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¿Pueden la Alegría y la Reverencia Coexistir?

: Una Mirada a la Adoración y la Cultura


http://archives.adventistreview.org/2003-1537/story1.html
Por Lilianne Doukhan

La adoración es una actividad humana natural. Todos adoramos de una forma o de otra. Aún aquellos
que no son creyentes adoran. Adoran iconos de los deportes, ídolos musicales, dinero, lo que sea. ¿La
explicación para esto? Fuimos creados para adorar. Cuando el Señor diseñó nuestro mundo, Él eligió
crear al hombre y la mujer en el sexto día, justo antes del día de adoración. La primera actividad
humana, en este sentido, fue destinada a adorar.

Pero la adoración no solo es una actividad natural. De acuerdo a las Escrituras, la adoración también es
algo demandado: “…Adoren al que hizo el cielo, la tierra, el mar y los manantiales” (Apocalipsis 14:7,
NVI). Por esta razón, como creyentes fervientes, hacemos todo el esfuerzo para asegurarnos que
nuestra adoración se dirige de la manera correcta, y que sus formas son apropiadas.

¿Cuál es la forma correcta de adoración? ¿Hay sólo una forma o estilo de adorar? ¿Han cambiado las
formas de adorar con el paso del tiempo? ¿Quién es el que tiene que decidir qué formas o formatos son
las apropiadas para adorar? Casi todos los involucrados en la organización de la adoración han sido
confrontados con tales cuestiones.

Dentro de los debates subsiguientes hay buenos y abundantes intentos, pero también una plétora de
opiniones personales y, a menudo, poca comprensión de lo que adorar verdaderamente es. Quisiera
sugerir que, cuando inquirimos sobre las formas y los formatos de la adoración, estamos haciendo las
preguntas equivocadas. Más que mirar al cómo adorar – hablar sobre formas y formatos – necesitamos
encontrar, primero que nada, verdaderamente qué es adorar y porqué adoramos. En otras palabras,
necesitamos descubrir el significado profundo de adorar, recuperar su diseño original y crear una visión
espiritual de adoración. Una comprensión de la verdadera naturaleza de la adoración, entonces, dará
forma natural a las expresiones, las formas y formatos de la adoración.

Una Visión Espiritual de la Adoración

A fin de encontrar una visión espiritual de la adoración, debemos volvernos hacia las Escrituras. La
Palabra de Dios nos da un número de ejemplos sobre cómo adorar. Una de las más claras se encuentra
en Isaías 6, donde el profeta relata su visión de una escena de adoración celestial. Este texto, en
realidad, nos presenta un programa de adoración, aún un orden de culto.

Isaías 6 abre con una visión de Dios en Su trono celestial (versículo 1), una visión tanto de hermosura
como de poder (versículos 1-2, 4). Aquí primero aprendemos porqué venimos a adorar: para responder
a la presencia de Dios y a Su llamado a adorar.

Los salmos – los textos tradicionales de Israel para la adoración – nos ayudan a encontrar cómo adorar.
Uno de los más grandes temas que corren a través de ellos es que debemos venir en alegría y
reverencia: “Vengan, cantemos con júbilo al Señor… Vengan, postrémonos reverentes” (Salmo 95:1-6,
NVI).

El balance entre el júbilo y la reverencia nos presenta un reto. En nuestros servicios de adoración a
menudo practicamos uno para la exclusión del otro, y tenemos dificultad para encontrar un camino que
combine los dos. Parece ser difícil ser reverente y a la misma vez jubiloso. Pero esto es lo que la Palabra
de Dios nos dice que hagamos en la adoración.

En la Biblia, la adoración también se presenta como una actividad holística. Los adoradores bíblicos se
aproximan a Dios no solo con sus mentes. También adoran a Dios con su ser entero. La adoración bíblica
involucra también la expresión física y toca los sentidos. Así, el texto en Isaías 6 involucra los cuatro
sentidos, la vista, el oído, el olfato y el tacto.

La adoración bíblica también se introduce como adoración corporativa: venimos a Dios como un cuerpo
de creyentes. Algunas veces olvidamos el aspecto horizontal. Nos traemos a nosotros mismos al culto,
interactuamos en un grado limitado con las personas alrededor de nosotros, pero ¿estamos al tanto de
que venimos a Dios como un cuerpo de adoradores? Porque nuestras iglesias son más y más
multiculturales y multigeneracionales, este se ha vuelto un reto. Cada uno de los diferentes grupos
aspira a expresar su adoración a su propia manera.

