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ENSAYO FINAL DE MÚSICA SACRA

PRESENTADO POR:
JUAN CARLOS GARCÍA SÁNCHEZ
DIÓCESIS DE FACATATIVÁ
CUARTO AÑO

PROFESOR:
D.P. CAMILO MARTINEZ
MÚSICA SACRA

“LA MÚSICA SACRA TE ACERCA A LA SANTIDAD”

ARQUIDIÓCESIS DE BOGOTÁ
ESCUELA DEL DIACONADO PERMANENTE
BOGOTÁ-COLOMBIA
JUNIO 13, 2015
INTRODUCCION: LA VOCACION DEL HOMBRE A LA SANTIDAD
La santidad constituye un objetivo primordial para la vida del cristiano. Por consiguiente, la
salvación es equivalente a la santidad porque sólo los santos tendrán comunión plena con Dios. El
presente escrito busca establecer cómo desde la música sacra el hombre y Dios se encuentran para
obrar el misterio y milagro de la salvación. En vista de la complejidad del tema, acudiré a fuentes
bíblicas, magisteriales, papales y temáticas de la clase de Música Sacra para esbozar las ideas,
parafraseando el contenido de muchas, pero realizando las citas bibliográficas correspondientes.
Por esa razón, la premisa central del ensayo es que la música nos acerca a la santidad porque es
Dios mismo quien la anima, es decir, Dios nos da el contenido y la forma de lo que Él quiere que se
le exprese y se le diga a través de la música y del canto sacros.

En primer término, la palabra de Dios nos convoca en torno a la santidad. Basta mencionar algunas
referencias bíblicas para descubrir esta realidad: Levítico 19:2 «Dile a la comunidad israelita lo
siguiente: »Sean ustedes santos, pues yo, el Señor su Dios, soy santo; Levítico 20:7 »Conságrense
completamente a mí, y sean santos, pues yo soy el Señor su Dios; Levítico 20:26 Ustedes deben ser
santos para conmigo, porque yo, el Señor, soy santo y los he distinguido de los demás pueblos para
que sean míos; Isaias 35,8 Allí habrá una calzada, un camino, y será llamado Camino de Santidad;
el inmundo no transitará por él, sino que será para el que ande en ese camino; los necios no vagarán
por él. Finalmente, en 1 Pedro 1:16 pues la Escritura dice: «Sean ustedes santos, porque yo soy
santo.»

Por otra parte, a nivel magisterial, el capítulo V, “Universal Vocación a la Santidad" del documento
de Vaticano II Lumen Gentium centra su atención en la cuestión de que todos los que creemos en
Jesucristo estamos y somos llamados a la santidad. Para empezar, el número 30 sostiene que “la
Iglesia es indefectiblemente santa, ya que Cristo, el Hijo de Dios, amó a la Iglesia como a su esposa,
entregándose a sí mismo por ella para santificarla (Ef 5,25-26), la unió a sí mismo como su propio
cuerpo y la enriqueció con el don del Espíritu Santo para gloria de Dios. Por eso, todos en la Iglesia,
ya pertenezcan a la jerarquía, ya pertenezcan a la grey, somos llamados a la santidad, según aquello
del Apóstol: "Porque ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación" (1 Tes 4,3; Ef 1,4)”. Luego,
en el número 40 sostiene que “nuestro Señor Jesucristo predicó la santidad de vida, de la que Él es
Maestro y Modelo, a todos y cada uno de sus discípulos, de cualquier condición que fuesen”.
Finalmente, en el número 41, sobre la santidad en los diversos estados, se afirma que “una misma
es la santidad que cultivan en cualquier clase de vida y de profesión los que son guiados por el
espíritu de Dios y, obedeciendo a la voz del Padre, adorando a Dios y al Padre en espíritu y verdad,
siguen a Cristo pobre, humilde y cargado con la cruz, para merecer la participación de su gloria.
Según eso, cada uno según los propios dones y las gracias recibidas, debe caminar sin vacilación por
el camino de la fe viva, que excita la esperanza y obra por la caridad”. 1

De la misma manera, en el saludo del Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II para la XXXIX Jornada
Mundial de Oración por las Vocaciones, el papa dice “A todos vosotros, los queridos por Dios y
santos por vocación, la gracia y la paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo”
(Rom.1,7), citando a San Pablo para referirse a la “ La vocación a la santidad”. En este mensaje,
sostiene asimismo el papa que la “tarea primaria de la Iglesia es acompañar a los cristianos por el

