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​COREA DEL SUR

La bandera de Corea del Sur lleva en su interior el círculo del yin y el yang sobre
fondo blanco. Dicho símbolo, desarrollado por la filosofía china en el siglo II de
nuestra era, representa una concepción dual del cosmos que se concibe como un
sistema formado por dos principios opuestos que se influyen recíprocamente, el yin,
femenino y negativo, y el yang, masculino y positivo. Uno es pasivo, quieto, frío,
oscuro y fértil (yin); el otro activo, cálido, luminoso y procreador (yang). Cada uno de
dichos principios ocupa la mitad helicoidal de un círculo (símbolo del universo) y
lleva en su interior otro pequeño círculo con el color y las características del principio
opuesto. Esos embriones se expanden con el paso del tiempo y acaban convirtiendo
el área del principio negativo en zona positiva y viceversa, mientras que en su
interior vuelve a surgir un núcleo del principio antagónico de forma que ninguno de
ellos puede hacerse con todo el área del círculo, esto es, con el dominio del
universo.
Más acá de la filosofía, tal dualidad ejemplifica a la perfección las constantes histó-
ricas de la península coreana, situada a caballo entre la China y el Japón o dividida
en dos territorios antagónicos, capitalista el Sur y comunista el Norte.
Desde la antigüedad la península ha sido un puente privilegiado entre China y
Japón (por allí pasaron al archipiélago nipón el budismo, la escritura o la
organización imperial del estado) y su territorio sometido a uno u otro. Durante la
dominación japonesa, iniciada a finales del siglo XIX y consolidada en 1910 con la
instalación de un gobierno militar cuya autoridad se mantuvo hasta el final de la
Segunda Guerra Mundial, el país se convirtió en proveedor de materias primas
(carbón, hierro, ...) y mano de obra barata para los campos de Manchuria y las
fábricas niponas. El papel de los inmigrantes coreanos en Japón guarda un gran
paralelismo con el que tuvieron los irlandeses en Inglaterra a finales del siglo XVIII y
en primera mitad del XIX, ya que sus bajos salaríos y escaso arraigo les convirtió en
el objetivo de las iras de los trabajadores locales en momentos de crisis.
Tras el terremoto de Tokio en 1923 se desató la xenofobia contra los coreanos, y
muchos de ellos fueron asesinados. También en Manchuria se ganaron la
enemistad de los campesinos, circunstancia hábilmente utilizada por el gobierno
● japonés en 1931 para, con el pretexto de proteger a los aparceros y
jornaleros coreanos, invadir Manchuria y penetrar en China. El dominio
japonés sobre Corea culminaría en 1944 cuando los coreanos fueron
movilizados por el ejército nipón mediante levas forzosas en las fábricas. Por
entonces no le iban muy bien las cosas al imperio del sol naciente en el
Pacífico y en las selvas birmanas.
En agosto de 1945, tras el lanzamiento de la bomba atómica sobre
Hiroshima, lossoviéticos ocuparon Manchuria, Corea y las islas Sajalín y
Kuriles, quedando la península coreana
● una superficie equivalente a la de media España dividida en dos mitades
irreconciliables, el Norte prosoviético y el Sur pro estadounidense. La
fragmentación del país se consolidó con el calentamiento de la guerra fría en
la guerra de Corea (1950-1953). El Sur y el Norte sobrevivieron como
estados independientes divididos por el paralelo 38 en virtud de la
intervención norteamericana en un caso y china en elotro.
● No está claro cuál de ambas mitades se corresponde con el yin y el yang,
pero no cabe duda que en las dos germinan las semillas de su oponente
(mayor papel del mercado en un lado y de los sindicatos obreros en el otro) y
que ninguna de ellas acabará cerrando el círculo aunque éste amplíe su
diámetro.
