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Historia del peronismo:

etapas, máscaras
y asignaturas pendientes
Antonio Cafiero

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REVISTA.PERONISTAS
ANTONIO CAFIERO:

Senador Nacional (P. J. Buenos Aires).

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H e recibido con sumo agrado esta
invitación que me realizaran los
compañeros de la Revista
Peronistas para sumarme a un debate que
vienen realizando acerca de la identidad del
pasado en tiempo actual, a veces desfigu-
rando los hechos para adecuarlos a una de-
terminada concepción política. Pocos han
logrado abstraerse de esta tentación de
hacer política con la historia. Tal vez tam-
peronismo. Sin dudas, la “cuestión” del pe- poco el que esto escribe. Como es sabido,
ronismo es apasionante. Así lo demuestra yo no soy historiador, aunque he vivido la
el importante tratamiento que le han dado historia desde una posición clara y conoci-
y aún le dan intelectuales argentinos y ex- da: mi lugar de militante del peronismo
tranjeros tanto en libros, ensayos y confe- desde su época fundacional.
rencias, como en diversos medios de ac-
tualidad. El peronismo ha sido y es abor- Una definición del peronismo
dado desde diversas disciplinas (política,
historia, estudios culturales, sociología, etc.) Para muchos de nuestros adversarios,
y desde distintas posiciones ideológicas. especialmente los de nuestros primeros
Incluso, aunque debemos reconocer que tiempos, el peronismo, como fenómeno
hemos sido los menos, también los pro- político, constituiría un desvarío que ofen-
pios peronistas hemos realizado algunos de a la inteligencia y al buen pensar, un error
ensayos para aprehender intelectualmente en el cálculo, una falla en la razón, un “alu-
el fenómeno. Esta revista es un avance en vión zoológico”. Siempre se recuerda
este sentido. aquella frase de Borges: “los peronistas no
Aún cuando el peronismo sigue siendo son ni buenos ni malos: son incorregibles”.
extraordinariamente actual, la amplia ma- Por ello mismo, ha sido y es objeto de cu-
yoría de los pensadores lo analizan desde riosidad mundial. El 7 de febrero de 1953,
la historia. Convengamos en que el oficio Stalin le preguntaba a Leopoldo Bravo,
de historiador se ha ido trasformando. primer embajador argentino ante el
Aquel antiguo hurgador de documentos Kremlin, qué era el peronismo: “si he en-
archivados va dejando paso al que, como tendido bien, ustedes serían capitalistas,
quería Benedetto Croce, convierte la his- pero no tanto. Pero también socialistas,
toria en contemporánea y transforma el aunque casi nada. Llegan al poder por elec-

