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No deis lugar al diablo

Conociendo el poder en toda sabiduría e inteligencia espiritual


(PRIMERA PARTE)

Por: Guillermo Suco

A
lguna vez has sentido como si tuvieras una lucha dentro de ti porque tu
pasado intenta regresar a tu carne, pero tu espíritu lo resiste? Cuando le hice esta
pregunta a un hermano en la fe a quien amo mucho en el Señor, me contestó lo
siguiente: «A veces –me dijo–. Y a veces el pasado gana, otras veces el espíritu lo
hace. Todavía quiero aprender a confiar más en Dios, de manera que pueda darle
completamente mis decisiones al Espíritu.

»La tentación es natural. Yo tengo tentaciones también. Como sabes, yo solía ser como tú
en ciertos aspectos y aún tengo esas tentaciones. Incluso tengo tentaciones sobre mi novia,
también. Sólo recuerda que Dios está contigo en todo tu camino sin importar lo que pase;
Él está aquí para ti, siempre. Confía en el Señor y Él te guiará.

»Todos queremos mantenernos cercanos al Señor. Sólo confía en Él, quédate cerca de Él y
estarás bien. Eso es lo que te promete el Señor. Continúa orando, continúa leyendo su
Palabra, continúa buscando de Él, continúa alabándolo, continúa buscando anhelantemente
de su gracia y espera delante de su Presencia y Él vendrá». La angustia de perder una
batalla que se desataba dentro de mí, sólo podía ser ganada en la intimidad con el Señor. Lo
malo era que había dejado de mantenerme cerca de Él, había dejado de buscar su Palabra y
consecuentemente, el temor a perder se intensificó. Cuando estas palabras oportunas de mi
hermano me confrontaron, busqué del Señor y Él me llevó a confirmar mi identidad y
posición en Jesucristo y que estaba peleando una batalla ya ganada por Él y que, por tanto,
mi confianza debía estar puesta en Dios, mi Salvador.

Un vistazo al libro de Colosenses

Pablo no cesaba de orar y preocuparse por los creyentes de Colosas. Como él mismo
manifestaba, „no cesaba de orar por ellos y de pedir que sean llenos del conocimiento de la
voluntad del Señor en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que anden como es
digno del Señor‟ (1:9, 10). Su preocupación radica en que los hijos de Dios nos
mantengamos firmes en nuestra fe por la que ya hemos sido salvados, reconociendo nuestra
posición de hijos con autoridad en el poder de Dios para hacer frente a nuestro enemigo.

La intimidad con el Señor es fundamental para revestirnos de este «conocimiento de la


voluntad del Señor en toda sabiduría e inteligencia espiritual». Como pronto pude ser
confrontado, el alejarnos de la presencia de Dios nos vuelve blancos vulnerables para que
los demonios empiecen a cavar hondo, un lugar dentro de nosotros. La expresión «ni deis
lugar al diablo» de Efesios 4:27, nos lleva a reflexionar en la importancia de mantener la
intimidad con nuestro Salvador, a través de la búsqueda constante de su Presencia, de la
lectura ávida de su Palabra. Al alimentarnos de la sabiduría e inteligencia que manan de las
Escrituras, impedimos dar lugar al diablo para que éste llene nuestra mente con los

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recuerdos del pasado, de nuestra vida de cautividad y así crear un lugar en el que pueda
entrar a morar y dirigir nuestra vida hacia la destrucción y muerte que lo caracteriza;
porque «el ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir» nuestra vida, nuestra
existencia, nuestra alma, para así llevarnos a cautividad y aflicción (Juan 10:10).

