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En el año 1774 se afirmó el Tratado de Lancaster, Pensilvania (EE.UU.

) entre el
Gobierno de Virginia y las Seis Naciones Indias. Los comisionados de Virginia
hicieron saber a los indios que existía en la ciudad de Williamsburg un colegio
provisto de fondos para la educación de la juventud india y que si los jefes de las
Seis Naciones enviaban media docena de sus hijos a ese colegio, el gobierno se
encargaría de que recibieran todo lo necesario y de que fueran instruidos en todo
el aprendizaje de la gente blanca.

Ante esta propuesta, el portavoz indígena respondió :

“Sabemos que ustedes estiman en alto grado el tipo de aprendizaje que se enseña
en esos colegios y que el mantenimiento de nuestros jóvenes durante el tiempo
que estuvieran entre ustedes les resultaría muy costoso. Nosotros estamos
convencidos, por lo tanto, de que mediante su proposición desean hacernos bien y
se lo agradecemos de todo corazón.

Pero ustedes que son sabios, deben saber que naciones diferentes tiene distintos
conceptos d las cosas y, por tanto, no tomarán por impropio el que nuestras ideas
acerca de ese tipos de educación no sean las mismas que las suyas. Hemos
tenido una buena experiencia de ello: varios de nuestros jóvenes se educaron
formalmente en los colegios de las provincias norteñas. S les instruyó en todas
sus creencias, pero cuando volvieron a nosotros, eran malos corredores,
ignoraban todos los medios de vivir en los bosques, eran incapaces de soportar ya
fuera el frío o el hambre, desconocían el modo d construir una choza o cómo
atrapar a un venado o cómo matar a un enemigo. Hablaban nuestra lengua con
imperfección y no estaban preparados para ser cazadores, ni guerreros, ni
consejeros – e definitiva, o servían absolutamente para nada.

Sin embargo, no nos sentimos menos obligados por su generoso ofrecimiento,


aunque declinamos aceptarlos y, para demostrarles nuestra gratitud por el mismo,
si los caballeros de Virginia nos envían una docena de sus hijos , nosotros
cuidaremos de su educación , les instruiremos en todo cuanto sabemos y haremos
de ellos hombres”.

(Tomado de : Benjamín Franklin,


Notas acerca de los salvajes de Norte América, 1774)

CIUDADANIA
Convivir humanamente

¿ESTA EL MUNDO AL REVES?

DESIGUALDADES

Número de veces que un niño norteamericano consume más que uno del Tercer
Mundo : 500
Millones de dólares que se gastan anualmente en comida para mascotas en
Europa y Estados Unidos : 17,000

Porcentaje de América Latina que vive en situación de pobreza: 96

Millones de dólares que los estadounidenses gastan anualmente en actividades y


productos relacionados con la pérdida de peso : 33000

Porcentaje de riqueza y rentas que tiene el Hemisferio Norte (30% de la población


mundial): 80

DESARROLLO MORAL

Porcentaje de jóvenes de Río de Janeiro, 14 a 20 años, que considera que la


dictadura es la mejor forma de gobierno: 21

Porcentaje de estudiantes universitarios norteamericanos que ahora considera que


su más alto objetivo es enriquecerse lo más pronto posible 75

Porcentaje de las muertes por accidentes automovilísticos en el mundo que


podrían evitarse si los curiosos presentaran primeros auxilios a las víctimas en
lugar de mirar lo que ocurre o dificultar las acciones de rescate: 10

Número aproximado de páginas web en las que se promueve el odio racial que
existían en 1997:600

Que existen actualmente: 4000

Millones de personas que actualmente viven en condiciones de esclavitud a escala


mundial: 200

Porcentaje del trabajo rural en África que es hecho por mujeres, que además
atienden a numerosos hijos: 70 a 80

GUERRAS

Número de muertes provocadas por el conflicto de Timor Oriental durante 24 años:


200 000

Millones de dólares que se destinan anualmente a los gastos de defensa a escala


mundial: 800 000

SALUD MENTAL

Porcentaje de japoneses que nunca conversan con sus esposas: 10,2


Millones de personas en el mundo que actualmente padecen de depresión: 350
NECESIDADES BÁSICAS INSATISFECHAS

Millones de personas en el mundo que viven con menos de un dólar al día : 1 000
Cantidad de seres humanos en el mundo que viven en una pobreza extrema y la
mayoría padece hambre todos los días : 1000 millones.
Número de niños en el mundo diariamente de hambre: 40 000
Personas que no tienen hogar : 1 de cada 50
Números de peruanos que actualmente están infectados con HIV: 150 000
Número de peruanos en el mundo que carece del servicio de agua potable : 3 000
millones.
Número de muertes de niños en América Latina que se hubiese podido evitar
técnicamente: 5 de 6

DETERIORO DEL MEDIO AMBIENTE

Millones de kilómetro cuadrados que tiene actualmente el agujero de la capa de


ozono que se cierne sobre la Antártida: 8
Porcentaje del deterioro medioambiental mundial asignado a los países
enriquecidos:75

Las Lagartijas

En África, en el país del Burkina Faso, viven unas largatijas que se llaman las
Marguyá. Las Marguyá se meten por los recovecos de las casas redondas con
techos de paja y cuando llega la noche hacen un ruido bien extraño, hacen “clu,
cluc, cluc...”

Esta vez eran dos lagartijas que se peleaban una mañana en un pueblito y hacían
un ruido.....

“-Oe, qué pasa qué tienes, qué quieres, te rompo la jeta, te rumbo de un combo.
- Suave compadre que te vas de boca, te piso la cola, se arreglo la cara.
-Ta` que te despacho de un solo cocacho.
- Ta` que eres bien macho me achoro y te ca.....”
“¡¡¡ Uyyyy yui yuii !!!”, dijo el perro. “No, no, no. Tenemos que separar a las
lagartijas, tenemos que hacer algo para que no haya violencia en este pueblo”.

Y como nadie hacía nada, el perro se dijo: “bueno, voy a ir solo” y trató de separar
a las lagartijas y ¡pum, pum!, recibió dos combos, ¡putuf, putuf! le volaron dos
dientes y dijo: “uyy yui yuii, yo solo no puedo, alguien tiene que ayudarme, pero....
¿quién? ¡Ah ya sé!, el gallo me va ayudar a separar a las lagartijas. Si, el gallo es
un animal fuerte, poderoso, macho, que tiene a todas sus gallinas bajo control; él
sí me va a ayudar.”

Así que fue a buscar al gallo y le dijo: “Oye gallo hay dos lagartijas que se pelean
desde temprano en el pueblito; hay que hacer algo.”
El gallo le dijo: “A mí que me importa; dos lagartijas que pelean no es mi problema.
Yo me ocupo de mis gallinas y el resto no me importa”. Durante ese tiempo las
dos lagartijas seguían peleándose:

“-Oe, qué pasa, qué tienes, qué quieres, t rompo la jeta te tumbo de un combo.
-Suave compadre que te vas de boca, te piso la cola, te arreglo la cara
-Ta’te despacho de un solo cocacho.
-Ta’que eres bien macho me achoro y te ca …..”

