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~~ La tarea de descubrir y reconstruir, a tntv~s

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ECONO~lIA
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Traducción de ECONOMIA, FETICHISMO
CELIA AMOROS
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1G/'lACIO ROMERO DE SOLÍs
SOCIEDADES PRIMITIVAS

por
MAURICE GODET.TCR

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\. cORooBA ' :\)6.; , BUENOS AIRES AfUNT~

Para Gene'vieve

Primera edició n en español. diciembre 1974

© S IC! (¡ '\XI !lE ES 1',\ Ñ,\ EDITORES, S. A.


Emili o Rubín , 7. Madrid·33

En :ocdición con
© SIGLO ." r !;OlfORES, S.I\..
Cerro del Agua, 248. México, 20, D. F.

© SIGl.O x'(! ,\RGE"TIN_~ EDITORES, S. A.


A\'(la . Córdoba , 2064. Buenos Aires.

© J\lauricc God~ l i c r

Dí.RrCIIOS REsrR\'\OOS COSfOR\I E A L\ LEY

lmp rc~ o " hecho en España


Pr/ll/ed ami made in Spaill

ISBN . 84-32.HJl63-9
Dl' posilO lega l. 1\1 37.408·1974
Tmpreso en Closa.s-Orcoyen . S. L. Martfncl Paje, 5. M.lurid·29
I~DICE

Págs.

PROLOGO

PrÍJncra parl e:
ANTROPOLOGIA y ECONOMIA 17

L EL PI"_'\S_"! II'.'\TO DI" I\hRX y E,\(;El.S SOBRE LA':; SOCIEDADES PRIMI­


TII'AS: I\TE'\TO DE B\L\'\CE C1dnco 19

II. L\ A'\TlWPOWGÍA ECO'\Ó~II(,A 59

III. Eco'\o ~1 ÍAs y SOCILDADES: E\FOQ!.'E FI;\CIONALTSTA, ESTRliCTURA­


LlST_\ y ,L\RX[liTA 132

IV, EL CO'\Cr:PTO nI' «FORMACIÓN Eco'\6~IlC,\ y SOCIAL": EL EJE:\!PLO DE


LOS I\CAS 176
V, DI: 1.\ '\0 CORRFSPO\Ill',\CI-\ E'\TRE LAS mInIAS y LOS CO'\TE\1ll0S
DE 1. \5 REUCIO\ES SOCL\!.CS: KUcVA HEFLEXIÓ'\ SOBRE EL EJnIPLO
lJI: LOS ¡XCAS 185

VI. El. CO'\Cl:I'TO DE TRIUl': ¿CRlliTS TlI' UX CO:\CEI'TO O CRISIS DE LOS


FC:\IJ,HIE:\TOS 1'~[PíRICOS DE U -\'\IIWPOI.OGÍA? '" __ , .. , .. , " . . . , 198
1. Un único térmillO para designar dos realidades, 198.-Males­
tal', de un concepto, 199.-2. Brc\'C alusión
a los del término, 200.-EI punto de
siglo después; funt'Íonalistas
llCOl'\"olucio!1istas, 20.J..-3. Intento dC' balance, 216.·-Cambiar
campo y los términos del problema, 219,

VII. ¡v1olJos lJIó I'ROlHTClÓ:\, RELlC!O',"ES PARE'\TESCO y ESTl~Uln' RAS


DOl ()(;RAFICAS ... 223

VIII. Ll\\[s Hr"\RY MORGA:-.1 (1818-1881) 256


El rumiador de la ciencia tesis fun­
dal1ll'nt:des de la obra, 258. - del ew)!ucionis·
mo, 261.

Segunda parte;
SOBRE LAS ¡\1ONEDAS y SUS FETICHES 265
IX. L\ .\!O,rD\ [lE 5.\1. Y LA ClRlTUCHi:\ DE .\!FRU'\CÍAS E'-: l.OS BARl-YA
1JI: N! EI\ GII:\¡:\ 267
Ob idus preciosos \. ll1olll'da en las sociedades prllllllJyas:
aiguna~ obscr\'\Jclones tcürica~ plT\'ia:;, :'(17 2. La sociedad ba­

~
Pdgs, PROLOGO
rm'a, 17)-'. 1'1 pludul'<ion dl' ",1. 275.-L\ di·
\'j,il)l1 ",Ol'ial dl'l lr~lhttío:'77.--··L \' \'.·oln~'lTio
de l;¡ "al. Rvdi,¡nhlll·l<Jll. 281.-1'.1 cambio Oc' la ~al. 283.--5,
AI:2UllU ..... ;!n~d¡....,í...., tl'( l1il 0-;,
(·,E...., l~l ~al (h: 10:-.. haru\'a una rorrna
, íl'\ dc' ll](lJll'd,,?, 2B8.-EI Jund'll1lc'nto dd \'alor de cam­
d . .' LI r,¡nOllClLt "al,) lk· jo") banl\~l: (trab~l¡o o l'-..ca<..,cz?¡
--Calllhiu, mUlll'lb \' bl'IH.:Iic-io. 29.',-6, Conclusiúll, 297,

X, FcO'dlllí\ \\II~(\\rIL, lTlIClIIS.\IlJ, 11\1;1·\ y lIE\1 lA F" "El. el· /


I \1,' Ill. \1\1~:': 299 "Ya no existe ningún punto fijo oeo,ck el cual se pudiera
npn'hcfltkr de nucyo, aunque fucra Vil su ,il\lplc- [orilla, la
configur,lción oC'1 saber y, a tr;.¡vés de dIo, proponer la
Tercera P~1rtl': clausura del mismo, No faitan tentaciones paril ello, lo
SOBRE EL CARACTER FANTASMAGORICO DE LAS RELAClOl\:ES
falta es el instrumento que pCl'mitiría
SOCIALES 319
cOI1\'incente, Ni por parte del sujeto, ni por parte
del conccpto, ni por parte de la naturaleza encontramos
XI. FFlIClIIS\!O, IlD.ICllí" y '111l111\ (a:'I.I<\1. DE LI IIlro!ocí\ E'\ M,\RX. 321 actualmente elementos con que alimentar y culminar uó
discurso totalizante, l\bs \'ale kl';:mtar aCl<l y renunciar a
L La noción marxista de retichismo de la mercancía, La cscn­ entablar sobre cste aspecto un anacrónico combate oc re·
cia cid letichismo de la mcrc:lIICÍa, 3~L-Trl's casos históricos taguardia,.
y dos ejemplos imaginarios de ausencia de Ictichismo de la JEA~ T, DEs,l:--<n
mercanCÍa, 324,-2. Fetichismo, religión y teoría general de la
ideología, 331. Malérialis111C el Epistémologie!

XII. IhCl\ C'A TEORfA ?\IARXISTA DE LOS HECHOS RELIGIOSOS 346


En 1958 nos planteábamos dos cuestiones y para contestarlas
XIII. Lo \ISlllLE y LO I'\'lSIIlLE EN LOS BARCYA DE Nel'\iA GI'IKEA 355 nos vimos obligados a emprender un extraño itinerario, primero
1, Los componentes de la práctica mágica, 355,,--2. Discurso de la filosofía a la economía y, posteriormente, a la antropolo­
rilual y reglas de conducta, 356.-3, Lo invisible y el naci­ 2. Esas dos cuestiones eran las siguientes: «¿Qué sucede con
miento del mundo, 360,-4. Conclusión: ¿es posible compa­
rar?, 362, la lógica escondida de los sistemas económicos y con h1 necesi­
dad de su aparición, reproducción o desaparición en el curso de
XIV. MITO E JI ISTORIA: REFLEXIOKES SOllRE LOS H'KDA~!ENTOS DEL PE:.I­ la historia?» «¿Cuáles son las condiciones epistemológicas ckl
SH!IEKTO S.\lXAJE 366 conocimiento teórico de esas lógicas y de esas necesidades?" En
1, Efectos ('1\ la conciencia del contenido de las relaciones his­ realidad, ambas cuestiones no son más que una, puesto que po­
tóricas de lo~ hombres cntre sí y con la naturaleza, 377,--2, demos reconocer en ellas el doble rostro del problema de la ra·
Electo del pC'llsamiento analógico sobre el eontcnido de sus
representaciones, 379, cionalidad económica. Cuestión desmesurada cuya respuesta no
°
hemos buscado en una filosofía de la economía de la historia,
sino en el ámbito de diversos dominios del conocimiento que
versan sobre economía. En 1965 concluíamos, refiriéndonos al
camino recorrido, «que no existe racionalidad propiamente eco­
nómica» 3 y que el problema consisl fa eIl realizar el análisis es­

! Artículo publicado en A1lIwli, rC\'ista editada por el Instituto Giangia­

como FcltrínelJí, 1\1ilán, 1971. l\:úmero especial titulado: "Riccrca Jcí pre­
supposti e deí [ondamcnti del discorso sckntifico in Marx", p;1;zinas 7-21.
2 Hemos explicado este itillLTario al c()mienzo de

Halilé CII ecol/Ulllie, F, J\laspero, 1966, París, (Existe versíón castdlana,


Raciol1alidad e irraci'Jllalidad en la CcollOlIZia, Siglo XXI, Máico, 1967.)
J En el articulo <,Objeto y mdodo ele' la ant
blicado en L'H0I11IJ1':, núm, 2, 196j, Y
lada, p;:íginZls 232-293 (p;:íginas 295-313

~
2 A1aurice Godelier Prólogo 3

tructural de las relaciones sociales de tal modo que se pueda Elegir el materialismo de Marx como horizonte epistemoló­
analizar la «Gtus8lidad ele las estructuras» unas sobre otras y. gico del trabajo teórico en las ciencias socíalcs
particularmente. la de los modos de producción sobre las otras nerse la tarea de descubrir y reCOlTer, por trayectos que 11a\' que
estructuras sociales. para poder comprender, a partir de :d1í, inyen tar, la red invisible de las razones que ligan las formas. las
los mecanismos de su reproducción y de sus transformaciones. funciones, el modo de articulación, la jerarquía, la aparición y
AIQunos de los textos incluidos en este tomo contribun:n al de­ la desaparición de estructuras sociales determinadas.
bate de este problema, pero quisiéramos en este pró1of!O presen­ Adentrarse por esos caminos significa pretender llegar a un
tar una especie de bosquejo de los pasos operatorios que nos lugar en el que estén abolidas las distinciones y las oposiciones
parece necesario dar, en 1973, para poder 8vanzar en est8 tarea_ entre antropología e historia, un lugar donde ya no sea posible
constituir en un campo autónomo, fetichizado, el ami!isis de las
* * * relaciones y de los sistemas económicos, un lugar situado por
consiguiente más allá de las impotencias del empirismo funcio­
La tarea de descubrir y reconstruir mediante el pensamiento nalista y de los límites del estructuralismo.
Empeñarse por estos caminos no significa proponer una
los modos de producción que se han desarrollado o que todavía
«vuelta a Marx» ni, para un antropólogo, una reanudación v una
se desarrollan en la historia es algo más valgo distinto que cons­
defensa de todas las ideas de Marx sobre las sociedades primi­
tituir una antropología económica o cualquier otra disciplina que
reciba un nombre parecido, Esta t8re8 impone retomar uno por tivas y las primeras sociedades de clase, aunque, como demues­
uno los problemas teóricos que plantea el conocimien to de las tra nuestro ensayo de un balance crítico de esas ideas, las par­
sociedades y de su historia, es decir, los problemas del descubri­ tes vivas priman ventajosamente sobre las partes muertas. Lo
miento de las leyes, no de la «Historia» en general -que es un que aporta Marx pa¡-a nuestro progreso es ante todo un con­
concepto sin objeto que le corresponda-, sino de las di\"ersas junto abierto de hipótesis y métodos de trabajo, inventados
para el análisis de las estructuras y las condiciones de aparición
formaciones económicas y sociales que analizan el historiador,
y evolución de un solo modo de producción, el modo de pro­
el antropólogo, el sociólogo o el economista. Esas leyes existen
ducción capitalista, y de la sociedad burguesa que le correspon­
.Y expresan las propiedades estructurales no-intencíonales de
las relaciones sociales y su jerarquía y articulación propias so­ de, pero que, además, tienen un valor general, ejemplar. Vamos
bre la base de modos de producción determinados, a demostrar por qué este conjunto no cerrado de bipótesis .Y
procedimientos metodológicos no solamente pertenece al hori­
A diferencia del marxismo que habitualmente se practica y zonte epistemológico de nuestro tiempo, sino que incluso con­
que rápidamente se conviene en materialismo vulgar, afirma­ figura su línea principal.
mos que Marx, cuando distinguió infraestructura y superestnlc­ En efecto, para Marx el punto de partida de la ciencia no
tura v supuso que la lógica profunda de las sociedades v de su está en las apariencias, en lo visible, en las representaciones es­
historia dependía en último análisis de las transformaciones de pontáneas que los miembros de una sociedad tienen sobre la
su infraestructura, no hizo sino e\'idenciar por \"ez primera una naturaleza de las cosas, de sí mismos y del universo, Para Marx
jerarquía de distinciones funcionales y de causalidades estruc· -y esto le enfrenta con el empirismo y el funcionalismo-, el
en modo alguno la 11l1tlll'ole;:,a dc las es­ pensamiento científico no puede descubrir el yínculo real v la
tructuras que. en cada caso. sustentan esas funciones (parentes­ relación interna de las cosas partiendo de sus lazos aparentes y
co, política, religión. l, ni el nÚlllero de fl/llCiollL's que puede de sus relaciones visibles. El pensamiento científico se aparta
soporta runa est r¡¡cl lIn!, Para descubrir esta profunda por consiguiente de ellas, no para abandonarlas, inexplicadas,
que ir mús allá del análisis estruclur81 de las fOImas de las fuera del conocimiento racional, sino para \-ol"L'J' inmediat:lIl1en·
relaciones sociales \' del pens.uniento, inkntando ckscllbrir los te sobre ellas .Y explicarlas a partir elel conocimiento del encade­
"efectos» de las estructura" unas sobre otr85, a tran:s de los namiento interior de las cosas y, en ese movimiento ele
distintos pral'esos ele la prúctica social, y seÍ'íalando su lugar se disuelven una pOI' una, las ilusiones de la conciencia espontá­
real en la jerarquía de C~lllsas que detLTl1linan el funcionamiento nea del mundo.
y la reproelucciull de una furrnación económica y social. Pero en ese movimiento de lo visible a lo im'isiblc el pen­
4 ¡VI al/rice God e lie r Prólogo 5

samiento cien tífico descubre que las relaciones entre las cosas, puede abordar correctamente el problema de la causalidad de
bicnes matcriales, objetos preciosos, valores, son en realidad una estructura sobre otra, de un ni\'el sobre los restantes. Aho­
relaciones entre los hombres, relaciones que exprcs::m y disimu­ ra bien, en la medida en que una estructura tiene efectos si­
lan al mismo tiempo. Descubrir, en el interior de las relaciones 1111lltál1cOS sobre todas las estructuras que componen con ella
entre las cosas, la presencia y la determinación de relaciones una sociedad original susceptible de reproducirse, que in­
entn~ los hombres, significa poner en práctica un método que tentar descubrir en y a ¡1ÍI'clcs diferentes, por consi­
todo antropólogo debería «conocer» reconociendo en él el obje­ guiente, con un contcnido y una forllla difercntcs, la
to mismo de su trabajo teórico. La grandeza de Marx de una misma causa, es decir. los efectos necesarios y simultá­
al analizar la mercancía, la moneda, el etc., en baber neos de un conjunto específico de propiedades no-intencionales
¡mprendido al derecho» hechos que -en la práctica y en la de tales o cuales relaciones sociales. No se trata de «reducir»
representación cotidiana de los individuos que viven y actúan unas estructuras a otras, sino e\'idenciar las formas diferentes
en el seno del modo de producción capitalista- se presentan al de la presencia activa de una de ellas en e! funcionamiento mis­
revés, y en haber demostrado el carácter fantasmagórico de las mo de las otras. Cualquier metáfora de continente-contenido,
relaciones sociales. interior-exterior, es evidentemente incapaz de expresar correc­
La teoría de los modos de producción está, pues, por cons­ tamente esos mecanismos de la articulación Íntima y de la ac­
truir, ya que no se leer directamente en la trama visible ción recíproca de las estructuras 4,
de las relaciones sociales la naturaleza exacta de las relaciones Pero un materialismo que tome a Marx como punto de par­
de producción. Ahora bien, y nos parece necesario insistir de tida no puede consistir únicamente en una investigación difícil
nuevo en este Marx no ha establecido una doctrina so­ de las redes de causalidades estructurales sin tratar a. fin de
bre lo que debe ser definitivamente infraestructura y supercs­ cuentas de evaluar la importancia específica y que esas
tructura. No ha asignado de antemano una forma, un contenido diversas estructuras pueden tener sobre el funcionamiento, es
y un invariables a lo que puede funcionar como relaciones deci r. ante todo, sobre las condiciones de reproducción de una
de producción, Lo que ha establecido es una distinción de fun­ fOrlll;tción económica y social. Es aquí, al analizar la jerarquía
ciones y una jerarquía en la causalidad de las estructuras socia­ de las causas que determinan la reproducción de una formación
les en lo que concierne al funcionamiento y a la evolución de económica y cuando ese materialismo considera seria­
las sociedades. Por tanto, no hay por qué negarse en nombre mente la hipótesis fundamental de Marx sobre la causalidad de­
de Marx, como hacen algunos marxistas, a reconocer a veces en terminante «cn última instancia», para la reproducción de esta
las relaciones de parentesco relaciones de producción, ni, inver­ formación, de! o de los modos de producción que constituyen
samente, deducir de este hecho una objeción, incluso una rd"u­ su infraestructura material y sociaL Por supuesto, tomar en
tación de Marx, como hacen algunos funcionalistas o estructura­ serio esta hipótesis no significa en modo alguno transformarla
listas. Así pues, hay que dirigirse más allá del análisis morfoló­ en dogma y en receta fácil, a tono con un discurso-sortilegio
de las estructuras sociales para analizar sus funciones y las voluntariamente terrorista que enmascare a duras penas la ig­
transformaciones de esas funciones y de esas estructuras. norancia de sus autores baio la denuncia sin matices de! fraca­
Pero el hecho de que una estructura pueda servir de soporte so de las ciencias "burguesas». Bastaría con inventariar el nú­
a varias funciones no autoriza a confundir los niveles estructu­ mero y la dificultad de los problemas que se plantean a partir
rales ni a subestimar el hecho de la autonomía relativa de las del momento en que se desea comparar las sociedades cuya
estructuras. Esta última no es sino la autonomía de sus pro­
internas. El pensamiento de Marx no consiste en un • Ver a continuación, 2. Nos remitimos a nuestro
lisis dc, la economía v (1<; .sociedad de los caladores
materialismo reduccionista que resuma toda la realidad en la donde hemos intentado de,cuhrir ese sistema ele efectos
economía, o en un funcionalismo simplista que pliegue todas las las constricciones inlcrn;ls dd modo de producción sohre las relaciones
estructuras ele una sociedad sobre aquella que aparezca d': en­ ele parelltesco, las r<'1~lcioncs políticas y sobre SlIS relaciones simhólicas
trada como la predominante, ya se trate del parentesco, de la v rituales con el mundo exterior ~' mismos. en an{llisis mús de­
tallado de la eC01l0ml::t y de la mbuti fígllrarú en la ObLl .4 n-
política o de la religión. Partiendo de esta distinción de fun­ el Ecol1omie que estamos ebhownc!o la co!c-cción SUP
ciones y de la autonomía relativa de las estructuras es como se Pres~cS Unin'rsitaircs, dirigida por Bal~lIldicr.
6 AJaurice GaJelier Pró!cwO 7
h

subsistencia se basa en la caza y en la sólo en un siglo, un nuevo modo de producción y un modo de


los las de los shoshones, las de los aus­ vida nómada se generalizaron en el seno de esas tribus. sin que
tralianos nara demostrar la ac- se produjera verdaderamente la destmcción v la desaparición
titudes radical de las relaciones sociales originarias. sino la transforma­
Un ejemplo particularmente notable de la causalidad deter­ ción de esas relaciones por la suma de nuevas funciones o supre­
minante de los modos de producción sobre la organización y la sión de las antiguas; supresiones y sumas que correspondían
reproducción de sociedades lo constituve la formación de un a las constricciones de las nuevas condiciones de la producción
tipo original de economía y de socÍedad que surgió, a partir del y de la vida social. Aquellos grupos que en su origen eran horti­
siglo XVII, entre los indios de las llanuras de América del Norte. cultores sedentarios organizados en caudillaje se vieron obliga­
Como ha mostrado Symmes C. Oliver, ese tipo de sociedad res­ dos a adquirir una social mucho más fluida e
pondía a las constricciones de una economía de caza basada en igualitaria, que imponía la necesidad de escindirse
la utilización del caballo, y posteriormente del fusil, adaptada a en bandas nómadas en el seno de las cuales la iniciativa perso­
la particular ecología del bisonte que imponía la dispersión y nal desempeñaba un papel importante; por el contrario, los ~ru­
la independencia de las bandas durante el invierno, y su con­ pos que originariamente eran bandas nómadas de cazadores-re­
centración y su dependencia recíprocas durante el verano 6. En colectores pedestres se vieron ohligados a adquirir una
este caso es particularmente notable la convergencia y la unifar­ ción más jerarquizada para imponer la disciplina común necesa­
mación de las formas de organización social que surgieron en ria para el éxito de las grandes cacerías colectÍ\-as del verano.
todas las tribus de las llanuras, como respuesta a esas cons­ Como continuamente repitieron Marx y Engels, no se puede :111a­
tricciones idénticas. Ahora bien, esas tribus diferían profunda­ lizar y comprender las formas y las vías que adopta la transición
mente al comienzo. Las del norte y el oeste -los cree. los assi­ de un modo de producción y de vida social a otro sin tener en
nihoin y los comanche- provenían de grupos que antes cuenta plenamente las «premisas» a partir de las cuales se des­
caban la caza la recolección y vivían en bandas de arrolla esa transición. Lejos de que esas antiguas relaciones de
ción fluida. tribus del este y del sureste eran, y las otras relaciones sociales desaparezcan repen­
mente, poblaciones de agricultores que, sobre todo en el sur, tinamente de la escena de la historia, son ellas las que se trans­
vivían en pohlados sedentarios. bajo la autoridad centralizada forman y a partir de ellas es como se iluminan las formas que
de hereditarios y de sacerdotes 7. Muy rápidamente. tan van a revestir y los donde van a manifestarse, en el
seno de las antiguas estructuras sociales, los efectos de las nue­
, Véanse al respecto las opJnlOnes siempre ac1uales de F. Engcls que vas condiciones de la vida material B.
escribía a Joseph Bloch, el 22 de septiembre de 1890: la concep­ De este modo, en esas continuidades y en esas
ción materialista de la historia, el factor determinante de historia es.
ell última il1Stlwcia, la producción y la reproducción de la vida reaL Ni manifiestan siempre las
M"rx, ni yo, jamás hemos afirmado otra cosa. Si, a continuación, alguien de las estnlCturas sociales y las contradicciones mismas que
retuerce esta proposición diciendo que el f<1ctor económico es el único surgen entre esas estructuras tienen un fundamento en esas pro­
factor dCkrminante, transforma nuestra proposición l'n una frase vacía, piedades, Ahora bien, sobre este aspecto -el del análisis de las
abstr<1ct::l, absUI-da. Desgraciadamente, ocurre con dcrnasiad<1 frecuencia
se cree comprender perfectamente una nueva teoría y poder mane- contradicciones que caracterizan el funcionamiento y la e"olu­
sin dificultad a partir dd momento en que se ¡\,imilan ~us prin­ ción de las relaciones sociales- también Marx nos aporta pre­
cipios esenciales, pero esto no siempre es de! todo exacto, No puedo me· ciosos análisis y. ante todo, la distinción entre contradicciones
nos rl'prochar esto a más de uno de nue<'!ros recientes "marxistas", internas a una estructura, constitutivas de su funcionam ¡cnto
asimismo 1cngo que decÍr que se han hecho cosas sin(!ulares,,, En Sur la
de textos publicados por Editions Soci;lks, París, (como las relaciones capitalistas-obreros o señores-siervos, cons­

C. Olin'r: Eco/t)g\' l1Iul Cultural COllfillllity as CO/l' 'Para precisar este tipo de problemas liemos analizado los ma 1e·
PiLlín.> tJni\,ér· riales de Jolm Murra referentes a la economía y a la sociedad 1I1ca, 1n­
1-5 Y 66-68. 1l'nt{lbamos localizar y explicar los ekmc~nt(), de los antiguos modos de
mul ¡lI e /lonco rm Plaillls. A SII/­ social que é'I nuevo modo ele prodlll'ciúi1.
cllltllral Dn'e!opIIlCIl! (//!I()lIg Non!1 Amt'r;cclII /I/(Iial/s, UnÍ\'elsity transformado para adapl :¡rIos a su pi opio pro­
!\cbraska, !<Jb9, p;i~dnas 23-88, de reproducción, \'t'asc 111ÚS addantc, pi ¡mera partl', l'aDilul" 4,
8 Mallrice Godelier 9

titutivas de las relaciones de producción capitalistas y feudales, Marx en el campo de las matemáticas, de la lingüística, de la
respectiyamente) y contradicciones entre estructuras, contradic­ tt:orí¡¡ de la información, del an{¡\isis estlllctural ele las rela­
ciones intcr-cstnicturalcs. El juego combinado de esos dos tipos cionl'ó' de parentesco \' de los mitos- se presenta. por tanto,
de contradicciones es lo que determina las condiciones especí­ como una red abierta de principios mctoc\oló¡:dcos cuva utiliza­
ficas de reproducción de una formación económica y social de­ CiÓll prúctica por lo demás es muy compleja, Debido a este
terminada 9. carúcter abierto, ese horizonte prohíbe de antemano a todo
teórico realizado en su seno producir síntesis totali­
En definitiva, cualquiera que sea la naturaleza de las causas
y de las circunstancias internas o externas (la introducción del ficticias. Por el contrario, permite seüalar paso él paso
caballo en América del Norte por los europeos) que inducen \'acÍos que agrietan por doquier los campos de la
contradicciones y transformaciones estnlcturales en el seno de teórica en esas ciencias sociales, así como cribar y
un modo de producción y de una sociedad determinados, esas expulsar todos los enunci~lclos que «clausuran" de manera iluso­
contradicciones y esas tr~nsformaciones tienen siempre su fun­ ria e ideológica esos diversos lugares yesos di\'ersos campos.
damento en las propiedades internas, imnancntcs a las estruc­ Para designar semejante práctica teórica, que habría renun­
turas sociales, y traducen necesidades no-intencionales cuyas ciado a toda totalización ilusoria, pero que utilizaría rigurosa­
mente para sus objetivos más modestos una metodología muy
razones y leyes hay que descubrir. En estas propiedades y ne­
compleja, habbr de antropología o de historia sólo sería un
cesidades no-intencionales es donde la intención y la acción hu­
abuso ele lenguaje. Por encima de los compartimientos fetiches
manas hunden sus raíces y alcanzan la plenitud de sus efectos
y de las divisiones arbitrarias ele las ciencias humanas, se trata
sociales. Si existen leyes de esas transformaciones estnlctura­
ele W/a cicneia del hombre que se dedique verdaderamente a
les, no se trata de leyes «históricas». En sí mismas, esas leyes no
cambian, carecen de historia, puesto que son leyes de transfor­ explicar la historia, es decir, a reconstruirla de nucyo, a poner
mación que remiten a constantes porque remiten a las propie­ el pasado en fut uro, es decir, a si tuar de nuenl la historia en lo
dades estructurales de las relaciones sociales. posible. «Lo posible -decía Kierkegaarcl­ es la más dura de
las categorías}) 10, y sabemos muy bien que la tarea más difícil
La historia, por tanto, no es una categoría que explica, sino
de la razón teórica, así como de la acción prúctica, es realizar el
que hay que explicar. La hipótesis general de Marx sobre la
inventario y el análisis de los posibles que coexisten en cada
existencia de una relación de orden entre infraestructura y su­
instante.
perestructura, que determina en última instancia el funciona­
Mientras no sepamos reconstnlir mecliante el
miento y la evolución de las sociedades, no puede permitir de­
científico el número limitado de transformaciones
terminar por adelantado las leyes específicas de funcionamiento
re~tl izar tal estructura determinada o tal
y evolución de las diversas formaciones económicas y sociales
dcterminada de estructuras, la historia, tanto la de a\lT como
aparecidas o por aparecer en la historia. Esto último porque,
la de maíiana, se er'igirá ante nosotros como una innle1158 masa
por una parte, no existe historia general y porque, por otra par­
de hechos que gravitan con todo el peso de sus enigmas y de
te, jamás se sabe por adelantado qué éstructuras funcionan
sus con5ccuencias. Un ejemplo de esos enigmas: determinadas
como infraestructura y qué estructuras funcion::m como su­
bandas mbuti cazan con red por gnlpos compuesto'i de siete
perestructuras en el seno de esas diversas formaciones eco­
a dil'z caladores, otras cazan con arco pOI' grupos compuestos
nómicas y sociales. El horizonte epistemológico que acaba­
de dos o tres c¿lzadores y desprecian la utilización ele la
mos de esbozar partiendo de la obra de Marx -no hay por qué
que. sin cmbargo. conocen a la perfeccíón, otras, en cambio,
esconder que no ha podido ser explicitado en parte sino a la
cazar con jabalina. En el ni\'el lk las técnicas ele pro­
luz de los resultados teóricos alcanzados mucho después de
ducción l'XistCll alterna[ i\'as y c!ecciol1c's. Se plJ!'de actuar de
otru modu, aunque dentro de ciertus lil1\itl'~, Sm el las
Esta di,tinción nosotros funclamcntal­ entre dos tipos de
contradicción, intra e , la hemos expuesto en el a¡'tículo
rclaciol1l's suciales \' la ideologÍa son la,.; rni~I11as en tO(!¡¡s Lts
"S:;,tl'!11C, structure et contradiction dans Le Cap/lal de l\1an»,
do en ,~I número especiat ele J.es ""fodemcs dc 1966, dcdic; 1" S';)'c'l1 hit'! kt:gaanl: lA' (,o/h','PI de' l'a!i!'oi, \<'. (;;¡Jlifl1;\nl, r"ri,. Pl3~,
«Pl'obkmcs du structuralismc» y en castellano con el título P;'I)';I1[\ 22'+. I Exi'!.1; traducción cl,,¡dlana: r1 CO})Ct'P/u de la dl1gusila,
Pruhh·.'lIús dd eSI n¡c!llralismo, por Siglo XXI, l\1éxico, 1968. \1.,,¡,.;d. 1969 1

....

10 lvlal/rice Godelier Prólogo 11

bandas mbuti. Por tanto, habría que llevar el análisis hasta po­ Ahora entre esas ideas vivas, transcritas rápidamente en
der explicar esas posibilidades de actuar de un modo distinto, un borrador, hay una que tiene un alcance inmenso en relación
y su incidencia o ausencia de incidencia sobre otros aspectos con nuestro proyecto y cuyas consecuencias teóricas apenas co­
de la vida social. Por nuestra parte, no hemos podido mienzan a deducirse. Es la idea de que, en las sociedades anti­
pero al menos hemos reconocido la existencia del guas, caracterizadas por el modo de producción asiático y por
la explotación de comunidades aldeanas y tribales locales do­
Para concluir, desearíamos volver sobre una de esas fisuras, minadas por un Estado personificado por un «déspota», «final­
mente, esta comunidad existe y aparece corno una per­
de esos vaCÍos que continúan en estado de no pensado
dentro del pensamiento marxista y de las ciencias humanas. scma ... , el trabajo excedente adopta la forma tanto de tributo
Nos referimos al problema del carácter fantasmagórico de las como de trabajos colectivos para exaltar la gloria de la Unidad
encarnada en la persona de un déspota real o en el Ser tribal
relaciones sociales, al problema de la
imaginario que es su Dios» 14. Lo esencial de lo que Marx nos
al de la práctica simbólica y de la ideología en Este
señala es el hecho de que todo sucede «como si" las condiciones
problema es fundamental porque de nuestros progresos en re­
de reproducción del modo de producción y de la sociedad -que
solverlo depende la posibilidad de que comprendamos Ins di­ aseguran la ul1idad y la supervivencia de toda la comunidad y
versas formas que revisten las relaciones de dominio y de explo­ de cada uno de sus miembros o grupos- dependieran realmen­
tación del hombre por el hombre, la posibilidad pues, te de la existencia y de la acción de un Ser tribal imaginario,
te, de reconstituir los diversos procesos de aparición de las de un Dios o de la persona de un déspota supremo que se en­
sociedades de categorías y de las sociedades de castas y de cla­ cuentnl de este modo situado por encima de lo común, sacra­
ses que han sustituido paulatinamente a las antiguas sociedades lizado. Existe, pues, en este caso una relación a la vez real y
primitivas. fantasmagórica de los hombres con sus condiciones naturales y
Para abordar ese problema, hemos vuelto en un primer mo­ sociales de existencia. Ahora bien, lo que Marx afirma además
mento a un texto de Marx, inédito durante mucho tiempo, que es que hasta entonces han permanecido impensados los meca­
lleva por título «Formas que preceden a la producción nismos mediante los cuales "las condiciones rcales de la vida
la» y que pertenece a los Gnmdrisse de 1857 11 • Sobre este texto, revisten poco a poco una forma etérea».
hemos realizado un trabajo crítico para separar las ideas vivas De ahí la importancia excepcional del texto que Marx,
de las partes muertas 12. Por trabajo crítico entendemos el tra­ nos años después en El Capital, dedicó a explicar el contenido
de escuchar un texto en el encadenamiento de sus contex­ y el del carácter fantasmagórico de las representaciones
tos, contemporáneos a la vez de él y de nosotros mismos espontáneas que los individuos se hacen de la esencia de la mer­
la moneda, el capital, el salario, etc. 15. En esas repre­
sentaciones todo está presentado al revés, las relacicHll's entre
I! Se ha publicado una traducción completa en las Editions Ant]¡ropos
personas aparecen como relaciones entre cosas y recíprocamen­
en 1967 y 1968, con el título de Fondemcnls de la critique dc l'EcOl1omie
frw. (Existe una versión cas\('lIana traducida directamente del ori­ te, y lo que es causa aparece como efecto.
alemán, publicada por Siglo XXI en Buenos Aires en 1971 y reedi­ Lo que sorprende inmediatamente es la analogía que existe
tada en Madrid en 1972.)
" Véase a este respecto la introducción a la compilación de textos de
dc la obra de Engels, 1:"1 origcll dc la familia, de la flJ(Jl'icdwl privada y
Mal'x titulacla SlIr Socir'tJs I'r¡'CapÍla!íl!es, editada Edi­
lid ['"todo. Por el contrario, lo que sorpITmk de la actitud ek Mal x \. de
tions París, 1970, páginas 12-42. (Existe una \'lTsiún re,
En~l'ls sobre este tema es 'u pcrnl~lllcllte Glpaciclad de' acoge'r con
ducida cid kX10 anterior. pcro qUl' n:prodllce los 1L'xtos dc
y meditar cuantas ide:!, lluc"as aparecen contcllídaó, e'n las obras '\1au­
M. Godclier, puhlicada por Editorial Estela cn de Bobillo;"
Barcelona, 1971.) n:r. hO\alc"ski. Maitllé,
"Marx en Sur prccapitalislCS, Editions Sociales, París,
Rdomamos por nucstra propia ClIenta la bella fórmula de: Jcan T.
1970. p. 66,
Des~lI11i cn su artículo ,Sur la
;< V('ase a continuación, segunda parte. capítulo 7, el texto que nos
que,>" el] la rCYÍsla Les Fludcs
páginas ·ri),497, Por supuesto, pidio J. U. Pontalis para el número especial de La NO/lvcllc RCI'lIe de
las idl";)s de Marx sobre las 1970, dedicado a los "Objc1s du f,'tichisme»

.....
12 A1allricc Godclier
1."\
entre ese mecanismo de personificación de las cosas, de in"er­
sión de la causa y el efecto que constitw,en el carácter fantas­ la buena salud, la caza abundante, la armonía social,
magólico de las relaciones mercantiles y las formas de fetichi­ la epidemia, el la discordia, la muerte.
zación de bs relaciones sociales que hacen aparecer un ser por consiguiente, está ante tocio clit'igida
ima!!inario, un dios, como la unidad viYÍente de una comunidad, por completo hacia las condiciones de reproducción del modo
la fZ¡ente y la condición de su Reproducción y de su Bienestar. de producción y del modo de vida de los mbuti, v
Pero, ptlesto que en esas sociedades primitivas no existen re­ un verdadero trabajo simbólico, una acción imaginaria sobre
laciones mercant iles desarrolladas y aún menos relaciones ca­ esas condiciones.
pitalistas, ,:cuál podía ser el mecanismo mediante el cual las La religión de los mbuti es, por consiguiente, el lugar donde
condiciunl's objetivas de la vida social adoptaban un carácter se presenta de forma imaginaria la juntura invisible que ci­
mítico, fantasmagórico? En esta perspectiva hemos interrogado, mienta en un todo capaz de reproducirse, en una sociedad que
por una parte, f,o Pensée Sauvage y Les ,Hythologiques, de Clau­ vive en un medio determinado, sus diversas relaciones sociales.
de Lt'vi-Strauss, y, por otra parte, allalizado detenidamente el Lo que se presenta y se disimula al mismo tiempo en ese modo
contenielo y la forma ele la religión de los mbuti 16, de presencia, ele representación, lo que se ofrece a su acción
Ahora bien, rápidamente hemos advertido que la pr{¡ctíca re­ e ilusoria a la vez no es sino la articulación, la su­
ligiosa ele los mbutí poseía una base material, puesto que el tura invisible de sus relaciones sociales, su fondo y su forma
culto consiste primero en un gran ciclo de cacerías más inten­ los rasgos y los atributos ele un Sujeto omnipre­
sas que de costumbre. Por medio de una caza más intensa y sente, omnipotente v benefactor, la Selva. Podemos ver cuán
una mayor cantidad de piezas cobradas para distribuir, se pe! resulta concebir una relación simple y directa de refle­
intensifican y exaltan la cooperación y la reciprocidad entre los jo ,-reflectante a realidad- reflejada para analizar el contenido
miembros de la banda, sea cual fuere su sexo v ¡!rupo, dismi­ y la función de la religión entre los pigmeos mbuti. El carácter
nuyen las tensiones y se atenúan y extenúan provisionalmente, fantasmagórico de sus relaciones sociales no nace ciertamente
sin que por supuesto desaparezcan, las contradicciones en el del hecho de que ellos se rcpresenten al revés su práctica y las
interior del grupo. La práctica religiosa constituye, pues, real­
condiciones dc reproducción de su modo de vida, puesto que,
mente, ulla forma de una práctica política sobre las
ell decto, todo transcurre como si no fueran los cazadores
condiciones sociales específicas que engendran de forma con­
ncs atraparan la caza mediante sus conocimientos y sus técni­
tinuada su modo de producción y de existencia social. constan­
cas, sino como si ello fuera el elon de una Persona omnipresente
temente amenazado de escisión y disgregación de las bandas.
y benefactora. Pero el propio fantasma es parte del conle/1ido de
Pero esta material, política, simbólica y estUica al
mismo tiempo (por las danzas y los cantos que la csas rclaciones sociales y no solamente el rcflejo aberrante y
necesariamente) está dirigida hacia un Sl'r real e imaginario, la ridículo de una realidad que existiría fuera de él.
Selva, para invocar y celebrar su presencia vigilante que lleva Este breve resumen bastará para mostrar cómo, a partir de
tllles análisis y de sus primeros resul tados, se podría abordar
"Hemos elegido el eiemplo de los pigmeos mbllti por dos motivos: el problema de las diversas formas que han revestido las rela­
por una parte, porque su economía --ba~ada en actividades de caza v de ciones de dominación y de explotación del hombre por el hom­
recolección en un ecosistcLna gencra!i:radu¡ la Sl'h'~l pdruaria l"ollgolco.l­ bn~ en el transcurso de los diversos procesos de formación de
es rclalivamente simple, y, por otra parte v sohre todo, purquc a dife­
rencia de numerosos trabajos clnogrúficos que 'llmini';( I an vagas in[or­ las sociedades de categorías y luego de castas o de clases. Por­
maciones sobre la economía de las sociedades s!'hrc las que H'rsan, Jos que hay que subrayar que los mbuti, cuya sociedad es fuerte­
estudios de Tumbllll son de una calic!ad y dl' un;l riqueza c",cc:pcionaks mente igualitaria, se consideran tocIos igualmente dependientes
que completan felizl1lente' los notahks descublllrd"ll'()S rcaliz,Hlos por
Richard Lec, Lorna Marshall. Julian Stc\\'anl en otn." plH:blo~ l'Clzm.lOlTs­
de la inten-cncÍón continua v benefactora ele la Seh'a (lo que, en
rnoicclores, los bosquimanos. los shoshouc·s. cte. Por lo demás, expre­ el plano objetivo, es puesto que, al no transformar la natu­
samos l1111'stro reconocimiento dl'sck c;;(;¡S p;:iginas a Colin Turnbull, que raleza, dependen totalmente de ella para reproducirse). En el
ha aceptado con la mayor scnciikz y cordialidad responder a JHUT\crosas caso de los mbnti cada uno es fiel v v ni siquiera
cuestiones qw' le hemos planteado. así cUino CrilicClr las intcrprctal'iones
que iutentábamos sobre sus materiales y Sil trabajo.
existe entre ellos la figura del eham·án. Dedican a celebrar la
Scha un trabaio suplementario, puesto quc intensifican sus

Prólogo 15
14 Mal/rice Godelier
elemcntos de un mismo contenido que existe simultáneamente
cacerías v consumen los productos en ellas obtenidos en festines
en diversos niveles. Sin embaq:w, no es indiferente, para el des­
que exaltan el carácter excepcional ele la vida ritual.
arrollo de las relaciones de casta y I o de clase, que sea el ele­
Por consiguiente, podemos imaginar que cuando las condi­
mento religioso el que domine a la política o a la inversa. Tra­
ciones han permitido a ciertos hombres, a determinados grupos,
en esta dirección es como el marxismo producirá las
personificar en ellos mismos el bien común o tener acceso ex­
clusivo a las potencias sobrenaturales qu<" se¡2:ún ellos, tenían explicaciones que respondan a las objeciones que oponen a la
el control de las condiciones de reproducción del universo y de hipótesis de la causalidad determinante en última instancia del
modo de producción especialistas como Louis Dumont, quien,
la sociedad, esos hombres yesos grupos han parecido elevarse
que en la India, por ejemplo, es la religión
por encima de los hombres corrientes, aproximándose a los dio­
hace milenios la organización social.
ses, avanzando mucho más que cualqUier otro hombre en el
que separa, desde el origen de los tiempos, a los hom­ Henos aquí al término de esta introducción que permanece
bres de los dioses. En esta perspectiva se aclara el hecho de pendiente de análisis inacabados, dirigida hacia zonas de som­
que en numerosas sociedades en las que existen jefes heredita­ bra, lugares vacíos o iluminaciones engañosas. Esperamos que
rios que no disponen de ningún medio de ejercer violencia física el lector encontrará en adelante menos insólitos e irritantes
sobre sus súbditos, como por ejemplo la sociedad de las islas csos recorridos teóricos que van sin cesar de la antropología a
Trobriand, estudiada por Malinowski, la forma que reviste el po­ la historia, de Lévi-Strauss o de Firth a Marx, o inversamente,
der de esos jefes y la justificación ideológica de esos poderes no ciando jamás por cierto nada que no haya sido previamente
provienen de que ellos, en primer lugar, controlan los puesto en cuestión y requerido para que exhiba sus pruebas.
rituales de fertilidad de la Tierra y del Mar, apareciendo como Al lector le parecerá evidente que todos esos rodeos y re­
los intermediarios obligados entre los danes, sus antepasados corridos teóricos continúan respondiendo cada vez más de cerca
y sus dioses. Alejarse de los hombres y dominarlos, aproximarse al lejano planteamiento del problema de la racionalidad eco­
a los dioses y hacerse obedecer por ellos son probablemente nómica. Por otra parte, se añaden a otra forma de cuestionar
dos aspectos simultáneos de un mismo proceso, aquél mediante que por dos veces aparecerá en este libro, en los textos dedica­
el cual comienza el camino que conduce a las sociedades de cla­ dos a los baruya. una sociedad del interior de Nueva Guinea,
ses y al Estado. Sobre esta vía se erigen las figuras formidables en cuyo seno realizamos nuestro aprendizaje de la práctica de
de Assur, dios-rey de su ciudad, o del inca Shinti, el hijc del campo, entre 1967 y 1969. Durante más de dos años vivimos y
Sol, que reinaba sobre el Tawantinsuyu, "el imperio de los cua­ trabajamos en el seno de esa sociedad, que había visto por
tro distritos» 17. mera vez a un blanco en 1951, y que no estuvo sometida al con­
Pero esta vez, lo que había comenzado por una dominación trol de la Administración australiana hasta 1960. En 1967, cuan­
sin violencia se ha convertido en opresión ideológica y explota­ do llegamos, una rclación colonial, se podría decir que en estado
ción económica, sostenida y prolongada mediante la violencia acababa de abolir la distancia que había separado en
armada. Por consiguiente, no hay quizás por qué blIscar si es la y el espacio dos formas extremas del desarrollo protei­
política la que adopta una forma religiosa o inversamente, cuan­ forme de la historia. Una sociedad sin clases que apenas acaba­
do se trata, en este caso, de dos formas del mismo proceso, dos ba de eerrar tras sí la puerta del neolítico al procurarse median­
te el cambio los utensilios de acero que provenían de tribus
Sería interesante enumerar en el libro,
11 anticuado en contacto con los blancos, se encontraba frente a unos
importante, de H. Frankfort y de Th. Before
Books, 1949), la lista de las diversas funciones imaginarlas o n:a­
que afirmaban e imponían su "derecho», en nom­
que asumían el Estado su representante viviente en el Egipto y en bre de la «superioridacJ" de su propio sistema económico v so­
In Ml~sopotamia antiguos. los mitos resumidos por los autorl"i cita· militarlncnte, a "cÍ\ilízarIa" y a dejarla se­
dos es notable descubrir que el mismo CaSInOS está n'presentado ellos
en manos de antropólogos o de otrus «hombres de
a la manera de un Estado. y las formas dc:l Estado constilln;ell el
esquema sociológico la n~prl'scn(a('ión del unincrso, POl' el ('[1 resumen, el (!enccllo a someterla al on!cll \' ello en
contrario, en el Sl'no de los indios de ArntTica, pertenecientes herwficio de una sociedad de clases que ya no era la de Hero­
a sociedades que carecen Estado. son las ¡'elaciones de parenlesco LIs
que dl~scmpeñall el pa¡w! de esquema sociológico.
d'Jto frente a los escitas o b de Cortés frente a Mocteztll1la, sino

.......

16 \1allricc Godé'licr PRIMERA PARTE

la del y la «paz» que éste a lus


colonizados.
ANTROPOLOGIA y ECONOMIA
Esto equi\';:día a plantear de nuevo y por completo sobr-: el
terreno, en b juntura vi\'a y dolorosa de dos modos de pro­
ducción y de dos sistemas sociales distintos y opuestos, la cues­
tión de las razones de que sean lo que son \' de que hagan lo
que haccn las sociedades y su historia.
tcada de dicha forma, no sólo c\ i¡.:c. como se
llevar mús lejos el anülisis cíen tífico de esas razon:,s
y de esas contradicciones. Siempre hay que añadir a ello la ac­
ción, la actividad de la razón práctica que lucha contra la his­
toría, por la historia, y que se niega a dejarla que se convierta
en Destino.

¡ r
';~'/rjUvrA
·.Y H' ","
',Ii' ,

f'.:1 •
{ . ,,', /'

.....

1. EL PENSAMIENTO DE MARX Y ENGELS


SOBRE LAS SOCIEDADES PREvHTIVAS:
L\iTENTO DE BALANCE CRITICO

",1 Cf ~ vClIIICENfA';;VI'/
"Lrht\,,'~ HfJ~~L:,
_ f::',A, ,
"'" e [';
~'

La evolución del pensamiento de Marx y Engels sobre las su­


ciedades sin clases y sobre las formas ele aparición del Estado y
de las relaciones de clase pucde resumirse a grandes rasgos.
Dl'sde l.a alemana hasta los años 1853, Marx y En-
elaboraron un esquema muy sobre la evolución
de las sociedades ilustrar su descubrimiento
a saber, que la social tiene su fundmnento último
formas y estructuras de los diversos modos de
bozan cuatro etapas: la comunidad tribal, que corresponcle a
las formas primitivas de economía pesca, ganadería,
meras formas de agricultura), la comunidad greco-latina, que tie­
ne la forma de un Estado; la sociedad fcudal y la sociedad bur­
guesa. Las razones que explican el paso de la comunidad tribal
al Estado-ciudad antiguo apenas se insinúan. La transición de
la antigüedad a la sociedad feudal la dibujan a grandes trazos,
el papel de las invasiones germánicas se menciona de y
sin que reciba un desarrollo
En 1853 la India hace su irrupción en el citado esquema, y,
con ella, el Oriente, cuyos rasgos más característicos resume la
India en su historia. El análisis del estado tribal, palriarcal, ape­
I1:lS esbozado en 1845, queda considerablemente enriquecido. El
del nacimiento del Estado y de sus formas primitivas
se plantea con nitidez y recibe una solución
na\. La existencia de múltiples comunidades agrícolas aisladas
quc necesi tan una amplia cooperación en los trabajos de interés
colccti\'o constituye la base sobre la que se erige una forma
despótica de Estado. Esta estructura que combina unas comu­
nidades rurales con un Estado central despótico con::,tituyc una
F,!c' texto es un extracto del extenso prólogo (pp. 14 ;¡ 142) que he
1(,cumo introducción y comentario ;:¡ lo, textos escogidos de :\1an:
bajo el titulo SlIr /es suciétés pré,'apitaíiSIi:s '':11
P;:¡rí;;, 1970. (Hay traducción ca~tdlana en EuJccor, El
a,itifico, BUCllOS Aires. 1966. Incluye asimismo d
('ompleto de las Formaciorles
,lIIuicl1/u lit: ,\1(l/,x \' L!1i.',ds 21
20 ,Hall rice Godclier
de posesión cOr11un:d (k las tierras tiL'l Eslado, La
forma de tn.1l1SIClCH1 de la sociedad bárbara prillliti\'a a la Cl\"!­ consislc en una ;lso,'iaciún de ,
lización, Pero en la medida ell que el aislamiento de las comu­ ! ¡,) ... prl\'L\([OS que utilizan COllluIlitariame'nte tiLTL1S no arables.
nidades v su es! mc! ura arcaica impiden cualquier clase de ,t ... dos formas, donde la propivdad pri\éleb ha adquirido P;¡U­
prop'csodecisiYo de las fuerzas producti\'as, esta transición per­ 1:11 i!I,lllll'lIk Ulla n¡ayor importancia y donde L'l illdi\'iduo ha
manece inacabada, y Asia se estanca L'll una miseri<1 milenarIa (lllllllistado lIna cn.:cicnk autonOInía, cOllstitu"en l'l punto de
junto a la ~ran corriente que conduce al capitalismo, No obs­ ;l.l ¡lb de formns de explotación del llOrnhrL: por el J10111hrc
tante, la e,'olución occidental no puede reconstituirse y com­ , 11,', :d desarrollm'se, destruyen las antiguas relaciones C0Jl1l111 i­
prenderse sino a partir de las formas asiáticas, consideradas ¡llli;t'> \' configurall el ori~e\l de un nuc\o desarrollo (il' forma­
como supervivencias de lo que constituyó su punto de partida. Illl'S "secundarias» caracterizadas por la existencia (k cl,lses
En 1858, Marx descubre el secreto de la plusvalía y de la :l!1Lll.'Onicas v del Estado.
formación del beneficio, Con ello la crítica de la economía po­ Dos procesos tic génesis cid Estado v de una clase dominan­
lít ka encuentra su fundamento definitivo. El problema de las 1<: quedan sugeridos, uno interno a las COll1unidades. el otro
condiciones históricas de la aparición del capitalismo puede ya l'X(c' rIlO, pero tamhién amhos pueden combinarse, La unidad de
plantearse científicamente, La singularidad de las relaciones de !:l ,'oll1ullidad puede encarnarse en la persona re"l de cktermi­
producción capitalistas, que oponen y combinan a los propieta­ )siefe" ck familia o en personajes sobrl'natllrak~
rios de los medios de producción y del dinero y a los asalaria­ rí()s que tienen a su servicio personas reales. De este modu se
dos, propietarios únicamente de su fuerza de trabajo, se con­ l'<JIlstittlve una jerarquía en el interior de las (,oIllt11lidadL's, que
trasta con algunas formas precapitalistas de producción. Queda l'1! dL'lL'nnillados casos pueden dar orif'cll a una comunidad su-
construido un nuevo esquema de evolución histórica, esquema que las domina, el Estado, personificado por un
en el que se in tegran los análisis de 1853 sobre las formas asiá­ L:t !'U,'ITa \' las conquistas c1c\an igualmente él COl11l1nl­
ticas de propiedad de la tierra, de organización del trabajo y liddc's \ íctoriosas sobre las otras v su dominación es-
de explotación por un poder InlCluras políticas :v económicas lluevas, estat~lIes.
A partir de entonces, la propiedad común de la tierra y el fh'Slk 18:;8 él 1877, El Capilul \' vi AlltiDi;/¡rill.é: l'n
trabajo en común se plantean explícitamente C01110 el punto l'SI()s temas: El Capilal, analizando la rent;t-illlPUL'sto, f()rlll~t de
de partida de la evolución de la formación económica de la so­ l':,>;pl()tación propia de las sociedades en la~ que el Estado es
ciedad.. En su origen, la sociedad tiene la forma de una comuni­ plopil'téuio el! última instancia ck la tierra; el
dad natural basada en el parentesco de sus miembros; a esta l'l'Ill'I'alízLlndo la idea de la transforllíación de
comunidad Marx la denomina horda o tribu, Asia es concebida ion ,'n poderes de opr~'sión \' l'SbOlando dos ,'ías de transiCIón
como la cuna y el musco de las formas primi t¡vas de propiedad lld,id el Estado, una qUl: conducc a las formas ck'spótÍl'as c!L: Es­
de la tierra entre ganaderos y agricultores. A partir de estas LldlJ; la otra, a las formas occidenl<lks ck sociedacks de cb"es
formas originales, en las que la comunidad es propietaria y el h¡¡~;ld;l~ l'n di\'~'rsas formas de propiedad pri\'ada, anti~lla \' fell­
individuo solamente posesor, se dibujan \'arias evoluciones. d:tI \' Sohrl' la l'sclmitud () la sen'ídulTlbl'l',
Una de ellas, que no cambia la {orll/a de las relm:iones so­ Fn 1SSO, los amíli~is de la Comuna rusa que "e Inllltiplic,lI1
ciales, pero modifica parcialmente su cOlltenido, consiste en el 1~7n, los de la éllltilllla C()!llUI1Ílbd !.'l'nll:ínicn. rL'col1sli­
dt:sarrollo general del despot iSl110 oriental, forma de Estado que '''id:\ por \1:llll'l']' \' rl'\'cla¡los :\ \1arx ('11 18liS, así como el co­
hemos podido distinguir en el Perú, en México, en Rusia y, por f,illli,'lllo dL' los lLlbajos de Ko\aln'é<ki. IItT,\ll él \Lu", a la
también en Asia, y que desarrolla la explotación del iO!1 de un 11tli..'\O l'onCe'pto, L'I de' «()Jllll1l11 1'11101. \' :t
el homhre sin rOl1lper la l'sl ructllra de las antiguas 1,
", ,'1 s('n() (le' un "'-''111,'111,: 11!lll'110 1l1:\' cumple'jo, l'l
y sin transformar la antigua relación del indivi­ ",'¡¡Iido dl' ];h COll111llid,ldl'" llillllUe", rllS,I~, ~l,],IlI:llli-
duo con su comunidad lk origell, Otra e\'olucion, mús dímímica, \.")

haCt~ surgir formas de propiedad que cGntl'adicen las formas lit dio Il:jU\l'lle"'C" Asia \' las COlltllflid:ld,'s

mós primit pero qlll: se desarrollall sobrL' la misma base, es lll'l]() lIl;í, dln,¡lilil'(l, L~I e'(

decir, sobre la organización tribal. La cOll1l!niébd pl'i\;lt!;] ]¡.tbl:l h"l'ho ~u

noce a sus miembros el derecho de nnmiedad privada

~
22 Maw-ice GodeliCl' Fí de ,\Jan: l' 23

la asociación de marca, descrita con anterioridad como la co­ de la desigualdad en el seno de las
munidad gcrmánicZ!, dejan de pcrtl'nl'cer a la fomwción planteados a partir de 1845 ,v se
maria, tdba!' Otra comunidad reconstituida por Mau­ cesar hasta 1884. Al rdlcxionar sobre la India
rer a partir de la asociación ele marGl, dene a ocupar el lugar \' Oli,'l1te, son tales qUe Marx continúa siendo
de esta última en el seno de la formación la élctualidad, junto con Maine, el pionero en haber colocado
En 1883-1884, el descubrimiento de la obra (k Morgan trans­ ~I Asia en el plano de la reflexÍón histórica. Y Marx lo
forma de nuevo el esquema de la historia primitiva. La impor­ hizo con tal teórica que no solamente se coloca en el
t::ll1eia del parentesco en las sociedades primiti\'as se afirma de de la gran corriente ele historia compacada del
un modo ddiniti\-o, así como se distinguen difercntes formas del :\IX, sino que la domina por la amplitud de sus miras y
mismo. La organización tipo clan aparece como la clan' de la los dl'sa rnlllos teóricos de és las.
historia primitiva de los pueblos civilizados, y la organización Precisamente esta riqueza teórica explica que Marx v Ellgcls

tribal sólo se considera ya como un desarrollo tardío. Con el henan tenielo la capacidad de acoger los dcscubrimientos reali­

descuhrirniento del papel histórico de la organización por clanes, za~los al margen de ellos por especialist¿ls tales como Maurer y

Amél-ica y las sociedades de cazadores, que con anterioridad , fundadores de nuevas disciplinas científicas. Hemos re­

apenas si se considerahan en el movimiento de la evolución, vie­ c()nslÍtllid~) en sus aspectos principales la configuración del cam­

nen él ocupar el lugar que antes detentaba Asia para la recons­ po teórico en cuyo seno reflexionaban Ma¡-x y Engcls, campo

trucción de las fases de la historia antigua. Del modelo hindú a lo largo de descubrimientos y problemas de

se pasa al modelo indio. La génesis del Estado en los economía política, historia comparada, etnología, ar­

los germanos, adquiere una originalidad nueva porque par__' ee práctica colonial, biología y que más allá
que hace emerger directamente al Estado de la antigua sociedad con los conceptos heredados del siglo XVlll. Su reflexión podía
gen ti licia. Los análisis antiguos del modo de pnx!ucción asiático recoger aquellos elementos enriqueciéndolos, porque los anali­
en modo alguno son repudiados, sino que hacen referencia más zaba a la luz de los principios de una teoría revolucionaria, el
que antes a una \'Ía de e\olución distinta de la de Occidente, a materialismo histórico, y de una revolución teórica en el campo
una transición más lenta hacia la civilización y que no conduce de la cconomÍa política.
a la forma más dinámica de esta última, la sociedad hurguesa. y caduco de sus conclusiones tan sólo
El análisis de las formas primitivas de sociedad continúa inaca­ se ,Icbe al nromo progreso de las ciencias fundadas en el si­
bado, en esbozo, y ya en 1884, pese a su admiraci(lI1 por Morgan, in\'entariar esas partes caducas, tenemos que
escrihe: que el gran avance de Sil reflexión sohre la historia
"No tendría sentido, si quisiera simplemente h~1Ccr un in­ lo que la domina, es precisamellte el análisis de las
forme objetivo, no criticar a Morgan, no utilizar los resultados l'Ollllll1i,bdes agrícolas primitivas, del modo de producción asiá­
recientemente adquiridos, no ponerlos en relaciólI con nuestras I ¡el) \' de la existencia de \'ill'ias vías de eUJlución a partir del
y con los datos ya obtL'nidos. No sería de pro\'e­ C()llIllnislllo primití\o hacia las sociedades de clase v el Eslado.
para nuestros obn:ros» l. Más adL'lanle \'ercmos que, precisamellte por lo mi;mo, su pen-
s~llllil'l1l(J desborda su y se inserta, tras tantos aüos de
Y, en 1891, modificó ya algunas parles de su libro. La lec­ 1l\:1I iSIl1!l l'1l el mo\'ill1il'nto dd conocinlÍcllto actual. Y este
ción es evidente. Tomar en serio la obra de Marx y de l'\iclcntemclllc no nació de qUe, por
de Lenin, no consiste ell «creerles» fue por lo q tiC El de la
mar sus en dogmas etLlllo". Y dd Estwlo se comir¡ió
Lo que en esta cvolución ante todo es su contll1ui­
dad, su arwrtura permanentes a inJormacionc's y
nue\os_ C01l tinllidad la hC!I1os de1l1ostrado su! i­
"
cientemcnte. Los temas de la l1n)j)iedad tribal, de la l'l1 el XL\ \'

I Cartas a K:lll!,KV. tI,,1 26 ,k ahril de 1~8,L \'(-as" ("ana, subre El Ca­ l'~¡dUl'aS actll~llllll'lItl',
Cilc!11oS
pilal, Ediciones de Makrialc", Barcelona, 19N), pjgína 253 . lilas illlportantes. La teoría sq;ún la cual la CCUIlOlma pa,,­

......
..
24 ,Hollr/ce (;()dclícr ."C 1l.\11II1 í élll O \1a/x 2.1
toral n(1l11,le!a l1l'l'cc'dió IlI'Cl',,;¡rianll'l1tc a b ltura J¡,¡ "ido I \' la" , ciudacks-l.'stado SllllllTias C0l11íc:1l7dn a
rdulad~l pUl' la ~lrqlll'(jl()i-!ía \ por el <1njíi..,i" l'c()I0i!iL() \ ¡,cll,;¡ico CL'c']' h~kia 3500 ¡¡, ele le.
[\,l1
de la, difl'r,'IIks especies dOl11l'.st ¡celdas. A P;1r¡ ir lk l'Jlt()l'l'l'S Utru rrobkma qUc'do csboziHlo en el »i¡rlo XIX: el de' las
se dístim'.lk'n trl'S l't,lpas! l'l1 b domeslicación ck' los ~11lí11l;tks, ", Il'l];¡(ks ek GI..,tas, Se propusÍlTon \ari,l" L"\plicé¡ciollLS: hie'n
en la ql1é' Sc' 1I"\'<I a cabu la dOll1,'stiL':lci('m ,¡:le' la C,lSt;¡ habí;¡ nacido de la (]orninacilll1 de poblaciones au­
del n'no, de' b cahLI \ de L1 (J\l'j;! I qlle 1\1, tuna'i por Ílwa'ion.'s extranjeros, bien se presentaba corno Ull
le en los plil1Wl0'-, ,'qabkcimic'll­ l,i~U lílllite de la cli\ i'iión del lrahnjo cOlllbinélda con una forl11<1
natu 9,000 a, de .rc,,. Una Illllite de las n.'laciones ele parentesco, la endogamia, Habrú que
6,000 \' 4000 a, de' J e 'I'e'lar al comÍl'nzo del xx y los e:',tmlios de V
iedll lus ';];lllrones tk c()sl'ellas», la \¡¡ca, !OL'cart para que progrese la (!t'scrípcióll del funcionamiento (h'
cerdo " Finalml'nk se domestican ell ulla ¡as Glstas \í para que se tOlllell en serio 10:-' aspccto~ ¡eos
animales de transporte \' de trabajo, tales cumo el \ Il'ligio"o'i de su funcionamiento ", La explicación del fcnómcno
la zona tropical forestal, L'l caballo, d camello, el aSilo \' el Ol1a­ lk las castas reyi"tc una importancia particular, por una parte
?ro, Con la dorTlcsticación del caballo v del Gllllcllo comienzan pUl su alcance mundial en la historia de aver y de ele
a ser po,>i bIes econol1l bs pas tora les pu ra II ,en ll' n(JIll,lllas 1, 'l'''' lomo la fndia, v, por otra parte, porque la exi"tcncia 1.'0]]]­
Ya helllO'i scííalado que la arqllL'oio!.>Í'l de la Gre'('ia \' ck' la iJi:lllda (k castas y de un poder ele Estado UIlLt forma
Roma arcaicas no l'xislÍa en la en la que Marx v En¡,rels <llwinal de élparición del Estado v exIge definir con rigor la rc­
escribían, qm' la arqueología del Próximo OriL'nte --('011 la e\­ lacion entrl' clase y casta.
dc Fi'iptu- estab;¡ naciendo \' que la arqllelll()~ía \' d Aún mús anticuadas están al?Un,lS tesis ele Morgan sobrL' la
conocimiento de la historia ck' China, de Indonesia \' naturaleza v las causa'i de la l'\'olución de las relaciones de pa­
del así C()lllO dc las ei\ íli;:aL'i()nL'~ l'l'llte'iCO en las sociedades primitiy<\s, Con c]l¡ts se hunden pasa­
n<1<, estaban aún pc!' constituir"c Hubo qUl' Íc'» L'l1tcm... del Oril!,cII dc la falllilia, de Ellgcls.
cuhrimic'lto del clllplazamiento de Ja1'l11o en LI hak centréll \' a
J¡lS eXCCl\,lc'jolll's ek' Brélid",oo(\ (1l)48-1951) para que fllt'nl e'\hU­
nmdo un t(' ... ti[>'o dl' las prillll'la" ()illllni(b(k" aldl'él11él" (.:;000 y cuya
antes de JC) COIl1cIllPOr[llll'<\S ckl comienzo de la a~!I"il'lllt\lra In lIll.iplicaeión hace progresar la c\'olución <.le las relaciones de
sedentaria \" de b d()nlcstic~llión de anilllales '. Ik ... d(~ entOllces p,llenll'sco basta In chínica, La icaclun que pro­
se lwn 1l1ultiplicado los descuhrillliL'ntus, cOlll irlll;lmlo qllC las ponl' del origen de la prohibición del incestu y de la
ciudades \ los Estados ap¡IIL'Cie1'lJ1] h,lS(~ll11c de.spu0s ckl des­ ~L' rl',JucL' ;d ar!!lllrlCntu biológico de la sckcci<Ín natural, Ahor,)
arrollo de las comllnid¡¡dL'S ¡:¡]dean;¡'i, Pu¡- ejemplo, ell la p~lrtc bil'Il, llLlst<1 l'l presente, la !!l'll(,tie:a ha sido incap¡\z de dctcrllli­
"lit' de Nkso!1ot<lllli;¡, la l'()l1ll1lliebd alcle',llla lbt,1 lk 92S0 a, ele
IUI ¡us efec(os -positivos, lIL~gatÍ\Cls o neutros ele lus L'nlaces
!c'pdidl'S cntre parientes pd,ximos que constituyeron la pdc­
r. 1,'1I1H'r: A Hll[cl1ín<.o!\, 1963, pá·
tic\ lIlikn"ría dl' las sOl'iedadL's primiti\'as, ~hl C01l10 de llUllll'r()­
s\ ~as l'''ITlLlIlidades aldeanas, El argulllcnto híol!'lgico aparCl'C
i (]l' un;\ prohihil.ilJll CUYOS
os ¡'cale" \' iyos son distinto') e inconsLil'ntl'~,
lt"t l'ul :me! Uilllll,ll dn
h"(i!< (l:' lr¡¡,hl()r(!/().~_\, ~q~::: pp. "'.ludio del conmortamil'nto SL'xu;¡] de los
¡ kt" I,¡\!() {I¡' l t n,l'~t(Jl ;¡li",il1 .\, :!ll/ ': (\1
¡ 1:, Iel' ~ 1'1' ;u I ~}"
Hd. 1!;)U1U 1l,'~""{l,lCIIl(lf'\J ]t){)::.
r~ H:,\i,l,,',()od: R~! [ll 11;1 ¡lh' (111 !11 tJ[" ¡;1' \1 :.:11'1
R"'[l"C lo ,1 1'1 "híhlcíon cid l1l~,l, ÍI1l()llí" enlrc'
I I \ ,ti \ \.1
qu,-' ....,t·~'lll1 <.:1 " ,11 dl J 1/;d).1 Ll L\lnilLl PUTLlLL1.
') ( Pi) ~.:-: ~ I \\,,] \1\)1 l',(! i ) i.f!ll,tli\l\t' llll~t \._·\\..·~·kllll
R,',·,:' ,i \ ,,,1: (,:.'1. 1.\ ll)¡ill¡ :11.\ ('! )), lJll'll}]() ll'....' ",\.,Ill,,-j()¡¡ ¡¡,ti ¡i
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I l' .' ( . ~ ¡' ! 1.'(;Ulldl /11 ,¡Ii! ,','¡¿i <¡U ¡:(Illl()ih '''''(I~¡,\k", l \ ¡ l h , jl);..f, 11 -ti. (H.\\ l!'.\\lull.'jUll l~~"'(,.:ILlll~l
"':;:: )~
i--,L!.lld •• -_l. \ \, ~"""!_'. \Lll:: ¡ (1'/' i. )
"

lIIr..-­
,
26 Uallricc (;odclicr l ' ,"c'lIsall1ie¡¡/o de Mllrx y 27

cuya \'ida soci::t1 puede ofrecer una imagen del modo de exis­ el do cstos primos son biológicamente equi\aIcntes v se
tencia animal a partir del cual ,~I hombre ha eyolucionado, no l'I1c\ll'lllran a la misma distancia de 111, Por último, que
nlUestnl prúcticanwnte ningún caso de pura promiscuidad se­ I'v,")ldar que la mujer tiene una importancia decisiya en las so­
xual 8 , i\'as para el mantenimiento de las comunidades
Pero el \'crdadero problema no reside ahí. Se ha constatado ivas y económicas, y que esta il1l­
que todo sistema de parentesco supone una cierta forma de hace necesario el con trol por la sociedad del acceso
prohibición sexual v convugal, lo que demuest ra el carácter so­ Pero estc control son siempre los hombres quie­
cial de las relaciones de parentesco, Al n:nllncial- a sus derechos 11<''' La relación entre los sexos en las sociedades
sobre determinadas mujeres (madres, hermanas, hijas), los hom­ por consiguiente, fundamentalmente asimétnca y
bres de un grupo las vuclvcn disponiblcs, las ofrecen, adqui­ !lO n'llproca, La reciprocidad sólo existe entre los hombres, En
riendo dcrechos sobre las mujercs de otros grupos, La los sistemas matrilinealcs, la autoridad recae en el hermano de
ción del incesto no es solamente una prohibición, sino también la IlHIjer y en el tío materno, mientras que en los sistemas pa­
una orden, Instaura y funcla, directa o indirectamente, inmediata trilineales corresponde al padre y al marido, Por esta razón
o mediatamente, un intercambio entre grupos, Toda forma de élmbos sistemas no son el simple reflejo invertido el uno del
matrimonio implica una forma ele prohibición cOl1\ugal porque otro, En un sistema patrilineal son las csposas de los hombres
el matrimonio no es uTla rdación «nalur::l!», sino una relación so­ reproducen el linaje, mientras que en un sistema matri­
cial que concierne al grupo en tanto que tal v que debe ser com­ lill,:al son sus hermanas, El problema, por consiguiente, con­
patible con las exigencias de la "ida colcctinl, de la sistl' en asegurar el control completo de la esposa y renunciar
cia de las comunidadcs, No puede, por tanto, existir al de la l1l:nnana, o bien a la inversa 11, Por tanto, no existe es­
puramente consanguíneo, Toda relación de parentesco presupone tado IJ),it riarcal aun cuando en las sociedades matrilinealcs las
la consanguinidad y la alianza ", La explicación tle la gocen de un estatuto muy elevado, cOlTclativo al hecho
del incesto y de la exo¡mmia debe por tanto buscarse en la vida de que Oill marido carece de derechos sobre sus hijos, Tampoco
social :v no en la vida biológica, El prillcipio de selección néltu­ los sislemas matrilineales tienen necesariamente que preceder a
ral no puede explicar el origC'n y el fundamento de la distinción, los sÍstl'rnas patrilineales por el hecho de quc la identidad del
tan frecuente en las sociedadcs primitivas, entre pt'imos cruza­ Cuera incierta en los tiempos primitivos 12, Si la identidad
paralelos, la prohibición del matrimonio con estos del padre no tiene la misma
considerados como hermanos v hermanas, v la posibi­ ciubdcs patrílineales es porque la filiación es matrílineaL
lidad, si no la presnipción, del matrimonio con los Todo l'sto plantea el problema de la validez del método de
para reconstruir la evolución de las relaciones de pa­
Vé¡JSC Rohin fo'(: Kil1sltip aml Marriagc, Pelican, 1967, p, 29, (lIay
trztducción castellana en Alianta Ediloriul, Si,\ICmaS de pan:l1tcscu y ma' rL'ntcsco y de las formas de familia, La existcncia de esta e\'o­
I rill1olliu, l'vbd rid, 1972,) En[!cl:; cita las contradicciones de Lclournc¡¡u, no puedc ponerse en duda, pero la imagen que actual­
de Saussurl', de Espin¡¡s sobre las socicd¡¡(lL's anim¡¡lcs, concluyendo: "Dc llll'nk !lOS hacemos de ella difiere profundamente de la dc
todos estos hechos, la única conclusión que puedo extr¡Jcr "S qUé no pnll" , \ allte todo se debe a un conocimiento teórico más pro­
Iluda para el hombre' y ,us condicion,'s de c'xi,tcncia
,] Fl:!sta que p(y;camos infonn;lci,ín lllj, ;1Illpli¡J, tememos, fundo de la naturaleza de los sistemas de parentesco, Para que
que rcchazar toda cunc!u,ilm e,1 raída de' esos dalOs absolulamenle el esquema de e\"oItICi(:lIl de Morgan fuera válido tendría que
(El origell eld familia, cd, cit" pp, 36-37), Véase t¡Jmbién la re­ existIr 1111:1 correlación binaria entre terminología ele parelllL'sco
cil:nlc di,C'llSio¡] ,ubre d compor!;lflllento de los pi imates en ClIrrcllt \' c:-,¡ructura de la familia, En efecto, toda la recónstrucción de
,\n!lu u/'olu!.!,\', íllnlo 1<1(-7, pp. 2~.~-2';7. 1.1."\ í-SlLHh-';, en ~'I prologo :t la ~c­
gUllda edll'ioll de S[nl~ fl¡('(','l ('lnu1'u:úill lit :,1l1)1;1,\':,~ qlll~ 10"­
rl',.:il'l1tl"~ ,,-'''¡ lld¡u~ "Juhl'-: t:hi1l1p:ll1t'\;~, babtlinu,,-; ." ~ori]a...; en l'sLtdo ~al\':ljc rll l'i (",;ludio de los sistemas de parentesco, "Ego»,

oh'¡~("Hl ít tLlz~n' nn~'1 Unl'a di.? dClnarcacj<jn ~. de opu"ici(')11 n'l~'ts h:nllt.' iduu rc'fl'rl'ncia (hombre o mujer) en lelacion al cllal

IOrlll,},""d t'Illrc n:llllr:1k¡:t \ \.'l¡JtU! d. \'¡n~t ~H¡S apn:.''''), T1'!H;I.\; Jlo~ Sl' dl'si"n'Hl todas las categorías de parientes (primos

,lc-n"" ,,'plil'!llbrc' 1%7, jJ, 368, tI', ]$ d,' Le Ir;ldu,','il!il c'a,kILuIU, l'1l ", :diados, etc),
l'didi)", BUc'llOS Aire", 19G'!J R, Fux: Kilhllip ami marriage,
\\\\'-,1...' LL'\ ¡"Slr~\lh:-,: rri') ,1it/I",'}!!('..,;CíJ, pú~ \'r::t", la lTUiea de ,\lorgan por Rivers, que fuc uno dc sus discípulos
gil1~l (;6, en "1 .!dul ()r,¡~t:1ii~a¡i(}nJ !\'ucva
J

28 ,Hul/rie'e Godclícr ,oll1icnllJ de: .\!an 1: 29

Morgan se ~lp()Ya l'n la de que ha dchido existir, para iJilakr:lks pUc'(kn frl'cllenkmcnit' in!('rJlr\:'tar~L como
cada tipo dL~ t\:'rlllínología de parenlc'SCo, un estado \' una dc trc!Il'>IL'ioll l' e1111',,' ~i"tc'lIlas lInilincak" el clescubri­
ca a los qllL' di ree ta llh'n te una forma d... lll<\ tn­ l dc' lo>.; si;-.tc'l1uS cug.natícÍos ha lI1o<lil il';\(ln pl'ulunda!l1l.:n­

lTI los "i"tcl1l~lS bawaianos, dondc tocIo I di."l'usi()f1 suhre la l'\"()]¡lción de hls n'l,ll'j()]l\'<; de' pan'n­

, , , a cualquier muí ... r de­ ';1 bs s(Kic'dades primi t Í\':lS 17. En 10-; sisklllas nH.'Ilal icíus,

nom ílwda <, madre", Para ordenar a nm ti nuaciún todos es tos " los dl'scc'!Hlil'nlcs de un é\ntl'p:lsado Clll!lÚn pl't'tl'nccc'n a
estado<, ficticios en una sucesión cronol()¡IÍca v ]()gíca, Morgan 1" ·¡'llll) ¡.!nl]1o sin tener en CUl'llta ;.;u SC\O, Este grupo no

utilL~ó b Ilipótcsis de que b c\'olucÍón había consistido en mul­ la cstructura de un clan, grupo unilineal. sino hl de tina
tiplicar el número de prohibiciones conVll¡.!aks entre consan­ :\11 anliguo krmino medic\'al actualizado por J'irt\¡ \ otrr)s.
A partir de cntollce<" todos los sistemas de pilrcntesco 1.<'" ,'ardC·tlTes dominantes de estos sistemas son su l'\trL~ma
conocidos quedaban ordenados en orden inverso al número de rle\ÍiJilid:¡d, la amplitud del campo :¡bicrto a la inicíati\';¡ incli­
conyugales asociadas a dIos, '. idll;¡] p:\ ra la manipulación de los recursos económicos v de
Ahora bien, ese tipo de correlación entre LIS :¡]i:lflzas políticas.
trimoDio no ha .sido n:rificada n, ni, como vere1l10S, Por una singula¡- paradoja, las im'csl
porque las relaciones de pZtrentC'sco en las sociedades dC!i\{)slrado qlle el clan escocés, el ({cbnn» y la «sippc»
no traducen úl/ieamente las reglas del matrimonio, sino tam­ no eran clanes, sino formas diversas de gn¡]Jos cog"
bién las de la residencia, la propiedad y la herencia, es nal iti( de descendencia ,\' que los grupos de dcsL'cIH1cncia
el conjunto de las relaciunes sociales y económicas. El funda­ del úre:1 rnalavo-polinésic:a pertenecían en su mayor parte a este
mento de los sistemas c];:¡sificatorios de parenksco b gloria ele mismo tipo, Nos encontrarnos, pues, lejos dc la tesis de
!\1(·rgan consistió en haber establecido su existencia- se apoya sohre «el carúcter primitivo» del sistema hawaiano, tanto más
en 1;1 necesidad en las sociedades prilni t iyas « de aumen­ Clla¡¡to que la estructura social ha\vaiana cra la de un rdno Cl~Jl­
tar- el tanwño del prupo de ayuda mutua y promover efectiva­ tr:di,<l(!o donde ya existían divisiones de clase 19,
mente b solidaridad entre los miembros ele ese grupo, trans­ Ante esta di\'Crsidad y esta complejidad nuevas de los siste­
formándolos en parientes cercanos» 14, mas de p~l rentesco, la tarea de reconstruir su evolución resulta
El marxismo, por tanto, no puede retomar por su propia mucho mús difíciL En el seno de las sociedades de cazadores­
cuenta los postulados del cvolucionismo del siglo X1X, aun cuan­ recolectores existen ya formas patrilinealcs, bilaterales e inclu­
do reconozca el hecho fundamental de la evolución de la natu­ su matrilincalcs, Los sistemas australianos que Engels clasifi­
raleza y de la sociedad, Los csquemas de evolución que actual­ caba como muy próximos a las formas más primitivas de
mente se bosquejan se enfrentan con una dificultad suplemen­ parelllCSCo y que deberían ser rnatrilineales, son en su
taria que no conoció Morgan. La clasificación de los sistemas patrilinealcs, pero igualmente se encuentran sistemas matrili­
de nan~tltesco en patrilineales v matrililwales no co neaks y matrilocalcs (los dieri), matrilineales y patrilocales (alu­
más que a los sistemas unilineales, Junto" ésto.,;, la moderna
etnolo¡.!ía ha re\'Clado la existencia v la frecucllcia de sistemas pl'rlencccn a los malri-c\nncs VIVlan en su mayoría
bililwales v de sistemas no lineales por cOQnación li. Si los sis- en un único poblado, limor. y por D, Farde en Yako
SII/dies, lhloni Univcrsitv Press,
Es 1() e"pl ica que las corrc'lacioncs es wdisl ic~l'i l', \ abkciclas pOl ~j ur­
Cno ,k lo,.; ejemplos I~cjor conocidos del sistema el ele
dock enl j!I'UpOS de \ariabks lonwclas dc' dos en do;, (P:lITllIDCU \" re:. los habi¡antI's de las islas Gilbert e~tudiados por W,
sidcncia. parL'nlc"'.cu v t'conunlia, ('le.) pcnnitan dl'lll()\~lr~lr I¡lla pel'/y, KilI a/lCi community UIl Truk, Yale University,
l,;.h':¡ul1 llL'i... l';~aria l'llln,~ csa!-­ \;Jr:dbk·, .\. ~d 1n1"p10 ¡il'n¡pn, qu~' R. Fo,: Ki/I,,/zip alld marriage, 1967, p. 132
¡; Véase J. Barncs: «African Modds in the New Guinea Highlandsl> en
tCOI H.'O no pueda p(Jr principlo proh~lr la in!' {('ut'ia de tak's
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" Leslic While: rile E\'oI1ll1lJ1l uf cul/uIe, .\be Craw lIill, 1959, pá­ Benita Killdrcd alld C/O!! in the Middlc Agcs and
ginas UJ,140. Press, 1913, y R, Fax: «Prolcgomcna lO the
t'!lO de lu, l'ÍC'mrlos nI"I"r co])odd"s del ,¡,Il'ma hi 1atclal l'S el de Pl'llg11il1 Survcy uf ¡}¡e Social Seienee, 1965,
\ako de Nigeria, en donde, la tic: l~¡ hen'd,¡ a 11 :"e'S de los p:Ilri­ S¡ratiticatiol1 in PolYl1esia, 1958, Seattle,
elane'i ¡ /.:epl/!/J, mientras que ludos los bi,'lll"i, muebles, dínc'ru, g,m"do,

......

