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BIBliOTECA SAAYEDRA FAJARDO
DE PENSAMIENTO POLíTICO
SANDRO CHIGNOlA
GIUSEPPE DUSO


dirigida por
José Luis Vtllacañas, Antonio Rivera y José Javier Ruiz
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HISTORIA DE LOS CONCEPTOS

. t YFILOSOFÍA POLÍTICA

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•,• Prólogo de José Luis Villacañas

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• Traducción de María José Bertomeu

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BIBUOTECA NUEVA

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:x. PENSAR lA POÚTICA MÁS ALlÁ DE WS CONCEPTOS MODERNOS:
HISTORIA DE WS CONCEPTOS y FILOSOFíA POÚTICA ••
GruSEPPE Duso
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1. LA DIMENSIÓN FILOSÓFICA DE lA HISTORIA CONCEPTUAL:
RESPUESTA A ALGUNAS OBJECIONES ••
Al final de nuestro recorrido, teniendo presentes por una parte algu­
nas objeciones dirigidas a la investigación histórico-conceptual, que ha
sido propuesta aquí, y, por otra, el desarrollo que han tenido los trabajos
•••
que durante veinte años se han movido dentro de esta perspectiva, y la
propia reflexión teórica que los ha acompañado, ha llegado el momento el
de abordar otra etapa del razonamiento que se valga de los resultados al­
canzados y, al mismo tiempo, sepa comprender los cambios sucedidos en
este recorrido y la maduración en el modo de entender la historia de los ••
conceptos, su necesidad y, también, su límite para el pensamiento de la
política. Se trata entonces de llevar a cabo un paso ulterior, que confir­
me la necesidad de la historia conceptual y el papel que ésta tiene hoy
••
para nuestra filosofía politica, pero que al mismo tiempo indique cómo
esta última no se reduce a la historia de los conceptos. En una primera
fase de nuestra práctica de la historia conceptual, la historia de los con­
ceptos y la filosofía política se entrelazaban estrechamente, hasta identi­


ficarse, como evidencia el título del ensayo incluido también en este vo­
lumen, Historia conceptual como filosofia politica. La reflexión de los
últimos tiempos, aprovechando también el estímulo ofrecido por las crí­
ticas dirigidas a nuestro trabajo, no permite ciertamente dar la vuelta a
la propuesta inicial, sino avanzar modificándola en el sentido expresado
I por el título de un ensayo, que aquí retomo, por el título emblemático
para el presente razonamiento: Daifa storia concettuale alfa filosofia poli­
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[De la historia conceptual a la filosofía política]. E! intento aquí será,
tanto: en primer lugar, aclarar el sentido de la propuesta inicial y del tra­
"'Jo nevado a cabo estos años, intentando ahuyentar una serie de malen­
IAnte todo me parece necesario repetir una vez más cómo el modo común
de entender y practicar la historia de los conceptoé en Italia, y no sólo, y
también por pane de aquellos que pretenden explícitamente referirse a la
~. ímd1dos que aún persisten; en segundo lugar, indicar algunas modificacio­ Begríffichichte alemana de Brunner y Koselleck, es el que tiende a recorrer

1-.
na de la perspectiva que quizá pueden hacer entender mejor la relación las varias declinaciones y transfirmaciones que un concepto ha tenido en el
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., entre el pensamiento, la política, el trabajo histórico, la relación con las


Ñentes y la actualidad de nuestro pensamiento del presente; al final, indicar
-solamente indicar- en qué dirección se podría precisar el sentido de una
desarrollo histórico, confundiendo en muchos casos el concepto con la palabra.
He intentado ya mostraii cómo una postura así no sólo es lo más lejano a
nuestra práctica de la historia conceptual sino que entra en contradicción

•• filosofía política que no se proponga en la dimensión de la normatividad y con los propios intentos de Brunner y Koselleck, arriesgándose a identifi­
del deber ser, ni en la de la construcción de modelos o de conceptos, sino carse precisamente con la modalidad de trabajo que ellos critican y, a veces,
más bien en la de la comprensión de lo real y, al mismo tiempo, en la de denominada «historia de las ideas». Si los críticos de la historia conceptual

~.. la orientación de la praxis y de la acción común de los hombres2 • se refieren a ese modo de hacer historia de los conceptos que comprende las
modificaciones de los conceptos de lo antiguo a lo moderno, no se llega, de

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"A No se puede aquí no dar por descontada la referencia a los trabajos de
investigación realizados, porque, de otro modo, el presente razonamiento se
reduciría al plano de una abstracta metodología3. Por lo que respecta al sen­
ese modo, a centrar el objetivo al que mira la Begriffigeschichte alemana y
nuestro trabajo de historia de los conceptos.
E! trabajo histórico-conceptual6 no tiene nada que ver con la determi­

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tido de aquellos trabajos de historia conceptual y a la propuesta teórica re­
ferida hace poco, me veo obligado, para la claridad del debate, a retomar al­
gunos puntos que ya han sido objeto de tratamiento y argumentaciones.
nación de un cuadro histórico omni-comprensivo en el cual se ubican las di­
versas épocas, ni con una concepción de filosofía de la historia, ni con una
concepción de tipo historicista. E! punto focal es más bien otro, y ha sido ya
-~ indicado por los historiadores alemanes, por atto Brunner en particular7, e
identifica un deber para el pensamiento que en el ámbito de una reflexión
1 G. Duso, "Dalla storia concerruale alla fllosofia politica.», Filosofia politica, 1,2007 (nú­ filosófica es difícilmente negable. Se trata de tener conciencia crítica de los
mero dedicado al nexo entre filosofía y polltica), págs. 65-82. conceptos que habitan las palabras que usamos en nuestro presente. Son es­
2 Para entender el sentido de la presente reflexión es necesario tener presente mi ensayo
tos conceptos los que, cuanto más se difunden y comparten, tanto menos
"La democrazia e il problema del governo» del número 3/2006 de Filosofia politica, no sólo
por lo que respecta a la relación que el intento de determinar qué es filosofía polltica e histo­
podemos dar por descontados. Los conceptos relativos a la vida práctica y a
ria conceptual tiene con el concreto trabajo de investigación desarrollado, sino también por­
que alll hay algunas anticipaciones de cuanto queremos aquí presentar a dicusión. Teniendo
presente el nexo que una serie de trabajos ha mostrado entre los conceptos que nacen en tor­ 4 A un modo común de hacer historia de los conceptos como este, más que a la historia
no a la moderna soberanía y el modo en el cual se configura la democracia moderna como conceptual de la que se habla, pueden dirigirse, más allá de las intenciones, las críticas de Ro­
forma constitucional, se podría representar el nexo entre las dos contribuciones pensando berto Esposito incluidas en el editorial del número sobre la Biopo/itica de Filosofia politica,
este segundo como tentativa de respuesta a la pregunta sobre qué es en con~to la filosofta 1/2006, con el título, Storia dei concetti e ontología de/J'attualitil (págs. 5-9); pero téngase pre­
po/ftica en el momento en que e/ trabajo de historia de los conceptos se manifiesta en la moda/i­ sentes también las críticas dirigidas a nuestro trabajo por P. P. Portinaro, «Begriffigeschichte e fi­
dad de and/isis de /as aporlas de la democracia. Por lo que respecta a los trabajos sobre la de­ losofia politica», Filosofia po/itica. 1/2007, págs. 53-64. A tales críticas en parte nos referimos
mocracia recuérdese, además del número de Filosofia po/itica dedicado a la democracia que en las aclaraciones que siguen: puede ser útil al lector intentar comparar estas críticas con lo
ha sido aquí indicado, también G. Duso,]. F. Kervégan, Croe de la democratie et gouverne­ que se ha dicho en este volumen y con las concretas trayectorias de investigación sobre los
mente de la vie, Monza, Polimetrica, 2007 (www.polimetrica.com). fruto de un seminario conceptos y sobre los clásicos que han sido constantemente recordadas.
italo-francés (del cual algunos ensayos han sido también traducidos en Filosofia po/itica, 3, 5 Cfr. el cap. V.
2006), Y G. Duso (ed.), O/m la democrazia. Un itinerario attraverso i c/assici, Roma, Ca­ 6 Con la expresión historia conceptual pretendo aquí referirme de modo determinado a la
rocci, 2004. reflexión teórica llevada a cabo en este volumen yen las investigaciones sobre conceptos yau­
3 También en este caso no se puede confundir la presente reflexión como una autónoma tores llevadas a cabo de manera monográfica o dentro de empresas colectivas del grupo de in­
y en sí suficiente propuesta teórica. Se trata más bien de una tentativa de expresar el sentido vestigación sobre los conceptos pollticos de Padua en estos últimos veinte afias (cfr. las notas
del trabajo de investigación -de la cual algunos resultados serán recordados en las siguientes 24-34 del capírulo precedente).
nocas--, que no es, por tanto, pensable sin ese trabajo de investigación, el cual puede, obvia­ 7 Sobre la critica de Brunner al concepto moderno de historia y a la concepción histori­
mente ser criticado, pero entrando en el núcleo del análisis y de la lectura de los textos. cista, cfr. Historia conceptual como filosofta politica, § 5.
GIUSEPPE Duso PENSAR lA pOLmCA MÁS All.A DE LOS CONCEPTOS MODERNOS•.• ..;( 355
354 ~

