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¿MONISMO O DUALISMO?

Reflexiones sobre el origen, naturaleza y función de la


agresividad en Winnicott, Klein y Freud

Lic. Psic. Adriana Anfusso


Lic. Psic. Verónica Indart

Quizás la aceptación cada vez mayor de las ideas de Winnicott obedece a que
trabaja en el campo de lo psíquico –seguramente sin proponérselo- con correlatos de
nuevos descubrimientos de la física así como de viejos asertos de la filosofía oriental y
occidental que han adquirido actualidad por reflejar el espíritu de la época.
El estudio de la estructura de los átomos (1900 -1930) hizo tambalear la visión
del mundo que los físicos habían construido hasta allí que quedó reservada solo para
lo macroscópico. Explorar los fenómenos subatómicos con teorías clásicas poblaba las
investigaciones de contradicciones, de paradojas... Los electrones parecían tener una
naturaleza dual. Decían de ellos los científicos, con asombro: “... son partículas de
materia los lunes y miércoles y ondas de energía los martes y jueves”. 2 Los físicos, al
borde de la desesperación, se preguntaban: ¿podrá ser la naturaleza tan absurda
como se muestra en los experimentos atómicos?; ¿se habrá llegado a los límites de la
comprensión humana en el reino de lo diminuto?
No podía considerarse más al átomo como una máquina compuesta por
muchos objetos independientes regidos por los conceptos de espacio y tiempo, causa
y efecto. Debieron comprenderse como pautas dinámicas, como sucesos más que
como sustancias. Había que considerar a ese mundo como un todo indivisible, como
una red dinámica de procesos interrelacionados en la que ninguna parte es más
fundamental que cualquier otra. Red que incluye –imprevistamente para la física- al
observador humano, que influye en lo que investiga a través del proceso de medición.
Surge la idea de interrelación y unidad del universo. Se habla del “efecto mariposa”: si
una mariposa agita con su aleteo el aire en Pekín, por encadenamiento imprevisible de
hechos puede modificar el clima de Nueva York al mes siguiente. La “pelusilla”, como

1
Trabajo presentado en el III Encuentro Latinoamericano sobre el Pensamiento de D. Winnicott. Brasil,
Gramado, 1994.
2
Capra, Fritjof. “Sabiduría insólita”. Barcelona: Ed. Kairós, 1991.

1
se llama a estas pequeñas causas, puede producir grandes efectos para bien o para
mal.
La física de lo determinístico, de lo reversible, da paso, por 1970, a la Ciencia
del Caos, probabilística, relativa y aun completamente casual e impredecible. El
reconocimiento de estos hechos parece profundamente anticientífico. Le devuelve su
carácter científico “la aceptación de todos los conceptos como aproximaciones”.
Ciencia del Caos aplicable a todo lo que se mueve y cambia, correlato científico de la
imagen de un Dios que “juega con los dados cargados y hace trampas...”.3 Cuando
una teoría parece explicar cierto grupo de fenómenos, lo esencial es preguntarse
¿cuáles son sus límites?, ¿hasta dónde se aproxima –y sólo se aproxima- a la
comprensión de tal parte de la naturaleza? Nueva ubicación del hombre en relación a
la materia... no más pasiva como la descripta en la versión mecánica del mundo, sino
asociada con una actividad espontánea que aproxima a las ciencias “duras” y de la
naturaleza con las ciencias del hombre.
La visión del universo como red de relaciones que ahora descubre la física, ya
había sido planteada por el pensamiento oriental en el siglo VI A.C. Del budismo,
hinduismo, taoísmo, surge una profunda sabiduría ecológica, muy difundida hoy en
Occidente, que hace hincapié en la unidad fundamental de todos los fenómenos, y en
el principio de que la ciencia carece de valor si no va acompañada de una
preocupación por lo social y lo humano.
Este territorio místico está atravesado por la paradoja y la demostración por el
absurdo, sus medios habituales para procurar acercarse a una cierta verdad y por una
visión holística de los fenómenos. ¿Cómo concibe el taoísmo la respiración? No
estaría compuesta por dos fases, una de inspiración y otra de espiración. A la
pregunta: ¿qué es respirar? se responde: inspirar, espirar... No se destacan los
elementos constitutivos sino el proceso en su totalidad. Lo mismo con la marcha, en la
que el equilibrio y el desequilibrio son igualmente necesarios, surgiendo uno del otro.
El existencialismo, por los 40 y 50, impregnó los medios intelectuales del
mundo y tocó oblicuamente a Winnicott con conceptos tales como: 1) quien observa
una parte del universo sin incluirse nos brindará una versión incompleta de lo que
quiere describir. Faltará allí algo que también forma parte del mismo y que incide en la
observación: su angustia, su alegría, su interés por la tarea... De ahí que se diga que
el existencialismo es una filosofía en primera persona. Pero, también existir es ser un
ser “con otros”. El hombre “es” sólo si se abre a otro para dialogar, y así, y solo así
llega a descubrirse como persona. Reconocer el “yo” es reconocer el “tú” y