30 Jlauríce Gudclíer {,,'IIWlIl!iL'!I1U d" ,Haf": \' 31

a sistemas patrilincales \' patrilocales (mara) v pa­ [1; Il'res se dedicaban a la agricultura v lo," hombres a la caza
trilincaiL's \' Illalrilocales (karadkjeri) \ " i:l gUl:rra. Las bandas se cO!1\'irtil..'rul1 el! matrilocaics, orga­
Fno de 'los ""quemas de enJ]¡;ción mús verosímiles desarro­ i/.tI1duse en torno a un grupo de muieres (po"ihkrncnlc una
llados actualnll'nte tiende a cstablecer la sucesión en el trans­ sus hijas \ nidas) que lulti\'aban parcelas de maíz. Mús
curso de la histuria de las formas bilaterales, matrilineales v pa­ urde, los sh()shon~' fueroll crllPujados más al sur, tal HeZ por
trilineall's de filiación. El estudio factorial de S77 socic'dades lo, v se re'agruparo11 en los \'alks ele Arizona en mIl­
de la mlwslra mundial realizada por Murdock tiende a demos­ aglomeraciones, con\'Írtiénclose e11 los indios hopi, La rcsi­
trar qlll', para d conjunto mundial, la descendencia se ha des­ ,kncia lIlatrilocal subsistio, la tierra \ las casas continuaron
Iiz~ldo de fOl,m::,' illatrilineall's él formas patrilineales con la apa­ ,il'l1c!O propiedad de las mujeres, Surgió ulla organización ma­
rlClOil de tllrrn~h complejas de economía v de gobierno. EstnIc­ al Illultinlicarse, se reagruparon en clanes
tUlas suciaks aún mas cumplejas habrían tendido a hélcer descender de un antepasado
hs j'mmas tIllilincaks de dcsccndl'ncia en beneficio ('(¡llllIn, pero sin que pudieran reconstruir exactamente las eta­
de formas bilaterales qUe" cn su coníunto, caracterizan asimis­ pas dc esta descendencia, Esta evolución de una sociedad pa-
lflO al e'>tadio muchu lI1ÚS antif?:uo de las economías de caza v r¡local ele cazadores-recolectores hacia una sociedad matrilineal
recoleccÍón ,La de Morgan, por tanto, resultaría par­ de <lí.'.ril'lrltores parece. pues, que se produjo bajo el efecto com­
cialmente é\Unqul' por razones muy difen;ntes de las que binado cid paso ;:¡ la agricultura, de la residcncia matrilocal y
como 1ll'1l10S visto, la correlacÍón entre estruc­ ele' una m a:",o l' densidad de población unida a nuevas facilida­
tura;, políticas complL'jas y sistema de parentesco no dc;, dl' clcsplazamiento (el caballo introducido por los espa-
mecúnica, puesto qLH' en toda sociedad
que sea su sistema de parentesco, la autoridad política corres- El problema de la evolución de las relaciones de parentesco
a los hombres, Por consiguiente, no hay necesariamente continúa, por consiguiente, planteado, y sólo podrá progresar
por qué encontrar relaciones ele parentesco matrilineales en el Jl]l'(liall1c nuevos descubrimientos arqueológicos \' etnológicos
seno de las formas menos desarrolladas de las sociedacks com­ v gracias a progresos teóricos en el anúlisis elel parentesco en
por ejemplo, en las tribus sin Estado, Se puede citar a la ... ;,LL'ÍL'cbdes arcaicas, Pero este anúlisis no puede sep,lrarsc
los ashanti matrilineales de Ghana que estaban orgaIlizados en cid de las relaciones económicas, las formas de autoridad, los
remo
, "-". "i;;tema;; ideológicos que caracterizan a las sociedades
Uno de los casos mejor estudiados de evulución de estruc­ \'as. carn)los L:n los que asirnisrno se han realizado importantes
turas de parentesco es el de los indios shoslJone, organizadus en pro¡:rresos,
bandas patriloca]cs, que obtenían su suhsistencia de la caza v la El ill\'Cntado de las formas de y de producción
recolección en las altas planicÍl's de Ulah v (le' Ne\ada. Poste­ en las sociedades primItIvas ha subrayado más que nUnGl. su
riormente una parte de éstos extendió su Íl'ITitorio h"H,:ia el SUL di\lT"idad \' ~u complejidad, En estos aspectos es grande la
de este modo una zona finol'<\hlc a la obras del siglo XIX, La inkrpll'ta­
escala, Se las CiOll si de la noción de «cornl.ll1i;;mo
mili\"" (\l)[lt!e todo es de en modo alguno era la de Marx
\\~aSL' Ll'\"i-Strauss: ({RCglnl('ní.~t; annónlcu,-,: v rl,.'f!llnClh':S nu ;:¡rrnonÍ­ () b t!l' Km';tlnski, Desde 1858 Marx insist ía en b existencia
cos), can. XIIJ de Las e,'J{n7c[uras Clr/}}!cll!dIC,'l' '{{t'¡ '!UH't't,/c',<";c(I, t'd de ll1últi común, es decir, el1 las tur­
p~lgini:1 Vl;asc también W, Sh:lpÍro: d'r,'lill1ín:¡¡'\' r<,pon on Field­ m{¡ s que la I'cl,/ciórl entrl' dC1L'd1O";
wllrk l'\orlhL'iJstcrn Arnhcl11 Land», t-'n Anlc'rlcan .:Lr>Ou (lpOli,l~,,'fj 1967,
~':{-3:;~.
de una lO[Jllll1icbd V dcrL'chus dl' posc"i,)n \' de
U">d dt' !1)'-, il1di\iduus, Asimismo Marx su¡;:,'ría que allí donde
H E. DriHT v K, F, SchuC'"kr: ,('orn·btÍolut :\11::I\'"í, u[ \lllr­
duck\ j(J,,! Etllnug¡:;lphic Sall1pkú, 1'[1 An/afellll Au::;/ 'gis!, 1067 ¡ü­ c,,¡\tc' Ull<l ['(lIma de propiedad COI11UlI. !lO til'llCll p(Jr qUl' ('xi,,­
gin;b 345,35J, t!r !()I'/lh~lllll'nte, ni incluso frCClll'ntcnwllk, formas de t
Lu;, nll\'ar d" :\bLlhar, c('h:hn's pUl' ,,,'1'
al l1liSnlO IÍcmpo matrÍlinca­
llllllllll.tI, La existl'llcÍa de L'stc últil1lu parl'Ce situarse, biell en
les \ mal! il'KIlk" constituían una casta glll'rrcra de'l "urue'slc de la In­
Jia. 1,uS nll:!l~¡llgk~\bau de SUlnalra p-:rh.,'l1L'cian a-sÍnúslllü a una ,l..,uLÍcdad
n.:Llti\'~lnh:nt(' cornph.:ja. \:l'\\',lrd: Tllnn_v uf culture chüJl¡:;e, Urban8. 1':)55.
J

o,
~.., ..:: :Houricc (;od,'lier ',Ulli,'II/O dt.' .\tOIl \. 1'1 "l?>

los nih'lcs m;'ts ar,;ticus c'n1 re' algunos clzadorcs­ d,:rl'cllOs quc: los lill~lks \' las cOll1ulli(htdl's locales PO:--l?C'n
111 í 1í \.,,~ 1. hien en cond iC'í()nc'~ cl"t¡logica,; pa 1'1 ¡eu­ ",IJ:\;'· h ticITa \' los rL'curs,)s l'SGlSUS
lal'c's (medio." Sl'IIIÍ-,íridosl. bien POlilidl-rc'l (tr;1hd '", ()h,¡:tl1tc. la r,'prL',;,'ntaciLÍn elL'l fUllCilJllanliL'nlo dc' la l'CO­
para el [s¡Cido, los diosl's) o hiqóricas (su nto de po­ las .>;ockd'ldL'S pril1liti\;Is lamhi01l se ha !llOdificldo
blacioll,'''' h'flcÍeJ:¡s por :-,us C()llljllis1;ldol'c''». Los derechos de 'Id:ulll'ntc c'n rl'lacíón cun la dd '.1\. Ll
,'11 las ",ocicdadl's primiti\"as forman, la expre­ 1 i\ [1~ <lbl por L'i cl0hil ni\'L'\ dc' sus fUl'J7a" prOUuc\l­
sión de ]V\;¡ 1i IlU\VSK i :;, (( "istc'mas l'OmpUe'stos» de rc'~' las di kren­ \.!' ;' d"c!icélP;l' casi cXl'lUSi\'ill11L'l1k ;¡ las adi, ieblle's de 'itlb­
tes aic'l'len ,1 la tÍl'na, al ~anild(), ,[ los in"llill11cntos ,i,,'.'Ih"i:1 \ \'i\-iclldo casi en la ~lul~lrQuía. ha sido cOlllnktaIllellte'
dc' prOdllCci¡'lIl, a los úrboles plantados, a los corJ<)cill1i~'nto:; ri­ l i)~'r~\d~L
tlwks. De acuerdo con este crikrio los siane dc NUe'\',l Guinea
1 l'c,~[lidad, tantu en las S()CiL'lbc\(-s CUI1l0 en las
dos tinos de ,mroni:1Ción Uno de ellos concierne
i\iclad econó­
de las f]au tL\S de los co­ una CII\'lSIOIl general de lo .., hil'J1es
hielles cuva tutela se tiene \. que no pue­
,'11 cI(!~ l'~llc'gorías distintas \' jerarquizadas: bienes de subsis·
frente a ellos el individuo está en la misma
1"11\ i~1 \' biclles de prestigio, según la terminología de Cora Du­
(merafo) reSpeTto a sus hijos. El otro con,
ucción \' a los pruductos: ha­ b<;¡",:'. En el seno de cada UIl biell pucdc cambiarse

cerdos, vesl idos \. cosechas. Es­ f~lc'í¡111UltC por otro, pero resulta difícil, incluso imposible e
indi\idu,tll11cnte, pudiendo Sé'r trans­ cambia]' un hien de una categoría inferior por otro
los indígenas, tiene derechos sobre ek una categoría superior. Por ejemplo, entre los siane todos
esos objetos porque son como su sombra (L\mfonka), Entre am­ lus bic'I1CS, excepto la tierm, estaban divididos en tres catego­
bos tipos de regla existe una relación de orden: si se tiene una rías heterogéneas: los hienes de suhsisknciL\ (productos de la
relación respecto a la tierra de tipo «merafo», entonces única­ de la recolección, del artcsanL\do); los bienes de
mente l\l trabL\jo realizado para plantar árboles en esta tierra aceite tic' palmera, nuez pandanácea), y los
da derecho a su apropiación personal (amfonka). La existencia (conchas, plumas de aves del paraíso, hachas
de esta relación de orden entre ambos tipos de derecho de­ cz:rc'l1JOni:l!cs, cerdos) que circulan con ocasión de matrimonios
muestra que el fundamento del sistema ele derechos es b per­ r('beielles de pL\rentesco), de tmtL\dos de paz (relaciones polí­
tenencia a un clan y que el control del clan sobre otros grupos tica.s cun los grupos vecinos), de iniciaciones y ceremonias re­
y sobre el individuo constituye el h;IS. POI- tanto, no existía cambio generalizado de hienes y
cipio rector del sistema. El conjunto del sistema protege a la sl'IY1,'i()s como en ulla economía de mercado, sino intercambios
vez los intereses del individuo y los del grupo, y trata de y limitados.
limitar las contradicciones que podrían en el control de
los recursos esenciales planteando la prioridad del grupo sobre La jerarquía de bienes expresa, pur tanto, la jerarquía de
el individuo 26, \"~t1()rc'S atribuidos a las divcrsas actividades sociales yesos va­

Los análisis del funcionamiento dc las sociedades lores traducen el papel dominante en el seno de la sociedad de
zadas y de las formas primitivas de Estado confirman lkl c rl11illéidas cstru\.-·turas sociales (relaciones de parentesco, re-
mente la existencia de múltiples vías a tra\'és de las cuales las l. La categoría de los bienes más escasos comprende
aristocracias tribales se apropian progresivamente de una parte ~lqul'ilos bienes que permikn alcanz,H' los DaDcks sociales más

" T\blinowski:\fo('u/'s el coutumcs des .HJlwlé'lt'I1S, 1923, p. 10. Mali­ (~!U(kl1lanIl: Ess{}\, UI1 Lo~i
{¡¡¡el Roval Propcrl\'. Rhodes
Lmld
now,ki críticnba a Rin:rs, discípulo de M()l'~an. quc hablaba cn In"lítnle, 1943: c~savo I, 11-27; cn,,;:¡yo Il, p.
and polilícs del «comportamiento socialista», \IUlTCl: "Social Structun.:s ';:¡nll omic Themes in Andcan Ethno­
dadc:s ¡nles como las dc T\kIanc,>ia. L'll Qlla! erly, abril 1956, pp, 47,59.
" S;:¡lishul'\': From s/(me 10 ·.,ICe!, Melbourne, 1962. e, ,1" DuboÍS: \\'eallh Intcgrativc Factor in To­
lO M. Godelkr: "Economie poli tique et anthropologie économique", en ,,'[ululni LIl!tUI'L", en presentado por A. L.
L'Hol1ll1lt!, 1964, pp. 118,132,
B"rkclcy, 1936, PP.

....
35
34 AJal1ricc God<.'lier de '\Jan y FlIgds
JI
las etapas posibles. Por ejemplo, una
por los que la competen,'ia social ~'s m:1S fuerte, El 11;\\
adquirir itÍnul/cllIe una situación so-
número limitado de estos papeles duminantes que la
excepcional (podel'l'S poligamia l, aun si no con­
social. en su aspecto economico. se realice a tra­
v ele la distribución dc bienes de difícil ac­
trola directamente los factores de producciun ni
la mayor parte ele los productos a los que su situacioll de ex­
ele ahí se aclara. en numerosas sociedades pri­
cL'peión l e da derecho (socit~c1ades de "f'O> t.'O'orías)} v
mitinls, la existl'ncia de objetos cuya rareza parece «artificial»;
dien ks de cerdo sometidos a un (ksarrollo en l'spiral (maléku­ «,l'~lratificadas» ).
An tes ele proseguir
por esta \'la, que lIe\'a a los problemas
la), series de conchas en número voluntariamente limitado asiático, nos detendremos para subra­
(Rosól.'! Islandl. placas de cobrc' (indius k,,'~\killtl) con un nom­ (kl modo de
de estos análisis y la distancia re­
bre v una historia cada una de ellas. En estos casos parece \'aJ'

como si la sociedad hubiera "instituido» la escasez eligiendo ~()rrid; desde el siglo XIX.

l." Parece imponerse la conclusión de que el concepto de

para determinados intercambios insólitos; en otros, la


«economía de subsistencia» o de «autosubsistencia», frecuen­

escas~'z nace del hecho de que los objetos preciosos vienen de


telJlente utilizado para caracterizar las economías primitivas.

muy lejos (conclms) v se obtienen mediante una fuerte contra­


dcbe rechazarse porque enmascara el hecho ele que esas cco­

partida de productos locales.


La competencia en el seno de un grupo nomías no se limitan a la producción de bienes de
de los casos. más allá de la esfera de la proclUcclOn y sino que producen un «excedente)} destinado al
de las estructuras sociales (parentesco, religión. cte.). Enmas­
de bienes de subsistencia v no implica la pérdida
cara asimismo la existencia de numerosas formas de in tercall1­
la existencia física, sino del ('srarlllo social de los individuos.
bio que acompañan ese funcionarniento. La exogamia y la gue­
Al excluir de la competencia entre sus miembros los
de acceso a los medios de producción (tierra) y a los bienes de rra implican relaciones positivas o negativas entre
y. acompañando estas relaciones, una circulaCÍón de bienes pre·
subsistencia, la comunidad tiva garantiza su superviven­
ciosos que podrán, en contextos diferentes, desempeñar el pa-
cia y asegura su continuidad física, mientras que, autorizando
de monedas primitivas de circulación limitada, al tiempo
la competencia en torno a bienes escasos que dan acceso a las
que continúan asumiendo otras funciones )1)- El hombre primi­
mujeres y a la autoridad, se asegura su existencia en cuanto
tivo no vive sólo «dé pan» y no esta condenado a dedicar la
sociedad. Al mismo tiempo. por el hecho de que esta compe­
parte esencial de su a luchar contra la naturaleza para
tencia se realiza sobre todo a través del don o del consumo
sobrcvivir 31. Recientes estudios cuantitativos 32 del tiempo de tra­
la desigualdad social se desarrolla dentro de limi­
tes relativamente estrechos. pudiendo ser revis,.\da. Esto sólo
es cierto en las sociedades en las quc todada no se ha desarro­ \'l'ilS,' la crítica de Firth del concepto de economía de subsist.:lIcia
llado una jerarquía de estatutos hereditarios. que reducen el PrimÍl1n' Po/'vl1esial1 Et:o!wI/lY. 1939. p: 17, y nuestra crítica de la obra
de el 'vh'illassuu:C "Anthropolo~ic c'conornique (ks GOllro Cútc-d·lvoi·
campo de la competencia a la ¡-ivalidad cntre 1 nobles. El ('11 ¡_Hu/l1l1le, 1967. pp. 78-91. ,Isí corno de la de J. Surcl-Canak:
análisis teórico del desarJ'O!lo de las desigualdades sociales v "Slruliuralistnc el Anthropologic 0conornique», en La ''''"sé,;, oc1ubre
del origen de clases se reduce. pues, a descubrir las razones 1967, pp. 94,106,
por las que el centro estm tégico de la competencia SOCIal se la inexistL'ncia de moneda uni\'crsal en las sociedades primitivas
,1!'Ia, pues, t;.1nto por la ,msenl'Í¡1 de producción mercanlil des-
desplaza del campo de la distribución ele' los elemcntos mús como por la necesidad dc cont rolar d a(el'SO a las nurkrcs y
valorados dcl social hm:ia el campo de la distribueión ;11 podl'l Esto debía conducir a cscog,:1' hicnc's "eSCISOSn para poncrlos
de los {uc/(}res de produ('ciríl1. sin que la compvtc'ncia por ti l'l> C()ll\"p,mdcncia con el lIúmero limitado d" y de ":1\'"os cié
di~tlibllciún del prodlldo suei~d cese de deSl'lllpCltar un dl'lcl'­ nutolld,ltl, su cin:ulacitlll ele tos otros ' \' ~\
to 1" de individuos rcpl-cscntati\()s de los in'I,:rcses dle
minado papel. En eslc procl'so. que conduce a dL'll'rlllinadé¡s COIIl\Il,ilbd, Este ,'olltrol "s al mismo lÍempo un atribulO de su (lInción
sociL'd;:¡(ks l rihales pri mil i\'~\s a ["UrJllZ\S nUl'\'as de sociL'dad que
" llll ,illlbolo de su l'statutO.
cO!llport~ln una L''itructurz\ dL' Liasl'" cll\briunaria o deS:lrl'ulla(b, da ro!k,m'irtsc/wjl. 1893, cap, I.
\- K, Gücilcr:
t/llt','>'[ arul lile linle {ur itI
\' donde: lus a!lli!!\ principios de leciprocidad y de l'eclistri­ \kl, lh" amI \1cArlhur:
bucioll d,'saparcccn o d ..: ial\ de Ab u1 ¡"lila! F"(')lomic Lije. 1960.

.......

,~6
\1WU¡"Cl'
rn'IIS(l/l1íCl/tO di' .\101\ -" 1:1 ?>7
en el SCllO dL' ,;oc iL~dadl's dc Clz~,d()re'S \' J"l'L'{)!e'Cl, 11"\.''; 11;\11 :() no SlpTlIfieaha un cambio radical de b L'stl"uclura .S()l"i~¡\
rado que la ¡Xlll\.' dc'dicada al ocio ,'11 ,'IIa,s e'LI 1l11IL"ho "diciunal. pCI"O st un cambio con I"<'"'pcctu a b Iradicion qUL'
mavor que cn las socicc!;¡ch's a!!.ncola", fJ;¡\, qlil' sllhra\~lr quc, ,di! i("aha las I'claciOllL'S entre Ic>s ¡.!rupus y qUl' c()nducía él"i­
:1 partir' ,le los pr<H'¡'C,,,OS él<' 1;1 IllUl'él \, nlél" rCCil'llic'11Wl1k',
',mo a otros ,'amhios.
de las sociedades induslriak,;, las socicdack's de cl/adore" se
Si lé\ ~lflll"opol()i!la moderna ha confirmado la tesis de qlll~
han visto H'lq!adas hacín zona,,, mcil').~inalc" e ínhospitéls qUl' no
i:! i",'bción enl re des,11Tollo dI.' las fuer/as product í\'as \" des­
corresponden a las cond íc iones de vida de I Glza(]or
,,!IU 110 dI.' las lksi¡::ual(bdes SOé' iaks ]lO era lllecún íCél, lmn hic;n
La l'c\'olución neolit ica, pOI' tan to, ha '-ílll11CI1 lado c I
lo ha demostrado qUl' la c'()tlll1l~1l'ncia sucial, tanto \.'11
trabajo socialmente' necesm-io, v esto impugna b \'ision comün
la' ,ociedadc:-, primitivas corno cn la~ sociedades de clases, pro­
de los evolucionistas ,scgún los clwks el gran sallo adelante
)Illona la principal incilaciul1 IXlla la producción de ,'"ce­
1ccnológico del neolítico, al aumentar la cantidad de ocio dis­
de'II1c, implicando a plazo (' inelireclanwntc un pro[!n.'so
un avance cultural general. Este avance exis­ dl' LIÓ'> fuerzas productivas, En bs sociedades Sl'p:mclllarias 111('­
te, corno asimismo el gran salto adelante del neolítico, pero la el individuo dehe crip:ir por sí mismo su autoridad
relación entre uno y otro exige una explicaci(m de otro
11C ¡'">onal. Para ello necesita aCllrnu(:¡r un «fondo de POdl'[">l (Ma­
2." La existencia ele un «excedente» no implica autom{ltica­ IIl(;\,,,ki), es decir, acumular cerdos, «lTlol1edas de conchas" v
mente una ampliación del nivel de las fuerzas productivas, De­ 111"!ltOS, creando una red de a¡!I"adecidos, una "facción», ¡Il
bido a que los bienes de subsistencÍZt no entran, la mayoría de dhlrihuir tales bienes a su alrededor con una ¡zenero<;idad CéI!cU­
las veees, más que indireclamenle en la competencia social en
lada, Para demostrar su poder, debe patrucinar emprcsas quc
el seno de numerosas <.:,ocicdadcs primitivas, su producción no
eksb(Jrdcn el estrecho marco de cada comunidad local \' de la
tiene por qué ser impulsada por los miembros.de estas sociL'da­ l'UIJ101l1í:1 doméstica, A escala de la sociedad aparece como cl
des müs allá de sus necesidades socialmente necesarias, El fun­
I1wdio indispensahle pelra crear formas de or¡.!anil.ación supra­
cionamiento de una sociedad primitiva raramente el uso
1,), :dt",- Al mismo tiempo, su r,'llombrc se con\'iertc en rel1otrl­
máximo de los factores de producción, lo que limita el desarro­
l' ele' su comunidad, quc se idcntj(ica con él en la medida en
llo de las fuerzas productivas (aunque la producción de bienes
qlll' L'! se identifica con ella, PcnJ para rnaI1LL:ner'Sl~ «en el po­
y la producción artística puedan experimentar un des­ lkr" L'I hig II/{In dehe mante1ler COtlslantel11cnlc su presión "o·
arrollo considerable). Frecuen ternente un progreso de las fuer­

bn ios miembros de su faccion, exigiéndole" cada v,'z mús v


zas productivas se traduce por una ampliación de actividades
el rnOn1l'll[O de correÓ'>ponder!cs. Su
no económicas improductivas J4 • Así, por ejcmplo, ocurre en el

en la reciprocidad, en el límite culmina


caso de los siane de Nucva Guinea: la sustitución del hacha de
etl el intc:rior \ discutido L'n el
piedra por el hacha de acero hizo disminuir en un cuarenta

su 1")(1\'1" se derrumha implicando la caída del «hombre imror­


por ciento la parte de trabajo dedicada por los hombres a las

111 1t'" en bcneficio de un ri\al '6


actividades de subsistencia. El tiempo «ganado» fue, en una

I ,le' l'sbozo, tomado dc Marshall Sahlin<" del n1CCLlI1ismo ele'


primera época, dedicado a multiplicar las actividades tradicio­

nalmente más valoradas: la guerra, las ceremonias, los viajes 35.


qlle ,'¡creen las sockdalks ,'11 qUl' SI' han dcsalT(jllado la prnpic·

\ la produL"c'ilin TTll'l"(,:ln1il
;\ ·,tÍ:) No Uhq;lnle, la imaw'n c,.; pl'li­

~l H l" <\ q\il' ~u~jcrc que una __ OL iL'dad l'S un :..tllvto y que su dl'san~()llo

Leslie Whitc: The cvolutu)I1 of cullure, 1949, p, 372,


,oial11l"nlc a ~ll YO]Ul1l;,d, En rl'aJ¡d"d la~ no¡ma~ de ,'omport;l'

De forma divertida y provocadora, M, Sahlins ve en las soeic:dades de


i""I,c(i\o l' indi\idual que una ,ocil,tI:,,1 !"C'cunol",' lradu(','ll J:; na­
cazadores y recolectores a los verdaderos representantes d,' la "Afflucnl
Societv»: TrihesrncrI, 1968, p 79. Vl'a,l' «La PrerTllcre SOCíL'té d'ahondan­
ta, n'laciOl1l'~ ~ocialcs quIC b eamclcri"/an,' p<lj"lcl l1um1
'rh'l1 (k<...,~'T)lP('l¡;\l lit ;_ll~'dIl.O" de -,,110 .... (p¡tn:llll'''-,lo,
Cl'", I,es Temps Mudcmes, num, 268, octuhre 191i8, pp, 641-680,
'. Cilando precisamente los melanesios, Marx huce en ese mismo
sentido obsef\'aciones profund<Js, rdulando por adelantado las \\ S:,hlms "Poo!" l11all, Rie h luan, I3i" iIIan, (,hid: tíe,d l\pl"
ciones excesivamente l'strechas fOl1l1Uladas en este campo (Le \\"¡t:ll''-¡;' and Pol\'¡ll.'~ia", L'n COIll/wrarn': SI/I/Jin ill \ Ulld /{I"
d, cil., lihro primero, lomo n, pp, 188-189), 1 \.tdllilhTI \', llil111 3. ~lhril ll)h~, pp. 2K)·3U.~. ,~B¡l~ lnal1) dL'~i¡1n:i a

El ekmplo muestra, como ha suhrayado El1gd~, que I<J, sociedades


JII)' qlll' dl'''>l'lnpc!t(\ un p~q)L't dlrit~l>nic \- CjlH L!U/a Lit: un ('st~ltuto ~u-

primitivas ejercen un control (:onsC'Íente de su vida '>oeí<Jl más importante "dicLi:!llo, papel \' l',I,i111IO que ha
'I"\' !lO Inl1 ",du hL'fe'dado' ni pUl'dcn

...
38 3q
Mal/rice /O dc ,\101'.\' ,
la
social v del en el seno de ,'.lital io de los cargos" se introducl~ casi l)b\'ianwnlé porqu . .
- -t-~".itarias que til'nen Illás o menos l'1\ c-.te mundo todo procede ck 1TI0t\U na tllral ;; e''''pont Úlll'()}
la forma de tribus'; segmentarias pone de maniriesto un hecho Nos limitaremos a al¡>:t1nélS sugerencias, Las sociL'dades don­
La desigualdad s(ílo se construye en la práctica y ek reina una herencia de funciones \' est~,tl1tos no estún todas
sólo se justifica ideológicamente por los scn'icios prestados a
por el mismo patrón, l\1ortoll Fried <'1 distingue ,'ntre
una comlll1iclad, Supone sil'mprc v desarrolla una fOl'ma de des­
,'lb" dos p-randcs clases, lns "socied~\Llc" de catq.!orías)} \' las
equilibrio económico entre los individuos :v los ,e:rupos,
,uci,~dadc" estratificé\(bs)}, según cxista o no en ellas un control
librío que se transforma en una ¡-elación social ventajosa tanto
j1(,Jítico real de los homhres v un control m<Ís o menos fuerte
para la comunidad Corno para el individuo que pretende des­
de' lo,,., nle?dios dc produccillH, A 10 largo dc esta escala son
empeñar un papel «centra],), La desigualdad social y económica
Imbs las gradaciones, Para ilustrar esto eSC()gl~remos
representa pues, hasta cierto punto, una ventaja para el des­
tll'S sociedades dd Pacílico: una melanesia, los Trobriand; las
arrollo de la vida social y prácticamente aboca a que los inte­
()lra~ dos polinesias, Tikopia \' Hawai,
reses de la comunidad se identifiquen real e
L\ descripción de la sociedad dl' Trobriaml (!L- Malinowski
con los de determinados indi\'iduos, La desigualdad en este
con! ¡!lúa siendo una obra macst ra de la an tropología moder­
estadio puede aparecer como una condición normal del desarro­
na, aunque al¡zunas de sus ínkrprctaciones SC~H1 aclualml.'ntc
llo social, si no Corno la nor'ma de ese desarrollo,
discutidas. Uno de los aspectos más debatidos;O es el ck la na­
En su esencia, esta obsen'ación corresponde a la tesis fun­ tur,lIcza de los poderes que ejercía elide de Omarakana, po­
damental de Marx en las Fornlel1 y de Eng:cls en el A17!i-Dühri17g, blado que dominaba el distrito de Kiriwina, el más rico de la
según la cual, «en la base de toda supremacía política estú siem­ isb, Malinowski considera a estG personaje como el «
pre el ejercicio de funciones sociales", y aquí nos vemos de nue­ chid», el ({jefe supremo» ele Trohriand, sugiriendo de ese modo
vo enfrentados al problema del desarrollo de la la l'.,i"kncia de una forma de ¡lobicrno central.
en las sociedades primitivas, de la aparición de las cIases so­ Lus mismos malLTiaIL-s de Malino\\'ski parecen sugerir otra
ciales y del Estado_ Esta convergencia de Marx y de la ant ropo­ , La unidad política de hase de la sociedad es
lop-ía moderna viene a demostmr directamente la actualidad de el poblado, Incluso los jefes más poden)sos ejercen su autori­
lo esencial de 10<; análisis de Marx, qlll' fundamenta sus tesis dad principalmente ,sobre su poblado V secundariamente sobre
sobre el origen del Estado y' sobre el «modo ck' producción su distrito, La comunidad aldeana explota conjuntamente sus
asiütico»,
hUl'llas, hncc la gUClTé\, celebra las Cl'remollia-; reli¡:!Íosas, cm-
PLTO aún es mU\- laqw el camino hasta llegar al Estado, El l'xpcd iciones comercí,11cs, Su au tonomÍa política y cco­
estadio que acabarnos de describir no conduce a él ni directa n"llllic\ cs importantc, Está dirigida por el primogénito del
ni necesariamente, En otra etapa se llL\'ará a cabo la sustitu­
sub-clan dominante, El iefe del poblado pUl'dc no ser un hom­
ción de las formas de autoridad pro\'isi
bre de ¡-~ll1¡:O:o, Pero cuando comhina amhos títulos, su posición
sacia" en la superioridad individual, por ];¡s formas
es lllucho más fuerte, E ¡cree una c\ctcrrninada autorid,nl sobre
de autoridad basadas en la sup<'Tioridao permanente «de naci­
miento» de una minoría,
,''''l'k,\nlíDiilu'illg, Gtij,dbo, J\\¡ixil'O, p, li3, íttaducrión ele M, S:¡­
¿ Cómo v por qué se realiza esta susti t llción ') No conocemos
cri"Ltl11
\1 1,\ íe'eI, Tile ,,,,oluliO/1 oí P"iitic(/! SUele'I\', Ralldol1l llo:\,;c, 1967,
Ullil rl'spuesta completa y mucho menos definiti\'a a c:s{e pro­

]1:\1'\":1',1~2 1'11, Oh'-el "u~e,lll ~\, lo q!ll' bile'c que hay;! que l;lTlle'lHar aún
blema, que Engcls dejó de lado dccl<u-;mdn que «el canícter he­ 1; -,u ;)11101 '-,oio ,--'ono/.cl. \ di"'L'uLl \;.\~ tl'~i..; dL' \l:\.i'.\ }. , obrL' I,J 'UHJ,JO
il'qdlh,j(')l1 ,hl:\lI\.'o" ~I (1';\\\'S {h' ti car¡l';IlUl'~l que dI...' L'I1;\" Ot'IL'C:'" \;\Itl

,- El concepto de el rihw, ,<c' \e en la ;lel u;llldad 'onh'1 ido a un;! fllcrlc' \1,\\, (,\¡ie1-;m~1tldc,1:u:1 iI'¡ qlle' l'I "P:n:nl111\ltH chicl" dc' \blínowski
¡-ríl ica, en la nwdid¡¡ en quc' fn'CllCnknwnll' pan'Cl' dil kit s'lll'(nlr;¡r e'n 111\1\ le'l'"
dc lon\e'!'l;r',' en l'l d'illdll\\lI :\1;1J1" lk b :mlropolo,:i:.1,
('! una n';¡lidad ",",t.1ncial", undicaüa por las c"'tumhre's, la
P'1¡J, d,- 1.1 qhL\ dI.' i b\.'iho'l. p. \'1. El "Pii¡do\\,11 ,\LU1" L', un lo:--.íl
Vl'a,,,' Ll'ach: Polirfcal '<;''1('111\ ni HIRlzlullt! Uurl11u, pp
,í 1tkrd 1L'.\,'l0I1 flll' uhi,:tu ~k' ~\:-.,pcru" d\,hat\':-, l'otn,,' l¡)~ palL'i)n1úlogos
¡J,e 1: \'()llIliull ul PO/lffn, 1967, qUl' critica a M, Sahlins, aSI como a MOl,
g;m \ a Engd,s, pp I ~6,170, I'} lu \ i '\
\i dl!1íl\\ \f ¡Hu!i!\ \\ ,\[,,/)/ Ptl\ífic, 1'1,'2,
40
,1 d" \Jfll'\ -1
un distrito, c, (k'l'ir, subre un f!rupo de pODJ~I(I()S que Sl' unir:in
al SUYO p~lra la guerra \' para ]a, i!r~lIl(ks ('lT('munias rc'!
Pienso que eqos Ires factores cumhinados son lus qUé' (L'..
it :11;111 ,,\ c:-'!altllo rebti\'() de los d¡Jc'rc:ll!c',~ poblad( \ (le'
,as. Todos los hombrl's de ranp-o se disl rihu\en a lo largo de
una jerarquILt encabezada por l'lkfe (k Orn~lrakana. ESle es
¡,I'. ¡11JajeS locales quc los domin:m. Cuando dos IIHIIf'l'n:l' qlll'
, l",t<in ligado" ni por l'l pan'llll'~C(J Tll por l'l lllCllrinl()llio
qUil'11 pOSl'l' las magias m:is pod('ro""s, bs que mandan sobre
,'ncucntran, Y LIno ele' ellos dobla la rodilla ,ullc el (¡IrcJ.
la Ilu\ia \' el sol. Los hombres ele nmgo lIcYan ornamentos dis­
tintos, pcro<"l' c1ik r encian sohrl' lodo clt- I~J ¡!l'n!c COJllÚn POr
c',!c' UHllpol"télmicnto debe considerarse corno vi rccollociminl­
1" simbólico dc la posición rdali\él ci,~ su" pohlados rcsp~'('"
la exi"lL'ncia de tabllL's l'speciaks, CUYO número se 111 U I I
!;\()~ Así plles, Olllarakanél l'" el centro del distrilo m{h fér­
a medida que se asciende en la rquía, LIS Pl'l'"OllaS de alto
lil dc' lél isb, que pur!Ícipa acti\<anll'l1lt' en las
ran,[!O \' los jefes no POSl'l'n <llltoridad jUdicial o cienl!Í\'" ;:11­
1lI:\rítilluS de la Kula, controla la mús amplia red de alianzas
guna sobre las personas de ran!!o inlcrior de los poblados que
ll1;llrillloniaks \. Ins ceremonias mús importantl's, mienlras que,
no eSliÍn adscritos al SUYO. Cuando un jefe' rCC1I1Tl' él los ser­
en l'! cxtrcmo opuesto, se encuentra la gente (kl dislrito de
vicios de los micmbros de su poblado () ele su diq rilo () él ex-
8\\o\lalu, que liene huertas pobres, carece de canoas de alta
debe recompensar sus s('J'\'icios. Los recursos ne­
mar y tiene intercambios matrimoniales fuertemente
cesarios se los proporciona ll1edi,mtc la puligilmia, que es pri­
DIOS 4<'
de los jefes, y el don (uripuhu), que tocio cUJ1ac!o debe
('LJn la sociedad de Trobriand tenemos el ejemplo de una
al marido de su hcnllana. Un jele de rango se cnbza con una
rarquía hereditaria que relaciona diversos linajes y comunida­
de cada uno de los jefes de pohlado ele su distrito, dc's rurales locales sin funcionar como única estructura polilica
quc por [<.\I1to deben a su ClIl-l;ldu una parte importante cle sus
in lel!radora< El poder de los jefes es el soporte de las relaciones
cosechas y de sus objetos de \'edor. El jl'iL' de rango se pre­

económicas y religiusas que desbordan el marco de las ('omuni­


sCllta así, pucs, como el cUI'lat!o «glorilicndo» V glorioso ele

toda In C I1111llidad, ESla l'\n'¡X'í()n~¡J riqueza sine péll';:¡ proll'O­

U dades aldeana;; particulares, sin integrar, no obstante, a éstZls


ver grandes ccremoni;:¡s, \' en general para in un cierto
en lllla n'eI económica v ceremonial única que recubra tocla la
isla, Los jefes poseen los poderes mágicos más poderosos, que
número de publados en L'I Sl'1l0 de una «ecollomía de distrito».

deben poner al sen'icío de sus comunidades. Sus privilegios son,


Pur tanto, el jefe e" el Ínslnlllll?Il!O de una economía rnús \'asta

por lan to, el reverso de sus deberes y la recompensa de los ser­


que la de un poblado y, a (oniori, que la dc las unidade!i do­

nlésticas de n'"(){ll"'l'i/u") vicios excepcionales que prestan a sus comunidades a tocio;; los
El nin'lcs, imaginarios y reales. Trobriand también es el ejemplo
fuerza pública para resolver más famoso de la importancia y la forma que pueden Zldoptar
que conlinúan
siendo competencia de los lin<l­ los intercambios en sociedades primitivas segmentarias. Además
!le el jefe ck
su disposición a los ]Jn annél. la hcchicería, <\< tienc' ,1 del intercambio de collares y brazaletes, las grandes expedicio­
briand no conoce, puc~, hlThiccros. La soclcdad de Tro­ nes marítimas permitían conseguir materias primas
clase de ('cn t rél 1. bies, piedras para hachas, cañas, arcilla, etc. La red del inter­
¿Cuúl lH" PUL''', l'I sClltido de la Il'l'alquí¡1
que I unas a (Jlréls toclas !;¡s lI11idadL'~ qut' n'in.! c'n l'lla \'
f cambio Kula constituía una vasta asociación política, relacionan­
les dc' la isla, e, (keir, Jo<s linajes locaks) íticas \ Il'nitoria- f do sociedades segmentarias que debían asegurarse el manteni­
miento regular de un comercio vital sin el apoyo de un gobierno
UbcTo<¡ sugiere que el r;¡n!-'o de un lina ic l()c;¡J plIcdc l'UIl­
central que garantizara la paz entre los diferentes grupos de
siderarsl' COmo el I-csullddo lit' b cOlllhilléICi()n ,ic' tres Ck'1l1l'll­
cambiqas.
tus: al una \'enta ja ccon(¡mica, lo qUl' significa UIl pohlado COIl
[0rtílt" ll!!lTtél'i u pélrlil'ubrJlh Ilk bÍln sltuddo pala /;1 lwsca; Si, en relación con el big man, el jefe de la sociedad de Tro­
briand dispone por nacimiento de de~echos excepcionales sobre
b) l'I glad<J ell el que este poblado cle'scllqX'í1a t'l papel de cell­
Iro illtl'~. 'T;ld()r de las éH li\idadcs l'u)Jloll1ica<., ele sus \'l'('ino~ el producto del trabajo y de los intercambios de los miembros
c I Sil posícion en la red dc dlian/;l~ de' ultr:nll,lr, 'u JKlpcl l'1l
de la comunidad, aún no tiene control particular alguno sobre
l'l L1I1IOSU ,<ic/u de l'dlllhio l'nlr,,' la~ i,~I;I<" l'(JllUlit!o como "Véase la hrillante obra de J, Singh Uberol: The Poli/in 01 lile
"-ula. Lbclu¡ ¡«HU·¡"' .... Klda Ríllg, Atl Anah'sis o{ /he Findings o{ Brotlislaw Malirwwski, Uníver­
SLlv Prcss, Manchcster, 1962. p. 43.

4
~
42
,'I'JI';Wl1iCl/!O de \11/1'1: 4j
los I<Ktores de In UULllTlon, que
con t i!lúan siendo
los linaks locales. Este paso se de !J Illbros de su 1 contra los autores ele dl'li!os g:l';ncs, lo,s
en Ti ",'SíIIOS, etc.
Tras k¡/)el' public,¡c!o
sOl'ial (le' Ti dl' de que goza el C~, por t,IIl/(), doble, ,(En
R, [ir/h, en
('0, lskra ll~piri1ual y soci<:ll, las desigualdades "C)Jl de natu;<Lk­
dunde <''.cribe: . en " iIT,'ductiblcs .. ; en vl campo económico "uhre todo (h'
SOIl

"Allali,:c- b ('slnlcUlr;l económica de :,1<1<),,, En el scno de su lIni(bd dOllll;siica. l'l e' \' su farnili;l
ehas relaciones sociales se hadan más la SOCil'c!ac! porque mu­ ¡',Irt icipan dircclnlllcn/e en la producción, A nÍ\l'l de las Clllpl'e'­
li/ab;1 "11 con ten ido econórn ico, cuando se ana­ ',IS comunitarias eksl'lllpeña un papel dirig:entc, pero se le dis­

en pa rt icular la e<,íructllra la L'structllra y pl'll~;l de las tareas más duras. No /ranspor/<:l (',lrg,ls, SU" COSC"
VIL!', son recogidas \' ensiladas por los miembros de su cb11,
rdacioncs económicas, sobre todo del.;;istcma de control de las
de los T;llllpOCO puede cocer por sí rnisn10 los a!imentos, En conjunto,
rl'cursos. A su vez, es/aban ligadas a estas relaciones las activi­
dad,'s e institllcioTll'S rt'li~!i()sas de la sociedad» ~~, /;1" ll'lacioncs económicas son relaciones pcrson;lll's elll re los

La economía de Tikopi~l, COI1!O la de Trohriancl. no l'S una


¡di\ iduos. El incentÍvo dd bC'ndicio existe. pero l'Sfú stlhordi­
11:1l1" al papel social de la acumulación v ulili;:ación de las ri·
lT0110nl1;¡ deslI bs is tene ia ~" sino II na l'l'OllOmhl en b q llC la pro­
q!ll'/;lS, Las transaccionc'< económicas. como todas ]¡¡s relacio­
y el intercamhio dc hiencs "preciosos)} clc,sel11peña un nl'S sociales, ohedeeen a un «código de reciprocidad.»
. .I-'~ ocupa en la eCOllornía un p<:lpl'l hege­
mónico, Posec un derecho dc contrul ¡jltimo~ohrl' bs
"
C{)r¡'¡o en Trobriand, tampoco en este caso exi,tc un
no Ct'ntral, aunque b jcrarquí<:l de los jefes sea mús rígilia v en
las grandes canOas y los bienes más \'aliosos de su clan, Es su
¡n;¡(lTia de ritos tengan un jefe supremo al frenk, La estructura
"posesor titulan" y este privilegio estú hasado en el hccllO de
(It la sociedad tiene, mús pronullciadalllcnte que en TnJIJ1íand
que detenta cl control supremo de fa fertilidad de h ¡il'rra y
1;1 Illrma de una pirúrnide CUV<:l base cs/ú compllcs!;] por gente
del océano v el) el intermediario privilegiado clltre el Clélll, sus
()Illún entre la clla! muchos descienden de jefes. pero nu tienen
y los dioses. En el proceso de producción toma la eSl' e'sl él t llto (alejamiento genealógico en re!ación con la rama
eJe las actividades agrícolas v (le: la pesca v asegura la Illipal) () lo han perdido, La diferencia esencial con,~íste en
ele las activid;¡dc.~ coopera/'
preparación elel sagú, etc. ControJ<:l la la lIP;llición, junto al cOlltrol de la distribución dl' los
correcta /,,~, de un control dircclo dc los instrumentos ele producción y

¡
ma\'()r p;¡rte de los
COIlSéT\'ación recursos naturales esenciales, í\SCglll"(l su elll IIll papel dirigente en las actividadcs productivas a escala co­
tabúcs que los prcscn an dcl consumo munitaria. No obstante, el jefc no cstú exento de las tareas pro­
para el futuro en previsión dc fíes­ dUl Ilyas materiales, aun cuando asuma su dirección,
lvéndoles para que con5­ f ror vi contrario, en Hawai 46 los jefes ya no /rahaian. La je­
canoas de m<:lr y las ¡:rrandes redes ele pL'sca, social comprende tres niveles: las familias ele los
lIna gran canti(bd de hienes y estimula su
acumulación
sociedad
eho a la a un nivel mucho
grandes ceremonias que inkf!Tan la
más amplio que el clan. Tiene dere­
I knil,'!Hlo al frente de ellas un jefe supremo de la isla; la capa
ele los administradores, en general parientes lejanos del jefe o
de los homhres de alto rango en sus localidadcs; finalmcnte la
puede mateTínl de Jos miembros ele Sil cJau, pero no gente común, que constituy'e la masa de la pohlación, formada
presfarle est;:¡ sanción material contra quienes rehúsan <'11 su Illayor parte pOI' parientes muy lejanos de los jefcs y de
dos c;:¡sos, H,'curTe a la Arbitra las diferencias v. en dCflTIIIlT1a­ SI] COh01'te, Un número considerahle de tabúes rodean a la per­
fUt:rza con la m·1J(Je. de
supremo. Un hombre corrienk no pucck locar nin­
utilizado por el jefe: ni siquiera su sombra debe pro­
4' H'c, lile
Tik()['ia, Alkn ami l'llwin, 193IJ, \'l'Clarse sobre la casa o sobre los vestidos del jefe. Adornos es­
Pnílogo

tl!l'ionc,,," I'l
a la Sí'gunua cdíciol1, 1965. p, Xl Las aCli\'iuac!e\ pe, iales v eventualmente un lenguaje especial distinguen al jefe
ill Tikol'ia, hall sido ;¡nc'¡í7ad"s c'll 19.¡0 l'll TIi" IIDrk o/ !lte Insti­
~, j)ri,ui¡il'<
Alhlo!1c Prl"is, 1%7, Gutis
jJulYl1e.\/an F('OIlUJJ1Y, (!/l. cir., p 17, , ' l11Ij/,lmo~ la síntesis de M, Sahlins: Sueial S/ra/il¡ea/iun ÍI¡ Polyne·
\/(1, l1p 1',22,

.::......
44
1.. \01/1 el, \Iun ' /.1 -1:::
de Jos restantes hombres

rrientes se <.;vitan CSCTUpu


,'1\ emhri()nario L'n la !1ll'dida, al )XII\.'l"'1', ,'11 qUe' ~Iún
l:--tatlO
mente de la divinidad \' ¡iVlle
,¡",le' una \'L'1d:Hll'I:\ t'u'_'17a púhlil;:\ \ b 1 ILTri­
;1 de b pobbcion l'~tú poco dl'~aITuliad;:I, Eqa di\'i~í('lll :'>0­
,'1\ "í I1I1;;ma, no es diseul ida por b pllhL\"Í('ll1 I.~¡, I'L'\'lll'!t;:¡S
- , ~. ' H U ' • ""UllIO \. la muer(c de lo" mÍl'rl1­
bros de la l1oblew, El jefe supremo COl1fru!a d u<,o de la ¡ lit. l\l'11 por ohil'to ,¡holirl,\, "jll() rl'LÍucirb a límites lll;:i" S¡J,
dd mar y de las aguas dedicadas al riego, El 1 ¡,:hk,,"7
conse!"';a el uso de su parcela, Pero puede ser Para encuntrar una esll'lIctUI';:\ l.k E~L\du Lks·
si rehúsa CuT.! r ¡huir a los trabajos cok'cth'os o ¡,:lbd,1 1mbr[¿1 que aJxllldonar el úrl'él pulinesia \' ha­
pared" de iurma inlf'lroducti\a, Las rcdisl ,Id loS E"lal!os tradiciunaks afril:,\llos o hacia Ills L.;taL!os e
son redistnbuciones del control de los grupos Illlpl:¡ ios de la América prl'colurnhina, Sin entnl\' l:n dewlles, se­
CO"orle di..' un jde con motivo de su ascensión al poder o des­ I1dklll()S que en esas sociedades la ]1obl,lción está di\idida ac1­
pués de Una guerra, Esta cohorte constituye una especie de «bu­ 11l'llliQrativ<\I\lente \' que la autoridad central es cfectiva a
rocracia prírni tiva", que Supervisa la producción de unidades rcl\~':-' de' sus subordillados territoriales, nomhrados o, en n¡L\\'ur
domésticas "ituadas bajo su control. hereditarios "'J, El Estado dispone de lIna fuer­
Los recursos necesarios para las grandes empresas comuni­ !d PUDllCé\ ven todas partes ¡loza cid privilcgiu (k' recaudar im­
tarias, trabajos y ceremunias, se recaudan entre la masa de la P¡!l".[O:" tantu en trabajo como en l'spcci\.', lo que sc considera
población y van a parar a las manos de los ,jefes del alto rango, l"llll) uno de sus atrihutos esenciales, Los grupos locales oqw­
que los redistribuyen, La utilización de los recursos naturales n¡/:¡dos según las relaciones de parl'n\eSCo han perdido en
está regulada por tabúes para permitir su conservación yacumu­ e'¡ ('(lIIlrol de la tierra, En Hlklank el Estado puede
lación, El jefe supremo dispone de una fuerza de coerción para {¡I',' -,\1 ocupación y su uso, En el plano económico y
castigar a aquellos que infringen sus derechos, variando el cas­ ,,1 E~lado organiza actividades a un ni\'el inaccesihle a los gru­
tigo can el estatuto del culpable, La voluntad del jefe constituye, r"~ locales, pero e<.,(os últimos cuntinúan g.aranti/,ando una pnJ'
en definitiva, la ley suprema, El asesinato, las revucltas, las Íl'"iún \' una cooplTación entre sus miembros, L<l autonomía de
emigraciones limitan la tiranía del poder :v de sus servidores 1,)" !!f'UpOS locales se v~' más o mellOS re'elucida por nuevas nbli­
Y hacen alternar los períodos de descentralización y de centra­ '¡'llll'S respecto a auloridades exIL'rlores a Jos grupos de pa­
lización en la historia política de Hawai, Una estructura análoga l'l'llksco .Y él las comunidades locales, Se lksarrulla una rL'd de
existe en Tonga, Samoa y Tahití, donde, no obstante, el regadío '"I:,cionl's nucvas fuera de las relaciolles de palTn tl'seo y COllS-
tiene poca importancia, El cambio, en relación Con Trobriand 1i1'I\l' cf marco de nuevas lonnas (k prornoción social y (k es­
Y Tikopia, es considerable, a pesar de los numerosos elementos i. In1;)", El Estado ¡wranli/a la paz en el interior \' h¡ defensa
comunes, La tierra y Jos factores de producción ya no son pro­ (1 \" a t aqu<.; ,'n caso de cOllfl ic t() ext crío\'.
piedad total de los productores directos, Estos últimos deben , F.., I ¡¡do prOlTlUC\'e I raha,Íll" dc in !eres t'énlTa l, con 1. lula
producir un excedente utilizado parcialmente en empresas de ,1 ((¡¡¡llT,,'jO c:dcl'jOI y, en I2.L'ncral. la círclllaciún (k los hieI1es
interés colectivo que, en definitiva, superan las posibilidades de pi 'I()',O~,
las comunidades locales. El excedente movilizado en determina­
11 !:·jm!', C<.,l'¡ l'IlC;U'll:Il!O ,:n la P,T<.,O\l;:¡ (k un soberano pl'r­
das ocasiones ceremoniales adquiere proporciones considera­
\ 1\ 'I\ll' ;¡ de 1l'l' 11 1i f\c, L! u" 1 qUl' iu"t il¡can su
bles, Se citan las cifras de 40,000 cerdos y 20,000 calabazas tro­
¡¡Jo" Illílíl.Jh, dc relacionar·
picales, La aristocracia está ya totalmente desligada de la pro­
ducción material. Se constituye una división de clases sobre la
base de la apropiación del excedente de trabajo de las comuni­ ( , Ip.lr.lI los hCI,."hu'> ~lr\:lll/;hl()~ pdl \1,D, (;\\1''''1',\11' lliulu l , 01 [{e,
dades locales y de un control desigual de los factores de pro­ 'iI '<,JI/¡j¡;'ti,<",t /\(ricu, Thv Fl',l/!...'r l U¡ l' 19(>2, \L'Illl'hl':,ll'I', :. (J¡ ch't
ducción, Existe un gobierno central. También se da una de las n/u!: ¡I! rrihl:! ;l[¡r'l'u, lq{,~.
r-.:,d ¡ A /uulludrulI? ,<';/:111' {II Pa"r, Il/t' (¡I'i!r:~(li ¡JJ 11,,'
características esenciales del Estado, el derecho de recaudar el 1" 1,),\9, I k\ ,íl o:, \ I ( p,
trabajo excedente de la gente común, pero este Estado perma­ IUlrudlwt'[f)¡/ -,{u'ud, \Ltdl'i~l p:\.
46
Hauricl' ¡;i'II,WlliCll!O de :'v!iln \ D
se cun lu.., seres
ILlrak.., '\\ de los que "tln!ll~lrjlls )', por otra parte,,, empresas de ¡nlen:s COkcliyo real
tar de la n:lciol1, En
En los Arríca existía ~l \e'Cl'" un clero La l'schnitud L'xic,tl', pero tan sulo ciL'SL'I1l1')c'l1a un
el (",1S0 estaba secundario en 13 producción ",
del Eslos pocos ejemplos bastan pa¡'~\ n-'Gde é\!' la di\l'i'sidad \'
que desbordan l()ll1pkjíclad del (ksurrollo de la eks¡!1ualdau l'n el s,'lm de
b" ,sociedades primithas, Estas últimas, hay que I'epetillo, SOlI
--te resulta difícil separar, t:\l1 diH'r",as corno las sociedades de clases. (¡,líricar de <lCOlT1U­
las funciones políticas de las funciones r¡tunles o religiosas, Así, ni"dno prirnitiyo» b economía de los bosquimanos, cazaclolc:-.­
en las sociedades af¡-icanas se puede ari rmar que el rey e'S el r('('(¡]cclores que yi\'en en bandas en el desierto ele Kalahari, lél
de lo ejecutivo, el legislador, el juez SUpremo, d coman­ de los Kwakilltl. donde la compl'lición de d011l'''' y
dante en jefe del l'jército, el jefe de Jos sacerdotes o el maestro conlradones para adquirir títulos hahía adoptado la forma el:'
supn-'lllO del rillléll, e inclu!-'o l'l "capitali..,ta" principal del khrl' \' dramática de los "potlatch», la l'c()J1omía de Trobriand,
de la comunidad. Pero seria erróneo imaginarlo com­ l'élpaz dc organizar intercambios marítímos entre islas que dis­
en sí mismo un gran número de cargos separados y 1,111 entre ellas de ciel! a ciento cincuenta millas, la economía de
distintos Sólo tiene un cargo, el de rey. Los deberes y activida­ lo" i,r,mdes reinos polinesios, por no hablnr de los antiguos im­
des diferentes, los derechos, las pcrrogativas y dé' Ghana, de Malí, de México, equivaldría a hacer
se !íg;¡n a él forman un toelo unido» 51 que recer O<ljO una sola etiqueta diferencias esenciales, La
dad común de la tierra -y Marx lo subraya insistentemente-­
Tal vez esta fusión ele funCiones y dc m como la propiedad p¡"i\ada, las más di\crsas 1'01'"
la persona de Un solo hombre no podía en
a los ojos de l1la~, Escaso crédito merecería un historiador que bonase todas
los occidentales más que COmo la señal
co" que sólo conoCÍa la ley de la "despó!i­ la~ di!cre'l1cias entre las formas grccorronwnas o capitalistas de
del s()­ propiedad privada y que confundiera distintas sociedades de
clases bajo la rúbrica !:!eneral de «50cicd;1d donde impera la
pues, un Estado encarnado por Un soberano pri\'ada».
nobles domina una población casi siem­ Por otra parte, nuestros ejemplos permiten localizar y !or­
organizada en comull idadcs en CU\O sellO ias mubr en t(~rminos «operatorios» algunos problemas que la an­
de parentesco aún dcsempeiian un papd esencial. )' la historia deben profundizar para quc el pasado
Esta población debe al Estado una parte de su trabajo v de su humanidad cc",e de constituir un misterio. Citemos
producción. Este eXcedente se des! por una parte, al Consu­
nos de e !los:
mo de la clase dirigente, consumo que adopta aCusadas formas l.' ; Cómo aparcce la herencia de las funciones y de los es­
tal u to", en determinadas sociedades prirní 1¡ya s ? Hav que ac!\er­
247.
tir que dc",c1e sus formas más simples la süciedml
por Ma\'lT Fürtes \'
a!ricnins, pOlla va, sobre la base de la tli"bión sexual
"Rdle.xions sur le laÍI Balanc!i,',-:
Tll<lIÍonaux de socÍologie,
,'st,llutos diferentes para los hombres \' para las
C"/¡iCTS
'llll' :-.c ,\¡¡aJe la diferencia entre los primogénitos \' los herma­
: Frie \Vol I e'l) Pell\Wlh. 19M, p, 10. Ile,:;) Íl)dllSO ;1 l'snihir: fa p1':>'
duccÍ<Ín de un fondo dc renla e's lo que dislinguc de forma crítila al nos I\lenores.
c¡mpcsino lit:! simple nllli\ador." Comparar cun la carla de'
fklThl"in (kl 9 (le- ;)1'1"10 (h' 1881: "De ll11l'\'() Sl' II':I[;¡ dl' Lt
ria de 1:1' n;¡l'íOlll'S CllllPl"sín;,¡s, Dl''tle lrlan(h !lasla Rusia '\'luna c's,nbc respecto ::11 Estado inca: "El Es1ado hila un
l1 llt"I/() ¡dl'ok)~iL'l) p~ll·;'\ rOl iludar "iU> exutTiul1(.'s en la h,'rlninu1ogia dc
no1' ;¡ L íplu. l'n un;¡ nacion campC,in;1 el lampl'sino sólo l'"iSIl- p;na .\k­
l.. "i 1!'IlJ("ld¡/¡{ tradi,ion¿11 andin¿1 (uando la (',,['un;¡ l'1"bolo un ,í,te,
Sl'r cxplo!;ld" A.. ¡ suenlc de'sdv d Esl:\do ;hirio \' plT ..;\.,. La l'XiSlcl1cía ):'1.1 lit. :--l'ITiciu:-. L'n 1rahaiu, la;.. ohligaciont's l"t'L'lP¡ oca", de L¡ uHnunid~\d
L'q;¡ rc'lacílJíl lundalllCIl!;tl U)IJlLlllíd;,d l'llral'¡:sfado qUl' la ':"plula, con­
\ IOlnpn'ndida, pur todo, Slrlie'ron ck l/l(Jddo .. l'll "Oll llll'.l
de'na ;¡ un ll) lipo cÍl' etnología () dv sOli"l"gía rural que c',llltlJan ;¡
St! UI... -lun')" S \',<'1 t'I11.\ fl{ !'o!iricQI Control alld BllfC(11.!Cra{ y, l'Il
l'''tcríoL nlr;lks UJlllO l11ín<JulSll\I)S sin rdaciul1 aJgullLt con l'i
la,.. comuII,d;llk,
l11Unuo .')'" ¡('{In, jlJ:=;¡(, PP

\ .\b1\. I'rillilll\T ~()\'('rl]Il¡('I1I, U/l, (11, p. 187,

'¡8
.ter' 'l,~.\(/Ulij'f)t(l (i( \1!jlJ'x \' r 1;'
j'.)

