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Norma Durán

formas de hacer
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ta Historia
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Historiografía grecolatina y medieval

Formas de hacer la Historia busca reconstruir


los modos de leer y preguntarse cómo el historiador
actual se aproxima a los historiadores de la antigüedad
y del medioevo, lecturas y preguntas que han cambiado
·-.....a...
~

radicalmente de las que se hacían los historiadores de '~


otras generaciones. En otras palabras, este es un trabajo
que reflexiona -en y desde el presente- sobre la
't:
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fabricación social del pasado en los periodos grecolatino '~


y medieval, para por medio de este rodeo intentar
contestar las difíciles preguntas del porqué y el para qué ""
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de la ciencia de la historia en la sociedad actual.
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Ediciones
Navarra
FORMAS DE HACER LA HISTORIA
(HISTORJOGRAFÍA GRECOLATINA Y MEDIEVAL)
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lFORMA§ DlE HAClER ILA ffliSTORKA


(n!STORIOGRAJFÍA GJRIECOLATINA Y MIEIIJJIIEVAJL)

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NORMA DURAN

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Ediciones
Navarra

México 2001
ÍNDICE

INTRODUCCIÓN .....•.•....•...•...••.•....•.•..•..•...•.•......••....•..•...........•..........•........ 9

LA TRANSFORMACIÓN EN LAS FORMAS DE LECTURA:


DEL FORMALISMO AL CONTEXTUALISMO ................................................... 23
Introducción ................................................................................ 25
Lo latente como punto de partida de una nueva
forma de lectura ....................................................................... 29
El redescubrimiento de la interpretación retórica
o pragmática por el avance de los medios masivos
de comunicación ...................................................................... 32

HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA ............................................................... 41


Introducción ................................................................................ 43
Estado de la cuestión. De la distinción mito-logos
(como punto de partida para hablar del nacimiento
de la historia) a las nuevas categorías que· la explican ... 50
La distinción mito-lagos ...................................................... 50
Diseño de portada: Martha González Serrano sobre un grabado del siglo XV1 La matriz épica y la matriz jurídica: puntos de
partida del discurso histórico ........................................... 64 ·
La matriz jurídica y la historia ........................................... 83
Primera edición: 2001 El surgimiento de la polis ........................................................ 89
ISBN 970-92991-0-7 El oficio de ciudadano en la polis antigua ........................... 96
.La función de la historia en la Grecia clásica .................... 102
© Adlaí Navarro García Las categorías de la historiografía grecolatina en
Circuito #1, F- 1-6-4 la larga duración .................................................................... 113
Lomas de Plateros, México, D.F.
Los criterios de verdad y las formas de argumentar
01480
. .. . d l ftular de los derechos, la re-
la historia ................................................................................. 126
Queda prohibida, sin la. autorizac10; escrita :lq~ier roedío o procedimiento. Historiografía grecolatina ...................................................... 141
producción total o parcial de esta o ra por cu

