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Anthony Alonso Hernández 311068924,

Textos Filosóficos VI, 2018-2


Profesor: Dr. Mario Chávez Tortolero

Las respuesta de Hume y Kant al problema de la causalidad.

Introducción.

Hume en el ​Tratado de la naturaleza humana ​presenta a través de su análisis del origen del

conocimiento el problema de la causalidad. El cual básicamente consiste en la ausencia de

una justificación racional para dicha idea. Tanto Hume como Kant no aceptan que la

causalidad sea una propiedad de los objetos. No obstante, difieren en sus propuestas sobre lo

que es la causalidad, mientras para el primero es una condición psicológica que los sujetos

adquieren mediante el hábito, para el segundo es una condición de posibilidad de nuestra

experiencia.

En un primer momento se dejó de lado la interpretación positiva de Hume y más bien se tomó

al filósofo escocés por un escéptico. Esta interpretación es la que llega a manos de Kant, el

cual, a través de su proyecto crítico, pretende ir más allá del dogmatismo racionalista y del

escepticismo empirista de Hume. En todo caso, la causalidad es un principio fundamental en

nuestro conocimiento, por lo que Kant emprende un ataque al escepticismo humeano y

defiende que la ciencia está compuesta de juicios sintéticos ​a priori​. En este contexto surgen

las siguientes preguntas: ¿cómo es que Kant supera el escepticismo humeano sin evadir la

crítica demoledora de Hume? y por consiguiente ¿en qué difiere la propuesta de Kant de la

de Hume?

En este ensayo busco exponer con mayor detalle las diferencias entre Hume y Kant con

respecto al concepto de causalidad. En primer lugar, explicaré en qué consiste dicho


problema tal y como lo plantea Hume en el ​Tratado. ​Posteriormente, partiendo de la

distinción que hace Barry Stroud entre fase negativa y positiva de la causalidad en Hume,

expondré la propuesta naturalista del filósofo escocés. Por último, explicaré la posición de

Kant con respecto a la causalidad, usando dos importantes secciones de la obra crítica

kantiana: la deducción trascendental de las categorías y las analogías de la experiencia.1

El problema de la causalidad.

En la tercera parte del Libro Primero del ​Tratado ​Hume nos presenta el problema de la

causalidad. De acuerdo con Hume la idea de causalidad es la única idea que nos puede llevar

de lo observado a lo no observado.2 En este contexto es necesario hacer una distinción entre

una percepción y una inferencia. Una percepción es inmediata, mientras que la inferencia es

mediata y va más allá de la percepción. Por lo tanto, el Principio de causalidad (PC) más que

una percepción es una inferencia que va de lo presente a lo no presente, es decir, si buscamos

en la experiencia no podremos encontrar una impresión simple que corresponda a dicho

principio. Más bien el PC se trata de una idea compuesta, de la cual, nos dice Hume, debemos

rastrear su procedencia.

Hume nos presenta una serie de ideas que acompañan toda relación de causa-efecto. Estas

ideas son A) contigüidad espacial entre causa y efecto, B) prioridad temporal de la causa

sobre el efecto y C) la idea de conexión necesaria. Siendo esta última idea las más

1
En su libro ​Los límites del sentido, ​P. F. Strawson presenta a las analogías de la experiencia como
una ampliación de la deducción trascendental. Las analogías intentarían mostrar la necesidad de
pensar en términos de causalidad, sustancia y acción recíproca. ​Cfr. ​P. F. Strawson, ​Los límites del
sentido, ​p. 105 y ss.
2
David Hume, ​Tratado de la Naturaleza Humana, ​p. 133.
problemática de todas.3 Esto debido a que las ideas A y B pueden cumplirse y sin embargo no

podríamos decir que estamos frente a un ejemplo de causa-efecto. Por ejemplo, entre el día y

la noche hay prioridad temporal y contigüidad, sin embargo, no podemos decir que uno sea

causa del otro. En otras palabras, Ni A ni B permiten inferir que de cierta causa se siga cierto

efecto. Es por eso que Hume se detiene tanto en C, puesto que si abandonamos la idea de

conexión necesaria todas la relaciones causales serían productos de la mera casualidad y no

podría distinguirse unos de otros. Resulta vital dar cuenta de la conexión necesaria entre un

efecto y su causa.