2,
(En qUe' cOlldiCl()nl'~ ">l: lk"'alTulla lllld e'C(¡jllJll1la ele' rc­ de: E"tado qUe' d<lll\iIU ~l I:t~ l'UllHl-
Ll
que tran~!on11a \'
pale:ialll1c'l1k 1o"> Il1c­
SUq la Ill~\\'()lld (le- b" nYe' S , "\,'Ue'll 11 e'",a I\P;\'
cani">lllO" nclde~ que !:'~\tallliz<lIxm
Iladici(JIlédl1le'lltl: los
1'))\, peTO Ilunca la [11 cCl'elen, La" funciones re']
inll'l'camhiu,,> (k bil'lK'S .\ <"lT\icius cn e'l Se'!lO dl' IU">'-'lUpúS O
e'111re' dIos!", ,l¡:\ clL' la." ha."l'" \, e'n !ll'nl'ral, ,da Ill'cl'"idad dl'

3," (:Cúmo Sé conSlrll\Cn, al mal¡':l'1l de ¡a~ ,.., lIlkn:s,'s c()ml\n~~ \' COmh¡l! \1' lus int~l'eSe'S <1n
parl:IllL','ieo, rebcinnp~ sociales de llUC\O de "F I Estmlo --qUe' al principio IlU habiil ~ido "ino l:I ultl'l'iol'
dé los grup(Js n,\lurélks ele' COlllllllídmk" L'llIic:1l11Cllll'
las
con oh ¡e'IO de Sl'ITil' él inle'rl'Sc'S comulles \",) \'
,k pro(e'f'e'¡SC frente al cXIl'ri(ll- aSUllle' él ¡Xll'líl' de C:-;l' 1110'
con
leseo o IZlIl1bic'n oponerse a ellas, lll"nto, (un la misma inll'nsidad, la tan'a de milntl'l1eT coercÍ'h,
de nu('\,o en el seno de \;ll11<.:nl,: bs cundíl'icncs \ ilah:s \' de dominio eh' la clase dorní­
4," ¿Cómo surge, 1I,1Ií1é rcspedo de la dominada';",»
(ribución del producto social, de b rcdis­ La L'scncia misma del «modo ele' asiútico» consiste'
los factores de producción? el ('on1 rol de la existencia combinada (le: cO!l1l1lli¡}odes ¡1'as en las
Estos probkmas han recibido va múl l'oml.\I1al ele' la 1iL'ITa v or¡.:an iZild"s toda­
ciales que no vamos ahora a analizar par­ \ w, parClillfllél1lé, sohre' lil base ck rélaciones de parentesco, Y
[antL', que esas respuestas \'(Tifican no obs­ dl' un ¡Joder de Estad() que c\presa la uuidad rcal o
Imi de J\¡bn, a saber: qUe la deSigualdad social tesis Cen- comunidades, ('o¡¡trola el uso de los recursos económi,
pro tC:ge los cos e'scncialcs v se apro¡¡Í(I dircclamcillc de una parte ctd tra­
eJe las comunidades pril1liti\'r¡s v const
hajo v de la producción ele las comunidades que domina,
del rrogreso dé estas últimas,
en cierto modo él lTtolnZlr r,)\' Wnlo, en su ,'sencia, el «modo de pr()ducción asi:\tieo»
tales de Mar\ v, pan l'~ /1111/ de las ¡olmas dc (J'{/usici¡;!1 eh' \:t ... sOl'kdadL'S sin clases
modo t l',
asió! ico)', ~\ las sociedades de clases, En cuanto tal. su estructura unifica
,:Hasta \' l'o;nhina relacione''> ele producción \' de
es te concl'p I o
,~ado \' "pucsto en "eT sac:ldo del pa­ de bs sociedades ,sin cla"cs v lTbcilll1L''i de
icnlo)) de
derna J nue\o por la e'icncia mo­
\' (k dominación nucvas qUe' hacen ele- élb UlW sociedad de cla­
La fórrnu s,.'>, El nl1oclo ele producción <1si:11ico» expresa, por consil!uiell­
(':-:léconcept.o \'Iulesicndo cm te, haio ll1U1 forma cspccific(/, b con! raclicción del ¡1:1S0 de bs
mcrosos ,ILllores no marxistas , que lo han <';ílciL'dadcs sin clases a las Socil'daclL's de clases, \' esla
de las ohras ck K, Vvi llfo2l' 1, cariGl i llrí/ado \'
I ¡(bd consiste en el l1l'cho de que la c"plotaciún de las clases
este último, el {(Tllodo ele producción asi:;1 iL()))
Para
Se' ¡-""liza r¡ trm'és dt: formas comunitarias ele propie'(].:Ic\ y de
cÍl'lJaUc."> «hiclr{lulica,;», Cuando l'\isic CIl SOL'
ll:ll'C en I,IS so­
dé la tierra,
llO hidr{¡uli­
eas es porque elebe haDcl sido lomadu dc ()
Por l\)n~ip:lIil,'n(c, no e'," la t'\¡slcnci;¡ (k :.:\'~.ndc's obras
,,;oclcdacl hidr:íulica, l,a tc">is lle: Mar\ \ de
pUl' Una
PO!' U11 podl.'r CL'1l1ral lo qUe' harú qUe' una
es I1lU\ el i le­
I,'Il/l', La" <.>:r;IlIl!c,,> ubl prodllel hiélrüuIÍc;¡" Ih'l,;\ ;11 ¡)Jodo ek producción ;¡si{ltíUj), ,sinu h1 c'\i"kllcia de
"l', l' Illlpr(Jduu¡\Zl,,> no ,">(Jll Ill:h quc 111/(/ de' I,¡-,
o liL' olra el:.­ l()¡11l!1lid,lCics que po<.,cén olL;cti':1mél1le' los ll1L'díos de
Plhiblc'", bases

¡ '~1]11 ,'/
j !!i ..\Idlll(', 19,~7, l1 u ,'h 1¡ui·jJi¡/¡rnu.:,
\l'¡ 111¡h l.:\ ld'.'lll,'
,ti qlh.:ol¡
"" "";ll.1..;
s' 011
\dll], \ 1'. ( ; (Ji 11\ e' (: h;l,,,b:\,
tt'l)1()~ "'OLI¡lll'!)¡~' Illl1;lLl ;1l'i{)}\l',",
(r P \it!;d(J('~ 11;", ~"llb,.'lf"
\IUIIOI(
,,>,
,[I{j \, hh"t, !(h t.h.' ,l~!U~) l.u, cl.n¡\k" ~tp~\r"'l.·¡l'l Ull l1H1Vhu TJ¡;..'l'"
ill
in (V\)llll Pa'lf nud JI\'II:I'(h' I'L,::l(ho pUl' le! il'llllhLl,,'!()¡h" l'olltinl!('} ""k'ndn Lt itlrn1~i
1(69. nU111.
Pi' 1 ~(',
"í~'ll(lu 1\) } 1'I.-'liJ1"/;\\!O jHlr 11)-:' \:~lnak",
.so
.Hlll/rice ¡',1IUiCIlIU Ii, \lUI.\ \ J"lll.;,'ll 51
ciun c<,c'nciaks, CUYO control último se enCllentra en
Estado,
m~lllOS del
,Illb El l¡ldo mús mara\i\lu"o lk 1;1 ci\ iliZllCiun inca, aplntc
,I , '-.l¡
l
"i"L'ma pulítico en fue su k~bbcí(JIl socia]", Para
lnwntc se comprende que, de acuerdo con est" definí. 1, [budin, «c'l imperi() l()cid/sra» cle' los inLa~ l'la qln jordul
cÍtín, el conccpto (k «modo de producci(in ,,<,i<.itico» pan,:cL' te­
(le' hombres felices)) construido sobrL' "L'l eclipse del
Tll'r un carnpo de aplicación, en el espaciu v en el tiempo, mucho
lIdí\'iduo» t2. Estos juicillS nos cnselian poco sobre los inca, y
mú" \a"to dL' lo que pudieron prcH.'I' "'Iarx ,\' Engds ,y que,
debido" ello, el aclie!;\'{, ""si~ític(J}) en modo ;:Ilgullo resulta
¡1\\lcho sobre sus autores, pero no tencmos por qllí':' uculta¡' qUl'
Parece \tl!'\. \' Eng"l."- habrían e<,tado, !XI\'éHlúiic\ll1ente, mucho mús cer­
puede aplicarse a alf'11n()<,; reinos tradi. l:1 dc L. Baudin que de R, Karst,'I1,
en con
no existían grandes Pero esta paraclola no cs más que
, ponjlll' expresa
había
un comercio in. ,Ttamente otra de las partes caducas
de las tesis de Marx y
de productos en 1881, de que
, es decir, la idea, modíri,'ada sin
controlado pOI' estancamiento :v mise­
ser qlliz<.ís el caso de ios
l'l modo de nl-ot!ucción asiático

Ínsula indoch ina, que cont rol¡:¡ban las rutas


rí,\ milcnal'ios, cntr:lda inacah:\c\a e11 la «ci,itizaciól1}), inacahada

la India \' China 61.


l ' íllL'll1S0 nos atIT\"críamos a decir. eH parte, fracasada. Cierta,

llll'tlil', cn 1881 la comunidaü rural, b:\sL' del c!csDotisl11o orien­

A b vista de cllo (:hav que \ohcr en la actualidad a M"rx y


tah" aparecía bajo una nue\'a luz, dinúmica. re.Íun'nccida, pero

pener de nuc\"o en nlélrcha un concepto elaborado 1.'11 1858?


l'! peso de tos textos anterio¡-cs predomina sobre este nuevo pun­

a retolllar el concepto tal v como Marx to de \ista, que no fUl' desarrollado, Ahora bicn, la
de sus partes caducas y lo llloderna (" ha demostrado suficienteHlcnte que no cs la «civili·
en un concepto nucyO sobre la base de los co­ ¡:lci(JIl» 10 que nació en Grecia, sino su!amc'nlc el Occidente, una
nocimientos v los problemas de nuestra

¿Cuüks son esas partes caducas?


de' sus formas particulares que finalmente acabaría por domi­
En nril11cr lugar, la noción de
n~lrlLl, Desdc' el punto de "ista de la dinúmica de las fuerzas
no pertenece a la ciencia Este , la aparición del Estado y Lit: las sociedades de cla­
un poder tantu rnús oprcsi\'o ses que Marx v Engcls clasificaban en el modo de
<u'bill'aria (le- un se ellca rila en testimonia, por el contrario, un gi~antesco progreso
fúcil oponer inútil fUerZL\S producti\"as. Si el Egiptu faraónico, Mesopotamia,
como lo hacían \/oltaire y los pertenecen al «modo de producción
siglo :\\"11[, la
los emperadores de por el bien gobernar de éste corrcsponde a los tiempos en que el
<:lUlor\.'" Basta confrontar los juicios de dos humbre se desliga local, pero definiti\amcnte, de la economía
sobre l'l poder totalitario dl' los incas ele- la ocupación de la tierra, in\'enta nuevas formas de
r"r el earúcll'r vago v subjcti\'o de este concepto.
cÍ¡'H], perfecciona la agricultura, la ganadería, la
, el «gobierno totalitario dI.' los inc~ls no era una
ill\'(,'nta d' cúlculo, la escritura, el comercio, la moneda, el dcre­
tiranía insoportable, NiI1PllIl:¡ oprl'sión de sus súbJitos era per.

ch(), nue\"Lls religiones, etc. Por tallto, en sus formas


ri~\" el «modo (le producción asiático)} si¡mificaría, no el es­
\' "':'Sl' d Iwll" :m;, lisis (lc-l Tíh"t 1radicioll,l! en Cal"l;íscO: LWH! (/)uZ
PolI( I ill fih<'l, SCilttk, PI', ll),~\), ~S,
207, 11-i , "'(o éxiste sej),lración :.tl­
!;Ulc,lllliento, sino el mayur progreso ¡k las fuerzas produeti\as
guna C'IHrl' 1'1 pod'T L'COllt;11lic'o \' l'l pode'! político, Ll;, mísm,-" l,'~rli/ado sobre la basc~ dI.' las :ínti[!ua~ [()rtn~l" comunitarias de
Cjlh' l01111<Jldll la tl"IT~1 l'()I1II,d~l!l 1,11l1hil'Jl L'I F'!;ldo;
pi Odllcción,
,\1111 l'l Eq;¡clo, \' vi Eq;¡do, e;' lkv;\" 'l! I'l'1'1.1\;1I ('n bnlo qUl' ,"'Uj)O, po, 1\0 ohstante. la tesis dc Marx pare'ee consenar una cierta
1,1 til'll", La d(llíllll"C\()1l l'okelll:l ,le- I;¡ , ,upl'liol' l"KII','ntra 'u
':'PIl';U" ]10!Jllea t'lí l') podl'! :lh',,,lut,, ,kl 11:\1:11 I ;llll,I, l'lí "1 plupil'c!"d
\;tllck'z p,\ra épuc<l'" Inús tardLls que pn'sc'IlCiarOll cómo sude­
dl' l¡¡eI" b:--lI\'O:--.}"
¡i"na \ l'l1 Ie\ "'¡Ihordínací'j¡¡ lÍ,' ¡,,,lo d pueblu l'11 :Clnto ljlll' lbdL'S de tino «Llsi,\tico)} se hundbn en un l'stancamil'lllo milc-
~úhdi!o . .
\·l·~I"l', ,....,oh¡-v lo..., Ec...t~ld\l" "h~1l ti", Hi¡ Jll,lJlI¡l, R, K.lhll'll: lo:dliturf,,¡¡ .'o¡<I/e
.. \ T'U"'I, p, :!N': 1.. B:m­
,. li( !I¡,d¡!rllld }JI/lino., l'í,'~, PI', 239-251. [l'"el¡ r Ll'deh: !'(jj¡,"l',¡f SI \,
illl¡'d,,' di';" 11l{ ih, P)~K, p. :~('.
tll[':1 dl'lllbk \1... l'n vllo"- una l\<..;tn.1C~
e Cl\il<l," s"' id r,ulll/i,,¡¡, 1'l'11: eL,,),,: \\"nrld ['1r"l1!'t''''\ I\'<.:;he' mi
de' l'"Ll Obl l'll fu p!'n."'\:t 19«" IltÚ11, lU7

.........

L
)

!'CII"illliL'il/(I ti<' ,\fun ¡ !


HOilril'i'

~d hUlld i mil'll(U de' las l'COllUlllÜ1S l i¡la"


n<líIU, Ll uIl",¡i,'J11 ni) e,,[ri!Ja ,'Il ll,'2:11' !;l taldad \' la len­ '. 1\,.'111, la que
IJlucI lkl lk~dr]'()l¡u d\' l1llllll'!l)',:¡, S\\Cil'd;](lL', de' da~,'S llo I~l Grecia arcaica,
l;cl'ic!clll,dl", PlTO t:lIlllJi';n iJa\ t¡LIL' Ilcoldar qlll' ,¡/['unas de ,\~í puco" la cllcstion n() es(~¡ ,'11 una ,( \ udu a ,\lal''\», pl!l'~t()
elI;]s, como China, l'stabé¡ll, lJa.'/a l'Omil'l)zUS dl'l \\f, más l/lIc' ~ería l'l'12Tl'sar ~l un l',lado Slil)('}o¡jo de.' la ill!OJ'1l1dCion ci,'n'
;l\;lllz¡]cbs q lIl' la suciedad OCcidel1 Ud, La !'llpl Ul',j, la :1 l,',]. La clll'slión. para un mar,ista, cUllsisle en ínn'lIlar los
solu Sl' pl'uduÍl'rOll t'()j] el <.k"'11rollo cid capilaJislllo ,.'\Jo obs­ ,1l1¡cl'plus teóricos que.' ilüonne.'flsobre la Ilr[¡CI ica (cil'ntlrica ti
1;[11[(:. el d,'bate lc'orico no esUí ,¡/ll. Nace del 1l<,~dlO de que .11;1) de.' su til'lllPO v que. ~icrnpr,' que SC¿l
IluS k.\lus dl' M,ll\ sll[!.icrCll Id idl'a (k' (jllC "el modo de pnHlllc­ heredados de Marx, Sólo a este
cion asi,ltiuJl> ddw implicar lI('c'('sari(/JIIl'lIt(' un l'sl;\llG¡llliento 1\I~loríc(J, el1 tanto que concepción gCll, T al dl'i
milenario. AllOr;¡ biéJl, l'l !1lodo de rroducciull 'l.siútico». l'01110 [ill l'[)Il\'Crtirse en un cuerpo cClTndo de
lodo modo de producción, puede l'\'olucillllélr dé ¡'{/rias maneras, por lanlo, cksembaraznclo de sus parlL's caducas, cunfron­
\' esla evolución depende no sólo dc su ('str/lClllra interna, sino I,¡do con /Oda la información disponible de nul'S tro t ¡cm po y
íambién del medio histórico. 1.;:¡ cstnle/u]';:¡ inícrna dd «modo por un análisis teórico nUl"'O (le' bs estructura;; de
de pruducciór!l) ¡¡siútico combin;:¡ l'síl'L1ctums comunitarias y l'S­ de las estrtlCtUl'as rdígiosas, económicas, en Ins so'
tructuras dc clases. El «modo de rro(]ucci(Jn" ;¡Si.:ilÍco !lO 1la sin clases o en las sociedades cstataks pl'imíti\'3s, el
c\'oluciol1<1r, tnlllsforrnal'se :v a "CCl'S desaparecer más ['ulll'epto de «lllodo de producción asÍ{lticu)) o un concl.'pto equi'
que en la medida en que hls rl'lacioncs cOl11unitarias dc produc­ \~¡Jente, más exactamente denominado, puede y debe scr' « pues­
ción y de propiedad fucl'On dcslruidas \' sllstiluidas pOI' diver­ lo en rráctica» rOl' la ciencia modérna.
sas fornms de propiedad pri\'aela. En la l1Icditln en que 110 se PlTO no solamente se trata de añadir un nuevo concepto a
dcs¡¡rrolb un proceso de este I ipo, el «lllodo de producción ilsiá­ 011'0; se trata de una nueva forma de plantear los problemas.

tico» se pctril'ica, implicando un hundimiclllo, Ull rc!aii,'o l'stéln­ H~lV que tomar el problema del origen de las clases por los dos
('amiellto de la sociedad, Posiblemcnte la prillllTa \ ía fue b de extremos, por el lado de las sociedades sin clases dominadas por
Chilla \' Japón bajo f()rrJlél.~ .\ l'f1 época~ 111m' dilcTClllCS, (luidlS las relaciones de parentesco (antropología), y por el lado de las
que COI1 el des;Il'l'ollo ck la propicdnd personal, selio­ primeras formas de las sociedades de clases (arqueología, histo­
ria). Dar cuenta dI:: la historia consiste tanto en realizar el aná­
formas del modo de
lisis de sociedades Y épocas particulares, como én construir y
a fonnns Jl1ÚS o menos w¡mogns a
fcudales europens "', aunque el papel del Eslndo elaborar la teoría de las relaciones sociales, dI:: su evoluCÍón, la
,ser Inl que. en estos casos, CS;]s efClld~didades» conSC¡TCn teoría de las relaciones de parentesco, de la religión, de las for­
ciertos caracteres p1'opios del modo de mas del poder, etc. La ciencia histórica moviliza y unifica todas
la segunda da, la de J::¡ ¡'\'olución ,denta», las cienCÍas humanas, A este precio puede descubrir la lógica
en nurncro"os casos t,111tO mj~ escondida de I::structuras sociales y comportamientos que pare­
cen a primera vista extraños o absurdos cuando pertenecen a
lidad dl'l Eslado (It' imponer trihutos l']] t rab,l jo, CIJ eS¡K'C1C a

sociedades arcaicas o no occidentales. Tal proceso impugna a la


/as COlllUllidades podía frclwr la ¡r,lllsfonnación de LIs ((-cnieas

vez el positivismo, que influye en numerosos historiadores mar­


\' l'l des,llTollo de los illtel'Calllbios; en es1t U¡"", \' ,solo l'll l'sle

(,¡SO, lo tesis de Marx qUl'daría p<\l'cialll11'lltl' ('011 I jl'lllnda, Por

xí"tas, y el evolucionismo estrecho del siglo XIX.


Toda discusión sobre el «modo de producción asiático» con­
otra parle, nueden haber existido Olms da.~ de l'\OIUCj(Jll, por

pues, más allá, hacía la constitución de una teoría com­


ele las estructuras sociales y a la construcción de un es­
. \" ro..:, (¡-;I1)dru.'1 !l}~j~:¡,!r;th_"" lk' J \1.'1'(IJldf11 "qbl\> l;¡ c¡l'nc¡~1 \ la quema multilincal de evolución de las sociedades 66, Y, en este
_'iocic'd;td l'11111:1", qlll' dl'nl!h>_""lr~tll L! .",¡qk'rio¡-iddd d,,¡ dl"'dJTUfju la ci,'n­ proceso, el marxismo puede y debe dcsempeñar un papel esen­
lLl dlill;l l);i>,1.t };! ,'plll.. ';¡ d,'! Rl'n;¡l'inl1L'lilo ,'11rU¡h'd \, ,()h¡~, tudo, el }1~1-
L'jllltCnlu tll- c¡,;lKi~h
\';,'<l~l' ,\1. (j¡)dl'l¡~,'¡' '" Vc'asc M. Godclicr: Rationalité el írrationalité en économíe, 1966,
"I! i( );/ l'
!lru;!u, 11\'i¡J{I/!Uf"¡
\()¡('11IU', 11¡¡¡!X!\/!'\" págínas 90-98 y 229.231. (Existe una versión castellana publicada por Si­
(\ cd",t' I.i llludr/ di' ¡¡rud/EL ',( [: K,\1. Hh.f, p 3-1
I
,'d. ( L glo XXI Editores, Mc'xico, 1967,)
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,¡¡(/lIrl(' ))
IlL'IISIlI71it'llI<J de ,\Jo!'x \' F/I
pero ,~óJ()
c'n l;¡ Illl,tlida
dice en el aniÍlisis d..: ::.us prupi()~ pn
1,( infrac,>tructllra \' la SUpcl\:slruclura. En rc;:Jlilbd, d l'cono­
Ahora q Lll' profun_
fúciJl11cnte las fuerzas pruducti\~ls de estas so­
cipío l'''c'!1li;¡1 dc'! marxi~ll1o COIhi"k VIl la ksi.s dl'
d PI-in­
ele.), pero no poddl «::IIS­
soei;:¡] til'l1l' sus fundaml'lllo') últimos en d )ll(J(lo dc'
lil
de la \ida l11atlTi;:¡1.
l;¡r» relaciones de producclOn <m!ónoll1as», O al mC!lOS, las

éSe puede mmJ1CI1L'r esta ¡"tinguirá el1 el funcionamiento mis!1lo de las relaciones de pa'
l1es de parentesco ksis cuando YL'ITIOS que las rc'lllc"cO. Estas últim;¡s determinan los dlTl'chos del indi\iduo
en bs "\lbrc~ la tierra \' sus productos, sus obli~YacionL's de rl'cibir, dar,
pri 111 í t ¡vas el
UUl' comprender al mis­ lOoperar. Igualmente de1crminan la autoridad de algunos sobre
parl'l1lL'SCO en el sellO de las otros en materia política, religiosa. Finalll1l'l1k, constituycn.
J " ¡"'"FU ({t:lcr/nillullle, en última JlHll lo muest ra Cla\llle- Le\i-Sll'aUss, « 1:.\ armadura sociológl­
cia. de b l'Conornía? y, de l11éllwrn gl'l1l'lal. (:0)1110 compl'l'llder 'el"~ del pensamicl\to «sah'aj,'». UIIO de los L'squcrnas que ol'gani­
el papd dominant..: de una cstructura en un tipo ¡nado
ti e socil'da(P I,m 1~ls repres"l1taciol1cs míticas dl' la rdación
tas
Marx. desde las ragmas de El Capilul, h¿lbía aludido al pro­ de sociedad las rdaciones de p:l1TI1­
al responder a uno de sus cdticos: , I',.. laciones po-
él, mi tesis segl:m la cual el régilllc'l1 de k"CO
il'as, ('squema jckulógico, El p,\renlesco es, pUl' consl¡micn­
vi¡lente en una éroca dada v las relaciones de producción pro­ te', c'n l'sIL' caso, a la 1'C: infraest rtll'lura \' supen'sU-l\clUra.
de este n5girncn, en una ralabra "la estructura econ<Jl11ica [sla fllllriful1cirmalidwl del parc'ntesco en las sociedades pri­
de la soci,',hd es la base real sobre la que se alza la supraes­ Illili\as l'xplica, en nuestrn opinión, clos hechos sobre los que
y política y a la qUl' correspunden c''\i~!l' unanimidad desdl' el XIX: b complejidad dl' esas
ele conciencia social" y de q uc "d
I','bciones \' su papel dominante. El parentesco funciona en ellas
de la vida mate¡'ial condiciona ludo el
di ¡,,'('1 amente, in tcriormellle, como relación ecol1óm ¡Cl,
política y espiritual", era indudablementc cxacta res- L' ideológica; por eso al mismo tiempo funciona como la
al mundo moderno, en que predominan los intcre,<,es ma­ ,il1lÍJólica en la que se expresa el contenido de b \'id;:¡ soci[ll
pero no podía ser aplicada a In Ed;:¡c! Media, en que como l"nnll"i" !T(~neral de las relaciones de los hombres entre
reinaba el catolicismo, ni a Atenas y Roma, donde imperaba la
POlílica, En primer lugar, resulta peregrino que hava todavía » no se
piense que todos esos tópicos vulgarísirnos que COITen por La
como una relación exlerna, sino como una relación inierna, sin
ahí acerca de la Edad Media v elel mundu ;:¡nt son ignorados qUl' las relaciones económicas entre parientes se confundan por
de nadie. Es indudable que ni la Edad Media rudo vivir del ca­ cito con sus relaciones políticas, sexuales, ctc. La Il/Jidad de fun­
tolicismo ni el mundo antiguo de la política, Lejos de ello, ]0 l iones no implica su c011fusión- Al mismo tiempo, c'sta
que explica por que' c'n una era fundamental la política \' en la
lbd de funciones del parentesco se ha hecho necesaria por la
otra el catolicismo es precisamenlL' el modo como una y otra
las fuerzas produc(ivas, su débil nivel de
se ganaban la vida. Por 10 demás, no hace falta ser muy versado
la división sexlw\ del trabajo y la coope­
en la historia de la república romana para saber que su historia

secreta la forma la historia de la propiedad territorial. Ya Don el. l.cl\-¡,S¡ r;Il1';~: nll
1/1/<'1 Wi.t ('['lid res, P\on, ¡ 967, pp, 07, ¡ n, 114,
Oui¡ote pagó caro el error de creer que: la caballería andante .1 I Ha\- lrauucc'¡(m ca~ll'llana c'n Fondo lle CL1ltura Económica. México,
era una institución compatible Con toclas las )
de la sociedad» , económicas D,' ahí prO\'íl'nC el error de los antropólogos qu<.: dan prioridad a
El crror ele Pilrtida que ,"la lunc'ioll simbólica del p;¡rcntl~SC() la tral;m como pum lenguaje. Y
'C1lnhicll l'l errur upuc,to de quic:nc~ ddiJ\ir el conlc'iudo ~us-
considerar economía y parentesco cn las funcionl's l'conümicas, políticas tcli¡riu.sas, V0i:\S,; M,
Corno dos es t ruc ¡ Liras ex (('riores In una slruClun: el cuntradiction dans l.e Ca¡Jiw! ck Marx'>,
nmÍc'lllbrc' 1966, pp, 818,864, (Vc'ase' la [l'aducción
ti Ca/Ji/aL líhr() L lomo J, 46, l,hklbna l",tC' artkulo en "Pl'ohkmas de:! l',tructur~,:ismo", SIglo xxr
L;'I')r,'" , PI', 50-9,,,>

...
57
lO de ;\lar'\ y
:')6 Hauricl! Gmlelier
re"clan el contenido objetl\'o e
raclOn de los indi\'iduos de ;:¡mbos SL"WS p;:¡ra subsisl.Íl' \ repro­ de las socie­
ducir sus condiciones de l'xislcnci;:¡ 7", Sobl'\: estas b~l"es deben di
analizar<,e las complej<.ls razonl'S de b aparicion ck; Ids relacio­
(Lides conS1SlL', pues, en construir al mismo
nes de parentesco unilateraks, bilinca!cs, etc
,'IL'lliil'ica clel parentescO. dc la política, ck b
Explic;¡r la l'\'uluci()n de las sociccbdcs L'"I~¡r clispuesio a reconocer quc en
. b aparición de nUL'\';'¡S ¡IlCO!1 ,
,'I parentcsco es la economía -o que la
m;:¡lltenimicnto de las antiguas estructuras sociaks, n,il' directamente como relaciones de
ma del paso a las sociedades de clases \' al Estado se reduce, nos facultan para eliminar el mito de un
pucs, a saber en qué condiciones las relaciones dc parentesco 11llmanidad en el que los hombres habrían vivido
('eswl de desell1f!e/lar el papel dOl1líl/{wte, de unificar toda'i las o ~in n'laciones de parentesco () sin represcl1t~lción del
funciones de la vida social. II "o!anlente habrían intentado subsistir sin tener t

Puede suponerse que la aparición ck nuevas formas de pro­ íll\'L'l1iar productos de lujo, como serían la religión, el

ducción modifica la residencia, la demografía, la importancia kSCO, etc. Desde que la humanidad existe, existen los

U111 un contenido v una forma determinados, y la historia no

ce'" olra cosa que la historia de sus Ifall t"v""u';()JII'S. En esh~

rdat iya de los sexos y exige nue\'as relaciones de producción,


nueyas formas de autoriclud. Más allú de un determinado limite,
las relaciones de parentesco dejan de corresponder a esas nue­ SL'lllido, Marx tenía razón al eliminar los
vas condiciones socÜlles, Evolucionan hasta que, al margen del que no era la
sino
parentesco, se construyen nuevas relaciones sociales que, a la de producción

larga, cOl11enzarún a desempeñar el papel dominante, que era Sil separación.


Para que sólo sean «superestructura», para que las relacio­
el de las relaciones de parentesco. Estas últimas se orientarán neS de parentesco «se especialicen», para que no sean mús que
hacia un papel diferente, secundario, y las nuevas relacione~ una relación social que garanticc la reproducción de la especie
sociales cargadas de nuevas funciones ocuparán el lugar central hUl1\al1a Y conserve un ospccto económico sin intervenir direc­
dejado libre, Nuevas relaciones políticas, un poder tribal cen­ ¡(l/l/ente en la producción, eS preciso que se den condiciones
t ralizado, aparecen en determinadas sociedades dando la im­
presión de prolongar el parentesco, de salir de él y de oponerse hi"lóricas muy particulares 72.
Lo mismo se requiere para que la religión no sea va mús que
a él. Sin embargo, no es el parentesco el que se transforma asunto personal. concepción no cientifica cid mundo,
misteriosamente en relaciones políticas. Es la función política que evitar proyectar sobre cualquier sociedad esaS cate­
presente en las antiguas relaciones de parentesco la que se des­ modernas que corresponden a relaciones sociales l~spe­
arrolla sobre la base de nuevos problemas. icas, Resulta obvio afirrnar que únicamente tales análisis pue­
El estudio científico de la evolución de las estructuras socia­ ckl1 resolver las dificultades que encuentra d desarrollo eco­
les (parentesco, política, religión, economía, etc,), no es, por !l(ll11icll y político cn las sociedades donde las relaciones de
consiguiente, mús que el estudio de las funciones, de las for­ la religión (islamismo, hinduismo, budismo), las for­
mas, de la importancia, dd lugar que ocupa cada una de estas nEIS de poder (monarquía, ide de tribus, ctc.) tienen un conte-
estructuras según los tipos de formación económica y social y
Sobre el rango y la l!"I.'V' ,<u" elc bs cs\ructUr<lS sociales en una.
de sus transformaciones. Ahora bien, esa relación de cada es­ ".cI."! 1\\:11':0;. cscrihicl l'Il 1,1 lntrmlll cciú 1\ lh' b (',,!lUí/II/­
tructura social con todas las demús constituye la propia estruc­ 11 !(I oÍ/ica de la ,'Cllll
IlII1W
¡18~q): ,,[, una ilumin:1Ción ge­
tura de la sociedad. Fundamenta la causalidad propia de cada ,'I:d ,,11 la que se b:,,-un (udus los collln's \' [quel mOllifica las parlicu­
una de sus estructuras sociales y su correspondencia recíproca. id.ldl's de l,qoS, E~ como U]) élcr p:lIlicular Cjue dCICrlnin:1 el
i' ,iíieo lk (llc\¡¡S Lb [orIn:ls de l'xiSll'llCia que allí \0111<1]\ rdi·,'\c", r
Pero esta correspondencia no existe más que dentro de ciertos (., la (fUi,,¡ ,it' !II c,'()/luWIll 11mf)'Ulo ),
(,)le"'. \1:1,11 id, \q~2, p, 28,
clnl1\:"11ll'n~ n

196~, 2l),~3,
,\kl',1l1i,m 's ,\u l'l de' l':ld;¡Platio aH "hang("
c
7. el. Lévi-Strauss: Las estructuras elementales del parentesco, ed, cit" el suci,:/(', \1ULlIOn, p, ,
página 75.
58
}vlaurice Godelier Il L\ A!\íTROPOLOGIA ECONOl\lICA
[' • > ".­
~l'¡j r,
v
que en las sociedades oecidcn tale;; capí talistas
fracasos de algunas elllplcsa" de desarrollo
/aÚlla est~í¡¡ ahí p,¡ra lTcord::lrlo y Cé:,'/T,'W OE COCUIIIIENTA\,;IÜN
no se deDen a la « .. El- kMI,\¡ HUk [/\00 "
"indígena,,». )} elel comport<ll1liento de los
En Ilrl¡) época en la que, por
elad de hacer .progresar a la
H:Z, L'xis((' la posihili_ (J e 'IJ
sin nuevas
clase'" Cxi)lotadoras lIi ll18ntener COl! vida a las

purificado de todo el mar­

debe dí tanto las


revoluciones cien líficas corno las revol uc iones económica es un campo de

,111! !"()PUJugll-",' que se encucnt ra actual mente en pleno desarro­


1:" \ t,unbiL'Il, en cierto modo, en plena crisis. De este desarrollo

\' tic' esta crisis da testinlonio la di\'cl'síclad de ::t1gunos títulos

¡"Incldos al azar entre bs publicaciones mús recientes, publica­

el 'iJ,'S que dependen a Sil vez de prúcticas teóricas difL'rentes,

l
1 I1 pi ¡lile!' luVnr, se l'neUe'lltrm¡ J1H)1\0h,raflas COlllO la dcdiclda
('11 1970 por Harold Schncíder a la economía de una tribu de

'!,,!v;tllia: ].)s wahí wanvaturu, a la qUl' sct'uín, el mismo cll1ü,


,'! (".,¡udio de Pl'lcr Rígh,\', dedicado al an:disis de las relaciones
,'Idr,' la economía scmi·pastünd y !as formas de parentesco Y
,H Ililación social de los gogo, otra tribu de Tanzania. Junto
l'st:.IS rnüllog raf í:1s, otras obras lTyclan la cxisil'ncia de ín\'es­
rativas intcrdiscíplinarias Y cokcti\'<1s, ,¡hor­
de vasto alcance para la ap1n\l)olo12ía, El! 1968,
Ilil,',1 ro ('ol1ucimiéntu de las socie'dades de
1,", cJ11L' sub:"istcn a trmés del mundo ¡tIl' l"l'!1o\'ado por los ('S­
11dios publicados en Mall, file 'WlltCl", editados POI- Richard Lec
" :I\"l'n ["-'\Oré, v, en llJ71, lus conocimic'nlos relativos a las fo¡-­
"U' Lk' ('O!lllTCio ]1rc-colonial en Africa Occilkntal v sus UallS­
1',' !ll,ICiol1c's b:ljo el imp<1Cto de la trala de escla\'os v la colo­

III/:.t<: ¡UI], ~l sí COlllO del desa 1'1'0110 del


llc"ll':lhllll i!?Jlall!1l'nte rCllo\'ados por los
¡¡Il 111Il'í()!lal. Flllallne'nle, a un tc'ITer nivcl !lOS eJl\.:ontranIOS
I,hra,> vpiSkP10!tl!-'iuIS que dcficnde'l1 distinlils tesis sobl-e
ÍII rUI!II'ak'¡;¡ \' lo,> 1tI1liil's del campo de ill\estigacíón de la ;:111­
'pIJ!' L'C'()ll"míGI. Tl'l'S c(JITil'nkS Se' c'n! rentan: b escuela
dl,I<I, l'eprl,selltada ,'ll 19()S pur In ohm tle' Ed\\<lrd Leclair:
1} ()iili(' AI/Il¡ff \"; 111 ~',l'lle'la sllslallli\'í,ta,
Id "hu p'hilllll,¡ ¡le' r..111'1 P"lllll\i: Prilili¡il'I', {/rel/ilie ({lid
1,"' i li l'¡'()i/Oi!U"" puhliLllda if~llalllll'niL' ,'11 1L)68, \' la de G. Dal­
}"lillU¡lIll' j' (;lld }),,\,,!O/)!II,'ill {197 11: la C(J­
il' íIllll":i,la rc']!I'c'" Illada pOI I tak,;, ,'()1ll0 i,',,\III!!I'()­
eC!)}!(J'I1Ii/li,,: d,'s (;{)IIUJ el/: ('ole ¡f'/nlÍr(', (le: CI:lllde
eCU/l()­
: , '" J\ l\. i 1L) o-l l. el II/dll/(III..:' dL'

do......
60
Maurice Goc!clier
r,; 11 económica 61
miqlle, de M. Goclelier (1965), Le " " U , l t , ) l f l e ae¡'ant les sociétés
de' Ernrnanuel Terrav 0%9), v por StOl1c-Ar;c Eco­ «No existen ni técnicas ni objetos económicos especí­
de MarshalJ Sahlins (Aldine, 1972). Las polémicas se fi,,)s. Vnicamente la relación entre fines y medios es lo eco­
refieren a dos problemas. En primer lugar, a la naturaleza de n,nnico ... Si todo comportamiento que implique una "asigna­
lo económico -reproduciendo la controversia, en el seno de la l'j,)n" de medios es económico, entonces la relación ele una ma­
antropología, las discusiones que reinan desde hace un siglo elre con su hijo de pecho es una relación tan económica o, me­
entre los economistas_, 1/, seguidamente, a la naturaleza de la jor dicho, presenta un aspecto tan económico como la relación
antropología. ¿Es la antropología Ulla disciplina regional que ~k un empresario con su obrero asalariado.)} Aparte de disol­
trata de algunos tipos de sociedades dc~ignadas de forma vaga \l'1' el objeto mismo de la ciencia económica, la definición for­
y negativa como primitivas y campesinas, o, por el contrario, Jljal de la economía implica también otras consecuencias nega­
es una ciencia universal que trata eJe toeJos los tipos de socieda­ lÍ\ as. Asigna como punto de partida a la ciencia y le confiere
des humanas y tiene la ambición de convertirse algÍln día en la por objeto el individuo aislado, dotado de una psicología v de
síntesis de todas las ciencias sociales? Es preciso respollder a un modo de comportamiento que corresponden en realidad a
est<lS dos cllestiones, y responder a ellas equivale a determinar los l'statutos del individuo en el marco de las relaciones de pro­
de forma rigurosa las condiciones epistemológicas de Una an­ ducción capitalista-mercantiles. Efectivamente, Robbins decla­
tropología económica científica. De esta respuesta teórica podrá ra: "En la economía de cambio el análisis económico adquíer
derivarse la determinación de algunas condiciones prácticas de su mayOr utilidad. Resulta inútil en una economía aislada y que­
la encuesta etnográfica
da excluido -salvo en las generalizaciones más simples- por
A la cuestión: ¿qué se entiende por 10 económico?, la respuesta la razón de ser de una sociedad estrictamente comunista. Pero
más frecuente es la de la escuela formalista de Herskovitz, Firth, allí donde se permite al il1(lividllo la i11iciativa .
Leclair, Salisbury. Estos antropólogos retoman por Cuenta pro­ en las relaciones sociales, el análisis económico recobra todos
pia la definición neO-marginaJista de la economía propuesta por sus derechos» 1. Esta cita es harto elocuente, puesto que indica
Robbins y que ve en esta ciencia el estudio «del compOrtamien_ con claridad todo lo que hay que excluir del campo del análisis
to humano en tanto qUe relación entre fines v medios escasos económico para que una determinada definición de lo económi­
que tienen Usos alternativos». Esta definición asigna, pues, como
co sea aplicable y quede justificada. Además traduce una visión
objeto a la ciencia económica el estudio de toda actiYidacl orien­
mercantil de las relaciones del individuo y de la sociedad. Re­
tada a un fin que posea una lógica que le garantice una cierta
cordemos quc ya Marx subrayaba en los Fundamentos de la
eficacia frente a una serie de limitacione~ gracias a la combina_
crítica de la ecmwmía política que: "Cuanto más lejos nos re­
ción de un conjunto finito de medios. Lo económico aparece en­
montamos en la historia, tanto más aparece el individuo -y
tonces Como un aspecto de toda actividad humana que combine
por consiguiente también el individuo productor- como
medios para alcanzar fines, y estudiar la economía en el seno
diente y formando parte de un todo mayor: en primer
de una sociedad, equivale a estudiar las formas de comporta_
de una manera todavía muy enteramente natural, ele la fal1lilia
mientos individuales y colectivos que «economizan» medios para
~' de esa familia ampliada que es la tribu; más tarde, de las co­
alcanzar fines. Esta definición formalista de lo económico ha
munidades en sus distintas formas, resultado del
sido objeto de numerosas críticas, tanto por parte de la escuela
v de la fusión de las tribus. Solamente al llegar el
Sustantivista como por parte de los marxistas, con la "sociedad civil", las diferentes formas de conexión so­
Una definición como la enunciada disucJ\'(;, en primer lugar, cial aparecen ante el individuo como un simple medio paril 10­
el objeto de la ciencia económica. puesto que impide distinguir gl'ar sus fines privados, como una necesidad eXICJ'ior, La ddi­
la actividad económica de cualquier otra actividad dOlada de nie'ión formal de la economía aparece, pues, en la
un fin y orientada hacia la búsqueda, va sea del placer, del po­ de' una sociología del conocimiento, como la
der o de la salud, Si toda acth'idacl orientada a un fin ideología de la ';;ociedad capitalista y como la proyección sobre
en teoría de la economía, en definiti\'a ninguna depende en la
de ella. Lo absllrdo de esta tesis ll:l sido puesto de lna­
1 ioncl Robbíns: Essai sur la ¡¡alure el la

por uno de sus más sutiles partidarios: R. Burling, que "umlÍques, París, Editiorl Médicis, 1947, p. 32

de! IC!').
6j
L:t(l C('U}]()!}l!('(l
62 A1allríce Godelier 1 de
,,!TU? nu 11l:\l1tiC\lC
n~l
d hll"qU(' p:II'~\
el conjunto de las formas históricas de las rebciones sociales, " suhre L'S,.] , y
de las fOl'I11¡]s propias de la sociedad C::lpiíalist;:¡. \ ",,' <l ¡:01\YlTtirse l'n bad1l'c\lll dural1tl' un usu ,Ic' c',;a ti,'ITa
Por otra parte, toma como punto de partiela v antepone en 1,1\ lk ¡¡Ul'V() la rulUi'l' pO~C'l'rú d lkrc'l'110 ;Je' se: Il,;¡I\'1,:m
el anj¡i~is 10<; aspecto" de la realidael social que son intl'lleiolla­ 1,111L' d lll'mpo que t!urc'n lus cult jVtlS, o

les, es (Íc'cir, los aspectos del proceso económico que


ri,'~ll,
1" II'el", por ciel1lplo la planwciol1 de: l,tLlti\'lJS

ele la dcci"ión de los ageníl's económicos. Ahora hien, e5 fácil 'l"t:tI,lciull dc un di"pu"it in) lle' l'iltmKC"; L'\ grupU :) el
dClllo,-trr:;' que para elcsarrolbr una teoría consecuente de la \¡duu r,'cpol1"a\Jk ele l',;:IS ]11l'ior;\,.; \lW\llIC\lV pro­
deci,ill]l c'<'()IIÓlllil'a V de Sll~ efectos IJa\' que reinl roducir en el ,';Idos SUhrl' los úrboks, pl'ru 110 "OhrL' I~\
lil'n:l. en el (';¡So
,\I\;lIi"i, :.ts,','!;\ciun,'s so,'ja!cs, es decir, superar el punto de Ut'é\, \ ck'rc'c'hus ,.;uhrl' b (Íl'IT:I l'll l'\ l';¡";O lk cul­

"i"ld lid iJ~,1:\ JULIO, Para eyalllar las consecuencias de una de­ ',,,\ io, En rcalidad, b c''';l,;¡"eZ ele' un i'c'cur">() traduc,~,
CÍ,,;,;: ,,,hr,: i~l ¡validad ha" que contar con las eh' ,1\1,1 Ic'bción ,'n Ir,' lll'CC'si(bdc,.; soc ia \es \ llll'd ius
mi'llld lk 1,: ,'SI rllctllr~l de las relaciones sociales cn el seno de 1In l'SWdll de desarrollu de las [uel'/,élS pro­
, 1 ~ • • ';,"In').¡,nl(' d~tcr-
,,;\1
la-; qllc ~c' in">,-rta c~;-~l (kcisión. Por ejemplo, se s\lpone la exis­ la
iva,; (k las qUl:
(CrIl'i:) de rllullopnlios II olif'upnlios, o la existencia de un~l mul­ !I:ida, A<;I pIlC", elltrc' los
de ¡lluduL'!url'S v de consumidores que compilen en 1,': lil \ otrecc lIIl',hu,.; eh: suhsistencia: C;,'1D
un IlllT(,~ldo L'n i¡lllaldad de cosles de ¡,'c'c'iun, C0!l10 piedr,ls v madl'¡';¡"> pé\ra lahric~l
ilC,í
por t¡¡nl0, S~: supOllen situal'iones de ,'\(1 ,'11 ese \\1,'dio CkSl'rtico los puntos de ilf'llél 'iOn rar,)s, \' la
en el nWI'Co dc un modo de producción !l,\\OI' n;lrlC Lit' las \'l'ces solo pucden "atisial'Cl' la" e
nllTcantil. En definíli,;). la teoría formal de lo económico remi­ lOS IHIll1 )S, \" aun esto l'lllicl!1ll'nll' {\U¡;lrü
lHH
te a un j1ostubclo mL't:lfísico que le sirve de fundamento, Ba5ta emhlln'.o, esa eSI'USl'l (k a¡.!ué\ s,'Jlu C"> «
con cilar a M. Hcnri Guitton para captar la naturaleza de ese en que, c'n llUJ1lenJ'iOS ,.,¡t¡u s , con las
"·",,1,,,' al manto f¡eú­
filosófico: "El hombre lleva en sí una necesidad de tUl'ca del
por lo que constantelllcnte choca con el carúckr finito <lUstra­
de la creación, Esta antítesis se t,'aduce primeramente en la CSC;lSe:Z de
idea ele escasez" Las necesidades pareccn innumerables y los el ;\so
medios para satisfacerlas, en cambio, son limitados,f;Jmbil:n de que
suceder que los medios sean suficientes, e incluso a veces
ckm:1siaclo numcrosos, Entonces SUI"f'e otra noción, la de in­ \" n>
adecllación, Los bienes no se cncucnlr[lI1 fOrZOS<1I11CIl te allí don­
de son necesarios, ni cuando son necc"élrios, Hay' que reducirlos
si son demasiado abundantes, producirlos si son insuficientes;> 2,
No es neces:1rio detenerse sobre el car{leter i]()f'ico de !lIla defi­ l1\itivus
nición que pretente, por una parle, fundar la escasez de los me­ "tir, por
dios de los que el hombre puede disponer sobre una situación
ontológica, en cierta manera inmuí¡lblc. 1\'l'oIl<JCi~'ndo, por otra
parte, que muchas veces, en la reali(bd, las COS~\S suceden de l'l'pro­
un modo distinto, En realidad, el amH¡~¡s de ,..;ocicdades de la so-
concretas rechaza la hipótesis ele la exisk'1ci:t de una (:csca<;ez
Ulli\crsal" de los recursos materiales de lo., que disponen los del
distintos tipos de sociedades humanas, Así, ocurrc que en qUe' la !c'Ul'la
l\)\ll' q L1l' k5 SC;ln
Laos, en la zona forestal, no escasea la tierra. El individuo que
clikrdlt es alternat i\'as de
de un e;lu(bl J1l~lS o l11cnos
1 ('il:) ('"Iraída del artículo "Economique», de la Encyclopaedia Univer­
\,11',
la
salis, p, 939,
64
Mal/rice Godelier J ti un I CCCJ/1ÚIlz1Ca 65
COllstan/c de ínnm'aciones
l':\prl'~a si!lo la forma l'Sl1l'('lfica que p.llk de individuos abstractos dotándoles de una tendencia uni­
las fUlTzas producti\'as en el marco elel a aumentar al máximo sus yenta jas perS01W!cS en el seno
¡alista, en el que la eornpl'tctlCi~l de' su sociedad. Lo que demuestra, en cambio, es b T1l'cesidad
nc! icios \ pala lk tumal- como punto de partida del amílisis teórico las cstruc­
('iulles de b lIrélS de una sociedad en sus articulaciones pronias, localizar
l'n (1)a el papel dominante que puden
ks rebciones soci,lles, relaciones de parentesco, relaciones po­
11 tiL'o-ncligiosas, según los casos, :v explicar el fundamen lo de
C~L' dominio buscando la determinación, en último análisis, en
parece sea mal d u en los modos de producción ca ractel'Ísticos de eSa socie­
lo de bs formas de desarrollo de las ese proceso según el mode- dad. El campo abierto a la iniciativa indi\'idual para acumular
raClL'rizélll el modo de que ca­ \' mejorar posiciones dominantes y vL'ntajas sociales estú, pues,
ción del beneficio y en la basado en In obten­ l'~lda vcz, determinado por la naturaleza (k' las relaciones socia­
Sin duda, en numerosas permanente del capital. ks que caracterizan la sociedad en la que vive ese individuo.
mas de existen 1'01'­ En definitiva, el anúlisis del comportamiento intencional de los
materiales v formas de com- illdividuos remite a una necesidad diferente más profunda, in­
para conquistar prestii!io y \'isiblc inmediatamente, la de las propiedades no intencionales
.. , Pero lo miis frecuente es que (k' las relaciones sociales, su origen y su fundamento_ Por 1an­
acumulados no Sean medios de producción, sino hie­
o medios de subsistencia, que Son to, la racionalidad intencional de comportamientos con una fi­
'canismos en (re los cuales el Potlach de los indios nalidad adscrita de los grupos y de los individuos en el seno de
de la costa noroeste de los Estados Unidos constitu,ve uno de urw sociedad determinada, rem;te a una racionalidad no inten­
los müs célebres ejemplos. La razón de esta diferencia entre las ciona) y objetiva cuyo descubrimiento constituye el objelivo pri­
formas y )os procesos ele acumulación de bienes materülles en mero del conocimiento científico. La definición formal de la
el seno de diversos tipos de sociedad hay que buscarla en las economía aparece, pues, como la expresión de una posición
características específicas de su modo de producción_ En el etnocéntrica que proyecta sobre todas las sociedades
modo de producción capitalista, la riqueza social se presenta
para apr'ehenderlas, la forma aparente de las relacio­
nes sociales de la sociedad capitalista; forma aparente porque
como una inmensa acumulación de mercancías y

cn ella se disimula la esencia misma de las relaciones sociales


y el factor decisivo de la producción de eSas mercan­
es decir, no la relación de individuos con individuos
cías es el desarrollo de los medios de producción y de las téc­

aislados v abstractos, sino la relación social general de la clase


nicas industriales. La máquina y, por tanto, 1;1 herramienta, se

que posee el monopolio del capital y de los medios de produc­


ha convertido en el medío de producción dominante. En nume­ ciún con la clase que está dcsprovista de ellos. Se comprende,
los utensilios v las técn icas de pues. qUL', en )a práctica, los partidarios de las tesis formalistas
son simples v se encuentran al alcance de :ada
~lhalldonen su propio presupuesto !', de hecho, analicen las re­
miembro de la sociedad. La competencia, clIando existe,
1~IL'iones sociales que la producción, la distribución v el
tomo al Con troj de los hombres, factor de
umsul110 de )os bienes materiales en el seno de una socicebd
al cual se aí'íade, en ];¡s sociedades agrícolas, el contm) dl'lL'rminada, lo que constituye el objelo mismo de la ciencia
tien-a o. en las sociedadL's pastoriles, el cOll!ml de los la l'"cuela sustanti\'i"ta, que, por este lado \' por cuenta
Por t~ll1to, el an,llisis científico dc las de competen­ J'L IOnla j,h tcsi~ ck la economía política clúsica.
cia entre grupos e individuos y de las formas de Eíccti\anwnll', para Polan"i y Baltoll, el objeto de la antro­
de los bienes \. (k las posiciolles L'Conómica consiste en estudiar las estnlcturas de la
precapitalistas, no IOducción \' la distribución de los medios materiales
te, los lnesupuCS!os de )a teoría duo; en el fU'l1cion,mlÍcll!O de una sociedad determinada \' nece­
:-,;'rios para la existencia física y social de los indi\'iduos qUe la
67
66 Mal/rice Godclier (/ /11
pre­
componen. Dallon clasifica empíricamente los din~rsos sistemas ~llnl0. Finalmente,
económ icos que caracterizan las sociedades estudiadas por los d<l!llinante üe las
en dos p:randcs categorías: las economías tribales Jir cualquier cosa,
:v las economías campesinas. distinción sobre la que vüln-remos e iun v la
te. Dal ton opone esas dos por una par­ lt)do de los
te, al siskma económico capitalista, basado en el meeallismo de El
un Illccado generalizado de lodos los factores de
el hombre v la tierra, lo cual no e:\iste en las
talistas; v, por otra parte, al sistema
en la asignacitlll ele los medios de
subsistencia a través del mecanismo de un plan. Esta do», que se
permite, por consiglliente, a la escuela sustantiFistél criticar la laciones sociales y
interna, mientras
util ización ;] busiva de ca te!I0das de la econom ía mercan til para
,mal izar y explicar los mecanismos económicos de las socieda­ en el
des no mercantiles precapitalistas. De forma rnús Ileneral, la elementos
prcocupaClon por respetar v aprehender la especificidad de los en que lr<1 tan la
di\'ersos sistemas económicos le llC\a [\ construir una t sociales, nacidas
de esos sistemas aislando \' ailrupando las diferencias v las en aislar los
seme que pueden existir entre los sistemas e insistiendo
sobre el hecho ele que las diferencias nriman sobre las seme- caracteres
se ofrecen
Esta tipología se constnlve a lo lar~o ele dos Por una sis sustantivista
parte, Polanyi encuentra el criterio principal de su clasificación Por una parte, no
en las formas diversas cle los «mecanismos de porcíona una constatación """'1'" ._- ,
cidad explicativa. Mucho antes que PoJanyi, Y sin remontarnos
¡:w ran tizan en el seno de cada sociedad la la
a Marx, Maine y Tünnies habían
modo tres tipos ele mecanismos de tente entre sociedades primitivas Y
cionen sobre la base de principios de talistas; Maine, al oponer sociedad
«contratos», Y Tünnies al oponer sociedacles que forman comu­
bllción o de intercambio mercantil. La reciprocidad es el me· nidades reales (ge111einschatn a sociedades que tienen la forma

canismo inte~mclor en el scno de las sociedades donde las re­ .. , " Pero estas distinciones en modo
laciones de parentesco desempeñan un papel de la naturaleza de la domina­
adoptando la forma de clones e intercambios recíprocos de ser­ alg:uno va sea de las rcla­
relaciones de parentesco,
vicios. Este principio caractel'iza él las sociedades tribaks que ción, ya sea de las de una socicd:\d,
en el En esta
carecen de poder central y a algunas formas de una econornÍa ciones
\' no expncclll para nada el fundamento de su
Gllllpesina débilmente implicada en la producción mercan­
perspectiva, lo que puede ofrecer una
tilo se refiere al aspecto de autoconSll1110 de las comunidades
substantivista es la descripción, más o menos
campesinas, ya cskn intcilJ'adas en ulIa economía ele mercado económicos de las estructuras sociales políticas, 1"eI1­
o en una economía de Estado. El principio ele redistribución g:iosas, de parentesco. Pero, por otra parte, el criterio preferido
es el mecanismo integrador dominante en las sociedades de por Polanyi para construir su clasilicación constituye en rc:üi·
pocler centralizado, }'a sean tOlbda tribaks (caudillajes), va cs­ dad algo más que un simple «reconocimiento de los hechos»,
tén orgallizadas en el fIlareo de un Estado (reino, impL'rio), y mús que una descripción neutra, inocente, de los diversoS
[orma de un l11o\'imicnto de concentración ,k los bie­ tipos de integración económica que se encuentran en el SL~no de
nes a panir' de unidades de pl'OduccÍón loc,des hacía un centro la historia. Porque los tres principios aislados por Pn1anvi son
que los redistribuye seguidamen1c a di\-ersas unidades de eon­

...
68
Maurice Godelier La a11tropología ecol1ómica 69
tres formas de reparto de los bienes, y al otorgarles una posición
priYiIcgiada, hiposta tiza de este modo, Como rasgo dominante tenecen a la historia europea antigua y contemporánea. tienen
de Un sistema económico, no las estructuras de la prOducción, un alcance general porque ponen de manifiesto dos hechos.
sino las estructuras de la distribución de los bienes materiales. Primero, el hecho de que a un modo de producción correspon­
De este modo coincide Con posiciones teóricas bien determina_ de un modo de circulación, que el conjunto forma un todo, un
las de los economistas prerricardianos y premarxistas, que sistema económico, y que en el interior de ese todo y de la co­
confundieron, bajo el mismo concepto de distribución, a la vez rrespondencia entre sus partes, el modo de producción des­
las formas de distribución de los productos y las formas de empeña un papel predominante. Seguidamente, que la unidad
distribución de los medios de producción que caracterizan un y la relación de correspondencia jerárquica de un modo de
sistema económico determinado. Ahora bien, los fisiócratas, y producción y de un modo de distribución constituyen de hecho
sobre todo Ricardo, demostraron que las formas de produc­ las condiciones que permiten a un sistema económico reprodu­
ción determinan las formas de distribución de los productos, cirse, perpetuar su existencia a través del tiempo, al menos den­
Y que el modo de distribución de los medios de producción en­ tro de ciertos límites, como lo atestiguall, de fonna totalmente
tre Jos miembros de una sociedad, lo que Marx denominará las exterior, la aparición y desaparición de numerosos sistemas eco­
relaciones de Producción, constituye el elemento fundamental nómicos a lo largo de la historia. En segundo lugar, el hecho
que caracteriza un sistema económico. Por ejemplo, el he­ de que un sistema económico no puede existir sin estructuras
cho de que la clase capitalista sea la propietaria de los medios políticas, jurídicas, ideológicas que le correspondan, que el de­
de producción y compre la utilización de la fuerza de trabajo recho en una sociedad esclavista no es el mismo que en una
de los productores directos es la razón de que al mismo tiempo sociedad feudal o en una sociedad capitalista, que la forma del
sea la propietaria de los productos de su trabajo, es decir, de poder en cada caso debe ser diferente. Por consiguiente, el aná­
las mercancías producidas, apropiándose de los beneficios de lisis de un sistema económico no puede limitarse de una mane­
la venta de esas mercancías. Vemos, a través de este ejemplo, ra restringida al estudio de las formas de producción o de or­
cómo las relaciones de producción capitalistas determinan la ganización del trabajo.
forma de las relaciones de distribución del producto social en­ Ya podemos hacer un primer balance del camino recorrido
tre los diferentes grupos económicos que componen la sociedad a través de la exposición y de la crítica de las tesis formalista
capitalista. El rasgo específico de un sistema económico no es, y substantivista y precisar con mayor rigor el objeto y el mé­
por consiguiente, como plantea Polanyi, el modo de circulación todo de la antropología económica. Sabemos que ese objeto con­
de los productos, sino su modo social de producción. En Grecia siste en el estudio de las diversas condiciones y formas de pro­
y en la Antigua Roma, la producción mercantil estaba muy des­
ducción, de distribución y, en cierta medida, de consumo de los
arrollada, pero el rasgo dominante de su sistema económico,
bienes materiales que constituyen la condición material de exis­
rasgo que las diferenciaba de las relaciones eConómicas de las
tencia y de reproducción de las diversas sociedades estudiadas
sociedades del Antiguo Oriente o de la Grecia minoica y mi­
por la antropología. También sabemos que la lógica interna y
cénica, no era la existencia de esa producción mercantil des­
el lazo necesario entre formas de producción y de distribución
arrollada, sino el hecho de que ésta se basaba en la utilización
de los bienes materiales no se revelan directamente sobre el
masiva del trabajo de esclavos. En el sistema capitalista, una terreno, sino que deben ser reconstruidas teóricamente, y ade­
vez que la producción mercantil ha invadido todas las ramas más sabemos que, para que un sistema cualquiera se repro­
de la producción, el carácter principal de esta producción mer­ duzca, es necesario que el modo de distribución de los bienes
cantil generalizada consiste en que se basa en el empleo genera­ corresponda al modo de producción de esos bienes. Sabemos,
lizado de trabajo asalariado, es decir, en la relación entre una finalmente, que a un modo de producción determinado corres­
clase que carece de medios de prodUCción y de dinero, \'iéndose ponden unas estructuras sociales determinadas v un modo de
forzada para poder subsistir a vender su fuerza de trabajo por articulación específica de esas diversas relaciones sociales, c.le
un salario, y una clase que detenta el monopolio de la propiedad manera que el todo permita que se reproduzca el modo de pro­
de los medios de producción y del dinero. Estas últimas obser­ ducción. También sabemos que las razones de ese modo de co­
vaciones, aunque se refieren a modos de producción que per- rrespondencia y de articulación no resultan inmedialamente le­
gibles sobre el terreno, sino que tienen que ser descubiertas
71
70 Maurice Godelier /(/ antropología económIca

un sentido, en tanto pone realmente de relieve lo común, lo


teóricamente. A través de este examen crítico han sido, pues, \' nos ahorra así una repetición. Sin embargo, lo general o lo
establecidas algunas de las condiciones epistemológicas negati­ ~omún, extraído por comparación, es a su ~'ez algo completa­
vas y positiyas de la antropología económica: la negativa a ele­ mente articulado Y que se despliega en distintas determinado·
gir al individuo como punto de partida del análisis científico, nes [ ... ] Para resumir: todos los estadios de la producción tie­
el rechazo de los postulados empíricos, el análisis de las rela­ nen caracteres comunes que el pensamiento fiia como deter­

ciones sociales en su lógica y estructura propias, la búsqueda minaciones generales, pero las llamadas condiciones generales

de las modal idades de la articulación recíproca de las estnlCtu­ de toda producción no son más que esos momentos abstractos

ras, el análisis del fundanwnto de esos modos de articulación y que no permiten comprender ningún nivel histórico concreto

delerminación de la causalidad específica de las estnlcturas eco­


nómicas sobre el conjunto de las relaciones sociales que carac­ (le la producción» 3.
terizan una formación económica y social determinada. Se bos­ Rápidamente expondremos esas categorías generales, dando
queja ya una metodología de la encuesta práctica sobre el te­ ejemplos tomados de diferentes modos de producción analiza­
rreno, y de las formas y niveles de la elaboración teórica pos­ dos por antropólogos, para ilustrar la amplitud de las variacio­
terior que dar a los materiales recogidos. Igualmente se precisa nes y de las diferencias que revisten los diversoS modos de
la naturaleza de las informaciones que habría que encontrar producción que constituyen el objeto de su investigación.
en las publicaciones de los antropólogos con respecto a tal o Un modo de producción, en un sentido amplio, es un conjun- i
cual sociedad que han estudiado sobre el terreno, para que se to doble de estructuras sociales, compuesto, por una parte, por
desarrolle más vigorosamente el campo de la antropología ('co­ fuerzas productivas Y relaciones de producción que organizan,
nómica y se constituya realmente una teoría comparada de los en el seno de una sociedad determinada, los procesos de pro-
y distribución de los bienes materiales (modo de pro­
diversos modos de producción y formaciones económicas y so­
ciales. La teoría que mejor satisface todas esas condiciones epis­ ducción en sentido restringido), y, por otra parte, por las rela­
temológicas es la de Marx, que ha criticado, transformado, en­ ciones sociales políticas, jurídicas e ideológicas que correspon­
las catc1!orías fundamentales de la ciencia económica den a esas formas de producción Y constituyen una parte de
heredada de los clásicos. No apuntarnos aquí a las categorías las condiciones de su reproducción. Recalquemos inmedia1 a­
económicas que Marx ebboró específicamente para construir la mente que tal definición de un modo de producción no limita
teoría del modo de producción capitalista, sino a las categorías el análisis únicamente al estudio de los procesoS de producción,
generales que definen determinaciones comunes a cualquier sis­ sino que continúa el análisis en direcciones Y a niveles qUe,
para un economista, habitualmente, constituyen «variables exÓ­
tema económico, sin definir, no obstante, ningún modo de pro­
ducción particular, puesto que no existe en la realidad "produc­ genas» en relación con el proceso económico y quedan fuera del
alcance de su ciencia. Por ello, este economista proyecta sobre
ción en general» ni tampoco « producción general». Estas ca te­
gorías son abstracciones operatorias que, como indica Marx, toda sociedad el modo propio de desarrollo del sistel113 eco­
evitan renetir lo que es común a todo sistema económico: nómico capitalista que, al parecer, está totalmente regido por
internas, puesto que sólo subsiste Y se desarrolla por la
"Cuando se habla de producción, se está hablando siempre incesante del capital. Esta definición de lo que se
de producción en un estadio determinado del desarrollo social. en t il'nde por modo de producción tiene, por consiguiente, el
de la producción de individuos en sociedad. Podría parecer por electo epistemológico importante de ;"mllonar de antemano
ello que para hablar de la producción a secas debiéramos o bic'n cualquier «economismo».
seguir el proceso de desarrollo histórico en sus diferentes fa­ El anúlisis del o de los modos de producc1ón caracterbticos
Ses, o bien declarar desde el comiellzo que estamos ante una eh.' \lna sociedad determinada debc comenzar por el
determinada época histórica, por ejemplo, de la moderna pro­ y el estudio de las diversas formas de producción que existc:n
ducción buq.,:uesa, la cual es en realidad nuestro tema especi­ en el seno de esa sociedad: caza, recolección, pesca, agrkultura,
fico. Pero todas las épocas de la producción tienen ciertos ras­
gos en común, ciertas determinaciones comunes. La Cita extraída de la obra de Karl Marx: EIC11IC¡¡tas ,
crítica de la eco¡¡omía política (/Jorrador). 1857-185S, cd, di., p. 5.
el/. í!1'llcral es una abstracción. pero una abstracción que tiene
72
Mal/rice Godclier 111 ecrJ/l d /l lÍca 73

ganadería, artesanado, industria, cte., que ocultan en cada oca­ Naturalmente, la economía no es la tecnologla y no
sión procesos diferentes: caza mayor, caza menor. aftesanÍa las técnicas por sí mismas en sus aspectos físicos,
especializada o no, etc.¡Todo proceso de producción es un «acto etc., sino que analiza las rcladones sociales que 11a­
de apropiación material de la naturaleza por el hombre, vesta (l'll con la aparición y la difusión de talo cual técnica. Desde
actiYidad se realiza por la combinación de tres calegorías de IlélCl' mucho tiempo los arqueólogos han caracterizado ins 6po­
factores de producción: en primer lugar, la categoría de los ob­ C~lS v formas de las sociedades prehistóricas en función del 111a­
jeto de trabajo, la tierra o cualquier otra materia, prima o no, terial de sus armas y utensilios, por lo que hahbn ele Edael ele
que entra en un proceso de transformación. En segundo lugar, Piedra, elel Bronce o del Hierro. Desde este punto ele vista. los
la categoría de los medios de trabajo, es decir, el conjunto de m,'dios y técnicas de trabajo parecen ser ,dos graelímetros del
utensilios e instnImentos ele producción «que el hombre inter­ desarrollo del trabajador y los cxnoncnlc;s de las relaciones so­
pone entre él y el objeto de su trabajo como conductores ele su ciales en las que él t
acción. Se sirve de las propiedades mecánicas, físicas !' qUÍmi­ En erecto, el estudio de los utensilios lleva al de su modo
cas de determinadas cosas para hacerlas actuar como fuerza de L'mplco por el hombre y al análisis de las formas soci,¡les
sobre otras cosas de acuerdo con su finalidacj". En terc.:r lugar, dd trabajo. El trabajo puede ser, bien una aclividad
la categoría del trabajo propiamente dicho, es decir, de la ac­ bien una actividad coleet inl que implica din'rsas formas de co­
tividad humana que actúa sobre el objeto de trabajo, ya sea operación. Pero en todos los casos se realiza en el marco de una
por mediación de Jos órganos elel cuerpo, como en cli\'isión social del trabajo, que puede ser la de los sexos, eela­
la recolección de determinados frutos, la caza menor que puede eles y generaciones que habitualmente la acompafía, o una for­
cogerse simplemente con la mano, ya sea indirectamente por ma mús compleja, basada en la existencia de productores es­
de utensilios ele piedra, de madera, etc., que el hom­ pecializados que pertenecen a castas o a cIases diferentes. De­
bre encuentra o fabrica 4.
mos algunos ejemplos ele esas formas sociales elel trabajo. La
Todo proceso de producción utiliza una combinación cual­ fabricación ele un palo para escarbar o de un arco y flechas, o
quiera de factores de producción. Lo que define un factor la fabricación de una I rampa y su colocación son a menudo ac­
de producción como objeto o medio de trabajo es de hecho ti\Ídadcs individuales. Pero, al mismo tIempo, la caza v la re­
su lugar, su función en el interior de dicha combinación. co!ccción implican frecuentemente formas simples o
Así pues, en las sociedades de cazadores-recolcctor;.:s, la tierra de cooperación, determinadas a la vez por la naturaleza dc la
(y el agua para los pescadores) no es ml.Ís que un objeto de G1Za obtenida y POI" la de las técnicas emn1caclas (caza al ace­
trabajo, lo que Marx denomina ,da tienda de \'Í\cres cho, caza con redes,
va» y «el arsenal prímiti\'o de medios de trabajo». Por d con­ simple una forma de coopera­
Entendemos por
trario, la tierra se conyierte en medio de producción con el se reúnen para realizar el mis­
cíÓIl en el!' () seno los
de la agricultura y, de territorio, se con\'Ícrte en 1110 t raha jo o trabajos Esta cooperación simple
terrello. En el interior de toda combinación de medios de estar restringida a algunos indi\'iduos o ser ampliada a un gru­
producción, los mcdios de trabajo ocupan un
po Il1ÚS \'tlslo, la amplitud v la urgencia de la ta1"(:a. Por
plano para el economista porque permiten
eso, '.'l1tre los banlya, tribu de Nueva Guinea, cuando se prepa­
y el nivel de existencia material de una sociedad y dilucidar las ra llna huerta en Ulll\ zona va deshrozada de la sch·a. el o los
relaciones sociales que la caracterizan. El estudio de los medios que nll1 a culti\ar l'sa Iluna huen:\ preparan en la sch·a hincos
de tI-ahajo es ante todo d objeto de la tecnología, ciencia que, P;ll",l construir un;} empalizad:) qUl' pnHl'i'\'rú la huerta de las
a pesar de inmensos esfuerzos, como los realizados en Francia d\.'\él<.,tacioncs dc los cerdo" s;:¡l\·aie's. Esta ;ll"li\idad dl' los hom­
por André Leroi-Gourhan y André Haudricourt, apenas ha sido hr".~ l'S a \'l'CCS illdi\idudl. pCI"U lll,is a lllCllIldo adupla la f(Jr­
·)1,1 (!c' una Icstrin!Cic1,l él
4 ,<De este modo, los productos de la natur31eza se convierten dirceo

tamcn1c' L'n órganos de la actividad del obrero, órgonos que él incorpora los CUY,IS (':-,pu~;:¡s
a sus propios órgal10s corporates, prolongando así, ::l p,'sar d" J;:¡ Biblia, ,lI1~pOn,lL\ll s,','

Su "'1atufa nalum"', I..::¡¡d \lace El Ca¡JllIII, Fondo dl' Cullur.l Eco" ie'nt!) futuro de' b hllena ( l. \ cu:,n­
nómica, J\h'xieo, 1972, tomo 1, p. 132 (tradlH:ción de W. Roc,~s). lucios los hiI1l'O~ L'Sll:Il en el siuo. un !'rtlpo de un;l h'inl\.'oa

"'­
L
75
antropología ecol1ómica
74 li1 au rice Godelier
En el Imperio inca, la
de hombres, parientes y vecinos, vendrán a construir la empali­
c'luclades, sistemas de riego o terrazas ,
zada en un solo día (cooperación simple ampliada) y el benefi­ de tribus dependientes del alto mando de
ciario de esta ayuda la devolverá ayudando a cada uno de los del Estado, pertenecientes la ma\'orív de las "eccs
miembros de ese grupo cuando tenga que vallar una nueva ~l las familias nobles de la tribu inc:l dominante Y bajo cuvaS
huerta. los curaca, los jefes tradiciomdes de las tri­
Existe, en cambio, una forma compleja ele eooperac1On cuan­ a régimen de prestación personal. Esas
do los productores se asocian para llevar a cabo tareas dife­ ele la productivilbd que puede alean­
rentl~s, pero complementarias, para obtener el efecto deseado. ¡arse gracias a formas de cooperación simple, pero amplidcb a
La caza con red, entre los pigmeos mbuti del Congo o entre ¡os \astos grupos humanos. En este ejemplo, las estructuras de
indios shoshones de la gran cuenca del Nevada, son ejemplos autoridad, es decir, la dirección y el control del proceso de pro-
Entre los shoshones, varias familias nucleares se presentan una forma política separada de la qu..: existe

unían en diversos momentos del año para formar una banda ya en el seno de grupos locales que se reúnen con tal motivo.

que cooperaba para cazar el antílope o el conejo cuando éstos \.dcmás, hay que analizar las formas de cooperación, no ya
o en otros momentos para recolectar piñones. Los en función de .la naturaleza de los trabajos, análogos v
cazadores unían unas a otras sus rcdes de una longitud de va­ los, o diferentes e intrincados, realizados por los productop.:s,
rios centenares de pies y las mu jeres y los niños ojeaban la sino en función de las modalidades de la reciprocidad que
caza. Tocio el grupo se colocaba bajo la autoridad de un jefe intervienen en cada caso. En numerosas comunidades primiti­
que seleccionaba el sitio, decidía la colocación de las redes, di­ vas y agrícolas se encuentran dos tipos de cooperación,
rigía la caza y distrihuía luego el producto ohtenido. Estas for­ en la que, como contrapartida de la ayuda proporcionada, se
mas de cooperación sólo establecían lazos temporales entre las da una fiesta con un aire frecuentemente ritual, y aquella otra
familias, que de nuevo se dispersaban tras la caza. Igualmente, en la que la contrapartida adopta la forma de un intercambio
entre los esquimales, el jefe del grupo es designado con un tér­ de cantidades más o menos equivalentes de trabajo y de servi­
mino que significa «el que sabe lo que es mejor», Esta alter­ en América latina pertenecen a la
nancia de procesos de fusión y dispersión en el seno de grupos el COl1Vite de Colombia y Ecuador, la mil1ga bailada
productores se encontraba también a una escala completamen­ de Ecuador, el mingaco de Chile, etc. A la segunda, el aV71i del
te diferente y muy vasta entre los indios de las llanuras, por Perú, el cambio de 1110110 de Colombia, la vuelta l1W110 el..: Chile,
en la tribu de los pies negros, que se reunían íntegra­ etcétera. Ambas formas pueden coexistir en el seno de una
mente para las grandes cacerías de primavera y verano, misma comunidad para trabajos diferenks y podemos encon­
en la que los bisontes subían hacia el norte formando inmensas t rar, por ejemplo, entre los dyaks de Borneo, la primera
manadas que «tefiían de negro las llanuras». En invierno la tri­ forma utilizada para la construcción ceremonial de una nueva
bu se dividía en pequeños grupos, frecuentemente casa, y la segunda utilizada para los dilerentes trabajos de la
que operaban en territorios limitados y fijados tradicionalmen­ producción agrícola. En el caso de intercambios equilibrados de
te. Diversas asociaciones tribales constituían una especie de servicios y trabajo se puede constatar que la obligación de «pa­
que impedía a individuos o grupos particulares, miem­ gar con la misma moneda» es muy fuerte. Si el beneficiario de
bros de la tribu, dedicarse por su cuenta a la caza en el mo­ una ayuda es incapaz de hacer frente a sus obligaciones, debe en­
mento de la llegada de las grandes manadas de bisontes, lo que YÍar a alguien en su lugar, y habitualmente el beneficiario de UIla
encerraba el peligro de que se desviasen hacia territorios p'~r­ mutua suministra alimentos y bebidas a
tenecientes a tribus vecinas, exponiendo de este modo a su pro­ dan, sin que este consumo adopte caracteres
pia tribu al hambre. La agrupación de toda la tribu para las ca­ cambio, en las formas de trabajo recíprocas que se terminan con
cerías de primavera y verano sentaba las condiciones de las una fiesta, parece ser que la fiesta y la prodigalidad de los gas­
grandes ceremonias políticas y religiosas. Debido a ello, una tos suntuarios bastan para a las partes de su obliga-
Íntima adaptación de las relaciones económicas y sociales a Irts y que la obligación de d,:\'oln:r trabajo por

costumbres de los animales cazados implicaba un vasto movi­ cho más débil. En este caso nos encontramos con

miento de sístole-diástole de la vida social.

i
!
1.
77
76 Mauricc Godclier antropologia

que se deben a la naturaleza de las circunstancias, ordinarias o do \' cocción de tubl~rculos): se trata también de un trabajo in­
extraordinarias, profanas o en ocasión de las cuales dí\ idual kmenino. Nos encontramos, pues, ante un ejemplo de
se organizó la cooperación, así como a la naturaleza de las re­ altL'rnado, primero masculino y colectivo, luego feme­
laciones sociales que moviliza esta cooperación, relaciones de nino c indi\idual. No ocurre lo mismo entre los baruya con el
parentesco o relaciones de vecindad; pero con esto abordamos proceso de producción de caña de azúcar, que es un proceso
el estudio de las relaciones de producción y de las unidades totalmente masculino, puesto que le está vedado a una mujer
producción en cuyo seno pueden realizarse diversos proce­ u a un muchacho no-iniciado plantar o incluso cultivar una huer­
sos ele pruducción de una sociedad. ta de caña de azúcar. La cría de cerdos es una tarea
Todas las formas de producción suponen, además, una for­ a;.;í como la recolección, y en la sociedad baruya prácticamente
1\0 existen act ¡"idades mixtas en las que hombres Y mujeres tra­
ma de dhisiun sexual del trabajo y una forma de división del
por generaciolles. Entre los cazadores-recolectores, las en común para la realización de una misma tarea.
mujeres y los niños se dedican a la recolección O a la caza me­ En todas las sociedades conocidas, e incluso entre los

nor. Esta especialización de tareas por sexos significa que para males del Gran Norte, no existe economía que esté basada en

sobrevivir en las sociedades primitivas la cooperación de los una sola producción. Las sociedades de cazadores son a un tiem­

dos sexos es indispensable, lo que ilustra una de las razones de po, y en diversos grados, sociedades de recolectores, Y el aná­

la importancia del matrimonio y la constitución de un grupo lisis debe determinar cuál de las ramas es la dominante en el

familiar en la supervivellcia del individuo y del grupo. Por Sl no de una economía diversificada, y, por consiguiente, cuál

un análisis estadístico y comparativo de la alimentación de al­ de los procesos de producción desempefla un papel dominante

gunas sociedades de cazadores-recolectores ha permitido descu­ en el seno de su organización económica. Por ejemplo, no existe

brir que en todos esos grupos, incluso entre cazadores de caza prácticamente ninguna sociedad de ganaderos nómadas que no
mayor como los hadza de Tanzania, el régimen alimenticio com­ también la agricultura, bien porque una parte de los
prende un sesenta por ciento de alimento vegetal, POl- consi­ miembros de la tribu se dediquen a dio de una forma estacional,
guiente, se basa en cl trabajo femenino en una parte igual, si no bien porque una lo haga de un modo permanente. Por eso,
a la del trabajo masculino. Es preciso, cuando se ana­ l'ntre los kasakh, y sobre todo entre los kirguises, existía una
liza un ciclo de producción, descomponerlo en todas sus [nses rrcducción de mijo y de cebada y, en el sur, de arroz mediante
no sólo identificar en cada fase la fOl'ma de organización procedimientos de a pequeña escala. Cuando una sociedad
trabajo que la caracteriza, sino tambÍl~n descubrir la forma de como la de los ruwala haclawin, beduinos del desierto de Arabia,
cooperación que, en el seno de todo el proceso, domina a las res­ se basa únicamente en una economía pastoral nómada, a la que
tantes. Por ejemplo, entre los baruya de Nueva Guinea el ciclo "L' añaden algunos productos recolectados Y un poco de caza,
agrícola de la producción de batatas y taro comprende seis fa­ se descubre que esos pastores son en realidad ganaderos
ses: la desforestación, que se basa en el trabajo colectivo mascu­ e,,¡xcializados de camellos que venden a las poblaciones campe­
lino y la cooperación simple ampliada de parientes ~ inds del Próximo Oriente, procurándose de este modo los pro­
neos, aliados, co-iniciados o ,'ecinos; en segundo lugar. la fase ductus Y artesanales que necesitan. De forma general,
de la quema, que se basa en el trabajo temen exi"ten a trayés del mundo formas diversas de simbiosis entre
la forma de una cooperación simple nómadas \' agricultores sedentarios, Y la
esposas del o de los utilizadores de la hucrta, en ten:c¡' ción de una sociL~dad en una única forma de

el cercamiento, que es el resultado del trab<l directamente la existencia de una división

lino, basado en la cooperación halo internacional del trabajo.