3
Ibáñez, Jesús. “Caos”. Buenos Aires. Revista “La Caja” No. 5, setiembre de 1993.

2
eventualmente el “nosotros”; 2) el hombre no está primero encerrado en sí mismo,
para luego estar en el mundo. El hombre es un “ser-en-el-mundo”; 3) existir es crear
las propias posibilidades de vida, es permanente transitividad y creación; 4) existir es
hacer experiencia de situaciones límite y respecto a la agresividad inherente al hombre
que vive dice Fatone dice: ”No puedo vivir sin sufrir, sin hacer sufrir, sin matar: mi
simple hecho de vivir exige que otros mueran y sufran; hasta biológicamente tengo
que matar para subsistir, o hacer que otros maten por mí. De nada vale que me olvide
o disimule esta situación”.4
Encontramos coincidencias entre la visión de Winnicott acerca de la naturaleza
humana y algunos de los conceptos de la física cuántica, el orientalismo y el
existencialismo. En él la idea de unidad individuo-ambiente, de equilibrio psíquico
como fruto de un sistema que se autorregula además de interrelacionarse con otros,
su estilo de escritura en red que conecta los fenómenos que describe y el permanente
uso de la paradoja, nos obliga a salirnos tanto de la racionalidad lineal como de la
lógica binaria que opone de manera radical bueno-malo, locura-cordura, vida-muerte a
los que estamos habituados. Ya Freud lo había hecho con su genial planteo del
inconsciente, del proceso primario...
Paradoja: “figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones... que
envuelven contradicción”. “Afirmación que parece absurda aunque tal vez... esté bien
fundada”.5 Mediante el planteo paradojal Winnicott apunta a superar una dicotomía
que considera falsa entre sujeto y objeto, individuo y medio ambiente, heredado y
adquirido, fantasía y realidad, etc. Intentar resolver las paradojas decidiendo que una
de las proposiciones es verdadera y la otra falsa implica volver a una visión parcial,
unilateral, disociada del desarrollo humano, desde uno solo de los elementos que
componen estructuras complejas y que Winnicott considera indivisibles. Nos exige el
ejercicio mental de interrelacionar áreas hasta entonces clivadas por la teoría
psicoanalítica clásica, proponiendo un cambio de paradigma. De la oposición se pasa
a la complementariedad, a una unidad que integra todo, desde siempre.
Diríamos que Freud y Klein son dualistas pues contraponen pares de opuestos,
entre otros: consciente-inconsciente; pulsiones de vida, pulsiones de muerte.
Winnicott, en cambio, es monista. Postula una fuerza vital única como motor de la vida
humana.
Distinguir entre monismo y dualismo no es puro bizantinismo. Daremos
nuestras razones. La teoría de las pulsiones de vida y muerte, ya desde la
terminología elegida para denominarlas, propicia una postura valorativa entre lo bueno

4
Fatone, Vicente. “Introducción al existencialismo”. Buenos Aires: Columba, 1953.
5
Real Academia Española. “Diccionario de la lengua española”, XX edición. Madrid: 1984.