Posteriormente, Hume procede a investigar la formulación correcta del PC que capture

precisamente la idea sobre una conexión necesaria. “Todo efecto debe tener un causa” resulta

insatisfactoria, porque resulta ser una verdad analítca. Y más bien, nuestra mente está

inclinada a pensar que todo ​evento debe tener una causa que dé cuenta de su existencia4, es

por eso que la formulación correcta sería “Todo suceso debe tener una causa”. A

continuación, Hume se va a preguntar si el PC (Todo suceso debe tener una causa) es una

verdad intuitiva, si es demostrativamente cierto o si es un razonamiento probable. En primer

lugar no resulta un principio intuitivo, ya que no se trata de un juicio que sea evidentemente

verdadero. En segundo lugar no es demostrativamente cierto, ya que puedo imaginarme un

suceso sin causa sin generar contradicción, por ejemplo, un destello. Queda entonces la

tercera vía, que nuestra inferencia sobre una conexión necesaria entre una causa y un efecto

sea un razonamiento probable.

3
Debido al tema y extensión de este ensayo no me ocuparé de desarrollar a profundidad las
condiciones de contigüidad ni de prioridad temporal. Así como del problema de la inducción que está
relacionado con el problema de la causalidad.
4
David Hume, ​op. cit. ​p. 138.
Aparece entonces una cuarta idea que acompaña al PC que es la idea de conjunción constante

(D). Observamos que cada vez que veo fuego infiero que produce calor. No obstante,“aunque

la repitamos al infinito, nunca originaremos por la mera repetición de una impresión pasada

una nueva idea original, como es la de conexión necesaria; el número de impresiones no tiene

más efecto en este caso que si nos limitáramos únicamente a una.”5 Esta es una de las

formulaciones del problema de la inducción, o sea, no importa cuantas veces hayamos visto

seguir un efecto de una causa determinada, no podemos inferir que haya una conexión

necesaria entre ambos fenómenos. Por ejemplo, hemos notado que cada vez que acercamos

nuestras manos al fuego estas se calientan, y podemos hacer infinidad de veces ese

experimento. Sin embargo, a partir de esos eventos no se puede inferir que hay una conexión

necesaria entre el fuego y el calor que siento en mis manos.6

Se podría evadir el problema argumentando que la naturaleza debe comportarse en todo

momento de la misma manera. A dicho supuesto Hume lo llama Principio de uniformidad de

la naturaleza (PUN).7 Sin embargo, es posible pensar a la naturaleza saliendo de su curso sin

generar contradicción, por lo que el PUN no es una verdad necesaria y si por otro lado

apelamos a nuestras experiencias anteriores estaríamos basando el PUN en un razonamiento

inductivo que sólo nos da una conclusión probable. El principio de causalidad queda, por lo

tanto sin una justificación racional, ya que no se puede dar cuenta de su carácter necesario.

No obstante, como nos dice Barry Stroud “la contribución de Hume a la filosofía no se

detiene en ese resultado negativo, el cual fue propuesto con una finalidad positiva definida.

5
​Ibid., ​p 151.
6
De esta manera “No solamente fracasa nuestra razón en el descubrimiento de la conexión última de
causas y efectos, sino que incluso después de que la experiencia nos haya informado de su conexión
constante, nuestra razón es incapaz de convencernos de que tengamos que extender esa
experiencia más allá de los casos particulares observados.” David Hume, ​op. cit., ​p. 155.
7
​Ibid., ​p. 152.
Comprender esta finalidad es la mejor manera de apreciar el carácter de la teoría de la

naturaleza que Hume propone.”8

La fase positiva de la causalidad en Hume.

Una vez superada la parte negativa de la causalidad, Hume procede a dar una respuesta al

problema de la causalidad. Stroud nos menciona que nuestra inferencia que va de lo

observado a lo no observado tiene su soporte en la imaginación o en ciertas disposiciones

“primitivas de la mente.9 Para encontrar el origen de la creencia de una conexión necesaria

entre causa y efecto es necesario hacer una distinción entre una creencia y una idea. Siendo

ésta únicamente una cuestión de grado, es decir, las ideas resultan ser ​más fuertes, firmes y

vivaces ​que las creencias.10

Siguiendo a Stroud, esta diferencia en la vivacidad se ve influenciada por un sentimiento de

difícil descripción. De tal manera que las creencias tienen mayor fuerza e influencia en

nuestras acciones, lo que las hace parecer como más importantes.11 Nuestra creencia en lo no

observado surge de manera casi natural y es resultado de las repeticiones de un mismo

fenómeno en la experiencia.

