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Platón: El conocimiento filosófico como liberación

Algo característico también del platonismo es, pues, una cierta negativa a aceptar la
temporalidad como característica fundamental y como destino propio de la humanidad.
Esta temporalidad y, por tanto, la finitud humana, se pueden superar mediante el acceso
cognoscitivo a lo que es. Es decir, a través del conocimiento inteligible de las esencias
podemos acceder a algo que no es ni contingente ni temporal. Toda la ocupación del
filósofo o del sabio debe, pues, consistir en tratar de superar los obstáculos que
proceden de la vinculación del alma al cuerpo y de la pertenencia del cuerpo al mundo
sensible y temporal como medio de alcanzar el ser. Esto es lo que Platón entiende
cuando propone como camino de la sabiduría hacer coincidir los movimientos del alma
con los que le son propios. En realidad, la existencia del mal (o sea lo que es, pero no
debería ser) no plantearía ningún tipo de problema si no admitiéramos nuestra
subordinación al tiempo.
En otras palabras, el problema del mal y el problema del tiempo tienen un mismo origen,
pues en ambos el hombre se encuentra ante la separación de lo que es y lo que debería
ser. Por eso, Platón considera que, puesto que el tiempo no es algo que lleve en sí mismo
su razón de ser, no se le debe reconocer el derecho a ser. La muerte hace del tiempo
algo inconsistente. El mal es la incomprensible existencia de algo que no tiene derecho
a existir. La sabiduría consiste en buscar el ser rechazando como falsa apariencia y
mentira todo lo demás.
El objeto del verdadero saber, el objeto del conocimiento inteligible es el ser inmutable,
a diferencia de la apariencia sensible, sometida al tiempo, siempre fugaz y cambiante,
que no es, en último término, más que un no-ser, una nada. Mediante la contemplación
de lo inmutable, el alma se eleva hasta el conocimiento de su fuente originaria, el Sumo
Bien o Uno más allá de toda esencia definida.
¿Qué son las Ideas para Platón en su fase acrítica?
Platón no identifica las Ideas con los conceptos universales de Sócrates. Las Ideas no son
meros esquemas mentales, tienen que tener realidad y no depender de las cosas o
hechos sensibles. Las Ideas son seres inmateriales situados aparte, en otro mundo, el
mundo inteligible, más allá de donde vivimos (el mundo sensible). Este mundo de las
Ideas cumple una doble función:
1) Garantizar a la ciencia o conocimiento verdadero un objeto apropiado y a los valores
morales un fundamento seguro. Pues las Ideas son los objetos específicos del
conocimiento racional y los arquetipos modélicos de las virtudes.
2) Dar razón de ser de las cosas concretas del mundo de los sentidos. Pues, aunque el
ser de las Ideas no depende, como hemos dicho, de las cosas concretas, éstas si
dependen de ellas para ser lo que son.
En conclusión, las Ideas son las esencias que no deben confundirse nunca con las cosas
sensibles, y que solo el alma, apartándose de éstas, puede descubrir. Son formas únicas
y perfectas correspondientes, a la manera de tipos, a una multiplicidad de objetos
comunes, y con la realidad de lo que tiene el ser propio.
Las Ideas son arquetipos o modelos que las cosas concretas imitan en un mayor o menor
grado, sin llegar nunca a realizarla de un modo absoluto. Por ello las Ideas son los
criterios con los que podemos juzgar el valor de lo existente.
Grados y niveles de conocimiento según Platón
Platón introduce una importante innovación a la concepción del conocimiento, con
respecto a Parménides, al darle a la opinión (doxa), en el caso de ser correcta, una
cierta validez en la escala de conocimiento.
Por lo tanto, Platón distingue básicamente, dos niveles de conocimiento: el
conocimiento sensible y el conocimiento inteligible. A su vez, distingue dos grados
dentro de cada uno de estos niveles, dando lugar a la siguiente clasificación:
1) Conocimiento sensible: es el que se refiere al mundo de la naturaleza o mundo
de las apariencias. Su rango es de segundo orden en relación con el conocimiento
inteligible, pues nunca puede ofrecer una certeza científica firme, sino solo
probabilidades, al estar referido a objetos mudables e inestables. Es decir, cae
bajo el ámbito de lo opinable. Dentro de este ámbito se distingue entre la
conjetura y la creencia.
2) Conocimiento inteligible: Es el que se refiere al mundo de las Ideas y sus
relaciones. También distingue en él Platón dos grados: el razonamiento
matemático y la dialéctica. Es el estudio de las matemáticas valorado, más que
nada, como preparación y entrenamiento para la dialéctica.