3
y lo malo. La pulsión de muerte sería innata, nociva, a menudo irreductible, del orden
del pecado original. Su uso clínico puede hacernos correr el riesgo de caer en un
prejuicio teórico con consecuencias en nuestro quehacer. Podríamos cambiar el sillón
del psicoanalista o terapeuta por el púlpito del sacerdote o del predicador, rechazar a
un paciente por inanalizable o bajar resignadamente los brazos ante la roca
inexpugnable de lo tanático. La postura monista de Winnicott implica considerar un
impulso vital inicial que como el fuego o el agua no pueden ser calificados ni como
destructivos ni como constructivos en sí. En distintas situaciones serán lo uno o lo otro.
Nuestra tarea profesional debería propiciar la integración, el reconocimiento y el
hacerse cargo de ambos aspectos de esta fuerza inicial sin calificar rígidamente a
ninguna de sus manifestaciones con signo positivo o negativo en el sentido de salud o
enfermedad.
Lo compulsivo, el síntoma y lo repetitivo, aspectos todos displacenteros que
Freus consideraba efectos de lo tanático, Winnicott los ubica en la categoría de lo
defensivo que generalmente expresa esperanza. Sus planteos acerca de la tendencia
antisocial, la depresión y la regresión a la dependencia son claros ejemplos del cambio
de modelo explicativo que propone, Afirma que en estos casos la compulsión a repetir
no es una actitud destructiva sino expresión de “un impulso básico de los pacientes a
convertirse en normales”6 Consideremos la compulsión a la repetición que para Freud
es la reiteración de experiencias displacenteras como efecto de lo tanático. Para
Winnicott lo compulsivo, el síntoma, lo repetitivo, también de algo del orden de lo
displacentero, expresan esperanza. Esperanza de que el medio ambiente enmiende la
falla precoz. Sus planteos sobre la tendencia antisocial, la depresión y la regresión a la
dependencia son claros ejemplos del cambio de modelo explicativo que propone.
Afirma que en estos casos la compulsión a repetir, no es una actitud destructiva, sino
expresión de “un impulso básico de los pacientes a convertirse en normales”. El que
repite, pues, no necesariamente se resiste a la cura. Puede estar intentando que
alguien se preocupe por él y se haga cargo de su necesidad de ser comprendido y
ayudado.
Fue en 1937 que Freud relacionó más específicamente a la reacción
terapéutica negativa con la pulsión de muerte. Klein también encontró en muchos de
sus pacientes este tipo de reacción. Descartó a algunos por inanalizables y finalmente
llegó a dos conclusiones: 1) que como todo es heredado, algunas personas pueden
nacer con un monto de agresividad superior al normal y 2) que el hecho de

6
Winnicott, D. W. “Exploraciones Psicoanalíticas I”. Buenos Aires: Paidós, 1991. Pág. 156.

4
considerarla valiosa o buena hacía surgir en sus pacientes la envidia primaria innata,
externalización primera del instinto de muerte.
Según Winnicott tanto Klein como Freud se saltearon la realidad de la dependencia del
ambiente, refugiándose en la herencia. Para él la envidia no es primaria. Aparece en el
bebé cuando la madre actúa en forma errática o atormentadora, provocándole una
desilusión prematura e impidiéndole crear el objeto-subjetivo-pecho en forma
sostenida, de manera que el bebé se siente desposeído. Desea tener lo que no tiene y
su madre idealizada sí. Ante la imposibilidad de cumplir con su anhelo reacciona
deseando que su madre experimente la misma privación que a él lo desespera. Sin
privación no habría envidia.
Winnicott sostiene que Freud y Klein no tomaron en cuenta dos aspectos
esenciales de la agresividad: 1) que el impulso de amor primitivo incluye
ineludiblemente lo destructivo no-intencional, sin relación con la rabia frente a la
frustración, que aparece muy posteriormente y 2) que la interrupción de la
continuidad del ser por obra de una intrusión ambiental pone en marcha una reacción
que impide al bebé tomar contacto con la raíz personal de su agresividad,
empobreciéndolo.
Así como Freud echó por tierra el tabú de la sexualidad y lo convirtió en motor
principal del desarrollo, Winnicott trata de quitarle a lo agresivo-destructivo inherente al
vivir el sello de “lo demoníaco” y lo entrelaza con la reacción ambiental adscribiéndole
un estatuto organizador parecido al que tiene la libido en Freud.
Según Winnicott el instinto de muerte no es necesario para entender el
comienzo de la vida. No concede que la vida y la muerte sean compañeras de partida.
Si bien acepta la idea de Freud de que lo orgánico surge de lo inorgánico y que
allí retorna, aclara que esto es cierto para un observador externo. Si adoptamos la
perspectiva de un ser humano que se experiencia a sí mismo, el individuo emergería
de un estado inicial de “no vida”, de “falta de vivacidad”, de “no estar vivo todavía” que
conlleva una experiencia de “soledad”. “La muerte incognoscible que viene después de
la vida” nos remitiría a aquella primera experiencia de soledad.7
Winnicott postula una fuerza vital inicial, impulso hacia la vida ligado al
movimiento, a la espontaneidad, forma primitiva de amor que necesariamente incluye
lo agresivo potencialmente destructivo, amor pre-cruel sin intención agresiva. Lo
primero es el gesto impulsivo, espontáneo, manifestación del verdadero self. Entonces
cabe pensar a la agresividad como vinculada estrechamente a la virtud cardinal del
buen vivir y al reforzamiento de la “mismidad”.

