) manista de las formas actuales de la ideología
del mismo mundo humano, y de su transforma­ en el terreno ético-político— esta política no es
ción práctica. No se puede conocer algo de los pues posible sino a condición absoluta de estar
hombres sino con la condición absoluta de redu­ basada en la filosofía marxista cuyo antihuma,
cir a cenizas el mito filosófico (teórico) del hom­ nismo teórico es el paso previo.

n u m ero 1 4 / junio 19s s


pa ». *1
una sociedad comunau pueda ella misma pres­
cindir de ideología, ya se trate de moral, de ar­
DO m relaciona pues, coa el conocimien­ te, o de “representación del mundo”. Se pue­

r to de la naturaleza del humanismo como


M Ideología.
No se trata de emprender aquí una defini-
den prever con certeza modificaciones, por ejem­
plo la desaparición de ciertas formas existentes
o la transferencia de su función a formas ve­
„■ c á ó n a fondo de la ideología. Basta con saber
cinas; también se puede (sobre las premisas de
muy esquemáticamente que una ideología es un la experiencia ya adquirida), prever el desarro­
r sistema (que posee su lógica y su rigor propios) llo de nuevas formas ideológicas (por ejemplo
de representaciones (imágenes, mitos, ideas o las ideologías: “concepción del mundo científi­
co”, “humanismo comunista” ), pero en el es­
conceptos según los casos) provisto de una exis­
tí teada y de una función históricas en el seno tado actual de la teoría marxista, considerada
en todo su rigor, no es concebible que el comu­
» de una sociedad dada. Sin entrar en el proble-
nismo, nueva forma de producción que implica
v ma de las relaciones de una ciencia con su pa­
fuerzas de producción y relaciones de produc­
sado (ideológico), digamos que la ideología co­
ción determinadas, pueda prescindir de una or­
mo sistema de representaciones se distingue de
ganización social de la producción, y de las for­
• la ciencia en que la función práctico-social pre­
mas ideológicas correspondientes.
domina en ella sobre la función teórica (o fun­
ción de conocimiento). La ideología no es pues una aberración o
una excrecencia contingente de la historia: es
¿Cuál es la naturaleza de esa función social? una estructura esencial para la vida histórica de
Para entenderla, hay que remitirse a la teoría las sociedades. Por otra parte, solamente la exis­
marxista de la historia. Los “sujetos” de la his­ tencia y el reconocimiento de su necesidad pue­
toria son sociedades humanas dadas. Se presen­ den permitir actuar sobre la ideología y trans­
tan como totalidades, cuya unidad está consti­ formarla en instrumento de acción reflexivo sa­
tuida por un cierto tipo específico de compleji­ bré la historia.
dad, que pone en juego instancias que se pue­ Se ha acordado decir que la ideología per­
den esquematizar, luego de Engels, reduciéndo­ tenece a la región “conciencia”. No hay que
las a tres: la economia, la política y la ideolo­ engañarse con esta denominación que está con­
gía. En toda sociedad se comprueba pues, bajo taminada por la problemática idealista anterior
formas muy paradojales, la existencia de una a Marx. En verdad, la ideología tiene muy po­
actividad económica de base, de una organiza­ co que ver con la “conciencia”, suponiendo que
ción política, y de formas “ideológicas” (moral, este término tenga un sentido unívoco. Es pro­
religión, filosofía, etc.). La ideología, pues, for­ fundamente inconsciente, incluso cuando se pre­
ma parte orgánicamente,'como tal, de toda to­ senta (como en la “filosofía” premarxista) bajo
talidad social. Todo sucede como si las socieda­ una forma reflexiva. La ideología es bien un
des humanas no pudieran subsistir sin estas for­ sistema de representaciones: pero estas represen­
maciones específicas, estos sistemas de represen­ taciones, la mayoría de las veces nada tienen
taciones (de nivel diverso) que son las ideolo­ que ver con la “conciencia” ; la mayoría de las
gías. Las sociedades humanas segregan la ideo­ veces son imágenes, a veces conceptos, pero es
logía como el elemento y la atmósfera indis­ ante todo como estructuras que se imponen a
pensables para su respiración, para su vida his­ la inmensa mayoría de los hombres, sin pasar
tóricas. Sólo una concepción ideológica del mun­ por su “conciencia”. Son objetos culturales per­
do pudo imaginar sociedades sin ideologías, y cibidos, aceptados, experimentados, y actúan
admitir la idea utópica de un mundo donde la funcionalmente sobre los hombres por un pro­
ideología (y no alguna de sus formas históricas) ceso que a éstos se les escapa. Los hombres “vi­
desaparecería sin dejar rastros, para ser rem­ ven” su ideología, como el cartesiano “veía” o
plazada por la ciencia. Esta utopía está, por no veía —aunque no la fijara— la luna a dos­
ejemplo, en el principio de la idea que sostiene cientos pasos: de ninguna manera como una
que la moral, que es, en su esencia, ideología, forma de conciencia, sino como un objeto de
podría ser remplazada por la ciencia o trans­ “su mundo”, como su “mundo” mismo. ¿Qué
formarse poco a poco en científica; o la religión significa, no obstante, decir que la ideología
disipada por la ciencia, que de alguna manera concierne a la “conciencia” de lo* hombres?
ocuparía su lugar; que el arte podría confun­ Primero, que se distingue la ideología de las
dirse con el conocimiento o transformarse en otras instancias sociales, pero también que. los
“vida cotidiana”, etc. hombres viven sus acciones, comúnmente rela­
Y para no evitar la cuestión más candente, cionadas pof la tradición clásica, con la liber­
d materialismo histórico no puede concebir que tad y con la ''conciencia”, en 1» ideología, a
través y por lá idcologíá; eri üná palabra: que víndicación íá foririá Úé l á UritVérsándfed, terno
la relación ‘‘Vivida” dé los hombres cóh éí mun­ si dé ésa manera quisiera enrolar én íüS filas,
do, incluida lá historia (én la acción Ó la inac­ à los tnisrnos hombré* qüe Sólo liberará para
ción políticas), pasa por la ideología, mejor aun, explotarlos. Ese és el inito “ròusseàuniano” dei
U lá ideología miSrriá. fejj éñ esté séhtidó que òfigén dé la desigualdad: lo* rico» diciéridò a
Marx decía qué és feri lá ideología (contó lugar IOS pobies éi “discurso riiás reflexivo* qué haya
dé luchas políticas) donde los hombre* toman sido éOncebído jariiái pará eòhvèhèerios dé Vi­
conciencia dé su sitio en el Inundo y fen la his­ vir sü esclavitud cbriiO Sü libertad. En Véfdád,
toria: és en él serio de ésta iriconciéncia ideoló­ la burguesía jprimero tiene que creer èri iü imi­
gica qüe los hombrés llegan a modificar sus to, antes de convencfer à los démás, V rio sólo
relaciones “vividas” con él mundo, y a adqüirir pará convencerlos, pues lo qué ella vive èri su
ésta riuéva forma de inconciéncia específica que ideología éS ésa relación irnaginariáteh lus éón-
sé llrimá "cóhciencia”. dicionos de existencia reales, qué le permite a
La ideología comprendé pués la relációri vi­ la Véz actuar Sobré sí (darse tendencia jüridica
vida dé los hombres con su mundo. Esta rela­ y rriorál, y iáS CortdicionéS juridicáS y Hiorales
ción qué nó aparece ‘‘consciente’’ sirio a con- del liberalismo económico) y sobré los demás
dicíóñ dé sér inconsciente, parécé, ásimismo, ño (sus explotados y futuros explotados: "los tra­
ser simple Sino a condición dé sér Compleja, de bajadores librès” ) à fin dé ásuiriir, cumplir y
no ser tina relación simple, sino uña relación soportar sü papel histórico de clase dottrinante.
de relaciones, una relación de segundo grado. En là ideologia de là libertad, la burgüesíá Vive
En lá ideología, los hombres expresan, en efec­ ásí muy exàctamentè sü relación ton SUS condi­
to, no sus relaciones con sus condiciones dé exis­ ciones dé existencia: éS decir su relación réal
tencia, sino la nianera como Vivén su relación (el detecho dé Íá econornía capitalista liberal)
con sus condiciones de existencia: lo que pero incluida en una relación imaginaria (todos
supone a la véz, relación real y relación los hombres son libres, comprendidos loS traba­
‘vivida”, “imaginaria”. La ideología es, pues, jadores libres). Su ideologia consiste én éste
la expresión de la relación dé los hombres juego dé palabras sobré là libertad que denùn­
con su “mundo”, és decir lá unidad (so- cia tántó el propósito burgués de mistificar a
bredeterminada) de su relación real y de su re­ sus explotados ([“libres” !) para llevarlos de las
lación imaginaria con sus condiciones de exis­ riendas, por el chantaje á la libertad, comò lá
tencia reales. En la ideología, la relación real necesidad dé la burguesía de vivir sü propia do­
ésta inevitablemente incluida en lá relación ima­ minación de clase como la libertad dé sus pro­
ginaria: relación qué expresa más üná voluntad pios explotados. De la misma manera que ün
— (corisérvadora, conformista, reformista, o te* pueblo que explotara á otro no podría sentirse
volúcioriaria) también riña esperanza 6 una toes4 iibre, así también una dase que utiliza una ideo­
talgia—, qué describe una realidad. logía, se siente también sometida a ella. Guan­
En ésta sobrédeterminacióri de lo réal por do sé habla de lá función dé ciase de Una ideo­
lo imaginarlo y de lo imaginario por lo real que logía, hay qué comprènder, pues!, qué la ideo­
la ideología es, en su principio, activa, que re­ logía dominante és la ideología de là clase do­
fuerza o modifica lá relación de los hombres minante, qué lé sirve a está rió sólo pará d o
con sus condiciones dé existencia, en esa misma minar à là claSé explotada sirio tárnbién pará
relación imaginaria. De ésto surge que ésta ac­ constituirse èri clase dominante, haciéndole
ción no puede sér nunca puramente instrumen­ àceptàf como réál y justificada íü relación Vi­
tal: los nombres qué utilizaran üriá ideología vida con él mundo.
como á un puro fnédio de acción, como a una Pero hay qué ir nial lejos y preguntarse
herramienta, serían atrapados por ella y con­ qué pasa con lá ideología eri una sociedad dòri­
cernidos por ella én el mismo momento dé uti­ de las clases han desaparecido. Lo qüe acaba­
lizarla y cuando sé creen los dueños absolutos. mos de détír permite una respuesta. Si -trida la
Esto és perfectamente claro eri él cató de función social dé là ideología Sé resufniera èri
\iha soeiedad de clases. Lá ideología dominante él cinismo de uri mito (contó lá* “bèlla* íhéh-
és entonces la Ideología de la clase dominante. tiras” de Platón ó là* técnicas dé lá publicidad
Pero la clase dominante no mantiene con la modernas), qué la clasé dottrinante fabíicafá y
ideología dominante, qué és Su ideología, una manejara desdé áfuérá, para érigañár k qülenes
rélacióri exterior y lucida dé utilidad 6 dé as­ éxplota, la ideología desaparecería ton lai tin­
tucia puras. Cuando la “clasé ascendente”, se*. Pero como hemos vista qüé, incluso t h el
burguesa, desarrolla eri él trariscurso del Siglo casó de una sociedad de clase, là Ideologia àfc-
XVIIÍ, liria ideología hurtíánista dé lá igualdad, tüá Sobré là blasé dominante y tentribüyé fe
dé lá libertad y de lá razón, da á su propia íei- formarla, a tnodificar iris áctitudel patá ádap-
e * a mm
tari* a tu* eondieiones reales de existencia (por a las antiguas palabras un contenido nuevo.
ejemplo: ¡a libertad jurídica), es claro que la Es este contenido lo que importa. Porque,
ideología (como sistema de representaciones de una vez más, los temas del humanismo mar-
masa) es indispensable en toda sociedad para xista no son, en primer término, temas para uso
formar a los hombres, transformarlos y poner­ de los otros. Los marxistas que los desarrollan
los en condiciones de responder a las exigencias lo hacen necesariamente para ellos mismos an­
de sus condiciones de existencia. Si como decía tes de hacerlo para los otros. Sabemos sobre
Marx, la historia es, también en una sociedad qué están basados estos desarrollos: sobre las
socialista, una perpetua transformación de las condiciones nuevas que existen en la Unión So­
condiciones de existencia de los hombres, los viética, sobre el fin de la dictadura del prole­
hombres deben transformarse constantemente tariado y sobre el pasaje al comunismo.
para adaptarse a esas condiciones; si esta “adap­ Es aquí justamente donde se juega el todo
tación” no puede ser dejada a la espontaneidad, por el todo. Véase cómo plantearla el proble­
tino que constantemente debe ser asumida, do­ ma. ¿A qué responde en la Unión Soviética el
minada, controlada, es en la ideología que se desarrollo manifiesto de los temas del humanis­
expresa esta exigencia, se mide esta distancia, mo de la persona (socialista) ? En la ideología
»e vive esta contradicción y que su resolución alemana, al hablar de la idea del hombre y del
está “obrada”. Es en la ideología que la socie­ humanismo, Marx subraya que la idea de la
dad sin clase vive la inadecuación-adecuación naturaleza humana, o de esencia del hombre,
de su relación con el mundo, es en ella y por encubre un juicio de valor acoplado; justamen­
ella que ella transforma la “conciencia” de los te el binomio humano-inhumano; y escribe:
hombres, es decir su actitud y su conducta, pa­ “ ...lo «inhumano», así como también lo «hu­
ra colocarlos al nivel de sus tareas y de sus mano», es un producto de las condiciones ac­
Condiciones de existencia. tuales; es su lado negativo. . .” El binomio hu­
En una sociedad de clases, la ideología es mano-inhumano es el principio oculto de todo
el resorte por el cual y el elemento en el cual humanismo que no es entonces sino la forma
la relación de los hombres con sus condiciones de vivir-soportar-resolver esta contradicción. El
tíe existencia se regula en provecho de la clase humanismo burgués ponía al hombre como prin­
dominante. En una sociedad sin clases, la ideo­ cipio de toda teoría. Esta esencia luminosa del
logía es el resorte por el cual y el elemento en hombre era lo visible de un inhumano de som­
el cual la relación de los hombres con sus con­ bras. El contenido de la esencia humana, esta
diciones de existencia se vive en provecho de esencia aparentemente absoluta, indicaba en es­
todo» los hombres. ta región de sombras su nacimiento rebelde. El
hombre libertad-razón denunciaba al hombre
V egoísta y desgarrado de la sociedad capitalista.
■i En las dos formas de ese binomio: inhumano-
STAMOS ahora en condiciones de volver al humano, la burguesía del siglo XVIII vivía en
E tema del humanismo socialista y de dar
cuenta de la disparidad teórica que hemos
la forma “liberal-racional”, los intelectuales ale­
manes radicales de izquierda en la forma “co­
comprobado entre un término científico (socia­ munitaria” o “comunista”, cada uno en relación
lismo) y un término ideológico (humanismo). con sus condiciones de existencia, como un re­
En sus relaciones con las formas existentes chazo, una reivindicación y un programa.
del humanismo burgués o cristiano de la perso­ ¿Qué pasa con el humanismo socialista ac­
na, el humanismo socialista de la persona se da tual? También él es rechazo y denuncia: re­
como ideología justamente en el juego de pa­ chazo de todas las discriminaciones humanas,
labras que autoriza este encuentro. Lejos de mí ya sean raciales, políticas, religiosas u otras. Es
la idea de que pueda tratarse del encuentro rechazo de toda explotación económica y escla­
de un cinismo y una ingenuidad. El juego de vitud política. Es rechazo de la guerra. Este re­
palabras es siempre, en el caso, el índice de una chazo no es solamente una orgullosa proclama­
realidad histórica, y al mismo tiempo de un ción de victoria, una exhortación y un ejemplo
equívoco vivido, y la expresión del deseo de dirigidos al exterior, a todos los hombres que
superarlo. Cuando los marxistas ponen el acen­ sufren el imperialismo, su explotación, su mise­
to en sus relaciones con el resto del mundo, so­ ria, su servidumbre, sus discriminaciones y sus
bre un humanismo socialista de la persona, ma­ guerras: está también y en primer término vuel­
nifiestan simplemente su voluntad de eliminar to hacia adentro: la misma Unión Soviética. En
la distancia que los separa de sus posibles alia­ el humanismo socialista de la persona, la Unión
dos, y se adelantan simplemente al movimiento, Soviética reconoce por su cuenta, la superación
confiando a la historia futura la tarea de dar del período de la dictadura del proletariado, pe­
ro también rechaza y condena sus “abusos”, las mas históricos, económicos, políticos • ideológi­
formas aberrantes y “criminales” que adoptó en cos nuevos que el período staliniano cubrió de
el período del “culto de la personalidad”. El sombra y que, sin embargo, produjo al produ­
humanismo socialista comporta, en su uso inter­ cir el socialismo: problemas de las formas de
no, la realidad histórica de la superación de la organización económicas, políticas y culturales
dictadura del proletariado y las formas “abusi­ correspondientes al grado de desarrollo alcan­
vas” de que se revistió en la U.R.S.S. Comporta zado por las fuerzas productivas del socialismo;
una realidad “doble”: no sólo una realidad su­ problemas de las nuevas formas del desarrollo
perada por la necesidad racional del desarrollo individual, en un nuevo período de la historia,
de las fuerzas de producción y de las relaciones donde el estado ya no toma si su cargo, por la
de producción socialista (la dictadura del pro­ coacción, ni la dirección, ni el control del des
letariado),— sino también una realidad que no tino de cada uno, donde cada hombre tiene
se tendría que haber superado, esta nueva for­ ahora objetivamente la elección, es decir la di­
ma de “existencia no nacional de la razón”, es­ fícil tarea de devenir por sí mismo lo que es.
ta parte de “sinrazón” y de “inhumano” histó­ Los temas del humanismo socialista (libre de­
ricos que lleva consigo el pasado de la U.R.S.S.: sarrollo del individuo, respeto de la legalidad
el terror, la represión y el dogmatismo—, justa­ socialista, dignidad de la persona, etc.), son la
mente lo que aún no ha sido totalmente supe­ forma en que los soviéticos y otros socialistas
rado, en sus efectos o sus daños. viven sus relaciones con esos problemas, es de­
cir con las condiciones en las cuales se plantean.
Pero, por este voto pasamos de 1a. sombra Es notable comprobar que, conforme a la nece­
a la luz, de lo inhumano a lo humano. El co­ sidad de su desarrollo, en la mayoría de las de­
munismo en el cual se embarca la Unión So­ mocracias socialistas como en la Unión Sovié­
viética es un mundo sin explotación económica, tica, los problemas de la política y de la moral
sin violencia, sin discriminación —un mundo que pasan a primer plano y que los partidos occi­
abre ante los soviéticos el espacio infinito del dentales también están poseídos por esos proble­
progreso, de la ciencia, de la cultura, del pan mas. No es menos notable ver que esos proble­
y de la libertad, del libre desarrollo—, un mun­ mas son, a veces, si no a menudo, teóricamente
do sin sombras ni dramas. ¿Por qué entonces tratados recurriendo a conceptos que pertene­
ese acento tan deliberadamente puesto sobre el cen al período de juventud de Marx, a su fi­
hombre? ¿En qué sentido los hombres soviéti­ losofía del hombre: los conceptos de alienación,
cos necesitan una idea del hombre, es decir una de escisión, de fetichismo, de hombre total, etc.
idea de ellos mismos que los ayude a vivir su Sin embargo, considerados en sí mismos, esos
historia? Es difícil, al llegar aquí, no poner en problemas son, en el fondo, problemas que, le­
relación, por un lado, la necesidad de preparar jos de requerir una “filosofía del hombre”, se
y de realizar una mutación histórica importan­ refieren a la puesta al día de las nuevas formas
te (el pasaje al comunismo, fin de la dictadura de organización de la vida económica, de la vi­
del proletariado, descaecimiento del aparato de da política y de la vida ideológica (incluyendo
estado que supone la creación de nuevas for­ aquí las nuevas formas del desarrollo indivi­
mas de organización política, económica, cultu­ dual) de los países socialistas en su fase de des­
ral en concordancia con este pasaje), y por otro caecimiento o de superación de la dictadura del
lado las condiciones históricas en las cuales de­ proletariado. ¿Cómo es posible que esos proble­
be efectuarse este pasaje. Es que esas condicio­ mas sean planteados, por algunos ideólogos, en
nes tienen también marca propia del pasado de función de los conceptos de una filosofía del
la U.R.S.S. y de sus dificultades,— no sólo la hombre, en lugar de plantearlos abiertamente,
marca de las dificultades debidas al período del netamente y rigurosamente en los términos eco­
“culto de la personalidad”, sino también dificul­ nómicos e ideológicos, etc., de la teoría mar-
tades más lejanas propias de la “construcción xista? ¿Por qué tantos filósofos marxistas pa­
del socialismo en un solo país” y además en recen experimentar la necesidad de recurrir al
un país con un origen económico y cultural­ concepto ideológico premarxista de alienación
mente “subdesarrollado”. Entre esas “condicio­ para pretendidamente pensar y “resolver” esos
nes”, debemos mencionar, en primer término, las problemas históricos concretos?
condiciones “teóricas” heredadas de ese pasado. No comprobaríamos la tentación de este re­
Es esta inadecuación presente, entre las ta­ curso ideológico si no fuera el indicio, a su ma­
reas históricas y sus condiciones, la que puede nera, de una necesidad, que no puede abrigarse
explicar que se recurra a esta ideología. De he­ de ningún modo bajo la protección de otras for­
cho, los temas del humanismo socialista desig­ mas bien justificadas, de necesidad. Está fuera
nan la existencia de problema* reales: proble­ de duda que los comunista* están autorizados
• oponer la realidad económica, rodal, política minio dé la superestructura, y por lo tanto dé
y cultural del socialismo a la “inhumanidad” lá organización del estado y de las ideologías;
del imperialismo en general; que este contraste concierne cada vez más a ese único terreno dél
forma parte de la confrontación y de la lucha cual, en teoría marxista, sabemos que posee una
del socialismo y dél imperialismo. Pero podría “autonomía relativa” (lo que explica muy sim­
lér igualmente peligroso utilizar sin discrimina­ plemente, en teoría, que la infraestructura so­
ción ni reservas, como si se tratara de un Con­ cialista haya podido, en lo esencial, desarrollar­
cepto teórico, un concepto ideológico como el se sin tropiezos, durante ese período de errores
humanismo, cargado, hágase lo que se haga, de que afectan a la superestructura). ¿Por qué lo!
las asociaciones del inconsciente ideológico y que conceptos marxistas existentes, conocidos y re­
recoge con demasiada facilidad temas de inspi­ conocidos, no son evocados para pensar y situar
ración pequeñoburgueSa (sabemos que la pe­ ese fenómeno, descrito, de hecho, en estilo da
queña burguesía y su ideología, a la cual Lenin comportamiento y relacionado con la “psicolo­
predecía un bello porvenir, no han sido aún gía” dfe un hombre, es decir simplemente des­
enterradas por la historia), crito, pero no pensado? ¿Por qué, si la “psico­
logía” de un hombre pudó asumir esa función
Aquí llegamos a una razón más profunda y
histórica, no plantear en término! marxistas esa
sin duda difícil de enunciar. Ese recurso a lá cuestión de las condiciones de posibilidad his­
ideología, puede también, en ciertos límites, Ser tórica de esa aparente promoción de la “psico­
encarado, en efecto, como el sustituto de Un logía” a la digñidád y a lá dimensión dfe un
recurso a lá teoría. Volveríamos a encontrar hecho histórico? El marxismo contiene, éh sus
así las condiciones teóricas actuales legadas ál
principios, elemento! para plantear ése proble­
marxisiho por sü pasado —no sólo el dogmatismo
ma en términos de teoría y, por lo tanto, para
del período staíiniáno, Sino también, provenien­ esclarecerlo y pará ayudar á resolverlo.
te de más lejos, la herencia de las interpretacio­
nes oportunistas desastrosas de la ÍI* Internacio­ Nó évoCo por casualidad el doble ejemplo
nal, que Lenilí combatió duránté toda sü vida, del conceptó dé alienación y dél concepto dé
pero que, tampoco, nunca fueron enterradas pof “culto de la personalidad”. Porqué los concep­
la historia. Ésas condiciones han trabado él de­ tos dél humanismo socialista (eh particular el
sarrolló que hubiera sido indispensable a lá teo­ problema del derecho y de la persona) tiénén
ría marxista para proveerla justamente de lo! como Objetó, también ellos, problemas qué per­
concepto! requeridos por los problemas nuevos: tenecen al dominio de lá Superestructura: orga­
Conceptos que le permitirían hoy plantéár esto! nización del estado, vida política, moral, ideo­
problemas eñ términos científicos, y nO ideoló­ logías, etc. Y nó es ¿venturado pehsár qué él
gicos; qüé le permitirían llamar a lás cosa! por fecUrso a lá ideología es igualmente la víá má!
Su nombré, es decir por lo! cóñcéOtos máfxisfás rápida, él Sustituto dé Una teóríá insuficiente.
apropiados, en lügar dé designarlas, como sü- Insuficiente pero latehté y posible. Tal Seria lá
fcede íiiüv a menudo, pOr concepto! ideológicos función dé esá tentación dé recurrir á lá ideo­
'(alienación) 0 Sin estatuto definido. logía: llénar esta ausencia, éste atraso, festá dis­
tancia, sin reconocerlo abiertamente, haciendo,
Es lamentable, por ejemplo, Comprobar que tomo decía Engéls, de la necesidad y de la im­
el concepto con el cual los comunistas designan paciencia üñ argumento teórico y tomando la
un fenómeno histórico importante en la historia necesidad dé una teoría por lá téoffa misma.
de la U.R.S.S. y del movimiento obrero, el con­ El hürhánisínó filosófico que no! áiñenazá y qüé
cepto del “culto de la personalidad”, sea, si Sé sé abriga bajo las realizaciones sin precedentes
le considerara como ün concepto teórico, tin del socialismo mismo, sería fesé complementó
concepto “inencontrable”, Inclasificable, en la destinado a dar a ciertos ideólogos marxista!,
teoría marxista; puede muy bien describir y á falta de teoría, él sentimiento dé lá teoría
condenar un estilo de comportamiento y, con que lés falta: urt sentimiento qué nO pnfedé as­
este motivo, poseer un doble valor práctico, pe­ pirar á lo más precioso qué no ha legado Marx:
ro, según mis conocimientos, Marx no conside­ la posibilidad dé Uh conocimiento cíéntíficri.
ró jamás que Un estilo de comportamiento Eolí­ He ahí por qué, Si el humanismo socialista
tico pudiera ser directamente asimilado a una está á la orden del día, las buenas razones de
categoría histórica, es decir a un Concepto dé ésta ideología nO pueden, en ningún caso, servir
la teoría del materialismo histórico: puesto que, á las malas, sin arrastrarnos á ia confusión dé
si designa una realidad, no es su concepto. Sin lá ideología y de la teoría científica.
embargo, todo lo que se dice del “culto de la Él antiburhanismo filosófico de Marx éxpré-
personalidad” concierne muy exactamente al do­ sa bien ía inteligencia de las necesidades éxii-
tentes, incluido el humanismo. Pero expresa del estado), como el momento necesario de la
también, al mismo tiempo, porque es una teoría realización de la razón (la idea del estado). De
esta manera, les permite pensar lo que hubieran
crítica y revolucionaria, la inteligencia de la experimentado, en otra forma, como la irraciona­
táctica a adoptar ante ellas: sea sostenerlas, sea lidad misma: el lazo necesario entre la razón y
transformarlas, sea combatirlas. Y los marxistas la sinrazón. Naturalmente, esta relación queda
saben que ninguna táctica es posible cuando se presa en una antropología filosófica, que la fun­
damenta, bajo esta reserva teórica: la modifica­
basa en una estrategia. Y ninguna estrategia, ción del concepto del hombre, indispensable pa­
cuando se basa en la teoría. ra pensar la relación histórica de la razón y de
la sinrazón históricas. El hombre deja de ser de­
finido por la razón y la libertad se transforma,
en su mismo principio “comunitario”, intersubje­
NOTAS: tividad concreta, amor, fraternidad, “ser gená-
■■ico”.
(1) Entendemos aquí “humanismo de clase’’ (6) Toda la teoría, en boga, de la “reifica-
con el sentido en que Lenin decía de la revolu­ ción” descansa sobre la proyección de la teoría
ción socialista de octubre que había dado el po­ de la alienación de los textos de juventud y
der a los trabajadores, obreros y campesinos po­ particularmente de los Manuscritos del 44. So­
bres y que les aseguraba condiciones de vida, de bre la teoría del “fetichismo” de “El Capital”. En
acción > de desarrollo que jamás habían cono­ los Manuscritos del 44, la objetivación de la esen­
cido antes: democracia para los trabajadores, dic­ cia humana está considerada como condición in­
tadura sobre los opresores. No entendemos “hu­ dispensable para la reapropiación de la esencia
manismo de clase” con el sentido, retomado de humana por el hombre. Durante todo el proceso
las obras de juventud de Marx, en que el pro­ de la objetivación el hombre no existe sino bajo
letariado representaría en su “alienación”, la la forma de una objetividad en la cual encuentra
esencia humana misma, cuya “realización” de­ su propia esencia bajo la apariencia de una esen­
bería asegurarla la revolución: esta concepción cia extraña no humana. Esta “objetivación” no
“religiosa” del proletariado (“clase universal” es llamada “reificación”, aunque sea llamada
puesto que “pérdida del hombre” en “rebeldía inhumana. La inhumanidad no está representa­
contra su propia pérdida”) fue retomada por el da por el modelo por excelencia de la “cosa”:
joven Lukács en “Geschichte und Klasseiíbe sino tanto por el modelo de la animalidad (o in­
wusstsein”. cluso de la preanimalidad: el caso del hombro
(2) Rheinische Zeitung: “La libertad de que no está vinculado a la naturaleza ni siquiera
prensa” (mayo de 1842). por las simples relaciones animales), como por el
(3) Carta a Ruge —setiembre de 1843— ad­ modelo de la omnipotencia y de la fascinación, de
mirable fórmula que es la llave de la filosofía de la trascendencia (Dios, el estado) y del dinero
la juventud de Marx. que, él sí, es “cosa”. En “El Capital” el único
(4) Rheinische Zeitung: sobre el artículo del vínculo social que se presenta bajo la forma de
N? 179 de la Kölnische Zeitung: 14 de julio de una cosa (ese trozo de metal) es el dinero. Pero
1842. la concepción del dinero como cosa (es decir la
(5) Este encuentro de Feuerbach y de la confusión del valor con el valor de uso en el
crisis teórica en la cual la historia había arroja­ dinero) no corresponde a la realidad de esta
do a los jóvenes radicales alemanes explica el cosa: no es contra la brutalidad de una simple
entusiasmo de éstos por el autor de las Tesis pro­ “cosa” que choca el hombre que se encuentra
visorias, de la Esencia del cristianismo y de los en relación directa con el dinero: sino contra
Principios de la filosofía del futuro. Feuerbach un poder (o contra sus defectos) sobre las co­
representa, en efecto, la solución teórica a la sas y los hombres. Una ideología de la reifi­
crisis teórica de los jóvenes intelectuales. En su cación que en todas partes ve “cosas” en las
humanismo de la alienación, les da, en efecto, los relaciones humanas confunde bajo la categoría
conceptos teóricos que les permiten pensar la de “cosa” (que es la categoría más rara en
alienación de la esencia humana, como el mo­ Marx) todas las relaciones sociales pensadas so­
mento indispensable de la realización de la esen­ bre el modelo de una ideología de la moneda-
cia humana, la sinrazón (la realidad irracional cosa.

lU M E R O 1 4 / JUNi«3 I t e »
ROBERT PARIS

MAS ACA DEL MARXISMO


(A propósito de Louis Althusser, “Four Marx”)
v

• “En Francia el marxismo siempre ha sido un producto de importación..."