Impreso y hec~o en México

~~~VE~2,íDA(Y :;:·.?~:~ f!'·~JJ"


Bii:'UOT¿c :.
FfISTOR!OGRAFÍA MEDIEVAL .••.•.••.•.••..••...•••••••••••••.•••••••••••••••••••••••..•.•.•.•• 151
Introducción .............................................................................. 153
La pertinencia de hablar de historiografía medieval ...... 154
El lugar de la historia en la Edad Media ............................ 160
El historiador en la Edad Media y !a evolución de
la escritura histórica .............................................................. 174
Agustín de Hipona, tiempo y obra .. "' .............. '°' ................ 179
Con qué se hace la historia .................................................... 207
Cómo se escribe historia en la Edad Media ....................... 219
Contexto bíblico de la escritura histór.ica ........................ 219
La retórica como estructura creativa y formal
en la escritura de la historia ........................................... 226
Criterios de verdad en la escritura medieval.. .................. 234

CONCLUSIONES •••..••.....••••••••••.•.•.•••••••.•••••••.•••.••••.......•••.•.•..•••••..•••.•.•.•••• 261 Para Alfonso

BIBLIOGRAFÍA •·••••·••••····•••··•·•·•••••·•·•·••••••••••·••••••••••••••·•••••·•••·•••••••••·•••••••• 269


JH!rnTOilUOGRA!FÍA GJRJECOJLATJINA

(< •••las modalidades de creencia nos envían a


modos de posesión de la verdad; existe una
pluralidad de programas de verdad a través
de los siglos, que /raen consigo diferentes
distribuciones de saber, y son estos programas
los que explican los grados subjetivos de
intensidad de creencias, mala fe, las
contradicciones en un mismo individuo.
Siguiendo a Michel Foucault: la historia de las
ideas comienza verdaderamente cuando se
historiza la idea filosófica de la verdad».

Pau! Veyne
INTRODUCCIÓN
La profunda convicción de que la civilización occidental hunde
sus raíces en la cultura: grecorromana, la certeza de que sus for-
mas de racionalidad parten de ahí, así como el arte y las ciencias,
nos hicieron sentir que había una gran familiaridad de los anti-
guos con nosotros, los modernos. Hoy estamos conscientes que
esa «familiaridad» con griegos y romanos corresponde a una
construcción histórica que buscaba explicar da superioridad» de
la cultura occidental mediante el reconocimiento de esa herencia
«directa». La «modernidad» de los antiguos se manifestaba en
todo, ellos aparecían como los fundadores de la literatura, de la
filosofía, de la ciencia, del arte, de la democracia y, en este siglo,
hasta de los derechos humanos. Si la cultura griega y la romana
tenían ya ganada la inmortalidad por haber sido el «origen» de
la cultura occidental, los europeos, y en general la cultura occi-
dental, también aseguraba, por «natural herencia», la propia.
La historiografía francesa de los últimos treinta años ha
venido a recrear nuevamente la extrañeza de los antiguos, de ma-
nera que si se piensa en hacer de los griegos los orígenes de la
cultura occidental, hay que repensar las premisas sobre las que
se ha venido construyendo esa «identidad»; en palabras de
Florence Dupont, reconocer la «alteridad fundatriz». 1 En este ca-
pítulo buscaremos recuperar la distancia y las diferencias que
nos separan de ·griegos y romanos en la escritura de la historia.

1
Florence Dupont, L'ínvention de la littérature, de l'ivresse grecque au livre
latín, Paris Editions la découverte, 1994, p. 25. Cita de Cerquiglini, (1989).

43
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

- Grecia no es la primera cultura en escribir historia,2 otras cultu- de una casta, \os sacerdotes. Ellos escriben los sucesos relevantes,
:~as coino Sun1eT, China o India, entre otros pueblos/ han tenido tales como una batalla importante, una decisión real, etcétera. Por
formas de historiografía. Sin embargo,.los griegos inventaron un otro lado también registran por escrito la interpretación de la lec-
·;:ipo de discurso histórico y un nuevo personaje: el historiador. 3 tura adivinatoria que realizan sobre los hígados de los animales
T-~rrwn+ahíenu:.nte la palabra historia, surgida en Grecia en el si- sacrificados, esto les brindaba una especie de mensaje en do.nde
glo v ha colonizado cualquier otra forma de historiografía, pues
1 leen la voluntad de la divinidad. En conjunto, estos escritos eran
al hacer de !o producido en Grecia el paradigma de todo, las otras almacenados en una especie de «biblioteca» para ser consultados
formas de escritura de historia no alcanzan tal est~tuto. Es en ese en el momento en que otra acción importante sucediera, de mane-
sentido que Fran~ois Hartog las ha llamado la «prehistoria de la ra que, cuando parecía que volvían a ofrecerse similares circuns-
historia». tancias, la consulta de estos «archivos» sirviera para la toma de
Nuestro trabajo se propone descubrir la especificidad del decisiones. Lo que queremos decir con esto es que el funciona-
discurso histórico griego. Lo que ya no podemos aceptar es que miento de la sociedad· sumeria y un espacio de opción, determi-
Herodoto, el «padre de la historiografía grecolatina», lo sea de la nan el rol adivinatorio de esta escritura «histórica».'
disciplina histórica moderna. Por eso buscamos entender, por qué .En lo que puede ser pensado corno condiciones de posibi-
la cultura occidental ha querido ver en el discurso de Herodoto, lidad de la escritura histórica griega hubo opciones, y una serie
los fundamentos de la historia científica y contemporánea. Nues- de relaciones con la estructura social, política e intelectual de esta
tro propósito será descubrir la especificidad de este discurso si- sociedad. En eso está la especificidad de cada historiografía. La
guiendo los elementos que lo componen, es decir, el conjunto de escritura de la historia en Grecia tiene que ver con su opción par-
propiedades con que surge y que lo diferencian de otras formas ticular y con su serie de circunstancias, entre las cuales fue de-
de escritura sobre el pasado. terminante la constitución de la polis.
Las llamadas por Hartog «prehistorias de la historia» funs En este apartado hablaremos de la historia que se hizo en
donaban de otrn forma.' Estaban ligadas frecuentemente a la Grecia y que tuvo una continuidad, con sus particulares caracte-
adivinación. Por mencionar un ejemplo', en Mari, Sumer, a fines rísticas, en Roma. En forma general, también se puede hablar
del tercer milenio, se practicaba un tipo de escritura que, de al~ con los grieios del comienzo de una historiografía que tiene como
guna forma, iba dando cuenta del pasado y que operaba como denominador común ser historia magistra vitae, ser una historia
una ciencia de la acción. La escritura en este contexto es función que se reivindica y se escribe eón la intención de ser enseñanza
para el presente y para el futuro. Este tipo de historia surgida
2
Fran9ois Hartog, «Premieres figures de l"historien en Grece: historicité desde los griegos, continúa en la Edad Media y el Renacimiento
et histoire», en Loraux, Nicole et Carles Mirailles, Figures de l'intellectuel en
Crece ancienné, Paris, Belin, 1998, pp. 123-4. y culmina ya entrado el siglo xvm, para ser enterrada finalmente
3
Ibid., p. 124. en el siglo XIX cuando surja la historia «dentífica». Paradójicamen-
4
En la actualidad hay todo un esfuerzo por pensar e hlstorizar la escritu- te, los historiadores decimonónicos reivindicaron los orígenes de
ra. Se busca destacar los distintos roles que viene a ejercer en cada cultura. La· su disciplina en los griegos, más precisamente en Tucídides, jus-
escrituran~ faculta, por ~í misma, ni.ngún tipo de discurso, sino es el uso. éj_ue de
ella hace cada cultura. Sólo en ese sentido entendemos que hubo otras Jormns de escri- · 6Un libro que ofrece un análisis compan1do sobre la escritura en la anti-
bir del pasado, formas que no tienen nada que ver con la historiografía griega. güedad (Sumer~ mundo judío y Grecia) es, Jean Botteró, Clarisse Herrenschmidt
5
Fran9ois Hartog. Curso impartido en la l:Jntversi_da9- Iberoamericana, y Jean Pierre Vernant, L'orient ancien et nous. L'écriture, la raison, les díeux, Paris,
abril 1998. · · · Biblioteque Albin Michel, 1996.

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FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

to cuando estaban enterrando este modelo de hacer la historia. todas sus explicaciones en el propio presente, 10 dilatándolo y ale-
La historia magistra vitae tiene como común denominador una jándose de la historia evento o positivista. La historiografía gre-
relación muy particular con -el pasado, éste le sirve para actuar colatina inaugura el primero de ellos, el que se fundamenta en el
en el prese~te- y también para prever 'el futuro, es una historia pasado. Este régimen de historicidad estaría destinado a sobre-
que privilegia lo ejemplar, lo que se repite; en otras palabras, vivir al menos por dos milenios. Desde luego, al interior de cada
enseña porque asume que los hombres pueden aprender a resol- régimen de historicidad puede haber cambios notables (por ejem-
ver sus conflictos presentes de los errores y aciertos de los hom- plo, la cristianización implica una serie de diferencias fundamen-
bres del pasado, si se encuentran en circunstancias similares. En tales). Lo único generalizáble sería que el pasado enseña a actuar
ella la concepción del «hombre universal» aparecía como eviden- en el presente y que la historia se considera como un género lite-
te: «el hombre siempre es el mis-mo, siempre ha tenido las mis- rario (más que una disciplina científica) muy útil para educar y
mas interrogantes». De esta forma, en la historia magistra vitae, formar, tanto a los cuadros gobernantes como a los ciudadanos o
lo ejemplar y lo modélico ligan el pasado con el futuro a través a los súbditos de los reinos cristianos.
del modelo a imitar. En la actualidad, y sólo con respecto a estos Herodoto, hacia el siglo va. C., inicia un nuevo tipo de dis-
«regímenes de historicidad»,' los historiadores han distinguido curso.que pretende diferenciarse de otras formas discursivas pre-
tres formas de escritura histórica que se explican por esta «eco- vias a la polis. La epopeya hablaba del pasado de una forma
nomía del tieinpo,,: 8 1) el que explica el presente por el pasado, determinada. De manera general, podemos decir que Herodoto
que es la historia magistra vitae; 2) el que explica la historia por el plantea una distancia con este discurso, pero a la vez está muy
futuro;' y 3) aquel que se erige contra el futurismo y que busca ligado a él en otros aspectos. En este capítulo veremos lo que lo
une y lo que lo separa de los discursos de su época.
7 Franc;ois Hartog, «Temps et histoire. Comment écrire l'histoire de
La polis dio origen a nuevos saberes, la historia fue uno de
France?», en Annales E.S.C., No 6, 1995, pp. 1219-1236, pp. 1220-1. Hartog en- ellos. La filosofía, la ciencia médica y el derecho son saberes que
tiende un régimen de historicidad, como ·(<la formulación inteligente de la ex~ surgen contemporáneamente, como resultado de ese nuevo es·
periencia del tiempo que modela ·nuestra manera de decir y de vivir nuestro pacio social. Estos nuevos saberes tienen pretensiones muy dife-
propio tiempo». Un régimen de historicidad «abre y circunscribe un espacio rentes de la ciencia histórica, médica, filosófica o de derecho que
de trabajo y de pensamiento ... , rima la estructura del tiempo, representa un
orden del tiempo, aunque se puede suscribir o al contrario querer escapar,
el mundo moderno ha elaborado. Con ello cuestionamos la pa-
buscando elahorar otro». ternidad de Herodoto como padre de la ciencia histórica actual.
8 También es expresión de Hartog. La perspectiva decimonónica fue la que construyó la continui-
9 I~id., pp. 1220-ss. Hartog explica que es el"tiempo que privilegió la
dad de sus disciplinas con los saberes griegos. Esto se entiende
historia positiva. En el. {{futurismo» el pasado no influye sobre el presente, ya
no se busca lo ejemplar sino lo único, lo irrepetible y como el concepto del
progreso y de la evolución está implícitamente aceptado se escriben historias "Ibid., pp. 1221-2. El futurismo iría, por poner fechas, de 1789 a 1989.
nacionales, pues se considera que en el pasado estAP~A-~.0!1.~~nidos los oríge~ Sin embargo, nos dice Hartog, una primeia crisis se manifiesta después de la
nes de lo que se era en el presente; era una historia teleólógica en el sentido de primera guerra mundial (Walter Benjamin y su obra contra el historicismo);
la formación de la nación, pueblo, república, proletariado. En contraposición otra, después de lá segund_a guerra mundial, cuando los historiadores se vol-
a la historia magistra vitae que encuentra su lección en el pasado, en el tiempo caron sobre la historia económica· y social y dieron cuenta de otros ritmos que
de la historia científica la lección vendría del futuro. Tocqueville, por ejemplo la simple sucesión lineal de los ev·entos políticos; el fin de este régimen se
afirma que para aclarar el pasado reciente habría que hacer un viaje al futuro, daría para H-artogcon la caída del Muro de Berlín enJ989 y nada tiene que ver
que para él estaba en Am'erica. con <{El fin de la historia».

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:FOR!VIAS DE HACER LA HISTORl'A HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

sn rfilsma concepción científica, unida a esquemps progresi- Los europeos construyeron su identidad a partir de la fu-
vos. Había que fincl3:r un origen para las dencias del siglo x1x y sión de dos culturas: la grecolatina por un lado y la hebrea por
éste estaba 0~ Gtecia y Roma. Herodoto y Tucídides fueron con- otro, ésta última como fuente de donde surgiría el cristianismo.
siderados íos padres de la disciplina histórica rrwde:rna. Es a partir de estas dos culturas de donde ha evolucionado el
Un objetivo es, pues, romper con patrones evolutivos y pro- europeo moderno. Para esta cuestión,-·remílimos al interesado a
gresivos que prelenden hacer tanto de Herodoto o Tucídide,s cole- la obra de Martín Bernal,1 2 quien reconstruye este proceso que se
gas nuestí·os. 11 La tarea del historiador es construir las diferencias, consumó en el siglo XIX. Su libro hace un análisis de la historio-
no perrrritir aplanar la escritura de la.historia como si ésta se fue- grafía desde la antigüedad hasta nuestros días. En él va develando
ra perfeccionando día a día. La idea es reconstruir el contexto de las condiciones y el contexto de los hombres de los siglos xvm y
cada producción histórica. Sólo de esta forma se verá la distan- XIX y cómo crearon !a superioridad de la cultura griega frente a
cia que separa a los historiadores actuales del quehacer histórico todas las demás culturas antiguas, colocándose ellos mismos
de los hombres de! siglo v a, C. como herederos de los griegos y llevando la vanguardia del pro-
Para esto hay que ubicar !a cu!tu;ra griega como un sistema greso de la humanidad. Los griegos que se estudian todavía hoy
de pensamiento y un espacio comunicativo concretos, con una en muchas instituciones académicas, son esos griegos construi-
vida materia! y social determinada, y con categorías mentales y dos en el siglo XIX. Ellos eran los autores del paso del «mito al
conceptos de verdad específicos. logos», es decir, el paso de un pensamiento «irracional» a otro
La historiografía fue considerada durante el siglo XIX y gran racional y lógico. La obra de Berna!, si bien es muy importante
parte del xx1 como un auxiliar de la historia, una especialización en este estudio historiográfico, pues desmonta toda una cons-
que se dedicaba a observar rasgos literarios de la escritura históri- trucción racista, no demuestra la tesis que propone."
ca. No implicaba ninguna reflexión en la escritura de la historia. En un primer apartado analizaremos de dónde parte la re-
Los historiadores, al objetivar el pasado, lo ponían frente a ellos flexión para los comienzos de la escritura de la historia. En ese
en forma de documentos, por tanto sólo había que seguir la meto- primer inciso resaltaremos algunos puntos de la discusión ac-
dología apropiada para irlo develando. Con este criterio (la canti- tual. Seguimos para todo el capítulo los avances de la historio-
dad de documentos que una cultura determinada había producido) grafía francesa y, algunas veces, la anglosajona. En otro inciso
era muy explicable que ciertas épocas ocuparan cientos de pági- tocamos los puntos que aclaran el espacio comunicativo propio
nas en los libros de historia, en tanto que culturas que no habían de los griegos, la polis, y el ejercicio o rol del ciudadano, ya que
producido este tipo de material ocuparon tan sólo unas cuantas
páginas: eran culturas sin historia, objeto de estudio de otras dis- 12
Martín Bernal, Atenea Negra, Madrid, Crítica, 1993.
13
ciplinas como la etnografía o la antropología. Pensar el pasado en !bid. Señala cómo la historiografía decimonónica se encargó de evi-
función de una ciencia acumulativa de sucesos importantes hacía denciar <<científicamente>> esta continuidad. Los prejuicios raciales de estos
historiadores <<borraron}) todos los vestigios y aportes culturales egipcios y
obvia esta desigualdad. Algún día se sabría más sobre otras épo- semitas. Sin embargo, debemos de decir, que si bien el libro de Bernal des-
cas. Nunca pensaron que los libros de Historia Universal eran pro- monta toda una serie de lecturas racistas sobre la construcción de la identidad
ducto de una elaboración; no obstante para ellos, eran el pasado. occidental, no se sigue de esta deconstrucción lo que él defiende: las raíces
afrosemíticas de la cultura griega. Cfr. Frans:ois Hartog1 Memoire d'Ulysse. Récits
11
sur la frontiere en Grece ancienne. Paris Gallimard, 1996, pp. 54-5. Existe ya la
La expresión es de Nicole Loraux, «Thucydide n'estpas un collegue». traducción al español por el FCE, Buenos Aires, 1999. La paginación de las citas
en Quaderni di Storia, 12, 1980, pp. 55-81. está tomada de la edición francesa.

48 49
FORJVIAS DE HACER LA HISTORIA 1-lil'STOIRl!OGJRAJFÍA GRECOLATINA

ésté define al historiador de la antigüedad. Examinaremos la es- m fas ci1llldad:es micénicas, lo qmi había hecho aparecer un desfase.
pecificidad de sus criterios de verdad, la función que tendrá la lEra como si Homero ya no entenrue,a completamente el mimdo
historia. en el mundo antiguo, las categorías que formula y un sobre eR ']_1llle hablaba.
último apartado sobre la pertinencia de hablar sobre historio- Allgunos historiadores franceses, por otra parte, habían se-
grafía grecolatina. guido cammos distintos de los trarucionales; no-;; referimos a los
discípmos de Loms <Gemet, destacado helenisra, qmen apmve-
ESTADO DE LA CUESTIÓN. DE LA DISTINOÓN MITO-LOGOS ( COMO PUNTO mó a principio de siglo itoda la teoria de Dmlmeim v M. Mamas
DE PA.•~T!D.A. PAR.ª. H.l\.BLAR DEL NACIMIENTO DE LA HISTORIA) A LAS prura aplicada a los esturuos sobre <Gxecia anltigua. lEsit~s estudios,
NUEVAS CATEGORíAS QUE LA EXPLICAN desde luego, no se eru1ocaban a la historicidad de los hechos rela-
La distinción mito-lagos tados en fa epopeya homérica, sino qmi rastreaban los compor-
La certeza de que las epopeyas homéricas reflejaban el mundo tmlientos, rambios sociales, fomias de pensamiento y m1lllraciones
micénico, es decir, aquél que se desarrolló entre los siglos XVI y menrales, una especie de antrópología cm!mal. Sus dl.iscípmos
XII a. C., se empezó a desvanecer en este siglo. Para los historia- directos Jean ll'ieirre Vemanit y Marce! Detieirme, aunque también
dores del siglo XIX14 y de parte del xx, Homero era la fuente obli- Pierre VidalNaquet, •• qmen fo conoce al final de S1lll vida, en.foca-
gada, la que «revelaba» el mundo micénico. Todavía la obra de rian S1ll!S preguntas por ese camino, aprovechando algunos de elfos
M. I. Finley,15 de principios de los cincuenta, nos dice que, frente los estudios de la l.ingwsi:ica, que más trurde se pondria m1llly de
a una mayoría intelectual que pensaba la obra homérica como la moda con Lévi-Strauss, principalmente en los años setenta, pero
«fuente» principal sobre la cultura micénica, sólo un pequeño también, de la que finalmente se alejarian.
número de «heréticos», como él, pensaba que ésta se refería a En estas obras se aprecia un nuevo aoercamiento a la obra
una sociedad distinta, la sociedad homérica de los siglos x al VIII homérica. Desde brego, se parte de la aceptación de que tanto
a: C. La obra de Jean Pierre Vernant, Los orígenes del pensamiento .Homero como .Hesíodo plasman el mundo de los siglos IX al VIII
griego, 16 ya recoge las dudas de estas interpretaciones. Había sido a.C., y no el de los reinos micénicos. Sm; preguntas se enfocan ha-
el desciframiento de la escritura lineal B, 17 escritura encontrada cia el análisis de los relatos de estos aedos, de los «maestros de
verdad» como los llamara Marcel Detieirme, en un bello libro.19
14
Una de las cuestiones que interesaron a los historiadores decimonó-
Había que dar cuenta die los relatos que esta litera!ma ofrécia.
nicos fue la historicidad de la guerra de Troya. Cuando Schliemanri {el descu-
bridor de Troya en el siglo XIX) buscó el palacio de Odiseo., fue severamente Catalogados universalmente como mitos, pensamiento mítico o
criticado por los intelectuales, sin embargo fue plenamente aceptado cuando
buscó Troya y el palacio de-Príamo. Sus descubrimientos pl'ovocaron gran en-
t~iasmo en el medio intelectual, fue todo un siglo de esfuerzos y proposicio- el conocimiento del pasado griego más remoto. Cfr. Jean Pierre Vemant, Los
nes de los arqueólogos. Lo que planteaba para Troya era tan irreal como lo era orígenes del... op. cit., p. 13.
para Itaca, sin embargo en el siglo XIX no se veía esta incoherencia. Cfr. M. I. " Vidal-Naquet fue quien siguió más el planteamiento estructuralista
Finley, El mundo de Odisea, México, FCE, 1978 (prirr¡era edición en inglés en para plantear sus tesis. Todavía en 1981 sale a la luz en francés y en 1983 en
1954), p. 215. -" . español su obra, Fonnas de pensmnieuto y formas de sociedad en el mundo griego.
15 M. I. Finley, El mundo de Odisea, op. dt., p. 10. El cazador negro. Barcelona, Península, en ella se recopilan muchos de sus artí-
16 Jean Pierre-Vemant, Los orígenes del pensamiento griego, México, Paidós, culos que siguen esta metodología de análisis para los mitos. También tiene
1992 (por primera vez en francés 1962). varias obras con Jean Pierre Vemant, publicadas en editorial Tauros.
17 El desciframiento en 1956, realizado por J. Chadwick y M. Ventris, de "' Marce! Detienne, Los m,reslTos de '/Jel'dml en la GYecia arcaica, Madrid,
las tablillas en lineal B de Pilos, Micenas, Cnosos, Tebas, etc., fue lo que amplió Taurus, 1981 (en francés, en 1967).

50 51
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

estructura mítica, se trataba de encontrarles la lógica que los ha- do pasar de un estadio infantil, 22 o de un pensamiento prelógico, 23
cía coherentes en la sociedad que los había creado. hacia la plena racionalidad, y los europeos, o en general la cultu-
Desde luegof nos tenemos que ubicar en toda la discusión ra occidental, eran los herederos de este salto. Todo lo que se
que había llevado a tratar estos relatos sobre dioses, hazañas de apartara de! camino trazado por la racionalidad occidental erá
superhombres, relaciones .incestuosas, viajes fantásticos, etcéte- inferior, estaba en estadios atrasados o precivilizados o no había
ra, como un fenómeno universal propio de toda cultura de esta- alcanzado la madurez de la «plena racionalidad». Comparativa-
dios «precivilizados». Desde el siglo x1x, los intelectuales habían mente, todos los pueblos que progresaran tendrían que seguir
r::itPgoriz::irlr. ,:,.dp tipo rle ,-platos fantásticos como mitos. 20 Com- los mismos pasos que los europeos habían trazado.
parativamente, los estudios etnográficos realizados en otras lati- La evidencia del mito era incuestionable para estos hom-
tudes (indios norteamericanos, tribus del Pacífico, pueblos bres, toda la humanidad, antes de acceder a la racionalidad lógi-
africanos, etcétera) evidenciaban que un tipo de relato similar ca y causal, habría pasado por este tipo de pensamiento. Lo que
aparecía en todas las culturas que «no habían alcanzado» un pen- importaba era ver el fondo de verdad de estas narraciones, que ha-
samiento propiamente «racional». Lafiteau, un jesuita del siglo blaban de la verdad de una forma distinta a la de una sociedad
xvm, había encontrado los mismos «relatos de Homero» en los científica. De modo general, y hasta muy avanzado nuestro si-
territorios americanos de la Nueva Francia. Las nacientes disci- glo, se pensó que la mitología tendría una explicación única. La
plinas etnológicas se dieron pues a la tarea de explicar «científi- teoría estructuralista de Lévi-Strauss vendría a corroborar la cer-
camente» estas narraciones que aparecían como incoherentes y teza de la «unidad del pensamiento mítico». Al formular la frase
fantásticas, pero que al aparecer, por doquier, «evidenciaban» que de que el mito ,era· lenguaje, y aprovechando los avances de la
hablaban de algo «tmiversal». El siglo XIX vio nacer, por lo tanto, lingüística estructural de V. Propp, se abre la posibilidad de que
múltiples cátedras sobre el mito, ciencia de los mitos, historia de el mito también pueda reducirse a la misma sintaxis narrativa
religiones comparadas, mitología comparada, etcétera. 21 que este lingüista había formulado para el cuento popular. Lévi-
A grandes rasgos podemos decir que el mito fue considera- Strauss buscaba «probar que los mitos enunciados en tierra grie-
do como una forma universal de pensamiento o de lenguaje. De ga, dos milenios antes que los relatos americanos, engendran de
ahí había surgido otro tipo de pensamiento, el racional, y este ha- la misma manera que éstos una imagen del mundo ya inscrita en la
bía aparecido por primera vez en los griegos clásicos, ellos habían arquitectura del espíritu»." Los estudios de casi dos décadas es-
sido quienes habían dado el salto hacia la racionalidad, hacia las tuvieron influenciados por la lingüística estructuralista, de la que
artes y hacia las ciencias, por eso desde el siglo XIX se comenzó a los helenistas franceses se alejarían, tras pensar que los contex-
hablar del «milagro griego», y se consideró esta transición, dada
entre los siglos v1 y v a.C., como el «paso del mito al logos». 22 Ibid, p. 23. Citando a E. B. Tylor (1873): «El mito, en sus órganos y en

No es necesario explicar toda la carga racista que este pen- sus primeros desarrollos corresponde al estado primordial del espíritu h:cima-
no, que es semejante al estado del niño ... La infancia de la humanidad, la nues-
samiento conllevaba, los griegos eran el pueblo que había logra- tra, está frente a nuestros ojos en América ... pues los salvajes de hoy día, están
todavía en un "periodo de creación mítica u)>.
20
El libro que hace todo un estudio histórico de cómo surge la catego- 23
Ibid., pp.137-8. Para Levy Bruhl (1935), el pensamiento mitológico no
ría de mito y de cómo evolucionó en los siglos xrx y xx es la obra de Marcel era ni causal ni lógico. «Inseparable de una experiencia mística, la mitología
Detienne, La invención de la mitología, Barcelona,_Península, 1985 (en francés, de los primitivos corresponde no sólo a una mentalidad prelógica, sino tam-
en 1981). bién prerreligiosa».
"Ibid., p. 12. 24
/bid., p. 142.

52 53
ro:ruvIAS DE l!IACJER LA lHISTOR!A HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

,,:,s de habla no se repe!fan a través de la historia, al1 iguall que las La esti;uctura vertical de la sociedad rr\icénica hace que el
coniliciones, los i.JrnJedocultores y todo lo que interviene en los anax gobierne y controle, con un pequeño número de aristócra-
pr0;cesos comlliilicctiwos. tas que viven en el mismo palacio, la vida económica, militar,
L.as obras de los l.,es discipclos de Gemet rnmienzan a abm política, jurídica y religiosa, por ello la sociedad micénica se pre-
ili, ,mevo cammo e,., los sesenta. la pregunta sobre la guerra de senta como una sociedad totalmente jerarquizada que proyecta
Troya ya no guiaba la mvesl:igación histórica, ahora se llmscaba esta estructura social hacia todas sus demás relaciones. Ese mis-
en fa füerai:11m, de los «siglos osemos» {los siglos XI al Vlll a.C.), mo orden terrenal es proyectado a todo su universo y se refleja
bautizados desde hacia tiempo con este nrn:iilire por la falta de en su arquitectura y en sus formas discursivas. De esta manera,
dlorumentos directos, la éspecificidlad griega de este discmoo su visión del mundo se les presenta como una serie de relaciones
mil:ico. Elfos piensan todavía en el mito, pero lo haceim de m11a co¡,.stituidas por la fuerza, por la autoridad y por los vínculos de
forma distmta: lo piensan como w:,a forma de comllimración pre- dominación que sólo son la proyección integral de su mismo
cisa, no Wliversalizal:,le, smo localizada úmcamente en Grecia. mundo. Las teogonías y cosmogonías les llevan a pensar, por lo
Si lo que seguía vigente era la noción de que en la polis, tanto, que este ordenamiento ha sido instaurado dramáticamen-
considerada como m11 espacio sociall preciso y diferente del ante- te por la intervención de un agente que se representa como mo-
rior, habían aparecido m,evos discmsos, una nueva racionalidad narquía" o teocracia micénica. El aspecto belicoso del anax se
y formas distintas dle pensamiento, había que explicar por qué, apoyaba en una aristocracia guerrera, gracias a la cual se esta-
alli mismo, la palabra del aedo comenzaba a ser algo anacrónico, blecía un control riguroso sobre el extenso territorio que domi-
no úill a la ciudad, y sobre todo, Homero, el gran educador de na. Los mitos de soberanía, 27 como sugiere Vernant, imponían
Grecia pasaba a ser un mentiroso inventor de «mitos».25 coherencia a este mundo, ellos iban acompañados de todo un
Jean Pierre Vemant explica que las tablillas de «lineal B» ritual que se perdió al desaparecer el anax; sólo se habría conser-
ofrecen w:,a densidad histórica mucho mayor a la obra homérica, vado algo de la oralidad de los relatos, transmitidos por los aedos
en más de mil años. Esto significa que el mundo del que hablan que habían continuado con esta misma forma comunicativa.
las tablillas encontradas en las ciudades micénicas no era el mun- La épica homérica ya no mostraba el poderío de los aMx
do homérico, ya que éste era resultado de la disolución de la cul- micénicos, personalidades casi divinas, sino que develaba un
rura palacial micénica, desaparecida hacia 1200 a.C. En otras mundo de pequeños reinos gobernados por basileus. Estos eran,
palabras, la sociedad que reflejan las tablillas tiene que ver con
26
aquellos reinos contemporáneos del cercano oriente, en ella el Del griego mono= uno, arkhé =poder.Poder de uno solo.
27
poder del gobernante, el anax, es omnímodo. Él simbolizaba en Jean Pierre Vernant, Los orígenes del... op. cít., pp. 115-ss. El se refiere
a mitos de soberanía como aquellos relatos que exaltan el poder de un dios que
su persona el orden del universo, centrándose todo, en su figura. reina sqbre todo el universo, el orden del mundo es el producto de esa victoria
del Dios soberano sobre otras potencias o dioses. El ordenamiento del espa-
25
Ibid., ver todo el c"apitulov. «Las "anti~"fi_~on?5"_fulminadas por cio, la creación del tiempo, la regulación del ciclo atmosférico, etcétera, apare-
Jenófanes, son ampliamente condenadas por Platón ... Confecciona la lista de- cen integrados en la actividad del rey, es decir, son aspectos de su soberanía.
tallada de los crímenes de que son culpables todos los mitólogos, desde Homero En estos mitos el universo es una jerarquía de poderes y su ordenamiento ha
hasta el más modesto fabricante de relatos...», p. 105. Platón, «en más de una sido instaurado dramáticamente_ por la intervención de un agente, este agente
ocasión se refiere a la palabra mito para designar con un gesto, a la vez cómo- único y privilegiado es proyectado en el relato mítico sobre la cúspide del
do y de fácil comprensión, la estupidez de un argumento o lo absurdo de un edificio cósmico, es su monarquía la que mantiene· el equilibrio entre las po-
adversario». p. 106. tencias que constituyen el universo.

54 55
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLAT!N A

ante los otros basileus, especies de pares, de iguales, entre los que de Zeus; haqla de su nacimiento, sus luchas y sus triunfos. El
había que consensar determinaciones tales como la de atacar tal orden de este mundo es producto de esa victoria del dios solóera-
o cuai ciudad, en ia que había una repartición igualitaria del bo- no. En la sociedad micénica debió de imperar un tipo _de relatos
tín de guerra, etcétera. Las tabliilas micénicas hadan surgir una muy parecidos, ahí efectivamente el anax tomaba el lugar del dios,
óvilización paiacial compietamente distinta de la que revelaba asumiendo este ordenamiento en su persona, como un aspecto
la épica homérica. fundamental de su soberanía, integrando el ordenamiento del
Se comprende pues que aquellos «mitos» tenían que ver espacio, la creación del tiempo y la regulación del ciclo agrícola
con un rruxndo desaparecido en el siglo xn a.C., el mundo micénico a su actividad real.
con quien los griegos estuvieron ligados por los aedos, poetas y En forma más amplia, los historiadores de los que hemos
adivinos. Los poetas y adivinos continuaban con este tipo de dis- hablado, entendieron el mito como esa forma comunicativa oral,
curso poético, pero este tipo de comunicación hacia el siglo v a. rítmica, palabra cantada, que no pretendía la exactitud en la re-
C. resultaba inoperante y caduco para las sociedades democráti- petición.29 A la sociedad micénica que había conocido la escritu-
cas griegas. Había perdido la funciónpara la que fue creado. Estos ra, no le interesó plasmar por escrito este discurso, pues se
herederos de aquellos «maestros de verdad» que en la sociedad entendía como una palabra inspirada o revelada en el instante en
micénica fueron quienes traducían la estructura social de esta que se ponía en acto, en otras palabras, en el momento en que se
cultura, aparecían como portadores de cuentos, mentiras o rela- daba la inspiración ritual y divina. Este tipo de palabra pertene-
tos para niños. Lo propio del mundo micénico era ser un mundo cía absolutamente al ámbito de la oralidad, era una especie de
jerarquizado piramidalmente, que legitimaba a su soberano y a palabra instantánea que se reactivaba mediante la inspiración del
su visión del mundo mediante esos relatos. Este tipo de discur- aedo o del adivino. No había tampoco ninguna exigencia de exac-
so, plasmado por escrito en los relatos de las teogonías y titud ya que su dinámica no tiene nada que ver con la lógica de
cosmogonías, en los siglos vm y vn a. C. validaban el orden exis- la repetición exacta. La función de la escritura era administrati-
tente anterior, justo en los momentos en que ya no tenía plena va, ella fue el mecanismo con el que el anax centralizó su pode-
vigencia, pues exaltaba el poder de un dios que reina y reordena río, fue lá forma de ejercer el control sobre sus súbditos.
todo el universo, es decir, legitimaba la posición del anax. En esos Las tablillas escritas nos hablan de toda esta administra-
·· momentos, éste ha desaparecido y quienes tienen la función po- ción en la que se contabilizaba todo: ganado, agricultura, tierras,