7
Winnicott, D. W. “La naturaleza humana”. Buenos Aires: Paidós, 1993. Pág. 186.

5
La “fuerza vital” se convierte en potencial de agresión cuando la oposición
ambiental, que limita el movimiento del bebé gesta en él una percepción difusa de algo
que no es yo, que lo lleva al precoz descubrimiento del mundo externo y
paralelamente al nacimiento del yo.
Para que aparezca la agresividad el bebé necesita “un objeto externo y no
meramente un objeto que lo satisfaga”8. El bebé busca algo que alivie en forma
inmediata su estado de intranquilidad producido por la excitación instintiva. Pero es
imposible que se percate de ello pues todavía no se han constituido ni la psique, ni la
fantasía, ni la mente. Por tanto al bebé no pueden importarle las consecuencias de su
“avidez” que ni siquiera intuye que existe. Cuando “la fantasía aún no ha sido
aceptada... no existe odio, sólo asesinato”9, señala Winnicott. Para que aparezca la
agresividad como tal el bebé necesita “un objeto externo y no meramente un objeto
que lo satisfaga”, y para que eso ocurra se necesita que el tiempo pase un poco más.
Winnicott destaca el valor de la crueldad despreocupada inicial ya que el bebé
puede y necesita dañar cuando está excitado, algo sumamente placentero y básico
para su salud mental.
Los fallos graduales de la madre son absolutamente necesarios para que el
bebé haga “excursiones más allá de la línea de separación, hacia la tierra baldía de la
realidad destruida. Esta tierra baldía luego muestra tener rasgos propios de valor de
supervivencia y sorprendentemente el niño comprueba que la destrucción total no
significa destrucción total”.10
Para este autor, lo destacable es que “la destrucción desempeña un papel en
la construcción de la realidad colocando al objeto fuera del self” y “la destrucción real
corresponde al fracaso del objeto en lo referente a sobrevivir. De lo contrario la
destrucción sigue siendo potencial”.11
Del interjuego de la agresividad no intencional del bebé y la no claudicación del
objeto frente a dichos ataques llegamos a un punto estructurante del desarrollo del
individuo donde empiezan el no-yo, el yo y la fantasía, distinta y aún más terrible que
la realidad porque en aquella todo es posible mientras que lo real siempre tiene un
límite.
Si es dable imaginar una persona totalmente integrada, ella asumirá plena
responsabilidad por “todos” los sentimientos e ideas propios del estar vivo, incluso los
agresivos. Eso es salud. Cuando la integración falla se proyecta la agresividad en
otros objetos y se pierde la destructividad que realmente nos pertenece. Si todo

8
Winnicott, D. W. “Escritos de Pediatría y Psicoanálisis, Buenos Aires: Paidós, 1999. Pág. 298.
9
Rodman, F. R “El gesto espontáneo”. Buenos Aires: Paidós, 1990. Pág. 240.
10
Winnicott, D. W. “Exploraciones psicoanalíticas I”. Buenos Aires: Paidós, 1991. Pág. 276.
11
Winnicott, D. W. “Realidad y juego”. Barcelona: Granica, 1972. Pág. 122 y 125.

