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YANIRA GUERRERO MUÑOZ

C.C 52085738
ESPECIALIZACIÓN EN DOCENCIA UNIVERISTARIA
ENSAYO PROFESOR LUIS FERNADO BRAVO LEÓN
¿QUÉ ES PARA MÍ LA UNIVERSIDAD?

Honestamente, no me había planteado esta pregunta ni siquiera en mi


etapa preuniversitaria. La formación recibida en casa indicaba que para ser
profesional debía ingresar a una universidad y culminar una carrera para ser
alguien en la vida. Fue así, como inicié el camino para conseguir lo que me
permitiría crecer en esta sociedad y poder enfrentarme al futuro.

Al finalizar mi etapa escolar me embargó una gran ansiedad por dar el


primer paso, este era presentar un examen de conocimientos básicos y
obtener un buen puntaje para acceder una entrevista en la carrera
deseada. Lo anterior no garantizaba pasar directo a dicha carrera. En ese
momento la realidad me enseñó cómo la burocracia hacia los más
favorecidos, independientemente de los resultados, hacía que estos
ingresaran a dicha carrera, mientras otros debíamos pasar por más pruebas
para cumplir con el objetivo. Una vez superada esta etapa todo se
trasformaba en recibir conocimiento de diferentes maestros y personajes.

Tuve la fortuna de ingresar en una universidad con un enfoque


biopsicosocial, esto me permitió integrar todo lo recibido y hacer diferencia
en la práctica de mi carrera. Gracias a este modelo de enseñanza con
énfasis en el análisis de la integralidad humana creía que había conseguido
satisfacer mis objetivos de aprendizaje. Nada más alejado de la realidad.
Al finalizar mi carrera en medicina, el deseo de aprender no cesó. Una
imperiosa necesidad de ampliar mis conocimientos se apoderó de mí, y
regresé al claustro del conocimiento, convirtiéndome nuevamente en una
inquilina del saber.

Al ingresar a la especialización en Docencia Universitaria recordé cuando


estaba en primer semestre de medicina, hablando del conocimiento
humano y de la salud. ¿Cómo enseñar a mis estudiantes sobre el principio
elemental de la medicina: “primum non nocere”? Hoy, después de tantos
años de estudio sin satisfacer mis impulsos intelectuales, comprendo el
esfuerzo de mis maestros para transmitir el conocimiento a nosotros los
estudiantes.

En un mundo globalizado, el conocimiento se transmite a velocidades


inimaginables. En este aspecto las universidades deberían ser actores
fundamentales en la transmisión del conocimiento, ser el centro del debate,
del raciocinio, de la pluralidad ideológica, la puerta al desarrollo intelectual.

La tendencia actual a reproducir ideas sin análisis y sin filtros, conlleva a


comportamientos sociales que favorecen la discriminación, la
estigmatización, la polarización y las visiones limitadas de la realidad. Las
redes sociales han desplazado a la universidad como centro del saber. Hoy
es más fácil transmitir el conocimiento a través de facebook, whatsapp,
Instagram, etc. Cada quien, en su intelectualidad virtual se siente dueño de
la verdad.
Teniendo en cuenta lo anterior, considero a la universidad como la casa del
saber. La institución en donde un conjunto de personas se reúnen a
engendrar, reproducir, cultivar y compartir conocimientos e ideas que
tendrán repercusiones en el desarrollo y evolución de la sociedad. Sin
embargo, la universidad no está al alcance de todos los individuos de una
sociedad.

Informes del Banco Mundial (1) revelan que Colombia ha tenido una de las
mayores expansiones en América Latina en cuanto acceso a la educación
superior. Sin embargo, ostentamos tasas muy altas de deserción y abandono
del sistema de educación superior. Siendo los estudiantes de estratos
sociales bajos, los más propensos a desertar.

Hay casos en los que las universidades tergiversan su función educativa, y se


convierte en emporios económicos que diluyen su actividad altruista. Un
ejemplo es la Fundación Universitaria San Martín, en la que, por intereses
personales, se vieron afectado el desarrollo y esfuerzo de muchos
estudiantes. Como este centro universitario hay muchos en Colombia, en los
que la transmisión del conocimiento se desdibuja por afanes estrictamente
monetarios. En una sociedad en la que el éxito se expresa en dinero, el saber
pasa a un segundo plano.
Alguna vez pregunté a mi padre en qué universidad estudió, él respondió -
En la universidad de la vida-. Desde entonces, podría decir, que, para mí, la
universidad es la vida misma. Es ese peregrinar por los caminos de la
ignorancia en la búsqueda del conocimiento y del saber. Es el sitio en el que
confluimos cientos de personas con una única intención; aprender.

Referencias:

(1) Granja. (2017) Colombia mejora en acceso a educación superior,


pero falta calidad. Colombia: El tiempo.com. Recuperado de
http://eltiempo.com