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ASIGNATURA:

TEORÍAS E INSTITUCIONES
CONTEMPORÁNEAS DE LA EDUCACIÓN

PRÁCTICA 3
LA EDUCACIÓN EN LA
SEGUNDA REPÚBLICA
(1931-1939)

Grado en Educación Primaria

Curso 2018/2019

1º curso, grupo 7

Profesora: Carmen María Cerdá Mondéjar

Autores: María Rubio, Víctor Egío, Almudena Piñero, Francisco Pastor


Introducción

El siguiente trabajo tratará sobre las políticas educativas y culturales de la Segunda


República Española. La Segunda República española es sin duda la etapa de nuestra
historia que más debate suscita. El triunfo de la República no debe sin embargo ser
explicado en el contexto de los convulsos años 30, sino en un contexto más general, el
de los primeros treinta años del siglo XX. En este periodo son numerosos los países que
se inclinan por esta forma de gobierno, un desarrollo que comienza en 1910 con
Portugal y continúa al final de la Primera Guerra Mundial con la formación de la Unión
de Repúblicas Socialistas de Rusia, extendiéndose después a Alemania, Austria,
Checoeslovaquia, Hungría, Polonia, Lituania, Letonia, Estonia y Finlandia. En 1922 se
funda la República de Irlanda y en 1924 Grecia se convierte también en una república,
siguiéndole inmediatamente el territorio vecino de Albania en 1925.
Uno de los aspectos más interesantes de la República española es precisamente su
política educativa y cultural, especialmente durante el primer bienio. Entre 1931 y 1933
el gobierno liberal burgués llevó a cabo muchos proyectos de reforma, no solo en el
sector educativo sino también en los sectores militar o agrícola. Esta época no se libró
sin embargo de los continuos vaivenes ideológicos que marcan la historia reciente de
España y que siempre acaban afectando indefectiblemente a la política educativa.
Así, las reformas que con tanto entusiasmo se pusieron en marcha en estos primeros
años fueron paralizadas o aplazadas antes de que consiguieran arraigar en el contexto
del bienio siguiente, el llamado bienio negro, en el que el predominio político pasó al
sector conservador encabezado por la CEDA. Hubo que esperar al triunfo del Frente
Popular en las elecciones de 1936 para asistir a una vuelta a los orígenes, pero de forma
casi inmediata estos planes se fueron al traste con el golpe armado del general Franco y
la invasión de España lanzada por su ejército, con el apoyo de las potencias fascistas del
momento.
Constituye un punto de partida clave para este trabajo, al igual que en los dos anteriores
ya realizados, el análisis de la cultura popular y de la vida espiritual o religiosa.
Igualmente prestaremos especial atención a la legislación de estos años, aunque en lugar
de hacer un recorrido histórico nos centraremos solo en los hitos más importantes, ya
que lo contrario precisaría de muchas fechas y datos que son de sobra conocidos pero
que no tenemos tiempo de abordar aquí,
Además, se examinará la vida cultural y literaria en España durante la Segunda
República, en la cual cobran una gran importancia el teatro del pueblo y su contexto
inmediato, el ingente esfuerzo que supusieron las misiones pedagógicas.

España antes de la Segunda República

En 1923, el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, tomó el poder en un


golpe clásico sin enfrentamientos violentos y con la aquiescencia de la corona. Desde
una perspectiva política y económica la dictadura representaba un pacto de necesidad
entre los grupos de la oligarquía amenazados por los cambios sociales, una solución
técnica para mantenerse en el poder a toda costa. Con ese fin se iniciaron reformas
económicas y se proyectaron ambiciosas inversiones en infraestructuras, como vimos en
el trabajo anterior con respecto a los planes para construir escuelas bajo la coordinación
de una nueva Oficia Técnica de Construcción de centros. Sin embargo no se lograron
los resultados deseados, lo que supuso que los actores que habían aupado a la dictadura
(Corona, ejército, burguesía industrial) se distanciaran y dejaran el paso libre a la
Segunda República.
Aunque ambas etapas, la dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República, parecen
opuestas si consideramos los modelos desde los que se ejerce el poder (uno autoritario y
otro democrático), ambas comparten un mismo impulso modernizador: intentan dejar
atrás un marco arcaico y adaptar el país a las modernas estructuras sociales, políticas,
económicas y culturales de la Europa industrializada. Ambas fallaron estrepitosamente
en el intento.