lítica son los basileus que no poseen un poder omnipotente. Entre productos elaborados, esclavos, levas para remeros, etcétera. En
la literatura que nos llegó, la Teogonía de Hesíodo" es el mejor función de estas necesidades contables existió un grupo muy
ejemplo de este discurso que se presenta como himno a la gloria importante: los escribas reales, altos funcionarios de la corte
28 micénica, que eran los encargados de llevar todo el control. Al
Esta obra, así como la !liada y la Odisea de Homero, pone por éscrito
un mundo que ya no se entiende muy bien. En el caso de la !liada, Homero se desaparecer Micenas como imperio, los escribas también desapa-
refiere a los basileus, ya no hay mención del anax, estos discursos se creían_ que recen, pues no había para qué conservar esta casta de profesio-
pertenecían a la cultura micénica, ahora sabemos que fueron escritos más o
menos cuatrocientos años después de la caída de Micenas, por eso hay un 29Historiadores de habla inglesa han profundizado mucho en la pro-
dislocamiento entre la escritura lineal B descifrada en los años cincuenta y los blemática de la oralidad y la escritura. En español Cfr. Eric A. Havelock, La
textos homéricos y hesiódicos. Son dos épocas distllltas, _de la cultura micénica musa aprende a escribir. Reflexiones sobre oralidad y escritura desde la Antigüedad
no quedan sino los aedos que repiten un discurso ya incomprensible para una hasta el pres_ente, Barcelona, Paidós, 1996; Walter Ong, Oralidad y escritura. Tec-
sociedad que se organiza de otras maneras y con lluevas dinámicas. noloqfas de la palabra, México, FCE, 1987.

56 57
FORllfJAS DE HACER LA HISTORIA HISTOfilOGRAFJ.A GRECOLATINA

nales de la escritura. Hacia fines del siglo XII a.C. no existe más sistema de comunicación que surgió en la Gsecia micénica y como
estado centralizado. Los famosos «años oscuros» (siglos xn al vm modo particular de pensamiento no se podría aplicar a otras ci-
a.C.) fueron llamados de esta manera, por la falta de informa- vilizaciones pues se destruye la especificidad de este sistema
ción escrita, y no precisamente porque implicaran decadencia. comunicalivo».31 El acercamiento que hacen tanto Detienne como
La escritura, al utilizarse sólo para prácticas de control adminis- Vemant, es a partir del análisis de los contextos y de los espacios
hrativo pierde su razón de ser. sociales, los cuales por su complejidad y especificidad resultan
La escritura se volverá a recuperar hacia los siglos vm y VII irrepetibles.
a.C. y para otra función distinta de la administrativa. Ella evolu- Para Detienne el mito es una palabra que habla del pasa-
cionaría, aprovechando la escritura fenicia, hacia la concepción do, del presente y del futuro, es decir, es lllna palabra omniscien-
de escritura alfabética y sería utilizada para otras funciones dia- te que lo ve todo, se podría pensar como una especie de palabra
metralmente distintas de las que había tenido en Micenas. En profética o divina, que se daba por revelación a unos cuantos:
ese sentido, la cultura micénica debe ser pensada como una cul- los aedos y los adivinos. El mito es un tipo de comunicación que
tura oral, ya que para efectos de comunicación ia escritura no refleja todo un sistema de pensamiento y de vida social, y cuyo
tuvo ningún papel relevante.30 concepto de verdad va de acuerdo con estos factores. En pala-
Volviendo al punto que nos ocupa, la concepción del mito bras de Paul Veyne, «la verdad, lejos de ser la más simple expe-
como fenómeno universal, es impugnada seriamente tanto por riencia realista, es la más histórica de todas».32 Con esto, lo que
Detienne como por Vernant. Ellos plantean que el mito formula- Veyne quiere decirnos, es que los criterios de verdad varían de
ba su verdad desde sí mismo, es decir, sólo era coherente dentro una sociedad a otra, no hay verdad que sea ahistórica, pues ella
de su propio sistema de pensamiento. No podía ser un fenóme- es siempre producto del sistema de pensamiento que la produce.
no traslativo a todas las culturas, como lo había propuesto Lévi- En el caso de la verdad del mito, ella no es concordancia de la
Strauss, pues· este tipo de análisis dejaba fuera las situaciones. proposición con su objeto, ni de un juicio con otros, tampoco es
concretas de habla. Los discursos, las temáticas, los'modelos he- una verdad que se oponga a lo falso.
roicos podrían ser comunes en varias culturas, pero ni las condi- Para encontrar el sentido de verdad que contiene el mito,
ciones, ni el contexto, ni las personas y gestos eran reproducibles Detienne busca ·sus opuestos. Así el concepto de verdad, de ale-
o iguales, y ellos son los que le dan su particular sig-nificado a theia, en la Grecia homérica, no es sinónimo de realidad; su opues-
cada mito. to es el olvido-lethe-. La verdad tiene que ver con el recuerdo, con
Con esto, al menos, se acotaba el mito como una produc- la memoria -Mnemosine-, y ella viene de las musas, es una musa.
ción exclusiva de Grecia. Para Marce! Detienne «el mito es un
31 Marcel Detienne, Los maestros... op. cit., pp. 15.
30
Desde luego pehsamos que la historia de la escritura no es la historia "Paul Veyne, Les grecs,ont-ils CTU aIeur mytlres?, Paris, Edilions du Seuil,
de una técnica sino la de los roles diferentes que cada civilización le otorga a 1990, p. 11. Precisamente este libro devela la forma de pensar y creer de los
ésta. La cultura griega_ clásica siguió siendo muy 01:al.J~;,i ~iscusión en histo- griegos en estos relatos llamados mitos. Los griegos clásicos, inclusive, tienen
riadores de habla inglesa (Ong, Havelock, Goody)~ "qúe-cÓmo hemos dicho se una particular forma de dudar de ellos que no es la nuestra y crean a su vez,
ha centrado mucho en las cuestiones de la oralidad y la escritura, nos hace ver ·desde su racionalidad, nuevos «mitos», que desde luego para ellos no lo son,
la complejidad del-tema y rebasa la simplona aseveración de que gracias a la tal es el caso de laA!lánlida de Platón; por otro lado nos dice Veyne,Aristóteles
escrituras~ logró el paso a un pensamiento racional. Cfr. David R. Olsori, El no duda de 1á verdad de la adivinación por los sueñ~, ni Tuddides de los
mundo sobre papel, el impacto de la escritura y la lectura en la estructura del conoci- oráculos. Criticar los «mitos» en la antigüedad significaba volver a hallar su
miento, Barcelona, Gedisa, 1998, pp. 21-39. fondo de verdad.

58 59
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

J~r~bable_1:7-ente en la sociedad micénica el rey fuera el rec€ptor cia de la musª, el aedo no legitima la verdad de su palabra con
un1co y directo de este saber. Esta palabra implicaba acción pues un yo que se autorice por sí mismo. El yo bajo el ·que habla es
producía efectos de ordenamiento cósmico y efectos de justicia. evocación de las musas, son ellas las que otorgan al relato la con-
LJ1cho de otra forma, era una palabra que implicaba una verdad dición de verdad.
de tipo judiciario (era una verdad ordálíca, en el sentido que brin- Gran parte de los temas que aborda esta palabra cantada
da la verdad de los hechos que juzga por medíos mágicos 0 son hazañas de dioses y héroes. Es un discurso aristócrata pues
mántícos), poética (en el sentido de que otorga la inmortalidad exalta la función guerrera de los grandes, basileus y nobles, que
al producir, por r.nedio de1 canto, la gloria inmortal) y adivinatoria han muerto en la guerra y que viven elernamente por estos can-
(en el sentido que ve el pasado, el presente y el futuro). En sentí- tos. Estos relatos cumplen la función de alabanza o reprobación
do general, la aletheia es una potencia que actúa. Es una verdad y legitiman a la élite que los soporta: los aristócratas que están
~uehene que ver con principios como eunomía y diké, concep- en la cúspide de esta sociedad y que son quienes detentan la fun-
tas que implican un orden dado por los dioses para todos los ción guerrera, que es 1a más función más apreciada. Por medio
tiempos y que, en última instancia, es inaccesible para los huma- de estos relatos poéticos se otorga kleos, es decir, gloria inmortal
nos, por eso se revela en formas mánticas y ordálicas. Hacia los a los guerreros que han muerto heroicamente en batalla. Lo te-
años oscuros, los' que hablan de la verdad son los poetas y los adi- rrible para el griego homérico es el anonimato; la muerte final-
vinos, a ellos se les revelaba en forma de poesía, es decir, de pa- mente se puede justificar a través de la inmortalidad poética, ésta
labra cantada. Es una verdad literaria. le confiere sentido. La verdad del mito procede entonces de esa ca-
Detien.ne encuentra en esos mitos vestigios de la función pacidad de memoria y rememoración que otorgan las musas a
pastoral, nutricia y judicial de esos reyes; objetos míticos como los poetas para que la inmortalidad del héroe perviva en la gloria
el carnero del vellocino de oro, la cepa de la viña de oro, etcétera, que se les otorga.
fund~nan como una especie de talismán, que son la prueba de la La ruptura definitiva de la evidencia de este discurso como
relac10n fu~c10nal con los dioses y que le garantizaban al rey universal se da, como hemos dicho, con la obra de Marce!
poder multiplicar las nquezas. 33 Desaparecido el anax, los recep- Detienne, La invención de la mitología." Esta obra realiza toda una
tores_ de esta _palabrn ~antada mítica serán los poetas, aedos y operación genealógica del concepto mitología; Detienne fija los
adivmos. La msp1rac10n o revelación de las musas, mensajeras momentos en que la etnografía decimonónica se concentra en
de los d10ses, se da en algunos casos, como en el de los adivinos, recopilar todos estos mitos y los piensa como la «memoria de
por estados de trance y por medios psicotrópícos. En el caso de humanidad», y funda la mitología que se convierte en la «cien-
los poeta~, esta verdad se da como revelación o inspiración divi- cia de los mitos», aquella ciencia que debería de traducir la ver-
na, especie de rememoración que coloca al poeta en un estado de dad escondida del mito, que hablaba de la misma forma en los
prese_ncia frente a lo que él no ha visto. Él cuenta, en presente, la orígenes de todas las culturas.
hazana o evento como si lo estuviera viendo, pero se entiende La premisa de Lévi-Strauss, formulada en 1958, de que «un
que es la viden,cia de la musa la que lo coloca eri posición de ver mito es percibido como mito por todo lector y en todo el mun-
(de recordar). El es sólo portador de su pitlabra. La autoridad de do» ,35 para Detienne ya no es evidente, ni encuentra nada que en
su poesía, de esa verdad que dice, es por la evocación y presen-
34 Marcel Detienne, La invención de la mitología, op. cit.
33
Marcel Detienne, Los maestros de .... op. cit., p. SO. 35 Ibid., p. 11. Detienne citando a Lévi-Strauss en su Antropología cultural.
1

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i'ORM.i-\S DE 1-J!ACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

fo,rma wruvoca sea nombrado como tal. Ni en los mismos griegos buscando rme>(aS versiones que los hagan verosímiles al pensa-
enc1D1entra una noción única del concepto. El término mito, des- miento de los contemporáneos.
de la epopeya hasta la primera mitad del siglo v, era sinónimo de Tucidides42 y Platón serán los más acérrimos enemigos del
pdabra º" dicho en griego¡, era !o mis.vno que Hogos.36 EnJenófanes «mito», sin acotarlo, pues lo que designan por mito es la estupi-
y Parménides son palabras de b1D1en augurio y tienen una condi- dez de un argumento o lo absurdo de un adversario. La gran
ción de palabra mce1D1tra. Siguiendo la historia de esta semántica, paradoja es que en el concepto de mitología, forjado finalmente
el a1D1tor encmintra que en el siglo v a.C., en Samos, por primera por Platón, se entrelazan mythos y logoi, y se refiere a la actividad
vez, tiene connotación de palabra subversiva.37 Sin embargo, de los logógrafos que es contar y escribir; es decir, lo que Platón
Detienne concl1lllye q¡ue todavía en ese siglo no existe la idéa de llama mitología son relatos escritos que no tienen nada que ver
una «mitología» como un pensamiento o tejido que se refiera con la oralidad que los produjo. Entonces, la mitología, que pasa
unívocamente a un conjunto de relatos con características deter- por ser tan antigua, es, por la escritura, joven y nueva.
rnmaclas. Posteriormente, en Píndaro, mito tiene la connotación No obstante Platón, quien inaugura una nueva forma de
de palabra seductora o emb1D1stera, designa un mal relato tradi- pensamiento, emprende la fabricación de sus propios mitos, como
cional, emblema de lo artificial e ilusorio.38 En las Historias de el discurso sobre el alma, sobre el nacimiento del mundo y sobre
Herodoto mytlws aparece en dos ocasiones, él dice escribir logoi, la vida del más allá.43 Con esto queda muy claro que mito no era
es decir, relatos que él mismo ha investigado a manera de una una categoría que condensara de manera unívoca lo que el hom-
pesquisa, y se niega a narrar logoi sagrados. Para Herodoto mythos bre del XIX conceptualizó como tal. Para éste la medida del mito
no es una verdad revelada a iniciados, sino un dicho o una opi- era la de la racionalidad científica contra un discurso que no lo era,
nión cuyo proceso se hace a plena luz y que le resulta insensato y pero es evidente qne lo que los griegos entendieron como mito
absw:do,39 pero mito no se refiere a las historias de las potencias no era,la oposición de falso-verdade~o, ya que para éstos no hay
divinas o a las historias de Homero o Hesíodo. El mito todavía palabra que hable de nada. Cuando criticaban al mito no preten-
no es más que una palabra, un rélato Ónarración que se señala o dían negarlo totalmente, sino hallarle un nuevo fondo de ver-
se denuncia por increi'ble.40 dad, compatible con sus nuevas concepciones de verosimilitud.
Una generación después, Herocloto mismo es acusado por La polis creará otra noción de verdad, que no es rememora-
Tucíclides de connivencia con lo que él llama lo «mitoso», pensa- ción sino deducción lógica, palabra argumentada. En el caso de
miento sospechoso; por su parte Aristóteles tratará a Herodoto la verdad de la historia son relatos que se investigan. Cuando
como mitólogo.41 Desde el siglo VI a.C. se había dado como pro- surja esta forma de verdad en el siglo v a.C., la noción de verdad
grama de la ciencia jónica el afán de recopilación de relatos y anterior, aquélla que es revelación e inspiración, deja de ser co-
tradiciones antiguas; entre ellas había relatos fabulosos. Los lla- herente para esta sociedad que piensa de manera geométrica y
mados logógrafos, aquéllos que escriben logoi, los reescribirán, que extrae de sus conceptos de isonomía o igualdad todo un sis-
tema de pensamiento que se anunciará como pensamiento racio-
36
Ibid., p. 63.
"Ibid., p. 64
38
Ibid., p. 67. - 42 !bid., pp. 68-79 Tucídides marcaba todas «las defiéiencias» de la
"Ibid., pp. 68-9. oralidad, como palabra engañosa, falible, crédula, expuesta a la tentación del
"' Ibid., p. 70. placer.
"Ibid., pp. 70-1. " Ibid., p. 105

62 63
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

nal. Las explicaciones que dan cuenta de estos cambios los co- el caso del s,urgimiento de los nuevos saberes de la polis, y la
n1entaremos en el capítnlo dedicado al surgimiento de la polis. historia forma parte de ellos.
J'.tquf sólo quisimos s.,eguir el estado de la cuestión, y de cómo se Los nuevos saberes buscan erigirse como un tipo de cono-
d_e;vanecii la evidencia de esta mitología co1110 discurso univer- cimiento que se sustentan o se legitiman de otra forma, pero que,
sal. Creenws que los 9.tentos análisis de estos autores corrobora-- sin embargo, parten de los anteriores para hacer su emerge.ncia.
ron la especificidad de ese discurso, que no se explica más que En el caso de Herodoto, personaje que ha trascendido como «pa-
en sus c;ntextos precisos44 (Grecia micénica y Grecia homérica) dre de la historia» (que no lo es de la historia actual), es iniciador
y que reunieron toda una serie de características, autores y cir- de un tipo de discurso que pretende separarse de una forma dis-
cuñstancias concretos. En el siguiente inciso abordaremos cómo cursiva concreta: la épica.
se explica en la actualidad el surgimiento de la historia. En la década de los setenta, el estructÚralismo ha recibido
algunas críticas, la obra de Emile Benveniste abre nuevos cami-
La matriz épica y la matriz jurídica: puntos de partida del discurso nos en los estudios lingüísticos, también las obras de Michel
histórico Foucault y de Michel de Certeau vienen a ser determinantes. Las
Si la oposición mito-logos ya no funciona para explicar la emer- perspectivas que ellos plantean para pensar más radicalmente
gencia de una forma de racionalidad y de ciertos discursos, de los los problemas son aprovechadas por historiadores jóvenes. En el
cuales la historia es parte, ¿cómo situar el nacimiento de la histo- caso de de Certeau, su señalamiento sobre la atención que el his-
ria? En otras palabras, ¿cómo pensar un nuevo discurso que pre- toriador debe prestar al desplazamiento de una lingüística de la
tende hablar de la verdad del pasado, pero que no podemos aceptar lengua hacia una lingüística de la enunciación va a ser tomada
que sea el origen de la disciplina histórica que practica el mundo por historiadores que se están forman<io. Uno de ellos es Fran,;ois
moderno occidental? Más aún, si la historia no nace en contra del Hartog,45 que en 1980 publica su tesis de doctorado de estado
«discurso mítico», ¿de qué saber de su época busca diferenciarse? sobre Herodoto. 46 Este trabajo, que se inscribe de manera gene-
Partimos de la convicción de que no hay generación es- ral dentro del estructuralismo, le debe también mucho a Ben-
pontánea ni «milagro griego». Todo saber surge de unas condi- veniste y a de Certeau en lo que concierne a la atención que le
ciones precisas que se forjan en una sociedad, de ahí que las presta a las marcas de enunciación, es decir, a las referencias
innovaciones se puedan pensar como saberes acumulativos que enunciativas del narrador en su relato. El producto de esta lectu-
van aclarando cada vez mejor los problemas planteados; como ra es su voluminoso y brillante libro de 400 páginas, imprescin-
saberes que intentan separarse de los saberes anteriores porque dible hasta hoy para entender de qué nos habla Herodoto.
ya el saber anterior no resulta evidente, por lo tanto se opera una Fran,;ois Hartog ha dedicado gran parte de su obra a la pregunta
fractura, en palabras de Kuhn se da un nuevo paradigma, que por la emergencia del discurso histórico. 47 En su libro, Mémoire
explica de otra forma o pone en juego nuevas preguntas. Es de-
cir, su horizonte de expectativas se ha desplazado. Tal puede ser "!bid.
46
Frarn;ois Hartog, Le miroir d'Hérodote. Essai sur la représentatión de
44
Hartog nos dice que la discusión giró en torno a otras cuestiones. Cfr. l'autre, Paris, Gallimard, 1980, (2 edición 1991).
Entrevista de Alfonso Mendiola a Frarn;ois Hartog, «Fran<;ois Hartog: el naci- 47
Su último libro L'histoire d'Homer aAugustín. Préfaces des historiens et
miento del discurso histórico occidental>>, en Historia y Grafía No. 11, Univer- textes sur l"histoire, (reunidos y comentados por Frarn;ois Hartog y traducidos
sidad Iberoamericana, 1998. Sólo contados estudios siguieron con esta por Michel Casevits) Paris, Seuil, 1999, es una antología elegida y comenta-
problemática, entre ellos sobresale la brillante 0Q.r?__P-_e_~l~1;t4e (:~}ame. da por nuestro autor, en ella deja a los mismos historiadores del pasado hablar

64 65
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORlOGRAFÍA GRECOLATINA

d'Ulysse, Récits sur la frontiere en Grece ancienne, 48 hace un intere- po borra todo, no puede pensar en una gloria inmortal como la
sante seguimiento de las categorías homéricas en la historiogra- que confería la poesía, pero sí pretende retardar el Olvido, y ase-
fía grecolatina. gurar que las cosas memorables se recuerden,
Hartog plantea, en primer lugar, que en Grecia todo parte Los protagonistas del discurso de Herodoto ya no son los
de la epopeya y bajo el signo de Ulises. 49 Con esto establece el individuos, los héroes de antaño. Los tiempos de las sagas heroi-
tipo de discurso del que Herodoto busca distanciarse, pero a la cas individuales ya no pueden ser los discursos de la polis demo-
vez, de aquél que él considera es su punto de partida. Las Histo- crática. La sociedad homérica era una sociedad jerarquizada,
rias parten de la voluntad del autor por separarse de un discurso sustentada por un discurso aristócrata: la poesía épica. La ciu-
que se valida por la autoridad de las musas: la poesía épica. La dad ha puesto su palabra al centro de la polis, en el ágora. Sus dis-
verdad de ese discurso viene de la autoridad que ellas confieren cursos son políticos, competen a todos los que son considerados
al aedo al realizar su canto. La ruptura más visible con el nuevo ciudadanos. Esto se refleja en su forma de hacer la guerra, Lo
discurso es la total desaparición de las musas como autoridad y que antes implicaba valentía y heroísmo: la hazaña individual es
fuente de verdad. vista desde la polis como hybris (acto de ostentación, ambición,
La po~sía épica otorga la gloria eterna, kleos, la inmortali- falta de mesura), que incluso puede hacer perder la guerra, o al
dad, a los héroes muertos en batalla, esa eternidad es lo que hace menos la vida del compañero de combate. En la guerra hoplita,
digerible la muerte. Sólo la certeza de que la inmortalidad acom- que es la forma de combatir propia de la polis, la obedieI]-cia, el
paña la muerte del joven gUfrrero puede justificarla o, en otras control de sí mismo, la mesura (sophrosine) son las cualidades
palabras, hacerla soportable. El que ha muerto en batalla haga- que se valoran. Al ser el discurso de Herodoto un discurso de la
nadopara la eternidad una inmortalidad que es palabra cantada, polis, su intención última ya no es desentrañar, ni ensalzar vidas
palabra verdadera del pasado glorioso, el canto de la epopeya individuales o formas anacrónicas de combate, más bien hablar
vuelve presente las acciones heroicas. Herodoto, por su parte, de las gestas dé pueblos enteros, por eso relata las costumbres,
no reivindica una autoridad de videncia sobre el pasado, ni so- maravillas, formas de hacer la guerra, ritos, géneros de vida, et-
bre esas hazañas que los aedos cantan, que hablan sobre las proe- cétera, de otras culturas que, en algún momento, podrían ser
. zas individuales. En una dimensión más humana, él sólo pretende enemigos de los griegos, tal es el caso de los persas .
guardar la memoria de aquellas hazañas que ha visto o que le En un sentido, tanto la poesía épica como la historia son dis-
han contado, es decir, toda la autoridad de su discurso se sopor- cursos que buscan la memoria como una forma de inmortalidad. La
ta sobre su testimonio visual o auditivo. Con ello opera la prime- épica como inmortalidad divina conferida por los dioses y revelada
ra gran ruptura entre la poesía y la historia, Hartog llamará matriz al aedo por las musas, y la historia desde un ámbito profano. Se ha
épica a esta especie de origen común que confiere un tipo de re- operado una especie de «secularización» de la memoria que ya no
cuerdo, sea inmortal o no. Herodoto está consciente que el tiem- pretende otorgar el kleos inmortal, sino que buscá retardar el olvi-
do, este discurso tiene ya una dimensión humana. Mientras la épica
y hace el análisis de los textos que presenta buscando aclarar lo que es la his- es una «historia divina» que canta y mezcla, en un discurso lauda-
toria para cada uno de ellos, es una especie de ge~~-?-lJ:>gí~- ,del coi:tcepto anti- torio, relatos de dioses, titanes y héroes humanos, el discurso histó-
guo de historia. rico de Herodoto es una historia humana. La épica canta a la
45
Frarn;ois Hartog, Mémoire d'Ulísse. Récits sur la Jrontiere en Crece
ancienne, Paris, Gallimard, 1996.
aristocracia, la historia relata gestas memorables de hombres co-
49
Frarn;ois Hartog, Mémoire ... , op. cit, p. 23. munes y corrientes, en otras palabras, relatos de los ciudadanos.

66 67
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

Buscando encontrar una «evolución» de la épica a la historia, en tiempo pasado. Así distingue dos tipos de memoria o dos «re-
Hartog piensa en la Odisea como una especie de «primera histo- gímenes de la palabra» como los llama Hartog: la memoria del
ria».5º Esta afirmación la hace en sentido inverso, es decir, yendo de aedo que es la de la musa que inspira el canto, y la de Ulises, que
f(erodoto a Homero. Así, distingue un primer momento en que se es una memoria humana, que evoca y recuerda lo vivido, lo vis-
maneja el «régimen de palabra» de la historia. En la épica, concreta- to por él mismo (una evoca las hazañas en tiempo presente, como
rnente en la Iliada, se rnaneja un presente siempre recomenzado, que si los oyentes las tuvieran frente a sí; Ulises por su parte, hace el
aunque nos pone en contacto con algo que ya pasó, el aedo nos lo relato de sus aventuras en pasado). Ulises en esta epopeya de re-
cuenta con.lo si lo estuviera viendo; en la Ilíada no sabemos el des- torno tiene un objetivo: regresar a Itaca y no olvidarse de quien
enlace de la guerra de Troya, estamos como sus protagonistas, fren- es é). Los héroes que murieron en Troya son recordados en los
te a las murallas de Troya, sus versos nos colocan junto a Aquiles. cantos del aedo, pero él no ha muerto en combate, no goza de
En cambio la Odisea nos cuenta el desenlace, cómo acaba la guerra kleos, memoria inmortal, está perdido en el mar. Este destino para
de Troya, las a~gucias de Ulises con el caballo de Troya, etcétera, un griego es peor que la muerte, ya que si hubiera muerto ten-
estamos después del evento, en la memoria del acontecimiento y e_n dría derecho a ser uno de esos héroes inmortales que canta el
el recuerdo del duelo y del sufrimiento. 51 En esa relación Iliada-Odi- aedo y que gozan de gloria inmortal, pero Ulises no es nadie.
sea se puede hablar de la segunda como una especie de «primera Para su familia y para sus súbditos, simplemente está desapare-
historia». En un artículo que hemos mencionado antes,52 Hartog cido. El anonimato (en este caso su ausencia, el estar desapareci-
indaga sobre rasgos de ese personaje que aparece por primera vez do) es para el griego algo peor que la muerte; ésta sólo es
en Grecia (e! historiador) y cuestiona una distinción que Auerbach soportable si es una muerte gloriosa, es decir heroica, por esto
hace en su obra Mímesis de los pasajes de dos textos antiguos, uno en- alguna otra ocasión Ulises lamentará no haber muerto en
de la Biblia y otro de la Odisea. Aueberbach arguye que el estilo de Troya. Jean Pierre Vernant55 ha mostrado que tanto la épica, como
Homero, a diferencia del de la Biblia, es un estilo en primer plano, los cantos funerarios, funcionan en Grecia y concretamente en
es decir; que se presenta como puro presente. La epopeya se nos esta sociedad heroica como formas de aculturar la muerte.
presenta como si la estuviéramos presenciando al momento en que En los cantos de la Odisea, se encuentran por lo tanto, co-
se da la narración; en cambióel estilo bíblico no se sale del tiempo existiendo dos memorias. En primer lugar, la de las musas, en
en que nos cuenta, es decir, el relato se hace en pasado. boca del aedo Demódocos, a quien Alcinos, rey de los feacios, Je
Enseguida Hartog, siguiendo la tesis de Hanna Arendt,53 pide cante en un banquete que le ofrece a Ulises. En esos momen-
quien ve el principio, poéticamente hablando, de la categoría de tos Ulises es huésped anónimo de los feacios; había llegado como
historia en el pasaje de la Odisea, apoya la tesis de que, coexis- náufrago a las costas de este reino. La memoria del aedo es una
tiendo con el canto del aedo que evoca las hazañas de Troya, está memoria en el presente, pues, aunque se sabe que habla del pasa-
la figura y el relato de Ulises contando sus propias enancias,54 do, siempre implica un presente recomenzado, es como si el aedo
presenciara directamente la vivencia que canta. Demódocos eli-
so !bid., p. 37.
51
ge cantar la toma de Troya y canta las hazañas de Ulises y la arti-
Franc;ois Hartog, «Premieres figures de l'histórien en Crece: historicité
e histoire>,, op. cit., p. 127. maña del caballo de Troya. Ulises busca esconder su llanto para
52 !bid., p. 125.

53 /bid., p. 131. 55
Mencionado en Franc;ois Hartog, «1)remieres figures de !'historien
54
Homero, Odisea, cantos vm al xn. . .. », ap. cit., p. 130.

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FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

no delatarse, pues él se reconoce en la poesía del aedo como prin- evocación de !a muerte de otros, pero en la Odisea, Ulises está
cipal protagonista. Finalmente, cuando Alcinos le pregunta por vivo, esto le hace cobrar conciencia de su propio estado que es
qué el canto de Demódocos 1e provoca tal dolor, Ulises se pre- peor que el de ,los héroes evocados, ya que ellos al menos viven
senta y relata sus vivencias, que confirman lo relatado por el en la palabra. El, por el contrario, no tiene derecho a esta evoca-
poeta. En el relato de Ulises se da una segunda forma de memo- ción. Él significa la ausencia, el anonimato de estar desapareci-
ria, Ulises recuerda porque él vivió lo que relata. Las musas no le do, el dejar de ser y no ser recordado, la muerte del ser humano
ofrecen este recuerdo, él habla en su nombre, por tanto su me- común y corriente que pasa y se olvida en el tiempo: la muerte
moria es una memoria humana, que acepta el destino propio del sin gloria.
humano, la muerte sin gloria. Con todo esto Hartog nos hace ver que la Odisea, por la
El llanto de Ulises, «quien llora como una mujer, como una posición que guarda con respecto a la Iliada, está más cercana a
esposa»,56 revela un dueló que es el «duelo- de sí mismo». Estar la historia, pero no es historia. Y el discurso histórico no era ne-
desaparecido implica no estar ni muerto ni vivo, es no tener nom- cesariamente el paso siguiente. La concientización de la tempo-
bre, es no ser nadie. Su llanto, al ser como «el de una esposa», ralidad que se registra en esos pasajes de la Odisea no lleva
evoca esa triste situación de la mujer griega que al perder a su indefectiblemente a un registro histórico como el qüe se dio con
marido no es nadie, 57 él se encuentra en una situación análoga, Herodoto y Tucídides: «De Demodocos a Herodoto, el paso no
se habla de él como si estuviera ausente, como si hubiera muerto era ni inmediato ni obligado, sino simplemente posible. En su ..
y sin embargo está vivo ... En esta ausencia de coincidencia, confrontación con Ulises, la figura de Demodocos deja percibir, ·.:
Hartog señala el doloroso descubrimiento de la historicidad. En en un instante, otra figura, en la que se encontrará más farde un { ·
otras palabras, en la Odisea coinciden dos «regímenes de la pala- Herodoto que viene a dar un nombre y una palabra propia: la'.
bra», el primero, el canto de aedo, vuelve presente la muerte. figura del historiador con la operación historiográfica que acom-
Los muertos, los héroes salen de su mundo y vuelven al mundo paña su nacimiento. Pero entre la palabra épica y el discurso his-
de los vivos mediante el kleos épico, en palabras de de Certeau, tórico, la Odisea, épica que canta la imposibilidad de la epopeya,
exorcizarían la muerte, pero Ulises no pertenece al mundo de los relata el descubrimiento fascinante y doloroso de la historicidad».58
muertos, está vivo, sólo que desaparecido; el llanto de Ulises, La forma como Herodoto aprehende el tiempÓ no es con-
por lo tanto, revela esa dislocación temporal que es eldescubri- ceptual. En su obra no existe una reflexión sobre el tiempo, en
miento de la temporalidad. Este anacronismo es vivido por Ulises cambio sílo hace a través de algunas analogías, como aquella en
qolorosamente pues encierra la concientización de la historicidad. que refiere a que sus Historias hablarán tanto de las grandes ciu-
La memoria de Ulises es recuerdo de sus propias viven- dades de los hombres, como de las pequeñas: «ya que aquellas
cias, lo que él vio, oyó, sintió. Su memoria no le otorga gloria que antes eran grandes ahora son pequeñas y las que eran gran-
inmortal, antes bien, es una memoria lastimosa que le recuerda des en mi tiempo, antaño eran pequeñas». Herodoto mide y apre-
su propia mortalidad, su condición de hombre mortal. Por eso hende en esta oposición la temporalidad, la distancia entre pasado
quiere recordar, para no olvidar quién es él. El placer que la epo- y presente, y con ello busca ser impardal
peya produce en los oyentes es paradójico,. pues se recrea en la Las dos últimas características que tienen en común la epo-
peya, concretamente la Odisea de Homero y las Historias de Hero-
"Ibid., pp. 134-5.
57
Ibid., pp.130-1. ss /bid., p. 141.

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FORiviAS DE HACER LA HiSTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

doto son: 1) ambas obras son relatos de viaje. Herodoto desde su cedente del di;scurso racional de la filosofía, de la ciencia, de la
introducción hace alusión a Homero, emula su viajar y ver, evoca historia y del derecho. Todo lo anterior eran explicaciones
un tipo de mernoria y otra forrna de recuerdo. Como Ulises, Hero- «precientíficas», tanto para hablar de la realidad, como para ha-
cloto tarnbién sabe que la :medida de todo es el tiempo, él ya no blar del pasado o de la justicia. Ahora no podemos aceptar estas
está err capacidad, con:10 Homero, de ofrecer gloria inmortat tan só- explicaciones; hoy se vuelve necesario ubicar el contexto social de
lo puede retardar el olvido; 2) los dos géneros, la épica y la histo- cada discurso para comprender como foncionaba en cada socie-
ria relatarán una querella. Si en la primera se relata el conflicto entre dad. La lingüística y la antropología han permitido acercarse a
aqueos y troyanos, las Historias vienen a relatar la querella en- nuevos significados y sentidos, y la reconstrucción de los contex-
tre griegos y persas. Tanto el poeta como el historiador narran los tos culturales específicos ha sido finalmente clave en estas inter-
conflictos desde ambos lados. La guerra es punto de partida tanto pretaciones. Esto lo posibilitó la revaloración de la oralidad de la
de la épica como de la historia. Las palabras de Hartog, en cuanto a que nos ocuparemos en el siguiente inciso.
que Herodoto quiso ser Homero y terminó siendo Herodoto,
ejemplifican una estrecha relación con la obra homérica, simple- La cuestión de la oralidad y de la escritura.
mente los tiempos habían cambiado y la forma de establecer un dis- De la épica oral a la escritura de la historia
curso que hablaba de los actos humanos sucedidos ya no podía. La pregí:mta sobre la temporalidad de lfomero y la de Herodoto
ser ni un discurso aristócrata ni se podía validar a través de las musas. nos lleva a otra cuestión que no podemos soslayar: el contexto de
Los discursos que preceden a Herodoto ya no son la forma enunciación de la obra homérica y el de la obra del propio
velada y mágica de hablar del pasado, sino es el paso de una Herodoto. Esto más que marcar una continuidad discursiva nos
memoria divina y revelada (épica) a una que se sustenta en el permite ver la diferencia entre dos espacios sociales claramente