En efecto, luego de una repetición frecuente veo que cuando aparece uno de los objetos la
mente se ve determinada por costumbre a atender a su acompañante habitual, y a considerarlo
bajo una luz más intensa, en virtud de su relación con el objeto primero. Es pues esta
impresión o determinación la que me proporciona la idea de necesidad.12

8
Barry Stroud, ​Hume, ​p. 80.
9
​Ibid., ​p. 103.
10
David Hume, ​op. cit., ​p.164.
11
Barry Stroud, ​op. cit., ​p. 110.
12
David Hume, ​op. cit., ​p. 235.
Dicho de otra manera, estamos acostumbrados a decir que cada vez que hay fuego hay calor,

por lo que asumimos una conexión necesaria entre ambos eventos. Esta disposición natural es

producto de nuestras constantes interacciones con un mismo fenómeno y forma parte

importante de la supervivencia humana. Puesto que, si cada vez que veo fuego no infiero

inmediatamente la idea de que puedo quemarme, entonces cada experiencia se me presentaría

como nueva y pondría en peligro mi vida constantemente.

La respuesta de Kant.

Kant en su momento interpretó a Hume como un escéptico. Frente a ello Kant hace eco de su

propia propuesta. La cual consiste en una reformulación de la metafísica que ya no se

pregunta por las cosas en sí mismas sino de la ​forma ​de conocer los objetos. Esta nueva idea,

que aparece por primera vez en la ​Crítica de la Razón Pura, ​Kant la llama ​giro copernicano​.

En esta obra se plantea que para que una ciencia tenga el estatus de conocimiento debe de

estar compuesta por juicios sintéticos ​a priori.

La aritmética, la geometría y la física, según Kant, están compuestas por juicios sintéticos ​a

priori. ​Estos juicios se caracterizan porque su verdad no depende exclusivamente de la

relación entre sus términos (sintético) y tampoco es un juicio que necesite de la experiencia

para ser verdadero (​a priori​). Es aquí donde se puede encontrar cierta similitud con el

planteamiento humeano sobre la causalidad. En efecto, Kant concuerda con Hume que el

juicio “Todo suceso debe tener una causa” no es una verdad analítica, sino un juicio sintético;

y que, al mismo tiempo, no es posible demostrarlo de manera empírica, ya que todo intento
de justificarlo en la experiencia requeriría de una inferencia inductiva que no podría dar

cuenta de la idea de conexión necesaria que acompaña al PC.

Es importante señalar que la propuesta de Kant no se agota en la llana idea de que hay juicios

sintéticos ​a priori. ​Dentro de plan general de la ​Crítica, ​la causalidad es tomada a su vez

como condición de posibilidad de la experiencia. Esto quiere decir que la causalidad no es un

concepto cualquiera, sino que es una idea fundamental sin la cual la experiencia sería un

conglomerado de representaciones sin orden alguno. Para ahondar en ello es importante

abordar el tema desde la deducción trascendental y las analogías de la experiencia​.

La deducción trascendental parte de la distinción entre ​quid juris ​y ​quid factis.13 ​Por un lado

la ​quid factis ​trata de la cuestión de hecho y esto corresponde en la obra kantiana a la

deducción metafísica de las categorías. Dicha deducción se ocupa de aquellos conceptos que

de hecho usamos en nuestros juicios. Por otro lado, la ​quid juris ​trata sobre la cuestión de

derecho y es donde está circunscrita la deducción trascendental. Esta se pregunta por la

validez objetiva de las categorías14, es decir, cómo es posible que los fenómenos puedan ser

conformados de acuerdo a los conceptos puros del entendimiento que son subjetivos.