Por tanto, a medida que se asciende hacia la luz, hay distintos grados de
conocimiento. Por una parte, el conocimiento del mundo sensible, del que vemos
con los ojos físicos y que es el ámbito de la opinión. En él conocemos imágenes y las
sombras de las cosas, que no son más que puras conjeturas con las que
interpretamos y explicamos. El verdadero conocimiento sólo tiene lugar cuando
alcanzamos los objetos intangibles, que son los que se captan con la razón y no con
los sentidos
Dentro de la razón también hay que distinguir entre la razón discursiva y la razón
intuitiva. La primera se ocupa de los objetos matemáticos de figuras imaginarias o
reales de los objetos sensibles para llegar, a través de hipótesis a los inteligibles. El
conocimiento de las matemáticas es un conocimiento intermedio entre el mundo
sensible y el mundo inteligible. En cuanto a la razón intuitiva, constituye el grado
máximo y el más perfecto de conocimiento pues consiste en ver las esencias de las
cosas en sí mismas. Para esta contemplación Platón proporciona la dialéctica, el arte
del dialogo. Es un proceso de selección de las características que, en las cosas,
pueden ser más adecuadas para determinar su verdad o su valor cuando solo se las
juzga a través de sus modelos, las Ideas.
La relación entre las Ideas y el mundo sensible según Platón
Uno de los problemas a los que Platón tuvo que enfrentarse de la versión inicial de la
teoría de las Ideas es la radical separación entre el mundo sensible de las apariencias y
el reino ideal de las esencias. Las cosas sensibles dependen para ser lo que son de las
Ideas correspondientes, y es obvio que esa dependencia indica una relación entre lo
dependiente y lo autosuficiente. El problema es que los dos mundos distinguidos y
separados tienen a su vez que estar conectados de alguna manera.
Platón propuso dos tipos o vías de solución: la vía de la participación y la vía de la
imitación. La vía de la participación implica considerar que una Idea es un todo y que las
cosas sensibles son sus partes (pero esto no deja claro como algo sensible puede tener
parte en algo inteligible). La vía de la imitación resulta más clara : si la Idea de algo es un
Modelo de ese algo, podemos considerar que las cosas sensibles son copias, siempre
imperfectas de ese modelo (pero como pueden parecerse si sus propiedades son
contradictorias)
La política en Platón
Relaciona las tres partes del alma y la estructura tripartita del Estado que el diseña como
institución política ideal. La población queda clasificada en tres grandes grupos o clases
sociales, que se corresponden con las tres partes del alma.
1) La clase de los productores: agricultores, comerciantes, artesanos, trabajadores,
etc. Los que producen bienes de consumo o servicios. Se corresponden con la
parte concupiscible o apetitiva.
2) La clase de los guerreros: ejército y policía, es decir, los que tienen la
responsabilidad de defender a los ciudadanos de amenazas externas y de
mantener el orden y la convivencia internas en paz. Se corresponde con la parte
volitiva o irascible del alma
3) La clase de gobernantes: son quienes tienen la responsabilidad de conducir la
política, legislar, administrar, etc. y que para Platón deben ser los filósofos. Se
corresponde con la parte racional del alma.
Este Estado ideal que proyecta Platón es el Estado aristocrático, en el que gobiernan los
mejores. Y se considera ideal porque no se corresponde con ninguna de las formas de
gobierno realmente existentes, a las que Platón considera erróneas o degeneradas:
1) Timocracia: cuando el gobierno lo ostentan personas por razón de honor o
prestigio, derivado de la conquista de territorios o ciudades, o heredado por
nacimiento de anteriores gobernantes.
2) Oligarquía: gobiernan unos pocos, generalmente los ricos personas ambiciosas
que buscan en el poder tan solo su propio interés y beneficio.
3) Democracia: gobierno de todos y por tanto, imperio de las pasiones, de los
abusos y de la demagogia.
El conocimiento como recuerdo según Platón
Las Ideas no se pueden percibir por los sentidos corpóreos, pero vienen al pensamiento
ante el estímulo de cosas que percibimos. De esto concluye Platón que la razón los ha
tenido que conocer antes. Para explicar al conocimiento innato Platón recurre a la
doctrina órfico-pitagórica sobre el alma según la cual las almas no son sólo inmortales
sino también eternas. Antes de que un niño nazca, su alma ha existido desde siempre
en el mundo inteligible donde ha contemplado las formas puras de realidad, pero las ha
olvidado al caer en la prisión del cuerpo y estar sometido al ajetreo cotidiano de la vida
terrenal.