testimonio del historiador. Este paso no representa un salto pro- distintos. El paso de la épica a la historia no guarda un orden
gresivo hacia la «verdadera historia», es sólo una forma específi- progresivo ni era yn paso necesario. Fue una opción que se dio
ca de hablar del pasado; fueron probablemente las condiciones con el grado de lib'ertad que las culturas se dan, en este caso tie-
sociales y políticas de la polis en que viven Herodoto y Tucídides ne que ver con el desarrollo d°e--las polei griegas. Una nueva co-
las que habían hecho que la epopeya careciera de evidencia y se rriente en la historiografía" nos permite entender que la obra
viera como algo obsoleto. Sólo en ese sentido se pueden enten- homérica, no fue antes del siglo vm a.C una «obra» para ser leí-
der las críticas de los filósofos griegos del siglo IV a.C. Esos rela-
59
tos les parecen inverosímiles y absurdos, por eso la palabra La bibliografía sobre la oralidad se ha incrementado mucho estos úl-
«mito», con la que nombraron a los relatos homéricos, aparecen timos decenios, tanto en los estudios clásicos como en los medievales y en la
con una connotación peyorativa. antropología cultural. Entre la bibliografía más importante está: la obra de
Jack Goody, en especial, La lógica de la escritura y la organización de la sociedad,
Para concluir este apartado, diremos que la idea de. matriz Madrid, Alianza editorial, 1990; La domesticación del pensamiento salvaje, Ma-
épica acota de una nueva forma la manera de comprender el naci- drid, Akal, 1985; la compilación que hace en Cultura escrita en sociedades tradi-
miento de la historia. Anteriormente se contraponía la «historia cionales, Barcelona Gedisa, 1996. Las obras de Water Ong y Erick A. Havelock,
mítica» a la «historia-historia» en un camino progresivo y singu- citadas en la nota 30, son sólo algunas de las obras de estos dos historiadores.
También Bruno Gentilli, Poesía y público en la Grecia antigua, Barcelona, Quaderns
lar. Si la épica, los relatos, las teogónías y otros discursos relata- Crema, Biblioteca General, 1996; David Olson y Nancy Torrance (comps.) Cul-
ban la historia de los dioses, héroes y titanes se pensaba en ellos tura escrita y oralidad, Barcelona, Gedisa, 1995. Toda la colección LEA de Gedisa,
como discursos «míticos» y se les ponía en una relación de ante- está dedicada a esta temática.

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FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

da, sino que pertenecía plenamente al ámbito de la oralidad y los juegos panhelénicos. Esta poesía la tomaron de cantos tradi-
esta oralidad está en el origen de la civilización occidental, es cionales de_los griegos que se constituyeron sistemáticamente en
decir, la reivindica_ción que se ha hecho de la cultura griega como una obra, rompiendo con las culturas locales; en ella se utilizaría
cuna de occidente siempre se ha puesto del lado de la escritura, una lengua artificial, el griego, resultado de mezclas dialectales
cuestión que ha planteado relaciones etnocéntricas y racistas con > diversas. 61 De esta forma, un «estado cultural» comienza a arran-
todas las culturas que no la desarrollaron de igual forma. e{ carle al aedo el monopolio enunciativo de su canto.
Por otro lado, reconocer esta doble matriz de la cultura· La escritura comenzará a borrar el espacio de emisión de
griega: la oralidad y la escritura resulta hoy necesario,. pues ante·.~
1 esta práctica aédica. La epopeya griega se realizaba en el espacio
la expansión de los medios audiovisuales, los libros y la cultura específico del banquete y no era separable de él. La convívialídad
escrita adquieren otra dimensión. Lo más importante para nues- griega anterior a la constitución de las ciudades se daba en el
tro propósito es percatarnos de las posibilidades de la oralidad, marco de los palacios de los pequeños reyes (basileus). Ofrecer ban-
justo cuando ésta vuelve a dominar globalmente debido a la ex- quetes a los iguales, sus pares, era el ejercicio social por excelen-
pansión de los medios de comunicación. Havelock, por ejemplo, cia, que contemplado bajo nociones antropológicas seexplíca con
hace ver córrio la oralidad desarrolla funciones específicas para las categorías del don y contra-don, especie de círculacíón
guardar la tradición, distintas de como lo hace una sociedad que igualitaria de regalos. Uno estaba obligado a ofrecer estos ága-
tiene la escritura como forma de. comunicación. En otras pala- pes, y a la vez los huéspedes de esta ocasión recibirían en otra, a
bras, las sociedades orales estructuran sus formas de pensamiento los anfitriones. En estos banquetes se ofrecían regalos materiales
de manera diferente de como lo hacen las sociedades que usan la y regalos «divinos». Un banquete siempre se ofrecía de la misma
escritura como fo~ma de comunicación. Sugiere también, que fue forma y tenía que contar con anímales ritualmente sacrificados a
hasta la época de Platón cuando verdaderamente se confrontan los dioses, pan, vino y el canto del aedo. Compartir con los hués-
en Grecia estas dos lógicas: la de la oralidad y la de la escritura.'° pedes los alimentos constituía la sociabilidad humana por anto-
Si Herodoto buscó constituirse en un nuevo Homero en el nomasia, sín embargo, lo que Dupont señala es que en estos
siglo v a. C. y lo que logró fue convertirse en Herodoto, fue en banquetes se realiza también otro típo de convivencia, pues se
gran parte porque el espacio social había cambiado. El Homero comparte un placer divino. El sacrificio ritual de los animales
que Herodoto sigue es un Homero escrito, es decir, es un Home- que se han de comer, convoca a los dioses. Ellos comparten con
ro que ha perdido su lugar original de enunciación. Siguiendo la los hombres él placer del olor de la carne cocida y también la sua-
tesis de Florence Dupont, la primera vez que se habrían cantado ve embriaguez del vino. Los comensales sacian, al comer la carne
las dos grandes epopeyas en «versiones» completas y similares a y beber el vino, las necesidades físicas, mismas que les recuer-
como hoy las conocemos, habría sido hacia fines del siglo vm a. dan su humanidad. Los dioses, que no tienen necesidades físi-
C., justo cuanto se empezaban a constituir las polei griegas. Pro- cas, comparten con los mortales el olor de la carne cocida y la
bablemente esto obedeció a la voluntad de los griegos de unirse ligera borrachera del vino. Posteriormente, ya saciados los ape-
de alguna forma y, para evitar la trampa \i~_la unidad política, titos, el aedo invoca a las musas, que en una especie de ritual de
optaron por la unidad cultural. Por ello buscaron crear una poe- posesión, cantan con la música (etimológicamente la palabra
sía común, así como también llevaron a cabo, por primera vez,
61 Florence Dupont, Home.re et Dallas. Introduction a une critique
60
Eric A. Havelock, La musa... op. cit, pp. 113-133. antropologique, Paris, Hachette, 1991, p 151.

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FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

música equivale a técnica de las musas) de la cítara y de la voz tes están en disposición de oír al aedo sólo cuando «han satisfe-
del aedo,_unos versos que son divinos, pues dicen «lo que fue, lo cho su sed y su hambre», expresión que se encuentra muy segui-
51_ue e~ Y lo ~ue s~rá>},. curiosamente es la misma definición que da y que sugiere las necesidades que alejan al hombre de los
ws griegos o.an a la adivinación. inmortales.
Lo que Florence Dupont, catedrática de la Universidad de Como hemos dicho, el aedo no ha sido testigo de lo que
Nancy n, ha hecho es aplicar los avances de la lingüística y de la an- canta, sus relatos no emanan de una memoria particular, son re-
tropología cultural a la obra homérica, con esto distingue el enun- latos de los dioses que se fabrican en una especie de puesta .en
ciado escrito, que es el que nos ha llegado a nosotros, de la escena única, es decir, en cada banquete se elabora una especie
enunciación, es decir, del contexto cultural en el que se dice la enun- de performance aédica que es irrepetible y diferente de las otras.
ciación y que es el que le da su verdadero sentido. Lo que se había La historiadora compara cada canto con una faena de toros, en
hecho tradicionalmente era deducir del enunciado el significado. donde cada faena produce un placer efímero, irrepetible y único.
Así se reducía la obra homérica y, en general, toda enunciación oral, En este contexto, se entiende que un canto aédico jamás se
a enunciados «literarios», es decir, a escritura. Esto equivaldría, y escribiera, no se conserva, es como el olor de la carne o la borra-
es un muy buen ejemplo el que ella cita, a leer la puesta en escena chera del vino, son placeres efímeros que caen en el ámbito de
ñ •
ue una opera, . to da 1a puesta en escena, o leer los enunciados
sin los regalos divinos, no materiales, y qt1e encuentran su especial
de la_ misa católica sin el ritual que la acompaña. Se comprende placer en ser compartidos con los dioses y con los pares. El arte
que s1 en un futuro eso fuera lo único que llegara a los historiado- de la cítara es una técnica sacerdotal que invoca y acompaña a
res, la interpretació~ que harían sería u.na reducción, que no fiaría las musas, que son quienes celebran el ritual a través del aedo. Él
smo dislocar y malmterpretar el significado de esta puesta en es- no se hace acompañar por la cítara, sino crea su canto a través de
cena, o,_ de la asistencia al ritual religioso. Dupont intenta hacer lo ella. Las musas, como hijas de Zeus y Mnemosine, vuelven al
contrario, ella reconstruye el contexto de enunciación del banquete aedo su portavoz y, como hemos dicho antes, al ser convocadas
que es el único lugar donde se cantaba la epopeya; en este esfuer~ en un ritual de posesión, se expresan a través de la voz del aedo."
zo se ve obligada a explicar los placeres del banquete «civilizado» El aedo canta la memoria divina, la que ve todo y ésta le viene de
(desde luego que para el griego, es el griego) y cómo este evento Mnemosine, madre de las musas. Esta memoria, común y sagra-
convoca lo que hay de divino en el hombre. Las bestias comen cru- da, distinta de las memorias singulares y profanas, tiene el cono-
do, el salvaje no bebe vino, en tanto, los comensales comen la car- cimiento total del mundo, es independiente de accidentes
ne de una bestia sacrificada a los dioses, en otras palabras, la temporales y, por definición, dice la verdad, que en griego se
comparten con ellos. Acabado el ritual del ágape, el canto del aedo pronuncia aletheia y que significa no olvido.
1;
eqmvale ''.ªl olor de carne cocida sin la carne y a la embriaguez 64 !bid., pp. 42-44. La autora nos dice que esto es posible reconstruirlo a
del vmo sm el vmo», 2 el poema del aedo es un regalo lujoso que siglos de distancia releyendo los primeros versos de la Iliada y la Odisea, en
los_ hombres se ofrecen en los banquetes en que celebran la hospi-. donde el aedo dice: «canta, diosa, la cólera de Aquiles)), este enunciado, utili-
tahdad, y «su escucha no es separable del rito social del banquete, za la plegaria en forma impel'ativa y a1 realizar_se en el momento mismo que se
rn del evento excepcional y feliz que los constituye». 63 Los asisten- enuncia se vuelve, en términos lingüísticos, un enunciado performativo, ya
que al mismo tiempo describe y realiza una acción: el canto. Se trata de un
performativo de segunda pers~na, porque el destinatario, la musa, realiza la
" [bid., p. 27. acción... «Celebrar» y «cantar» como performativos idénticos, tienen como
63 [bid., p.28.
función celebrar a través de toda la cultura griega1 a los héroes y a los dioses.

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FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

El conocimiento que produce el canto épico hace olvidar la La repetición d~ formulas fijas,.no impide la creatividad, pues ella
humanidad singular, las penas de los mortales, pues los convi- no está en el argumento, ni en la secuencia, sino en brindar el pla-
dados, al llenarse de memoria divina durante el tiempo del ban- cer de la contemplación del mundo en toda su perfección, en ol-
quete, son llevados a través del canto del aedo al mundo heroico, vidar, durante el tiempo que dura el banquete, los males que
un mundo bello y perfecto, donde se canta al ser, donde no exis- aquejan al humano.
te la temporalidad y en donde todos los héroes emulan un mun- Por último, la pregunta por los personajes fantásticos que
do bello y perfecto. «Homero celebra la belleza del mundo porque introduce el aedo, tales como cíclopes, sirenas, semihombres y de-
celebra a! ser, y éste es divino». 65 Canta la belleza de los hombres más monstruos, se puede explicar porque a pesar de lo maravillo-
y de los objetos, que en la epopeya coinciden totalmente con su so o excéntrico de esta fabricación, ella conlleva toda la lógica de
ser. El mundo de la epopeya es la réplica perfecta del mundo la cultura griega; en otras palabras, para decir el ser, lo perfec.to, la
divino puesta en acto por humanos, esta perfección hace toda la épica acude a lo ficticio. Al incluir lo inverosínúl, se desarrolla la ló-
diferencia, y esta diferencia es un abismo. El ser del griego com- gica de la cultura griega de otra forma: por ejemplo para hacer
prende la perfección total, por lo tanto no veremos un héroe que venir a Ulises de una guerra en Troya hay que hacerlo marino,
no la revele, éste siempre será bello, joven, fuerte; al igual que sus esto no es ajeno a un griego que debe de utilizar toda su astucia
mujeres, las vestimentas, los cascos ... todo revela el brillo y la (melis) para donúnar un mundo que no es el suyo. Para hacer apa-
perfección de la estatuaria griega que no personaliza y que reve- recer toda la astucia humana de que el griego es capaz, es necesa-
la las figuras modélicas que ilustran la verdad del ser. Es por ello rio hacer aparecer lo no humano, por eso la existencia del cíclope,
que los epítetos, que nos parecen excesivos, tienen su razón, la de los lotofagos (antropófagos), lestrigones, sirenas, etcétera. La
épica está llena de «resplandeciente casco», el «bello Ulises», «ficción mítica», para llamarla de alguna forma, explica lo no hu-
«divino aedo», la «lana fina», la «villa de sólidos muebles», etcé- mano en contraposición con las habilidades y costumbres griegas,
tera. En el mundo de la épica todo es perfecto, nuevo, noble, be- que para ellos son las únicas plenamente humanas. Los lotofagos
llo ... La epopeya es una especie de estallamiento poético del no comen carne cocida, no hospedan al visitante, no ofrecen ban-
mundo eternamente joven, de la inmortalidad efímera de los quetes. El cíclope por su parte, bebe leche, no bebe vino (como el
hombres, y también de la máxima expresión de los maestros de griego) y tiene un solo ojo, es decir, no es buen vigilante. Ulises ten-
la cultura técnica, que traduce perfectamente la maestría del ar- drá que desplegar, para salir de cada aventura, las mejores argu--
tesano, que acercan al hombre a las virtudes divinas de los dio- cias de un navegante, del mejor. La lógica que revela la epopeya
ses patrones. 66 es el saber común del griego, en toda la melis que Ulises despliega en
En este mundo hasta la cotidianidad es perfecta y plena, si su regreso está lo real del griego, que reconoce en las técnicas uti-
el cíclope es un pastor, su vida no expresa los problemas de la
vida pastoril: no hay muerte de los animales, ni quesos fracasa- pala,bras sino de estas frases hechas o fórmulas fijas, que los aedos tradicio-
dos, ni ovejas perdidas. El mundo de la epopeya está hecho de nalmente api:endían en la escuela de Chias, pero que la puesta en acto implica
«dicciones formularias» 67 que no agotaría un aedo en toda su vida. jugar con estas fórmulas introduciendo nombres y reordenándolas en el mo-
mento que se enuncian, pues cada una de estas secuencias es por sí misma
65 Ibid., p. 61. independiente. Estas expansiones ofrecen al auditorio las delicias de la enu-
66
/bid., p. 59. metación que era una de las formas de celebración del ser. De esta manera la
7
~ !~id.~ _PP- 6~ -ss. Utili~a la palabra dicción para separarla de cualquier
fórmulas hacen emerger un saber implícito que no ofrece el suspenso del rela-
connotac10n hterana y explica que la épica no esta formulada a partir de to, sino brinda placer desplegando y diciendo la belleza de las cosas.

78 79
FORJl;fAS DE HACER LA HISTOlliA
HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

)izadas por el héroe la verdad del canto, para ello era necesario depuran y corrigen. Por lo tanto, una primera conclusión es re-
crear lo antihumano, pues sólo así se revela lo plenamente huma'
conocer que cuando hablamos de epopeya homérica, se trata de
no. Es precisamente la interacción entre ficción y verdad lo que hace
epopeya en tanto que ella es «puesta en acto» por los aedos_ en
el suspenso de ia historia. Al enunciar su canto y entrar en contacto
los banquetes, y no leídos en los textos de la I/zada y la Odisea
con la· diosa de la memoria, el aedo canta la memoria del ser: de «lo
como nosotros los tenemos. Reconstruir a esos primeros Horneros
que fue, de Jo que es y de lo que será», posee el conjunto de las
que se cantan en los banquetes, implica reconoceda _vertiente
fórmulas de la epopeya. Sin embargo la epopeya dice también como
oral que está en el principio de lo que hemos conshtmdo como
ficción lo que no es, lo que no fue y lo que no será.
origen de la cultura occidental.
Lo que el comensal griego escucha, por lo tanto, es un can- Para nuestro fin nos es muy útil comentar que el Homero
to divino, bello y verdadero. La posesión del aedo garantiza la
que Herodoto conoce, ya es un Homero leído o escrito, que ha
divinidad del canto, el ritual de posesión y la música de la cítara,
fijado nociones y categorías, mismas que Herodoto asume como
distinguen al hombre ordinario del que cuenta relatos. Esta for-
las categorías universales de análisis; lo establecido por Homero
ma en que el aedo dice al ser (explicada magistralmente por Du-
en cuanto a civilidad-no civilidad, humano-no humano, etcétera,
pont en su puesta en acto, en el momento de su enunciación),
se sigue en Herodoto, aunque ciertamente estas nociones serán
con el paso del tiempo y con la formación de las ciudades, se le
retomadas como elementos de análisis, pero de otra manera. Por
despojará paulatinamente. En la polis serán los filósofos los que
ejemplo, las encuestas o entrevistas cou que supuestamente com-
detenten este monopolio. Hacia el siglo v1 a. C. las ciudades es-
prueba los acontecimientos y eventos lo hacen indagar o investi-
criben su texto definitivamente, se registra como se registran las
gar relatos y a ellos orienta su investigación, imponiéndoles las
leyes, es decir, se crea una palabra sin sujeto, un enunciado sin
categorías de análisis dadas por Homero. Herodoto escnbe sus
enunciación, cada uno al leer presta su voz al enunciado, ya no se
historias para evitar el olvido, con la creencia de que si la epopeya
necesita que el aedo preste a la musa la voz, una forma de litera-
narraba hazañas de dioses y héroes, legitimadas por el conocimien-
tura surge. Es el momento en que la lliada y la Odisea se ponen
to de las musas, las gestas de los ciudadanos de las polei y las de
por escrito. Dupont señala que la fabricación de estas obras como
los otros pueblos que coexisten con los griegos, merecen también
monumentos de la cultura occidental no ha sido natural, en otras tener un tipo de recuerdo, tal vez éste ya no sea inmortal, la per-
palabras, no ha sido el «genio griego» el que ha vencido al tiem-
petuación que busca es mediante el registro fijo: la escrit¡¡ra.
po y las ha hecho perdurar; fueron la voluntad y el esfuerzo de
Otra de las cosas que debemos señalar es que si la epopeya
los griegos los que conformaron esta obras como monumento.
no se escribía en la Grecia arcaica, no era porque no se conociera
En otro libro" Dupont señala que hay entonces al menos
la escritura, sino más bien por el rol mismo de la escritura en la
tres Horneros (muchos más, si tomáramos las recepciones en el
cultura griega. La escritura no guardaba un carácter divino, la es-
tiempo de esas obras): 1) el que se daba en cada performance aédica
critura tenía un rol profano, con ella .se escribían las leyes o se
y que es inseparable del banquete, éste es inasible por la escritu-
contabilizaban cosas y mercancías. Muy diferente fue el rol de la
ra; 2) la recitaGión solemne de Atenas de los textos fijos por la
escritura en otras culturas, como la china o la egipcia, en las que
escritura y, 3) el libro guardado en las profundidades del palacio
tuvo carácter divino. Por eso no cabía la posibilidad de que la
de los Ptolomeos, que los alejandrinos de los siglos III y II a. C.
performance aédica se escribiera, pues lo valioso de ella era ser
68
efímera, divina, creación y revelación interdependiente del con-
Florence Dupont, L'invention de la literature, op. cit., pp. 11-ss.
texto del ritual del banquete: «el canto del aedo homérico es un

80
81
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

performativo único y singular, un evento donde cada realización Todo esto es lo que Frarn;ois Hartog quiere decir cuando
se da por competencia del canto ... este evento se organiza alre- expresa que Herodoto busca ser Homero y termina siendo
dedor de un acto de habla, de una enunciación que constituye el Herodoto: 70 el espacio social de Herodoto ya no es el de la epo-
tiempo de vida del enunciado ... éste no está textualizado, es de- peya, el mundo social de los basileus no es el del ciudadano de la
cir, aislado de su enunciación por la escritura, ni puede ser trans- polis. Consignar por escrito lo que él ve y oye tiene una impor-
formado en monumento». 69 La escriturá tenía claramente un rol tancia distinta, pues la escritura es un saber profano que se iden-
profano, y sólo cuarido se da la secularización de la palabra aédica tifica con los saberes que produce la polis. Con esto no queremos
existe la posibilidad de escribir la epopeya, es decir, en el mo- decir que la oralidad pierda importancia en el espacio griego, lo
mento en que ya no es parte de un ritual. En la época de Herodoto, que Dupont sugiere es qué escritura y oralidad coexisten. Lo que
que vive en el siglo v a.C., ya se ha perdido el carácter sacralizado hoy ya no podemos aceptar es que haya sido la escritura la
de ese saber divino. Herodoto, conoce la epopeya, pero aquélla que que propició el paso a un conocimiento racional, pues, inclusive,
se lee públicamente en Atenas. Él busca actualizar la vigencia de la filosofía de esos siglos se sigue reivindicando como un saber
esa palabra, pero su contexto es otro, él vive el momento en que fundamentalmente oral.71
la palabra se publicita, se argumenta, se debate; el conocimiento
de las cosas ha cambiado, por eso necesita «investigar». La pala- La matriz jurídica y la historia
bra ya no puede revelarse, esto va quedando únicamente para el Nuestra reflexión sobre el nacimiento de la historia no puede dejar
mundo de la adivinación, mundo en el que Herodoto no tiene de mencionar la interpretación que muchos investigadores han
competencia. sostenido sobre la importancia que la justicia, las nociones jurí-
Lo que hemos querido enfatizar es que el corte no es entre dicas y los procedimientos judiciarios tuvieron en la producción
una cultura que escribe y otra que no lo hace, el corte son los del discurso histórico griego. Para ello nos valemos de la obra de
roles que cada sociedad le da a la palabra oral y a la escritura. Catherine Darbo-Peschanski, quien ha venido sosteniendo reite-
Por poner un ejemplo, los egipcios Je otorgaron a la escritura. un radamente que la historia surge, en primer lugar, como un dis-
rol divino, la escritura jeroglífica tuvo ese carácter, era una escri- curso de lo particular," en contraposición con el saber de lo
tura sagrada, utilizada para cosas de los dioses (templos o tum- universal que se constituirá más tarde como el saber de la cien-
bas de los faraones); en cambio en la Grecia micénica la escritura
tuvo un rol profano: controlar la economía palada!. Los micénicos 70 Erick A. Havelock, La musa aprende a escribir, op. cit., este autor lo

no consignaron por escrito aquella palabra oral o «mito» que ac- d~ría con la metáfora con la que titula su libro. Con ella subraya que la historia
(así como otros saberes que se dan contemporáneamente en la polis) Viene·a
tuaba reordenando el cosmos cíclicamente, esta palabra tenía su
ser un nuevo saber que parte de la nueva forma comunicativa que se da con
· fuerza en la oralidad; el mundo homérico tampoco cultivó un la escritura.
interés por la escritura, y cuando las polei la recuperaron fue para 71 Florence Dupont, L'invention de la literature, op. cit., p. 12 {<La filosofía

otras funciones, especialmente de tipo político. En la Grecia clá- es una enseñanza oral, Pitágoras rechazó toda forma de escritura, Sócrates
sica se seculariza la palabra «mítica», la forma de hacerlo fue habla y' no escribe ..., además la enseñanza filosófica se hacía en un espacio
ritual e implicaba pl'ácticas religiosas ... La enseñanza de Aristóteles es doble,
escribiendo esos relatos que habían tenido su··fuetza operativa exotérica y escrita para los profanos y esotérica y oral para los iniciados, lo
en el ámbito de la oralidad. que nosotros tenemos son notas tomadas por sus alumnos».
72
Catherine Darbo-Peschanski, Le discours du particulíer. Essaí sur
69 /bid., p. 19. I'enqutte hérodoténne. Préface de Paul Veyne, Paris, Des Travaux/Seuil, 1987.

82 83
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

cía, y que los conceptos de justicia le dieron su estructura narra- tiguado, en oi:ras palabras, se trata de contar lo que ha sucedido a los
tiva al discurso histórico en Grecia. hombres: los hechos o acontecimientos humanos, que para ellos tie-
Darbo-Peschanski resalta las referencias a la justicia y a lo jus- nen una existencia en cuanto hechos, y corresponden a acciones hu-
to, con que se encuentran saturadas las obras de historiografía grie- manas. Estos hechos se encuentran inscritos dentro de una noción
ga. En general podernos decir que los griegos concibieron la justicia particular de realidad, que tiene que ver con diké o dikaion (la justicia
o lo justo como un orden, no forzosamente igualitario ni tampoco y lo justo). La otra noción de verdad, aletheia, presenta la realidad en
forzosamente proporéionat pero según el cual, cada ser, cada cosa, bruto; es una_ verdad que compete a los filósofos y de la que Herodoto
cada entidad se debe conservar en su lugar. La justicia es entonces no hablará. El se referirá a aquella realidad organizada seo-ún un or-
orden y estabilidad, aunque desde luego, esto no se debe interpre- den fijo, que se refleja en costumbres y disposiciones jurídicas.
tar como inmovilidad, «es un ser, sin cesar perturbado». 73 Herodoto, por lo tanto, entiende la verdad como algo es-
A pesar de que la historiografía griega, que comienza con tructurado según un orden fijo. Este es inmutable, lo garantizan
Herodoto, «parecía» guardar grandes similitudes con la histo- los d10ses y sus nomoi. La diké designa la repartición de los roles
riografía moderna, Darbo-Peschanski hace un esfuerzo por desta- sociales y políticos al interior de una sociedad dada y entre las
car t0das las diferencias. Nos dice que en la historiografía griega distintas entidades políticas, se trata de costumbres y disposi-
hay una reiterada insistencia que enfatiza el ser un discurso sobre ciones jurídicas. Se sigue que si algo altera estas disposiciones
lo verdaderamente sucedido. Sin embargo, la concepción de hechos originales, el orden se rompe y para volverlo a equilibrar es ne-
sucedidos dista mucho de aquélla que establecieron los positivistas cesario hacer justicia, reparar lo desordenado, lo alterado. Esta
decinwnónicos; ellos nlisrnos fueron quienes establecieron el punto visión de desorden-restablecimiento, de orden o reparación, es
de partida u origen de la disciplina histórica en Herodoto y Tu- el modelo bajo el cual él organiza sus relatos. Si leemos la obra
cídides, a quienes tomaron como padres de _la historia. La primera bajo esta estructura, resulta que nada de sus nueve libros de His-
cuestión que busca resolver es si la aprehensión de la realidad de torias, está escogido al azar, todo tiene su razón de ser. Entonces
los autores griegos, que pretenden contar lo sucedido a los hom- el gran argumento del conjunto de la übra consiste en recrear un
bres, pasa por el establecimiento de un método crítico de los he- acto de hybris o desorden (la invasión persa a las ciudades grie-
chos o si esto se hace por otra forma de relacionarse con la verdad. 74 gas) y toda una recomposición de este orden, una vez consumada
Para profundizar en esta cuestión, Darbo-Peschanski75 anali- la derrota de los persas a manos de lÓs griegos. Expliquémoslo
za las obras de tres historiadores griegos: Herodoto, Tucídides y más detenidamente: la obra de Herodoto adquiere sentido si en-
Polibio. Encuentra que en todos ellos prevalece, en el ordenamien- tendemos que desde la primera página relata una serie de ofen-
to de esa realidad, una especial concepción de justicia que es la que sas que culminan con una ofensa mayor: el asalto a las pequeñas
da la coherencia total a sus obras. La realidad o verdad de la que bus- y democráticas ciudades griegas por un imperio tiránico: el per-
can hablar estas obras se debe entender como lo largamente ates- sa y los sátrapas que lo dirigen.
Herodoto es, siguiendo a nuestra historiadora, quien da
73
Catherine Darbo-Peschanski, <<QuestionS de temps; entre historio- una mayor ampliación al rol de justicia. En su obra distingue
graphie et droit grecs», en Annales ESC, No. 6, 199.f-, p. 1110.
74
tres ~1veles pe
repartición de bienes y dones:76 lo que les toca a
C_atherine Darbo-Peschanski, «L'historien grec ou le passé jugé}>, en los d10ses, a cada pueblo y a los individuos. El primer nivel aísla
Loraux, Nicole et Caries Mirailles, Figures de l'intellectuel en Crece ancienne, .
París, Belin, 1998, 143-189. p. 154.
75
Catherine Darbo-Peschanski, <<Questions de ... op. cit., pp. 1097-1112.
76
!bid., pp. 1110, 1107.

84 85
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

el mundo divino del humano, en otras palabras, lo que les perte- ta por el imp~rio ateniense, y que él presenta como lo inverso a
nece a los dioses y lo asignado a los hombres. En segundo lugar un estado justo, es visto desde dos ángulos: desde la política in-
viene la repartición de los pueblos en la superficie de la tierra, terior o de la ciudad (Atenas principalmente) y desde las relacio-
cada uno dispone de un espacio geográfico, de un aparato de le- nes con las otras ciudades griegas. La guerra del Peloponeso pone
yes y costumbres y, en tercer lugar, vendría lo que le toca a cada lo justo en crisis.
uno: la repartición de poderes y fortunas tanto a las diversas so- Polibio por su parte también tiene una particular forma de
ciedades como a los individuos. De esta forma, se comprende estructurar su historia, y aunque distinta de las anteriores, no
que, si todo está establecido de antemano, cualquier acto de im- escapa a una explicación que toma a la justicia como elemento
piedad, desmesura, prepotencia, envidia, etcétera, provocará un estructurador. Primeramente la idea que maneja de justicia tiene
desorden que tendrá que arreglarse devolviendo a cada uno lo que ver con turkhé, fortuna. Esta noción introduce una nueva
que le corresponde, es decir, volviendo al estado original. Los noción de lo justo. Polibio entiende que no es una fortuna «aza-
hombres, por ejemplo, le deben ofrendas a los dioses, cualquier rosa», sino que es una. fortuna justa la que impone la hegemonía
acto de impiedad se castiga, los hombres no pueden pretender lo romana, pueblo al que le adjudica, desde luego, orígenes grie-
de los dioses. De la misma forma, cada pueblo tiene sus fronte- gos. Los romanos «son griegos», están «enamorados de la justi-
ras y sus nomoí, mismos que denotan la superioridad o inferiori- cia» y, por lo tanto, pueden dominar el mundo, y lo harán al hacer
dad de los pueblos; así, desde la óptica de Herodoto, la barbarie entrar toda la oikoumene bajo la égida estructurante de lo roma-
de los pueblos no parte de sus niveles culturales, sino del hecho de no (griego). No sería justo, por ejemplo, y la fortuna no lo permi-
no se~ ciudadanos, de tener un rey y de no practicar la democra- tiría, que un pueblo bárbaro dominara el mundo.
cia. Ello explica que los egipcios, a quienes desde otra óptica ad- Estas particulares concepciones de la historia y la.justicia,
mira, 77 entren como bárbaros. El criterio para juzgar la civilización permiten que el griego estructure y dé forma al tiempo de la
o la barbarie de pueblos y hombres es político. historiografía, y en esto hay un elemento que tenemos que resal- .
En.Herodoto la realidad es justicia o, mejor dichó, la forma lar. En la actualidad entendemos que el tiempo no se puede apren-
para aprehender los hechos es el procedimiento jurídico. der como un a priori trascendental, pues se eliminaría lo histórico
Para Tucídides, quien escribe una generación después de de la escritura de la historia. Siguiendo esta idea, Darbó-Peschan-
Herodoto y para quien su horizonte es la guerra del Peloponeso, ski sostiene que en la historiografía griega es también la justicia
la justicia no aparece de la misma forma. Para él lo que regula o la que fabrica el tiempo de ésta. Dicho de ótra forma, el tiempo
estructura su historia es lo justo (dikaion). Primero fue un abierto historiográfico se completa o se cierra cuando se cumple el ciclo
partidario de Atenas en el conflicto con Esparta, después se in- de ofensa-reparación. Así, por ejemplo, en el caso de Herodoto,
clinó del lado de los lacedemonios. Al final de su obra reconoce la historia acaba cuando se da la derrota persa; en Tucídides, que
que la causa de la guerra fue la hybris ateniense, y pondrá en la no llega a ver el final de la guerra, se percibe con la derrota de
balanza las actuaciones de las dos ciudades. A manera de juez, los atenienses, y en Polibio la historia sólo se completará cuando
tratará de ser imparcial y dará su veredicto: Atenas provocó la los romanos hayan conquistado todo el mundo conocido. Polibio
guerra pues no respetó las reglas griegas, es decir, la autonomía piensa que cuando se agote el espacio de tierra conquistable por
y la libertad que cada ciudad detentaba. L~ hegemonía impueº los romanos, también se agotará el tiempo. 78

76
77
En esto ahondará más la obra de Frani;ois Hartog. Catherine Darbo-Peschanski, {(Question de ... op. cit., pp. 1105-ss.

86 87
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

Con todo esto podemos concluir que para Herodoto un su cuidadoso análisis encuentra numerosas distinciones para se-
hecho histórico será un acto de transgresión o de desmesura, en parar la prácti'ca historiográfica griega de la de épocas posterio-
el nivel que se dé. Desde una pequeña ofensa que se repare en de- res. El conocimiento teórico que tiene sobre la problemática de la
terminada generación (el rapto de tal o cual princesa que encon- historia, su construcción narrativa y su rechazo a explicaciones
trará su castigo hasta en la cuarta generación) o la más grande: la simplistas, le permiten un acercamiento muy crítico a su tema de