Las grandes apuestas de la Segunda República Española

El gobierno de la Segunda República llegó con la intención de crear un Estado laico y


liberal con una constitución democrática. Esta tarea debía ser resuelto principalmente
por medio de una reforma del estamento militar, una reforma del sistema educativo, de
las relaciones de propiedad en el campo, así como a través de la separación de iglesia y
estado.

La reforma agraria
En particular, la reforma agraria, que suponía un ataque a los derechos de los que más
tenían, la oligarquía y la iglesia, con el fin de mejorar la vida de los jornaleros y los
trabajadores, no fue lo suficientemente lejos y siguió siendo un obstáculo constante, que
privó al gobierno de apoyo de ambos lados. La Ley de Bases para la Reforma Agraria
del 15 de septiembre de 1932 regulaba las expropiaciones, las compensaciones y la
distribución de la tierra a la población, pero su desarrollo no fue asegurado, como tantas
veces sucede con nuestra legislación, por un reglamento claro y por los medios
necesarios para llevarla a la realidad.
Como ha afirmado de forma elocuente un eminente hispanista, la Ley de Reforma
Agraria "parecía pensada por una asociación de abogados sin empleo que deseaban
asegurar no solo a ellos, sino a sus futuros hijos abogados, un medio de ganarse bien la
vida, en lugar de ser una ley escrita para los campesinos de España" (Jackson, 1967, p.
80). Este fracaso suponía algo inquietante, ya que como hemos visto para otros
periodos, resulta extremadamente difícil reformar el sistema educativo de un país sin
haber transformado previamente sus fundamentos económicos.

La reforma educativa y cultural

Las políticas educativa y cultural de la Segunda República fueron consideradas por sus
artífices como verdaderos pilares claves para el éxito de la misma. Al contrario de lo
que sucedió con la reforma agraria, que siempre se impulsó de forma dubitativa, en el
plano educativo se dieron grandes esfuerzos por transmitir a los españoles estándares
políticos y comportamientos hasta entonces desconocidos.

a) El laicismo.

El primer hito pasaba por la separación definitiva de religión y educación planteada ya


en el tercer decreto del gobierno provisional el 6 de mayo de 1931, una medida que "era
consecuente con la gran tradición del liberalismo español" (Puelles, 1991, p. 318). El ya
mencionado enfoque del cambio político a través de la educación encontró su mejor
reflejo en la Constitución de 1931, aprobada tras largos debates y propuestas de
modificación. Los artículos 24, 48, 49 y 50 especialmente tratan de cuestiones
relacionadas con la educación.
El artículo 24 se dedicó al tema de la religión y su ejercicio, así como al papel de la
Iglesia y las órdenes en la educación. El programa electoral de la coalición republicano-
socialista de 1931 buscaba tranquilizar a los católicos con el siguiente mensaje:
"Católicos: el programa máximo de la coalición es libertad religiosa... Solamente la
libertad religiosa puede emanciparnos del doloroso clericalismo... La República... no
perseguirá a ninguna religión. La tolerancia será su lema" (Payne, 1984, p. 159).
Sin embargo, el respeto de la libertad religiosa no podía entenderse para los
republicanos sin el laicismo. La versión final del artículo 24 recogía lo siguiente:

"Todas las confesiones religiosas serán consideradas como Asociaciones sometidas a una
ley especial. El Estado, las regiones, las provincias y los municipios, no mantendrán,
favorecerán, ni auxiliarán económicamente a las Iglesias, Asociaciones e Instituciones
religiosas. Una ley especial regulará la extinción total, en un plazo de dos años, del
presupuesto del Clero"

Por lo que hace a las órdenes religiosas, la Constitución imponía la disolución de