\'ienc la plantación. que se basa en el trabajo indiddual feme­ El l'studin de los factores v de las formas de la
nino: cada esposa trabaja su en el interior de la huerta en el seno de una sociedad implica una e\'aluación cuantitativa
COllll1Tl; en quillto lugar. el mantenimiento del culti\'o, que es
de la producti\ idad y del n:nc\imiento del trahajo. De forma ge­
un trabajo inc\i\'idual femcnino; la recolección, que también es ¡,eral. los Lstudios L'uantitatÍYoS detallados lle las formas de pro­
un trabajo indi\'idual femcnlno; seguidamente la ducción en el seno de sociedades primi tivas y agrícolas son ra­
de los productos para hacerlo'i aptos para el consumo (monda­ res v. cuando existen, están llenos de lagunas. Así, en las socie­
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La antropología
78 Maurice Godelier
go, hay que recordar que el análisis más preciso de esos modos
dades cuva economía se basa principalmente en técnieas de agri­ de producción ha subrayado con mayor fucrza aún
cultura sobre terrenos roturados por el fuego o en técnicas de límites en el interior de los cuales pueden reproducirse v
la productividad del trahaJo es muv elevada, mientras determinar un modo de vida. Ante todo, se plantea el problem:1
que el rendimiento por unidad de superficie es bastante débil. de la relación alimento-territorio-densidad humana. Esta rela­
En cambio, en sociedades cuya cconomía se basa en técnicas ción corresponde, según Leroi-Gourh;l11. "a todos los estadios de
agrícolas extremadamente intensivas, como la agricultura china la evolución técnico-económica, a una ecuación de "alores ya­
la productividad del trabajo es muy débil, mientras riables pero correlativos; para el grupo primitivo, los términos
que el rendimiento por unidad de superficie es muy elevado. En mantienen entre sí lazos idénticos, ya se trate de esquimales,

la agricultura china o vietnamita la fuerza de trabajo de los ani­ bosquimanos, fueguinos, pigmeos de Afdca °
algunos indios

males de tiro era escasamente utilizada y la economía estaba ba­ americanos. La constancia es hasta tal punto rigurosa, que los

sada en la utilización de un medio que había sido totalmente documentos prehistóricos sólo pueden ser interpretados en el

creado y mantenido artificialmente por el hombre.


mismo sentido» 5.
raros son los estudios referentes a los cambios de pro­ Un determinado nivel de las fuerzas productivas, un deter­
ductividad del trabajo debidos a una sustitución ele factores de minado estado de las técnicas permite una determinada pohla­
producción en el seno de socicdades primitivas y agrícolas. He­ ción. Por ello, entre los shoshones, la densidad es de 1 por 50
mos nodido medir en Nueva Guinea los efectos de la introduc­ millas cuadradas Y llega incluso a 1 por 100 millas cuadradas,
hace quince años, entre los baruya, de utensilios de acero según las zonas septentrionales o meridionales de su
que susti luyeron a los antiguos instrumentos de piedra. El tiem­ Habida cuenta de que su existencia se basa en la
po se reducía en un veinticinco por ciento ", puesto que, según de recursos naturales, y no en la producción de recursos artifi­
nuestros c{¡!culos, se requerían cuarenta y dos minutos para ciales comO en la agricultura Y la ganadería, el grupo humano
derribar un árbol de treinta centímetros de diámetro y ele ma­ debe cambiar de residencia a consecuencia del agotamiento lo­
dera blanda con una azuela, micntnls que corno media sólo ha­ cal de la caza Y de las gramíneas salvajes o de otroS productos
cen falta ahora doce minutos para abatir el mismo tipo de de recolección. Muy frecuentemente, como en el caso de Jos
árbol con las hachas de acero que fueron introducidas, antes aborígenes australianos, el factor apremiante es la escasez de
incluso de la llegada al lugar de los blancos en 1951. por los agua que obliga a los grupos a moverse de un punto de agWl a
canales del comercio ínter-tribal tradicional. Estudios cuantita­ otro, antes incluso de que los recursos alimenticios en torno al
tivos recientes realizados sohre sociedades de cazadores-reco­ primer punto de agua se hayan agotado. Por consiguiente, lo
lectores, por ejcmplo los de Marshall, referentes a las bandas que resulta visible, a través de este ejemplo, es que el modo de
de bosquimanos kung del desierto de Kalahari, han mostrado producción determina un modo de residencia, que en este oso
que la sociedad bosquimana, para satisfacer el conjunto de sus es el campamento, y, al mismo tiempo, un modo de desplaza­
necesidades, requería de los individuos productores un i!asto de mÍE'nto en el espacio, cs decir, un modo dc vida nómada, y, a
trabajo que no excedía de las cuatro horas de trabajo al día través de ese modo de vida nómada, un conjunto de limitacio­
como media. Estos resultados venían a revolucionar la visión nes se imponen al desarrollo de determinadas formas de exis­
tradicional de las sociedades de cazadores-recolectores aplasta­ tencia social, limitación, por ejemplo, de la cantidad de bienes
das por la naturaleza, y Sah1ins ha propuesto ver en éstas so­ transportables y, por consiguiente, limitación de la acumula­
ciedades las primeras y ·verdaderas «sociedades de la abundan­ ción de los llamados bienes duraderos.
cia» que existieron en la humanidad, insistiendo en el hecho de Ya podemos ver que los efectos ele un modo de producción
que esas Welfarc SuciclÍl's primitivas venían a barrer todos los sobre el conjunto de las estructuras de una sociedad consisten,
prejuicios, acumulados desde la revolución neolítica hasta Aclam primero, en un efecto de limitación de esas estructuras sociales
Smith, concernientes al modo de vida de los salvajes. Sin embar­ a formas ",,,lInf1li!Jles con el modo de producción. En las so­

* El autor se refiere a la rt;ducción de tiempo en un veintiCinCO por , André Lcroi-Gourhan: Le geste el la parolc, tomo 1, "Tcchniqucs et
ciento en la prot!ucciún de sal, lltlO de cuyos illplih lo constituye la tala langagcs», p. :2L;.
de árboles para la obtenciún de la leña necesaria (N. del T.).
80
Maurice Godelier La alltropología económica 81
ciedades cuyo modo de producción se basa en la agricultura
Aquí se plantea el problema de los efectos del medio natural
extensiva sobre terrenos desforestados por el fuego, una de las
sobre la economía y el modo de vida de las sociedades. el proble­
condiciones internas de la reproducción del sistema es la exis­
ma del «determinismo» ecológico o, según la expresión utiliza­
tencia de vastos territorios baldíos en barbecho que permiten
da a comienzos de siglo, el problema del determinismo geográ­
una rotación de cultivos, habida cuenta elel tiempo necesario
fico. En sentido estricto, los efectos de un medio «natural" no
para que se reproduzca la fertilidad natural del suelo. En esas
pueden ser analizados ni evaluados más que allí donde el hom­
condiciones, el sistema productivo impone un límite a las for­
bre no ha modificado la naturaleza por el fuego, utilizado bas­
mas de hábitat y a la duración ele su implantación. Esta contra­
tante antes del desarrollo de la agricultura como técnica de
dicción entre población y recursos encuentra una solución en
caza, o por otros procedimientos ligados a las diversas formas
la práctica frecuente de la escisión de un pueblo y de la en­
de agricultura o de ganadería. Lo que impone la naturaleza son
jambrazón de las comunidades dependientes en territorios aún
grandes límites y constricciones en el interior de los cuales
no roturados. A través de ese proceso de escisión y enjambra­
existe un conjunto de recursos reales o virtuales. Resulta difí­
zón, un modo de producción se reproduce dentro de sus pro­
cil concebir la agricultura en las regiones árticas y subárticas,
pios límites, y resuelve su contradicción extendiéndose sin cesar
y cuando existe, es en un estadio experimental, al final de un
en el espacio. Otros estudios cuantitativos, como el de Carneiro
largo desarrollo de las fuerzas productivas más moderadas y de
sobre los kuikuru de la cuenca amazónica, que practican la
la aplicación de los descubrimientos genéticos y agronómicos
agricultura en terrenos previamente roturados por el fuego y
a la producción. La naturaleza impone, pues, constriccion¿>s a
la pesca, muestran que hay que desconfiar de las apariencias
las que deben adaptarse las sociedades. Pero la adaptación pue­
y no creer que la débil densidad de población de una sociedad
de revestir múltiples formas que se basan cada una de ellas en
manifiesta necesariamente que vive en el límite de sus medios
un nivel determinado de las fuerzas productivas. Mientras que
materiales. Carneiro ha calculado que los kuikuru no invierten
los shoshones llevaban, hace dos siglos, una vida nómada y su
más que tres horas y media diarias como media para asegurar
población alcanzaba una densidad de un habitante cada cin­
totalmente su subsistencia, de las cuales dos horas son pam la
cuenta millas cuadradas en el mejor de los casos, actualmente,
agricultura y una hora y media para la pesca. Dedican las diez
en el mismo medio, que no ha cambiado de forma significativa,
horas restantes del día a descansar, a practicar la lucha o a
vive una población sedentaria de granjeros blancos que practi­
otras actividades sociales. Carneiro ha calculado que una me­
ca alrededor de SaIt Lake City una ganadería extensiva y una
dia hora diaria de trabajo suplementario invertido en la agri­
agricultura mecanizada basada en técnicas de riego, en la utili­
cultura permitiría a cada hombre producir un excedente sus­
zación de semillas seleccionadas por su resistencia a la sequía,
tancial de manioca sin comprometer el equilibrio entre pobla­
etcétera, lo que les permite producir un enorme excedente al
ción y recursos. Por consiguiente, existe un excedente potencial
que se da salida en el mercado. Los shoshones en la actualidad
que permanece inutilizado, lo que se debe, al parecer, a que
han desaparecido prácticamente a consecuencia de esta ocupa­
los kuikuru no tienen razón social alguna para producir tal ex­
ción de su territorio de caza y recolección, pero, ya a finales del
cedente. Este ejemplo permite precisar ya dos puntos teóricos
siglo XVIII, la introducción del caballo, por intermedio de los
importantes: en primer lugar, que la existencia de un excedente
cheycnnes. había modificado profundamente el modo de pro­
potencial no implica automáticamente un desarrollo económico
ducción y de vida de las bandas shoshones de la parte norte de
y, en segundo lugar, que la movilización de ese excedente se
esta región, tales como los bannock, que habían adoptado la
realiza a través de un cambio en las relaciones sociales, como
prúctica de los indios de las llanuras de la caza a caballo del bi­
por ejemplo, el desarrollo de una detenninada desigualdad y
de una determinada desigualdad y de una determinada compe­ sonte v habían controlado hasta 1870 un inmenso territorio que
tencia entre los individuos y los grupos. Es lo que MarshaIl se cxt~ndía desde las Montaiías Rocosas hasta la Sierra Cascade.
Shalins. en sus recientes estudios sobre «el efecto Chayanov,., La naturaleza impone, por consiguiente, constricciunes, y
ha demostrado COn éxito 6. .

societics: social i nflections 01 the Í¡¡ Econo­


, MarshaIl ShaJins: «The intensity of domestic production in primitive Ihe American Publisher,
83
82 Maurice Godelier La antropología eCOllú¡nica

todo modo de producción es siempre una forma de adaptación de los hábitats animales y vegetales, y la vieja de la
a esas limitaciones, pero éstas son igualmente el producto del horda primitiva errante es ciertamente falsa". La
propio modo de producción. Debido a esta doble causalidad, el estos conocimientos empíricos que poseen las sociedades
progreso de las fuerzas productivas y las transformaciones de tivas y agrícolas sobre su entorno natural es frecuentemente in­
las sociedades no quedan definitivamente bloqueados, fijados en mensa; por ello se comprende la importancia que tienen los
las formas de adaptación existentes, experimentadas y reprodu­ más ancianos en esas sociedades, ya que, en relación con las
cidas con éxito desde hace mucho tiempo. Tal vez una de las generaciones más conservan y transmiten la informa­
razones de algunos bloqueos sea una adaptación demasiado fe­ ción acumulada. los estudios de Conklin sobre los ha­
liz a un medio que ofrece en abundancia un escaso número de nunoo o los de Fax sobre los pinatnbo de Filipinas. Los pinatu­
recursos. En Nueva Guinea, en el golfo de Papuasia, viven po­ bo han designado Y clasificado más ele 600 plantas y «no sólo
blaciones que Serpenti ha denominado «cultivadores de maris­ tienen un conocimiento fabuloso de esas plantas y de su modo
mas», cuya economía se basa sobre todo en la explotación de la de utilización, sino que emplean más de cien términos para des­

palmera sagú, completada por la pesca y la caza, esta última cribir sus partes o sus aspectos característicos}}. A través del

de importancia marginal. La palmera sagú crece espontánea­ de esos materiales de conocimiento Y ele su c.lasifica­

ha descubierto Lévi-Strauss algunos de los prin­

mente en agrupamientos muy densos, y el hombre favorece su


reproducción abriendo claros en torno a esos macizos. La can­ CipiOS del «pensamiento salvajc». Ese campo de investigación

tidad de médula almacenada en una palmera madura es enor­ sobre las formas de correspondencia entre modos de produc­
me, por 10 que la subsistencia de las poblaciones queda amplia ción y formas de representación apenas si ha sido explorado.

y fácilmente al abrigo del hambre. Los instrumentos, las vivien­ André Haudricourt ha intentado correlacionar la forma en
das, los vestidos, todo ello se fabrica a partir de materiales de que determinadas sociedades tratan al hombre y definen mode­
la selva, y Jaeques Barrau ha hablado al respecto de una ver­ los de buenos gobiernos con la manera en que tratan a los
dadera «civilización del vegetal». Sin embargo, parece ser que animales y a las plantas, en el marco de sus modos de produc­
esta adaptación Íntima a recursos que dependen ampliamente ción. Nos encontramos ante uno de los raros ejemplos de aná­
de la recolección ha hecho difícil toda transformación interna lisis de formas de correspondencia entre la instancia
posterior de'las técnicas y de la misma sociedad. y la instancia ideológica en el seno de diversos modos de pro­
De un modo general, los fenómenos decisivos de los trasla­ ducción. André G. Haudricourt ha aislado así dos modos de
dos de plantas y de animales de su hábitat natural hacia otros tratamiento del hombre: el tratamiento ({hortíeola)} Y el trata­
constituyeron verdaderos desafíos a la naturaleza, so­ miento «agro-pastora¡". Entre los melanesios, por ejemplo, la
metiendo a las plantas, a los animales y a la misma naturaleza agricultura está basada en el cultivo de tubérculos: ñame, taro,
a nuevas formas biológicas y físicas, mientras que el hombre batatas. Este cultivo se realiza por la acción indirecta, negativa,
entablaba nuevas relaciones sociales. Toda la historia de las del hombre sobre la planta. Por decirlo de algún modo, nunca
economías pastoriles nómadas en el cinturón semiárido que se existe un contacto brutal en el espacio ni simultaneidad en el
extiende desde Asia hasta el Sahara, está basada en el lraslado tiempo con el ser domesticado, Se levanta un caballón de tiara
de animales cuya domesticación y cría originariamente no se vegetal, seguidamente se colocan allí ñames de simiente. La re­
conocía en esta De esta forma una inmensa pOl'ción de colección se realiza dcsentarando con precaución el tubérculo,
la superficie del globo ofreCÍa durante milenios el medio de al que, a continuación, se envuelve en hojas. Una especie de
desarrollar nuevos modos ele producción y de vida social. amistad respetuosa existe entrc los hombres y las plantas. En
En el mismo campo de análisis, el del aspecto material y cambio, la agricultura de cereales, con excepción del arroz, se
técnico de los diversos procesos de producción, es indispensa­ caracteriza por las relaciones « bru tales» del hombre con la
ble afanarse en el estudio de los conocimientos acumulados en planta. En los comienzos de la ~gricultura, el pisoteo dc un re­
los diversos tipos de sociedades sobre su entorno natural y so­ baño sobre la superficie del suelo podía bastar para enterrar
bre los medios prácticos de apropiarse de sus recursos. Como los granos sembrados a voleo. Tras una reco!ccción brutal por
advierte Leroi-Gourhan en su obra Le geste el la parole (pá­ medio del arranque de espigas o de la siega, ele nuevo es el pi­
213), «el alimento está ligado al conocimiento profundo soteo animal el medio para trillar y separar los granos de la
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La antropología económica
84 Maurice Godelier
medios de producción Y de subsistencia. Garantizan, en el pla­
paja, operaciones todas ellas que pueden realizarse gracIas a nO abstracto del derecho, y, en cierta medida, permiten prácti­
la dureza de los granos. El arroz, por el contrario, exige un camente la reproducción del modo Ge producción que ellas re­
campo tan "fabricado» como el caballón del ñame o el surco presentan. El error en este casa consiste en confundir el plano
del taro: requiere una superficie bien aplanada, rodeada de di­ de apropiación real de los medios de producción Y el plano de
ques, etcétcra. la apropiación legal. Se conocen numerosos casos de jefes de
En el caso de la ganadería, sobre todo de la cría de corde­ tribus que, bajo la apariencia de ejercer su derecho de tutela
ros tal y como se practicaba en el Próximo Oriente y en la re­ sobre las tierras comunales de su tribu, derecho que les recO­
gión mediterránea, tenemos igualmente un modelo de acción nocía la costumbre, se apropian de hecho de esas tierras y las
positiva directa del hombre sobre la naturaleza. El pastor acom­ colocan al servicio de sus intereses privados. El derecho con­
paña día y noche a su rebaño, debe escoger los pastizales, trans­ suetudinario se convierte así en una cómoda ficción, una forma
portar a los corderos recién nacidos por los pasos difíciles, que enmascara el contenido real de las relaciones de produc­
defenderlos de los lobos. Su acción es directa: contacto con la ción. Este fue el caso de Ghana, a comienzos de siglo, cuando
mano o con el bastón, perro que mordisquea a la oveja para los jefes de la tribu ashanti, en el momento del desarrollo de
dirigirla, etc. Su acción es positiva: escoge el itinerario, que la producción de cacao para la exportación, se apropiaron del
en todo momento impone al rebaño. A partir de esos diversos uso de las tierras tribales no utilizadas para multiplicar las
tipos de tratamiento del animal y de la planta, Haudricourt plantaciones de cacao que hacían cultivar por subordinados o
compara los modos de tratamiento del hombre, que, poe ciem­ deudos. Las condiciones para esta evolución en Ghana fueron
se dan en la civilización china y en la civilización agro­ el desarrollo del comercio de trata precolonial; seguidamente,
pastoral del Próximo Oriente y de la cuenca mediterránea. Para los efectos de la colonización británica Y de la penetración de
los chinos, la prueba de un buen gobierno es que no tenga que las relaciones de producción capitalistas. Pero igualmente se
intervenir en la marcha de la sociedad, según la ideología do­ puede citar un caso europeo, que pertenece a la historia anti­
minante china: el confucianismo. En el mundo mediterráneo gua de las comunidades célticas irlandesas. Hasta el siglo VI
antiguo, el jefe, por el contrario, se comporta como el pastor después de lC., los celtas eran ganaderos que se desplazaban,
que conduce en cada paso a su rebaño, y Haudricourt nos re­ al modo de las tribus germánicas descritas por César, por el
cuerda las idealizaciones poéticas del buen pastor, o aquella interior de los distritos que pertenecían a su clan. Durante el
otra de que el hombre es un lobo para el hombre. siglo VI los irlandeses comenzaron a establecerse en poblados
P~ro el análisis de un proceso de producción no se limita al sedentarios Y a practicar la agricultura. Cada poblado estaba
estudio de la naturaleza de los factores de producción que es­ compuesto de varios grupOS familiares que residían en barrios
tán combinados de forma específica en su seno; combinación separados. El propio poblado, los corrales del ganado y las
que determina en particular la organización del trabajo, del huertas constituían un espacio llamado «faichte» que era pro­
que se pueden medir las pertormances y el rendimiento. Todo piedad de cada familia. La tierra cultivada, el bosque, las pra­
proceso de producción supone como condición de posibilidad, deras alrededor del poblado eran llamadas «sechter-faichte», Y
y comporta igualmente como una de sus estructuras internas, eran propiedad comunal del poblado. Cada grupo familiar po­
un conjunto de relaciones sociales precisas que determinan la día hacer pastar a su rebaflo y utilizar la madera del bosque,
apropiación social de las tres categorías de factores de produc­ según sus necesidades y sin tener que dar cuenta de ello a la
ción. El modo de distribución y de apropiación social de los comunidad. El trabajo se realizaba en común, Y las nuevas
factores de producción en el interior de una sociedad quedan tierras eran roturadas en común Y seguidamente distribuidas a
designados bajo el concepto de relaciones de producción. En cada grupO familiar para su uso individual. A partir del si-
general, las relaciones de producción se «representan», se ex­ VII, se puede constatar que los jefes de clan, que hasta el
presan socialmente en diversas formas de propiedad y de pose­ momento administraban las tierras comunales en nombre de
sión que codifica el derecho oral o escrito de una sociedad. Las éste, transformaron poco a poco una parte de este dominio co­
formas jurídicas de propiedad y de posesión definen los dere­ munal en propiedad personal. El clan cesó de ser solamente un
chos y las obligaciones recíprocas de los individuos y de los grupo de parentesco, y comenzó a incluir esclavos, hombres
grupos en lo concerniente a la distribución y al control de los
86
Maurice Godelier La antropología económica 87
libres adoptados de otros grupos familiares, miembros de cla­
piación constituye lo que Malinowski ha denominado «sistemas
nes extranjeros a los que se les había permitido establecerse de derechos combinados». En numerosas sociedades de cazado­
mediante el pago de ciertas tasas al jefe del clan. Por consi­ res-recolectores, el territorio de la banda es reivindicado de
guiente, tuvo lugar una diferenciación de la comunidad entre
forma colectiva por ésta, mientras que las redes de caza, la
ricos y pobres, que se convirtió en la base de una nueva estra­ cerbatana, las flechas envenenadas de los cazadores, el palo
tificación social en términos de clases. Asistimos, pues, a la
para escarbar de las mujeres, son objeto de apropiación indi­
transformación del antiguo derecho de tutela del jefe de clan
vidual. Malinowski creía que su descubnmiento constituía una
sobre las tierras comunales en instrumento de posesión de la
gran victoria contra los partidarios de la teoría del «comunis­
comunidad de sus tierras y de su apropiación individual. En Es­
mo primitivo» que pretendían que, en las sociedades primitivas,
cocia tuvo lugar una evolución análoga que se aceleró tras la
todo es de todos (MaIínowski, equivocadamente, incluía entre
expulsión de los Estuardo, finalizando a comienzos del siglo XIX,
los partidarios de esta teoría a Marx). Sin embargo, en cada
como lo atestiguan las célebres discusiones suscitadas en 1811
modo de producción, entre todos los factores de producción
por la política brutal de expropiación de la propiedad comunal
algunos son más importantes que otros, y su modo de apropia­
de su clan y de expulsión de las familias campesinas que re­
ción es el que domina a las otras formas de apropiación y carac­
sidían en ellas por la condesa de Sutherland, marquesa de
Stafford. teriza de este modo un conjunto de relaciones de producción. En
numerosas sociedades, la producción se lleva a cabo con la ayu­
Uno de los problemas teóricos de la antropología -funda­ da de instrumentos simples y fáciles de fabricar por cualquier
mental por un doble motivo: por una parte, porque concierne
individuo, que, por este mismo hecho, es un productor poliva­
a las transformaciones mayores de la historia humana, y, por
lente. Esta facilidad de producción explicaría al mismo tiempo
otra parte, porque están subordinados a él, en un plano teóri­
la presencia de numerosas formas de propiedad individual de
co, los progresos incluso de ramas particulares de la antropolo­
los instrumentos en las sociedades primitivas, y el hecho de que
gía, como la teoría de las relaciones de parentesco, de las es­
esas formas de propiedad individual no dominen las relacio­
tructuras políticas, de las formas de religión y de ideología­
nes de producción. Este era el caso de los esquimales, entre
consiste en explicar cómo unas minorías sociales han podido
los que los recursos naturales -los ríos (y los peces), la tun­
encarnar, personificar intereses comunes y transformar paula­
dra ( y el reno), las costas marinas (y los mamíferos marinos)­
tinamente su poder de función en poder de explotación econó­
eran propiedad comunal de la banda, mientras que los instru­
mica y social. Más adelante volveremos a tratar este punto
esencial. mentos eran propiedad individual; propiedad individual, pero
no privada, porque ningún individuo podía negarse a prestar
Todo proceso de producción presupone, por consiguiente,
sus instrumentos o sus armas a un pariente o a un miembro
una distribución social de los factores de producción, es decir,

de la banda que estuviera necesitado de ellos y se los pidiera;


un modo social de apropiación de los objetos de trabajo, de

no podía, por consiguiente, privarle de ellos.


los medios de trabajo y, en determinados casos, del propio tra­

En lo que concierne a las formas de propiedad de un te­


bajador, cuya persona puede constituir directamente un objeto

rritorio de caza, de un territorio agrícola o de un territorio de


de apropiación por parte de un amo, en el caso de la esclavitud,

o pertenecer sólo indirectamente a un terrateniente, en el caso ganado nómada, hay que subrayar el hecho de que la propiedad
de campesinos sojuzgados y vinculados a una tierra, «a la gle­ individual del suelo es una excepción en el seno de los modos
ba». Uno de los resultados más importantes de la antropología de producción de la mayor parte de las sociedades precapitalis­
taso Esto era lo que subrayaba Carl Brinkmann en la introduc­
y de la historia comparadas es el descubrimiento y el análisis
ción general al artículo "Land Tenure», en la Encyclopedia 01
de múltiples formas de estatutos de dependencia personal que
existían en sociedades no capitalistas y que habían nacido de the Social Sciences: «La atribución de la tenencia de la tierra
múltiples procesos locales de diferenciación social. al individuo, en tanto que ser distinto de un grupo sociaL. es
un concpeto muy moderno que no puede aplicarse completa­
Los diversos factores de producción, en el seno de socieda­
des primitivas y agrícolas, son objeto frecuentemente de modos mente ni siquiera en una economía capitalista. Ocurre Jo mismo
de apropiación distintos, y el conjunto de esos modos de apro- con la tenencia territorial en tanto que derecho individual ex­
clusivo de cualquier otro derecho concurrente. Lo que puede

""­
J...
89
88 Mal-lrice Godelier La antropología económica

parecer una contradicción en los términos en relación con la sos de la comunidad. Esta última existe en la práctica yapa­
noción de propiedad del Derecho romano o del Derecho civil rece como una realidad superior a los individuos, como el fac­
moderno, a saber que no pueden existir dos o más derechos tor de unidad entre los individuos y entre las
de propiedad sobre la misma cosa, es evidentemente la regla como la unidad superior visible de la comunidad que, al repro­
más general de las instituciones que gobiernan la tenencia de ducirse, garantiza a todos sus condiciones de existencia.
la tierra». Se concibe que a medida que la permanencia de los derechos
a) No es el trabajo del individuo en tanto que tal lo que sobre el suelo se convierte en condición interna e
fundamenta esa relación comunitaria de apropiación del suelo, del proceso de producción, más necesarios se hacen los medios
sino la pertenencia de este individuo a una comunidad que sociales para garantizar y controlar la continuidad de la ~_~~~;"L
existe con anterioridad a él lo que le garantiza un acceso a este ció n del suelo y la determinación del lugar de los
recurso fundamental, convirtiéndole de ese modo en posesor en ese proceso de apropiación. Esto ya ocurre en el caso de los
de derechos de uso y no en propietario de esos derechos. Este modos de producción de caza y recolección basados en la ex­
es un resultado científico importante cuando se confronta con plotación regular de los recursos animales y de un
la historia de las ideas. La antropología económica no se con­ territorio determinado Y limitado. Lo mismo sucede cuando la
funde con una filosofía del trabajo como «esencia del hombre» producción se basa en la agricultura o en la explotación de un
aporta argumentos teóricos a una filosofía de la rebaño de animales domésticos y la tierra o el rebaño se han
basada en el trabajo individual, ni siquiera en el convertido no sólo en objetos de trabajo, sino también en me­
en general, como la encontramos en Locke y en la ma­ dios de producción que hay que mantener de forma permanen­
yor parte de los pensadores que, desde comienzos del siglo XVlII, te en estado de funcionamiento, de generación en generacion.
han defendido la propiedad contra las formas feuda­ Algunos han sugerido analizar bajo esta óptica las funciones y
les, estatales y comunitarias de propiedad que entorpecían el el origen de las formas clasificatorias de parentesco y de la
desarrollo. diferenciación política que se encuentran en el seno de nume­
Esas formas comunitarias de rosas sociedades de agricultores y de ganaderos, en contraste
de los principales recursos naturales con la estructura más flexible y fluida de las relaciones socia­
que, sobre la base de las fuerzas productivas existentes, en el les en el seno de las sociedades de recolectores 7.
propio proceso de producción, el individuo en tanto que tal, es d) En la medida en que los miembros vivos de una comu­
decir, en tanto que ser aislado, subsistir y debe esta­ nidad son los soportes de las condiciones de la producción y de
blecer formas variadas de con los otros miembros la reproducción de su comunidad, y en la medida en que esta
de su grupo. les aparece como una realidad superior, como el
e) La existencia de una forma comunitaria de apropiación factor de unidad y de supervivencia de los individuos y de las
del suelo no sólo garantiza el acceso de cada miembro de la generaciones, entre las generaciones vivas, la que o las ljue son
comunidad a los recursos que le permiten reproducirse, sino capac~s de asegurar efectivamente la continuidad del modo de
que también asegura a las posteriores la misma reproducción económico y social ~'s capaces de mante­
garantía, asegura la reproducción misma de las condiciones de ner en buen estado los medios de producción existentes y de
la producción material y de la existencia de la sociedad. Por transmitir los conocimientos tradicionales acumulados sobre
consiguiente, en sentido estricto, los derechos esenciales y co­ los aspectos técnicos, mágicos, sociales de las formas y de las
munitarios sobre el suelo no pertenecel1 al conjunto de los condiciones de la producción, en resumen, capaces de garanti­
miembros Vil'OS de la comunidad, a la comunidad de los vivos, zar a las generaciones posteriores el acceso a los recursos de la
sino a la comunidad entendida como conjunto de los antepasa­ comunidad y de garantizarles, por su
dos muertos y de sus descendientes vivos o por naca. Los física y social- representan entre los vivos, en su más alto gra­
miembros \"Íyos de una comunidad son, pues, en la prúctica, y do, la comunidad como realidad superior a los individuos y se
aparecen en el plano ideológico, como simples soportes de la
reproducción de su comunidad (de la tradición), y, en cierlo 7 Claudc Mcillassoux: "Rccherche d'un niveau de détermination dans
modo, no ejercen mús que un derecho de tutela sobre los recur­ la société cynégétique», en L'Homme et la Société.

7
90 Maurice Godelier La antropología económica 91
identifican más que cualquier otra generación con esta unidad, lRres, basadas o no en el parentesco, y que componen las partes
con este interés superior de la comunidad. Por consiguiente, es de comunidades más vastas (poblado, tribu, etc.).
obvio que esta generación o esas generaciones que reprC"sentan e) Pero este análisis nos lleva a un problema de mayor al­
en un grado superior a su comunidad no pueden ser más que cance teórico: el papel de las relaciones de parentesco como
generaciones mayores que ocupan espontáneamente esta situa­ relaciones de producción y condiciones de la reproducción de
ción estratégica en el proceso de reproducción del modo de la base económica y de las relaciones sociales de numerosas
producción y de la sociedad. Pero entre varias generaciones de sociedades primitivas. Recordemos ante todo que, para anali­
mayores que coexisten en una sociedad, la determinación de la zar teóricamente la naturaleza y las funciones de las relaciones
que asumirá realmente la función estratégica de controlar el de parentesco, hay que partir de su centro, y ese centro es la
proceso de reproducción de la sociedad depende de la naturale­ relación instaurada entre dos individuos. y, a través de ellos,
za misma del modo de producción. En numerOSas sociedades entre dos grupos sociales, por una forma determinada de ma­
de cazadores-recolectores, el proceso de producción es disconti­ trimonio. El matrimonio, al combinar las fuerzas productivas
nuo v debe recomenzar tras cada caza y cada recolección, sin del hombre y de la mujer, en el marco de una división sexual
dejar huellas y sin que puedan realmente almacenarse recursos determinada del trabajo, constituye un elemento esencial de
para el futuro o deban apartarse simientes u otros productos una unidad de producción y supera ya la impotencia del indi­
del proceso de trabajo que asegurarían su reproducción. viduo en la sociedad primitiva para garantizar por sí solo su
En estas condiciones, puede suponerse que la generación que subsistencia y, por consiguiente, para reproducirse, y al mismo
dispondrá de los instrumentos más importantes de la autoridad tiempo el matrimonio permite y asegura las condiciones de la
social será aquella en la que los hombres y las mujeres estén reproducción biológica, física de la sociedad. Como lo ha sub­
en plena posesión de sus capacidades de producción. Esto es lo rayado con fuerza Lévi-Strauss en Las estructuras elementales
que ocurre entre las bandas de pigmeos mbuti, en el interior del parentesco:
de las cuales la generación de los ancianos desempeña un papel
social más desdibujado que la de los cazadores adultos. Pero es «La situación difiere por completo en gmpos en los cuales
preciso recordar inmediatamente que, entre los cazadores-re­ la satisfacción de las necesidades económicas descansa total­
colectores de sociedades como la de los aborígenes australianos mente sobre la sociedad conyugal y la división del trabajo entre
o, por distintas razones, la de los indios de la costa noroeste, no los sexos. El hombre y la mujer no sólo no tienen la misma
se sigue ese mismo modelo, y algunos antropólogos como rrede­ especialización técnica y, por lo tanto, dependen uno del otro
rick G. Rose intentan construir la teoría de su estructura ge­ para la fabricación de los objetos necesarios para las tareas co­
rontocrática suponiéndola en íntima relación con la prácti­ tidianas, sino que se consagran a la producción de tipos dife­
ca de la poligamia. Hay que advertir que la poligamia ase­ rentes de alimentos. Por lo tanto, una alimentación completa
gura las condiciones de supervivencia de hombres que ya y, sobre todo, regular, depende de esta verdadera «cooperativa
no son cazadores en "plenitud de sus fuerzas». De una ma­ de producción» que constituye una pareja [ ... ] Sobre todo en
nera general, la existencia de un excedente regular de me­ los niveles más primitivos, donde el rigor del medio geográfico
dios de subsistencia, excedente que se produce con mucha ma­ y el estado TIldímentario de las técnicas hacen azarosos tanto
yor regularidad en el seno de los modos de producción [Jasados la caza y el cultivo como la recolección de frutos, para un in­
en la agricultura o en la ganadería, perrníte el mantenimiento dividuo abandonado a sí mismo la existencia sería casi im­
de generaciones de ancianos y les asegura una posición estraté­ posible» 8.
cn la transmisión de los acervos de las generaciones ante- Y, como muestra Claude Lévi-Strauss, en las sociedades
posición que prima en definitiva sobre el papel más o mitivas, el huérfano y el soltero no pueden subsisl ir sin inte­
111enos grande que pued;:\J1 aún desempeñar directamente :::n la grarse en cierto modo cn un grupo de parentesco. En
sobre su capacidad individual cfccti\'a de ser pro­ lugar, el matrimonio redistribuye entre los grupos que compo­
ductores directos. Bajo esta óptica hay que analizar la existen­ nen una sociedad las mujeres, que son a la vez una fuerza de
cia \" las funciones de los «consejos de ancianos», la autllridad
de los «jefes de linaje» u otras formas de comunidades , Claude Léví·Strau'is: fas nlruc{uras elementales del parCI1{CSCO, p. 75.
92 Maurice Godelier La antropología económica 93

trabajo, y por tanto, un factor directo de producción, y, según otro concerniente a sociedades de ganaderos nómadas peu] y
la expresión de Claude Meillassoux: ,dos productores de los tuareg estudiadas por Pierre Bonte y Marguerite Dupire.
productores», es decir, la condición directa de la reproducción Entre los siane encontramos un sistema muy complejo de
de la futura fuer¡;a de trabajo. Codificar y controlar la circula­ reglas de apropiación, tanto de objetos materiales, la tierra,
ción de las mujeres en la sociedad a través del matrimonio, lo las hachas, los vestidos, como de realidades inmateriales (cono­
que constituye la función visible de los sistemas de parenlesco, cimiento ritual), sistema que proporciona un ejemplo de aque­
significa al mismo tiempo codificar y controlar la reproducción llo que Malinowski denominó un sistema de derechos combi­
de las unidades de producción, del suelo en particular, entre nados. Un jefe de linaje dispone de la tierra, las flautas sagra­
los agricultores, o del rebaño entre los ganaderos, y significa das, los conocimientos rituales, bienes cuya tutela detenta y
también controlar la distribución de los factores materiales de que no puede transferir, derechos llamados Merafo y que ex­
la producción. presan la relación de un padre con sus hijos. El es responsable
Esta última restricción es importante. Los antropólogos tie­ de ello ante la comunidad y sus antepasados. Un individuo
nen tendencia a afirmar de forma general que las relaciones de cualquiera, jefe de linaje o no, dispone de los vestidos que ha
parentesco dominan la vida de las sociedades primitivas. Esto fabricado él, los árboles que él ha plantado, los cerdos que ha
es solamente un reflejo del hecho de que el 98 por 100 por lo criado, su hacha, las agujas que ha fabricado o se ha procura­
menos de las sociedades estudiadas por ellos están basadas so­ do, derechos llamados Amfonka, y que expresan la relación en­
bre todo en la agricultura y/o en la ganadería, y que a menudo tre un objeto y su sombra. Esos bienes pueden ser apropiados
las relaciones de parentesco desempeñan en esos casos un gran individualmente y transferidos. Entre esos dos tipos de reglas
papel en la organización económica y social. Ahora bien, entre de apropiación existe una relación de orden, ya que únicamente
determinadas sociedades de cazadores-recolectores que todavía si se tiene con el suelo una relación de tipo Merafo, es decir,
subsisten y que han podido ser observadas por etnólogos tales si se pertenece a una comunidad y se explotan las tierras de
como Thomas, Schapera, Gusinde, Marshall, Lee, Turnbull, etc., esa comunidad, el trabajo realizado para plantar árboles sobre
se constata que el matrimonio es una institución inestable y ese suelo da derecho a su apropiación individual, es decir, da
que los sistemas de parentesco están muy simplificados, lo que derecho a una relación de apropiación de tipo Amfonka de
corresponde a las condiciones mismas de la producción. No esos árboles y de su producto. La existencia de esta relación
obstante, el matrimonio era relativamente estable y los siste­ de orden entre ambos tipos de derecho pone de manifiesto el
mas de parentesco eran muy complejos en el seno de la mayor hecho de que la pertenencia al grupo es el fundamento del sis­
parte de los grupos de cazadores-recolectores australianos 9. tema de derechos y que el control del clan sobre otros grupos
Por tanto, hay que evitar plantear como un axioma, o acep­ dependientes (casa de los hombres o linajes), o sobre el indivi­
tar como una evidencia general que las relaciones de parentesco duo, es el principio director de ese sistema. El conjunto del
desempeñen en todas las sociedades sin clases un papel domi­ sistema combina, pues, los intereses del grupo y del individuo
nante en el funcionamiento de las relaciones sociales. Sólo des­ al limitar, mediante la prioridad del grupo sobre el individuo,
empeñan un papel de esa clase cuando cumplen un papel deci­ las contradicciones que pudieran surgir de un uso individual e
sivo en la distribución de los medios de producción y en el incontrolado de los recursos. Este ejemplo nos muestra igual­
control de las condiciones mismas de la reproducción del modo mente la especificidad de la instancia jurídica de la sociedad,
de producción y de las relaciones sociales que le correspond~n. especificidad que expresa en este caso la extensión de las reglas
Esta doble función es la que les permite desempeñar un papel de apropiación de toda realidad material e inmaterial que pue­
dominante, dominación que está a su vez determinada por el da ser apropiada y transmitida socialmente (conocimiento ri­
modo de producción. Daremos dos ejemplos de esta domina­ tual, prácticas mágicas, etc.). Estas reglas de apropiación de
ción de las relaciones de parentesco, uno tomado de los siane, realidades inmateriales son las que Lowie ha designado bajo el
tribu hortícola de Nueva Guinea estudiada por Salisbury, y el término de propiedad incorporal, "úlcoporeal propriety», en su
célebre artículo del YaTe Law Journal de marzo de 1928. Al
• A. P. Elkin: Les aborígenes australiens, París, GaIlimard, 1967, capí­ afirmar que el concepto de propiedad desbordaba el campo de
tulos IV y V. las realidades materiales, Lowie creyó ganar una gran victoria
La antropologia económica 95
94 Maurice Godelier

contra el materialismo; en realidad sólo había alcanzado una Pero las relaciones de parentesco desempeñan en este caso
victoria sobre el materialismo vulgar que reduce toda vida so-­ otro papel, tal vez aún más decisivo, en el funcionamiento del
cial a sus instancias materiales. modo de producción, y que se combina con el papel de la fa­
milia como unidad de base de la producción. En efecto, la
Presentaremos un segundo ejemplo del lazo interno entre creación y el mantenimiento de una familia y de un rebaüo se
relaciones de parentesco y modo de producción, inspirándonos basan en mecanismos en parte idénticos. La constitución de
sobre todo en análisis aún inéditos, pero muy importantes, de una familia, es decir, la creación de una nueva unidad de pro­
Pierre Bonte sobre los tuareg kcl gres s del Níger y en los tra­ ducción, supone no solamente la circulación de mujeres, sino
bajos de Marguerite Dupire y de Stenning sobre los ganaderos también la transferencia ele cabezas de ganado v la transmi­
peul, nómadas de AfrÍCa Occidental. En e<¡as sociedades pasto-­ sión de derechos reales sobre el ganado en el marco de las rela­
riles, el rebaíi.o constituye el principal medio de producción, y ciones de linaje. Pierre Bonte ha designado con el término de
lo esencial del proceso de trabajo se realiza en el seno de los pre-herencia ese proceso de transmisión de derechos reales so­
do[m;s l ¡':os. Este proceso de producción está basado en brt~ el ganado que se inicia con el nacimiento de un individuo
icas complejas de reproducción, selección, doma, alimenta­ varón y se prosigue con motivo de su iniciación, de su casa­
ción de animales y cuidados veterinarios, técnicas que implican miento, etc. La ruptura de la unidad del rebaño doméstico y la
inmensos conocimientos bioló¡úcos, zoológicos, botánicos, astro­ constitución de un rebaño independiente para cada hijo, pue­
nómicos, pero que emplean muy pocos instnlmentos, medios den realizarse en diferentes momentos. bien en el momento de
materiales, lo que frecuentemente ha servido de pretexto para la boda, bien con motivo del nacimiento del primer hijo o a
tachar a los ganaderos-nómadas de primitivos. Así, antes de la muerte del padre, según las circunstancias. Nos encontramos
los trabajos de Hahn 10, a comienzos de siglo, se les clasificaba en tal caso con formas de escisión y segmentación de los gru­
habitualmente, en la escala de la evolución, en un estadio ante­ pos de parentesco, caraeterísticas de las relaciones ele parentes­
rior e inferior a los primeros agricultores, 10 que la arqueología co de linaje y que se encuentran tanto en el seno de numerosas
ha refu tado totalmente. sociedades agrícolas como en el seno de sociedades de !2anade­
La mayoría de esos procesos de producción se realizan en ros-nómadas (que son casi todas patri-lineales). A este proceso
el marco del grupo doméstico, y el tamaño del rebaño corres­ permanente de segmentación y de dispersión de los segmentos
ponde, en general, al tamaño de la familia y varía en función de linajes, que favorece la constitución de nuevas unidades de
de la composición interna del rebaño (cabras, reses, ca­ producción y corresponde a las necesidades mismas del encua­
de las posibilidades del medio, etc. Cuando la mano de dramiento y de la producción de un rebaño (si se omite aquí
obra doméstica no es suficiente, ello se remedia, bien por me­ la utilización de la mano de obra servil o dependiente que obe­
dio de asociaciones de grupos domésticos, bien por préstamos dece a prácticas y condiciones históricas específicas), respon­
de mano de obra, bien por trabajo serviL El grupo doméstico den los diferentes tipos de matrimonios preferenciales y la ten­
constituye, por consiguiente, la unidad de producción de base, dencia a la endogamia tribal, prácticas que garantizan la
pero determinadas actividades, tales como la transhumancia, las permanencia de los bienes del linaje. Toda una estrategia de
expediciones comerciales, la defensa, la agricultura, implican for­ alianzas matrimoniales es requerida, por consiguiente, por las
mas ampliadas de cooperación, ya sea simple o compleja, que formas mismas del modo de producción y para la reproducción
se realizan en el seno de unidades de co-residencia más vastas de las condiciones de la producción, y, en esta estrategia, los
que el grupo doméstico: el campamento. Familb y campamen­ factores de co-residencia desempeñan un f!ran papeL El
to constituyen los elementos de base de la organización socio­ de la residencia en la constitución de las relaciones de paren­
económica. tesco, y en la articulación interna de un modo de
de un sistema de parentesco, plantea problemas fundamenta-
lO Eduard Halm: Die Haustiere und ihre Bezielumgen zur Wirtschaft que tan sólo mencionaremos de paso. Marguerite Dupire,
der Menschen. Leipzig, 1896, Duneker und Humblot. en su obra sobre los ganaderos nómadas, L'organisation sociale
Véase tambjén L. Kramer Pritz: "Eduard Hahn and the end of the des Peul, eseribe: "Avecinándose e inter-casándose es como se
'Three uf Man'", The Geographical RevielV, LVII, núm. 1, 1967, pá­ llega a ser agnado, y porque se es agnado es por lo que uno se
ginas
96 Maurice Godelier La antropología económica 97

avecina y se Ínter-casa» 11, Y opta por la anterioridad del primer enfocar esta causalidad quedan radicalmente excluidas. Por una
fenómeno respecto al segundo. parte, la causalidad de la economía no puede ser presentada
Estas pocas observaciones ponen, pues, en evidencia algu­ como cl engendramiento, la génesis de las relaciones de paren­
nas de las diferencias que existen entre las formas de or~aniza­ tesco o de otras relaciones sociales fuera del seno de la infra­
ción de la producción en las sociedades agrícolas y en las so­ estructura económica; por otra parte -y ya lo hemos demos­
ciedades pastoriles. El hecho de que el medio de producción trado extensamente al precisar su papel activo, por ejemplo,
dominante, el rebaño, sea apropiado en el marco de una unidad en la reproducción de numerosos modos de producción- las
doméstica, de un segmento del linaje, el hecho de que existan relaciones de parentesco no son simples fenómenos que acom­
posibilidades de acumulación de un excedente en ese marco y pañan a la actividad económica y que se limitarían a una accion
que sean muy diferentes de las que se ofrecen en una sociedad pasiva sobre la vida social, mientras que únicamente las rela­
agrícola, el hecho de que el ganado sea a la vez un medio de ciones económicas tendrían una causalidad activa. No vemos por
producción, un medio de subsistencia (<<stock" alimenticio) y qué misteriosa alquimia la economía «se convertiría» en el pa­
un bien fácilmente canjeable, esas condiciones ofrecen a las so­ rentesco o por qué misteriosa razón la economía debería (mal)
ciedades nómadas grandes posibilidades de diferenciación so­ «esconderse bajo» el parentesco. En ambos casos nos encontra­
cial interna, punto de partida de nuevas evoluciones. Esas dife­ mos ante variantes del materialismo vulgar, teñido en mayor o
rencias prueban una vez más que los conceptos necesarios para menor medida de empirismo funcionalista, que trata de reducir
definir diferentes modos de producción no se dan inmediata­ toda forma de vida social a su instancia material, o de dedu­
mente a nivel de observación, sino que deben ser en cada oca­ cirla de esa instancia, como los empiristas sensualistas del si-
sión construidos teóricamente a partir de los datos tomados XVIII intentaban, bien reducir todo proceso de conocimien­
sobre el terreno. to a una complicación de sensaciones originarias, bien deducirlo
Voluntariamente hemos dejado deJado, en este resumen de de esas sensaciones.
los caracteres de la economía de los ganaderos tuareg, todas En realidad, las relaciones de parentesco tienen un conteni­
las relaciones basadas en la explotación de grupos nómadas y do propio que consiste en ser el mecanismo social de la repro­
sedentarios, dependientes y tributarios de los tuareg, y en la ducción biológica de la sociedad a través de la práctica del ma­
explotación de esclavos domésticos. Sólu pretendíamos poner trimonio. Estas relaciones biológicas y sociales entre miembros
en evidencia el papel de las relaciones de parentesco en ese de una sociedad son irreductibles a relaciones económicas de
modo de producción, y ese papel existe tanto entre los ganade­ producción, pero depende de los diversos modos de producción
ros que pagan tributo como entre los grupos de la nobleza do­ que esas relaciones de parentesco desempeñen o no la función
minante. con la diferencia esencial de que en esta última el tra­ de relaciones de producción, o se conviertan en condiciones es­
bajo directo de los miembros de las familias nobles tiende a tratégicas de la reproducción de un modo de producción. En la
ser sustituido por el trabajo de esclavos y de dependientes, to­ sociedad capitalista, la familia y las relaciones de parentesco
talmente o en parte. La economía de la sociedad inca, en víspe­ ya no desempeñan el papel de unidad de producción. La "pa­
ras de la conquista española, nos proporcionará un ejemplo de se ha convertido solamente en una unidad de consumo y
sociedad precapitalista donde existían un Estado y clases so­ en una categoría contable. El proceso de producción consiste
pero que no puede confundirse con las formas occidenta­ en este caso en una relación entre dos clases, y se realiza en el
les de sociedades de clases, ya se trate de la esclavi tud greco­ seno de unidades de producción separadas completamente de
latina antigua o del feudalismo medieval. la organización familiar, en el interior de las fábricas, de los
Insistamos antes, para prevenir cualquier contrasentido, (;n complejos industriales, etcétera.
lo que entendemos por causalidad de los modos de producción No se trata, en esta etapa de la investigacíón antropológica,
sobre la vida social y, en Jos casos que acabamos de analizar, de dar cuenta de la existencia de los sistemas de par~nteseo
en la naturaleza de las relaciones de parentesco. Dos formas de patrilincales o matrilincales, o indiferenciados, a partir única­
mente de las estructuras de la producción. Así, entre los indios
11 Marguerite Dupire, L'organísatíOIl social" des Peul, París, Plan, 1969,
de la costa noroeste, cuya economía estaba basada en las mis­
página 3U3. mas formas de producción -caza, pesca, recolección- y sobre
98 Maurice Godelier La antropología económica 99

la misma división del trabajo -los hombres practicaban las esclavo, la mayoría de las veces, forma parte de la unidad do­
dos primeras formas de producción y las mujeres la tercera-, méstica de producción y su estatuto tiende a ser el de un miem­
los sistemas de parentesco eran matri-lineales en el norte y pa­ bro inferior de la familia, casi el de un menor. El escla\'o, la
tri-lineales en el sur, y la apropiación de los lugares de caza, mayoría de las veces, es un cautivo y su estatuto, por encima
pesca y recolección estaban matri-centrados en el norte y patri­ del hecho esencial de que el esclavo no es dueño de su persona,
centrados en el sur. La teoría completa de los factores que den varía de forma considerable. Entre los yukurok, se podía obli­
cuenta de esas semejanzas económicas y esas diferencias socia­ gar al esclavo a que trabajase para su amo, pero no se le po­
les todavía está por construir. Sin embargo, hay que recordar día vender, ni comprar, ni tampoco matar. Más al norte, un es­
que los análisis estadísticos más rigurosos actualmente existen­ clavo podía ser utilizado en la producción, ser vendido o com­
tes, los de Driver y los de Massey, que han investigado las corre­ prado, pero no se le podía matar. Finalmente, todavía más al
laciones entre economía y parentesco en los grupos de indios de norte, entre los kwakiutl, el esclavo podía ser vendido, com­
América del Norte, han llegado a la siguiente conclusión: prado o muerto y frecuentemente se le sacrificaba en los pot­
latch o en las ceremonias de fundación de una casa, etc. Pero,
«Cuando se compara por el método de las correlaciones el entre los kwakiutl, la sociedad estaba dividida en dos clases:
predominio de un sexo en las actividades de subsistencia, en esclavos y hombres libres, y estos últimos estaban divididos a
la residencia post-nupcial, en la descendencia y en la termino­ su vez en hombres comunes y nobles. Entre los kwakiutl, entre
logía del parentesco, se constata que tiende a emerger una los aztecas, los hombres libres podían caer en la esclavitud,
clasificación triple. Las sociedades en las que las mujeres do­ pero para que existiera ese tipo de esclavitud, basado en la
minan la subsistencia tienden a tener residencia matri-local, guerra y en la captura de prisioneros, era preciso que en el
descendencia matri-lineal y una clasificación del parentesco de seno de la sociedad existieran grandes desigualdades entre ri­
tipo crow. Las sociedades en las que existe un equilibrio entre queza y pobreza. Los aztecas, que sacrificaban un número tan
las actividades de subsistencia de los hombres y las de las elevado de prisioneros de guerra al culto de sus dioses, trata­
mujeres, tienden a tener residencia bilocal, descendencia bila­ ban a sus esclavos «casi como a sus hijos», según la expresión
teral y una terminología de parentesco hawaiana. Las socieda­ del cronista Alonso de Zurita. Al esclavo no se le podía matar,
des en cuyo seno los hombres dominan la subsistencia tienden ni golpear, ni siquiera revender, excepto en casos de mala con­
a tener residencia patri-local, descendencia patri-lineal y una ducta grave Y reiterada. Podía tener su casa, sus propios bienes,
terminología de parentesco de tipo omaha. Esta evidencia apor­ incluso esclavos, Y sus hijos nacían libres. En Africa Occidental,
ta un apoyo a la teoría del determinismo económico de la des­ la «producción» de esclavos adquirió una amplitud enorme y
cendencia. Sin embargo, aun cuando las relaciones pertinentes devastadora para suministrar mano de obra a las plantaciones
sean significativas, la mayor parte de ellas son débiles, lo que de las colonias españolas y portuguesas, y luego a las econo­
significa que existen muchas excepciones a esas tendencias ge­ mías algodoneras y azucareras de América del Norte. Esto tras­
nerales, y, por ello, que debe haber otras causas implicadas que trocó profundamente las estructuras económicas y sociales de
se añaden al predominio de un sexo sobre el otro en las modali­ Africa Occidental, como demuestran los trabajos recientemente
dades de procurarse el alimento» 12. publicados gracias a Claude Meillassoux sobre «la evolución del
Al abordar el análisis de los modos de producción basados comercio en Africa Occidental». Pero, a pesar de esta importan­
en relaciones de explotación del hombre por el hombre, dire­ cia de las relaciones esclavistas en Africa Occidental, se podían
mos algunas palabras sobre el problema de la esclavitud en el encontrar numerosas prácticas que obstaculizaban la forma­
seno de las sociedades pre-capitalistas. En conjunto, allí donde ción de una clase hereditaria de esclavos; así, entre los sonhaai
existía, la esclavitud no era la relación de producción dominan­ del Níger, los descendientes de esclavos se convertían en hom­
te y la producción no se basaba sobre todo en la explotación bres libres al cabo de tres generaciones.
de la mano de obra servil, como ocurrió en la antigua Roma. El Por el contrario, la mayoría de las primeras sociedades de
clase y los Estados que caracterizan la historia antigua y re­
12 Driver: /ndians 01 North-America, University of Chicago Press, 1966,
ciente de la América pre-colombina, de Africa pre-colonial, del
páginas 266-267. sudeste asiático, etc., se han desarrollado sobre la base de for­

101
100 Maurice Godelier La antropología económica

mas no-esclavistas de dependencia. El Imperio inca se edificó en bargo, un nuevo modo de producción se había instalado, basa­
menos de dos siglos, y esta ascensión fulgurante sólo fue supe­ do en un régimen de prestaciones de trabajo.
La prestación de trabajo no era individual; toda la aldea
rada por los aztecas, que sólo eran, en el momento de su irrup­
participaba y el Estado inca suministraba el alímento y la be­
ción en el valle de México, en el siglo XII, un grupo de tribus
bida, del mismo modo que lo hacía, en el seno de Ayllu tradi­
de cazadores guerreros que desconocían la agricultura y el teji­
cional, el beneficiario de la ayuda comunitaria con quienes le
do. Antes de la conquista inca y de su integración en el Tahuan­
ayudaban. El Estado proporcionaba los instrumentos Y la si­
tinsuyu, el imperio de los cuatro distritos, el modo de produc­
miente, insistiendo para que la gente acudiera a trabajar ves­
ción de numerosas tribus andinas se basaba en la producción
tidos de fiesta, con música y cantos. De este modo, las formas
de tubérculos en el seno del Ayllu, comunidad aldeana local
antiguas de reciprocidad económica y las antiguas formas de
donde residía un grupo de parentesco del tipo de linaje. La
ideología y de rituales que les correspondían sirvieron a partir
propiedad del suelo era comunitaria y la tierra se distribuía pe­
de entonces para el funcionamiento de las relaciones de explo­
riódicamente entre las familias restringidas, sin que éstas pu­
tación y servidumbre económicas, características de una nueva
dieran transformar ese derecho de uso en derecho de enajena­
forma de modo de producción perteneciente al tipo «modo de
ción, o sea en una forma cualquiera de propiedad privada. se­
producción asiático». El Estado inca tenía necesidad, para or­
parada de la propiedad comunal. El trabajo, basado en la ayuda
ganizar su propia base económica de manera que pudiera re­
recíproca de los aldeanos (la minga) en la realización de las di­
producirse de forma estable y ampliarse, de recensar al mismo
ferentes tareas productivas, tenía igualmente una forma comu­
tiempo las tierras, las poblaciones, los animales, los productos.
nitaria. El jefe de la aldea (el curaca) era el primer beneficiario
Necesitaba, pues, crear una maquinaria administrativa que en­
de la ayuda mutua aldeana, y se cultivaban especialmente tie­
cuadrase a la población y la controlara directa o indirectamen­
rras comunales para el mantenimiento de las tumbas de las di­
te, y tenía asimismo necesidad de generalizar el culto del Inca,
vinidades·y de los jefes locales. Nos encontramos, pues, con un
hijo del Sol, y el del Sol su padre, de mantener un ejército que
modo de producción basado en la cooperación de productores
reprimiera los levantamientos, etc. Este conjunto de institucio­
directos, ligados entre sí por lo que el cronista español BIas
nes correspondía al nuevo modo de producción, y se sabe que
Valera llamaba <da ley de hermandad", es decir, las obligacio­
este modo de producción se encontraba en 1532 en plena evo­
nes recíprocas entre parientes y vecinos miembros de una mis­
lución, puesto que el Estado se había visto obligado a trasladar
ma comunidad local. Existía desigualdad social entre jefes y
poblaciones enteras para crear colonias militares que controla­
gente llana, pero no era muy acusada.
ran a las poblaciones locales demasiado turbulentas. Por con­
Cuando esas comunidades cayeron bajo la dominación inca,
siguiente, había roto total o parcialmente los lazos tradiciona­
ellas mismas, 0, por lo menos, los grupos tribales que estaban
les de esas tribus con sus tierras. Pero, por otra parte, había
organizados en comunidades de ese tipo experimentaron una
adquirido un nuevo desarrollo una forma tradicional de depen­
profunda transformación. Todas las tierras, ríos, montañas, los
dencia personal, llamada Yanacona, por la cual individuos com­
rebaños de llamas, la caza, fueron declarados propiedad del Es­
pletamente alejados de su comunidad de origen, los yana, que­
tado. Una parte de esas tierras fue definitivamente expropiada,
convirtiéndose en dominio del Estado ° de la Iglesia. El resto
daban lígados a la persona de un amo durante toda su vida.
Si se trata de determinar los modos de producción que com­
les fue devuelto por "benevolencia» del Inca, mediante la obn­
ponían, a comienzos del siglo XVI, la base económica de la for­
gación de trabajar, bajo la forma de prestación de trabajo, las
mación económica y social concreta que era el Imperio inca, se
tierras apropiadas por el Estado y la Iglesia. Las relaciones de
pueden distinguir tres: el modo de producción aldeano tribal
producción quedaban, por consiguiente, profundamente trastro­
cadas, puesto que, sobre las tierras que conservaban para su preincaico, que continuaba asegurando la subsistencia de las co­
munidades aldeanas; el modo de producción «asiático», basado
subsistencia, las comunidades ya no detentaban sino derechos
en la explotación colectiva de esas mismas comunidadeS por
de posesión y de uso, habiendo perdido sus antiguos derechos de
propiedad comunitaria. Sobre estas tierras, la producción y las una clase dirigente que se confundía con el Estado y les impo­
formas de uso del suelo continuaban revistiendo la misma for­ nía un régimen de prestaciones de trabajo; y un modo de pro­
ma comunitaria que anteriormente a la conquista inca; sin em- ducción nuevo, embrionario, que estaba basado en la explota­
103
102 ¡VIal/rice Godelier La antropología económica

clOn, esta vez individual, de los yana, individuos desligados de producción nuevas, basadas en la opreslOn y la dominación,
su comunidad de origen y vinculados a familias aristocráticas. puesto que los productores habían perdido el control en lo su­
cesivo de una parte de su trabajo y del producto de éste. Ade­
Esta forma de explotación, que preexistía a la conquista inca,
conoció un nuevo desarrollo a medida que se desarrollaba una más, los incas, al mismo tiempo que mantenían el culto de los
forma de propiedad individual (pero no privada) de tierras y dioses locales, habían afíadido el del dios Sol y el de su hijo
el Gran Inca, en honor de los cuales el campesino debía ofrecer
de rebaños donados por el Estado inca a determinadas capas
de la nobleza. De estos tres modos de producción, el segundo trabajo, como lo exigían antes sus propias divinidades locales
-basado en la dependencia general de las comunidades aldea­ tradicionales. Las antiguas relaciones de parentesco y las anti­
guas relaciones políticas aldeanas y tribales, sin cambiar de for­
nas y tribales locales a una comunidad étnica superior, que se
ma de estructura, habían cambiado de función, puesto que es­
confundía con el Estado- era el modo de producción domi­
taban encargadas de hacer que funcionara un modo de produc­
nante. Siguiendo el método de la antropología económica, ana­
lizar una sociedad concreta consiste, pues, en inventariar, en el ción nuevo.
Este es el mecanismo que ha mostrado y desmontado John
interior de la formación económica y social que constituye, los
diversos modos de producción existentes y determinar el que Muna, quien escribe: «Cuando la corona elaboró un sistema de
prestaciones de trabajo, sirvieron de modelo las obligaciones
desempeña un papel dominante.
Vamos a profundizar en el análisis de la formación económi­ recíprocas de las comunidades, conocidas y comprendidas por
ca y social inca porque, aparte de presentarnos un ejemplo no­ todos.)} El problema práctico planteado a los incas por su con­
quista era doble: permitir a las poblaciones sometidas conti­
table de sociedad de clases no-occidental, nos lleva a observa­
nuar produciendo sus medios de subsistencia según sus proce­
ciones teóricas que hacen entrever las nuevas vías por las cua­
les puede y debe internarse la antropología económica, y con dimientos tradicionales y obligarles a producir para el Estado
ella toda la antropología. Lo que llama la atención en la natura­ en formas de producción que ellas comprendieran y que, hasta
leza de la base económica de la fomlaciém social inca es que cierto punto, estuvieran justificadas desde su punto de vista.
el modo de producción dominante mantiene activamente una Para resolver este problema fueron necesarios excepcionales es­
parte de las antiguas relaciones comunitarias, apoyándose y fuerzos de invención política y social, colectivos e individuales,
como los que la tradición atribuía a emperadores casi legenda­
constituyéndose sobre ellas, utilizándolas para su propio modo
rios, como Pachacuti, Manco Capac y sobre todo Viracocha,
de producción y de reproducción, al tiempo que destruye y su­
pero al mismo tiempo hay que constatar que existían pocas al­
prime otra parte de esas relaciones tradicionales. Por ejemplo,
ternativas y que los medios para resolver esos problem¿ls ya
según el cronista Coba: «Solamente a partir del día de su ma­
existían en parte en el seno del modo de producción anterior.
trimonio se convertían los hombres en tributarios y tomaban
Entre estos medios hay que citar, en primer lugar, el hecho
parte en las obras públicas.» Lo que significa, como ha demos­
de que la producción se basaba en formas diversas de coopera­
trado John Murra en su notable tesis: The Fcolloll1ic Orga¡lÍza­
tio1! of tlle Inca State, que el casamiento, de rito de ingreso en
ción simple; en segundo lugar, el hecho de que la tierra era
el seno de una comunidad local, se había transformado en me­ propiedad de toda la comunidad y que el individuo no era más
que poseedor de los derechos de uso sobre parcelas redistribui­
dio de acceso a un nuevo estatuto y en un símbolo de ese es­
das más o menos periódicamente; en tercer lugar, el h,:cho de
tatuto, el de súbdito del Estado inca susceptible de realizar
que tanto en el plano del proceso material de la producción como
de trabajo, por tanto miembro de una comunidad
en el de la relación del individuo con el medio de producción esen­
mucho más vasta y de esencia muy diferente de la de los Ay!lu
cial, la tierra, la comunidad existe y aparece C01110 una realidad
o de las tribus locales.
al indi\~iduo v como la condición práctica de su super­
Al obligar a los campesinos a acudir en trajes ele fiesta a
\'Í\ encia; en cuarto lugar, el hecho de que la función de reprc­
en las tierras del Estado y del Sol, al suministrarles
sCIlIar a la comunidad, de controlar el proeeso de su
alimentos y bebida, los incas utilizaban la forma antigua de
basada en las obligaciones recíprocas de los miem­ ción en tanto que tal, es dl'cI¡', en tanto que unidad SUI1L'l'lor a
bros de las comunidades locales, forma y los indiYiduos el1 la medida en que ella es la unidad de su,> inte­
das y comprendidas por todos, para reses comunes, pertenece él una familia particular y, en el seno
104 Maurice Godelier La antropología económica 105

de esta familia, al individuo que mejor puede cumplir esa fun­ de producción de la comunidad. Finalmente, se dedicaban tie­
ción. Este individuo es el curaca, el «jefe» de la comunidad local rras y trabajo suplementarios al culto de los antepasados y de
o de la comunidad tribal, que es al mismo tiempo el jefe militar. las divinidades locales: dios de la tierra, de la lluvia, etc., y al
Por esta función, este individuo y su familia personificaban más mantenimiento de las tumbas y de los altares. Había tierras
que cualquier otro la comunidad, la encarnaban en cierta medi­ reservadas para la producción del maíz ceremonial necesario
da en tanto que realidad superior a los individuos y personifica­ para fabricar la cerveza de maíz utilizada en las libaciones. Se
ban esta unidad superior. La función de representar y defender criaban llamas con e! fin de sacrificarlas ritualmente, se fabri­
los intereses comunes de todos los miembros de la comunidad si­ caban tejidos para ser quemados, etc. La dedicación de recur­
tuaba de este modo fuera de lo común al miembro de la comu­ sos -tierras, animales, maíz, tejidos y trabajo (agrícola, artesa­
nidad que la desempeñaba. Existía una especie de aristocracia f nal, para el culto de los antepasados y de los dioses
interna, en el sentido propio de la palabra aristocracia: ~{fJL(r;-or;, respondía a una doble necesidad: manifestar el reconocimiento
en griego el mejor, es decir, quien mejor representa la comuni­ t de los vivos hacia los muertos que sobrevivían en lo invisible,
dad. En quinto lugar, en la organización del proceso de produc­ y hacia los dioses, gracias a los cuales la comunidad existe y
ción, la fuerza de trabajo de los miembros de la comunidad lo­ permanece viva y, por tanto, honrar, glorificar a los antepasa­
cal, del Ayllu, era invertida, por una parte, en forma de un tra­ dos y a los poderes sobrenaturales y cumplir las obligaciones
bajo nccesario para reproducir su propia existencia y la de los que la comunidad tiene en relación con ellos. Seguidamente, en
miembros necesitados de la comunidad: viudas, viejos, inváli­ la medida en que los antepasados las realidades sobrenatura­
dos, etc., y, por otra parte, en forma de un trabajo suplemen­ les aparecen como potencias que el poder de controlar
tario destinado a reproducir la comunidad en tanto que lal. la fertilidad de las tierras, la lluvia, la muerte, la enfermedad,
Este trabajo suplementario era invertido en cultivar la tierra la victoria de las armas y que, por consiguiente, permiten o im­
del curuca. Este último tenía derecho, como cualquier otro piden la reproducción de la comunidad y controlan todas las
miembro de la comunidad, a tierras en cantidad suficiente para condiciones que están fuera del alcance directo del hombre,
el mantenimiento de su familia y a la ayuda comunitaria para hay que esforzarse, bien en detener o desviar las acciones de
trabajarlas. Pero también se le atribuían tierras suplementarIas las potencias malignas, bien en suscitar, atraer, multiplicar las
y se le proporcionaba trabajo suplementario para cubrir los acciones de las potencias benéficas. Así pues, hay que Jesarro­
«gastos» de sus obligaciones como representante y responsable llar una práctica para controlar indirectamente esas potencias
de la comunidad en tanto que tal. Según los casos, o según la que controlan directamente las condiciones naturales y sobre­
amplitud de sus funciones (jefe de aldea, jefe de tribu), el jefe naturales de la reproducción de la comunidad, una práctica que
participaba todavía directamente en el proceso de producción, les obligue a intervenir o a abstenerse de intervenir en la vida
o bien había dejado de ser un productor directo y participaba de la comunidad y su proceso de reproducción. Y, para obtener
únicamente en el proceso de producción por sus actividades de esos efectos, se sacrifica, se ofrece a las potencias invisibles ri­
control del uso de las tierras, de dirección del proceso de pro­ quezas materiales y trabajo, en e! marco de una práctica simbó­
ducción y por sus actividades rituales y ceremoniales en cada lica que pretende actuar (de forma imaginaria) sobre las con­
fase del proceso de producción agrícola. diciones de reproducción de la vida social.
Al lado de este trabajo suplementario invertido en favor del Esos cinco elementos pertenecientes al modo de producción
representante de la comunidad, también hay que mencionar el antiguo no desaparecieron tras la conquista inca. Por una par­
trabajo invertido en hacer la guerra, es decir, en defender o te, el antiguo modo de producción continuaría garantizando la
conquistar tierras, canales de riego; en resumen, en proteger o subsistencia de las comunidades locales; por otra parte, esos
en ampliar los medios de producción de la población. Para ha­ cinco elementos suministrarían los puntos de apoyo y las for­
cer frente al crecimiento de la población, por tanto, para per­ mas de un nuevo modo de producción. La comunidad conquis­
mitir a la comunidad reproducirse sobre las mismas bases, se tadora se apropió de todas las tierras y recursos naturales de
invertía trabajo suplementario en forma de obras de irrigación las comunidades conquistadas. Se limitaba a aplicar en este
local, de ampliación del espacio cultivado mediante la habilita­ caso el derecho tribal tradicional, que basa los derechos de!
ción de terrazas; trabajo, pues, destinado a ampliar los medios individuo sobre el hecho de que es miembro de una comunidad