desmesura persa contra las ciudades griegas, que es finalmente estudio.
el agravio que estructura en su obra toda una serie de ofensas-
reparaciones. EL SURGIMIENTO DE LA POLIS
Para Tucídides los hechos históricos.tampoco son construi- La aparición de la ciudad -polis- en Grecia vino a cambiar las
dos, él los recibe como algo dado y únicamente· intenta darles formas de sociabilidad y los usos de lapalabra. 81 Anteriormente
una causalidad. La causa final que desencadena la guerra del se analizaban los «textos» homéricos o de Hesíodo y, en general,
Peloponeso es el acto de desmesura de los atenienses en contra todo lo comprendido C()mO «literario», sin ocuparse de la contex-
de las otras ciudades griegas. tualización de las obras. Por eso era muy fácil organizar cátedras
Polibio se asemeja a Tucídides, pues la turlché, fortuna, de de mitos, de literatura y hasta de religiones comparadas. Este
Polibio es parecida al destino último e ineluctable del estoicismo tipo de estudio permitía inferir un tipo de pensamiento o de reli-
(especie de providencia divina que actúa como potencia de orden, giosidad común a cualquier cultura. En la actualidad se preten-
reparte sus premios entre las criaturas y domina el tiempo), la for- de buscar la particularidad del hombre griego, del hombre
tuna polibiana se inclina a un solo lado, fuerza y tiende hacia una romano o del de cualquier otra cultura y época. 82 Los historiado-
sola y misma meta: la dominación romana, ella promueve la orga- res, antropólogos y lingüistas han encontrado estas particulari-
nización general y total de los hechos pasados, haciendo de la oikou- dades en la diferenciación de los contextos, en las situaciones de
mene el equivalente de un dominio, oikos, en el que Roma será el amo. habla concretas, en el papel simbólico que tienen las palabras al
Para Darbo-Peschanski, finalmente, el discurso histórico se interior de las culturas específicas, etcétera.
deriva de procedimientos jurídicos, y es en ellos en los que hay La emergencia de la polis en Grecia fue la particularidad
que buscar el origen de la historia; dicho de otra forma, es del que marcó este espacio geográfico. Antes de explicar los nuevos
pensamiento jurídico de donde se desprende la historia. Ambos usos de la palabra que surgen con la emergencia de este nuevo
discursos: el derecho y la historia se entrecruzan a cada paso,79 espacio social, es importante presentar cómo se había explicado
ya que no sólo la historia se ve saturada de referencias jurídicas el surgimiento de la polis en la historiografía anterior y cómo se ex-
y textos normativos, sino que los textos jurídicos también men- plica en la actualidad, esto con la finalidad de ver los cambios en
cionan numerosos relatos que justifican decisiones de instancias 81 Por usos de la palabra estamos entendiendo formas de comunica-
oficiales y que recuerdan la historiografía. 80 ción. Si en el mundo homérico la epopeya era un tipo de comunicación verti-
La contribución de Darbo-Peschanski al análisis de la his- cal y aristocrática, los discursos que surgen, con la polis vienen a ser más
toriografía griega es una de las más notables, ya que mediante democráticos, en el sentido de qUe se objetan. Se pueden argumentar.
32 Ejemplo de ello es la colección que lleva precisamente estos nombres:
79
En otra referencia, Catherine Darbo-Peschanski, Le discours du ... op. El hombre-griego, El Hombre romano, etcétera, pú.blicados en español p_or Alian-
cit., p. 44, esta autora menciona que ha encontrado SO veces el sentido de repa- za editorial. La colección sigue figuras como la del intelectual, el gobernante,
ración en la palabra diké. el sacerdote1 la mujer, etcétera; pero los estudia desde cada contexto particu-
ªº Catherine Darbo-Peschanski, <<L'historien grec ou ... op. cit., p. 144. lar construyend~ la diferencia de una sociedad a otra.

88 89
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

las interpretaciones sobre este tema. Las modificaciones que ve- disgregación d~ formas monárquicas -ya que los basileus de los
mos en estas perspectivas parten no sólo del perfeccionamiento «años oscuros nunca tuvieron un poder importante-, sino que
de las técnicas arqueológicas (a las que Polignac, uno de los auto- fue la reapropiación de formas cúlticas anteriores, combinadas
res que veremos, verdaderamente les saca jugo), sino de las nuevas con una nueva percepción del espacio, lo que hizo que se dieran
perspectivas teóricas que se dan. El estructuralismo, la psicología nuevos tipos de santuarios y nuevas formas de integración so-
histórica, la lingüística, han sido los instrumentos teóricos que en- cial, dando por resultado la constitución de la polis clásica. ·
riquecen estas interpretaciones, y son estas disciplinas las que vie- Polignac utiliza en su análisis los avances de la arqueología,
nen a ofrecer una explicación que privilegia la importancia de los es decir, busca reconstruir la conformación de la polis desde el ex-
cultos y ritos como factor de coherencia para organizar un con- terior, ya que los textos que hablan del origen de las polei lo hacen
senso en todos los elementos de las polei griegas." desde el interior; son textos literarios marcados por los esquemas
Hasta hace poco más de diez años, la tesis más plausible propuestos por filósofos, concretamente por Aristóteles. Basándose
en círculos académicos sobre el surgimiento de la polis, sostenía en testimonios arqueológicos comprueba que en los siglos poste-
que ésta era el resultado de la disgregación de una sociedad de riores a la caída de Micenas hubo un decrecimiento sensible de la
solidaridades privadas, dominada por clanes nobles, reagrupa- población; los griegos de los «siglos oscuros» formaban grupos
dos en fratrías o tribus y puestas bajo la autoridad de una insti- disminuidos y empobrecidos que ocupaban parcialmente el terri-
tución monárquica. Dicha institución se había ido desmantelando torio. Ya a fines de la época geométrica y a principios de la arcaica
progresivamente en aras de una comunidad de derecho público. (siglo vm a.C.) se observa un repoblamiento sensible en las necró-
La :iudad había reducido los privilegios económicos, pólíticos y polis. De un número contabilizado en 110 en el siglo 1x a.C., pasan
¡und1cos de estas monarquías, pero había mantenido los cultos, a ser 220 «ciudades» en el vm a.C. 86 La sociedad griega de la época
en particular los de la divinidad poliada, protectora de la ciu- geométrica estaba dominada por jefes de gens o basileus, organiza-
dad; en torno al templo a ella dedicado se había conformado la dos bajo esquemas de familia extensa (diversos grados de paren-
ciudad en forma concéntrica. tesco, compañeros, clientes, servidores), que concebían la riqueza
El libro de Frarn;ois Polignac,84 tesis de doctorado de esta- como acumulación de objetos (ricos vasos visibles. en las tumbas)
do por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de Fran- y de ganado bovino, símbolo de prosperidad, además del caballo,
cia, nos_ viene a ofrecer una perspectiva distinta. Él propone que que era signo distintivo de nobleza.
las polet surgen de una puesta en marcha de cohesiones progresi- El paso de actividades pastorales extensivas a actividades
vas y de jerarquizaciones sociales bajo la forma de armonía y intensivas, como la agricultura, produce una noción de apropia-
entendimiento sobre la preferencia de cultos mediáticos y moda- ción nueva del territorio que se constata en un cambio en los ri-
hdades en la participación de los ritos. 85 Es decir, no fue por la tuales. En la época homérica, el universo cultual estaba
caracterizado por una indeterminación espacial, es decir, no ha-
83
Por ejemplo, el libro de Nicole Loraux, L'invention de Athenes. Histoire bía un espacio estrictamente definido. Los lugares sagrados eran
de l'oraison fimebre dans la cité classique, Paris, Payot, 1993 (1 ª ed. 1981), estudia los bosques, las cavernas, los estanques ... A fines de la etapa
la oración fúnebre como discurso y ritual que cohesiona a los ciudadanos de geométrica comienzan a aparecer emplazamientos específicos de
Atenas. Para Loraux, la oración fúnebre «inventa» a Atenas,
84 culto que se caracterizarán por la trilogía: altar, ternplo, área sa-
Fran~ois Polignac, La naissance de la cité grecque, París, La découverte/
Textes a]' appui, 1984. > ·· ·•·
85
)bid, p. 10. "' )bid., p. 18.

90 91
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

9-rada y que se concretarán con el templo monumentalcomo re- reproductiva era fundamental para la perpetuación de la comu-
ºsidencia de
- los dioses. Este tipo de santuario aparece por prime- nidad y la salvaguarda del territorio. El .ritual religioso realizará
ra vez en el siglo vm a.C. y evidencia una mutación fundamentat la integración del conjunto de los componentes de la sociedad.
ya quE: pone fin a la indeterminación espacial anterior; será el La mera yuxtaposición de comunidades griegas no hubiera dado
modelo de templo dórico que se expandirá por todo el mundo la cohesión social que lograron las pole,i griegas. Fueron estas co-
griego un siglo más tarde. Esto para Polignac significa que el munidades de culto, en las que todos participan, las que dieron
griego de esa época concibe el espacio de una forma distinta. una integración y una identidad común.
Ahora es un espacio organizado y con límites. Antes no era nece- La modificación de la noción de territorio y la formación
sario marcarlos ya que el tipo de economía pastoril no requería de nuevos santuarios provocaron una nueva concepción de la
un tipo de apropiación definitiva y constante del territorio, sin guerra. Cuando se tiene un tipo de economía pastoril lo funcio-
embargo las actividades de tipo intensivo sí requieren una apro- nal son razzías esporádicas en busca de botín y enseguida el re-
piación organizada y permanente. pliegue. Esto hace que ·se necesiten caballos, y que se premie al
Los santuarios que aparecen no son exclusivamente urba- que logre el botín más sustancioso, se élogía la hazaña particu-
nos, al contrario, lo que marca los límites de la nueva territoriali- lar,tan celebrada en la literatura homérica; pero cuando se vuel-
dad es un tipo de santuario suburbano, situado en los límites o ve necesaria la apropiación definitiva del territorio para las
márgenes de la ciudad, además de los santuarios extramuros labores agrícolas, la táctica guerrera tiene que cambiar y ello pro-
ubicados a 5, 6 y hasta a 12 km fuera de la ciudad. En las polis de ducirá también una concepción social distinta.
la Grecia arcaica el templo o santuario será lo que definirá la ri- En la Grecia Micénica y hasta la época homérica, la fun-
queza de la ciudad, es ia única construcción monumental. Al es- ción guerrera era inasequible a la mayoría de la población por el
tar en una posición límite organiza el espacio. Por otro lado, el costo que implicaba el ajuar ecuestre. La reforma hoplita consis-
santuario extra urbano jalona la avanzada de la civilización agra- tió en el desarrollo de la infantería que posibilitó a muchos hom-
ria que aparece como muralla simbólica contra el dominio de la bres hacerse de su ajuar de guerra y convertirse automáticamente
indistinción. Fuera de él está el territorio no civilizado, la misan- en guerreros, es decir, personas que comparten la función mílí-
tropía, la agresión, la antropofagia, la violencia ... El santuario tar indispensable en la consolidación y el mantenimiento del te-
extra urbano es como un lugar estable entre el desorden. Para el rritorio de la ciudad. Con esta reforma los principios y virtudes
griego el espacio civilizado y ordenado es por antonomasia la del guerrero también se transformaron. La proeza individual o
ciudad, concebida como igualdad entre villa y territorio. hhaña singular, indicativas de la audacia y valor guerrero, fue-
Los nuevos santuarios vienen a sacralizar un nuevo tipo ron suplantadas por el dominio completo de sí, por la disciplina
de solidaridad entre el grupo que en ellos se reúne, es decir, en- y el orden. .
tre el demos -pueblo~ y sus dirigentes. Polígnac sostiene que las El paso de la guerra heroica a la guerra hoplítíca, 87 implicó
festividades religiosas (peregrinaciones, fiestas, etcétera) solici- la aparición progresiva de las primeras falanges o combates de
tan la protección que se pide a los dioses y estas festividades infantería cerrada, en donde la valentía consistía en mantenerse
implican a todos los miembros de la ciudad, ya que la función
s7 Un libro que profundiza en la relación sobre el comportamiento
curotrófíca -nutricia y protectora- es la más solicitada. En ellas hoplita y del ciudadano en la Grecia arcaica y sobre todo en la clásica es de
incluso la presencia de la mujer -que no tenía derechos- es muy Pierre Vid al Naquet, Formas de pensamiento y formas de sociedad en el mundo grie-
importante, pues aunque nunca fue ciudadana, su función go. El cazador negro, Barcelona, Península, 1984. Principalmente el capítulo u.

92 93
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

firme y ordenado en el avance que se hace, sin desproteger al dio sobre el patronazgo de su fundador mítico o histórico, que
guerrero que viene al lado de uno. La apertura de la funció~ gue- fue determinante para señalar el acceso· al centro decisional; por
rrera a más personas amplió la facción del grupo de decisión de otra parte, los santuarios suburbanos y extra urbanos consolida-
ía ciudad. En la casta guerrera, que es la que detenta el poder, se ron la integración de toda la población de la polis. El lazo simbó-
venía produciendo un espacio de isonorrúa o de igualdad, con- lico tejido del centro a la periferia describe el nacimiento de una
solidado por la integración a los cultos públicos, sello de perte- aristocracia unificada que iniciaba las reglas fundamentales de
nencia o identidad, misma que definirá una primera forma de la isonorrúa guerrera¡y política. Había sido la floración de lo reli-
soberanía. Fue en términos cúlticos en los que la sociedad emer- gioso lo que construyó el ensamblaje del cuerpo social fundado
gente manifestó su nueva cohesión y tomó sus primeras decisio- en la pertenencia al mismo territorio cultual. .
nes colectivas y políticas. Por lo tanto, el autor concluye que el El basileus es un igual entre sus iguales, es un guerrero más
espacio cultual diseñó el primer espacio cívico. que reparte el botín entre la aristocracia guerrera (hasta el siglo
La heroización de los personajes, fundadores de la ciudad vm a.C. esta aristocracia -hyppeis-tenía que tener cabalgadura, muy
y sus tumbas, constituyeron el espacio físico donde se realizaría costosa y sólo era accesible a los ciudadanos más ricos); es un aris-
este nuevo lugar de consenso. En la Ilíada, por ejemplo, este espa- tócrata que comparte su poder con el polemarca, con el arcontado
cio se evoca en la reunión de los jefes troyanos alrededor de la tum- y con sus guerreros. Esto implicaba la emergencia y ampliación
ba de Ilos, una prefiguración de la imagen del consejo y la alianza de un espacio de igualdad ~isonomía- que probablemente existió
común en todas las ciudades en los primeros momentos de su en el ámbito de los guerreros, desde la sociedad micénica. Este es-
existencia. Nuevas cohesiones habían sido necesarias para la aris- pacio implica una igualdad en el reparto de botín, juegos fúnebres
tocracia guerrera y éstas se manifestaron en la formación del con- y, sobre todo, en el uso de la palabra pública. En el siglo vn a.C.
,sejo, puesto bajo la protección del héroe fundador de la ciudad. hay coincidencia plena entre la ciudadanía y el ser soldado o gue-
Ellos dieron el último toque a la cohesión ciudadana de las nue- rrero; todas las prerrogativas de igualdad corresponden, únicamen-
vas polei. Los héroes fundadores establecieron finalmente el lazo te, a esta clase. La igualdad o isonomía se da en un nuevo espacio
entre el territorio, sus confines, sus cultos y el centro urbano. La -la polis- que es ya claramente apreciable hacia el vn a.C. Hacia
legendaria soberanía del héroe transferirá su autoridad a aqué- esta época se ha ampliado o «democratizado» la función guerrera.
llos que tienen el consejo junto a su tumba. Polignac88 sostiene que De aquí en adelante, todo el que se pueda proporcionar una pano-
la heroización de los personajes fundadores de la polis es otro de plia -ajuar de guerra consistente en yelmo, espada, lanza, escudo-
los elementos fundamentales de integración de la polis, hecho es por derecho ciudadano y tiene acceso a ese espacio isonómico
atestiguado en la fundación de muchas ciudades griegas: «el culto que físicamente se concreta en el ágora, espacio de la palabr~ ~ú-
de los héroes transfirió todas las autoridades excepcionales so- blica, lugar de debate ciudadano, en el que se confrontan oprmo-
bre la aristocracia entera que dirige la instauración de la polis ... nes. El que tiene la palabra pasa al centro o toma el cetro, gesto
más tarde vendría la liquidación de tiranos, nuevos candidatos indicativo del respeto que merece todo ciudadano para hacer pú-
que buscan recuperar una ideología monárquica ... » 89 blico su punto de _vista sobre los asuntos que competen a todos.
En síntesis, podemos decir que Polignac combina arqueoº El surgimiento de la polis, en donde ya no aparece esta cons-
_logía y textos para mostrar que la creación 1~ JAPl.aza pública se titución monárquica y jerárquica de la sociedad, fue construyen-
"Ibid., p. 140. . ...... do nuevos usos de la palabra, el anacronismo entre un discurso
"!bid., p. 149. que ya no sustenta un orden del mundo, que no tiene equivalen-

94 95
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

te con éste, hacían aparecer aquellos relatos o «mitos» como una dado para UP. romano es ser ciudadano. La función guerrera
serie de discursos incoherentes y absurdos. siempre fue, como en Grecia, un privilegio de las clases superio-
res, y no será sino hasta el siglo I a.C., con la reforma de M '.rio,
º
EL OFICIO DE CIUDADAN09 EN LA POLIS ANTIGUA cuando Be deje de tomar el censo como criterio fundamental de
Constituida la polis con l; integración de toda su población y de clasificación para determinar quién por derecho, puede ir ala
su espacio (villa-territorio), su figura es la de un espacio conce- guerra. 93
bido como circular. Físicamente el centro de la polis era el ágora La antigua democracia es un régimen en el que se cuentan
o plaza pública que albergaba al consejo o centro decisional. Esta todos los que tienen acceso a la asamblea, lugar donde se toman
configuración circular creó un espacio de igualdad entre todos las decisiones. Quien tiene la ciudadanía no es aquél que nace grie-
los ciudadanos, el ágora será el lugar en el cual se dirimirán las go (como en el mundo moderno) o quien trabaja y es productivo,
cuestiones que a todos conciernen: lo político. La palabra públi- el trabajo no es lo que caracteriza al ciudadano de primera, ya que
ca o publicitaria será lo definitorio del derecho ciudadano. son los esclavos y las mujeres quienes tealizan el trabajo físico.
En el lento proceso de construcción de una isonomía, el La democracia que surge en Atenas es una democracia que
hilo conductor había sido la afirmación de la «presencia políti- no tiene nada que ver con la democracia moderna," ella encierra un
ca» por parte de todos !os individuos capaces de combatir en la tipo de conducta que tiene exigencias muy diferentes de las de las
guerra, por lo tanto, el primer criterio de ciudadanía era el de ser sociedades modernas. 95 Ser ciudadano en la Grecia clásica es
soldado. A lo largo de la historia de las polei griegas, los especia-
listas" nos hacen ver cómo fue variando el acceso a la ciudada- 93 Claude Nicolet, Le métier de ... op. cit., p.127. Nicolet también nos dice

nía. En Atenas, por ejemplo, en el siglo v a. C., la ciudadanía se que los ciudadanos más !'ices tienen las cargas militares y económicas más
confería exclusivamente al varón adulto libre, hijo de padre y de fuertes, los pobres son dispensados de la miliaia, pero también están fuera de
la vida pública, de cargos y puestos públicos. La participación militar no era
madre ateniense. La capacidad de ejercitar la función guerrera
una carga o un deber, era un privilegio, no sólo por la completa ciudadanía
presuponía que quien se dedicara a ella fuera propietario, es de- que confería, sino porque en caso de victoria_ se tenía derecho al reparto de
cir, que contara con medios suficientes para costearse una pano- botín, así como también al privilegio honorífico que permite al individuo exal~
plia; sin embargo, la orientación de Atenas al mar y el nacimiento tar y exhibir su coraje y dedicación, cosa altamente valorada.
94
de su imperio marítimo supuso que parte del demos incursionara El concepto de democracia en Grecia no tiene que ver con lo que el
siglo xx entiende por ella. La democracia griega tiene presupuestos únicos y
en la guerra naval como marineros y a éstos no se les exigía ar- fechados que sólo a ella le pertenecen, tiene una identidad propia que no es la
marse por sí mismos. Con esto no cambiaba la naturaleza de la nuestra. Algunos de los trabajos que historizan y profundizan el concepto son:
ciudadanía sino el número de sus beneficiarios," el criterio gue- Paul Veyne, <(¿Tuvieron los griegos una democracia?» en Diógenes, México,
rrero seguía siendo el que determinaba el acceso a ciudadano. UNAM, 1984. pp. 121-148. Christian Mei'.er, Introducción a la antropología política

En la Roma republicana y hasta las guerras con Aníbal, ser sol- de la antigüedad clásica, México, FCE, 1985.
95La demoCracia moderna incluye como ciudadano a todo ser humano
90
que haya nacido en sU territorio; la democracia ateniense deja fuera a: 1) la
Tomamos la expresión del libro de Claude Nicolet, Le métiere de citoyen mujer, ella no puede ser ciudadana más que excepcionalmente (Aspasia); 2) los
dans la Rome républicaine, Paris, Gallimard, 1976. metecos o extranjeros avencidados en la polis pero que no tengan madre y pa-
91
Cfr. Pierre Vida1 Naquet, Formas de pensamiento y formas de sociedad en dre ateniense y 3) a los esclavos: hombres y mujeres que no son libres. La rela-
el mundo griego. op. cit., capítulo u. _ ción numérica en Atenas en el siglo V a.C. era de cuatro esclavos por una
93
Luciano Cánfora, «El ciudadano», en Jean Pierr~ Vernant, El hombre persona libre. Cfr. Luciano Canfora, «El ciudadano>), enJean Pierre Vernant, El
griego, Madrid, Alianza, 1993, p. 146. hombre griego, op. cit., p 145.

96 97
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

definirse y darse una identidad exclusivamente política. Un hom- buen ciudadano es entregarse a la polis, lo cual implica toda una
bre -la mujer no es ciudadana- es, en función de ser ciudadano; la educación," sólo accesible a los ricos que pueden tener el ocio
ciudadanía resulta ser tan importante que, como afirma Christian suficiente para dedicarse por completo a la ciudad. Esta educa-
Ivíeier," es ei criterio definitorio de la identidad del hombre anti- ción comprende una dura educación física, 99 que abarca: ejerci-
guo. Esta cualidad no significa tener derechos y prerrogativas, sino tarse en el gimnasio y la p¡¡lestra, dietéticas muy severas y u.na
más bien tener deberes y obligaciones con la ciudad. El telas griego educación en el didaskalion, espacio donde se ejercita y se forma
es el bien y la perfección de una institución: la polis. Es el vivir en la formación del ciudadano de primer nivel: aquél educado en el
una ciudad lo que da la calidad de civilizado y es desde esta cuali- aprendizaje de la lectura, la escritura y la música'. disciplinas que
dad que el ateniense juzga a las demás civilizaciones que no viven perfeccionará el ciudadano adulto en la academia, y que le otor-
en una ciudad y que por lo tanto le resultan bárbaras e incivilizadas. o-an los fundamentos para ejercer la política: acceso a la palabra
La política era para la gran masa de ciudadanos, la única parte ;ública. El conjunto de la formación del didaskalion y_la adquiri-
de sus vidas que superaba al mundo concreto de las relaciones domés- da en el gimnasio prepara al griego para ejercer su of1C10 de cm-
ticas, de parentesco o de vecindad. Hay una politización de la exis- dadano: la guerra y la política.
tencia que hace de la ciudadanía la identidad social por antonomasia. La retórica tiene una importancia fundamental en estas
En esta perspectiva debe de comprenderse el culto a los dioses de la sociedades, ya que por medio de ella se adquiere la habilidad pa-
ciudad, estos cultos y rituales no tienen que ver con la religiosidad ra ejercer públicamente el derecho a la palabra, ella fue una de
en la actualidad, sino que hay que comprenderla en la perspectiva las piezas fundamentales en la preparación del ciudadano en el mun-
de integración ciudadana (Polignac, Veyne), es decir, la religiosi- do grecoromano, ya que éste tenía que desarrollar una cop10sa
dad griega tiene que ver con una especie de religión ciudadana, actividad oral para desempeñar sus funciones de ciudadano.
equivalente a los símbolos patrios de la sociedad moderna. Los dio- La democracia griega es una democracia directa, en la que
ses de la polis son la parte emblemática y simbólica que configura la los ciudadanos votan, comentan, hacen sugerencias, apoyan o
integración del ciudadano y de toda 1a sociedad griega. impugnan casi todas las propuestas. Si imaginamos :5tos espa-
La igualdad de la democracia griega no reside en el hecho cios, donde la igualdad del derecho a la palabra p~bhc_a, es lo
de que todos los ciudadanos sean iguales, sino que la igualdad es propio, podemos pensar, cómo las formas de comumcacwn an-
concebida desde una perspectiva geométrica: se entiende que teriores, entre otras, la tradición épica (totalmente oral) se fue
quien dedica a la ciudad más recursos económicos y tiempo se- haciendo anacrónica e incomprensible. En la polis griega no hay
rá quien detente los cargos y magistraturas más importantes. La reyes a quienes legitimar, sólo perviven, como discursos
igualdad significa que la ley ha sido fijada y que es la misma laudatorios, las loas a las hazañas de los héroes fundadores; pero
para todos los ciudadanos y todos pueden formar parte tanto de ya no se elogian las hazañas de los guerreros s~litari~s que pre-
los tribunales, como de la asamblea. tenden sobresalir en una batalla. Ahora es la d1sc1plma de con-
En Grecia el Estado no es un concepto abstracto, es la co- junto la que es objeto de elogio. En su lugar, ha surgido el conjunto
munidad concreta de la totalidad de los ciudadanos" y el ejerci-
cio de la ciudadanía exige la militancia continua, es decir, ser un n Cfr. Jean Pierre Vernant, El hombre griego,_ Madrid, Ali~nza, 1991, ver
96 sobre todo los capítulos de Luciano Cánfora y Gmseppe Cambiano. .
Chistian Meler, op. cit., pp. 24-ss.
99 Para Roma, hay que ver como se forjaba el cuerpo del futuro cmda-
97
Cfr. Luciano Canfora, op. cit., p. 154, cita a Tucídides: <<los hombres dano roman~; para esto cfr. Aline Rousselle, Porneia. Del dominio del cuerpo a la
son la ciudad, no los muros ni las naves vacías de hombres}>,
privación sensorial Barcelona, Península, 1983.

98 99
HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA
FORMAS DE HACER LA HISTORIA

Ser súbdito en una sociedad jerárquica implica prácticas


de ciudadanos que tiene el mismo derecho a hablar y a ser oído:
muy diferentes de las de la sociedad del mundo clásico, que ha
precisarr1ente porque se es igual a los demás, tcido ciudadano, en
desarrollado estas formas de isonomía. En la ciudad no hay súb-
teoría, recorrt:rá la totalidad del círculo, algunas veces en el cen-
ditos, hay ciudadanos. Explicar este cambio es entender por qué
tro del ágora, con derecho a la palabra y a puestos públicos, otras
surge otro tipo de discurso diferente del «mito»,1 01 palabra jerár-
veces en la periferia. La perspectiva isonómica se refleja inclusive
quica, autoritaria, que legitima a una sociedad de rasgos muy
en la cons,;ucción de las polei, con su acrópolis al centro y el libre
característicos. En el discurso de la polis los ciudadanos buscan
acceso del demos al ágora y a los templos. En las sociedades ante-
defender, en igualdad, sus puntos de vista.
riores estos espacios eran exclusidos de la nobleza. La visión del
Los discursos propios de la ciudad se legitiman de otra for-
cosmos también proyecta la idea de isonomía: es un cosmos de
ma, en el caso de la filosofía, por ejemplo, será la argumentación
forma circular y centrado, que no necesita de ningún elemento
lógica, y en el caso de la historia será la indagación o investiga-
externo a él para ser sostenido: el equilibrio de todas las partes
ción: ya no será la revelación la que genere un discurso que ha-
es lo que le da estabilidad. Esta concepción se refleja en las
bla del pasado. En estos nuevos discursos los criterios de verdad
cosmogonías de los filósofos jonios y milesios, especialmente
son distintos. Por eso resulta muy importante reconstruir las for-
Anaxímenes. 100
mas en que ellos se elaboran. ¿Qué significa que Herodoto in-
Las diferencias entre el mundo anterior a la polis y el mun-
vestigue? ¿Qué significa que esta nueva figura, el historiador,
do griego de la ciudad no dejarán de crecer. En el primero, las
reivindique siempre su palabra en lo realmente sucedido?
formas comunicativas obedecían a una lógica distinta que deno-
Herodoto investiga, más no acude a un archivo para construir lo
minaremos palabra ambigua, para diferenciarla de otra forma
sucedido: el llamado «hecho histórico». Él averigua, a manera
comunicativa que es dialógica. La primera se presenta, por lo
de una pesquisa policíaca o de una encuesta de tipo «etnográfica».
general, en sociedades que viven en la oralidad y en las que el
Sus Historias pertenecen al ámbito profano, no pretenden alcan-
oráculo o el poeta (los «maestros de verdad») son quienes saben
zar la aletheía de los «maestros de verdad», pues ésta es la verdad
interpretar los signos y los presagios, y que actualizan los relatos
de los dioses, él está seguro de que el hombre sólo puede alcan-
épicos. En la polis se desarrolla una nueva forma comunicahva,
zar otro tipo de verdad, limitada, que tiene que ver con la opi-
la palabra dialógica, que es argumentada y confrontada por todo
nión -doxa, gnomé-. La ruptura fundamental con la palabra épica
ciudadano que tenga los conocimientos de retórica y dialéctica
se dio en el ámbito social, pues la formación de la polis implicó
necesarios para hacerlo. La nueva comunicación obe_dece a otra
nuevas relaciones, ahora de igualdad. El nuevo espacio social
racionalidad o lógica, la de no-contradicción, que erí parte tiene
· desde el que se construyen los nuevos discursos ya no permite una
que ver con la escritura. La palabra del ciudadano es pública y por
palabra autoritaria y piramidal, propia de las sociedades teo-
ende dialógica. Se rebate, es argumentativa, no puede ser ambi-
cráticas. La comprensión de estas premisas posibilita la apari-
gua. Este es el espacio nuevo donde surge el discurso histórico, la
ción de un Herodoto, quien busca hablar de lo sucedido, del pasado,
filosofía, el derecho. Discursos que están expuestos a la opinión
en términos que evocan formas análogás del uso de la palabra.
pública; en ellos. la verdad no pretende sei una palabra revela-
da, las musas no intervienen para validarlos, el procedimiento
101
de conocimiento ha variado. Usamos la pala:bra mito para indicar una forma comunicativa ante-
rior, todo lo relativo al discurso de la epop.eya, que incluye tanto hazañas de
100
dioses como de hér~es.
Jean Pierre Vernant, El origen del pensam~ento ... op. cit., pp. 115-ss.

101
100
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

LA FUNCIÓN DE LA HISTORIA EN LA GRECIA CLÁSICA una disciplina que aparece en la cultura griega y que va desarro-
Hasta aquí hemos señalado algunas de las especificidades, tanto llando progresivamente mejores formas de conocimiento del pasa-
del espacio comunicativo griego anterior al surgimiento de la polis do. Contra esta premisa que nulifica la historicidad del discurso
como del de la ciudad de la Grecia clásica. Los discursos (histo- histórico, haremos un análisis del discurso herodoteano y daremos
ria, derecho, filosofía) que emergen en este nuevo espacio no son un seguimiento a las categorías que su obra establece. Considera-
las ciencias que conocemos en la modernidad. Nuestra perspec- rnos que es más útil preguntarnos por la función y las prácticas que
tiva y puntos de observación son otros. Las culturas y los espa- el discurso de Herodoto reproduce; así restablecemos no la conti-
cios son holísticos, comprenden la totalidad de la cultura, por lo nuidad sino la distancia entre la disciplina que hoy ejercemos con
tanto, el hacer científico o histórico de los griegos no tiene nada la de los antiguos griegos.
que ver con la práctica que nosotros hacernos en las disciplinas La recepción de la obra de Herodoto tampoco tuvo una con-
contemporáneas, es por ello que tenernos que pensarlas como tinuidad a través de la historia. En el periodo inmediato posterior,
un conjunto de operaciones, gestos, prácticas, preferencias y apre- Herodoto fue calificado-por sus sucesores corno el gran mentiro-
ciaciones muy ·distantes de las nuestras. Sería un anacronismo so, mitógrafo y filobárbaro; la historia para Tucídides tenía que
atribuir a los griegos o latinos las mismas reglas de disciplinas ser historia contemporánea, que pudiera ser constatada directa-
tan nuestras, creadas en condiciones y sociedades tan distantes mente por el historiador y que fuera útil a la ciudad. Para Tucídides,
y diferentes, por lo tanto, no es posible atribuirles formas de pen- los relatos que Herodoto hace sobre otros pueblos no cumplen esa
samiento y lógicas que no son las de su propia cultura. función y sólo le revelan la cultura y las prácticas que pudieron
De forma general podernos afirmar que la historiografía haber tenido los griegos en el pasado. 102
grecolatina inaugura la historia maestra de vida, es decir, una En la Edad Media Herodoto casi no fue leído, ya que frente
forma de escritura histórica que tiene que ver directamente con a la «verdadera historia» (la historia de la salvación), Herodoto
la retórica, que articula la formación del ciudadano de la polis no ofrecía más que «banalidades». Desde luego, si consideramos
griega y más tarde del de la civitas romana. Dicha historia, que que la historia maestra de vida es la que se sigue escribiendo, sí
llamaremos historia retórica, está íntimamente unida a la educa- hay continuidad, pero sólo en ese aspecto, pues los conceptos de
ción de los cuadros gobernantes y de los hombres públicos. Con- ciudadanía o de democracia·no existen en las sociedades medie-
cretamente, la historia escrita por Tucídides establece la función vales. En el Renacimiento la obra de Herodoto fue.traducida por
didáctica que debe tener la historia, esta misma función conti: Lorenzo Valla, las lecturas que se hicieron de su obra le reivindi-
núa en la romanidad. Cicerón por su parte, será quien le dé a caron la paternidad de la historia, pero esta reivindicación tiene
Herodoto el título de «padre de la historia». Sólo los hombres que ver con una historia de tipo retórico, aquélla que se constru-
del siglo XIX le impugnarían esta paternidad, depositándola en ye siguiendo formas literarias,que buscan principalmente la be-