Henri de Man
("Más allá del marxismo")
N un regocijante estudio publicado hace unos trado por la corriente más vasta de una tradi­
E ochenta años en la “Revue Socialiste”, un
tal Gastón Rouanet, que una posteridad injus­
ción internacional. Su “Por Marx”, aunque sea
continuación de otros, se les asemeja lo mismo.
ta quizás exhumará un día, comprobaba, segu­ Al menos por esta vez, la hegelofobia fran­
ro de sus razones, que el marxismo, doctrina cesa no se encuentra sola. Redescubrir la auto­
extranjera, no se adecuaba a la mentalidad nomía, los caracteres específicos del marxismo,
francesa: ¿no se había él mismo, en vano por su “irreductibilidad” al hegelianismo, no cons­
otra parte, agotado al intentar comprender a tituye ahora una aventura de hombre solo. Ya,
Hegel? El grito doloroso de Víctor Gousin en a principios de siglo, Edouard Bernstein con­
sus cartas a Hegel volvía, punzante: “ ¡Explí- sagra todo un capítulo de “Socialismo Teórico
queme! No com prendo...” Dejemos de lado y Social Democracia Práctica” a denunciar los
los balbuceos enternecidos de Jaures al descu­ perjuicios del hegelianismo en el marxismo: pa­
brir, en su tesis del doctorado, a Marx y Hegel ra él la dialéctica hegeliana “constituye el ele­
y Lassalle y Luther y Fichte: enraizada y con­ mento pérfido en la doctrina marxista, la tram­
forme a la mentalidad nacional, sólida, la tra­ pa, el obstáculo que obstruye el camino a toda
dición permanece incólume. apreciación lógica de las cosas.” (D
No es que Althusser, cuyo “Por Marx” ha Más confuso, con menor mentalidad filosó­
sido tomado por algunos al pie de la letra o fica, De Man retoma la idea en “Au-dela du
del título, «sea el heredero de esta única tradi­ marxisme” (Más allá del marxismo). (2) Des­
ción: “marxista” en su opinión, su manera de pués, Eastman, cuyo libro “La Science de la
redescubrir en Marx una especie de Claude Revolution” (La ciencia de la revolución), (3)
Bernard de la economía política y de retallar pretende también ser una obra de rectificación:
la imagen a la medida de las tradiciones más “Desearía liberar al propio Marx, por así de­
vivas de la universidad francesa, le permite cir, de su educación hegeliana.” (4) Este redes­
actualmente, por una de esas gracias cuyo se­ cubrimiento corresponde a los flujos y reflujo»
creto mantiene nuestra época, encontrarse arras- del movimiento obrero: Bernstein lo hizo cuan-
oo «i marxismo ortodoxo de Kautsky y de otros desconoce su deuda: Hegel fue “el primero en
cubría piadosamente el reformismo de la Inter­ exponer el movimiento de conjunto” de la diá-
nacional; (5) De Man y Eastman son testigos léctica; (12) e incluso exagera la “coquetería”
de la ascensión de Stalin, del socialismo en un al punto de proclamarse “abiertamente discípu­
tolo país, de la liquidación de la revolución lo de ese gran pensador”. (13) Tan es así que
mundial; actualmente, por último, Althusser re­ cabe preguntarse si se trata realmente de “co­
plantea el problema, y casi en los mismos tér­ queterías” y de “metáforas”, a las cuales Marx,
minos: “La teoría que permite ver claro en a pesar de todo su humor, no habría otorgado
Marx, distinguir la ciencia de la ideología ( . . . ) tanta importancia.
no e* en efecto nada más que la propia filoso­ ¿Es preciso, por otra parte, insistir sobre la
fía marxista.” (6) El esfuerzo por definir “los ca­ seriedad y la homogeneidad de esta página en
racteres específicos irreductibles de la teoría la cual Marx se empeña —y para lectores ale­
marxista”, “la distinción teórica irreconciliable manes: que tendrán, como él dice, “la cabeza
que separa a Marx de Hegel” (ibidem), coin­ filosófica”— en definir la relación entre dos “as­
cidiría pues con el estancamiento del marxismo pectos, y no entre dos dialécticas, de un mismo
y no, como podría creerse, con su progreso y, «movimiento de conjunto»; el aspecto mistifica­
en particular, porque el marxismo —como la dor de la dialéctica que, en Hegel, parece glo­
naturaleza— no tiene historia fuera del efecto rificar las cosas existentes” y su “aspecto ra­
de la praxis, con el estancamiento del movimien­ cional”, “esencialmente crítico y revoluciona­
to real: el de un proletariado que si no es re­ rio”, y, para la burguesía, “escándalo y abomi­
volucionario no es nada. (7) Al leer a Marx, só­ nación” ? (14) La insistencia acordada a subra­
lo al leerlo, y a menudo leerlo mal, ¿cómo Al­ yar la articulación de esos dos aspectos en un
thusser podría convencemos de lo contrario? mismo movimiento; el recurrir, en esa crítica
Tanto más cuanto para clarificar este pro­ rápida del aspecto mistificador de la dialéctica,
blema, Marx —¿y quién no desearía compren­ a fórmulas que ha empleado “hace casi treinta
derlo?— fue el primero en usar una de esas años” 05); la “coquetería” que es la de sor­
“coqueterías” hegelianas a las cuales, de creer­ prender, como treinta años antes, a su maestro
le, nunca pudo renunciar plenamente: “En He­ “caminando sobre la cabeza”, pero sabiendo
gel la dialéctica marcha sobre la cabeza; basta “que lo impulsa” ; (16); también el lenguaje que,
ponerla sobre los pies para considerar totalmen­ al oponer el aspecto mistificador y el aspecto
te razonable su fisonomía”. (8) La ironía, es ape­ revolucionario, pone el acento sobre el valor
nas velada; el tono es casi jocoso. Para Althus­ subversivo de este “método de investigación”
ser sólo es una fórmula “indicativa, digamos como lo denomina modestamente Marx; (17) to­
metafórica”. ¿Pero “indicativa” de qué? Y con do tiende a designarnos el lugar de la ruptura
olvido de que esta “metáfora” —como Marx sin y su modalidad, también a fecharla. Invertir la
duda lo sabía— proviene directamente de He­ dialéctica, no es pues -—esta página de Marx
gel, que la empleó entre otras, respecto a la con­ lo explica con claridad— cambiar simplemente
vención y al calendario revolucionario. Como de lógica o de dialéctica, ni cambiar el fusil
lo señala con humor Labriola, es “precisamen­ de hombro. Tampoco significa, como lo cree
te ese reaccionario de Hegel quien afirmó que Althusser, “adoptar una lógica de la irrupción
los hombres intentaron, por primera vez desde de la historia real en la ideología misma”. La
Anaxágoras, colocar sobre sus pies a la noción historia real estaba ya presente en Hegel, omni­
del mundo, al hacerla reposar sobre la ra­ presente e incluso demasiado presente, como se
tón”. (9) lo reprochó: “Es una historia doble, esotérica
y exotérica. El contenido se encuentra en la
La “metáfora” de la “inversión” o de la parte exotérica. El interés de la parte esotérica
"cabeza para abajo” —Marx sin duda también consiste en encontrar en el Estado la historia
lo sabía— significaba algo más que una “me­ de la noción lógica. Pero pertenece al campo
táfora” : “La conciencia natural se confía inme­ exotérico que se haga el desarrollo propiamente
diatamente a la ciencia”, escribe Hegel en uno dicho.” (18) No es otra historia, menos real, si­
de sus grandes textos, “es para ella un nuevo no sólo mistificada, simplemente invertida, la
•nsayo que realiza, sin saber que la impulsa, cabeza para abajo o enajenada: “La realidad
para caminar sobre la cabeza”. (10) no está expresada como ella misma, sino como
Sin duda el autor de “El Capital” ya no e* otra realidad.” (19) La misma realidad, por con­
un hegeliano; incluso desde hacía tiempo había siguiente, la misma historia real: y no se ve por
ajustado cuentas con Hegel: “Critiqué el lado otra parte con mucha claridad cuál habría sido
místico (mistificador) de la dialéctica hegelia- ese “ajuste de cuentas” entre Marx y Hegel si
na hace casi treinta años”; (11) pero no por eso los dos no hubieran encarado la misma histo-
»*a, real: uno para sancionarla o santificarla; el preliminar: para que la "superadán” magosta
otro, para transformarla. pueda ser otra cosa que el Aufhebung de Ha*
“El joven Marx nunca fue hegeliano”, nos gel, asegurémonos en primer lugar de que e* a
dice, sin embargo, Althusser (p. 27 subrayado Hegel, y no a otro, a quien Marx superó.
por el autor) “La tesis, tan difundida, del El Hegel de Marx, evidentemente es “el H e­
hegelianismo del joven Marx, en general, es gel del movimiento neohegeliano” (p. 62), el He­
pues un mito.” (Con uno de esos “pues" que gel de un periodo donde, como afirma Marx,
son el secreto de todas las tautologías.) ¿El pro­ “la dialéctica h egelian a... estaba aún de mo­
blema es tan importante como para exigir una da” (cf. supra). Sobre ese Hegel se juega k
negación previa? Sí, se trata de pensar el iti­ partida: el Hegel cuya muerte (filosófica y bio­
nerario propio de Marx y subrayar que para el lógica) dejará sitio para k» que Marx denomi­
joven Marx la crítica de Hegel tuvo que ser naba (refiriéndose a la muerte de Aristóteles)
también —y en primer lugar— un trabajo so­ el “carnaval filosófico”. Hegel, en realidad, clau­
bre sí mismo (se trata también, como lo dirá suró la filosofía. Representa y comprende en
en su prefacio a la “Crítica de la economía po­ su mismo proyecto la totalidad de la filosofías
lítica” de “ver claro en sí mismo” o de “exten­ a todos esos filósofos que, afirmará Marx, se
derse consigo mismo” ). (20) No, simplemente te­ han contentado hasta el momento con interpre­
nemos, como lo pretende Althusser, que pensar tar el mundo (Tesis sobre Feurbach, X I): “El
las relaciones entre dos caminos, la dialéctica fin último y el interés de la filosofía consiste
hegeliana y la “teoría marxista”. Pero en ese —para Hegel— en conciliar el pensamiento, el
caso, ¿por qué esta petición de principio? El concepto, con la realidad” (Lecciones de histo­
problema entonces queda resuelto o tiende a di­ ria de la filosofía). El fin de la historia, la
solverse. La ruptura o el corte, la inversión no clausura del sistema, la realización de la conci­
existe, en efecto, si no se efectúa a partir de liación significan que cualquier filosofía —e in­
una posición hegeliana, si no es el único me­ cluso y sobre todo las filosofías del futuro— co­
dio de escapar al sistema, de escaparse. ¿Qué mo filosofía, es decir esfuerzo para conciliar (o
sentido tendría un sicoanálisis —trabajo sobre para interpretar), se encuentra de entrada y
sí mismo para “ver claro en sí mismo” y “en­ desde ya desprovista de valor, comprendida en
tenderse consigo mismo”— que se efectuara so­ el sistema, encerrada en su círculo mágico. Lue­
bre la neurosis de algún otro? Sí el hegelianis­ go de Hegel, cualquier filosofía post-hegeliana
mo es, en Marx, un cuerpo extraño, la neuro­ sólo podrá llegar a posiciones ya comprendida»
sis mal curada, pero que, con gran escándalo por Hegel, a posiciones pre-hegelianas. O, dar
de la “teoría”, se encontraría perfectamente a lugar, por supuesto, a “anti-filosofías” : Kierke-
gusto, o bien, por el contrario, si el marxismo gaard. N ietzsch e... El sistema de Hegel —y
nace de la cura de ese tipo de neurosis —y, a esto es lo importante para nuestro p ro p ó sito -
través de ésta, del rechazo de ese tipo de res­ es la última palabra de la filosofía. La ruptura
puesta que es la neurosis (en este caso, el he­ tendrá en primer lugar que comprobarlo; la
gelianismo)—, si su surgimiento es ya esta cura crítica se dirigirá en primer lugar a la ruptu­
(libre de retomar aquí el viejo lenguaje para ra con este objetivo de la conciliación, de la in­
recurrir al lenguaje del nuevo), la alternativa, terpretación: en la elección de la transforma­
sólo para ser planteada, supone evidentemente ción que nos haga efectivamente salir del círcu­
que el problema ha tenido razón de ser, que lo mistificador de Hegel y de su dialéctica
Marx, dicho en otras palabras, haya sido hege­ — de la filosofía.
liano y que el hegelianismo haya sido para él una
experiencia ineluctable, primordial, por y más La fecha y el protocolo del corte tienen pues
allá de la cuat debió pasar. Sin lo cual, desa­ su importancia; incluso son lo importante pa­
parecido nuestro problema, la empresa de Al­ ra la filosofía marxista: sin ellos no se podría
thusser apuntaría más hacia la interpretación, definir esta autonomía, esta autosuficiencia que
hacia la lectura de Marx —una lectura falsa el marxismo tiene obligación de reivindicar. Al
que habría creído encontrar a Hegel, etc., qui­ desplazar la fecha de la ruptura, al remontarla
zás nuestra lectura— que hacia la significación a 1845 ó ulteriormente, como es el caso aquí,
propia de la obra y, al negarse a decirlo con uno se da el lujo de mistificar el sentido de
una imagen, para negar así la posibilidad del esta ruptura y de condenar a los infiernos •
doble sentido o de lo concreto, ocultaría el pro­ los limbos pre-marxístas a toda una serie de ca­
blema y su rastro: la posibilidad, por ejemplo, tegorías o de temas que fueron considerado»
de ese equívoco histórico tenaz que sería, para basta ahora partes integrantes del marxismo. Es­
Althusser, la lectura obstinada de Marx a par­ tos dos puntos, por otra parte, sólo pueden di­
tir de su surgimiento. (21) O de esta exigencia sociarse a través del análisis: y dado que Al-

n u m e r o u / junio la sa r* a «i
AM»» jáis*» i» m ptw * «a eénmno# neoposl - Marx, insospechable de hegelianismo, la “Críti­
tíviitas, como mi descubrimiento científico en- ca de la economía política” (1859): “El traba­
(&« (tote* otro» (p. 83 y passim), (22) como un jo, medido así por el tiempo, no se presenta
“nacimiento” (p. 71) a nivel de la “Teoría”, como el ti abajo de individuos diferentes, sino
«n líntesis como un problema en primer lugar que los diferentes individuos que trabajan apa­
epistemológico, y después, además, político, his­ recen como simples órganos del trabajo.” (26)
tórico, etc., le es imposible ver la significación Y aun: “El trabajo que se manifiesta en el va­
seal, primera de la ruptura; todo ese orden lor de cambio es, por hipótesis, el trabajo del
precisamente: político, histórico, etc. Pero va­ individuo aislado. Es al tomar la forma de su
yamos justamente a ese fárrago de “conceptos contrario inmediato, la forma de la generali­
seudo-mandstas” que serían la alienación, la to­ dad abstracta (el universal abstracto de Hegel),
talidad, la superación y me doy por cumplido. que se convierte en trabajo social,” (27) ¿Cómo
La alienación, por ejemplo. En el plano es posible ver aquí que el concepto de aliena­
á» la filología de los escritos de Marx ción ha sido abandonado? Pasemos a otro tex­
—porque se trata también de saber leer to “insospechable” : El “Manifiesto Comunista”
* Marx-—, ¿en qué momento Marx cesa (1848). El comunismo suprime “el poder de
de recurrir a este concepto? (para no ha­ sojuzgar el trabajo ajeno por medio de esta
blar de Lenin, cuyo texto “¿Cómo organizar la apropiación (la de los productos sociales)”; (28)
emulación?” de diciembre de 1917 es casi im­ el comunismo suprime la alienación del trabajo
posible de comprender sin recurrir a este con­ ajeno. Mientras, en la sociedad burguesa, el ca­
cepto operatorio). El concepto de alienación pital es “independiente y personal”, “el indivi­
aparece, por supuesto, en uno de esos textos que duo que trabaja no tiene independencia ni per­
Althusser condena al premarxismo: los “Manus­ sonalidad”. (29) La alienación, “ese triste modo
critos de 1844” que permiten aclarar —en par­ de la apropiación que hace que el obrero no
ticular, sobre este punto preciso de la aliena­ viva sino para acrecentar el capital” (30), de­
ción— este “análisis crítico de la dialéctica de semboca en realidad, sobre una noción de la
Hegel y de su filosofía en general”, ese “nece­ cual quizás nos enteremos un día que, también
sario ajuste de cuentas de la crítica con su ori­ ella, es seudo-marxista: la del proletariado. Por­
gen —la dialéctica de Hegel y la filosofía ale­ que si es absurdo y a-marxista pretender al­
mana en general—” (23) que debía constituir el canzar e incluso definir al proletariado a tra­
último capítulo de la obra que. Marx prepa­ vés de una comprobación “objetiva” —de tipo
raba con los Manuscritos. El concepto de tra­ sociológico, por ejemplo: de una objetividad
bajo alienado o de alienación es actualizado a nostálgica de las ciencias naturales, que, en su
partir de una crítica de la economía política: nivel, al igual que la filosofía de Hegel, sólo
“Hemos partido de las premisas de la economía puede sancionar y santificar lo que es— el pro­
política. Hemos aceptado su lenguaje y sus le­ letariado de ninguna manera es un inefable que
yes. ( . . . ) Al partir de la propia economía po­ escapa a la definición. Su estatuto, al contra­
lítica, al utilizar sus términos, hemos demostra­ rio, resulta de una doble definición que se ar­
do que el obrero es rebajado a la categoría de ticula alrededor de ese concepto de alienación:
mercadería. ( . . . ) Tenemos pues ahora que los proletarios “sólo viven si su trabajo acrecien­
comprender el encadenamiento esencial qüe es­ ta el capital”, (31) “no tienen nada que salva­
labona la propiedad privada, la sed de rique­ guardar que les pertenezca”, (32) nada que per­
zas, la separación del capital y de la propie­ der, salvo sus cadenas. Forzado, para vivir, a
dad, la del intercambio y la competencia, del alienar su fuerza de trabajo, el proletariado se
valor y de la depreciación del hombre, del mo­ ve desposeído de los frutos de su trabajo (con
nopolio y de la competencia, etc., en sintesis la excepción de lo que Marx denomina los “gas­
vinculación de toda esta alienación (Entfrem- tos de existencia y de reproducción"). (33) El
dung) con el sistema del dinero.” (24) Y toda­ proletario es, si se quiere, aquel para quien
vía esta precisión: “La alienación del obrero en el trabajo de por sí es alienación, para quien
#u producto no sólo significa que su trabajo se la objetivación es alienación. El ciclo de la fuer­
convierte en un objeto, una existencia exterior, za de trabajo reconstruye de esta manera, cu­
sino que su trabajo existe fuera de él, con in­ riosamente, el de la dialéctica hegeliana (en la
dependencia de él, extraño a él, y se convierte cual alienación y objetivación son una misma
en una potencia autónoma respecto a él, que cosa): la única salida —al igual que en la dia­
1» vida que él ha otorgado al objeto se le opo­ léctica hegeliana— es la inversión, la subver­
ne, hostil y extraña.” (25) Precisión que no es sión.
inútil, puesto que nos permite pasar directamen­ Y aquí, un paréntesis no es acaso inútil;
te a un texto que pertenece a la madurez de aunque sólo sea para aplicar ese principio de


p ao . »» CUADERNOS DE M ARCHA
Marx que pretende que “no se juzgue a un in­ de la riqueza, y k alienación, asomo te m a pm-
dividuo por la idea que tiene de sí mismo”. (34) dominante de la apropiación, »ólo pertenece»
Si no se trata de hacer la crítica de la ideolo­ al período de k producción burguesa.” (Si)
gía que sustenta la empresa de Althusser, por Pero volvamos al corte. Hemos vist® k ím-
lo menos se intenta ver, a través de sus conse­ portancia de su datación. Veamos ahora la d*
cuencias filosóficas prácticas, las orientaciones sus modalidades. Para Althusser —que no no*
principales. La alienación no pertenece pues al muestra nunca en los hechos dónde ni cómo s®
marxismo (cf. p. 221), sino, como se ha dicho efectúa el corte—, "la superación de Hegd no
en un artículo reciente, a las “ideologías seudo- es de ninguna manera un «Aufhebung» en el
marxistas”, (35) Lógicamente esto significa que sentido hegeliano, es decir la enunciación á®
es preciso disolver o recusar algunas otras no­ la verdad de lo que está contenido en Hegel;
ciones: la del proletariado, en primer lugar, co­ ( . . . ) al contrario, es una superación de k ilu­
mo se ha visto; pero también la de la plusva­ sión hacia la realidad; mejor aún ( . . . ) es una
lía: porque, ¿qué es la plusvalía sino el pro­ disipación de la ilusión y un retroceso, de la
ducto del trabajo impago, alienado? (El Capital ilusión disipada, hada la realidad”, (págs. 74-
I. 3) El análisis de la mercadería también se 75). El niño del cuento de Andersen que gri­
derrumbaría si no interviniera este concepto ta: “El rey está desnudo”, nos ofrecería pues un
operatorio, marxista, del trabajo alienado. De ejemplo de “superación” marxista, una supera­
esa manera —como lo comprueba Marx— Fran- ción que, en el cuento, si lo leemos bien, ten­
klin, que no hace del trabajo contenido en el dría mucho más “sentido común”. Pero el tra­
valor de cambio, “al trabajo general abstracto, bajo, que consiste, para Marx, en descubrir que,
al trabajo social surgido de la alienación uni­ en Ilegel, “el secreto de la nobleza es la zoolo­
versal de los trabajos individuales”, no logra gía” (39) o aun —y todavía otro ejemplo real—-
“reconocer en el dinero la forma de existencia que el monarca, “verdad del estado” se resuel­
inmediata de este trabajo alienado”. (36) En el ve en su “actividad sexual” : “hace un rey”, (40)
propio ámbito de la epistemología o, como di­ esta praxis desmistificante (y la mistificación
ría el autor, de la teoría, parece pues muy di­ no es la ilusión) consiste precisamente en ac­
fícil eliminar este concepto de la alienación, fie­ tualizar la verdad del contenido hegeliano, es
ro ésta es sólo una de las consecuencias. Hay decir sus raíces reales, la realidad que Hegel
otras. Y por ejemplo, dentro de lo que el autor “glorifica”, santifica: y lo importante es la a r­
denomina la “ostentación”, parece innegable ticulación de esta verdad y de lo real mistifica­
que al rechazar esta categoría de la alienación se do que nos presenta Hegel; la inversión, por
corre el riesgo de hacerle el juego a ese “refon ejemplo, del hecho de la propiedad en dere­
mismo” —condenado en una nota rápida, casi cho. (41) Lo cual es muy diferente de la disi­
pro forma (p. 197)— que imagina “que se pue­ pación de la ilusión en la experiencia clásica
de invertir el orden de las cosas sobre su pro­ del bastón quebrado del alumno de Rousseau.
pia base. . . sobre la propia base de las relacio­
nes sociales existentes” (p. 197 nota), las cua­ Pero no cabe duda que Althusser confunde
les “relaciones sociales” designan sin duda aquí aquí el ámbito de los descubrimientos y el de
las relaciones de producción. Porque en fin, las verdades, la aventura (filosófica) personal
puesto a un lado el problema del imperialis­ del individuo Marx y el problema (filosófico)
mo, ¿qué impide al reformismo o al revisio­ de la relación entre una “teoría”, el marxismo,
nismo, en su esquema de un capitalismo capaz que a la vez es (¿o en primer lugar?) una
de autorregularizarse, de resolver sus propias crítica de las ideologías y una ideología, la ideo­
contradicciones y de evitar las crisis o planifi­ logía, la filosofía de Hegel. Es, si se quiere,
carlas —en síntesis en su pintura de una nueva pensar el problema de Marx como un proble­
edad de oro— convencernos verdaderamente? ma filosófico tradicional, como se piensa habi­
¿Cuál es la piedra con la que tropieza —de­ tualmente, en la universidad (quiero decir: en
jando de lado, repito, al imperialismo— (37) ese términos idealistas) el problema de Descartes
proyecto reformista de un capitalismo capaz de o de Kant: a partir de la decepción de Des­
lograr por sí mismo, con un poco de buena vo­ cartes frente a la educación jesuítica o de la
luntad a su favor, la solución de sus contra­ crisis del sistema de Leibniz y de Wolff en Kant.
dicciones, sino precisamente el hecho de que el Marx habría descubierto, pues, que la ideología
capitalismo no sabría resolver esta contradic­ alemana no daba cuenta de “la realidad fran­
ción primera, fundamental, esencial que es la cesa y la realidad inglesa” (p. 78), habría des­
alienación? Contradicción que es la esencia his­ cubierto “una realidad radicalmente nueva” : en
tórica del capitalismo si se cree a Marx: “La Francia, la “clase obrera organizada” ; en In­
mercadería, como forma fundamental elemental glaterra. el “capitalismo desarrollado” ; en sínte-

