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El papel del Banco Central

La estabilidad no garantiza el desarrollo, pero la inestabilidad lo impide

Los acontecimientos recientes, relacionados con la solicitud del Instituto Costarricense de Electricidad
para emitir bonos, han puesto sobre el tapete de la discusión el papel del Banco Central, la naturaleza
de sus decisiones y la mezcla de la política económica. Quisiera compartir con los lectores algunas
reflexiones sobre esos elementos.

La autonomía del Banco Central. La importancia de un banco central autónomo de las presiones políticas
es reconocida por la mayoría de los estudiosos de la Economía. La experiencia señala que aquellos
países donde el Banco Central está sujeto a este tipo de presiones y se tratan de ignorar las restricciones
económicas, tarde o temprano enfrentan episodios de alta inflación y fuerte devaluación. La historia es
rica en ejemplos, entre ellos, el Chile de Allende, la Nicaragua de los sandinistas o el Perú de Alan García.

El respeto a la autonomía del Banco Central es esencial si pretendemos mantener la estabilidad


económica que el país ha ido logrando, a base de mucho costo y sacrificio, después de la crisis generada
durante el gobierno de don Rodrigo Carazo. En esa época, se financiaron alegremente los desequilibrios
fiscales, aduciendo la importancia de los proyectos y de las instituciones; se ignoraron las restricciones
económicas “porque eran imposición de los organismos internacionales”; se jugó con la independencia
del Banco Central pues era importante financiar el gasto, aunque fuera con emisión. Consecuencia de
ese período fue una alta inflación, un incremento en el desempleo, una agudización de la pobreza y una
fuerte contracción en la inversión pública.

Pedir autonomía para el Banco Central no es solicitar una patente de corso para hacer lo que se antoje,
sino permitir a las autoridades tomar sus decisiones apoyadas en criterios técnicos. El marco jurídico del
Banco Central está definido en su ley orgánica. Ahí se establecen sus objetivos y se definen los
instrumentos para alcanzarlos. Uno de ellos es la facultad de dictaminar sobre el endeudamiento del
Gobierno y las instituciones públicas.

Los dictámenes del Banco. El artículo 106 de la Ley orgánica del Banco Central de Costa Rica establece,
con claridad, los aspectos sobre los que el Banco debe pronunciarse cuando el Gobierno o las
instituciones públicas quieran endeudarse en los mercados locales o externos. El dictamen no se refiere
a la importancia del proyecto a financiar o a la situación de la institución que busca los recursos. Son
otras instancias gubernamentales las que deben opinar sobre estos aspectos. El dictamen se refiere al
impacto que tendría el nuevo financiamiento sobre las variables monetarias, financieras y la situación
externa del país.

Aunque este tipo de opinión no sea del agrado de muchas instituciones, que pueden sentir restricciones
a su gestión, es necesario comprender la importancia de los pesos y contrapesos en el sector público.
Las limitaciones establecidas en diferentes leyes son fundamentales para mantener los equilibrios
básicos de la economía y para controlar el uso de recursos públicos. Por ello, es clave el respeto a las
disposiciones de la Contraloría, la Autoridad Presupuestaria, la ARESEP o el Banco Central. Las empresas
públicas no pueden pretender ser consideradas como privadas debido a una razón muy sencilla: porque
no lo son.
El papel del Banco Central
La estabilidad no garantiza el desarrollo, pero la inestabilidad lo impide

La situación de las finanzas públicas. El déficit fiscal es la diferencia entre los ingresos corrientes y los
gastos totales del sector público. Como tal, indica el exceso de gasto a ser financiado con
endeudamiento o con emisión monetaria. El año pasado el sector público global mostró un déficit muy
elevado. Desequilibrios fiscales altos ponen en peligro la estabilidad y el crecimiento económico y
fuerzan al Banco Central a actuar utilizando los instrumentos a su alcance.

Las consecuencias del desequilibrio fiscal se reflejan en una presión al alza en las tasas de interés,
limitándose la capacidad de los sectores productivos para generar un ritmo adecuado de crecimiento y
de generación de empleo. El déficit también se refleja en el desequilibrio externo, aumentando la
presión sobre el tipo de cambio y la inflación, elevando la vulnerabilidad ante modificaciones en las
condiciones internacionales y afectando la percepción de riesgo que se pueda tener sobre el país.

