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EL OPTIMISMO RACIONALISTA DEL SIGLO XVII

Introducción

Según algunos pensadores, el universo es perfectamente comprensible y transparente a


la razón pues nada ocurre sin una razón de existencia. Eventualmente es posible
comprenderlo todo o por lo menos comprender en qué consistiría esa comprensión
perfecta. El filósofo describe cómo debe ser el mundo para que satisfaga el supuesto de
que sea transparente a nuestro entendimiento. La actitud contraria es un pensamiento de
que todo es contingente y por tanto, pudo haber ocurrido o no. No hay razón necesaria
que explique la existencia en general ni la existencia de un hecho en particular. Por
tanto, de acuerdo con esto, la razón no puede conocer el mundo, sólo sirve para
descubrir relación entre ciertas clases de ideas.

El Camino de las ideas que presenta la doctrina de Descartes se desarrolla tanto entre
empiristas como racionalistas y afirma que no percibimos directa e inmediatamente las
cosas del mundo; los objetos del mundo causan en nosotros ideas, imágenes o
sensaciones. Percibimos no los objetos sino las representaciones mentales que causan.
Esta teoría responde a la necesidad de resolver diferentes problemas presentados por la
nueva ciencia y el sentido común. A partir de ejemplos que ilustran la imperfección de
nuestra experiencia cotidiana concluimos que el mundo tal como aparece a nuestros
sentidos difiere mucho del mundo tal como sabemos que es y como las ciencias nos
cuentan que es. Por tanto podemos decir que lo que percibimos no es el mundo. Durante
los S XVI y XVII progresa el conocimiento de la naturaleza y de los procesos físicos y
fisiológicos que tienen lugar durante la percepción. Exámenes de fisiólogos sobre la
audición permiten determinar que, por ejemplo, el sonido se descompone en una serie
de movimientos que van desde vibraciones de la atmósfera hasta los movimientos
propios de las membranas del oído, nervios y cerebro. Sin embargo, lo que oímos no
resulta satisfactoriamente descrita si sólo se mencionan movimientos del aire o
membrana; por tanto, pensamos que percibimos el mundo como una representación
mental causada por la materia en movimiento.

Racionalistas y opositores compartieron ello y discutieron en torno a la tarea del


filósofo que es el examen de las ideas de la mente. Por tanto, la filosofía se convertía en
tribunal supremo de todo conocimiento. El primer problema de la filosofía moderna
consiste en determinar qué significa comprender, cuáles son los requisitos que deberán
satisfacerse para que podamos afirmar que hemos entendido algo y que podemos estar
seguros de que conocemos y comprendemos. Es en la mente (con sus ideas y
representaciones) donde se dirime dicha cuestión. Descartes, Leibniz y Spinoza
consideraron que tal como es posible comprender plenamente un teorema de geometría,
se puede comprender el universo en su totalidad. Difieren en la caracterización de
aquello en lo que consiste la tarea de comprender. La respuesta que de cada uno a esta
cuestión determinará su metafísica.
Comprensión

La nueva ciencia de la naturaleza que ahora mide, calcula y predice los estados de la
materia en movimiento, lleva a los filósofos naturales del Siglo XVII a abandonar
interpretaciones teleológicas y a proponer interpretaciones mecanicistas. El cambio
involucró una concepción de lo “racional”.

Mientras Platón supuso que las ideas tenían existencia e independencia propia con
respecto a quien las piensa, Descartes considera que las ideas sólo existen como
contenidos mentales, estados o modificaciones del propio yo que las piensa. Mientras
que para Platón conocer es contemplar dichas ideas que están afuera esperando a ser
aprehendidas por el alma, para Descartes conocer implica ordenar las ideas en nuestra
mente. Dicho ordenamiento no sólo se adecúa a la realidad del mundo exterior sino
también a poseer ciertas características de evidencia exigencias de la propia actividad
pensante del hombre. Al negarse la existencia de un mundo independiente y ordenado
de ideas (y por tanto de la racionalidad como adecuación del alma a dicho orden)
cambia la comprensión de la racionalidad. Ser racional es ser capaz de construir órdenes
que satisfagan los requisitos de certeza y evidencia ilustrados por el conocimiento
matemático (pensar conforme a cánones). Racionalidad es una propiedad de la actividad
del pensar más que una visión de la realidad. Una vez establecido el criterio del
pensamiento racional (la evidencia de nuestras ideas) falta demostrar aún que el
pensamiento claro y distinto equivale a poseer creencias verdaderas del mundo. La
prueba de que hemos sido creados por un Dios que no nos engaña es el eslabón entre el
procedimiento puramente subjetivo de la racionalidad y la verdad.

