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ENSAYO LITERARIO

“Categorías de la lectura” de Alfonso Reyes (fragmento):

Hay categorías de la lectura según que en la representación psicológica del


lenguaje domine el orden articulatorio o el visual; según la penetración que la
cultura haya alcanzado en los estratos del alma; según los hábitos adquiridos de
leer para sí o para los demás, de leer por sí o de escuchar la lectura; según la
mayor o menor presteza con que los oídos o los ojos comunican el mensaje al
espíritu; según que la bella escritura, la bella edición o la bella voz nos
impresionen más o menos por sí mismas, distrayéndonos más o menos del
sentido de las palabras; según que seamos impacientes o dóciles, ante la
momentánea abdicación de nuestras reacciones personales que significa unirse a
este pensamiento ajeno, etcétera.

El hombre rudo, que apenas desbroza el alfabeto, tiende a leer para sí en voz alta,
como si quisiera aglutinar los signos más cabalmente, sujetando la atención verbal
a la vez con los ojos y con los oídos. El que los modernos retóricos llaman verbo-
motor lee en voz alta por el placer de hablar, y hasta cuando escucha a un orador
se le ve, a veces, articular en silencio lo que oye. Conozco los lectores que se
acompañan con un suave silbidito rítmico, al que van imprimiendo cierta
modulación imitativa de la lectura en voz alta. Cuando Heine declamaba
el Quijote para los árboles y los pájaros, lo hacía más bien como quien rinde un
tributo, o por no perder ninguno de los valores de la excelsa prosa. Cuando Sor
Juana Inés de la Cruz se quejaba de no tener más compañeros que el tintero y la
pluma para compartir sus estudios, sin duda echaba de menos esa mayor
apelación a la retentiva que resulta de la lectura acompañada y que todos los
estudiantes prefieren para la preparación de los exámenes. Mestre Profiant Durán,
israelita aragonés del siglo XIV, recomendaba a sus discípulos que leyesen
siempre recitando. En cambio Théophile Gautier, visual si los hay, juzga que los
libros están hechos para ser vistos y no hablados. Por su parte, Flaubert
necesitaba berrear su propia prosa para percatarse de lo que escribía.
ENSAYO LITERARIO

 ANALIZAR  OBJETIVO  GENERO

 BREVE  AUTOR  PROSA

 LITERARIO  TEMA  RECURSOS

 ENSAYO  POESIA  ARGUMENTACION


 FUNDAMENTO  CREATIVIDAD  CRITICA

 CARACTERISTICAS  OBRA  LOGICA

 EVOLUCION  ESTILO
RESEÑA CRITICA

“Los días del abandono” de


Elena Ferrante

El propio título nos aclara el tema del libro: los primeros días y meses de
una mujer recién abandonada por su marido. Al principio, este tema puede
presentar alguna que otra reticencia, sobre todo si hemos vivido algún caso
parecido de cerca, pero nuestra experiencia en el club ha resultado ser más
de renovación que de resquemor. Así que recomendamos su lectura, no
como un libro entretenido y agradable sino como una historia que nos
llevará a la interiorización y asimilación de sentimientos.

Un día cualquiera del caluroso verano de Turín, Mario pone fin a los casi 20
años de casado que lleva con Olga. El motivo en apariencia es una tercera
persona, sin embargo, hay algo más bajo esa superficie. La misteriosaElena
Ferrante tratará de aclarárnoslo y nos reflejará la reacción de Olga durante
los primeros meses.

Los días del abandono nos hace reflexionar sobre las relaciones amorosas
de largo recorrido. Nos hace pensar si realmente conocemos a la persona
con quien compartimos nuestra vida, y si verdaderamente somos
conscientes de la nuestra propia. En una relación de dos que se acaba, no
es posible que sólo uno tenga que asumir la responsabilidad. En el caso de
Olga, al principio todo parece apuntar al marido, quien le ha sido infiel. Sin
embargo, poco a poco se va desgranando la personalidad insatisfecha de la
protagonista. Dejó su trabajo para dedicarse a su familia, pero a cambio se
prometió desarrollar su vocación como escritora. No cumplir con esa
promesa fue su primera traición a sí misma. Como consecuencia trató de
acallar esa frustración dedicándose en cuerpo y alma a su papel de ama de
casa, madre y esposa perfecta. Esa fue la segunda vez que se falló. El
tiempo que invirtió en esa búsqueda incansable por la perfección, hizo que
dedicara menos tiempo a conocer a su marido, a sus hijos y, lo más
importante, a sí misma.

Temor, inseguridad, frustración, insatisfacción, decepción… Todo esto ya


existía en la vida de Olga antes de sentirse abandonada. Después, los
mismos sentimientos se intensificaron porque salieron a la superficie. Y
además, entraron en juego otros como la humillación a sí misma, los
reproches de sus hijos, la desatención de los demás hacia ella, la necesidad
de ser autosuficiente, la desesperación… Pero lo que más destacaría de
estos últimos son la sensación de pasado arruinado y la de injusticia. En
cuanto al primer sentimiento, es llamativo cómo una situación extrema nos
hace sacar los miedos que laten bajo nuestra superficie. Ella responsabiliza
a Mario de haber desperdiciado su pasado, de haberle robado ese tiempo.
Pero yo me pregunto, ¿existe algún pasado sólido? Estamos siempre
reinterpretando los recuerdos, así que si lo pensamos con lógica, no es más
que un pensamiento irracional que le provoca dolor y sufrimiento. Es un
ejemplo de hasta qué punto podemos desequilibrarnos cuando nos embiste
algún acontecimiento inesperado, aparte de pensar que, por lo general,
somos nosotros los arquitectos de nuestro destino (gracias a Bernabé por su
aportación). Por último, en relación con la segunda sensación, la de
injusticia, Olga piensa que su marido ha contraído con ella una deuda vital
por haberla traicionado de esa manera. Sin embargo, ¿no ha sido ella quien
más se ha traicionado a sí misma en esta historia? ¿Por qué se ató a algo
que la hacía infeliz? ¿Por qué pensó que dedicarse a los demás los obligaba
a entrar en deuda de amor con ella?

Es notable también la revisión que hace de su infancia a través del


personaje de “la pobrecilla” que, en cierto modo, había marcado ciertos
aspectos de su personalidad. Esta vuelta a evaluar el pasado es algo típico
de cuando te ocurre algo que hace tambalear tu base. Asimismo es
destacable el lenguaje soez que decora la mitad central del libro, que llega a
cansar un poco pero que refleja perfectamente la desesperación del
personaje y su vuelta a los inicios.

El papel de Mario, por su parte, se plantea someramente, por lo que aparece


bastante deshumanizado. Puede que sea ése el propósito de la escritora,
plantearlo como una persona sin corazón, y encima, como se descubre en el
trascurso de la novela, un trepa y un avasallador. O puede que se proponga
hacernos sentir lo mismo que a Olga, que estamos ante un absoluto
desconocido. El caso es que no sabemos de sus motivos, de sus historias,
de sus sentimientos… Sólo queda claro que ella “le da su merecido”.
Cursioso pasaje.

En resumen, estamos ante un libro que abre los ojos del alma hacia una
curación interior. No es un libro de sombrilla, pero sí puede serlo bien de
ventilador.

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