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ciones pero no creen en la democracia do expresión del tango. Incluso sus des-
burguesa” (La Nación, 31/7/03). Es inútil viaciones, corrientes y estilos más diversos
“emparentarlo” con otras identidades po- forman parte del fenómeno musical del
líticas o ponerle etiquetas. Sigue siendo una tango.
curiosidad histórica en los centros acadé- El peronismo también es una realidad
micos. Ha sido calificado, a la vez, de compuesta, un “colectivo complejo”,
bonapartista, populista, bismarkiano, fas- como lo llama Mario Wainfeld. También
cista, socialoide y neoconservador. Ahora desviaciones, corrientes y estilos más di-
dicen que lo que distingue al peronismo es versos forman parte del fenómeno políti-
su “vocación de poder”, como si las otras co del peronismo. Si bien no conviene
fuerzas políticas despreciaran el poder. abundar en una imagen que ayuda a saber
¿Para qué se constituyen entonces? Para qué es el peronismo, pero que indudable-
otros es un bien mostrenco, un gigante sin mente no es del todo académica, sostengo
cabeza ni identidad propia. Para sectores por último, como alguna vez ya lo he he-
de la izquierda, el peronismo ya no es el cho, que así como el tango es un sentimiento que se
“hecho maldito del país burgués”, como baila, el peronismo también es un sentimiento que
lo definía John William Cooke, sino el “he- se vota. Si se me permite la metáfora, el tan-
cho burgués del país maldito”. go, esta realidad sinfónica, plástica, diversa
El peronismo, indudablemente, no es un y compleja, con sus cadencias, ritmos, fu-
fenómeno puramente racional, especial- gas, partituras, improvisaciones, contrapun-
mente si se entiende a la razón desde el tos y –por qué no decirlo– disonancias, es
acotado sitio en el que la ha colocado el una imagen del complejo colectivo que es
cientificismo. Desborda, ciertamente, ese el peronismo. Incuestionablemente argen-
escueto marco, aun cuando no carezca de tino, apasionadamente popular y “arraba-
una racionalidad más integral y humana. lero”, es fundamentalmente un sentimien-
A mi modo de ver nadie ha sabido resu- to, una emoción, una pasión.
mirlo en una definición convincente. En Comprenderse como un sentimiento no
mi opinión, esto es así porque se trata de significa asumir graciosamente alguna for-
una realidad muy propia de los argenti- ma de irracionalidad política. Por el con-
nos, como el tango, que es un resumen de trario, es entender el fracaso de viejas y
distintas variedades musicales, producto de nuevas fórmulas estereotipadas de
una conjunción de distintas fuentes. Inclu- racionalismo y cientificismo político que
so su ejecución puede ser realizada de dis- pretenden abarcar toda la realidad, es des-
tintos modos: con acompañamiento sim- terrar la hegemonía cultural de los
ple de piano, de guitarra o de bandoneón, “bienpensantes”, es quitar el microscopio
con una orquesta sencilla o una sinfónica, que el señorío de los “políticamente co-
utilizando numerosos y distintos instru- rrectos” ha colocado a la inteligencia. En
mentos que, tocando cada uno su propia definitiva, es asumir que la realidad es algo
melodía, se conjugan en una única música demasiado importante como para preten-
final. Cualquiera de esos caminos, sean es- der abarcarla con la estrecha mirilla de la
tos individuales o compuestos, siguen sien- racionalidad que nos quieren imponer nues-

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tros modestos pedagogos disfrazados de razón y sentimiento: no se trata de que


filósofos. Incluso recientemente en Italia, queramos suprimir la emoción y colocar
Vattimo sostuvo que el reconocimiento de en su lugar la razón, como afirmaba
la ciencia y la filosofía respecto de su inca- Erasmo, sino encontrar el equilibrio inteli-
pacidad para captar con certeza un funda- gente entre ambas. El antiguo paradigma
mento último permite reencontrar la fe, sostenía un ideal de razón liberado de la
porque un consenso en el diálogo “se cons- tensión emocional. El nuevo paradigma
truye cuando se reconoce lo que tenemos nos obliga a armonizar cabeza y corazón”
en común como patrimonio cultural, his- (Daniel Coleman, La inteligencia emocional).
tórico, y también de adquisiciones técnico-
científicas”. (Gianni Vattimo, Después de la Las máscaras del peronismo
cristiandad)
Si se pretende una comprensión más ge- A esta complejidad para acercar una de-
nuina de la realidad, urge abordarla sin jac- finición debemos agregar el carácter diná-
tancia ni pretensiones, reconociendo un mico de las distintas etapas que ha vivido
lugar para el misterio, para la intuición, para el peronismo a lo largo de su trayectoria.
la emoción, para la poesía, y también para Más que etapas, deberíamos decir sus ma-
la pasión. El filósofo Hegel decía que “nada nifestaciones temporales, pues en una época
grande se ha realizado en el mundo sin se ha manifestado de una manera y en otra
pasión”. Es por eso que los peronistas asu- época de otra.
mimos nuestra actividad política de for- El filósofo Silvio Maresca, en su búsque-
ma similar a la de una vocación cuasi-reli- da de comprensión del peronismo, lanzó
giosa, con un sentido emocionado y tras- una explicación. Sostiene en un ensayo que
cendente que se trasluce, por ejemplo, cuan- “no es una ideología, por lo menos en el sen-
do cantamos enfervorizados nuestra mar- tido canónico que el término adquirió des-
cha partidaria. Solo a través de una voca- pués de Marx. [...] Debe interpretarse como
ción semejante podemos impulsar trans- un movimiento de liberación o afirmación nacional
formaciones profundas que, al involucrar en un país crónicamente dependiente [y
valores, superen las clásicas recetas del consecuencia de ello] es que en pocas opor-
“posibilismo” de las tecnocracias que en el tunidades le fue dado al peronismo exhi-
fondo esconden la defensa del statu quo. bir abiertamente su concepción política,
Pero hay algo más: ya lo decía Perón en viéndose obligado por lo general, a causa
su tiempo, el justicialismo es una doctrina de su debilidad, a enmascararse con las
“para la cabeza, el corazón y el bolsillo”, ideologías episódicamente dominantes. Es
porque la valoración de las emociones tie- así que el peronismo no pudo evitar en la
ne para los peronistas el mismo peso que década de los ’40 -’50 ostentar algunos ri-
el de las razones. Los filósofos actuales le betes autoritarios, a pesar de haber restau-
han dado la razón y sostienen que “el inte- rado la democracia después de décadas de
lecto no puede operar de manera óptima fraudes y proscripciones. Los ’60 -’70 vie-
sin la inteligencia emocional. Esto invierte ron al peronismo desenvolverse bajo la
la antigua comprensión de la tensión entre máscara del socialismo, hasta llegar a los