Pero más que nada, cuando venimos a adorar necesitamos encontrar a quién adoramos. Nuestra
respuesta a esta cuestión forma el crisol de la adoración. Cualquier decisión con respecto a la adoración
debe hacerse a la luz de esta pregunta: “¿Ante quién nos postramos en adoración?”

La adoración no es algo que hacemos para nosotros mismos. La adoración está destinada a ser para Dios
y hacia Dios. Es una actividad centrada en Dios, completamente enfocada en Él (vea Salmo 9:1,2). No
venimos al culto para obtener bendiciones, para aprender algo, o para tener confraternidad. El
propósito de adorar es el de venir a Dios, darle a Él la gloria y hablar acerca de Sus obras.

La adoración es, entonces, una experiencia de colaboración: Por un lado está Dios, que inicia y llama
para la adoración. En el otro lado está el adorador, que responde a su llamado. Para que la adoración
tome lugar, debe ser significativa para ambos copartícipes. es corresponder a su llamado.

¿Pero cómo podemos ser significativos para Dios? La adoración que es significativa para Dios es una
adoración le agrada. El Salmo 19 es claro en este punto: “Sean, pues, aceptables ante ti mis palabras y
mis pensamientos (versículo 14, NVI). Sin embargo, ¿cuán a menudo nos esforzamos para complacer a la
congregación cuando armamos un servicio de adoración? La mayoría del tiempo esta motivación
determina nuestro pensamiento y organización referente a la adoración. La primera preocupación que
necesitamos cultivar en nuestros corazones cuando sea que tratemos con las formas y formatos de la
adoración es: “¿Agradará esto al Señor?”

Cuando tratamos de complacer a alguien, intentamos encontrar lo que a esa persona le gusta: ¿Cuál es
su carácter? ¿Qué es lo que le gusta hacer? ¿Cómo se relaciona con nosotros? Necesitamos
preguntarnos las mismas cuestiones para encontrar lo que agradará a Dios. Las respuestas que
encontremos directamente dirigirán nuestra búsqueda para lo apropiado en la adoración.

Pero la adoración también debe ser significativa al adorador. Es importante encontrar si nuestro servicio
de adoración es relevante a nuestra congregación – esto es, si nuestra congregación encontrará
significado en el servicio de adoración.

Y esto nos trae a la importancia del símbolo. El significado en la adoración se transporta a través de
símbolos, tal como la Cena del Señor, el bautismo, la lectura Bíblica, la oración, la música, la
arquitectura, etc. Todos estos son “señales” con la intención de transportar el significado de la
adoración y deberían de ayudarnos a que el culto cobre vida. La adoración debe ser relevante.

Esta es una tarea difícil. Y aún es más difícil el combinar estos dos ingredientes básicos: Lo apropiado y lo
relevante. ¿Cómo podemos agradar a Dios y a la misma vez ser relevantes a la congregación? ¿Cómo
podemos combinar el elemento humano de la adoración y el elemento divino? Esto es a lo que hemos
sido llamados a hacer, tanto como líderes de adoración como adoradores.

Las Formas de la Adoración

Yo creo fuertemente que el servicio de adoración pertenece a la congregación completa, no solo al


pastor. Necesitamos educar a todos en este respecto: nuestras congregaciones, nuestros pastores,
nuestros líderes de adoración, y nuestros líderes musicales. Nuestros líderes de adoración y música a
menudo vienen a servir a la Iglesia con talentos y buenas intenciones. Los músicos especialmente han
sido entrenados en servicios y habilidades particulares. Pero a menudo olvidamos decirles que el culto
es un momento muy especial. En el culto no solamente “hacemos música.” En el culto no solo
“interactúas” con la congregación. En el culto no solamente “leemos un texto.” Más bien, hacemos
todas estas cosas para Dios y en la presencia de Dios.

En su esencia y formas, la verdadera adoración comienza con la enseñanza y el aprendizaje de la misma.


