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2019

Marcas y Patentes
LUIS ALBERTO ALVAREZ MAUS
DERECHO INTERNACIONAL ECONÓMICO
10° SEMESTRE

LIC. BALTAZAR GUERRERO GARCÍA


Contenido

Introducción .................................................................................................................................................. 2
La Ley de la Propiedad Industrial .......................................................................................................... 4
Marcas y Patentes ........................................................................................................................................ 8
Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) ................................................................ 16
Derecho Internacional en la protección de la propiedad industrial....................................... 17
Conclusiones .............................................................................................................................................. 21
Introducción
El derecho internacional económico es una rama del derecho internacional que regula

las relaciones jurídicas que surgen entre uno o más países independientes, o entre un

país independiente y un ciudadano de otro país, que tienen un carácter

preponderantemente comercial. Ello significa que el derecho internacional económico,

tiene por objeto establecer la normatividad mínima que, con motivo de dichas

relaciones, deben observar los países que se sujetan a las mismas normas, buscando

garantizar una intervención equitativa y justa tanto para una parte, como para la otra.

El derecho internacional económico tiene, entre una de sus tantas vertientes de estudio,

el objetivo de proteger la propiedad de las personas a nivel internacional; es decir que,

cualquier persona que se ostente como titular de alguna invención, obra artística o

intelectual, entre otras, tiene la garantía de que su obra o invención está protegida por

las leyes nacionales a las que se sujeta como miembro de dicho país. Sin embargo, el

problema surgió cuando el mundo comenzó a globalizarse, pues debido a ello, los

derechos protegidos de los que se hacen mención, eran susceptibles de ser violentados

en otra parte del mundo, sin que la persona tuviera conocimiento o certeza de dónde o

quién estaba haciendo uso de ellos.

Con ello, el derecho internacional económico, a través de la protección a la propiedad

intelectual, otorgó mayores mecanismos de garantía a los derechos de las personas, a

través de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, creada en 1970 (OMPI);

es una organización internacional cuyo objetivo es velar por la protección de los


derechos de los creadores y los titulares de propiedad intelectual a nivel mundial y, por

consiguiente, contribuir a que se reconozca y se recompense el ingenio de los

inventores, autores y artistas.

Esta protección internacional estimula la creatividad, ensanchando los límites de la

ciencia y la tecnología, y enriquece el mundo de la literatura y de las artes. Al crear un

marco estable para la comercialización de los productos protegidos por la propiedad

intelectual, también facilita el comercio internacional. La OMPI colabora estrechamente

con sus Estados miembros y demás sectores interesados con el fin de asegurar que el

sistema de la propiedad intelectual siga siendo una herramienta flexible y adaptable

que promueva la prosperidad y el bienestar, y traduzca en hechos concretos el potencial

que ofrecen las obras creadas a las generaciones actuales y futuras.

En la actualidad, la globalización ha obligado al derecho a evolucionar y cambiar en

muchas de las concepciones que anteriormente se tenían sobre el mismo. El derecho

internacional, particularmente, es una de las ramas que surgió con motivo de ello, y más

aún, la protección a los derechos de propiedad intelectual, las marcas y las patentes,

han sido uno de los pasos más importantes que ha dado el derecho, como mecanismo

de garantía de protección a la esfera jurídica de sus ciudadanos.


La Ley de la Propiedad Industrial
La Ley de Propiedad Industrial, protege los intereses de los creadores de inventos,

símbolos, nombres, imágenes, dibujos, marcas, denominaciones de origen e incluso

secretos industriales para empresas o negocios que tengan un novedoso sistema de

ventas, recetas secretas, metodologías, bases de datos y hasta listas de clientes o

proveedores.

No resulta difícil ni gravoso registrar ante el Instituto Mexicano de la Propiedad

Industrial (IMPI) estas creaciones del intelecto de personas que buscan mejorar algún

proceso, servicio o producto, pues si algo tenemos los mexicanos es creatividad. Tan

solo en las redes sociales mediante los teléfonos celulares o tabletas electrónicas o

computadoras un sin fin de lo que ahora parece ser un medio de comunicación los

llamados "memes", entre otras más, demuestran que los mexicanos tenemos

creatividad en todo y para todo lo que sucede en cualquier ámbito social, deportivo,

político, cultural.

“Artículo 1o.- Las disposiciones de esta Ley son de orden público y de observancia general en toda la
República, sin perjuicio de lo establecido en los Tratados Internacionales de los que México sea parte.
Su aplicación administrativa corresponde al Ejecutivo Federal por conducto del Instituto Mexicano
de la Propiedad Industrial.”

