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Signos: Una introducción a la semiótica

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Thomas A. Sebeok, nacido en 1920 en Budapest y emigrado a los Estados Unidos en 1936, destaca con
claridad las figuras señeras de Peirce, Morris y Jakobson —estos dos últimos, sus maestros—. Sebeok
considera que "la misión primordial de la semiótica es y será la de mediar entre realidad e ilusión, penetrar
la ilusión tras realidad —son universos complementarios de signos— para descomponerla, desmitificarla y,
detrás de ella, descubrir todavía otra realidad, de una textura más intensa incluso”.

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Discípulo de Morris y Jacobson, del cual en el primer capítulo se evidencian las claras influencias,
Sebeok, desarrolla una síntesis sobre los hechos elementales de la semiosis y trata temas
fundamentales para la semiótica. Desde el comienzo pone sobre relieve la idea sobre los amplios
alcances su estudio, presentando situaciones de contextos sociales, científicos, animales y técnicos
que requieren, para su correcto desenlace, algún tipo de interpretación y las resume como acciones
simbólicas.

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En esta línea, durante el primer capitulo construye una panorámica del estudio de la semiosis
humana, es un apartado dedicado a establecer los límites sobre lo que se puede entender de su
estudio, planteando que su efectividad se ha logrado a través de una captación evolutiva del signo
que se concatena en mensajes y que proviene de una entidad viviente participante de un proceso de
comunicación (productor de signos o fuente, hasta un receptor o destino). Presenta, además otros
aspectos que acompañan al signo en dicho proceso de comunicación; el mensaje, junto a las
características de quienes “encodifican” y “decodifican”; código, fuente, canal y contexto.

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Especial atención pone en la noción central del dominio de la semiótica, el signo. En una primera
instancia, lo describe desde sus orígenes -como concepto- en la antigua Grecia hasta presentar la
definición de Pierce (citado en varias ocasiones), “(un signo es todo aquello)… que determina algo
más (su intérprete) para referirse a un objeto al que él mismo se refiere (su objeto) del mismo modo,
el signo se convierte a cambio en un signo, y así ad infinitum”. Finalmente, bajando el signo a la
“realidad”, intenta evitar el idealismo semiótico, dejando claramente establecido que aún cuando se
trata de un campo amplio, resulta falaz intentar abarcar todo el campo de acción comprendido desde
la biología más elemental hasta abarcar todas las propiedades, atributos o características de todo lo
que existe.

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Más adelante, en una segunda instancia, el autor define y explica, con medido grado profundidad,
las seis categorías fundamentales de signos (señal, síntoma, ícono, índice, símbolo y nombre),
deteniéndose previamente en su naturaleza “bifacial” y en los llamados signos “cero”. Estas
categorías, corresponden a posibles relaciones entre el significante y los componentes del
significado de los signos (manifiestos de su característica bifacial), se centra en el ser del signo, a
su estructura o estado permanente en relación sincrónica a su época (tiempo o momento),
concentrándose en el campo de la significación.

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De esta manera, la idea fundamental del capítulo segundo, es que la semiosis, incluso de naturaleza
simbólica, no es exclusiva de la especie humana y termina planteando que es necesaria la
comparación entre los sistemas de comunicación humana y animal para adquirir una visión más
significativa sobre su naturaleza y ubicuidad.

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La anterior comparación entre los sistemas de comunicación en la naturaleza (humana y animal),
comienza a ser esbozada en el capitulo tercero, en este punto el relato se centra en la naturaleza de
los síntomas; y se observa cómo en el mundo antiguo el análisis del sistema de síntomas del cuerpo,
sentó la base de la ciencia de los signos. De este ejercicio, se ha inferido que el autor ha
transformado la semiótica en una ciencia de la vida, al haberla devuelto a sus raíces en la biología
médica, arrancándola de los fenómenos de significación únicamente humanos al compararla y a su
vez, diferenciarla, de los comportamientos animales que se basan en la capacidad de utilizar señales
básicas y los signos para sobrevivir.

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En general, los primeros dos capítulos son una referencia amplia a la teoría de los signos, sus
objetos límites y categorías; mientras que, en el capítulo tercero se presenta una explicación sobre
los modos de operación de los signos en la vida humana. Los primeros capítulos son una
introducción que tienden un puente que ayuda a desarrollar una perspectiva más amplia de la
semiótica y no sólo restringir su alcance a operaciones o significantes.

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En esta misma dirección, es observable cómo presentan los alcances de la semiótica como
fenómeno ocurrido en el contexto de la cultura y que abarca la totalidad de la significación en la
vida -lenguaje, cuerpo, interacción, cultura- explicando los procesos que articulan la codificación de
los signos sin limitarse a considerar los mensajes como intercambios de signos entre unos
organismos y otros, sino que entendiendo que la semiosis afecta a la representación del mundo que
tiene cada especie.