La educación, el modelaje, la mentoría, la preparación de líderes, la preparación de la congregación –
todos estos son ingredientes en este proceso de aprendizaje.

Al aprender sobre la adoración se levantan preguntas importantes: ¿Hay algún estilo en particular o ?
formato que le guste más a Dios – o que sea el mejor? ¿Hay solo una forma que sea la mejor forma de
adorar? ¿Hay sólo una forma para que todos alrededor del mundo adoren? De acuerdo a las Escrituras,
no es tanto el estilo o el formato de la adoración en sí mismo lo que le importa a Dios. Lo que Dios
busca, en primer lugar, es el corazón del adorador. A los ojos de Dios, el logro más alto en la adoración
es “un espíritu quebrantado… [un] corazón quebrantado y arrepentido” (Salmo 51:17, NVI). En Miqueas
6:8 (NVI) leemos que a Dios no le importan nuestros sacrificios y nuestras formas de adoración, cuando
no practicamos la justicia, amamos la misericordia y andamos humildemente ante Él.

Por consiguiente, es la transformación genuina del corazón la que garantizará el formato genuino de la
adoración. Cualquiera que sea el formato que usemos, si no venimos con un corazón cambiado, será sin
sentido.

En un cuerpo global y multicultural tal como la Iglesia Adventista, donde sea que adoremos, los mismos
principios deben guiar nuestro entendimiento sobre qué es adorar. Derivados de la Palabra de Dios,
tales principios son incambiables y eternos, independientes del tiempo o lugar. Las áreas de divergencia
yacen en nuestras expresiones de la adoración, en cómo adoramos. Necesitamos determinar cuáles
actitudes, conformadas por la cultura, expresarán mejor reverencia. Aquí está la verdadera cuestión:
¿Será verdaderamente entendida esta forma particular de expresión, dada en determinada cultura,
como una expresión de reverencia a Dios?

Lo mismo es verdad para la alegría. Hay formas diferentes de ser alegre. Algunas personas brincan y
gritan, otros pueden ser alegres en voz muy baja. Independientemente de la cultura en que vivamos,
necesitamos descubrir la forma más veraz para expresar la alegría que viene de la adoración bíblica.
Pero antes de que alcancemos esto, necesitamos preguntarnos las siguientes cuestiones: “¿Qué tipo de
alegría es la que deberíamos de experimentar en la adoración? ¿Hay alguna diferencia entre el tipo de
alegría que experimentamos en la adoración y la celebración que experimentamos en un juego de futbol
o evento musical? “Yo creo que la alegría que sale de la adoración es muy especial y poco común. Es en
cierta forma similar a nuestras alegrías humanas, pero también es muy diferente. A medida que leemos
el relato de Nehemías de la dedicación de los muros de Jerusalén después que Israel regresó del exilio,
el texto dice que ellos se regocijaron “porque Dios los llenó de alegría” (Nehemías 12:43, NVI). Así, la
alegría en la adoración es una alegría dada por Dios, el resultado de nuestro encuentro con Él y lo que Él
ha hecho por nosotros.

Nuestra búsqueda de esta alegría dada por Dios es muy importante porque dará forma a nuestras
expresiones de adoración: la forma como nos comportamos en el culto, la música que hacemos, cómo
hacemos la música.

A medida que escogemos las diferentes “expresiones” de adoración, también necesitamos determinar
de nuestra congregación si hay alguna ambigüedad con respecto a su comprensión del mensaje que
deseamos transmitir.

La forma y el contenido van de la mano, en la adoración así como en cualquier forma artística. Así como
en el arte, si el mensaje transmitido por la forma no es el mismo que es llevado por el contenido,
terminaremos con arte falso o falsa adoración. La imagen de la tubería y el agua ilustra el asunto de la
expresión cultural. Así como las tuberías pueden ser de diferentes materiales – metal, plástico, cemento
– todas pueden transmitir agua efectivamente. Similarmente, diferentes expresiones culturales pueden
transmitir una verdad particular. Una cosa, sin embargo es importante: debemos asegurarnos que
cuando el agua baje hacia nosotros y la tomemos, sea todavía el agua pura e inalterada – la verdad. Si
esta agua ha cambiado su composición química, entonces puede convertirse en veneno. Ciertos canales
o tuberías pueden cambiar la naturaleza del agua. Si utilizo un tubo de plomo para transportar mi agua,
el agua recogerá suficiente plomo como para enfermarme. En ese caso, la fuente de vida se convertirá
en una causa de enfermedad y muerte.

