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GARCÍA RODRÍGUEZ CARLOS ALDAIR

PEMEX-RIP: VIDA Y ASESINATO DE LA PRINCIPAL EMPRESA MEXICANA

Esta es una de esas obras que permiten al lector abrir los ojos a la realidad del
país, donde se habla sobre la vida y asesinato de Pemex, la principal empresa
mexicana, a través de los manejos de la administración que ha tenido esta gran
empresa con el paso de los años, todo esto gracias al increíble trabajo de
investigación e indagación periodística que nos muestra la autora en esta obra.

Es interesante como se nos narra el dónde, cómo, cuándo y mediante qué


proceso se desfalcó una fortuna que durante décadas sostuvo la economía
mexicana y que ahora ha sido entregada nuevamente a los intereses
trasnacionales, los mismos depredadores que el expresidente Lázaro Cárdenas
expulsó aquel 7 de junio 1938 con la expropiación petrolera y con la recuperación
de las riquezas naturales para el supuesto beneficio de la nación, pero que hoy
están nuevamente enajenadas a favor de los intereses de las empresas
extranjeras.

La autora afirma que por ochenta años Pemex fue el principal sostén de la
economía mexicana, es decir, se contaba con una maquinaria generadora de
billones y billones de dólares por la producción y venta del petróleo, de hecho, nos
dice en la lectura que se aportaba en promedio más del 40% del presupuesto
público, lo que conlleva a una gran responsabilidad por parte de las personas que
lo administraban, por lo que no podía ser administrado con avaricia o tentación.

Actualmente, el sector petrolero sigue siendo el principal generador de dinero en


México, uno de los principales problemas que trata este libro es el ¿Quiénes se
han beneficiado de la riqueza que ha traído Pemex? Al leer esta investigación nos
damos cuenta que con el paso del tiempo, con el dinero que produjo la riqueza
petrolera, la cual desde 1938 se había puesto al servicio de la nación, se
construyeron emporios privados, se compraron elecciones presidenciales, se
construyeron gubernaturas y alcaldías, se rescataron empresas quebradas de los
políticos, senadores, diputados, ediles y sus familias, hicieron sus fortunas
directivos, operativos, funcionarios de mediano nivel y hasta los obreros de las
estructuras más bajas se aprovecharon de lo que estaba a su alcance.

Sin embargo, también se menciona que, si bien la empresa se llevó a la quiebra


de manera deliberada, la riqueza petrolera sigue estando en el subsuelo, es decir,
México aún tiene petróleo, por otra parte, es importante que quede claro quienes
se han beneficiado de esa ganancia y quienes se van a repartir la ganancia que
viene con los nuevos yacimientos que se han encontrado, por lo que en un futuro
podrían estar beneficiando únicamente a empresas privadas.

Es increíble lo que se rebela en esta obra sobre las personas que han tenido el
poder sobre Pemex. Se puede leer la personalidad, orígenes, razones de su
nombramiento y actuación de sucesivos directores de Pemex. Ninguno de los
cuales se libra de haber utilizado esta fabulosa plataforma de negocios y de la
política para el enriquecimiento personal y para la preservación de los privilegios
políticos y del poder mismo. Se hace un análisis puntual, riguroso y sin rodeos
sobre cada uno de los directores que ha tenido esta gran empresa, es decir, se
detalla perfectamente pillo por pillo, tranza por tranza, complicidad por
complicidad. Pemex RIP vida y asesinato de la principal empresa mexicana.

Podemos darnos cuenta de que ningún presidente de la República después de


Lázaro Cárdenas y ningún director de Pemex en décadas está libre de culpa,
ninguno está libre de complicidad en la quiebra gradual de la principal industria (la
energética) a través de la corrupción. Cada uno de ellos pasó por el abuso
extremo de la bonanza petrolera y tuvieron una vida llena de lujos, de derroches. A
los directores en ningún momento se les reprocha que sean funcionarios bien
pagados, como ya lo dije anteriormente, es un puesto que conlleva una gran
responsabilidad. Lo que se les cuestiona es su mala administración, su uso
discrecional de los recursos, el manejo que han tenido de petróleos mexicanos
como si fuera dinero que les pertenece y del cual pueden disponer libremente, por
ejemplo, el derrochar el dinero en viajes en helicóptero en la propia Ciudad de
México para trasladarse de su casa a su oficina, sin duda este tipo de directores
fueron los que llevaron a la ruina a petróleos mexicanos.