Las creaciones del intelecto constituyen, en la actualidad, uno de los activos más

importantes con los que cuenta un país y un tema fundamental para las relaciones

comerciales internacionales. En México, la propiedad intelectual –la referente a


invenciones, patentes y marcas, derechos de autor, y otros– está protegida y regulada

por la Ley de la Propiedad Industrial.

Artículo 2o.- Esta ley tiene por objeto:

I.- Establecer las bases para que, en las actividades industriales y comerciales del país, tenga lugar
un sistema permanente de perfeccionamiento de sus procesos y productos;

II.- Promover y fomentar la actividad inventiva de aplicación industrial, las mejoras técnicas y la
difusión de conocimientos tecnológicos dentro de los sectores productivos;

III.- Propiciar e impulsar el mejoramiento de la calidad de los bienes y servicios en la industria y en el


comercio, conforme a los intereses de los consumidores;

IV.- Favorecer la creatividad para el diseño y la presentación de productos nuevos y útiles;

V.- Proteger la propiedad industrial mediante la regulación y otorgamiento de patentes de invención;


registros de modelos de utilidad, diseños industriales, esquemas de trazado de circuitos integrados,
marcas y avisos comerciales; publicación de nombres comerciales; declaración de protección de
denominaciones de origen e indicaciones geográficas, y regulación de secretos industriales

VI. Prevenir los actos que atenten contra la propiedad industrial o que constituyan competencia
desleal relacionada con la misma y establecer las sanciones y penas respecto de ellos, y

VII. Establecer condiciones de seguridad jurídica entre las partes en la operación de franquicias, así
como garantizar un trato no discriminatorio para todos los franquiciatarios del mismo franquiciante.

¿Qué es la Propiedad Industrial?


La Propiedad Industrial es un conjunto de derechos exclusivos que protegen, tanto la

actividad innovadora materializada en nuevos productos, nuevos procedimientos o

nuevos diseños, como la actividad mercantil, mediante la identificación en exclusiva de

productos y servicios ofrecidos en el mercado.


Estos derechos exclusivos son bienes inmateriales que forman parte de los “activos

intangibles” del empresario, los cuales con una adecuada estrategia de mercadeo y

publicidad logran su expansión y ventaja competitiva, además de poder llegar a

convertirse en los activos de mayor valor de la empresa. Son bienes susceptibles de ser

explotados económicamente a través de licencias de uso, traspasos, prenda, entre otras

figuras.

La Propiedad Industrial se divide en dos grandes ramas:

1. Los signos distintivos. Conformados por las marcas, los nombres

comerciales, las indicaciones geográficas y las denominaciones de origen.

2. Las invenciones. Integradas por las patentes de invención, las patentes de

modelo de utilidad, los diseños industriales, los esquemas de circuitos

integrados y las variedades vegetales.

La propiedad, en términos generales, es un derecho real (del latín res, cosa; no de la

realeza), es decir, un poder que se ejerce directamente sobre los bienes y que le otorga

a su titular el derecho de disponer de ellos.

En condiciones normales, la propiedad no tiene que ser defendida, en tanto que las

personas ajenas a los bienes cumplan con el deber de no apropiarse de ellos o causarles

daños. Pero si alguien vulnera el derecho de propiedad, la ley establece mecanismos

para su defensa, desde el establecimiento de delitos para sancionar con penas

privativas de libertad o monetarias al robo y al despojo, hasta procesos civiles como la

reivindicación, para recuperar bienes sobre los cuales se ha perdido la posesión.


Los problemas cuando se lesiona la propiedad son distintos si se trata de bienes

tangibles o intangibles. Ejemplos de los primeros son una casa, un automóvil o una

computadora; de los segundos, están las licencias, los derechos de autor, las marcas y

patentes.

La propiedad industrial se refiere a ciertos tipos de bienes de carácter intangible, a

efectos de brindar una protección especial, en atención a los beneficios económicos que

pueden generar para su titular. Estos bienes son las patentes, que sirven para proteger

las invenciones y los diseños industriales, las marcas de fábrica, las marcas de servicio,

los esquemas de trazado de circuitos integrados, los nombres y las denominaciones

comerciales, así como las indicaciones geográficas, a lo que viene a sumarse la

protección contra la competencia desleal.

