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Psicología de los grupos

Paso 2 –

Interiorizar conceptos básicos de la psicología de grupos

Presentado por:

Keila Patricia Pérez Conde

Leonor Sanid Jiménez

Silvia Yuliana Hernández Archila

Ana Karina Perez

Ninys de jesus Alvarez

Tutor:

Adrián Jiménez Martínez

Grupo: 403020_103

Universidad Nacional Abierta y a Distancia UNAD

Programa de Psicología

Marzo de 2019
Teoría clásica y la psicosocial de Latinoamérica

La psicología social crítica es una forma de autocrítica que se hace la psicología y, al hacerla, es
también una crítica de la sociedad, puesto que esta psicología social denuncia y fustiga su rol
como una de las estructuras sociales de poder. Al introducir la reflexividad, esto es, la continua
observación de su propia práctica y el reconocimiento de los valores, prejuicios y posición desde
los cuales se ejerce la psicología, el movimiento crítico ha generado una forma de auto-control
que responde a un imperativo ético cuyo postulado es el respeto del otro sin distingos de ninguna
especie. Y esto supone, asimismo, hacer una psicología inclusiva de la conciencia.

Hacer crítica supone analizar modelos teóricos, conceptos, interpretaciones y explicaciones


dadas a fenómenos o psicológicos o a circunstancias bajo estudio, y demostrar sus modos de
construcción, sus contradicciones, su grado de coherencia y los intereses subyacentes tras una
determinada teoría o propuesta, así como también sus fortalezas. Esto es lo que suele ser llamado
crítica interna. Ahora bien, lo que se conoce como corriente crítica en las ciencias sociales y en
la psicología social, en este caso, no se restringe a los aspectos de coherencia interna, sino que va
más allá, puesto que su tarea es discutir las atribuciones de esencialidad que naturalizan a las
formas de conocimiento producido, presentándolas como la forma canónica. Es una posición en
la búsqueda de conocimiento que "revela diferentes perspectivas, abre nuestro entendimiento
hacia nuevas interpretaciones y hacia otras facetas de los eventos y las cosas. Nos priva de
nuestras herramientas habituales induciéndonos a crear otras nuevas" (Montero & Fernández
Christlieb, 2003, p. 7). Sin embargo, ello no produce normas o categorizaciones sociales, sino
que podría decirse que es una voz de alarma, un llamado de atención, aunque parezca una forma
coloquial de ilustrar el punto. Y como dice Iñiguez (2003) es "el resultado del continuo
cuestionamiento de las prácticas de producción de conocimiento"

Estas líneas de la psicología tienen originen en el continente latinoamericano, es decir que


surgieron en el mismo ámbito geográfico y sociocultural, intentando responder a las
problemáticas propias de sus sociedades, por lo tanto, la perspectiva histórico-social constituye
un aspecto insoslayable.
En el marco de una corriente mundial de transformación de la ciencia, característica de su etapa
de crisis, es del mayor interés considerar el tipo particular de respuesta neoparadigmática que
se produjo desde América Latina -y en especial en Psicología Social- a partir de mediados de los
años ‘80. La Psicología Social Latinoamericana se propuso el desafío de enfrentar la realidad del
subdesarrollo, los efectos que producía sobre las personas y sobre las relaciones que establecían,
enfocando de manera directa la cuestión del poder y las posibilidades de transformación de las
situaciones de desigualdad e injusticia.

Este proceso de transformación social produce un tipo de organización para el logro de metas
compartidas en el que la dirección, ejecución y toma de decisiones se realizan conjuntamente
mediante formas horizontales de comunicación. La participación implica necesariamente a la
capacidad de reflexión, como un modo de examinar y reexaminar lo realizado, las decisiones
tomadas, los caminos emprendidos, las necesidades experimentadas y el papel desempeñado por
cada participante. Cada organización de espacios participativos hace surgir sus propias reglas
para el trabajo compartido y la reflexión conjunta. Si bien requiere de solidaridad, intercambio y
horizontalidad, es notorio que existen distintos modos de participación y distintos grados de
compromiso, no obstante todos los autores y autoras consultadas afirman que debe estimularse la
participación espontánea de los grupos de base, pues es la que responde a intereses legítimos que
proporcionarán la energía necesaria para la continuidad del proceso. Esos grupos son los que
deben controlar la situación e incrementar sus recursos, desarrollando al mismo tiempo su poder.