la política -pensemos por ejemplo en derechos del hombre, libertad, igual­ 'que se trata de un trabajo que intenta obtener la génesis y la lógica de los
dad, soberanía del pueblo, poder, politica, democracia- son normalmente conceptos con los que hoy se piensa fa politica, se puede fácilmente entender
usados no sólo como armas para la lucha política, sino también como pun­ que es siempre el modo de entender la política que nos es contemporáneo
tos de referencia a través de los cuales nos tranquilizamos sobre nuestra pro­ el que constituye el punto focal.
pia identidad. Se entienden como universales, a veces identificados in­ Este trabajo ha conllevado uno de los resultados peculiares en relación a
mediatamente con realidades objetivas, a veces indicadores de valores los historiadores alemanes, esto es, la comprensión de que los conceptos que
indiscutibles; difícilmente son interrogados o puestos en cuestión. La acti­ ocupan las palabras en el modo más difundido en nuestros días de entender
tud histórico-conceptual consiste en interrogarlos, en comprender la parti­ la política tiene su raíz última en la llamada ciencia ofilosofia politica moder­
..
cularidad, la génesis determinada, las consecuencias, las contradicciones que
a menudo implican. Tal interrogación crítica debe ser contemporánea al
examen de las fuentes que se lleva a cabo, de otro modo éstas son inevita­
blemente malentendidas.
Entonces, hacer historia conceptual significa, en el fondo, pedir explica,­
na, la que se presenta en la forma de la nueva ciencia del derecho natural.
Este ha sido un momento relevante para las investigaciones sucesivas, dedi­
cadas en buena medida a autores y temas que no entran en el cuadro de esta
nueva ciencia. Pero, a propósito de este trabajo, son aquí necesarias algunas
precisiones.
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ciones de los significados de nuestras palabras:. no se trata entonces de un co­
nocimiento histórico «objetivo» y «descriptivo», sino de aquella práctica del
pensamiento filosófico que ya con Platón se manifestaba bajo la forma de la 2. HISTORIA DE LOS CONCEPTOS Y ACEPCIÚN DEL TIRMINO «MOD~O» ••
interrogación de las doxai difundidas, de las opiniones que pretenden plan­
tearse como verdad sin conseguir demostrar su propia verdad. Son los con­
ceptos modernos los que constituyen las opiniones difundidas de las cuales
Se puede decir que en el ámbito del denominado iusnaturalismo mo­

derno nació un verdadero dispositivo para pensar la política, que se plantea


••
es necesario pedir explicaciones. Desde este punto de vista, son nuestra rea­
lidad y" nuestra experiencia las que están siempre presentes. Este es un pri­
mer sentido de la propuesta de la historia conceptual como filosofta politica,
como radical negación de una larga tradición de filosofía política, y que

condiciona el modo de entender la política hoy9. Se trata de un mecanismo

que considera el orden de la sociedad como producto del sujeto, la política


••
aunque llegados a este punto no queda claro aún el resultado de esta crítica
a la doxa y la cuestión de si se trata de un trabajo simplemente crítico y de­
constructivo. La referencia a Platón nos hace entender desde ya que no se
como pensable mediante la forma jurídica, el poder necesario en la sociedad

como impersonal y fundado sobre la voluntad de los individuos y sus dere­


chos, igualdad y libertad in primis. En este mecanismo, los conceptos tienen ••
trata de esto.
Ciertamente se puede decir que, si esta es el alma teórica del trabajo de
investigación, este último se ha concentrado, sin embargo, de manera pre­
una función lógica propia, tanto más precisa y férrea cuanto menos ligada a
realidades concretamente determinadas: se trata de una racionalidad formal,
dentro de la cual el poder político es tal, sólo en cuanto que está legitimado,
••
valente en el análisis de autores, de la génesis y de la lógica de los conceptos
políticos fundamentales, no haciendo de manera explícita del presente, si no
de manera reducida, el propio objetiv08 • Sin embargo, si se tiene presente
y la legitimación no tiene nada que ver con eventuales juicios sobre el con­
tenido de una orden, sino más bien con el tipo de relación recíproca que
asumen aquellos que dan la orden y aquellos que la obedecen. Es la lógica
••
8 Esta es también la postura presente el trabajo colectivo Oltre la demoerazia, que de he­
moderna de la soberanía, o de aquel poder único y legítimo que se oculta
aún en ella, lo que se invoca hoy como legitimación democrdtica.
El hecho de que, en las investigaciones desarrolladas, se haya mostrado
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cho tiene como subtítulo Un itinuario attraverro i classici. El número 3/2006 de Fiwsofia po­
litica, dedicado a la democracia, quiere constituir un paso ulterior, intentando mostrar las
consecuencias que las aporías de los conceptos tienen en relación con nuestro presente, em­
pezando a moverse en la dirección de la comprensión de tal presente y en la localización con­
junta de líneas de orientación. Como se dice en la Introdw:ción a Olm la demoerazia y, sobre
todo, se afirma en La demoerazia e ilproblema del governo, cit., pág. 382, el más allá al que se
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1:
un hilo rojo que liga a algunos autores, más allá de la conciencia que estos
tienen de ello, o que se haya conferido a la propuesta hobbesiana una rele­
vancia para el desarrollo del pensamiento político mucho mayor de lo que

hace referencia no debe leerse en una clave historicista y de filosofía de la historia, ni en el de ,~
una época post-moderna, sino más bien en el de una superación filosófica que hace un todo 9 Tal apecto es claramente evidenciado por S. Chignola, Aspectos de la recepción de la Be­

con el entendimiento de las aporías que connotan los conceptos de la democracia. . griffigeschichte en Italia, ahora cap. III del presente volumen.

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5'6 ) GlUSEPPE Duso PENSAR LA POúnCA MÁS ALIÁ DE LOS CONCEPTOS MODERNOS...
""' 357

la diverlU tradiciones historiográficas han reconocido habitualmente, no sentido que atribuyo a la expresión «conceptos modernos,,12. Repito que no
e1ene como significado el aplastamiento de las diferencias entre los auto­ quiero indicar con tal expresión algo como «el pensamiento de la época mo­
rel IO , .ino que tiende, más bien, a hacer emerger el problema de fondo de derna>,: tiene un significado más específico y limitado. No se trata de hecho de
.u pensamiento, remontándose a sus presupuestos y no permaneciendo etiquetar un determinado arco histórico, y, por tanto, de decidir dónde co­
condicionados por las intenciones y por la conciencia explícita que los mienza y dónde eventualmente acaba algo que se llama época moderna. Se
autores tienen. La lectura en paralelo, por ejemplo, de Hobbes y de Rous­ quiere indicar solamente ese conjunto de conceptos que han determinado el
.eau hecha por Alessandro Biral, es ciertamente consciente de las diferen­ modo común, socia/mente difUndido, de entender la po/frica y que han constitui­
ciu l1 • El problema es otro: su investigación ha mostrado, me parece que do los pilares de la organización de la vida de los Estados mediante las consti­
con notable fuerza teórica y filológica, que precisamente la diferencia más tuciones. Bien distinto es el panorama de la fllosofía política moderna, o del
decisiva entre los dos autores, esto es, la negación por parte de Rousseau pensamiento político moderno. Antes bien, se puede decir que toda la gran
, dek¡Jrincipio representativo, que connota la soberanía en Hobbes, mues­ producción de la fllosofía moderna (piénsese, por poner sólo algún ejemplo,
tra no llegar a la solución de las aporías que se presentan en la concepción en Spinoza, Kant, Hegel) constituye una problernatización y una superación
de la soberanía de Hobbes, sino que las representa de forma distinta. Y de ese mecanismo (que, como se ha visto, no es producto de la filosofla, sino
esto porque se mueve dentro del mismo horizonte, el que intenta fundar que constituye una pretendida negación del movimiento de pensamiento que
el orden a través de la soberanía y que tiene como puntos fundamentales caracteriza esta última). No sólo, sino que no es ni siquiera verdad que los
de la construcción a los individuos y al sujeto colectivo. Pero, entonces, conceptos modernos sean adecuados para una presunta edtui moderna y per­
una lectura como esa muestra no tanto ser incapaz de identificar las dife­ mitan comprenderla, si bien es verdad que actúan en ella produciendo conse­
rencias entre paradigmas, cuanto más bien tener la fuerza de captar, pre­ cuencias. Al contrario, la comprensión de los conceptos y de la realidad para la
cisamente a través de las diferencias, un problema de fondo que se nos es­ Icuallos conceptos parecen adecuados conlleva un movimiento de pensamien­
capa si nos alineamos con la postura de contraposición y de crítica que un to que los interroga y encuentra en su centro precisamente eso que ellos in­
autor tiene en relación al otro. Si es entonces, en este horironte común, tentan eliminar y excluir de la reflexión. Por tanto, la posibilidad de compren­
donde anidan las contradicciones, es este el punto que el pensamiento ión no viene de esos conceptos, sino de su crítica. No obstante todo esto,
debe afrontar. puede, sin embargo, justificarse el hecho de usar aún el término moderno, pre­
Para que nuestro actual debate sea provechoso, con el fin de que las críti­ cisamente porque son éstos y no la reflexión filosófica de Spinoza o de Kant o
cas dirigidas al trabajo histórico conceptual no confundan este último con de Hegel lo que determina aún hoy el modo común de entender la política y
otras prácticas de investigación, me siento obligado a precisar de nuevo del lo que está presente como valores indiscutibles en los textos constitucionales.