En suma, la Ley de Protección Industrial es un ordenamiento expedido por el Congreso

de la Unión, cuyo objeto es, entre otros, proteger la propiedad industrial, mediante la

regulación y otorgamiento de patentes de invención, registros de modelo de utilidad,

diseños industriales, marcas, y otras figuras.


Marcas y Patentes
La Propiedad Industrial debe protegerse por varias razones imperativas. En primer lugar,

el progreso y el bienestar de la humanidad dependen de su capacidad de crear e inventar

nuevas obras en las esferas de la tecnología y la cultura. En segundo lugar, la protección jurídica

de las nuevas creaciones alienta a destinar recursos adicionales a la innovación. En tercer lugar,

la promoción y la protección de la propiedad intelectual estimulan el crecimiento económico,

generan nuevos empleos e industrias y enriquecen y mejoran la calidad de vida.

Promover un sistema de propiedad intelectual eficaz y equitativo puede contribuir a que todos

los países exploten el potencial de la propiedad intelectual como catalizador de desarrollo

económico y de bienestar social y cultural. El sistema de propiedad intelectual ayuda a

establecer un equilibrio entre los intereses de los innovadores y el interés público, creando un

entorno en el que la creatividad y la invención puedan florecer en beneficio de todos.

¿Qué es una marca?


La marca es un signo distintivo que indica que ciertos productos o servicios han sido

elaborados o prestados por determinada persona o empresa. Su origen se remonta a la

antigüedad, cuando los artesanos reproducían sus firmas o “marcas” en sus obras

artísticas o en los productos de uso corriente. Con los años, las marcas han evolucionado

hasta configurar el actual sistema de registro y protección de marcas. Gracias a ese

sistema, los consumidores pueden identificar y comprar un producto o un servicio que,

por sus características y calidad – indicados por su marca exclusiva – se adecua a sus

necesidades.
Artículo 88.- Se entiende por marca, todo signo perceptible por los sentidos y susceptible de
representarse de manera que permita determinar el objeto claro y preciso de la protección, que
distinga productos o servicios de otros de su misma especie o clase en el mercado.

La protección de la marca garantiza a su titular el derecho exclusivo a utilizar la marca

para identificar sus productos o servicios, o a autorizar su utilización por terceros a

cambio del pago de una suma. El período de protección es variable, pero el registro de

la marca puede renovarse indefinidamente previo pago de las tasas correspondientes.

Incumbe a los tribunales imponer las medidas legales para hacer respetar la protección

de las marcas y, en la mayoría de los sistemas, sancionar toda infracción en ese ámbito.

En términos generales, las marcas promueven la iniciativa y el espíritu empresarial en

todo el mundo, recompensando a sus titulares con reconocimiento y beneficios

financieros. La protección de marcas impide también que los competidores desleales,

como los falsificadores, utilicen signos distintivos similares para designar productos o

servicios de inferior calidad o distintos. El sistema da a las personas con aptitudes e

iniciativa la posibilidad de producir y comercializar productos y servicios en las

condiciones más justas posibles, facilitando de esa forma el comercio internacional.

Las marcas pueden consistir en una palabra o en una combinación de palabras, letras y

cifras. Pueden consistir asimismo en dibujos, símbolos, o signos tridimensionales como

la forma y el embalaje de productos. En algunos países, pueden registrarse marcas no

tradicionales con características distintivas, por ejemplo, hologramas, marcas

animadas, marcas de color y signos no visibles (marcas sonoras, olfativas o gustativas).


Además de las que identifican el origen comercial de los productos y servicios, existen

otras categorías de marcas. Las marcas colectivas son propiedad de una asociación

cuyos miembros las utilizan para identificar productos que tienen un determinado nivel

de calidad; con ese fin, convienen en satisfacer los requisitos establecidos por la

asociación. Entre los ejemplos de dichas asociaciones están las asociaciones de

contables, ingenieros o arquitectos. Por su parte, las marcas de certificación se

conceden a un producto que satisface determinadas normas, pero no se restringen a los

miembros de organizaciones. Pueden ser concedidas a cualquiera que pueda certificar

que los productos en cuestión satisfacen ciertas normas establecidas.

De conformidad con el artículo 89 de la Ley de la Propiedad Industrial, existen cuatro

tipos diferentes de marcas.

1. Nominativas. Las nominativas son las marcas que identifican un producto o

servicio a partir de una palabra o un conjunto de palabras. Estas marcas deben

distinguirse fonéticamente de los productos o servicios de su misma especie. Es

decir, no deben tener semejanza con marcas que pertenezcan a productos o

servicios de su misma especie o clase.