Cuando finalizó la contienda peninsular, Corea del Sur se alistó en el desarrollo eco-
nómico de los dragones asiáticos, caracterizado por los bajos salarios, industrias
orientadas hacia la exportación, deslocalización industrial y proteccionismo. Tras un
proceso de reforma agraria, que atrajo el apoyo campesino al régimen y liberó mano
de obra hacia la industria, el país se lanzó a la producción de textiles, calzado y
juguetes para los mercados internacionales. Luego vendría el montaje de
automóviles y electrodomésticos con piezas y tecnología procedente sobre todo del
Japón. Finalmente comenzó a fabricar en su territorio esos componentes y a
desarrollar una tecnología y unos modelos propios. Hoy en día, cuando algunas
empresas coreanas están estableciéndose
en otras zonas (los tigres asiáticos, Europa Oriental, España, ...) el país parece
haberse hecho dueño de su destino, pero sigue dependiendo en buena parte del
exterior para una cuestión vital, la inversión. Aproximadamente el 20 por 100 de las
acciones de las empresas coreanas están en manos de grupos financieros
japoneses, y su línea productiva más que competir con la industria nipona la
complementa.
La singularidad de Corea en el conjunto de los dragones reside en su estructura em-
presarial, compuesta por grandes conglomerados de empresas (los chaebol),
semejantes a los de la industria japonesa (los zaibatsu), que producen la más
variada gama de productos (desde cemento, acero y componentes electrónicos
hasta automóviles, barcos u ordenadores), controlan todas las fases de fabricación y
comercialización de un producto y disponen de su propio grupo financiero. En 1992
once empresas coreanas figuraban entre las 500 mayores del mundo y entre las
100 primeras se encontraban 5 chaebol (Hyundai, Samsung, Daewo, SunkYong y
SsangYong).
El volumen de negocios de alguna de ellas supera al de algunas empresas
emblemáticas europeas y japonesas. El grupo Hyundai (primer productor mundial de
buques y equipos de transporte) con unas ventas por encima de los 53.000 millones
de dólares (¡más del 17 por 100 del PNB coreano!) se sitúa al nivel de Volkswagen y
dobla a Renault, mientras que Samsung con cerca de 50.000 millones de dólares
sobrepasa ampliamente a otras multinacionales de su sector como la holandesa
Philips o a la japonesa Sony. Para hacerse una idea más precisa, en 1992 las
principales empresas industriales españolas, el grupo INI y Repsol con un volumen
de negocios de 21.654 y 18.618 millones de dólares respectivamente, se
encontraban muy por detrás de los combinados coreanos.
No cabe duda de que estamos ante unos gigantes empresariales, pero “Gargantúa”
Hyundai y “Pantagruel” Samsung moran en una tierra de enanos. Más allá de este
conjunto de grandes firmas, cuyo peso trasciende lo meramente económico y anega
el terreno político, queda poco. Los 11 chaebol suman un volumen de negocios
superior a los dos tercios del PNB coreano pero sólo proporcionan empleo al 10 por
100 de los trabajadores.
El resto realiza tareas subsidiarias para estas compañías, proporciona servicios a
sus trabajadores y directivos en aquellas actividades que, como la hostelería o el
servicio doméstico, no controlan directamente los chaebol; tampoco faltan los que
continúan trabajando a cambio de salarios muy bajos en la industria textil (que en
1992 aún suponía el 20 por 100 de las exportaciones coreanas) o siguen cultivando
arrozales.
En líneas generales nos encontramos en presencia de un mercado interior
relativamente débil y muy protegido, esto es, reservado a los productores
nacionales.
Tampoco hayduda de que los coreanos son vendedores agresivos y competitivos en
los mercados internacionales, pero no resultan tan buenos compradores ya que el
núcleo de sus importaciones está constituido por alimentos, materias primas,
productos energéticos o componentes que sus empresas elaboran en otros países.
Sus clientes suelen encontrarse muy lejos de las costas coreanas mientras que sus
proveedores se localizan preferentemente en Asia oriental: los alimentos, materias
primas y productos energéticos en el sureste asiático, China, Mongolia y Siberia; el
capital y los servicios financieros en Singapur, Hong Kong y sobre todo en Japón.