Otro de los capítulos de este libro, que es el del sindicato petrolero, y es que están
muy lejos de ser ignorados o de pasar incólumes y desatendidos los líderes
sindicales petroleros corruptos, ni la quina, Joaquín Hernández Galicia, ni
Salvador Barragán Camacho, ni el dirigente Carlos Romero Deschamps, por sobre
su actuación corrupta y el impecable registro, la documentación y la denuncia de
la periodista investigadora. En este capítulo se explora el sindicato que de una
organización gremial que nació incluso antes de que se nacionalizara la industria
petrolera, se convirtió en una organización gremial corrompida, en una
organización que siempre antepuso sus propios intereses ante los intereses de la
empresa para la cual estaba trabando, con esto se dejó claro que la corrupción en
el sindicato petrolero no es nada nuevo, existió desde que se creó el propio
sindicato. Un punto importante es que los distintos presidentes en vez de combatir
esa corrupción se convirtieron en aliados de esos lideres sindicales corruptos
debido a que el sindicato petrolero representa una fuerza gremial de alrededor de
160,000 personas en activo más los jubilados que tienen todo un grupo de
simpatizantes, los cuales en una elección representan votos, los cuales han sido
utilizados estratégicamente por el PRI y el PAN en su momento. Ahí es donde
encontramos la respuesta de el por qué los distintos presidentes han llegado a
negociar con los miembros del sindicato, porque el sindicato les garantiza votos,
es decir una fuerza que los va a respaldar indefinidamente.

El sucesor de Lozoya al frente de Pemex, era hasta noviembre de 2018, nada


menos que el concuño de Carlos Salinas de Gortari, Antonio González Anaya,
quien está casado con Gabriela Gerard, hermana de Ana Paula Gerard Rivero,
esposa del expresidente Salinas, nos cuenta la autora. Ese personaje llegó para
hacer ajustes cosméticos a la ex-paraestatal y hacerla atractiva para los
inversionistas foráneos. Lo que continuó, dice textualmente la autora, fue el
desmantelamiento de la petrolera y su repartición de negocios a empresas
privadas y fondos de inversión. El dinero de Pemex sigue repartiéndose entre la
misma casta, sostiene este libro con argumentos y con documentación
indiscutible.

Durante la campaña de Francisco Labastida Ochoa y la sanción que recibió el PRI


por recibir dinero del sindicato petrolero. Describe con detalles la riqueza
inexplicable de Romero Deschamps y exhibida en redes por su hija Paulina, a
orillas del Sena en París, junto al Big Ben de Londres, en plazas de Moscú
luciendo sus finas pieles, siempre acompañada de sus tres perros bulldog
ingleses, a los cuales presume inclusive en las sesiones de spa que contrata para
sus cachorros. Una bofetada de esta hija, de un líder sindical, para el nivel de
miseria en este país que tiene más de 60 de millones de pobres extremos.