NUMERO JU N IO t» « «
di, "una TucTia de dase* que seguiría sus pro- una parte? (42) Definida por Althusser, la Ideo­
ilas leyes, prescindiendo de la filosofía y de los logía no se diferencia de esa “agua profunda”
Jilósofos” (ibid). Pero es difícil comprender la en la cual —de creer a Descartes—- arriesgan
ahogarse “los que no conocen el vado” (43): el
naturaleza del proceso que condujo a Marx a
hacer la crítica del sistema hegeliano en lugar problema de la ideología —que incluso tiene
da construir de entrada, a partir de una ro­ una “problemática” (p. 197)— es un problema
busta tabula rasa, la “Teoría” de esos “descu­ de conocimiento según lo verdadero o lo falso.
brimientos” : porque, en última instancia, exis­ Respecto a su crítica, se asemeja hasta confun­
tían entonces filosofías, ideologías que a su ma­ dirse con la búsqueda de la causa de nuestros
nera daban cuenta de esa realidad: el positi­ errores tal como definieron los creadores del
vismo, por ejemplo. No es fácil comprender des­ término: los ideólogos de principios del siglo
pués de todo esto, por qué Marx no elaboró en XIX. Agreguemos, para ser justos, que el con­
lugar de esta ‘Teoría” que hace sufrir tanto cepto permanece igualmente fluido. Por consi­
a Althusser, un pragmatismo sólido que permi­ guiente, si es inconcebible —o con mayor preci­
ta a la lucha de clases prescindir de la filoso­ sión si “el materialismo histórico no puede con­
fia y de los filósofos. Y sobre todo no se com- cebir” que una , sociedad comunista “pueda
rende ya más lo que ha ocurrido con el pro­ nunca prescindir de la ideología” (p. 239: su­
Í lema: el de las relaciones de Marx y Hegel,
si la presencia de este último se reduce —co­
mo aquí— a una “formación de la teoría”, una
brayados del autor), es porque —nos dice- la
ideología, “sistema de representación de ma­
sas” (p. 242, subrayados del autor) o, como di­
especie de pedagogía del espiritu teórico a tra­ ría Durkheim, “representación colectiva”, “es
vés de las formaciones teóricas de la propia ideo­ indispensable en cualquier sociedad para formar
logía. (p. 82) a los hombres, transformarlos y ponerlos en si­
Ese análisis es aún más impugnable, puesto tuación de responder a las exigencias de sus con­
que implanta y supone una teoría errónea de diciones de existencia” (ibidem, subrayados del
la ideologia, o, por lo menos, premarxista. En autor). Los “fantasmas ideológicos” (44) al ha­
la perspectiva de Althusser, la de un neo-ilumi- cerse aquí algo más difusos, sin romper con el
nismo o de un neo-positivismo, es evidente que intelectualismo que marcaba las formulaciones
la ideología se resuelve en un discurso (evite­ precedentes, se tiende a desplazar la definición
mos por el momento el término teoría) que de la ideologia para reencontrar la del “marxis-
no muestra una realidad, la cual goza a su ta burgués” (como lo denomina Raymond Aron)
vez de un estatuto autónomo, objetivamente Karl Mannheim: una definición “amplia”, so­
autónomo, o, como lo afirma con toda ingenui­ ciológica, que implica, por ejemplo, que el mar­
dad el autor, prescinde muy bien de la filoso­ xismo es también una ideología (y, por supues­
fía. La tentación de reducir el “modelo” mar­ to, de ninguna manera una “teoría”) y, tam­
xista a un modelo más “spinocista” que hege­ bién como en Althusser, que toda sociedad ten­
liano (p. 75 nota), expresa con bastante cla­ ga su ideología. A la inversa, la jxwición mar-
ridad el tntelectualismo o, si se prefiere, el ra­ xista rigurosa, coherente, haría de la ideología
cionalismo mecanicista, que sustenta el análisis la expresión de toda sociedad dividida en cla­
de Althusser (sin insistir en que reintroduce, a ses. Pero aquí Althusser quizás se preocupe más
través de Spinoza, un monismo que pretende ex­ de la “ostentación” o de la táctica que del ri­
pulsar por otra parte: tan es asi que los “gé­ gor científico. “Estructura esencial en la vida
neros” del conocimiento en Spinoza sólo tienen histórica de las sociedades” (p. 239) la ideolo­
sentido como grados de una misma totalidad). gía es descrita un poco a la manera de las for­
La ideología, para Althusser, en primer lugar mas de la sensibilidad en Kant: "sistema de re­
es lo que se distingue de la ciencia (cf. p. 173) presentaciones” (p. 239), “concierne” (sic) “a
y, más precisamente, lo que es “ajeno a la rea­ la relación vivida de los hombres con su mun­
lidad de la práctica científica” (p. 196). Al do” (240). Su problema es el de las relacio­
igual que la teoría, la ideología es una “prác­ nes de lo “real” y de lo “imaginario” (241).
tica” ; “transforma también su objeto: la con­ “La misma imaginación que”, como dice Hel­
ciencia de los hombres” (p. 168). ¿Pero no es vétius, “unida a ciertos principios de úna fi­
«sto, precisamente, poner el proceso cabeza aba­ losofía falsa, habría descrito así en Fenicia la
jo? ¿No es la “falsa conciencia”, la “concien­ formación del universo, supo en los distintos
cia mistificada” (y mistificante) la que “pro­ países desentrañar sucesivamente el caos de mil
ducto” de la ideologia, se expresa a través de otras maneras diferentes”. (45) La definición de
esta y, en último término, se libra a un ver­ la ideología en Althusser se sitúa pues a mitad
dadero trabajo de reestructuración de la Wel­ de camino entre la de las pasiones, reinado del
tanschauung, de la cual la ideología no es sino error, de la tradición racionalista (y del mate-
rialismo pie-dialéctico) y una definición que de­ algo más importante: la manera como Althur
be mucho al kantismo: la de la ideología como ser llega a ese resultado.
un esquema, “intermediario misterioso entre el Parte de la comprobación que Marx no qui­
concepto y la intuición” en Kant (46) y, en Al- so “tomarse el trabajo” (p. 176) de escribir tu
thusser, “relación vivida”, no menos misteriosa, Dialéctica, su Discurso del Método, lo cual —co­
entre la “relación real” y la “relación imagi­ mo el mismo lo reconoce— “no es totalmente
naria” de los hombres con “sus condiciones de exacto" (p. 184) puesto que Marx nos dejó su
existencia real”. Posiciones que nada tienen que Introducción (1857) y su Prefacio (1859) 3 la
ver, ni una ni otra, con el marxismo. Crítica de la Economía Política (habría que ver
Esta incapacidad para dar una definición también por qué nos dejó su “Dialéctica” en es­
dialéctica, eficaz y científica de la ideología ya ta forma) y Althusser se dirige pues hacia la
evidentemente unida con el proyecto que Al “práctica” ya constituida para extirpar la teo­
thusser, “relación vivida”, no menos misteriosa, ría que se encuentra ahí “en estado práctico”
se rechazará su postulado: la dialéctica marxis- (p. 177); “La solución de nuestro problema teó­
fa no es la dialéctica hegeliana ni tampoco la rico ya existe, desde hace tiempo, en estado
dialéctica hegeliana “invertida”, puesta “sobre práctico, en la práctica marxista. Plantear y
sus pies” ; pero se impugnará su posición del resolver nuestro problema teórico consiste pues
problema: intelectualista, neo-positivista o pre- en enunciar teóricamente la “solución”, “que
marxista, como se quiera. Claro que no se trata existe en estado práctico”, (págs. 165 - 166 su­
de abandonarse de nuevo a esa “peste begelia- brayados del autor). Sólo se trata pues de libe­
na” que, según Eñgels, ya roía a Rousseau; (47) rar un implícito y, como afirma Althusser en el
sino sólo de saber si es posible presentar esta comentario critico al Postfado de Marx a la
dialéctica nueva que caracteriza al marxismo, segunda edición alemana de El Capital, de ac­
en términos de epistemología o aun si es legíti­ tualizar el “núcleo” teórico prisionero de la es­
mo pensar esta transformación de la dialéctica coria “práctica” : “descortezamiento”, según la
según un modelo que deba mucho inás a das fórmula de .^Hhusser (p. 8 8 ), que pertenece más
ciencias de la naturaleza —donde la realidad a la tradición de ^a epistemología (universita­
se precia “de prescindir de la filosofía y de los ria) que al marxismo propiamente dicho. Por­
filósofos” (cf. supra)— que al ámbito en el cual que, si el problema de la relación entre fas dos
se pjerce la crítica de Marx; el del “terreno dialécticas es, en términos vulgares, un proble­
de la lucha de clases y de la comhVitoria so­ ma “teórico”, ¿es preciso concluir por consi­
cial”. (48) Porque en Althusser es ev?Sente una guiente, a riesgo de jugar con las palabras, que
nostalgia del modelo cartesiano o neo-positivis­ ese problema pertenece a la “Teoría” al igual
ta —que ha cambiado poco en e| ínterin— de que la “teoría” de la relatividad o la “teoría”
las ciencias de la naturaleza: una nostalgia, has­ de los conjuntos? El método que se nos propone
ta podría decirse, de la mathesis universalis de aquí se encuentra en todos los manuales de fi­
Descartes, de ese Grand Arte de Lulio que, de losofía; se reconocerá la tradición racionalista de
creer a Descartes, más nos ayuda “a hablar sin la filosofía burguesa: el sabio realiza su trabajo
juicio de cosas que ignoramos, que a aprended que consiste en descubrir el principio de Carnot
las” ; (49) el sueño de un método que nos dis­ o en establecer la constante de Planck; llega el
pense de afrontar lo concreto. La idea —que filósofo -—nuevo pájaro de Minerva— que se
también se le atribuye a Einstein— de encon­ encargará de “hacer la teoría” de lo que ha ocu­
trar una ley que pueda aplicarse a todo, se rrido. El divorcio entre teoría y práctica asume
reencuentra aquí en el esfuerzo para definir “lo trivialmente la división del trabajo. Pero para
esencial: la ley del desarrollo desigual de las Althusser parece ser todo muy natural. Hay
contradicciones” (p. 206), la ley que “no sólo por otra parte un concepto —que sin duda
concierne, como se cree a veces, únicamente al considera seudo-marxista— que nunca aparece
en su obra: el de la praxis. El proceso que con­
imperialismo”, sino también a “todo lo que siste —en Althusser como en Stuart Mili, Go-
existe en el mundo” . . . fibid). Revelación que blot, Mouy, León Brunschvicg e incluso Bache-
evoca — 3 pesar de Mao Tse-tung y de su “fra­ lard— en liberar una “teoría” prisionera de una
se pura como el alba” (ibidj— la anécdota “práctica” (científica en este caso) ya consti­
que cuenta Valles en L’Enfant, del hombre que tuida, supone evidentemente, incluso implica, que
“demuestra a Dios” con fósforos y concluye esa práctica es ciega y, en cierta manera, in­
“Señores, Dios está acá”, aunque sus ayudan* consciente, o por lo menos opaca. Se parte de
tes, que alargan el ruello, sólo ven, sobre la la base, dicho en otras palabras, que la tarea
mesa, porotos y fósforos. Pero, más allá del ca­ del “teórico” consiste en decirnos y en decirle
rácter abstracto y genérico de esta “ley”, hay al propio “práctico” lo que éste ha hecho ai
"practicar”. En el cato presente, nos conceden realidad es un texto ya elaborado, reflexiona­
que Marx no tuvo o no quiso tener tiempo pa­ do, una expresión de la praxis. Se esfuerza en­
ra escribir su teoría; pero este argumento basa­ seguida, recurriendo a una demostración dentro
do en lo fortuito no puede disimular el verda­ de la mejor tradición nominalista, por demos­
dero carácter de este proceso: la filosofía, a pre­ trar que lo “irremplazable” de ese texto está en
texto de la teoría, sigue siendo el lugar consa­ el análisis de la “coyuntura”, del “momento ac­
grado de las revelaciones y el filósofo, desig­ tual”, de una “actualidad estructurada. .. úni­
nando con el dedo la práctica, repite la frase co objeto de su acción política (la de Lenin)”
de Heráclito: “También aquí los dioses están (p. 181); de un “presente concreto” (p. 180).
presentes”. Los dioses, en este caso: la “teo­ De paso nos recuerda que no se trata de con­
ría”. fundir el objeto del historiador, que aparece ba­
jo la “modalidad” de “la inactualidad o de la
Sin embargo no es evidente que el marxis­ abstracción” y ese “momento actual” que es
mo haya pensado así la separación de la teo­ “otro objeto” (p. 180). En síntesis, presenta co­
ría y de la práctica: un concepto como el de la mo dos polos separados lo que en los textos de
praxis, unidad de la teoría y de la práctica, pa­ Lenin hacen uno: lo concreto y el significado, el
recería demostrar lo contrario. Pero Althusser presente y lo abstracto —y acentúa en forma
«e vale desde el principio de un concepto más también ¡legítima la distancia entre esos dos
pobre, más cómodo de manejar: el de un com­ términos. La praxis se encuentra pues degra­
portamiento en sí mismo opaco, la práctica. La dada en “práctica”. El “teórico” sólo tiene que
conciencia de esta práctica la recibe del exte­ otorgar significado, desenmascarar la “teoría”
rior: que el “teórico” importe el sentido o, co­ que se disimulaba en esta “práctica” empobre­
mo en este caso, pretenda liberar lo implícito, no cida. Ite Missa est!
hay que engañarse: es ni más ni menos que la
célebre donación de sentido neo-kantiana o fe- La necesidad en que se encuentra Althusser
nomenológica. Si para el neo-kantiano Serrus de recurrir a semejantes pases de magia, o como
“las matemáticas nos presentan por último las diría Marx, a esas transubstanciaciones, que
formas más bellas de correlación que pueda de­ consisten precisamente en esa clase de activida­
searse” (50), para Althusser El Capital de Marx des que el propio Marx tuvo que criticar para
a cierto nivel, el “¿Qué Hacer?” de Lenin a elaborar su propia dialéctica, sólo consigue
otro y así sucesivamente, nos ofrecen las “for­ arrojarnos en un tipo de problemática y de so­
mas más bellas” encarnadas de Dialéctica o de lución que pertenecen aún a lo más acá del
Teoría. No es inútil señalar de paso que esta marxismo. Y no es por casualidad. í.a ruptura
posición “teórica” implica otra respecto a las entre Marx y Hegel se efectúa en efecto —bas­
relaciones entre el intelectual marxista y la ta para esto seguir a Marx— en un punto bien
“práctica” del proletariado: es difícil creer que preciso: la crítica de la dialéctica hegeliana, sin
pueda tratarse de relaciones orgánicas, efecti­ duda, pero a través de sus logros reales, a tra­
vas. Cuando se trata en cambio de verificar su vés de la filosofía hegeliana del derecho y del
“teoría”, de la cual por otra parte no nos dice estado. Al presentar, como lo hace Althusser, la
en qué consiste (dejando de lado la pequeña “inversión” realizada por Marx como un “des­
fórmula que ya hemos visto sobre el “desarro­ cubrimiento” epistemológico o “teórico”, se ol­
llo desigual de las contradicciones” ) Althusser vida con demasiada facilidad que la crítica de
tiene entonces que recurrir —como ya lo he­ Marx no fue la crítica de una “teoría” (en be­
mos dicho— a ejemplos ya elaborados y, simul­ neficio de otro “teoría”, más verdadera o más
táneamente, presentar esos ejemplos como más justa, etc.), sino la crítica de una ideología
pobres de lo que son, para dar a su “dialéctica” particular, bien definida, la de Hegel, modelo
ocasión de ponerse en movimiento. Se ve con to­ acabado de toda ideología, y que, al hacerlo,
da claridad en la forma como utiliza tal o cual ella misma definió el campo propio del marxis­
texto de Lenin sobre la revolución rusa. “No mo como “teoría” : la crítica materialista de las
son los textos de un historiador, sino . . . textos ideologías en nombre de la historia real, que es
de uso político directo . . . Los he tomado (las el objeto de la praxis revolucionaria del prole­
reflexiones de Lenin) tal como son, no por su tariado. “El primer trabajo que emprendí para
apariencia . . . sino por la significación profun­ resolver las dudas que me asaltaban, escribió
damente teórica de esta «apariencia»” (p. 179). Marx, fue una revisión crítica de la «Filosofía
Es aquí donde se efectúa el pase mágico, la mis­ del Derecho», de H egel.. . ” (51) Es, se dirá, el
tificación. Althusser se vale de un texto que en artículo que apareció en 1844 en los “Annales
)
francoalleniandes” y no la Crítica de la Filoso­ Marx de esta ruptura, es ya aquel que, en la
fía del Estado de Hegel, de 1843. Sin duda. Pe­ Crítica al Programa de Gotha, recordará que
ro, además de que parece difícil separar esos el Estado, cualquiera que sea, tiene siempre su
dos textos (52), también se trata en todo fundamento en la “sociedad presente”. (55). Es
caso de una obra anterior a los Manuscritos el mismo que reencontramos en El Estado y la
de 1-844 (lo cual nos permite rescatar a estos Revolución de Lenin. El único que da testimo­
del limbo pre-marxista en que Althusser desea­ nio. El único del cual Lenin da testimonio.
ría dejarlos), precisamente se puede ver así so­
bre cuales problemas se efectuó la ruptura. “Mis Frente a un marxismo que se define, desda
investigaciones desembocaron, —dice Marx— su surgimiento, como crítica real del Estado y sa
en el resultado de que las relaciones jurídicas. . . constituye, según la admirable fórmula de La-
tienen sus raíces, por el contrario, en las condi­ briola, como “la teoría objetiva de las revolu­
ciones materiales de vida cuyo conjunto abarca ciones sociales” (56), la tentativa de Althusser
Hegel ( . . . ) bajo el nombre de «sociedad civil», de liberar a Marx de la dialéctica hegeliana y
y que la anatomía de la sociedad civil a su vez de redefinir el “nivel” del marxismo (págs. 127-
hay que buscarla en la Economía Política” (53). 128), únicamente logra remitirnos, e incluso
hacernos retroceder, no sólo más acá del marxis­
Es al término, por tanto, de una crítica de la mo, sino también al universo grisáceo y triste
filosofía hegeliana del derecho y del Estado que de un racionalismo pre-dialéctico, pre-hegeliano.
Marx se encuentra en posesión de lo que él La empresa, en realidad, tiene poco alcance,
mismo denomina el “hilo conductor” de sus “es­ puesto que en lugar de intentar prolongar esta
tudios” (54). Lo cual no significa, evidentemen­ “teoría objetiva de las revoluciones sociales” y
te, que está ahí ya en germen la totalidad de por consiguiente colocarse en el punto de vista
la obra de Marx y que baste tirar de ese “hilo” del proletariado, en la perspectiva del comunis­
para llegar a El Capital o a la Crítica al Pro­ mo crítico, asume como punto de partida ape­
grama de Gotha (1875); pero permite ver en nas implícito la razón teórica abstracta, la abs­
qué consiste esta ruptura más acá de la cual tracción que exige teoría. Esta posición ideoló­
Marx no volverá jamás. No es indiferente, en gica —en el sentido estricto del término— no
efecto, que esta ruptura haya tenido lugar en está por otra parte desprovista de raíces, y de
ocasión de una crítica de la Filosofía del Esta­ las más inmediatas. Cuando, por ejemplo, Al­
do de Hegel y que esta puesta al día de las thusser declara, perentorio, que, si se quiere ex­
“raíces” objetivas, “materiales” de la dialéctica plicar la degeneración estaliniana, “es preciso
hegeliana, mistificadora, ideológica, haya coin­ renunciar a cualquier lógica de la «superación»”
cidido y sea una misma cosa con la crítica ra­ sin lo cual no se podría “decir la primera pa­
dical-del Estado como instrumento de clase. Co­ labra” (p. 116), se empieza a entrever a donde
mo tampoco es indiferente que Marx no haya va objetivamente toda esta batalla librada, sin
escrito una “Dialéctica”, no haya dejado una duda, contra la “lógica de la superación” o la
“Teoría”, si la dialéctica marxista está conte­ dialéctica hegeliana, pero también, creemos no­
nida en esta crítica real, de clase; si la dialécti­ sotros, contra toda dialéctica materialista. Se
ca marxista, dicho en otras palabras, es el mis­ trata, aquí también, de aprisionamos en un
mo movimiento de esta crítica de la economía círculo. El ultimátum es claro: o aceptamos la
política —es también el subtítulo de El Capital— “dialéctica” de Althusser, para encerramos en
que va a las raíces reales, que es una crítica ra­ problemas de “teoría” (con o sin comillas, con
dical. Este Marx, repitámoslo, no apunta a la o sin mayúsculas), o entonces renunciamos a
teoría: si critica y sobrepasa la ideología es só­ “decir la primer palabra” sobre lo que fue el
lo y precisamente en la medida en que una cla- estalinismo: dicho de otra manera, y habríamos
, se real, el proletariado, realiza una crítica real. preferido este término, a explicarlo. Y si por
La ruptura con Hegel no se opera en nombre si acaso nos obstinamos no obstante en decir
de la “Teoría”, sino en nombre de esta praxis esta “primera palabra” y a hablar de las for­
revolucionaria, de esta clase cuyo modo de ser mas “abusivas” (las comillas pertenecen al au­
es la praxis. De ahí que la relación del marxis­ tor) de ese período del “culto de la personali­
ta en lo real “invertirá” la del filósofo con lo dad” o aun de los atentados a la persona huma­
real, lo “pondrá sobre los pies” : no más inter­ na, pronto comprenderemos que el humanismo
pretar sino transformar. De ahí que la “inver­ sólo es, en última instancia, un concepto ideo­
sión” será la de la praxis, por la praxis: la pra­ lógico, (p. 233) y que en todo caso el marxismo
xis que reconduce a la ideología a sus “raíces “contiene, en sus orígenes, razones para plan­
materiales” y pone al mundo sobre sus pies. El tear ese problema en términos de teoría (p. 248).

NUMERO 1-4/JUNIO te e s
Lo cual es, se convendrá, tranquilizante: tan estaba bajo la influencia del positivismo, de
tranquilizante como el famoso gorro de dormir Spencer y Darwin, etc. Cf. por ejemplo el elogio
fúnebre de Marx por Engels (17 de marzo de
que usaba Hegel para tapar los agujeros de la 1883): “Al igual que Darwin descubrió la ley
realidad. del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx
descubrió la ley del desarrollo de la historia hu­
m ana”.
23) Marx, “Manuscritos de 1844”.
1) Edouard Bemstein, "Socialismo Teórico y 24) Eod. loe. p. 56.
Social Democracia Práctica”. 25) Eod. loe. p. 53.
2) Henri de Man, “Mas allá del marxismo”. 26) “Contribución a la Crítica de la Econo­
3) Max Eastman, “La Ciencia de la Revo­ mía Política”. *
lución”. 27) “C o n trib u ció n ...”
4) Max Eastman, “La Ciencia de la Revolu­ 28) “Manifiesto del Partido Comunista’ .
ción. Una respuesta...” La lu c h a d e clases, n? 3, 29) “M an ifiesto ..,”
mayo de 1928, p. 69. 30) “M anifiesto ...”
5) Cf. en particular Karl Korsch, “Marxis­ 31) “M anifiesto ...”
mo y Filosofía”. 32) “M anifiesto ...”'
6) “Tenemos que elegir entre el marxismo 33) “Trabajo Asalariado y Capital”.
como filosofía hegeliana y el marxismo como 34) “C ontribución... ”
ciencia capaz de explicar esta filosofía.” (Eastman 35) E. Balibar, “Las Ideologías Seudo-mar-
L a C ien cia d e la R ev o lu c ió n , p. 51.) xistas de la Alienación”.
36) “C o n trib u ció n ...”
7) Cf. Marx a Engels, 18 de febrero de 1865. 37) El imperialismo que —dicho sea de pa­
8) Marx, P o slfa c io a la segunda edición ale­ so— no es sólo portador de conflictos externos
mana de E l C a p ita l (1873), en la traducción fran­ (la “rebelión del Tercer Mundo”, etc.) sino tam ­
cesa de El Capital de Joseph Roy. Señalamos bién de conflictos internos de la sociedad impe­
que: 17) esta traducción fue revisada por Marx; rialista, no podrá —incluso aunque cree “aristo­
29) que en todo caso, si “es suficiente —como cracias obreras”—•. resolver la alienación de és­
afirma Althusser— leer con cuidado el texto ale­ tas. Al contrario. (
mán” para poner en duda “algunos comentarios 38) “Contribución. . . ”
ulteriores de Engels”, es de suponer que tam­ 39) “Critica de la Filosofía del Estado, ds
bién Engels leyó ese texto en alemán. Hegel”.
9) Antonio Labriola, “Da un secolo all’altro” 40) Eod. loe., p. 89.
(fragmento postumo de 1901) en “Saggi sul ma­ 41) Eod. loe., p. 225.
terialismo storico”. 42) Me limito a remitirme a mi artículo: “La
10) Hegel, prefacio a la “Ferir- - .'o-da del fausse conscience est-elle un concept operatoi-
Espíritu”. re?”, A n n a le s, mayo-junio de 1963.
43) Descartes, “Búsqueda de la verdad”.
11) Marx, loe. cit. 44) V. Jankelevitch, “Bergson”. París, 1931.
12) Ibidem. 45) Helvetius, “Del espíritu”.
13) Ibidem. 46) Roger Davai, “La metafísica de K ant”.
14) Ibidem. 47) Engels, “Anti-Dühring”: Rousseau “sin
embargo, veintitrés años antes del nacimiento
15) Galvano Della Volpe, “Rousseau y de Hegel, estaba roído por la peste hegel iana, la
Marx”, señala que a esta fòrmula nos remite dialéctica de la co n tradicción...” Para Engels,
—por sustracción— a la “Critica de la Filosofia es un cumplido puesto que —nos dice— la acti­
del Estado, de Hegel” (1943). Marx en efecto re­ vidad de Rousseau “se parece hasta confundirse
procha ahi a Hegel de “glorificar las cosas exis­ con la seguida en El C a p ita l de M a r x ...”
tentes”: “No hay que culpar a Hegel porque 48) Labriola, ‘D iscorrendo.,
describa el ser del estado moderno tal como es, 49) Descartes, “Discurso del Método".
sino porque considera que el se r d e l esta d o es 50) Charles Serrus, “Ensayo sobre la signi­
lo que es”, ficación de la lógica”.
16) Ejemplo de “inversión”: “Hegel hace 51) Marx, “C o n tribución...”
siempre de la idea el sujeto y del sujeto real... 52) Cf. Mario Rossi, “Marx y la dialéctica
el predicado". (Citado por Delia Volpe, loe. cit. hegeüana, 2. La génesis del materialismo his­
págs. 106-107.) tórico”.
17) Marx, loe. cit. p. 28. 53) Marx, “C o n trib u ció n ...” ibidem.
18) Marx, “Crítica de la Filosofía del Esta­ 54) Marx, Contribución. . . " ibidem.
do, de Hegel”.
19) Marx, ibidem. 55) K. Marx y F. Engels, “Critica a los pro­
gramas de Gotha y de E rfurt”. “Por eso la cri­
20) Me refiero a las traducciones divergen­ tica verdaderam ente filosófica de la constitución
tes de M. Husson y G. Badia. actual del Estado no se contenta con mostrar las
21) No se trata de la búsqueda de un ar­ contradicciones que existen, sino que la s " e x p li­
quetipo. “La anatomía del hombre es la clave ca" y comprende la génesis, la necesidad”. (Crí­
de la anatomía del mono”. Introducción a la tica de la Filosofía del Estado de Hegel”.) “En
Crítica de la Economía Política”: el Marx de la suma, que mayor anomalía que la más alta sín­
madurez —el de El Capital por ejemplo— es el tesis del estado político sea nada menos que la
que nos introduce en es? surgimiento. síntesis de la propiedad territorial y de la vida
22) Por otra parte es una lectura “engel- de la familia”, (ibid., p. 196).
siana” de Marx; de la época en la cual Engels 56) Labriola, “Del materialismo histórico”.
t.
YVES CALVEZ

CRITICA DEL
PENSAMIENTO MARXISTA
r\E S D E las críticas puramente económicas dirigidas al marxismo pof lo»
U adeptos de la escuela histórica alemana y por los de la escuela austríaco
hasta la de los intérpretes recientes, que han reconocido el alcance filo­
sófico de toda la obra de Marx, se manifiestan un profundizamiento progre-
sivo de la comprensión del marxismo y la aprehensión cada vez más clara de
sus dificultades mayores. Es posible prolongar esas críticas, abandonando las
más extrínsecas, para lograr un cuestionamiento sistemárvó que enfrente a
todas las dificultades esenciales y organizarías finalmente en una crítica de
método.
Pero, si Marx puede ser puesto en contradicción consigo mismo, es posi­
ble que se haya puesto en contradicción con instituciones perfectamente justa»
que habrían podido suministrar las bases de una concepción del mundo cohe­
rente Cabe pues recoger lo mejor de lo que entrevió y al mismo tiempo dis­
cutir la coherencia estructural de su obra y de su método.