“¡¡¡Uyyyy yui yuii!!!”, dijo el perro. “No, no, no. Tengo que encontrar a alguien para
que me ayude a separar a las lagartijas....¡Ya sé!...el buey, el buey por supuesto,
animal poderoso, fuerte; si, el buey me va ayudar”

Así que fue a buscar al buey y le dijo: “Oye buey, hay dos lagartijas que se pelean
desde temprano en el pueblito, hay que hacer algo”. Y el buey todo gordo le dijo:
“Uf, uf, uf. A mí qué me importa , dos lagartijas que pelean no es mi problema.
Mira choche, yo me ocupo de mis problemas y los problemas de los demás no son
mis problemas.”

Durante ese tiempo las dos lagartijas seguían peleándose:

“-Oe, qué pasa, qué tienes, qué quieres, te rompo la jeta te tumbo de un combo.
-Suave compadre que te as de boca, te piso la cola, te arreglo la cara.
-Ta’que te despacho de un solo cocacho.
-Ta’que eres bien macho me achoro y te ca.....”

“¡¡¡Uyyyy yui yuii!!!”, dijo el perro. “No, no, no. Tengo que encontrar a alguien para
ayudarme a separar a las lagartijas...¡Ya sé!, el burro, el burro por supuesto,
animal viejo, sabio, inteligente; sí, sí, sí, el burro me va ayudar”.

Fue donde el burro y le dijo: “Oye burro hay dos lagartijas que se pelean desde
temprano n el pueblito; hay que hacer algo”, y el burro le contestó: “Y a mí que me
importa, dos lagartijas que pelean no es mi problema. Mira, si no dices nada, si no
vez nada, si no escuchas nada, ¡no pasa nada!”

Durante ese tiempo las dos lagartijas s habían subido encima de un techo de paja
de una casa. Dentro de esa casa había una abuela preparando la sopa, la paja
cayó dentro de la casa, puso el fuego al fuego, fuego a la olla, fuego a la abuela y
la abuela se murió.

Cuando la gente del pueblo vio esto, se reunió y fue a buscar al burro, lo cargaron
con baldes de agua bien pesados para apagar al fuego. Después estaba la abuela
muerta y había que hacer el entierro, pero en África, cuando una persona de edad
se muere, se hace una fiesta con todo el pueblo que dura tres semanas porque
quiere decir que ha pasado bien su vida para llegar a esa edad; así que para
hacer la fiesta se necesitan músicos, bailarines y toda la gente reunida. Pero
también se necesita comida, así que agarraron al gallo ¡cuic!., agarraron al buey
¡cuic! e hicieron una rica comida para todo el pueblo. ¿Y el perro?, ¿qué pasó con
el perro? Ah....el perro se fue a buscar al burro y le dijo: “Ya ves burro dos
lagartijas que peleaban y no era tu problema.... pero mira que el gallo se murió, el
buey s murió y a ti te duele la espalda de cargar tanta agua, tienes una ciática,
necesitas acupuntura, je, je, je....”

Acercándonos a la idea de ciudadanía

Ciudad... ciudadano... ciudadanía.....

Recordemos algunas de las frases más comunes en las que hemos oído
mencionar los términos “ciudadano” y “ciudadanía”:

• El Perú está conformado por más de veinte millones de ciudadanos.


• He cumplido 18 años, ya soy ciudadano.
• La participación ciudadana fue decisiva en el resultado de las elecciones.
• El Estado supervista el cumplimiento de los deberes ciudadanos y los
ciudadanos le exigen el respeto de sus derechos.
• Soy ciudadano de este país porque he nacido en él.
• No necesitas tener dieciocho años para ser ciudadano.
• El racismo va en contra del desarrollo de la ciudadanía.
• La ciudadanía es una actitud que se vive constantemente.

Como vemos, a veces asociamos la palabra “ciudadanía” con el hecho de ser


habitantes de un país, por eso algunas personas creen que ser pobladores de un
país, por eso algunas personas creen que ser pobladores del mismo ya nos hace
ciudadanos; otras veces, la relacionamos con la obtención de la mayoría de edad
y, así, sólo los mayores de edad son ciudadanos; sin embargo, otros piensan que
la edad no tiene nada que ver con el tema y más bien lo vinculan con el lugar de
nacimiento, la participación en las elecciones, el cumplimiento de derechos y
deberes, el sentido de pertenencia, la igualdad, la política y el poder, entre otros.

Lo que ocurre es que, como todo lo que hemos venido discutiendo en los
capítulos anteriores, la ciudadanía es un concepto antiguo y complejo; es un tema
político, relacionado a la convivencia social, que está en debate desde hace
mucho tiempo y su discusión aún no está cerrada; de acuerdo con las diversas
realidades culturales y con las diferentes posturas de los autores que lo estudian,
se han establecido varias definiciones y además, como toda palabra, se ha venido
usando de diferentes maneras. Su origen se encuentra en el mundo griego y si
revisas el cuadro que presentamos n el anexo 2, podrás acercarte un poco más a
su evolución histórica y su relación con el desarrollo de las sociedades.
Muchos significados para una misma palabra; algo bastante común en el uso
de nuestro lenguaje. El problema es que esta variedad de sentidos genera cierta
confusión y hace que nos asalten algunas de las siguientes dudas: ¿será que
“ciudadanía” significa todo esto junto?,¿será que alguno de estos significados es
más adecuado que el resto?; si existen tantas maneras de entenderla, ¿existirán
también diversas maneras de ser ciudadano?, ¿habrá personas más ciudadanas
que otras?, ¿seré yo un ciudadano?, ¿en qué medida puedo serlo?, ¿qué es
entonces “ciudadanía” ?
Mas allá de su relevancia histórica, nos interesa, en este último capítulo,
acercarnos al significado de “ciudadanía”en el mundo de ahora y darnos cuenta de
su importancia en nuestras vidas, considerando nuestro interés ético y político:
lograr una vida mejor. ¿Qué tendrá que ver la ciudadanía con el logro de una
mejor vida para mi y para los demás ?

Para ello, lees proponemos analizar sólo cinco de los significados presentes en las
frases que mencionamos al inicio, ya que resumen lo que muchos autores han
planteado sobre el tema Ciudadanía como:

1- Sentido de pertenencia
2- Conciencia y ejercicios de deberes y derechos
3- Consideración de igualdad entre quienes conviven
4- Condición jurídico – política garantizada por el Estado
5- Participación

Creemos que a partir de este análisis y su relación con nuestra vida cotidiana
podremos darnos cuenta de que más es la ciudadanía: ¿sólo nace en un país?,
¿cumplir dieciocho años?, ¿votar en los procesos electorales?.. .¿qué más?

