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Tema 7.

Vivir como Hermanos


“Todos los feles permanecían unidos, y ponían lo suyo en común”. Hech 2,44

EL OBJETIVO de este último encuentro es mostrar el camino de la


fraternidad propuesto por Jesús a sus discípulos. La comunidad (la
IGLESIA) es el espacio ideal para vivir la fe en Jesús pero tiene que estar
abierta para anunciar la Buena Noticia de Cristo a todo el mundo. El
cristiano vive la doble dimensión de COMUNIÓN y MISIÓN

a) EL OTRO ES MI HERMANO, MI FAMILIA

“Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los


Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las
oraciones. Un santo temor se apoderó de todos ellos, porque los Apóstoles
realizaban muchos prodigios y signos. Todos los creyentes se mantenían
unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y
distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno.
Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus
casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón; ellos alababan a
Dios y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba
la comunidad con aquellos que debían salvarse” (Hech 2, 42-47).

Una de las palabras claves del documento de Aparecida es: Encuentro.


Para el cristiano, el “otro” no es “un tal”, “un fulano”, en sentido
impersonal. Es mi “prójimo”, una persona cercana, con la que me
encuentro. Esta “relación de cercanía” nace del hecho de que “el otro” es
imagen (sacramento) de Cristo, que viene a mi encuentro. Él se me hace
cercano. Entonces una negación del prójimo es una negación de Cristo, una
negación de Dios. La parábola del Buen Samaritano (Lc 10,25-37), es un
ejemplo del encuentro interpersonal, que se transforma en encuentro con
Cristo.
“Quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino más que
reconocer al otro y buscar su bien” (EG 9).
Si por la creación ya éramos imagen y semejanza de Dios y hermanos a
imagen del Padre, por la redención somos imagen de Jesús, hermanos suyos
y entre nosotros. Por el Bautismo este vínculo de familia se reconoce

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explícitamente y se constituye así la familia de Cristo que es la Iglesia.
b) UN CUERPO Y MUCHOS MIEMBROS
La familia de los cristianos, la Iglesia, es llamada también “Cuerpo de
Cristo”. Por el Espíritu y su acción en los sacramentos, sobre todo la
Eucaristía, Cristo Muerto y Resucitado constituye la comunidad de los
creyentes como Cuerpo suyo. En la unidad de este Cuerpo hay diversidad
de miembros y de funciones. Todos los miembros están unidos unos a
otros…La Iglesia es este cuerpo del que Cristo es la Cabeza: vive de Él, en
Él y por Él…” (CEC 805-807).
Todos los bautizados son miembros de la Iglesia, pero hay distintos
servicios (ministerios): están los obispos, sucesores de los Apóstoles, los
sacerdotes y los diáconos, todos ellos “servidores” de la comunidad”.
Además de estos ministros “consagrados por el sacramento del Orden,
todos los fieles, llamados “laicos” participan como protagonistas de la
evangelización y del servicio dentro de la comunidad; pero su rasgo
específico es ser “testigos en el mundo”, es decir, compro metidos en todos
los asuntos de la sociedad humana (cf. Lumen Gentium -LG- 31).
Dice el Papa:
“Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y
el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador, y sería
inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por
actores calificados donde el resto del pueblo fiel sea sólo receptivo de sus
acciones. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo
de cada uno de los bautizados” (EG 120).
c) HAY UNA FAMILIA MÁS GRANDE
La Iglesia es entonces la imagen de esa familia más grande que la
propia familia natural. La Iglesia aparece como el pueblo unido
por ser Santo (San Cipriano, CEC 810).