Para Platón el alma es suprasensible y su tarea es llegar a contemplar las ideas


inmutables y eternas; las cosas que nos rodean participan de las ideas que les dieron su
existencia y finalidad propia; para Descartes interpretar la naturaleza como un mundo de
ideas y fines es un error que se comete por no distinguir espíritu y materia. La tarea
propia del espíritu es comprender la distinción entre cuerpo y alma, lo que implica
desespiritualizar la naturaleza y comprenderla como mera extensión, distinción que es
fundamento metafísico de nuestro conocimiento. Para ver esta distinción ontológica es
necesario apartarnos de nuestro punto de vista cotidiano corporal pues la experiencia
cotidiana es fuente de engaños. Para lograr claridad y distinción de nuestras ideas
(condición necesaria del conocimiento de acuerdo a la matemática) debemos
desentendernos de lo que percibimos por nuestros sentidos del mundo. Esto lo muestra
Descartes en la pregunta por qué es una cosa. Al agarrar un trozo de cera en las manos
piensa que esa cosa puede variar de forma y color, etc; la única característica que no
puede perder la cosa es la de ser algo extenso, algo espacial con tres dimensiones. El
mundo natural se interpreta como espacio geométrico. Las restantes cualidades se
explicarán reduciéndolas a materia y movimiento, quedando incluido nuestro propio
cuerpo en dicha explicación mecánica. El universo cartesiano es mecánico y
desencantado, no ofrece fines naturales ni expresa un sentido con el cual el hombre
pueda armonizar, lo que implica el gobierno de la razón, esto es, que nuestras vidas se
guíen por los órdenes de las ideas que nuestra capacidad de razonar pueda construir por
sí misma.

Spinoza considera que, si el mundo ha de ser inteligible, la relación de causa y efecto


debe pensarse como la relación lógicamente necesaria entre premisas y conclusión, pues
si el universo en conjunto careciera de necesidad lógica sería una tarea inútil tratar de
comprenderlo buscando razones necesarias. El modo geométrico en el que está escrita la
Ética no es un recurso simplemente estilístico, pretende reflejar la manera en la que el
universo está estructurado. Comprender el universo y nuestro lugar en él equivale a
examinar nuestras ideas, deshacernos de lo originado en nuestra imaginación y ordenar
coherentemente las ideas del entendimiento. Leibniz también toma la matemática como
modelo de comprensión y sostiene que todas las proposiciones verdaderas son
analíticas, incluso si se trata de la afirmación de hechos (Juan estudia en la biblioteca),
pues el concepto completo “Juan” está implícitamente incluido en el predicado “estudia
en la biblioteca”. Cualquier otra concepción apartada de este modelo matemático de
verdad entendido desde el principio de identidad deja de ser inteligible plenamente. Si
hay una razón (y debe haberla) para que el sujeto esté llevando a cabo determinada
acción y no otra, entonces hay una inclusión necesaria del predicado en el sujeto.

El requisito de inteligibilidad matemática expresado de maneras diferentes en Descartes,


Spinoza y Leibniz determina que cada uno proponga un sistema metafísico diferente,
articulados en torno a la noción de substancia.