Consecuentemente, la forma y contenido van juntos. Si nuestra forma de adoración en alguna forma
adultera el mensaje que deseamos enviar, no es una forma apropiada de adoración, y necesita ser
cambiada. Por otro lado, si transporta verdaderamente el mensaje de la adoración, aún si no es la forma
tradicional, entonces es una forma apropiada de adoración.

Manteniendo la Tensión Apropiada

Una de las realidades difíciles de la adoración es que viene con una tensión. Hemos visto solo algunos
pocos ejemplos de esto: entre el socio humano y el socio divino en la adoración; entre las dos
expresiones de la adoración, alegría y reverencia; entre lo apropiado y lo relevante en la adoración. Es
una tensión saludable porque constantemente nos desafía en nuestra adoración. Es importante el
considerarlo y aplicar todos nuestros esfuerzos para encontrar un balance saludable entre los dos
elementos. Sin embargo, esta tarea no puede hacerse sola; debe ser emprendida junta, como una
congregación, a fin de asegurarse que nuestra adoración es una que complace a Dios.

En la perspectiva de esta tensión, la discusión sobre formas y formatos de la adoración o del culto
tomarán una nueva dirección. El tema ya no será el de escoger entre estilos – lo que significará que hay
algunos estilos más santos que otros – sino a hacer decisiones dentro de un estilo dado. Hay una
multiplicidad de estilos que son apropiados para la adoración, y dentro de cada estilo debemos escoger
aquellos elementos que transportan apropiadamente los verdaderos valores de la adoración.

Nuestras preguntas ya no serán: “¿Está bien aplaudir en el culto? ¿Es aceptable este estilo de música?
¿Deberíamos utilizar el drama en el culto? ¿Deberíamos de ponernos de pie o arrodillarnos para orar?”
Las formas y los formatos de la adoración ya no serán el objetivo del culto o el propósito de nuestras
discusiones. Ahora son resultados y consecuencias de nuestra reflexión sobre la adoración. En este
punto, nuevas preguntas se levantarán y gobernarán nuestra búsqueda por una verdadera adoración:

 ¿Cómo podemos recapturar un sentido de santidad en nuestro servicio de adoración?


 ¿Cómo podemos darle forma a nuestro servicio de adoración para que el adorador sea guiado a
enfocarse en Dios más que en la música o en el predicador?
 ¿Cómo podemos expresar alegría y reverencia en nuestro servicio de adoración?
 ¿Qué formas de expresiones de adoración pueden ayudar a la congregación a convertirse en
mejores practicantes de su fe (esto es, que practiquen justicia y misericordia, las verdaderas
señales de la adoración verdadera)?
 ¿Cómo puede nuestro servicio de adoración comunicar nuestro mensaje al mundo?

Necesitamos reaprender cómo adorar. Y el secreto para alcanzar esto es reaprender cómo conectar con
Dios en el plano personal. La adoración corporativa comienza en el nivel de la adoración personal. A
medida que aprendemos a conocer a Dios mejor y a acercarnos más a Él, a medida que aprendemos
cómo aproximarnos a Él y cómo relacionarnos con nuestros hermanos en la fe, descubriremos cómo
hacer nuestros servicios de adoración más significativos.

Ha habido más preguntas que respuestas en este artículo. Creo en las preguntas, porque ellas nos
ayudan a mantenernos vivos y a mantener nuestros servicios de adoración frescos y renovados. Hacer
preguntas causará que nos veamos a nosotros mismos en la luz de Dios y veamos al mundo por lo que
es. Necesitamos mantenernos haciendo preguntas a fin de capturar la verdadera esencia de la adoración
y a darle forma y expresar nuestros servicios de adoración como corresponde, buscando
constantemente por la mejor forma para servir a Dios.

A medida que adoremos a Dios, que seamos llenos de sabiduría y discernimiento para que podamos
encontrar cuál es la voluntad de Dios – su voluntad “buena, agradable y perfecta” (Romanos 12:2, NVI).

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Lilianne Doukhan es profesora adjunta de música en Andrews University.

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