La respuesta a esta pregunta es que dichos conceptos son condiciones necesarias de la

experiencia, es decir, sin estos conceptos la experiencia tal y como la vivimos los seres

humanos no sería posible. En este sentido Kant nos dice que:

Conocemos a priori que si no considerásemos la representación de un objeto como


determinada con respecto a uno u otro de estos momentos, no podríamos tener ningún
conocimiento válido del objeto; y si nos ocupásemos en el objeto en sí mismo, no sería
posible ningún indicio por el cual yo pudiese reconocer que este objeto estuviese determinado
con respecto a uno u otro de los mencionados momentos, esto es, que debiese ser colocado
bajo el concepto de sustancia o de causa o (en relación con otras sustancias) bajo el concepto

13
Immanuel Kant, ​Crítica de la Razón Pura, ​A85-B117.
14
​Ibid., ​A90-B122.
de comunidad; pues no tengo ningún concepto de la posibilidad de una conexión tal de la
existencia.15

Es decir, la cuestión no es como los fenómenos van determinando ciertos conceptos en

nuestro entendimiento como pensaba Hume, sino de cómo a través de nuestros conceptos

determinamos todo fenómeno empírico. La determinación no va del objeto al sujeto, sino del

sujeto al objeto. En otras palabras, las experiencias no generan el concepto de causalidad por

medio del hábito, más bien, existe una exigencia ​a priori ​por parte del sujeto para interpretar

los fenómenos en términos de causalidad.

Cuando se llega a la conclusión de que nuestros conceptos no sólo pueden aplicarse a los

fenómenos, sino que “​deben ser subsumidas las cosas, como objetos de la experiencia, bajo

aquellos conceptos del entendimiento”16 entonces nos encontramos con el carácter necesario

de las categorías.

Nuestra segunda propuesta de aproximación son las analogías de la experiencia.17 La

respuesta kantiana sobre la causalidad se vuelve más compleja al abordar esta sección. La

idea central de la segunda analogía es que el concepto de causalidad implica asociarla a la

idea de irreversibilidad. Para ello nos proporciona un par de ejemplos: El primer ejemplo es

una casa. La cual podemos representárnosla y recorrerla del tejado a la puerta, pasando por

las ventanas o viceversa, en realidad como dice Kant no importa qué orden escojamos. En

contraste, podemos pensar en una barco que va de arriba hacia por una pendiente y en este

15
Immanuel Kant, ​Prolegómenos ​a toda metafísica futura que haya de poder presentarse como
ciencia, ​§ 28.
16
​Idem.
17
Las analogías de la experiencia se encuentran en la sección de la Analítica de los principios.
Entendiendo el principio como una regla mediante la cual se subsumen experiencias particulares a
conceptos generales. El principio general de las analogías es: “La experiencia sólo es posible
mediante la representación de una necesaria conexión entre percepciones.” ​Cfr. CRP, ​A176-B218.
caso no podríamos representarnos al barco ya descendido y después bajando por la pendiente.

El ejemplo es quizá poco afortunado, pero para esclarecer un poco la idea, resultaría

imposible para Kant que pudiéramos representarnos primero la lluvia y luego la presencia de

nubes. Existe, entonces, una exigencia de necesidad en nuestras representaciones causales, a

dicha exigencia Kant la denomina ​sucesión objetiva.18

Entonces, el concepto de causalidad no puede ser de otro modo, debido a que “sólo así puedo

afirmar legítimamente que hay una sucesión en el mismo fenómeno y no sólo en mi

aprehensión, lo que equivale a decir que no puedo organizar esta última sino precisamente

según sucesión.”19 En efecto, nuestra representación de eventos causales no es un mero

capricho de nuestra imaginación como en el ejemplo de la casa. Más bien, existe la

obligación de ligar nuestras representaciones de una manera determinada y de someterlas a

una regla. De esta regla se deduce, que no puedo invertir la serie, anteponiendo el efecto

sobre la causa y que de un suceso precedente se sigue necesariamente otro suceso

determinado.20

Kant también nos dice que el PC no podría ser contingente, ya que dependería

exclusivamente de la experiencia y como ha mostrado Hume este se justificaría en un

razonamiento inductivo. De tal modo que no sería posible dar cuenta de la necesidad en la

experiencia de dicho principio.21

En conclusión, “el principio de la relación causal en la secuencia de los fenómenos posee,

pues, validez con anterioridad a todos los objetos de la experiencia (bajo las condiciones de la

sucesión), ya que tal principio es a su vez el fundamento de posibilidad de esa misma

18
​Ibid., ​A193-B238.
19
​Idem.
20
​Ibid., ​A198-B243.
21
​Ibid., ​A196-B240.
experiencia.”22 Esta idea anuda los hilos de la deducción trascendental. La causalidad no es

entonces un producto de nuestras experiencias, sino la condición de posibilidad de la

experiencia y por lo tanto, es independiente de ella.