8
La antropología económica 107
106 Maurice Godelier
Al mismo tiempo, el funcionamiento de esas nuevas relacio­
y priva, por tanto, de todo derecho a todos cuantos no pertene­ nes de producción exigía el desarrollo de instituciones y capas
cen a ella. La comunidad superior, personificada por su jefe sociales nuevas, de una burocracia de Estado encargada de con­
inca, que la representa como tal y como comunidad superior, trolar y vigilar la reproducción del nuevo modo de producción.
como Estado, se convierte, por consiguiente, en el propietario Por ejemplo, en cada provincia era nombrado un gobernador
colectivo de la tierra y todas las tierras conquistadas se con­ cuyo título significaba «el que todo lo ve», y que vigilaba para
vierten en propiedad "de la corona». Esto significa que la for­ que las tiel,TaS del Estado y de la Iglesia fuesen trabajadas y
ma colectiva de apropiación del suelo es, tanto después como para que las prestaciones de trabajo se realizaran sin retrasos.
antes de la conquista, la forma social de las relaciones de pro­ El nuevo modo de producción confería, pues, a las funciones
ducción ligadas a la tierra y que el Estado ocupa el lugar de la polít ico-religiosas un nuevo papel, dominante, en la organiza­
comunidad local en tanto que terrateniente, constituyendo, por ción de la producción y en los mecanismos de reproducción del
tanto, para el individuo, una comunidad nueva, superior a su nuevo modo de producción. Mientras el antiguo modo de pro­
comunidad tradicional y de la que depende para sobrevivir. De ducción aldeano determinaba el papel dominante de las rela­
este modo, tanto antes como después de la conquista, el hecho ciones de parentesco en el seno de la comunidad tradicional,
de formar parte de una comunidad superior a él mismo es lo el nuevo modo de producción, por una parte, aniquilaba ese pa­
que le asegura al individuo sus condiciones de existencia. pel dominante de las relaciones de parentesco en la organiza­
El Estado, convertido en propietario colectivo de todas las ción social, dejándole el papel secundario de continuar organi­
tierras del reino, se apropió directamente de algunas de esas zando la subsistencia de las comunidades locales y, por otra
tierras, transformándolas en tierras de la corona o de los tem­ parte, transfería el papel dominante a las nuevas relaciones po­
plos, cediendo por ({ benevolencia» el uso, y no la propiedad, de lítico-religiosas, que desbordaban totalmente el antiguo marco
las tierras restantes a las comunidades para pennitirles subsis­ aldeano y tribaL
tir; por tanto, les acordó graciosamente los medios de subsistir Ahora podemos captar las consecuencias ideológicas del he­
a cambio de la obligación de trabajar las tierras convertidas cho de que las antiguas relaciones de producción (ayuda mutua
en dominio del Estado y de la Iglesia. Pero, puesto que reem­ aldeana, trabajo suplementario, etc.) confiriesen su forma a las
plazaba la comunidad tradicional como propietario colectivo, nuevas relaciones de producción (prestaciones de trabajo). La
y asumía la antigua función de garantizar a las familias y a los consecuencia fundamental era que las nuevas relaciones sólo
individuos sus medios de existencia, el Estado, la nueva comu­ podían aparecer bajo una forma, una apariencia que hiciera
nidad superior, tenía derecho automáticamente al trabajo su­ desaparecer, que disimulara en las representaciones ideológicas
plementario de la comunidad conquistada, trabajo suplementa­ espontáneas de los agentes económicos el contenido real, nlJevo,
rio que invertía tradicionalmente para permitir la reproducCión de explotación del hombre por el hombre de esas nuevas rela­
de la comunidad en tanto que taL La comunidad superior no ciones de producción. Por el hecho de que las antiguas relacio­
hizo, por consiguiente, más que añadir al trabajo suplementario nes de producción persistían y conferían fonna a la vez a las
tradicional un nuevo trabajo suplementario que revestía las nuevas relaciones de producción, las fonnas ideológicas anti­
mismas formas. El Estado suministraba a los campesinos que guas podían a un mismo tiempo servir de material y de esque­
trabajaban las tierras de las que habían sido expropiados ali­ ma de representación de las nuevas relaciones sociales, y no
mentos, bebidas y simientes, identificándose de este modo con podían hacerlo más que según su contenido propio, contenido
el poder local tradicional y dando a la prestación de trabajo la que representaba las obligaciones de los miembros de las co­
forma de las relaciones tradicionales de reciprocidad aldeana munidades frente a su comunidad de origen como obligaciones
y tribal. La comunidad conquistadora, propietmia directa de frente a una realidad superior, es decir, constrictora pero be­
una parte de los recursos materiales de múltiples comunidades néfica. La antigua ideología tenía, pues, la capacidad de repre­
locales, propietaria al mismo tiempo del trabajo suplementario sentar las nuevas relaciones, pero no podía hacerlo más que
de inmensas masas de productores, se basaba de hecho en una presentándolas como otra cosa, como algo parecido al antiguo
base económica de nuevo tipo que, en apariencia, tenía la for­ modo de producción y que, simplemente, lo prolongaba. De
ma, agrandada de forma gigantesca, del antiguo modo de pro­ este modo se producían dos efectos que caracterizan necesaria­
ducción.
108 Maurice Godelier La antropología económica 109

mente toda ideología de dominación: la disimulación, la des­ otros nuevos. La violencia, necesaria al comienzo para expro­
aparición al nivel de la representación del carácter opresivo del piar a comunidades extranjeras, no puede suministrar luego el
nuevo modo de producción, y la justificación de esta opresión, medio de obligar regularmente a los vencidos a que produzcan
tanto desde la óptica de las clases dominantes como de las cla­ trabajo suplementario en beneficio de los vencedores. Esto no
ses dominadas. Procuraba a todos los grupos sociales en juego significa que la amenaza de utilizar la violencia no fuese un
razones pertinentes para continuar dirigiendo o siendo dirigi­ medio permanente de obligar a las poblaciones a trabajar para
en resumen, constituía la forma ideológica adecuada para sus vencedores. Los incas, efectivamente, reprimieron de forma
el funcionamiento del nuevo modo de producción y de sus ins­ implacable las revueltas, deportando a poblaciones enteras, tras­
tancias económicas, políticas y Constituía, pues, la ladando a poblaciones fieles a colonias militares para vigilar a
ideología correspondiente a las condiciones de la reproducción las tribus indómitas. Pero, para que el modo de producción se
de la nueva formación económica y social. Anotemos, y esto tie­ reprodujera en todas las circunstancias y por sí mismo, reque­
ne consecuencias para una teoría de la ideología, que, por el ría ante todo un régimen de prestaciones de trabajo bien regla­
hecho de no ser un reflejo directo, una transposición inmediata mentado, una burocracia, una contabilidad, medios para el al­
de las nuevas relaciones de producción, es por lo que la antigua macenamiento y el transporte de los productos, etc.; en resu­
ideología responde mejor a las necesidades de la reproducción men, nuevas relaciones de producción en el interior de las cua­
de esas relaciones. Porque representa esas nuevas relaciones les la violencia y el control armado desempeñaban un papel,
bajo una forma que no deja traslucir su contenido real, eS por pero no resolvían lo esencial de los probiemas.
lo que corresponde mejor a ese contenido. Ya pueden adivinar­ Efectivamente, como hemos visto, para que el sistema fun­
se las dificultades que encontrarían los partidarios de una teo­ cionara regularmente era preciso que el trabajo suplementario
ría que hace de la ideología un simple reflejo de la base eco­ proporcionado no les pareciera a los campesinos, o al menos
nómica de las sociedades. no únicamente, un trabajo forzado, sino un trabajo "debido»,
Otras observaciones teóricas de carácter general pueden ex­ una «obligación» aceptada y cumplida, una prestación que exi­
traerse de nuestro análisis del modo de producción inca. Con­ gía su contrapartida. Aquí volvemos a encontrarnos con el pa­
ciernen al papel de la guerra y de la violencia en la formación pel de la ideología como presión ejercida sin violencia física
de ese modo 'de producción y al papel desempeñado por las sobre el pensamiento y la voluntad de los súbditos del Inca.
grandes obras públicas. Ya hemos abordado el problema de la Por consiguiente, la guerra es un proceso que crea algunas de
guerra al recordar que la forma misma de propied8d colectiva las condiciones de la formación de ese nuevo modo de produc­
tribal implica que esté privado de derechos de propiedad todo ción al desligar elementos, factores de producción, de su com­
individuo o todo grupo extraño a la comunidad tribal. La guerra binación en el seno de la antigua estructura, al liberar en cierta
de conquista no hace sino ejercer por medio de la violencia (ya medida esos elementos (la tierra, la fuerza de trabajo, se con­
se en realidad, ya se sometan las poblaciones extranjeras vierten en medios de producción disponibles desligados en par­
sin combatir) ese derecho en detrimento de grupos enemigos te de las antiguas relaciones sociales). Pero un modo de pro­
cuya derrota les priva de todo derecho sobre su tierra. Pero la ducción distinto sólo surge cuando esos elementos se encuen­
guerra no basta por sí misma para crear un nuevo modo de tran combinados de una nueva forma. Habría que comparar
producción. Puede mantener durante un cierto tiempo la domi­ este proceso con el proceso de la génesis del modo de produc­
nación de una tribu victoriosa y permitirle saquear las ción capitalista, lo que los economistas clásicos denominaban
de las tribus vencidas cuyo modo de producción tradicional el proceso de acumulación primitiva del capital, a través del
continúa en pie, pero no basta para crear un modo de explota­ cual los campesinos y los artesanos fueron desposeídos de sus
ción que se reproduzca a sí mismo regularmente y que, por medios de producción y de subsistencia y desligados al mismo
consiguiente, pueda subsistir en tiempo de paz y desarrollarse. tiempo de toda sujeción con respecto a las relaciones feudales
La guerra es un elemento importante en numerosos modos de de producción, por tanto se vieron libres y obligados a vender
producción (excepto en el caso de los cazadores-L'ecoIectores, su fuerza de trabajo. Ahora bien, lo que la guerra y la conquista
donde su importancia parece menor). Por medio de la guerra inca no podían hacer era privar a las comunidades de medios
se protegen territorios, medios de producción, o se añaden para asegurarse directamente su subsistencia, por consigui..::nte,
110 Maurice Godelier La ant ropología económica 111

separar completamente a los individuos y a los grupos de la arrollo de grandes obras públicas (lo que en modo alguno
posesión de los medios necesarios para su subsistencia. Como re decir que el Estado hubiera aparecido y se hubiese desarro­
subraya John Muna con fuerza: «No se podía tocar seriamente llado para realizar esas grandes obras), porque el modo de
la autosuficiencia del Ayllu.,.» (p. 73). «El Estado se preocu­ producción requería para «desarrollarse» una infraestructura
paba exclusivamente de extraer las prestaciones de trabajo de de carreteras, un ejército, una burocracia, un clero, etc., y esto
los campesinos, sin interferir para nada en su autosuficiencia ... }) la ampliación constante de los excedentes agrícolas y ar­
(pág. 166); por lo que, en definitiva, la posibilidad misma de tesanales. El Estado favoreció, por consiguiente, la producción
la aparición de un modo de producción de tipo inca era el pro­ de maíz, planta fácilmente almacenable, cómoda de transportar
ducto de un determinado nivel de las fuerzas y que proporcionaba un alimento y una bebida de alto valor ce­
decir, estaba basada en la posibilidad técnica para los remonial y energético, calidades todas eIlas de las que carecían
tores directos de producir un excedente regular. John Murra los tubérculos que proporcionaban el fondo de la subsistencia
concluye: «La existencia y la supervivencia de una estructura tradicional de los campesinos andinos. El Estado generalizó el
sociopolítica tal corno el Estado inca está basada cultivo del introduciéndolo en numerosas regiones don­
mente en una agricultura capaz de producir sistemáticamente de no existía. Pero, al mismo tiempo, tuvo que imponer la cons­
excedentes más allá de las necesidades de la subsistencia del trucción de terrazas sobre laderas generalmente no roturadas,
(pág. 34). Por tanto, el desarrollo de las fuerzas ya que los tubérculos tradicionales se daban mejor en ¡as lla­
en la agricultura es lo que, en último análisis, ha­ nuras andinas que en las laderas. Gracias a la construcción de
bía creado la nosibilidad de anarición de una sociedad de cla- terrazas pudieron cultivarse nuevas tierras.
ses y de un Recordemos úni­ Por tanto, no fue la necesidad de realizar grandes,Jbras de
camente que la estaba basada en la produc­ interés colectivo lo que hizo que surgiera la sociedad de clases
ción de maíz, etc., producciün el Estado inca, sino que fueron las necesidades de reproduc­
Esto nos permite responder a la de esta sociedad de clases las que, en un momento dado,
que también tiene un alcance inmenso para hicieron necesarias las grandes obras. Estas obras permitieron
el conocimiento teórico de la historia: ¿cuál fue el papel de las e impusieron, evidentemente, una compícjidad cada \'ez mayor
obras públicas en el nacimiento y desarrollo del Esta­ de la estratificación social, ahondaron aún más la distancia en­
do y del nuevo modo de producción? La respuesta está ya dada. tre el campesinado y las clases dominantes, y esta distancia
Las obras públicas siguieron a la aparición del Es­ creciente era la que se exaltaba en los palacios, los templos, los
tado y no lo condicionaron. Lo que refuta una vez más la teo­ jardines, las tumbas, que glorificaban la esencia superior de
ría mecanicista de Karl Wittfogel, que hacía de la necesidad de esta clase dominante, de sus antepasados y de sus dioses. En
obras (preferentemente hidráulicas) la condí­ conclusión, un punto muy importante del análisis de la forma­
misma de la aparición del Estado (despótico oriental). En ción económica y social inca y de su Jerarquía interna entre
realidad, la existencia de un campesinado andino capaz de pro­ un modo. de producción nuevo y dominallte ~' un modo t.le pro­
ducir regularmente un excedente era la condición prevía de la ducción antiguo y dominado, consiste en que, mientras que las
formación de una sociedad de clases y de un Estado. Lo que la nue\'as relaciones de producción parecen estar contenidas en
conquista, la expropiación de las comunidades locales, la insti­ germen en las antiguas relaciones aldeanas y tribales y ser tan
tución de un régimen de prestaciones de trabajo ofrecían, cl"a sólo su simple desarrollo, el producto de una c\o)ución
la posibilidad de concentrar inmensas cantidades de medios de en cuando surge el nue\'o modo de
producción y subsistencia y tener de este modo, con la condi­ hace sino a costa de suprimir inmediatamente una
ción de saber combinarlos y organizarlos en formas gigant¿~s­ funciones de las un tiguas relaciones de
cas de cooperación simple, los medios materiales para acome­ el papel dominante que en e!las
ter tareas fuera del alcance de cualquier tribu y, a fortiori, de laciones de no porque estas últir:1as lIcsap¡IL'ZCan,
cualquier comunidad local. Pero lo que también hay que subra­ sino porque subsisten cambiando de contenido, pcro no de for­
yar, es que la reproducción misma del modo de producción ma. Podemos n~r que el estriba en concehir d )ldSO de
su de:sarrollo, no solamente permitía, sino que exigía el des- un modo de producción a otro en términos de evolución de: un
112 Maurice Godelier La antropología económica 113

germen, del desarrollo de un embrión. Esta concepción disimula ducción que ha observado: caza colectiva con redes, caza indi­
el carácter no lineal de la evolución, el papel decisivo de la vidual con arco, construcción de una empalizada, etc., y, por
constitución de nuevos puntos de partida en esta evolución. Con otra parte, nos transmite todas las informaciones que ha podi­
este extenso análisis del modo de producción inca hemos que­ do recoger sobre las reglas de apropiación de un territorio de
rido mostrar las diferencias estructurales entre modo de pro­ caza, de un territorio agrícola, de los utensilios, de los bienes
ducción de sociedad sin clases y modo de producción de socie­ preciosos, que, por otra parte, completa con un análisis de las
dad de clases. Al mismo tiempo, vemos inmediatamente el error diferentes formas de distribución y de reparto. Estas informa­
consistente en interpretar el modo de producción inca como ciones estratégicas se refieren a elementos del modo real de
una sociedad de tipo feudal porque reine en éste un monarca producción que no son directamente visibles en los diversos
rodeado por una aristocracia y las masas campesinas estén so­ procesos concretos de producción que observa el etnólogo, pero
metidas a un régimen de prestaciones forzosas de trabajo. La que, sin embargo, son interiores a esos procesos concretos y
estructura del Estado en el modo de producción inca traduce, los condicionan. Según que la caza con red entre los pigmeos
efectivamente, la concentración, a escala de la sociedad entera, mbuti sea practicada por siete cazadores uniendo sus redes
de la propiedad de la tierra en forma de propiedad colectiva individuales o por treinta, los procesos concretos de trabajo no
única, directa o eminente de una comunidad superior. La es­ suán exactamente iguales; asimismo sería distinto si se des­
tructura de un Estado feudal, por el contrario, expresa la aso­ cribiera la organización del trabajo entre las bandas de pigmeos
ciación jerarquizada de múltiples propietarios de tierras. En que dan primacía a la caza con arco sobre la caza con red. Pero
cada caso, la naturaleza del Estado es diferente, como son di­ lo que es necesario poder analizar y no puede aprehenderse di­
ferentes las modalidades del poder de este Estado y de la do­ rectamente a nivel de la observación de esos diversos procesos
minación de la clase dirigente, que se basan en modos distintos cüncretos de trabajo son las condiciones mismas de la repro­
de extracción del trabajo suplementario de los productores di­ ducción de ese modo de producción, basado en la caza y en la
rectos. Se podría analizar, en contraste con el ejemplo del recolección, en el seno de un ecosistema generalizado, la selva
modo de producción inca, los modos de producción que servían ecuatorial africana.
de fundamento a los Estados y a las sociedades de clases en Para dar un ejemplo que sólo tiene valor analógico, el aná­
Africa, como el reino de los mossi en el Alto Volta. De nuevo lisis teórico del modo de producción capitalista no se confunde
vemos cómo la antropología económica sirve de punto de parti­ con las descripciones de la sociología industrial, que tratará de
da teórico para el análisis de las estructuras políticas, de paren­
las diversas formas concretas de organización del trabajo en
tesco, ideológicas, de las sociedades sin clases y de las socieda­
las pequeñas, medianas y grandes empresas, según las diversas
des de clases no occidentales.
ramas de la producción, agricultura, industria, etc. Más allá de
Al término de este largo recuento de las diferentes relacio­
este campo de análisis, que es indispensable, existe otro campo
nes sociales y de los diversos elementos materiales y humanos
que forman el contenido de lo que se entiende como modo de que es el que Marx quiso explorar cuando planteó la cuestión
producción, nos parece indispensable subrayar con fuerza las general: ¿cuál es la naturaleza del beneficio capitalista, catego­
dificultndes con las que nos enfrentamos para llevar realmente ría inmediatamente práctica y que todo sociólogo o economista,
a cabo un análisis de las realidade<; sociales en sus relacio­ o, simplemente, todo "hombre de negocios» parece aprehender
nes Íntimas con diversos modos de producción. directamente?
¿En qué consisten esas dificultades? En primer lugar, en Para responder a esta cuestión, Marx se vio obligado a ex­
que siempre faltan -incluso en las obras etnográficamente más plorar un campo de la realidad que no resultaba directamente
documcntadas- determinadas informaciones de villar estraté­ visible en la práctica cotidiana de los agentes económicos del
gico sobre las condiciones reales de producción en el seno de sistema capitalista: el campo de la formación de la plusvalía y
una sociedad y, sobre todo, sobre las condiciones de reproduc­ de su transformación en las diversas formas concretas del be­
ción del sistema productivo. Lo que el etnólogo más ntento nos neficio. Al mismo tiempo que analizaba el mecanismo invisible
re",:b es, por una parte, una descripción muy fiel, y eventual­ de la formación de la plusvalía, descubría una parte de las con­
mente cuantificada, de los diversos procesos concretos de pro- diciones de reproducción del sistema capitalista, es decir, del

III
114 Mauríce Godelier La antropología económica 115

mecanismo de acumulación de la plusvalía que permite la re­ El estudio teórico de los diferentes componentes de un modo
producción «ampliada» del sistema. de producción comprende igualmente el estudio de las formas
Nosotros pensarnos que, guardadas las debidas proporcio­ de circulación de los productos. Hemos visto varias veces que
nes v adoptando toda clase de cautelas, el análisis riguroso de el modo de distribución y circulación de los productos dependía
las condiciones de la producción en las diversas sociedades pri­ del modo de distribución de los medios de producción. Por
mitivas, con o sin clases, sólo existe cuando ha sido elaborada ejemplo, en el seno del modo de producción inca, la existencia
una teoría de las condiciones de reproducción de esos sistemas. de una clase dominante que ya no participa directamente en la
y sólo puede serIo sobre la base de determinados datos que, la producción implica la distinción entre unidad de producción y
mayoría de las veces, faltan en las obras antropológicas, incluso unidad de consumo. Era preciso, pues, que un modo de circu­
de la más alta calidad etnográfica. Por ejemplo, en el caso de lación específico garantizara cl traslado de los productos cr~a­
los pigmeos mbuti, en la medida en que el hombre no trans­ dos en el seno de las unidades de producción locales (dominios
forma la naturaleza, sino que se apropia directamente de los del Estado y de la Iglesia) a los diversos centros político-reli­
recursos vegetales y animales que la naturaleza produce y re­ giosos donde podían ser consumidos por el ejército, la burocra­
produce espontáneamente, una parte de las condiciones de re­ cia, los nobles, etc. La circulación de los productos entre las
producción del sistema pertenece al mundo de la naturaleza, clases suponía, por consiguiente, la constitución de cadenas de
y estas condiciones no se revelan fácilmente en una encuesta graneros y de tiendas donde eran almacenados los productos
etnográfica realizada por un investigador individual, incluso tan agrícolas y artesanales cerca de los lugares de producción, así
calificado como Colin Turnbull. Por ello, existe frecuentemente como un modo de vigilancia, una forma de transporte (median­
en los trabajos etnográficos un vacío de información que hace tc las prestaciones obligatorias de trabajo) de esoS productos
difícil el análisis teórico de la articulación específica de lo eco­ hacia los ccntros de consumo, una forma de contabilidad y, fi­
nómico y lo político, o de lo económico y lo religioso, en una nalmente, una forma de distribución de los productos por el
palabra, la articulación de las estructuras del sistema social. Estado y los templos. Esta distribución se operaba mediante la
En la medida en que existe este vacío, resulta difícil escapar a redistribución de los productos entre los miembros de la no­
una perspectiva que, en último análisis, continúa siendo empí­ bleza, de la burocracia, etc., y también servía para el avitualla­
rica y que, en el mejor de los casos, podrá descubrir correla­ miento de los soldados en campaña y para el mantenimiento de
ciones estadísticas, frecuentemente poco convincentes, entre las los campesinos empleados en las grandes obras públicas. Una
relaciones económicas y las otras relaciones sociales en el seno fracción de los productos almacenados cerca de su
de una sociedad determinada. lugar de producción no entraba en ese vasto proceso de circu­
No basta, por consiguiente, criticar el empirismo y adoptar lación, puesto que servía al año siguiente para renovar el pro­
una perspectiva marxista para hacer que avance el campo de ceso de producción (simientes para las tierras del Estado y de
la antropología económica. A falta de datos precisos sobre las la Iglesia, utensilios, alimentos consumidos por los trabajado­
condiciones de «reproducción» de los sistemas económicos, el res durante las prestaciones de trabajo). Vemos así cómo se
enfoque marxista puede correr el riesgo de ser solamente un entrelazaban los procesos de circulación de los medios de pro­
lenguaje que repite de un modo distinto el mismo contenido ducción y de los medios de subsistencia, y cómo en cada nivel
de informaci6n al que se refiere el empirismo funcionalista. las instituciones controlaban esos procesos (los curaca locales,
Ahora podemos darnos cuenta de hasta qué punto un verdadero que controlaban la producción local y su almacenamiento, los
progreso en el análisis de los modos de producción de las so­ funcionarios provinciales, los funcionarios centrales, los conta­
ciedades primitivas exige algo más que un esfuerzo de defini­ bles, etc.).
ción de esas categorías: requilCl'e también un nue\'o trabajo de Este tipo dc ccntralización, que implicaba formas complejas
campo cuyos resultados exigirán un nuevo desarrollo de las ca­ de redistribución, no dejaba lugar a intercambios mercantiles
tegorías del análisis teórico. que supusieran la existencia de comunidades autónomas de pro­
ductores que intercambiaran una parte de su producción. Pa­
* * * rece ser que el comercio experimentó una regresión tras la con­
quista inca, y es evidcnte que esa regresión fue el efecto necesa­
116 La antropología económica 117
Maurice Godelier
rio del nuevo modo de producción. En cambio, entre los aztecas, clOn de tierras e instrumentos, inútiles sin fuerza de trabajo
cuyo modo de producción no estaba basado en un sistema ge­ para hacerlos productivos. Por ejemplo, en el caso de los siane
neral de prestaciones de trabajo, sino en parte sobre el cobro de Nueva Guinea, la tierra era un bien colectivo y tan sólo circu­
de tributos, el comercio podía desempeñar un gran papel y llegó laba entre las generaciones de un mismo clan patrilineal. Para
a desarrollar una verdadera clase de mercaderes, los pochetca, que individuos o grupos extraños a un clan pudieran utilizar
que, en el momento de la conquista española, constituían una su tierra, era preciso que hubieran sido primero incorporados
verdadera amenaza para los intereses de la aristocracia militar de cierta manera en el seno de ese clan por adopción, por
y de la aristocracia religiosa. la obtención de un estatuto de casi-agnados, etc. Los bienes pre­
En un plano descriptivo, se pueden clasificar los modos de ciosos, conchas, plumas de aves del paraíso, hachas ornamen­
circulación de los productos dentro de dos grandes categorías: tales, eran igualmente propiedad colectiva del clan y circulaban
las formas no mercantiles y las formas mercantiles de circula­ como dones entre los grupos con ocasión de los matrimonios,
ción. En realidad, diversos modos de producción pueden co­ las iniciaciones, los tratados de paz, las ceremonias religiosas,
existir y articularse en el seno de un mismo modo de produc­ momentos críticos del mecanismo de reproducción de la vida
ción según correspondan a productos que son medios de pro­ social. Los bienes de subsistencia corrientes, batatas, etc., eran
ducción, a medios de subsistencia, o a lo que Cara Dubois distribuidos en el seno del propio grupo en el consumo diario
ha llamado «bienes de prestigio». Cora pubois no hacía o dados a los otros en ceremonias públicas. Los bienes de sub­
sino reproducir la antigua distinción de los economistas clá­ sistencia de lujo -sal, nueces de pandano, tabaco-- eran pro­
sicos entre bienes de subsistencia y bienes de lujo, sin dis­ piedad individual y podían ser enajenados y redistribuidos in­
tinguir los bienes de subsistencia de los bienes que son de por dividualmente por su propietario. No se podían cambiar bienes
sí factores de producción. Se constata en el seno de numerosas de subsistencia corrientes o de lujo por plumas de aves del pa­
sociedades que entre esos diversos tipos de bienes existen al raíso y, a fortiori, por tierra.
mismo tiempo una jerarquía y una inconvertibilidad recíprocas Se captan en este caso los efectos diferenciales sobre la
que traducen su función, su utilidad en el mecanismo de la re­ circulación de los productos de las condiciones de reproduc­
producción del modo de producción y de las estructuras socia­ ción del propio modo de producción en sus instancias políticas,
les en el seno de las cuales esos bienes son producidos y circu­ económicas e ideológicas. Demos algunos otros ejemplos: en el
lan. Para caracterizar esos sistemas económicos donde se en­ caso de los bosquimanos kung del desierto de Kalahari, la car­
cuentran esos tipos de jerarquías de bienes inconvertibles, Paul ne de la caza cobrada circula a través de repartos directos entre
Bohannan ha empleado la expresión «economía multicentrada», los cazadores, seguidos de una cadena de repartos y de dones
en oposición a la economía capitalista, que está centrada en un recíprocos entre los que no participaron en la cacería. La carne
mecanismo único de producción y de circulación mercantiles es repartida por el posesor de la flecha envenenada que alcanzó
para todas las categorías de bienes. Esta clasificación empírica primero al animal y lo mató. El posesor de la flecha envenena­
es superficial, porque no explica la relación interna entre modo da no tiene por qué ser forzosamente el cazador que disparó
de producción y modo de circulación. El hecho de que en el esa flecha, porque los cazadores se prestan entre sí sus flechas,
modo de producción capitalista la fuerza de trabajo se ha con­ que están marcadas con señales para su reconocimiento. Cuan­
vertido en mercancías para vender, es la razón de que todos do un cazador dispara una flecha qut' le han prestado, sabe de
los factores de la producción puedan circular en un mercado ese modo que va a atribuir el derecho de redistribuir la pieza
único y de este modo ser objeto de un cálculo único en térmi­ cobrada al dueño de la flecha. El pr;mer reparto se realiza en­
nos monetarios. Esto es imposible en el seno de modos de tre los cazadores y el propietario de la flecha. La carne se dis­
producción precapitalistas, donde la tierra constituye frecuen­ tribuye cruda; posteriormente, los qUl~ la han recibido la redis­
temente un bien común no enajenable, donde la fuerza de tra­ tribuyen por segunda vez entre sus parientes próximos y, en
bajo se distribuye a través del funcionamiento de relaciones primer lugar, a sus suegros, a sus hijos y a sus esposas; se lleva
políticas, etc., donde la competencia social, habida cuenta de a cabo un tercer reparto, pero esta vez con la carne cocida,
las fuerzas productivas, adopta más bien la forma de acumula­ siendo las cantidades redistribuidas cada vez más pequeñas. En
ción de esposas y multiplicación de aliados que la de acumula- total, un antílope puede ser repartido entre 60 y 100 individuos
119
118 Maurice Godelier La antropología económica

al final de esta cadena de redistribuciones sucesivas. Y la dis­ formas de circulación directa implica que los productores guar­
tribución, que en sus primera etapas venía obligada por las re­ den el control directo de sus productos y los utilicen según la
laciones de producción y parentesco, se convierte poco a poco estructura de sus relaciones sociales y las formas de coopera­
en un don puro y simple. Entre los shoshones, cuando se reali­ ción y de competencia entre grupos e individuos que esas rela­
zan las grandes cacerías colectivas de antílopes y conejos, que ciones hacen posibles y necesarias. De este modo, el don puede
requieren formas de cooperación complejas bajo la autoridad ser otra forma de guerra: el potlatch de los indios kwakiutl
de un jefe de caza, este último distribuye luego las piezas co­ descrito por Boas y analizado por Mauss constituye un célebre
bradas. De nuevo, el modo de producción determina el modo ejemplo de ello. Hélene Codere ha dedicado un extenso análisis
de circulación de los productos y la identidad de los agentes de al potlatch, al que los propios kwakiutl denominan una «guerra
esa circulación. Claude Meillassoux ha demostrado igualmente, por medio de la propiedad» y que oponen a la «guerra con ar­
en el caso de los guros de la Costa de Marfil, que la coopera­ mas». Pero Hélcne Codere ha demostrado igualmente que el
ción agrícola se basaba en dos tipos de cooperación simple, la carácter violentamente agonístico del potlatch era un fenómeno
cooperación restringida de equipos de trabajo (klala) y la co­ reciente, debido a la colonización europea. En su origen, un
operación ampliada (ho), que funcionaban en el marco de la potlatch sólo lo podía dar un jefe y las gentes de su grupo local,
organización de linajes, de los segmentos de linaje reagru­ que invitaban a oú'6 jefe o a otros varios y a sus séquitos para
pados en el seno de una unidad de producción. La distri­ anunciarles el cambio de estatuto de un individuo. El potlatch
bución de productos alimenticios durante la principal comida propiamente dicho consistía en la distribución formal de rega­
diaria, la de la tarde, se realizaba, no sobre la base de los equi­ los por los anfitriones a sus invitados, y siempre estaba prece­
pos de trabajo, sino sobre la base de las comunidades de pro­ dido por una fiesta. Los dones eran distribuidos por el jefe an­
ducción. Los miembros de estas últimas se dividían entonces fitrión en el nombre de la persona cuyo estatuto iba a ser mo­
en grupos basados en la edad y el sexo, y no en grupos pQr dificado o establecido. Cuando dos individuos tenían idénticos
equipos de trabajo. «A través de ese mecanismo, bastante com­ derechos para heredar un mismo título, entraban en competi­
plicado, los productos alimenticios se redistribuyen entre el ción, dando cada uno de ellos un potlatch que combinaban con
conjunto de los miembros de la comunidad, y de esta manera largas declaraciones para demostrar la legitimidad de sus pre­
la comida colectiva constituye la culminación del proceso de tensiones. La táctica consistía en dar más de 10 que el rival
cooperación agrícola: el trabajo indistinto de cada uno de los podía o más de lo que podía devolver, y en hacerse ayudar por
miembros se vuelve a encontrar en un producto común. Todos sus parientes o sus aliados para acumular la cantidad necesaria
han mezclado su trabajo y todos participan del producto del de riquezas, principalmente mantas, hechas en su origen de
trabajo de todos los demás» 13. La distribución de esos produc­ corteza de cedro, o de pieles de animales cosidas, y más tarde
tos alimenticios queda bajo el control, directo o indirecto, del sustituidas por mantas compradas en las factorías comerciales
más anciano de la comunidad. La producción del grupo se de los balleneros. En algunos casos, esta escalada finalizaba en
orienta hacia él; seguidamente vuelve en su mayor parte, si no la destrucción ostensible de esOS bienes y en la matanza de
en su totalidad, hacia los miembros de la comunidad. Por con­ esclavos. Sin embargo, antes de la llegada de los blancos, la
siguiente. es en calidad de representante del linaje como el herencia de los estatutos desempeñaba un papel más importan­
más anciano posee una posición privilegiada, tanto en la distri­ te que la acumulación de riquezas materiales, puesto que el
bución de los medios de producción como en la distribución del potlatch sólo podía celebrarse entre jefes. Con la llegada de los
producto. blancos, la población experimentó un declive muy rápido debi­
A través de estos repartos y dones se expresan las obliga­ do a la propagación de enfermedades infecciosas: de 30.000 ha­
ciones recíprocas entre los sexos, entre las generaciones, entre cia 1835 se redujo a 3.000 a comienzos de siglo. Ahora bien, el nú­
miembros productivos y miembros improductivos de la socie­ mero de títulos a distribuir no había cambiado, y era de 658
dad, entre parientes y entre aliados, y la existencia de esas para el conjunto de 13 subdivisiones de los kwakiutl. Por otra
parte, una inmensa acumulación de riquezas, debida al papel de
intermediarios de los kwakiutl entre los blancos y las otras po­
B Claude Meillassoux: Antropologie économique des Gouro de Cote
d'Ivoire, Mouton, 1964, pp. 124-125. blaciones indias y al hecho de que un elevado número de jóve­
120 \tal/rÚI' c;urldícr !.u (1111 CCO!l¡}1II ¡ca 121

nes estaban empicados en los halleneros, pcrmltw a indi\iduos ci(m social del campo de la distrilmciól1 de los e'k'flwnto,'-. m<Í:;
que no huhkran tenido ninp:una posihilid~lcl en Id 'll1tif.'lIa ;;0­ \ aloradus del producto socü:¡] mas, concha;;, ob,idos ¡x.:­
ciedad dl' entrar en el circuito del potlatch, rL'i\iudiclr un títu­ eiosos di\'crsos- hacia el campo ele la di,,1 ¡ihución de' los facto­
lo y destruir una parte c!e las riqucza~ acull1ubcL!", Finalmenle, res de la prodllcción entre los miembros de la socic'dad, sin que
el gobierno canadicl1sc prohibió C'll8lquier ¡!llCrra l' in1l'n'ino de la competición por la distribución de ohjc>los nrccioso<; l'ese de
forma brutal tras el asesilwto de un cauti\o ele p:ucrra en el
transcurso de una ceremonia de invierno, De esk modo, lo que a[lotar el ill\cntario dc las
Boas (kscribió e internrctó fue una eSDl'cie de pOllatch enlo­ de bicne<;, paS;lrCll10S IT\'is­
el ta a de SlIS formas, Hav que distinguír ];¡s form:1S sim­
ples de eircrtlacióll de lllercancías, con o sil! llloneda, \' las for­
que t,I mas capitalistas de circulación ek llll'rc,mcÍas, Cuando se ]¡an
de una economía nwreantil
para analizar el potlatch, Mientras qUl' en una economía de
mercado es el delldor quien toma la iniciativa ele la deuda, en
el pollatch es el acreec!or el qlle da el primer paso, al forzar a
• proclucido bienes para el inlerCé1mbio \' se c:mjcan sqrún tasas
(,ol1\'cnídas, tenernos formas de trucqlle, es decir, ele circubciCm
simple de mercancías, sin moneda, Entre los trohriands, M,\li­
nowski ha descrito un canje rCf.!lllar de
su rinrl a aceplar ~us dones, Además, el motl\'o pl'incipal del las poblaciones costeras \' las
potlatch no es la acumulación de materiales, sino la de la isla, Este canje, llamado "',lsi cri1 practicado él tasa fi
bú~qlll'cla de presti¡!io honorífico y de un estatuto o por lo menos a tasas que vadaban normal \' reglllarmente se-
Manss, en su teoría del don sólo ha tenido en cuenta las ccre­ las a veces con debidas a la abun­
mon ias l'l1 las que se expresaban rl\'alidades ele inlL'reses, 1nten­ o a la escasez de uno de los recursos canjeados,
tó explicar el don como un fenómeno que expresaha la cq ruc­ Junto a estas formas de trueque, cxi~ten formas de circula­
tura en <;u conjunto de la sociedad kwakiutl, \' en esas circuns­ ción simple con moneda, Cuando, entre todos los bienes can­
tancias elaboró el concepto dle "fenómeno social total}), aunque jeados, uno de ellos se especializa en la función de equivalente
buscó en la teoría de la mana, es decir, en la koría indíp:ena g:em~ral de todos los restantes, funciona entonces como
ele la l'\istcncia, en los propios objetos, de una fucrza 11lúgica, independientemente de la naturaleza material de ese bien -ca­
la rL\z(m que ohli¡:alxl a un indi\'idllo a dar o a deHl!\'cJ' un oh­ cao o telas entre los aztecas, en la antigüedad o entre
jeto: ,,<,Qué fuerw Pllede existir en la cosa qllC"l' da para ha­ los nómadas, oro y plata, etc.-, la función en todos
cer que el heneficiario la dC\'l.lcl\'a?" En realidad, el los casos es la misma. Hay que disline:uir dos tinos de
dado o rl'cibido no adquiere esa fuerza v esc carúcter con moneda, En primer el ,
mós que por sus funciones en el proceso de la sal isfaceión de las necesidades y en el cual el dinero sc uti­
sociedad \' dc su modo ck puc"to liza como medio de circulación entre mercancías, El
entre los miembros de ele una mercancía MI la \'ende y, con el dincro ohtc­
dc una scrie, de titulos, de nido, compra la mercancía M" que no produce por sí mismo.
dC1\:chos de control sobre' los IU12arcs mú", El camhio no est;:í orientado hacía la ohtención de un 11l'ncfi­
de caza, de rC'("lkcción, sohrc los emhals,'s, \' ele 1I11~1 "lTil' ele cí(J, y el dinero sólo funciona como medio de circulación ele las
üblirraciul1l'S frente a los !:'Y11f)(JS ele- p~lrl'lltc<;CO \' ek los pohla­ Illl'l'l'anCÍas v no como capital. Por el contrario, cuando en un
d()s, El! dl'lilliti\'<l, lo important,' p,lr~l C(Jll1prl'!HlL'r ,~'I 1'(Jllilll'}¡ mercado alguien se presenta con dinero para comprar mercan­
(ollsisl,' en \l'r qlll' no L'rél un lllL'l'anislllo ll11'di~lllk l'l ,,'11 a I .'1' cías .v rl'venclerlas para obtener un nos encontramos
('ll'U!'UII Illll'\il" r,'blicII1V;; ,'-.(JCi;t!l''-., ,,¡no llll lllCcillli"Ill(J por el al] te lIna ci rClIlac ión ele la moncda COIllO capi la 1. Pllede a pa rc­
que sc l'l'prudul'Ím¡ Lh l'',ÍnlctU¡;h tradiLioni¡ic's lic' la ',mie'dad, ler Ulla prolesional que tiene por fun­
SI "l' COlllp:\rilll lo>; llllllllT()'>()'-. Il}(H!"S dl' ción comprar y \'l:mkr bienes, ya sea el\ el interior dc Ulla co­
lk I"s l,'ll la" >;()L'ie'lbd,',,,, l1lunidad, ya sea entre cOll1unidaeh's, La forma mús antigua de
(k· l"} a 'l"'., l'apilal es él capital ll1ercarltíl, \' l'.sla forma pUl'de ell(,Ulltrarse
l (); PiJe '1 i, l'll tI SCIlO dl~ los !Ilodos de prodllccion más diÍL'r,'ntcs: modos

q
122 Maurice Godelier La económica 123

de producción de tipo «asiático», modo de producción esclavis­ mas, perlas, dientes de cerdo, de delfín, etc., y transformarlos
ta, modo de producción feudal, capitalista, cte. En la sociedad en un «fondo de según la expresión de Malinowski, en
azteca, por ejemplo, el comercio estaba enormemente desarro­ un medio de acceder a las funciones y a los estatutos más va­
una intensa circulación de productos entre las tierras al­ lorados en el seno de esas sociedades. En apariencia, esos bie­
tas de maíz y las tierras bajas de la costa, tropicales y mucho nes preciosos desempeñar el papel de nuestra
más ricas, que producían cacao, algodón, plumas de a\'es para pero pronto se hizo evidente que esas monedas
los adornos, daba lugar a las actividades de una clase especia­ cambiaban en raras ocasiones, o a veces nunca, por trabajo,
lizada de mercaderes: los Estos últimos tierras, etc., y que su acumulación no implicaba un desarrollo
ban las mercancías que les confiaban los reyes y los noble.,; general de las fuerzas productivas, eomo ocurre con la acu­
las negociaban en los mercados de Yucatán o del golfo de mulación del capital en las sociedades mercantiles capitalistas,
xico. Estos comerciantes eran juzgados severamente si hacían sino que más bien implicaba formas de atesoramiento, etcétera.
ostentación de riquezas y de gloria, y se esperaba de ellos un para exhibir, para dar o para redistribuir con el
comportamiento "humilde», pero estaban dispensados del ser­ fin de crear una relación social (casamiento, en una
vicio personal y de la participación en las obras públicas, orga­ sociedad secreta, alianza política entre tribus), para borrar una
nizadas por el Estado. Actualmente, múltiples análisis de los ruptura en las relaciones sociales (ofrenda a los antepasados,
mercados africanos, meso-americanos y asiáticos permiten co­ indemnización por asesinato u Ofensa), para simbolizar una po­
menzar a distinguir varios tipos de mercado. Se denominan sición social superior (potIatch), los objetos de las
mercados sectoriales a aquellos que permiten a productores sociedades primitivas no eran, pues, capital, y raramente fun­
de bienes complementarios en un mercado regional. cionaban en el interior de esas sociedades como moneda.
Sobre esta base se desarrollan redes de mercado, que se cele­ Funcionaban, sobre todo, como medio de intercambio social,
bran todos los días sucesivamente o cada dos días en un sitio de valor simbólico múltiple y complejo, pero de uso y de circu­
diferente cada vez, permitiendo de este modo la integración de lación encerrados en los Iími tes determinados por la propia es­
grupos complementarios de productores en el seno de una sola tructura de las relaciones sociales de producción y de poder.
región económica, como era el caso de los mercados rurales en generalmente se olvida que todos esos objetos
la China tradicional. A estos mercados se oponen los mercados eran, ° bien fabricados, o bien obtenidos a costa de
que relacionan los productores locales con una economía nacio­ un enorme o de compensaciones muy importantes en
nal y, a través de ella, con el mercado mundial. productos raros y por consiguiente, a partir del mo­
Aquí la antropología económica se encuentra con los pro­ mento en que se los trocaba, un valor de cambio. En
blemas clásicos ele la economía política: el problema de la for­ por ejemplo, las brazadas de monedas de perlas blancas prove­
mación de los precios en un mercado regional, el papel del re­ nían de los kwaio, que las exportaban a sus vecinos. Un indivi­
gatl'o, la diferenciación étnica entre comcrciantes y consumido­ duo 110 podía recolectar entre los arrecifes, pulir y
(lIlereaderes chinos en Asia, sirio-libaneses en más de dos brazadas de perlas al mes como máximo, cte. De
etc. J. La dificultad teórica con­ manera general, en el interior de Africa, de Asia, de Nueva Gui­
si~te. una \ez más, en e\'Ítar proyectar sobre todos los tipos de nea, circulaban cauris que provenían de orillas remotas, por
mercado. v más allá de las formas mercantiles de circulación de ejemplo de la India, y que eran adquiridas mediante el canje
bielll'~, L'S dl'l'ir, sobre las formas no --- -
_L" - de productos locales raros. Por tanto, a la entrada o a la sa­
cadas de la eCOllOl1Ua lida de cada una de esas sociedadl's, esos objetos preciosos
te, L'S lo que sucede con te la forma de mercancías, trocadas
SL' cunsi(kr~lll ,'inculados a la escuela formalista o relativamente poco fluctuantes en el ínt,:rior ele
'_'cunómicLl, la mm'oría de las veces circulaban, no corno
Lna de las cuestiones críticas de esta discusión es lo que se para dar o distribuir en el pro­
ibma L'! éllléílisis (k las «monedas prÍlnitivas». PostC'riormente a ceso de la las relaciones de oroducción. del
U¡,as \ a i\1alillO\\ski se han ckscubierto múltiples sociedades parentesco o del . Por tanto, nlUV
pur acumular bil'nes preciusos, adornos de plll- objetos pn:ciosos que encontramos en las sociedades
124 Maurice Godelier La antropología económica 125

vas son de una doble naturaleza, a la vez objetos para dar y sin comprometer la reproducción del rebaño. Este sería uno de
moneda, según que sean trocados entre los grupos o circulen los mot ivos por los que esas sociedades se contentan con la
en su seno, etc. Funcionan como mercancía si es necesario im­ leche y dan prioridad al consumo de leche sobre e! de Carne.
portarlos o si son producidos para la exportación. También Pero existen factores religiosos, ideológicos, que intervienen
funcionan como objetos de prestigio, objetos de intercambio igualmente en la elección de la leche, como es el caso de los
social, cuando circulan en el interior de un grupo por el meca­ todas de la India, estudiados a comienzos de siglo por Rivers.
nismo de los dones y otras formas de redistribución. De esas En el estado actual de la teoría es difícil dar una explicación
diversas funciones, en general es la función de objeto de in­ de estos hechos. Ya los economistas clásicos y Marx
tercambio social la que predomina, y esto expresa el predomi­ reconocían la importancia de este elemento «moral e histórico»
nio de las relaciones de producción no-mercantiles en el fun­ en la determinación de las necesidades «socialmente necesarias»
cionamiento del modo de producción de la sociedad en la que de los trabajadores según su nacionalidad: irlandeses, france­
esos objetos circulan. Hay que precisar que no basta que un ses, griegos, etc., y en la determinación, por consiguiente, del
objeto precioso circule como mercancía para que se convierta salario y de! coste de la fuerza de trabajo.
en moneda; hace falta además una condición suplementaria:
que sea posible intercambiarlo por varias mercancías de tipo * * *
diferente. Por ejemplo, entre los baruya de Nueva Guinea, la
sal era una moneda en la medida en que era producida para Ahora podemos concluir. A lo largo de todo este texto he­
el canje y cambiada por medios de producción -hachas de pie­ mos dejado sin respuesta una pregunta que nos habíamos
dra, armas, arcos, flechas-, por medios de subsistencia, como teado desde el comienzo: ¿cuál es el campo de análisis de la
los cerdos; por bienes de prestigio: cOllchas, plumas de aves antropología económica?, pregunta que no sólo se plantea la
del paraíso y, en determinados casos, servía de prestación por antropología económica, sino toda la ciencia antropológica. Aho­
los servicios de los chamanes, etcétera. ra bien, nuestro texto contiene ya implícita la respuesta: no
Habría que acabar este sumario recorrido por los campos de existe principio teórico, axioma de cierre de la antropología,
la antropología económica con un estudio de las formas de con­ porque una auténtica ciencia del hombre no puede ser sino
sumo según los diferentes tipos de sociedades y modos de pro­ comparada y sólo puede ser una ciencia de la historia del hom­
ducción. Sobre este aspecto, existen pocos trabajos o, al menos, bre. Entiéndase bien: en su práctica, la antropología ha nacido
pocos trabajos profundos. No nos referimos en este caso al del descubrimiento del mundo no occidental por Europa y del
análisis de las formas de consumo productivo que están im­ desarrollo colonialista europeo desde sus primeras formas, con­
plicadas cn los diversos procesos de producción, pues esos as­ temporáneas del nacimiento del capitalismo, hasta el imperia­
pectos fueron abordados cuando analizamos lo que se entiende lismo mundial del siglo xx. En la práctica, el campo de análisis
por modo de producción y modo de reproducción. Lo que ha­ de la antropología se ha ido poblando poco a poco con todas
bría que analizar aquí es el consumo que mantiene y renueva las sociedades sin clases y sociedades de clases no occidentales
la existencia (y la fuerza de trabajo) de los miembros de una que descubría el Occidente en su expansión mundial, y que el
sociedad. Existen en ese caso dificultades específicas que exi­ historiador abandonaba al antropólogo desde el momento en
gen tener en cuenta teóricamente toda la configuración y todas que esas sociedades no ofreCÍan archivos escritos para recons­
las instancias de una sociedad determinada. ¿Por qué determi­ tituir su historia pasada. A partir de esta situación de
nados pueblos consumen la leche, pero no la carne de su ga­ algunos antropólogos han pretendido restringir la
nado, y otros, en cambio, la carne, pero no la leche? Estas gía al estudio de las sociedades primitivas y campesinas, mien­
cuestiones remiten a su vez a estudios más precisos sobre las tras que otros protestaban contra esta restricción y pretendían
condiciones exactas de la reproducción de un rebaño de anima­ que la antropología tratara todas las sociedades y mantuviera
les domésticos, por ejemplo. En determinadas sociedades, y su proyecto de compararlas todas. También se hacía preciso
sobre la base de técnicas de cría, el crecimiento natural del que términos tan vagos como "primitivos» y «campesinos» que­
rebaño es muy bajo, y tanto veterinarios como zoólogos han daran definidos. Los intentos más originales son los de Marshall
constatado que no se podía matar y consumir muchas cabezas Sahlins y Eric Wolf. Para estos autores, las sociedades
126 Maurice Godelier La antropología económica 127

tivas son aquellas en las que no existe explotación del hombre tender reducirlas a simples efectos de un determinismo univer­
por el hombre y las sociedades campesinas son aquellas en las sa1. Pero su tarea principal consiste en explicar por medio de
que los agricultores aseguran la subsistencia de la sociedad y qué determinación económica específica una determinada es­
de las clases dominantes, constituyendo, por tanto, una clase tructura no económica recibe la función de desempeñar un pa­
explotada. Un primitivo es un agricultor libre, un campesino pel directo en la producción y en las condiciones de reproduc­
es un agricultor explotado. Bajo esta forma aproximativa, los ción de un determinado modo de producción. La antropología
autores se sumaban a la división marxista entre sociedades sin económica concebida en esta perspectiva existe, y al mismo
clases y sociedades de clases. Pero, al mismo tiempo, la idea tiempo no existe. No puede existir como simple análisis de los
de que en el seno de la sociedades sin clases no existe la l~X· procesos de organización del trabajo en las sociedades que es­
plotación del hombre por el hombre queda desmentida por los tudia el antropólogo. No puede llevar a cabo su tarea más que
hechos. En las sociedades sin clases existen múltiples formas construyendo tanto la teoría del parentesco, de lo ideológico,
de desigualdad: desigualdad entre el hombre y la mujer, des­ de lo político como la de lo económico en el seno de los diver­
igualdad entre las generaciones en la producción y en el control sos modos de producción. Lo que nos ha enseñado la antropo­
de la reproducción de la sociedad y del modo de producción. es a reconocer la inmensa variedad de los diferentes mo­
Una sociedad de clases existe cuando un conjunto de individuos dos de producción y de las diferentes formas de sociedad que
que no participan en la producción subsiste gracias al trabajo existen bajo la rubrica de «sociedades primitivas o sociedades
de los productores directos, y al mismo tiempo controla los campesinas». Las sociedades sin clases están tan diversificadas
medios de producción esenciales: la tierra, el ganado, etc. Da­ en sus modos de producción como las sociedades de clases, en­
niel Thorner ha intentado asimismo definir un concepto de tre las que se dan modos de producción tan diferentes como
economía campesina, pero sólo ha logrado enunciar algunas el modo de producción asiático, el modo de producción feudal,
determinaciones comunes a todas las sociedades cuya produc­ el modo de producción esclavista, el modo de producción ca­
ción está basada en la agricultura, en las que existe una opo­ pitalista, etc. La noción de un estadio homogéneo y poco dife­
sición entre ciudad y campo y que están sometidas a un poder renciado, bautizado "comunismo primitivo», a través del cual
público organizado. Tales determinaciones comunes no consti­ habrían pasado todas las sociedades, no resiste al examen. Ya
tuyen un conocimiento real, son, todo lo más, como indicaba hemos "isto, por el simple examen de los modos de produc­
Marx en relación con las categorías generales de la economía, ción basados en la caza, todas las diferencias que existen en la
abstracciones que evitan la repetición. En definitiva, el objeto organización de la producción y de la sociedad entre los es­
mismo de la antropología económica nunca se nos da por 'lde­ quimales, los shoshones, los aborígenes australianos y, natu­
lantado, porque 10 económico nunca se nos da como tal, al ni­ ralmente, los kwakiutl que, aun dependiendo para su subsis­
vel de la simple aprehensión empírica de los hechos. Aquello tencia de la caza, de la pesca y de la recolección, conocen una
que constituye lo económico debe ser reconstruido teóricamen­ estratificación social compleja donde figuran una aristocracia
te para cada modo de producción determinado. Según el modo hereditaria, gente común libre y esclavos. El dilema entre an­
de producción de que se trate, el antropólogo descubre que re­ tropología e historia, o la oposición de la antropología a la
laciones de producción que en el marco del modo de produc­ historia constituye un falso problema. Porque trata con
ción capitalista no funcionan directamente en el proceso de ridad del funcionamiento de sociedades sin clases y de socieda­
producción, funcionan, en cambio, como relaciones de produc­ des de clases precapitalistas, y porque pretende ser una teoría
ción y como condiciones de reproducción del proceso de pro­ de las transformaciones de las funciones, de las formas, del
ducción en el marco de modos de producción no capitalistas. En papel de las estructuras de la vida social en el marco de deter­
determinados casos son las relaciones de parentesco las que minados modos de producción y sobre sus bases, la antropolo­
desempeñan ese papel; en otros. como en el ejemplo inca o en gía se encuentra en la vanguardia de las ciencias que. precisa­
el ejemplo azteca, son las relaciones político-religiosas las que mente, pueden explicar ese hecho fundamental de la historia
aseguran directamente las condiciones de reproducción elel humana que fue la aparición de las sociedades de clases y la
modo de producción. La tarea teórica del antropólogo consiste, desaparición progresiva de todas las sociedades sin clases que
primero, en reconocer esas dominaciones y no negarlas o pre­ constituyeron las primeras formas de la vida humana. Ahora
128 Mallrice Godelier La antropología económica 129

sabemos, gracias a los trabajos de la arqueología, de la botáni­ y que están consideradas como sociedades «atrasadas», perte­
ca, de la zoología comparadas e históricas, que las primeras so­ necientes al llamado mundo «subdesarrollado)}. Al mismo tiem­
ciedades de clases nacieron tras un largo desarrollo de la do­ po, desde hace tres siglos esas sociedades ven sus propios mo­
mesticación de las plantas y de los animales que permitió la dos de producción y sus organizaciones sociales despedazados
constitución de modos de producción basados en la agricultura y eliminados por la dominación del modo de producción capi­
y la ganadería, La ganadería no es una forma de producción talista y la penetración general de la economía mercantil. A pare
más antigua que la agricultura: ganadería y agricultura son tir del momento en que esas sociedades sólo pueden sobrevivir
contemporáneas, y la arqueología nos demuestra que, frecuen­ intentando tornar de nuevo las riendas de su propia historia,
temente, son las mismas sociedades prehistóricas las que se es­ esforzándose en contar consigo mismas y en sacar fuerzas de
cindieron en grupos pastores y grupos agricultores, La agricul­ su propia sustancia, la antropología puede servir para recono­
tura debió desarrollarse antes de que los nómadas pudieran in­ cer mejor la forma original de los signos del futuro. Finalmen­
vadir las estepas y continuar un modo de producción especia­ te, de nuestro análisis se pueden extraer los contornos de una
lizado en la cría de ganado. Las condiciones de aparición de metodología de la investigación de campo y, al mismo tiempo,
las sociedades de clases y del Estado, de una vida urbana opues­ una metodología de la elaboración teórica de los datos tornados
ta a una vida rural, fueron el fruto de una larguísima evolución sobre el terreno. El punto de partida de ambos métodos es el
neolítica. El término «revolución neolítica» empleado hace al­ mismo; el análisis no parte del individuo ni tampoco de la so­
gunos alias, actualmente es criticado por los arqueólogos que, ciedad comprendida corno un sujeto, corno haCÍa la escuela so­
en parte, han podido reconstruir los procesos de aparición de ciológica de Durkheim: "Considerar a la sociedad como un su-
la agricultura en el Antiguo y en el Nuevo Mundo. Hubieron único es considerarla desde un punto de vista falso,
de transcurrir varios milenios, tras la aparición del maíz, para especulativo.» El punto de partida, por consiguiente, no puede
que aparecieran las primeras aldeas sedentarias en Meso-Amé­ ser otro que el estudio de las relaciones sociales, de las que el
y varios milenios más para que la existencia de ciudades individuo no es sino el soporte.
y de Estados se manifestara en las secuencias arqueológicas.
El concepto de «revolución neolítica}" en la medida en que
ca la idea de una explosión de las estructuras sociales, de una
BIBLIOGRAFIA: LIBROS DE REFERENCIA
transformación brutalmente acelerada de las formas de produc­ SOBRE ANTROPOLOGIA ECONOMICA
ción y de existencia, no puede sostenerse ante los descubrimien­
tos contemporáneos. En definitiva, la antropología, en un plano
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III. ECONOMIAS y SOCIEDADES: ENFOQUES Enfoques funciona/isla, estrucluralista y marxista 133
FUNCIONALISTA, ESTRUCTURALISTA y MARXISTA *
matrimonio y en las relaciones políticas ... Ahí se encontraban,
escondidas, pero accesibles al descubrimiento, sutiles simetrías,
complejas redes, mientras que las actividades de subsistencia
eran consideradas como realidades simples, indiferenciadas, que
se repetían de la misma y aburrida manera en cualquier lugar
en que se las encontrara» 2.