El Espíritu es como el alma de este Cuerpo místico, principio de su vida y


de su unidad en la diversidad y la riqueza de sus dones y carismas.
Dice el Papa: “La Iglesia no es una organización asistencial, una empresa
o una ONG, sino “una comunidad de personas animadas por la acción del

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Espíritu Santo, que han vivido y viven la maravilla del encuentro con
Jesucristo y desean compartir esta experiencia de profunda alegría” (28-7-
13).
Frente a un mundo dividido por las discordias y las guerras, la Iglesia
aparece como un recinto de unidad y paz... pero esta unidad está siempre en
construcción y exige el es fuerzo de todos. En la historia se han dado
muchas divisiones graves en el seno de los cristianos. El “ecumenismo” es
un llamado a la unidad de las distintas iglesias bajo la guía de un solo
Pastor, que es Cristo.
El Papa expresa: “El ecumenismo es de hecho, una tarea esencial de la
Iglesia, convocada y orientada a la unidad de Dios Uno y Trino” (18-12-
14).
d) MARÍA, MADRE DE CRISTO Y DE LA IGLESIA

(CELEBRAR: CON MARÍA, UNIDOS ENTRE HERMANOS)


(Al lado de la Biblia hemos puesto una imagen de María, Madre de Jesús. )

Creer en Jesús significa creer en la comunión de todos los cristianos, los


que peregrinamos en la tierra y los que ya han alcanzado la meta. Todos
formamos la única gran Iglesia del Señor. Es por eso que invocamos como
amigos a todos los que nos precedieron en el camino de la fe. En particular
invocamos a la Virgen María, que el mismo Jesús nos entregó como madre
(cf. Jn 19,26). Para los cristianos, María no es una diosa, pero sí una Madre
(y esto es Palabra de Dios en el Evangelio); y como Madre, María intercede
por sus hijos, alaba con ellos y por ellos al Padre. No podemos vivir el don
de ser comunidad, dejando afuera a la Madre de Jesús y Madre nuestra.
Dice el Papa: “María es la esclavita del Padre que se estremece en la
alabanza. Ella es la amiga siempre atenta para que no falte el vino en
nuestras vidas. Ella es la del corazón abierto por la espada, que
comprende todas las penas” (EG 286).
Oraciones: en forma espontánea, 4 ó 5 participantes expresan una oración
a Dios, para pedir por la Iglesia y nuestra comunidad en particular. A cada
invocación, todos — Con María, te lo pedimos, Señor.
Y se termina rezando juntos el Padre Nuestro...

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Concluimos nuestra oración con un extracto de la Plegaria del Papa a María
en EG 288.
Virgen y Madre María, ayúdanos a decir nuestro «sí» ante la urgencia
de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús. Tú, estremecida de gozo,
cantaste las maravillas del Señor. Tú, que estuviste plantada ante la
cruz, recibiste el alegre consuelo de la Resurrección.
Estrella de la nueva evangelización, ayúdanos a resplandecer en el
testimonio de la comunión, del servicio, de la fe ardiente y generosa, de
la justicia y el amor a los pobres, para que la alegría del Evangelio
llegue hasta los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su
luz. Madre del Evangelio viviente, manantial de alegría para los
pequeños, ruega por nosotros. Amén.
- Al final, se puede cantar un canto a María.

Para trabajo individual o en grupos de reflexión:


— ¿Qué signos de cercanía, o de lejanía con el “otro” se dan en tu barrio,
colonia o comunidad?
— ¿Qué hace tu comunidad cristiana para reconocer al “samaritano”
tirado al borde del camino?
— ¿Amas a tu Iglesia y conoces las riquezas que ofrece y también sus
debilidades?
— ¿Colaboras en su misión evangelizadora y la sostienes con tu diezmo
o ayuda?
SOMOS SERVIDORES DE LA COMUNIDAD
— ¿Qué servicios están prestando los laicos en mi comunidad?
— ¿En qué servicio estoy comprometido, o me gustaría estar?

Citas bíblicas para recordar

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“Lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi camino” (Sal 119,105).

— “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia” (Mateo


16,18).
— “Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en
común” (Hechos 2,44).
— “Jesús dijo a su Madre: Mujer, aquí tienes a tu hijo. Luego dijo al
discípulo: Aquí tienes a tu madre” (Juan 19,26).
Del Papa Francisco:
“Pensemos en el santo pueblo de Dios, pueblo sencillo, que quiere
acercarse a Jesús. Y pensemos en todos los cristianos de buena voluntad
que se equivocan y en vez de abrir una puerta la cierran. Y pidamos al
Señor que todos aquellos que se acercan a la Iglesia encuentren las puertas
abiertas para encontrar este amor de Jesús” (25-5-13).