Ciudadanía en nuestras vidas

Sentido de pertenencia

Si nos acercamos al tema ciudadanía a partir del cuento de Las Lagartijas


presentado al inicio de este capítulo, ¿qué podríamos decir al respecto?, ¿eran el
perro, el gallo, el buey y el burro igualmente ciudadanos de la comunidad Burkina
Faso?,¿qué diferencia significativa había entre ellos y su relación con la
comunidad?
Al responder estas preguntas, constatamos que el grado de identificación
del gallo, el burro y el buey con el problema de las lagartijas era bastante frágil, no
se sentían muy afectados por lo que ocurría y no estaban dispuesto a dedicarle
ningún tipo de atención; no eran conscientes de cómo ese pequeño conflicto podía
estar relacionado con sus vidas. En cambio el perro si se sentía afectado y
buscaba ayuda para solucionar el pleito. ¿Por qué?, ¿existía algún motivo especial
para que el perro tratara de separar a las lagartijas? Pareciera que el perro se
sentía parte de algo más grande que simplemente su familia o sus asuntos
privados; era consciente de que pertenecía a una comunidad en la que vivía con
otros, en la que las acciones de unos tienen que ver con las de los demás y, de
alguna manera, sabia que compartía un destino común con los demás: la vida de
cada día.
Al final del cuento vemos cómo un problema “sólo de lagartijas” involucraba
no sólo al perro sino también al burro, al gallo y al buey, a pesar de que al inicio no
fueron conscientes de ello. El perro tenía razón al pensar que lo que le sucediera a
cualquier miembro de la comunidad, así fuera diferente o lejano a él, debía
interesarle en alguna medida.
“Ciudadanía” viene de “ciudadano” que, a su vez, viene de “ciudad”. Si
pensamos en ciudad, pensamos también en comunidad. El ser humano es un son
logon politken, dijo Aristóteles. Esto es todavía muy actual : el ser humano es un
animal político capaz de discurso, lo cual quieres decir que es un animal diferente
de los demás ; y se distingue porque vive con otros y porque posee un lenguaje
que no sólo es instrumental sino que también expresa ideas. creencias, valores.
Somos seres eminentemente sociales, nuestro lenguaje es el vínculo.
Todos nacemos y crecemos en una comunidad o ciudad y desarrollamos
vínculo con ella y con las demás personas que conviven con nosotros. Hay
comunidades pequeñas y otras más grandes. Mientras más grandes sean, los
vínculos entres sus habitantes se han haciendo más anónimos, más lejanos y
difusos. Pero si compartimos un proyecto común, la comunión en él es más fácil y
a pesar de las distancias, nos seguimos sintiendo parte de lo mismo; nuestro
sentido de pertenencia es fuerte.
Entonces, si esta os viendo que la ciudadanía supone un sentido de
pertenencia a una comunidad, ¿cómo podríamos caracterizar esa pertenencia?,
¿será igual que pertenecer a una familia o a un grupo pequeño?, ¿qué tanto
interés tendría que tener por los demás?, ¿cómo el del perro o como el de los otos
animales?
Para intentar responder estas preguntas, reflexionemos acerca de nuestro
sentido de pertenencia.

¿A qué grupos humanos y espacios pertenecemos?

Seguramente lo primero que diríamos es que pertenecemos a nuestra familia. Al


fin y al cabo, es allí donde hemos nacido, crecido y donde, de una u ora manera,
nos han acogido otras personas. Desde pequeños la familia ha sido un importante
punto de referencia en nuestras vidas y probablemente si ahora alguien nos
preguntara dónde vivimos, responderíamos “con mi familia” y daríamos la
dirección de nuestra casa. En ella solemos sentirnos tranquilos aunque también
podemos sentirnos agobiados, podemos reír y llorar, decir lo que pensamos o
permanecer callados. Amor, cariño, calidez, frialdad, indiferencia.... la familia nos
produce emociones diversas y esto sucede sencillamente porque nos importa (así
nos cueste aceptarlo públicamente), porque estamos ligados a ella, porque
pertenecemos a ella. Si lo que sucediera en nuestra familia no nos afectara en
nada, ni siquiera un poquito, podríamos a firmar afirmar que no pertenecemos a
ella, que estamos desligados de ella. Sería una situación difícil y triste, pero
posible.
Algo similar a lo que pasa con nuestra familia ocurre con nuestro grupo de
amigos (del barrio, del club, de la promoción del colegio, de la universidad
etc.).Cuando sentimos que pertenecemos a dichos grupos, “vivimos” en ellos,
“gozamos y sufrimos” en ellos, por supuesto, en diversas formas y niveles.
Es ese pertenecer lo que nos da referencias internas (“yo crecí en ....”), lo
que nos otorga identidad y reconocimiento (“nuestra”universidad....), lo que nos
permite diferenciarnos de otros que no pertenecen a los mismos grupos (“mi”
grupo....”).
Así como pertenecemos a nuestra familia y a diversos grupos de amigos,
también pertenecemos a una comunidad urbana o rural, a un barrio, a un distrito.
Quizá no nos damos cuenta pero las características de nuestro barrio también nos
definen. Vivir en un barrio con pocos parques y plazas es diferente de vivir en un
barrio rodeado de árboles y jardines.
Vivir lejos de nuestro centro de estudios y de nuestros amigos nos obliga a
trasladarnos continuamente a otros barios pero también aprendemos más de las
calles y de la ciudad. Si hemos crecido en un barrio desde pequeños, conocemos
cada rincón, conocemos a los vecinos, sabemos de los cambios que ha habido, de
cómo era el barrio desde pequeño , conocemos cada rincón, conocemos a los
vecinos, sabemos de los cambios que ha habido, de cómo era el barrio antes y
cómo es ahora.
Pero además del barrio, pertenecemos a una ciudad. Ser de una ciudad
enorme, donde toma horas moverse de un lado a otro, es muy distinto a ser de
una ciudad pequeña en la que todas las familias se conocen y donde no sucede
nada sin que todos se enteren. Independientemente de que nos guste o no, la
ciudad donde vivimos y crecemos, nos plantea retos y moldea las posibilidades de
nuestras vidas y nosotros también influimos en ella.
Y podemos seguir. Pertenecemos a un país con historia, con posibilidades,
con frustraciones y logros. Ser de este país nos otorga características que van
más allá de nuestra raza o nuestra cultura. A veces sólo nos damos cuenta de
esto cuando salimos del país, nos encontramos con gente diferente a nosotros, de
países e historias diversas, de miradas distintas y extrañamos muchas cosas
nuestras.
Por lo tanto, a lo largo de nuestras vidas las personas pertenecemos a
diversos grupos y espacios: la familia, los amigos, el colegio, la vecindad,
asociaciones culturales, deportistas, profesionales o religiosas, el distrito, la ciudad
, el departamento, el país, el continente, el planeta Tierra, el universo y así
podríamos seguir hasta el infinito.
Pero....
• ¿Realmente sentimos que pertenecemos a todos estos grupos y espacios?
• ¿Nos interesan todos por igual?
• Si tuviéramos que ordenarlos según la importancia que tienen para
nosotros, ¿cuál sería ese orden?