En la práctica, esta actitud teórica dio lugar a la produc­


¿ Cómo analizar las condiciones de aparición y los efectos so­ ción de análisis minuciosos y, frecuentemente, profundos de las
bre la lógica profunda del funcionamiento y de la evolución de relaciones de parentesco o de las relaciones político-ideológicas,
las sociedades, de las relaciones que los hombres entablan en­ mientras que la economía de numerosas sociedades se estudia­
tre sí en la producción de las condiciones materiales de su exis­ ba de manera «ecléctica» 3, perfectamente ilustrada en la obra,
tencia? Con ello abordamos el tema principal de la primera de compilación más que de síntesis, de Melville Herskovits, The
parte de esta exposición, pero sabiendo ahora en qué campo de Economic Life of Primitive Peop/es (1940) 4. Pero hay que per­
análisis teórico se nos plantea, es decir, en el campo de la an­ catarse de que ese menosprecio o ese eclecticismo, con sus con­
tropología tal y como se ha constituido históricamente como el secuencias teóricas, podían, en cierta medida, parecer juslifi­
campo, mal unificado y peor delimitado, de estudios de dos frag­ cados por los hechos, pues es cierto que, en numerosas socie­
mentos de la historia humana, las sociedades sin clases y las dades precapitalistas, las relaciones de parentesco o las relacio­
sociedades «campesinas». Hemos visto cómo la noción de cau­ nes político-religiosas parecían «dominar» su funcionamiento y
salidad estructural de la economía constituye el centro del de­ controlar la reproducción de su modo de producción, ya fuera
bate. Vamos a retomarlo brevemente, evocando las formas en e! parentesco, en el caso de los nuer, o lo político-religioso en
que lo abordan funcionalistas, estructuralistas y marxistas. el caso de los aztecas o de los incas.
Aunque Malinowski, Firth, Evans-Pritchard, Nade! hayan sido Muchos vieron en e! hecho de estos predominios la prueba
precursores magistrales en el campo del estudio de la econo­ de que la economía apenas había determinado el funcionamien­
mía de las sociedades de Oceanía y de Africa, la mayor parte to y la evolución de las sociedades precapitalistas no occiden­
de los funcionalistas no han seguido el consejo de Firth, quien tales, y, por tanto, había desempeñado tan sólo un papel menor
continuamente insistió en la necesidad de analizar con rigor las en la historia de la humanidad. Llevando hasta el límite ese
bases económicas de esas sociedades, porque <da estructura so­ razonamiento, algunos afirmaron, como Warner, apoyándose en
cial... depende estrechamente de las relaciones económicas es­ el caso de los murngin de Australia, que parecía que ésta y
pecíficas que nacen del control de los recursos», y de este modo otras sociedades careciesen por completo de estructura eco­
se hacía posible una «comprensión más profunda de las es­ nómica, porque no podían descubrir una que existiera separa­
tructuras sociales que existen en el seno de las comunidades damente de las relaciones de parentesco; estas últimas funcio­
que estudia el antropólogo» 1. En cambio, como subraya con én­ naban, pues, como "institución general», según la afortunada ex­
fasis Robert McNetting, entre los funcionalistas: presión de Evans-Pritchard. En realidad, todo e! problema está
ahí, en el hecho de que los antropólogos funcionalistas y, fre­
Estaba muy extendida la creencia de que la clave de la uni­
dad magnífica y compleja de la sociedad residía en su estructu­ cuentemente también, los que se pretenden marxistas, de forma
ra, y de que ésta se basaba en las relaciones de parentesco y espontánea y acientífica, no conciben que las relaciones de pro­
ducción puedan existir si no es bajo una forma que las distinga
Este texto es un extracto de un informe presentado en el Séminaire
Intérnalional dedicado al tema: "La unidad del hombre, invariantes bio­ 'Robert McNctting: The Ecological approacll Úl Cultural Study. A
lógicos y universales culturales», organizado por la Fondation Royaumont .HcCaleb module in Alltlzropology, 1971.
b:lio el patrocinio del Centre Intérnatioual d'Etudes Bio-anthropologiques 3 R. Firth: LC0110lllics oi tlle NeIV lealand, O\\"en, Wellington, 1959,
(CIEBAF). página 31.
1 R. Firth: Primitive Poly¡¡esian Economy, p. 14. • M. J. Herskovits.
134 Mal/rice Godelier Ellfoques flmcionalista, eslructuralista y ¡narxista 135

y las separe de otras relaciones sociales, como sucede en el caso parentesco y niveles particulares de cultura, tipos de ('cunon
de las relaciones de producción en el seno del modo de produc­ formas de gobierno o estrucuras de clase»
ción capitalista. Así pues, aunque actualmente algunos de los discípulos de
Por consiguiente, nadie podrá asombrarse de que, inspirados Murdock, partiendo de una muestra más amplia de 577 socieda­
por semejante concepción acientífica y apriorística de las rela­ des en lugar de 250, y a un análisis multifactorial, des­
ciones de producción, muchos antropólogos lleven a cabo de cubran correlaciones significativas entre evolución de los mo­
forma desequilibrada e insuficiente el análisis de las bases eco­ dos de producción y aparición de determinados sistemas de pa­
nómicas de las sociedades que estudian. En efecto, la economía rentesco 6, la práctica empirista de los antropólogos ha conso­
se reduce, desde su punto de vista, a lo que resulta directamen­ lidado hasta ahora la idea, común desde el comienzo del si­
te visible como tal; ahora bien, habida cuenta de que una parte glo xx, de que la historia no es más que <da sucesión de los
de las relaciones de producción se disimula en el funcionamien­ acontecimientos accidentales que han hecho de una sociedad lo
to de las relaciones de parentesco y de las relaciones político­ que es», tesis cuya evidente exageración ha hecho rebelarse a
el estudio de la economía se reduce al estudio de la hombres como Evans-Pritcharel, que, sin emb::u-go, aceotan en lo
organización del trabajo en la producción de los medios de sub­ esencial las tesis funcionalistas 7.
sistencia y a las reglas de propiedad, al que a veces se añade, En realidad, el funcionalismo viene a completar y, hasta
para redondear, el estudio de la tecnología, aunque esta última, cierto punto, a contradecir al empirismo, ya que, si para este
slricto se/HU, no pertenece a la economía. último las estructuras sociales se confunden con las relacion~s
Las piezas faltan tes del modo de producción, sus partes in­ sociales visibles y si esas relaciones visibles son aprehendidas
como variables exteriores las unas a las otras y sin vínculo es­
visibles, sólo pueden entonces estudiarse indirectamente cuan­
tadísticamente significativo, ¿cómo puede existir una sociedad,
do el antropólogo analiza las diversas funciones de las relacio­
es decir, un todo que exista y se reproduzca como tal? El [un­
nes de parentesco y de las relaciones político-religiosas, al me­ cionalismo supone entonces que las diversas relaciones sociales
nos si su análisis del parentesco no se limita al estudio de la visibles en el seno de una sociedad forman un sistema, es de­
terminología de parentesco y de las reglas del matrimonio, de cir, que existe entre ellas una ínterdcpendencia funcional que
la residencia y de la filiación. Esto demuestra que la concep­ les permite existir como un todo «integrado» que tiende a re­
ción misma, ideológica y empirista, de las relaciones de pro­ producirse como tal, como una sociedad. Y el hecho de que
ducción empobrece, atomiza y falsea el análisis de la economía, ciertas partes de ese todo tengan como función "integrar» a
por una parte, pero, por otra, falsea necesariamente y por idén­ las otras partes en un solo todo es la razón de que subsistemas
ticas razones el análisis del parentesco, de la política y de la
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instante en que la economía era confrolltada, bien al parentes­ ral slngC' in bctwccn) more orlen lhan jI has changed in ¡Ile' Op[1usilC di­
co, bil~n a la religión o a las formas de poder como a otras renjull. The 19th eeBlur.\' c\'olutiollisls wcrc parlly right :lholll Ihe: major
tantas \'ariables radicalmente exteriores a ella en modo scqllenee of changc but lheir rcason, ror the change wcrc tlh'
nos podemos asombrar de que la investigación estaois­ ones. l! is Ihe eH)]ulion of tcclmology and governl11l'nt lhal falors
lineal m'l'!' matrilineal deseent, nol the recognítion bíological
tica de correlaciones positivas entre economía y estructuras so­ ami lile' ah,mdolll1lClll of 01' lllarria2c" ¡IUI\"l'\\'cT, af·
ciales o ('ntre la evolución de los modos de producción y la ter socielies ha\'c an ad\':meed 1c\c1 lechnoloL''' ~lDd politic'11
evolución dl' las sociedades haya culminado en un fraC<iso v cn organization, uIlilincal deseen! groups of aIl kil1lb lCl1d 10 disa,1pc:ar, as
lhe\ ha\'(: done in mos! of Furopc: ami ils dcriyalioll CUlIUrl?~' Artículo
la r('afirmación , por G. P. Mun.lock, ({contra los evolucionistas, cil,¡du, 3-+5. Los estudios DI i\cT y Schul?sskr prulongan lo, [c'sul!a­
ele que 110 c'(istc secuencia inevitable dt' formas sociales ni aso­ el,,, dl' :\hlTk ,obr,' ,\lalrililh'lli dc''''L'Jlt in Cr()"'ltllllll~d
ciaci<in 1l1'lYSél¡'ia entre particulart's (k rt'sidcl1cj¡l o de tin'", C'll ,\1atrilillcol Kil1s/¡ip. Schncidcr y Gough, t'ni\'.;rsi!\, (Ji
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136 Maurice Godelier Ellfoques fll11ciollalista, estructuralista y marxista 137

«particulares» (parentesco, religión, economía) desempeñen, se­ bros de la cIase dominante personificada por el inca Shinti,
gún las sociedades, un papel de <<institución general». el hijo del Sol. Por tanto, hay que explicar por qué razones y
Nadie discutirá que, en relación con el empirismo abstracto en qué condiciones una determinada instancia social asume una
y asociacionista, la negativa a estudiar las relaciones sociales determinada función y qué modificaciones en su fonna y en su
tomándolas una por una, separadamente, para situarlas en cam­ mecanismo interno implican esos cambios de funciones. En
bio en su conjunto y en sus relaciones recíprocas, es nuestra opinión, en ello estriba en la actualidad el problerna
suponiendo que forman un sistema de relaciones, constituye un principal de las ciencias sociales, ya se trate de la antropología,
progreso. Pero más allá de ese principio, que se ha convertido de la sociología o de la historia. Pero -se podrá objetar- ¿en
en una condición necesaria del método científico, el funciona­ qué medida la solución de este problema habría de depender
lismo padece insuficiencias teóricas radicales. Ya hemos mos­ más en particular de la posibilidad de analizar la causalidad
trado que, al confundir estlllctura social y relaciones sociales estructural de la economía, puesto que, en definitiva -incluso
visibles, el análisis funcionalista se condena a permanecer pri­ si no se puede explkar- el simple hecho del predominio, bien
sionero de las apariencias de los sistemas sociales que estudia, del parentesco, bien de 10 político-religioso, basta para contra­
incapacitándose para descubrir no sólo la lógica subyacente, in­ decir y eliminar la hipótesis de Marx del papel determinante en
visible, de esos sistemas, sino también las condiciones estruc­ último análisis de la economía en la historia? Esta es una ob­
turales y circunstanciales de su aparición y de su desaparición jeción frecuente entre los funcionalistas y que volvemos a en­
en la historia. Ahora necesitamos ir más lejos. contrar a raíz del último e importante estudio de Louis Dumont
Afirmar, efectivamente, que el parentesco o la instancia po­ sobre la organización social de la India tradicional, autor que
lítico-religiosa desempeña en una determinada sociedad un pa- más bien se considera estlllcturalista.
dominante porque «integra» a todas las demás relaciones En realidad, la objeción desaparece a partir del momento
sociales, es una «explicación» que rápidamente se agota en sí en que se constata que no basta con que una instancia social
misma y corre el riesgo de oscurecer más que aclarar los he­ asuma varias y cualesquiera funciones para ser dominante, sino
chos. Pues una instancia social sólo puede <<in tegran, a las que un requisito obligatorio estriba en que asuma la función
otras en el caso de que asuma en el interior de ella misma va­ de relaciones de producción, es decir, no necesariamente el pa­
rias funciones distintas, articuladas las unas respecto a las pel de esquema organizador de tal o cual proceso concreto de
otras según una cierta jerarquía, funciones que en la sociedad trabajo, sino el control del acceso a los medios de producción
capitalista están asumidas por relaciones sociales distintas que y u los productos del trabajo social, implicando asimismo ese
aparecen como otros tantos subsistemas específicos en el inte­ control autoridad y sanciones sociales, por consiguiente, rela­
rior del sistema sociaL El parentesco domina la organización ciones políticas. Son las relaciones de producción las que deter­
social cuando no solamente regula las relaciones de descenden­ minan el predominio de talo cual instancia. Por
cia y de alianza entre los glllpOS y entre los individuos, sino poseen una eficacia determinante general sobre la organización
también sus derechos respectivos sobre los medios de producción de la sociedad, puesto que determinan no sólo ese predominio,
y los productos del trabajo, define las relaciones de autoridad sino también, a través de él, la organización general de la so­
y de obediencia y, por tanto, las relaciones políticas, en el seno ciedad.
de los grupos o entre ellos y eventualmente sirve de código, de No basta, por tanto, afirmar que las rclaciones sociales de­
lenguaje simbólico para expresar a la vez las relaciones de los ben ser funcionalmente interclependicntes para que c"'\ista una
hombres entre sí y con la Naturaleza. Este no es el caso de los sociedad, ni siquiera que esa interdependencia sea la de varias
cazadores-recolectores mbuti del Congo, donde las relaciones fllneione~ necesarias v, por tanto. complementarias. Más allá
entre generaciones predominan sobre las relaciones de paren­ de estas tesis, que rápidamente degeneran en tri\ialidades, el
tesco, y tampoco era el caso de los incas, entre los cuales la punto esencial es el concerniente a la causalidad v, por tan10,
instancia político-religiosa funcionaba como relaciones de pro­ a la dicacia específica ele cada [unción (v, por tanto, de las re­
ducción, puesto que, por las buenas o por las malas, las tribus laciolles sociail's que lo asumen) sobre la forma y el contenido
indias dedicaban una parte de su fuerza de trabajo a mantener de la organización social. Ahora bien, si en la realidad las di­
el culto a los dioses y a los muertos y a mantener a los miem- \'l'lS:IS inst<lncias sociales están las funcio­

w
estrlictllralista y marxista 139
138 Mal/rice Gudelier
siempre son, en último análisis, interiores a ese sistema y expli­
nes que asumen y si la función de las relaciones de producción
can el aspecto no intencional de su funcionamiento. Hay que sub­
es el primer principio de su jerarquía, entonces la formulación
rayar asimismo que afirmar que dos términos. o dos relaciones en­
rigurosa de la problemática de las ciencias sociales resulta ser:
tre términos o nos estructuras se oponen, no significa negar su
¿En qué condiciones y por qué razones tal instancia asume las
complcmentariedad, sino simplcmente afirmar que esta última
funciones de relaciones de producción y controla la reproduc­
existe dentro de ciertos límites y que, más allá de esos límites,
ción de esas relaciones y, a través de ello, la de las relaciones
el desarrollo de la oposición impide el mantenimiento de la
sociales en su conjunto? eomplementariedad. Esto se ha convertido en una evidencia casi
Inmediatamente podemos percatarnos de que esta proble­
tridal desde que la cibernética y la teoría de los sistemas lo
mática es la de Marx y que vuelve sobre su hipótesis de la deter­
han formulado matemáticamente haciéndolo operatorio. Sin
minación en último análisis del proceso de la vida social e in­
embargo, no es más que otra formulación del principio de la
telectual por el modo de producción de la vida material. Asi­
unidad de los contrarios que se encuentra en la dialéctica de
mismo podemos ver que el análisis de las sociedades sin clases
Hegel y en la de Marx. Pero no existe razón alguna para con­
o de las sociedades de clases no capitalistas no contradice esta
fundir el principio de la unidad de los contrarios, prin­
hipótesis, y, por tanto, no existe razón alguna para oponer an­
cipio que es científico, con el principio funclamen tal de la
e historia. Pero, sobre todo, puede verse que respon­
dialéctica hegeliana, el de la identidad de los contrarios, que
_ cuestión implica no sólo informar sobre la eco­
no tiene ningún fundamento científico. El principio de la iden­
nomía de una sociedad, sino también sobre todas sus estructu­
tidad de los contrarios no es precisamente sino la condición ne­
ras sociales, y que la empresa no conduce al desarrollo de una
cesaria para construir un sistema metafísico cerrado, el del
antropología económica concebida como disciplina fetichizada
idealismo absoluto, que parte del postulado no demostrado de
y autónoma, sino al replanteamiento general, metódicamente
que el Espíritu es la única realidad que existe y que se contra­
riguroso, del campo teórico de la antropología.
dice en sí misma, permaneciendo idéntica a sí misma a través
Tales son los aspectos esenciales de nuestra crítica del fun­
de sus contradicciones, puesto que la materia es el pensamien­
cionalismo empirista clásico. Pero esta crítica no se detiene
to en sí que no se piensa y se contradice en tanto que pensa­
La hipótesis de la interdependencia funcional de las par­
miento, y el Lagos es el pensamiento para pero que se opone
tes de un sistema social y la hipótesis suplementaria de que
al pensamiento en sí, a la materia, y la unidad del pensamiento
todo sistema social p(:rmanece en equilibrio o tiende hacia él
en sí y del pensamiento para sí constituye en su identidad las
han dificultado o imposibilitado frecuentemente a los funciona­
formas del Espíritu Absoluto.
listas admitir y descuhrir la existencia, en el seno del sistema
Hay que subrayar que, si bien el principio de la identidad de
que estudiaban, de contradicciones, bien en el seno de una es­
los contrarios implica a fortiori el de la unidad de los contrarios,
tructura social, bien entre diversas estructuras, empujándoles
la recíproca no es cierta. No existe razón alguna para cargar
a investigar fuera de esos sistemas las causas de su evolución
con el primero o defenderlo cuando se defiende al segundo y se
y de su desaparición. Esta e\'olución parecía no tener razón
lo asume de nuevo. Desgraciadamente, la frecuente confusión
interna alguna, sino ser más bien el producto de circunstancias
en que incurren los marxistas respecto a ambos
contingentes en relación con la interna de esos sistemas.
acredita y refuerza la negativa de los funcionalistas a buscar y
Toda la historia humana aparecía como la suma COl1tillcente de
descubrir contradicciones en el seno de los sistemas que anali­
todos esos accidentes.
zan. ¿Sucede lo mismo con los neofuncionalistas, que se decla­
Por supuesto, no se trata de negar la existencia de causas
ran partidarios de un tratamiento cihernético de los hechos so­
externas de la transfurmación y de la e\olución de los sis lemas
ciales?
económicos y sociaks, ni tampoco de negar que todo sistema
Enfrentándose a la tradicional «antropología cultural» ame­
implica en su funcionamiento la reproducción de las relaciones
cuvo idealismo y psicologismo critican, un determinado
sociales que lo constituyen, pero hay que suhrayar que las cau­
nÚlJlero de antropólogos y arqueólogos de los Estados Unidos
sas, externas o internas, sólo til'ncn efectos porque pUllcn en
."c declararon, hacia la década de los cincucnta, partidarios de
por tanto, hacen actuar como calJsas última,,) las pro­
un mw\·o enfoque teórico que, por contraste, denominaron ({cco­
esl ructuraks de los sistemas, y que esas propiedades
140 Maurice Godelier EI/foques funciona/ista, estmcturalista )' nzarxista 141

logía cultural». Inspirándose en los antiguos trabajos de Leslie ¡1icas a ser ante todo la de los medíos funcionalmente necesa­
White y, sobre todo, de Julian Steward, subrayaron la necesi­ rios para esta adaptación biológico-ecológica que ofrece diver­
dad y la urgencia de estudiar con cuidado las bases materiales sas ventajas selectivas. Volveremos a insistir en estos aspectos,
de las sociedades y de reinterprctar todas las culturas humanas pero antes enumeraremos b,evemente los descubrimientos po­
enfocándolas como procesos específicos de adaptación a deter­ sitivos que se obtuvieron rápidamente a partir del momento en
minados ambientes. En el plano metodológico reafirmaron que que se emprendió sistemáticamente el estudio detallado de as­
cada sociedad debía ser analizada, ciertamente, como una totali­ pectos esenciales del funcionamiento de las sociedades primi­
dad, pero asimismo como un subsistema en el interior de una tivas o antiguas que habían sido -con algunas brillantes excep­
totalidad más vasta, el ecosistema particular en cuyo seno co­ ciones como las de Malinowski, Firth, Evans-Pritchard- dogmá­
existen las poblaciones humanas, animales y vegetales en un ticamente subestimados o maltratados.
sistema de interrelaciones biológicas y energéticas. Para ana­ Los esfuerzos se concentraron en el estudio preciso del me­
lizar las condiciones de funcionamiento y de reproducción de dio ecológico, las condiciones concretas de la producción, los
esos ecosistemas y reconstruir las estructuras de los flujos de regímenes alimenticios y los equilibrios energéticos de deter­
energía, los mecanismos de autorregulación, de feed-lJack, etc., minados cazadores-recolectores (Richard Lee, De Vore, Ste­
recurrieron a la teoría de los sistemas y a la toría de la comu­ ward), de los indios de la costa Noroeste (Suttles), de las socie­
nicación. Todo el funcionalismo parece renovado: en su orien­ dades pastoriles del Este de Africa (Gulliver, Deshler, Dyson­
tación, desde ahora explícitamente materialista y no simplemen­ Hudson) y de sociedades de agricultores sobre terrenos desfo­
te empirista; en sus métodos, por la utilización de la teoría de restados por el fuego de Oceanía o del Sureste asiático (Roy
los sistemas, y en sus posibilidades teóricas que permiten, al Rappaport, Vayda, Geertz) 8. Poco a poco se acumularon los
parecer, volver eon mayor seguridad sobre el problema de la descubrimientos y, al mismo ritmo, se hundieron tesis clásicas
comparación de las sociedades (problema que los funcionalis­ de la antropología cultural que figuraban en lugar destacado en
tas solamente podían abordar con dificultades o con desdén) el diccionario de las ideas sacadas de los manuales para estu­
e incluso ir más lejos, intentando construir un nuevo esquema diantes y público cultivado. Por ejemplo, se descubrió que bas­
-esta vez multilíneal- de evolución de las sociedades (proble­ taban aproximadamente cuatro horas de trabajo diarias a los
ma completamente abandonado desde los anatemas de Boas, cazadores-recolectores del desierto del Kalahari o de la selva
GoJdenweiser y Malinowski contra el evolucionismo). ¿No nos del Congo para que los miembros productivos produjeran en
encontramos ya en el universo teórico, si no del propio Marx, esas sociedades lo suficiente para satisfacer todas las necesi­
al menos dcl marxismo tal y como generalmente se lo entiende dades socialmente reconocidas en el seno de su grupo. Ante
y se lo practica? esos hechos, la visión de los cazadores primitivos viviendo al
No nos encontramos todavía en ese universo teórico y vamos borde de la penuria y sin poder disponer de tiempo libre para
a tratar de demostrarlo, aunque antes intentaremos resaltar la inventar una cultura compleja y prog:resar hacia la civilización
riqueza del balance provisional de esas tentatin1s, cuya natura­ se hundió rápidamente, y Marshall SahIíns, tras echar abajo
leza e importancia tan sólo sugeriremos. Sin embargo, los lími­ las viejas ideas, llegó a proclamar por oposición que se trataba
tes de la empresa son desde ahora perfectamente visibles, y se de la única «sociedad de abundancia" realizada jamás, puesto
deben a la estrechez del materialismo de esos investigadores y, que todas las necesidades sociales estaban satisfechas v los me­
particularmente, puesto que ello consti tuve el cje de sus esfuer­ dios para satisfacerlas no eran escasos. Un tenaz prejiúcio que
zos, a las graves insuficiencias de su concepción ele la natura­ se remontaba hasta cl neolítico, nacido de las necesidades ideo­
leza de las relaciones económic3s v, por tanto, de los efectos de lógicas de los pueblos agricultores de justificar su expansión
la economía sobre la organización de las sudl:datks. La mavo­ en detrimento de los cazadores-recolectores, ha sido finalmente
ría de las veces se trata de un materialismo "reductor», en el desenmascarado.
sentido de que reduce la economía a la tecnología y a los in­
tercambios biológicos y energéticos de los hombres con la na­
turaleza que los circunda, y reduce asimismo la significación de , La bibliografía del conjunto de estos artículos se encuentra en el
artículo de Robcrt McNctting, anteriormente citado, «The Ecological Ap­
las relaciones de parentesco o de las relaciones político-ideoló­ proac/¡".
142 Maurice Godclicr b¡toques estructuralista )' marxista 143

En lugar de no ver en el potlatch de los indios de la costa No­ excedentes abundantes y regulares y, al mismo tiempo, una
roeste más que una forma «exagerada}) de práctica político-ideológica para obligar, mediante la redistribu­
de una propensión cultural a la «megalomanía» ción ceremonial de esos excedentes, a los grupos vecinos, o
1946, pág. 169) fomentada por la multiplicidad de los recursos aliados potencialmente hostiles, a reconocer pública y pacífica­
ofrecidos por un medio pródigo, Suttles ha demostrado que ese nícr:te la legitimidad, y, por tanto, el mantenimiento de los de­
medio estaba fuertemente diversificado y que, por tanto, los rechos de los grupos sobre sus territorios y sobre sus recur­
recursos estaban en él muy desigualmente repartidos entre los sos. Los hechos que constituyen el potlatch son, por consiguien­
grupos. Asimismo ha demostrado que, mientras más se avan­ te, hechos multifuncionales, como subraya Piddocke, "hechos
zaba en dirección Norte, más se acentuaba esta desigualdad y sociales totales», como deCÍa Mauss, hechos de «economía polí­
en mayor medida los grupos locales tendían a reafirmar con tica}} en el pleno sentido elel término, es decir, hechos que, para
fuerza sus derechos de propiedad sobre los lugares productivos poder recibir una explicación científica, exigen que se reconoz­
y a practicar el potlatch. Igualmente, Suttles ha recalcado el can las funciones económicas de las relaciones de parentesco y
hecho de que, allí donde los recursos estaban más concentrados, de las relaciones político ideológicas, y, por tanto, que se re­
como entre los haida, los tsimshian y los tlingit, la cooperación a través del pensamiento, la configuración exacta del
económica en el seno de los grupos era más intensa, los jefes modo de producción que permitía la producción y el control de
dirigían más de cerca el proceso de producción y la distribu­ vastos excedentes de bienes de subsistencia y de bienes de pres­
ción de los productos, su autoridad estaba ligada dc forma más tigio. Se dan. pues, todos los requisitos para que una reconstruc­
rígida al funcionamiento de los grupos de parentesco, en cuyo no solamente elimine toda interpretación «cul­
seno los vínculos de descendencia eran mucho más marcada­ turalista)} e idealista del potlatch, sino incluso para que no
mente unilineales que en otras confirme la hipótesis de que la significación latente, la raciona­
El análisis de los hechos que constituyen el potlatch dista lidad oculta del potlatch radicaba en asegurar ventaias selec­
de haberse agotado y se ha criticado duramente a Suttles por tivas a los grupos que lo practicaban.
no haber demostrado verdaderamente su hipótesis de que la Asimismo, es difícil mantener la idea, que se ha hecho céle­
función del potlatch consistía en redistribuir los medios de bre desde Herskovits, de que los ganaderos africanos padecen
subsistencia que se acumulaban con exceso en un grupo entre un «complejo de ganado» que expresaría ante todo una «elec­
los grupos que careCÍan de ellos de forma critica. El potlatch ción cultural», más bien que limitaciones ecológico-económicas.
no se «reduce» a un mecanismo complicado y disfrazado de se­ La antropología, efectivamente, debe explicar un conjunto de
guro contra los peligros de una crisis de subsistencia originada hechos bien conocidos y que, frecuentemente, desde una óptica
por las fluctuaciones excepcionales de la producción de los re­ europea parecen profundamente irracionales. El ganado apare­
cursos naturales, fluctuaciones completamente normales, pero ce como una riqueza acumulada más bien para adquirir presti­
que pueden tener consecuencias catastróficas para cazadorcs­ gio y un estatuto social que para garantizar la subsistencia de
recolectores, o pescadores, que no producen sus recursos. Las sus poseedores o el enriquecimiento financiero mediante el
discusiones provocadas por las tesis de Suttles y de Vayda han intercambio mercantil. Cuando se intercambia ganado se hace
originado nuevos trabajos que tienen en cuenta todas las in­ casi siempre de forma no mercantil, para sellar una alianza ma­
formaciones acumuladas, desde Boas, por Barnett, trimonial y derechos sobre una descendencia. Habitualmente, el
Hélen Codere, Piddocke, etc., y que han permitido la aparición ganado se acumula en vastos rebaños cuya carne es consumida
de obras estimables como Makillg 111)' Name good, de Drucker en determinadas oC"asiones ceremoniales; los animales no son
y Heizer, y Feastil1f!, 1\'ith I11V el/CII/V, de Rosman y Rubel. Des­ utilizados como bestias de carga, y suministran todo lo más
de entonces ha quedado absolutamente claro que las competicio­ una débil producción lechera. El animal, antes que un bien
nes del potlatch y sus célebres prácticas de destrucción osten­ utilifario sería ante todo para el hombre un ser estrechamente
tatol'Ía no eran solamente la expresión de una «cultura}) origi­ asociado a los rituales que acompañan su propio nacimiento,
nal que colocaba en muy altos los 'Valores y los com­ su Illatrimonio. su muerte y estaría li"ado con él emocional e
i11l111S0 místicamente.
ele honor y de prestigio. Son también la expresión
de una economía bien administrada, capaz de producir Poco a poco, tras los trabajos de Gulliver, Deshler, Dyson­
144 Maurice Godelier Enfoques fU/lcionalista, estructuralista y marxista 145

J acobs, etc., esos «rasgos» culturales reciben otra in­ miento de las sociedades que practicaban la artiga en el sures­
terpretación. Pronto se ha podido advertir que se había afirma­ te de Asia o en Oceanía, o los excepcionales descubrimientos de
do con excesiva precipitación que el ganado era exclusivamente arqueólogos como Flannery, McNeish, cte., que tras las huellas
un bien de prestigio, y se ha hecho el inventario de múltiples de Braidwood y Adams, se esfuerzan, desde los años cincuenta,
ocasiones en que era intercambiado de forma no ceremonial por en reconstruir minuciosamente las condiciones ecológicas y
productos agrícolas y artesanales de los pueblos sedentarios. económicas de existencia de las poblaciones de Mesopotamia,
Asimismo se ha podido constatar que existían razones de orden Anatolia, Meso-América o los Andes que domesticaron las plan­
práctico en el hecho de que el sacrificio del ganado y su consu­ tas y los animales e inauguraron los cambios materiales y so­
mo revistieran un carácter ceremonial y excepcional. La impo­ ciales fundamentales que condujeron a la aparición de nuevas
sibilidad para una unidad de producción doméstica de conser­ sociedades basadas en nuevos modos de producción y desembo­
var y consumir por sí sola la cantidad de carne que represe!1ta caron, por una parte, en la progresiva desaparición de las so­
una cabeza de ganado impone un reparto con las otras unidades ciedades paleolíticas de cazadores-recolectores y, por otra, en la
que componen el grupo, y ese reparto crea o refuerza redes de aparición de sociedades de clases y estatales. También en este
obligaciones recíprocas, lo que confiere al sacrificio del ganado caso los descubrimientos constreñían a poner en duda y a re­
y a su consumo un carácter ceremonial y un alto valor simbóli­ visar profundamente ideas tan gloriosas como «la revolución
co, nacidos de esas funciones sociales. Por otra parte, si bien las neolítica» de Gordon Childe.
ocasiones ceremoniales de sacrificar ganado y distribuir la car­ Sin embargo, necesitamos constatar los límites del balance
ne se repiten regularmente en todas las familias, el hecho de de los estudios de los neofuncionalistas partidarios de la «eco­
que esos sacrificios de ganado guarden un carácter excepcional logía cultural», así como mostrar su origen. Este no estriba sino
para cada unidad de producción no significa que el grupo en en las radicales insuficiencias de su materialismo, que les hace
su conjunto no consuma carne de un modo muy regular. Tam­ concebir de forma «reductora» las complejas relaciones entre
poco el hecho de que los rebaños sean frecuentemente inmen­ economía y sociedad. La importancia de la diversidad de las re­
sos -incluso con peligro de una excesiva explotación de los laciones de parentesco, la complejidad de las prácticas ideoló­
pastos, con la consiguiente degradación de la vegetación y de gicas y de los rituales jamás ha sido reconocida totalmente 9.
los suelos- es solamente la manifestación del orgullo de los Como declararon R. y N. Dyson-Hudson, autores de notables
propietarios o de su vinculación emocional con viejos animales estudios sobre los pastores karimonjong de Uganda, en relación
que no pueden resignarse a sacrificar. con el ritual de iniciación de los jóvenes y su identificación con
Cuando se sabe que la pérdida en cabezas de ganado debida el animal que en esta ocasión se les entrega:
a la escasez de agua puede llegar a alcanzar, como en el caso «Se trata de elaboraciones culturales de un hecho central:
de los dodoth de Uganda, del 10 al 15 por 100 del rebaño anual­ el hecho de que el ganado es la fuente principal de su subsis­
mente, que la mortalidad afecta principalmente a los animales tencia. Desde el principio hasta el fin, el papel del ganado en
y que estos últimos tardan de seis a siete años en al­ la vida de los karimonjong consiste en transformar la energía
canzar el tamaño adulto y producir una cantidad veinte veces que contienen las hierbas y los matojos del territorio tribal en
menor de leche que un animal lechero de Europa, es imposible una forma de energía fácilmente disponible para los hombres.»
asombrarse del alto valor atribuido al número de cabezas de
ganado y a la estrategia compleja y parsimoniosa del uso de la Coinciden, de este modo, con las declaraciones polémicas de
carne, de la leche e incluso de la sangre de los animales que Marwin Harris, que voluntariamente se presenta como el agre­
existe entre esos pastores. Aquel que posea sesenta vacas tiene sivo cabecilla de ese «neomaterialismo cultural», y que al em­
muchas más probabilidades de hacer frente a las epizootias, a prender la tarea de «desacralizar» las vacas sagradas de la In­
las sequías excepcionales y de reproducir sus condiciones so­ dia declaraba:
ciales, es decir, materiales y políticas, de existencia que otro dIe escrito este texto porque creo que los aspectos exóticos,
que sólo disponga, como punto de partida, de seis vacas. irracionales y no económicos del complejo indio del ganado son
Sería excesivamente largo tratar de resumir los notables tra­
bajos de Geertz, Conklin, Rappaport consagrados al funciona­ , Con la notable excepción de Roy Rappaport.
146 Maurice Godelier Enfoques funcionalista, estructuralista y marxista 147
recalcados excesivamente y con gran detrimento de las inter­
El esceptlClsmo empirista recupera sus derechos, y las de­
pretaciones racionales, económicas y comunes ... ; en la medida
bilidades de algunos análisis neomaterialistas concernientes al
en que el tabú sobre el consumo de carne de vaca con­
parentesco, a la religión, etc" mantienen vivas y refuerzan de
tribuye a no fomentar el crecimiento de la producción de vaca,
nuevo las teorías idealistas de la sociedad y de la historia que
estamos en presencia de un aspecto de un reajuste ecológico
los partidarios de la «ecología cultural>, critican y combaten.
que maximiza, más bien que minimiza, el resultado en calorías
MateriaUsmo empirista y funcionalismo simplificador conti­
y proteínas del proceso de producción.»
núan siendo, en definitiva, impotentes para explicar las razones
En esta cita se pone de manifiesto el materialismo vulgar, de lo que existe, es decir, la historia y el contenido de socieda­
«el economismo», que reduce todas las relaciones sociales al es­ des que jamás son totalidades completamente «integradas», sino
tatuto de epifenómenos que acompañan a las relaciones eco­ totalidades cuya unidad es el efecto provisionalmente estable
nómicas, reducidas a su vez a una técnica de adaptación a un de una compatibilidad estructural que permite a las diferentes
medio natural y biológieo. La racionalidad secreta de las rela­ estructuras reproducirse hasta que la dinámica interna y exter­
ciones sociales se reduce a la de ventajas de adaptación, cuyo na de esos sistemas impida a esas totalidades seguir existiendo
contenido, como ya señalaba Lévi-Strauss respecto al funcio­ como tales 13. Este fracaso, sin embargo, no significa que el ba­
nalismo de Malinowski, frecuentemente se resuelve en simples lance de los estudios de los antropólogos y de los arqucóloí',os
tautologías 10. A partir del momento en que una sociedad existe, partidarios de un enfoque ecológico y materialista no sea <lm­
funciona, y resulta una trivialidad afirmar que una variable es pliamente positivo. El conocimiento de los mecanismos de fun­
adaptativa porque desempeña una función necesaria en un sis­ cionamiento de las economías basadas en la caza, la recolec­
tema. Según las propias palabras de Marshall Sahlins: ción, la ganadería intensiva o la agricultura sobre terrenos des­
forestados por el fuego se ha ampliado y pr'ecisado considera­
"Demostrar que un determinado rasgo o un determinado blemente a partir del momento en que se ha emprendido el
dispositivo cultural posee un valor económico positivo no es estudio sistemático y minucioso de las constricciones que el
una explicación adecuada de su existencia, ni siquiera de su medio y las técnicas ejercen o ejercían sobre la vida material
presencia. La problemática de la ventaja adaptativa no especi­ y social de esas sociedades, y en que se ha emprendido la tarea
fica una respuesta concreta única. En tanto que principio de de medir las relaciones reales que existen en su seno entre lIe­
causalidad en general y de resultado económico en particular, cesidades sociales y medios para satisfacerlas. Un determinado
la noción "de ventaja adaptati,'a" es indeterminada: estipula número de falsas evidencias, que traducían a la vez la ignoran­
groseramente lo que es imposible, pero convierte en aceptable cia de esas condiciones reales y los prejuicios ideológicos de los
cualquier cosa que sea posible» !l. que los antropólogos y economistas son los vectores conscientes
Desde esta perspectiva, las razones del predominio de las o inconscientes, han sido reconocidas como tales y su expulsión
relaciones de parentesco o de las relaciones político-religiosas, del campo del conocimiento científico está ya en curso, Este
de la art ¡culación específica de las estructuras sociales perma­ proceso crítico va más allá del campo de la antropología y al­
necen inaccesibles al análisis, la causalidad estructural de la canza el postulado ideológico que vicia, en su raíz, todo el pen­
economía queda reducida a una correlación probabilística, y la samiento económico burgués, limitando permanentemente el
historia, como en el caso del empirismo, a una serie de aconte­ alcance científico de sus investigaciones y de sus ckscubrimien­
cimientos que se suceden con mayor o menor frecuencia 12. tos: el postulado metafísico de que los hombres están conde­
nados por naturaleza a la insatisfacción de sus necesidades y,
JI> Lé'vi-Strauss: Alltropología estructural, pp. 13-16.
M. Sahlins: «Economic Anthropology and Anthropological Econo­
mies», en Social Scicl1cC ¡ntorll/alÍo11, 1969, 8 (5), p. 30. Véase M. Sahlins, cn ECOIlOl1Iic Al1tluopology ami
" Manin Harris: «Dependent as we are on lhe unfolding of thc natu­ ECU/lUll1ics, Artículo citado, p. 80. "The "new rnatcrialism" sccms
ral eonlinuulll of cn~nls, Ollr generalizalions must be courbed in p l'Ob a­ ínnoccnt nf (/J11/\' C(lIlCCnl jor collfradicliull -aHhollgh it somctimes
Clill·.­
bi!ities derÍ\'cd from the observation of the frcqueneics with which prc­ figUleS itself a elicnt of marxism (minus the dialeclical rnalcrialísm). So
dicted or rctrodieted cvents occu!'», Tite Rise of Anthropological Tl1cor)', íl ¡, unmindful of lhe barrÍl'rs opposcd to the prodllClin: forces by es­
páuina 614. tetbk,hed cultural organizations each congcakel by its ddaptivc ad\'<lI1ta­
gc.., in sorne o:.;;t:1tc nf fr:!rtion:.11 cffcctivcncss».
148 Maurice Gadelier Enfoques funcionalista, estructuralista y marxista 149

tanto, están obligados a calcular la utilización de sus me­ sociedad, por una parte, y sociedad e historia por otra, para
lo que constituye el objeto y el fundamento de la ciencia evaluar la importancia teórica y los límites de su estmcturalis­
económica. Dejaremos a Henri Guilton enunciar con convicción mo materialista y captar la diferencia entre su pensamiento y
este postulado: el de Marx.
Ante todo, hay que recordar que existen dos principios me­
«El hombre lleva en sí una necesidad de infinito y se en­ todológicos reconocidos igualmente por el funcionalismo, el es­
frenta por tanto constantemente con el carácter finito de la tructuralismo y el marxismo como condición necesaria para el
creación. Esta antítesis se traduce ante todo en la noción de la estudio científico de los hechos sociales. El primer
escasez. Las necesidades aparecen como innumerables y los estipula que hay que analizar las relaciones sociales no una por
medios para satisfacerlas son limitados. Pero también puede una, separadamente, sino tomándolas en sus relaciones
ocurrir que los medios sean suficientes, e incluso a veces ex­ cas, considerándolas como totalidades que forman «sistemas».
cesivamente numerosos. Entonces interviene otra noción, la de El segundo estipula que esos sistemas deben ser analizados en
inadaptación. Los bienes no se encuentran necesariamente allí su lógica interna antes de analizar su génesis y evolución. En
donde hacen falta, ni cuando es necesario. Hay que reducirlos cierta forma, esos dos oponen el pensamiento cien­
si son excesivamente abundantes, producirlos si son insufi­ tífico moderno tanto evolucionismo como al historicismo y
cientes.» al difusionismo del XIX, en la medida en que, pese a sus
No nos detendremos en el carácter ilógico de una tesis que concepciones contrarias de la evolución de las sociedades, esas
postula la finitud insuperable de los medios al mismo tiempo doctrinas frecuentemente se contentaban con un análisis super­
que reconoce que a veces son sobreabundantes. Basta con ficial del funcionamiento real de tales o cuales costumbres e
señalar los muchos análisis concretos y minuciosos que dan su instituciones en el seno de las sociedades donde habían sido
merecido a estos fantasmas ideológicos que pretenden presen­ descubiertas, y dedicaban la parte esencial de sus esfuerzos a
tar como realidades marionetas teóricas de cuyos hilos se si­ buscar su origen y exponer su historia en estadios anteriores
mula no la marioneta del hamo ecanomicus, víctima de de una evolución puramente conjetural de la humanidad. Pero,
un destino ontológico que sólo le permite la elección entre la más allá de este acuerdo, que se refiere solamente a la formu­
insatisfacción originada por la infinitud de sus necesidades y lación abstracta de esos dos principios y no a las modalidad~s
la inadaptación nacida de una sobreabundancia ocasional de concretas de su puesta en práctica, la oposición entre funciona­
sus medios. lismo, por una parte, y estmcturalismo y marxismo, por otra,
Por tanto, paulatinamente se definen y se configuran bajo es total en lo que respecta a lo que hay que entender por «es­
nuestra mirada las condiciones epistemológicas de un análisis tructura social». Para Radcliffe-Brown y Nadd, una estructura
científico de los diversos modos de producción y de las rela­ social es «el orden, la disposición» de las relaciones visibles de
ciones entre economía y sociedad. Ahora sabemos que semejan­ los hombres entre disposición que nace de la
te análisis sólo es posible con la condición de que informe sobre riedad recíproca de esas relaciones viSIbles 14. Para los funcio­
las estmcturas de la realidad, pero sin confundir, como hace nalistas, una «cstmctura» es, por consiguiente, un «aspecto» de
el empirismo, lo real con lo visible, y a condición de que sea lo real y afirman su realidad fuera de la mente humana, a dife­
materialista, pero sin reducir las diversas estmcturas e instan­ rencia de Leach, para la estmctura es un orden ideal
cias de la realidad social a epifenómenos de las relaciones ma­ que la mente introduce en las cosas, reduciendo el flujo multi­
teriales de los hombres con sus medios respectivos. Si la forme de lo real a representaciones simplificadas que inciden
antropología ha de ser estmctural y materialista para ser
namente científica, ¿acaso, en definiti\a, no debe en " Radcliffe,Brown, en D, Forde y A. R, Radcliffe-Brown (ed,): Afri,:a¡l
la obra de Lé\'Í-Strauss tanto o más que en la de Marx? En rea- Sy'i/ems uf Kms/lip 11l1d Marringe, Oxford. University Press, 1950, capí­

aunque Lévi-Strauss haya dedicado en su obra un escaso tillo VIII: "Lo~ elementos dt: la estructura social son los seres humanos»,
Sic'fl<!O la misma estructura social la disposición de las personas en re­
al estudio de la economía, nos parece indispensable ana­ laciones definidas \' ordenadas institucionalmentc»,
lizar detenidamente lo esencial de sus tesis sobre el método del F. Nadd: Tl1e Tl1cory of Social Slrucl/IIC, Collen and Wcst, Londres,
análisis estmctural y sobre las relaciones entre economía y 1'1."7; preliminares. (Hay traducción castdlana en Guadarrama, Madrid,)

..........

150 Maur;ce Godelier Enfoques estructllralista v marxista 151

sobre la realidad y que poseen un valor pragmático, permitien­ ros para que se manifieste a plena luz su propia
do la acción, la práctica social l ;. delermilzista .Ji realista,»
Para Lévi·Strauss, las estructuras forman parte de la rea-
constituyen la realidad, y si en esto coincide con Rad­ Para analizar esas estructuras, cuya realidad independien­
c1inc-Brown, se opone en cambio al empirismo idealista de temente del espíritu humano y más allá de las apariencias Yi.
Leach. No obstante, tanto para Lévi-Strauss como para Marx, siblcs de las rebciones sociales afirma, Lévi-Strauss utiliza
las estructuras no son realidades directamente visibles y obser­ tres princinios metodológicos. Considera:
vables, sino niveles de la realidad que existen más allá de las
a) Que toda estructura es un conjunto detenninado de re­
relaciones visibles de los hombres entre sí y cuyo funciona­
laciones ligadas las unas a las otras según leves internas de
miento constituye la lógica profunda de un sistema social, el
transformación que hay que descubrir.
orden subyacente a partir del cual debe explicarse su orden
Que toda estructura combina elementos especltJcos que
aparente. Este es el sentido de la célebre fórmula de Lévi­
son sus componentes propios, y que, por esta razón, es inútil
Strauss que Leach y algunos cstructuralistas han pretendido
pretender «reducir» una estructura a otra distinta o "deducir»
interpretar en un sentido idealista y formalista, destacando la
una estnlctura de otra,
primera [rase en detrimento de la segullda:
e) Que entre estructuras diferentes pertenecientes a un
«El principio fundamental afirma que la noción de estruc­ mismo sistema existen relaciones de compatibilidad cuyas
tura social no se refiere a la realidad empírica, sino a los mo­ hay que encontrar, pero no hay que entender esta
delos construidos de acuerdo con ésta. Las "relaciones ~ocialcs" dad como el efecto de mecanismos de selección necesarios para
son la materia prima empleada para la construcción de los mo­ el logro de un proceso biológico de adaptación al medio.
delos que ponen de /l/anifiesto la "estructura social" misma.»
Fácilmente se puede mostrar que Marx realiza un trayecto
Ya en su respuesta a Maybury-Lewis, Lévi-Strauss insistía en metódico paralelo cuando concluye, luego de haber demostrado
el hecho de que «la prueba última de la estructura molecular que las categorías económicas de salario, beneficio, renta de la
nos la proporciona el microscopio electrónico que nos permite tierra, tal como se definen y manejan en la práctica diaria por
ver moléculas reales. Este logro no altera el hecho de que en los agentes del modo de producción capitalista, expresan las re­
el fu turo la molécula no por ello será más visible a laciones visibles entre los que detentan la fuerza de trabajo,
vista. De la misma forma, carece de sentido esperar de un aná­ los que detentan el capital y los que detentan la tierra y, en
lisis estructural que cambie la percepción de las relaciones so­ este sentido, poseen un valor pragmático --como diría Lcach-,
ciales concretas. Unicamente las explicará mejoí'.» Y, en la in­ puesto que permiten la organización y la gestión de esas rela­
troducción del primer volumen de Mitológicas, afirmaba de ciones visibles, pero no poseen valor científico, ya que disimu­
nuevo y de manera categórica: lan el hecho fundamental de que el beneficio y la renla de los
unos consiste en trabajo de los otros no remunerado por el
«Terminamos así de mostrar que si en el espíritu del salario:
ca se produce con frecuencia una confusión entre estructuralis­
mo, idealismo y formalismo, basta que el estructuralismo tro­ "La forma exterior de las relaciones económicas, tal como
piece en su camino con un idealismo y un formalismo vcrdade­ se presenta en la superficie de los fenómenos, en su cxistencia
real v también, por tanto, en las ideas con que los representan­
;5 E. Leach: Po/itical Systell1s uf Hig/zlalld Burma, Han'arel llniversi· tes y los agentes de estas relaciones pretenden \'er claro en
1\' Prc'ss,19.'-+. Rl'prinlcd Bl'il and Sonso 196.f, d hold that social structu­ difiere mucho y es, en realidad, lo inverso, lo contrario
re in practical silualion (as contraslt'd wilh the sociologist's abstrac! mo­
de'!) consists of a sd (jf ideas about dístributio!1 of pO\wr bclwCl'!1 pero
a su forma nuclear interior, aunque oculta, y al concepto que a
refiriéndose no va al modelo ella f'nv"'o("nn11'r1i?~, 16
Lcach, 10 mis;no que Rad­
dc'da "'1: "The sI rud unos the <'nlhropoligst describes K, Marx: Co¡¡tribllción a la crítica de la ecuJlOlI1ía ¡)OIÍ/iea, p. 37:
arl' mode'!s which exist cmly as logical cO!1structions in his own mind" [, ,LIS rL'lacíollcs ,le- pruduccíon corrl'spondC'1l a un "I'UPO dl'lL'rminado de
(páginas 4 y 5), dc'sa]Tollo de sus fuerzas productivas materialcs,
Maurice Godelier Enfoques funciona lista, estructuralista y marxista 153
152

Asimismo, hay que recordar que la grandeza teórica de Marx «No pretendernos, de ninguna manera, insinuar que transfor­
ha consistido en demostrar que el beneficio industrial, el bene­ maciones ideológicas engendran transformaciones sociales. El
ficio comercial, el interés financiero y la renta de la t ierra, que orden contrario es el único verdadero: la concepción que los
parecen provenir de fuentes y de actividades totalmente di fe­ hombre se forjan de las relaciones entre naturaleza y cultura
rentes, son otras tantas formas distintas, pero trarlsformadas es función de la manera en que se modifican sus propias rela­
de la plusvalía , formas dc su distribución entre los diferentes ciones sociales [ ... ] Por tanto, no estudiamos más que las som­
grupos sociales que com ponen la clase cap italista, fonnas dis­ bras que se perfilan en el fondo de la caverna» 21.
tintas del proceso global de explotación capitalista de los pro­ Lévi-Strauss afirma que ha pretendido con sus trabajos so­
ductores asalariados . bre los mitos y el pensamiento salvaje «contribuir a esta teo­
Por último, sabemos que Marx fue el p rimero en formu lar ría de las superestructuras apenas esbozada por Marx» 22, Por
la hipótesis de la existencia de relaciones de correspondencia eso no podemos dejar de constatar que esos principios teóricos
necesaria y de com patibilidad estructural en tre fue rzas produc­ son infringidos cuando, en las conclusiones de De la miel a las
tivas y relaciones de producción, y entre modo de producción cenizas, en relación con la conmoción histórica fundamental al
y superestructu ras, pero sin pretender por ello reduci r es tas final de la cual, en la sociedad griega ant igua ,,]a mitología ab­
últimas a s imples epifenómenos de aquél. ¿Se confunde acaso dica en favor de una filosofía que emerge corno la condición
el estructuralismo de Lévi-S trauss con el materialismo hi stóri­ previa de la reflexión científica», escribe que ve en ello «una
co de Marx? Tal vez pueda parecerlo, pero el pu nto esencial circunstancia histórica que nada significa, sino que se produjo
para responder a esta pregunta consis te, por una parte, en de­ en tal lugar y en tal momento» 23. La h istoria, pese a estar so­
limitar lo que Lévi-S trauss entiende por histori a y la idea que metida a esta ley de orden que organiza toda sociedad, queda,
se hace de la causalidad de la econornia, y, por otra, e n ver las pues, privada de toda necesidad, y el nacimiento de la filosofía
aplicaciones de estas concepciones que realiza en su prác tica y de la ciencia occidentales se reducen a simples accidentes. «El
teórica, tránsi to no era necesario, ni más ni menos aquí que allá .. . (y s i
Para Claude Lévi-Strauss resulta " tan fastidioso cama in­ la historia conserva) un puesto de primer plano.. . (es) el que
útil amonto nar argumentos para demos trar que toda sociedad corresponde de derecho a la con tingencia irreducible.. . » 24, Clau­
está en la historia 'f qu e cambia: es evidente de suyo» 17. La de Lévi-Strauss, que había reproducido corno epígrafe en Las es­
historia no es so lamen te una historia ~ Iria,. , en cuyo seno las tructuras elementales del pa/'enl esco la frase de Tylor (1871) de
"sociedades q ue producen muy poco desorden ... , manifiestan que "la ciencia moderna tiende cada vez más a afirmar que, si
una tendencia a mantenerse i ndefinidamente en su estado ini­ en algunas partes existen leyes, éstas deben existir en todas
cial» 18. También está compuesta por esas «cadenas de aconteci­ partes», se encuentra, pues, y en definitiva, de acuerdo con el
mientos no recurrentes y cuyos efectos se acumulan para produ­ empirismo, que ve en la historia una serie de acontecimientos
cir trastomos económicos y sociales» 19. Para explicar estas trans­ accidentales.
formaciones, Claude Lévi-Strauss acepta como «una ley de or­
den» «el indiscutible primado de las infraestructuras» 20. "Para volver a la etnología, es uno de nosotros - E . R.
Leach- quien ha observado en algún lugar que «.1os evolucio­
relaciones de producción constituye la estructura económica de la socie­
nistas no han discutido jamás en detalle -y menos aún obser­
dad , la base rea l, sobre In cual se eleva una superestructura jurídica y vado- lo que se produce de hecho cuando una sociedad del
política y a la que COI'respomlcn fonnas soci~lles ueterminadas de con­ estadio A se transforma en una sociedad del estadio B; se han
ciencia.» ComUnicación, Madrid, 1970. Y en El capital, ed. cit., lomo r. limitado a afirmar que todas las sociedades del estadio B han
página 46, núm . 36: • Ya Don Ouijote pagó caro el error de creer que la salido, de uno u otto modo, de sociedades"del estadio A» 25.
caballerfa andante era una institución compatible con todas las formas
econ ómicas de: la sociedad .­
" Lcvi·Strauss: El pellsamielllo sall'aje, p . 339. 1\ Id., pp. 173-174,

" Lévi·Strauss· Arte, lenguaje, emología. Elltrevislas eDil G. Charboll­ D Id., p. 193.

,';er, Si~ l o XX1 Ed¡LOre~, M¡':"ico, 1968, p , 28. %J Lc\'i.StI<luss : De la miel a las eetllzas, pp. 393-394.

"lév i-SULl uss : El pep¡sumiemo salvaje, p. 341. .. Id., pp. 394-395.

:o Id., p. 193. " lévi-Strauss; ..Los limiles de la noción de estructuras en etno!ogín"

11
154 Maurice Godelier E/lfoques funciona lista, estructuralista y marxista 155

Nos encontramos, así pues, de vuelta a las mismas posicio­ cuadro de Mendeleiev de las «fonnas» de los sistemas de paren­
nes del empirismo funcionalista 26: «Al historiador los cambios; tesco, deteniéndose en el umbral de las estructuras «complejas
al etnólogo las estructuras», y es to porque los cambios, los pro­ de parentesco, que se limitan a definir el círculo de parientes y
cesos, no son objetos ol1allticos, sino la forma particular en que dejan a otros mecanismos, económicos o psicológicos, la tarea
la temporalidad es vivida por un sujeto» n, tesis en oposición de deLerminar el cónyuge» 23.
radical con la tesis de la ley de orden de las estructuras socia­ No obstante, el análisis estructural -aunque no niega la
les y de sus transformaciones que Claude Lévi-Strauss retoma­ hisloria- no puede tampoco coincidir con ella, puesto que
ba de Marx. desde el comienzo ha separado el análisis de la «forma» de las
¿Cómo ha llegado a eso, es decir, a borrar, a anuTar en su relaciones de parentesco del análisis de sus «funciones». No
práctica los principios teóricos a los que, no obstanLe, se refie­ porq ue esas funciones hayan sido ignoradas o negadas, sino
r e explícitamen te, pero q ue, a l parecer , h a n permanecido am­ porqu e n unca han sido explor adas como tales. Debido a esto,
pliamente inoperantes? No vamos a realizar aq uí el análisis in­ jamás se ha analizado el problema de la articulación real de las
terno de la obra de Lévi-Strauss, y tampoco pretendemos esbo­ relaciones de paren tesco con las otras estructuras sociales que
zar el balance cien tífico de la misma. Digamos de en t ra da que caracterizan las sociedades concretas, históricamente determi­
su obra ha revolucionado dos campos: la teoría del parentesco nadas. Lévi-Strauss se limita a extraer de estos datos concretos
y la teoría de las ideologías, y que cualquier progreso que se el «sistema formal» de las r elaciones de paren tesco, sistema
realice en esos campos se hará con la ayuda tanto de sus resul­ que es tud ia seguidamen te en su lógica interna y compara con
tados como de sus fracasos. Problem as fundamentales como la otras "formas» semejantes u opuestas, peTO que demuestran,
prohi bición del incesto, la exogamia y la endogam ia, el m a tri­ en definitiva, inclu so por sus propias diferencias, pertenecer a
monio entre primos cruzados , el de las organizaciones dualistas, un mis mo grupo de transformaciones.
que eran tratados separadamente y sin éxito alguno, ha n sido En ese sen ti d o se puede decir que Lévi-Strauss, al contrario
relacionados entre sí y explicados partiendo del hecho fun da­ que los funcionalistas, nunca estudia socied ades reales, ni Lrata
mental de que el matrimonio es un in tercambio, el intercambio de informar sobre ellas en su diver sidad y en su com plejidad
de mujeres, y que las relaciones de paren tesco son relaciones in ternas. Por supuesto no ignora esos problemas, pero jamás
ent re grupos antes que relaciones entre in dividuos. Al distin­ los ha tra tado sistemáticamente. Por ejemplo, al referirse a la
guir dos posibles mecanismos de intercambio, el in tercambio correlació n estudiada por Murd ock entre las instituciones patri­
r estringido y el intercambio generalizado, Lévi-Strauss descu­ lineales y «los más altos niveles de cultura», Lévi-Strauss
brió un orden en un vasto conjunto de sistemas de parenlesco afirmaba:
que no parecían tener muchas cosas en común y que pertene­
cen a sociedades que , la mayoría de las veces, jamás tuvieron «Es cierto que, en sociedades en que el poder político toma
en t re sí contacto histórico alguno. Y este orden es un orden de la dela ntera sobr e otras formas de o rganización, no puede de­
transformaciones. Poco a poco, se ha podido construir un vasto jarse subsistir la dualidad que resultaría del carácter masculino
de la autoridad política y del carácter matrilineal de la filiación.
Las sociedades que alcanzan la etapa de organización política
en Se,lIido y usos del térmillO estructura, Paidós, Buenos Aires, 1968, pá­ tienen, pues, una tendencia a generalizar el derecho paterno» 29.
gina:. 34-35. E l p asaje de Leach citado por Claude Lévi-Strauss se en­
cuentra en Political Syst ems of Higll/aJ1d BI~rma, segunda edición, 1964, A pesar del carácter tan vago de la noción de «estadio de
página 283. la organización política», vemos en este caso a Lévi-Strauss fTen­
'.. A 1.\5 posiciones de Leach, que escribe con lucidez: «La generación
de antropólogos británicos a la que pertenezco ha proclamado con orgu­ te al hecho de la emergencia. en la historia, de sociedades en
llo su creencia en la irrelevancia de la historia para comprender las or­ cuyo seno las relaclOnes de parentesco ya no desempefian un pa-
ganizaciones social es ( ... ). Noso1ros , a nlropólogos fun cionalislas, no so­
mos n :almcnt c "an lihis tóncos" por principio; simplemente lo que ocurre II Claudc Lévi-SLIauss: Las estructuras elementales del parentesco, pá­
es que no sabem os cómu hacer el1cajar los materiales históricos el! el gi na 11.
m ar co de Il/les t r os COllceptos», Political Syst ems, p . 282. >t Id ., p. 36. Lévi-Strauss se refiere al texto d e G. P . Murdock: «~
" Claude LCvi-Strauss: .Los limites de la noción de estructura en et­ rrelation of matrilineal and patrilineal institutions», en Srudies in the
nología. , op. cit., p. 34 . ScielLce 01 Society presenled ro A. G. Ke/ler, New Haven, 1937.
156 Maurice Godelier Enfoques funcionalista, estructuralista y marxista 157

pel dominante, pero donde las relaciones político-ideológicas nistas. Está vinculado a toda la estructura de la sociedad que
comienzan a desempeñarlo. ¿Por qué y en qué condiciones su­ lo aplica, y, por consiguiente, su naturaleza depende de los ca­
cede esto? ¿Por qué el derecho paternal es más «compatible» racteres intrínsecos de esta sociedad más bien que de contactos
con esa nueva estructura social? Lévi-Slrauss no responde a es­ culturales y migraciones» 31.
tas cuestiones, así como tampoco explica en qU(! condiciones Ir más allá del análisis estructural de las formas de las re­
han surgido sociedades en cuyo seno la forma de los sistemas laciones sociales o de los modos de pensamien to significa, por
de parentesco y las reglas de matrimonio no dicen nada , o muy tanto, de hecho, practicar este análisis morfológico de tal ma­
poco, acerca de la naturaleza de la persona con quien se puede nera que se descubran los vínculos internos entre la forma, las
uno casar . Se hace alusión al hecho de que en esas sociedades funciones. el modo de articulación y las condiciones de apari­
la riqueza, el dinero, la dote, la jerarquia social desempeñan un ción y de transformación de esas relaciones sociales y de esos
papel determinante en la elección del cónyuge, pero ¿cómo su­ modos de pensamiento en el seno de las sociedades concretas
cede asl?, ¿por q ué la historia? No porque la historia sea para estudiadas por el historiador y por el antropólogo. En nuestra
u n marxis ta una categoría que explica, sino , al cont rario , porque opinión, es empeñándonos resueltamente por esta vía como po­
se trata de u na categoría que h ay que explicar . El materialismo dremos esperar hacer que progrese el análisis científico de un
histórico no es un «modelo » más de la historia, no es otra «filoso­ campo habitualmente menospreciado o mal tratado por los ma­
fía» de la historia. Constituye ante todo una teoría de la socie­ terialistas: el campo de la ideología, y por el otro lado, el cam­
dad, u na hipótesis sobre la arliculación de sus niveles internos po de las formas simbólicas de las relaciones sociales y de la
y sobre la causalidad específica y jerarquizada de cada u no de práctica simbó lica, donde, por esta misma razón, el idealismo,
sus niveles. Haciendo posible el descubriIniento d e las formas ya se valga del funcionalismo O del estructuralismo, se ha ins­
y de los mecanismos de esta causalidad y de esta articulación talado de forma privilegiada.
es como demostrará el marxismo su capacidad de ser el ins­ En otra parte 32 hemos d emostrado cómo Lévi-Strauss ha
t rum ento de una verdadera ciencia de la historia 30. hecho avanzar la teoría de las ideologías, que deseaba desarro­
Para desarrollar e l conocimiento hasta ese punto, hay que llar siguiendo a Marx, cuando puso de manifies to, a propósito
ir m ás allá del análisis estructural de las formas de parentesco de los mi tos de los iodios de América, por una parte, con una
o del descubrimiento de la gramática y del có digo for ma les d e precisión minuciosa, todos los elementos de la realidad ecológi­
los mitos de los indios de América. No porque esos anális is es­ ca, económica y social que están traspuestos en estos mitos y
tructurales no sean indispensables, sino porque no bastan. Y hacen que esos mitos constituyan el pensamiento del hombre
esto lo reconoce el propio Lévi-Strauss cuando critica con toda que vive en relaciones materiales y sociales determin adas, y, por
la r azón el principio de buscar únicamente en los acciden tes de olra, la presencia y el funcionamiento, en el curso de ese modo
una historia, en la difusión de una causa exógena, las razones de pensamiento social, de una lógica formal de la analogía, es
de ser de un sistema de parentesco: decir, de la actividad del pensamiento humano que razona so­
«Un sistema funcional como es un sistema de parentesco bre el mundo y organiza el contenido de la experiencia de la
nunca puede interpretarse íntegramente por hipótesis difusio­ naturaleza y de la sociedad en las formas simbólicas de la me­
táfora y de la metonin,ia. En realidad Lévi-Strauss, aunque él
.. K. Marx: Carta al editor de Otetchestvenniyé, Zapisky, finales de rechazaría esta interpretación, reunió bajo la expresión única de
1877, dirigida a Chukovsky en respuesta a Mijailovski, uno de los dirigen­ la pensée sauvage (el pensamiento salvaje) un doble contenido:
tes del partido socialista de los narodniki: cA mi crítico le parece, sin
embargo, poco. A todo trance quiere convertir mi esbozo his tórico sobre uno que remite a la naturaleza, es decir, a las capacidades forma­
los orígenes del capitalismo en la Europa occidental en U/Ul teoría filosó­
fico-históTÍca sobre la trayectoria general a que se hallan sometidos fatal­
mente todos los pueblos, cualesquiera que sean las circunstancias histó­ " Lévi-Strauss: Las estructuras e/emellta/es del parentesco.
ricas que en ellos cooc:w-ran, para plasmarse por fin en aquella forma­ JI Maurice (iQdelier: cMythe et Histoire. réfle.xions sur les fondements
ción económica que, a la par que el mayor impulso de las fuerzas pro­ de la pensée sauvage», e:n Les Anna/es, número especial «Historre et Struc­
ductivas, del trabajo social, asegura el desarrollo del hombre en todos turco, agosto 1971, pp. 541-568; incorporado a esta edición, véase eMito e
y cada uno de sus aspectos . (Esto es hacerme demasiado honor y, al his toria: reflexiones sobre los fundamentos del pensamiento salvaje:,., ca­
mis mo tiempo, demasiado escarnio).,. pítulo XlII de este libro.
158 Maurice Godelier Enfoques funcionalista, estrLlcturalista y marxista 159

les de] pensamiento de razonar por analogía y, de una forma más tral conducen necesariamente el funciooalismo y el estructura­
general, por equivalencia. al «pensamiento en el estado salvaje», lismo cuando se esfuerzan por penetrar más profundamente en
«expresión directa de la estructura del espíritu (y detrás del la lógica de las sociedades que analizan 35.
espIritu, sin duda del cerebro)>> 33, y otro que remite al «pensa­ Henos, pues, aquí, al final de estos recorridos críticos, y ante
miento de los salvajeslII, y, por tanto, al pensamiento de hom­ nosotros se distingue un camino que conduce a otra parte y
bres que viven en sociedades que practican la caza, la pesca, que se ha iniciado más allá o más acá del funcionalismo y del
la colecta de la miel, el cultivo del maíz o de la mandioca, yes­ estructuralismo, fuera de sus limites; a otra parte, es decir,
tán organizados en bandas o tribus. Pero lo que continúa ausen­ hacia la posibilidad de poner de manifiesto y de estudiar «la
te, impensado al final de este inmenso esfuerzo teórico es el acción de las estructuraslll sociales entre si y, por tanto, hacia
análiSIS de la articulación de la forma y el contenido del pen­ la posibilidad de pensar las relaciones de causalidad estructural
samiento en el estado salvaje y del pensamiento de los salvajes, entre los diversos modos de producción y las diversas formas
son las funciones sociales de esas representaciones y de las de organización social q ue han su rgido en la historia. Para
prácticas simbólicas que las acompañan, son las transforma­ concluir, no nos limitaremos a señalar este camino, a apuntar­
ciones de esas funcio nes y de ese contenido, son las condiciones lo, s ino q ue pretendemos dar una idea más clara del tipo de re­
de esas transformaciones. En definitiva, lo que existe como un sultados a que conduce. Para ello resumiremos algunos aspec­
vado en el pensamiento, es decir, como un objeto que hay q ue tos de un largo estudio, todavía inédito, que hemos dedicado
pensar y permanece fuera de lo pensado es el análisis de las al m odo de producción y a la organización social de los
formas y de los fundamentos de la «fetichizaciónlll de las rela­ pigmeos m bu ti del Congo, a partir de los estudios, excepciona­
ciones sociales, análisis que muy pocos marxistas han intentado les en calidad y densidad, de Colin Turnbull. Este resumen real­
nunca, y del que, sin embargo, dependen no solamente la expli­ mente no hace justicia a esta riqueza ni a la complejidad de
cación científica de las instancias políticas y religiosas en ge­ los hechos, pero basta para nuestro propósito con que dé tma
neral, sino ante todo la explicación de las condiciones y de las idea de los resultados que hemos alcanzado. Estos resultados,
formas de aparición de las sociedades de categorías, de castas en cada una de las etapa de su elaboración se los hemos dado
o de clases, en resumen, la propia explicación de la desapari­ a conocer a Colin Tu rnbull. que se ha declarado profundamen­
ción en la historia de las antiguas sociedades sin clases. Precisa­ te de acuerdo con ellos 36.
mente, para realizar esta tarea compleja que supone la combina­ Los pigmeos mbuti viven en el seno de un ecosistema gene­
ción de prácticas teóricas múltiples, la hipótesis de Marx sobre ralizado de tipo simple 37, la selva ecuatorial del Congo, y prac­
la determinación en último análisis de las formas y de la evolu­ tican la caza y la recolección. Utilizan el arco y la red para la
ción de las sociedades y de los modos de pensamiento por las caza, compuesta principalmente por diversas variedades de an­
condiciones de la producción y de la reproducció/1 de la vida tl1opes, a veces también por elefantes. Las muj eres recolectan
material debe senrir de hipótesis central: setas, tubérculos y otras plantas salvajes, así como moluscos,
contribuyendo en más del 50 por 100 al suministro de los re-
.. Ni siquiera una historia de las religiones que prescinda de
esta base material puede ser considerada como una lústoria crí­ JO Resulta admirable la desenvoltura con que Edmund Leaeh eseribe en

tica. En efecto, es mucho más fácil encontrar, media/lte el aná­ su obra Political Systems of HiglUarld Burma, tras haber demostrado que
lisis, el núcelo terrenal de las imágenes nebulosas de la religión el málisis de las relaciones de propiedad era «of tbe utmost lmpo rtance"
para su argumento general: «En último análisis, las relaciones de poder
que proceder al revés, partiendo de las condiciones de la vida n cualquier sociedad deben basarse sobre el control de los bienes reales
real en cada época para remontarse a sus formas ruviniza­ y de las fu.e ntes primarias de producción, pero esta generalización mar­
daslll.14. xista no nos lleva muy lejos» (1).
,. Nos remitimos aquí al conjunto de los estudios, libros y artículos
Esperamos haber demostrado que, a pesar de las aparien­ de Colin Turobull y de modo particular a Wayward Servants. Eyre, Spot­
cias y de las afinnaciones contradictorias, a esta hipótesis cen­ tiswoode. Londres, 1966.
17 Es decir, que comprende un clevado número de especies vegetales y
animales que incluyen a su vez un número limitado de individuos. Véa:.e
11 Claude Lévi-Strauss: El totemismo en la actualidad, p . 132.
la comunicación de David S. R. Harris en cUeko and Dimblety.., Dome.s­
.. K. Marx: El Capital, ed. cit., lomo I, p . 303, nota 4.
Iicaliol1 and Exploitation of Platlts and Animals, Duckworth, 1969.
160 Maunce Godelier Enfoques funcionalista, estructuraTista y marxista 161

cursos alimenticios. La :miel es objeto de recolección una vez las condiciones de reproducción de ese modo de producción, ex­
al año, y su colecta da ocasión a una división de cada banda en presan los limites de las posibilidades de esta reproducción.
pequeños grupos que se fusionan de nuevo al terminar la tem­
porada de la miel. La caza es colectiva. Los hombres casados _ La constricción número 1 es la «dispersión» de los gru­
eXlienden, uniendo sus extremos y haciendo un semicírculo, sus pos de cazadores, así como los límites mínimo y má.~o de sus
redes individuales de treinta metros de longitud aproximada­ efectivos.
mente, mienlras las mujeres y los jóvenes solteros ojean la caza, _ La constricción número 2 es la «cooperación» de los in­
dirigiéndola hacia las redes. Esas actividades se repiten cada dividuos, de acuerdo con su edad y su sexo, en el proceso de
dia o casi lodos los días, y por la tarde se distribuyen y se producción y en la práctica de la caza con red.
consumen los productos obtenidos de la caza y de la recolec­ _ La conslricción número 3 es la «fluidez», la «no clausura»,
ción entre Jos miembros del campamento. Cada mes, cuando la o, según la expresión de Turnbull, el mantenimiento de un es­
caza comienza a volverse escasa alrededor del campamento, la tado de «flujo» permanente de las bandas, flujo que se traduce
banda se desplaza hacia otro lugar, pero siempre en el interior por la rápida y frecuente variación de sus efectivos y de su
de un mismo territorio, que es conocido y respetado por las
composición social.
bandas vecinas. Las relaciones de parentesco y la familia, en
tanto que tales, desempeñan un papel secundario en la produc­
ción, ya que el trabajo está dividido según sexos y generacio­ Estas tres constricciones expresan las condiciones sociales
nes. Los individuos abandonan frecuentemente las bandas en de la reproducción del proceso de producción, habida cuenta
cuyo seno han nacido y se marchan a vivir en bandas vecinas, de la naturaleza de las fuerzas productivas utilizadas (técnicas
a veces incluso definjtivamente. Se practica eL intercambio de específicas de caza y de recolección) y la naturaleza de las
mujeres, y se busca esposa preferentemenle en las bandas le­ condiciones biológicas de reproducción de las especies vegeta­
janas y nunca en la banda de donde provienen la propia madre les y animales que componen el ecosistema generalizado de la
o la madre del padre. Las bandas carecen de jefe, y , según las selva ecuatorial congoleña. Esas constricciones forman un sis­
circunstancias, la autoridad está repartida entre generaciones tema, es decir, cada una de ellas influye sobre las otras. La
y sexos; los viejos y los grandes cazadores gozan, no obstante constricción número 2, por ejemplo, constricción a la coopera­
de una mayor autoridad que los restantes miem bros de la ban­ ción de los individuos según su sexo y su edad para garantizar
da. No se practica ]a guerra entre las bandas, y en el seno de su propia existencia y reproducción, así como la de su banda,
cada banda, los asesinatos y las represiones violentas son ex­ adopta una forma determinada igualmente por la acción de la
tremadamen te raros. La pubertad de las mujeres y la muerte constricción número 1, puesto que el tamaño de una banda
de los adultos, hombres o mujeres, son acompañadas de los ri­ debe mantenerse entre ciertos límites, y por la de la constric­
tuales y de las festividades Elima, en el primer caso, y MoHmo ción número 3, puesto que la necesidad de mantener las ban­
en el segundo, en los cuales la Selva es objeto de un culto in­ das en estado de fluidez modifica sin cesar el tamaño de los
tenso y «deja oír su voz» por mediación de flautas sagradas . Los grupos y su composición social, es decir, los lazos de paren­
efectivos de las bandas oscilan entre siete y lreinta cazadores tesco, de alianza o de amistad de quienes están llamados a co­
con sus respectivas familias , ya que, por debajo de siete redes, operar diariamente en el proceso de producción y en el proceso
la caza resultaría ineficaz, y por encima de las treinta la caza de distribudór de los productos de la caza y de la recolección.
no es suficientemente abundante para el aprovisionamiento re­ Asimismo ~e podría y se debería mostrar los efectos de las cons­
gular de un grupo semejante; por otra parte, la organización tricciones 1 y 2 sobre la 3, y de las constricciones 2 y 3 sobre
de ]a caza con red, que se practica sin un verdadero jefe, de­ la 1. Advirtamos igualmente que esas constricciones son tales
bería mocüficarse para que resultase operante. (sobre todo las constricciones de dispersión y de fluidez) que
Cuando se analizan detenidamente esas relaciones económi­ las condiciones sociales de reproducción de los individuos y de
cas y sociales, se puede percibir que las mismas condiciones de una banda son asimismo e inmediatamente las condiciones de
la producción determinan tres constricciones inherentes al pro­ la reproducción de la sociedad mbuti como un todo, y como un
pio modo de producción y que esas constricciones traducen todo presente en todas sus partes. Por consiguiente, son conru­
162 Maurice Godelier Enfoques furtciorlalista, estructuralista y marxista 163

ciones intenores a cada banda, y al mismo tiempo condiciones girán nuevas encuestas y nuevos procedimientos para encontrar
comunes a todas las bandas, que permiten la reproducción del respuestas, y éste es el movimienlo mismo del proceso y del
conjunto del sistema económico-social como un todo. progreso del conocimiento cienillico.
Estas tres constricciones ronnan, pues, un sistema. Este sis­ Ahora bien, pen sarnos estar capacitados, a partir del des­
tema ha nacido del propio proceso de producción, cuyas condi­ cubrimiento y del análisis de este sistema de conslricciones.
ciones ma teriales y sociales de reproducción expresa . Y este para dar cuenta, es decir, para mostrar la necesidad de todos
sistema es a su vez origen de un determ inado n úmero de efec­ los hechos principales observados y consignados en las obras
tos estructurales simultáneos sobre todas las demás ins tancias de Schebesta y de Tumbull.
de la organización social mbuti, efec tos que nos limitaremos a A partir de la constricción a la d ispersión se explica la cons­
enumerar, porque un a demostración sería demasiado larga. To­ titución de territorios distintos 39, y a partir de la constricción
dos esos efectos consisten en la determinación de elementos del al flu jo, a la «no clausura» de las bandas, se explica la inexisten­
contenido y de la forma de esas insta ncias que sean compati­ cia de derechos exc1mivos de las bandas sobre su territorio 4(1.
bles con esas constricciones, por tanto, que aseguren la repro­ Lo q ue es invariante no es la composición interna de las ban­
ducción misma del modo de pro ducción de los m buti . Así pues. das , sino la exis tencia de una relación estable entre las ban­
esas constricciones, interiores al mo do de producción , son al das, por tanto, de una relación que se reproduce y permite la
m ismo tiempo los canales por los cu ales el modo de producción reproducción de cada una de esas bandas. Por consiguiente, lo
determina en último análisis la naturah:za de las diversas ins­ que en este caso podemos explicar es la razón de la forma y
tancias de la sociedad mbuti, y como los efectos de esas cons­ de) cOllte/1ido de las relaciones sociales de propiedad, y la uti­
tricciones se ejercen simultáneame/lte sobre todas esas instan­ lización de este recurso fundamental que es el territorio de
cias, por la acción de ese sistema de constricciones, el modo de caza y de recolección, esta porción de la naturaleza erigida en
p roducción determina la relación y la articulación de todas esas "tienda de víveres primitiva» y en «laboratorio de medios de
instancias en tre sí y en relación con el mismo modo de produc­ producción" ( Marx). Lo que en este casa se hace evidente es el
ción, es decir, deter mina la estructura general de la sociedad funda mento, en el propio proceso de producción, de las reglas
en tanto que tal, la fo r ma y función específicas de cada una de y de las leyes hab ituales de apropiación y de utilización de la
naturaleza. Ahora bien, const ituye u n paso fundamen tal en el
las instancias que la com ponen. Buscar y descubrir el sistema
método de Marx descubrir el fundamen to fuera de la concien­
de constricciones que es tán detenninadas por un proceso social
cia del sistema de normas conscientes de la práctica social de
de producción y que constituyen las condiciones sociales de su
los agentes de producción que operan en el seno de un modo
reproducción significa proceder epistemológicarnente de tal ma­ de producción determinado. Sin embargo, este paso habi t ual­
Dera que se pueda poner de manifiesto la causalidad estructu­ mente es ignorado por completo o caricatuT'izado por los mar­
ral de la economía sobre la sociedad y, al mismo tiempo , la es­ xistas; en este aspecto coincidimos con algunos análisis críticos
tructura general específica de esta sociedad, su lógica de con­
de Charles Bettelheim sobre la confusión que ha reinado, en la
junto, teniendo en cuenta que esta causalidad de la economfa,
teoría y en la práctica de los economistas y de los dirigentes de
esta estructura general de la sociedad y esta lógica específica los países socialistas, en tre aspec to jurídico y contenido real de
de con junto no son jamás fenómenos directamente observables
las relaciones de producción 41.
como tales, sino hechos que deben ser reconstruidos por el pen­ La esfera de lo «jurídico» desborda ampliamente el campo
samiento y la práctica científicos. La prueba de la «verdad » de de las normas de acción de los individuos y de los grupos res­
esta reconstrucción sólo puede estar en la capacidad que ofre­ pecto a su territorio de caza y de recolección y respecto a sus
ce de explicar todos los hechos observados y de plantear nue­
vas cuestiones al investigador de campo 38, cuestiones que exi- de parentesco, a la movilidad de las bandas, a los cazadores de m'co, etc.
Estoy muy agradecido a C. Turnbull por su paciencia y cooperación.
J' Me permito aludir a una correspondencia continuada que mantengo )9 Wayward Servanl s, p. 149.

desde hace una decena de meses con C. Tumbull . lo que nos ha permi­ .. ¡bid., p . 174.
do clari fi car problemas que el autor no habia planteado o desarrollado " Ch. Bcttelhcim : Calctll écorlo miqu e el fonm es de propriété, Maspero,
en sus obras publicadas, sobre todo en lo concerniente a las relaciones 1969. lHay traducción castellana en Siglo XXI, 1973.)
164 Maurice Godelzer Enfoques funciona1isla, estructuralista y marxista 165

meclios de producción. pero no nos podemos detener sobre este relativa del control colectivo sobre el individuo (constricción
aspecto, así que analizaremos rápidamente los efectos estruc­ nÚDlero 3) Y sobre la pareja explica la precariedad del matri­
turales del modo de producción sobre las relaciones de paren­ monio, notable entre los mbuti 4-4.
tesco de los mbuti. También en este caso, los hechos y las nor­ Los efectos estructurales del modo de producción sobre la
mas están de acuerdo con la estructura del modo de produc­ consanguinidad son perfectamente complementarios de los
ción y con las constricciones que impone, principalmente, la efectos sobre la alianza. Los mbuli, como admirablemente ha
constricción número 3 a la «no clausura» de las bandas, al man­ demostrado Tumbull, no poseen verdaderamente organización
tenimiento de una es tructura de fl ujo entre cUas . La terminolcr de linaje, y tan sólo de un modo abusivo o torpe se puede ha­
gía del parentesco insiste ante todo en la cliferencia de las ge­ blar de «segmentos» de linaje cuando se quiere designar grupos
neraciones y en la diferencia de los sexos, lo que reproduce la de hermanos que viven en la misma banda. El hecho de que
fonna de la cooperación en el proceso de producción (constric­ no existan intercambios matrimoniales regulares Y orientados
ción número 2). Pero, sobre todo, si se analizan los aspec tos de entre las bandas de manera que cada generación haya de seguir
la alianza, se puede constatar que la preferencia por el ma­ la dirección tomada por sus antepasados y reproducirla, prohí­
trimonio en bandas lejanas y la prohibición de casarse en la be toda continuidad e impide la constitución de grupos consan­
banda de donde provienen la madre y la madre del padre son guíneos de gran profundidad genealógica y preocupados de con­
normas positivas y negativas de acuerdo con la constricción nú­ trolar su continuidad a través de sus necesarias segmentaciones.
mero 3, porque prohfben la «clausura» de los grupos y s u cons­ Al m ismo tiempo constatamos que, para que la sociedad se
titución en unidades cerradas que intercambiasen mujeres tie reproduzca a través de los intercambios matrimoniales, es pre­
forma regular y orienlada, puesto que al tomar mujer en la ciso que existan al menos cuatro bandas para que puedan exis­
banda de donde provienen mi madre y m i abuela reproducirla tir esas relaciones matrimoniales. La banda A de Ego, ]a ban­
el matrimonio de m i padre y/o el de mi abuelo y reproduciría da B de donde proviene su madre, la banda e de donde
relaciones anteriores y antiguas; por tan to, convertiría en per­ proviene la madre de su padre y la banda X donde va a en­
manentes las relaciones ent re las bandas, entabladas en cada contrar esposa y de la q ue sólo sabemos que no puede ser una
generación a propósito del intercambio de mujeres necesario banda adyacente.
para la reproducción de la sociedad y de cada ban da como tal.
Además, prohibiendo al mismo liernpo el intercambio ma­
trimonial con las bandas vecinas de los territorios adyacentes ,.' ~~~-~~ . . . . . . . ' , . ~~---~" ....

se hace aún más imposible la constitución de bandas cerradas


sobre sí mismas (constricción número 3).
~
(X, e
........ "
A B (x)
.....