1. DE LAS AMBIGÜEDADES DE LA un fundamento sólido a su supresión? ¿Esta su­


FILOSOFÍA ECONÓM ICA A LAS presión supone la supresión de cualquier otra
alienación, verificando así la idea inicial de
DE LA DIALÉCTICA
Marx?

A CEPTANDO provisoriamente el método


de regresión empleado por Marx en la
La explicación económica mecánica de la
alienación económica tenía para Marx una
ventaja indiscutible. Permitía enunciar, dentro
crítica de las alienaciones, permanecemos
en presencia del bloque constituido por su del juego de las mismas leyes cuantitativas
ue determinan la alienación, la posibilidad
análisis de la alienación económica y por su
teoría de la supresión de esta alienación. Pare- 3 e su supresión. Las mismas leyes económicas
cece que de la validez de este análisis y de la continuaban ejerciéndose, pero, pasado cierto
posibilidad de una supresión efectiva de la umbral, se volvían destructivas, y no ya consti­
alienación económica, con todas las consecuen­ tutivas del sistema económico capitalista.
cias que provocará, resultaría la coherencia Pero, para que ese esquema muy simple
de todo el proyecto de Marx que era el de re­ correspondiera a la realidad, era preciso en
ducir toda la alienación humana a la aliena­ primer lugar que el propio hecho de la alie­
ción económica. ¿Qué valor tiene pues este nación económica fuer» clara y suficientemen­
análisis de la alienación económica? /Asegura te explicado p o f el solo mecanismo de la ex­
plotación, de la extorsión de la plus-valía y de haber atribuido el sentido que se supone aquí
la acumulación del capital. Pero, sobre este a su explicación de la acumulación primitiva.
punto, no pudimos evitar una dificultad im­ Hizo una distinción precisa entre las etapas
portante a la cual Marx sólo encuentra solu­ ulteriores de la vida económica en las cuales
ción abandonando el sistema de explicación el apetito de ganancia y de beneficio se con­
por el puro "mecanismo económico”. virtió en el móvil esencial de la actividad ca­
En términos de materialismo histórico, la pitalista, y una primera etapa en la cual el
situación capitalista en su conjunto tendría móvil no fue exclusivamente económico. Marx
que resultar de una determinación económica. sabe con pertinencia que el apetito de plus-va­
Pero todo el problema es el de saber qué sig­ lía no podía existir antes de que existiera un
nifica aquí la palabra “determinación” y si se sistema que suministrara la posibilidad de
trata de una influencia tal que de su persis­ sustraer la plus-valía. La implantación del me­
tencia pueda esperarse la muerte del sistema canismo sólo podía resultar de algo distinto al
capitalista tan necesariamente como hubiera propio mecanismo: fiel a la observación histó­
podido preverse su nacimiento. El determinis- rica, Marx consideraba que esta implantación
mo puramente mecánico y cuantitativo de la se operaba por efecto de un acto de violencia
acumulación del capital es algo evidente para inicial, anterior al propio sistema.
todos. Lo dicho por Marx es por otra parte, Un proceso semejante no es por otra parte
en cierta medida, susceptible de una verifica­ un hecho inaudito en la historia y muchos
ción experimental. En cambio el determinismo otros ejemplos dan la razón a los sostenedores
de las fuerzas económicas no podría tener el de esta explicación matizada. Una dominación
mismo sentido respecto al origen del capita­ de tipo revolucionario y violento se consolida
lismo. Para que el mecanismo de la plus-valía frecuentemente durante un período más calmo
comience a actuar y que todo el resto se su­ en una dominación de carácter institucional:
ceda, es preciso en primer lugar que existan el mecanismo de la institución mantiene y
en el mercado trabajadores libres, es decir prolonga lo que fue adquirido en un principio
desprovistos de medios de producción perso­ en el transcurso de una ruptura revoluciona­
nales y excluidos de la comunidad orgánica y ria. Así ocurrió en las guerras primitivas y
jerárquica de la época feudal. Y, Marx sabe elementales que libraban los hombres: cuando
muy bien que esos hombres sólo existirán si se éstas no terminan con la muerte del vencido,
les ha hecho violencia y si alguien por consi­ sino con su esclavización, la dominación del
guiente se ha apoderado de sus medios de hombre sobre el hombre se prolonga con la
producción. Según él, es una historia "escrita institución de la esclavitud, mecanismo de acu­
en letras de sangre y de fuego” la que explica mulación de riquezas.
la acumulación primitiva y la aparición del La explicación de Marx parecería inscri­
primer capitalista poseedor de los medios de birse más fácilmente en un esquema semejante
producción y del primer trabajador libre des­ puesto que, según él, no es el capitalista indi­
provisto de esos medios de producción. vidual quien provoca la explotación sino el
El problema consiste pues, en saber si la sistema capitalista. Luego de implantadas las
violencia ejercida por los futuros capitalistas instituciones esenciales por una operación de
resulta efectivamente del movimiento de las violencia que conduce a la dominación de
fuerzas productivas o si tiene que encontrar su ciertos hombres sobre otros, el sistema funcio­
explicación en otro factor de la historia, que na por sí mismo sin violencia y sin choques
Marx habría omitido considerar. aparentes, y consolida por un período largo
El marxista, ya lo hemos visto, puede in­ una dominación que fue en un principio de
tentar explicar que el objetivo de la violencia tipo revolucionario.
que da nacimiento al sistema capitalista era Pero, si se sigue rigurosamente este esque­
de carácter económico. La violencia sería, pues, ma, es difícil compartir la explicación del ma­
por consiguiente, un derivado de las fuerzas terialismo histórico, es difícil concebir el de­
económicas. El futuro capitalista no hacía más terminismo de las fuerzas económicas respecto
que saciar su apetito de lucro, utilizando al al advenimiento del capitalismo. Si, en efecto,
efecto todos los medios a su disposición. en el mundo capitalista, toda la malicia tiene
La explicación parece simple, pero tiene que atribuirse al sistema y no al capitalista in­
que ser presentada en términos más precisos dividual, el propio sistema sólo pudo en cam­
para adaptarla a las tesis esenciales del mate­ bio constituirse por efecto de una malicia an­
rialismo dialéctico. Conviene por otra parte terior a él. Porque el sistema con su malicia
señalar en primer lugar que Marx no parece institucional propia no podría existir antes de
nacer. Todo llevaría a concluir, siguiendo los ta de un determinismo automático que tu p e ^
propios términos de la explicación de la acu­ necesariamente, según reglas que serían e u t
mulación primitiva según Marx, que el siste­ expresables en términos cuantitativos, la de­
ma económico (capitalista u otro) no es una cadencia del régimen. Es cierto que existe una
realidad primera sino una institución opresi­ dificultad en todo ésto: y es que un sentido to­
va creada más o menos conscientemente por los tal de la historia, como el que se nos presenta
hombres para consolidar durante un período en la consideración de la muerte del capitali»
no revolucionario la dominación adquirida por mo y su reemplazo por la sociedad comunista
un proceso revolucionario preexistente al sis­ perfecta, pueda ser aprehendido en un punta
tema institucional y al mecanismo económico determinado de la historia. En efecto, según
posteriores. Marx, no existe punto de vista absoluto en la
Pero, incluso cuando se ha descubierto en historia humana, ni referencia trascendente y
Marx la distinción entre el sistema y su origen, la historia es perfectamente inmanente y ho-
entre la institución opresiva y la opresión re­ mogénea con ella misma en todos los mometi-
volucionaria que precede a la institución, no tos. Para que un sentido total de ¡a historia
se ha conducido todavía, plenamente al mar­ pueda manifestarse, incluso confusamente e*
xismo de contradicción con la doctrina del ma­ preciso pues que dentro mismo de esta histe-
terialismo histórico. Si la violencia de la acu­ ria plenamente homogénea consigo misma iu i >
mulación primitiva no resulta del mecanismo ja un mediador consciente de la totalidad y
económico capitalista al cual precede, ¿no po­ que haga mover conscientemente la historia
dría ser sin embargo efecto de esta determi­ hacia su verdadera culminación. Es el pro!»
nación más general de las relaciones de pro­ tariado, cuya revolución aparece por consi»
ducción por las fuerzas productivas, que es la guíente más importante que el sólo m o v i m i e t s »
tesis principal del materialismo histórico? to del régimen capitalista y cuya operación
Para hacer verosímil esta explicación, el consciente —inclusive la violencia que ejerce—
marxismo puede en primer lugar extraer ¡te­ es el verdadero sentido de la historia. Esos prfc
gumentos de la posición acordada a la violen­ vilegios extraordinarios de la situación prol»
cia en la revolución proletaria que culmina taria sin duda dificultan la concepción ma*»>
la era capitalista y hace desembocar en el so­ xsta de la historia. Reconozcamos por lo ra®»
cialismo. Si se admite que la presencia de esta nos que permiten a Marx armonizar hasta
violencia proletaria no es incompatible con la cierto punto el determinismo del m e c a n i s m o
explicación mecánica de la decadencia del ca­ económico y la acción consciente y violenta do
pitalismo bajo el efecto de las leyes de prole- los hombres que son fruto de ese determinis­
tarización y de concentración, ¿por qué no ad­ mo. El capitalismo no se destruye exactamente
mitir que la violencia que se ha producido en a sí mismo, pero produce los sepultureros que
los orígenes del capitalismo está también en lo en ti erran.
perfecta conformidad con una explicación por Admitamos provisoriamente esta f ó r m u l a
el determinismo de las fuerzas económicas? respecto al futuro del capitalismo. Queda por
Como en el caso del capitalismo declinante, la saber si la misma síntesis del determinismo y
evolución necesaria de un sistema anterior pro­ la conciencia, de la necesidad de las fuerza*
duciría los sepultureros del sistema más aún económicas espontáneas y de la revolución vio­
que su evolución automática. lenta es válida para explicar los orígenes del
Ya nos hemos referido a esta defensa del capitalismo. El carácter privilegiado que atri­
marxismo. Ahora es posible apreciarla más buye Marx a la clase proletaria y a su acción
completamente. Puesto que e! marxismo ex­ basta para ponernos en guardia: ¿encontrare­
trae aquí su argumento de lo que ocurre al mos privilegios semejantes en otra clase de la
término de la evolución capitalista, es preciso sociedad en el momento del advenimiento del
señalar en primer lugar que se apoya sobre capitalismo? Existen en efecto diferencias muy
uno de los puntos más ambiguos de su doctri­ importantes entre la violencia proletaria y la
na. Nada ha sido tan discutido entre los pro­ violencia ejercida por la burguesía naciente.
pios marxistas y entre todos los intérpretes del La violencia proletaria es consciente del movi­
pensamiento de Marx como la función de la miento de la infraestructura, es científica, es
conciencia revolucionaria y por consiguiente adecuada al movimiento de la propia infraes­
la función de la violencia consciente y revolu­ tructura. La primera violencia que está en el
cionaria en la declinación del capitalismo. Si origen de la sociedad burguesa es al contrario,
se toman literalmente las leyes de la evolución en términos marxistas, una violencia ciqfyi. Su
del capitalismo, se tiene la impresión que se tra­ significación sólo se revela al proletario socia­

t
n
lista plenamente consciente del sentido de la tituirse entre fuerzas de producción y relacio­
historia. Y si Marx pudo decir que la violen­ nes de producción en el nacimiento del capita­
cia es la partera de una nueva sociedad, es lismo. A menos que no se trate ya de una si­
una visión que sólo puede comprenderse y ex- tuación muy semejante a la que producirá el
resarse en el cuadro de una visión total de socialismo.
E t historia, la del proletariado. La violencia es
en cierta manera el ardid de la historia, el ar­
did que adopta la historia para desarrollarse
En efecto, el capitalismo no es anterior a
la división del trabajo. Y por división del tra­
bajo no nos referimos aquí a la división social
mientras su sentido no está plenamente mani­ del trabajo entre unidades de producción neta­
festado. Quienes conocen esta plena manifes­ mente individualizadas, sino a la división téc­
tación reconocen también el ardid y el sentido nica del trabajo por lo menos bajo la forma
de la violencia. Pero los que viven el ardid de cierta cooperación en un mismo taller. Aho­
sólo pueden ser ciegos. ra bien, ¿qué significa una división técnica del
Sin duda la violencia de la acumulación trabajo (incluso rudimentaria como la que exis­
primitiva se efectuaba con conciencia. Nadie tía en el taller de los orígenes del capitalismo)
osaría decir que los hombres que la pusieron sino una cierta socialización de la fuerza de
en funcionamiento se comportaron como má- producción? Hay fuerza de producción social
uinas. Pero se trata de una conciencia muy desde que hay capitalismo, o, quizás con más
¡ferente a la del proletariado que realiza la precisión, hay posibilidad de capitalismo des­
revolución social. La violencia de la burguesía de que existe fuerza de producción social en
naciente era un apetito consciente de dominio, algún grado. Porque para apropiarse directa­
pero el burgués no sabía aún el sentido del mente el trabajo individual, existe un medio
sistema económico que estaba creando, y me­ mucho mejor, la servidumbre —derecho sobre
nos aún sabía el sentido del desarrollo catas­ la persona— practicado con mucha mayor se­
trófico de este sistema. La conciencia del pri­ guridad en la época feudal.
mer hombre que expropia a otro hombre sus Incluso aunque, en los orígenes del capita­
medios de producción es en el mejor de los lismo, no haya existido aparentemente división
casos un apetito de lucro brutal, muy diferen­ del trabajo en el plano de la técnica de la pro­
te de la conciencia del proletario que hace ducción, por ejemplo en el caso de los tejedo­
triunfar la revolución. Ese hombre persigue un res que trabajaban para un solo patrón insta­
fin económico si se quiere, pero no persigue lado en la ciudad, existió sin embargo división
un fin económico capitalista. Su violencia no técnica, la que aparece entre las operaciones
tiene pues el sentido que adquirirá cuando se de adquisición de materia prima y de comer­
haya consolidado en institución capitalista. El cialización del producto terminado por una
capitalismo es sólo por consiguiente una resul­ parte y las operaciones productivas propiamen­
tante, su móvil esencial no es una realidad pri­ te dichas por otra.
mera, sino la trasposición segunda de un pri­ Se puede también decir en general que el
mer apetito de dominación y de lucro. capitalismo reposa, desde el punto de vista eco­
Si así se dan las casos en la conciencia del nómico, sobre la posibilidad de una división
primer expropiador y si en esa conciencia el técnica de las operaciones productivas o del
capitalismo no preexiste, si por consiguiente trabajo, lo cual significa que el capitalismo re­
la violencia de la acumulación primitva no se posa, en el sentido del materialismo histórico,
puede asimilar en este aspecto a la de la revo­ sobre fuerzas de producción que ya se han vueU
lución proletaria, no hay más remedio que ad­ to sociales. Estamos aún sin duda lejos del tra­
mitir que la explicación marxista no se adapta bajador colectivo que es una cadena de la in­
a los orígenes del capitalismo igualmente bien dustria automovilista moderna. Pero la diferen­
que a su desarrollo. cia es de grado y el capitalismo actual sólo se
¿Pero por qué Marx no puede explicar los diferencia de sus orígenes por la dimensión de
orígenes de la alienación capitalista? Se puede las unidades, lo cual no debe en realidad cam­
concebir fácilmente que exista en el mundo ca­ biar nada esencial de su naturaleza.
pitalista una separación entre las fuerzas de pro­ Por otra parte, el propio Marx reconoció la
ducción sociales y las relaciones de propiedad correlación que existe entre división técnica del
privada y que esa separación conduzca a la trabajo y capitalismo, al igual que reconoció
ruina del mundo capitalista fundado sobre una que la autonomía de las unidades de produc­
propiedad rigurosamente privada de los medios ción individualizadas, es decir la división so­
de producción. Pero, en rigor, es much»> más cial del trabajo, está en relación con la economía
difícil caracterizar la separación que pudo ins- mercantil en general. Que el vocabulario no

toa ra* M ANCHA


no» engañe: división social del trabajo signifi­ dales contra los pequeños propietario» * quie­
ca independencia de los productores, por con­ nes despojaron de sus tierras. A lo cual h*y
siguiente fuerza de producción individualizada, que agregar aun otra razón; el capitalismo, al
mientras que división técnica del trabajo signi­ establecerse sobre la base de las fuerzas produo-
fica interdependencia de productores, por con­ tivas sociales, se fundó sobre la capacidad y la
siguiente fuerza de producción social. voluntad de algunos hombres para operar la
Por lo tanto, no es paradojal afirmar —te­ combinación de las fuerzas productivas nuevas:
niendo en cuenta numerosos análisis históricos éstas eran sociales en sí mismas por la división
del propio Marx en el primer libro de El Ca­ técnica del trabajo, pero para serlo de manera
pital— que el capitalismo resulta no de las eficaz, era necesario recomponerlas, sintetizar­
fuerzas de producción individualizadas que su­ las, combinarlas en un proceso de producción
ponen la propiedad privada de los medios de único, transformado sin cesar por la innova­
producción, sino de fuerzas de producción so­ ción. La importancia de esta actividad combi­
ciales o en vía de socialización (desde el punto natoria tuvo sin duda una función esencial pa­
de vista técnico). Y bien, según el materialis­ ra la constitución de una propiedad privada
mo histórico, fuerzas productivas que se vuel­ de los medios de producción a pesar del adve­
ven sociales no exigen relaciones de produc­ nimiento de fuerzas de producción técnicamen­
ción privadas, sino todo lo contrario, como en­ te sociales, pero aún impotentes fuera de su
seña Marx cuando habla de la declinación del combinación. Pero este último factor al igual
capitalismo. ¿Por qué no decir entonces que que la violencia de la acumulación primitiva
las fuerzas de producción nuevas que aparecen escapa al análisis marxista, que retiene una
en Europa a fines de la Edad Media habrían definición demasiado estrecha de las fuerza»
tenido que conducir lógicamente a la coopera­ productivas.
ción y no a la propiedad privada de los me­ La actividad combinatoria por otra parte
dios de producción? habría podido operarse desde un principio en
Es la conclusión que tendría que extraerse el cuadro de la cooperación —bajo la forma
del materialismo histórico. ¿Por qué las cosa^ de una función de dirección ejecutiva— de la
en la realidad ocurrieron de otra manera? Por­ misma manera que deberá ejercerse en el so­
que, como dice Marx, los hombres se encontra­ cialismo según Marx. Todo parecía pues ya
ron despojados por otros hombres de sus me­ maduro para la cooperación de carácter socia­
dios de producción. Lo cual se explica princi­ lista desde los orígenes del capitalismo. El ma­
palmente por la voluntad del feudalismo y la terialismo histórico no es pues sólo impotente
nobleza de agrandar sus tierras a costa de los para integrar en su explicación económica la
pequeños propietarios campesinos, para hacer acumulación primitiva y las violencias que lo
terrenos de caza o de pastoreo. Y es imprescin­ acompañaron: se debe comprobar aun que el
dible confesar que no fueron fuerzas produc­ advenimiento del capitalismo, en lo que éste
tivas nuevas las que realizaron aquí la obra, tiene de esencial, más contradice que respeta
sino fuerzas —productivas si se quiere— singu­ las leyes generales del materialismo histórico.
larmente retrógradas. Los hechos reconocidos Toda la tapa capitalistn de la historia humana
por Marx respecto a los orígenes del capitalis­ aparece finalmente para él desprovista de sig­
mo, prueban pues totalmente lo contrario de nificación, debería decirse ajena al sentido d»
Jo que haría suponer el materialismo histórico. la historia.
Marx lo sabe confusamente y lo indica cada Estas dificultades se reflejan en la estruc­
vez que insiste sobre el hecho que una de las tura de El Capital. Si la alienación capitalista
condiciones del nacimiento del capitalismo no está plenamente explicada por la tesis ma­
—condición exterior a las fuerzas de produc­ terialista histórica, es porque la teoría del va­
ción capitalistas nuevas— es la presencia del lor, la expresión marxista en general de los
trabajador libre y despojado de los medios de fundamentos de la vida económica mercantil,
producción. Según el materialismo histórico el no contiene por anticipado la teoría de la plus­
advenimiento de la división técnica del traba­ valía. De un mundo en el cual reina el valor
jo habría tenido que conducir a la coopera­ a un mundo en el cual reina la plusvalía, hay
ción, por consiguiente a un principio de socia­ un hiato: sólo se pasa de uno a otro cuando
lismo. Toda la historia de la alienación capi­ se han juntado ciertas condiciones que no re­
talista habría pues sido inútil para el adveni­ sultan directamente del solo hecho de la eco­
miento de éste. nomía mercantil (en particular la existencia
Ocurrió todo lo contrario en razón de la de trabajadores libres y desprovistos de medios
violencia ejercida principalmente por los feu­ de producción).
z