"aquellas órdenes religiosas que estatutariamente impongan, además de los tres votos
canónicos, otro especial de obediencia a autoridad distinta de la legítima del Estado" y
decretaba que "sus bienes serán nacionalizados y afectados a fines benéficos y
docentes". Con respecto a las órdenes que sí se ajustaran a la norma, sus actividades
quedaban estrictamente restringidas. En concreto, se les prohibía literalmente "ejercer la
industria, el comercio y la enseñanza".
En 1932 se prohibió la Orden de los jesuitas por incumplir los principios
constitucionales, se llevó a cabo la secularización de los cementerios y se aprobó una
ley de divorcio. Con la prohibición de los jesuitas también se cerraron sus dos
universidades y diferentes centros de enseñanza. Se expropiaron bienes por valor de
decenas de millones de pesetas. En 1933, las disposiciones relativas al cierre de las
escuelas religiosas debían implementarse, afectando a aproximadamente el 20% de los
niños españoles. Sin embargo, esto fue evitado por el cambio de gobierno. La medida
fue suspendida en efecto por el denominado Proyecto de Ley para el aplazamiento de la
sustitución de la enseñanza dada por las órdenes religiosas, presentado en Diciembre de
1933 por el ministro Pareja Yébenes (Vicente, 2017, p. 313).
En los años 1933/34 se reintrodujeron las subvenciones gubernamentales a la iglesia y
se levantó la prohibición de las escuelas confesionales. Las disposiciones que debían
entrar en vigor en 1933 solo fueron implementadas en 1936, tras el acceso al poder del
Frente Popular. Se cerraron entonces escuelas católicas y se expropiaron diversos
edificios.
El laicismo consagrado por el texto constitucional y la separación de Iglesia y Estado
provocaron una fuerte oposición a la República por parte de un clero acostumbrado a
hacer y deshacer sin trabas, clero que debe ser considerado como uno de los máximos
responsables del levantamiento militar y la subsiguiente guerra española.

b) El bilingüismo

Sin embargo, la cuestión del laicismo no es la única abordada por la Constitución de


1931. Los artículos 48, 49 y 50 de la Constitución abordan aspectos como la gratuidad
de la educación básica, la libertad de enseñanza, la laicidad de la educación, la
concesión de títulos y la enseñanza del castellano y otras lenguas en España.
Especialmente conflictivo resultó el artículo 50, que establecía la enseñanza obligatoria
de la lengua castellana y que fue aprobado con el apoyo de los nacionalistas catalanes a
cambio de garantizar a las regiones autónomas su potestad para organizar la enseñanza
en sus propias lenguas. La redacción final del artículo quedaba así:

Artículo 50. Las regiones autónomas podrán organizar la enseñanza en sus


lenguas respectivas, de acuerdo con las facultades que se concedan en sus
Estatutos. Es obligatorio el estudio de la lengua castellana, y ésta se usara también
como instrumento de enseñanza en todos los centros de instrucción primaria y
secundaria de las regiones autónomas. El Estado podrá mantener o crear en ellas
instituciones docentes de todos los grados en el idioma oficial de la República.

El Estado ejercerá la suprema inspección en todo el territorio nacional pata


asegurar el cumplimiento de las disposiciones contenidas en este Artículo y en los
dos anteriores.

La Generalitat consagraría después en el artículo 7 de su Estatuto de autonomía su