Por consiguiente, las constricciones 1 y 3 actúan sobre las


modalidades de la alianza, y al mismo tiempo explican el he­
cho de que el matrimonio sea sobre todo un asun to de inter­ En el plano metodológico, fácilmente se constata hasta qué
cambio entre· familias nucleares e individuos u, lo que preser­ punto seria erróneo creer que se puede estudiar la lógica de
va la estructura fluida de las bandas, y al mismo tiempo explica funcionamiento de una sociedad a partir de una conquista he­
que la banda, en tanto que tal, no intervenga más que para de­ cha en una banda o en una unidad local.
terminar la residencia de l.:, nueva pareja, lo que tiene una gran Otros efectos de las constricciones planteadas por el modo
importancia, puesto que ún icamente con ocasión de su matri­ de producción se manifiestan cuando Se analizan ]as relacicr
monio el joven recibe una red fabricada por su madre y su tío nes políticas que existen entre las bandas o en su seno. Esos
materno y participa corno cazador de pleno derecho, es decir, efectos son otros en su contenido porque se ejercen sobre una
como agente de producción total, en la reproducción de la instancia diferente, irreductible a los elemen tos del proceso de
banda (constricción número 2) 0. Al mismo tiempo, la debilidad producción, pero son isomorfos a los efectos producidos sobre
las otras instancias de la sociedad mbuti. Esta isomorfia nace
u Wayward Servants, p. 110.

.. ¡bid., p. 141.
.. ¡bid., p. 132.

loo
166 Maurlce Godelier Enfoques funcionalista, estructuralista y marxista 167

del hecho de que todos esos efectos diferen tes se deben a una terio con la mujer del otro y su enfrentamiento amenaza con
misma causa que actúa simultáneamente en todos los niveles degenerar en violencias físicas y en asesinato, el bufón o la
de la sociedad. Nuestra maner a de practicar el análisis estruc­ bufona hinchan desproporcionada y artificialmente la impor­
tural en el marco del marxismo, a diferencia del materialismo tancia de un conflicto menor que opone a otros individuos, c y d,
cultural vulgar o del pretendido marxismo de algunos, no re­ por ejemplo, y al cabo de varias horas de gritos y discusiones,
duce, por tanto, las diversas instancias de una sociedad a la a y b acaban encontrándose en el mismo campo contra d, lo
economía ni representa la economía com o la única realidad que permite q ue disminuya la intensidad del conflicto que les
au téntica de la que todas las otras instancias no serían m ás que enfrentaba. Tan sólo en dos circunstancias la banda prac tica la
efectos diversos y fan tasmagóricos. Nuestra forma de practicar violencia represiva: cuando un cazador ha situado secretamen­
el marxismo tiene en cuenta plenamente, es decir, rigurosa y, te su red individual delante de las redes, colocadas j untas, de
por tanto, realmente, la especificidad de todas las instancias y, los cazador es, apropiándose indebidamente una parte mayor de
por consiguiente, su relativa autonomía. caza y transformando, por tanto, en ventaja individual el es­
Dos rasgos caracterizan las r eglas y la práctica política de fuerzo comú n de la banda, cazadores y ojeadores (mujeres y
los pigmeos m buti: a) la débil desigualdad de estatuto y de niños), y cuando en un festival Molino en honor de la selva
autoridad política entre los individuos, h ombres y m ujeres, un hombre se queda dorm ido y olvida cantar al unfsono los
y entre las generacion es, ancianos, adultos, jóvenes. La des­ cantos sagrados e n el momento en que la selva responde a la
igualdad favorece a los hombres adultos en relación con las llamada de los hombres haciendo oír su voz por mediación de
mujeres y a los hombres de edad en relación con los individuos, las flautas sagradas que penetran en el campamento llevadas
hombres o mujeres, de las gener aciones más jóvenes; b) el re­ por jóvenes,
chazo sistemático de la violencia, de la represión colectiva para En ambos casos, el ladrón y el hombre donn ido, han roto
solucionar los conflictos entre los individuos y entre las bandas. la solida r idad interna del grupo, amenazando con ello sus con­
En el primer caso, a partir del momento en q ue la desigual­ diciones de reproducción reales o imaginarias (constricción nú­
dad amenaza con desarrollarse, por ejemplo, cuando un gran mero 2). E n ambos casos el culpable es abandonado solo y sin
cazador de elefantes quiere transformar su prestigio de ca­ arruas en medio de la selva, donde no tarda en morir, a menos
zador en au toridad sobre el grupo, la respuesta insti tucional es que la banda que lo exilió venga a buscarlo. Por tanto, se confía
la p r áctica de la bu rla, las bromas públicas, en resu men, una a la selva la tarea de sancionar de forma inapelable las viola­
práctica de erosión sistemática de los intentos de desarrollar cio nes mayores de las reglas de la reproducción social de la
la desigualdad más alJá de ciertos límites compatibles con la banda en tanto que tal. Aun cuando realmente es la banda
coopcración (constricción número 2) voluntaria y siempre pro­ q uien prácticamente ha condenado a muerte al culpable, todo
visional (constricción número 3) de los individuos en el seno sucede en cambio como si fuese la Selva quien le castigase.
de una banda. En cl segundo caso, la respuesta a cualquier Nos encontramos fren te al proceso de fetichlzación de las re­
conflicto que amenaza seriamente la unidad de la banda o las laciones sociales, es decir, de inversión del sentido de las cau­
relaciones entre las bandas consiste en recurrir sistemática­ sas y de los efectos, proceso sobre el que volveremos a insistir
mente a una solución de compromiso o a la diversión. En cada cuando analicemos la práctica religiosa de los mbuti del culto
banda, un individuo úesempefia el papel de bufón (Colin Turn­ a la Selva.
bull desempeñó este papel sin saberlo duran te los primeros. me­ En los conflictos entre las bandas se evita igualmente la vio­
ses de su estancia con los mbuti), que se encarga de neutralizar lencia, y todos los observadores coinciden en señalar como un
los conflictos serios que pueden conducir al drama, al asesi­ hecho notable la ausencia de guerra entre los pigmeos. Cuando
nato y, por tanto, a la escisión de la banda O amenazan el buen una banda caza en el territorio de otra, envía una parte de la
entendimiento interior necesario para la cooperación y la re­ caza capturada a los miembros de la banda que ocupa ese terri­
producción (constricción número 2). Para neutralizar los con­ torio y el conflicto queda solucionado por ese compromiso de
flictos, el bufón practica sistemáticamente la diversión, e incita reparto. ¿Por qué motivos la guerra ha sido eliminada de la
a la escalada de las diversiones. Si dos individuos, a y b, se en­ práclica polllica de los mbuti? Porque implica oposiciones que
frentan seriamente porque uno de ellos ha cometido un adul- tienden a hacer cristalizar los grupos en fronteras rígidas, a
168 Maurice Godelier Enfoques funcionalista, estructuralista y marxista 169

excluir a los otros grupos de la utilización de un territorio y absolutamente necesario si se pretende explicar el contenido,
de los recursos que ofrece, a poblar o a despoblar a los gru­ la forma y la función de la religión de los mbuti, que domina
pos según resulten vencedores o vencidos y a romper los frági­ su ideología y su práctica simbólica.
les equilibrios necesarios para la reproducción de cada banda En esta ocasión nos tenemos que limitar a alusiones casi en
y de la sociedad en su conjunto. La guerra, por consiguiente, el límite de lo descifrable. La práctica religiosa de los mbuli
es incompatible con las constricciones 1, 2 Y 3 del modo de adopta la forma de UJ1 cuHo a la Selva. Esta práctica es diaria
producción, tomadas separadamente y en sus relaciones reci­ y está presente en todas sus actividades: por la mañana, antes
procas. Por idénticas razones se explica la ausencia de prácticas de salir para la caza; por la tarde, a la vuel ta y antes del mo­
de brujería ent r e los mbuti, porque la brujería supone relacio­ mento del reparto de la caza obtenida, etc. Las circunstancias
nes de sospecha, de miedo, de odio entre los individuos y ros más excepcionales en la vida de los individuos o de las bandas
grupos e impide el buen entendimiento, la cooperación colecti­ -nacimiento, pubertad de las jóvenes, muerte- motivan la ce­
va y continua de los miembros de la banda. Analizar esto nos lebración de ritua les; entre éstos, los más importantes son e l
llevaría demasiado Jejos, ya que sería preciso comparar los ca­ Festival Elíma para la pubertad de las jóvenes y el gran Fes­
zadores mbuti con sus vecinos, los agricultores bantúes, que tival Molimo por la muerte de u n adulto respetado. En caso
practican con intensidad la brujería. de epidemia, de malas cacerías repetidas, de accidentes graves,
Podríamos llevar mucho más lejos estos diversos análisis la banda r eafiza «pequeños Molimo». En todas estas circunstan­
para dar cuenta, por ejemplo, de todas las razones q ue hacen cias, cotidianas o excepcionales, de la vida individual y colec­
que la existencia del big-tnen, que goza de u na gran autoridad ti va, el mbuti se vuelve hacia la Selva y le rinde culto, es decir,
individua l sobre su banda, o la de una jera rquía política perma­ baila y, sobre todo, canta en s u honor.
nente y centralizada sean incompatibles con las cond iciones de Para los mbuti la Selva es «Todo » ~5, la Selva es el conjunto
reproducción del modo de producción. La posibilidad q ue tie­ de todos los seres, animados e inanimados, que en ella se en­
nen los individuos de abandonar en cualquier momento una cuentran , y esta realidad s uperior a las bandas locales y a los
banda para unirse a olra, la inexistencia de relaciones de pa­ individuos existe como una Persona, una divinidad, a la que se
rentesco de linaje, de una continuidad en las alianzas, etc., to­ dirigen en los términos que designan a la vez al padre, a la
dos esos factores convergen para hacer imposible la acumula­ madre', al amigo e incluso al amante. La selva les aísla y les
ción de autoridad en manos de un solo inclividuo que eventual­ protege de los habitantes de los pobl ados bantúes, prac tica sus
mente la transmitiera a sus descendien tes, culminando así en dones de caza y de miel, expulsa a las enfermedades, castiga a
una jerarquía de poderes políticos en beneficio de un grupo los culpables . La selva es la Vida. La muerte sobreviene a los
cerrado de parentesco, de linaje o de otro tipo. En es ta etapa hombres y a los seres vivos porque la selva se ha quedado dor­
de la investigación histórica lo que se pretende es el descubri­ mida y hay que despertarla 46 para que continúe prodigando el
mien to de la acción específica de cada instancia, acción que se alimento, la buena salud, el buen entendimiento; en resumen,
combina con la de las constricciones inherentes a l modo de pro­ la felicidad y la anuonía social de [os mbuti, cualquiera que
ducción: e l efecto, por ejemplo, del contenido y de la forma de sea la banda a la que pertenezcan. La afirmación de la depen­
las relaciones de par entesco mbuti, relaciones que no son de li­ dencia y de la confianza de los mbuti en la Selva culmina en
naje, sobre las formas sociales de la autoridad, que se combina el gran ritual Molimo que se celebra con ocasión de la muerte
con Jos efectos directos que e l modo de producción puede tener de un adulto es tim ado. A veces dW'ante un mes, la banda caza
sobre todas las relac iones políticas (ausencia de guerra, fluidez diariamente con mayor intensidad que de ordinario y el botín,
en la adscripción de los individuos a las bandas, etc.). Nos en­ más abundante, se distribuye y se consume en un festín seguido
contramos aquí en presencia del com plejo problema ep istemoló­ de danzas y can tos que duran casi hasta el alba , y a la mañana
gico del análisis de los efectos recíprocos, convergentes o diver­ siguiente, la voz de la Selva llama a los mbuti a nuevas cace­
gentes, que se suman o se liInitan recíprocamente, de todas las rías y a nuevas danzas y ¡pobre de aquel al que la fatiga de la
instancias, las unas sobre las otras, sobre la base de su relación
específica, de su articulación general, tal como las determina, ... C. Tumbull, pp. 251-253.

en último análisis, el modo de producción. Y este análisis es .. C. TumbuU, p. 262.

12
Enfoques fundor/alis ta, estructLlralista y marxista 171
170 Maurice Godelier
partidarios de la ecología cultura1 47 o del marxismo 48, o inclu­
noche le impida despertarse cuando se oye esta voz y cuando
so han sido completamente silenciadas ~9. Habitualmente, el es­
las trompetas sagradas penetran en el campamento sobre las
espaldas de jóvenes llenos de vigor y fuerza! El culpable que tudio de esas realidades se hace desde una perspectiva idealis­
ha inte n-umpido la comunicación, la unión con la Selva puede ta, ya se presente como funciona Lista, como los estudios de Tur­
ser inmediatamente ejecutado, o si no desterrado, abandonado, ner, o estructural isla. Las relaciones entre la práctica simbóli­
solo. en la selva. que le castigará dejándole morir. Aqur pode­ ca de una sociedad y su modo de producción jamás son explo­
mos descubrir el isomorfismo ent re ambos casos de repl."c­ radas, porque el idealismo es impo tente para descubrirlas y
sión. No cazar con todos y no cantar con todos significa rom­ para reconstruirlas, cuando no las niega dogmáticamente. Aho­
per la cooperación y la unidad necesarias en la banda para la ra bien, en este caso nos encontramos con uno de los principa­
reproducción de sus condiciones reales e imaginarias de exis­ les problemas teóricos, cuya solución pemütirá explicar en par­
tencia (constricción número 2). te las condiciones y las razones del nacimiento de una sociedad
Por lanto, lo que representa la Selva es . por una parte, la de clases y del Estado y, por consiguien te, el movimiento de la
rea lidad supralocal , el ecos is tema natura l en cuyo seno los historia que ha conduc ido a la desaparición de la mayor parte
pigmeos se repro ducen como sociedad, y, por otra, el conjunto de las sociedades sin clases. Intent aremos mostrar a t ravés de
de las condiciones de la reproducción material y social de su un ejem plo cÓmo abordar el a náli sis de la relación entre prác­
sociedad (la Selva, como divinidad que prodiga la caza, la bue­ tica simbólica y modo de producción para resaltar la función
na salud, la armonía social, cte.). La religión de los m b uti es, de esta práctica simbólica en la reproducción de las relaciones
por consiguiente, la instancia ideológica donde se represent:m sociales en su conjunto.
las condiciones de reproducción de su modo de p roducción y El ejem plo es el del gran ritual Molímo de los mbuti, que
de su sociedad, pero esas con diciones se representan en ella a dura a veces un mes, y se celeb ra con motivo de la muerte de
la inversa, de forma «fetichizada» , «mítica». No son los caza­ un adulto respetado. Du rante el Molimo, la caza se prac tica de
dores los que atrapan la caza, es la Selva qu ien les hace don forma mucho más intensa y el botín captur ado es en general
de una determinada cantidad de caza para q ue ellos la atrapen m ucho más ab undan te que de ord inario. La práctica religiosa
y puedan subsistir y reproducirse. Parece como si existiera una im plica , p ues . UDa in te nsifica ción del proceso de producción,
relación recíp roca entre personas con poder y estat uto diferen­ un trabajo suplementario que permite aumentar la cantidad de
tes, puesto que, a diferencia de los hombres . la Selva es omni­ caza para dist ri buir . lo que da lugar a una intensificación de
p resente, omnisciente y omnipoten te. Respec to a ella los hom­ los repa rtos , y se termina con u n consumo excepcional que
bres t ienen act itudes de reconocimiento, de am or, de amistad transforma la com ida de la tarde en un fes tín y la vida ordina­
respetuosa y es a ella a quien respetan cuando se prohiben a ria e n un a fiesta que finaliza en danzas y can tos al un ísono, a
sí m ismos matar inj ustificadamente animales, destruir espec ies través de los cuales los m b uti com ulgan con la Selva. la «ale­
vegetales y animales (represen tación en la conciencia de la gran », atrayendo sobre ellos sus beneficios, su presencia vigi­
constricción núme ro 1 y de las condiciones de renovaciÓn del lante, que lleva consigo la caza abundante, la salud, y aleja la
proceso de caza y de recolección de determinadas especies na­ epidemia, el hambre , la discordia, la muerte. El ritual Molimo
turales). constituye, por consiguiente, un trabajo simbólico que preten­
Pero la religió n de los mbuti no es solamente un sistema de de, según la expres ión de Tumbllll , «recrear la vida y la socie­
representaciones ; es al mi smo tiem po una práctica social que dad, combatir las fuerzas del hambre, de la desunión, de la
desempeña un papel fundamental en la reproducción m isma ge
la sociedad. <T Con la notable éxccpción de Roy Rappaport en su libro Pigs for (he
¿ Ofrece nuestro método la posibilidad de construir la teo­ Ances lors.
ria de los procesos de fetichización de las relaciones sociales y, .. Por Claudc Meillassoux, por ejemplo, cn su articulo sobre los estu­
más allá de las diversas variedades de fetichismo ideológico, re­ dios de Colín Twnbull.
.. Con la excepción de estudios de valor como, por ejemplo, los de
ligioso o político, de abordar científicamente el campo de las Pierre Bonnafe, . Un aspect rcUgieux de l'idéologic lignagere: le nma des
prácticas simbólicas? Hasta ahora estas diversas realidades han kukuya du Congo-Brazzavillc», Caftiers des Religions Af riCaill es, 1969, pá­
sido muy maltratadas por los materialistas, ya se proclamen ginas 209-296, o, en Francia, los de Marc Augé o P. AJlbabe.
172 Maurice Godelier Enfoques funcionaZista, estructuralista y marxista 173

inmoralidad, de la desigualdad, de la muerte», y expresa «la pre­ extraen su sustancia, el peso de su existencia y la eficacia de su
ocupación dominante de los mbuti, que consiste en perpetuar, presencia en la juntura, en la articulación oculta de su modo de
no a los indh.riduos O a los linajes, sino a la banda y a los producción y de las ínstancias que le corresponden. Aparente­
mbuli en tanto que tajes». A través de la mayor intensidad de mente dirigidas hacia seres y relaciones imaginarios que des­
la caza y la abundancia del botln a repartir, se intensifican . bordan la sociedad humana, y q ue son idealidades sín objetos
y exaltan la cooperación y la reciprocidad, disminuyen las ten­ que les correspondan, en realidad apuntan hacia el fondo más
siones en el interior del grupo y descienden hasta su más bajo profundo, el in terior más l-ecóndito de su sociedad, hacia la
nivel o entran en un período de hibernación, sin que, por su­ j u ntura invisible que suelda en u n todo capaz de reproducirse,
puesto, desaparezcan; las danzas y los cantos polifónicos impli­ en una sociedad, sus diversas relaciones sociales. Lo que se
ca n la participación y la unión de todos los individuos. En re­ presenta ante sus conciencias y aparece gajo los rasgos y atri­
sumen, a través de todos sus aspeclos, material, político, id..:o­ butos de la Selva, es, en reali dad , esa j un tura invisible e n el
lógico, emociona l y afectjvo, la prác tica religiosa amplía y exal­ «interior, p¡·óximo y lejano a la vez», de su sociedad , y es sobre
ta todos los aspectos positivos de las relaciones sociales, permi­ esta juntura --es decir , sobre ell os mismos, sobre esas condi­
tiendo atenuar al máx imo, poner sordiqa provisionalmente (si n ciones politicas e ideológicas de la reproducción de su socie­
anularlas) a todas las con tradiccion es contenidas en el seno de dad- sobre lo que actúan cuando rechazan lo más lejos posi­
esas relaciones sociales . La práctica religiosa consti tuye, por ble, atenuándolas al máxima, las contradicciones y las tensio­
tanto, un verdadero trabajo social sobre las cO '1 tradicciolles de­ nes que necesariamente son engendradas por la propia estruc­
terminadas por la estructura del modo de producción y de las tura de sus relaciones sociales, al un irse para realizar los ges­
demás relaciones sociales, trabajo que const ituye una de las tos rituales, la caza, los festines, las danzas y los cánticos en
condiciones esenciales de la reproducción de esas relaciones, honor de la Selva, madre que dispensa todos los bienes y padre
tanto de las de producción como de las que corresponden a las que protege de todos los males, guardi án vigilante de la buena
restantes instancias sociales. Lejos de no tener nada que ver conducla de los p igmeos, sus hijos, y de su futuro.
co n la base m aterial y el modo de producción, como pretende­ Al m ismo tiempo que dirige la teoría y la práctica hacia el
rían algunos ideaUstas, la práctica religiosa es, al mismo tiem­ lugar donde se sut uran sus relaciones sociales en un todo que
po, una práctica material y una práctica po litica, y se sitúa en debe reproducirse como tal, la religión es tanto un forma de
el centro del proceso de reproducción de ese modo de p roduc­ presentación y de presencia de esta sutura como una forma de
ción . Pero, aun en este caso, la práctica social está representada acción sobre ella tales que, en el preciso momen to en que se
«a la inversa» y es vivida de forma «Eetichizada», ya que la res­ presenta e n la conciencia y se ofrece a la acción, esta sutura
tauración de la armon ía, el buen entendimiento excepcional, la se convierte en objeto de desconocimiento teórico y en obj etivo
abundancia, la felicidad, frutos de la cooperación más intensa, ilusorio de la acción práctica . Al m ismo tiempo presente y disi­
de la reciproc idad más amplia, de la comunión emocional más mulada en su modo de presentación, la articulación invisible
profunda que nacen de las mismas relaciones de los hombres de las relaciones sociales, su fondo y su forma interiores, se
entre sí en esas circunstancias excepcionales, son representados convirten en el lugar en que el hombre se aliena, donde las
y vividos como el efecto y la pl1Jeba de la p resencia más pró­ relaciones reales entre los hombres y entre las cosas se pre­
xima, de la generosidad más intensa de la Selva, del ser im agi­ sentan al revés, [etichizadas.
nario que personifica la unidad elel grupo y las condiciones mis­ Terminaremos aquf , en el umbral de lo que podría ser la
mas de su reproducción . teoría marxista de la religión y de la práctica simbólica, la de­
La religión de los mbuti no es, pues, un dominio de sombras mostración de las posibilidades teóricas que ofrecería la utiliza­
fantásticas proyectadas sobre el fondo de su conciencia por una ción sistemática del método que proponemos para explorar las
realidad que existiría por sí misma como tal, sólida, material: relaciones entre economía, sociedad e historia, así como para
la realidad de sus relaciones sociales en la producción de los descubrir y reconstruir los fundamentos, las formas y los ca­
medios materiales de su existencia. Lejos de ser e l reflejo fan­ nales de la causalidad, de la delerminación en último análisis
tasmagórico, pasivo y caricaturesco de una realidad que opera­ que ejercieron o ejercen, a través de los sistemas de constric­
ría en otra parte, esas representaciones y esa práctica religiosa ciunes que engendran y que condicionan su reproducción, los
Enfoques funciol1alista , estructuralista y marxista 175
174 Maurice Godelier
tructurales no intencionales de las relaciones sociales . así corno
diversos modos de producción que se han desarrollado o se
su jerarquía y articulación propias sobre la base de modos de
desarrollan en la historia. producción determinados. Porque expresan las condiciones ob­
De este modo hemos llegado a un punto donde desaparecen jetivas de la reproducción y, por consiguiente, también de la
las oposiciones y las distincioncs entre a ntropología e historia, no reproducción de esos modos de producción y de su articula­
a un pun to donde ya no es posible cerrar tras él, constituir en cióll con las otras instancias de la soc iedad, esas leyes son al
un campo autónomo, fet ichizado, el a nálisis de las relaciones y mismo ticmpo leyes de funcionamiento y leyes de transforma­
de los sistemas económicos so. Por tanto, no es posible q uc en­ ción, de e\'OluciÓn. Por ello mismo, la oposición enlre sincronía
cuentre un lugar, en la perspectiva m a rxista en la que nos si­ y diacronía podrá ser superada, cosa que hasta ahora no han
tuarnos, lo que comúnmente se entiende por an tropología eco­ podido realizar ni el funcionalismo n i el cstructura}jsmo.
nómica, ya sea . fonnalistalO o «sustantivista». La tarea de Unicamc nte u na teoría y un método que permitan pensar y
descubrir y recons truir por el pe nsamiento los m odos de pro­ a nalizar la forma, las funciones, la jerarquía y cl modo de ar­
ducción que se han desarrollado o se desarrollan en la histo ria ticulación, las condiciones de aparición y de tran s formación de
es algo más y algo distinto q ue constitu ir un a antropología eco­ las relaciones socialcs podrán superar radicalmcnte las impo­
nómica o cualquier otra disciplin a que recibiera un nombre tencias del fLlllc ionaJismo y del estructuralismo y poner fin al
parecido. Esta tarea exige el replanteamiento general 5l del estado de fl uctuación e impotencia que exper irm:n tan las cien­
c.a mpo de los problemas teór i.cos que plantea el conocimiento cias del homb re. A diferencia del marxismo habitualmen te prac­
de las sociedades y de su historia, es decir, los p roblemas del t icado y q ue se convierte rápidamente en m aterialismo vu lgar
descu brimie nto de las leyes, no «de la Historia» en general. que afirmamos que Marx, al distingu ir infraes truc tura y superes­
constituye un concepto sin objeto que le corresponda , sino de t ruc tu ra y suponer que la lógica profun da y el movimiento ge­
las d iversas formaciones económicas y sociales que analizan el neral de las sociedades y de la hi s tor ia dependian , en último
historiador, el antropólogo, el sociólogo o el econom ista. E sas a nálisis. de las t ra nsformaciones de la infraestructura, no hizo
leyes existen, y no h acen más que exp resar las propiedades es­ más que poner de manifiesto por primera vez la existencia de
un a jerarquía de dis tin ciones funcionales, sin prejuzgar cn
50 La obra de Claude Meillassoux. AIl{/¡ropologie écollol/1iq ue des Gou­
ro de C61e d'/lIoire, Mouton, 1964 , (;on stituye un ejemplo dI.: (!Sos intentos modo algu no la natL/raleza de los elementos que asumen esas
q ue dejan (h; lad o el amilisis profu ndo de las rclac ioni.!.~ de parentesco , fun cion es (parentesco, religión , poütica, etc. ) ni el número de
de las representaciones y de las prác ticas rel igiosas. funciones que pueden e ncarnarse en un solo elemen to 52.
1I Este replan teamiel1 to no podrá llevarse a cabo más q ue p rocedien­
Por consiguien te, se comprende ·por qué semejante método
do paso a paso mcruante la construcción de Tl uevas cue~lio n es a p a rtir
de los resultados obtenidos en cada etapa. A partir, por ej emplo, de nues­ teórico, libre de todo prej uicio, podría ser el ins t rumen to ta nto
tro análisis de las relaciones de parentesco y de las relaciones políticas de revoluciones teóricas como de revoluciones sociales. Y fi­
en el seno de las bandas mbuli, se p lantea la cuestión de descubrir en nalizaremos con una cita de Engels, muy poco conocida de ]os
qué condiciones se constituyen grupos de parentesco de contornos cerra­ marxistas que desprecian la antropología o de los ant ropólogos
dos y que proceden a inlerc.1mbios de mu jeres regulares y 'JriClltados,
como ocurre en los s istemas de mitades, de secciones o de subsccciones que desprecian a Engcls:
de los aborígenes austra lianos, que son también cazadores y recolecto-'
res, como los mbuti. Se trataría asimismo de saber en qué condiciones «Para llevar plenamen te a cabo esta crítica de la economía
apareCL'TI sociedades verdaderamente segmenta rias y en e l seno de las burguesa no bastaba con el conocimiento de la forma capita­
cuales. en vez de la discontinuidad de las generacio nes y de la !Iuidez de lista de la producción, el intercambio y la distribución . Habia
las relaciones sociales características de los m buti o de los bosquimanos, que estudiar también, al menos en sus rasgos capitales, y consi­
aparece n grupos cerrados sob re sí mismos y basados sobre la continuidad
de las generaciones y la permanencia de las relaciones sociales . derar comparati vamente las formas que la han precedido o que
Se puede observar que, si en lugar de u n intercambio irregular de mu­ aún subsisten a su lado en países poco desarrollados», Al1ti-Diih­
jere!. cntn: ~uat ro band~IS por lo menos de conlornos no cerrados . nos ril1g (1877 ).
encontrásemos ante un intercambio l'cgular entre coatTo grupos intercam­
bistas de contornos cerrados. se engendraría entonces un sistema de pa­ ~ Véanse los anális is de Jonathan Friedman en Syslem, Slructures and
ren tesco de tipo Aran da. E l método para u n replanteamiento general de COlllradictiO/ls il! soml! Asiatic Societies . Ph. D. dissertatioll, Columbia,
los problemas de la antropología no puede ser más que un método de
junio de 1972 (manuscrito).
construcción de matrices de transformación .
IV. EL CONCEPTO DE .. FORMACION ECONOMICA
El concepto de «formación económica y social.
, 177
y SOCIAL,,: EL EJEMPLO DE LOS INCAS *

sea cual fuere su origen, esos elementos de la superestructura


se encuentran de este modo, en cierta [arma, redefinidos, car­
gados con un nuevo contenido.
Sin entrar en los detalles, tomemos el ejemplo inca:
Sabemos que, en el seno de numerosas tribus sometidas a
mediados del siglo xv por los incas e integradas en su imperio
y en su economía, la producción se basaba en el funcionamien­
to de los ayllu, comunidades a ldeanas locales donde residían
grupos de parentesco del tipo de linaje. La propiedad del suelo
La noción de «formación económica y social" parece desti­
nada ante todo al análisis de realidades históricas concretas, era comwü taria, y la tierra era redistribuida periódicamente
singulares, aprehendidas en el tiempo real, irreversible de un entre las escasas familias, sin que éstas pudieran t ransformar
período determinado de la historia. Intentaremos, a título de ese derecho de uso en derecho de alienación, es decir, en al­
ejemplo, definir La "formación económlca y social» caracterís­ guna forma de propiedad privada, separada de la propiedad
tica del Imperio inca en el siglo XVI , en vísperas de la conquis­ comunal. Igualmente, el trabajo revestia W1a forma comunita­
ta española. Definir una formaciÓn económica y social es pro­ ria, consistente en la ayuda recíproca de los aldeanos en la
ducir una definición sintética de la naturaleza exacta de la di­ realización de las diferen tes tareas productivas. El jefe de la
versidad y de la unidad especifi cas de las relaciones económ icas aldea, el cu raca, era el primer beneficiario de esta ayuda mu­
y sociales que caracterizan una sociedad en una época deter­ tua aldeana, y se cult ivaban especialmente tierras comunales
minada . Producir esa definición sintética equivale, en la p ers­ para el sostenimiento de las tumbas, de las divinidades y de los
pectiva del marxismo, a realizar un determinado n úmero de jefes locales. Nos encontramos, pues, ante un modo de produc­
pasos científicos para: ción basado en la cooperación de los productores directos, li­
1. Identificar el número y la naturaleza de los diversos mo­ gados entre sí por lo que el cronista espafiol, BIas Valera, lla­
dos de producción q ue se encuentran combinados de una forma m aba «la ley de la fraternidad. , es decir , por las obligaciones
singular en e l seno de una sociedad determinada y que con.st i­ recíprocas en tre parientes y vecinos. Había desigualdad social
tuyen su base económica en una época determinada. entre Jos jefes y la gente común, pero no muy acusada. Cuando
2. Identificar los diversos elementos de la superestructura cayeron bajo )a domin ación del Estado inca, estas comunida­
social e ideo lógica q ue corresponden por su origen y su funcio­ des, o al menos los grupos étnicos y tribales que estaban or­
namiento a eso~ diversos modos de producción. ganizados en comunidades del tipo descrito, experimentaron
3. Definir la forma y el contenido exactos de la articula­ una profunda transformación . Una parte de sus tierras fueron
ción, de la combinación de esos diversos modos de producción expropiadas, convirtiéndose en propiedad del Estado o de la
que se encuentran entre sí en una relación de jerarquía, en la Iglesia. Las comunidades perdieron asimismo una parte de sus
medida en que uno de los modos de producción domina a los derechos comunitarios antiguos sobre las tierras que conserva­
o tros y, en cierto modo, los somete a las necesidades y a la ban, puesto que el Estado inca reivindicaba un derecho emi­
lógica de su propio modo de funcionamiento, integrándo!o~ nente sobre todas las tierras del reino, por tanto, un derecho
más o menos en el mecanismo de su propia reproducción. de control del uso de esas tierras, lo que abolla la antigua auto­
4. Definir las funciones propias de todos los elementos de nomía de esas comunidades; sobre las tierras que mantenían
la superestructura y de la ideología que, pese a sus orígenes bajo su control, las formas del uso del suelo seguian siendo las
diversos, correspondientes a modos de producción diferent~s, mismas que antes de la conquista inca, y la producción conti­
se encuentran combinados de una manera especifica, según la n uaba revistiendo una forma comunitaria. Sin embargo, se ha
forma en que se articulan los diversos modos de producción; bIa establecido un nuevo modo de producción.
Las tierras apropiadas por el Estado eran desde entonces
* Publicado en La Pensée, nUm. 159, octubre de 1971, bajo el titulo: trabaj adas por cuenta del Estado por los campesinos, someti­
Qu'cst<c que déunir une 'formaLion ~onomiquc et sociale': !'exemple dos abara a un régimen de prestación de trabajo . La prestación
des Incas_. de trabajo no era individual. Toda la aldea participaba por
178 MaL/rice Godelier El concepto de «formación económica y social» 179

familias y el Estado inca proporcionaba el alimento y la bebida, los mjtma, etc.) mediante un movimiento que fue brutalmente
de la misma fonna que en el seno del ayJlu tradicional lo hacía interrumpido por la conquista española. Esta última, a su vez,
el beneficiario de la ayuda comunal con quienes le ayudaban. rompió las instituciones económicas, poüticas e ideológicas es­
El Estado suministraba los ulensilios y la semilla, insistiendo pedficas del modo de «producción asiático», que era el modo
en que la gente fuese a trabajar en traje de fiesta , con música de producción dominante de la formación económica y social
y cantos. Así pues, las antiguas fonnas de reciprocidad económi· del Imperio incaico. Inmensas extensiones de tierras de las me­
ca y las antiguas formas de ideología y de ritual que les co­ jores fueron acaparadas por los colonos españoles, y las comu­
correspondían, sirvieron en adelante al funcionamiento de rela­ nidades indias fueron some ti das a un régimen de explotación
ciones de explotación y de servidumbre económicas caracterís­ de un nuevo lipo, la encomie~lda, q ue se b asaba ante todo, bien
ticas de una forma nueva de modo de producción perteneciente en lazos de dependencia personal de los indios y de sus comu­
al tipo de «modo de producción asiático». nidades con respecto a sus amos españoles encargados de cris­
Si se profund iza más en el análisis, se descubre que el Esta­ tianizados, bien en lazos de dependencia con la corona de
do inca, para organizar su propia base económica de forma que E spaña.
pudiera reproducirse de manera es table , necesitaba hacer un Esas formas de dependencia de aspecto fe udal se desarrolla­
censo de t ierras, poblaciones, animales, p roducciones, crear una b an en el contexto histórico del nacimiento del capitalismo en
maquinaria a dminist rativa q ue encuadrase a la población y la la Eur opa feuda l y sirviero n. ante todo, a lo que se ha llamado
controlara directa o ind irectamente, generalizar el culto del la acumulació n p rimitiva del capital (desarrollo de la p r oduc­
Inca, hijo del sol, m a ntener un ejército para re primir los le­ ción de oro, de plata, de pr oductos exóticos, etc.).
van tamientos, e tc. Este conjunto institucional corresponde al Privados de sus jerarquías sociales tradicionales, expropia­
nuevo modo de prod ucción, y se sabe que ese m odo de prod uc­ dos, empobrecidos , sojuzgados por amos de lengua y cul tura
ción se encontraba, en 1532, en plena evolución, ya que el Es­ extranjeras, las comun idades indias, bien desaparecieron, b ien
tado se había visto obligado a trasladar poblacion es enter as se replegar on sobre sí mismas. Como consecuencia de esta ex­
para crear colonias mi li tares que controlaban a las poblaciones plotación impuesta por extranjeros -has ta ta l punto dura q ue
locales demasiado turbulentas. Los lazos tradicionales de las el problema principal de los indios consistía ante todo en so­
t rib us y sus tierras q uedaban en parte rotos, y el desarrollo de brevivir y 110 solamente en atenuar más o menos el sojuzga­
u na especie de esclavitud, llamada yanacona, había creado una miento- las co munidades no podían reproducirse y asegurar
nueva capa social, los yana , compuesta por individ uos separa­ la supervivencia común. de sus miembros más q ue manteniendo
dos completamente de sus com un idades de origen y vinculados den tro de límites determinados las desigua ldades económicas
a la persona de un amo. De este modo habían aparecido rela­ y la competición social q ue, de forma espontán ea e inevitable,
ci on es de producción de un tercer tipo, basadas no ya en la se desarrollaban en su seno y hubieran podido implicar su des­
dependencia general de las comunidades locales de una comu­ trucción en beneficio de una minoría de indios. Igualmente era
nidad superior que se confund ía con el Estado, sino en lazos preciso, habida cuenta del contenido y de las formas de la do­
personales entre familias aristocráticas y familias campes inas minación ejercida por las clases explotadoras de la n ueva so­
o ganaderas sojuzgadas. Una nueva vía de evolucióo q uedaba ciedad co lo nial, que esos mecanismos de competición y de re­
abierta, ligada al desarrollo de esas formas nuevas de propie-. distribución revistieran una forma que correspond iera a la ideo­
dad Y de explotación, desligadas cada vez en mayor grado de las logia católica de las clases dominantes, inscribiéndose en formas
antiguas r e laciones comunitarias. toleradas por esas clases dominantes. De este modo se introdujo
De és tos tres tipos de relaciones de producción , que remi­ lo que se ha llamado «la economía de prest igio», la lucha por
ten a épocas diferentes de la evolución de las sociedades in­ los oficios. los cargos municipales y religiosos de la comunidad.
dias de los Andes , el segundo de ellos desempeñaba, en el · si­ Algunos solamente han querido ver en estas instituciones
glo XVI, un papel dominante en la formación económica y so­ una s u perviviencia de formas «arcaicas» prccoloniales de reci­
cial que constituía el Imperio inca. Esta formación económica procidad y de competición, una costumbre próxima al poUatch
y social tenía, así pues, sus propias contradicciones que la orien­ de los indios kwakiutl, cuando se trata en este caso de formas
taban en una determinada dirección (desarrollo de los yana, de que respondían a relaciones sociales nuevas, las de una socie­
180 El concepto de «formación económica 'Y social» 181
Mal/rice Godelier
dad colonial creada en la época del nacimiento del capitalismo. un primer nivel como una serie de accidentes que trastornan
Esta presentación «esquelética lO de la historia de las socieda­ la evolución de las comunidades indias responde a unas nece­
des andinas desde el final del siglo XV hasta principios del si­ sidades históricas que es preciso explicar, para lo cual hay que
glo XVII tiene sólo por objeto iden tificar los modos de produc­ comprender la relación entre acontecimientos y estructuras so­
ción correspondientes a los elementos de las superestructums ciales, y sobre todo las relaciones de causalidad entre estructu­
que se habían sucedido en el transcurso de este período. (Ope­ ras . Entonces pasamos a plantearnos los problemas del tipo 3
raciones teóricas 1 y 2.) Es ta presentación pone de manifiesto y del tipo 4, concernientes a la articulación de los modos de
la existencia y la sucesión de dos formaciones económicas y so­ producción y de los elementos de las superestructuras en el
ciales, una precolonial, dominada por un modo de producción seno de las formaciones económicas y sociales.
pertenecien te al modo de producción asiático, la otra dominada En una comunidad india anterior a la conquista inca, la pro­
por un modo de producción instaurado tras la conquista espa­ ducción estaba basada en la propiedad común del suelo y re­
ñola y dependiente en su estructura interna y en sus funciones vestía una forma comunitaria basada en la cooperación de pa­
del modo de producción de la España fe udal en la época del rientes y/o vecinos. Esta cooperación expresaba a la vez una
nacim iento del capitalismo, época llamada por ]os economistas necesidad técn ica y la obligación de ayuda recíproca que im­
clásicos de «la acumulación primitiva del capital». ponían a los individuos sus relaciones de parentesco y de ve­
Constatamos, por tanto, que la sucesión de esas dos forma­ cindad. Aunque existía una desigualdad socia l entre li najes y
ciones económicas y sociales no es el resulLado de una evolu­ algunos de eUos dominaban a los otros y proporcionaban jefes
ción in tema de las sociedades indias de los Andes. Ya la con­ de forma hereditaria, el modo de producción dependía en lo
quista inca había tras t rocado la evolución interna de las tribus esencia l de lo que Marx. llamaba «la asociación inmediata de
y comunidades andinas. Más tar de. la conquista española debía productores ... , tal como ésta nos aparece en el umbral de la
modificar, por segunda vez, la evolución n ueva impuesta por la historia de todos los pueblos civilizados» l .
conquista inca. Ciertamente, desde hacía más de un milenio, En el seno de las familias domésticas, entre las que se redis­
diversos estados e imperios habían nacido en las altiplanicies tribuían periódicamente las tierras de la comunidad, la división
y en los valles costeros del Perú, y transcurrido un cierto tiem­ del trabajo estaba en función de los sexos y las edades. En nu­
po, se Jlabían derrumbado. El Estado inca no era, por consi­ merosas tareas la comunidad entera «actuaba» como una sola
guien te, más que el último de estos estados en nacer, yesos y única fuerza de trabajo «social» 2. En 1571, el cronista Polo
desarrollos y caídas de imperios testimonian, pues, que, en esta de Ondegardo subrayaba que los indios «cuando tienen que
zona ecológica y cultural, ciertas transformaciones económicas realizar una tarea, nunca comenzarán sin estimar y medir antes
decisivas, relacionadas con la generalización y el perfecciona­ la parte que deberá ser realizada por cada uno», o más bien por
miento de la producción del maíz y del algodón en la costa, así cada familia.
como de la patata y de otros tubérculos en las altiplanicies ha­ Vemos sin dificu ltad que para llevar a cabo el análisis de
bían provocado la aparición de profundas desigualdades socia­ este tipo de relaciones sociales de producción, que correspon­
les. el nacimiento de tribus y clases dom inantes y de formas den al antiguo modo de producción pre-estatal de las sociedades
de poder centralizadas para el ejercicio de esa dominación. Sin andinas, hay que desembarazarse de doctrinas que, de forma
embargo, para las tribus que no habían a lcanzado ese estadio abstrac ta y dogmática, sólo ven en las relaciones de parentesco
de desarrollo económico y social, y pal"ece ser que era éste el y/o de vecindad de numerosas sociedades primi tivas elementos
caso de numerosas tribus de la región de Cuzco, su in tegración de superestructura de esas sociedades en relación de correspon­
por la fuerza en un imperio conquistador y centralizado había dencia más o menos externa COn su infraestructura económica.
provocado un trastrocamiento impuesto desde el exterior. Esto
es aún más cierto en relación con los efectos de la conquista t Karl Marx: El capital, libro l , P. 42, ed. cit.
española. , Véase El capital, p. 43: «Finalmente, imaginémonos. para variar, una
asociación de hombres libres que trabajen con medios colectivos de pro­
Por tanto, para explicar la historia singular de las socieda­ ducción y que desplieguen sus numerosas fuerzas inclividuales de traba­
des andinas hay que analizar el juego combinado de las causas jo., con plena conciencia dI! lo que hacen. como una gran fuerza de tra·
internas y extern.a s de esta historia. Lo que se manifiesta a bajo social.»

~
182 Maurice Godelier El concepto de «formación económica y social" 183

El trabajo como actividad simple y exclusivamente económica, formaciones de las antiguas relaciones sociales impuestas por
como lo ha reconocido perfectamente Marx, no existe en el la integración forzosa de las sociedades indias en el marco de
seno de los modos de producción más antiguos. Las relaciones un modo de producción nuevo y destinadas a reproducirlo de
de parentesco, aun asu miendo funciones poUticas de autoridad forma automdtica. Vamos a intentar definir la naturaleza de
en el seno de las comunidades, así como funciones ideológicas, esas transformaciones.
tanto las de educación y transmisión de tradiciones y valores Al obligar a los campesinos a acudir en traje de fiesta para
como las de carácter religioso de culto a los antepasados, fun­ trabajar las tierras del Eslado y del Sol, al proporcionarles co­
cionan asimismo como elementos de las relaciones de produc­ mida y bebida, los incas utilizaban la antigua forma de produc­
ción y, por tanto, como elementos de la infraestructura. Las ción basada en las obligaciones recíprocas de los miembros de
relaciones de parentesco son, pues, plurifuncionales, plurideter­ las comunidades localcs, forma y obligaciones «conocidas y
m inadas, y es esta plura lidad la que les confiere el papel domi­ comprendidas por todos», (Iohn Mu rra, pago 32), para orga­
nante en la vida socia l. Al mismo tiempo exis te una unidad in­ nizar nuevas relaciones de p roducción basadas en la opresión
terna de esta p luralidad de funciones, fusiÓ n í ntima sin que, y en la dominación, ya que los productores habían perdido el
no obstante, se con fundan. control de su trabajo, invertido ahora en concep to de presta­
Se puede calibrar, por consiguiente, el fracaso de toda teo­ ción obliga toria, así como del p roducto de éste.
ría de las relaciones entre infraest ructu ra y superestru ct u ra Por otra parte, los incas m antuvieron los cultos de las divi­
que no tome en serio la tarea de reconocer y analizar su un ión nidades locales, pero añ adieron el del dios Sol y s u hijo, el
ín tima y se con tente tan sólo con vagas sugerencias metafóri­ Gran Inca, en honor del cual los campesi nos debían ofrecer tra­
cas sobre las relaciones de un «por debajo» respecto a un «por bajo, como lo exigían anteriormente las divinidades locales tra­
encima», que se convierten en las r elaciones de los cim ientos con dicionales.
las construcciones q ue se elevan sobre ellos, para resolverse, fi­ Por con siguien te, el nuevo m odo de p roducción se apoyaba
nalm en te, en la del f undamento con lo fu ndado. de UDa [arm a general en las relaciones de producció n, la or­
Un examen rápido de los dos modos de p roducción dominan­ ganización social y la ideología existentes, al mismo tiempo
tes ulteriores, el mod o de produ cción asiáti co y el modo de q ue las modificaba p rofundamen te. E n es te caso existe, pues,
producción colonia l. p roporcionará igualmente la ocasión par a un mecan ismo de extensión de esas relacio nes más a llá de su
hacer algunas observaciones teóricas. esfera de origen, de s u fun cionamien to originario.
Lo que sorprende a propósito del mod o de producción que Pero lo característico de ese m ecanismo es que el modo de
sirve de base económ ica a l Estado inca es que se basa en un p roducción mantiene activamente una parte de las antiguas re­
régimen de p restaciones de trabajo impuesto por el Estado laciones comunitarias, se articula sobre ellas y las utiliza en su
conquistador, y que esta vez n os encontrarnos en pr esenci a de propio modo de reproducción, qu e, por otra parte, implica la
relaciones de producción q ue ItO dependen ya directamente de destrucción parcial d e esas an tiguas relaciones comunitarias.
las relaciones comunitarias de parentesco o de vecindad. Según Por consiguiente, en la práctica económ ica y política, el
el cronista Coba, «los hombres se convertían en tributarios y modo de producción asiático prolonga y contradice las anti­
tomaban parte en los t r abaj os públicos solamente a partir "del guas relaciones comu nitar ias . A nivel ideológico, esta deforma­
día de su boda».
ció n interior de las antiguas rela ciones comunitarias disimula
Las antiguas relaciones de parentesco habían asumido , pues, la opresión y la do minación inher en tes al modo de producción
una nueva funció n. Según la bella fórmula de John Murra, el asiático, puesto que las fonn as ideológicas antiguas, u tilizadas
matrimonio, de rito de ingreso en el seno de una com unida d con nuevos fines, corresponcUan a antiguas relaciones de pro­
local, se había transformado en un medio de acceso a un nuevo ducción más igualitarias.
estatuto y en símbolo de ese estatu to , el de súb dito del Estado En la medida en que dominadores y dominados compartían
inca sujeto a prestación personal, por consiguiente, en miembro esta m isma ideología (la de la reciprocidad politico-económica
de una comunidad mucho más vasta y de esencia diferente de y las representaciones religiosas), la opresión se encon traba
la de los ayUu o de las tribus locales. disimulada, tanto desde el punto de vis ta de los unos como de
Nos encontramos aqLÚ frente a una de las múltiples trans- los otros, por tanto, plenamente justificada en opinión de los
184 MaL/rice Godelier V. DE LA NO CORRESPONDENCIA ENTRE
LAS FORMAS Y LOS CONTENIDOS
primeros y soportada pasivamente, si no plenamente aceptada DE LAS RELACIONES SOCIALES:
por los segundos. NUEVA REFLEXION SOBRE
Igualmente se podría analizar el modo de producción ins­ EL EJEMPLO DE LOS INCAS *
taurado tras la conquista española, y veríamos que los indios
no tenían más elección que la de sobrevivir eliminando las des­
igualdades sociales que surgían entre ellos y que podían ame­
nazar la unidad y la solidaridad de sus comunidades, designal­
dades que sólo podían eliminar utilizando para este fin las ins­
tituciones municipales y religiosas que los españoles habían
introducido a la fuerza en el funcionamiento de sus comunida­
des. De este modo se estableció una economía de pres tigio y de
competición por «los cargos» que era tolerada por los domi na­
dores españo les en la medida en que se encontraba p or ade­
La mayoría de las primeras sociedades de clases y de los
lan tado justificada por su propia ideología política y católica y
al mismo tiempo justificaba a esta última. La explotación de Estados que caracterizan la historia antigua y reciente de la
los indios, en efecto, no tenía oficialmente justificación alguna América precolombina, del Africa precolonial, etc., se han des­
desde el punto de vista de Jos españoles, si no era la del deber arrollado sobre la base de formas no esclavistas de dependen­
de cristianizarlos primero para civilizarlos después 3. cia. El Imperio inca se edificó en menos de dos siglos, y esta
Las observaciones teó ricas precedentes no tenían otra fina­ ascensión fulgurante solamente fue superada por la de los az­
lidad que la de ilustrar lo que entendiamos por «definir una tecas, que , en el momento de su entrada en el valle de México,
formación económi ca y social,., así como dejar entrever me­ en el siglo XII, no eran más que tribus de cazadores guerreros
diante algunos trazos los pasos que permitirían producir una de­ que ignoraban la agricultura y el tejido. Antes de su conquista
[lnición sintética de la naturaleza exacta de la diversidad y de la por los incas y su integración en el Tahuant in s uyu , el imperio
unidad específica de las relaciones económicas y sociales q l1 e de las Cuatro Provincias, el modo de producción de numerosas
caracterizan a una sociedad concreLa en una época determinada. tribus andinas se basaba principalmente en la produ cción de
Es evidente que producir este conocimiento sintético no consiste tubérculos en el seno del ayllu, comunidad aldeana local en la
sino en desarrollar la historia y la antropología como campos que residía u n grupo de parentesco de tipo de linaje. La tierra,
complementarios del materialismo histórico ".
de propiedad comunitaria, era redistnouida periódicamente en­
l Incluso Las Casas, encarnizado adversario de la encomienda y paté­ tre las escasas fam ilias, sin que éstas pudieran transformar
tico defcnsor de los indios sojuzgados , reafirmaba sin cesar, como sus este derecho de uso en derecho de alienación, en una fonna
adversarios, partidarios del establecimiento de la esclavitud e incluso de
la mnlanza dc los indios, que la evangelización debía preceder a l sojuz­ cualquiera de propiedad privada al margen de la propiedad co­
gamiento y que era la única justificacióo de la soberania del rey de Es­ mún. El trabajo, basado en la ayuda recíproca de los campesi­
paña sobre las Indias: "He aquI, Señor, el umbral y el paso que con­ nos (la minga) para el cumplimiento de las diferentes tareas
viene tomar para penetrar en estos países: que estos pueblos reconozcan
primero a nuestro Dios como su Dios recibiendo la fe, y segUidamente productivas, reves tía igualmente una forma comunitaria. El
al rey como su soberano. Porque la causa última . el fundamento total de jefe de la aldea (el curaca) era el primer beneficiario de la ayu­
la inlervcoCÍón de Su Majestad en estos países, como rey de Castilla, y da campesina, y se cultivaban especialmente tierras comunes
de los tltulos que tiene sobre ellos no son olros más que los que le con­
fiere la p redicación de la fe __ Carta a un personaje dc la Corte, 15 de para el mantenimiento de las tumbas de las divinidades y de
octubre de 1535, B. A. E., tomo 110. p. 67 a. los jefes locales.
• Nuestras referencias a los incas provienen, en lo esencial . de la obra
excepcional del profesor John Murra, Tll e EcmlOmic Orgalli::ation af tlle
I/tea Sta te, tesis inédita defendida en 1956 anle la Universidad de Chica­ .. Los materiales de este texto han sido ulilizados de nuevo en el
go y cuyo autor ha tenido la arrulbilidad de cedernos una copia en IDÍ­ capítulo «Antropología Económica. del Manuel d 'Alltllropologie, en pre­
cro-fiLm. Aprovechamos la ocasión para expresarle nuestro sincero agra­ paración en A. Colin en la colección U, bajo la dirección de Robcrt
decimiento. Cresswell.

13
186 Mallrice Godelier lAs formas y los contenidos de las relaciones sociales 187

Cuando cayeron bajo la dominación inca, estas comunida­ Había roto, pues, en su totalidad o en parte, los lazos tradicio­
des, o al menos los grupos sociales que estaban organizados en nales de estas tribus con su tierra. Por otra parte, había ad­
comunidades de este tipo, sufrieron una profunda trans(orma­ quirido un nuevo desarrollo una forma tradicional de depen­
ci6n. Todas las tierras, los ríos, las montañas, los rebaños de dencia personal llamada yanacona, por la cual los individuos
llamas, la caza, fue ron declarados propiedad del Es tado. Una separados de su comunidad de origen, los yana, eran vinculados
parte de estas t ierras fue definitivamente exp ropiada y se con­ a la persona de un amo aristocrático y permanecían al servicio
virtió en dom inio del Estado o de la Iglsia. El resto les fue de su linaje duran te toda su vida. Los descendientes de los yana
devuelto por «benevolencia» del Inca, con la obligación de tra­ heredaban generalmen te esta condición . Esta forma de explo­
bajar bajo forma de prestación de trabajo personal las tierras tación exis tía, ciertamen te, antes de la conquista inca, pero
que, desde ese momento, habían sido objeto de apropiación por fue revis tiendo mayor importancia social a medida que se des­
el Estado y la Iglesia. Las relaciones de producción se trans­ arrollaba u na forma de propiedad individual (aunque no pri­
fo rmaron profundamente, ya que, sob re las tierras que con­ vada) de las tierras y los rebaños dados por el Estado inca a
servaban para su subsistencia, las com unidades no tenían sino algunas capas de la nobleza.
derechos de posesión y de uso, y hab1an perdido sus antiguos Profundizaremos más el análisis de la fo r mación económica
derechos de propiedad comu ni taria. Sobre estas LiCITas, la p ro­ y social inca porque, además de presen tamos un ejemplo nO­
ducción y las formas de uso del s uelo revestían aún la misma table de sociedad de clases no occidental, nos lleva a observa­
fo rma comunitaria que an tes de la conq uista inca. Sin embargo, ciones teóricas que hacen ent"ever los nuevos camino~ por los
se babía implan tado un nuevo modo de producción, basado en que puede adentra rse la antropología. Lo que llama la atención
u n régimen de prestaciones person ales de trabajo . en la naturaleza de la base económica de la formación social
La prestación de trabajo no era individual; toda la aldea inca es que el modo de producción dom inan te man tiene activa­
par ticipaba y el Estado inca proporcio naba el alimento y la be­ men te una parte de las antiguas relaciones comunitarias, se
b ida, de la misma manera que en el seno del ayllu trad icional apoya y configura sobre ellas, haciéndolas servir al mismo tiem­
lo hada el beneficia rio de la ayuda comunitaria con quienes le po a su propio modo de producción y de reproducción a la vez
ayudaban . El Estado p roporcionaba los instrumentos y la si­ que des truye y suprime otra parte de estas relaciones tradicio­
miente e insistía para que las gentes fueran a trabajal" vesti­ nales. Por ejem plo, según el cronista Coba: "Solamente a par­
dos de fiesta, con mú sica y cantos . De es te modo, las an tiguas tir del día de su matrimoni o los hombres tributaban y tomaban
fo rmas de reciprocidad económica, así corno las fo rmas de parte en las obras públicas.,. Esto significa, corno ha demostra­
ideología y de ri tual que les correspondían s irvieron a de J ohn Mu rra en su excelente tesis sobre la organización
partir de entonces al funcionamiento de relaciones de explota­ del Estado inca, que el. matrimonio, de rito de introducción en
ción y de servidumbre económicas características de una nueva el seno de una comunidad local, se había transformado en me­
fo rm a de producción perteneciente al tipo «mod'o de produc­ dio de acceso a un estatuto nuevo y en sfmbolo de ese estatuto,
ción asiático,.. El Estado inca necesitaba, para organizar su el ele súbd ito imponible del Estado inca, miembro, por ta nto,
propia base económica de manera que se reprodujcra de modo de una comunidad mucho más amplia y de esencia diferente a
estable y se ampliara, hacer el censo de las tie r ras, de los ani­ la de los ayIlu o las tribus locales.
males y de los produc tos. Necesitaba, pues, crea r una maq u ina­ Al obligar a los campesinos a acudir vestidos de fiesta a
ria administrativa que encuadrara a la población y la con trola­ trabajar las tierras del Estado y del Sol, al proporcionarles el
ra directa o indirectamente, así como generalizar el culto del alimento y la bebida, los incas utilizaban la antigua forma de
Inca, hijo del Sol, y el del Sol su padre, mantener un ejército producción basada en las obligaciones recíprocas de los miem­
que reprimiera los levantamientos, etc. Este conjunto de insti­ bros de las comunidades locales, forma y obligaciones conoci­
tuciones corresponde al nuevo modo de producción, y sabemos das y comprendidas por todos, para organizar relaciones de
que este mismo modo de p roducción se encontraba, en 1532, producción nuevas basadas en la opresión y la dominación, pues
en plena evolución, pues el Estado se había visto obligado a los productores habían perdido ya el control de una parte de
tras I adru' poblaciones enteras para crear colonias militares que su trabajo y del producto de éste. Por otra parte, los incas, si
controlaran a las poblaciones locales demasiado turbulentas. bien mantenían el culto de los dioses locales, habían añadido
188 Mal/rice Godelier Las formas y los contenidos de las relaciones sociales 189

el del dios Sol y su hijo. el Gran Inca, en cuyo honor el cam­ realidad superior a los individuos, personificaban esta unidad
pesino debía ofrecer trabajo como lo exigian ya sus propias superior. La [unción de represen tar y defender Jos intereses
divinidades locales tradicionales. Las antiguas relaciones de pa­ comunes de todos los miembros de la comunidad situaba así
rentesco y las antiguas relaciones políticas aldeanas y tribales, fuera de lo común al miembro de la comunidad que la asumía.
sin cambiar de forma ni de estructura, hablan cambiado de Existía una especie de aristocracia: :{pttT7I'lr; en griego = el me­
función , ya que estaban encargadas de hacer funcionar un modo jor, es decir, el que representa mejor la comunidad . En quinto
de producción nuevo. Jugar, en la organización del proceso de producción, la fuerza
Este mecanism o ha sido mostrado y desmontado por John de trab ajo de los miembros de la comunidad local, del ayl1u,
Murra, que escribe: «Cuando la Corona elaboró un sistema de era invertida, por una part e, en forma de trabajo necesario para
prestaciones personales de trabajo, las obligaciones recíprocas reproducir su propia existencia y la de los miembros necesita­
de las comunidades, conocidas y comprend idas por t odos, sir· dos de la comunidad: viudas , viejos, inválidos, etc., y, por otra,
vieron de modelo.» El problema práctico que les planteaba a en forma de trabajo suplementario destinado a reproducir la
los incas su con quista era doble: pennitir a las poblaciones so­ comunjdad en tanto que tal. Este trabajo suplementario era de­
metidas continuar produciendo sus medios de subsistencia se­ dicado a cultivar las tien<ls del curaca, el cual tenía derec ho,
gún sus procedim ientos tradicionales, y obligarles a producir como cualquier ot ro miembro de la comunidad , a tierras en
para el Estado en formas de producción que ellas comprendie­ cantidad suficiente para el mantenimiento de su familia y a la
sen y que, hasta cierto punto, est uvieran justificadas a sus oj os. ayuda comunitaria para trabajarlas . Pero. además, le eran asig­
Pa r a r esolver es te problema, fuer on precisos esfuerzos excep­ lla.das Lierras suplementarias y se le proporcionaba trabajo asi­
cionales, colectivos e individuales, de invención política y so­ mismo suplementario para cubrir los «gastos» de sus obliga­
cial , como los q ue atr ibuia la tradición a emperadores casi le­ ciones en tan to que representante y responsable de l a comuni­
gendarios corno Pachacuti, Manco Capac y sobe todo Viracocha, dad como tal. Según los casos, o según la amplitu d de sus fun­
pero, al mismo tiem po, hay que constatar que los medios para ciones (jefe de a ldea, .iefe de t ribu), el jefe participaba todavía
resolver los problemas ya existían e n part e en e l seno del m od o directam ente en el p roceso de p roducción , o bien había dejado
de p rodu cción anterior. de ser un productor directo y participaba en el mismo sola­
E n tre estos medios, citaremos: en primer lugar, el bech o de mente por sus actividades de control del uso de las Uerras , de
que la producción se b a sara en [armas diversas de cooperación dirección del proceso, así com o por sus actividades rituales y
simple. En segundo lugar, el de que la tierra fuera propiedad ceremoniales en cada fase del proceso de producciÓn agrícola.
de la com unidad en tera y el individuo no poseyera sino dere­ Al lado del trabajo excedente invertido en favor del repre­
chos d e uso so bre parcelas redistribuidas más o menos perió­ sentante de la comunidad, hay que m encionar también el que
dicamente . En tercer luga r , el d e q ue, tanto en el plano del pro­ se dedicaba a hacer la guerra, es decir, a defender O conquistar
ceso m aterial de la producción como en el de la r elaciÓn del las tierras, los canales de riego; en resumen, a proLeger o am­
individuo con el medio de producción esencial, la tierra, la co­ pliar los medios de producción de la población. Para hacer fren­
munidad existiera y apareciera como una realidad superior al te al crecimiento de la población, es decir, para permitir a la
individuo y com o la condición práctica de su sup ervivencia_ En comunidad reproducirse sobre las m is mas bases, se invertía
cuarto lugar, el hecho de q ue la función de repreSe71tar la co­ trabajo excedente en forma de trabajos de irrigación local , de
munidad, de controlar el p roceso de su reproducción en tanto que ampliaciÓn del espacio cultivado mediante la construcción de
tal, es decir, en tanto que unidad superior a los individuos en la bancales, trabajo destinado, por tanto, a ampliar los medíos
medida en que es la u nidad de s us intereses comunes, pertenecie­ de producción de la comun idad_ Por ú ltimo, eran dedicados tie­
ra a una familia particu lar y, en el seno de esta familia, al in­ rras y trabajos suplementarios al culto de los antepasados y
dividuo que mej or pudiera cumplir esta función . Este individuo de las divinidades locales (dios de la tierra, de la lluvia, etc.),
es el curaca, «jefe» de la comunidad local o d e la com unidad y al mantenimiento de las tumbas y de los altares. Se reserva­
tribal, y al mismo tiempo , jefe guerrero. Mediante esta funciÓn, ban algunas tierras para la producción del maíz ceremonial ne­
este individuo y su familia personilicaban más que cualquier cesari.o para fabricar la cerveza de maíz utilizada en las liba­
otro la comunidad, la encarnaban en cierto modo en tanto que ciones; se crlaban algunas llamas con el fin de sacrificarlas ri­
190 Maurice Godelier Las forll/as y los contel/idos de las relaciones sociales 191

tuaImente, se producían tejidos para ser quemados, etc. La propiedad "de la corona»_ Ello significa que la forma colectiva
consagración de recursos (tierras , animales, maíz, tejidos) y de de apropiación del suelo es, antes y después de la conquista,
trabajo (agrícola, artesanal, etc.) para el culto de los antepasa­ la fonna sociaL de las relaciones de producción vinculadas a la
dos y de los dioses respondia a una doble necesidad: por una t ierra y que el Estado ocupa el puesto de la comunidad local
parte, manifestar el reconocimiento de Jos vivos hacia los muer­ como propietario de la tierra y constituye, por tanto, para el
tos, que sobreviven en 10 invisible, y hacia los dioses, gracias a ind ividuo, una comu nidad n ueva, superior a su comunidad tra­
los cuales la comunidad existe y está viva, así pues, honrar, glo­ dicional y de la que depende para su supervivencia. Así pues,
rificar a los antepasados y a las potencias sobrenaturales y pa ra el individuo, lanto anles como después de la conquista, su
cumpli r las obligaciones q ue tiene la comunidad respecto a per tenencia a una comunidad superior a él mismo es lo que le
ellos. Por otra, en la medida en que los antepasados y las rea­ asegura sus condiciones de exis tencia.
lidades sobrenaturales aparecen como potencias que tienen el El Estado, convertido en propietario eminente de todas las
poder de controlar la fertilidad de las tierras, la lluvia, la muer­ tierras del reino. se apropió directamente de algunas de ellas
te, la enfcnncdad , la victo ria de las armas , es decir, en la me­ transfonnándolas en tierras de la corona o de los templos, y
dida en que permiten o impiden la reproducción de la comuni­ cedió por « benevolencia,> el uso, pero no la propiedad, de las
dad y co ntrolan todas las co ndiciones que están fuera del al­ restantt!s a las comun idades para pennitirlcs subsistir; les con·
cance directo del hombre, h ay que esforzarse, ya sea en parar ced ió. por tan to, los medios de subsistencia a cambio de la obli­
o en apartar las acciones de las potencias malhechoras , ya en gación de trabajar las tierras que se habían convertido en domi­
suscitar, atraer y mulLip licar las de las potencias bienhec horas. nio del Estado y de la Iglesia. A partir de entonces, puesto que
Hay que desar rollar, pues, una práctica para controlar indirec­ reemplazaba a la comun idad trad icional como propietario co­
tamente estas po tencias que, a su vez, controlan d irectamen­ lec tivo y asumía la ant igua fUJlc ión de garantizar a las familias
te las condiciones na turales y sobrena turales de la repro­ y a los individuos sus medios de existencia, el Estado, la nueva
ducc ión de la comunidad, una p ráctica que las obligue a in ter­ comunidad superi or, tenía derecho automá ticam ente al trabajo
venir o a abstenerse de in tervenir en la vida de la comunidad excedente de la comunidad conquistada, t rabajo excedente que
y su proceso de reproducción. Para ob tener es tos efectos se se realizaba tradicionalmeDte para permitir 1a reproducción de
sacrifica, se ofrece a las potencias invisibles riqueza s mateLia­ la comunidad en tanto que tal. La comunidad superior no hizo,
les y trabajo en el marco de una práctica simbólica que se pues, sino añadir al trabajo excedente tradicional un trabajo
orienta a actuar (de manera imaginaria) sobre las condiciones excedente nuevo, que reves tía las mismas fonnas . E l Estado
de reproducción de la vida social. propo rcionaba a los campesinos que trabajaban las tierras de
Los cinco elementos pertenecientes al antiguo modo de pro­ las que habían sido expropiados alimento, bebidas y simien tes,
ducción no iban a desaparecer después de la conquista inca. identificándose así con el poder local tradicional y dando a la
Por una parte, el antiguo modo de producción continuaría asc­ prestación personal de trabajo la forma de las re lacioncs Lra­
gurando la subsistencia de las comunidades locales; po r otra, diciona les de recip rocidad al deana y tribal. La comunidad con­
estos ci"ICO elemenlos iban a proporcionar los pwllos de apovo quistadora , propietaria directa de una parte de los recursos ma­
y las formas de un modo de produ.cción lluevo. La comunidad teriales de múltiples comunidades locales, al mismo tiempo
conqu istadora se apropió de todas las LÍen-as y de los recursos que del trabajo excedente de inmensas masas de productores,
n aturales de las comunidades conquistadas. Con ello no hacía descansaba de hecho sobre UIla base económica de nuevo tipo
sino aplicar el derecho tribal n'adicional, que funda los dere­ q ue. en aparencia. tenía la [arma, s i bien agrandada de manera
chos del individuo en el hecho de ser miembro de una comuni­ gigante..<;ca, del antiguo modo de prod ucción.
dad y prÍ\'a, por tanlo, de todo del"l!cho a aquellos que no pe r­ Al mismo tiempo, el funcionamiento de estas nuevas rela­
tenecen a esta comunidad. ciones de producción exigía el desarrollo de instituciones y de
La comunidad supe rior, personificada por su je fe , el Tnca, capas sociales nuevas, de una burocracia de Estado encargada
quc la representa como tal comunidad y como comunidad su­ de controlar y vigilar la reproducción del nuevo modo de pro­
perior. como Estado, se convierte, pues , en el propietario co­ ducción. Por ejemplo, en cada provincia era nombrado un go­
lectivo de la tierra, y todas las tierras conquistadas se vuelven bernador cuyo título significaba «el que todo lo ve» y que vigi­
192 Maurlce Godelier Las fonnas y los contenidos de las relaciones sociales 193