Marx demostró claramente que la distin­ por el cual Marx pasa de la teoría del valor
ción entre valor de cambio y valor de uso y a la teoría de la plusvalía, nos vemos arrastra­
la existencia del valor de cambio medido por dos a mantener la posibilidad de la alienación
el trabajo abstracto son las condiciones de po­ económica tanto antes como después del capi­
sibilidad de la alienación capitalista. En efec­ talismo, siempre que el trabajo concreto que
to son la condición de posibilidad de la adqui­ produce un valor de uso específico no es per­
sición en el mercado de una fuerza de trabajo cibido en el valor de cambio que fatalmente
que se vende al valor de las subsistencias ne­ se distingue del primero desde que existe vida
cesarias a su producción y a su reproducción, económica.
mientras que del consumo de esta fuerza de Incluso es fácil precisar un poco cuál será
trabajo resultará un valor superior al valor la raíz de la alienación económica amenazante
inicial. Todo esto sería imposible sin una dis­ fuera del capitalismo. Sin duda el producto
tinción entre valor de cambio (costo de sub­ no es apropiado ya directamente por un indi­
sistencias de la fuerza del trabajo) y valor de viduo privado, pertenece ante todo a la co­
uso (que aquí es creador de nuevo valor de munidad. Pero, para cada individuo de la co­
cambio). Pero inversamente, esta distinción es munidad, el producto constituye una objetiva­
sólo condición de posibilidad y no causa de­ ción de sí mismo y de su trabajo concreto. Y
terminante. “Las cosas bien pudieron ocurrir”, puesto que cada individuo, aunque individuo
como lo notó Marx respecto a las crisis, que social, no es sin embargo la sociedad, y que
están entre las consecuencias más temibles de no es el individuo social sino la sociedad la
la alienación capitalista. que se apropia directamente del producto, ese
Imaginemos ahora la alienación capitalista producto es susceptible de convertirse en “otro”
suprimida, la propiedad privada de los medios en relación con el productor individual, aun­
de producción abolida. Es lo que nos promete que éste se halle incorporado al organismo de
Marx. Y ese resultado no es en sí mismo nada producción colectivo y social. En realidad, el
inverosímil. Más aún, históricamente se ha producto social va a ser repartido por la so­
producido hasta un cierto punto en la Unión ciedad entre la inversión nueva y el consumo.
Soviética y en las Democracias Populares. Si Pero, si el producto es directamente social, el
lo único que se produce en la revolución es consumo no es directamente social: cualquiera
la abolición de la propiedad privada de los sea el monto de repartición elegido, existe un
medios de producción, debemos encontrarnos hiato entre el producto que resulta directa­
después de la revolución en la situación que mente del trabajo social y el producto apro­
precedió al capitalismo. Ese statu quo ante no piado enseguida para el consumo definitivo.
comportará más la realidad de la alienación Supongamos que el producto sea repartido
específica denominada capitalismo, pero com­ entre todos según la cantidad de trabajo efec­
portará siempre la condición de posibilidad de tuado por cada uno. Será imprescindible en
la alienación económica, es decir la distinción, ese caso evaluar los diversos trabajos, cualitati­
esencial en la vida económica, entre valor de vamente diferentes, en un elemento común a
cambio y valor de uso. Lo cual no significa todos y abstracto en relación a las cualidades
que el capitalismo sea de nuevo posible bajo particulares de cada uno: en una forma u otra,
las formas que revistió anteriormente. La his­ este elemento homogéneo común es una mo­
toria no se repite. Pero la posibilidad de alie­ neda, y la expresión del valor. No hemos es-
nación económica —aunque de un tipo nue­ , capado a las condiciones de la economía mer­
vo— sin embargo no ha desaparecido. La su­ cantil según Marx. Más precisamente: no he­
presión de una consecuencia condicionada no mos escapado a las condiciones de la vida eco­
supone en efecto la supresión de su condición nómica en general. En efecto, la expresión
de posibilidad. “producción mercantil” comporta cierta ambi­
Es preciso pues utilizar un paralogismo ma­ güedad en Marx: fundamentalmente sirve para
nifiesto para declarar, sobre el solo fundamen­ describir las condiciones de la vida económica;
to del análisis económico de El Capital, que por otra parte parece referirse a la existencia de
la supresión de la propiedad privada de los un mercado anárquico entre unidades econó­
medios de producción supone también la su­ micas elementales completamente individuali­
presión de cualquier posibilidad de alienacio­ zadas. Pero, son dos cosas completamente dife­
nes económicas nuevas y por consiguiente la rentes: puede haber mercaderías, es decir pro­
supresión de las condiciones de la economía ductos cuyo valor de cambio se distingue del
mercantil resumidas en la ley del valor. En valor de uso —no se puede concebir de otra
realidad, si so tiene en cuenta el razonamiento manera un producto económico— sin que haya
un mercado como el que conocen la economía trabajo abstracto o cualquier otra cosa? Todo
capitalista, o la economía artesanal de la Edad esto subsiste indiscutiblemente después de 1*
Media, o el kolkboz soviético. Son pues las con­ desaparición del capitalismo con todas las po­
diciones ele la vida económica en general las sibilidades de alienación que comporta la ob­
que describe Marx bajo el nombre de econo­ jetivación social distinta del individuo especi­
mía mercantil. Son también esas condiciones fico, de sus necesidades específicas y de su tra­
las que seguirán prevaleciendo para la repar­ bajo específico.
tición del producto de la sociedad socialista. Evidentemente los marxistas contemporá­
Incluso prevalecerán si se adopta la fór­ neos, atrapados en esta dificultad, se esfuerzan
mula de la repartición del producto según las por demostrar que, en la sociedad comunista
necesidades. Será imprescindible, en efecto, tam­ plenamente realizada, la ley del valor pierde
bién esta vez, pasar por cierta abstracción que toda significación. Pero sus esfuerzos son va­
permita la evaluación comparativa de las di­ nos. Stalin señalaba en 1952 que la ley del
versas necesidades en un elemento homogéneo. valor pierde su significación de “regulador” de
Será necesario, por otra parte, evaluar en el la economía desde la primera etapa del socia­
mismo elemento homogéneo las prestaciones lismo en la cual se encuentra la economía so­
en trabajo de la sociedad afectadas a la satis­ viética actual, lo cual significa que la deter­
facción de las diversas necesidades. Todo esto minación de las cantidades de trabajo a cada
es cierto mientras no reine la abundancia ab­ producción no se efectúan exclusivamente por
soluta, pero la propia abundancia absoluta só­ la ley ciega del mercado. Y en efecto, es evi­
lo es concebible si las posibilidades de trabajo dente desde que se reemplaza el mercado por
de la sociedad son ilimitadas, lo cual eviden­ una planificación consciente que puede deter­
temente es contradictorio. La organización del minar en la producción prioridades distintas y
trabajo social por la planificación o por cual­ más racionales que las que resultarían del mer­
quier otro medio supone en efecto una limi­ cado. Pero Stalin tuvo que admitir que la ley
tación de los recursos en trabajo social, fuera del valor conserva una utilidad en el régimen
de la cual no tendría ya razón de ser. socialista, respecto a la distribución de los pro­
Por consiguiente, mientras el problema de ductos (la adquisición y venta de bienes ds
la afectación de las prestaciones de trabajo sub­ consumo) así como en el equilibrio entre el
sista, es decir mientras el producto no sea téc­ sector industrial y el sector agrícola, que no
nicamente social, y no sólo apropiado por la está plenamente estatizado. Va más lejos e in­
sociedad, mientras ese producto no sea el ob­ dica a los planificadores que no es oportuno
jeto de un consumo social (técnicamente social) determinar la afectación del trabajo social de
y no individual, subsistirá una separación en­ manera arbitraria: es preciso tener en cuenta
tre el productor o el consumidor y el producto. la rentabilidad, es decir comparar el costo en
Para poner en relación las diferentes necesida­ tiempo de trabajo de las diversas produccio­
des y también los diferentes trabajos y para nes o de los diversos medios de producir tal ob­
poner en relación trabajo y necesidades, siem­ jeto. La economía soviética permanece pues so­
pre habrá que recurir a un elemento de con­ metida a la necesidad de medir los producto*
mensuración necesariamente abstracto. En una con un intermediario general abstracto, qu*
forma u otra el valor reaparece, distinto del no es otro que el tiempo de trabajo o la mo­
valor de uso que resulta del trabajo específico neda. Marx previó que esa necesidad habría
realizado, o que satisface la necesidad particu­ que tenerla en cuenta hasta en la sociedad co­
lar del consumidor. El ideal del trabajador munista de la última etapa (carta de Marx a
técnicamente colectivo en el sentido estricto Kugelmann, 1868). Sin duda la separación en­
(que no'supondría ya la necesidad de una dis­ tre valor de uso y valor de cambio no engen­
tribución del trabajo) no es más compatible dra ya como antes el carácter ciego del merca­
con la existencia económica del hombre que do, pero siempre supone un hiato entre pro­
el de una necesidad social en la cual todas las ductor o consumidor y producto. Y de ahí,
necesidades particulares diversas hubieran ab­ puede sin cesar renacer la alienación, esta vez
dicado su realidad específica. ¿Por qué asom­ por culpa de los planificadores y no del mer­
brarse si se ha comprendido que la vida eco­ cado. La necesidad puede aun verse frustrada,
nómica es una mediación social, es decir re­ el trabajo puede aun verse alienado de su pro­
posa sobre una relación entre los hombres in­ ducto. Es cuestión de buena o mala planifica­
dividuales a través de una objetivación de sí ción, de democracia o de ausencia de demo­
mismos en un elemento universal, homogéneo cracia en la planificación.
y social que puede denominarse valor, dinero, Así, faltó a Marx tomar en serio la distln-
dón que pared» haber esbozado entre la teo­ El primer tipo de dialéctica, que se nos pre­
ría del valor que descrihe las condiciones de senta como el fundamento universal de lo real,
toda la vida económica y las condiciones de corresponde a la objetivación del hombre; el
posibilidad de alienación económica capitalis­ segundo tipo (exclusivamente histórico, y a
ta por una parte, y la teoría de la alienación menudo vinculado según parece a la historia
capitalista, como fenómeno histórico determi­ única del capitalismo y de su supresión), co­
nado, por otra parte. Y si pretende suprimir rresponde a la categoría alienación. La segun­
al mismo tiempo el capitalismo y las condicio­ da dialéctica, al desembocar en una culmina­
nes generales de la economía mercantil, olvida ción de la mediación en la sociedad comunis­
que las segundas sólo eran condición de posi­ ta, suprime en realidad la primera mediación
bilidad del primero. que se presentaba no obstante como muy ge­
neral.
II. DOS CONCEPCIONES DE LA La culminación de la mediación en la so­
DIALÉCTICA, DOS CONCEPCIONES ciedad comunista constituye una novación el®
DE LA HISTORIA todas las relaciones constitutivas de lo real. La
segunda dialéctica es pues también una nova­
ción radical respecto a la primera. O bien las
N OS vemos obligados a admitir por consi­
guiente que hay en la filosofía económi­
ca de Marx dos planos diferentes que no se
primeras relaciones constitutivas, tales como
son descritas, son la verdadera estructura de lo
ajustan completamente: una teoría general de real, pero entonces la mediación es natural­
las condiciones fundamentales de la vida eco­ mente indefinida, tanto la que se opera por el
nómica del hombre, una teoría particular del trabajo sobre la naturaleza, como la que se ope­
devenir histórico de un sistema económico de­ ra por la cultura y la historia derivadas del
terminado. En otras palabras, hay en Marx acto primitivo que es el trabajo. O bien esas
dos tipos de dialéctica y por consiguiente dos relaciones no son constitutivas y válidas para
concepciones de la historia entre las cuales no toda la realidad, y existe otra estructura de lo
realizó y no podía realizar una verdadera con­ real para una realidad singular que es la so­
ciliación. ciedad comunista, en la cual la conciliación
La teoría del valor, que concierne a las de todas las oposiciones es perfecta, integral y
condiciones elementales de la sociedad econó­ definitiva, pero entonces hay discontinuidad
mica encuentra en efecto su lugar en la dia­ radical en lo real y en la historia y es imposi­
léctica general de lo real, tal como Marx la ble concebir un lenguaje lógico que alcance a
esclareció. Reposa sobre la existencia de diver­ todo lo real: el hombre no comunista dirá lo
sas relaciones inmediatas entre el hombre y la que Marx decía primero en su dialéctica ge­
naturaleza por una parte, entre el hombre y el neral de lo real, el hombre comunista explica­
otro hombre por otra, y sobre la existencia de rá al contrario la historia como una perfecta
una mediación de esas relaciones tanto por el mediación, explicará que fl hombre y la natu­
trabajo, costo por la sociedad en el transcurso raleza son una misma cusa (el naturalismo es
del devenir histórico. Al lado de esta dialéc­ idéntico al humanismo) y que el hombre y la
tica, hay otra que concierne al movimiento sociedad no hacen sino uno (identidad sin al-
histórico, la alienación histórica y su supresión. teridad). Es preciso, por otra parte, agregar
En apariencia estas dos dialécticas están que, en esta segunda hipótesis, ni lo real ni el
vinculadas, es decir el materialismo histórico es discurso del hombre serán ya dialécticos: ni si­
sólo una prolongación del conjunto de tesis quiera habrá discursos puesto que el hombre
marxistas que se puede denominar materialis­ estará enterrado en una bienaventurada iden­
mo dialéctico. Pero, en realidad, por lo menos tidad con la naturaleza. Sea como sea entre los
en el caso de la, dialéctica de la supresión his­ dos discursos, entre las dos dialécticas si se
tórica de la alienación capitalista por la re­ quiere, no existe ninguna, comunicación. Pero
volución proletaria, sucede algo original respec­ entonces Marx no puede pretender partir del
to a la dialéctisa general de lo real e incluso análisis de lo real y de la historia que él vive
respecto a los fundamentos de la dialéctica his­ efectivamente para llegar a sus conclusiones
tórica en general: Marx nos presenta en efecto sobre la sociedad comunista. Su tentativa es
una mediación acabada, que es al mismo tiem­ contradictoria, choca con la discontinuidad de
po la culminación de todas las mediaciones em­ la estructura de lo real, que es imposible eli­
prendidas, la conciliación de todas las relacio­ minar si se admite concurrentemente sus dos
nes constitutivas que permanecían afectadas concepciones de la dialéctica. Si se quiere es­
de ¡nmediatismo y de oposición. capar a esta contradicción, es preciso quedarse
con la primera forma de la dialéctica y llevar­ hipótesis respeta la experiencia de la histeria»
la hasta sus consecuencias lógicas que suponen descrita en el materialismo histórico general.
el abandono de la segunda.
Es la misma dificultad que ya aparecía en III. OBJETIVACIÓN Y ALIENACIÓN
la concepción marxista de la historia. La so­
A naturaleza de la relación entre objetiva­
ciedad comunista es a la vez fin de toda la
historia anterior y novación que hace acceder
a un nuevo desarrollo histórico. A menos que
L ción y alienación según Marx está en di
centro de las dificultades que acabamos da
se admita aun una discontinuidad radical, uno plantear. Jean Hyppolite, que destacó con mu­
se encuentra atrapado en la alternativa siguien­ cha perspicacia, la importancia de este punto»
te: si la historia comunista es (como mundo de acusa a Marx de haberse mantenido en una
la alienación suprimida), es preciso que la his­ explicación dualista de la existencia, frente a
toria (como movimiento general materialista la cual el racionalismo hegeliano conservaría
histórico) no sea. Por esa razón Marx no vacila sus prerrogativas. No cabe duda que Marx pre­
en llamar a esta última una simple prehistoria tendió refutar a Hegel al reprocharle haber
del hombre. Si al contrario esta prehistoria es confundido objetivación y alienación: según
efectivamente historia (tal como nos la describe Marx en efecto, ‘‘Hegel vio en la objetivación
el materialismo histórico, vinculado al mate­ una alienación del Logos. La naturaleza es asi
rialismo dialéctico), es preciso que sea indefini­ el ser del Logos; traspuso un proceso particu*
da y que no trascienda en una culminación, lar de la historia en la filosofía especulativa, y
que, al mismo tiempo que es supresión de alie­ por eso mismo, se condenó a desconocer y fal­
nación, arriesga aparecer como supresión de la sear la historia. Desconoció la naturaleza, por­
propia dialéctica y de la propia historia. que en lugar de partir de ella, la consideró un
término relativo, no originario. Falseó la his­
Marx reprochó a Hegel haber suprimido.la toria, porque superar la alienación fue para él
objetividad al mismo tiempo que la alienación idéntico a superar la objetivación, y, como no
y realizar sólo una operación intelectual y teó­ se podría sin mistificación suprimir la natura­
rica. Pero, Marx, a su vez, suprime con la leza, la supresión de la alienación se redujo
alienación histórica las condiciones objetivas para él a la filosofía especulativa, a la concien­
de la historia; y, a pesar del supuesto realismo cia de sí mismo reencontrándose en su aliena­
de la praxis, nadie se atrevería a decir que no ción. En realidad, la alienación particular de
se trata una vez más de una operación pura­ la historia no se suprime. El obrero sigue vien­
mente intelectual y teórica. do los productos de su trabajo e incluso su pro­
Se puede optar, en la alternativa indicada pio trabajo ajenos a sí mismo. El capitalismo
anteriormente, por el segundo término, que sigue siendo presa de un mecanismo que había
parece más realista: mantenimiento de las con­ creído dirigir. La alienación no es objetiva­
diciones objetivas de la mediación histórica, ción." (4)
mantenimiento del carácter indefinido del de­ Para Marx al contrario la objetivación es
venir dialéctico de la historia. Pero si se elige natural, independientemente de cualquier alie­
así, se abandonan las perspectivas más origina­ nación: “No es, destara Hyppolite, una manera
les del marxismo. Se renuncia por lo menos a para la conciencia de hacerse ajena a sí misma,
la discontinuidad de la historia que de él re­ sino de expresarse naturalmente". (5) Sólo en
sultaba. Si la historia tiene un sentido total, forma secundaria aparece la alienación histó­
debe tener ese sentido de manera inmanente, rica en relación con esta objetivación natu­
presente en todas partes, pero nunca revelado ral. (6) Sólo pues en el campo de la historia
en forma empírica, como sería el caso si exis­ Marx ha traspuesto el concepto dialéctico de
tiera supresión definitiva de toda alienación y alienación: (7) ‘‘Marx agrega a Feuerbach es­
culminación de la mediación en un punto da­ ta dimensión histórica, reencuentra entonces
do de la historia. La plenitud de ese punto más o menos la dialéctica hegeliana en los
o de ese instante particular suprime la posibi­ conflictos concretos de la historia, pero se nie­
lidad de todo el resto de la historia al vaciarla ga a reducir lo positivo a la negación de la
de todo sentido. Pero Marx quiere a la vez que negación.” (8)
haya un sentido de la historia inmanente a la Luego de comprobar claramente esta dis­
historia (pero no empíricamente incrustado en tinción en Marx, Hypnolite ¡e reprocha no ha­
la historia) y un sentido de la historia revela­ ber podido conciliar los dos términos distin­
do empíricamente en un acto determinado de guidos, objetivación natural y alienación. ¿Có­
la historia. Es preciso elegir: y sólo la primera mo puede una alienación edificarse sobre la bs-
*e de una positividad? 'X a positividad es pri­ real que describe las condiciones de posibili­
mera, la positividad será última, y esta positi­ dad. Pero ¿cómo afirmar sin incoherencia la
vidad no debe tener ninguna fisura en ella, supresión de la alienación histórica fuera de
nada negativo. ¿De dónde proviene, no obs­ las condiciones de posibilidad de todo el pro­
tante, para Marx esta negatividad real, este ceso que a ella conduce? No hay alienación sin
crecimiento prodigioso de la historia, una edi­ objetivación; pero si la supresión de la alinea­
ficación cuya utilidad en sentido estricto no ción supone la supresión de la objetivación,
podría explicar?” (9) Finalmente, en opinión ¿cómo se puede hablar en cualquier instante
de Hyppolite, es Hegel el que tenía razón, de la objetivación como la condición funda­
puesto que "fue mucho más lejos que Marx mental de lo real?
sobre este p u n to ... Descubrió esta dimensión
de la pura subjetividad que es la nada.” (10) IV. PROLETARIADO Y REVOLUCIÓN
Esta revancha hegeliana reposa sin embar­
go sobre una cierta simplificación de la opo­
sición entre alienación y objetividad. Sin du­ PORde consiguiente la concepción que se haré
la supresión de la alienación conduce a
da, hay en Marx toda la distancia que ya he­ Marx a renunciar a un elemento esencial
mos dicho entre objetivación y alienación. de su pensamiento, a la concepción dialéctica
Pero sería inexacto confundir objetivación y de lo real, a la de la objetivación. De la mis­
positividad y suponer que la objetivación no ma manera, su concepción de un sen (ido de la
es un proceso, o que no es dialéctica. Existe historia plenamente expresado y realizado en
por el contrario en Marx una dialéctica de la una etapa empírica particular de esta historia
relación con la naturaleza, una dialéctica de contradice su concepción de un sentido inma­
la necesidad y de su satisfacción (el objeto na­ nente de la historia, pero revelado sólo a tra­
tural), existe más generalmente una dialéctica vés de figuras siempre nuevas que son las de
del sujeto y del objeto: justamente la de la la lucha de clases. ¿De qué dependen por otra
objetivación, en la cual el hombre adquiere parte esta culminación excepcional de la his­
su plena subjetividad a través de la objetivi­ toria, esta supresión definitiva de la aliena­
dad, en la cual el hombre se convierte en ob­ ción? Son la obra, según Marx,, de individuos
jeto para sí mismo por la mediación progresi­ históricos particulares, los proletarios revolu­
va del trabajo y de la sociedad. Esta relación cionarios. Alrededor del papel de éstos se con­
de objetivación no constituye de entrada alie­ centran todas las esperanzas de Marx.
nación: este es un punto indiscutible. Sin em­ Para mantener su promesa de culminación
bargo no está desvinculada de la dialéctica de feliz de la historia y de constitución de la so­
la alienación y es inexacto afirmar que no exis­ ciedad comunista, Marx espera de ellos que
te “nada negativo” en la objetivación. Sola­ sean hombres con una misión universal aun­
mente, al describir las relaciones esenciales y que sean individuos particulares. Espera de
constitutivas de lo real, la dialéctica de la ob­ ellos que, aunque aparezcan en un momento
jetivación solo suministra la base, la condición particular de la historia, actúen en nombre de
de posibilidad de la alienación que se produce la historia universal y un acto particular de
en el plano fenomenal de lo histórico. Por con­ ésta lo hagan coextensivo a todo su devenir.
siguiente, aunque haya en ella algo “negativo” Todas las contradicciones reveladas hasta
y dialéctico, la objetivación no es suficiente aquí convergen pues ahora en la situación pa-
para explicar la historia tal como aparece en radojal de esos individuos a la vez particula­
la alienación, y a la inversa la alienación no res y , universales. Sólo su existencia efectiva
está vinculada en forma plenamente lógica a la permitiría a Marx la justificación de su idea
dialéctica de la objetivación. La objetivación, de un sentido de la historia empíricamente
que es la condición de4 posibilidad de la alie­ revelado en un punto dado del desarrollo y
nación histórica, es incompatible con la cul­ de su búsqueda de una supresión definitiva de
minación plenamente feliz de la historia que la alienación. El problema no consiste en sa­
describe Marx al término de la alienación his­ ber qué valor tiene el concepto de proletario
tórica. Si la objetivación es condición funda­ universal. Es de una extrema riqueza en par­
mental de lo real y de la historia, tiene que es­ ticular en su significación teológica y puede
tar presente en toda historia con las posibili­ verse ahí una especie de figuración al modo
dades de alienación que comporta de manera ateo de lo que es la Encarnación de Dios para
permanente. Si al contrario la supresión de la los cristianos. Pero se trata de proletarios hu­
alienación histórica hay que tomarla en serio, manos producto de la alienación capitalista.
tenemos que renunciar a la dialéctica de lo ¿Responden, pueden responder a la defini­
ción que Marx da de su condición y de su Marx. Estarían una vez más muertos. Marx
acción? quiere pues proletarios que sean a la vez seres
El buen sentido, en primer término, duda empíricos vivientes y seres dotados de univer­
de la existencia de esos seres que se podrían salidad negativa, es decir, si se entiende esta
decir empíricamente metafísicos, físicamente exigencia en toda su fuerza, muertos.
metafísicos. ¿Existen, pueden existir hombres Si tales seres son imposibles porque son
económicamente explotados que sean por eso contradictorios, tampoco puede haber revolu
toda la sociedad, la universalidad en negativo? ción proletaria pura. (11) Una revolución efec­
En realidad sólo puede concebírseles muertos. tiva estará siempre mezclada con algo impuro.
La muerte en efecto es la única universalidad No será el acto exclusivo y en cierta medida
negativa yerdadera a la cual el hombre puede esencial y único de ese puro ser de desvalimien­
acceder naturalmente: sólo esta negación le to que buscamos en vano, pero será un acto
confiere una universalidad, que es, en todo un particular, quizás altamente justificado por
aspecto, el retorno a la sustancia universal de otra parte, de hombres que querrán terminar
la naturaleza y la supresión de toda determi­ con una condición demasiado injusta. Será el
nación particular del hombre, concreto. Inclu­ residtado de una decisión particular, ¡tomada
so esta universalidad no es perfecta puesto que y ejecutada por seres particulares, y no la ex­
la naturaleza no es quizá, sino un universal presión inmediata de la situación esencial de
determinado y particular. hombres universales.
Pero entonces la revolución podrá supri­
Marx, por lo menos, parece hal «*r entrevis­
mir una alienación económica particular, la
to esta consecuencia lógica de las condiciones del capitalismo (alienación a tal punto contin­
a priori del proletariado del cual espera la rea­
gente y empírica históricamente que en parte
lización de la sociedad comunista y la supre­
ha quedado sin explicar por Marx en su ori­
sión de toda alienación y de toda posibilidad
gen), pero no suprimirá toda la alienación
de alienación. ¿No insistió, en efecto, en varias
económica, sobre todo no suprimirá de mane­
ocasiones sobre el hecho que el capitalista ni
ra radical las otras alienaciones.
siquiera puede permitir al proletario obrero
ser proletario y que tiende a expulsarlo cada Si la supresión de la alienación capitalista
no puede provocar sirt contradicción la supre­
vez más de la esfera de la producción y final­
sión de la posibilidad de la alienación econó­
mente de la vida puesto que el proletario de­
mica, la eventualidad de nuevas alienaciones
pende del capitalista respecto a su propia sub­
sistencia? Pero si la muerte sobreviene efecti­ económicas deja subsistente a su vez el riesgo
de nuevas alienaciones sociales y políticas, y
vamente, la devolución proletaria no se cum­
ple, la liberación del hombre no tiene lugar. después ideológicas y religiosas. Nada inverosí­
mil en todo esto, si se retoma el esquema de la
Sólo un Dios puede morir para resucitar. Hay
regresión crítica de Marx y si se recuerda que
proletarios que efectivamente han muerto de
ella sóio puede justificarse por la posibilidad
opresión y de hambre y Marx relata un ejem­
plo dramático en El Capital. Pero justamente de una supresión efectiva y definitiva de toda
Marx no podía contar con esos muertos para alienación económica.
la realización de las tareas revolucionarias. Y ¿Pero si las conclusiones son tan desfavora­
fuera de esos proletarios muertos de opresión e bles, no hay que buscar la raíz de estas incohe­
ineficaces, los proletarios concretos sólo pue­ rencias en lo que se podría denominar la Ló­
den aceicarse a la situación propiamente revo­ gica de Marx, es decir en la Ciencia que tiene
lucionaria que describe Marx como uno se que estar en el centro del socialismo cientí­
acerca a un límite inalcanzable. Si considera­ fico?
mos la cosa bajo otro ángulo, el carácter dia­
léctico y complejo de la existencia nos invita V. EL NATURALISMO DE MARX
a considerar que el pioletario concreto es sólo
una dosificación de la categoría pura del pro­
letario con la del burgués: ¿por cuántos lados MARX es el autor de una filosofía o de una
ciencia dialéctica en la cual el ser no
los proletarios efectivos son burgueses, no sólo está determinado y no tiene sentido, sino
de espíritu y de voluntad, sino de hecho (en gracias a mediaciones sucesivas que son deter­
la medida en la cual cierta posesión de bienes minaciones progresivas que enriquecen al ser.
les ha sido dejada)?, ¿cuántos ceden a la'actitud Así el hombre no es en un principio esencia
del poseer como los burgueses? Sería necesario de hombre, sino que tiene por primera deter-
que no tuvieran efectivamente nada para que minartón la de ser un ser de la naturaleza, di­
su situación fuese la situación descrita por rigido enteramente hacia ella, pero ya no obs­
tan te separado de ella. Al separarse de la na­ vas, a las determinaciones siempre nuevas y
turaleza, el hombre no se convierte en un ser siempre incompletas, y la hipótesis de una ri­
abstracto, se convierte en un ser determinado queza dada una vez por todas en el instante
por su relación con la naturaleza. Es pues ne­ revolucionario de la instauración del hombre
gado por la naturaleza, pero negado en una comunista. Sólo el primer término es adecuado
forma particular. " O m n i s d e t e r m i n a t i o e s t n e - a la experiencia que tenemos de la historia:
g a t i o ” como decía Spinoza. Y cuando se em­ un marxista no debería arrogarse el derecho
prende la necesaria mediación del trabajo, to­ de salir de la experiencia después de haber
da la historia se convierte en el proceso de ne­ descrito las condiciones como esenciales.
gación y de determinación de la naturaleza, y En otras palabras, o la dialéctica es una su­
por consiguiente también del hombre. El movi­ cesión de determinaciones (de negaciones), o
miento dialéctico aparece pues como interior no hay dialéctica sino un a c to ú n i c o y total, a
al real, es la vida de lo real, y lo real todo en­ la vez p u r o s e r y p u r o s e n t i d o . En la segunda
tero, natural como histórico, está constituido hipótesis, cabe temer seriamente que enfrente­
por determinaciones que se engendran unas a mos una de esas postulaciones idealistas o uno
partir de otras por el juego de negaciones de esos racionalismos del entendimiento que
siempre nuevas. Comprendida en esta forma la plantean un absoluto esencial y que no quie­
dialéctica parece un devenir indefinido en el ren acudir a la experiencia, que en si misma
cual toda la riqueza no puede estar en un tér­ no es plenamente esencial. Según Marx, en un
mino cualquiera, sino que es inmanente a la
momento privilegiado, la esencia del hombre
totalidad del desarrollo. se encontraría dada, presente, plenamente
Pero Marx no siempre está satisfecho con aprehensible. No hay historia fuera de ese pun­
esta dialéctica como movimiento de mediación to y no puede haber. Si antes había un movi­
indefinido: quiere aprehender la riqueza inte­ miento dialéctico de carácter indefinido, nun­
rior de lo real de otro modo que en el movi­ ca habríamos alcanzado ese punto único: no
miento dialéctico inmanente. Éste no puede puede pues haber movimiento histórico pro­
ser aprehendido empíricamente en su totali­ fundamente indefinido. La historia sólo pue­
dad porque es indefinido. Marx supone enton­ de terminarse en un acto pleno s i c o m ie n z a e n
ces un momento del movimiento dialéctico e l m i s m o a c to e n e l c u a l te r m i n a . ¿No era
que sea un resumen completo de su dinamis­ Marx por otra parte lógico con su postulación
mo; que sea mediación acabada, que sea la pu­ cuando describía todo lo anterior como una
ra negación de la negación, la pura Posición prehistoria, como una historia no humana, por
sin determinación particular. El sentido se re­ consiguiente como una no-historia o una sub­
vela aquí plenamente. La historia parece con­ historia? Pero entonces cae toda la concepción
centrarse en el único instante decisivo de la dialéctica que con él nos hemos hecho de la
instauración del hombre: todo lo anterior pa­ historia al contacto de la única experiencia
rece negado. Por lo menos lo anterior parece de la historia: en lugar de esta experiencia te­
perder su significación y se convierte en pre­ nemos algo mucho mejor en apariencia, pero
historia. ese mejor solo está postulado, porque no está
Pero esta nueva posición contradice la pri­ en las condiciones de la experiencia.
mera. Si el sentido está en alguna parte plena­ En esas condiciones, el acto total es el acto
mente desarrollado, en un tiempo dado en el fuera de las condiciones de la historia, es un
transcurso del desarrollo histórico, ese sentido acto sin negatividad, es la pura positividad, la
no puede ser a la vez una ley de movimiento de la naturaleza. La postulación de Marx o su
interior inmanente al desarrollo indefinido. idealismo, puesto que es preciso hablar así, es
Sin duda Marx afirma que después del instan­ un n a t u r a l i s m o . Lo afirmó fuertemente al iden­
te privilegiado de la revolución habrá aún un tificar h u m a n i s m o y n a t u r a l i s m o . Una natura­
desarrollo histórico, pero no puede ya ser en leza plenamente humanizada es una naturale­
las condiciones de la o tr a historia, que progre­ za transformada por parte del hombre, pero el
sa a, través de conflictos y que sólo tiene sen­ hombre misino y su arte son aún parte inte­
tido por el dinamismo que impulsa cada vez grante de la naturaleza. La naturaleza huma­
a la solución del conflicto. Si toda la riqueza nizada no es sino una fo r m a n u e v a d e la n a ­
de la historia está en un punto de la historia, tu r a le z a q u e s e h a m o d i f i c a d o a s i m is m a . Un
no está en el resto de la historia, el resto de la hombre plenamente naturalizado, es un hom­
historia está vacío. Es preciso elegir entre la bre hundido en la naturaleza. Marx afirmó
admisión de una riqueza inmanente a los len­ claramente contra Feuerbach y los materialis­
tos surgimientos, a las manifestaciones sucesi­ tas franceses que la naturaleza sin la industria
del hombre no es nada. Nos conduce »iri em­ das que constituyen lo pfffnSt m ®s>Nl*SW
bargo, en el punto esencial de su doctrina, * privilegiado, pero entonce« el « mb-h b ís b s o m
un naturalismo completo, a un materialismo es la ‘‘solución del enigma de k historia*.
integral, tan poco dialéctico en realidad que
es necesario para afirmarlo sin contradicción VI. LA VERDAD DE LA OBRA
haber renunciado a toda teoría dialéctica ge­
neral de las relaciones esenciales con lo real. DE MARX
Llegado a este punto, no es de asombrar que
pesar de esta inconsecuencia, hay una ver­
Marx, a pesar de tantas negativas anteriores,
haya paradojalmente advenido a aprobar la
empresa de Engels de escribir una “Dialéctica
A dad en U obra de Marx, más allá de « tu
obra y má» allá del movimiento mande-
de la naturaleza”. ta. La ambición de Marx de encontrar cu k»
El acto total, la plenitud de la acción esen­ real una doble dimensión dialéctica tiene «B
cial de los proletarios son un postulado idea­ sentido profundo. Hay en lo real un proceso
lista respecto a las condiciones dialécticas de de negacionef y determinaciones indefinida«,
la historia. También son un naturalismo aca­ pero también hay en lo real algo de absoluto
bado. ¿El verdadero movimiento de la historia, y de privilegiado. El error de Marx consiste
la única dialéctica concebible entonces sólo se­ sólo en haber reducido este absoluto a ser m
ria pues un movimiento ciego por el cual la determinación al lado de otras determ inad»
naturaleza se mueve ella misma, produce un nes. En otras palabras, hay un sentido d* la
día al hombre, lo opone a sí misma, después lo historia, aunque sea solamente inmanente a la
reconquista y lo conduce a la identidad indi­ historia, y el error de Marx es haber querido
ferenciada con ella? Entonces serían los mate­ encontrar este sentido en una segunda histo­
rialistas mecanicistas, sería Feuerbach, sería ria al lado de la primera.
Darwin, los que tendrían razón y no el dialéc-i Sólo hay en lo real negaciones determino
tico Marx, demasiado poco fiel a la dialéctica das, sólo hay en la historia figuras panículo
como para conservar sus conclusiones al abri­ res de la historia. Asi, la historia tiene verdo
go de la recurrencia del naturalismo integral. deramente un carácter dialéctico. Pero las d o
Pero una vez que se ha llegado a estas conclu­ terminadones dialécticas sólo existen por d
siones toda la obra parece vana. La preocupa­ acto de determinar quién cada vei supera la
ción de la dialéctica por las relaciones del hom­ determinación particular puesto que la plan­
bre con la naturaleza y con la sociedad, como tea. El único realismo posible es pues el de un
también la preocupación por la alienación eco­ devenir (contingente en sus diversas determi­
nómica capitalista y su supresión sólo son inú­ naciones), pero el de un devenir efectivo, e*
tiles epifenómenos de la historia natural, decir en el cual cada determinación sucesiva
¿También el hombre es absurdo, y porque resulta de un acto que cada ves suprime y
plantea, porque quiere resolver problemas que, plantea. Cada determinación o cada negadón
no la historia, pero sí la naturaleza sabe resol­ es una síntesis: recae sobre términos que ion
ver por sí misma y ya ha resuelto? La obra de de por sí contingentes, empíricos, determino
Marx encontraba su grandeza en su voluntad dos, plantea un nuevo término determinado.
de responder a esos problemas del hombre Pero ésto sólo tiene lugar gracias a un seto d t
efectivo. Encuentra su debilidad en el rechazo afirmarión que es, como dinamismo, más qu«
práctico que el naturalismo de las conclusio­ las determinaciones sobre las átales recae. El
nes termina por oponer a esos problemas. principio de síntesis, la negadón como acto,
El error de la dialéctica marxista es haber que están presentes en la historia y en todo lo
uerido a la vez un movimiento dialéctico in- real de manera inmanente, induye derto for­
efinido que atraviese una serie siempre ina­ ma de absoluto, la misma que Marx buscaba
cabada de determinaciones sucesivas y por otra de manera errónea en una determinadón par­
parte una determinación privilegiada que con­ ticular privilegiada.
tendría en sí misma la unidad de todo el de­ Lo cual no significa que lo absoluto sea un
venir, la mediación toda entera. O bien no hay momento de la historia, que haya un ‘‘sujeto’*
otras determinaciones salvo ésta, y entonces absoluto al igual que teníamos hace un mo­
esta determinación nó es una negación, sino mento una esencia absoluta. Admitirlo sería
una esencia positiva, plenamente positiva, es volver a caer en el idealismo justamente criti­
una esencia que existe como esencia, es la pro­ cado por Marx. La inmanencia de lo absoluto
pia naturaleza; o bien esta determinación se en el desarrollo dialéctico no está en la exis­
inscribe entre todas las negaciones determina­ tencia de un sujeto absoluto que se desarrolla­
ba en la historia: esa solución tendría el mis­ ro al otro hombre. Es por otra parte en eso
mo valor que la de Marx que nos hacía descu­ también que él es natural y es por eso que la
brir en un instante del desarrollo la realiza­ primera sociedad —la familia— comienza a
ción empírica de la esencia objetiva. Lo Abso­ nivel de una oposición y de un reconocimien­
luto no es pues ni momento particular, ni su­ to en la naturalidad, la de los sexos.
j e t o . Y sin embargo en el dinamismo que hace El hombre no opera por negación, el hom­
progresar de determinación en determinación bre sólo actúa cuando está fundido en una re­
e» imprescindible que esté presente de alguna lación con un absoluto superior tanto a sí
manera. Está en cada uno de los actos histó­ mismo como a su "otro” determinado. La dia­
ricos planteados por los sujetos (no absolutos) léctica como sucesión de determinaciones de
que son los hombres. En el acto de éstos, sólo la relación natural sólo se explica pues por la
hay determinaciones particulares, pero hay no dialéctica más fundamental que expresa una
obstante siempre acto de determinar. determinación con relación al Otro absoluto
El acto de determinar no es en sí mismo lo que en esta operación me funde en el ser —a‘í
absoluto aunque cada uno de sus actos sólo romo a la naturaleza— sin encontrar nada pre­
positivas que recibe. Tampoco el hombre es lo determinado.
absoluto aunque cada uno de sus actos solo Así, lo absoluto es inmanente a la historia
ueda ser comprendido por referencia tanto a como lo quería Marx, sin dejar de ser superior
E t absoluto como a lo determinado. Incluso
es preciso decir que lo absoluto se le manifies­
ta tanto en el antecedente determinado del
a la historia, como también lo quería Marx al
presentarlo como una determinación histórica
nueva que arroja toda la historia anterior en
cual no es amo, como en su propio acto: se la prehistoria. Pero para mantener sin incohe­
trata pues de un absoluto del cual depende, rencia esta doble afirmación, es preciso com­
pero que no es él mismo. De e>6ta manera el prender que la historia tiene una dimensión
hombre determina la naturaleza en el mismo de la inmanencia (una dimensión de la apa­
acto por el cual está separado y se opone a ella. riencia) en la cual se revelan las determinacio­
No es posible pues decir que está enteramente nes sucesivas que sfe encadenan según las leyes
encerrado en la naturaleza. Pero, a la inversa, de conflicto y de síntesis, pero que esta dimen­
puesto que encuentra a la naturaleza como su sión de la inmanencia sólo puede ser real por
opuesto en cierta manera preexistente a él, no la existencia de otra dimensión que es refe­
se puede decir que sea lo absoluto. Hay en rencia a un Absoluto trascendente a la histo­
realidad una doble dimensión en esta relación ria, en el cual ésta se recibe y en el cual ésta
única con la naturaleza: se descompone en una recibe la primera alteridad que desencadena el
relación de negación de la naturaleza por el dinamismo.
hombre y en una relación de negación de ese Sin ser. puramente exterior a la historia,
acto negador por el encuentro de una resisten­ como lo sería si fuera un momento determina­
cia, es decir del carácter "dado” y “predeter­ do de esta historia, sin serle por otra parte úni­
minado” de la naturaleza (lo cual no supone camente inmanente, como lo sería si fuera una
por otra parte necesariamente una anteriori­ especie de sujeto consciente de Ja historia in­
dad cronológica): el hombre que actúa sobre terior a ella, el absoluto es a la vez plenamen­
la naturaleza se recibe pues a sí mismo en su te inmanente a la historia y trascendente a
calidad de ser de la naturaleza de un absoluto ella. Esa situación es la única condición de po­
superior a sí mismo. Este absoluto es también sibilidad para que haya historia, a la vez con­
superior a la naturaleza, sin lo cual habría re­ tingente en sus determinaciones y sin embargo
ciprocidad perfecta en la negación de la natu­ perpetua negación-posición, según ese doble
raleza por el hombre y en la negación del hom­ carácter que nos ha revelado la experiencia y
bre por la naturaleza y nos veríamos conduci­ que ha sido retomado por el materialismo his­
dos a un naturalismo en el cual la relación de tórico.
oposición del hombre con la naturaleza no se
La verdad del marxismo está pues en toda
explica. concepción del hombre según la cual el hom­
Lo mismo puede decirse de la relación del bre recibe la tarea de hacerse a sí mismo en un
hombre con el hombre. Relación de oposición universo dado, de un absoluto que lo consti­
en la cual me distingo del otro, me coloco tuye en el ser por un acto que, a diferencia del
frente a él: pero yo no lo he colocado primero del hombre, es sin condicionamiento, sin de­
a él, lo he encontrado primero como otro e terminación anterior. Sin este acto de lo Abso­
incluso como extraño, no me he otorgado el luto, nada de lo que hace el hombre tiene un
fundamento de la sociedad, he recibido prime­ sentido acabado. Para lograr la culminación
del sentido inacabado, puedo una vez más, co­ la objetivización, o sea la dependencia respecto
mo Marx, recurrir a una naturalismo inicial o del Todo Otro, es decir la situación esencial­
final, pero esta conclusión me pone en contra­ mente religiosa del hombre.
dicción con las propias condiciones de la expe­ Dado este fundamento religioso de toda la
riencia “in te r m e d ia r ia en. la cual la identidad realidad humana, no es posible asombrarse
del naturalismo inicial no está ya presente y la porque Marx haya visto en la religión algo tí­
del naturalismo final no está aún presente. El pico. Pero, mientras él veía en ella tipo de to­
mundo de la experiencia “intermediaria”, ca­ da alienación, es necesario ver allí el funda­
racterizado por la no-identidad y por razones mento de toda negatividad, de toda dialéctica
de oposición dialécticas, no se explica por la de objetivización, de toda realización del hom­
pura identidad sino por un acto absoluto de lo bre, de toda libertad. En relación a la aliena­
absoluto. Este acto funde la alteridad y la no ción, la situación religiosa natural al hombre
identidad porque sólo lo Absoluto es capaz de es solo una condición de posibilidad, puesto
la producción de la diferencia incondicionada. que es también la condición de la libertad.
Sobre la base de una dependencia que crea
Víl. RELACIÓN, ALIENACIÓN la libertad, la alienación aparece entonces co­
Y RECONOCIMIENTO mo una posibilidad siempre abierta a esta li­
bertad- se realiza desde que esta libertad,