El Ministerio de Hacienda planteó, como meta para este año, una reducción del déficit fiscal al
equivalente del 3,1% del producto interno bruto. Esa meta se podría alcanzar gracias al mayor esfuerzo
tributario, consecuencia de la Ley de contingencia y a una política de racionalización del gasto, en que
las diferentes entidades del sector público limitaran sus aspiraciones, establecieran prioridades claras y
contribuyeran a compensar los desequilibrios motivados por el nivel de endeudamiento acumulado en
el pasado por el Gobierno y el Banco Central.

La situación de las finanzas del ICE, conforme las cifras se iban aclarando, ponía en dificultades el logro
de esa meta fiscal. En lugar de un superávit cercano a los 30.000 millones de colones, cifra contemplada
en las estimaciones iniciales del Ministerio de Hacienda, la institución podría cerrar el año con un déficit
de 70.000 millones de colones si no se aprobara el aumento solicitado en las tarifas y se continuara con
la programación de gastos.

El Banco Central no puede, ni debe, negociar el ajuste fiscal con las instituciones públicas. Esa acción
corresponde al Poder Ejecutivo. Pero el Banco sí debe llamar la atención del país cuando el desequilibrio
de las finanzas públicas apunta hacia niveles preocupantes pues se pone en peligro el logro de las metas
de estabilidad y de crecimiento económico. Si el déficit fiscal va a exceder por un margen considerable
las metas contempladas en el Programa Monetario, al Banco no le queda otro camino que utilizar los
instrumentos a su disposición para contrarrestar ese desequilibrio.

La jarana sale a la cara. Si aspiramos a crecer con estabilidad, debemos reconocer la importancia de
mantener un adecuado balance macroeconómico. Ese balance no se alcanza con contabilidad creativa,
disfrazando los gastos mediante artificios financieros. Eso es autoengañarse y, como decíamos de niños,
la jarana nos saldrá en la cara pues los desequilibrios existen y el déficit presiona la estabilidad. En el
país necesitamos enfrentar, de una vez por todas, los limitantes estructurales que tenemos para
disponer de la holgura financiera debida y llevar a cabo los proyectos de inversión requeridos para una
mayor competitividad dentro de un marco de estabilidad.

Debemos entrarle al problema con la seriedad que lo amerita. No es con huelgas o marchas en las calles
como se alcanzan las soluciones, sino con la decisión de administrar adecuadamente los recursos
El papel del Banco Central
La estabilidad no garantiza el desarrollo, pero la inestabilidad lo impide

escasos y distribuirlos de la mejor forma posible. Si no lo hacemos, al Banco Central no le quedará otra
opción que actuar sobre los instrumentos a su disposición y evitar que los desequilibrios se reflejen en la
estabilidad interna y externa de la economía.

El Banco podría, por ejemplo, elevar la tasa de interés interna y estrujar la actividad productiva privada,
con el propósito de acomodar el mayor déficit fiscal. Pero eso no permitiría un crecimiento balanceado y
sostenido de la economía. Por un lado, porque la actividad productiva privada es la que genera la mayor
proporción de la producción nacional y la que emplea a más del 85 por ciento de la fuerza laboral. Por el
otro, porque un incremento en la tasa de interés aumentaría el déficit fiscal a niveles mucho mayores,
dado el elevado saldo de la deuda pública. Por ello es mejor actuar sobre la causa de los problemas y no
tratar de mitigar sus consecuencias.

El problema de las finanzas del sector público requiere una acción pronta y firme para reducir el
desequilibrio existente. Esto pasa por un incremento en la carga tributaria y una racionalización del
gasto público, a la que deben contribuir, sin excepción, las diferentes instituciones. Sabemos que la
estabilidad no nos garantiza el desarrollo, pero también conocemos que la inestabilidad nos lo impide.
Aún estamos a tiempo de adoptar las decisiones valientes y enrumbar la nave hacia puerto seguro. Esa
es la discusión que deberíamos tener.

Que beneficios tiene el banco central si se independiza?