1
Lumen Gentium, Capitulo 5.
camino de la santidad, con el fin de que iluminados por la inteligencia de la fe, aprendan a conocer
y a contemplar el rostro de Cristo y a redescubrir en Él la auténtica identidad y la misión que el Señor
confía a cada uno. De tal modo que lleguen a estar “edificados sobre el fundamento de los apóstoles
y de los profetas, teniendo como piedra angular al mismo Jesucristo. En Él cada construcción crece
bien ordenada para ser templo santo en el Señor” (Ef. 2. 20-21).2 En consecuencia, la música sacra
nos acompaña en el proceso salvífico porque eleva nuestros corazones, nuestras mentes y nuestras
almas a Dios, a través de la liturgia de la Iglesia, gracia animada por el Espíritu Santo, formada y
sostenida por el cuerpo del Señor, en obediencia a los mandatos del Padre.

Por todo lo anterior, la vocación universal a la santidad es la propuesta evangelizadora de la Iglesia.


De hecho, la razón de ser de la iglesia es evangelizar, y el propósito de la evangelización es que cada
vez más un número mayor de seres humanos acojan el don de la santidad en que nos configura la
acción salvífica del Señor Jesucristo. Como consecuencia se deriva entonces el que la música sacra
sea el sonido de la salvación, una representación sensorial vivida y concreta en la que Dios se
manifiesta para evangelizar y enriquecer a su pueblo mediante el anuncio de su Hijo y la fuerza del
Espíritu Santo, en el lugar y en el modo en el que Dios lo ha querido: su Santa Iglesia Católica, a
través de la Liturgia.

MUSICA SACRA Y SANTIDAD


Sin ambages, afirmo que la música sacra me santifica porque tiende a la gloria de Dios y la
santificación y edificación de nosotros los fieles, al añadir más eficacia a los textos sagrados, al
incrementar nuestra devoción y prepararnos mejor a recibir los frutos de la gracia, propios de la
celebración de los sagrados misterios, ya que posee las cualidades propias de la liturgia, es decir, la
santidad y la bondad de las formas; excluye todo lo profano, y no sólo en sí misma, sino en el modo
con que la interpreten los mismos cantantes; tiene arte verdadero sobre el ánimo de quien la oye
aquella virtud que se propone la Iglesia al admitir en su liturgia el arte de los sonidos, es universal y
no me deja una impresión que no sea buena.3 La música sacra, por consiguiente, me santifica puesto
que toma como punto de referencia la santidad divina que procede de Dios y viene acompañada
de la fuerza y la presencia misma de nuestro Padre celestial, confirmándose el hecho de que «la
música sagrada será tanto más santa cuanto más estrechamente esté vinculada a la acción
litúrgica»4, es decir, a la salvación del Pueblo de Dios.

Asimismo, la música sacra nos santifica, de modo concreto y directo porque hace parte integrante
de la misión evangelizadora de la Iglesia, tal y como lo sostenía Juan Pablo II, dado que brinda «la
posibilidad de ser propuesta a cualquier pueblo o tipo de asamblea» 5 En efecto, la música sacra
santifica, promueve la fe y colabora en la nueva evangelización porque junto con el canto, pueden
conferir a la recitación de los salmos y cánticos bíblicos mayor fuerza comunicativa, lo mismo que
fuerza a la misión ad gentes de toda la Iglesia al potenciar las tradiciones musicales de los pueblos.6
En ese orden de ideas, la música sacra me acerca a la santidad porque permite la participación

2
Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II para la XXXIX Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 21 de
abril 2002.
3
Principios genérales, Motu Proprio Tra Le Sollecitudini del Sumo Pontífice Pío X sobre la Música Sagrada
4
Sacrosanctum Concilium, 112
5
Visita Benedicto XVI al Pontificio Instituto de Música Sacra, 15 de octubre de 2007.
6
Discurso de Benedicto XVI sábado 10 de noviembre de 2012, congreso de Scholae Cantorum
activa de todo el Pueblo de Dios en la liturgia al escuchar, acoger con los sentidos y con el espíritu
la Palabra de Dios, de modo que puede hacer cantar a los corazones de mucha gente durante las
celebraciones litúrgicas.7

Santifica la música sacra a quienes nos congregamos en la celebración litúrgica porque le da un


profundo sentido de la oración, dignidad y belleza sobrenaturales a la liturgia, adhesión a los textos
y a los gestos litúrgicos, honda implicación de la asamblea, una legítima adaptación a la cultura
local, conservando al mismo tiempo la universalidad del lenguaje, con la primacía del canto
gregoriano, como modelo supremo de música sacra, y la sabia valoración de las demás formas
expresivas, que forman parte del patrimonio histórico-litúrgico de la Iglesia, especialmente, pero no
solo, la polifonía ejecutada por la Schola Cantorum, en particular en las iglesias catedrales.8