3. CRtnCA DE LOS CONCEPTOS Y FILOSOFfA POLmCA


10 Como sostiene Esposito, Storia dei concetti e ontologia. cit., pág. 7.
11 Cfr. los ensayos de Biral sobre Hobbes y Rousseau incluidos en G. Duso, El contrato
1«i4/.... cit., págs. SI-lOS y 193-240 respectivamente. Sobre la aporía que une a los dos au­ Se impone ahora la necesidad de profundizar en el raronamiento. Una
tora en e! tema de la representación véase también Id., «Génesis y lógica de la representación vez descartado de hecho un modo histórico-narrativo de entender la histo­
poUóc:a moderna», cit., esp. págs. 77-96. Hay que tener presente en cualquier caso que una ria de los conceptos y recuperada una valencia crítica y confutatoria, podría
CÜlQWón sobre esto no se puede hacer confrontando en abstracto las líneas interpretativas,
ClQIIIO.i b. validez de estas últimas fuera exclusivamente dependiente de las hipótesis de pani­
"lino mú bien enfrentándose a los textos, mostrando la capacidad de atravesarlos y com­ 12 Cfr. por ej., Perché leggere oggi Althusius?' en Illessico tUlla politica diJohannes Althusius.

~. Si bien aqulla atención se ha dirigido en mayor medida al aspecto filosófico de! tra­ ed. de E Ingravalle y C. Malandrina, Leo S., Firenze, Olschki, ed. 2005, esp. págs. 39-44; las
• a necesario recordar que en las investigaciones llevadas a cabo es fundamental criticas que se dirigen a este respecto por Malandrina en la Introducción del volumen mues­
~nte atravesar e! texto de los clásicos y la identificación de los malentendidos, a los tran lo dificil que es una comparación que comprenda y tenga presente de un modo deter­
u.w la fAlta de una conciencia histórico-conceptual de la parcialidad de aquellos con­ minado las posiciones que se quieren criticar, desde e! momento en que una acIaración sobre
que le \liaD a menudo como si fueran universales y omnicomprensivos. Una critica e! uso de! término «moderno», que requeriría eventualmente una formulación muy distinta
WUda debe entonces mostrar la incorrección de la lectura de! texto contra e! que se de la critica, se incluye precisamente en e! ensayo arriba recordado, que sigue a dicha Intro­
" 11 mllmo tiempo, la capacidad de dar razón de él de manera más convincente. ducción.

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GIUSEPPE Duso PENSAR IA POLtnCA MAs ALlA DE LOS CONCEPTOS MODERNOS••. ;¡{ 359
358 ~

, parecer que la filosofía se presenta como mera deconstrucción de los concep­ . de observar también que el proceso lógico que nace con el concepto de li­
tos, como mera critica, como una dimensión del pensamiento solamente bertad, y llega hasta el de soberanía, intenta precisamente proporcionar una
negativa, con mayor razón en cuanto que no parece caracterizarse por la po­ respuesta a la cuestión de qué es justo en la sociedad y debe ser válido yobli­
sitividad y por la determinación que connota a los conceptos. No me pare­ gatorio para todos más allá de la diversidad de opiniones. El mecanismo
ce que sea así, y esto por lo que respecta, ya sea al elemento filosófico que ésta moderno del poder legítimo nace entonces de la cuestión de la justicia,
contiene, ya sea a la especificidad que determina la filosofía politica. Para el pero, sin embargo, tiende a dar a esta una respuesta cierta, basada sobre

.'.­•
primer aspecto es necesario precisar que la dimensión filosófica no es defi­ una racionalidad que debe ser aceptada por todos más allá de la diferen­
nible, en sentido propio, como critica, si bien este término ha sido a veces cia de las opiniones, de modo tal que impida su perturbadora representa­ .~
usado, en el contexto del presente libro, de modo genérico. La crítica, de he­ ción. Se tiende de este modo a resolver la justicia en el derecho, en el de­
cho, o corre el riesgo de ser meramente negativa, tendiendo simplemente a recho formal moderno 15 • Si tiene alguna justificación este modo de leer SI
negar aquello sobre lo que se realiza, o bien, sobre la base de una actitud di­ proceso teórico constitutivo de la nueva ciencia pollfica, que se pres~nt~
cotómica, revelada por su propio étimo, que «separa» (krinein) verdadero y bajo el ropaje de la ciencia del derecho natural se puede notar cómo el mis­
falso, implica en la raíz de su acción la pretensión de poseer la verdad. De
ese modo, se presentaría una doble posibilidad: o permanecer subordinados
a la forma política que se critica, o pretender producir, con un absolutismo
mo movimiento de pensamiento (filosófico) que muestra las aporías de lo~
conceptos modernos, hace emerger dentro de su concreta constitución un
rroblema que es originario, en cuanto que es connatural a la relación en­ ••
que viene a connotar la acción revolucionaria, una nueva forma, un nuevo
paradigma13 • Algo diferente me parece que sucede en una filosófica interro­
gación de los conceptos modernos (que constituyen nuestras doxai difundi­
tre los hombres y a su praxis en común: no depende de nosotros asumir­
lo o no, plantearlo en nuestras hipótesis teóricas o no, sino que se impo­
ne en el razonamiento y se impone también dentro de aquellas posiciones ••
das). En el movimiento concreto de interrogación emergen no sólo las apo­
rías dé los conceptos, sino también un problema originario que estos no,
lle;;an a explicar;. Un problema sin el cual éstos no pueden ni siquiera plan­
que tienden a negarlo.
Esta aparición de un problema originario da una primera respuesta a la
pregunta sobre cómo es posible la relación con un pasado que es otro -se ••
tearse, y que, sin embargo, tienden a exorcizar. No hay en esta modalidad
crítica una actitud dual, ni una verdad presupuesta: se nos coloca, al con­
trario, totalmente dentro de los conceptos criticados, encontrando en ellos,
configura, esto es, de modo diverso-- para nuestra conceptualidad, en el
momento en el cual se mantiene firme el hecho de que nosotros no pode-
••
y más allá de su inmediatez y de su punto de vista, una cuestión que se im­
pone y que permite su propia constitución.
llama la atención sobre las contribuciones fundamentales dadas por el autor sobre el derecho

medieval y sobre la formalidad y abstracción del derecho moderno; entre estas véase al menos

íd., L'ordin~ giundico m~di~vale, Roma/Bari, Laterza, ahora 2006 [trad. esp. de Francisco To­

••

Una situación teórica como ésta se aclara si se nombra ese problema ori­
más y Valiente y Clara Nvarez, El ortÚnamiento jurldico m~dieva/, Madrid, Marcial Pons,

ginario que emerge en la interrogación crítica de los conceptos como la CJ!:!!;

.'•

1996]). De este número, sobre la centralidad que llega a ocupar la libertad para resolver y

tión de la justicia._ Si se reflexiona sobre el nacimiento de los conceptos polí­ marginar al mismo tiempo la cuestión de la justicia, véase en particular la contribución de

ticos, se puede notar que es el nuevo concepto de libertad el que sustituye la Hasso Hofmann, II dintto ~ il giusúJ: la question~ tÚlla giustizia (esp. págs. 62-63: pero véase

relevancia que durante dos mil años ha tenido para la filosofía política la también del mismo EinjUhrung in di~ &chts-und St4atsphilosophi~, Darmstadt, Wissenschaf­

cuestión de la justicia, y el que se convierte en central para el significado que t1iche Buchgesellshaft, 2000, trad. it., lntroduziom alla filosoflll tÚl dintto ~ tÚlla politica,
~
14
adquiere el término politica: entonces, libertad en lugar de justicia. • Se pue­
Roma/Bari, Laterza, 2003, esp. págs. 153-202), que se cruza con los resultados de nuestro tra­

bajo sobre los conceptos políticos modernos (véase en el mismo número G. Duso, La lib~tll eA
~ l'itÚa di giustizia, págs. 5-28). Ya esta novedad constituye una contribución relevante, por­

13 Piénsese en la relación entre revolución y poder constituyente (para una eficaz crítica a
que no desmiente la centralidad que tiene el poder para la acepción moderna de política, sino
que muestra su secreto. El poder político, la soberanía es de hecho, como se ha intentado de­
la noción de poder constituyente, cfr. G. Rametta, Le «difficoltll» tÚl potere constituent~ (aun­
que el título original contenía el término «aporías»), Filosofta politica, 3, 2006, págs. 390-402; mostrar muchas veces, el producto d;e1 concepto de libertad. Si el concepto de soberanía pare­
ce aporético y en crisis también desde el punto de vista específico de nuestra situación pre­
cfr. también G. Duso, La logica tÚl pot~re, cit., págs. 2.'¡3-238.
14 Véase sobre todo el número 1/2001 dedicado a Giustizia ~ firma politica y, por tanto,
sente, entonces la tarea necesaria para su superación está constiruida por la superación de su
a la reducción de la justicia al derecho entendido en la dimensión formal que ha asumido en fundamento, esto es, de ~se concepto de libertad.
15 Este es el sentido del número antes citado, dedicado precisamente a «Giustizia e forma
la modernidad (muy distinta es la dimensión del derecho en la Edad Media: cfr. P. Grossi,
politica» Uustieia y forma política] .
1 •Giustizia e diritto tra medioevo ed eta moderna», FilosofUz politica, 1/2001, págs. 51-56, que
r:
~,.,

360 > GruSEPPE Duso PENSAR LA POL[TICA MÁS ALLÁ DE LOS CONCEPTOS MODERNOS•.• ~ 361
1 .. mOl hacer otra cosa que estar arraigados en nuestro presente. Esto tanto más
f ..
1: cuanto mIÚ se muestra el malentendido de quien pretende crear algún tipo
de unidad conceptual entre conceptos modernos y un modo precedente de
pensar el hombre y la política. Se ha dicho que también Koselleck corre este
4. EL PROBLEMA poLfTICO: GOBIERNO y PLURAliDAD