Como vimos antes, para algunas personas la familia es el principal


referente de pertenencia; mientras que para otros, los amigos ocupan l lugar más
importante. Unos priorizan al grupo del trabajo y otros prefieren a los del barrio. Lo
cierto es que, como vemos, existen distintos grados de pertenencia y hay grupos y
espacios con los que nos sentimos más comprometidos, identificados y
respaldados: valoramos a unos grupos y espacios más que a otros.
¿Cómo así ocurre esto?, ¿por qué nos sentimos más involucrados con unos
grupos que con otros?
Pertenencia es esto que sólo logramos expresar cuando tenemos que
afirmarlo (“soy serrano”, “soy chalaco”, “soy la U”, “soy boy scout” “soy estudiante”,
etc.) pero que está presente allí desde antes. De hecho, sólo podemos afirmarlo si
ha habido un vinculo que se ha ido construyendo. Nadie pertenece a un grupo si
no tiene una relación con él. Uno puede “pagar” por pertenecer a un club, por
ejemplo, pero en el fondo, si no hay una relación con él. Uno puede “pagar” por
pertenecer a un club, por ejemplo, pero en el fondo, si no hay una relación con él,
uno no pertenece realmente. Esto vale para todos los niveles mencionados antes:
familia, amigos, comunidad, país. Sólo si establezco una relación puedo
pertenecer. Y esta relación podrá ser una relación cercana y lejana, fuerte o débil,
importante o irrelevante. De ahí que me sienta más comprometido con un grupo
que con otro.
Hay algunos grupos a los que sentimos que pertenecemos pero de
manera muy distante o formal; son aquellos espacios que podemos fácilmente
sacrificar pues no establecemos ningún vínculo emotivo fuerte con ellos y lo que
allí sucede no nos afecta (“pertenezco a tal grupo por obligación pero no porque
quiera”, “en teoría pertenezco a este grupo pero en realidad me da lo mismo estar
o no en él”). Además, hay otros grupos a los que nos sentimos muy ligados pues
existe un vinculo emotivo fuerte que permite que sacrifiquemos cualquier cosa por
ellos (“siento que pertenezco a tal grupo, por él hago cualquier cosa”).

¿De qué dependerá el grado de profundidad de una relación de


pertenencia?, ¿por qué a veces la relación es sólida y otras veces
es frágil?

Es difícil responder esta pregunta y tal vez no haya una única respuesta para ella,
pero definitivamente tiene que ver con lo que significa el sentido de pertenencia.
Una relación d pertenencia supone dar algo mío y recibir algo de ese grupo
al que digo pertenecer, significa comprometerse, en menor o mayor grado, con
aquello a lo que digo pertenecer. Si e mi casa siento que no recibo nada y
tampoco doy nada (cariño, atención, apoyo, tiempo, esfuerzo, alegría, etc.),
entonces habrá poca relación y mi pertenencia será débil. Si me da lo mismo lo
que suceda en mi barrio y me desentiendo de él, no pertenezco a ese barrio
aunque “viva” en sus calles. Si lo que pasa en el Perú me llega de oídas y cuanto
menos mejor, si no considero en la realidad y en mis sueños algo que tiene que
ver con el país (“a mi sólo me tocó nacer en este país por casualidad”), me falta
todavía un sentido de pertenencia y mi “peruanidad” se reduce a mi partida de
nacimiento.
Recapitulemos todo lo dicho hasta el momento sobre este primer elemento
que nos ayudará a empezar a precisar que es la ciudadanía:
Sentido de pertenencia

Nos da referencias Se da en diversos Supone dar algo


internas, nos otorga grupos y espacios y mío y recibir algo de
identidad y en distinta medida ese grupo o espacio
reconocimiento. pues existen al que pertenezco;
diversos grados de significa
pertenencia. comprometerse, en
menor o mayor
grado, con aquello a
lo que digo
pertenecer.

Entonces, ¿qué tipo de pertenencia es el que supone la ciudadanía?, ¿la del


perro?, ¿la del buey?, ¿la del gallo?
Por todo lo que hemos visto, el sentido del pertenencia del perro era más
sólido que el del resto de animales pues era consciente (conocía los riesgos que
suponía para la comunidad el pleito entre las lagartijas),voluntario (quería
solucionar el problema) y comprometido (sabia que era su obligación hacer algo.
El sentido de pertenencia de los otros animales se reducía simplemente a vivir en
un lugar.
Si pensamos en todo lo que requiere lograr una convivencia razonable,
definitivamente la forma en que el perro vivía su ciudadanía era más solidaria que
la de los otros animales, pues él tenia muy presente el bienestar de todos mientras
que los demás no mostraban mayor interés en os asuntos comunes.
Estaríamos diciendo, entonces, que una ciudadanía plena implica desarrollar
una pertenencia con ciertos atributos: una pertenencia voluntaria, consciente y
comprometida. Así, aunque todos los peruanos somos pobladores del Perú, no
necesariamente todos somos plenamente ciudadanos ya que no todos
pertenecemos voluntaria, consciente y comprometidamente a nuestra comunidad;
algunos vivimos una ciudadanía formal, en la que el sentido de pertenencia está
dado sólo por el hecho de haber nacido en un lugar o simplemente por vivir en un
lugar.
Si pensamos en todo lo que requiere lograr una convivencia razonable,
definitivamente la forma en que el perro vivía su ciudadanía era más solidaria que
la de los otros animales, pues él tenia muy presente el bienestar de todos mientras
que los demás no mostraban mayor interés en los asuntos comunes.
Estaríamos diciendo, entonces, que una ciudadanía plena implica desarrollar
una pertenencia con ciertos atributos: una pertenencia voluntaria, consciente y
comprometida. Así, aunque todos los peruanos somos pobladores del Perú, no
necesariamente todos somos plenamente ciudadanos ya que no todos
pertenecemos voluntaria, consciente y comprometidamente a nuestra comunidad;
algunos vivimos una ciudadanía formal, en la que el sentido de pertenencia está
dado sólo por el hecho de haber nacido en un lugar o simplemente por vivir en él
pero que no significa ningún compromiso con los demás.