La música sacra santifica asimismo porque permite que la Iglesia reúna en sí todas las vocaciones
que Dios suscita entre sus hijos y se configure a sí misma como reflejo luminoso del misterio de la
Santísima Trinidad, como “pueblo congregado por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”,
que lleva en sí el misterio del Padre que llama a todos a santificar su nombre y a cumplir su voluntad;
custodia el misterio del Hijo que, mandado por el Padre a anunciar el reino de Dios, invita a todos a
seguirle; es depositaria del misterio del Espíritu Santo que consagra para la misión que el Padre ha
elegido mediante su Hijo Jesucristo.9 La música sacra me conduce a la santidad porque la Iglesia es
“casa de la santidad” y la caridad de Cristo, difundida por el Espíritu Santo al solemnizar la escucha
de la Palabra de Dios, nuestra oración, nuestra asidua participación en los Sacramentos y en la
búsqueda constante del rostro de Cristo en cada hermano.10

De la misma manera, la música sacra nos acerca a la santidad porque permite que la Iglesia sea la
casa y la escuela de la unión, abraza la espiritualidad de comunión con una mirada del corazón
sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida
también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado, con una mayor capacidad de sentir
al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico y, por tanto, como «uno que me
pertenece», para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a
sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad.11

Adicionalmente la música sacra me acerca a la santidad porque, como lo dijo el papa Benedicto XVI,
la armonía del canto y la música representa una constante invitación para los creyentes y para todas
las personas de buena voluntad, a buscar juntos el lenguaje universal del amor que hace a los
hombres capaces de construir un mundo de justicia y de solidaridad, de esperanza y de paz.

Igualmente, la música sacra santifica al Pueblo de Dios porque profundiza el misterio a través del
silencio sagrado, gracias a la disposición interior que nace de la palabra de Dios escuchada, de los

7
Idem
8
Sacrosanctum Concilium, Capítulo VI.
9
Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II para la XXXIX Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 21 de
abril 2002.
10
Cf. Ídem.
11
Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte del Sumo Pontífice Juan Pablo II al Episcopado, al Clero y a los fieles
al concluir el Gran Jubileo del Año 2000, 43.
cantos y de las oraciones que se pronuncian y de la unión espiritual con el celebrante en las partes
que dice él.12

Por añadidura, me acerco a la santidad a través de la música sacra Música porque puedo buscar y
encontrarme con Dios para agradecerle, alabarlo, implorarle, amarlo, celebrar la Redención, sentir
confianza, celebrar la Fe, pedirle perdón, sentir Paz y escucharlo, afirmar desde el interior y decirle
al Señor que me hable como su siervo que en la liturgia lo escucha. 13

La música sacra, como consecuencia de la gracia divina divina, se constituye en una gran
oportunidad de acercarme a la comunidad santificada porque me permite formarme a fondo en
temas como la Historia General de la Música, la iniciación musical, los acordes básicos, la técnica
vocal, la influencia de la música en el ser humano, la música Litúrgica y/o Sacra además de fuentes
adicionales para aprender más y profundizar mi relación con Dios y su Pueblo Santo.14

La música sacra, por consiguiente, me aproxima a la santidad y me lleva a Dios cuando combina dos
actitudes que se retroalimentan mutuamente. Por un lado, una actitud interior que permite mi
adaptación a los textos y a su contenido, donde, como en el Canto Gregoriano, es necesario conocer
algo de latín y gozar de una gran paz espiritual. Por otro lado, una actitud exterior que refleja mi
actitud interior, mi autodisciplina, la calma y la tranquilidad santificantes, la actitud pausada al
caminar, estar de pie o sentarse, la expresión del rostro. Sin embargo, el nerviosismo, la dejadez, la
mímica, el parloteo o una pose corporal forzada dejan traslucir falta de madurez y desinterés y
provocan incredulidad respecto al canto.15