facultad para crear centros de enseñanza propios, en los que la lengua catalana
complementara a la castellana. Se resuelve así un problema histórico, el del
bilingüismo, por medio de la negociación y la prudencia, virtudes que casi un siglo
después parecen alejarse cada vez más del clima político general.
La educación superior no resultó tan afectada por los cambios políticos como la
educación básica. La República se ocupó sobre todo de proporcionar una educación
básica a la gran masa del pueblo, entre la que reinaba el analfabetismo, lo que se reflejó
en las Misiones Pedagógicas y en el apoyo a proyectos como La Barraca, en cuya
fundación participó Federico García Lorca.
Sin embargo, la aplicación de todos estos proyectos resultó ser difícil, lo que se debió en
gran parte a los escasos recursos económicos, pero al mismo tiempo a las diferentes
ideas de los partidos y personas involucradas. ¿Cómo podían ser realizados estos
cambios cuando el ministro al frente de Instrucción Pública cambiaba continuamente?
Otro fallo fue la tendencia a imponer los cambios desde arriba y a marchas forzadas,
algo heredado de los ilustrados del siglo XIX. La Segunda República fue de hecho
descrita a menudo como una "república de maestros" o de intelectuales, algo que
pretendía describir la forma de proceder de sus impulsores y que se reflejó de manera
manifiesta sobre todo en las políticas educativas y culturales. Lo que podría ser
considerado como una esperanza para encarrilar por fin el trabajo político sobre bases
científicas, fue utilizado también como arma de ataque contra los políticos republicanos:
"decían aquí que un intelectual es débil y dubitativo y que no puede gobernar: era una
forma de atacar a Azaña, intelectual de primer orden, del que habían hecho su
contrafigura, dentro del ánimo español de personalizar: como impostor contra Alfonso
XIII; luego, contra Franco); y Azaña es precisamente el ejemplo de lo que se pretende
explicar aquí: la República no creó intelectuales, sino que fue un fruto de ellos" (Haro
Tecglen, 1993).

La creación de escuelas y el combate contra el analfabetismo

Cuando el nuevo gobierno asumió el cargo en 1931 se encontró con un legado que
seguiría siendo dominante en los años siguientes: el 32,4% de los 25 millones de
españoles eran analfabetos. Los republicanos estimaron que se necesitarían 27.150
escuelas para dar a todos la oportunidad de completar una educación básica. El
Gobierno Provisional elaboró un plan quinquenal para construir 7.000 escuelas en el
primer año y 5.000 en cada uno de los siguientes cuatro años.
Estos objetivos se lograron en el primer año. En 1932, se construyeron 2580 escuelas
nuevas y en 1933 3.990 escuelas. En comparación, en los treinta años de la monarquía
se habían creado un total de 11.128 escuelas. La república logró 13.570 en dos años y
medio. También buscó mejorar el estatus de la profesión docente, especialmente de los
maestros de la escuela primaria, por lo que sus salarios se incrementaron en un 50% y se
crearon 50.000 nuevos empleos. Incluso en el año 1937, con la guerra ya comenzada, se
crearon más de 2.000 escuelas. En 1938 fueron 1.000. En Cataluña, hasta abril de 1938,
se crearon un total de 129.000 plazas escolares.
Las cifras anteriores pueden ser suficientes para mostrar la alta estima de la educación
por parte del Gobierno de la Segunda República Española, al menos en su primer
bienio.

