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Lucas 5:1 y 2 “… la multitud se agolpaba para escuchar la palabra de Dios, y

(Jesús) vió dos barcas que estaban a la orilla del lago…”


Lucas 5:4 "Cuando (Jesús) acabó de hablar, le dijo a Simón: ―Lleva la barca
hacia aguas más profundas, y echad allí las redes para pescar."

Existe una diferencia entre la “orilla del lago” y las “aguas profundas”; entre la
multitud que se agolpa para escuchar precipitadamente la enseñanza de
Jesús, y los discípulos que se embarcan hacia aguas profundas. Diferencia
que retrata la actitud espiritual de muchos creyentes hoy día. De la misma
manera, muchos de nosotros nos hemos acostumbrados a escuchar
pasivamente enseñanzas bíblicas, pero luego se nos olvidó ir hacia aguas
profundas; hemos quedado rezagados y confinados a la “orilla del lago” sólo
​ os hemos quedado cómodos
para ​escuchar pero no para ​echar las redes; n
en lo playo de sermones vacíos de contenido bíblicos, oraciones apresuradas
que hacen de nuestro encuentro con Dios, más que una cita, un saludo de
lejos; lecturas bíblicas flacas que se estancan en la letra pero no perciben las
«palabras que son espíritu y vida» (Juan 7:63)​, cánticos de alabanzas que
llenan muy bien nuestras bocas, endulzan nuestros oídos y conmueven
sentimientos pero quedan lejos de tocar el espíritu; congregaciones que
albergan multitudes pero no discípulos. Todo esto viene enmarcado en el
“agolpamiento de la multitud”, en donde vamos corriendo en pos de lo que
cree y/o hace la mayoría de manera agolpada, fácil, cómoda y rápida, que no
demande mucho esfuerzo ni compromiso.
Cuando nos encontramos en esta posición, - dice la carta a los Hebreos - ​“en
realidad, a estas alturas ustedes ya deberían ser maestros, y sin embargo
necesitan que alguien vuelva a enseñarles las verdades más elementales de
la palabra de Dios. Dicho de otro modo, necesitan leche en vez de alimento
​ sí, entonces, nos vamos pareciendo cada vez más a
sólido.” (Hebreos 5:12). A
niños que se alimentan de mermelada y dejan la tostada; o nos vamos
pareciendo a aquella virgen insensata (Mateo 25:1-13), que pensando que
estaba preparándose para recibir a su esposo, tomó su lámpara pero no el
aceite; o como aquella otra mujer que cuando escucha la voz de su Amado
en la puerta, prefiere quedarse en la cama en lugar de levantarse para abrirle
a tiempo. (Cantares 5:2-7) Tal es la condición y posición de la “orilla de lago”,
con enseñanzas que parecen entretenernos para construir castillitos de arena
pretendiendo edificar, como aquel hombre insensato (Mateo 7:24-27), en las
superficiales arenas de la comodidad y pasividad, solo para que cuando
vengan los vientos de las pruebas terminen por derrumbarlos. Pero imitemos
el ejemplo de Jacobo y de Juan; seamos ​«compañeros de barca»​, ​«socios»
con aquellos que sacan provecho de las aguas profundas para que podamos
“comprender, junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo
es el amor de Cristo” (Efesios 3:18) ​y entonces seremos contados en la filas
de quienes ​«le siguieron», ​pero no por mero interés doctrinal o teológico, o
por exponer bonitos sermones que no comprometen al avance espiritual de
ningún creyente a escudriñar las profundidades de las riquezas de Dios (1º
Corintios 2:10 ss), por que cuando las redes del servicio espiritual parecían
romperse, nadie de entre la multitud salió a aportar su cuota de
intelectualidad para colaborar, más decidieron quedarse aglomerando
enseñanzas teóricas en las mentes que hacen a creyentes evangeloides,
pero no a discípulos comprometidos.
Finalmente, ¿cuál es nuestra posición hoy? ¿En donde nos estamos
colocando? ¿Perseguimos enseñanzas teóricas que sólo nos dejan
imparalizados a la orilla del lago y terminan por nublar todo llamado hacia las
aguas profundas, o aceptamos el desafío de movernos hacia ellas? ¿Nos
estamos asociando con aquella minoría de discípulos que acepta ir hacia lo
profundo o somos uno más que se agolpa imperceptible para sumarse a la
mayoría de una multitud que queda divirtiéndose amasando puras
enseñanzas en el intelectualismo de sus mentes empedernidas? ¿Es nuestra
madurez espiritual la que sólo nos permite llegar hasta la orilla del lago y no
más?