Por este motivo, Pablo empieza declarando el señorío y poderío de Jesucristo, «el
primogénito de toda creación» (1:15). Esta magistral descripción de Cristo, nuestro Señor,
echa al suelo cualquier intento de poder por parte del reino espiritual demoníaco, pues
aparece como sujeto al poder de Jesús el Señor:

«Porque en él fueron creadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra,
visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue
creado por él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y por él todas las cosas subsisten: Y
él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia; él que es el principio, el primogénito de los
muertos, para que en todo tenga la preeminencia. Por cuanto agradó al Padre que en él
habitase toda plenitud, y por él reconciliar todas las cosas consigo, haciendo la paz por la
sangre de su cruz, así lo que está en la tierra como lo que está en los cielos». (1:16-20)

Si Cristo es la cabeza de la iglesia y nosotros, como iglesia, somos sus miembros, entonces
podemos afirmar que el poder inmanente a Sí, es derramado sobre nosotros y que por
medio de ese poder podemos hacer frente a cualquier principado, dominio o potestad en el
nombre de Jesús. Esta declaración es únicamente el principio de la revelación del poder que
como hijos de Dios tenemos por medio de nuestro Señor.

Colosenses 2:8-10

En el capítulo 2, Pablo ve la necesidad de «alcanzar todas las riquezas de pleno


entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre y de Cristo, en quien están
escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento» (vv. 2, 3). Esta necesidad,
radica en el hecho de alimentar nuestra mente y nuestro corazón contra cualquier
infiltración maligna. Como lo manifesté anteriormente, el alimentarnos de la Palabra, evita
que seamos agobiados con recuerdos de nuestra vieja vida que nos llevan a entrar en
angustia y a ser desviados hacia las tentaciones que del mundo llegan a nosotros y,
cayendo, dar lugar al diablo para que tome control parcial de nuestro ser. Alimentarnos de
la Palabra es parte fundamental de la relación de intimidad que todo hijo de Dios debe
tener. La búsqueda de su Presencia, a través de la oración, la alabanza y la adoración, nos
acerca hacia el Padre y nos reviste de la gloria y el escudo protector de nuestro Dios:

«El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente». (Salmo
91:1)

Así, teniendo en mente esta necesidad, el apóstol empieza exhortando a los creyentes a no
dejarse engañar «por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los
hombres, conforme a los rudimentos del mundo y no según Cristo» (vv.8). A partir de aquí,
Pablo da la siguiente declaración que resume lo ya expuesto en el capítulo 1: Jesús es Dios:

«Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad» (vv. 9)

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¿Por qué es necesaria esta declaración? Porque el discípulo necesita estar seguro de a quién
sigue. Si yo, como discípulo, no estoy seguro del poder y la autoridad de mi Señor, no
estaré seguro de la autoridad con la que predico y declaro a Jesús como Señor ni de la
autoridad con la que hago frente a mis enemigos ni de la autoridad con la que Él me libertó
de mi pasado, de los carceleros que tenían cautiva mi alma, del lugar en el que estaba
cautivo. He podido constatar que el diablo hace uso de la inseguridad de las personas para
volver a hacerlas cautivas en sus redes. Cuando una persona duda del poder de Jesús para
libertar y de que Él «subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad» (Efesios 4:8), cree las
mentiras del diablo de no haber sido libres nunca del pasado ni de la actividad demoníaca
en la vida del nacido de nuevo; cree que el “supuesto” cambio fue únicamente una fiebre
pasajera que pronto se enfriará y volverá a su vida antigua; cree que su adicción nunca va a
terminar sino que es la cruz contra la cual siempre va a luchar y que muchas veces caerá
pero que a Dios no le importa porque Él conoce su debilidad. ¡Mentira! La vida en Cristo
que las Escrituras me revelan, es una vida de abundancia, de libertad total, absoluta,
completa; no parcial, no permisiva. Es una vida de victoria sobre las adversidades. No en
vano Jesucristo dijo: «En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al
mundo» (Juan 16:33). Si Él venció el mundo y Él vive en mí, entonces tengo su poder para
vencer al mundo.

Por eso Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, declara en el verso 9 que Jesús es Dios y,
antes, advierte de las falsas filosofías y de no volver „de nuevo a los débiles y pobres
rudimentos del mundo en los cuales podemos caer en esclavitud y cautividad de los no
dioses‟ (Gálatas 4:3, 8, 9). Y los no dioses son aquellos que nos llenan la mente de las
mentiras antes mencionadas. Así que, repito, la libertad en Cristo es una libertad total.