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’80 -’90 donde predominó la máscara del enfrentar y resolver pasa por la resignifica-
neoliberalismo”. Maresca advierte allí acerca ción de sus banderas históricas. ¿Cómo de-
de la dificultad que tiene el peronismo de fender la soberanía política nacional en los tiem-
despegar la última máscara neoliberal de pos de la regionalización, el continentalismo
su rostro, síntoma que se ve reflejado en la y la globalización? ¿Cómo redefinir la justi-
carencia de un proyecto nacional cia social frente al océano de desigualdad,
actualizador y renovador del expresado el pobreza y exclusión que ha inundado a la
1° de mayo de 1974 y el sentimiento de sociedad y agravia nuestras convicciones
impotencia que campea por doquier. Sin más acendradas? ¿Cómo hacer viable la in-
embargo, no se detiene en la mera des- dependencia económica frente al poder de los
cripción, sino que insta al peronismo a re- mercados y la prepotencia de los organis-
conocer que solo un acto de voluntad, mos multilaterales? El futuro del peronis-
como interrupción abrupta, intempestiva, mo en el siglo XXI dependerá de la forma
del devenir encadenado de los hechos, le en que resolvamos estos interrogantes.
permitirá abandonar su última máscara ¿Cuál será su nueva máscara?
avanzando hacia la construcción de una
voluntad política colectiva. (Silvio Maresca, Inficiones y progresismo
“El lento adiós al neoliberalismo”, Revista
Máscaras, 2001) No esperemos que las respuestas nos
Nuestro movimiento nunca fue dogmá- vengan impuestas desde afuera, como ya
tico ni ideológico. Fue portador de una di- se ha intentado en el pasado. Puede decir-
námica de cambio que le ha permitido se, en este sentido, que la historia del pero-
sobrevivir a las mutaciones que arrasaron nismo es también la historia de los inten-
con otros partidos, aquí y en otras partes tos de cooptación que empiezan desde sus
del mundo. Siempre supo articular su cor- propios orígenes. Es la tentación irreme-
pus de ideas centrales al devenir de los tiem- diable de intelectuales y comunicadores
pos, de allí su dosis de razonable pragma- mediáticos, de tecnócratas y dictadores
tismo y de sabia adaptabilidad política a militares, de políticos sin votos, que sue-
los cambios de época, a lo largo de sus ñan con ponerle la cabeza al elefante, con
casi sesenta años de vida. Sin embargo, esta agregarle cerebro y conducción racional a
cualidad no fue obstáculo para preservar esa masa amorfa que para ellos constituye
su identidad fundamental, es decir, su “ra- el peronismo. Esta tentación viene de le-
zón de ser” histórica. Cada vez que esa jos: imposible de derrotar por la voluntad
identidad estuvo en situación de riesgo, el popular, el peronismo tuvo que resistir los
peronismo despertó a tiempo. Incluso en intentos por cooptarlo o inficionarlo al que
los momentos en que la máscara parecía lo sometieron –entre otros– la fracción
haberse enseñoreado por completo, mu- nacionalista de la “libertadora”, la “inte-
chos compañeros nos adelantamos a se- gración” de Frondizi, las ambiciones de
ñalar la adulteración que ya por entonces algún general o de algún marino golpista;
se avizoraba. después vinieron la “Tendencia” y el
El desafío actual que el peronismo debe “lopezreguismo” en los setenta, el Tercer

