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EL ENSAYO

Nombre: Curso: IV° Fecha:

Objetivo de aprendizaje: • Conocen las características del ensayo como género literario y reconocen su estructura.

EL ENSAYO
El ensayo está considerado como un género literario que utiliza como modos del discurso dominantes la
exposición y la argumentación. Las ciencias humanas constituyen el ámbito del saber que más frecuentemente lo utiliza
como vehículo de transmisión de sus contenidos.

El origen del ensayo es incierto porque las fechas no son


claras y los límites son vastos. Es frecuente que los pensadores
sitúen sus antecedentes en el "Libro de Proverbios" de la Biblia, en
los Diálogos de Platón o en la Poética de Aristóteles. En contraste
con la cultura griega el ensayo latino nace con Horacio, Jenofonte y
Plutarco en los libros Arte Poética, Memoralia y Vidas paralelas,
respectivamente. Sin embargo, consideran a Séneca como el
precursor del ensayo moderno porque sus escritos (Epístolas
morales a Lucilo) manifiestan la reflexión y la polémica. Fue
Montaigne quien empleó por primera vez la palabra ensayo para
nombrar aquellas breves composiciones publicadas en 1580, se
trata, dice el escritor francés, de "… el ensayo de mis facultades".

Si bien el término essais no representa género literario en


sus inicios, muestra "una noción de método" y "de desarrollo de un
proceso intelectual" (García Berrio, 1992: 225), ya que el concepto
ensayo como género literario en la actualidad corresponde a la
forma literaria de la reflexión, la polémica y la argumentación donde se busca un proceder didáctico, un probar y comprobar
un asunto, una puesta en escena de nuevas formas de meditación.

Resulta complejo realizar una clasificación de los ensayos, ya que son muy diversos los puntos de vista que se
pueden adoptar. Entre otros:

 Por su tema: literarios, filosóficos, sociológicos, históricos...


 Por la actitud del autor, se podrían distinguir dos grandes grupos: críticos y analíticos.
 Por el tono empleado: informativos, satíricos, cómicos, irónicos, líricos...

En cuanto a los recursos lingüísticos, no hay una tendencia definida. En principio se busca la precisión y la
claridad, pero frecuentemente se recurre a usos de valor literario. Todo depende de la actitud del autor y de la intención
comunicativa.

Los principales rasgos que caracterizan al ensayo son:

a) Variedad temática. Ya se ha dicho que suelen dominar los temas humanísticos; por ello, cualquier aspecto relacionado
con el ser humano, sus relaciones sociales, sus tradiciones o su cultura tiene cabida en el marco de un ensayo.
b) Extensión relativa. La extensión depende de su intención, pero en líneas generales el ensayo ha de ser de
dimensiones moderadas. No pretende ser un tratado que reúna todo lo conocido sobre un tema, ni tampoco el canal
de difusión de un trabajo de investigación.
c) Estructura Libre. No existe un esquema rígido que determine la línea del pensamiento del autor. Las ideas fluyen sin
necesidad de encauzarlas de acuerdo con una estructura predeterminada. No obstante, debido a la necesidad de
brevedad, es frecuente la utilización de las estructuras argumentativas más habituales: la deductiva, si se prefiere
recorrer el camino de lo general a lo particular, y la inductiva, para ofrecer como conclusión una cuestión general del
tema tratado.
d) Uso frecuente de citas. Sirven para conectar el texto con la tradición. No se pretende con ellas refrendar una hipótesis
o reforzar con pinceladas eruditas el texto, sino fundamentar los principios y contextualizar los contenidos.
e) Carácter subjetivo. El tema tratado no interesa tanto por sí mismo como por el especial enfoque o punto de vista que
adopte el ensayista. Los gustos e intereses del autor enmarcan y condicionan todo el mensaje. Por todo ello no es
raro que aparezcan las diferentes formulaciones lingüísticas que hacen explícita la presencia del emisor en el
desarrollo del mensaje, como la primera persona gramatical en verbos, pronombres y determinantes.