De lo que se ha dicho se puede comprender que no es ciertamente atri­

I1- :
­

riesgo, y que parece débil y contradictoria (en relación con el propio rigor de buible a una práctica como esa de la historia conceptual la opinión de que
la via por él comenzada) su tentativa de crear categorías meta-históricas para los conceptos modernos están en consonancia con la realidad moderna
hacer que los antiguos aún nos hablen!6. Nos hablan de un modo más fuer­
mientras a la realidad del pasado le es propio un modo diferente de pensar
te de lo que es posible en una lectura --en realidad malentendida- me­

r:

la política, pues casi se entendería que realidades diversas requieren concep­


diante los conceptos modernos, y nos hablan precisamente porque están
tos diversos. Un posible malentendido puede haberse producido por la ra­
implicados en un problema originario que es también nuestro. Pero para
dicalidad con la cual se ha planteado la fractura que marca el nacimiento de
obtener su enseñanza debemos superar los lugares comunes con los cuales
los conceptos modernos en relación con el pasado. Ha parecido útil explicar
t • pensamos la política y la pretendida universalidad de conceptos que son
usados por todos. De este modo se puede encontrar un planteamiento más
esta división radical mediante la fórmula «(Fin del gobierno y nacimiento del

t.
convincente del problema que se presenta al historiador, y a todo aquel, en
poder»18. Pienso que ésta tiene aún su validez, por el aspecto según el cual
indica que el concepto de poder es moderno y no sólo no puede ser usado

J- cualquier caso, que quiera entender el pasado, y que el propio Foucault se


plantea cuando se pregunta cómo es posible la comprensión de la realidad
para contextos precedentes, sino que nace precisamente de la pretendida ne­

'....
.

gación del modo en el cual, en el largo camino de la filosofía política, han


que se coloca dentro de un archivo que no es el nuestro.
t­ Entonces, un trabajo de historia conceptual que nos ubica siempre en
nuestro presente, pero siempre también más allá de él, en cuanto que interro­
sido concebidos el mando y la obligación política, por tanto, a través de
aquel principio de gobierno que, aun en el ámbito de concepciones diversas
y también en contraste entre ellas, había estado también siempre en el cen­
- ga sus presupuestos, no tiene ciertamente como tarea la determinación de
tro del pensamiento político l9 . Sin embargo, esta formulación se presta a di­
épocas: la moderna, la premoderna, e incluso una post-moderna. Quizá desde
nuestra perspectiva se puede aún decir lo que decía Brunner, que época sólo
lB Ya en el ensayo con d mismo tirulo, incluido en d número 3/1992 de Filosofiapolitieade­

-.
.
hay una, la de los conceptos modernos, pero éstos, como hemos visto, no son
expresión de una realidad moderna nuestra, sino que más bien tienden a ocul­
dicado al concepto de gobierno, págs. 429-462, ahora en La /ogica del potere, cit., págs. 83-122
(en el mismo número es relevante d ensayo de S. Biral, .Plarone: governo e potere», ahora en íd.,

.••
tarla. la superación de las épocas y de un modo historicista de pensar, de la
omni-invasión de un concepto de historia que no ha ajustado cuentas con la
hipoteca que lo caracteriza a causa del condicionamiento que le viene de la
ciencia moderna!?, no conlleva, ciertamente, que se deba pensar la política en
el ámbito de un abstracto ejercicio del intelecto que construya una teoría nor­
Storia e critiea deUAfilosofia politiea 17Wderna, Milán, FrancoAngeli, 1999, págs. 319-347).
19 Me parece que el uso del término de poder para el contexto de la filosofia griega lleva
a malentender las fuentes, no tanto porque en estas no está el elemento del mando. sino más
bien porque no nos encontramos en un horizonte en el cual la relación mando-obediencia se
absolutice, entendido, entonces, en una dimensión meramente fotmal, con la pérdida de las
referencias que parecen en cambio esenciales para conferir a esa relación su significado detet­

•• mativa. Es más bien lo contrario: nos obliga continuamente a ajustar cuentas minado. Una relación formal se puede pensar sólo cuando se elimine por una parte la expe­

.
con el presente y con la realidad determinada, única dentro de la cual nos en­ riencia y la realidad concreta y, por otra, la cuestión de la justicia, reduciendo el ptoblema po­
lítico a una relación formal entre volunrades. Hay que tener ptesente esta observación en
contramos pensando. Por tanto, es más allá del condicionamiento provocado

..

relación con la crítica que hace la distinción entte gobierno y poder, P. P. Porrinaro, Begriffiges­
por el concepto moderno de historia y del nexo historia-ciencia moderna, chichte efilosofia política, cit., pág. 60, el cual identifica una sustancial identidad entre la so­
donde es posible asumir hasta el fondo la actualidad de nuestra experiencia y beranía moderna y el aristotélico kyrion tes politeias (y, pOt tanto, la red indicada pOt la rela­
un sentido concreto del tiempo. Pensar nuestra realidad es posible sólo a condi­ ción entre politeuma y arr:hé). Tal identidad se basa sobre la convicción de que en Aristóteles

..

-t
ción M que se supere el horizonte constituido por los conceptos modernos.

.6 Cfr. A. Biral, KoselJeck e la conm:ione deUA storia, en íd., Storia e critica deUA fiJosofia po­
"d~",DIImut, MiMo. FrancoAngeli, 1999, págs. 251-258, y los ensayos de S. Chignola so­
se puede pensar una relación de mando-obediencia que tiene caráctet fotmal y un papd deci­
sivo y fundador de la voluntad, como se manifiesta en la soberanía moderna. Sería a este pto­
pósito interesante ver qué análisis de los textos puede soportar una convicción así. Para un
cruce de los textos aristotélicos que tiene en cambio presente la imposibilidad de aplicar a
Aristóteles el concepto de poder y del papel de la voluntad (de la cual faltaría el concepto), vé­

•t
bre Koaellcck y la historia incluidos en el presente volumen.
17 Cfr. cap. rv, § 5.
ase C. Pacchiani, Democrazia e costituzione. La kzione di Aristote/e, en G. Duso, D/tre la de­
mocrazia, cit., págs. 55-76, y ahora D. Ventura, Dikaion ePoliteia in Aristote/e, de próxima pu­
blicación; además, brevemente, G. Duso, Fine delgovemo e naseita delpotert!, cit., págs. 84-91.

t
t
GIUSEPPE Duso PENSAR LA POtiTICA MAs ALlÁ DE LOS CONCEPTOS MODERNOS..• ",363
362 ~

do, por Lo que La identidad planteada entre los ciudadanos y el sujeto colec­
versos equívocos: en primer lugar, puede hacer pensar que la historia de los
tivo conlleva que la orden de este último exprese la voluntad de aquellos ciu­
conceptos consiste en la distinción y determinación de las diversas épocas,
dadanos que son obligados a obedecerlo Pero, entonces, precisamente por
con las dificultades antes recordadas. Además, la fórmula parece poner go­
este motivo, los ciudadanos no pueden tener una voLuntad política propia
bierno y poder en el mismo plano, casi como si fuera una mera sustitución
distinta de la del sujeto colectivo. A este propósito hay que tener bien pre­
de un término por el otro, de un modo de pensar por otro. Se podría en­
sente que nos encontrarnos aquí ante una concepción de la unidad política
tonces considerar que, con el nacimiento de los conceptos modernos y con
que, cuanto más presupone una identidad entre los ciudadanos y el pueblo
la capacidad mostrada por estos de imponerse, desde un punto de vista
en cuanto sujeto colectivo, tanto más se ve obligada a plantear una radical
normativo, en la organización constitucional de la vida de la sociedad, ha
alteridad entre el sujeto colectivo y el individual. La aporía de la democra­
decaído para siempre el horizonte del gobierno propio de una época ya pre­
cia está ya expresada, desde este punto de vista, por la figura del frontispicio
moderna. Quizá puede determinarse algún resbalón en esta dirección del
del Leviatdn: los ciudadanos no son sujetos políticos frente al mando políti­
propio uso de los términos premoderno y moderno. Como consecuencia de
co; estos están en el cuerpo del soberano, cuya voluntadpolftica es la unita­
este planteamiento, puede derivar la impresión de que, en el momento en
que el concepto de poder aparece connotado por aporías estructurales y se
ria -otra y opuesta a la suya particular- del sujeto colectivo.
Pero, si es necesario ir más allá de esta aporía, y si es verdad que la es­
recuerda La utilidad de La noción de gobierno, se quiera proponer de nuevo
trategia que legitima el poder no anula la relación de gobierno, entonces

''..
un modelo pre-moderno como solución de las aporías modernas: una acti­
mds allá de la democracia y también dentro de la democracia hay que pensar
tud nostálgica del pasado y conservadora.
lo que se pensaba también antes de la democracia, esto es, el problema del
Por esto parece útil, sin embargo, una vez verificadas las ventajas her­
gobierno, con su indispensable correlato constituido por la pluralidad de la
menéuticas que en tal fórmula se encierran, superarla llevando a cabo un
realidad política. Antes dentro mds alld de los conce tos modernos, el ro­
paso ulterior. Se puede entonces intentar mostrarlo que, si bien es cierto que
blema es siempre el del gobierno, que no constituye entonces un pan iWa
el mecanismo constituido por el binomio libertad-poder tiende a negar que
sustituido inexorablemente or el del oder, sino ue viene a coincidir con e-