Derechos y Deberes

“En mi cuarto, en el que duermo solo, hago y deshago a mi antojo. Mi desorden no


molesta a nadie, el humo de mi cigarro tampoco. Cuando estudio en la sala, mi
madre reniega por mi desorden y mi hermano me exige apagar el cigarro”.
Piensa un momento en el baño, la cocina, la sala y el comedor de tu casa,
¿alguna vez te has puesto a pensar que el uso de los espacios compartidos
requiere de ciertos acuerdos pues en ellos convivimos con otros diferentes a
nosotros?, ¿te has percatado de que es muy fácil entrar en conflicto con las
personas con las que compartimos esos espacios debido a las discrepancias que
podemos tener sobre cómo usarlos y ordenarlos?
Para vivir juntos necesitamos llegar a algunos acuerdos: uno puede estudiar en
el comedor de la casa siempre y cuando a la hora de comer saque sus cosas para
que todos puedan comer en paz. Así también, uno puede hacer una fiesta en la
sala pero luego dejar todo en orden para que otros puedan usar el espacio
cómodamente.
¿Qué ocurre cuando los espacios comunes no son los espacios de nuestra
casa sino que son las calles, los paraderos, las playas, los parques y otros
espacios de la ciudad en la que vivimos?
Sucede lo mismo. Existen ciertos “acuerdos” sociales que norman la
convivencia en los espacios públicos pero son mucho más extensos y
complicados que los acuerdos a los que llegamos en una casa. Conforme las
comunidades en las que vivimos van creciendo, la forma d organizarnos se hace
más difícil, pues, al ser más personas, ya no es posible sentarnos a dialogar todos
para llegar a ciertos acuerdos; tenemos que elegir a algunos representantes para
que hablen en nombre de todos los miembros.
Así, por ejemplo, hemos creado un Estado, formado y elegido por individuos,
que se encarga de velar por el cumplimiento de las leyes y normas que rigen la
vida en común y todos los que vivimos en esos espacios, en teoría, también
ayudamos a que esto sea posible. Evidentemente, todo este proceso de
organización entre los humanos no ha sido tan sencillo y ha tomado mucho
tiempo. No pretendemos aquí revisar toda la evolución de las diversas formas de
organización de la vida en común de los seres humanos sino simplemente
mencionar algunos elementos centrales de toda esta historia.
La posibilidad de un conflicto debido a nuestras discrepancias sobre cómo
organizar la vida en común: cómo usar los espacios comunes, cómo entender los
problemas, cómo hacer las cosas, etc., está siempre latente. Estas mismas
discrepancias ocurren en todos los grupos a los que pertenecemos, pasando por
la familia, los grupos de trabajo, el país y el mundo. Por ello, inventamos y
establecemos ciertas normas que nos permiten organizar la convivencia y que
intentan evitar la injusticia, abusos y atropellos en ella.
Estas pautas mínimas de convivencia reconocen, ante todo, el valor de la vida:
discrepar no tiene por que llevarnos a aniquilarnos. Se trata, en el fondo, de
aceptar al individuo como ser inviolable y digno.
En este intento de preservar la vida humana, se reconocen ciertos derechos
que toda persona tiene que deben ser respetados. Algunos de ellos son: el
respeto a la vida, la libertad de pensamiento y participación en asuntos de la
comunidad, el derecho a la propiedad y a la justicia, derecho al bienestar
económico, la seguridad y la calidad de vida, entre otros. Y es el Estad el que
debe garantizar esos derechos y responsabilidades a través de leyes e
instituciones especificas. Algunos de estos derechos y deberes se empiezan a
ejercer recién cuando somos mayores de edad; pero, desde niños, nuestra familia,
nuestra escuela comunidad nos educan para ello.
Los derechos son, a la vez, exigencias éticas y cívicas, normas legales
indispensables para la vida en sociedad, rigen las relaciones de convivencia
humana y orientan el ordenamiento jurídico de las instituciones. Todo derecho
implica un deber.
Establecer ciertos derechos y responsabilidades que aseguren la convivencia
social le pone reglas al juego de vivir: qué puedo yo esperar de la comunidad y
que puede ella esperar de mi. Veamos un ejemplo concreto en la siguiente viñeta:
En la viñeta de Quino yemos que algunos bañistas sólo han pensado en sus
derechos: encontrar la playa limpia, echarse en la arena, disfrutar del mar, tomar
sol e irse; pero no han estado dispuestos a cumplir sus deberes: cuidar la playa ,
no dejar basura, fijarse en que otros la cuiden, etc. Podríamos decir que la forma
en que los bañistas ejercen sus ciudadanía es precaria : sólo reciben y no dan
nada. La sorpresa de Mafalda frente a este hecho nos hace pensar que si se
sienta afectada por la situación y, por ello, podemos deducir que su forma de vivir
la ciudadanía es más sólida pus es consciente de sus deberes y derechos: si le
importa cómo quede la playa.
Así, el ser ciudadano no sólo es pertenecer a una comunidad política, también
implica tener ciertas responsabilidades como por ejemplo, cuidar
permanentemente los espacios a los que pertenecemos, pues vivimos en ellos y
son espacios de todos. En este caso, la playa es un espacio común y no sólo se
trata de beneficiarnos y disfrutar de ella (nuestro derecho) sino también de
mantenerla limpia (nuestro deber).
Si bien el cuidado de los espacios públicos está a cargo de personas
especialmente dedicadas a ello, también requiere del cuidado de todos los que
habitamos en ellos.
Si unos se preocupa por mantener la playa limpia, recoge los desechos y los
pone en el tacho de basura, ¿deberíamos espera encontrarla siempre limpia?, ¿y
si uno la encuentra sucia cada vez que regresa?, nos provocará esta allí?, peor
aún, ¿no interesará mantenerla limpia o nos desmoralizaremos y terminaremos
por cansarnos?
La limpieza y cuidado de los espacios de convivencia social son sólo un
ejemplo de las múltiples responsabilidades y de los diversos derechos que
tenemos como miembros de una comunidad. Es como en casa: así como nuestros
padres nos dan educación, alimentación, vivienda, etc; también tenemos ciertos
deberes : ayudar en las tareas domésticas, estudiar, cuidar las cosas, etc.
En este sentido, la ciudadanía se produce en la medida en que damos y
recibimos en la relación que establecemos con la comunidad, implica tener ciertos
derechos y también ciertos deberes. Ser ciudadano no sólo es tener
reconocimientos y satisfacciones sino también dar, aportar y asumir
responsabilidades. Nuestra ciudadanía tiene lugar cuando hay algún nivel de
compromiso con la comunidad a la que decimos pertenecer.
Ser ciudadano significa adquirir el derecho y la responsabilidad de participar en
la organización de la convivencia social. Ejerciendo mis derechos y deberes en la
comunidad yo fortaleza mi condición de ciudadano, la hago verdadera para mí. De
no ser así, éstas puede perderse y quién sabe, podría perderme yo también la
oportunidad de sentir que soy parte de algo.

Hasta el momento hemos dicho que la ciudadanía:

• es una forma consciente, voluntaria y comprometida de pertenecer a una


comunidad política;
• supone la adquisición de ciertos derechos y deberes que nos tocará conocer y
ejercer.

¿Será esto suficiente para ser ciudadano?, ¿y qué sucede cuando nuestros
derechos no se respetan en la comunidad y cuando nosotros no cumplimos con
nuestros deberes en ella? ¿En qué medida deben respetarse los derechos y los
deberes para que la ciudadanía funcione realmente?, ¿deben ser los derechos
iguales para todos?, ¿y los deberes?
¿Qué pasa cuando los derechos y los deberes que deben ser iguales para
todos resultan siendo diferentes?, ¿la condición de ciudadano sería la misma para
todos o estaríamos hablando de clases de ciudadanos: de primera, de segunda,
de tercera...? ¿Qué ocurre, por ejemplo, cuando algunas discotecas se reservan el
derecho de admisión y discrimina a algunas personas por su raza?, ¿cómo te
sentirías si vas a un lugar público y no te dejan entrar pero a otras personas si?,
¿te sentirías a gusto en una sociedad en la que no todos tienen los mismos
derechos y deberes?
Si la ciudadanía es un asunto político y está ligado a la búsqueda de una
convivencia razonable entre las personas, ¿podríamos hablar de un ejercicio
ciudadano pleno si las personas no se consideran como iguales?
Analicemos el siguiente elemento que nos permitirá responder algunas de
estas preguntas y nos dará más luces sobre una más de las condiciones
fundamentales para poder ejercer plenamente la ciudadanía.