Tucídides, por haber sido éste «más objetivo» y por ser el funda- lleza del estilo y la formación de los cuadros gobernantes, esta
dor del «método histórico». historia poco tiene que ver con una historia-ciencia. Fue en el
En un sentido es cierto que los griegos, y concretamente siglo xvm cuando filósofos, corno Voltaire, empezaron a leer la
Tucídides, establecieron una forma de escritura histórica (la historia obra de Herodoto, especialmente se leía la parte referente a las
como maestra de vida). La afirmación sobre la continuidad del dis-
curso herodoteano llega hasta la actualidad a través de los libros 102 Fran~ois Hartog, Le Miroir d'Herodote. Essai sur l" enquete herodotenne,

tradicionales de historia y por ello se ha pensado la historia éomo París, Gallimard, 1987, p. 360.

102 103
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

Guerras Médicas. Estas lecturas dejaban de lacto todo lo fabulo- Hemos de decir que sobre la figura de los historiadores de
so, es decir, se tomó como historia verídica. Los intelectuales de y
la antigüedad, específicamente sobre Herodoto de Halicarnaso
1a Ilustración fueron quienep consideraron por primera vez un se sabe muy poco. Vivió en el siglo v a.C., nació poco después de
tipo de «objetividad histórica» al menos en una parte del texto. que Grecia derrotara a los persas y Atenas se erigiera como máximo
Ellos lo prepararon para su conversión definitiva en «fuente his- poder talasocrático. 104 Por su obra sabemos que viajó por Asía Me-
tórica» de primera mano que los historiadores decimonónicos nor, Babilonia, Bajo y Alto Egipto, partes de Escitia, Cirene, casi
realizarían exitosamente. En otras palabras, de ser una obra es- . todo el territorio gri<,go (sobre todo Dellos y Atenas) y la Magna
crita con determinados objetivos, pasa a convertirse en un depó- Grecia. 105 En cuanto a su obra, las Historias o Los nueve libros de
sito de «datos». Desde luego sólo serán tomados como tales, Historia sabemos que estos títulos le fueron dados en época hele-
aquéllos que dentro de las concepciones de verdad del siglo XIX nística (siglos mal I a.C). El no escribió una obra con ese nombre,
merezcan ese nombre. Con ello la estructura de la obra es rota ni bautizó cada uno de sus libros con el nombre de las nueve musas.
ahora es leída como fuente de información de pueblos del pasa'. Todo esto lo hicieron los historiadores alejandrinos. Este dato nos
do o para saber más sobre las Guerras Médicas. confirma, que la historia en la época helenística y romana, se liga
Dentro de la perspectiva decimonónica de progreso, más al ámbito poético y por ende retórico que a cualquier otro.
Herodoto quedaba como quien había puesto, de forma viuy in- Para situar la obra de Herodoto y evadir la perspectiva
genua, las bases de la ciencia histórica. La ordenación cronológica teleológica de continuidad de los discursos, la obra de Catherine
de los nueve libros de las Historias se llevó a cabo a fines del Darbo-Peschanski ayuda a aoordar el problema, pues ella:
siglo XIX y principios del xx, cuando los historiadores positivistas
trataban afanosamente de reivindicar el nacimiento de esta dis- busca definir las Historias como gestión heurística y hermeneú-
ciplina y de SUB prácticas, estableciendo su origen con Herodoto. tica, no abordando las «pesquisas» en tanto que Historia, pro-
Cicerón que había sido el primero en llamarlo «padre de la his- yección anacrónica de una disciplina integrada en un campo de
toria» inscribía este epíteto dentro de lo literario, no como pater- saber que no tiene nada que ver con la Grecia del siglo V; sino
nidad de una disciplina inaugurada por los decimonónicos ni como un conjunto de operaciones, gestos, preferencias y aprecia-
menos aún del «método histórico científico». 103 ciones distantes de las nuestras ... [y de esta forma} no adjudicar-
Los historiadores del siglo XIX privilegiaron como «padre le a las Historias, por analogía, las reglas de una disciplina que
de la disciplina histórica» a Tucídides más que a Herodoto. Esto no son las de ella, ya que éstas son posteriores, así como las for-
resultaba una paradoja, pues Tucídides afirmaba que sólo se po- mas de pensamiento que las elaboraron. 106
día hacer historia de lo visto y presenciado por el historiador
(historia del presente). En cambio los historiadores científicos bus-
104 Sobre la vida de Herodoto todo es incierto, vemos una gran discre-
pancia de autor a autor, en la introducción que se hace a la obra de Herodoto,
caron hacer historia exclusivamente de los hechos pasados; sin Historia, Madrid, Clásica Gredas, 1992, t. I, p. 15, se lee: «Nacido seguramente
embargo pretendieron llevar a cabo la misma observación de hacia 526 a. C. en la ciudad griega de Halicarna~o ... », en K._H'. Waters, He!odoto
Tucídides, es decir, pensaban que si la observación directa de los el historíador, México, FCE, 1990, p. 10, se da la. fedha 484 a.C. calculada con base
hechos no se podía dar por razones obvias, sí se podían observar en el nivel de vida de esa.época y_a la fuJ1daciórt de Turos. Frnn\'.oÍs Hartog, Le
_m_irroir d' ... op. cit., también plantea la imposibilidad de saber algo concreto,
de forma indirecta, a través de los documentos.
·verificable sobre la biografía de nuestro personaje.
1º5 Herodoto, Historias. op. cit., p. 15.
103
Cfr. C. Darbo-Peschanski, Le discours ... op. cit,, p. 13. 106 Catherine Darbo-Peschanski, Le discours du ... op. cit.,. p. 14.

104 105
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

El discurso de Herodoto, como hemos establecido o-uarda Herodoto escri):>e sobre los dioses, hace interpretaciones, pero no
. 'º presume que su saber venga por revelación. Los dioses confor-
una estrecha relación con los discursos de su tiempo. Por un lado
notamos gran continuidad .con la épica y, por otro, vemos el es- man la causalidad total de la historia, pero ésta es inaccesible
fuerzo que el autor hace por separase de ella. La épica hablaba para el que investiga. Muchos pasajes son articulados o encuen-
del pasado, del presente y del futuro, se escribía, mejor dicho, se tran su puesta en intriga en un oráculo -hay más de 100 en las
decía en verso y era un saber adquirido por revelación. Herodoto, Historias-. C. Darbo Peschahski 107 encuentra que hay una justicia
por su parte, presenta sus Historias como un saber que se indaga divina (dike, eunomia) que funciona como motor de la historia,
y que se investiga, se escribe en prosa, y uno de sus objetivos es como justicia suprema. La sociedad humana es un vasto conjun-
que no se olviden las hazañas de los hombres. A diferencia de la to donde se rompe y se restablece el equilibrio de la justicia. La
épica, que guarda el recuerdo sobre los héroes o la acción de los idea que se impone y da fuerza a las Historias es que en las socie-
dioses, la hi.storia pretende recordar las hazañas de los hombres dades humanas la justicia restablece las fuerzas y los intereses
comunes y corrientes, sean griegos o bárbaros, esto refleja una que han sido perturbados. 108 Herodoto hace de las Guerras Mé-
«democratización» del discurso. dicas el castigo impuesto a los persas por los dioses. En el análi-
La primera característica del discurso de Herodoto es que sis léxico de la palabra dike, Darbo-Peschanski encuentra la
separa el ámbito divino del humano y el de su propia persona. connotación de sentencia, castigo y reparación. En la obra de
Como alguien que investiga, nos recuerda que es él quien ordena Herodoto, el esquema ofensa-reparación da forma y ordena los
y organiza el discurso. Con esto afirma la autonomía profana de acontecimientos. Las guerras persas desde el análisis de Darbo-
su tarea: no es un saber que se le revele, él lo investiga, lo in- Peschanski. son resultado de la hybris (desmesura) del régimen
daga y lo escribe; sus Historias reposan sobre interrogatorios 0 político persa (gobierno de uno solo), frente al régimen griego
testimonios. El discurso anterior (Hesíodo, Homero) parte toda- (democracia) que garantiza la libertad, bravura, sabiduría y ha-
vía de ese otro saber omnisciente, revelado por dioses o musas, bilidad del todo.
estos poetas escogen lo invisible como terreno predilecto, en ellos En las Historias las intervenciones divinas son piezas maes-
los sentidos no intervienen, sus discursos son sobre lo invisible tras, pero no podemos decir que haya hegemonía de este tipo de
y, por lo tanto, sobre lo inverificable. Son saberes que no se sos- explicaciones, ni que éstas impidan a Herodoto utilizar otras ex-
tienen por la experiencia sensible. Herodoto no excluye ni lo di- plicaciones completamente profanas. El esquema dado por la diké
vino ni a los dioses, acepta plenamente su existencia, su presencia divina está detrás de lo inexplicable, pero la causalidad humana
y su influencia, pero no es este el tema que le interesa; él se enfo- es explicada, en la mayoría de las veces, sin ningún recurso de
ca al hacer humano, no al divino. En cuanto a lo temporal, reco- intervención divina.
noce que hubo un tiempo de coexistencia entre ambas razas,.pero Las particulares concepciones y saberes compartidos (la
no es el periodo divino ni el de la coexistencia el que escoge para mayoría de ellos implícitos en la obra) conforman el marco des-
su inv s:igación, sino el tiempo del hombre. En general, los grie- de el cual Herodoto escribe sus historias y revelan su compren-
7
gos clas1cos aceptan que ambas razas coexistieron en el pasado, sión del devenir histórico como especie de tribunal supremo, pero
pero que en su época esto ya no se daba. El tiempo cuando los aunque éste es p·erceptible en sus Historias, él no busca compren-
dioses se mezclaban con los humanos era c:o~a del pasado.
La presencia de oráculos, referencia a· cuÍtos, leyendas y 107
/bid., pp. 43- 84.
relatos de los dioses no choca con nuestra afirmación anterior. 1°' lbid., p. 49.

106 107
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA.GRECOLATINA

der las intervenciones de la divinidad, como sí lo hace Hesiod conformado¡es de la identidad de la ciudad, pero el espacio deci-
Herodoto no duda que la dike, justicia divina, defina al mundo~ sional se ha convertido en un espacio más profano. Dicho de otra
profano, pero ella no es indagable mediante los métodos d forma, lo que decide la justicia humana ya no son los medios
,._,,,._,._vu.v~v/ ua
TJ,.,.,,.,..,.;¡,-,..¡.,.,. l nuó
'i '- ~)la uprasens1"bl e, por eso renuncia inda-e
,._ - -es S. ordálicos o adivinatorios sino los testimonios de los testigos vi-
garla, aunque no la niega. En cambio, su labor radica en encade- suales u orales. El juramento de ellos conlleva toda una práctica
nar ,Y comprender lo sensible (lo visto y lo oído) y mostrar, testimonial que se refleja en discursos como la historia que bus-
memante los oraculos o revelaciones (que el investigador relata, ca legitimarse con los mismos medios de la justicia de la polis.
no porque le hay~n sido reveladas a él mismo, sino porque son Existe una razón accesible al hombre y esta racionalidad tiene
sabidas por algmen_ que se las informa), lo incomprensible y que ver con la doxa, que es un saber cien por ciento humano. La
~mb1guo de la aletheza d1vma (sólo los dioses saben la totalidad historia no reivindica un saber científico, pues ciencia en este
cte la h1stona y todos los por qué). tiempo tiene que ver con conocimiento universal; en cambio sí
109
Las intervenciones de los dioses son similares a las de la se reivindica como un ·discurso verdadero de lo particular.
t~aged1a, género contemporáneo al surgimiento del discurso his- La función del discurso de Herodoto no busca, por lo tan-
tonco Y arte que también nace de la escritura. En ambos discur- to, ni la verdad divina ni la científica, no da opiniones categóri-
sos el obr~r divino es inaccesible al hombre. El sentido total de la cas o definitivas; el tipo de verdad que propone no tiene que ver
h_1stona solo se da con la muerte, es decir, con el final de la histo- ni con aletheia, ni con la filosofía (que fundamenta premisas uni-
ria (en sentido particular y universal), mismo que sólo los dioses versales). La doxa u opinión tiene que ver con esa isonomía de la
conocen, en ese momento es cuando adquiere sentido todo el d _ palabra del ciudadano. Su saber siempre está abierto a otras su-
venir anterior. Si lo que articula la totalidad de la historia es :1 gerencias, a otros testimonios que puedan ser más contundentes
esquema ofensa-reparación, y al historiador sólo le interesa el de- que lo que él sugiere. Este saber revela el espacio de la ciudad y
venir humano (aunque reconozca que en él cabe la intervención se conforma como fuente de conocimiento que se valida desde
d1vma), sobre el obrar de los dioses sólo es posible conjeturar. El la verdad humana. Frente a la épica que rememora el kleos -glo-
h1stonador no pretende una mirada divina, es decir, por encima ria inmortal- de héroes, dioses y nobles, la historia rememora la
del tle~po. Hay cosas en las que se resiste a opinar, por pensar «gloria» de todos los ciudadanos, e incluso la extiende a los bár-
que_ estan sobre el h1stonador. Los dioses pueden intervenir en baros. La nueva sociabilidad de la polis se muestra en que ya no
la h1stona humana, pero Herodoto piensa que sobre estas accio- hay discursos definitivos o totales, todo ciudadano puede tener
nes él no puede indagar. una opinión propia y derecho a expresarla, estos rasgos mues-
Las prácticas judiciarias de la polis con sus nuevos esque- tran una ruptura evidente con la épica homérica.
mas testimornales, productos del nuevo espacio de isonomía El discurso histórico de Herodoto no trata de suprimir la
mducen a la formulación de una explicación profana del deveni; diversidad de opiniones, y aunque deja la verdad absoluta a los
humano, también presente en el discurso de las Historias. En el dioses, sí revela la subjetividad propia de la polis. El aedo o el
mundo preceden!~, donde prevalecía la jus\i~ii) adiyinatoria que rapsoda no legitimaban sus conocimientos a partir de sí mismos,
sust,mtaba y legitimaba un poder único y divino, la explicación su. discurso les era revelado por las musas; en cambio, el histo-
º:dah~a y _macular era comprensible. En cambio en el espacio cí-
vico la JUSticia ~e ha «seculanzado». Las exigencias ciudadanas h.an
109 El nombre del libro de Darbo-Peschanski es lo que sugiere: El discur-
alejado a los d10ses de su mundo, dejándolos como protectores y so de lo particular. Un ensayo sobre la encuesta herodoteana.

108 109
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

riador h_abla en primera persona, es su testimonio el que legiti- cativo (todo lo q:1e Hartog denomina coerciones narrativas y sa-
ma su discurso, él escribe lo que ha visto o ha oído. Por lo tanto ber compartido que se da como supuesto conocido, pero que es
son sus afirmaciones las que le dan autoridad para hablar. La desconocido para nuestra sociedad). El corpus completo que no-
historia funciona para producir una novedad memorial distinta sotros tenemos presupone lo sabido, lo común a todos los grie-
a la de la épica. gos; si uno no reconstruye la distancia y la alteridad de esta
La función ae la historia en Grecia es incomprensible-como cultura se cae en anacronismos como el de imponer un saber es-
lo hemos comprobado- sí se formula con el estatuto de historía- pecífico, con sus prácticas y leyes, a otro que no las comparte.
ciencia; y también sí se busca la especificidad «profesional» del Los cinco libros posteriores de la obra de Herodoto nos relatan
género histórico en la antigüedad. Momigliano 11 º se preguntó con- las Guerras médicas, pero este relato no cuenta «científicamente»
cr'.'tamente _por esto y encontró que la historia ni era una profe- cómo ocurrieron los hechos, sino que a partir del esquema repa-
sion m nadie se formaba como historiador. La historia no tenía ración-ofensa explica otro saber compartido: el de la justicia di-
un espacio especifico distinto del de otros discursos ciudadanos. vina que se impone castigando la hybris (soberbia de quien
Para establecer la función de la historia en la sociedad antigua rompe el orden justo).
i;.os resulta más sugerente acudir a la obra de Frarn;ois Hartog. El trabajo que el historiador contemporáneo hace con los
El se pregunta por los destinatarios, por la intertextualidad y por textos es el de la reconstrucción de la trama y el saber comparti-
los efectos producidos en quienes escuchan las historias. Deci- do de los griegos, así como descubrir las coerciones o marcas de
mos «escuchan», porque aunque las historias fueron escritas, for- enunciación implícitas en la obra. Supone hacer un trabajo des-
man parte del mundo de la oralidad, en el sentido que ellas eran de lo inverso: partiendo de la obra, inferir lo común a los grie-
leídas en voz alta, invitando a los oyentes a formular sus opinio- gos. En otras palabras, todas las marcas de extrañeza que muestra
nes oralmente. Herodoto frente a lo otro denotan un saber compartido que hay
Para Hartog las historias producían un tipo de conocimien- que descifrar, pues no está dado explícitamente. Herodoto cuenta
to, ejerciendo, a su vez, un efecto en los oyentes. La obra de y relata para los griegos de su tiempo, no lo hace para sociedades
Herodot_o tiene como finalidad «traducir el poder» y explicar las distintas de la suya. Las marcas de enunciación lo comprueban.
diferencias entre los griegos y lo otro (lo bárbaro, lo distinto). Sólo habla en primera persona del singular y en primera de plu-
Si la obra de Hesíodo pone en orden la oikoumene divina, la ral (yo y nosotros): los griegos.
obra de Herodoto trata de hacer lo mismo con el cosmos huma- El Herodoto «geógrafo» traduce el espacio-otro, lo mide, lo
no, con su espacio y con su tiempo. Las Historias sirven, menos contabiliza. El efecto es hacer saber a los griegos. Los espacios del
para co~tar el «cómo sucedieron o cómo eran las cosas», que para discurso traducen en estadios -la medida griega- todo el espacio
«traducir» y hacer significativo el mundo en términos griegos. abstracto que relata. En términos temporales su medida de tra-
L?s primeros cuatr? libros de la obra nos muestran a los pueblos ducción es en días de viaje o en jornadas. La oikoumene griega se
barbaros, los no griegos, su espacio, sus costumbres, sus nomoi, representa analógicamente:. lo que está arriba tiene su correspon-
etcéter~. Sin emb_argo, esta construcción del otro no puede ser diente abajo, el clima frío da por resultado un tipo de tempera-
hecha smo a partir del lenguaje griego y de su espacio comuni- mento, sensibilidad y cultura, así como el clima cálido da otras
características. Estos relatos no tienen que ver con el discurso geo-
0
" Arnaldo Momígliano, La historiografía griega, Barcelona, Crítica, 1984,
gráfico, ni etnográfico actuales, como vemos, son otras sus leyes y
pp. 134-150. · prácticas. Las explicaciones herodoteanas tienen que ver con su

110 111
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

mundo cultural y social, y se revela como una saber etnoGéntrico fundamentalmente a partir de testimonios orales y con criterios
que no revela lo otro, sino lo griego. Siempre expresa la polaridad: de verdad que tienen que ver más con al oralidad, que con la
yo, nosotros, (lo griego) frente a ellos, los otros (lo bárbaro). escritura. De ellos hablaremos más adelante.
Si el discurso de Herodoto no revela ninguna de las prácti-
cas que efectúa un historiador etnógrafo o geógrafo moderno
1
1
LAS CATEGORÍAS DE LA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA EN LA LARGA
Herodoto personifica más bien una especie de maestro del saber DURACIÓN
del ver, del oír, del creer, muy semejante a su precedente ante'. La forma para comunicar lo sucedido pasa por el lenguaje, es
rior, el «maestro de verdad», sólo que su legitimación es distinta. lenguaje. Por medio del lenguaje el hombre elabora categorías y
De todas formas, no prefigura la «esencia» o ser del historiador nociones para hablar del pasado, para darse una identidad y para
actual. Pues esta esencia no existe. referirse al otro. Las lenguas permiten y prohiben. Posibilitan ti-
Para finalizar este inciso, retomamos la aseveración dada pos de comunicaciones, crean nuevos conceptos y olvidan otros.
al principio de este apartado: la de la historia como maestra de Grecia y Roma no son fa excepción. Franc;ois Hartogm ha hecho
vida. La historia debe ser, desde Tucídides, un saber útil a la ciu- un seguimiento de las categor/as que dieron a la historiografía
dad y al ciudadano. Aunque la utilidad del discurso histórico griega y latina una particular continuidad. Sin embargo, estas
está abiertamente estipulada en Tucídides, hemos visto que la nociones y categorías de «larga duración» son históricas, sufren
lectura de las Historias, hecha por Fran~ois Hartog, implica tam- cambios, se interpretan de forma distinta según el presente de ca-
bién otro tipo de utilidad: entender y traducir la alteridad. El da historiador que las retoma. Para Hartog, la afirmación de que
tipo de utilidad sería distinto, pues mientras Herodoto pretende «en Grecia todo nace bajo el signo de Homero», significa que la
guardar del olvido las hazañas que antes guardaba la epopeya, épica homérica pone los fundamentos conceptuales y las catego-
no hace sino traducir, nombrar y explicitar lo no griego. rías que tendrían una larga pervivend.a, no sólo en la historio-
En Tucídides la función de la historia se debe revelar abier- grafía, sino en su concepción del mundo y en todas sus creaciones
tamente en una utí!ídad de tipo político. Este saber debe enseñar culturales.
a no repetir errores del pasado. Tucídides acude a la escritura En_la actualidad, las explicaciones del surgimiento del dis-
para fijar este pasado y no dejarse llevar por la «ilusión de la curso histórico en Grecia parten de dós posturas fundamental-
palabra». Hay una crítica a la obra de Herodoto quien «sucum- mente; La primera, de C. Darbo-Peschanski, habla de una «matriz
bía a los encantos de la palabra». La transición entre ambos per- jurídica», de la cual ya hemos hablado en otro apartado y la cual
sonajes implica el surgimiento de formas de conocimiento que hemos seguido en la «larga duración» a partir de un artículo ci-
se ponen por escrito, desde fines del siglo val m a.C. fundamen- tado anteriormente;1 12 Franc;ois Hartog, por su parte, afirma la
talmente. Entre ellos destaca el pensamiento y la lógica platónicas,. tesis de que el discurso histórico.surge de la épica y habla de una
pero éstos no lograron borrar, como se había pensado, la oralidad «matriz épica». En su libro, Mémoire d'Wisse, confirma esta pos-
como sustento de otras formas de racio1:a.lí9ad. En otro lugar tura, probando una continuidad de las categorías antropológicas
he~os dicho que Aristóteles escribe un tipo de filosofía, pero creadas por la obra homérica y que la historiografía posterior,
realiza otra en forma oral, y ésta no es ajena a la argumentación
dialógica, a los cultos y a un tipo de saber esotérico que no se 111
Fran~ois Hartog, Mémoire d'Ulísse. op. cit.
escribe. La historia, por su parte, tampoco se hará a partir de la es- 112
«L'historien grec ou le passé jugé», en Nicole Loraux et Carles
critura, es decir de documentos. La escritura de la historia se hará Mirailles, Figures de ... op, cit.

112 113
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

tanto griega como romana, recrearán y reinterpretarán desde la obra hesiódica, que complementa la categorización antropológica
primera historiografía de Herodoto, hasta quienes escriben en de la época.
!os primeros siglos de nuestra era. La figura del viajero en la antigüedad es aquélla que «nom-
Hoy en día se piensa aún en La Odisea como el relato de un bra al mundo», el que viaja sabe porque «ha visto o ha oído»,
viaje fundador. Ulises es una figura que se utiliza para represen- ellos son, en otras palabras, una especie de hombres-frontera que
tar el espíritu viajero, curioso, hábil, intrépido, inventivo, autó- establecen los límites y confines de la identidad griega, Diciendo
nomo, etcétera. No es que Ulises haya tenido todos estos al otro, a la alteridad, trazan la frontera entre ellos y los demás;
atributos, pero de alguna forma ha establecido un modelo, una en el entendido de que esta frontera no es fija, Hartog la sigue, la
especie de figura emblemática que se ha utilizado corno paradig- historiza. Los viajeros son embajadores de certezas o los porta-
ma de cualquier tipo de viajero. Hartog desde el principio acota las dores de dudas, sonarchegetes, especie de creadores y organizado-
diferencias entre los viajes fundadores 113 y buscará historizar res del espacio y del saber griego.
las miradas sobre Ulises, para ver corno se retornan las catego- Los griegos y los·rornanos, pueblos que tuvieron su mira-
rías que establece en la historiografía posterior. da vuelta hacia el mar, buscaron «domesticar» el espacio mari-
En Mémoire d'Ulisse114 se hace un análisis de la mirada grie- no, el Mediterráneo y los·pueblos que vivían en sus costas,
ga en la larga duración. En otro lugar Hartog115 había expresado nombrándolos, clasificándolos y, en un sentido, «midiéndolos»
que hacer una arqueología de la mirada, al estilo de Foucault 116 con los conceptos y el instrumental científico y lingüístico que
para la época clásica francesa, era casi imposible de hacer para tenían a la mano. Decir y nombrar el mundo que los rodeaba
los griegos y, sin embargo, en esta obra lo intenta. La arqueolo- significaba hacer una distinción: los griegos por un lado y, por
gía de esta mirada obviamente, no es empírica; Hartog no trata- otro, los demás pueblos, los no griegos. A esta distinción que
rá de «rectificar» o «descifrar» los «verdaderos países» que visita Hornero establece, se le aplica, previamente, otra más: los grie-
y clasifica Ulises, lo que hará es un análisis de la operación gos son civilizados, comen carne cocida, beben vino, ofrendan a
discursiva que Hornero efectúa, para ello también se apoya en la los dioses, tienen tales instituciones, etcétera; por lo tanto, los
113
pueblos que no tengan las_ costumbres o nomoi del griego no se-
Frarn;ois Hartog, Mémoire d' ... op. cit, pp. 26, 44. Hartog hace desde el
prirn;:ipio una distinción de los ·esquemas espaciales que relatan otros viajes
rán plenamente humanos. De hecho, la trilogía que dividía a los
fundadores. El éxodo judío, pór ejemplo, es un viaje sin regreso e iniciador de seres en: humanos, bestias y dioses o semi-dioses, quedaba im-
una guerra de conquista. Paradójicamente EL viaje_,_ el de Ulises, es.un viaje no plícita en esta nueva clasificación. Lo plenamente humano se
querido, él no encuentra placer en viajar, lo que añora es-regresar. Dicho de identificaba con lo griego; aquellos inmortales que no tenían las
Otra forma Ulises es viajero a pesar de él. Por otro lado, Ulises se convierte en
mismas necesidades físicas de los hombres tales corno comer y
emblema de muchas exégesis: para unos traduce el viaje del alma; Plutarco lo
relaciona como la condición general que hace, de todos nosotros, seres de paso; beber, eran dioses; y finalmente.los que no tenían los nomoi, le"
el Ulises cínico es un mendigo en su propio palacio; el estoico por su capaci- yes y costumbres griegas, eran semi-humanos y podían acercar-
dad de soportar, desprecia ·el placer y la obstinada hostilidad de la Fortuna; el se comparativamente y según sus comportamientos y costumbres,
Ulises sabio sabe resistir la llamada de las tentaciones de las sirenas, etcétera. más a la bestialidad o a la humanidad. Esta primera característi-
114
Franc_;:ois Hartog, Mémoire d' ... op. cit.
115
Fránc_;:ois Hartog, «El ojo y el oído>>, en Historia y Grafía, No 4, Méxi-
ca que apenas se esboza en Homero, aparece ya nítidamente for-
co, Universidad Iberoamericana, 1995, p. 21. mulada en Herodoto como griegos-bárbaros.
116
Michel Foucault, El nacimiento de la clínica. Unil.--arqUeologfa de la mira- La medida de lo humano es lo griego: el espacio que ellos
da médica, México, Siglo xxr, 1991. habitan, sus nomoi, sus formas de vida, costumbres, etcétera. La

114 115
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

humanidad está relacionada entonces con una determinada for- alejando, has-ta llegar a la zona de los confines donde habitan los
ma de vida: la vida agrícola, puesto que los griegos «son comedo- últimos hombres.
res de pan». Para ayudarse en las labores agrícolas necesitan Igual gue Homero, Herodoto es también un viajero. Am-
domesticar determinados animales y estos animales les sirven bos conocen porque han viajado, son viajeros. Ulises establece
de alimento, siempre y cuando coman la carne cocida, además de los contornos de una primera identid.ad griega, pues la Odisea,
gue los animales deben ser sacrificados de determinada forma epopeya del retorno, clasifica a los demás pueblos con las cate-
para ofrendar a los dioses, gue reclaman parte del sacrifico gue gorías que dicen, más bien, lo griego; Herodoto sigue sus hue-
les corresponde. Sacrificar es, en efecto, lo propio del hombre. 117 llas.118 La formulación griegos-bárbaros cruza todas las Historias.
Otro criterio dietético de humanidad es el vino: los griegos «son Es la categoría gue engloba el relato y se define siempre en opo-
bebedores de vino» y así se encuentran expresiones de otros pue- sición al otro. El gue lee o escucha las Historias sabe a gue se re-
blos como «bebedores de leche» y por eso no alcanzan a ser ple- fiere Herodoto con esta clasificación: todo lo que diga lo griego
namente humanos, son bárbaros. no es bárbaro; y lo bárbaro es todo lo que el griego no incluye en
Cultivar el agros (la tierra no cultivada) implica socializar, su civilización y costumbres. Desde el primer párrafo, Herodoto
pues el hombre no está solo, es miembro de un oikos que es un promete contar las hazañas de los griegos y de los no griegos.
sistema familiar y una estructura de poder, además, vive de pre- Debido al momento histórico gue Herodoto vive, la personifica-
ferencia en una villa (demos, polis, astu). La vida social del griego ción del bárbaro será el persa, y el bárbaro por excelencia será el
está codificada por sus usos y costumbres. En ella la hospitali- Gran rey, la encarnación de la hybris asiática: Jetjes.11 9
dad está regulada por la práctica del don y contra-don. Esto sig- De esta manera, entre los siglos v1 y v a.C., queda inte-
nifica que al huésped se le recibe con regalos, presentes, riorizada esta categorización binaria que divide a la humanidad
banquetes, etcétera; pero a su vez, el huésped tendrá gue retri- en dos. Ella se ha formulado a la sombra de la ciudad isonómíca
buir de igual forma a su anfitrión. La hospitalidad, gue nos na- y del surgimiento de la ciencia griega jónica. El binomio griego-
rra en algunos episodios la Odisea, es uno de los pilares del criterio bárbaro contiene una serie de relaciones antónimas, lo que hace
de humanidad. Quien no recibe a los huéspedes como las comu- o tiene el griego, no lo hace ni lo posee el bárbaro. Estos concep-
nidades griegas lo hacen, también son considerados bárbaros o tos también definen al mundo espacialmente, y organizan y dis-
menos gue humanos. La guerra también es una norma para me- tribuyen las cualidades culturales y físicas de los demás pueblos.
dir la humanidad. Hay una forma legítima y humana de gue- . La categoría antropológica griego-bárbaro contiene muchas
rrear, y ésta es la griega. más, las cuales se dan en forma binaría, por ejemplo, el espacio
Habría muchos criterios más que dan la plena humanidad, terrestre es organizado en dos partes: Europa y Asia; ambas conce-
como las formas de casarse, sus costumbres sexuales, su religión, bidas como hermanas, también son antagónicas. Europa detentará
etcétera, y lo importante aguí es señalar que todas estas cos- las cualidades óptimas, sobre los asiáticos que no las tienen. Gre-
tumbres son las que practican los pueblos gdegos, los de los cia está en Europa, además guarda un h1gar privilegiado pues ocu-
Balcanes, los de las islas del Egeo, los de Jónia'. .. Se comprende- pa el centro, y dentro de la concepción geométrica el centro es el
rá que según uno se vaya distanciando de este espacio, las cos-
118
tumbres variarán, y de igual forma «la humanidad» se irá Ibíd., p. 45. Desde el prólogo, Herodoto hace referencia a la Odisea, el
historiador se piensa por lo tanto como un viajero, y reclama para sí la expe~
117
rienda de Ulises.
Frarn;ois Hart0g, Mémoire d' ... op. cit., p. 30. 119
!bid., p. 89.

116 117
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

lugar donde se da la excelencia. Desde luego los griegos tendrán baros. Con re.specto de su división espacial y basándose en su
problema para explicar la región jónica, que se encuentra en Asia, percepción isonómica, 121 divide la oikoumene simétricamente, otor-
pero encontrarán argumentos. para salvar su excelencia. gando al centro la excelencia. Para ello se valdrá de una nueva
· Esta categorización binaria comprende un sin fin de cuali- categoría: la de centro-confines o centro-límites; en e! centro está
dades más. Hay dos tipos de guerra: la guerra de conquista que Grecia, en los límites los pueblos que son los más antiguos (al
implica desmesura (!a que los persas cometen al atacar ciudades sur están los egipcios) _o son los más jóvenes (como Escitia que
más chicas, como las griegas) y las guerras de resistencia. Queda- está en el extremo norte conocido). Esta disposición geográfica,
ban dentro de las guerras de resistencia, especie de «guerras jus- como vemos, es también simétrica e inversa en sus cualidades,
tas», todas aquéllas que se dieran para derrocar formas de gobierno sur-antiguos, norte-jóvenes. Así también con respecto al clima,
tiránicas, no democráticas. el sur es cálido y el norte es frío. En el centro, que es el es-pacio
En el terreno político también se da esta dicotomía, hay pue- griego, se da el clima templado, mezda «equilibrada» de los cli-
blos que se dejan esclavizar por un déspota y hay otros que guar- mas extremosos que están en los confines.
dan relaciones de isonomía, de igualdad (geométrica) entre todos los Otro factor binario que ayuda en las explicaciones de la
ciudadanos. Para el griego de la polis clásica, la barbarie es política, heterología griega es phusis-nomos. La ciencia griega de los siglos
no guarda connotaciones raciales. Un pueblo bárbaro no significa VI y v a.C. hace énfasis en la relación que guarda la naturaleza
un pueblo cruel, que se dé a los excesos y transgresiones, tampoco (phusis), lo dado, con las costumbres y leyes elaboradas por los
implica que sea inculto, solamente es un pueblo que está goberna- hombres (nomoi). La phusis incluye la naturaleza, los climas, la re-
do por un rey o un tirano. Egipto, país altamente apreciado 120 por lación norte-sur, centrocconfines. También incluye, o más bien in-
los griegos de todas las épocas, es bárbaro porque sus habitantes no fluye en la naturaleza de los pueblos, en la dureza de carácter o en
viven en polis y además, porque los egipcios han demostrado que la molicie. Esta a su vez es asociada con la riqueza, así como la
no pueden gobernarse a sí mismos, siempre han dependido de un dureza con la pobreza. Desde luego, explica Hartog, todo esto no
rey y esto es ser bárbaro. Igualmente del lado de lo bárbaro estaría se explica de manera ·unívoca, no hay fórmulas fijas y cuando la