Buena parte de estas características se pueden observar en el fragmento que a continuación se expone: enfoque
subjetivo, presencia de citas y elección de un esquema estructural a base de contraposiciones encadenadas. Se trata de
un ensayo de tema sociológico y tono irónico, presentado con actitud crítica:

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“El hombre se abalanza sobre los títulos y sobre las cosas. El gato se conforma con lo que es, se contenta con
lo que tiene. No sabe lo que es la envidia. Dicen los japoneses que la hierba siempre es más verde en la ribera de enfrente.
A nosotros nos basta con nuestra propia orilla. Sabemos que la edad de oro no está detrás de nosotros y que delante no
nos espera ningún El dorado. No nos desesperamos. No esperamos nada, salvo la repetición.
Se dice que los pueblos felices no tienen historia. No hay pueblos felices. Por tanto, sólo queda la historia.
Conviene escribirla. Voy a intentarlo, pero modestamente, procuraré ser como Dios, presente en todas partes, pero invisible
siempre.”
G. Vincent: La historia de la Humanidad contada por un gato,Alfaguara, 1996.

I. El ensayo como género literario.

Es un género literario en prosa de mediana extensión que trata de algún tema o asunto limitado y todo esto con
un carácter argumentativo, marcado por las vivencias y el modo singular de pensar del autor.

El ensayo es un texto escrito, a medias, entre la literatura y la reflexión pura.

¿Habrías pensado que de un simple “me gusta, no me gusta” podría deducirse una idea universal? Lee el
siguiente fragmento del escritor Roland Barthes para comprobar esto:

ME GUSTA, NO ME GUSTA (Roland Barthes)

Me gusta: la lechuga, la canela, el queso, los pimientos, la pasta de almendras, el olor del heno segado (me gustaría que
un “narices” fabricase un perfume así), las rosas, las peonías, la lavanda, la champaña, las posiciones ligeras en política,
Glenn Gould, la cerveza excesivamente fría, las almohadas chatas, el pan tostado, los cigarros habanos, Haendel, los
paseos mesurados, las peras, los duraznos blancos o de huerta, las cerezas, los colores, los relojes, las estilográficas, las
plumas fuentes, los entremeses, la sal cruda, las novelas realistas, el piano, el café, Pollock, Twomby toda la música
romántica, Sartre, Brecht, Verne, Fourier, Eisenstein, los trenes, el medoc, el buzy, tener sencillo, elouvard y Pecuchet,
caminar con sandalias de tarde por los caminos secundarios del Sud-Oest, el codo que forma el Adour visto desde la casa
del doctor L., los hermanos Marx, el serrano a las siete de la mañana al salir de Salamanca, etc.

No me gustan: los perros falderos blancos, las mujeres en pantalones, los geranios, las fresas, el clavicordio,
Miró, las tautologías, los dibujos animados, Arthur Rubinstein, las casas-quinta, las melodías, Satie, Bartok, Vivaldi, llamar
por teléfono, los coros de niños, los conciertos de Chopin, el órgano M.A. Charpentier, sus trompetas y sus timbales, lo
político-sexual, las escenas, las iniciativas, la fidelidad, la espontaneidad, las veladas con gente que no conozco, etc.

Me gusta, no me gusta: esto no tiene la más mínima importancia para nadie; aparentemente, no tiene sentido.
Y, sin embargo, todo esto quiere decir; mi cuerpo no es igual al suyo. Así, en esta espuma anárquica de los gustos y las
repugnancias, suerte de picadillo distraído, se emboza poco a poco la figura de un enigma corporal que complete a la
complicidad o a la irritación. Aquí comienza la intimidación del cuerpo, que obliga al otro a soportarme liberalmente, a
permanecer silencioso y cortés ante goces o rechazos que no comparte.

(Una mosca me molesta y la mato; uno mata lo que le molesta. Si no hubiese matado a la mosca hubiera sido
por puro liberalismo: soy liberal para no ser un asesino.)

Roland Barthes por Roland Barthes.Barcelona: Kairós, 1978.

II. Elementos compositivos del ensayo

El ensayo es de carácter argumentativo.