laba para que las tierras del Estado y de la Iglesia fueran tra­ forma ideológica adecuada al funcionamiento del nuevo modo
bajadas y las prestaciones personales de trabajo se cumplieran de producción y de sus instancias económicas, políticas y reli­
puntualmente. El nuevo modo de producción con feria, pues, a giosas. Una ideología, pues, que con-cspondía a las condicioneS
las funciones político-religiosas un papel nuevo, dominante, en de la reproducción de la nueva formación económica y social.
la organización de la producción y en su propio mecanismo de Subrayemos -pues ello tiene consecuencias para una teona de
reproducción. Mientras que el antiguo modo de producción al­ la ideologJa- que, porque no es un reflejo directo, una trans­
deano determinaba el papel dominante de las relaciones de pa­ posición inmediata de las nuevas relaciones de producción, la
rentesco en el seno de la comunidad lradicional, el modo de antigua ideología responde mejor a las necesidades de la repro- .
producción nuevo, por una parte, aniquilaba el papel domin<Ul­ ducción de estas relaciones. Justamente porque representa es­
te de las relaciones de parentesco en la nueva organización so­ tas nuevas relaciones bajo una forma que no deja aparecer su
cial, dejándoles el papel secundario de continuar organizando contenido real; corresponde mejor a este conten ido . Se pueden
la subsistencia de las comunidades locales y, por otra, lrans­ adivinar ya las dificultades que encontrarían aquí los partida­
fería el papel dominante a las nuevas relaciones politico-reli­ rios de una teoría que hace de la ideología un reflejo directo y
giosas, que desbordaban por completo el antiguo marco aldeano simple de la infraestructura económica de una sociedad.
y tribal. Se pueden sacar otras observaciones teóricas de alcance
Podemos comprender ahora las consecuencias ideológicas general de este breve esbozo del modo de producción inca.
de l hecho de que las antiguas relaciones de producción (ayuda Se refieren al papel de la guerra y de la violencia en la for­
campesina, trabajo excedente, etc.) dieran su forma a las nuevas mación de este modo de producción, así como al de las gran­
(prestaciones personales de traba jo). La con secuencia funda­ des obras. Hemos abordado ya el problema de la guerrc:l al
men tal era que las nuevas relaciones no podían aparecer sino recordar que la forma m isma de la propiedad colectiva tribal
bajo Wla forma, una apariencia que borrara, que disimulara implicaba habitualmente que se viera privado de derechos de
en las represen taciones ideológicas espontáneas de los agentes propiedad cualquier indjviduo o grupo extraño a la comunidad
económicos el contenido real, nuevo, de explotación del hom­ tribal. La guerra de conquista no hace sino ejercer por la vio­
b re por el hombre de estas nuevas relaciones de produc­ lencia (ya sea ésta realmente ejercida, ya las poblaciones extran­
ción. Dado que las antiguas relac iones de producción per­ jeras se sometan sin combatir) este derecho en detrimento de
s istían y al mismo tiempo daban fonna a las nuevas, las los grupos enemigos a los que su derrota priva, en consecuen­
formas ideológicas anLiguas podían servir a la vez de matelial cia, de todo derecho sobre su propia tierra. Pero la guena no
y de esquema de representación de las nuevas relaciones so­ basta por sí misma para crear un nuevo modo de producción.
ciales, y no podían hacerlo más que según su contenido propio Puede mantener durante cierto tiempo la dominación de una
que representaba las obügaciones de los miembros de las co­ trib u victoriosa y permitirle saquear las riquezas de las tribus
munidades frente a su comunidad de oligen como obligaciones vencidas cuyo modo de producción tradicional permanece in­
frente a una realidad superior, es decir, apremiante pero bien­ tacto, pero no basta para crear un modo de explotación que se
hechora. La antigua ideología Lenfa, pues, claramente, la capa­ reproduzca a sí mismo regularmente, que pueda, por tan to,
cidad de representar las relaciones nuevas, pero sólo en la me­ subsistir en tiempos de paz y desarrollarse. La guerra es un ele­
dida en que podía hacerlas pasar por otra cosa, por algo aná­ mento importante de muchos modos de producción (excepto
logo al an tiguo modo de producción y que, simplemente, lo entre los cazadores-recolectores, donde su importancia parece
prolongaba. Por ese lado se producían dos efectos q ue carac­ ser mucho menor). Por medio de la guerra se protegen territo­
terizan necesariamente toda ideología de dom inación: el disi­ rios, medios de producción, o se les añade otros nuevos. La vio­
mulo, la desaparición al nivel de la represenlacion del carác­ lencia, necesaria al principio para expropiar a comunidades ex­
ter opresivo del nuevo modo de producción y la justificación tranjeras, no puede proporcionar luego el medio de obligar
de esta opresión al mismo tiempo a los ojos de las clases ·do­ regulannente a los vencidos a producir trabajo suplementario
minantes y de las dominadas. Esta ideología proporcionaba a para sus vencedores. Ello no significa que la amenaza de uti­
todos Jos grupos sociales existentes buerzas raZO~leS para conti­ lizar la violencia no sea un medio permanente para obligar a
nuar dirigiendo o siendo dirigidos; en resumen, constituia !lna las poblaciones a trabajar para sus vencedores. Los incas re­
194 Maurice Godelier Las formas y los contenidos de las relaciones sociales 195
pnrmeron, en efecto, despiadadamente las revueltas, depona­ suficiencia del ayllu.» «El Estado se cuidaba de extraer sola­
ron a poblaciones enteras, trasladaron poblaciones fieles a co­ mente de los campesinos prestaciones de trabajo personal y de
lonias militares que vigilaran a las tribus díscolas. Pero, para no interferir su autosuficiencia.» Luego, en definitiva, jncluso
que el modo de producción se reprodujera en cualesquiera cir. la posibilidad de la aparición de un modo de producción de
cunstancias y por sí mismo, necesitaba ante todo un régimen tipo inca era el producto de un determinado nivel de las fuer­
de prestaciones personales de trabajo bien reglamentado, una zas productivas; dicho de otro modo, se basaba en la posibili­
burocracia, una contabilidad, unos medios de almacenaje y de dad téCIÚca, para los productores directos, de producir un ex­
transporte de los productos, etc.; en resumen, relaciones de cedente regular, y J obn Murra concluye: «La exislencia y la su­
producción nuevas en el seno de las cuales la violencia y el pervivencia de una estructura socio-política tal como el Estado
con trol armado desempeflaban un papel muy im portante, pero inca se basan tecnológicamente en una agricultura capaz de
no resolvían los problemas esenciales. producir sistemáticamente excedentes por encima de las nece­
En realidad, como hemos visto, para que el sistema flillciona. sidades de subsistencia del campesinado." Era, pues, el des­
ra regulanncnte era preciso que el trabajo excedente proporcio­ arrollo de las fuerzas productivas en la agricultura 10 que,
nado por los campesinos no se les representara solamente en último análisis, había creado la posibilidad de la aparición
como un trabajo forzado , sino como un trabajo «debido», una de una sociedad de clases y de un Estado pluritribal y pluriét­
obligación aceptada y cumplida, una pres tación que exigía la nico. Recordemos solamen te que la agricultura andina se basa­
recíproca. Aquí encontramos de nuevo el papel de la ideología ba en la producción de patatas y otros tubérculos, maíz, etc.,
como cO/lstricción ejercida sin violencia física sobre el pensa­ producción sumamente diversificada. Ello nos permite respon­
m ienlO y la voluntad de los súbditos del Inca. La guerra, cier­ der a una segunda cuestión que tiene asimismo un inmenso
tamen te, es un proceso que crea algunas de las condiciones de alcance para el conocimiento teórico de la historia: ¿cuál fue
la formación de ese nuevo modo de producción al separar los el papel de las grandes obr as en el nacimiento y el desarrollo
elementos, los factores de producción de su combinación e n el del nuevo modo de producción? La respuesta está ya dada.
seno de la antigua estructura, al liberar en cierto modo estos Las grandes obras siguieron a la aparición del Estado y no
elementos (la lierra, la fuerza de trabajo se convierten en m e­ la condicionaron. Ello refuta u na vez más la teoria mecanicista
dios de prod ucción disponibles, separados en parte de las an­ de Karl Wittfogel, que hace de la necesidad de organizar gran­
tiguas relaciont!S sociales ). Pero 110 nace otro modo de prod uc­ des obras (hidráulicas sobre todo) la condición misma de la
ción sino cuando estos elementos se vuelven a encontrar com­ aparición del Estado (despótico oriental). En realidad, la exis­
binados de una manera nueva. Se podría comparar este proce­ tencia de una agricultura andina capaz de producir regularmen­
so con el de la génesis del modo de producción capitalista, lo te un excedente era la condición previa de la formación de una
que los economistas clásicos llamaban el proceso de la acumu­ sociedad de clases y de un Estado. Lo que ofrecían la conquista,
lación primitiva del capital, proceso por el. que los campesinos la expropiación de las comunidades locales, así como la insti­
y los artesanos se encontraron desposeídos de sus medios de tución de un régimen de prestaciones personales de trabajo,
producción y de subsistencia y liberados, al mismo tiempo, de era la posibilidad de concentrar inmensas cantidades de medios
su sujeción a las relaciones feudales de producción; libres, por de producción y de subsistencia y tener asi, a condición de que
tanto, pero constreñidos a vender su fuerza de trabajo. Ahora se supiera combinarlos y organizarlos en formas gigantescas de
bien, 10 que la guerra y la conquista incas no podían hacer era cooperación simple, los medios materiales para abordar tareas
privar a las comunidades de los medios de asegurar ellas mis­ fuera del alcance de cualquier tribu y, a fortiori, de cualquier
mas directamente su subsistencia, es decir, separar completa­ comunidad local. Pero lo que bay que subrayar también es que
mente a los individuos y a los grupos de la posesión de los me­ la reproducción misma del modo de producción inca, su des­
dios necesarios para la misma. Como 10 subraya con fuerza arrollo, no solamente permitía, sino que exigía el desarrollo de
Jobo Murra 1: «No se podía atentar seriamente contra la auto- grandes obras (lo cual no quiere decir que el Estado apareciera
y se desarrollara para realizarlos), pues este modo de produc­
I John MUlTa, cThe Econornlc Organization of thc Inca Slale. , op. cit., ción necesitaba para «desarrollarse» una infraestructura de ca­
páginas 73, 166 Y 34.
rreteras, un ejército, una burocracia, un clero, etc., y ello exigía
196 Maurice Godelier Las formas y los contenidos de las relaciones sociales 197

el constante aumento de los excedentes agrícolas y artesanales. te en interpretar el modo de producción inca como una socie­
El Estado favoreció de este modo la producción de maiz, planta dad de tipo feudal porque en él reina un monarca que se ro­
fácilmente almacenable, cómodamente transportable y que pro­ dea de una aristocracia y las masas campesinas están some­
porcionaba un alimento y una bebida de elevado valor cere­ tidas a un régimen de prestaciones personales de trabajo. La
monial y energético, cualidades todas ellas de las que carecían estructura del Estado en el modo de producción inca traduce,
los tubérculos que constitulan la base de la subsistencia tradi­ en realidad, la concentración a escala de toda la sociedad de la
cional de los campesinos andinos. El Estado se esforzó por ge­ propiedad de la tierra en forma de propiedad colectiva exclu­
neralizar el cultivo del maíz y 10 introduj o en numerosas regio­ siva, directa o eminente de una comunidad superior, la etnia­
nes en las que no existía, pero tuvo que imponer al mismo tiem­ clase dominante. La estructura de un Estado feudal, por el
po la construcción de bancales sobre las pendientes que, en contrario, expresa la asociación jerarquizada de múltiples pro­
general, las comunidades andinas dejaban yermas, ya que los pietarios de la tierra. En cada caso, la naturaleza y las modali­
tubérculos tradicionales crecían mejor sobre la meseta andina dades del poder del Estado y de la dominación de la clase diri­
que sobre las pendientes. Gracias a los bancales se pusieron en­ gente son diferentes y se basan en modos distintos de extrac­
tonces en activo nuevas tierras y se amplió el espacio económi­ ción del trabajo excedente de los productores directos. Yendo
camen te utilizable. No fue, pues, la necesidad de realizar gran­ más lejos, habría que analizar, en contraste con el ejemplo del
des obras de interés colectivo lo que dio origen a la sociedad modo de producción inca, los modos de producción que ser­
de clases y al Estado inca, sino que la necesidad de ampliar las vían de fundamento a los Estados y a las sociedades de clases
condiciones de reproducción de esta sociedad de clases fue lo precoloniales de Africa, como los reinos mossi del Alto Volta,
impuso ulteriormente las grandes obras. Estas permitieron y al reino bamún del Camerún, etc., y, por supuesto, a las socie­
entrañaron, evidentemente, una complejidad cada vez mayor dades estatales de Asia.
de la estratificación social, ahondaron todavía más la distancia
entre el campesinado y las clases dominantes, y esta distancia,
cada vez mayor, era exaltada en los palacios, los templos, los
jardines, las tumbas que glorificaban la esencia superior de
esta cIase dominante, de sus antepasados y de sus dioses. En
conclusión, un punto muy importante del análisis de la forma­
ción económica y social inca y de su jerarquía interna, en la
que se articulan un modo de producción nuevo y dominante y
otro antiguo y dominado, es el de que, mientras que las nuevas
relaciones de producción parecen estar contenidas en germen
en las antiguas relaciones aldeanas y tribales y ser el mero des­
arrollo de éstas, el producto de una evolución continua, en rea­
lidad, el nuevo modo de producción, desde el momento en que
aparece, no 10 bace sino a costa de suprimir parte de las anti­
guas funciones de las viejas relaciones de producción, anulando
el papel dominante que desempeñan en él las relaciones de pa­
rentesco, si bien estas últimas no desaparecieron, sino que sub­
sistieron, cambiando de contenido, aunque no de forma. Pode­
mos ver el peligro que existe en concebir el paso de un modo
de producción a otro en términos de evolución de un germen,
del desarrollo de un germen. Esta concepción disimula el ca­
mcter no lineal de la evolución, el papel decisivo en esta evolu­
ción de la constitución de nuevos puntos de partida. Al mismo
tiempo, nos damos cuenta inmediatamente del error consisten-
VI. EL CONCEPTO DE TRIBU: ¿CRISIS DE UN CONCEPTO El concepto de tribu 199
O CRISIS DE LOS FUNDAMENTOS EMPIRICOS
DE LA ANTROPOLOGIA? * algunos, como Herbert Lewis, no ven en el modo de organiza­
ción tribal de la sociedad un estadio necesario y general de esta
evolución, mientras que otros, como Morton Fried, van todavía
más lejos, viendo en ese modo a la vez el efecto secundario de
la aparición de sociedades estatales y un auténtico callejón sin
salida de la evolución de la humanidad.

Malestar, impugnación, crisis de Un concepto

En definitiva, aunque el término «tribu» invade literalmente


1. U N ONICO TÉRMlNO PARA DESIGNAR DOS REALIDADES los escritos y los discursos de los antropólogos y no parece ubi­
cado en las zonas de los combates teóricos más ásperos de la
Los an tropólogos utilizan habitualmente el término «tribu­ an t ropología, desde hace una década la d uda, la inquietud, la
para designar dos realidades, dos campos de hechos diferen tes, crítica y a veces el rechazo explícito ha ido apareciendo pau­
pero relacionados. Por una parte, casi todos lo utilizan para latinamente en relación con él, hasta el punto de que actual­
distinguir un tipo de sociedad entre otras, un modo de organi­ mente el término «tribu» está en crisis m anifiesta. Neiva, des­
zación social específico que comparan con otros modos de or­ pués de Leach, clama ante la «escandalosa imprecisión del
ganización de la sociedad, «b andas», «Estados», etc. En este concepto»; Julian Steward, evolucionista, pide la mayor pru­
sentido no reina la unanimidad entr e ellos, debido a la impre­ dencia ante 10 que denomina un concepto «cajón de sastre», y
cisión y a la vaguedad de los criterios seleccion ados para defi­ otros, como Swartz, Turner, Toden, optan por ignorarlo siste­
nir y aislar esos diversos tipos de sociedad. Pero el desacuerdo máticamente, silenciando su existencia, au nque exploren un
es mucho más profundo cuando se trata del segundo uso del campo, la antropología polltica, en cuyo seno el concepto de
término tribu, cuando sirve para designar un estadio de la evo­ tribu desempeñaba tradicionalmente el papel de término cla­
lución de la sociedad humana . ve. Pero esto no es más que la mitad del mal, ya que a esas
La relación entre ambos usos del término tribu, e ntendido críticas de orden teórico se añaden un malestar y violentos ata­
como tipo de sociedad y como estadio de evolución, resulta, ques cont ra la utilización ideológica que se hace del concepto
por lo demás, eviden te, puesto que, en la per spectiva de los en la fo rma, derivada y emparentada, del concepto de «triba­
evolucionistas, cada estadio de evolución se caracteriza por un lismo». La existencia de organizaciones tribales, en Africa, en
tipo específico de organización social. Pero la m ayoría de los América, en Oceanía y en Asia parece efec tivamente responsa­
antropólogos se niega a admitir que de la existencia de un ble de las dificultades que encuentran los jóvenes estados-na­
modo de organización social se derive la existencia de un esta­ ciones en su desarrollo económico y político y en la conquista
dio necesario de la evolución de la humanidad, Llegando inclu­ de su independencia. La existencia de vestigios más o menos
so a impugnar la posibilidad teórica de un análisis científico vivos de organizaciones tribales precoloniales parece explicar
de la evolución de las sociedades humanas (Leach), o manifes­ acontecimientos tan dramáticos como la guerra de Biafra, la
tando un total desinterés por su historia. Con la notable ex­ revuelta de los mau-mau, la disidencia de los tuaregs o de las
cepción de Evans-Pritcbard o de Raymond Firth, es el caso de tribus «animistas » del sur de Sudán, la decadencia de los in­
la mayoria de los antropólogos que se adscriben a la escuela dios de América del Sur, etcétera.
funcionalista o a un cierto estruc turalismo. La cuestión se Lo que está en juego en este caso, como lo ha mostrddo
complica aún más debido a que, entre quienes defienden el pro­ Joma Kenyatta en su célebre obra Al pie del 1t!Ol~te Kenya, no
yecto de construir una teoría científica de la evolución social, es sólo interpretar el mundo, sino actuar sobre sus contradic­
ciones, transformarlo a partir de un análisis exacto. Ahora bien,
• Una parte de los m ateriales de este tex to h a sido utilizado para re­ son numerosos los antropólogos y los políticos que rechazan
dactar el articulo «Tribu » de la Encyclopaedia Ulz iver salis. como teóricamente falsa y políticamente perjudicial la utiliza­
200 Maurice Godelier El concepto de tribu 201

ción de los conceptos de «tribu. y ctribalismo. para definir las instituciones indoeuropeas. En relación con ellos hay que
esas contradicciones modernas de los paises «subdesarrolla­ referirse a los soberbios análisis etimológicos y semánticos de
dos». Por el contrario, ven en esas contradicciones que se impu­ Emile Benvéniste de este vocabulario. En su origen, pues, esos
tan al tribalismo, no tanto la tara impuesta por estructuras pre­ conceptos son conceptos empíricos y necesariamente han reci­
coloniales, organizaciones tribales que se creían destruidas y bido un contenido diverso en el transcurso de la historia de
que de nuevo afloran con violencia, como el legado del periodo esas poblaciones, pero, en su capa más antigua. describen una
colonial y de las nuevas relaciones de la dominación neocolo­ forma específica de organización social y política que existía
nialista. Eliott Skinner, antropólogo y embajador en 1967 de los en todas esas sociedades. Una tribu indoeuropea era la forma
Estados Unidos en la República del Alto Volta, escribía: de organización social y política más vasta que existía antes
de la aparición de la ciudad-Estado. Reagrupaba unidades so­
«No puede ser más desafortunado el hecho de que el tér­
ciales elementales, de menor tamaño, el genos (y.tVOt;) y la fra­
mino tribalismo, con todas sus connotaciones de primitivismo
y de tradicionalismo, designe a la forma de identidad que uti­
tria (~pnTpí",) de los griegos, y la gens y la curia de los latinos.
En este caso, )0 esencial radica en constatar que todos esos
lizan en Africa contemporánea los grupos que compiten por el
ténninos (excep to el de curia) pertenecen al r/'lismo tiempo al
poder y el prestigio. Determinados nombres utilizados actual­
vocabulario del parentesco y al vocabulario de la política, 10
mente como símbolos de la identidad de algunos de esos gru­
que supone una relación interna, real o supuesta, entre paren­
pos se refieren a diversas entidades socio-culturales del pasado.
tesco y organización política. E n realidad, como subraya Ben­
No obstante, muchos de esos grupos llamados tribales han sido
véniste, «las principales lenguas indoeuropeas coinciden en es­
creaciones del período colonial, e incluso aquellos que podrían
tablecer la pertenencia a una misma "cuna" como el fundamen­
aspirar a una continuidad con el pasado han perdido tantas de
to de un grupo social» (tomo l, p. 258). En este sentido, el
sus caractensticas tradicionales que, en realidad, hay que con­
siderados como entidades nuevas.JI concepto de t rib u presentaba espontáneamente en el pensamien­
to y en el lenguaje de los indoeuropeos UD dato de su experien­
El concepto de tribu está, pues, «en crisis» y existe una rlo­ cia, UD hecho de observación.
ble urgencia, teórica y práctica, en remontarse a los ongenes Pero lo que ha quedado más o menos oculto en el transcur­
del mal que Le aqueja y redefinjrlo para poder realizar su crí­ so de los siglos, tras la desaparición de las instituciones de la
tica y estimar su alcance real. Para realizar esta tarea parece antigüedad indoeuropea, es precisamente esa relación interna
que el mejor método consiste todavía en volver a trazar bre­ entre parentesco y política y, por consiguiente, la comprensión
vemente la historia del concepto, desde Morgan, el fundador de la naturaleza exacta de los grupos sodales designados por
de la antropología, hasta nuestros días - refiriéndonos en par­ los términos clan, fratria, tribu. Como subraya Morgan a me­
ticular a Marshall Sahlins, el autor que recientemente ha reali­ diados del siglo XIX, cuando la antropología se convirtió en una
zado el esfuerzo más persis tente y brillante para redefinir ri­ disciplina científica, esos términos desde hada mucho tiempo
gurosamente ese concepto---, y reinterpretar los nuevos mate­ venían siendo empleados indistintamente por los misioneros,
riales etnográficos acumulados desde hace más de un siglo. administradores, geógrafos o viajeros ilustrados: ésta era la
Posiblemente, al final de ese recorrido descubriremos que el situación de partida cuando el propio Morgan emprendió el
mal no afecta sólo a un concepto, sino que la crisis es ni más análisis cientlfico de las formas de organización social de los
ni menos que la de los fundamentos y los métodos empíricos iroqueses, seguido paulatinamente del de otras numerosas po­
de la antropología y de las ciencias sociales. blaciones indias de Amér ica del Norte y del Sur.

2. BREVE ALUSI6N A LOS OltlGENES INDOEUROPEOS DEL ~RMINO El ptmto de partida: Morgan (1877)
El vocablo francés «tribu», el inglés «tribe,. remiten al tér­ Para comprender las tesis de Morgan concernientes a las for­
mino latino tribus, al umbrío trifú O a su equivalente griego mas «tribales,. de organización social , hay que recordar breve­
(<1>11.\.1), términos que pertenecen al vocabulario más antiguo de mente lo que constituyó su gran descubrimiento, contenido en

14
102 ¡\1al/rice Godefie" EL concepto de tri/m 203

la obra SVSlel1l5 al COllsa"~llÍl1it-" ami Affi~lir-" of rIJe ffWl/G/1 Fa· individualizada por un nombre , por u n dialecto separado, por
l/1i/1' (Washington, 1871). En d icha ubra Margan J emo"lró. en un gobierno supremo y por la posesión de un territorio que
primer lugar. que las relaciones sociales que dominaban la or­ ocupa y defiende como suyo propio.» Por «gobierno supremo»
gani7ación de la mayor par le de las sociedades primitivas con­ Morgan entiende un consejo de sacllems y de jefes elegidos por
sistían en rclaciones de parentesco. A con tin uación demostr6 las gel/res y, en determinados casos, un «jefe supremo » de la
que esas relaciones de parentesco poseían una lógica interna tribu. Hay que mencionar aú n otras dos «funciones y atributos»
que había que buscar en el e<>tudio mÜlUcioso de las reglas de de la organización tribal : «la posesión de un fe religiosa y de
matrimonio y de las terminologías del parentesco, reglas y un culto comunes» y --como hace destacar la polémica contra
término" q ue, en la mayoría de los casos , parecían desprovis­ las tesis de McLcnnan, PrilHitive Marriage- el hecho de que la
tos de Lada lógica desde el punto de vis ta de los europeos, des­ tribu es un grupo endógamo, mientras que el clan es ex6gamo
concertados ante los slstemas de pan:n teséo "clasifica torios» (páginas 518·524). Clanes y tribu s se han mul tiplicado y diferen ·
que se encuen t ran en Afr ica, Asia, Oceanía y América , Margan ciado constantemente a consecuencia de las m igraciones debi­
su puso además que esos sistem as de parentesco poseían un a das al crecimie n to de las poblaciones y a la limitación de los
historia y se habían suced ido en un orden necesario desde que medios de subsistencia. «Con el tiempo, Jos em igrantes se vol·
el hombre salió del estado animal y de la promiscuidad sexual vían diferentes por sus intereses, extraños por sus sentimien­
de las hordas pri mit ivas, y que paula tinamente se habían des· tos y, solamente en úl timo lugar. divergentes por su le ngua. El
arrollado la prohib ición del incesto y la prohibición del matri­ resu ltado de todo e llo era la separación y la independencia,
monio entre ca tegorías cada vez más amplias de parientes con· aunque los territorios fuesen contiguos. De este modo se creaba
sanguíneos. La «familia humana» habría evo lucionado desde una nueva tribu .. . (por) u n proceso (que) debe ser considerado
la forma prim itiva del «m atrimonio tic grupos», en la actualidad como un resul tado natural e irreductible, a la ,'ez de la orga·
completamente desaparecida, hasta la monogamia de las fa­ nización gen tili cia y de las necesidades ligadas a l estado socia l
milias nucleares europeas. Morgan supuso fina lmente que los en el que se en con traban las poblaciones» (p. J06).
sistemas ele paren tesco m atrilineales habían precedido en la La diferenciac i6n de los modos de vida y del acervo lingüís­
evoluci6n a los sistemas pa tri lineales. ti co se debe. pues, a esta «tendencia cons tante a la desintegra­
A partir de este resumen sum ario se puede comprender la ción... segui da de una segmentación completa» (p. 107) que
definici6n de Morgan de la organización tribal. Un a tribu es caracteriza la o rganización triba l. Esta mu ltipli cación de las
tma «sociedad comple tamente orgamzada (pág. 122), y, por lan­ tribus se ha visto acompañada de un estado de guerra per­
to, una forma de organización social capaz de reprodLlcirse. manente entre ellas, puesto que cada tribu se consideraba en
«/lustra la condición de la humanidad en el estado de barba­ guerra con todas aquellas tribu s con las que no había fi rmado
rie», es decir, de la humanidad que ha sal ido del salvaj ismo forma lmente un tratado de paz, por lo demás provisional (pá­
primiti\'o, per o que aun no ha alcanzado el estadio de la civi­ ginas 111 y 119). La segmentación y las guerr as incesantes cons­
lización. de la sociedad " política», del Estado. No obs tante, si tituyeron «un poderoso obstáculo para el progreso de las tri­
bien una tri bu es "tma sociedad completamen te organizada», bus salvajes y bárbaras ».
no puede comprenderse s u funcionam iento sin comprender pri· No obstante, a lgu nas de esas sociedades tr ibales fueron las
mero la "estructura y las fun ciones» de los g rupos elementales que hicieron acceder a la humanidad a la civilización, pero a
que la componen, los clanes . Un c lan es «un grupo de parientes costa de la disolución y de la desaparición de su organización
cons'lnguíncos descendientes de un m ism o a n te pasado común ciánica y t ribal. Para Morgan la civ il ización aparece con el Es­
que. se distingue n por su nombre gentili cio .Y es tá n liga dos en tre lado, y e l Estado se basa en el control de un territorio V de
sí por r elaciones de sangre» . Luego de descubrir «la identidad las personas que viven en ese territorio, pero que ya no ~stán
de estruc turas y funciones» del clan de Jos indios de América organizadas en grupos de parentesco, sino a nte todo en grupos
y del genos o de la gens de los antiguos griegos y lat inos, Mor­ territoriales , por ejemp lo en ci udades. Las re formas de Solón
gan utilizó el término ge/lS preferentemente al de clan. y ha­ y de CIístenes en la antigua Grecia representaban en la óptica
blaba de «sociedad gentilicia» más bien que de «sociedad tri­ de Margan la imposibilidad radical de «fundar una sociedad
ba),•. Una tribu es un con junto de clanes . "Cada tribu está politiea o un Estado sobre las gentes» (p. 123) Y la necesid:td
204 Maurice Godelier El concepto de tribu 205

de transfonnar esos antiguos grupos de parentesco en grupos a un estadio de evolución al que correspondería ese tipo de so­
terri toriales. ciedad:
Margan atribuía esta evolución hacia el Estado y esa «En general, los antropólogos coinciden en los criterios para
descomposición de la sociedad tribal a la aparición y el des­ describ ir una tribu (en tanto que sistema de organización so­
arrollo de la propiedad privada, primero de los rebai:íos y se­ cial): tID territorio común. una tradición de descendencia co­
guidamente de la tierra y ue los esclavos; por consiguiente, a mún, un lenguaje común, una cultura común y un nombre
una acumulación desigual de la riqueza privada que consolidó también común; todos esos criterios forman la base de la unión
a la familia monogámica. Así pues, la razón última de la apa­ de grupos más pequeños tales como poblados, bandas, distritos,
rición de este estadio particular, como de todos los demás es­
tadios de la evolución de la humanidad, Morgan la buscaba
linajes» (A Dictionary of "'e Social Sciences, p. 729).
primero en "t., sucesión de las artes de la subsistencia» .. . , pro­ Esta amputación en parte se explica por el hundimiento, a
bablemente la base más satisfactoria de esas divisiones. Esta comienzos de este siglo. de las teorías evolucionistas del siglo
es la tesis materialista que Marx y Enge)s retendrán de su obra. pasado y por los principi os mismos de la corriente funciona­
Pero, al mismo tiempo, Margan suponía que esta sucesión de lista que a continuación se impuso e n la antropología. Para los
las artes de la subsistencia iba acompañada del desarrollo pa­ funciona listas, con la excepción, sin embargo, de Evans-Prit­
raleLo de ideas contenidas en embrión en el espíritu antes in­ chard y de algunos o tros bril lantes investigadores, un sistema
cluso de cualqu.ier experiencia: la idea de gobierno, la idea de social es un Lodo cuyas partes están necesariamente ligadas,
familia y la idea de propiedad. Lo que Murgan intentó, a partir pero sobre esta necesidad la propia historia del sistema, en
de esa base compuesta de principios materialistas e idealistas. opin ión de ellos. nada puede en<;eñamos, ya que la historia per­
fue establecer, de forma hipotética y ampliamente especulativa. tenece al orden de lo accidental y lo incidental y no de lo ne­
un paralelo entre series de invenciones t ecnológicas y sucesio­ cesario. Existen leyes de funcionamiento de las sociedades. pero
nes de instituciones sociales. Pero jamás pudo demostrar autén­ no existen leyes de su evolución o de su transformación nece­
ticamente las relaciones internas y necesarias entre esas estruc­ saria.
turas sociales, reconstruir el mecanismo de la causalidad re::í­ No obstante. incluso ampu tado, desembarazado de su con­
proca de esas estructuras y, particularmente, de la causalidad tenido evolucionista, el concepto de tribu presenta otras fisu­
de la economía. ras que agrietan la parte preservada. Algunas son de importancia
menor. Se ha podido demostra r que unidad lingüística. unidad
«La investigación no ha sido profundizada suficientemente cultural y unidad «tribal" no coinciden en numerosos casos . (Ver
en esa dirección como para proporcionar la infomlación nece­ a) respecto los artículos citados de M. Fried, G. Dale y los es­
saria" (p. 9). tudios de los lin güistas Dell Hymes, John Gumperz, Paul Frie­
drich, C. Voegelin, o de estadísticos como Driver y Narol!. Es­
¿Dónde nos encontramos actualmente? ¿Qué es lo que se tas investigaciones fueron en parte impulsadas por los estudios
sostiene, lo que se ha hundido o lo que ha sido desarrollado de de Boas, el critico de Morgan.) También se ha demostrado
esos análisis de Morgan sobre el concepto de tribu? que los nombres de «tribus» frecuentemente eran términos
aplicados a un grupo por grupos extranjeros, o simplemente
querían uecir «las gentes» (Leach, Friedl. y que la descendenc ia
Un siglo después: tcmcionalislas y rieoe'Volt/ciollistas común de los miembros de una tribu a partir de fundadores
ancestrales era una ficciÓn (Malinowski, Leach). Fina lmente, se
Si. por ejemplo, consultamos en la actualidad el art ículo ha demostrado que la existencia de un sentimiento de grupo y
«tribu», redactado por John J. Honigmann en el Dictio/lary of de una ideología de pertenencia eomún frecuentemente no per­
tlle Social Sciences, publicado en 1964 bajo el patrocinio de mitía deducir que la comunidad étn ica en cuestión era una tri­
la UNESCO. podemos constatar que la definición de Margan bu, mientras que para Linton se trataba precisamente del «test"
se ha mantenido en su aspec to descript ivo de un cipo de socie­ de la unidad tribal (véa<;e Mocrman a proposito de los lué de
dad, pero ha sido completamente amputada de toda referencia Tailandia, con la respuesta de Narol!. el artiCulo de Bessac so­
206 Matlyice Godelier U cO/1cepto de (riblt 207
bre los mongurs y los yogur). Con mayor fuerza aún se ha c;ub­ tanto, podemos legítimamente interroe:arnos sobre el interés
rayado que no se ha podido demostrar la anterioridad cronoló­ de ese concepto aglutinador , concepto nocturno en el sentido al
gica de los grupos de descendencia malriJineales en relación con que se refiere Hegel en La Filosofía del Derecho Luando ha­
los grupos patril inea les, que la estructura de las bandas de ca­ bla de «la noche en la que todos los gatos son pardos».
zadores-recolectores era una realidad muy compleja, que exjs­ Ahora bien. ese concepto. heredado de Margan, amputado
tian \'erdaderas aristocracias y caudillajes (cllefferies) heredi­ de una parte de su contenido por los funcionalistas y sometido
tarios entre las tribus primitivas -mientras que Margan a un host igamiento critico incesante, es el que Marshall Sahlins,
impugnaba su posibilidad teórica (p. 259)-, que los incas y los Service y otros neoevolucion istas hao Illtenlado redefinir rigu­
aztecas no eran {<democracias militares» ni simples caudill ajes rosamente y emplear de nue\'O en todos sus usos inicia les, es
hereditarios, sino au ténticas sociedades estatales en las que la decir, para caracterizar tanto un tipo dI: sociedad en el marco
clase dom inante se confundía con el Estado y donde la organi­ de una antropología comparada como un estad io de evolución
zación tribal aún no había desaparecido, cte. Tal vez ahí, en socia l en el marco de una teoria de la historia .
torno a l problema de la naturaleza de las relaciones politicas Sahlins en 1961 y Scrvice en 1962 han presentado un esque­
que ca racterizan el modo de organización tribal, es donde se ma de la evolución social de la humanidad en cuatro estadios:
encuentran las principa les dificultades del concepto de t ribu. el estadio de las bandas, el estadio de las tribus, el dc los cau­
Honigmann lo subraya con claridad: dillajes y finalmente el de las sociedades estatales, con las que
«Así como existe un acuerdo general sobre las características la civil ización ha hecho su irrupción en la historia. "Una banda
110 es más que una asociación residencial de familias nucleares»
ya establecidas de lo que const ituye una tribu (véase la defini­
Sahlins, 1961, p . 324 ; Service , 1962 , p_ 111). Una tribu es «del
ción antes enunciada ), las dificul tades comienzan a surgir a
partir del momento en que se inicia la discusión sobre las ca­ orden de una amplia colección de bandas , pero 110 es solamen­
racterísticas politicas de la tribu.»
te una colección de bandas» (Sahlins, 1962, p. 326) Un caudilla­
je «se dis tingue del nivel triba l particu larmen te po r la pre:;en­
Honigmann cita a conti nuación una clasificación muy exten­ cia de centros que coordinan las activ idades económicas, socia­
dida en tre los antropólogos, que distinguen tres tipos de t ribu les y religiosas» (p_ 143) y «redistribuye una gran parte d~ la
por referencia a la forma de su orga nización polít ica: las tri­ producción de las cOlllunidades loca les» . Después ap3rece el Es­
bus acéfalas no segmentarias, las t.ribus acéfalas segmen tarias tado, que refuerza esa centralización y constituye una estnlc­
y las tribus cen tra lizadas. Entonces se ve forzado a definir tum política defin itivamente superior y exterior a los grupos
como «tribus» tanto a las bandas de cazadores-pescadores es­ sociales locales, transformando las desigualdades soc ia les de
quimales, a los agricul tores iba de Afríca ( tribu simple no seg­ categorías en privi legios de clases.
m entaría), a los pastores nucrs del Sudán o a los horticultorcs­ Se trata, grosso modo, del esque ma de Margan, pero reajus­
pescadores matrilincales de las islas Dobu de Oceanía ( tribus tado para tener en cuenta los nuevos datos de la etnología. So­
acéfalas segmentarias) como a los antiguos caudi llajes poline­ lamente abordaremos dos de esos reajustes. Por una parte, el
sios de Hawai, de Tonga, a los khanes mongoles o a los reinos concepto de «banda» ha venido a sustituir al concepto tle "hor­
mossi (tribus centralizadas). da primitiva» para describir el «tipo dominante de sociedad del
A través de todo ello se ve surgir la p rincipal dificultad del paleolítico» (Sahlins, p . 32.+). Por otra parte, la existencia de
concepto de tribu, dificultad que expresa con elocuencia la re­ los «caudillajes», sociedades que carecían en la obra de Morgan
serva de Honigmann cu ando se abstiene de añadir los criterios de un estatuto teórico plenamente garantizado, queda, en ade­
políticos a los otros criterios «ya establecidos» que definen ese lante, reconocida.
concepto: cualquier sociedad primiLiva -o al menos todas ¿ Cuáles son las hipótesis que subyacen a la cam,trucción de
aquellas en cuyo seno no existen formas netamente caracteriza­ semejante esquema? La e\'olución de las sociedades habría pro­
das de relaciones de clase o de poder estata l- puede ser ca­ cedido, en principio, COmo la de Jos organismos \'i\'os, Je lo in­
racterizada como una sociedad tribal. Incluso esta misma res­ diferenciado a lo diferenciado , de lo simple a lo complejo, y
tricción no es totalmente exacta, puesto que numerosos remos cada uno de los estadios distinguidos correspondería. por tanto,
africanos o asiáticos son auténticas sociedades es tatales. Por a un nivel cada vez más comple io de diferenciación y de inte­
208 Maurice Godeller El concepto de tribu 209

graclón estructurales (Sahlins, 1961, p . 354). Sahlins busca los bal» la casi totalidad de las sociedades primitivas conocidas.
fundamentos de esta evolución en las transformaciones de la En esa diversidad extrema, Sahlins ve el producto de variacio­
economía, en la «revolución neolítica» que habría permitido, no, nes estructurales múltiples impuestas por la adaptación de la
en rigor, el nacimiento, pero sí la generalización y el predominio economía «neolítica» a medios ecológicos extremadamente di­
de las sociedades tribales sobre las sociedades de cazadores-reco­ versos en el transcurso de un movimeinto de expansión mun­
lectores de la era paleolítica. A partir de estas hipótesis. el méto­ dial, iniciado hacia 9000 antes de JC. en el Próximo Oriente y
do de Sahlins y Service ha consistido en cons t ruir una represen­ hacia 5000 antes de JC . en el Nuevo Mundo con las primeras
tación «verosím il» de ese proceso, seleccionando las «caracterís­ formas de la domesticación de las plantas y de los animales y
ticas» del funcionamiento de algunas sociedades reales que pa­ seguido de la desaparición progresiva de los cazadores-recoJec­
recen corresponder a cada uno de esos niveles y ubicando esos tores paleolíticos, paulatinamente relegados a~ ZOnas ecológicas
materiales en las diferentes casi.llas del esquema preparadas al m a rginales no adaptables a las técnicas agrícolas y ganaderas
efecto. Hay que advertir que el mismo hecho de ubicar esas del neolítico. Bajo los conceptos de economía neolítica y de so­
sociedades rea les en ta l casilla o en tal otra metamorfosea ciedad tribal, se encuentran igualmente comprendidas las socie­
automáticamen te esas sociedades en representaciones «típicas» dades de agricultores que emplean la roturación mediante el
de la organización de la socie dad humana en tal o cual estadio fuego de Amazonia, de Oceanía, de Africa Ecuatorial, los pasto­
de su desarrollo, y que así desaparecía automáticamente la evo­ res nómadas del cinturón seco de Asia y de Africa. los cazado­
lución real, singular, de esas sociedades, su historia, la Histo­ res-pescadores de la costa Noroeste de América del Norte, que,
ria. Y al mismo tiempo, pues to que esas sociedades sirven para gracias a la prodigalidad de su medio en recursos alimenticios,
ilustrar un estadio que ni siquiera ellas mismas han franquea­ habían alcanzado el estadio tribal antes incluso de la aparición
do hi stóricamente, adquieren, pues, un futuro imaginario en el de la agricultura neolítica, los cazadores montados de América
preciso momento en que su pasado real desaparece. que transfonnaron rápidamente sus sociedades cuando redo­
En 1968, en su obra Tribesme/1., Marshall Sahlins modifica mesticaron el caballo, introducido por los blancos, a lgunas so­
de manera importante ese esquema, que reduce a la sucesión ciedades que practicaban una agricultura intensiva, frecuente­
de tres estaclios: banda, tribu, Estado (en vez de cuatro), sin mente de regacl1o, como los pueblo, los polinesios de Hawai,
dar ninguna justificación teórica de ese cambio y sin que nin­ etcétera.
guna modificación doctrinal concernien te a los principios y a Este inventario de sociedades y de sistemas económicos in­
los fundamentos de La evolución social haya precedido o aCOm­ numerables resulta hasta tal punto heteróclito que, para justi­
pa ñado ese cambio. Las razones q ue excluían en 1961 a los «cau­ ficarlo, habría que demostrar rigurosamente que nos encontra­
dillajes» del estadio tribal -a saber, la presencia de <I[uociooes mos aquí en presencia de mutaciones de un mismo tipo funda­
hereditarias», de una «estructura política permanente» en ma­ mental de relaciones económicas «neolíticas». Sahlins completa
nos de una determinada fracción de la sociedad- no parecen esta primera hipótesis con otra al suponer que esta diversidad
suficientes para excluirlas en 1968. Las sociedades tribales y ecológica y económica explica la diversidad de las relaciones so­
las sociedades con caudillaje se plantean en adelante como «dos ciales que pueden encontrarse en las sociedades «tribales» y,
desarrollos» de un mismo tipo de sociedad <lsegmentaria», como particularmente, la diversidad de las relaciones de parentesco.
dos permutaciones de un núsmo modelo general que conducen, ya sean de tipo de linaje. cognaticio, etcétera.
respectivamente, a una extrema descentralización de esas rela­ Carecería de sentido reprochar a Salllins no haber desvelado
ciones sociales segmentarias o bien a su integración en niveles «los misterios más profundos de la antropología cultural» (p .
de organización social más elevados que Los segmentos locales. 48), ofreciendo una teoria acabada de la evolución social de la
La primera permutación engendra ,das tribus segmentarías pro­ humanidad. La cuestión es de orden epistemológico y se refiere
piamente dichas» (1968, p. 20), Y la segunda, los «caudillajes», al hecho de que Sahlins. como mucho antes que él Lewis Mar­
en cuyo seno «la cultura tribal anticipa el Estado y sus comple­ gan, ha recurrido a un método que 110 permite verificar sus
jidades» (ibid., p. 20). Entre esos dos tipos opuestos se inter­ propias hipótesis y que, ante todo, consiste en comparar múl­
cala una multiLud de combinaciones intermedias. de tal ma­ tiples sociedades primitivas carentes de Estado y de clases, in­
nera que Salllins reagrupa bajo el concepto de «sociedad tri­ tentando aislar sus rasgos comunes y dejafldo provisionalmente
210 Maurice Godelíer El cO/1cepto de tribu 211

al man~erl sus diferencias. Se trata , por consiguiente, de un pro­ en el parentesco tan sólo un elemento de la superestructura so·
cedimiento empírico que va en sentido opuesto al resultado cial distinto y separado de la infraestructura económica, del
buscado, ya que, para demostrar que los diferentes sistemas modo de producción. De ah í Sahlins concluye que los diversos
económicos y los diferen tes tipos de relaciones sociales que ha sistemas económicos de las sociedades «trib a les» son o tras tan tas
inventariado son transformaciones necesarias y reguladas de variedades de un mismo modo de producción fundamental, el
estructuras sociales que de ben ser reconstruidas por el pensa­ modo fami liar de producció n ". E<;ta expresión no es sinóni1ll3
miento en la medida en que no son directamen te observab les de «modo de producción rami li ar», puesto que la producción en
en cuanto tales, Sah lins debería emplear un método q ue diera el seno de las sociedades tribales implica frecuentemen te la co·
cuen ta a la vez, y por la acciólZ de los luislIlOS p r il/cipios, de operación de varias familias o la utilización, más allá de las
las semejanzas y de las d iferencias entre esos s istemas económi­ fuerzas productivas familia r es, de la cooper ación de grupos so­
cos y sociales, un m étodo, por consiguien te, que no an ulase las ciales no familiares (clases de edad , e tc.). Signi fica únicamente
diferencias o que no las encontrara de n uevo, más allá de las que la producción y e l consumo están en última i/lStancia re·
semejanzas, como un residuo embarazoso . Aho ra bien , precisa­ guIados, esti m ulados y limitados por las necesidades y los me­
men te nos encontramos, en el ca so de Sahlins, ante u n m o vi­ dios de los grupos familiares (pp . 7-+ Y 75).
m ien to pendular de ese tipo entre semejanzas y diferencias. As í pues, hasta el p resente la exp resión «sociedades triba­
E l primer r asgo común de toda s las sociedades «tr iba les» les» designa a todas las sociedades primitivas que tienen en
que Sahlins a ísla es el hecho de q ue las un idad es sociales ele­ común esos dos rasgos visibles de su f uncionam ie nto: existen­
men tales que las compon en son «grupos m ul ti fa mili ares q ue cia de uni dades sociales ele mentales, de segmentos primarios
explotan colectivamente un área de recursos com ún y forman q ue presentan la forma de grupos loca les mu ltifamiliares , y p lu­
una u n idad residencial durante todo el año o la m ayor parte rifunciona li dad de las relac iones de paren tesco que organi­
de él». Sahlins den om ina esas unidades elementales «segmen­ zan esos grupos fa m il iares . Pero a part ir de l momento en que se
tos prim arios», de donde se deriva el sentido del término va más allá de ese denominador comú n son p recisamente las
«sociedades segmentar ias" , empleado in diferentemente en vez d iferencias entre las soc iedades tribales las que ocupan el pri­
de «sociedades tribales». Sah lins hace volunta ria mente «a bs­ mer plano y, por tanto , lo q ue hay q ue inven tar iar y explicar.
tracción» de los carac teres intern os de esos segm en tos sociales, Ahora bien, si algunas de ellas conduce n simplemente a distin­
es decir, de la n aturaleza exacta de las relaciones d e pa rentesco guir subclases en el seno de la clase de las socied ades tribales,
q ue organizan esos grupos mul tifamiliares y hacen que esos o fras, por el contrario, son de tal nat uraleza qu e ponen en en­
segmentos cons tituya n, b ien segmentos de linaje patr ilíncal (tiv) tredicho la propia u nidad de esta clase , por consiguiente, a h í es
o m atrilinea l (iroqueses), bien segmentos cogna ticios (los iban donde su rgen y se concen t ran todas las dificultades teórica-; pro.
de Borneo, los lapones), etc. Lo que queda aislado por este p ias de un proced imiento comparativo em pírico. Para rea liza r la
procedimiento es, pues, un rasgo que pertenece más bien a la prueba basta analizar las dificu lt ades y las contradiccionc!' de
«for ma general» de un elevado núm ero de sociedades primiti­ S ah lins cuando trata de incl uir en la definición de las sociedades
vas que a s u contenido específico. tribales un tercer elemen to : la propiedad «de equivalencia es­
E l segundo elemento común que Sahlins pone de relieve es tructur al» de los segmen tos prima r ios que las componen . Ah ora
el carác ter m u ltifu ncional de las relaciones de parentesco que bien, al llegar a este punto abordamos problemas fundamen ta­
organizan esos segmentos primarios. Por este lado apunta al les de la antropología.
hecho de que esas relaciones de paren tesco, a bstracción hecha Por «equ i\'alencia estructural» de segmentos primarios se
de su carácter patri, matri, bilineal o no lineal, funcionan al designa el hecho de qu e sean funcionalmen te equivalentes, es
mismo liempo como relaciones económicas, relaciones poliLi­ decir, económica, política, cultural e ideológicamente idénticos
cas, relaciones ideológicas, etc.; en resumen, poseen la propie­ e iguales. Cada segmento . cada comunidad Jacal es lo que son
dad, según la famosa expresión de Evans-Pritchard, de estar las otras, hace para sí misma lo que hacen las otras. La ilusll-a­
«funcionalmente generalizadas». E l reconocinlien to del carácter eión más perfecta de ese principio de equivalencia estructural
po lifuncional de las relaciones de parentesco tiene una gran de los segmentos la constituye para Sahlins la sociedad tiv de
trascendencia critica en el p lano teórico, puesto que impide ver Nigeria. Todas las comunidades locales tiv son segmentos de
212 Maurice Godelier El concepto de tribu 213

linajes que pretenden ser des<:endientes de un antepasado co­


mún y que ocupan territorios contiguos. Los niveles de organi­
ación social superiores a esas comunidades no operan siDo de
forma temporal , cuando las enfrenta un conflicto. Si la comuni. e
dad a ataca a la comunidad b, entonces el linaje 1 en bloque ]
afirma su solidaridad y se moviliza para afrontar al linaje !l. e ..~ ..

Si el segmento de linaje d ataca a la comunidad vecina e, todos -=,


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los descendientes del antepasado A se movilizan contra el li­


naje máximo B. Los niveles de parentesco y de organización
social superiores al nivel local segmentarío no existen, pues,
no se convierten en complementarios sino «por oposición», se­
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gún la fórmula de Evans-Pritchard a propósito de los n uer • u ~
(1940, p. 144).

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llaje polinesio, «integrado» bajo la forma de un vasto «clan có­
nico» (Kirchhoff), y que comenta Sah1ins de forma tan notable. 11 i

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Inmediatamente podemos constatar que en el caso del cau­ ¡,';; o ~
dillaje polinesio ha desaparecido el principio de equivalencia ffl !~
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estructural de los segmentos primarios que existe en el caso de Z Sr!
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los tiv y de los nuer y que, en opinión de Sah1ins, debería ca.
racterizar a todas las sociedades tribales. Todos los segmentos
y todos los individuos que componen el caudillaje quedan a
n~ Uallrice GodcliL'r 21S
El ('o/lce rlO de tri/m

po nir de este momen to colocados en u n orden de jerarquía des­ fcn:nte. Ciertamente, las relaciones de parentesco son seg:mLn­
cendente a partir del jefe a, el primogénito de los dl'scendien­ tarias, multil'uncionales en ambos casos, pero esas s<.Dle janlas
tes <.IeI hijo primogén ilO del fundador del clan , (En el caso de de «fnrl11a» parecen de una importancia limi tada en n'lación
los kachin de Birmania, la autoridad . por el contrario, recae con la<; consecuencias que implican las diferencia'i de sus fun ­
en el hijo menor de Jos descendientes del último hijo del ante­ done", v de su estructura interna en todo'> los aspectos: t'CO­
pasado fundador . Véase Leoch,) Nos encontramos, ciertamente, nómico, politico e ideológico, del funcionamienLo y de la re­
en presencia de una sociedad segmentaria, pero jerarquizada producción de esas sociedades .
en categorías y en estatutos sociales desiguales, c.uyo peso se Este resumen demuestra claramente que, aun si la forma
agrava a medida que se llega , siguiendo las líneas gt'nealógic3s, general de las relaciones sociales es todavía en este caso la de
a Jos hijos menores de las ramas menores de la descendencia las relaciones de parentesco multifuncionaks, de hecho, con
del fundador. 5ahlins subraya que este tipo de caudillaje no las sociedades segmen tar ias acéfa las ~ los grandes caudillai~s
con~tituye u na sociedad de clases : «se lrata de una estructura de polinesios, nos encon tramos en presencia de dos modos de pro­
ni\t'l es de interés más bi en que de con fl ictos de inkn:ses, de ducción diferentes , y CIl\'Q diferencia 110 estriba el! ser doc; \'arie­
propiedades familiares g raduadas -en Ll control de la riqueza d(/c/es de tilia lI1isma especie: el llamado «m odo fa m iliar de
y ele la fuerza, en los derechos a exigir servicios de los otros, producción » d e 5a11lins . Porque lo que caracteriza) deternl ina
en el :lcceso a l poder di\ino, en los aspectos m3teria les de Jos ante todo las relaciones de producción en el caso de los caud i­
es tilos de vida- de tal mod o que, si bien todos los individuos llajes polinesios son las relaciones existentes entre una aristo­
son parien tes en [re sí y miem b ros de la sociedad, sin embargo craci a que 110 l rahaja , dis f ruta del /llol7opolio de l poder polí­
algunos lo son más que otros» (p . 24 ). En adelante, y por ias tico, ideológico y religioso y dispone del trabajo, de los pro­
misl/las razones que hacen que Jos segmento., primal'ios de la duc tos y de los recursos mat~rÍ3les de los p roductores direc­
sociedad dejen de ser funciona lmente eq uivalentes, los nivele.. tos v la masa de las pasonas cOl'dentes que \ Í\en en las comuni ­
de organización de Iinajc superiores a los segmentos locales dades locales. Ciertamente, es impo r tante y , por tanto, debe ser
-que tan sólo tienen una existencia episódica y u na importan­ exp li cado, el hecho de q ue los a ri s tócra tas y las personas co­
cia social muy limitada en la reproducción de las sociedades rrientes sean o se consideren parientes lej anos y se traten como
acéfalas- existen en fonna de il/Slilllciones penl/(/Ilellles, do­ tales, e igua lmente es importan te, pero de menor trascendencia,
tadas de f/l/1ciones diferentes y complementarias para la repro­ que la form a de sus relaciones de paren tesco sea pat r ili neal;
d ucción de la sociedad en su con j un to y que, por consiguiente, no obstante, lo dt'c isi\'o en es te caso es que el moclo de produc­
controlan de forma diversa pero eficaz el funcionamiento 1/1­ ció n y las estructuras po lít ica s e ideológicas a él vinculadas <,on
temo y la reprod ucción de las comunidades locales . Estas últi­ le u na natu raleza comp letamen te d istinta a la de las sociedades
mas ya no poseen la amplia autonom ía paJi rica, económica e de li naje, como por ejemp lo los l1uer o los tiv . La aparic ió n de
ideo lógica que les corresponde en e l seno de las « tr ibus acCfa­ \ 'erdaderas clases sociales su pone precisamen te la desapa rición
las» . Y esta jerarquía ele funciones es la q ue convierte al jefe no de las relaci ones de parentesco, sino de su capacidad d e ser la
supremo y al grupo de parentesco al que pertt'nece elJ el cen­ forma general de las relaciones sociales, y se requieren cond i­
tro y e l vértice de la sociedad ,en su to talidad, puesto que per­ ciones absolutamente específicas para que las relaciones políti­
soni ri ca y controla el con junto de las relaciones de dependencia cas, itlcológicas, as í como las relaciones de prod ucción entre
reciprocas de todos los grupos y de todos los ind ividuos que una aristocracia y el pueblo ll ano se desarrollen [uera de las
componen la sociedad . relacio nes de parentesco. Sahli ns no ha ignorado, c ier tamente,
A.!:> [ p ues, aun si exis te u na semejallza forlllal en tre la orga­ este p rob lema fu nda mental de la aparición de las clases, pero
nización de linaje de a lgunas tnbus acéfa las y la organización ha aludido a él sin tratarlo.
de linaje de detel-minados caudi lla ies ( mientras que , desde el
propio punto d(; vista de Marsha ll Sahlins, el clan polinesio es
más bien un grupo de dc~c('ndencia cognada, y, por tanto, en
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DE ANTA:]t,.;O .
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realidad no lineal, aunque de «ideología" patrilineal), lo esen­ \..
cial es que esos linajes fUllciollan de forma completamente di- CENTRO Oc r';':r.''' b'¡ll ¡... N
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2J6 Maunce Godelier El concepto de tribu 217

ron siempre y exclusivamente formaciones sociales secunda­


3. INTENTO DE BALANCE: CRISIS DE UN CO'\CEPTO O CRISIS DE LOS rias, subproductos de Jos procesos de formación de las socie­
FUNDAMENTOS E.\<\.PI RICOS DE LA ANTROPOLOGÍA dades estatales.
En definitiva, parece que el concep to de «sociedad tribal»
Así pues, al final del esfuerzo más persistente que se ha des­ designa un pequeño grupo de rasgos visibles del funcionamien­
plegado desde hace tiempo en antropología para redefinir y to de numerosas sociedades «primitivas», a saber: el carácter
utilizar e fi cazmente el conceplo de «tribu», llegamos a un re­ «segmentario» de las unidades socioeconómicas elementales que
sultado ampliamente negativo. La clase de las sociedades triba­ las constituyen, el carácter, real o aparente, de «grupos de pa­
les se encuentra, pues, partida en dos m itades, y a ambos Ja­ ren tesco» de estas unidades socioeconómicas y el carácter «mul­
dos de una línea divisoria , cuya naturaleza y génesis permane­ tifuncional» de esas relaciones de parentesco. La vaguedad de
cen oscuras, se reagrupan , por un lado, las sociedades segmen­ esos criterios es tal que el concepto puede aplicarse a un núme­
tarias acéfalas y, por el otro, las sociedades de caudillaje. Las ro inmenso de sociedades primitivas que se yuxtaponen en vas­
diferencias estructurales entre esas sociedades predominan, tan­ tos amasijos de límites imprecisos . Por o tra parte, lo que sor­
to en número como en importancia, sobre sus semejanzas, y en prende en la historia de este concepto es lo poco que en el fon­
este sentido el in tento de Sahlins, en 1968, de reagrupar bajo do ha cambiado desde Lcwis Margan (1877), mientras que los
una sola categoría esos dos grupos de sociedades, que distin­ múltiples descubrimientos realizados desde entonces sobre el
guía y oponía en 1961 , resulta un fracaso . Este fracaso con[ir­ campo agravaban y acusaban cada vez más la imprecisión y las
ma, por otra parte, los resultados de las comparaciones esta­ dificu ltades del mismo. De su contenido ha desaparecido, por
dísticas de Cohen y Schlegel, que, utilizando los procedimientos una especie de hudim icn to interno, lo que estaba directamente
matemáticos de Fisher de análisis regres ivo de la co\'ariación de relacionado con las concepciones especulativas de Morgan, por
variables múltiples, concluían en 1967 que «no había un sopurte eJemplo, la idea de un orden necesario de sucesión de los sis­
sólido para la idea de la existencia de un estadio social w7it i ­ temas ma trilineales de parentesco a los sistemas patrilincales,
cado entre las bandas de cazadores-recolectores y las socieda­ concepciones hace tiempo caducadas para todos, incluidos aque­
des estatales». Probablemente, un análisis estructural minucio­ llos que se proclaman discípulos de Margan.
so de 10$ sistemas económicos de todas esas sociedades nos El mal, por consiguiente, no está en un concepto aislado, sino
descubriría la existencia de muchos otros modos de producción que hunde sus ra íces en una problemática que necesariamente
en el seno de ambas categorías de sociedades y, de rechazo, producirá los mismos efectos t eóricos mientras continúe confi.­
trastrocaría esta clasificación excesivamente sumaria . gurando el trabajo científico. E n el caso de Service y Sahlins,
Hendida por la mitad, la clase de las sociedades «tribales» este método es el del empirismo neoevolucionista contemporá­
es, por otra parte, apenas distinguible en sus confines de las neo, y añade los límites del uno a las debilidades del otro. Todo
oLras dos categorías de sociedades a las que se la opone, las empirismo tiene tendencia a reducir el análisis de las socieda­
"bandas» de cazadores-recolectores, PO¡- l!na parte, y las socie­ des a la puesta en evidencia de los rasgos visibles de su fu n­
dades «estatales», por otra. Herber t Lcwis y Morton Fricd han cionanl iento, y, a continuación , a reagrupar esas sociedades bajo
demostrado con razón que los criterios utilizados por Sahlins diversos conceptos, según la presencia o la ausencia de deter­
y Service para definir las sociedades tribales acéfalas segmen­ minados rasgos elegidos como puntos de comparación, p.:!ro
tarias no sirven. para difere/1GÍarlas verdaderamente de las so­ incesantemente se ve amenazado con el dilema sin salida de la
ciedades llamadas «bandas», a las que estos últimos las oponen. excepción y de la regla.
Por otra parle, muy lejos de ser radical y universalmente in­ El neoevolucionismo utiliza los resultados abstractos, pro­
compatible con la ex istencia de las sociedades tribales, un Es­ ducidos por las operaciones emplricas de claSIficación y de deno­
tado-Imperio consolida frecuentemente los caudillajes y las minación de las sociedades, pura construir un esquema hipol,éti­
tribus que domina y, a veces, las crea de nueva planta, sin que co de la evolución dt: la sociedad humana. Este esquema no se
necesariamente haya que concluir, como lo hacen Fried o Col­ construye partiendo de los resultados de un análisis de la evo­
son, de esos procesos, verificados aún ayer por la práctica de lución real de las sociedades que sirven para ilustrarlo, sino
las potencias coloniales eu ropeas, que trib us y caudillajes fUe- que es construido lógicamente a partir de conclusiones ex­

15
218 Atril/rice Godelrer I r()//(;epto de tribu '19
traídas dd estudio de la evolución de la naturakza y, particu­ si.\, y , por lanto, prioritaria en la realiúad, sin <¡er unlca ni ex­
lanncnte, de la evoluc ión dI! los seres vi\'os El empirismo neo­ CIlI"¡\.I, dI.' esa., tlispo"iciones cO:;lructura les y de sus tram,[or­
c\olucionista jamás loma del louo en serio los (enómenos de Il1JCiUIICS. De Marx a Morgan, de Morgan a Firth, de Firth a
rCH'r'iihilidad, '! aun nll.'IIOS lo::; knollll.'nos de devoluciun que Sahlins, a pesar ue las dil"crcncias existl!ntcs entre dichos auto­
c:-..islen en la evo lución de las sociedades, y enfoca esta evo­ !"t:''', esta causa lt dad d iferencial priori taria se ha buscado en la
lución casi exclusivamcnte como un mov imiento general y con base material de las sociedades (revol ución neo lllica, revol u­
un 'icnliuo Úl1ico, como un avance por estadio"- generalcs (con ción industrial, elc,), en su organización económico. Poniendo
la excepción, no obstante, de Julian Steward y de algunos otms en pn.'ll'tici1 tales análisis se podrá determinar rigurosamente la
que ven en la e\olucion 1111 fenóme no mul lili ncal). Ahora h iLn, rarte clcnlir ica de l concepto de tribu, de «sociedad tr ibal», con
no exis te evoluc ión sin uc\'o luciún, no hay evolución en un sen­ la condición, por supues to, de renunciar a poner en prácfica
tido sin pos ibilidad de evolución en otro o en varios o tros sen­ (''-lo:,; métodos sobre soc iedades ais ladas de su conte:-..to y de­
tidos : no ex iste e\'ol ución «en genera l", ni lamroco auténtica dicClrse a hacerlo sobre conjun tos limitauos de sociedades ve­
«cvolución ge ne ra l» de la humnnidad , La huma n idad no es un cinas, a trabaiar, según la expresión de Herbcrt S , Lcwis, sobr
sujcto, tampoco las sociedades lo <;on , y suo:; respec ti "a" l, isto­ film'cnio.s especificas y limitadas, Pau latinamente sc recons­
nas, lá H istoria, no es la dd dcsarro!I o de un embrión u orga­ lruirón 50bre hases mús firmes, no solamente una teoría de la
ni"mo. Para dec irlo con una rrase de Marx, <da h istoria u niver­ cvolución de las sociedades, sino también una teoría del paren­
sal no ha exi<¡t ido sil'mpl"< '; b historia , considerada como tesco, de la religión, de la políLica, en sus conexioncs c!'lruc­
historia uni\'crsal, es un resultado» (Marx, CO'7trihl/(ioll /1 la turalcs. e'ipecíficas con la lógica de divcrsos modos ele p ro­
critiqlle de l'ecollolllie politiq/lc, Editiono; Socia]e", París , 1957, duccion .
página J 73. Ha, 1rad. ca<; tcll ana l.' n Comun icación, M"drid, 1970).
Ante ('slos hechos, qUe exigcn arrchcmkr a la \"l' 1 la.., continui­
dades v las I uplura", las semejanzas formale., v las d ¡t'en:ncia<¡ COl/lb iar el campo y los términos del problema
funcionare<¡ y estructurales, es preciso encontrar un m~lodo que
c\'ilc reducir las real idadl's suciales e hisl·Óricas observadas a j. Hay que extrañarse todavía de que a l intentar explicitar el
abstr'acciollcS cnda vcz más pobres, v que, por el contrario, conccpto de t ribu y recorrer brevemen te su h is toria se haga
rerrcscnle en el pcnsamil'nto SU" estructuras internas V (ks­ ,>urgir del fondo de los discursos y de los t.raba jos cotid ianos
cubra sus leyes de reproducciün v de no n'producl' iün, de cam­ de los nntropólogos trasfondos teóricos contradiclorios, hábi­
bio. Para esto es lll'lCSano Ik:\"<lr la investigación hasla detl'r­ los de IJemamicnto s ilenciosamente reproducidos y sed imenra­
minar la causalidad cspclIfica dc cada estrucLUra o ni\'c l es­ dos y que, en mllcho::; casos, <;c han convertido en caminos que
twclural. Nu obslante, para Ilevor a cabo corn..: ctamente es ta no lIe\'a n ti ninguna parte? Para descifrar esta historia v llevar
tan~a, en primel- lugar hay qlle reconocer la autonomía relativa hasta el final la evaluación crítica del concer to de tribu, hay
de cada nin.~I. explorar la arllculación de b forma v dd conte­ que hucer algo más que analizar cada día más profundamente
nido de esas I!stmcturas, TIa\', por tanto . que ir cn el mismo las realidadcs que dcsi!!l1a, hay que saber en cier to modo leel·,
análiSIS cslruLlural dc las fonnas de las relacIones S()~ iale" ha­ cn I;.¡ misma matcria del concepto, d istintas capa,> quc corres­
cia una teoría estructural de las tundoncs v de los modos úe ponden , no 3 di-;t inlas prop iedades de las realidades a las que
al·ticulación de las c'ilru~'!uras socialc::;. La cuestión última es­ apunta, sino a «efectos de pensam iento» distintos, e<¡ decir, a
triba en uelenninal Iajl.'T'arquía de esas funcioncs l:n el s\;,'no los efectos de maneras distintas del pensamiento úe aplicarse,
de csas sociedaues, la cau~alidad diferencial tIt.> calla estl'uclu­ dI.: trao<ljar sobre el material de sus representaciones . f: Cu;.í I es
¡, l subn; las olras ) sobre la reproducción dL sus fUI1.:ioncs y el malL'rial del \.·onccplo de 1ribu? Es la representación más o
dc "us conc\iones, Illenos elaborada ('n el pensamiento y en el lenguaje de una
Ahora bien, si l~'\'istc una causalidad di(ercllcial de las es­ «fOI'ma general" hnju la que aparecen las relaciones socIales de
IrllLluras, d prllbk ma dL'ci\i,'u Je ulIa leona curnpdrdda de Ul\ determinado numero -Illuy elevado, por lo uemüs- de so­
las suclCdaclcs, tantu de sus l'strul turas como de su historia, cied..tdcs COnll:lllpOrÚncas o alltiguas. Es ta «forma general" es
c~lnsi~t(! en dl!terminar la causa, determlnanlc en IiltilllO tllláli, la d...· la~ rcIa.:iont!s de parcntesco y su «g(;:ncraliJad" mi~ma su­
220 Mal/rice Godelier El concepto de tribu 221

giere que las relaciones de parentesco desempeñan o desempe­ aparición. Desde nuestro punto de vista no es ahí donde está
ñaban, en esas sociedades, un papel dominante. su error. El error está en otra parte: en el hecho de no haber
Las dificultades del concepto empírico de tribu estriban, al analizado realmente esos modos de producción, de continuar
parecer, en que esta «forma genéraI» bajo la que aparecen las describiéndolos en las formas mismas en que aparecen y de ha­
relaciones sociales típicas de detenrunadas sociedades no se herse condenado a no poder mostrar ni analizar la causalidad
limita a mostrar la apariencia de esas relaciones sociales, sino estructural específica, es decir, «la acción de determinación úl­
que sugiere al mismo tiempo algo concerniente a su naturaleza tima» de esos diversos modos de producción sobre los otros
y a sus conexiones internas o, al menos, por el hecho de que niveles de organización de esas sociedades y sobre sus modos
no hace aparecer esas relaciones sociales más que como aspec­ de aparición o sus formas generales.
tos del parentesco, impide ver de otro modo lo que muestra y Por