Las definiciones de Martín Baró y de Fischer muestran que, a pesar de la diferencia de posición
acerca de la psicología social y de su rol político en la sociedad, ambos mantienen el aspecto
asimétrico del poder que se había ya comenzado a criticar, aunque se muestran algunas
diferencias interesantes. Serrano García y López Sánchez, por su parte, señalan la importancia de
los recursos y de su variedad. Fischer no los considera, al contrario de Martín-Baró (1989), quien
considera que el aspecto de los recursos no está claro, aunque no desarrolla una perspectiva al
respecto. Su observación fue la siguiente:

Esta imprecisión weberiana sobre la base del poder [los recursos] ha permitido a no pocos
seguidores suyos postular la equivalencia de los recursos sociales como factor de poder,
desestimando así el carácter dominante que tiene el control de cierto recursos.
Para Martin Baro su trabajo psicosocial se basa en un estudio de la realidad latinoamericana, en
su producción intelectual y sobre todo en un aprendizaje dedicado a observar la realidad y
comprenderla. Analiza problemas de su entorno y plantea una base metodológica que pueda
servir para esa realidad concreta desde un acercamiento científico y humano.

Dentro de su estudio Martin baro recoge todos los aportes y como resultado obtiene una crítica
que permite delevar las diversas estructuras de desigualdad que priman en la región y que
dificultan la construcción de sociedades democráticas e integradoras.

De esto se trata la psicología social de percibir a los otros, como desarrollamos sentimientos
negativos y positivos hacia ellos, que esperamos de los otros y a que atribuimos sus conductas,
como las personas se comunican lo que piensan y lo que sienten, como tratamos de influir sobre
los otros y a su vez somos influidos por ellos.

Entendemos por psicología social como una disciplina cuyo intento es comprender y explicar
cómo los pensamientos, sentimientos y conductas de los individuos son influenciados por la
presencia actual, imaginada o implícita de otros seres humanos.

También la psicología social tiene relaciones con otras disciplinas interesadas en fenómenos
conductuales y sociales, tales como la educación, la ciencia política y la economía.

La psicología empieza a establecerse como un campo de estudio propio, prescindiendo de toda


preocupación metafísica y limitándose al análisis de hechos observables y comprobables debido
a Wundt, conocido como el fundador de la psicología científica. La teoría clásica constituye un
punto de referencia obligado en el estudio de la percepción.

El estructuralismo y el funcionalismo son escuelas psicológicas cuyo cuerpo de conocimientos


constituyen lo que se conoce como psicología clásica.

La teoría clásica, se basa fundamentalmente en la importancia de la estructura en las


organizaciones formales, sin darle consideración alguna al factor humano. Es el polo contrario a
la Teoría de las relaciones humanas, la cual se centra en el individuo y en las relaciones sociales
dentro de la organización.

El fundador de la teoría clásica fue el Ingeniero, Henri Fayol (Constantinopla 1841- París 1925).
Fayol hizo grandes aportes a los diferentes niveles administrativos: sistematizó el
comportamiento gerencial; estableció los catorce principios de la administración y dividió las
operaciones industriales y comerciales en seis grupos que se denominaron funciones básicas de
la empresa.

Wundt, que era discípulo de Helmholtz, publicó sus Fundamentos de Psicología Fisiológica y en
1879 fundó el primer laboratorio dedicado al estudio de la psicología experimental. La
formulación de la teoría clásica de la percepción por el discípulo de Wundt, Titchener, suele
conocerse con el nombre de estructuralismo.

El punto de vista clásico fue fundamentalmente empirista y trató de integrar en una teoría
unitaria las principales aportaciones que el desarrollo científico del momento podía hacer al
estudio de la percepción.

Helmholtz también proporcionó una teoría sobre la forma en que nuestro sistema perceptivo
aplicaba la regla. Cuando percibimos un objeto del mismo tamaño a pesar de sus cambios en la
distancia a que se encuentra de nosotros, es porque hemos aprendido a hacer algo que produce el
mismo resultado que “tomar en cuenta la distancia”. Helmholtz no pensaba que este proceso de
“tomar en cuenta” la distancia o la iluminación fuera un acto consciente de reflexión sobre la
situación. Pensó que se trataba de una inferencia inconsciente a partir de sensaciones que nos
pasan desapercibidas

Esta visión clásica asume que en los grupos, al interactuar, aparecen diferencias entre las
personas. Dichas diferencias se reflejan en distintas dimensiones; por ejemplo, hay diferencias en
la propia intervención, en la influencia que puede llegar a tener determinadas personas del grupo
e incluso en el grado de interés que pueda representar una actividad para algún miembro del
grupo.

Esta visión clásica de la estructura grupal asegura que dichas diferencias como consecuencia de
la interacción pueden dar lugar a desigualdades: una persona participa más; otra se erige como
líder del grupo o es vista como tal; alguien tiene un interés desmesurado, etc.