Igualdad

Volvamos al cuento de Las Lagartijas. Como vimos antes, las respuestas que
dieron el gallo, el buey y el burro al pedido de ayuda del perro nos muestran que
ellos estaban más comprometidos con sus asuntos y sus problemas inmediatos y
no tanto con los problemas de los demás (en este caso, las lagartijas y las
consecuencias de sus acciones en el resto de la comunidad). Hemos dicho que el
perro reaccionó d una manera distinta porque probablemente se sentía parte de
algo más grande que simplemente sus asuntos privados; sabía que pertenecía a
una comunidad en la que vivía con otros, en la que las acciones de unos
repercuten en la vida de los demás y, de alguna manera, quería hacer algo para
prevenir los probables efectos negativos que el conflicto entre las lagartijas traería.
Pero hay también otro detalle importante en la forma en que el perro vivía
su ciudadanía: no le importaba si el problema era entre renacuajos, caballos o
perros, para él era un conflicto de la comunidad, de cualquier poblador, sentía que
era un problema de convivencia entre iguales. Tenía la capacidad para ver que,
más allá de las diferencias obvias entre él y las lagartijas, había algo que lo unía:
tener los mismos derechos. Se daba cuenta de que así como cada uno debe ver
sus derechos respetados, cada uno de nosotros tiene el deber de proteger los
derechos de los demás.
Por otro lado, si retomamos la viñeta de Quino, vemos que Mafalda está
preocupada porque la playa que, según su parecer también es parte de la patria,
ha sido ensuciada por los bañistas. Ella supone que si la patria es d todos, es
decir, un espacio común a sus habitantes, entonces todos sin excepción deben
cuidarla. Si ella la cuida, los demás deben hacer lo mismo, ¿o acaso ellos tiene
menos deberes que ella?
En los dos ejemplos, el tema de la igualdad se hace presente. En el caso
del cuento, así los animales fueran de diversas especies, con diferentes formas de
pensar, así fueran ateos o creyentes, ricos o pobres, el perro igual se hubiera
preocupado por la vida de cualquiera de ellos; mientras que los otros animales
ponían énfasis en la diferencia: “un problema de lagartijas no es mi problema”, “yo
me ocupo de mis gallinas no más”. En el caso del problema de la playa, si el
espacio es de todos y lo vamos a disfrutar todos, entonces todos debemos
cuidarlo, y lo vamos a disfrutar todos, entonces todos debemos cuidarlo, nadie
tiene por qué disfrutar más o menos de sus derechos y deberes, sino igual.
Estamos diciendo que para que podamos vivir en cierta armonía, todos
deberíamos tener los mismos derechos y deberes, Así es. Justamente esto
hicieron los griegos cuando idearon la democracia: las mismas leyes debían regir
para todos los ciudadanos y, por tanto, no tenían los mismos derechos que éstos.
Sin embargo, el punto de partida de los griegos fue importante para que, después
de muchísimos años, se llegara a la conclusión de que todos los seres humanos
somos iguales en derechos y deberes. En esto último jugó un papel muy
importante la declaración universal de los derechos humanos pues, como acuerdo
de la comunidad internacional, constituye una forma de proteger la vida de las
personas y asegurar la convivencia humana. Sin embargo, el respeto de los
derechos humanos todavía sigue siendo una promesa que no se cumple.

¿Cómo convivir?

¿Cómo convivir si no consideramos a los demás como iguales a nosotros en


derechos y deberes?, ¿cómo compartir la vida en común si no respetamos las
diferencia?
La igualdad de derechos y deberes es necesaria para que exista una vida
digna para las personas. Supone que todos los que pertenecemos a la misma
comunidad nos tratemos como iguales, pero aceptando que somos diferentes y
haciendo conscientes nuestros prejuicios (de sexo, raza, edad, religión, etc,).
Muchas veces suele suceder que en lugar de considerarnos iguales en
derechos y deberes, buscamos resaltar lo que nos diferencia y relacionarnos con
los demás para saber si están por encima o por debajo nuestro; jerarquizamos
inconscientemente a las personas, lo cual, nos impide reconocemos como iguales;
solemos valorar en exceso nuestras propias cualidades y las del grupo al que
pertenecemos y, así, construimos prejuicios desfavorables hacia los demás,
diferentes a nosotros. Esto hace la convivencia más difícil y nos hace olvidar que
pertenecemos a una misma familia: la familia humana.
Las diferencias de color, sexo o idioma no alteran nuestros derechos;
tampoco lo hacen las diferencias en propiedad, ideología o creencias religiosas.
Todos, independientemente de lo que hagamos , seamos o pensemos, hemos
nacido con los mismos derechos humanos.
Entonces, la ciudadanía no sólo es pertenecer a una comunidad y ejercer
nuestros derechos y deberes en ella, sino también es una condición de igualdad
entre sus miembros.
Retomando lo visto sobre pertenencia, deberes y derechos de igualdad, la
ciudadanía es la pertenencia a una comunidad política de iguales, con igualdad de
derechos y deberes.
Antes dijimos que el Estado se encargaba de velar por el cumplimiento de
nuestros derechos y deberes, es una instancia que hemos creado para que
supervise la organización de la vida en común.
¿Qué pasaría si el Estado no cumpliese con sus funciones?, ¿cómo
afectaría está situación nuestra condición de ciudadanos?, ¿nosotros podríamos
hacer algo al respecto?, ¿qué relación hay entre nosotros y el Estado?
Veamos los dos últimos elementos que nos ayudarán a seguir entendiendo
la tan compleja tarea de ser ciudadanos.

Estado de derecho y participación

El fin del Estado es servir al individuo garantizando el respeto de sus derechos y


administrando con justicia la vida social a favor del bien común tampoco funciona
y la condición de ciudadanía es precaria.
¿Cómo debe el Estado regular y administrar el orden social? Si vivimos en una
democracia responder esta pregunta es tarea de todos, pues el Estado está
formado por individuos que la mayoría ha elegido para que lo represente y
gobierne por un tiempo determinado, si vivimos en una democracia, en teoría,
nosotros, los gobernados, elegidos, a través del voto, a un conjunto de individuo
que llamamos los gobernantes y así lees delegamos el poder que es de todos los
miembros de la comunidad política.
Si evaluamos los tres elementos vistos hasta el momento sentido de
pertenencia, derechos y deberes, igualdad en la vida de las personas, podríamos
decir, o al menos así nos lo demuestra la realidad, que es común que nuestro
sentido de pertenencia sea más fuerte en relación a los grupos o espacios más
cercanos a nosotros (familia y amigos) que a otros espacios como el barrio, la
ciudad, el país, donde el sentido de pertenencia tiende a debilitarse. Asimismo, es
usual que los individuos y grupos sociales reclamen al Estado por el respeto de
sus derechos y se olviden a menudo de cumplir con sus deberes; y también, por lo
general, tendremos a marcar nuestras diferencias más que nuestras semejanzas.
Por un lado, es natural que parte de esto sea así pues la familia y los
amigos son los que nos dan más (cuidado, atención, carió, tiempo, etc.), son las
personas con las cuales hemos crecido y con los cuales compartimos muchas
cosas, aunque a veces hay excepciones. Los vecinos, los transeúntes, la
comunidad entera, son grupos y espacios a los que sentimos pertenecer pero en
un grado menor. Por ejemplo, s natural que lo que la ocurra a mi mamá me
interese más que lo que le pasa a la vecina de al lado.
Pero por otro lado, auque también nos resulte natural, no es tan justo que
sólo velemos por nuestros derechos y nos olvidemos de ejercer nuestros deberes,
así como tampoco lo es el que discriminemos a otros porque son diferentes a
nosotros.
Sin embargo, no podemos negar que también hay muchas personas en el
mundo que están dispuestas a interesarse de diferentes maneras por sus
semejantes, así no los conozcan; por ejemplo, orientando a un ciego a pasar la
calle; donando sangre; realizando trabajo voluntario como bomberos, enfermeras
o alfabetizadores; organizando actividades n los municipios; sintiendo indignación
cuando se condena a un inocente; etc. También están quienes ejercen sus
deberes, por ejemplo, respetando las normas de tránsito, pagando sus impuestos,
votando, informándose y opinando sobre los problemas de diversos países; y
quienes tratan a los demás como iguales, por ejemplo, aceptando la diversidad de
creencias e ideologías, reconociendo la diversidad cultural como algo
enriquecedor, evitando actitudes como el racismo, el fanatismo, el etnocentrismo,
el nacionalismo extremo, la xenofobia, el fundamentalismo, entre otras. Aunque,
siendo realistas, tenemos que aceptar que de todo el capital humano que existe
sobre la Tierra, estas personas son las menos.
No estamos proponiendo que debamos vivir permanente los problemas de
los demás como si fueran propios, pues no nos alcanzarían ni el cuerpo ni el alma
para vivir, aunque alguno como Gandhi o la Madre Teresa de Calcuta si lo hayan
hecho; tampoco estamos afirmando que exista una sociedad plenamente
igualitaria en la que todos se respeten y en la que todos los pobladores cumplan
todos sus derechos pues es obvio que esa sociedad no existe. Pero si lo que
queremos es vivir bien, necesariamente tendremos que interesarnos no sólo por
nuestra familia y allegados, por nuestros derechos y por los que se parezcan a
nosotros, sino por el ser humano como especie.
Algunas personas dicen que la falta de compromiso con los grupos de
pertenencia como el barrio, el país o el mundo, el desinterés por el ejercicio de
nuestros deberes y las diversas formas de discriminación, se deben a la falta de
educación; que nuestros padres, la escuela , la sociedad no nos enseñan desde
pequeños a considerar al otro como a uno mismo; que no nos forman para
respetar a los demás, para cuidar los espacios comunes como las calles, los
parques, las playas o los cines. Un viejo proverbio dice: “Ojos que no ven, corazón
que no siente”.
¿Podemos sentirnos parte de lo que no conocemos?