6
marcha bien aparecerá la preocupación por los otros reconocidos como personas
totales y el deseo de protegerlos y compensarlos. También se podrá odiar lo que
merece ser odiado, lo que no quiere decir que sea realmente destruido.
A partir de la “posición depresiva” Winnicott formula la idea de “preocupación
por el otro”, concepto que exige mayor madurez que la culpa, y que tiende a mitigarla.
La “preocupación por el otro” o “concern” sólo aparece con un ambiente que resiste,
no cambia, no devuelve vengativamente y que acepta el gesto generoso aunque
llegue en diferido. Permite pensar: “ya he construido por lo tanto podré volver a
hacerlo para compensar lo que destruí”. Abre la posibilidad de un pasaje, no fácil por
la vida, aunque más calmo, confiado y esperanzado. Esta formulación se contrapone
al circuito compuesto por pulsión de muerte-culpa incestuosa/agresiva-necesidad de
castigo-sublimación/reparación, que plantean Freud y Klein, donde predominan tanto
lo superyoico como lo persecutorio.
“Si la sociedad está en peligro no es a causa de la agresividad del hombre, sino
de la represión de la agresividad individual...”.12 Para Winnicott la agresividad y el odio
están siempre presentes en la estructura de cualquier relación humana. De ahí sus
comentarios acerca del “odio en la contratransferencia” y de las “buenas razones que
tienen las madres para odiar a sus hijos”.
Él lucha contra lo que llama “sentimentalismo” o negación inconsciente de la
destructividad que subyace a toda posibilidad constructiva, llegando a describir
situaciones extremas que adoptan la forma de sobreprotección y ternura especiales,
pero esconden deseos inconscientes de muerte de los padres hacia su/s hijo/s, en los
que pueden darse distorsiones psicóticas graves. Tiene el coraje, aclara, de formular
esta teoría, porque tan grave consecuencia como la aparición de una psicosis en un
ser humano en desarrollo exige suponer fallas igualmente graves en las primeras
interacciones. De ahí la importancia que adquiere para cada sujeto poder separar las
fallas del ambiente de los errores por los que debe hacerse realmente responsable.
Mucho de lo que Klein atribuye al innatismo, Winnicott lo adscribe a fallas
ambientales. La diferencia de enfoque surge de considerar al bebé como un ente
aislado o o inserto en una relación. Él afirma que el bebé es sociable, que busca
contacto con personas, que reclama intimidad, relación... ¿Diríamos que se sustituye
la teoría de la libido, por una teoría del “desarrollo”, del “self” y de la “búsqueda de
objetos”? Para Winnicott el hombre sólo puede encontrarse a sí mismo a través de
otro con el que a veces necesita fusionarse y a veces diferenciarse, gracias a las
capacidades identificatorias o de oposición ofrecidas en cada caso por el objeto. Aquí