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Movimiento Histórico en los ochenta y los política por la compasión. Seducen al ciu-
neoliberales en los noventa. dadano honesto halagándolo y tranquili-
Hoy el peronismo tiene un nuevo desa- zando su conciencia, evitando hablarle de
fío al que enfrentarse: un nuevo intento de impuestos o de derechos y obligaciones
cooptación, ahora denominado “progre- sociales.
sista”, proveniente de la cultura intelectual Otros, supuestamente de cuño opuesto,
de la izquierda liberal. creen que lo que hay que cambiar es el sis-
Si por “progresismo” se entiende el cre- tema y no simplemente las leyes. Como la
cimiento económico con justicia social, la política está infectada hasta la médula, la
incorporación de las mayorías a la vida primera tarea consiste en rectificar los nom-
democrática, la lucha por un nuevo orden bres. Se trata de un progresismo “filosófi-
económico mundial, la defensa de la so- co” que por eso mismo “prefiere no ha-
beranía de los pueblos y de la paz mundial blar de dinero”, porque su enemigo prin-
contra el unilateralismo fundamentalista de cipal no es una estructura social sino “una
la potencia dominante, el peronismo no estructura mental” (Richard Rorty).
necesita tutores ni lecciones. Pero si en cam- Unos y otros refuerzan su identidad más
bio se trata de instalar una cultura agnósti- por lo que rechazan que por lo que pue-
ca en sus fundamentos éticos, disolver sus den afirmar. Han descubierto que pueden
raíces humanistas y cristianas en los plie- resguardar su aureola evitando las mezqui-
gues de un humanitarismo difuso y pre- nas componendas que requiere la creación
tender imponerle cómo y con quién debe de derechos sociales, y sobre todo eludien-
aliarse y gobernar, encontrará la misma do las discusiones acerca de las diversas
oposición que los anteriores intentos de formas de financiarlos. No es “progresis-
cooptación. ta” la ambición de poder político, sí lo es
Estos temores tal vez sean infundados. dudar sistemáticamente de la pureza de las
Ya se dijo antes: “un fantasma recorre la intenciones y de la validez de las palabras.
Argentina. Es el fantasma del progresis- En nuestro país, el progresismo recluta
mo. Pero lejos de espantar a la burguesía, ciudadanos de clase media o media alta,
parece un espectro herido por años de principalmente en grandes conglomerados
apuestas y errores. Sin ideas, sin poder urbanos, que se precian de defender los
político ni económico, ya son solo un dis- derechos humanos mejor que nadie, de
curso vacío”. Esperemos que no se inten- proteger a las minorías y de rechazar las
te llenarlo con el peronismo. dictaduras, el nacionalismo, el autoritaris-
En todo el mundo surgen nuevos mo y el corporativismo. Son, generalmen-
“progresismos éticos” que, en rechazo a te, afectos a nuestro adversario histórico,
los partidos tradicionales, pretenden esta- el socialismo democrático, aquel que
blecer a la “honestidad” y las “buenas in- editorializaba “se acabó la leche de la cle-
tenciones” como valores políticos por ex- mencia” después de los fusilamientos de
celencia. Postulan como principio moral su junio de 1956.
propia impotencia para transformar la es- El propio Torcuato Di Tella decía que le
tructura social e intentan reemplazar a la daban una inmensa rabia las oscuridades