Con lo anterior, resulta aún más claro como Kant se va separando de Hume, incluso hace

explícita la diferencia con sus propias palabras:

Estoy muy lejos de considerar estos conceptos como si fuesen tomados meramente de la
experiencia, y de tener por erróneamente atribuida a ellos y por mera apariencia ilusoria, con
la que una larga costumbre nos engaña, la necesidad representada en ellos; antes bien, he
mostrado suficientemente que ellos, y los principios que de ellos se siguen, están establecidos
a priori antes de toda experiencia, y tienen su exactitud objetiva indudable, aunque sólo con
respecto a la experiencia.23

En primer lugar, Kant se distancia de Hume al decir que la causalidad no es una simple

abstracción que hacemos mediante el hábito. Más bien la causalidad como condición de

posibilidad hace emerger la experiencia y por tanto ​—en un sentido lógico— antecede a la

misma. Kant muestra en las analogías de la experiencia la necesidad del PC para la física. Y

como se mostró más arriba, hay en el PC una exigencia de objetividad, por lo que no puede

ser un simple capricho de nuestra imaginación. Incluso cuando Kant pensaba en una física

newtoniana, es difícil pensar una ciencia contemporánea que pueda prescindir de dicho

principio. Por último, al final de la cita alude a la pretensión crítica de su obra, es decir, que

sólo podemos aplicar dichos conceptos a la experiencia y no a ideas que carecen de un

correlato en la experiencia como son las ideas de Dios, la libertad y el alma, pero ese es tema

de otro ensayo.

22
​Ibid., ​A202-B247.
23
​ 27.
Immanuel Kant, ​Prolegómenos...​, §
Conclusiones.

Hume y Kant comparten un rechazo a la metafísica dogmática. Esta metafísica asume como

verdaderos ciertos principios que no puede demostrar racionalmente, como es el caso del

principio de causalidad. Kant coincide con Hume que no es posible rastrear la causalidad en

la experiencia y al mismo tiempo que tampoco es posible demostrar analíticamente dicho

principio, es por eso que el filósofo alemán piensa que toda relación de una causa con un

efecto es un juicio sintético ​a priori​.

Una importante diferencia que puede señalarse es que Hume rastrea el origen de la idea de

causalidad en el hábito. Mientras que Kant no busca propiamente rastrear el origen de la idea,

más bien plantea que la causalidad es una exigencia ​a priori ​del sujeto a la naturaleza, es

decir, el sujeto mediante esos principios determina24 a la naturaleza.

En resumen, Hume asume que la causalidad es un principio que adquirimos a través de la

experiencia por medio del hábito, por lo que resulta ser un principio contingente. Kant por su

parte, intenta dar cuenta por medio de la deducción trascendental de las categorías el carácter

necesario de los conceptos. Estos conceptos son necesarios, porque sin ellos no sería posible

la experiencia. Lo anterior aleja a Kant de un relativismo y del escepticismo empirista. Ya

que estos conceptos son válidos para todo sujeto racional y al mostrar su carácter necesario

no es posible que cualquiera pueda prescindir de ellos. Es por eso que podemos concluir, que

Kant lleva más allá la investigación humeana sobre el conocimiento.

24
Utilizo este concepto, ya que Kant caracteriza al conocimiento teórico como determinación. ​Cfr.
Crítica de la Razón Pura, ​BX.
Bibliografía.

● Hume, D., ​Tratado de la Naturaleza Humana, ​2a. ed. Estudio preliminar, traducción y

notas de Félix Duque, Madrid, Tecnos, 1992, 841 pp.

● Kant, I., ​Crítica de la Razón Pura, ​Introducción, traducción, notas e índices de Pedro

Ribas, México, Taurus, 2013, 688 pp.

_______ ​Prolegómenos a toda metafísica futura que haya de poder presentarse como

ciencia, ​Edición, traducción, comentarios y notas por Mario Caimi, Madrid, Istmo,

1999, 387 pp.

● Strawson, P. F., ​Los límites del sentido. Ensayo sobre la Crítica de la Razón Pura de

Kant, ​Traducción de Carlos Thiebaut Luis-André, Madrid, Revista de Occidente,

1971, 261 pp.

● Stroud, B., ​Hume, ​2a. ed. Traducción de Antonio Zirión, México, IIFs-UNAM, 1995,

363 pp.