Substancia

Se recurrió a este concepto para responder a una diversidad de problemas

1. Predicación: nuestros conocimientos se expresan en juicios y cada juicio


distingue el objeto que se conoce y aquello que conocemos acerca de él. El
problema consiste en determinar si una cosa individual es más que la colección
de cualidades que posee. En una substancia las cualidades sólo existen como
propiedades de algo que no es una propiedad.
2. Individuación: propiedades de una cosa son generales y pueden predicarse de
muchas cosas. Se relaciona con la predicación. Mientras que las cosas son
individuales, las propiedades son generales y pueden aplicarse a muchas cosas
individuales. Doctrina substancialista clásica: individuo es compuesto de forma
(que comparte con otros individuos) y materia (individualizadora). Es la materia
la que individualiza cualidades generales.
3. Indentidad: cómo es posible pensar que una cosa siga siendo la misma pese a su
devenir. Se consideró que únicamente una substancia que no cambia confiere
identidad a lo largo del tiempo a una serie de estados cambiantes.
4. Objetividad: si no percibimos cosas en sí mismas sino impresiones o apariencias
o imágenes o ideas de las cosas formadas en nuestra mente ¿qué validez objetiva
poseen estas múltiples impresiones subjetivas que se tienen en la mente? Las
múltiples apariencias deben comprenderse como representaciones de un
substrato objetivo. Los anteriores problemas se preguntan por la unidad detrás
de la multiplicidad.
5. Fundamentos del conocimiento (simplicidad): cosas compuestas del mundo
deben estar construidas a partir de los simples. Los simples son substancias. El
problema del conocimiento consiste en hallarlos. Los jonios inauguraron la
filosofía preguntando por la materia prima o cosa última que constituye el
mundo (aire, agua, indefinido, átomos). Desde entonces el problema ha sido
determinar cuáles cosas existen real o fundamentalmente.
6. Creación: substancia fue usada por los racionalistas modernos para significar lo
que es causa de sí mismo, logrando coincidir en que dicha substancia es Dios.
(causa sui). Substancia es aquello que no es sujeto de predicación y no puede ser
predicado de ninguna otra cosa. Existen cosas y propiedades, siendo la
substancia solamente cosas, suponiendo que la forma básica de nuestros juicios
es S es P, y que el mundo se divide en substancias y propiedades. De acuerdo
con Aristóteles, la existencia de una propiedad depende de que exista alguien
que la posea, siendo la dependencia lógica y equivalente a afirmar que es
conceptualmente incomprensible suponer que exista una propiedad y que no esté
ejemplificada en alguna cosa. La distinción entre substancia y atributo consiste
en que una substancia no depende lógicamente de ninguna otra cosa para existir,
mientras que los atributos dependen lógicamente de las substancias. La
substancia tiene su ser en sí mientras que los atributos tienen su ser en otro. En
los racionalistas esto se transforma en la tesis de que una la substancia no
depende causalmente de ninguna otra para existir. Ellos interpretan la relación
causal como si fuese una relación de dependencia ontológica. Explicar algo por
sus causas es mostrar cómo se deduce a partir de principios evidentes por sí
mismos. Independencia lógica de la substancia es independencia causal y por
tanto es causa sui, siendo Dios el mejor y único ejemplo satisfactorio de ello. La
causa sui también se comprende cuando se afirma que una cosa que no tiene
existencia independiente se piensa que deberán darse unas condiciones
determinadas para que exista: se pregunta si existe algo cuya existencia no
implique ninguna condición necesaria previa y Dios sería esta única substancia.

Crítica de las formas substanciales

La crítica aristotélico-escolástica estudiaba el cambio o movimiento tomando el


nacimiento o la generación de una nueva substancia como modelo de los restantes
cambios. Los físicos tendían a explicar todos los cambios como si se tratase del
nacimiento de un efecto a partir de una causa, siendo la naturaleza de una cosa el
principio interno que la hacía nacer, moverse, cambiar. Los seres naturales tienen en sí
mismos el principio de sus cambios. Como se consideraba que el principio de las
acciones de un ser vivo era el alma, esta se constituyó en modelo de naturaleza para el
físico. Si el alma explica los cambios de un ser vivo, algo similar a un alma explicará
los restantes cambios observados en los seres naturales. Tradicionalmente se considero
que la forma desempeñaba el principio substancial generador y por tanto, el alma (la
naturaleza de una cosa) se identificó con la forma de tal substancia. Cuando la forma
substancial se une a la materia se genera un nuevo ser y cuando se separa de la materia
se destruye un ser real.

En Meditaciones Metafísicas Descartes muestra que cuerpo y alma son dos substancias
distintas que no necesitan una de la otra para existir o cambiar, desespiritualizando el
objeto propio de la física convirtiéndose en mera espacialidad. Los cambios de la
naturaleza extensa no deberán explicarse mediante el recurso a las almas o formas
substanciales. Fenómenos de la física se explican mediante categorías propias:
magnitud, figura, movimiento, cayendo el concepto de forma substancial en
desprestigio. Se le otorgó a cuerpos y átomos únicamente aquellas propiedades que la
nueva ciencia mecánica tomaba en cuenta (extensión, figura, movimiento) y se les
negaba toda otra propiedad (color, sabor, olor) adjudicada acríticamente por el hombre
común (residen en el cuerpo de quien los percibe, no en lo percibido). Sin embargo,
Leibniz criticó la identificación cartesiana de cuerpo y extensión geométrica, señalando
que en el mundo se conserva la fuerza (que no es extensión) y no el movimiento
(Descartes) que es modo de la extensión. Se rehabilita así una versión propia de las
formas substanciales. La fuerza de atracción de Newton fue interpretada como si fuese
una facultad ínsita en las cosas mismas al modo de las formas substanciales, sin
embargo, Newton insistió en que con ello no quería decir más que el fenómeno
observado del que no ofrecía explicación alguna. A él no le interesaba qué era la
gravedad, sino calcular cómo actuaba.