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que emanan del “progresismo” (en su Dic- condenar al peronismo. Por ejemplo, en
cionario del político exquisito), que se declara un libro reciente (La pasión y la excepción),
enemigo del conservadorismo y del neo- Beatriz Sarlo describe “el mito de Evita”,
liberalismo, acepta el capitalismo y defien- reconociendo su apasionamiento, pero acu-
de la economía de mercado. A diferencia sándola de usarlo para fundar un “estado
del revolucionario estado de bienestar de de bienestar a la criolla”. Curiosa postura
la inmediata posguerra y de las utopías so- en quienes se manifiestan los mayores de-
cialistas de los setenta, la agenda del fensores de la igualdad de género: la cues-
neoprogresismo es hoy más bien módica, tionan por haber sido una mujer inmodes-
dotada de generalidades difíciles de refu- ta, como si esa cualidad estuviera reserva-
tar: “diseminar los frutos del crecimiento da a los varones. Hasta su pasión era cal-
económico, limitar la concentración del culada. Nada de lo que Perón o Evita de-
poder económico, recuperar la igualdad cían era cierto; ni siquiera sus emociones
de oportunidades, defender al consumi- eran sinceras. Solamente le reconocen ve-
dor, asistir a los más necesitados, darle rosimilitud a sus muestras de debilidad, a
transparencia y nuevos objetivos al pre- todo aquello que pueda servir como con-
supuesto público, mejorar la equidad del fesión de parte en aspectos que los des-
sistema impositivo, democratizar las insti- merecen. De esta forma, pierden de vista
tuciones sindicales” (Gerchunoff- algo fundamental en Evita: su prédica lle-
Machinea). Para Rubén Lo Vuolo, el gó tan profundo que permitió por prime-
neoprogresismo directamente es funcio- ra vez romper con la “deferencia”, per-
nal al neoconservadorismo. mitiendo a los pobres de la Argentina to-
Estos neoprogresistas también se identi- mar conciencia de su poder para consa-
fican sobre la base de lo que rechazan: le grar y defender sus derechos sociales. Los
dan importancia a una virtud solamente procedimientos criollos de la Fundación
cuando notan que su principal enemigo son inadmisibles para los parámetros de
carece completamente de ella. Por eso, aun hoy, como pueden serlo también los vesti-
sus visiones más ilustradas sobre la histo- dos de Evita. Pero lo curioso es que a tan-
ria del peronismo caen recurrentemente en to progresista bienintencionado le cueste
las mismas críticas, aquellas que les permi- diferenciar lo principal de lo accesorio: el
ten afirmar su identidad por contraste: en odio de los antiperonistas hacia Evita no
los líderes del peronismo, todo es ambi- proviene de tales “excesos”, sino de haber
ción, todo es cálculo mezquino; sus ideas sublevado al “aluvión zoológico”. Todo el
son fórmulas vacías, simples etiquetas que resto son imposturas más o menos sutiles.
solo sirven para ganar votos. Los análisis Sin embargo, la idea de progreso no pue-
más ilustrados las dejan de lado y van rá- de quedar siempre en una mera declama-
pidamente a los aspectos del “régimen” ción. Se va acercando la hora de que el
que les resultan inaceptables. Para eso siem- neoprogresismo proponga concretamen-
pre tienen a mano algún autor de la ciencia te aquellos logros que implicarían acelerar
política europea o norteamericana, autori- el desarrollo y vivir en un país que progre-
dades incuestionables cuando se necesita sa. Lamentablemente, se acuñó y echó a

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rodar una moneda falsa: basta decirse datura del entonces coronel Perón a sec-
“progresista” para adquirir por prescrip- tores y dirigentes de las más diversas ex-
ción el título de ser un político de avanza- tracciones. Al mismo tiempo, decretó el fin
da. Últimamente ello supone también de- de la “vieja política” sintetizada en la anti-
fender el aborto y propiciar el matrimo- nomia radicalismo/conservadorismo y dio
nio entre homosexuales. Y ufanarse de nacimiento al Partido Justicialista.
participar en la “internacional progresista”, Esa misma vocación transversal fue la que
un conglomerado de dirigentes y partidos animó las coaliciones electorales de los años
de cuño socialdemócrata de los países cen- sesenta y setenta. Y su expresión más aca-
trales que en los hechos otorgan prioridad bada fue el Frente Renovador de los años
a sus intereses nacionales –representados ochenta que tuve el privilegio de liderar.
por grandes corporaciones económicas y En todas estas instancias nunca fue puesta
financieras– de las que suelen ser eficientes en duda la continuidad ni la significación
lobbistas. del peronismo. Por el contrario, sirvieron
para ratificar su historia, sus símbolos
Transversalidad fundacionales y sus banderas tradicionales,
y fueron una sabia adaptación a los nue-
El progresismo ha puesto todas sus es- vos tiempos emanados del retorno a la
peranzas en un nuevo apotegma: la trans- democracia.
versalidad. El prefijo “tras” o “trans” ha Ahora, la transversalidad que algunos pro-
ganado difusión, tal vez como producto ponen es distinta: es aquella –en su otra
de la actual época de incertidumbre y acepción etimológica– que se “inclina o
relativismo ético que hace difícil pensar desvía de la dirección principal o recta”, a
apoyándose en “verdades sólidas”, como resultas de la cual el peronismo debería
decía el General. Voces tales como travesti, formar parte del pasado, de la “vieja polí-
transexual, transgénico, transversal, tica”, y ser reemplazado por un nuevo
transformista, trans-eterno, son algunas de movimiento político, doctrinariamente ins-
las palabras que ocultan las ambigüedades pirado en una suerte de “panprogresismo”
de nuestro tiempo. adscrito a la cultura intelectual de la izquierda
Es así como la “transversalidad” política liberal y políticamente sustentado en diri-
se ha convertido en el eje de las actuales gentes locales de extracción socialdemó-
discusiones en el peronismo y amenaza crata que compiten con los provenientes
convertirse en una lucha ideológica por su del Partido Justicialista.
identidad. Si la transversalidad (etimológi- No sé por qué se me ocurre que esta
camente, “que atraviesa de un lugar a otro”) transversalidad tiene un cierto tufillo a an-
consistiera en la asociación con otras fuer- teriores experiencias vividas por el pero-
zas políticas ante las instancias electorales, nismo. Viene inspirada desde afuera: basta
debe admitirse que el peronismo fue leer los recientes reportajes a Alain Touraine
“transversal” desde sus mismos orígenes: (“El país debe olvidarse del peronismo”)
atravesó de un lado a otro todo el espec- y a Giovanni Sartori (“La Argentina debe-
tro político, unificando detrás de la candi- ría librarse del peronismo”). Y, como en-