¿Podemos comprometernos con lo que no nos interesa?, ¿Podemos interesarnos


por quienes no valoramos?
Es difícil amar lo que uno desconoce y más difícil aún sentir que
pertenecemos a lo que jamás hemos valorado. Si no existe un mínimo interés por
algunos de los grupos y espacios a los que pertenecemos y en los cuales vivimos,
es difícil conocerlos, vincularnos a ellos, sentirnos parte de ellos y, más difícil aún,
hacer algo por ellos.
Por otra parte, otros dicen que es lógico sentir que no pertenecemos tanto a
espacios como la comunidad, el barrio, la ciudad o el país porque ellos no nos dan
prácticamente nada. En países subdesarrollados como el nuestro, es cierto que
existen muchas carencias a nivel económico, político, social. Esto se ve reflejado
en la forma como vive la mayoría de los pobladores, en la satisfacción de sus
necesidades básicas (¿cuántos van a la escuela?, ¿cuántos tienen condiciones de
trabajo dignas?, ¿cuántos se alimentan adecuadamente?, ¿cuántos acceden a
servicios de saludo?, en el respeto por sus derechos fundamentales, en la
organización de las ciudades y sus calles, en la forma de gobierno, en el trato
cotidiano entre la gente, entre muchas otras cosas más. Al vivir en un país en
crisis, tenemos un Estado que no puede dar todo lo que debería a su población;
esto traería como consecuencia un alto grado de insatisfacción de parte de los
pobladores y por tanto un grado de pertenencia bastante endeble.
Si bien algo d esto es verdad, no creemos que sea la justificación para
desentendernos olímpicamente d lo concerniente a nuestra vida en común. Sería
como un círculo vicioso: si el Estado no me da nada, entonces yo tampoco doy
nada. Estamos acostumbrados a “quitar el cuerpo” cuando se trata del cuidado de
los espacios compartidos y a delegar la responsabilidad a otros: “que los cuide el
Estado”, “para eso están los municipios”, “que los resuelva el gobierno”, “que los
policías lo hagan “. Y cuando decimos “cuidado” no sólo nos referimos a la
limpieza sino a todo lo que implica la vida en un espacio común: orden,
cumplimiento de leyes y normas, seguridad, prevención, entre otros asuntos.
El problema es que a menudo creemos que con votar se acabó nuestra
tarea y al pensar esto nos desentendemos casi por completo del asunto y no
hacemos lo más importante: ejercer nuestros derechos y deberes. ¿Cómo?
Participando en política u organizando la convivencia social, lo cual supone
hechos tan concretos como dejar limpia la playa o los baños públicos pues
después otros los van a usar, hasta participar en manifestaciones públicas o ser
miembro de algún grupo que haga propuestas sociales.
Para participar en política, como vimos en el primer capítulo, no
necesitamos ser parte del gobierno, ser miembro del congreso ni ocupar cargo
público alguno. No necesitamos ser políticos a tiempo completo. En los gobiernos
realmente democráticos, políticos somos todos pues, como dijimos antes, los
gobernantes son sólo nuestros representantes.
Es nuestro derecho y nuestro deber vigilar por el cumplimiento de los
derechos y deberes, valga la redundancia. Nosotros, en tanto gobernados,
necesitamos exigir transparencia en el trabajo de los gobernantes pues es el único
medio a través del cual podemos estar informados de su gestión y, así, proteger
los intereses de la comunidad. Tenemos que supervisar el cumplimiento de los
acuerdos y planes a implementarse en nuestra comunidad. Y si en el camino los
gobernantes se corrompen o caen en otros vicios políticos, nos tocará a nosotros
recordarles para que los elegimos: para velar por el bien común. Y si a pesar de
que les recordamos sus funciones ellos no cambian, nos tocará cambiar de
gobernantes.
Si los gobernantes cometen inmoralidades y nuestro sistema de gobierno
democrático no funciona, estaremos obligados a participar más aún, pues
correríamos el riesgo de que con el tiempo nuestro sistema de gobierno se
convierta en una dictadura donde perderíamos nuestra voz y nuestro voto.
Pero no sólo se trata de supervisar al Estado y a las instituciones públicas
sino también de contribuir a la resolución de problemas, desde diversos espacios.
Nuestra participación se puede dar en diversos niveles:

Participación

Desde el espacio Desde la sociedad Desde el espacio


privado: dominio de civil: familia, público (el que
las decisiones asociaciones intermedia entre los
individuales que voluntarias, gobernantes y los
implican movimientos sociales, gobernados, entre la
responsabilidad con formas de sociedad y el Estado):
nosotros mismos y comunicación pública, gobiernos locales,
con los demás en la entre otros. juntas de vecinos,
vida cotidiana, desde cabildos abiertos,
cada acción que medios de
realizamos. comunicación e
instancias que
permiten la
participación
ciudadana a través de
debates sobre temas
de interés común.