el pueblo escita. Esta comparación no impide que se dé otro tipo de realidad no les aparece tan evidente como en la teoría, la explican
reconocimiento, como el que los egipcios sea un pueblo admirado por medio de una red de categorías para salvar las diferencias o
por los griegos desde otros ángulos: por ejemplo, su gran antigüe- desviaciones. Por otra parte, no pensemos que Herodoto trabaja
dad les concede otras cualidades como la sabiduría, el ser grandes empíricamente; más que investigar rigurosamente bajo evidencias
inventores, etcétera. La barbarie provenía de su forma de gobierno, visuales u orales a los pueblos que describe, busca corroborar lo
. es decir, es una perspectiva netamente política la que cataloga la que su theoría 122 le ofrece. De hecho, una de las conclusiones que
barbarie. ·
Herodoto busca aprehender el mundo produciendo un in- 121
!bid., p. 93. El espacio circular y centrado es lo que organiza las no-
ventario a priori basado en esta primera categoría de griegos-bár- dones de simetría, de paridad, de reversibilidad; la polis isonómica circunscribe
un espacio público donde son reglamentados los asuntos comunes del demos,
120 Ibid., pp. 49-86. Contiene un capítulo sobre las miradas de Egipto, y este modelo geométrico les servirá a los griegos para todo, desde para pensar
explica como a través de todos eso siglos hubo_ 9-.Q~.t~ndencias: la de el munüo, así como para definir la salud como isonomía entre elementos anta-
egipcianizar Grecia o la de defender la autoctonía de ella. Este doble movi- gónicos, concebir la tierra, o construir repreSentaciones de la oikoumene, don-
miento es seguido por Hartog desde Herodoto hasta Filostrato, entre los si- de el centro se encuentra valorizado.
glos 11 y m d.C. 122
Ibid., p. 98. El primer sentido de theoria en griego es viajar para ver.

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FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

Hartog.encuentra en la construcción de la alteridad es que el relk- especie de lección para quienes leen su historia, es útil, pues se
to de los viajeros griegos, desde Homero, y pasando por toda la piensa en estas experiencias (la guerra) como repetibles.
historiografía griega y latina,. no busca cuestionar su sophia, sino A pesar de que la historiografía de Tucídides marcará el'ca-
n1ás bien confirmarla. Diríamos que su experiencia es retÜrica, en- mino de la historiografía posterior, pues explica y determina cuál de-
tendiendo por esto el conocimiento a partir de una lógica no em- be ser la utilidad que cumple la historia (historia como maestra de
pírica. Un tipo de experiencia científica, característico de la vida), hay una inercia y/ o necesidad en las ciudades griegas de con-
modernidad, es aquél que genera su conocimiento partiendo de tar el pasado desde sus orígenes; esta inercia es explicable por una es-
la comprobación empírica, sensible, cuantificable y medible, con- pecie de patriotismo «nacionalista», además de que resultaba una
frontado rigurosamente con la teoría que se propone, de manera manera muy eficaz de hacer política. Esta historia funciona como re-
que si io observado no lo rectifica, la teoría es inválida y se debe lato fundador, en donde se especifica una etiología de topónimos
elaborar una nueva teoría. Los griegos procederían al contrario, si que parten generalmente de explicaciones etimológicas y «míticas».
su teoría no es validada por la experiencia, ellos buscarán las cau- Desde Platón y luego con Aristóteles, excelencia y clima
sas del por qué la realidad no coincide, pero no dudarán de la vienen de la mano. Aristóteles, además, sostiene que el hombre
verdad de su teoría. es un animal político; dicho de otra forma, lo humano es vivir
Consecuentemente, la medida estaba ya dada, con la cate- en comunidad, en polis, quien no puede vivir así o es un bruto o
goría griego-barbara Herodoto medirá todo lo que le resulte dife- una bestia. Ambos, por lo tanto, sostienen visiones muy políti-
rente. Con el concepto de phusis se destacará el factor climático, la cas de la categoría griego-bárbaro. 123
espacialidad simétrica, la relación centro-confines, el carácter o En la época alejandrina se dan cambios, el centro de la mi-
la naturaleza de los pueblos, etcétera; y con el de nomoi se privile- rada del mundo se desplaza a la ciudad egipcia fundada por Ale-
giarán los géneros de vida, maneras de ser, costumbres y maravi- jandro Magno en 331 a.C. Las instituciones que juegan un papel
llas (thoma). En ese sentido los nomoi completan o reducen el criterio cardinal en la elaboración del conocimiento son el Museo y la
de humanidad asignado a los pueblos no griegos. Biblioteca de Alejandría,1 24 desde allí se ve al mundo y se cata'io-
Los historiadores y viajeros que escribirán sobre la oikoumene ga la alteridad. En estos siglos fueron copiados, traducidos,
antigua, podrán estar o no de acuerdo con la valoración que Hero-
doto hace de los bárbaros, pero no cuestionan esta división, la asu- 123
!bid., p. 95. En 479 la greicidad se entendía como <<tener una misma
men como una categoría dada, como un saber implícito. A sangre, el mismo lenguaje, santuarios y sacrificios comunes (koina) y costum-
Tucídides, por ejemplo, no le interesará averiguar sobre los tiem- bres similares». Era tener un rasgo en común: compartir la vida en la polis, ésa
pos pretéritos, pues considera que en el pasado todos eran bárba- era la identidad griega.
124
ros. Los griegos, de alguna forma, habían accedido a la «greicidad», T6nnes Kleberg, en su artículo «Comercio librario y actividad edito-
rial en el mundo antiguo}>, en Gugliemo Cavallo et al., Libros, editores y público
así vemos cómo asume de hecho la categoría griegos-bárbaros,
en el mundo antiguo, Guía histórica y crítica, Madrid, Alianza Universidad, 1995,
aunque la historia que le interesa escribir es aquélla que se da a pp. 65-s:S., explica la impo_rtancia del Museo de Ptolomeos, que fue «una de las
partir de «lo plenamente griego». Con esto· devaluaba el pasado re- más soberbias instituciones de la antigüedad, se convierte en una biblioteca
moto (cuando los griegos no eran todavía «los griegos»), pues éste de dimensiones uníversales, que debió de r::ontener en su última época más de
no le parecía valioso. Su énfasis va dirigido a relatar lo que a él le 700 000 volúmenes. Fue un centro de investigación filológica y literaria
de primer orden, su obligación consistía no sólo en recopiar toda la literatura
toca presenciar, y que piensa sería relevante para las futuras gene-
griega y catalogarla, sino también comentarla científicamente y sobre todo
raciones, pues de esto sí se podía aprender. Este pasado es una preparar ediciones_ ~ompletamente rigurosas desde el punto de vista formal.

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reelaborados y corregidos los manuscritos antiguos. Homero fue comenzará a gauar la escena mundial. Todo esto la pondría en el
crucial en esta recomposición del saber. 125 'Es un momento im- centro de los acontecimientos del Mediterráneo. Se presenta pues
portante pues el sabio ya no viaja para conocer, el saber se la interrogante: si los romanos no son griegos, pero tampoco se
geometriza todavía más y sabios, geógrafos e historiadores, com- les puede considerar bárbaros, ¿qué son? La categoría griegos-
prendidos dentro del oficio de «gramáticos», elaboran y cons- barbaras es cuestionada y deja de ser operante, pues ¿dónde po-
truyen la oikoumene desde las bibliotecas. En estos momentos, ner a los romanos?
ver es leer y saber es corregir. La greicidad se ha extendido, aho- Hubo varias formas de resolver la cuestión (antes de que
ra se comparte como «helenismo». Cabe pensar que la greicidad Virgilio la resolviera a su manera). Polibio 126 ya no utiliza el
se puede obtener; empieza a ser una categoría más cultural; apa- binomio griego-bárbaro, pues sabe que ya no explica nada. Él es
rece como algo que se puede aprender. consciente de que la historia se hace ahora desde Roma, y si uti-
Por otra parte, se ve la elasticidad del binomio, pues cuan- Íiza categorías griegas es por ser su cultura, pero de hecho es
do la democracia deja de ser una realidad, la realeza se revalori- bilingüe. 127 La obra de Polibio analiza cómo la historia se había
za. De ahí en adelante un rey puede ser más o menos tiránico si convertido en un gran cuerpo viviente, y cómo los eventos de
gobierna con una legislación detrás de él, pero ya no será un cri- Italia y de Africa se entrelazaban con los de Asia. Esto le obliga a
terio absoluto para tacharlo de bárbaro. Así mismo, un tirano o cuestionarse sobre el punto desde donde se articulaba la histo-
un autócrata lo es si gobierna por sí solo, es decir, sin leyes. Con ria, el reconocimiento de que ahora en¡ Roma lo lleva a reorgani-
esto la greicidad política de Herodoto sufre un'cambio, ahora re- zar este nuevo espacio, que también incidirá en una nueva
vela cualidades más culturales que políticas. Entre estos sabios temporalidad, cuestiones que serán la meta de su empresa histo-
que han revalorado el binomio están-Eratóstenes, Estrabón e Hi- riográfica. Él adjudica el cambio a la acción de la Fortuna (en
pócrates; este último, en la segunda parte de su tratado, genera- otra parte hemos visto cómo su obra sugiere una nueva formula-
lizará una teoría climática local a escala de la oikoumene. ción de la idea de justicia, como ordenamiento del mundo: una
Paralelamente a esto, algunos sabios alejandrinos llevaron a cabo espacie de Fortuna-justa). Polibiofoe testigo del descentramienfo
toda una revalidación de Homero, y reiteraron la idea de que el de la mirada griega al espacio romano, comprendiendo que to-
muthos era una forma de decir la verdad. dos los eventos se inclinaban hacía un mismo lado: el domino
La época alejandrina será el puente entre la historiografía ineluctable de la soberanía de Roma.
netamente griega y la romana. Lo que ha cambiado es el lugar Si Polibio ya no acude en su obra a la distinción griego-
desde donde se mira, las coordenadas espaciáles centro-perife- bárbaro y la barbarie para el romano seguirá existiendo, ¿contra
ria continúan, pero el centro sufrirá un nuevo desplazamiento. qué la oponen? Denis de Halicarnaso, historiador griego del si-
El primer desplazamiento había sido hacia Alejandría, pero poco
126 Franc;ois Hartog, Mémoire d' ... op. cit., p. 176. Polibio, originario de
menos de un siglo después, con las guerras púnicas (principal- Megalópolis, fue enviado a Roma donde permanecerá desde 167 a 150 a.C.
mente desde la segunda 218-201 a.C.) y desde luego con las gue- Fue adoptado por la aristocracia romana, y se le presenta como un viajero, un
mis de conquista que atraviesan todo el siglo n a.C., Roma hombre que a imitación de Ulises, recorrió el mundo. Defendió la concepción
odiseana de la vida ae1 historiador.
125
• Ibid., p. 58 nos dice la proporción numérica.-~~,los papiros y perga- 127
Las implicaciones del bilingüismo son estudiadas por Michel
rnmos encontrados de los siglos rv a.c. al vm d.C. y una quinta parte corres- Dubuisson en «Le greca Romea l'époque de_Cicéron. Extension et qualité du
ponden a los poemas homéricos., predominando los de la Iliada sobre los ·de la bilinguisme», enAnnales, No. 1, 1992, pp.187-207. Su tesis es que latinización
Odisea, · de la lengua y romanización del pensamiento van de la mano.

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glo r a.C., asume a los romanos como auténticos griegos. Él tiene pansión imperialista, que era vista como el «espaldarazo» de la
e! oficio de rétor en Roma, enseña griego y entiende la greicidad Fortuna hacia una civilización superior, la suya, que había apro-
como cultura, lo que significa no reconocer ni ligar la greicidad vechado los logros de la cultura griega, y que los hacía extensivos
con cuestiones de naturaleza. A pesar de esto, Denis busca iden- a todos los pueblos. El imperialismo romano implicaba la acepta-
tificar a los aborígenes itálicos con griegos venidos de Acadia en ción forzosa de la romanidad o, en su caso, la destrucción de los
épocas anteriores a la guerra de Troya (se trataba de borrar toda pueblos que no la aceptaran. La famosa «humanitas» 129 practica-
evidencia que ligara la naturaleza de los romanos con los da por los romanos conlleva esta idea.
etruscos). Con esta tesis emprende su confirmación «empírica» y En el siglo I a.C. es notorio, nos dice Dubuisson, 130 que a
«encuentra» que en las genealogías, etimologías y testimonios pesar de que los maestros griegos en Roma tenían una cualidad
de algunos rituales romanos hay evidencia del carácter y, por lo inferior que el romano, pues eran esclavos o libertos, la lengua
tanto, precedentes gnegos. De esta forma Denis convierte a los griega era importantísima en el aprendizaje de las clases _altas,
romanos en depositarios y herederos directos de la cultura grie- ya que se enseñaba a los niños como pr:imera lengua. Nodnzas !
ga. Otra forma de unir a ambos pueblos en antecedentes únicos pedagogos eran griegos; además había otra razón de orden teo-
fue interrelac.ionando sus relatos de orígenes. Como puede ver- rico que imponía la enseñanza del griego: los romanos asumían
~e,_las Antzguedades de Denis se alejan de la historia política de que los griegos h¡¡bían venido antes que ellos. La gramática lati-
l 01Jb10, Dems de Halicarnaso combina géneros y estilos buscan- na habfasido elaborada a partir de la griega, parecía, pues, nor-
do a la vez placer y utilidad. mal, siempre empezar por el comienzo.
Cicerón y Varrón apoyarán la tesis de Denis, y con ellos el Pese a esto, los romanos vivían la «excelencia» de su cultu-
desplaz~miento_ llega a su fin. Roma, como ciudad, no será juz- ra. Hartog afirma que la invención de Roma por los intelectuales
gad~ mas a partir de Grecia, más bien las ciudades griegas serán era la confirmación de que la polis más acabada y perfecta era
medidas desde Roma, que se percibe como el «cumplimiento» ella, aun frente a Atenas, la mejor ciudad griega. Polibio la había
de lo que debe ser la ciudad más acabada. De esta manera se inventado como historiador, Estrabón c-0>mo geógrafo, Denis como
concluía que los romanos eran griegos. Pero esta «helenización» arqueólogo y Elio Arístides como rétor. 131
de Roma había conllevado la romanización de la ciudad griega. Así es como el binomio romanO'·no romano desplazará al
Virgilio decía que los verdaderos fundadores de Roma no eran de griego-bárbaro. Y en una nueva reelaboración espacial será
ni griegos ni etruscos, sino troyanos, a lo que Denis replicaba: romano, inclusive, aquél que nunca haya pisado Roma. La roma-
seguramente «no son etruscos, porque son griegos, hijos de grie- nidad puede estar descentrada, se puede ser plenamente romano
zos y sz fueran troyanos también serían griegos». 128 y vivir en Hispania o en Africa. La ciudadanía romana habría
Más que ver el nacimiento de una identidad independien- 129 Paul Veyne, (<Humanistas. Los romanos y los demás». En Giardina,
te, la romana, se asiste al convencimiento de los romanos de que
Andrea, El Hombre romano, Madrid, Alianza 1991, pp. 397-ss. La palabra
las pnmeras marcas del conocimiento SJn griegas (esto era re- humanitas designará a quienes sean dignos de la cualidad de humano. Y esto
conocer que «la cultura» había nacido ert Greda), y que ellos, los significaba no ser ni bárbaro, ni inculto, ni inhumano, es cultura literaria, vir-
romanos, eran los naturales depositarios y herederos de esa cultu- tud humana, estado de civilización, en muchas ocasiones traduce a la palabra
ra. Este convencimiento les era confirmado por su éxito en su ex- paidea.
1;;o Michel Dubuisson en «Le grec a:Rame a l'époque de Cicéron.

Extension et qualité du ... op. dt., p. 196.


ns Fran~ois Hartog, Mémoire d' ... op. cit., p. 200. 131 Fran<;ois Hartog, Mémoire d', .. op. cit., p. 208.

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venido a romper la visión angosta de la primera greicidad de las métodos de investigación. Lo que queremos señalar es que la
pequeñas polei griegas. Por desplazamiento, Roma podía estar verdad de Herodoto no tiene que ver con la noción de verdad de
en todas partes y eso volvía evanescente su «esencia», ya que nuestra sociedad. La verdad a través de la historia no es una.
estar en todas partes implica no estar efectivamente en ninguna. Cada sociedad tiene su concepto de verdad que es coherente sólo
El desvanecimiento de las fronteras que había marcado en forma al interior de sí misma.
tan abstracta Homero, que delimitaría de otra forma Herodoto Dicho con palabras de Paul Veyne, 134 las teorías de Einstein
y que en tiempos alejandrinos se buscó en lo concreto del peri'. . son verdaderas ante nuestros ojos, para nuestra sociedad, que
plo, se había ido dilatando con la oikoumene y la ciudadanía ro- ha construido un determinado programa de verdad: el de la físi-
mana .. El cristianismo, en su momento, elevaría la «verdadera» ca deductiva y cuántica, pero si estuviéramos en la Grecia
ciudadanía a nivel celestial. Pero en algo no hubo cambios: occi- homérica, la Iliada no sería menos verdadera en su programa de
dente, desde los griegos hasta muy recientemente, no creó una verdad mítica. Lo que Paul Veyne quiere decir es que no hay ob-
manera de darle su lugar al otro, ni siquiera permitió asignarle jeto que en sí mismo sea creíble o increíble, sino que son las so-
un lugar, lo que hizo fue hablar siempre en su lugar. 132 . ciedades específicas y sus criterios de verdad los que lo hacen
verosímiles o no. Nada es real o ficticio en sí mismo. Entre una
Los CRITERIOS DE VERDAD y LAS FORMAS DE ARGUMENTAR LA HISTORIA realidad y una ficción la diferencia no es objetiva. Poner nuestra
Se había pensado que la verdad era una experiencia absoluta e verdad en el centro del universo revela sólo un etnocentrismo y
igual para toda la humanidad. Por eso uno se refería siempre a la una intolerancia propia de nuestra cultura hacia la alteridad, en
verdad en singular. Michel Foucault y Paul Veyne, entre los histo- este caso las culturas del pasado.
riadores, han venido a problematizar esta cuestión: «la verdad, La historia decimonónica, que nace como «ciencia de la his-
lejos de ser la experiencia realista más simple es la más histórica toria», fincó las pretensiones de verdad de su disciplina en que
de todas» .133 se hacía sobre fuentes o documentos, ya fueran de primera o de se-
La historia de la ciencia histórica no es la del descubrimien- gunda mano. La primera distinc_ión que salta a la vista, frente a
to del método correcto, cada sociedad elabora una forma, la suya, los historiadores grecolatinos, es que ellos nunca pretendieron
de pensar su verdad y ésta es coherente únicamente al interior tal cosa. Un historiador antiguo no cita jamás sus fuentes, y si lo
de cada sociedad. No podemos pensar que tal cultura ern «inge- hace es muyiaramente. Además, si esto último ocurre es porra-
nuq», «irreflexiva» o «irracional», sin que estemos.aplicando cri- zones muy alejadas de las nuestras. La historiografía positivista
terios etnocentristas, pues ponemos nuestra ciencia en la cúspide «descubre» el acontecimiento, 135 el hecho histórico lo deduce de
y todo lo demás parecería como el camino que la humanidad ha los.documentos. No es este el espacio para mostrar que todo era
recorrido para llegar a ella. Esto era lo que se venía haciendo: más complicado de lo que los historiadores positivistas pensa-
Herodoto era el «padre» de la disciplina, él se encontraba en los ban, pues desde Nietzsche, luego Max Weber y más recientemente
o~ígenes, su verdad era una verdad muy ingenua, misma que se Raymond Aron sabemos que los hechos no están dados, no están
ma perfecc10nando por el descubrimiento de mejores técnicas y ahí para que el historiador los descubra, son construidos. En este
132 siglo se ha planteado toda la complejidad de la narratividad en
Norma Durán, «La identidad como negaci_{)g_del ()tro: las memorias
de los griegos)>, en Historia y Graff-a No. 11, México Ú:niVé~Sidad "Iberoamerica- '" Tbid., p. 33.
na, 1998. p 177. Parafraseamos una dta de Levinas tomada del lib~o de Hartog. Norma Durán, Historiografía General. Antologías Universitarias, Méxi~
135
133
Paul Veyne, Les grecs, ont-ils cru en ... op, cit., p. 11. co, Universidad Iberoamericana, 1996, pp. 141-143.

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la historia. Ahora se han hecho estudios que siguen la construc- de ahí que é~ta sólo ocurra entre los colegas de la misma. No hay una
ción de la oración narrativa y de la aprehensión del tiempo.''' historia profesional que sea para todo público. Lo que sí hay es
La pnmera de las distinciones es que para el historiador una publicitación que puede estar destinada a todo público, pero
antiguo los hechos están aht no hay que «descubrirlos» o «re- ésta no tiene que ver con lo que el historiador o cualquier científi-
crearlos» mediante una cuidadosa reconstrucción sobre los do- co escribe para sus colegas.
cumentos; los historiadores antiguos, empezando por Herodoto, Otra cuestión es que un historiador en Grecia y en Roma es-
:ebtan lo que ellos han visto directamente, este es un primer cri- cribe o hace la tradición. Después de Herodóto, Tucídides pensaba
reno. Pero, desde luego, no todo lo pueden ver, y es entonces que sólo era posible escribir historia del presente, de lo presenciado,
cuando se hacen contar los hechos. Herodoto viaja en busca de por lo que si una época no había tenido su historiador, ésta estaba
relatos _Y recopila relatos, mismos que ya contienen formas pre- perdida para siempre. Por eso se pensaba que los historiadores
rnncehdas de la acción. La vista será considerada como primer hacían la tradición,.y como ésta se acepta íntegramente o se niega.
entena de verdad y lo escuchado de buena fuente, como segun- Negar o impugnar a un historiador era cuestionar su autoridad,
do. Lo importante es que ellos preguntan por los hechos, ellos no era impugnar sus fuentes o parcialmente sus razonamientos,
no los descubren ni los construyen. Para griegos y romanos los era rechazarlo completamente, en bloque, como se acepta o se re-
hechos están ahí, no son cuestionados en su existencia. chaza la ortodoxia. He ahí la razón de por qué los historiadores se
En cuanto a lo visto, que es el criterio más fiel, todo es más copiaban unos a otros, ellos copiaban la tradición y ésta se acepta-
complejo de lo que parece, pues las percepciones visuales son ba ono.
eso, percepciones, y se encuentran acotadas por el lenguaje y la La historiografía antigua no tuvo el sentido crítico para
cultura, no existe manera de comunicarlas si no es a través del diferenciar que una cosa es la tradición y otra los elementos que
lenguaje, y éste no es la percepción misma. Por otro lado, los la conforman: fuentes, leyendas, recuerdos, etcétera, y que pue-
relatos también tienen una estructura lingüística previa, misma den ser cuestionados.
que Herodoto no cambiará sino para hacerlos entrar en una tra- Veyne137 dice que un historiador no cita sus autoridades
ma más amplia que es la de sus propias Historias. . porque él mismo se siente como una autoridad en potencia. Su-
El oficio de historiador en la antigüedad es más parecido giere que el nacimiento del programa de verdad, en donde la
al de un corresponsal o a un periodista de la actualidad. Este historia es una especie de vulgata, viene del respeto que los his-
busca primero estar en el acontecimiento para presenciarlo y toriadores sienten por la tradición que les transmiten sus prede-
poderlo relatar o analizar, pero si no lo presenció, tratará de in" cesores, esto podría explicarse, dice, porque en Grecia la historia
formarse con los testigos más próximos. Él comunica objetiva- nace de la encuesta y no de la controversia como la nuestra (jus-
mente la información recabada, poniéndole muy poco de su parte, tamente la palabra historia significa encuesta). Per!?, nos dirá
en aras de la misma objetividad. El historiador en la antigüedad Tucídides, un buen historiador no recoge ciegamente todas las
escribía para todo público, fuera o no fuera historiador. En la tradiciones, escoge y elige las más verosímiles. Tucídides sólo
actualidad, la dificultad de todas las discipliií.'ás &s su difusión, escribirá aquéllas que tiene por ciertas. Por esta razón desacredi-
ta a Herodoto, quien transmite indiscriminadamente todos sus
136
, Cfr. una breve introducción a esta problemática que trata a los auto~
• relatos e incluso los superpone. Herodoto por su parte dirá,« ... y
res. mas importantes de la temática en Alfonso Mendiola, Norma Durán y
Gml,lermo Zermeño, Metodología III. Historia y narración, México, Universidad
Autonoma Metropolitana, 1995.
137
Paul Veyne, Les grecs ... op.cit., p. 22.

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si yo me veo en el deber de referir lo que se cuenta, no me siento En el siglo v a.C. coexisten varias formas de pensamie~to.
obligado a creérmelo todo a rajatabla (y que esta.afirmación Por un lado, permanece un tipo de conocimiento que se valida
, ¡ . se
ap 1ique a a totalidad de mi obra)»,Bs por la revelación,139 este saber, que para nosotros es margmaL no
Un primer criterio que los historiadores de la antigüédad es un discurso de la ciudad, ya que pretende tener conocimien-
tendrán para cuestionar lo relatado por otros es lo que Vey tos generales o universales dados por revelación. Los saberes que
llama <loe.trina de las cosas actuales: el pasado es parecido al p:~ no se confrontan no son saberes públicos, se validan de otra for-
sente o, si se prefiere, lo maravilloso no existe. Nadie, ni histo- ma. Las religiones mistéricas constituyen una especie de verdad
riadores tan variados como Pausanias (o en la era cristiana com ' universal adquirida por medio de rituales iniciátk~s, es decir,
san Agustín o hasta Bossuet), dudará de la historicidad de Teseoº son un saber obtenido no por reflexión o constatac10n smo por
lo que sí harán es quitarle lo inverosímil al personaje; Teseo e¡ someterse a un tipo de bautismo o iniciación. En la antigüedad
como cualqmer rey de los que tienen frente a ellos. El griego los cultos mistéricos representan la permanencia de un pensarmen-
nunca rechazará un relato en su totalidad, ya que no se puede to ordenador mágico- ligado a la forma de comunicación que de-
hablar de nada y para nada; por lo tanto, hay que reencontrarles . nominamos «mítica».
a las historias su fondo de verdad, La ciudad ha elaborado otro tipo de saberes que reflejan su
Herodoto, por ejemplo, no indaga directamente sobre los propia constitución isonómica. La ciencia -o filosofía-, por ejem-
dioses, pues tiene m~y claro que esas historias están temporal- plo, es un conocimiento que se publicita,, no se esconde. S~ exp~-
mente muy leios de el, no cuestiona su existencia, únicamente ne para validarse en el ágora o plaza pubhca'. y esta validac10n
su capacidad para conocerlas. Asimismo, si alguna historia le es discursiva y argumentativa. Es un conocimiento que pre_ten~e
es rela.tada_por alguien y le sirve para explicar lo que pretende, ser universal busca elevarse a lo general y desarrolla med10s lo-
la utiliza sm escandalizarse, finalmente él es un devoto no es gicos de ctero'ostración de la universalidad de las situadon_es que
ningún hereje, por lo que no es de extrañarse que en su ~bra se expone. Es un discurso unívoco que sosl~ya cualqmer l!po de
menc10nen oráculos, adivinaciones, etcétera. Tucídides, en cam- ambigüedad. . .
b10: no echa mano de estos relatos pues su finalidad es una his- La historia, por su parte, no es un saber m revelad~ '.'1 pre-
toria pragmática, útil a la ciudad en sus decisiones políticas a tende ser ciencia de 'lo general. La historia pretende leg1hmar_se
futuro.
como un discurso verídico y de la ciudad, por lo tanto es un dis-
. , , En consecuencia,_ el discurso histórico nace con una pre- curso público que se confronta a la opinión de los demá~. Sin
tens10n de verdad distmta de la de otros discursos anteriores embargo, no es un discurso universal, ~nte todo las Historias, se
p~es ':sta validación la da la persona que escribe la historia: eÍ presentan como un discurso de lo _parhc?lar. El histonador m-
h1stonador. Descubrir cómo se hace creer en el discurso históri- vestiga, indaga, pero no busca la umversahdad. Herodoto no pre-
co, ünplica conocer los criterios con que éste se presenta como tende, como Tucídides, construir un tesoro Pª;ª todos, o que
un_ discurso que habla de lo cierto, de lo real. Como hemos vist¿, permitiera «ver claro los eventos del pasado». El no busca ele-
las formas de validar la historia en Grecia y en Roma son fun- varse de lo singular a lo general, ni pasar d~ lo q~e se reahza una
damentalmente distintas a como nosotros validamos nuestra dis- vez a lo que se realiza necesariamente. La historia es un discurso
ciplina;

138
· 139Cfr. Marcel Detienne, Los maestros de verdad ... op. cit., p. 146. Ejemplos
Herodoto, Historia, Libro vrr, pp. 152~3. _ de estos saberes son las religiones mi~téricas.

130 131

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específico de la poíis, como tal reproduce las prácticas testimo- Para Herodoto, el juicio de opinión 141 es más importante
niales de ella, busca un Jugar propio que no es ni el de las reli- que el juicio de verdad, ya que éste pertenece a los dioses. Ade-
2:iones mistéricas ni el de la ciencia. más, hay que recordar que fu.e hasta el siglo IV a.C. cuando se
" Herodoto no pretende la aletheia (verdad) propia de los dio- fijaron los razonamientos lógicos aristotélicos, por tanto en el
ses; ese saber total, omnímodo y omnisciente, no es el que busca. período anterior; Herodoto no tiene a la mano el instrumental
Tampoco la aletheia de la ciencia pues ésta presupone universali- para pretender «verdades aristotélicas». Entonces su saber, lejos
dad, él modestamente busca legitimarse en la doxa (opinión), sa- de postularse universal o verdadero, pretende ser un saber de lo
ber que se indaga y se constata (mediante la opsis y la okoe), pero particular, el historiador no puede pretender descubrir la
que siempre está abierto a ser rectificado por los oyentes, a quie- causalidad divina, él trabaja sobre tiempo humano y con
nes se les invita a dar su opinión. constataciones sensibles.
Sobre la afirmación anterior hay dos posturas que mere- Al dar a su palabra el mismo rol de opinión que al de sus
cen mencionarse. ¿Cuál es la calidad del conocimiento que pro- otros informantes, Herodoto deja abierta la obra, invitando al
duce la doxa? Y ¿qué grado de verdad alcanza? Seguimos a dos lector a dar también su opinión. Para Darbo-Peschanski ninguna
especialistas del tema: Catherine Darbo Peschanski y Paul de sus opiniones es recurso a priori de verdad. La coherencia de
Veyne.14° U, primera concluye que la historia no es un discurso las Historias no descansa en la creencia de que den un discurso
que tenga como finalidad lo que nuestra sociedad concibe como verdadero absoluto. Su. legitimidad, su coherencia, su verdad pro-
verdad; tampoco busca ni la aletheia de los dioses, ni la de la viene de ese otro recurso que es la doxa y ésta no excluye la di-
filosofía. Doxa juega un rol esencial en la inve_stigación pero no versidad, no implica un discurso único, sino que fomenta la
el de guiar hacia la verdad. El historiador no reinvindica el po- discusión y el debate."'
der de decir la verdad, ésta loma la forma de actividad razona- Para Veyne, en cambio, la opinión es la operación implícita
da de colecciones de relatos, pero insiste que su conocimiento del juicio, que en un espíritu. calificado alcanza la verdad. Cada
deriva de doxa y ella es rélativa a los informadores. Darbo- lector no está menos calificado que Herodoto para dar un paso
Peschanksi sostiene que Herodoto tiene muy claro que la ver- más hacia la «verdadera verdad». 143 Para él la tarea de Herodoto
dad -aletheia- pertenece sólo a los dioses, las musas revelan un sí aspira a la verdad ya que su labor es seleccionar material, es-
saber infalible al cual él no aspira. Herodoto averigua, investi- coger testimonios, informantes, no los junta o colecciona
ga, no pretende obtener información por revelación. Para él, aleatoriamente. Su obra va más allá de esto, y es precisamente
saber es estar bien informado por los testigos más confiables: por ser anterior a la epistemología platónica y aristotélica que
su persona, que constata visualmente lo que afirma y emite su sostiene una «verdad verdad».
opinión, y después quién vio y quién oyó de primera, segunda, Sea que las Historias de Herodoto estén más del lado de la
tercera mano ... La verdad a la que puede aspirar es -orthotes, opinión o que ésta sea la forma de verdad que se buscaba alcanzar
atrekeia- una verdad limitada, es la que puede alcanzar el ser
humano, finito, mortal y por eso parcial y relativa:. 141 C. Daxbo-Peschanski, Le discours du ... op. cit., pp. 127-163. Ella no

descarta toda la racionalidad que irnpliéa el juicio de opinión; distingue al


menos tres tipos de razonamiento: semiológkos, analógicos e hipotéticos-
140
Paul Veyne, «Entre el mito y la historia o las limitaciones de la razón deductivos. ·
griega)>. en Diógenes, México, UNAM, 1981. C. Darbo._Peschanski, Le discours 2
" Ibíd.,. p. 184.
du ... op. cit., pp. 164-188. 143
!bid., ver prólogo de Paul Veyne, p. 10.

132 133
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

en esta época, ambas son cuestiones que no tienen que ver con el aedos y poetas, ellos contemplan otro tipo de visión: lo invisible,
tipo de verdad que buscaba la historia científica. La principal ra- el ensueño, un tipo de memoria revelada. Herodoto deja muy cla-
zón sería que el historiador no consulta fuentes para rehacer o ro que su visión no tiene que ver con la de los poetas, su visión es
constituir los hechos históricos.'" La historia tampoco la validaba una visión sensible. Él piens.a que describir es ver y hacer ver. Lo
una comunidad de profesionales de la historia, ni había una insti- que autoriza la des,ripción es el ojo del narrador, como si el-ojo
tución que la cobijara, dictara sus reglas y sus procedimientos. La hablara y dijera lo que ve; es el testimonio visual el que produce
historia era un discurso que se consensaba entre todos los ciudada- el efecto de persuasión, el que da la certeza de que lo visto es
nos y cualquiera que tuviera buena pluma podía escribir historia. verdadero. .
En cuanto a los criterios de verificabilidad, en el mundo El testimonio visual condiciona a un tipo de historia: a la
antiguo los sentidos fueron un elemento fundamental en la epis- historia contemporánea, pero Herodoto no se suscribe .exclusi-
temología. Desde los filósofos jonios hasta Aristóteles, la vista - vamente a eUa, por eso acude al yo oí: akoe (oído), éste es quien
autopsia- fue considerada como herramienta privilegiada de puede dar un relato de· las acciones de los pueblos y de los hom-
conocimiento. La historia como discurso de Jo real-particular se bres en el pasado. El «yo oí» testimonia lo que otro vio, significa:
legitimará por medio del ver y el oír. «me he informado con personas que dicen haber visto» y conlle-
En la historia de Herodoto saber no es elaborar la verdad va menos compromiso. El informarse con personas que dicen
sino estar bien informado. El historiador para saber indaga e in- haber visto, no es una observación directa y puede multiplicar al
vestiga. Los testimonios sobre los que escribe son ciertos por ha- infinito el número de intermediarios. El que menos certeza ofre-