LLEGAMOS así a una verdadera explicación


del hombre. Si el hombre es un ser natural
y objetivo, un ser que “tiene objeto”, es
atrapada én el vértigo de su potencia, reniega
de esa dependencia e intenta tomarse a sí mis­
ma como objeto y como fin. Entonces el hom­
porque es primero objeto, es que está prime­ bre buscando al hombre se detiene en las pro­
ro atrapado en una relación con el Ser Abso­ ducciones pasajeras del hombre, se detiene en
luto, constitutiva de su ser y también de su ta­ las realizaciones determinadas, en las objetivi-
rea. Esta relación esencial funde todo lo real zaciones provisorias. Se pierde en las cosas,
en forma más radical aún que las relaciones *. cuando esas cosas estab.an destinadas a la ob-
entre el hombre y la naturaleza y las relacio­ jetivización de su libertad, como mediaciones
nes entre el hombre y el hombre. La primera y no como términos. Todo objeto de la liber­
relación implica las segundas. La contingencia tad que se convierte en una cosa es un mundo
aprehendida en la oposición a la naturaleza, de alienación: como el producto del trabajo
en la mediación indefinida del trabajo y de desde que la relación no es ya percibida con el
la sociedad, solrt es la expresión de una contin­ acto de libertad que constituye la mediación
gencia en tal forma radical que explica a la trabajadora entre las necesidades específicas
vez la debilidad del hombre y la grandeza de del hombre y la naturaleza; así el otro hombre
su libertad. desde «pie en la relación política quiere con­
La verdad del marxismo se encuentra así vertirlo en un instrumento al dominarlo; así
en la admisión de un fundamento religioso de el propio Dios desde que el hombre se coloca
toda la existencia humana, resultado tanto pa- frente a f.l en una actitud de propietario y pol­
radojal porque justamente la relación religio­ la su|X‘rslición quiere convertirlo en su instru­
sa parecía a Marx la más ilusoria y la más su­ mento, sin reconocer «i dominio y sin recono­
perficial. Y esa relación religiosa, esta relación cer la exigencia de realizarse concretamente en
constitutiva con el Todo Otro no son una alie­ las tareas humanas que resultan tic ese "domi­
nación, porque la esencia humana y todas las nio” divino. Así se funden todas las alienacio­
virtualidades del hombre, su propia libertad, nes que Marx ha descrito. Aparecen sin em­
resultan de ellas. bargo, lógicamente, en un orden inverso al por
Dicho lo cual, existen sin embargo aliena­ él descrito: la rebelión contra el dominio del
ciones religiosas, al igual que existen aliena­ Todo Otro absoluto siempre es previa y fun­
ciones políticas, sociales y económicas. La alie­ damental, incluso aunque no adquiera de en­
nación es posible como la libertad, en razón trada los rasgos de la superstición religiosa; de
misma de la diferencia en relación con lo ab­ ahí deriva el rechazo de reconocer al otro hom­
soluto, que caracteriza al hombre y a la natu­ bre, a la otra libertad: es la obra de la “volun­
raleza. Retomamos aquí el análisis que hacía tad de poder” de la cual Marx ha despreciado
Marx de Ja alienación como resultado de la erróneamente la importancia en la constitu­
condición de posibilidad que era la objetivi- ción de la alienación política y social; de ahí
zación necesaria del hombre. Solamente he­ deriva por último la alienación económica que
mos profundizado la condición de posibilidad aparece acá como un medio particular de ins­
de la alienación al ir hasta la propia raíz de titucionalizar un dominio del otro hombre, al
« rcb a o rU m productos ti ce**r ¿» reconocer inscribiría como una determinación histórica
al hombre, *iu necesidades y su trabajo espe­ nueva al lado de una prehistoria de alienación.
cífico en la indispensable objetivización de la La historia tiene un sentido, que está dado en
mercadería. la relación con lo absoluto que la constituye,
Pero toda* esas alienaciones son los vértigos está en relación con un Logos, pero ese senti­
d« la libertad ilusoria del hombre, en reali­ do nunca se totaliza en una única determina­
dad *on un rechazo de su verdadera libertad. ción. La exterioridad riel Logos del ser en re­
Esta verdadera libertad es "reconocimiento”, lación al ser no es la de un momento al lado
ea decir respuesta a la relación de dependencia de otro momento, porque es plenamente inma­
constitutiva: en primer lugar reconocimiento re­ nente a todo el desarrollo; es una exterioridad
ligioso del Dios que funda el ser, y por ahí el que no contradice la inmanencia: el hombre
hombre, al considerarse como dado a sí mismo, ele trascendencia le conviene más que el de ex­
adquiere su verdadera libertad; reconocimien­ terioridad, porque evita la representación de
to del otro hombre, es decir reconocimiento po­ un momento de lo real al lado de otros momen­
lítico y social, y por ahí el hombre, al tratar tos. La historia tiene un sentido inmanente a
al otro hombre como una libertad, como una ella, pero ese sentido nunca se ha desarrollado
persona y no como un objeto de dominación, plenamente en un momento de la historia em­
se garantiza a sí mismo como persona y como pírica.
libertad; reconocimiento hasta en el plano de Esa concepción del hombre y del mundo,
las relaciones económicas, y por ahí, hasta en qfte sola salvaguarda lo mejor de la ambición
el humilde producto de su mediación trabaja tnarxista, no retrocede pues frente a lo real.
dora, reconozco al hombre y se constituye la No rechaza ningún elemento de la experien­
sociedad, esta objetivación y esta realización cia. Está enteramente abierta a la necesidad de
del hombre; por último, reconocimiento de la instaurar una ciudad del hombre, sabe que la
naturaleza, el otro del hombre que también le libertad sólo se verifica si se realiza en la na­
ha sido dado, y de ahí aceptación de la obliga­ turaleza y en la historia, quiere al hombre co­
ción de realizar la libertad y la persona, no en mo “mundo del hombre”; pero, para evitar to­
el mundo de los ideales, sino en un trabajo da alienación, se niega a confundir una obje­
perseverante sobre la naturaleza llamada a tivación provisoria con la norma de la liber­
convertirse en la expresión objetiva de la li­ tad; no conoce, en las condiciones de la histo­
bertad personal. ria, una culminación única de la historia o un
Todas las relaciones fundamentales en las éxito triunfal sin regresión posible.
cuales se analiza lo real son la condición de po­ Esta es la única interpretación posible de
sibilidad de la alienación, pero comportan la filosofía dialéctica que no sea idealista, co­
también la posibilidad del reconocimiento. El mo la de Hegel, ni incoherente como la de
reconocimiento, la realización de la libertad Marx. Al mismo tiempo, es una filosofía abier­
del hombre en todas sus dimensiones, la Cons­ ta: a toda la riqueza de las determinaciones, a
titución de la sociedad humana, se sitúan así todas las riquezas de una historia que tiene
e n la s mismas condiciones esenciales que la un futuro y un pasado, una temporalidad y
alienación. Pero mientras el fin de la aliena­ una historicidad (Zeitlichkeit y Geschichtlich-
ción, la liberación y la instauración del hom­ keit). Abierta al mismo tiempo porque es cons­
bre según Marx sólo pueden efectuarse en un ciente de una dimensión de la historia que no
más allá de las condiciones efectivas de la his­ se manifiesta plenamente en la sucesión del
toria, la transformación de las relaciones fun­ tiempo. No describe un mundo cerrado y li­
damentales en "reconocimiento” y en libera­ mitado, sino un mundo subtendido por una re­
ción se efectúa en la única historia que tam­ lación con el Todo Otro Infinito. Que esta
bién conoce la posibilidad de la alienación. Es­ relación de alteridad de lo finito a lo infinito
ta historia tiene dos dimensiones puesto que pueda ser plenamente mediatizada, que lo in­
comporta una relación con un Todo Otro ab­ finito se una a lo finito, esta inteligencia de
soluto, pero esta relación fundamental no es la historia no puede prometerlo, pero lo espe­
exterior a la historia experimental, no es una ra como un don gratuito así como reconoce
segunda historia, ni siquiera un simple antes ya el don gratuito por el cual se han constitui­
temporal, ni un simple después temporal. do la libertad del hombre y la posibilidad de
Las alienaciones pueden pues ser suprimi­ su realización. Que aparezca un Dios en la his­
das en sus determinaciones particulares, pero toria, en un momento dado, y lo finito será
su posibilidad persiste siempre en una forma u plenamente conciliado con lo Infinito, la alte-
otra: no hay supresión de la alienación que se ridad fundamental que constituye lo real será
»«perada por la mediación del Dios-Hombre. NOTAS*
Esta mediación acabada no contradecirá, sin
(1) Ver Jean Ives Calvez “El pensamiento
embargo, las condiciones de la historia, como de Karl Marx”.
lo hacía la pretensión marxista de una me­ (2) Ver Jean Ives Calvez “El pensamíent®
diación social completa por la acción de de Karl Marx”.
un grupo de hombres particulares. La historia (3) Ver las observaciones de J. Hyppolit*»
podrá continuar, siempre indefinida en sí, “Lógica y Existencia”.
porque la intervención divina no suprimirá (4) Jean Hyppolite, “Lógica y Existencia”.
la distinción entre el movimiento dialéc­ (5) Jean Hyppolite, “Lógica y Existencia”,
tico constitutivo y las determinaciones his­ El autor recuerda el texto de Marx: “El ser ob­
jetivo actúa objetivamente y no actuaría objeti­
tóricas sucesivas. La única pero esencial di­ vamente si el objetivo no se encontrara en la
ferencia, es que la historia tendrá desde enton­ determinación de su ser. Sólo crea y coloca ob­
ces un más allá de sí misma aprehendido en jetos porque es colocado por los objetos, porque
certidumbre y en esperanza. Tendrá un senti­ por su origen, es naturaleza. En el acto de co­
locar, no sale pues de su actividad pura para
do totalmente revelado, cuya realización últi­ crear al objeto, sino que su producto objetivo
ma no puede ser una nueva determinaciftn par­ manifiesta sólo su actividad objetiva, su activi­
ticular y empírica, sino un más allá efectivo de dad como actividad de un ser natural objetivo.
todas las determinaciones particulares de la his­ Vemos aquí que el naturalismo o el humanismo
realizado difiere del idealismo y también del
toria. materialismo y es a la vez la verdad que lo*
Sin renunciar a ciertas intuiciones esenciales une a los dos; vemos también que el naturalis­
de la filosofía dialéctica fundamental de Marx, mo es el único capaz de comprender la historia
universal.”
se puede pues echar las bases de una concep­ (6) “Pero esta historia se ha convertido en
ción del mundo más realista que la suya, que una alienación en la medida en que ha engen­
terminaba por contradecir sus propias bases drado —como momento necesario— el capital, la
realistas. Se alcanza en la síntesis de una valorización del valor. La objetivación del hom­
filocofía de determinaciones sucesivas o del bre se ha convertido —para su mayor bien fu­
turo por otra parte— en una alienación” (Hyp­
devenir histórico y de una filosofía abierta polite).
a lo absoluto. Esta síntesis comporta una ima­ (7) “Es preciso sustituir la negación de la
gen de la sociedad en la cual toda la adquisi­ negación por la positividad primera de la natu- *
ción de la subjetividad y el valor absoluto de raleza... Existe sin embargo una negación en
la libertad humana estarían recogidos, al mis­ la historia, una alienación, pero vale únicamen­
te para la historia y es la historia la que tendrá
mo tiempo que el esfuerzo para reencontrar que resolver el problema que plantea.” (Hyppo­
una sociedad orgánica, natural, que englobe y lite, ob. cit.)
garantice adquiriría su verdadera significación. (8) Hyppolite, ob. cit.
En su concepción general del mundo, como en (9) Hyppolite, ob. cit.
su concepción de la sociedad, el marxismo es (10) Ibid. Un poco más adelante Hyppolite
el testigo de esta búsqueda nueva que se ha agrega: “El proletariado en Marx es la adqui­
instituido más allá del individualismo liberal sición de conciencia de la alienación humana,
de la Revolución Francesa. Este esfuerzo se y esta adquisición de conciencia es su existen­
cia. Hegel, al descubrir la alienación de la con­
queda por el camino, pero vale la pena reto­ ciencia de sí, extiende este término a toda ob­
marlo. jetivación.”
Las relaciones dialécticas del hombre y de (11) Ya con Lenin, la teoría de la revolución
la naturaleza, y del hombre y de la sociedad se modificó en forma considerable. No son lo»
se basan en una relación, también dialéctica, “proletarios” principalmente sino los “revolu­
cionarios profesionales”, una élite política al ser­
con Todo Otro absoluto. Esta última relación vicio de un partido, los verdaderos agentes da
cimenta las otras, y explica también la posibi­ la revolución. Se acentúa así el voluntarismo
lidad de las alienaciones. Pero el “reconoci­ que ya hemos señalado. Los proletarios por lo
miento” que se extiende a todas las relaciones menos eran producto directo de la situación eco­
nómica. ¿Se puede decir que los revoluciona­
del hombre, a la naturaleza, al otro hombre y rios profesionales lo sean de manera tan unívo­
a Dios, suministra la posibilidad de suprimir ca? Lenin, en verdad, no se preocupa. Insist®
las alienaciones. Este “reconocimiento” es “ta­ sobre la insuficiencia de la “espontaneidad” de
la conciencia proletaria, sobre la necesidad de
rea” del hombre: por él se realiza como per­ infundir “teoría” e ideología del exterior, y so­
sona y como libertad. Nada de todo esto obliga bre la función del partido cuya élite está justa­
a evadirse de las condiciones de la existencia mente constituida por los revolucionarios profe­
del hombre como lo imponen las fórmulas mar- sionales. El partido será la “conciencia” de ia
masa que, por sí misma, es amorfa. “Es preciso,
xistas sobre la sociedad comunista, instituyen­ afirma, dedicarnos principalmente a elevar a lo»
do una radical discontinuidad en la historia. obreros al nivel de revolucionario* y no reba-

NUM KRQ 14 / J U N I O lee® i»a » n a


jarnof ai ílíVel dé lá «masa cerera», como 10 ¿octaiaemoemá surgió independientemente aei
quieren los economistas'9. . . . (¿Qué Hacer?). Pe­ crecimiento espontáneo del movimiento obrero;
ro "los revolucionarios’’ han reemplazado tam­ fue el resultado natural y fatal del desarrollo
bién a los proletarios, puesto que la propia con­ del pensamiento en los intelectuales socialistas-
ciencia de ios proletarios les viene del exterior; revolucionarios.” (¿Qué Hacer?) Comprobación
es aportada por la élite revolucionaria, que no de Lenin respecto al pasado, esta convicción se
es necesariamente de origen obrero, que nece­ convierte para él en un principio de acción.
sariamente no ha vivido ¡a condición de univer­ “Cualquier sumisión a la espontaneidad del mo­
salidad negativa, principio, según Marx, del acto vimiento obrero, cualquier disminución del pa­
revolucionario. Hablando de las huelgas de 1886- pel del «elemento consciente», del papel de la
1880, Lenin escribía: “Los obreros no podían po­ socialdemocracia significa por lo mismo —se
seer aún la conciencia socialdemócrata que sólo quiera o no, eso no tiene ninguna importancia—,
podía serla aportada del exterior. La historia un incremento de la influencia de la ideología
de todos los países atestigua que, librada a sus burguesa sobre los obreros.” (“¿Qué Hacer?”)
solas fuerzas, la clase obrera sólo puede llegar El contexto indica claramente que el elemento
a la conciencia sindicalista, es decir a la convic­ consciente altamente necesario para el buen éxi­
ción de que es necesario unirse en sindicatos, to del movimiento obrero tiene que ser suminis­
librar la lucha contra los patronos, obtener del trado por los intelectuales revolucionarios. Y si
gobierno tal o cual reforma obrera, etc__ Res­ en la afirmación precedente de Lenin había in­
pecto a la doctrina socialista, ha surgido de teo­ dicios de un cierto determinismo, no es un de-
rías filosóficas de las clases poseedoras, los inte­
lectuales. Por su situación social, los fundado­ terminismo de las fuerzas económicas, sino un
res del socialismo. Marx y Engels, eran intelec­ determinismo del “desarrollo del pensamiento en
tuales burgueses. También en Rusia la doctrina los intelectuales socialistas-revolucionarios.”
O W R IG H T M iU L S

