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El proceso de traducción y las

partes implicadas

LA AUTO RA

Mi nombre es Eva María Martínez. Licenciada en TeI por la UMU en 2009, he


trabajado como in-house durante más de 3 años y he dedicado otros cuantos al
fansubbing. En la actualidad soy traductora autónoma y coordinadora de la Revista
Traditori.

No sé cuántos de vosotros, mis lectores, [des]conoceréis el ciclo que se sigue en un


proceso de traducción. Normalmente, cuando se detectan fallos en una traducción,
tendemos a echarle la culpa siempre al traductor. No obstante, la figura del traductor
no es la única parte implicada en el proceso de trasvasar ideas de una lengua a otra. O,
al menos, no suele serlo. Y en el peor de los casos, si lo fuera, lo cierto es que no debería
(si bien se dan casos en que el propio traductor ejerce de autorrevisor, con todos los
riesgos que ello conlleva para la calidad del proyecto, y aclaro: esto no lo digo porque
sea un mal profesional que necesite tener a alguien para corregir sus fallos, sino porque
tras una traducción, es difícil ver los errores que cometemos nosotros mismos).

Con ánimo de contribuir un poquito más a difundir cómo funcionamos, quiero dedicar
esta entrada a explicar cuáles son las fases y los actores implicados en algunos procesos
de traducción para que veáis que no siempre tiene por qué ser el traductor quien tiene
la culpa de los fallos que podemos encontrar en un texto que llegue a nuestras manos.

De forma general, podemos decir que el proceso de traducción más básico sigue las
fases que expongo a continuación:
1. Traducción
2. Revisión
3. Corrección (si procede, en caso de un segundo filtro)
*Nota: revisión y corrección no son lo mismo. En una revisión, se compara la
traducción con el original, mientras que la corrección se centra únicamente en el texto
resultante sin tener en cuenta el original.
Con esta combinación, encontramos que el traductor puede equivocarse y el revisor
puede enmendar los errores de la traducción, o al revés: que el traductor haga un
trabajo impecable y el revisor no esté muy acertado con sus cambios (a propósito de
esto, recomiendo leer esta entrada del blog de Isabel Cutillas).
Este es el más sencillo de los casos. Luego podemos tener el mismo proceso, pero con
una variante al final:

1. Traducción
2. Revisión
3. Correción o revisión por parte de un revisor interno o editor del cliente final
En este caso, el cliente tiene su propio revisor, que hará un «control de calidad» del
producto entregado por el traductor y el revisor de la agencia a la que ha encargado el
trabajo. En este supuesto, es muy probable que la parte del cliente introduzca cambios
en nuestro texto inicial. Algunos serán para mejor, otros serán para peor y, muy
posiblemente, la gran mayoría serán cambios pura y meramente preferenciales que
introducirá para justificar su trabajo. Es decir, que puede que el traductor haga un buen
trabajo, el revisor lo pula para dejarlo perfecto y el corrector o el revisor del
cliente introduzca cambios de estilo puramente preferenciales o de terminología que
no aparecían en ningún glosario que el cliente haya proporcionado (de hecho, a
nosotros nos ha pasado esto último con un par de clientes, y os aseguro que no es nada
agradable tener que cambiar terminología en un proyecto de 300 000 palabras ya
hechas). Además, en muchas ocasiones, estos correctores ni son lingüistas, ni conocen
cómo funciona el mundo de la traducción, y piden ciertos cambios que van contra las
normas preestablecidas en nuestra forma de trabajar. Por ejemplo: en inglés tienden
mucho a utilizar Please para todo en textos técnicos, pero cualquier profesional (que
traduzca al español) con experiencia en el campo de la traducción técnica y de la
localización sabe que debe omitirlo en su traducción porque en español no se utiliza,
como bien indica y nos recuerda Pablo Muñoz en esta entrada. Pues bien, tuvimos un
cliente cuyo «editor/corrector» nos llamó la atención porque… ¡Lo estábamos
omitiendo y no seguíamos el texto original! (Sí, nuestras caras fueron un poema al
escuchar aquello).
Otro caso: en la traducción audiovisual, la cadena suele ser la siguiente (si me como
alguna parte del proceso, por favor, corregidme):

1. Traducción y revisión (normalmente, la revisión la suele hacer el propio


traductor. Corregidme si esto no es así, please.)
2. Ajuste
3. Estudio de doblaje (director y actores)
Normalmente, siempre se recomienda que el traductor y el ajustador sean la misma
persona. ¿Por qué? Pues porque es el ajustador es quien se encarga de adaptar
la traducción a los tiempos de habla de cada personaje y, además, también adapta
el guión traducido a los movimientos labiales de los actores, a los cambios de plano
y a otra serie de factores. Es decir, que si el ajustador es otra persona distinta al
traductor y no conoce bien la lengua de origen o la de destino, puede introducir
cambios que perjudiquen seriamente el trabajo del traductor. Un poner para
ejemplificarlo más claramente: el ajustador (llamémoslo X) desconoce que red
herring es una expresión idiomática. X la ve traducida como «pista falsa» en el guión y
duda de que sea una buena traducción porque sabe que red significa rojo y esta palabra
no aparece por ninguna parte. Por tanto, X se va al Collins para buscar herring y así
arreglar el «despropósito» ejecutado por el traductor. ¿El resultado de tan audaz
indagación? Una maravillosa traducción de red herring como «arenque rojo». Como lo
que hace el ajustador es lo que va al estudio de doblaje, pues es muy posible que eso sea
lo que escuchemos luego en nuestras pantallas. Además, el director puede introducir
cambios sobre la marcha para cuadrar mejor los tiempos y los actores también pueden
proponer sus propios cambios sobre el texto.
P.D.: el caso de red herring es una dramatización. Cualquier parecido con la realidad es
pura coincidencia (aunque me encantará escuchar vuestras experiencias :P)
En el caso del software y de los videojuegos, el proceso es el siguiente:

1. Traducción
2. Revisión
3. Testeo del producto final e informe de fallos
4. Aplicación del informe producto del testeo al producto y segundo testeo (lo ideal)

Un ejemplo de lo que ocurre cuando se omite la fase de testeo: donde se debería leer «Casa», se lee
«Inicio».

Aquí nos encontramos con que la parte más importante es, sin duda, la fase de testeo:
hay que buscar errores de funcionalidad (bugs), errores lingüísticos (tanto
ortotipográficos como contextuales), texto solapado, texto cortado, posible texto que se
haya quedado sin traducir, coherencia en las opciones de software… Todos esos
elementos se incluyen en un informe que nuestro cliente enviará al equipo de
ingenieros, que serán los encargados de implementar todos nuestros comentarios. Por
tanto, si encontramos fallos en un producto localizado, puede que sea culpa del
traductor o del revisor por no prestar la atención suficiente al realizar su trabajo, pero
también es muy posible que tenga la culpa el cliente por, por ejemplo, saltarse la fase de
testeo, o no implementar la lista proporcionada por el profesional por motivos de
agenda (imaginemos, prisas por lanzar un sistema operativo o un juego al mercado).
Nota: si queréis saber más sobre el testeo de videojuegos, os recomiendo esta
entrada del blog de Curri Barceló.
Y ya que estoy, voy a aprovechar esta entrada para desvelar el misterioso caso del uso
de palabras que no nos suenan nada bien en las traducciones, como los
anglicismos innecesarios y derivados. Para los que desconozcáis lo que es un glosario,
esto no es ni más ni menos que una lista con los términos más relevantes con
una traducción ya establecida por el cliente. Por ejemplo, que «parent» lo
quieren como «padre» en lugar de como «principal» en el caso de un software, o que
«email» lo quieren como «e-mail», a pesar de que en español tenemos y usamos
«correo electrónico». En principio, se supone que estos glosarios deberían estar
elaborados preferentemente por un terminólogo o, en su defecto, por una persona
competente en materia lingüística. Pero, por desgracia, esto no siempre es así.
Muchas veces, el puesto de «terminólogo» (y el de revisor) lo ocupa una persona que
está ahí simplemente porque es el único de la empresa que habla el idioma de
destino de la traducción. Y claro, lo que ocurre cuando pedimos al cliente que nos
envíe una muestra de las modificaciones realizadas, es que nos llegan revisiones con
cambios completamente preferenciales e, incluso, cambios a peor, como modificar
«cliente no válido» por «cliente inválido». Hay que saber ser humilde y
aceptar los falloscuando señalan faltas que, efectivamente, has cometido en un texto,
pero no puedes dejar que te coman por los pies cuando las modificaciones son
puramente preferenciales o, directamente, incorrectas.
Si el proyecto es nuevo y lo empezamos de cero, lo ideal es que el traductor luche al
principio nada más recibir la lista para intentar llegar a un acuerdo sobre los
términos con los que no esté de acuerdo e intentar cambiar, si no todos (porque es
bastante complicado), sí al menos parte de ellos. Por supuesto, cada rechazo debe ir
acompañado con su argumentación correspondiente, y aquí es cuando os podéis
aferrar a la RAE, a la Fundéu, al María Moliner o a ese diccionario técnico
que tanto amáis y que tenéis colocado en una posición privilegiada en vuestra
estantería. Si bien esta es una batalla que a veces se gana, a veces se pierde y otras veces
queda en tablas con un «ni para ti, ni para mí», lo peor que puede hacer el traductor es
pasar olímpicamente y limitarse a aceptar el glosario tal cual se lo den, sobre todo si
hay términos cuya traducción es incorrecta (como por ejemplo, que te digan que
traduzcas «Dutch» como «holandés» cuando se hace referencia al idioma, que es
«neerlandés»). Que sí, que la vida es mucho más fácil si te limitas a ser una parte más
de la cadena sin implicarte más de lo necesario, pero a mí al menos me da vergüenza
ser partícipe de un producto en el que puedan figurar hasta faltas de ortografía porque
«en el glosario del cliente viene así y yo no me quiero calentar la cabeza». Si el texto
final resulta en un desastre, que no sea porque yo no he puesto de mi parte.
¿Queréis compartir vuestras experiencias? ¿Alguna vez habéis tenido problemas con el
glosario de un cliente u os han hecho correcciones para peor? ¿Habéis tenido que
defender vuestro trabajo con uñas y dientes ante la corrección de algún revisor interno
de un cliente que haya echado a perder vuestro trabajo para peor?
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