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tonces, su apoyo interno más visible reside principios. Por ello debe encaminarse ha-
en una pléyade de intelectuales y comuni- cia una nueva síntesis –realizando el acto de
cadores de las más diversas orientaciones, voluntad que nos propone Maresca– que le
ciertamente talentosos, todos detrás de una permitirá asegurar la gobernabilidad del sis-
epopeya común: liberar al país de esa odiosa e tema político y la renovación del funcio-
irracional manía que es el peronismo. Hasta namiento de las instituciones, reencauzar
Mariano Grondona propone que para aca- firmemente la economía en la senda de la
bar con el peronismo todos los argentinos producción y el trabajo, operar las trans-
deberían hacerse peronistas. Y Torcuato Di formaciones necesarias en la debilitada es-
Tella nos pide –como el Obispo de Reims tructura social de la Argentina y recuperar
al bárbaro Clodoveo– “cambiar de nom- sus estándares de credibilidad en la comu-
bre y dejar de lado nuestra iconografía” nidad internacional.
(sic) si queremos entrar en el paraíso de la También esta vez logrará sortear nuevos
racionalidad política de “centro-izquierda”. peligros, en la medida en que se reconozca
Sin embargo, mirada desde otra óptica, que ha llegado el tiempo de una Segunda
la transversalidad contiene elementos po- Renovación, capaz de responder al enorme
sitivos que no pueden ser ignorados. Es desafío que hoy supone recuperar la credibi-
un reclamo por reformar la vida política, lidad popular en la política como actividad
abrir sus cuadros a nuevos dirigentes, des- transformadora de la sociedad y en el justi-
terrar las prácticas viciosas de ciertas for- cialismo como el agente natural de los cam-
mas de clientelismo, abrir el debate sobre bios que demandan los tiempos críticos,
las mejores formas de alcanzar los objeti- como el único movimiento nacional con vi-
vos últimos del justicialismo, capacitar y gencia en estos dos siglos, capaz de asegurar
formar a sus dirigentes, y asimilar las nue- la gobernabilidad del país y resistir los em-
vas formas de participación popular. Una bates negativos de la globalización. Solo un
transversalidad de este tipo es perfectamen- justicialismo unido, moderno y resignificado
te compatible con la identidad histórica del en sus postulaciones asegura un proyecto de
peronismo. unión nacional compartido con otras fuer-
El peronismo deberá eludir ahora los zas políticas y sociales, la vigencia de políticas
peligros de una nueva cooptación, sin de Estado, una estrategia de desarrollo de
sectarismos, pero manteniendo sus convic- mediano y largo plazo, una convocatoria a
ciones. Sabemos de sobra el lugar al que las nuevas generaciones, una nueva forma de
nos ha llevado el abandono de nuestros hacer política.

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