12
Winnicott, D. W. “Escritos de Pediatría y Psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 1999. Pág. 272.

7
diferenciarse, definir los propios límites, ser distinto, implica sentirse real entre otros
reales.
Veamos otro de los efectos positivos de la historia natural de la agresividad que
describe Winnicott si observamos el momento en que nacen las necesidades
corporales e instintivas que con satisfechas por la madre sensible. Para Winnicott los
instintos están al servicio del desarrollo pero no lo constituyen, pues se dan en
paralelo a otro hecho que él considera fundante: la aparición de la creatividad primaria
y pre-sexual del bebé-artista. Éste, gracias a la respuesta propicia del ambiente,
empieza a inventar el mundo –objetos subjetivos mediante- montado sobre el impulso
de amor primitivo que incluye necesariamente la agresividad pre-cruel, sin intención o
el “amor despiadado”.
Distinta es la posición de Freud que propone la secuencia: sexualidad o
agresividad infantil - culpa - sublimación, que implica valorización social de la “bondad
extrema” y por lo tanto cierto sometimiento y falta de libertad. Para Klein la secuencia
sería odio y envidia innatas – culpa – reparación (que incluye un componente
superyoico temprano). Esto lo anima a decir a Winnicott que la impiedad del artista lo
lleva más lejos que la sublimación, la reparación o la culpa ya que le permite la
creación sin propósito ni restricción. El objeto no se reconstruye con la reparación, se
construye gracias a la supervivencia del objeto “atacado” sin intención. Winnicott
expresa sus temores de que la necesidad de reparación kleiniana encubra una
sofisticada versión domesticadora del tipo “ser bueno para mamá”.
Distintas las relaciones entre creatividad y agresividad. Distinta caracterización
del deseo inicial, destructivo y rapaz para unos, voraz y creativo para el otro. Distinto
lugar de los instintos y el desarrollo. Para Winnicott los instintos, que están al servicio
del desarrollo, no detentan la misma jerarquía que se les atribuía previamente.
La elección no determinista de Winnicott que incluye el libre albedrío y el azar,
permite creer que hay si “maldiciones” que no están inscriptas en los genes sino que
se adquirieron al comienzo de la vida debido a fallos ambientales, es posible mantener
la esperanza de que algo se puede hacer al respecto, en vez de resignarse...
Posición abierta y abierta a nuevas aperturas.
Teorías... Hipótesis contingentes... Supuestas verdades que pueden ser
mentiras.

Palabras clave
Monismo, dualismo, paradoja, fuerza vital, agresividad, destrucción.

8
LO DICHO ES POCO
SI USTED QUIERE, HAY MÁS
1. “¿Se da cuenta de que si usted hubiera podido alcanzar su propia agresión,
habría comprobado que el mundo de hecho sobrevive, y entonces habría
podido contemplar su agresividad y descubrir que ella suministra una de las
raíces de la energía viviente? También está el amor, en el sentido más
corporal, que lleva a la sexualidad, la genitalidad y el amor de objeto, pero gran
parte de la vida consiste en una actividad constructiva que tiene como telón de
fondo la sma total de la fantasía agresiva y destructiva.” Rodman, R. (1990)El
gesto espontáneo. Buenos Aires: Paidós, p. 284.
2. “¡Se puede obtener bastante satisfacción de la rabía!, siempre que ésta no se
convierta en desesperación.” Winnicott, D. W. (1989). Los bebés y sus madres.
Buenos Aires: Paidós, p. 25.
3. “…dar al niño y a sus padres permiso para reírse del monstruo detestable… ya
que la risa es una forma legítima de odio.” Winnicott, D. W. (1998) Acerca de
los niños. Buenos Aires: Paidós, p. 133.
4. “En este párrafo (Money-Kyrle) trae a colación una vez más los instintos de
vida y de muerte, dice que si ellos son parte de nuestra dotación innata, un
mundo totalmente malo no sería posible en mayor medida que un mundo
perfecto. Este es un ejemplo de cómo el concepto de instintos de vida y de
muerte deja de lado el riquísimo campo de indagación que corresponde al
desarrollo infantil temprano. Es una lástima que Melanie haya hecho un
esfuerzo tan grande para torcer su concepción a fin de amistarla con los
instintos de vida y de muerte, que son tal vez el craso error de Freud. No
necesito recordarle que él se mostraba muy dubitativo acerca de ellos cuando
introdujo el concepto por primera vez; como tampoco que de la expresión
instinto de muerte se abusa en nuestra Sociedad (Psicoanalítica Británica) más
que de cualquier otro término, utilizándolo en lugar de la palabra agresión o
impulso destructivo u odio, en una forma que, estoy seguro, hubiera
horrorizado a Freud.” Rodman, R. (1990) El gesto espontáneo. Buenos Aires:
Paidós, pp. 98/9,

Bibliografía
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- Bollas, C. (1993) Fuerzas de destinos. Buenos Aires: Paidós.
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9
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10
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Palabras clave
Monismo, dualismo, paradoja, fuerzavital, agresividad, envidia, destrucción,
exterioridad, integración.

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