La ciencia calculadora y cuantitativa necesitaba nuevos conceptos y las herramientas


teóricas del aristotelismo y la escolástica no eran suficientes para efectuarse una crítica
a fondo de la doctrina de la substancia. La lógica tradicional no distinguía
adecuadamente ente términos de individuo y especie (Juan, hombre) y términos
cuantitativos o de masa (agua, oro, materia). “Hombre” denota tanto a un individuo
como a la clase formada por todos los hombres, es tanto substancia individual como
predicado que describe tales substancias, cosa que no sucede con términos como “agua”
u “oro”. No hay aguas y oros individuales. La diferencia entre un hombre y un oro es la
diferencia entre lo que puede contarse y medirse, la diferencia entre una cosa individual
y una masa o substancia en el sentido cartesiano de extensión. La masa no podía ser
pensada en el esquema tradicional de substancia individual.

La causalidad

A comienzos de la Edad moderna surge la necesidad de explicar la naturaleza de las


relaciones causa-efecto e incluir en una sola teoría la relación causal entre Dios
trascendente y mundo en el acto de creación, la transmisión de movimiento entre los
cuerpos de la naturaleza, y las relaciones cuerpo-alma. Las teorías de la causalidad
intentan resolver las paradojas que surgen entre la omnipotencia de Dios (demostrada en
el acto de creación y la continua sustentación de su obra en la existencia) y la eficacia
causal del mundo físico ¿existen dos órdenes causales independientes: el de Dios y el de
los cuerpos naturales?

La geometría como modelo de conocimiento, supone principios evidentes y conexiones


lógicamente necesarias entre premisas y conclusiones. La nueva ciencia pretende
estudiar fenómenos naturales con rigor matemático y busca en la relación causal la
necesidad lógica que encuentra en la geometría. Otro modelo de relación causal es el de
la libre voluntad: el acto libre de mover una extremidad. Relaciones causales no se
entienden sólo como conexiones necesarias sino que se imaginarán como si fueran
acciones de una voluntad (noción de fuerza mantiene connotaciones psíquicas). Sin
embargo desde Descartes no se puede concebir que la extensión geométrica entre en
contacto con el pensamiento y resulta entonces imposible explicar la relación mente-
cuerpo. No puede concebirse tampoco que un cuerpo como porción del espacio inerte y
pasivo tenga fuerza motriz propia.

Tratando de resolver tal problema, el ocasionalismo resultaba aceptable tanto al teísmo


cristiano como a la ciencia nueva pues se refería a un mundo mecánico creado por un
Dios omnipotente. Malebranche hereda del racionalismo cartesiano el proyecto de
búsqueda de conexiones necesarias entre causa-efecto y dice que no podemos sino
pensar que lo contrario de un hecho siempre es posible y que carecemos de una
intuición que corresponda al influjo causal como tal. Examinamos la relación entre dos
eventos de la naturaleza y no descubrimos conexión necesaria. Sin embargo es en la
relación Dios-mundo en la que encuentra el requisito de necesidad lógica buscado en las
relaciones naturales. Dios omnipotente puede producir cualquier efecto y nada existiría
ni ocurriría en la naturaleza si Dios no lo hubiera dispuesto, siendo Dios el único agente
causal propiamente dicho. Ningún ser creado posee propiamente hablando un poder
causal. Si aceptamos que Dios es creador y todopoderoso se concluye que es la única
causa verdadera de todo lo que ocurre y de ello se sigue que las relaciones causa-efecto
percibidas son ocasiones en las que actúa Dios. La distinción entre cualidades primarias
y secundarias elaborada por Descartes y Locke reforzaron esta posición. La sensación
de estar viendo color rojo se produce cuando determinados movimientos afectan a
nuestro cuerpo, así no haya nada rojo frente a mí o que tenga los ojos cerrados, con
frotarnos el ojo vemos rojo. El mundo parece estar coordinado de manera tal que
cuando hay un movimiento en la materia se produce una sensación psíquica. Descartes
concebía la materia como extensión geométrica pasiva y atribuía a la voluntad divina el
origen del movimiento en el mundo. La causa del movimiento queda ubicada fuera del
mundo natural, como lo generalizaría el ocasionalismo.