La vida cultural en la Segunda República Española

La creación literaria en la Segunda República española se caracterizó por un


compromiso político y social, así como por una actitud antifascista. Así, en 1932, sobre
la base del modelo francés, se fundó la Unión de Escritores y Artistas Proletarios. Las
publicaciones que siguen esta línea fueron Octubre (1933-34) y Nueva Cultura, ambas
fundadas por Rafael Alberti y Teresa León. Por el bando católico surgieron también
publicaciones como Cruz y Raya (1933-36), encabezada por José Bergamín. Por otro
lado, surgieron también publicaciones de diseño muy reaccionario, como La Conquista
del Estado o Libertad.
Esta efervescencia cultural se debe a otra de las características específicas de la Segunda
República, la gran preocupación y activa participación de los intelectuales en el debate y
las esferas de decisión política.
El teatro se dedicó durante la Segunda República Española, en particular, a su tarea
educativa y en esta tarea fue apoyado decididamente por el Estado. El antiguo lema
elitista de "l'art pour l'art", el arte por el arte y como un fin en sí mismo, dio paso a un
teatro para las masas, interpretado por el Teatro del Pueblo de las Misiones
Pedagógicas, la mencionada compañía de La Barraca de la Unión Federal de
Estudiantes Hispanos y el Búho de la Federación Escolar Valenciana.
En 1931 se crearon las Misiones Pedagógicas, dirigidas por Manuel Bartolomé Cossío,
un colaborador de Francisco Giner de los Ríos en la Institución Libre de Enseñanza, del
que ya hemos tenido ocasión de ocuparnos en trabajos anteriores. A modo de resumen,
podemos recordar que esta institución fue creada por de los Ríos en 1876 con el
objetivo de difundir y acercarse a los logros educativos de otros países europeos a través
de la reforma educativa (en España, en 1887, la tasa de analfabetismo era de alrededor
del 72% y en 1910 de alrededor del 64%).
Los institucionalistas desarrollan como vimos un nuevo concepto de enseñanza que
descarta la tutela estatal y eclesial, se basa en un diálogo socrático, impulsa el
conocimiento de la naturaleza y la práctica del deporte y apuesta por el cosmopolitismo
y la abolición de los límites entre la ciencia y las humanidades, así como una nueva
ética puritana basada en el trabajo en lugar de la contemplación y la pasividad y en la
austeridad como forma de combatir la corrupción. La Institución Libre de Enseñanza
adoptó los métodos de enseñanza de Fröbels, un autor al que hemos dedicado también
cierta atención en el marco de esta asignatura, e introdujo la controvertida idea de la
coeducación.
Su base intelectual era el krausismo, una escuela filosófica que había sido importada de
Alemania a mediados del siglo XIX y cuyo nombre y mensaje se inspira en la obra del
ilustrado Christian Friedrich Krause. Su trabajo fue adaptado en España por Sanz del
Río, cuyo alumno Francisco Giner de los Ríos fundó la Institución Libre de Enseñanza.
De vuelta en 1933, el objetivo de las Misiones Pedagógicas era llevar el mensaje de una
España nueva y democrática a los más desfavorecidos, los olvidados del progreso, en
las aldeas solitarias, aisladas y paupérrimas. A través de obras de teatro, conciertos, del
apoyo de los maestros, la organización de exposiciones de arte, conferencias, el
establecimiento de nuevas bibliotecas públicas, así como de la proyección de películas,
se produjo una especie de evangelización cultural por toda España. Además, se creó un
comité de intelectuales con el fin de promover la vida espiritual en las provincias, algo
que fue estimulado con la participación de importantes oradores invitados.
También en 1931 es fundada la Barraca por Federico García Lorca y otros intelectuales.
con apoyo estatal. El propio Lorca resume así la función educativa del teatro en 1935 en
su breve Charla sobre teatro:

El teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la educación de


un país y el barómetro que marca su grandeza o su desmayo. Un poco sensible y
bien orientado en todas sus ramas, desde la tragedia al vodevil, puede cambiar en
pocos años la sensibilidad de un pueblo; y un teatro destrozado, donde las pezuñas
lo sustituyen a las alas, puede llegar a ser una gran parte. El teatro es una escuela
de llanto y de risa, y de una tribuna libre, donde los hombres pueden poner en
evidencia morales viejas o equívocas y explicar con ejemplos de las vidas eternas
del corazón y el sentimiento del hombre. (Lorca, 1994, p. 428)

El teatro de las Misiones Pedagógicas y el de la Barraca parten de un vocación


pedagógica similar que, sin embargo, en el primero precede a lo artístico, mientras que
la Barraca debe entenderse más bien como un teatro auténtico. Los lugares donde
realizaban sus representaciones también diferían como resultado. Mientras que el teatro
de las Misiones Pedagógicas se limitaba a las áreas rurales, la Barraca representaba sus
montajes en todo tipo de lugares, ya sea en la ciudad o en el campo. Ambos, así como
los Búho, compartían el propósito de educar no solo en el sentido clásico, sino también
de devolver al pueblo aquello que lo constituyen, las tradiciones y la cultura. Todos
ellos formaron una parte integral de los esfuerzos de la República para educar a la gente.
Por supuesto, esto también puede ser objeto de crítica. La elección de las piezas, así
como su dramaturgia, estaban subordinadas en mayor o menor medida a la intención
política, algo que, sin embargo, no dio nunca lugar a una prescripción ideológica
estrecha, sino que se tradujo en una voluntad de identificarse con la gente, con el
elemento popular, en un esfuerzo por hacer de la cultura un bien común en lugar de un
placer elitista.