2. Innominadas. Son figuras o logotipos que diferencian visualmente a una marca.

Es decir, son figuras distintivas que no pueden reconocerse fonéticamente, sólo

visualmente.

3. Mixtas. Las marcas mixtas son el resultado de la combinación de tipos definidos

en los párrafos anteriores. En la mayoría de los casos son combinaciones de

palabras con diseños o logotipos.


4. Tridimensionales. Las marcas tridimensionales corresponden a la forma de los

productos o sus empaques, envases o envoltorios, siempre y cuando sean

característicos y los distingan de productos de su misma clase. Es decir, las

marcas tridimensionales corresponden a cuerpos con tres dimensiones, como

botellas, empaques, cajas, estuches, etc.

¿Qué es una patente?


La patente es un título que se otorga a la persona física que realice una invención, o su

causahabiente, que les permite tener el derecho exclusivo de su explotación en su

provecho, por sí o por otros con su consentimiento.

Una patente es un derecho exclusivo concedido sobre una invención –el producto o

proceso que constituye una nueva manera de hacer algo, o propone una nueva solución

técnica a un problema. El titular de una patente goza de protección para su invención;

la protección se concede durante un período limitado, que suele ser de 20 años.

Artículo 15.- Se considera invención toda creación humana que permita transformar la materia o la

energía que existe en la naturaleza, para su aprovechamiento por el hombre y satisfacer sus

necesidades concretas.

Las patentes constituyen un incentivo porque representan un reconocimiento a la

creatividad y dan la posibilidad de obtener una recompensa material por las

invenciones comercializables. Esos incentivos alientan la innovación que, a su vez,

mejora la calidad de la vida.


Una invención protegida por patente no puede ser fabricada, utilizada, distribuida ni

vendida con fines comerciales sin el consentimiento del titular de la patente. Por lo

general, incumbe a los tribunales imponer las medidas necesarias para hacer respetar

los derechos que las patentes confieren y sancionar las infracciones a ese respecto. Del

mismo modo, un tribunal puede invalidar una patente impugnada por un tercero.

El titular de una patente tiene derecho a decidir quién puede –o no– utilizar la invención

patentada durante el período en el que está protegida. El titular de la patente puede

conceder a terceros una autorización o una licencia para utilizar la invención con

sujeción a las condiciones establecidas de común acuerdo. El titular puede asimismo

vender el derecho sobre la invención a un tercero, que se convertirá en el nuevo titular

de la patente. Cuando expira la patente, la invención pasa a pertenecer al dominio

público; ya no está protegida por patente, es decir que el titular deja de tener derechos

exclusivos sobre la invención, que estará disponible para su explotación comercial por

terceros.

Artículo 16.- Serán patentables las invenciones que sean nuevas, resultado de una actividad
inventiva y susceptibles de aplicación industrial, en los términos de esta Ley, excepto:

I.- Los procesos esencialmente biológicos para la producción, reproducción y propagación de plantas
y animales;

II.- El material biológico y genético tal como se encuentran en la naturaleza;

III.- Las razas animales;

IV.- El cuerpo humano y las partes vivas que lo componen, y

V.- Las variedades vegetales.


Nombres comerciales y registro de marcas
El nombre comercial es una variante de las marcas que lleva un proceso diferente al del

registro. Los nombres comerciales no requieren de la emisión de un título expedido por

el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, como es el caso de la marca y el aviso

comercial. Sólo es necesario solicitar la publicación del mismo en la Gaceta del Instituto.

La diferencia con las marcas radica en que el nombre comercial sólo protege el nombre

de un comercio, industria, empresa o prestador de servicios en el área donde se

encuentra ubicado. De igual manera, hay que distinguirlo del aviso comercial: frases u

oraciones que tengan por objeto anunciar al público establecimientos o negociaciones

comerciales, industriales o de servicios, productos o servicios, para distinguirlos de los

de su especie.

Como ejemplo de nombres comerciales podemos citar la “Fonda del Recuerdo” o “El

café del parque”.

Por otro lado, el propósito de crear una marca es que los símbolos y los colores que

identifican a un producto o servicio permitan al consumidor distinguir entre éste y otro

(que le ofrezca productos o servicios iguales o similares), relacionados con el giro

preponderante de la empresa o establecimiento.