''•..
entre Los hombres pueda existir una relación de gobierno, en realidad tal re­
Lación se mantíene a pesar de la racionalidad formal que caracteriza al po­
un momento estructural de la vida en común de los hom res , or tanto,
de la política~ Pero esto no conlleva ningún modelo, y tal re ación a si o

der. El mecanismo que legitima el poder político, ya sea desde un punto de
pensada en los modos más diversos. Hay clásicos que pueden ser particular­
vista teórico, ya sea a través de los procedimientos concretos de las constitu­
mente útiles para la tarea de pensar esta relación. Me refiero en concreto a
ciones democráticas por él originadas, tiende a negar que haya una relación
aquellos filósofos del pasado que no son comprensibles mediante los con­
de sumisión entre quien manda y quien obedece, hasta el punto de que el
elemento decisivo de la legitimación del poder consiste en la convicción de
que el verdadero sujeto del mando no puede ser otro que aquel que obede­
ce; y, esto, a través de las diversas, pero luego no sustancialmente opuestas,
ceptos modernos. Su análisis es provechoso mucho más de lo que una equi­
vocada interpretación de la fractura constituida por la antes recordada Sat­
telzeit pueda hacer creerlo A través de los filósofos del pasado, Platón, ••
estrategias de la democracia dirceta y de la representativa. Sin embargo, esta
Aristóteles, Marsilio, Althusius, nosotros captamos un movimiento de pen­
samiento y un problema que es también el nuestro. Pero, ciertamente, no
••
'••.
operación no consigue eliminar la heteronomía del mando y la diferencia
personal entre quien manda y quien obedece. La estrategia legitimadora no
niega, sino que simplemente tiende a ocultar la dimensión política plena­ 2\ Es esta la lógica de la representación politica, como se ha recordado en lbS ensayos de

mente responsable, ya sea de quien manda o de quien obedece. ste libro y en G. Duso, La rappresentanza politica: genesi e crisi del concetto, cit. Pero hay que
Se puede recordar aquí la paradoja constituida por el efecto de despoli­ recordar sobre todo el trabajo más importante sobre la historia del concepto, el de Hasso Hof­
mann, Repritsentation. Studien zur Wórt - un Begriffigeschichte von da Antike bis ins 19. ]ahr­
tización que ha producido precisamente la concepción de la democracia que
hundert, Berlín, Duncker & Humblot, 20034 (trad. it., Rappresentanza-rappresentazione. Pa­
parte de una absolutización de los ciudadanos y del pueblo en cuanto suje­ rola e concetto dallantichitli all'Ottocento, Milán, Giuffre, 2007).
to colectivo. Es por el hecho de que se quiere negar la heteronomía del man­ 22 El error consiste en considerar que la ruptura operada por los conceptos modernos
constituye una superación definitiva, que vale para nosotros y para nuestra épota, del modo
precedente de entender la política gracias a una racionalidad que se impondría como verda­
20 Véase, para entender la argumentación de cuanto ha sido recordado aquí, La ckmocra­
dero saber.
zia e ilproblema del governo, cit., págs. 376-382.
~) GIUSEPPE Duso PENSAR lA POúnCA MAs AUA DE LOS CONCEPTOS MODERNOS ••• <O{ 365

IftClOnEflmOS soluciones o modelos que permitan afrontar nuestro presente. en cuanto ejercicio de la filosofía, hace emerger en las aporías que estos
In Me encuentro con los clásicos no existe la posibilidad de hacerlos por­ muestran una cuestión originaria, intrínseca a la naturaleza de la acción
tIdorea de la fatiga de un pensamiento de la que nosotros solos somos res­ del hombre, como es la de la justicia. Pero esta imposición de la idea de
¡ponables. No estarnos aquí frente a un paradigma, viejo o nuevo. sino a un justicia no agota la tarea de la filosofía política, que debe también pemar
. • ,lema que hay que pensar en la actualidad del presente. Reflexiónese so­ a la luz de esta idea la realidad política y la relación de gobierno que en
,o nuevo o arduo que es entender qué significa gobierno en una situa­ ella se manifiesta. Entonces, el análisis crítico de los conceptos, junto con
marcada por procesos de mundialización que no permiten ciertamen­ el paso a través de los clásicos -útil ya sea en la dirección de la recons­
" plantear la hipótesis de una acción autónoma y no condicionada por trucción de la génesis de esos conceptos, ya sea en la de su filosófica pro­
'pure de los sujetos políticos. Reencontrar el problema del gobierno dentro blematización-, aún siendo un momento relevante no es exclusivo de la
ele la teorla y los procedimientos de la democracia, me parece, en todo caso, filosofía política. Por eso es necesario no confundir el cardcterfilosófico que
arribuir una dimensión política a los ciudadanos frente al mando, que no caracteriza la historia conceptual con la reducción de la filosofia politica a la
dan ellos, si bien son precisamente ellos los que instituyen a quien o a quie­ historia de los conceptos. No es así como se debe entender la propuesta ini­
nes gobiernan. Re-descubrir el problema del gobierno nos pone frente a ar­ cial: la filosofía política requiere comprometerse a pensar el presente
duas tareas, pero quizá nos ofrece vías más provechosas que las de la racio­ orientándose a partir de lo que emerge en las aporías de los conceptos
nalidad formal que caracteriza la legitimación democrdtica para pensar examinados. El trabajo llevado a cabo sobre los conceptos Que caracteri­
problemas a los cuales a menudo se alude con los términos de globalización zan el nexo entre soberanía y democracia abre el camino al intento de r~­
y de governance o procesos como aquellos que constituyeron la Unión Eu­ pensar la justicia más allá de su reducción a la racionalidad formal, y de
23
ropea • Pero no es este un tema que podamos afrontar aquí. Queremos en determinar a la luz de esto la relación de gobierno en una realidad co~­
cambio intentar determinar la naturaleza compleja de la filosofía política y pleja como la actual:
su función en relación a la realidad presente y, además de esto, dar esque­ Entonces se puede decir quizá que un momento esencial de la filoso­
máticamente algunas indicaciones sobre cómo es posible pensar esta reali­ fía política consiste en la refutación de las opiniones difundidas a través de
"dad mds alld de los conceptos politicos modernos; con la advertencia. sin em­ la ostentación de las contradicciones en las que se resuelven, y la imposi­
bargo, de que se trata de indicaciones cuyo estatuto lógico no es el de la ción de la cuestión originaria, y, por tanto, en la emergencia de la idea de
ostentación de las contradicciones de los conceptos modernos, sino más justicia. Este es un acto que caracteriza la filosofía como tal. Pero esto no
bien aquel arriesgado de una propuesta. es suficiente para determinar la naturaleza de la filosofía política, la cual
debe también arriesgarse a hacer un discurso positivo sobre la realidad pq­
lítica. No se trata aquí de la comtrucción de conceptos politicos, esto es, de la
S. LA NATURALEZA DE LA FILOSOFfA POÚllCA actitud teórica que ha caracterizado ese pensamiento que determina en la
y LA RElACIÓN CON EL PRESENTE autonomía de un intelecto autosuficiente la racionalidad de la política. ~e.
trata más bien de pensar, sin garantías previas y sin un proceso deductivo

I
Antes que nada hay que precisar cómo puede ser entendida la natu­ que parta de normas de por sí válidas. la realidad política en la que esta­
raleza de la filosofía política desde la perspectiva en la que nos movemos. mos, orientados por aquella idea de justicia que ha emergido problemáti­
Se ha visto cómo el análisis de los conceptos no es mera crítica, sino que, camente.,
No hay filosofía política si no hay filosofía como pensamiento del ser
! t,
U Por lo que respecta a la dificultad del uso de aquellos que hemos l1amado aquí «con­ 'y de la naturaleza misma del pensar, pero lo específico de la filosofía po­
CIIftaI modernos» pata pensar la realidad política de Europa, y la necesidad, para pensar Eu­ lítica requiere, en relación a este elemento filosófico, un ulterior momen­

'
. . como entidad política, de pensar la política de un modo distinto del mecanismo de los to, que conlleva, por lo que respecta a su estatuto lógico, el descarte de­
~ modernos, véase de G. Duso, «¿Qué conceptos políticos pata Europa», lsegorla, 37, bido al reconocimiento de la esfera de la acción de los hombres y de la

E . l."
63-80, que pane de las novedades de dos ensayos precedentes: Tra Unione euro­
.,s",,,,: pmsart jifederalismo, en L'Europa e jifUturo della politica, ed. de A. Canino,
I '1ocIetlIlbera. 2002, páglS. 199-233 Y«[Europa e la fine del1a sovranitll». en Quader­
.~II"/", lA strJria tÚIpmsiero giuridico moderno. 31 (2002), págs. 109-139.
realidad determinada en la que esta acción se piensa. Se presenta enton­
ces la cuestión de cómo esta realidad puede responder mejor al problema
que en ella emerge, ser ella misma entonces, realizarse de la mejor mane­

- -
366 ~ GIUSEPPE Duso PENSAR lA POLtnCA MAs AllÁ DE LOS CONCEPTOS MODERNOS••• <ó( 367

ra24 • Este descarte requiere que se piense la praxis de los hombres y, por tan­ dad, implica necesariamente la ontología de la potencia, pero no piensa las
to, la comunidad pol1tica no hipotasiando el ser filósofos en los hombres,
esto es, su ubicación dentro del problema de la verdad y de la idea, sino con­
relaciones pol1ticas y la acción subjetiva de los hombres como si estos estu­
vieran movidos por la comprensión de la potencia y, tanto menoS, hace de
ti
siderando lo que son, sus diversidades y las diversas motivaciones e impul­ la potencia un sujeto, quizá colectivo. 11
sos de su acción. Esta me parece la lección de los filósofos. Ciertamente, no
es posible entender su pensamiento político si no es teniendo presente las
estructuras especulativas y el movimiento de pensamiento que las caracteri­
El descarte en el cual se constituye este aspecto de la filosofía política,
conlleva también, como se ha dicho, un estatuto lógico distinto. Si la os­ ••
••
tentación de las contradicciones de las opiniones o de los conceptos moder­
za; de otro modo, se considera como una narración doctrinal, o una pro­ nos revela un carácter riguroso y en la refutación vale lo que se impone en
puesta entre otras, perdiendo así la posibilidad de relacionarse realmente con el razonamiento común27, el discurso positivo sobre la vida en común de los
su filosofía pol1tica25 • Pero no hay en los filósofos mera deducción de la po­