LOS MARXISTAS
IDEALES i IDEOLOGÍAS «ólo significa: como alguien que busca, Junto coa
sus lectores, orientación política. Por consiguien­
I te, trataré de ser explícito acerca de mis propio»
Juicios políticos y morales.
Al reconsiderar diversas variantes del mar­ Cuando leemos a los marxistas, la mayoría
xismo en términos apropiados a nuestra época de nosotros hacemos una comparación mental de
inmediata, me propongo hacer en las páginas índole política, estemos conscientes de ello o no:
iiguientes un inventario sistemático de lo que los criterios que generalmente nos inclinamos a
a mi juicio son las ideas esenciales del marxis­ usar son aquellos que consideramos “democráti­
mo clásico, para luego proceder a criticarlas. cos” o “liberales” o propios del “Mundo Libre”.
Después, ofreceré algunos breves perfiles histó­ Es preciso que enunciemos y examinemos estos
ricos de sus principales líneas de desarrollo y criterios a fin de examinar el marxismo de ma­
aplicaciones. En lugar de interrumpir esta pre­ nera efectiva. Debemos examinar tanto el “libe­
sentación con citas extensas, he organizado una ralismo político” —que constituye la principal
selección de los escritos marxistas más impor­ alternativa en la filosofía política y en la reali­
tantes como capítulos independientes. En mis dad mundial, y es la fuente de nuestros valores,
críticas, desde luego, aprovecharé los elementos supuestos y teorías— y la “ciencia social” cuyos
pertinentes de los trabajos actualmente disponi­ términos suministran los fundamentos conven­
bles en aquellas ciencias sociales con las que es­ cionales para la crítica del marxismo. Mis co­
toy familiarizado. A fin de mantener este libro mentarios sobre el liberalismo serán necesaria­
dentro de los límites de una extensión manejable, mente breves, pues mi interés principal en este
no me he ocupado aquí en ninguna forma ex­ libro es el marxismo. (1) Pero esppro escribir de
plícita y sistemática de las interpretaciones y las tal manera que los supuestos del lector liberal
críticas del marxismo que han hecho otros co­ ascenderán a la superficie, haciéndolo más libre
mentaristas. Pero sí he tratado de tomar en cuen­ para clarificar su posición política.
ta otras interpretaciones y críticas, y espero ha­ Muchos de quienes rechazan (o, más exacta­
ber tenido siempre presentes las más importan­ mente, ignoran) las formas de pensar marxista*
tes de ellas. acerca de los asuntos humanos, rechazan en rea­
En todo momento he tratado de ser objetivo, lidad las tradiciones clásicas de sus propias dis­
pero no pretendo ser un desinteresado. Ningún ciplinas. La “Ciencia Social” en cuyo nombre se
filósofo político puede ser un desinteresado: sólo ignora o se rechaza al marxismo es, en la mayo­
puede presumir de serlo. Y yo he escrito este ría de los casos, una ciencia social que tiene
libro, en parte, como un filósofo político, lo cual poco o nada que ver con lo« acontecimiento*
«Ardiñales y la aceleración histórica caracterís­ más significativa si prestaran mayor atención al
ticos de nuestra época inmediata. Es una ciencia marxismo como una de las fuentes capitales de
social del enfoque estrecho, del detalle trivial, sus disciplinas. En la Unión Soviética, por otra
del dato abstracto, todopoderoso e insignifican­ parte, muchos estudiosos ignoran frecuentemen­
te. (2) Unas pocas diferencias entre el estilo de te los avances ocurridos en otras partes y que se
trabajo de Marx y algunos tipos principales de han originado en las concepciones y teorías de
ciencia social contemporánea bastarán para su­ Marx. Los científicos sociales y los hombres re­
gerir sus naturalezas respectivas. Cuando los flexivos, están expuestos a ser históricamente
marxistas hablan de “ciencia social burguesa”, provincianos y, en consecuencia, intelectualmen­
lo quieren decir (o deben querer decir) son cosas te lisiados al ignorar, o ser obligados a ignorar,
«orno estas: los progresos más recientes en la sociología clá­
Los científicos sociales estudian los detalles sica.
de medios sociales en pequeña escala; Marx Acaso algún día, desde uno u otro bando, los
también estudió tales detalles pero siempre den­ estudiosos del hombre, la historia y la sociedad
tro de la estructura de una sociedad total. Los llegarán a considerar de maneras más objetivas
científicos sociales, sabiendo poca historia, estu­ las interrogantes enormemente fructíferas here­
dian a lo sumo tendencias de corto alcance; dadas de Marx y otros marxistas. Mientras tanto,
Marx, utilizando los materiales históricos con aunque los hombres del mundo soviético a me­
•oberbia maestría, toma como su unidad de estu­ nudo no pueden hacer tal cosa, nosotros no de­
dio épocas enteras. Los valores de los científicos bemos permitir que la postura política de nin­
sociales generalmente los llevan a aceptar a su guna nación nos impida tratar de cobrar con­
sociedad en gran medida tal como es; los valo­ ciencia de todos aquello que nos ha hecho lo
res de Marx lo llevan a condenar a su sociedad que somos.
de arriba abajo. Los científicos sociales ven los Al igual que muchas otras personas en estos
problemas de la sociedad como patrones únicos momentos, yo estoy penosamente consciente de
de “desorganización” ; Marx ve los problemas las deficiencias de las filosofías políticas que he­
como contradicciones inherentes a la estructura mos heredado. Tanto el marxismo como el libe­
existente. Los científicos sociales ven a su socie­ ralismo muestran el sello de fábrica, por decirlo
dad como algo que continúa en forma evolutiva, así, de un período de la historia humana que
sin quiebras cualitativas en su estrutura; Marx- está terminado; ambos incurren en el mismo error
ve en el futuro de esta sociedad una quiebra de no prestar la atención debida a ciertos he­
cualitativa: una nueva forma de sociedad —en chos v problemas capitales que ríos presenta
realidad una nueva época— habrá de surgir por actualmente la situación mundial. No es el pro­
medio de la revolución. pósito de este libro elaborar una filosofía polí­
A pesar de todo, no existe en la actualidad tica adecuada a la era mundial en que ahora
ninguna “ciencia social marxista” de importan­ entramos. Pero sí tengo la esperanza de que les
cia intelectual. Existe solamente la ciencia social: sirva a mis lectores, y a mí mismo, como una
sin la obra de Marx y otros marxistas, no sería introducción a algo que no sea inferior precisa­
lo que es hoy; con su sola obra, no sería ni apro­ mente a tal esfuerzo.
ximadamente tan buena como resulta ser. Nadie
que no se adentre a fondo en las ideas del mar­ 11
xismo puede ser un científico social idóneo; nadie
que crea que el marxismo ha dicho la última Las filosofías políticas son creaciones intelec­
palabra puede serlo tampoco. ¿Cabe alguna du­ tuales y morales; contienen ideales elevados, con­
da de esto después de Max Weber, Thorstein signas fáciles, hechos dudosos, propaganda bur­
Veblen, Karl Mannheim, por mencionar sólo da, teorías refinadas. Sus partidarios seleccionan
tres nombres? Ahora contamos con maneras algunos hechos e ignoran otros, proponen la
—mejores que la de Marx por sí sola— de estu­ aceptación de ideales, la fatalidad de los acon­
diar y comprender al hombre, a la sociedad y a tecimientos, argumentan con esta teoría y de-
la historia, pero la obra de estos tres sociólogos nuestras aquella otra. Puesto que en todas las
no se concibe sin la obra de Marx. filosofías políticas tal miscelánea de elementos se
En los Estados Unidos, las influencias inte­ encuentra por lo general sumamente embrollada,
lectuales del marxismo se encuentran ocultas a nuestra primera tarea consiste en separar los
menudo; muchos de aquellos cuyas mismas cate­ elementos. Para hacerlo, cada uno de los siguien­
gorías de pensamiento están influidas por Marx, tes cuatro puntos puede resultar útil:
desconocen a menudo las fuentes de sus propios Primero y antes que nada, una filosofía polí­
métodos y concepciones. Muchos científicos so­ tica es en sí misma una realidad social: es
ciales “occidentales” realizarían una obra mucho ideología en términos de la cual se justifican cier-
tai instituciones y prácticas y se atacan otras; riantes, ellos constituyen actualmente nuestras
fila provee las frases en las que se plantean principales, e incluso nuestras únicas, alterna­
demandas, sé hacen críticas, se pronuncian tivas políticas de primer orden, los credos pro­
exhortaciones, se formulan proclamas y, en al­ clamados de los dos estados más poderosos en
gunas dcasinnes, se determinan líneamienins po­ la historia del mundo. Al contemplar a los Esta­
líticos. dos Unidos y a la ÜESS (y lös bloques de na­
Segundo, es una ética, una articulación de ciones alrededor de cada uno de ellos), el resto
ideales que, en diversos niveles dé generalidad y del mundo los ve en términos de estos credos; en
refinamiento, se utiliza al juzgar hombres, acon­ estos términos, el mundo subdesarrolladó los con*
tecimientos y movimientos, y como ttiétas y cri­ sidera como alternativas de modelos para su
terios orientadores de aspiraciones y políticas. propio desarrollo.
Tercero, una filosofía política designa agen­ Desde el punto de vista de los tiempos mo­
tes de acción, de los medios de reforma, revolu­ dernos, las diferencias entre las versiones clásicas
ción o conservación. Contiene estrategias y pro­ de estas filosofías políticas son a menudo menos
gramas que encarnan tanto los medios como los importantes que lo que tienen fen común. Sobre
fines. Designa, en suma, los instrumentos por me­ todo están animados por ideales comunes: los
dio de loS cuales se realizan los ideales o se man­ grandes ideales seculares que se han desarrollado
tienen después de haber sido realizados. durante la trayectoria de la civilización occiden­
Cuarto, contiene teorías del hombre, la socie­ tal. Tanto el marxismo como el liberalismo en­
dad, y la historia, o cuando menos supuestos carnan los ideales de Grecia y Roma y Jerusa-
relativos a la composición y al funcionamiento lén: el humanismo del Renacimiento, el raciona­
de la sociedad; relativos a lo que se considera lismo de la Ilustración del siglo XVIII. A ello
que son sus elementos más portantes y cómo se debe (jue examinar el liberalismo o el mar­
éstos están típicamente relacionados; sus princi­ xismo equivalga a examinar la política de esta
pales puntos de conflicto y cómo se resuelven tradición humanista: encontrar ambigüedad en
estos conflictos. Sugiere los métodos de estudio uno o en ambos de ellos es encontrar ambigüe­
apropiados a sus teorías. De estas teorías y con dad en esta tradición.
estos métodos, se derivan las expectativas. El liberalismo y el marxismo también han
Una filosofía política nos dice cómo descu­ suministrado, cada uno de ellos, grandes imá­
brir dónde nos encontramos y hacia donde po­ genes de la naturaleza del mundo social, han
demos estarnos dirigiendo; nos da algunas res­ designado los agentes de cambio histórico y han
puestas a estas preguntas; nos prepara para los sugerido programas para alcanzar estas metas.
futuros posibles. Así, pues, para examinar cual­ Durante muchas décadas, se han enfrentado
quier filosofía política debemos examinarla corno dentro de cada nación avanzada, disintiendo
una ideología, una enunciación de ideales, una acerca de lo que sus expertos respectivos con­
designación de agencia o agencias, y como un sideran que son los hechos y acerca de los me­
conjunto de teorías sociales. En este capítulo dios que consideran necesarios para alcanzar sus
prestaré atención principalmente a las ideologías metas proclamadas. Pero estas metas no han
y los ideales; los puntos que trataré de probar cambiado mucho. Primero fueron las metas de
son los siguientes: las revoluciones Inglesa, Norteamericana y
En cuanto ideología, tanto el liberalismo Francesa; después fueron las metas —reformu­
como el marxismo han sido vulgarizados y tri- ladas, ciertamente— de la Revolución Rusa; y
vializados, cada uno de ellos suministra frases luego fueron reformuladas rápidamente en la
hechas para la defensa de una gran potencia reacción, tanto liberal como marxista, frente a
estatal y para la denigración del otro bloque y esta revolución. (3)
todas sus obras. Los dilemas morales y políticos de los mar-
En cuanto enunciaciones de ideales, ambos xistas, y especialmente de los comunistas entre
llevan en sí el humanismo laico de la civilización ellos, coinciden parcial pero considerablemente
occidental. Estos ideales son los únicos disponi­ con los de cualquier liberal. Ambos comparten
bles quC, al mismo tiempo, forman parte de una los ideales de la tradición, y ninguno los realiza
filosofía política comprehensiva y son proclama­ plenamente. Y estos ideales, así como ciertos su­
dos tanto por los dirigentes como por los diri­ puestos teóricos, han sido llevados más lejos y
gidos de los dos estados nacionales más podero­ con una actitud más consecuente y han Sido to­
sos del inundo. mados más en serio por algunos de los mejores
En sus versiones clásicas, el liberalismo y el marxistas que por cualquier liberal del que yo
marxismo encarnan las seguridades y las espe­ tenga noticia. Es la crisis de esta misma tradi­
ranzas, las ambigüedades y los temores de la ción humanista, creo yo, lo que se encuentra en
época moderna. Considerados en todas SUS va­ el fondo de nuestra crisis de orientación política.
Una de las maneras más directas de enfrentarse y de diferente manera, en cuanto a la perspec­
a esta crisis en todos sus aspectos consiste en tiva y al estado de ánimo marxistas. El libera­
examinar las ideas de Karl Marx y la suerte que lismo y el marxismo han venido a ser tan central­
han corrido estas ideas. mente importantes para los acontecimientos, para
Lo que hay de más valioso en el liberalismo su conformación y sus sufrimientos, que no es
clásico está incorporado, de la manera más con­ exagerado decir que sus crisis son síntomas de la
vincente y fructífera, en el marxismo clásico. decadencia de lo que todavía recibe el nombre
Una buena parte de la incapacidad de enfren­ —un tanto curiosamente— de Época Moderna.
tarse al marxismo en toda su variedad, es en Quizás también, esta decadencia señale el co­
realidad una manera de no tomar en serio los mienzo de una nueva época en la historia hu­
ideales del propio liberalismo, pues, pese a las mana.
desfiguraciones y vulgarizaciones de las ideas de Esa nueva época —sea lo que fuere por otra
Marx, y pese a los propios errores, ambigüeda­ parte— es verdaderamente una época mundial:
des y deficiencias de éste, Karl Marx sigue sien­ los usos y los significados de estos credos con­
do el pensador que ha articulado más claramen­ temporáneos tienen alcance mundial. Desde la
te —y más peligrosamente— los ideales básicos Revolución Rusa y la consolidación del bloque
que comparte el liberalismo. De ahí que enfren­ soviético, el encuentro del liberalismo con el
tarse a Marx y al marxismo equivalga a enfren­ marxismo se ha convertido en un encuentro
tarse a esta tradición moral. mundial de estados nacionales. En la realidad
política, la variante comunista del marxismo, con
Hl sede en el bloque soviético, es actualmente la
principal forma de marxismo. En la realidad po­
XNo hay, desde luego, un solo liberalismo, ni lítica, la variante norteamericana del liberalis­
nn solo marxismo. La obra de Marx y Friedrich mo, con sede en los Estados Unidos de Norte­
Engels ha sido la principal espina en el costado américa, es actualmente la principal forma de
del liberalismo, de la socialdemocracia, y, últi­ liberalismo.
mamente, de las versiones bolchevique y stali- Dado los poderosos medios de hacer historia
nista de la doctrina original. Ha suministrado que tienen ahora a su disposición, estos dos Es­
una base ideológica fundamental para la crítica tados y los bloques que ellos forman son las
de la política liberal, la economía capitalista. . . organizaciones más portentosas de la vida públi­
y la política y la economía soviéticas. ca y privada que los hombres conozcan o hayan
En los países capitalistas avanzados del si­ conocido. Es por ello, que, cuando examinamos
glo XIX y comienzos del XX, una vasta y a los credos políticos que dichos Estados y sus blo­
menudo confusa amalgama de liberalismo y ques proclaman —explicándolos, comparándolos,
marxismo se desarrolló en una especie de co­ criticándolos— no estamos “tan sólo hablando de
mún denominador ideológico. En el proceso, ideas”, sea cual fuere el significado de esta frase.
ambos se vieron modificados y atenuados: el Estamos hablando de los rasgos decisivos de
marxismo fue revisado, incorporándose en él nuestro pasado reciente, nuestro presente y
elementos liberales; el liberalismo fue adaptado nuestro futuro inmediato. También estamos ha­
a sus críticos y a las realidades cambiantes, in­ blando de las clases de hombres y mujeres que
corporándose en él elementos marxistas. Estas habitan y habitarán la Tierra. Sólo a través del
modificaciones y estos préstamos mutuos consti­ prisma de una u otra variante de estas filosofías
tuyen una buena parte de la historia de la filo­ políticas podemos tratar seriamente ahora ce
sofía política reciente y contemporánea, así como saber lo que está sucediendo en el mundo y de
de la historia política. Dentro de las sociedades orientarnos en éste.
capitalistas durante los últimos cien años, una Pero podría preguntarse: ¿y qué hay del
de las formas no-revolucionarias del marxismo conservadorismo? Pues bien, ¿qué hay? O, más
—socialdemocracia— ha constituido el principal bien, ¿dónde está?
movimiento de oposición en la mayor parte del En primer lugar, dondequiera que el “conser­
mundo capitalista avanzado. En formas atenua­ vadorismo” prevalece como la ideología estatal
das, ha reemplazado virtualmente al liberalismo en el poder —como en la España de Franco, la
como oposición y como crítica desde adentro. Unión Sudafricana de Verwoerd, el Portugal de
En estas sociedades, actualmente, la endeblez Salazar o la República Dominicana de Truji-
de la seguridad política y el colapso de la espe­ 11o—, se apoya más en el poder policíaco que en
ranza política son, en gran medida, una parte de el consentimiento ideológico. Por razones bien
la crisis de la perspectiva liberal y del estado de conocidas, los días de tales regímenes están con­
ánimo liberal. En muchas partes del mundo so­ tados en el mundo subdesarrollado.
viético sucede lo mismo, aunque en menor grado En segundo lugar, en las sociedades capita­
listas avanzadas, las funciones ideológicas e in­ incorporar con poca cohesión. La Ideología, ea
telectuales desempeñadas por el conservadoris- cuanto rostro público de una filosofía política,
mo decimonónico las desempeña ahora usualmen­ con mucha frecuencia se convierte simplementa
te el liberalismo. En realidad, no existe ningún en mito o folklore; con mucha frecuencia tam­
conservadorismo intermedio y coherente que bién, incluso un mínimo de ideología llega a de­
no sea una variante del liberalismo, una reenun­ saparecer: todo lo que queda es una retórica
ciación de Edmund Burke o una mera excentri­ vacía y sin importancia. El mensaje ideológico
cidad. En los Estados Unidos, en todo caso, el que pudo haber prevalecido en un tiempo, deja
conservadorismo ofrece tan sólo una utopía re­ de ser persuasivo. Puede, incluso, hacerse difícil
trógrada para los círculos que pueden describirse de enunciar con claridad. Entonces, a menudo,
mejor como extravagantes, si no como chiflados. se dice de la filosofía política: “Después de todo,
En la medida en que no es eso, el conservadoris- se trata más bien de una perspectiva general o
mo es un ademán defensivo de empresarios y po­ una sensibilidad que de un criterio de orienta­
líticos que defenderían el status quo pero que ción dogmático”.
carecen de ideas con qué defenderlo. Como ha Sobre todo, con el éxito, los ideales, especial­
observado el Wall Street Journal, el conservado­ mente los más rebeldes, tienden a incorporarsa
rismo “es apenas algo más que una creencia en la ideología de la justificación y, en la reali­
instintiva de que la sociedad de hoy está cons­ dad práctica, a identificarse con los agentes da
truida sobre varios miles de años y de que en la acción. El mantenimiento de estos agentes vie­
esos años los hombres han encontrado cosas a ne a ser el ideal activo; los demás ideales sa
las que deben aferrarse”. Sobre esa base, todos convierten en “mera retórica”, de campaña o re­
somos conservadores, y ser tales carece de sig­ volucionaria. En cuanto ideales, no están relacio­
nificado. (4) nados con ningún agente a través del cual
1 pudieran realizarse. Con todo, aun como retó­
IV rica pueden ser rígidamente controlados, atados
estrechamente a la consolidación ideológica.
Para quienes están verdaderamente poseídos Las teorías con frecuencia, son difíciles da
por una filosofía política, lo que está sucediendo separar de los otros elementos, pues tienden a
en el mundo en que viven parece del todo claro. convertirse en meros supuestos utilizados en las
Surge un problema, o alguien lo plantea: la opi­ discusiones de las metas urgentes, los medios
nión correcta salta en seguida a la mente. Por necesarios y la retórica de la justificación o del
medio de su filosofía, tales personas son orienta­ ataque. A medida que se confunden con estos
das persuasivamente. Las posiciones que susten­ otros elementos, las teorías se hacen borrosas.
tan son fáciles de comunicar. En diversos niveles Transformadas en meros supuestos, tienden a ha­
de refinamiento, “el mensaje ideológico” parece cerse “meramente ideológicas”, y a menudo
obvio y compulsivo. Los ideales en los que creen —junto con los ideales— a hacerse parte de la
parecen estar íntimamente conectados con los anfibología ideológica tan característica de
agentes activos que dichas personas han escogi­ nuestro tiempo. En cuanto teorías, se hacen su­
do. V tanto el ideal como el agente encajan en mamente formales: no es fácil advertir su per­
sus teorías de la sociedad y en lo que ellas ima­ tinencia con respecto a los ideales proclamados,
ginan que está sucediendo dentro de la sociedad. las ideologías en que se cree, los agentes de la
Esta bienaventurada condición parece rara­ acción histórica, pues est#s ideales, ideologías y
mente asequible en nuestro tiempo. En los cre­ agentes no son “ubicados” por las teorías dentro
dos que están mezclados con la historia y son de una sociedad existente y en el movimiento
aceptados por decenas de millones de personas, de su historia.
cada uno de los cuatro elementos de cualquier En diferentes fases y en diferentes socieda­
filosofía política —ideología, ideal, agente y teo­ des, todo esto le ha ocurrido a las variantes de la
ría— a menudo se transforman y relacionan cu­ filosofía política liberal y marxista. Pero debe­
riosamente los unos con los otros, con su parti­ mos preguntar también: ¿Qué sucede cuando lo»
darios y con el hecho histórico contemporáneo. partidarios de una filosofía política son rebasa­
Con el éxito, la ideología en general se vul­ dos por la historia, cuando se convierten en gru­
gariza a la larga; hay un liberalismo vulgar y pos minúsculos e impotentes y sin embargo si­
un marxismo vulgar. Pero, vulgar o refiriado, los guen aferrándose a su filosofía?
rasgos ideológicos parecen ser el elemento más La propia filosofía tiende entonces a preocu­
diversamente útil y más omnívoro de cualquier parte casi exclusivamente por los ideales. Se con­
filosofía política. Muchas personas sólo conocen vierte en una concepción moral y en poco mili
este elemento, junto con aquellos rasgos del que eso. Esto ha sucedido, por ejemplo, entra
ideal, el agente y la teoría que aquél pueda muchos grupos ex radicales de convicción feroac
M a t* •&tihKnri¿áca qua *e « ierran »1 “todjüi*- piedra angular de las sociedades capitalistas est
mo". Sc alejan con disgusto de toda "ideología”; su conjunto.
renuncian a interesarse en la teoría más amplia Como ideología, y en escala mundial, el li­
jr ni poseen ni tratan siquiera de designar agen­ beralismo se hace actualmente conservador. En
tes de acción. Ponen su interés en lo “pragmáti­ términos del liberalismo, los liberales justifican
co” y en lo “fragmentario”. Según ellos es lícito la democracia capitalista, establecida primordial­
reconocer los hechos, pero sólo de una manera mente en las naciones más ricas de Europa Occi­
dispersa, sin aceptar que estén conectados entre dental y Norteamérica, y en el Japón y en Aus­
sí o con teorías más amplias, ni, ciertamente, con tralia. En su variante stalinista, los marxistas
programas definidos. Algo parecido a esto —me han justificado oficialmente a la Unión Soviéti­
parece obvio— es lo que ha sucedido en nuestra ca y a los Estados afiliados a ésta en diversas
generación en muchos círculos liberales y socia­ formas.
listas de los países de la OTAN.
Han sucedido otras cosas también. En todos Como “utopía” política, el liberalismo ha
los campos ideológicos, el más útil políticamente sido históricamente específico de las clases me­
de todos los modos gramaticales (y el más capaz dias ascendentes de las sociedades capitalistas en
de crear confusión) es el “optativo”: se habla desarrollo; el marxismo, credo proclamado de los
de lo que uno desea como si realmente existiera. movimientos y de los partidos de clase obrera.
Entre los grupos impotentes, este modo se expre­ Pero en cada caso, cuando se alcanza el poder,
sa a menudo con el uso extensivo de la palabra estas filosofías políticas se convierten en ideolo­
más engañosa que existe en el vocabulario de la gías oficiales, se ven envueltas —de diferentes
política: esa palabra es, desde luego, “nosotros”. maneras— por el nacionalismo. En términos
Este modo aparece también entre los poderosos, de cada una se define y, desde uno y otro bando,
con mucha frecuencia en lo que puede llamarse se libra el encuentro mundial de los super-Esta-
la incorporación ideológica del ideal y las teo­ dos. En la Unión Soviética el marxismo ha ve­
rías. nido a consolidarse ideológicamente y a quedar
Así, pues, la posición del filósofo politico sujeto al control oficial; en los Estados Unidos
parece ser: si sale cara, tú ganas, si sale cruz, el liberalismo ha venido a ser menos una ideo­
yo pierdo. Con el éxito, le suceden cosas terri­ logía que una retórica vacía.
bles a una filosofía política; y con el fracaso Como retórica, el liberalismo es utilizado
también. comúnmente por todos los que hablan en público
Esta es, desde luego, la tensión de la filosofía con los fines más divergentes y contradictorios.
política. Significa que, en cuanto tarea al mismo Una persona puede seguir siendo liberal y estar
tiempo intelectual y moral, la filosofía política en favor de, y otra puede seguir siendo liberal
nunca termina. Cuando menos no puede termi­ y estar contra, una extensa variedad de propo­
nar mientras los hombres busquen orientación siciones políticas contradictorias. El empresario
política. Pero, naturalmente, la mayoría de los y el dirigente sindical, el demócrata y el repu­
hombres no lo hacen: aceptan meramente el fol­ blicano, el general y el soldado raso, el agricul­
klore corriente, liberal o marxista, según lo de­ tor subsidiado y el relojero subsidiado, todos
termine el accidente de su residencia geográfica. hablan en términos de la retórica liberal, defen­
diendo sus intereses y planteando sus demandas.
V Esto significa que el liberalismo, tal como se le
usa públicamente, carece de un contenido cohe­
Tanto el liberalismo como el marxismo han rente, que sus metas se han hecho tan formales
«Ido credos insurgentes: en sus diversas variantes y abstractas que ya no constituyen criterios
han sido la retórica de movimientos, partidos, morales claros, y que en sus términos ya no
clases en camino hacia el poder. Y, a su debido pueden enunciarse claramente los verdaderos
tiempo, cada uno de ellos se ha convertido en conflictos de intereses e ideales. Utilizado vir­
un credo conservador: la ideología y la retórica tualmente por todos los intereses, clases y par­
de sistemas políticos y económicos consolidados. tidos, carece de claridad política, moral e inte­
Con su credo insurgente, los liberales han lectual; y esta misma falta de claridad es ex­
denunciado como sistema social al feudalismo y plotada por todos los intereses. En esta situación
sus remanentes; han denunciado todas las for­ como se ha observado con frecuencia, los libe­
mas del absolutismo político. Los marxistas tam­ rales profesionales, políticos e intelectuales, ha­
bién han denunciado al feudalismo y al absolu­ cen un fetiche de la indecisión, a la que llaman
tismo pre-industrial; pero han ido más lejos, amplitud de criterio;'de la ausencia de criterios
atacando duramente al capitalismo liberal como morales, a la que llaman tolerancia; y de la
un tipo de economía que ellos consideran la formalidad —y por tanto de la impertinencia
política— de los criterios, * la que llaman hablar tural ha sido brutalmente eliminado. La purga
en términos amplios. política y de status de intelectuales, artistas y
La crisis del liberalismo —y, a su vez, de la científicos —como durante la era de Stalin—
reflexión politica en los Estados Unidos— se ha* acompañado así a la estricta vinculación de
debe al éxito mismo del liberalismo al conver­ la cultura y la política controladas ambas por
tirse en el lenguaje oficial para toda declaración funcionarios del partido y del Estado.
y debate público, en el lenguaje político o de Actualmente estos dos folklores —la ideología
toda comunicación de masas. A este hecho debe del marxismo vulgar y la retórica del liberalis­
añadirse el uso del liberalismo, desde el periodo mo abstracto— se enfrentan y ofrecen a los pú­
del Nuevo Trato, como fundamento racional ad­ blicos del mundo diversas imágenes de la Unión
ministrativo y menos político. Se ha hecho prác­ Soviética y de Estados Unidos suministrando
tico, flexible, realista, pragmático —como ase­ cada uno de ellos los vocabularios contrastantes,
veran los liberales— y nada utópico. Todo lo a menudo en las mismas palabras, con que los
cual quiere decir, pienso yo, que como ideología, dirigentes y los dirigidos hablan acerca de sus
como retórica, el liberalismo se ha hecho a me­ propias sociedades y las de El Enemigo.
nudo impertinente respecto de las posiciones Dentro de cada país, as! como alrededor del
políticas que tienen un contenido moral. mundo, una vasta y elaborada maquinaria da
En el bloque soviético, determinados ele­ propaganda se mantiene ocupada día y ñocha
mentos del marxismo han venido a ser ingre­ fabricando estos folklores, adaptándolos a cada
dientes esenciales de un credo oficial sujeto a giro de los acontecimientos y a acontecimientos
interpretación oficial, y el criterio de orientación imaginados, a las amenazas y a las contraame­
oficial para toda la vida cultural y política. En nazas, a las líneas políticas y a la falta de líneas
esta forma, el marxismo como ideología es políticas.
la moneda de todas las transacciones públicas, En el folklore del liberalismo, los Estados
la premisa básica de un elaborado aparato cul­ Unidos son un país libre en el que los hombres
tural y político orientado hacia los presuntos in.- en general verdaderamente gobiernan sus pro­
tereses del estado unipartidista. Puesto que eí pios asuntos; la Unión Soviética es una tiranía
marxismo goza de un monopolio ideológico, la absoluta, monolítica y totalitaria en la que los
libertad intelectual está limitada por la interpre­ hombres son sometidos por la fuerza y en la que
tación oficial del marxismo. De la imagen del no existe ni libertad ni alegría, y la cual además
futuro, elaborada en la sociedad capitalista del es agresiva, empeñada en conquistar al mundo
siglo XIX. el marxismo se transformó en la ideo­ para su credo anticristiano.
logía del bloque soviético. En el folklore del comunismo la URSS es El
La uniformidad ideológica y el realineamien­ Gran Paso Adelante de la Humanidad en el si­
to doctrinario han acompañado cada fase y cada glo XX; los Estados Unidos son un rezago reac­
viraje del desarrollo político y económico sovié­ cionario en el que las injusticias del capitalismo
tico tanto en lo nacional como en lo internacio­ sólo son comparables con las hipocresías de la
nal lía habido muchos cambios y virajes, cada democracia formal. Está gobernado por trafi­
uno de los cuales ha sido debidamente procla­ cantes de guerra, empeñados en usar los recur­
mado en nombre del marxismo. La política y sos militares v de cualnuier otro tipo para exten­
la doctrina están íntimamente vinculadas; las der v consolidar despiadadamente su domina­
direcciones políticas cambian a menudo: no es ción imperialista.
sorprendente que la doctrina misma se haya tri- En este reino del folklore, las ideas de Kar!
viaiizado y, en el proceso, se haya vaciado de Marx y sus seguidores intelectuales se encuen­
buena parte de su fuerza moral y de su capacidad tran ciertamente en una triste condición.
de persuasión intelectual. Con frecuencia se ha En las sociedades soviéticas, la obra de Marx
convertido en una ideología curiosa e intelec­ —unida a la de Lenin— siempre se elogia y a
tualmente vacía, en la que el comunista —en menudo se vulgariza. El marxismo-leninismo so
funciones— debe ser un experto: verdaderamen­ ha convertido, en realidad en una retórica ofi­
te una ideología de madeja burocrática que el cial con la que se ha defendido la autoridad do
comunista debe desenredar y enredar y volver un Estado unipartidista, se han velado sus bru­
a desenredar para poder actuar de algún modo. talidades injustificadas y se han exaltado su*
Además, tal utilización del marxismo sovié­ logros.
tico ha ido acompañada por su utilización como En las sociedades capitalistas, las ideas do
la doctrina de todo el aparato cultural soviético, Marx se ignoran, o lo que es peor, se identifican
que ha tenido que ejecutar una maroma para ignorantemente con la "mera ideología comuni»-
aiustarse a cada cambio en la política. En el ta”. Así, pues, en ellas también, la obra de Marx
curso de tales zigzags más de un trabajador cul­ v sus seguidores se ha convertido en ‘‘marxismo-
<m blanco oficial de dcnostación con «1 derecho de cada individuo a *©r tratado d#
Aludida * ignorante m i » bien que un objeto de acuerdo con leyes racionales y comprensibles a
®mám m las cuales debe estar sujeto todo poder. Han
visto al Hombre como la medida de todas las
¥1 cosas: las líneas políticas y los acontecimientos
son buenos o malos en términos de sus efectos
Fe*© todo es folklore. Por ambas partes. Todo sobre los hombres; las instituciones y las socie­
s»te séte ¡Mi aspecto —el ideológico— del li­ dades deben juzgarse en términos de lo que sig­
beralismo y del marxismo. A decir verdad, aun nifican para el ser humano individual. Los libe­
d folklore de cada parte contiene atisbos de rales han supuesto que los hombres deben regir
terdad y definiciones de realidad; pero lo que sus propios destinos. Han supuesto que existen
faporta es que detrás de cada uno hay conjun­ maneras racionales de adquirir conocimiento, y
tes á® ideas que deben tomarse en serio si es que la razón sustantiva del individuo, usada li­
qu® queremos comprender siquiera los usos de bremente, proporciona las soluciones. Es en tér­
les folklores, no digamos ya la condición y la minos de estos valores como deben comprenderse
posible suerte del mundo en la actualidad. De­ su preocupación por el consentimiento a la au­
trás de cada una de estas ideologías se encuentra toridad y su oposición general a la violencia.
una gran parte del legado de ideas políticas e El principio raigal del liberalismo no es me­
Ideales morales del mundo. ramente la “libertad en general”, sino la libertad
Debo aclarar un punto: cuando empleo en específica y personal del individuo, incluso la
•«te libro el término “occidente” o “civilización obligación autoimpuesta de no comprometerse
occidental”, incluyo en él a Rusia, tanto histó- incondicionalmente con ninguna organización.
ficamente como en nuestros días. No empleo el Todas las lealtades a movimientos u organizacio­
término “occidental” o “el occidente” en con­ nes, partido o Estado, están, para el liberal, con­
traste con “el bloque comunista” o “comunis­ dicionadas a sus propios principios y a su con­
mo". (5) El territorio de la Unión Soviética se ciencia. (V
extiende desde luego hasta Asia, pero su prin­ Las obras de Marx y de muchos otros mar-
cipal desenvolvimiento histórico ha tenido lugar xistas encarnan clara y consecuentemente el hu­
en las regiones europeas del pais. Culturalmente, manismo laico del Occidente, sistemáticamente,
Rusia ha estado en contacto estrecho con todas como supuestos morales profundos y omnipre­
las sociedades europeas, aunque históricamente sentes. Al igual que en el caso del liberalismo,
haya ido a la zaga de éstas. El propio marxismo, una de las dificultades para demostrar esto ra­
además, forma parte de la cultura europea como dica en los usos y abusos del marxismo en la
la arquitectura renacentista italiana. Marx y práctica. Otra dificultad, peculiar de) marxis­
Engels fueron europeos, y los jefes de la Revolu­ mo, tiene que ver con cieitos manerismos y con­
ción Rusa no fueron exactamente campesinos vicciones del propio Marx. Viviendo como vivió
orientales; muchos de ellos fueron intelectuales en la era victoriana, odiando la gazmoñería y
de primer rango que vivieron una buena parte despreciando la hipocresía, Marx desarrolló una
de sus vidas en las capitales de Europá Occi­ imágen de sí mismo como un intelectual “obsti­
dental. nado y realista”. Le disgustaba la proclamación
Por último, los rusos y la mayor parte de de grandes ideales; relacionaba muy íntimamen­
las otras nacionalidades más importantes de la te sus ideales con su análisis de la sociedad que
Unión Soviética —como los ucranianos, por a su juicio los negaba y con los agentes dentro
ejemplo— se consideran a sí mismos como eu­ de esa sociedad que él esperaba habrian de rea­
ropeos. Además, los asiáticos —los indonesios, lizarlos. Pero la prueba de su posición moral re­
pongamos por caso— generalmente consideran side en lo quf él escribió y en los supuestos eri
a Rusia como uno de “los países occidentales”. que se basa cada renglón de sus escritos.
Rusia, concluye el geógrafo J. P. Colé, “puede 1. Marx es un moralista laico, un ateo que
Incluirse, junto «orí los constructores de impe­ considera a toda religión un fraude intelectual y
rios marítimos de Europa Occidental, como una una trampa política, un medio más de explota­
portadora de la conquista y la cultura europeas ción, tarto psíquica como material. La reli­
•1 mundo no europeo”. (6) gión, tal como él la concibe, les impide a los
Por lo que a los ideales se refiere, el libera­ hombres el advenimiento a la conciencia de sí
lismo clásico y el marxismo clásico agotan prác­ mismos, de sus posiciones en la sociedad y de sus
ticamente el legado político de la civilización verdaderos intereses como hombres. Los ideales
occidental. Los liberales han afirmado repetida­ de un humanismo radical en el que el hombre
mente un humanismo laico, subrayando el ines­ reemplaza al propio Dios, acompañado de una
timable valor de la personalidad individual y pasión por la justicia humana que hace recor­
dar el Viejo Testamento, figuran entre los mó­ el mayor de todos los v ld o » . .. tí goisterae eseu
viles principales de la carrera de Marx como cha sólo su propia v o z . . . se rinde * 1% ilusión
pensador y los fundamentos morales de su de­ de que escucha la voz del pueblo.. . El pueblo
nuncia de !o que él consideró los efectos degra­ que está a su lado cae, o bien m la superstid&a,
dantes y mutiladores del capitalismo. política, o bien en la indiferencia, alejándose asi
2. Marx es un pensador racionalista: “Exi­ completamente de la vida del Estado”. Una y
gir que los hombres abandonen las ilusiones so­ otra vez habla acerca y en favor de “la libre ac­
bre su condición es exigir que se abandone una tividad de los hombres”.
condición que necesita de las ilusiones”. No pue­ Su ideal para la comunidad política es aquél
de negarse razonablemente que Karl Marx hi­ en el que “prevalece la verdadera democracia,
zo todo lo posible por llevar a la práctica esta y el Estado mismo, así como todas las clases, de­
divisa a lo largo de toda la obra de su vida. Su saparecen”. Su ideal es “el reino de la libertad”,
creencia en la razón humana y en la libertad una concepción por medio de la cual él acepta
como una de sus condiciones y consecuencias: he y lleva más lejos la imagen de la polis clásica.
ahí las fuentes de su energía moral, el eje de su El esclavo tanto como el amo son “verdaderos
pensamiento, la clave de su optimismo, la base hombres, hombres en toda su personal dignidad
de sus espectativas de que la clase de hombre en humana”. (8) Entre las tareas subsiguientes de
que “el ser humano se ha perdido a si mismo” Marx figuraba como una de las más importan­
seria abolida, y de que los hombres llegarían a tes la de dar a conocer las condiciones concretas
conocerse en su propia experiencia como seres bajo las cuales esta libertad sería una genuina
verdaderamente humanos. realidad humana.
3. Marx es cabal y consecuentemente hu­ Marx asimiló estos ideales del clima intelec­
manista, Una imagen positiva del hombre, de lo tual liberal de su tiempo, pero con una diferen­
que el hombre podría llegar a ser, se encuentra cia. Las bases morales de su critica de la socie­
en la base de cada uno de los renglones de su dad liberal son los ideales proclamados por esa
análisis de lo que él consideraba una sociedad misma sociedad, tomados en serio y concretiza-
inhumana. Su concepto de “enajenación” —su*, dos. Marx acepta los ideales de libertad e igual­
análisis del significado del trabajo bajo el capi­ dad heredados de la Ilustración del siglo X V III;
talismo— basta por sí solo para revelar su hu­ de la burguesía en ascenso de su tiempo toma la
manismo. Si ello no bastare, entonces sólo nece­ idea racionalista y optimista del progreso mismo
sitamos considerar su análisis de los generaliza­ y la reinserta en los bajos fondos de la sociedad
dos y corruptores efectos del dinero como el va­ liberal.
lor supremo de la sociedad capitalista. Según la
concepción de Marx, es precisamente porque los En suma: no hay uno solo de los ideales po­
proletarios están abstraídos de la humanidad, tan sitivos sustentados por Marx que no sea una
cabalmente enajenados de sus naturalezas ver­ contribución cabalmente valiosa a la tradición
daderas por lo que lucharán para emanciparse humanista; esa tradición, a su vez. encarna el le­
y para emancipar junto a ellos a toda la humani­ gado de las imágenes clásica, judaica y cristiana
dad. Marx es radical en el sentido literal, hu­ de la condición humana. Moralmente considera­
manista, del término. Ciertamente, ¿quién bas­ do, los principios de Karl Marx se encuentran
ta hoy ha ido tan lejos en este respecto? Marx claramente entre los principios animadores de la
eliminaría todos los estereotipos ocupacionales: civilización occidental.
idealmente, ningún hombre debe dedicarse a No lia sido mi intención implicar que po­
una ocupación única, debe entregarse a una va­ dernos descartar el liberalismo o el marxismo
riedad de actividades. El hombre, que actual­ tan sólo porque cada uno de ellos ha sido con­
mente es un fragmento mutilado, debe conver­ vertido en retórica trivial y en ideología vulgar.
tirse, como dice Marx en El Capital, en “el in­ El poder de los ideales que exponen el liberalis­
dividuo plenamente desarrollado. . . para el que mo y el marxismo, derivados de su común tradi­
todas las funciones sociales que desempeña no ción occidental, es demasiado grande. El hecho
son otros tantqs modos de dar rienda suelta a mismo de su amplio uso limita las elecciones, y
sus propios poderes naturales y adquiridos”. en cierta medida orienta las decisiones, de quie­
4. Marx creía en la libertad humana, tan­ nes ejercen la autoridad, pues los hombres son
to en sí misma como por si misma y como una influidos en su uso de los poderes que poseen,
condición para la utilización de la razón del por la retórica que se sienten obligados a em­
hombre. De tal suerte, condena “una prensa so­ plear, por la moneda ideológica en la que deben
metida a la censura” en términos que se paran­ realizar la transacción de sus asuntos. Tanto lo*
gonan con la condenación expresada por John dirigentes como los dirigidos, incluso las fabri­
Stuart Mili: tal prensa conduce a la “hipocresía, cantes de mitos y los apologistas de alquiler, son