Nuestra identidad en Cristo

«Y vosotros estáis completos en él» (vv. 10). La siguiente declaración de Pablo es


fundamental y absoluta en la vida del cristiano. Cuando me encontraba lejos del Señor y
sumido en la homosexualidad, constantemente me decía a mí mismo que necesitaba a la
otra persona para sentirme amado, seguro, vivo, feliz, etc. Aunque me negaba a admitir que
era dependiente y que necesitaba al otro para sentirme completo, la realidad era contraria a
mi negación.

Las personas con baja aceptación propia, baja valoración de sí mismas y que han sido
víctimas de abuso físico y emocional, tienden a caer en relaciones de dependencia
emocional. Al haber crecido carentes de amor o mal amadas, en un hogar disfuncional,
buscan llenar ese amor, ese vacío, esa alma fragmentada con el amor que les ofrece otra
persona. En mi caso, me llevó a encontrar ese amor en los brazos de otro hombre. Es
fundamental recalcar que el diablo hace uso de los traumas emocionales en los niños para
entrar en la vida de éstos y arruinar su crecimiento y desarrollo de su personalidad,
fragmentar su alma y tomar control de cada uno de sus fragmentos. El dolor producido por
los distintos tipos de abusos que pueden ser perpetuados en contra de los niños –ya sea
físico, emocional, sexual o ritual satánico (que incluye los otros tres tipos de abusos) –,
genera ira, rencor, odio, venganza, en contra del sujeto que ejecuta el poder coercitivo. Si
no puede volcar su reacción sobre éste, daña a quienes considera inferiores a sí y de esta
manera se produce una reacción en cadena de daño (Hebreos 12:15). Si a esto se le añade el

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control que los distintos demonios poseen de las personas abusadas, tenemos un cuadro
sumamente emergente.

Otros, vuelcan sus traumas y falta de amor en personas a quienes se idealiza como los
únicos proveedores de amor, comprensión, cuidado, seguridad, estima, etc., creyéndose
completos con aquella persona que le ofrece lo que no recibió en casa. Así, encontramos
embarazos no deseados, matrimonios apresurados porque se creyó encontrar “el amor de la
vida” –matrimonios que terminan en hogares destruidos, con personas que se destruyen
entre sí y que destruyen a los bebés que procrean–, homosexualidad, divorcios, entre otros.
Y si no se logra satisfacer esta carencia, se sublima la baja autoestima o el vacío de género
en perversiones como pedofilia, bestialismo, voyerismo, exhibicionismo, etc. En realidad es
poco el espacio y otra la intención del presente ensayo como para desviarnos del tema que
nos preocupa. Lo que sí es necesario decir es que esto es un llamado de alerta a los padres y
el desarrollo de sus hijos.

Sin embargo, existen casos de personas que han sido libres de las regiones en las que se
hallaban cautivas; de los pecados crónicos a los cuales estaban atados. Yo soy uno de ellos
y puedo decir que ¡la libertad en Cristo es real! Que realmente en Cristo estoy completo. La
declaración del versículo 10 no es una posibilidad; no es una sugerencia. Es una afirmación
de seguridad: «Y vosotros estáis completos en él». No necesitamos de otra persona para
sentirnos completos, para sentirnos amados, para sentirnos seguros. No se nos va la vida si
la otra persona nos deja. ¡Ésa es otra de las mentiras más grandes dentro del arsenal de los
no dioses! Si tenemos a Cristo, lo tenemos todo.

Cuando una persona toma la decisión de romper con una relación de dependencia
emocional y/o decide ser libre del autorrechazo, debe dejar de anhelar el amor de la persona
que le provocó el trauma. Debe ser libre del odio, rencor, venganza, ira; entregar sus cargas
a Dios y aceptar su Paternidad que es por sobre todo. En mi caso particular, debí dejar de
mendigar –en mi alma– el amor de mis padres y aceptar el amor que me ofrecía mi Padre
Celestial y créanme, no hay nada más exquisito que ese amor incondicional. Todo lo que
necesito eres tú, Señor.

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