••
hombres está connotado por el riesgo, por un intento sin garantías, siempre
lítica desde la ontología: el tratamiento de la política requiere confrontarse ligado a la actualidad y a la contingencia del propio presente. Sin embargo,
con la estructura contingente de la acciÓn y con la realidad en la que nos en­ si no se trata de un diseño que pretende ser perfecto y estar perfectamente
contramos. Esto puede comprobarse en el intento de Platón 26 de diseñar la

••
fundado, ser de por sí verdadero, no se trata ni siquiera de andar a tientas
ciudad, en los diversos momentos de su pensamiento político, en el trata­ como ciegos, sin puntos de referencia. Este es el problema central para la fi­
miento de la Polltica de Aristóteles, en la superación hegeliana de la teorla losofla política. En qué consiste, es decir, esta relación entre refutación d~


del Estado para la comprensión de la naturaleza del Estado real y del proble­ los conceptos, entre e! movimiento ri¡uIoso de! pensamiento Que hace¡:
ma que plantea. Pero esto vale también para Spinoza que, al pensar la socie­ emer&er las contradicciones e impone la cuestión originaria, y el riesgo del

24 Reenvío para esta postura, sobre la que reflexionar saliendo de la red tejida por la
actitud, teórica que es a menudo considerada como propia de la filosofía política (de esto
la normatividad atribuida a esta última), a una conferencia de Alessandro Biral sobre la
diseño de la ciudad, que, aún no estando garantizado por una construcciól1
científica, no es identificable ni con la elección arbitraria, ni con la preten­
sión de poseer la verdad y el modelo resolutivo~ Es necesario comprender
cómo moverse en la realidad política y en la praxis mirando continuamen­
••
polltica, ahora publicada en A. Biral, Su/la potitica, ed. de M. Bernardi y L. Mori, Pado­ te hacia la vía abierta por la contradicción y por la relación con la idea, que
va, Il prato, 2003, págs. 67 y sigs. (cfr. sobre esto mi Fi/osofia y fiwsofia po/itica, en Che aparece al mismo tiempo innegable y, sin embargo, irreductible a la pose­
cose la po/itica? Diawghi con A/essandro Bira/, ed. de F. Battistin, Padova, Il prato. 2007,
págs. 31-40).
sión de nuestro saber.
25 Esta necesidad de considerar el núcleo especulativo de los autores se ha intentado te­
ner constantemente presente en los trabajos llevados a cabo y en el tratamiento de los clásicos;
esta relación entre estructuras especulativas y pensamiento político es lo que caracteriza aque­ 6. PENSAR EL PRESENTE CON NUEVAS CATEGORíAS pOLíTICAS
llas llneas de historia de la fIlosofía polltica que han sido halladas en un horizonte histórico­
conceptual (me refiero en concreto al/potere. Per la stona de/la fiwsofia potitica moderna [trad.
Me parece que han surgido algunas primeras y endebles indicacion~
esp., E/ poder: para una historia M la fiwsofia potitica moderna, cit.] de las otras historias del
pensamiento político (véase para esto la Introducción, págs. 10-22, y, en este volumen, La his­ para un discurso positívo sobre la política en las indicaciones de las aporías.
toria M la fiwsofia potitica entre historia conceptual y fiwsofia). de los conceptos que caracterizan la democracia como (onna polltíc~. Si se
26 En este Didwgo emergen claramente los dos momentos constitutivos de la ftlosofía po­ mantienen firmes estas aporías, no se puede pensar en resolver los proble­
lltica de la que se viene tratando. Parece en primer lugar necesario un largo trabajo de tefuta­ mas del presente invocando cada vez mds democracia, o pensando en susti­
ción de las opiniones sobre la justicia, sobre todo la de Trasímaco; en esta interrogación de las
opiniones emerge no sólo la necesidad de la idea de justicia, sino también el intento de defi­
nirla de algún modo; sólo después de un itinerario de este tipo, después, por tanto, de aque­ 27 Se podría decir: en un did/Qgo entendido en el sentido platónico de la investigación del

lla forma de purificación consistente en la refutación, se encuentta un discurso positivo (un wgos común y no del enfrentamiento entre posiciones e hipótesis diversas (en el cual las hipó­

largo discurso) que intenta trazar un diseño, una imagen de la ciudad, la cual no se configura tesis serían cristalizadas en su identidad y absolutizadas, aunque sea en la forma del relativis­

al modo de la ciencia, mediante un proceder deductivo. como sería posible si la verdad fuera mo. impidiendo de ese modo la investigación común). En la &púb/ica me parece evidente el

una segura posesión del ftlósofo, sino que, aún siendo un diseño no garantizado, está, sin em­ distinto estatuto de discurso que caracteriza por una parte el encadenamiento de las pregun­

bargo, orientado por aquella idea de justicia que había emergido e intenta interpretarla en la tas -que interrumpen y ponen en crisis los intentos del largo discurso de los Sofistas-- y de

realidad (cfr. G. Duso, Platone e la fiwsofia po/itica, en G. Chiodi y R. Gatti (ed.), La fiwsofia las argumentaciones socráticas que llevan a la opinión a su contradicción, y, por oua, cllargo

potitica di Platone, Milán. FrancoAngeli, 2008, págs. 9-23). discurso que caracteriza la propuesta positiva de diseño de la ciudad.

i
368 )
¡
GIUSEPPE Duso PENSAR LA POÚI1CA MÁS ALLÁ DE LOS CONCEPTOS MODERNOS •.. <O{ 369 f'

cu.lr formu de democracia directa para superar el dualismo de la demacra­ una unidad compuesta de instancias plurales que requiere, precisamente a
d. N¡)raentativa. Al mismo tiempo, si la cuestión de la justicia que emerge causa de su composición plural, la relación con el unum del gobierno, del
como innegable no hace de la idea de justicia un objeto poseído por nues­ que proviene el mando necesario para la vida común. Se puede usar para
tro 1Iber, no hay un saber normativo que nos permita operar de un modo este modo de pensar la unidad política, que implica pluralidad, gobierno y
riprosamente justificado en la praxis. Sin embargo, de estas aporías y de la participación, el término federalismo,_ con la advertencia, no obstante, de no
conciencia de que es la relación de gobierno que es necesario determinar en entender el término según las declinaciones que éste viene a tener en el de­
el horizonte de la cuestión de lo justo, parecen surgir categorías útiles para bate actual, sino más bien como indicativo de un modo de pensar la políti­
pemar nuestro presente y para dar cuerpo a aquella politicidad de los indi­ ca diverso del que es propio del mecanismo de la soberanía que está en la
viduos y a aquella participación política que no parecen realizables median­ base de la doctrina del Estad0 30 .
te la racionalidad formal de la democracia. No se trata tanto de nuevos con­
ceptos -según el sentido que se ha recordado que tiene para nosotros En relación a algunos posibles malentendidos es necesario tener presen­
modernos el término «concepto»-- que tienden a construir, mediante una te que hablar de gobierno no implica el presupuesto no fundado de un cua­
función necesaria y unívoca, una nueva forma, sino precisamente de catego­ dro de orden pacífico ya priori, una armonía preestablecida; sino que es, en
rfAiJ8 que no se plantean en la dimensión del deber ser, o de instancias de realidad, más bien lo contrario: son precisamente la noción de gobierno y la
tipo moral o normativo, sino que deben saber captar el sentido estructural consiguiente de pueblo, entendido como la comunidad gobernada (y no
de las relaciones o dar indicaciones sobre la vía en la que plantear «constitu­ como poder constituyente y en cuanto tal no constituido), lo que permite
cionalmente» la vida en común: categorías con las cuales conseguir com­ considerar como esttucturalla tensión ~ue puede tomar la forma de la re­
prender la concreta realidad en la que estamos, más allá del horizonte cons­ sistencia- que connota la actitud de los ciudadanos eh relación al gobier­
tituido por los conceptos políticos modernos. no y a la misma productividad del conflicto. Entender como inevitable el
Para conseguir comprender nuestro presente es necesario entonces pen­ gobierno no conlleva la subalternidad de los gobernados, porque estos ex­
sar la relación de gobierno más allá del mecanismo legitimador de la sobe­ presan acción política y constituyen la realidad política primaria en relación
• I ranía, más allá del concepto de poder: Se puede intentar dar esquemática­
al gobierno: se puede decir que la totalidad del cuerpo político está en una
mente algunas aclaraciones sobre la diferencia entre el pensamiento de la situación de autonom{a, y que la ley, si no es entendida como la orden del
política que asume el problema del gobierno y el actualmente difundido, y soberano, como un acto de la voluntad decisionista, sino como el ámbito en
considerado obvio, que es emblemáticamente expresado por el tema de la el que se comparte de manera común, nace precisamente de la totalidad del
Itgitimación democráticrl- 9• Se trata de otro modo de entender la unidad po­ cuerpo político. Pero, si es cierto que éste se autogobiema, en el sentido de
lítica. Mientras en el mecanismo conceptual moderno se piensa en el sujeto que no está sujeto a un mando externo a él, es también cieno que, en cuan­
colectivo sobre la base de los individuos, y por eso el sujeto colectivo expre­ to estructuralmente caracterizado por la pluralidad, debe expresar en su in­
sa la voluntad política de los ciudadanos, que son así expropiados, como an­ terior una instancia de guía y de gobierno. Y la acción de quien gobierna,
tes se ha dicho, de una dimensión política, aquí se trata de entender una re­ aunque sea producto de una elección, y de una elección por parte de todos,
alidad política como compuesta de una pluralidad de agregaciones, que no no expresa la voluntad y la acción de los gobernados, que están siempre allí,
IOn, sin embargo, autónomas, sino que se reconocen como partes de una políticamente presentes .frente a quien gobierna, a diferencia de cuanto su­
l1nica realidad. El problema es el de trabajar para lograr la concordia entre cede en el concepto de poder tal y como es expresado por la imagen del
atos sujetos plurales y su mejor funcionamiento para sí mismos y para el frontispicio del Leviatdn. Precisamente por esto, si es la cooperación la que
todo del que forman parte. Precisamente a causa de la existencia de sujetos se impone para un buen funcionamiento del todo, no sólo la pluralidad
plurales y diversos entre ellos, es necesaria una guia, un gobierno, un man­
do. Este, sin embargo, no expresa la voluntad unitaria de la entidad políti­
CI,.ino la guía unitaria que la realidad plural requiere. Se trata, entonces, de 30 Para un primer planteamiento del problema cfr. Olm il nesso sovraniea-rappresmtanza:
un federalismo senza stato?, en M. Bertolissi, G. Duso y A. Scalone, Ripmsare la costituzione.
La questione della plumlita, Mom.a, Polimetrica, 2008 (www.polimetrica.com): el titulo del
11 UIO el tl!rmino en un sentido que no riene carácter técnico y riguroso.