berlos visto directamente o por haberlos oído por boca de alguien ce es el: «se dice que ... » Hay toda una serie de niveles de verosi-
que los vio. militud en estos testimonios. Darbo-Peschanski 146 nos dice que
La vista, primordialmente, (y después el oído) es la expe- hay un predominio de lo grupal sobre lo individual, del grado
riencia que fundamenta el saber histórico; ella aporta los datos de relación que el informante tiene con los griegos, de la credi-
primarios con los que el historiador organizará su discurso. Por lo bilidad que ofrece un pueblo más antiguo, como los egipcios, sobre
tanto, el lenguaje es el que posibilita decir lo que se ve. La mirada la credibilidad de los pueblos «jóvenes» (escitas), etcétera. Para
es histórica y está subordinada a lo dicible, lo que llamaría Hartog Tucídides no existe más que la historia presente, pues atender al
estructura o coerciones de la lengua y que se adivina en las mar- informador oral implica dejarse llevar por el embrujo de la pala-
cas de enunciación. Ellos son los criterios de verificabilidad, y bra y ésta no es confiable, por eso calificará a Herodoto de men-
Hartog145 encuentra cuatro: yo ví, yo oí, yo digo, y yo escribo. tiroso, y de mitógrafo. La palabra «mito», desde la perspectiva
El primero, la vista, aporta la experiencia directa del na- de Tucídides, significa ahora lo no creíble, lo que no se ha visto
rrador. Aunque opsis significa visión, es también utilizada por por uno mismo. Lo visto por el narrador certifica una narración
que será útil a la ciudad, pues supone una historia que puede
144 Para Momigliano ésa había sido la principal distinción con respecto repetir los mismos errores. Tucídides, inversamente a Herodoto,
de los historiadores modernos: la confusión entre fuentes de primera y segun- está comprometido con la escritura. El mundo de Herodoto, poco
da II).atto. Sin embargo vemos que el concepto de fuentes es ajeno completa- más de una generación anterior, contemplaba un mundo en ple-
mente a griegos y romanos., por lo tanto es una cuest~ón._!3:j_ena y desconocida
para los historiadores antiguos. .- ·· ·
no mestizaje entre la oralidad y la escritura. La obra de Herodoto
145 Frarn;ois Hartog, Le miroir d' ... op. cit., toda la segunda p_arte del li-
146
bro lo trata_ Ynosotros lo seguimos. C. Darbo-Peschanski, Le discours du ... op. cit., pp. 95-ss.

134 135
FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

revela la oralidad. Por la circularidad que presenta aparece como existen libros, Herodoto sabrá porque los sabios egipcios le dicen
un diálogo abierto. Efectivamente, las Historias eran más que leí- de lo que hablan sus inscripciones y papiros, es decir, él se infor-
das/ oídas en voz alta por un auditório que podía finalmente ma de quien «sabe decir» esos papiros. Herodoto nunca dirá sa-
opi:nar, ber por la escritura. Siguiendo a Hartog'" no podemos adscribirle
¿Por qué fincar toda una práctica de investigación en los a Herodoto, ni siquiera cuando habla y escribe sobre de Egipto,
testimonios visuales u orales? Herodoto no se sale de su tiempo. un saber por la escritura. El saber archivístico o documental es
El derecho ha evolucionado, las prácticas exclusivamente viable hasta el siglo XIX. Serán necesarios siglos de cultura
ordálicas ya no son las que imperan. Los testigos, las pruebas, escriturística y la necesidad de fincar los orígenes de los estados
los juicios, los testimonios tienen ya gran peso en la polis, por modernos para concebir una historia que se construya con docu-
ende, los logoi, en las Historias reflejan estas prácticas y cambios. mentos. Del saber por haber visto y por haber oído al saber por
Tienen el mismo valor de testimonio, entendido como práctica haber leído hay muchos siglos.
judiciaria. El testigo es todo un instrumento que valida o no la prác- La tercera marca de enunciación es el yo digo. El decir yo
iica jurídica y la histórica. Herodoto utiliza lo que tiene a la mano vi, no implica, para la sociedad actual, el acceso exclusivo o úni-
para fundamentar su nuevo saber. co a lo real y verdadero, pero en el mundo griego la historia sí se
La escritura pesa en las Historias de manera distinta. La fundamenta en lo visible y lo invisible a la mirada. Sabemos sin
obra se escribe precisamente para que no se olviden las obras de embargo que hay una serie de mediaciones en la operación del
griegos y bárbaros: ver al decir, y más aún en la cuarta marca de enunciación: «yo
escribo». ¿Qué de lo visible es dicible y más aún escribible? Para
Esta es la exposición del resultado de las investigaciones Hartog es esto lo que está en cuestión: veo, digo, digo lo que veo,
(historiai en griego) de Herodoto de Halicarnaso, para evitar veo lo que puedo decir, digo lo que puedo escribir. Lo central son
que, con el tiempo, los hechos humanos queden en el olvido y que los recursos comunicativos del lenguaje y éstos se fabrican según
las notables y singulares empresas realizadas, respectivamente, las específicas percepciones sociales. El orden del discurso es el
por griegos y bárbaros -y, en especial, el motivo de su mutuo orden de la lengua: «el espacio [y el poder, dirá después] se orien-
enfrentamiento- queden sin realce. 147 ta culturalmente ... es un espacio de la.lengua ... la lengua hace la
descripción ... funciona como modeladora del espacio, entre el
La historia por lo tanto, no es un saber que se fundamente orden de las palabras y el ordenamiento de los pueblos y de los
en la escritura, aunque su función testimonial finalmente será lugares, la lengua hace al espacio». 149 En el caso griego es un es-
fijar las cosas por escrito. No obstante, una cosa sería fijar las pacio comunicativo isonómico y etnocentrista, por lo tanto los
cosas por escrito para que no se olviden y otra elaborar un saber relatos están fabricados como una retórica de la alteridad en las
a partir de la escritura, queda pues claro que la historia antigua que el espacio de los relatos se dan como representación del
no se hace desde la escritura, Herodoto puede me11cio11ar en su obra mundo y el historiador diseña las figuras, hacer ver, hacer sa-
tal o cual inscripción, sin embargo, sabe qúé éstas pueden men- ber ... Las Historias de Herodoto revelan un código del poder y
tir, la evidencia más contundente para el historiador antiguo es del espacio, construido por medio del lenguaje que guarda toda
la vista. Incluso en el libro n que habla de Egipto, país en el que
143 Frarn;ois Hartog, Le miroir ... op. cit., p. 291 y ss.
147
Herodoto. Historias, op. cit., p. 85. '" )bid., p. 354-355.

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FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

una retórica y contiene el saber compartido, perdido para noso- con lo que cara.eteriza a lo griego. La descripción generalmente
tros. El historiador para descifrarlo trabaja al revés: parte de un habla sobre la carencia de lo descrito. El griego al formularse re-
corpus dado que encierra claves, códigos, saberes compartidos latos construye el mundo de manera narrativa, es decir, lo tradu-
que apuntan y describen «extrañezas», cosas que no sorprenden ce a los lectores. Las descripciones u observaciones del mundo
al griego antiguo, pero sí a un lector moderno. A partir de esas se vuelven verosímiles al utilizarse recursos como la medición,
rarezas Hartog trabaja, tratando de desentrañar la urdimbre' 1o el cálculo, la cuantificación... estos mecanismos aparecen para
que da cuerpo a esos relatos revelando los códigos comunicativos reforzada credibilidad. Frecuentemente Herodoto calcula dis-
de la sociedad antigua. tancias en medidas griegas (estadios), en jornadas de camino o
Resumiendo, los criterios de verificabilidad con que se fun- de navegación a remo. En la descripción se utiHza mucho el re-
damentan las Historias de Herodoto son: la vista y el oído. La curso de las analogías Ó paralelos, que es una forma de hacer
primera circunscribe a una historia contemporánea o reciente con ver, como si uno estuviera en el lugar. Decir que tal cosa es simi-
la función.específica de «decir» y ser útil a la ciudad. La segunda lar a tal otra, es ponernos frente a lo propio conocido, no frente a
al_arga el discurso histórico en tiempo como en espacio, sin eva- lo otro desconocido.
d1r tampoco la misma función de utilidad ciudadana: traducir la Además de la descripción está la nominación, al decir al
alteridad, L_~s dos crüerios fundamentales nos remiten a un tipo otro se piensa que se le conoce. Esto es muy claro cuando
de producc10n _exclusiva que dio forma a la historiografía anti- Herodoto, por ejemplo, se refiere a los dioses de los otros pue-
gua. Com,ra:at1vamente el espacio que posibilita este tipo de dis- blos: frecuentemente leemos que tal dios extranjero es determi-
curso sera.diferente a otros espacios que construyen un discurso nado dios griego, con este mecanismo familiariza la deidad del
histórico. La continuidad de éste es perceptible en el mundo ro- otro pueblo, la vuelve una deidad conocida. Hacer una clasifica-
mano, donde veremos continuidades y rupturas. Estas últimas ción del panteón ajeno es realizarla en el propio. Siempre se par-
serán más evidentes con la cristianización del imperio romano, te de lo griego, por tanto el panteón de referencia o la unidad
pues los espacios comunicativos sufrirán una transformación para ver al otro, es lo griego. Con esta traducción se impone a la
ra~ical. al desvanecerse la vida urbana, esto desde luego, será alteridad toda una urdimbre con la cual se descifra y se constru-
mas evidente en la parte occidental. ye al otro.
Para completar este apartado analizaremos brevemente los Otras formas de descripción son la inversión y la simetría,
mecanismos explicativos que Herodoto y, en general, los hombres procedimientos que actuan de manera analógica y contraria. La
que escriben historias en la antigüedad utilizan para nombrar la simetría funciona en Herodoto al describir los espacios. Su
alteridad, en otras palabras, para «conocer» o nombrar al otro.'" oikoumene, por ejemplo, es simétrica e inversa. Herodoto piensa
Desde luego, no existe una unificación en los modelos de estas la tierra como un disco plano sobre el cual el sol describe un arco.
miradas y se pueden apreciar matices y cambios en la considera- Lo que existe al norte existe al sur, pero de forma contraria. Ex-
ción de éstas a través del tiempo. El primer mecanismo es la des- plicamos: en ambas partes existe un gran río, en el norte sería el
cripción. Describir es volver visible, hacer ver. Esto, hemos dicho, Istros (Danubio) y en el sur el Nilo. El Mediterráneo funcionaría
se hace por medio del ojo y el oído. En la descripción se señalan como un ecuador, es decir, explicaría las cualidades de inversión:
los rasgos que se quieren hacer ver, rasgos 9ue tienen que ver en el norte el clima es frío, al sur es caliente. Esto produce efectos
inversos en los pueblos que habitan estas regiones. Si en el norte
150
Franc;Ois Hartog, Mémoire d'Ulisse ... op. cit. y Miroir d"Herodote, op. cit. están los escitas, en el sur están los egipcios. El norte es joven,

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FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

nuevo e ignorante; ei sur es añtiguo y sabio. Esta antigüedad los Si la de¡;cripción, la analogía (simétrica e inversa), la nomi-
lieva a pensar a los egipcios como inventores. De esta forma po- nación, los conceptos de mezcla y centralidad han sido funda-
demos ver la trama tan complicada que liga los razonamientos mentales en las formas de explicación de los historiadores grie';:os,
dei griego y cómo funciona la analogía como método de inven- también serán aplicadas invariablemente a phusis y nomoi (natu-
ción y mecanismo de explicación. raleza, leyes y costumbres) de los pueblos observados. Con to-
La excelencia propia, lo griego, se explica por una dos estos mecanismos conceptuales el historiador de la
geometrización del pensamiento que privilegia el centro. antigüedad escribirá .sobre los espacios geográficos, géneros de
Espacialmente hablando, Grecia ocupa el centro de la oikoumene vida, maneras de ser, costumbres, maravillas, ritos, sacrificios,
cuestión que también sugier.e la excelencia de los nomoi, costum'. costumbres sexuales, etcétera. Siempre desde la única unidad con-
bres y leyes griegas (y luego romanas). Su colocación espacial cebible para ellos, lo griego, después la romanidad.
como «ombligo del mundo», así como la centralidad de sus nomoi
le otorgaba por antonomasia, el criterio de lo plenamente huma'. HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA
no. Ciertamente, a través de la historia, les fueron reivindicadas En este inciso queremos plantear si es válido hablar de historio-
algunas formas de excelencia a los pueblos de los confines. Los grafía grecorromana. Dicho de otra forma, ¿son generalizables
cínicos, por ejemplo, alabaron sus formas sencillas de vida, su las características de la historiografía griega con la escritura de
dietética, pero fue más común la seguridad de la excelencia del la historia realizad.a en la Roma republicana o en la imperial?
centro. Si escitas y egipcios fueron el paradigma perfecto de los La primera respuesta sería no, pues cada espacio social, cada
extremos opuestos (por simetría antitética absoluta), en el nú- etapa histórica no puede ser sino fiel a sí mismo. Sin embargo,
cleo central, la naturaleza no es ni completamente fría como con desde esta premisa casi no podríamos hablar de nada. El historia-
los escitas, ni tan calurosa como la de los egipcios, Grecia tiene dor necesita hacer seguimientos y ver dónde ocurren rupturas.
un clima templado. La larga duración de la cualidad de Ambas, continuidades y rupturas, son absolutamente artificiales,
centralidad, tan importante para Grecia, será traspasada a Roma no fueron pensadas así cuando ocurrían. Sobre todo porque nuestra
Y_ luego a Europa. El centro no sólo ha cambiado de posición, posición es la de observar desde el futuro del pasado, y esto pre-
smo que se ha extendido, así como la excelencia que conlleva. cisamente es lo que nos permite hacerlas. La historiografía actual
El concepto de mezcla les permite analizar toda una serie se cuida mucho de las generalizaciones. Ya desde Finley 151 había
de pueblos más, que se acercan o se alejan de la perfección del una reflexión sobre ellas. Se hablaba de generalizaciones concep-
griego. La mezcla es en general un factor favorable, ya que sólo tuales: ¿era posible utilizar las palabras: comercio, clase, imperio,
los pueblos que están en los extremos la rechazan, una dosis equi- democracia, nación, etcétera, para las sociedades antiguas?
librada de ella puede dar buenos resultados. Lá mezcla de cli- La conceptualización de la historia magistra vitae queda
mas con humores dieron combinaciones que facilitaron diversas plenamente formulada con Cicerón, aunque hemos dicho que él
explicaciones del carácter y temperamentq delos pueblos. Este no es el creador, pues la función utilitaria de la historia está ex-
concepto tendría una larga historia y se utilizará como factor plícitamente expresada desde Tucídides. En ese sentído sí pode-
explicativo de ciertas cuestiones como la justificación y defensa mos hablar de toda una continuidad del discurso histórico griego
d_e la excelencia asiática de Jonia (recuérdese que los griegos opu- y romano, inclusive con el medieval y el del renacimiento.
s1ernn Asia como paradigma de la barbarie, frente a Europa,pa-
rad1gma de lo civilizado). · "'M. l. Finley, Uso y abuso dela historia, Barcelona, Crítica, 1984, pp. 91-113.

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FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

Reinhart Koselleck 152 analiza esta cuestión y ve como la historia, en Roma fue lª civitas. Todo se hace por y con relación a ella. El
desde su nacimiento hasta el siglo xvm, tuvo una función emi- censo romano sirve para dar un lugar específico a cada ciudada-
nentemente didáctica, se pensaba la historia como una especie no; el acceso a puestos y a magistraturas se otorga con relación a
de receptáculo de múltiples experiencias ajenas, las cuales po- quien paga más impuestos a la ciudad: quien más le da, más me-
díamos hacerlas nuestras al estudiarlas. Dicho de otra forma, la rece. Esto se realiza contabilizando las propiedades y el peculio
historia nos liberaba de repetir las consecuencias del pasado y de los ciudadanos, quien más tiene, más paga. En la sociedad
no incurrir en la mismas faltas anteriores. 153 Fue la Revolución romana no se da el deseo de evadir los impuestos, pueslo que se
Francesa la que vino a romper la evidencia de este régimen de busca es status, no fortuna. La riqueza está justificada pues sirve
historicidad, del que hemos hablado en otra parte. 154 a la ciudad, otorga un alto status a quienes la poseen, pero no es
Tanto para el griego como para el romano, escribir historia un fin último; es el acceso a los puestos, al senado y a las magis-
no es escribir «lo que verdaderamente sucedió» sino lo que sea traturas. En democracias de tipo geométrico, gobiernan quienes
útil a la ciudad. La historia, además, es el género literario que aportan no sólo su tiempo sino su riqueza y ellos son los ci uda 0

más contribuye a conformar la identidad ciudadana, pues forma danos de primera clase (Nicolet cuenta hasta cinco clases de ciu-
élites; es un ejercicio que todo hombre público debe cultivar, ya dadanía, la última es la plebs quien no tiene bienes materiales). 157
sea leyendo (o escuchando, en lecturas públicas) o escribiendo. Paul Veyne, 158 por su parte, explica que el evergetismo, compro-
La historia es un ejercicio retórico en ambas sociedades. miso de dar «pan y circo a los ciudadanos pobres de las ciudades,
Por otro lado, sabemos que la sociedad romana siempre es una especie de subvención que dan los grandes magistrados ro-
pretendió legitimarse como la sucesora de la cultura griega: manos para su ciudad, era la justificación de la «democracia
«Roma es un pueblo que tuvo por cultura la de otro pueblo, Gre- geométrica».
cia. La voluntad de poder de la clase gobernante romana era tan En cuanto a l¡, fabricación del discurso histórico podemos
fuerte, que se apoderaba de los valores ajenos como si fuera un decir que a partir del siglo m a.C., la forma de hacer historia de
botín, nunca tuvo m.iedo de perder su identidad nacional, ni de griegos y romanos, irá de la mano; pero en tiempos anteriores,
desprenderse de su herencia cultural, no ·fue ni xenófoba ni los romanos aunque muy helenizados, desárrollaron también
integrista». 155 El espacio político también es similar en cuanto a que otras influenciás y una tradición propia para contabilizar el tiem-
ambos se dan una identidad «democratica» .156 En Grecia era la polis, po y formar una especie de records sobre los acontecimientos pa-
sados (anales). Mientras los griegos prefirieron usar la secuencia
152
Reinhart Koselleck, Futuro pasado, Barcelona, Paidós Básica, 1993, generacional para medir el tiempo, para los romanos, pasado y
pp. 41-ss. presente estaban unidos a través de memorias y recuerdos de la
Ibid., p. 42.
153

154 gens y de la familia, ellos fueron una especie de fuentes que inspi-
Ver introducción de este capítulo y también, Hartog, Frarn;ois, <,Le
temps et histoi!e, Comment écrire Yhistoire de France?», en Annales. ESC, op. raban piedad y ofrecían exemplas históricos como estándares de
cit., pp. 1219-1236. conductas corrientes. Estas tradiciones familiares eran verdad.e-
155
Paul Veyne, {{El imperio romano)> en Aries, Philippe y Georges Duby,
157
Historia de.la vida privada. Tomo L Del Imperio Romano al año mil, Madrid, Taurus, Para una Síntesis del libro de Claude Nicolet, cfr. Andrea Giardina,
1988. p.15. El hombre romano, op. cit.,. allí Nicolef expone su tesis de manera muy esque-
156
Sobre todo en cuanto a la referencia de un e~pado de lo público y la mática en el artículo titulado: «El ciudadano».
<<sacralización>> de la ciudad. Cfr. Christian Meler, Intx<fd#Cc.ióri a la ... op. cit., y 158
Paul Veyne, Le pain et le cirque. Sociologie historique d'un pluralisme ·
Claude Nicolet, Le métiere de citoyen dans ... op. cit. politique, París, Seuil, 1976.

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FORMAS DE HACER LA HISTORIA
HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

ros retratos de familia que exaltaban el ego aristócrata. El roma-


no apreciará siempre las recopilaciones de hechos y dichos me- cadas, y que muy pocos los podían consultar. 163 Cubrían, parece,
morabies,159 que en un momento pudieron incluirse en las los años entre el comienzo de la república, en el siglo v a.C. y el
historias por su función didáctica. 160 gran pontificado de Mucius Scaevola (130 a.C.), cuando la redac-
La tradición analística romana fue una especie de contabi- ción fue abolida. Por otro lado, está abierta la discusión sobre el
lidad temporal que regulaba las festividades religiosas; era una tipo de contenido que guardaban, si eran documentos privados o
forma de calendario que contabilizaba los años. Estos anales eran eran públicos, así como sobre la función que tenían. Mientras unos
producidos por grupos sacerdotales, que según su especialidad especialistas se inclinan a pensar que tenían función informativa,
religiosa (ya fueran propiciaciones y ritos agrícolas, procesiones, otros sostienen su función administrativa y algunos más que era
comida, ceremoniales, auspicios, etcétera) se elaboraban en los una especie de código de jurisprudencia sagrada. 164
colegios e instituciones religiosos. 161 Los pontífices supervisaban Según Scheid, 165 este tipo de historiografía era una historia
estos grupos y el sumo sacerdote, el pontífice máximo, compila- dividida, como cortada en rebanadas, una historia de lo inme 0

ba listas maestras de aquellos días en que las leyes sagradas per- diato y del pasado reciente. Los autores serían personajes públi-
mitían negocios y transacciones (días fastos) y señalaban días cos y su historia iría conforme a este contexto. Los individuos
prohibidos (días nefastos). Los antiguos decían que estos anales estaban casi ausentes, eran meros referentes cronológicos. Su
habían inspirado a los primeros historiadores romanos, que imi- causalidad era de alguna forma dada por anticipado, porque to-
taron su estilo frugal, y que estos libros fueron recopiados y am- dos los eventos dependían y testimoniaban la voluntad de los
plificados en 80 libros llamados Annales Maximi. dioses: era una historia de las relaciones de Roma con sus dioses,
Aproximadamente hacia 304 a.C. los records escritos en tabli- Y ellos debían de justificar la acción de las autoridades. Era una
llas de madera eran exhibidos en los regía, supuesto palacio de Numa historia selectiva y no daba cuenta, ni de la actividad legislativa
Pompilio y residencia del pontifex maximus. Los Annales Máximi Y judiciaria del pueblo romano ni de su actividad diplomática.
gradualmente empezaron por incluir los nombres de altos oficiales, Por otra parte, la crónica no explicaba nada, sólo contaba el he-
datos sobre funciones religiosas, muerte de sacerdotes y nombres cho inmediato, cuya causa primera era la cólera o benevolencia
de sus sucesores, notas sobre incendios, inundaciones, hambrunas, divina Estos anales no tenían ni glosas de anticuario ni rasgos de
batallas, leyes y tratados. 162 Sin embargo, es necesario apuntar que gramáticos, tampoco explicaciones etimológicas ni etiológicas y,
estos 80 libros de Annales Maximi parece que nunca fueron publi- menos aún, contaban «mitos» como en la historiografía griega.
Quienes sacaron provecho de ellos probablemente fueron
159
. • . Esta :~pecie de archivos familiares está más cerca de la poesía, es un anticuarios y analistas, ellos descubrieron los fastos de los ma-
hns~o apol?getic~ que se volv:rá a encontrar en la época de Augusto. Cfr. Jean . gistrados de tiempos antiguos, y como cada documento estaba
Mane Andre y Alam Hus, La historia en Roma, Madrid, Siglo XXI, 1983, p. 15.
160 datado, encontraron el recuerdo de calamidades y batallas. Pero
Arnaldo Momigliano, The Classical Foundations of Modern Historio-
gra?hy, Los Angeles, University of California Press, 1999, p. 92. El también se
163
refiere a dos formas de composiciones históricas existéTites. en Roma antes de John _Scheid, «Le temps de la cité et l"histoire des pretes. Des origi-
que se asuma la tradición hÍstoriográfica griega. Est~s ~~~: las canciones de los nes religieuses de l"histoire romaine>>, en Marcel Detienne (comp.), Transcrire
banquetes en honor de los grandes hombres y los anales pontificales. les mythologies, Paris, Albin Michel, 1994, p.149. El escritor Valerius Antias,
161
Ernest Breisach, Historiography. Ancíent, Medieval and lVfodern, que escribía a comienzos del siglo I a.C., habría sido el último en consultarlos
Chicago, University de Chicago Press, 1994, p. 42 antes de que fueran destruidos, probablemehte por un incendio.
'" /bid., p. 43. '" /bid., p. 150.
165
Ibid., pp. 155-6.

144
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FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

desde luego no fueron lo que los .historiadores decimonónicos alguien decidió traducir los anales de Fabius al latín, y ya desde el
hicieron de ellos: verdaderos «archivos» en los que habían traba- siglo H a. C. fue corriente encontrar historiografía de tipo griego
jado para descubrir los eventos pasados. escrita en esta lengua. Para Momigliano, Roma nunca reaccionó
Andréy Hus 166 hablan de una analística romana «laica» ela- espoFttáneamente a su pasado, y siempre se vieron a través de la
borada desde el siglo m a.C., durante la segunda guerra púnica, mirada de los griegos. Los romanos se obsesionaron con la com-
ella.estaba dirigida contra historiadores procartagíneses. El pio- paración con los griegos y con los modelos clásicos. El mejor ejem-
nero de este género «nacionalista» era Fabius Pictor, quien escribía plo de esto son las Vidas Paralelas de Plutarco. Este tipo de biografías
en griego y se remontaba hasta la fundación de Roma. Sin embar- analógicas o paralelas tendría una larga influencia en la historio-
go, esta analística está del lado de la historiografía griega. Fabius grafia medieval.
Pictor escribió en griego, tal vez para evadir la acusación de bar- Los romanos al igual que los griegos no se ataro.n a la no-
barie y, según Momigliano, 167 porque la tradición histórica roma- ción de historia contemporánea, pues ellos también tenían un
na le parecía poco satisfactoria. Además de que el griego era el profundo sentido de la tradición y de la continuidad. Igual que
lenguaje de la historiografía y la lengua en que se conseguía más los griegos, los romanos no fueron críticos con respecto a su pa-
información sobre Roma (Polibio, nuestro historiador griego, ya sado remoto y, aunque cultivaron la historiografía tipo griega,
escribía sobre Roma en la misma época). Los griegos eran los espe- también conservaron la escritura de anales, que continuó con la
cialistas en los «orígenes nacionales». Ellos forrnulaban problemas, tradición de los anales pontificales. Tito Livio habría de ser uno
coleccionaban evidencias, de hecho, tenían un género literario so- de sus mejores representantes.
bre la fundación de las ciudades. Desde el siglo v a.C., los orígenes En otro apartado vimos cómo la mirada de los griegos ha-
de Roma se vuelven una cuestión importante·para los griegos. He- bía seguido cierta categorización que se había establecido desde
lénico168 ya· había hecho un relato sobre Eneas, su arribo a Italia y la época homérica. En su momento hicimos un seguimiento de es-
· la fundación de la ciudad; además en la iconografía de las vasijas; tas categorías, sobre todo las de griego-bárbaro, centro-periferia,
Eneas está ya presente desde el siglo VI a.C. Fabius Pictor 169 toma- humano-menos humano, etcétera. Con el advenimiento de Roma
rá algunos de estos relatos en su obra, evidencia de que la influen- en la escena mundial se dieron serias mutaciones de esa mirada,
cia griega venía a poner orden a la tradición analística romana. que sólo refería lo griego y que era el punto de partida de su ob-
Otros romanos siguieron'a Fabius en su empeño de escribir servación. Desde el siglo rn a. C. el centro de esta mirada ya no
historiografía romana en griego, aunque.pronto Catón demostró está en Grecia, primero se trasladó a Alejandría y después a Roma.
que era posible usar el latín para el mismo fin. Sus Orígenes fueron Subsecuentemente con la dilatación del imperio, Roma se extien-
latinos de lengua, y griegos de espíritu. 170 También en esa época de a cualquier lugar donde haya ciudadanos romanos. Por otra
parte, la unidad con que se «mide» la alteridad y desde donde se
166 Jean Marie André y Alain Hus, La historia en Roma, op, cit., p. 16.
escribe la historia, ahora es Roma. Ya desde Polibio la idea de
167 Arnaldo Momigliano, The Classical Foundatians of Modern ... , pp. 97-9. una historia universal se vuelve viable, pues, según él, la
· 1" Ibid.; p. 101. oikoumene tiene un sólo fin: el dominio de Roma como destino
"' Ernest Breisach, Historiography ... op. cit., p. 46. La obra de Fabius ineluctable de la fortuna. En otro espacio Darbó-Peschanski nos
Pictor· ha llegado a nosotros muy fragmentada, escrib.i~ sobre el pasado de ha demostrado cómo esta fortuna era una nueva forma de impo-
mar¡.éra cronológica año tras año, lo que explica que Cicerón sé refiera a ellas
como anales griegos.
ner aquella diké, que en Herodoto es el factor que estructura sus
'" /bid., p. 106. Historias. Para Polibio, la hegemonía romana es justa, pues la

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FORMAS DE HACER LA HISTORIA HISTORIOGRAFÍA GRECOLATINA

detenta el pueblo que ha demostrado con sus instituciones ir a la sobre todo, la.historia debía de instruir a los ciudadanos en cómo
batuta de la civilización. ser mejores para la república. El concepto de verdad de Cicerón
En la construcción de la identidad romana habían interve- tiene que ver con el de la efectividad de la historia como maestra
nido muchos personajes, entre ellos estaría Polibio, que en su de vida. Para Cicerón: «no existe en Roma la historia que tiene
historia colocará a Roma en el Centro del mundo, cuestión que por fin la verdad, sin descuidar el ornamento literario». 173 Téil fi-
posibilita una Historia Universal, por su función conquistadora nalidad requería que los historiadores escribieran composicio-
y por ser el lugar que organiza la escritura de la historia. El pasa- nes artísticas y no aburridos anales.
do mítico, el de los orígenes, lo había indagado Denis de Halicar- Cicerón se abocó a definir las leyes del género histórico,
naso, quien había «encontrado» los lazos de las tradiciones pues comprueba que ningún rétor las había definido. La historia
griegas con las romanas; con esto aseguraba los puentes entre debe ser verídica e imparcial, au,nque, como hemos visto, este
Grecia y Roma, haciendo de los romanos los legítimos herederos objetivo debe someterse a una finalidad didáctica y retórica; in-
de los griegos,. pues finalmente había convertido a los troyanos siste en la necesidad de una exposición cronológica y en la utili-
en griegos. Estrabón, como geógrafo, se dedicó a describir y de- dad de la geografía. Los hechos no solamente hay que narrarlos,
finir, mediante la aplicación de métodos geométricos, la oikoumene sino hay que enunciar sus causas, que para los romanos son la
que ahora «era romana». Su obra, Tratado, iba acompañada de acción del hombre y la fortuna. Por eso son importantes los re-
una descripción bien documentada y metódica de las distintas tratos morales y cívicos de los hombres colocados en los puestos
regiones, así como de críticas a los geógrafos que lo habían pre- de responsabilidad. En cuanto al estilo, la historia pertenece al
cedido.m Toda esta «invención» se había dado en la escritura, la domino de la retórica y ésta distinguía tres géneros de discursos:
historiografía romana se legitimaba en su continuidad con Gre- 1) el género deliberativo, practicado en las asambleas deliberan-
cia. Inclusive, cuando ya se había asumido la herencia griega tes, 2) el género judicial, utilizado en procesos y, 3) el género de-
como elemento integral de la identidad romana, Cicerón la re- mostrativo o epidíctico empleado en los discursos de pompa. A
afirmaría, uniéndola indefectiblemente con la retórica griega. cada uno le corresponde un género de estilo. A la historia le co-
Desde luego en Roma se seguirán cultivando algunos ti- rresponde el epidíctico. La significación de esta elección es clara
pos de anales. Ya en el siglo primero se estableció una distinción y el estilo que preconiza responde a las .exigencias de imparciali-
codificada por Verrio Flaco, que decía que los anales eran una dad y deleite de lector. 174
«crónica extensa sobre un número bastante grande de años y que La retórica 175 para el hombre antiguo era mucho más que
sigue el encadenamiento de los hechos, este género es opuesto a el arte de la elocuencia. Ella tenía que ver con el actuar, pensar,
las Historias».17' Pero sería en el siglo primero a.C. cuando gestualizar, socializar, etcétera. Es la parte fundamental de la
Cicerón, maestro de retórica griega y hombre público muy des-
tacado, incite a los romanos a estudiar y emular los logros grie- "'/bid., p. 28.
gos en la escritura de la historia; pide cuidadoa la cuestión de la "' !bid,, pp. 29-30.
verdad: buenas descripciones, motivos, há:tañas; etcétera, pero 175
Peter. Brown, en su artículo: <<La antigüedad tardía», en Philippe Aries
y Georges Duby, Historia de la vida privada, t. 1, op. cit., pp. 233-303. Sobre todo
la primera parte: pp. 233-245. Allí explicita todo el comportamiento de un ro-
171
Karantos Vasilis Isiolis, La geografía antigua, Madrid, Arcos/Libros, mano de la élite, conformado en tomo a la retórica y a la educación de las
1997, pp. 39-41. clases superiores que elabora una moral externa que es la que distingue a los
172
Jean Marie André y Alain Hus, La historia en Roma, op, cit., pp. 16-7. diferentes grupos de la sociedad romana.

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FORMAS DE HACER LA HISTORIA

educación del ciudadano de élite, del hombre público. La histo-


ria queda unida a los intereses de estas clases cultas, a los de la
ciudad y a la política. Desde luego, habrá muchos caml:iios que
se darán con el imperio, pues el ci½dadano pasará a ser un súb-
dito del emperador y las formas retóricas .se modificarán pues
había que complacer al soberano ...
Como vemos, hablar de historiografía grecolatina es posi-
ble . pues hay una forma similar de describir el mundo y apre-
hender el tiempo. Sin embargo, aceptando que no hay nada
estático y que la historia implica continuos cambios, hemos bus- HISTORIOGRAFÍA MEDIEVAL
cado reflejarlos y marcar los matices de esta forma de ver el mun-
do y de relacionarse con el pasado. La historia magistra vitae
podría considerarse un continuus que se sigue en el medievo y
en el Renacimiento para venir a ser cuestionado finalmente en el
siglo XVIII.

«Los códigos fundamentales de una cultura


-los que rigen su lenguaje, sus esquemas
perceptivos, sus cambios, sus técnicas,
sus valores, la jerarquía de sus prácticas-
fijan de antemano para cada hombre
los órdenes empíricos con los cuales
tendrá que ver y dentro de los
que se_reconocerá».

Michel Foucault

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