Básicamente, podemos decir que cuando se trata de personas físicas o morales,

dedicadas a la fabricación y venta de diversos productos o que prestan determinados

servicios y que han diseñado una imagen que los distingue de su competencia en

diferentes niveles, estamos hablando de una marca.


De lo anterior, se establece que, al usar una marca (una señal distintiva que identifica

un producto o servicio exclusivamente) se desarrolla lealtad hacia ésta, ello sin tomar

en cuenta que, además, se puede licenciar o franquiciar para cobrar regalías sobre sus

ventas.

Ahora bien, jurídicamente, en caso de abuso por parte de un competidor, una marca

registrada le da bases sólidas para su defensa legal.

Cuando una marca es registrada por una asociación o sociedad de productores o, en

general, por varias personas que desean diferenciar su producto o servicio, se habla de

una marca colectiva. Es decir, si una agrupación de productores de bienes o de servicios

(ganaderos, avicultores, lecheros, contadores, abogados, etc.) que han diseñado un

logotipo que los distingue de las demás agrupaciones de su tipo, desea registrar su

marca, entonces el logotipo de la agrupación puede ser registrado como una marca

colectiva.

Los derechos sobre la propiedad intelectual, en las dos formas que puedan

manifestarse, siguen, en México, un proceso de registro largo, pero no muy complejo, el

cual se explica:

1. Una vez que tienes idea de la empresa que quieres registrar, debes dirigirte al

Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual (IMPI) a quienes pedirás tu

solicitud de patente y entregarás a ellos mismos.

2. Se deben agregar los documentos que expliquen de manera detallada la creación

de tu patente, los elementos físicos o químicos que la componen, los detalles de


su funcionamiento y cualquier característica particular que es indispensable en

su creación, desarrollo o uso.

3. También deben ser incluidos todos los dibujos, esquemas y descripciones que se

tengan de manera independiente.

4. Esperar seis meses hasta que se conozca el resultado del estudio realizado por

el IMP y saber si te otorga la licencia, la cual contendrá todos los derechos y

obligaciones que debe cubrir el creador o inventor.

Las patentes son concedidas por las oficinas nacionales de patentes o por las oficinas

regionales que realizan actividades de examen para grupos de países, como la Oficina

Europea de Patentes (OEP) o la Organización Africana de la Propiedad Intelectual

(OAPI), por ejemplo. De conformidad con dichos sistemas regionales, un solicitante

pide protección para una invención en uno o más países y cada país decide si brinda

protección a la patente dentro de sus fronteras. En el Tratado de Cooperación en

materia de Patentes (PCT), administrado por la OMPI, se prevé la presentación de una

única solicitud internacional de patente que surte el mismo efecto que las solicitudes

nacionales presentadas en los países designados. Un solicitante que desee protección

puede presentar una única solicitud y pedir protección en tantos países signatarios

como lo desee.
Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI)
Artículo 6o.- El Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, autoridad administrativa en materia
de propiedad industrial, es un organismo descentralizado, con personalidad jurídica y patrimonio
propio, el cual tendrá las siguientes facultades […]

Administrativamente, el IMPI está a cargo de un director general, que es nombrado y

removido libremente por el Ejecutivo Federal, con las facultades previstas en la Ley de

la Propiedad Industrial y demás disposiciones aplicables.

En el artículo 7 de la Ley de la Propiedad Industrial se encuentran establecidas las

funciones que debe cumplir el IMPI, entre las que destacan las siguientes.

1. Difundir, asesorar y dar servicio al público en materia de propiedad industrial.

2. Promover la creación de invenciones de aplicación industrial, apoyar su

desarrollo y explotación en la industria y el comercio, e impulsar la transferencia

de tecnología mediante los siguientes mecanismos.

El Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) es un Organismo público

descentralizado con personalidad jurídica y patrimonio propio y con la autoridad legal

para administrar el sistema de Propiedad industrial en México. El IMPI es el organismo

encargado de la aplicación administrativa de la Ley de la Propiedad Industrial.

En el IMPI se gestionan las patentes, marcas, modelos de utilidad, diseños industriales,

esquema de trazado de circuito integrado y denominación de origen.


Derecho Internacional en la protección de la propiedad
industrial
Es sabido que los antecedentes de la protección internacional de la propiedad industrial

se remontan al año 1823, en Viena, donde se convocó a inventores de todo el mundo

para que expusieran sus creaciones; sin embargo, ninguno de ellos asistió por el temor

a que éstas fueran robadas por la propia industria austriaca, lo que llevó al Gobierno de

ese país a expedir una ley especial para brindar protección en ese rubro, surgiendo así

la primera ley creada para salvaguardar los derechos de los inventores.