El nombre de ensayo caracteriza muy bien la calidad maleable del género. La primera característica que destaca
en el ensayo es su carácter argumentativo. El ensayista intenta persuadir al lector de algo y así propone una tesis y la
fundamenta. A diferencia de otros tipos de texto argumentativo, el autor del ensayo, más que buscar el asentimiento del
receptor, pretende establecer la justeza de un pensamiento. El ensayista replantea críticamente los fundamentos de la
realidad y con su reflexión invita al lector a que reflexione por su cuenta.
Por otra parte, el ensayo rastrea lo particular en medio de lo universal y no necesita de la especialización de los
temas ni de un léxico técnico determinado. La importancia del ensayista reside, más que en incorporar nuevas parcelas
de conocimiento, en conmover al lector a través de las intuiciones que le sea posible desarrollar. Para ejemplificar esto
tenemos a Octavio Paz, en su libro “El laberinto de la soledad”. Aquí la elasticidad y la elegancia del pensamiento de Paz
parece, a veces, “discurrir” (o sea, fluir) por la página produciendo una verdadera “poesía de las ideas”.

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El ensayo es subjetivo

El subjetivismo es otra de las características centrales del ensayo: el “yo” del autor se vuelca a través de las
sensaciones y los modos de percibir un problema. Esto lleva a que muchas veces el ensayista adopte una perspectiva
autobiográfica y confesional.

El ensayista establece una relación dialógica con el lector.

Generalmente se ha aceptado que el ensayo está dirigido a un lector medio (no especializado) que comparte las
inquietudes del ensayista y sus cuestionamientos de la realidad. Es frecuente también que el ensayista establezca una
especie de diálogo con su potencial lector, al compartir con él parte de su subjetividad y de sus planteamientos personales
de las cosas.

El ensayo se caracteriza por una voluntad de estilo personal.

Ya se ha mencionado, indirectamente, bastante esta


característica: el ensayo se nutre de la imaginación poética. Esto
quiere decir que la argumentación no se justifica sólo a base de
reflexiones, sino también a base de un fuerte valor estético.

De aquí viene la importancia concedida al punto de vista del


ensayista, es decir, la manera peculiar como el autor presenta los
hechos que le interesan. Así pueden conjugarse el qué se dice con
el cómo lo expresa, lo que hace que esta forma sea un género
literario más.

La voluntad de estilo apela a cómo los ensayistas proyectan su


personalidad en los textos, tanto en los contenidos expuestos como en la expresividad lingüística. Por lo tanto, el buen
ensayista será alguien individual, un escritor que ha dejado su marca en lo que escribe.

Características del Ensayo Ensayo Analizado: “Me gusta, no me gusta”

Argumentación El autor sostiene una tesis: “mi cuerpo no es igual al suyo”, y un principio de
tolerancia liberal.

No requiere de un tema inicial El autor parte desde un simple listado de sus preferencias y rechazos
trascendental. personales.

Actualidad del tema Barthes privilegia la figura del “otro” (el que no soy y al que debo respetar) y el
principio de la diferencia.

No es exhaustivo El autor no pretende agotar el tema en cuestión, ni menos ha construido un


artículo para especialistas.
Ni especializado

Subjetividad Lo subjetivo es un punto de partida para Barthes por su referencia a los gustos
personales y porque, además el fragmento forma parte de un muy singular texto
autobiográfico.

Asistematicidad El autor no se propone elaborar un tratado ni proponer hipótesis organizadas


para resolver. Sólo reflexiona a partir de constataciones básicas.

Relación dialógica con el lector Barthes comparte con nosotros el asunto de los gustos personales y nos invita
a seguirlo en su reflexión, que sí es muy personal.

Voluntad de estilo El autor manifiesta un estilo literario (muy alejado de las abstracciones del
discurso científico o filosófico) caracterizado por la elegancia, la belleza y la
discreción volcados en una forma determinada como es la del fragmento.

El ensayo es un género flexible que el autor desarrolla y cultiva a su antojo. Puede ser de carácter formal, como
los "Ensayos o consejos civiles y morales", del filósofo y estadista inglés Francis Bacon, barón de Verulam (1561-1626)
pionero del pensamiento científico moderno; o distendido y coloquial, "Sobre el placer de la caza", del crítico inglés William
Hazlitt. También puede ser lírico, como “Los bosques de Maine”, de Henry Thoreau.