Ana Lilia Pérez se mete también en la descripción de los negocios de los


huachicoleros, los ordeñadores de los ductos de Pemex. De esa manera nos lleva
hasta un extremo casi impensable, el de los arreglos cupulares entre los capos del
narcotráfico, las autoridades y los empresarios petroleros. Están en esas páginas
los datos precisos sobre una complicidad corrupta, un encubrimiento también de
las autoridades con el crimen organizado tanto en los gobiernos priistas, como los
de la falsa alternancia panista. No es fácil de decir con todas sus letras y tampoco
es fácil de sostener esta delictiva conducta corrupta, pero la autora lo consigue y
de manera magistral. Nos ofrece por ejemplo datos precisos de la reunión en Tula,
Hidalgo entre el entonces líder de los Zetas, Heriberto Lazcano, quien en el
negocio de los hidrocarburos se movía como pez en el agua, Lazcano dirigía la
ordeña de los ductos y la venta de lo robado, e incluso este huachicol, este robo
de combustible llegó a Estados Unidos a ser comprado por empresas formalmente
constituidas de aquel país. Lo más relevante de las revelaciones de Ana Lilia
Pérez en este libro, se encuentren en el capítulo denominado "Las Pemex de
papel, ingeniería financiera para el saqueo", el cual se encuentra en el noveno
capitulo. Ahí queda demostrado que en paraísos fiscales de todo el mundo hubo
un saqueo, desmantelamiento y desnacionalización de Pemex en los últimos años.
Ya desde el sexenio de Felipe Calderón, con Juan José Suárez Coppel al frente
de la poderosa empresa petrolera, se fundaron firmas privadas en el extranjero,
pero con dinero público. La propia auditoría superior de la federación reveló la
existencia de estas empresas ilegales, pues como dijo esta instancia
supuestamente vigilante, Pemex no se beneficia directa o indirectamente de las
utilidades generadas en las empresas del Grupo PMI (Pemex Internacional), estas
se quedan acumuladas como inversión de las propias empresas, es decir, no
llegan a México, eso descubrió la auditoria ya desde la cuenta pública de 2007.

Las advertencias de la auditoría superior de la federación fueron como voces en el


desierto, debido a que en el sexenio de Peña Nieto y con Emilio Lozoya al frente,
Pemex creó poco más de 30 compañías privadas, algunas en sociedad con otras
firmas de particulares, todo para encubrir la privatización de trabajos y de áreas
que en tiempos anteriores eran considerados propios y exclusivos del estado, es
decir, se estaba impulsando desde la dirección de Pemex un desmembramiento
de la empresa otrora más poderosa del estado de mexicano.

Las empresas se crearon particularmente en España, pero también en Suiza, de


los Países Bajos, en Estados Unidos, en Irlanda, Gran Bretaña, en Luxemburgo y
en diversos paraísos fiscales del mundo como las Islas Caimán, dónde estaba el
Holding Mex Gas International.

Ana Lilia Pérez, nos aporta los nombres de estas empresas, que sirven para
ocultar ganancias y capitales multimillonarios en dólares, que, perteneciendo al
estado, se ocultan en laberintos financieros de varios países para escamotearlos
al pueblo mexicano.

Ana Lilia Pérez culmina su libro con una entrevista al ingeniero Cuauhtémoc
Cárdenas, quién tenía 4 años cuando su papá, el general Lázaro Cárdenas,
expropio la industria petrolera, que estaba en manos de empresas extranjeras y a
las cuales, esa riqueza ha vuelto en sucesivas reformas entreguistas a partir del
gobierno de Miguel de la Madrid, pero sobre todo en los gobiernos de Calderón y
Peña Nieto, tal como nos narra Ana Lilia.

Con la reforma energética, se redujo la labor de Pemex a una simple


administradora de contratos, esto concluye la autora, mientras las empresas
privadas son las que se apoderan de lleno de todas las actividades de exploración,
extracción, explotación, producción, distribución y venta de los hidrocarburos de
sus productos procesados, refinados y los petroquímicos.
Lo que ocurrió con Pemex es un espejo de lo que ocurrió con el país, le dijo
Cuauhtémoc Cárdenas, sin duda se ha perdido con la política de no
industrialización y no estamos aprovechando las potencialidades de la economía
rural, la agricultura, la ganadería, el aprovechamiento forestal, la pesca, en fin,
México deja de utilizar varios de sus más valiosos recursos, le dice el ingeniero
Cárdenas a la investigadora periodística. Ella concluye que Pemex está en plena
venta de garajes de los campos petroleros, que ofrece al mejor postor con todo y
la Información precisa de dónde están los más productivos yacimientos de
hidrocarburos para que las compañías vengan y simplemente instalen maquinaria
y perforen para extraer la riqueza del subsuelo. Un cambio de política es posible,
pero revertir la desnacionalización de Pemex no lo harán ni priistas, panistas, pues
son los que desmantelaron esta industria y dilapidaron sus ganancias como lo
demuestra la autora.