El racionalismo postcartesiano pasa sus propios límites: la razón no puede concebir


relaciones entre substancias heterogéneas (cuerpo y alma) y no ofrece una teoría del
movimiento de la naturaleza extensa y por tanto, recurre a la libre voluntad de Dios; la
distinción cartesiana lleva a una noción opuesta a la razón (voluntad divina y creadora).
El científico estudia correspondencias y sucesiones constantes entre fenómenos. El
metafísico niega que haya fuerzas físicas o psíquicas en la materia que de cuenta de esas
relaciones. El filósofo describe cómo Dios mueve los cuerpos.
De acuerdo con ello, el acto de la creación escapa a nuestra comprensión. Por el
contrario, Spinoza se propuso comprender esta actividad creadora infinita y no
permitirá aceptar esta renuncia a la razón que implica fundamentar la causalidad en una
voluntad trascendente e intentará llevar al racionalismo hasta sus límites mostrando lo
absurdo de la idea de Dios trascendente y una naturaleza que no sea causa de sí misma.
Somete la libre actividad creadora de Dios a la necesidad lógica de la razón.

Leibniz señala que un examen atento de la naturaleza nos muestra que Descartes estaba
equivocado con respecto a las leyes del movimiento y que los cuerpos no son mera
extensión. En ellos hay alguna fuerza o principio vital que permita explicar por qué se
comportan como lo hacen, explicando ello a partir del alma humana y su espontaneidad
(modelo de substancia). La substancia genera sus modificaciones y los estados en que se
encuentran se siguen de los estados anteriores y se comprenden como explicitaciones de
su propia naturaleza. No puede haber una interacción causal entre substancias, pero lo
que las define es la producción de sus propias modificaciones o actividad real. Los
estados sucesivos de una substancia espiritual o corpórea se generan a partir de la fuerza
como principio interno que se asemeja a las antiguas formas substanciales y que es
distinta de la extensión o materia del cuerpo. Hay dos modelos de causalidad:

1. Actividad espontanea: cada uno de nosotros es consciente de la libertad de su


propio obrar tal como suponemos que es la actividad creadora de Dios
2. Estados sucesivos de una substancia individual se siguen unos a otros como una
explicitación de los predicados incluidos en el sujeto de una proposición
analítica.

La substancia es tan activa que no podemos concebirla interactuando con otras


substancias pues si todos sus estados se siguen de su propia naturaleza, ninguno de sus
estados se explica como efecto causado por otra substancia. Sin embargo, Leibniz
supone que Dios armonizó las substancias al crearlas de manera tal que sus estados se
correspondieran con los de las otras. Leibniz ubica la fundamentación metafísica del
movimiento y sus leyes en las substancias mismas reconociendo en ellas una genuina
actividad causal propia capaz de generar sus propios estados futuros aunque no
interactúe con otras substancias, siendo Dios el armonizador.

Consideraciones finales

Los racionalistas consideraron que el conocimiento matemático era el único


conocimiento genuino y por ello, se debe traducir la naturaleza al lenguaje matemático
para que resulte cognoscible. En Descartes la esencia de la materia es extensión y esta
equivale al espacio de la geometría. Si el conocimiento es matemático, la sensaciones
dan lugar a confusión. Si los cuerpos no son más que extensión geométrica en
movimiento, la sensación de música que escucho se comprende como espacio en
movimiento. Percepción, y conceptos de extensión y movimiento son ideas en mi
mente. Mientras aquella es una idea confusa, estas nociones geométricas son claras y
distintas. Los racionalistas fueron optimistas con respecto a la posibilidad de un
condicionamiento científico y racional y creyeron que era posible traducir los datos de
la naturaleza a lenguaje matemático pero no advirtieron que dichos datos fueran reacios
a ello y se presentaran como un hecho bruto imposible de reducir a una estructura
racional. Kant será el primero en señalar que la sensibilidad no es conocimiento
confuso y la reconoce como fuente independiente e imprescindible de conocimiento. En
los racionalistas, la relación entre sensibilidad y entendimiento se fue planteando como
el problema de la relación entre el sujeto y el predicado de una proposición del tipo S es
P. El examen del nexo proposicional será el punto de partida de Kant.