Conclusión: una visión retrospectiva (1898-1939)

El presente estudio ha tratado de dar cuenta de los principios y presupuestos de la


educación y la política cultural de la Segunda República Española. En lo sucesivo
conectaremos los esfuerzos de los políticos de la República con la historia española del
siglo XX, que en España no arranca exactamente con el cambio de siglo, sino que nace
prematuramente con el Desastre del 98.
El año 1898 constituye en la historia y la literatura española un momento
particularmente traumática. La pérdida de las últimas colonias de ultramar había sumido
al país, como vimos, en una profunda depresión acerca de sus posibilidades y
limitaciones, destruyendo el mito del imperio y la supremacía española por completo.
Lo que queda es un país sin orgullo, que parece hundirse en su frivolidad, al menos eso
es lo que muchos de sus escritores lo ven de esa manera.
En consecuencia, existe la necesidad de volver a cuestionarlo y a replantear todo,
necesidad de la que surge la generación de 1898, una generación que, sin embargo,
estaba lejos de ser homogénea en sus ideas. Los escritores de la generación del 98
provienen en gran parte de la clase media y tienen un acceso relativamente fácil a la
literatura y el mundo de la cultura, pero sin la seguridad económica que había
caracterizado a la intelectualidad aristocrática. Estaban particularmente interesados en la
literatura y la filosofía europeas, que utilizaban para promover una nueva visión de
España.
Unamuno, Costa, Giner... Es el turno de las personas que más tarde conformarán la
política cultural y educativa de la Segunda República. En estos años Unamuno
desarrolló como vimos el concepto de la intrahistoria, una especie de historia social,
historia de un pueblo, ya no se ocupa de los grandes hechos de la historia, sino de la
gente común y sus vivencias. Aquí se identifica una continuidad y, por tanto, una
tradición, que se encuentran en la base de los trabajos y la inspiración de autores como
Federico García Lorca. Hasta al menos los años treinta este es el trasfondo que domina
la mayor parte de los debates intelectuales.
Este énfasis en los aspectos sociales, en los problemas de la gente, continúa en la
literatura con la novela social de los años veinte, en una España que asistía al desarrollo
de ciertos núcleos industriales, pero que todavía estaba atrapada en los tiempos del
latifundismo pre-capitalista. La dictadura de Primo de Rivera (1923-30) tampoco puede
cambiar nada fundamental. Es incapaz, a pesar de algunos éxitos iniciales, de mejorar la
situación del proletariado y de los campesinos empobrecidos.
Aquí es donde entra en juego la política de la Segunda República Española, con la
redistribución de la tierra y, al mismo tiempo, con el cambio espiritual que debían
provocar la educación y la cultura. Estas son sus dos mayores apuestas.
Para poder llevar a la práctica las ideas de la Institución Libre de Enseñanza, los
responsables educativos de la República consideran necesaria la secularización de todas
las áreas de la vida. Es un requisito previo para la creación de un mundo moderno y el
triunfo de una visión racional del mundo. Sin embargo, y como vimos en otras épocas,
los mejores propósitos no podían tener éxito sin los fundamentos materiales adecuados,
para lo cual era necesaria una reforma agraria que fue siempre postergada. Con la
invasión del general Franco y la guerra ya no habría tiempo suficiente para implementar
estos planes.

Fuentes primarias
MEC: Historia de la Educación en España, vol. II, Madrid, MEC, 1979.
GARCÍA LORCA, F.: "Charla sobre el teatro" en Obras Completas, Tomo VI, vol. I,
Madrid, Akal, 1994.

Fuentes secundarias
HARO TECGLEN, E.: "República de Intelectuales" en Diario El País, 15/04/1993.
JACKSON, G.: La República española y la Guerra Civil (1931-1939), México, Editora
Americana, 1967.
PAYNE, S.: El catolicismo español, Barcelona, Planeta, 1987.

PUELLES DE BENÍTEZ, M.: Educación e Ideología en la España contemporánea,


Barcelona, Labor, 1991.

VICENTE-SÁNCHEZ, H.: La secularización de la enseñanza primaria durante la


Segunda República en Historia de la Educación [Internet], 15 Mar 2017 [citado 17 Dic
2018]; 36(0): 301-320. Disponible en: http://revistas.usal.es/index.php/0212-
0267/article/view/18090