Sin embargo, bajo el estímulo de la percepción recuerda aquellas esencias olvidadas, y
ese recuerdo hace nacer en él el amor de las Ideas, que impulsa al alma elevarse de
nuevo al conocimiento de la verdadera realidad. El conocimiento es recuerdo, lo que
significa que lo que se conoce o se aprende no se adquiere de fuera, sino que se
desarrolla tomándolo o extrayéndolo de dentro.
El concepto del Alma en Platón
El dualismo antropológico separa el alma, como parte noble y racional perteneciente al
mundo de las Ideas, y cuerpo como envoltorio o receptáculo material en el que vive el
alma aprisionada. El alma presenta las características del mundo de las Ideas, es eterna
e inmortal y principio de vida y conocimiento.
Platón realiza las siguientes distinciones dentro del alma:
1) Hay una parte racional (el auriga) a la que corresponde guiar equilibrada y
armoniosamente a las otras partes del alma (los caballos). Es la parte superior,
divina e inmortal, con la que se alcanza el verdadero conocimiento de las Ideas
y se lleva a cabo la práctica del bien. Reside en la cabeza.
2) El caballo bueno representa la parte volitiva o irascible del alma, que obedece y
se deja guiar sin oponer resistencia. A ella se deben la voluntad, el coraje o
valentía y la fortaleza. Está situada en el pecho.
3) El caballo malo representa la parte apetitiva o concupiscible, que es indócil,
rebelde y difícil de conducir y sujetar. Es la parte del alma más íntimamente
vinculada al cuerpo, y por ello, el lugar de las pasiones, los impulsos y los deseos
de placeres sensibles. Se encuentra en el abdomen.
Para Platón las deficiencias propias del ser humano tienen que ver con el carácter
temporal de su existencia. A su vez esto es consecuencias del hecho de que el alma
espiritual e inmortal de todo ser humano, se vincule pasajeramente a un cuerpo material
corruptible, o sea caiga en el interior de un cuerpo sometido a las leyes de la naturaleza
y del tiempo y tenga que vivir allí un tiempo encarcelada hasta que vuelva a quedar libre
cuando el cuerpo muere y se deshace.
Platón entiende que, debido a esa caída del alma espiritual dentro del cuerpo material,
la esencia del hombre no se corresponde con su existencia mortal. Hay un desajuste
entre el verdadero ser humano (su alma) y su existencia concreta en el mundo como
cuerpo sujeto a necesidades, enfermedades y limitaciones.
La teoría de las Ideas en Platón
La ontología o metafísica de Platón es dualista: divide el mundo en dos y establece entre
eso que ha diferenciado radicalmente una jerarquía. Se distingue un mundo de las Ideas
(superior) y un mundo sensible (inferior). Estos dos mundos están separados y
contrapuestos: el mundo de las Ideas es transcendente respecto al mundo sensible.
Las Ideas son absolutas (independientes, autosuficientes, poseen autarquía); eternas
(no pueden ser generadas ni destruidas); inmutables (cada esencia es una identidad
permanente ajena al cambio); universales (hay una Idea para cada clase de cosas
sensibles).
Las cosas sensibles son relativas (dependen de las Ideas); temporales (nacen y perecen);
mutables (cambian, se transforman); particulares (son individuales, concretas).
Cada Idea marca respecto aquello de lo que es su Idea, un ideal, una norma o pauta fija
y estable (el mundo de las Ideas se define por constituir un Orden estable, perfecto,
luminoso, resplandeciente, brillante).
De todo esto se deduce que el mundo de las Ideas es el mundo verdadero, es el
Fundamento de todo. Por otra parte, este Fundamento se caracteriza por ser a la vez
transcendente y estar separado del otro mundo. El mundo sensible es un mundo
aparente. Sucede entonces que el mundo de las Ideas es respecto al mundo de las cosas
sensibles a la vez, su arché (su origen) y su telos (su fin, es decir, a lo que aspira y se
aproxima) Hay una relación teleológica: lo superior es el fin o la finalidad de lo inferior.
El mundo de las Ideas es un mundo ordenado jerárquicamente, al ser ordenado las Ideas
están conectadas unas con otras y hay Ideas inferiores e Ideas superiores. La Idea
suprema es el Bien.
Por tanto, una Idea es una realidad suprasensible y separada, que reúne dentro de sí
todas las propiedades esenciales que definen una clase de cosas sensibles. Puesto que
el saber o el conocimiento, en su acepción más amplia, consiste en aprehender las Ideas
de todos los entes sensibles, podemos afirmar que en Platón el conocimiento, en su
estrato más básico, se edifica desde la exposición de una serie de definiciones
esenciales.