La Convención de París para la Protección de la Propiedad Industrial, cuyo origen se

remonta a 1883, revisada ya varias veces, señala como objeto de protección las patentes

de invención, los modelos de utilidad, los dibujos o modelos industriales, las marcas de

fábrica o de comercio, las marcas de servicio, el nombre comercial, las indicaciones de

procedencia o denominaciones de origen, así como la represión de la competencia

desleal.

En la actualidad, muchas invenciones, marcas y otros bienes objeto de la propiedad

industrial surgen a diario y es importante conocer la mecánica de protección de los

mismos, como un medio de amparo económico, no sólo a nivel local sino internacional.

Creada en 1970, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) es una

organización internacional cuyo objetivo es velar por la protección de los derechos de

los creadores y los titulares de propiedad intelectual a nivel mundial y, por


consiguiente, contribuir a que se reconozca y se recompense el ingenio de los

inventores, autores y artistas.

Esta protección internacional estimula la creatividad, ensanchando los límites de la

ciencia y la tecnología, y enriquece el mundo de la literatura y de las artes. Al crear un

marco estable para la comercialización de los productos protegidos por la propiedad

intelectual, también facilita el comercio internacional.

La OMPI colabora estrechamente con sus Estados miembros y demás sectores

interesados con el fin de asegurar que el sistema de la propiedad intelectual siga siendo

una herramienta flexible y adaptable que promueva la prosperidad y el bienestar, y

traduzca en hechos concretos el potencial que ofrecen las obras creadas a las

generaciones actuales y futuras.

Acuerdo de Madrid
El Sistema de Madrid de registro internacional de marcas se rige por el Arreglo de

Madrid, adoptado en 1891, y el Protocolo concerniente a ese Arreglo, adoptado en 1989.

El sistema permite proteger una marca en gran número de países mediante la obtención

de un registro internacional que surte efecto en cada una de las Partes Contratantes que

hayan sido designadas.

El sistema de Madrid de registro internacional de marcas se rige por dos tratados:

1. El Arreglo de Madrid, adoptado en 1891, revisado en Bruselas (1900), en

Washington (1911), en La Haya (1925), en Londres (1934), en Niza (1957) y en

Estocolmo (1967), y enmendado en 1979; y


2. El Protocolo concerniente a ese Arreglo, adoptado en 1989 con la finalidad de

que el sistema de Madrid fuese más flexible y más compatible con la legislación

nacional de determinados países y organizaciones intergubernamentales que no

habían podido adherirse al Arreglo.

Los Estados y organizaciones que son parte en el sistema de Madrid se denominan en

su conjunto Partes Contratantes.

El sistema permite proteger una marca en gran número de países mediante la

obtención de un registro internacional que surte efecto en cada una de las Partes

Contratantes que se hayan designado.

Sólo puede presentar la solicitud de registro internacional (solicitud internacional) la

persona física o jurídica que esté vinculada - mediante el establecimiento, el domicilio

o la nacionalidad - con una Parte Contratante del Arreglo o del Protocolo.

La marca puede ser objeto de la solicitud internacional sólo si ya ha sido registrada en

la oficina de marcas de la Parte Contratante con la que el solicitante tenga el vínculo

necesario (denominada "oficina de origen"). No obstante, si todas las designaciones se

efectúan en virtud del Protocolo (véase más adelante) la solicitud internacional podrá

basarse en una simple solicitud de registro presentada en la oficina de origen. La

solicitud internacional debe presentarse en la Oficina Internacional de la OMPI por

conducto de la oficina de origen.


Conclusiones
Recapitulando, se puede concluir ante todo lo anterior, que el derecho internacional ha

sido una herramienta especialmente funcional en la protección, no sólo de derechos

humanos, sino también, es importante denotar que el derecho internacional alcanza

una protección de derechos mucho más amplia, entre ellos, el derecho a la propiedad

industrial e intelectual.

De lo anterior se puede deducir que el derecho sobre la propiedad industrial no es sólo

una rama más del derecho internacional, sino un verdadero caso de estudio, debido a

que sus alcances no se limitan solamente en cuestiones relativas a la protección

nacional, sino que, a raíz de la globalización, el derecho sobre la protección a la

propiedad industrial e intelectual, se ha convertido en un motor de evolución para todo

el andamiaje jurídico de nuestro país, y de cualquier país que esté inmerso en el mundo

moderno.