Un aspecto de altísima relevancia para mí como estudiante de la escuela consiste en constatar que
la Música Sacra también puede hacer parte de mi día, a través de la celebración del Oficio Divino,
por cuanto la celebración cantada del Oficio divino está más en consonancia con la naturaleza de
esta oración e indica mayor solemnidad y más profunda unión de corazones en la alabanza del
Señor. 16 En consecuencia, la Liturgia de las Horas y el Oficio Divino santifican porque se establece
una especie de correspondencia o diálogo entre Dios y los hombres, en que "Dios habla a su
pueblo... y el pueblo responde a Dios con el canto y la oración. 17 Al participar del Oficio Divino, y
más cuando lo canto o lo cantamos en comunidad, hallamos como consecuencia una fuente
abundantísima de santificación en la Palabra de Dios que tiene aquí principal importancia porque
tanto las lecturas, como los salmos que se cantan en su presencia están tomados de la Sagrada
Escritura y las demás preces, oraciones e himnos están penetradas de su espíritu.18

Al cantar el Oficio Divino me santifico porque comprendo que ha sido y "fue escrito para nuestra
enseñanza" (R.M. 15, 4), para alimentar la fe de cuantos participamos, con las mentes dirigidas a
Dios, presentándole la ofrenda espiritual y recibiendo de él su gracia con mayor

12
Instrucción "Musicam Sacram" de la Sagrada Congregación de Ritos y del Consilium sobre la música en la
Sagrada Liturgia, 17.
13
Presentación DP Camilo Martínez
14
Cf. Ídem.
15
Presentación DP Camilo Martínez
16
Cf. Ídem.
17
ORDENACIÓN GENERAL DE LA LITURGIA DE LAS HORAS, 14
18
Cf. Ídem
abundancia.19Asimismo, el Oficio Divino cantado santifica porque es una adoración permanente del
día y del tiempo el kronos mío y de la comunidad que se funde en acordes con el kairós de Dios que
se sincroniza para que experimentemos la gloria del Cielo y la gracia de la salvación.

CONCLUSIONES
Deseo afirmar enfáticamente que la clase de Música Sacra nos ha permito adentrarnos en el
misterio salvífico de Dios. En esta materia, la música y la teología se han fundido en un abrazo para
enriquecer la vida espiritual de nosotros los estudiantes y, por consiguiente, iluminar el sentido
teológico-litúrgico de la música.20 En otras palabras, he aprendido que la Música Sacra es uno de los
canales preferenciales para salvación y la santificación de los hombres.

De ahí que, labores pastorales como el Equipo Parroquial de Animación Litúrgica, el Equipo Vicarial
de Animación Litúrgica y la comisión diocesana de Liturgia se reactivan y adquieren mayor
consonancia y consistencia gracias a la calidad de los contenidos y las inquietudes despertadas en
el trascurso de las actividades de la materia, puesto que al hacer una labor de evangelización con
elementos más claros en temas de música sacra también acerca y anima a la santidad.

Al terminar la materia comparto varias ideas con San Agustín. Comprendo, por ejemplo, que la
música tiene una única tarea primordial, disociar a la razón, mediante sus perfectas relaciones
acústico-matemáticas, de los sentidos carnales y elevarla a la verdad inmutable, al único Dios y
Señor de todas las cosas. Así pues, debe conducir al alma a reconocer que las cosas terrenas están
subordinadas a las celestes”21 Por consiguiente, la experiencia del Misterio que se realiza a través
de la música lleva a una cierta comprensión de la realidad y permite profundizar el placer estético
o el gozo de la belleza, de la música, ayuda al alma a elevarse a la belleza de Dios a quien es preciso
amar, tal y como lo permite la música sacra.

Le comparto diacono un hecho significativo de mi vida: Dios me salvó y me llevó hacia Él a través
de la música. Uno de los momentos de gracia con Dios se relaciona con un episodio excepcional
ocurrido durante una eucaristía en la que sentí claramente la voz de Dios, la melodía celestial de la
salvación, a través del canto y la música interpretados por un agente de pastoral en una parroquia
de Bogotá.

Su testimonio, sumado al del primer diacono que nos acompañó, son fuente de gracia y
santificación para nosotros porque, indiscutiblemente, expresar tan apasionada y profundamente
la fe y el amor a Dios por medio de la música nos conduce a las fuentes mismas de la santidad divina,
mediante la Iglesia y sus clérigos, resultando en una inquietud ampliada respecto al don
transformador de la música sacra.

Concluyo diciendo que la música sacra me conduce a Dios porque me permite amarlo con todo mi
ser y ser amado por el a través de las sensaciones de paz y belleza que reflejan el Espíritu de Dios
que todo lo anima.

Muchas Gracias Diacono. Dios lo bendiga.

19
Cf. Ídem
20
Blog del ciento por uno.
21
San Agustín, Sobre la música, pp. 343 ss.