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influidos por su propia retórica de la Justifica­ más fácil ponerse de acuerdo sobre fines abstrac­
ción, por la consolidación ideológica que preva­ tos y generales que sobre la pertinencia y la ne­
lece. En realidad, desde un punto de vista limi­ cesidad de medios específicos para realizar tales
tado, la medida en que ésto es así es la medida fines proclamados. Esta es una de las razones
en que las ideas y los ideales pueden influir en por las que el liberalismo es en la actualidad,
el curso de la historia. más retórica que cualquier otra cosa.
El marxismo, sin duda alguna, ha hecho Es dudoso que el liberalismo esté en una po­
precisamente eso. Comenzando con grupos muy sición que le permita designar las condiciones
marginales y aparentemente insignificantes bajo las cuales los ideales que proclama pudie­
de insurgentes cultos en lás capitales de Eu­ ran realizarse. Se le ha apartado de cualquier
ropa en el siglo XIX —un tipo de hombre que teoría sostenible de la sociedad y de cualesquie­
no conocemos tan bien en nuestros días—, estas ra medios de acción efectivos. Por consiguiente,
ideas han venido a ser los criterios de orienta­ no importa cuán atractivos sean como conjunto
ción de sindicatos, partidos, movimientos de ma­ de ideales, aun tales ideales en su condición abs­
sas, naciones y grandes bloques de Estados. En tracta y formal no son ya útiles como criterios
las cabezas de intelectuales políticos y de políti­ de orientación para hacer juicios acerca de lo
cos revolucionarios, y de las masas en la calle que está sucediendo en el mundo, o como crite­
—y más tarde también, de burócratas y estadis­ rios de orientación para quienes deseen modifi­
tas de todo calibre—, las ideas de Marx y las car concientemente el curso de los aconteci­
consignas formuladas a partir de ellas han orien­ mientos históricos por medio de la voluntad de
tado acciones de la mayor consecuencia. En tér­ los hombres.
minos de ellas se han transformado básicamen­ Como un conjunto de teorías —o, mejor, de
te sociedades enteras y los modos de vida de mi­ supuestos acerca del hombre, la sociedad o la
llones de seres humanos. Actualmente, estas historia—, el liberalismo se encuentra hoy en un
¡deas informan el credo oficial de países que una callejón sin salida. El modo optativo ha llegado
vez figuraron entre los más atrasados de Europa a predominar de tal modo que los liberales, fre­
y Asia y hoy son las potencias en ascenso del cuentemente, parecen haber perdido todo con­
continente euroasiátíco. Al mismo tiempo, estas tacto con las realidades ordinarias. Esta es una
ideas de Marx constituyen también la fuente de de las razones por las que resulta tan difícil cla­
la más enconada oposición entre aquellas poten­ sificar de manera distintiva las teorías liberales
cias que se justifican a sí mismas en nombre de en cuanto tales. Siendo a menudo incapaz de re­
Marx. conocer hechos que claman por ser reconocidos,
el liberalismo carece de pertinencia respecto de
Vil muchas de las cosas que están sucediendo en mu­
chas partes del mundo. Los modos liberales de
Lo que me interesa en este libro es el marxis­ ver estos hechos se convierten, con excesiva fre­
mo, pero ello no obstante, siento la necesidad de cuencia, en manerismos por medio de los cuales
hacer un breve comentario sabré el liberalismo los liberales evaden la consideración de las con­
como práctica y como teoría, puesto que en este diciones estructurales de la vida social y la nece­
capítulo me he ocupado principalmente de idea­ sidad de cambiarlas En realidad, los libera'es
les e ideología. (9) carecen de una concepción convincente de la es­
Como una articulación de ideales el libera­ tructura de la sociedad como un todo, a no s»r
lismo sigue siendo persuasivo, pero en cada uno la noción, actualmente vaga, que concibe a la
de los otros tres aspectos de la filosofía política sociedad como una especie de gran balanza. Los
—como ideología, como designación de agentes liberales carecen de un firme sentido de la histo­
históricos y como un ejemplo de teorías acerca ria de nuestro tiempo y de su nación, o del lu­
del hombre, la sociedad y la historia— su perti­ gar de su generación dentro de esta historia.
nencia es ahora, en buena medida, solamente El liberalismo ha sido la firme ideología de
histórica. una clase dentro de una época: la clase itiedia
El hecho de que el liberalismo se haya con­ urbana y empresarial. En escala mundial, esa
vertido en el denominador común de la retóri­ clase en muchas ocasiones sencillamente no está
ca política y moral en los Estados Unidos, ates­ en disponibilidad en nuestros días, y su época,
tigua el carácter persuasivo de los ideales libe­ en buena medida, ha pasado ya. Si la fuerza mo­
rales. Pero también atestigua el hecho de que ral del liberalismo es todavía estimulante en for­
estos ideales han estado cada vez más divorcia­ ma abstracta, su contenido sociológico es débil:
dos de cualesquiera agentes históricos por medio sus medios de acción política no son ni promete­
de los cuales podrían realizarse. Desde luego, es dores, ni convincentes, ni imaginativos. El libe-
raiismo carece de una teoría del hombre en la crítica de las variantes del conservadorismo en
«ociedad, de una teoría del hombre como crea­ la actualidad, véase William J. Newman, T h e F u -
tilita ria n S o cie ly (Nueva York, 1961).
dor de historia. Carece de un programa político En este libro, por razones de conveniencia y
adecuado a los ideales morales que profesa. Los limitaciones de espacio, he omitido deliberada­
liberales del siglo XX han puesto mucho más mente toda consideración del anarquismo y el
énfasis en los ideales que en la teoría y en la sindicalismo o sus relaciones con el marxismo.
Esta omisión quizá esté justificada por el hecho
práctica. Pero eso no es todo: han dado tanta de que estas doctrinas carecen ahora de signifi­
importancia a los agentes y las instituciones co­ cación política inmediata.
rrientes que las han transformado en los ideales (5) La intención política de tales clasifica­
preponderantes del liberalismo. ciones es la de identificar a la actual coalición
Como una ideología persuasiva, o incluso antisoviética de naciones con la “civilización oc­
cidental”. En cuanto al ‘Mundo libre”, he aquí
útil, el liberalismo pertenece a la época heroica una afirmación hecha en marzo de 1955: De lo*
de las clases medias de las naciones ya industria­ 71 países fuera del bloque comunista, unos 49
lizadas del capitalismo: en la actualidad, como eran, “en apariencia o en realidad, dictaduras u
ideología y como retórica, es mucho más útil co­ oligarquías cerradas... de las 22 naciones res­
tantes, la mayoría de ellas tienen verdadera­
mo una defensa del status quo —en la minoria mente algún derecho a reclamar para sí el ad­
de naciones ricas, y de estas naciones ante el jetivo «libre» en lo que se refiere a su gobierno
resto del inundo— que como un credo para el político, pero ciertamente, en lo que se refiere
cambio histórico deliberado. al control económico de algunas de ellas, se tra­
ta de una oligarquía en la que un pequeño por­
A la variedad de enormes problemas que centaje de la nación vive del trabajo del 99 por
confronta el mundo, el liberalismo responde con ciento restante”: Thomas B. Curtís, Represen­
su fetiche verbal de la “Libertad” más una serie tante a la Cámara del Congreso de los EE.UU.,
cambiante de reacciones oportunistas. El mun­ C o n g ressio n al R eco rd , 1955, p. 1481. Materiales
preparados por el “Legislative Reference Servi­
do está hambriento; el liberal grita: “ ¡Hagámos­ ce”, Library of Congress, USA.
lo libre!” El mundo está cansado de la guerra; (6) J. P. Colé, G e o g ra p h y of W o rld A ffa irs,
el liberal grita: “¡Armémonos para la paz!’® Londres, 1959. Véase el Apéndice I para un exa­
Los pueblos del mundo carecen de tierra; el li­ men convincente de este punto. Cf. también T h e
beral grita: “ ¡Roguémosle a los latifundistas que C au ses of W o rld W a r T h re e , 1960. pp. 29-35 (en
la traducción española, L a s ca u sa s d e la T e rc e ra
repartan un poco de su tierra!” En suma: la G u e rra M u n d ia l, Ed. Palestra, Buenos Aires,
más dura acusación que se le hace actualmente 1960, pp. 23-26).
al liberalismo y sus variantes conservadoras es 7) Véase L. T. Hobhouse, L ib e ra lism (Lon­
que son tan absolutamente provincianos que ca­ dres, 1911). La mejor enunciación de los ideales
recen de pertinencia al respecto de los principa­ liberales en el siglo XX que conozco. Es necesa­
les problemas que deben afrontarse en numero­ rio decir, en relación con esto, que el dogmático
panegírico del nacionalismo norteamericano por
sas regiones del mundo. parte de numerosos intelectuales “liberales” du­
rante el período de la guerra fría ha sido una
clara violación de los ideales liberales clásicos.
H O T A S . Las exigencias ritualistas de los juramentos de
lealtad a los Estados Unidos de Norteamérica re­
(1) Anteriormente ya he hecho críticas ex­ presentan al mismo tiempo la decadencia de uno
tensas de diversas concepciones liberales, críti­ de los símbolos democráticos de la justificación
cas que estoy dispuesto a sostener. Por ejemplo: y de la fuerza de convicción en cuanto credo.
véanse T h e N e w Me n of P o w e r, 1948; W h ite C o­
lla r , 1951 (L as clases m e d ia s e n N o rte a m é ric a , M. (8) Como documentación sobre los ideales de
Aguilar, México, 1957), y T h e P o w e r E lite, 1956 Marx, véase L os m a n u sc rito s económ icos y filo ­
(L a é lite d e l p o d e r, F. C. E., México, 1957). sóficos d e 1844, en E scrito s E conóm icos V ario s.
(2) Para una elaboración de este punto de Editorial Grijalbo, México, 1962. L a id eo lo g ía
vista, véase T he S ocio lo g ical Im a g in a tio n , 1959 a le m a n a . Ed. Pueblos Unidos, Montevideo, 1958;
(L a im a g in a ció n sociológica, F. E. E., México, y la "Crítica al Programa de Gotha”, C. Marx y
1961); para un muestrario de “la tradición clási­ F. Engels, Obras Escogidas, II, Ed. en Lenguas
ca en el pensamiento sociológico”, véase Im ag e s Extranjeras, Moscú, 1952; y los pasajes repro­
o f M an (1960). ducidos en el Capítulo 3 del presente libro.
(3) Para una explicación erudita, pertinente (9) A fin de llegar al asunto principal de es­
e interesante de las revoluciones del siglo XVIII, te libro, y a riesgo de parecer dogmático, debo
véase R. R. Palmer, T h e A ge of th e D em o c ratic tratar el liberalismo de una manera muy sucin­
R e v o lu iio n (Princeton, 1959). ta. En otro lugar he examinado con considera­
(4) Para uno de los mejores intentos de defi­ ble detenimiento diversos rasgos del liberalis­
nir y elaborar un “nuevo conservadorismo”, véa­ mo; los argumentos principales del presente li­
se Peter Vierek, C o n se rv a tism (Nueva York, bro no se apoyan necesariamente en la acepta­
1956), d e donde hemos tomado (p. 186) la cita ción d e e ste breve comentario sobre el libera­
que tra n sc rib im o s arriba. Para una ex p o sició n lismo.
g | N A R R A T IV A ^ C O L E C C IO N C A R A B E LA

a s i En l a p a z c o m o e n l a

G y ERRA G U IL L E R M O C A B R ER A IN F A N T E
y '

l 6 s PRAD O S 'D E l a C O N C IE N C IA ' C AR LO S M A R T IN E Z M O RENO


>

G R A C IA S . POR E L FUEGO M A R IO B E N E D E TTI

.. l a f o s a T R A D L / C C ip N EUGEN BARBU

CON C IE R T O A S O M B R O '. FER N A N D O A 1N S A

DE IN M IN E N T E A P A R IC IO N

E L JU EG O CON LA M U ERTE T R A D U C C IO N Z A H A R IA S TA N C U

B A .R G E L O N A T R A D U C C IO N G ERM AN O LO M BARD I

m E N SAYO -C O L E C C IO N C A R A B E LA

LA E T IC A EN EL C O N TEXTO
C R IS T IA N O -, T R A D U C C IO N P L. LE H M A N N

DE IN M IN E N T E A P A R IC IO N j i

SO BRE A R TES V O F IC IO S M A R IO B E N E D E TTI

EL URUGUAY DE VER A S W A S H IN G T O N LO C KH A R T

EN SAYO C O L E C C IO N M UNDO A C TU A L

EL C A S T E LLA N O DE ESP A Ñ A Y .
r
E L C A S T E LLA N O DE A M E R IC A A N G EL R O S EM B LA T

DE IN M IN E N T E A P A R IC IO N *

LA ERA T E C N O L O G IC A T R A D U C C IO N RAYM O ND ARO N

EDITORIAL. ALFA
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