ensayo indica ya la radical diversidad de este modo de pensar la política en relación a la for­
S' Retomo aquí el § 6 de La democrazia e ilproblema del governo, cit.
ma política moderna.
Duso PENSAR LA POI1TlCA MÁS ALI.A DE LOS CONCEPTOS MODERNOS ... ~371
370 ~ GIUSEPPE

. conlleva elementos que pueden ser de conflicto entre las partes, sino que en­ Es el dualismo-identidad que se plantea entre el sujeto individual y el suje­
tre gobierno y gobernados está siempre latente una tensión y una posibili­ to colectivo lo que parece necesario superar, esto es, aquella imagen (de ima­
dad de conflicto.
ginación de hecho se puede hablar a propósito de estos conceptos, una ima­
Sin embargo, si es cierto que la noción de gobierno permite entender la ginación que tiene, sin embargo, consecuencias en el plano constitucional)
productividad del conflicto, es también cierto que, al mismo tiempo, mues­ del cuerpo político que tiene como polos al individuo por una parte y al po­
tra insuficiente y no resolutiva la dimensión del conflicto. Conflicto y orden der del Estado por la otra32 • Sólo pensando los individuos en las múltiples,

••
son de hecho conceptos autosuficientes y significativos sólo en el plano neu­ variadas y móviles formas de agregación y, entonces, su acción política
tralizado abierto por los conceptos modernos. Si el problema está constirui­ como interna y mediada por la expresión de las diferencias determinadas
do por el binomio gobierno-pluralidad, el conflicto no es en sí resolutivo, ,propias de estas últimas, puede ser posible dar una dimensión efectiva (si

••
así como un orden que se determine sólo como ausencia del conflicto. El bien necesariamente limitada) en su praxis política. Si permanecemos fir­
horiwnte del gobierno implica la identificación de una dirección común y
un cuadro de referencia en el cual nos podamos orientar, y en el cual tam­
¡
1
mes en un sujeto colectivo indiferenciado y en la figura abstracta de un in­
dividuo que no está ligado a nada más que a la expresión del propio albe­
bién los conflictos tomen un sentido propio y puedan ser juzgados. Sobre
todo hay que recordar que un horiwnte de este tipo repropone la originaria
cuestión de la justicia que no se puede aplazar más mediante l1.na solución
drío y a las convicciones que le suscitan las imágenes y las retóricas que lo
rodean, como sucede en los procedimientos de las elecciones que caracteri­
zan la representación moderna, nos quedamos enjaulados en la des-politiza­ ••
formal como la que caracteriza la firma politica moderna.
Del mismo modo parece tarea ineludible la de pensar, junto con la re­
lación de gobierno, también la pluralidad de los sujetos políticos. Si no ha­
ción a la que conducen los conceptos de los que nos hemos ocupado.
Pensar el presente es la tarea que tenemos por delante. La indicada re­
flexión querría sólo abrir el camino a tal tarea. El trabajo de deconstrucción ••
cemos esto, y permanecemos dentro de la dualidad-identidad de sujeto in­
div4dual y sujeto colectivo, no se consiguen superar las contradicciones
antes surgidas y no se consigue pensar de modo efectivo y constitucionaP1la
de los conceptos políticos modernos no tiene un resultado simplemente ne­
gativo. Me parece, por el contrario, que surgen toda una serie de cuestiones
y, también, el sentido fuerte de algunos términos que han sido despojados ••
acción política de los ciudadanos. A menudo se entiende la época moderna
como la época del pluralismo. Pero es necesario no confundir este pluralis­
mo, li&ado al relativismo y a la pérdida de validez de un pensamiento Que
de su significado por el mecanismo conceptual moderno. A este propósito
puede quizá ser de nuevo útil la categoría de indiVIdualidad, si va en la di­
rección de la emergencia de lo concreto del individuo y de ~u acción, y de ••
plantea el problema del bien y de lo justo, con la pluralidad politica; Este
pluralismo de las opiniones, como antes se ha dicho, es precisamente el mo­
tivo que impone la lógica, políticamente unitaria, de la soberanía. Entonces,
la dimensión relacional que lo compromete, a condición de que ésta no se
conjugue inmediatamente con la de multitud y la de comunidad, sino que
precisamente sepa dar razón políticamente de las diferencias y, por tanto, de
••
es este pluralismo el que produce la ineficacia política de la presencia de los
ciudadanos y la manifestación de un poder a la vez idéntico y opuesto para
las pluralidades.
Si somos conscientes de que la base teórica de la soberanía está consti­
tuida por los derechos de los individuos33, es entonces este punto de partida
••
••
éstos. Pensar la pluralidad de un modo político es posible precisamente su­
perando este pluralismo ideológico y el carácter fundador de la opinión de el que debe ser cuestionado, esto es, ese movimiento de la ciencia política mo­
los individuos. derna que ha pensado la politica sobre la base de los derechos individuales, cre­
ando un cortocircuito tal que hace que de los derechos de los ciudadanos se
I
Superar la unidad de la soberanía parece posible sólo superando el pa­
pel fundador que tiene en la construcción teórica el concepto de individuo. produzca el derecho de coacción y, por tanto, un concepto de derecho que

32 De hecho, la comprensión de la realidad en la que estarnos nos muestra que estos dos

31 Con este término, entendido en su etimología, quiero referirme a una consideración
de la relevancia politica de la acción de los ciudadanos que sea estructural en relación al modo polos son de por sí abstracciones y que los procesos en los que se forman las decisiones no se
en el cual se concibe el cuerpo politico. Esto no sucede en nuestros textos constitucionales, y pueden reducir ni a la voluntad legitimadora de los ciudadanos, ni a la decisión autónoma del
quizá no es ni siquiera posible en su contexto, a causa del imaginario de la distinción de so­ Estado y de los órganos representativos que ejercen su poder.
33 Este nexo ha sido terna de muchos de nuestros trabajos, a partir del volumen sobre El
ciedad civil y Estado, y de los principios antes discutidos, que están en la base de las constitu­
ciones democráticas.
contrato social en la fi/mofta po/itica moderna, Valencia, Res Publica, 2002.

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GIUSEPPE Duso PENSAR LA POÚ11CA MÁS ALlÁ DE LOS CONCEPTOS MODERNOS... <ó( 373

,uc:e al conjunto de las leyes y tiene como única fuente el mando del
bajo de los actores políticos, únicamente la opinión como guía35 . Se trata
llano (el soberano-representante o el representante del pueblo sobera­
~','Jl :En este Contexto la justicia no queda como elemento continuo de ten­ más bien de ese consenso que implica la posibilidad del desacuerdo (no sólo
en cuanto a la opinión, sino en cuanto al comportamiento político) y de la
de investigación, sino que se reduce al mecanismo formal de la legi­
resistencia, y la presencia política constante de aquellos que expresan el con­
Cuestionar un modo de pensar la política que se base en los