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La tradición francesa vive un extraordinario momento con las meditaciones de corte político y social de
autores existencialistas como Albert Camus "Resistencia, rebelión y muerte" (1945); y con Simone de Beauvoir (1908-
1986), novelista e intelectual francesa que desempeñó un papel importante en el desarrollo del movimiento feminista. La
idea motriz que marca toda la obra de Simone de Beauvoir es la idea de libertad —libertad tanto para las mujeres como
para cualquier individuo— y que, según ella, implica la noción de responsabilidad.

Entre las obras de Beauvoir están: "La invitada” (1943), que explora los dilemas existencialistas de la libertad, la
acción y la responsabilidad individual; "La sangre de los otros" (1944); “El segundo sexo” (1949), un profundo análisis que
se ha convertido en la piedra angular del feminismo, y que examina, desde una perspectiva histórica, social y filosófica, la
alienación de la mujer. Las tesis existencialistas, según las cuales cada uno es responsable de sí mismo, se tratan en sus
obras autobiográficas, destacando "Memorias de una joven de buena familia" o "Memorias de una joven formal" (1958);
“La vejez” (1970), sobre el proceso de envejecimiento donde critica apasionadamente la actitud de la sociedad hacia los
ancianos; "Final de cuentas" (1972); y "La ceremonia del adiós" (1981), donde evoca la figura de su compañero y colega
de tantos años, Jean Paul Sartre.

Jean Paul Sartre (1905-1980), filósofo, dramaturgo, novelista y periodista político francés, uno de los principales
representantes del existencialismo. Entre sus obras destacan: "El ser y la nada" (1943), en la que se concibe a los humanos
como seres que crean su propio mundo al rebelarse contra la autoridad y aceptar la responsabilidad personal de sus
acciones, sin el respaldo ni el auxilio de la sociedad, la moral tradicional o la fe religiosa. "Crítica de la razón dialéctica"
(1960), en la que enfatiza la libertad existencialista y la subjetividad por el determinismo social marxista, afirma que la
influencia de la sociedad moderna sobre el individuo es tan grande que produce la serialización o pérdida de identidad,
que equipara con la enajenación marxista. El poder individual y la libertad sólo pueden recobrarse a través de la acción
revolucionaria colectiva.

El novelista alemán Thomas Mann, galardonado con el Premio Nobel de Literatura, fue uno de los ensayistas
más prolíficos de su país, como se pone de manifiesto en su voluminosa colección titulada "Ensayos de tres décadas"
(1947). En Italia Cesare Pavese "Diálogos con Leucò"; Italo Calvino "Punto y aparte; Colección de arena" y Leonardo
Sciascia "Fiestas religiosas en Sicilia", "La cuerda de los locos", "Crucigrama", que realizaron importantes aportaciones al
debate literario y político de la postguerra europea.

En América Latina, la influencia de la ilustración y las revoluciones del siglo XVIII, propiciaron la aparición de
numerosos trabajos, como "La Carta a los españoles americanos", del jesuita peruano exiliado Juan Pablo Viscardo, otros
autores son: Francisco de Miranda, Andrés Bello, Manuel Palacio Fajardo y Vicente Rocafuerte (del siglo XIX).
Posteriormente se pueden citar a ensayistas como los argentinos Esteban Echeverría, Juan Bautista Alberdi y Domingo
Faustino Sarmiento; los chilenos Francisco Bilbao, Benjamín Vicuña y Manuel Recabarren; el uruguayo José Enrique Rodó;
el cubano José Martí, y en México, Justo Sierra, Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Samuel Ramos, Octavio Paz y
Edmundo O’Gosman, entre otros muchos.

Octavio Paz (1914-1998), poeta y ensayista mexicano galardonado con el Premio Nobel de Literatura, es
considerado "el más grande pensador y poeta de México". Su obra "El laberinto de la soledad" (1950), es un ensayo sobre
la sociedad y la idiosincrasia del pueblo mexicano.

Ensayo es un género literario que se caracteriza por ser un escrito en el que se habla de un tema específico,
sobre el que se emiten reflexiones y opiniones personales. Su objetivo es persuadir al lector, para lo cual el autor utiliza
técnicas argumentativas desarrolladas con un estilo de clara vocación literaria.