El éxito económico del país ha tenido un conexión muy estrecha con los frenos al
desarrollo político. Tras finalizar la guerra de Corea, las tropas estadounidenses
permanecieron en Corea del Sur como avanzada de sus intereses en el Pacífico,
mientras la masiva ayuda económica y militar convertía al país en el escudo
anticomunista de EE.UU. En el interior se dejaron las manos libres al presidente y
déspota Syngman Rhee, que caería en 1960 después de una oleada de
manifestaciones de intelectuales y estudiantes.
La nueva república democrática sólo duró nueve meses ya que fue barrida
por un golpe de estado en mayo de 1961.
El nuevo hombre fuerte del país, el general Park Chung-hee
—apoyado por la KCIA o policía secreta
—se propuso modernizar el país desde arriba. Para ganarse el respaldo de Estados
Unidos envió tropas a Vietnam y para alimentar su dictadura “desarrollista”
normalizó sus relaciones con Japón. Dada la escasez de recursos naturales y su
débil mercado interno, el objetivo se cifraba en promocionar la exportación de
manufacturas a partir del entendimiento entre el estado representado por los
tecnócratas, los contratistas-compradores y el capital extranjero (no en forma de
inversiones sino de créditos). Esta triple alianza, con el lema “orden y eficacia ante
todo”, se apoyaba en una mano de obra abundante y barata, el férreo control del
movimiento obrero y la represión draconiana de toda crítica u oposición política. La
aparente renovación planteada con el llamado “sistema Yushin” en 1972 no hizo
sino ratificar todo esto. Aún más, el capitalismo de estado “a la coreana” vino
acompañado de una discriminación regional y el enquistamiento de los militares en
las altas esferas del poder, el general Park fue asesinado en octubre de 1979 por el
jefe de la KCIA. La salida de la crisis, en la que la nueva camarilla de jóvenes
militares se dedicó a masacrar a la oposición, llevó a la presidencia a Chun
Doo-hwan, otro general que contó con el apoyo de los campeones de la “guerra
fría”, Reagan en los Estados Unidos y Nakasone en Japón. En 1981 la economía
coreana reemprendería su “marcha hacia la madurez”, cuyo reconocimiento no fue
ajeno a la concesión de sede de los juegos asiáticos (1986) y olímpicos (1988).
Pese a estos logros proseguía la oposición política, intelectual y estudiantil,
contestada por el gobierno con represión, limpieza militar y discriminación regional,
sus tres formas de asegurarse el poder.
En medio de fuertes divisiones políticas y con escaso apoyo parlamentario, en di-
ciembre de 1987 llega a la presidencia Roh Tae-woo, otro general amigo del
anterior.
Durante los cinco años de su mandato se mostró menos brutal que sus
predecesores y más hábil en la manipulación de las élites militares, la fusión de los
partidos políticos proclives al régimen y en sacar provecho a la discriminación
regional. El periodo, sin embargo, se iba a caracterizar por la vía libre a todo tipo de
corruptelas mientras que, contra todas las previsiones, la economía entraba en una
fase recesiva tras los juegos olímpicos y las reivindicaciones obreras irrumpían de
forma virulenta en la escena política tales son los retos a los que ha tenido que
hacer frente el presidente elegido en diciembre de 1992, Kim Dae-jung, primer civil
que asume la jefatura del Estado en muchos años. Pero aún queda el problema de
las dos Coreas. Una zona “desmilitarizada” de 250 km. de larga y 4 km. de ancha
las separa y un millón de soldados se vigilan esta división.
—que desde 1950 ha supuesto más de tres millones de muertos y heridos
— fue impuesta desde el exterior y eliminó de un plumazo cuatro milenios de
homogeneidad étnica, lingüística y cultural. Como sintetiza el especialista en
geopolítica , la guerra fría intercoreana ha estado salpicada de actos violentos pero
también de tentativas de conciliación bajo dos vías diferentes: Corea del Norte
propone un acercamiento “político” de cara a formar una República Federal que se
encargaría de la política exterior y la defensa, mientras los asuntos internos serían
competencia de un gobierno socialista en el Norte y otro capitalista en el Sur. Corea
del Sur, por su lado, es partidaria de un acercamiento “funcionalista” que promueva
los cambios intercoreanos en los terrenos no políticos, para así alimentar una
confianza mutua que, luego, permita abordar los problemas político-militares.