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senso. Igualmente, precisamente por la originalidad de la lógica de la rela­
:tllrechos. partiendo de la conciencia de que éste es exactamente el horiwn­
en el cual se ha constituido la soberanía moderna, no conlleva la pérdida ción, y, por tanto, de la relevancia del otro para mi 'ser yo mismo', se carga
de significados la categoría de solidaridad. Si una entidad política es pensa­
le lu exigencias que se plantean en las prácticas de reivindicación y de lu­ da como caracterizada por la pluralidad, la búsqueda del acuerdo y de la
éha por los derechos. Al contrario, sólo de este modo tales luchas pueden ser concordia parece necesaria, también siendo conscientes de las dificultades y
comprendidas y se puede pensar la relevancia política de la acción común
de los intereses que pueden dividirnos, y la ayuda recíproca no se configura
de los ciudadanos que en aquellas luchas se manifiesta, contra la des-politi­ más como un deber moral, sino como una necesidad real, porque todas las
zación a la que conduce la teoría de los derechos bajo la forma política34.
realidades para ser lo que son dependen de algún modo de las demás (pién­
lo ue arece rioritario es, or tanto com render; (y esta comprensión
sese, por ejemplo, en los niveles de la vida, en el disfrute de las rentas posi­
no tiene nI e estatuto de un saber descriptivo ni el de un saber normativo,
bles, en las relaciones económicas entre los países más o menos desarrolla­
según la dicotomía a la que llevaría un lugar común hoy difundido en la
dos). La solidaridad viene a ser, entonces, una categoría estructural en un
consideración de la ciencia relativa al ámbito de la política) esa realidad con­
horizonte de pensamiento federalista, en el cual las partes se reconocen pre­
creta en la que estamos yeso concreto que somos, y, por esto, resulta funda­
cisamente como partes de una realidad común.
mental la dimensión de la relación, fuera de la cual nadie es y a nadie puede!}
También el término responsabilidad toma un nuevo significado, más
atribuírsele derechos. La red de las relaciones que se presenta en cualquier
allá de la dialéctica de autor-actor que caracteriza la moderna representa­
ámbito al que desplacemos la atención política, también en el mundial, por
ción, según la cual el representante es actor de las acciones de las cuales to­
una parte constituye un contexto que nos condiciona, que puede no ser te­
,6
dos son autores36 , Tanto gobernar como ser gobernados son acciones políti­
nido en cuenta, y, por otra, requiere encontrar un horiwnte común y com­
cas (en cuanto que no está aquí presente la pasividad que caracteriza la
partido para poder concebir la expresión política de la diversidad. ~
relación formal de mando-obediencia), y la responsabilidad implica tanto a
quizá la más difícil de las tareas que debemos asumir: a la luz de! nihilismo
aquellos que desempeñan la función del gobierno como a los sujetos plura­
moderno puede parecer imposible, pero se puede considerar como tal sólo
les que componen el cuerpo político. Los primeros no esconden ya la pro­
a condición de dar por descontado y definitivamente afirmado el contexto.
pia responsabilidad tras los procedimientos formales de la' legitimación, y
¡en el cual se ligan nihilismo y forma política, y que reduce el problema PQ_
los otros no pueden ya ser concebidos como meros portadores de sus inte­
"ftico a procedimientos formales., Pero esta reducción se ha afirmado sólo en
reses (como sucede en el imaginario de la distinción entre sociedad civil y

~
n fragmento de la historia y sólo en occidente, y no parece la lógica vence­
Estado), sino que son investidos -aún no renunciando a la propia especi­
ora para pacificar e! mundo. Sólo buscando con dificultad un cuadro com­
ficidad, sino, al contrario, precisamente partiendo de ésta y, sin embargo, no
artido -no tanto de verdades poseídas como de exigencias y problemas
elevándola a absoluta- de la responsabilidad política relativa a los proble­
omunes- puede haber efectiva expresión de pluralidad política. Y esto a
odos los niveles, desde e! de la realidad estatal al europeo, al mundial.
En un cuadro de pluralidad toman un sentido pleno términos como el 35 Sobre el significado del consenso en democracia y sobre el absolutismo de la opinión
de consenso; no el consenso que caracteriza a la democracia, que se manifies­ al que este consenso está ligado, véase el ensayo de B. Karsenti, «Elezione e giudizio di tuttj",
ta en el acto de autorización, y, por tanto, es consenso previo en relación a Filosofia politica, 3/2006, págs. 415-430 (también en G. Duso y Kervégan, Cme de la ritmo­
cratie, cit. (www.polimetrica.com).págs.115-135).
lo que el actor político hará, y que tiene, también en e! juicio sobre el tra­ 36 Recuérdese que para Weber en la representación moderna como representación libre
el representante no es Diener, sino He" en relación a los representados, y, entonces, no debe
tanto tutelar sus intereses o responder a un mandato vinculado, sino que es «irresponsable
como el monarca» (err. G. Duso, Tipi delpottre eforma politica moderna in Max Wéber, en La
.l.j CIT. G. Duso, Crísi della sovrani!?J: crisi dei diritti?, en IlfUturo dei diritti umani nella cos­
muione tkl nuolJO orrline mondiale, oo. de A Carrino, Nápoles, Guida, 2003, págs. 83-103. rappresentanza politica, cit., págs. 142-144, donde se encuentran las referencias a los pasajes de
los textos weberianos).
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374 )o> G¡USEPPE Duso PENSAR LA POÚl1CA MAs ALIA DE LOS CONCEPTOS MODERNOS••• <O( 375
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mas comunes. Es necesario pasar a través de los intereses de los grupos y de central. Es ésta de hecho el procedimiento que determina el dualismo autor­
las agregaciones, pero, en cuanto que son considerados sujetos políticos y no actor y que hace nacer la formación de la voluntad política como otra en re­ ,t
simples sujetos sociales, éstos deben ser protagonistas de la vida política glo­ lación a los ciudadanos que participan en las elecciones. Si es la pluralidad
bal y, por tanto, no pueden no usarse, aún marcados por su propia óptica lo que es necesario pensar, es más allá del procedimiento electoral donde
parcial ---es más, precisamente atravesando esta óptica-, para la solución hay que ir, más allá, por tanto, del modo en el cual se entiende y se practi­
de los problemas comunes. Una responsabilidad así se extiende a cada nivel ca, sobre la base de la imaginación del individuo como aislado, y con el úni­
14
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y parece ligada a la propia existencia de las relaciones, del ámbito local al co valor constituido por su opinión. Es esta una tarea muy difícil, sobre
mundial. todo en una sociedad compleja y en constante movimiento como la nues­
Es evidente que esto conlleva volver a pensar la constitución. Ante todo tra. Sin embargo, no se supera el concepto moderno de representación si no


en relación a los principios fundamentales que se expresan en los dos con­ es entendiendo de otro modo la representación política, de un modo' que

',.••.
ceptos de los cuales se ha tratado aquí, soberanía del pueblo y representa­ mantenga la afirmación de la libertad subjetiva de la conciencia y, al mismo
ción, y, contemporáneamente, en relación a los procedimientos que son tiempo, no la reduzca a la expresión del albedrío subjetivo. Parece necesario
consecuentes con estos dos principios. Pero es también la creatividad que pensar a los individuos dentro de las múltiples (y esta multiplicidad se pre­
parece connotar el concepto de poder constituyente la que debe ser repensa­ senta en relación a cada individuo) formas agregativas en las cuales concre­
da, además de la propia función que ha tenido la constitución en la época tamente están y en las cuales pueden expresarse. No una repres.entación cor­
moderna a partir de las grandes revoluciones. La constitución parece tener

'••.
porativa, sino la responsabilización política de cada momento de unión y,
su propia historia y vivir su propia crisis, hasta el punto de que son diversos también, de la subjetivación política que está presente en la sociedad.
los constitucionalistas que hablan hoy de procesos de des-constitucionaliza­ En definitiva, de todo lo que se ha dicho resulta que no es ya posible
ción, de la pérdida de la función normativa de la constitución y de la inca­ exorcizar la cuestión de la justicia y reducirla a parámetros formales, que de­
p~idad de esta última de pensar y organizar una pluralidad de sujetos polí­ berían de una vez por todas y de raíz eliminar las posibilidades de contien­
ticos 3? Se han apuntado ya las dificultades que encuentra el proceso que da. Es necesario aceptar la precariedad y los riesgos que conlleva el replante­

••
.
lleva a la constitución de Europa, dificultades que aparecen ligadas no sólo a amiento continuo en la praxis de esta originaria pregunta, porque ésta es
voluntades políticas, sino a problemas estructurales, en cuanto que la cons­ nuestra condición humana, y porque la solución formal compuesta por el
titución ha sido el instrumento del cual ha nacido en la historia la forma po­ nexo entre fuerza y derecho que ha constituido la solución ofrecida por la
lítica centrada en la soberanía, connotada por la unidad y por la legitimidad, forma política moderna -y, por tanto, por la democracia basada sobre el '
.mientras los procesos de la unión europea exceden y ponen en crisis al mis­

••
concepto de soberanía- no parece capaz de acallar esta cuestión de una vez
mo tiempo el cuadro en el cual soberanía y forma democrática han tenido por todas, como ha intentado hacer. La vía es más difícil y diversa de lo que
su papel central. Entonces, quizá no hay que ir sólo hacia la transformación se piensa habitualmente, especialmente en el momento en el cual se propo­
de la constitución presente, sino que hay que repensar también el sentido y
la función del instrumento constitucional38 •
Al volver a pensar en la constitución, si tienen sentido las dificultades
ne, quizá mediante la guerra, la racionalidad formal de la democracia como
solución a los problemas de ámbito mundial. Está claro que esta parte del
razonamiento político tiene un estatuto distinto del de la ostentación de las
••
'. •
antes indicadas, el asunto de la r(J!resentación, no puede no tener un lugar contradicciones de las opiniones y de los conceptos políticos, y, sin embar­
go, es precisamente ese más riguroso trabajo de refutación el que abre nece­
sariamente el espacio a la investigación y al riesgo de la propuesta. ~
37 Cfr., para todos H. Hofmann, Riflessioni sull'origine, lo sviluppo e la croi del concetto di que se ha apuntado aquí sirve sólo para mostrar la necesidad del discurso
costituzione, en Chignola-Duso, Sui concetti giuridici, cit., págs. 227-237 Y«Vom Wesen der positivo sobre el presente al que nos hemos referido antes, intentando hacer 11
Verfassunry>, Jahrbuch des Offintlichen Rechts, vol. 51, 2003; cfr. también A. Brandalise, «De­ vislUIl:}brar la relación que tal discurso tiene con las aporías surgidas en el
mocrazia e decostituzionalizzazione», Filosofia politica, 3/2006, págs. 431-448.
38 Véanse sobre d problema de la transformación constirucionallos resulraclos de un se­
análisis de los conceptos I?olíticos modernos.
minario internacional relativo al tema de la constitución en relación a la pluralidad política in­
cluidos en Bertolissi, Duso y Scalone (eds.), Ripensare la costituzione. La questione della plura­
lidad, cit.