Cuando un país está en crisis, como muchos lo estamos, es cuando más


se necesita que su población participe activamente en la solución de sus
problemas. El desinterés y la indiferencia frente a la organización de la
convivencia social (política) no es sino un arma de doble filo pues aparentemente
nos alivia de comprometernos con ellos (entregar nuestro tiempo, atención,
interés, opinión, esfuerzo, etc.), pero en el fondo nos perjudica pues se decide
sobre nuestra vida en común sin que nosotros participemos en esas decisiones. Si
estamos en contra de las corrupciones políticas, no se trata entonces de alejarnos
de la política sino de hacer algo por construir nuevas formas de hacer política.
Como vimos en el primer capítulo, la política, en un sentido muy amplio, está
relacionada con la búsqueda de una buena vida para todos, no sólo para mí. Así,
es una tarea que nos toca a todos los que vivimos en una comunidad política
(llámese país, nación, continente, mundo) y no sólo a los políticos. Si me intereso
por la política es porque me interesan las demás personas, así no sean mis
familiares o amigos; si me interesa la política es porque siento que pertenezco a
una comunidad más amplia que mi círculo de seres queridos.
¿Es que acaso no podemos darnos cuenta de que al no proteger los espacios
públicos estamos yendo n contra de los demás y de la vida en común?, ¿es que
no podemos ver que al dejar de ayudar a alguien no sólo estamos dejando de
ayudarnos a nosotros mismos sino que estamos yendo en contra de una vida
digna?
Sólo cuando “nos toca” es que reaccionamos y empezamos a preocuparnos
por los problemas colectivos. Cuando tenemos una emergencia y necesitamos un
teléfono público y lo encontramos roto o incompleto solemos renegar “este país es
una porquería, nada funciona en él... “Pero cuando vemos a alguien que lo está
malogrando nos cuesta mucho intervenir y llamarle la atención. Sólo cuando nos
roban es que entendemos por qué los otros vecinos, a los que ya les habían
robado antes, nos insistían en poner seguridad en toda la cuadra.
Recordemos algo fundamental: el yo es imposible sin el nosotros. La persona
sola no funciona, necesitamos a los demás, así como ellos nos necesitan a
nosotros. El bien del individuo se pone a salvo protegiendo el bien de todos.
Pensemos solamente que para nacer hemos requerido de otros, para crecer y
satisfacer nuestras necesidades hemos recurrido a otros. Así, vivir humanamente
es con-vivir, es reconocemos mutuamente como humanos, es hacer el esfuerzo
por comprendernos y por procurarnos la posibilidad de ser humanos, de dar y
recibir el trato de humanidad.
¿Es esto posible?

Ciudadanía: ¿misión imposible?


Después de todo lo visto, ¿qué es lo que nos permitirá llegar a ser ciudadanos?
Hemos hablado de cinco elementos como cinco condiciones importantes para
el desarrollo de la ciudadanía. Desde esta propuesta, ser ciudadano implica:

PARTICIPACIÓN
Participar autónoma y organizadamente en la política de la comunidad, opinando,
proponiendo acciones concretas y tomando decisiones relevantes para construir
un proyecto común de sociedad.

SENTIDO DE PERTENENCIA
Establecer voluntariamente vínculos que nos unen a la comunidad política, que
nos otorgan identidad en relación a ella y nos hacen actuar recíprocamente: recibir
algo de y dar algo a ella.
ESTADO DE DERECHO
Gozar de una condición jurídico política garantizada por el Estado que además
vela por el cumplimiento de las leyes y normas que rigen la vida en común.

DERECHOS Y DEBERES
Conocer y ejercer plenamente nuestros derechos y deberes como miembros de la
comunidad política.

IGUALDAD
Convivir con otros que consideramos iguales a nosotros en derechos y deberes,
respetando sus diferencias y actuando según nuestros valores y tradiciones.

En otras palabras, solo seremos ciudadanos de una comunidad política si:


sentimos pertenecer a una comunidad política, por ejemplo, el Perú; conocemos y
ejercemos nuestros derechos y deberes como miembros de ella; existe un Estado
que garantice nuestros derechos, vele por el cumplimiento de nuestros deberes y
asegure la convivencia social; nos reconocemos mutuamente como iguales, con
los mismos derechos y deberes; finalmente participamos en la discusión y acción
de cómo debe el Estado regular y administrar el orden social.
A partir de estas condiciones podríamos preguntarnos: ¿realmente existen los
ciudadanos en algún lugar del mundo o es que se trata de un ida inalcanzable?
Definitivamente no existe ningún país que cumpla plenamente con los criterios
de ciudadanía de este modelo teórico pero, de hecho, algunos si se han acercado
bastante y otros casi nada. Problemas mundiales como la pobreza, la
discriminación cultural, el autoritarismo, la corrupción política, el desinterés hacia
todo lo que no sea del ámbito privado o individual, la violación del ordenamiento
jurídico, la violación de los derechos humanos, por nombrar solo algunos países
más que en otros. La ciudadanía plena en algunos países mas que en otros. La
ciudadanía se va definiendo de acuerdo con una serie de procesos históricos que
suceden de diferente manera y en distinta secuencia en cada realidad y no es algo
que se construye de un día para otro.
Crear condiciones para el ejercicio pleno de la ciudadanía es una tarea difícil
pero no imposible.
Acercarnos a entender estos cinco elementos como piezas fundamentales en
el desarrollo de la ciudadanía sólo nos da algunas pistas de cómo construirla, pero
es cada sociedad, de acuerdo con singulares características, la que va logrando
su propio perfil de ciudadano con matices particulares. Incluso algunos
especialistas afirman que los sentidos que le demos a la palabra “ciudadanía”
dependen del tipo de sociedad en que queramos vivir. En este sentido, no hay una
definición neutra y tampoco existe un concepto de ciudadanía, sino diferentes
concepciones de ella.
Considerar estos elementos es un buen punto de partida para generar interés
por pensar e intentar un orden social coherente con nuestras expectativas por
aprender a vivir juntos de una mejor manera.
Como hemos visto en el cuadro de porcentajes sobre algunos de los
problemas mundiales que afectan la vida en nuestro planeta, existen en el mundo
miles de razones para crecer que la humanidad está en crisis. La historia humana
siempre ha estado plagada de conflictos pero en las últimas décadas hemos visto
con impotencia y vivido con terror nuevas situaciones autodestructivas que nos
hacen pensar que realmente es una tarea titánica la de aprender a vivir con los
demás en armonía. Hasta el momento, no hemos logrado hacer mucho para
modificar esta situación. ¿Será posible aprender a evitar los conflictos o
solucionarlos de manera pacífica? Queremos crecer que, al menos, es posible
hacerlo mejor de lo que lo estamos haciendo ahora a nivel mundial: no vivimos en
el mejor de los mundos posibles.
En este sentido, es imposible desvincular la ciudadanía de la ética y la política.
Ampliar nuestro sentido de pertenencia más allá de los linderos de nuestra
familia y nuestro grupo de amigos significa no renunciar a hacernos nosotros
mismos, a hacer el mundo, a construir un ordenamiento que nos permita convivir
en paz, no renunciar a la construcción de nuestra vida. La construcción del sentido
de la vida también es algo colectivo y requiere nuevas formas de hacer política,
nuevas formas de velar por el bien común. Ya hemos visto que si nos
desvinculamos totalmente de nuestro entorno, nosotros mismos seremos víctimas
de ese desinterés.
Para ello, es necesario, al menos, tener la disposición de conocer más allá de
“nuestras cuatro paredes”, salir de nuestro natural egocentrismo y darnos cuenta
paulatinamente de que debemos coexistir con otros para sobrevivir.
Pero sabemos que no se trata sólo de un asunto de buena voluntad. La política
necesita la complicidad y el apoyo de otros, no depende de un individuo sino de un
esfuerzo común para llevar a cabo ciertos proyectos beneficiosos para todos. La
política requiere nuevas instituciones que propongan ideas y supervisen el trabajo
de los políticos y no sólo personas dignas con buenas iniciativas. Sin embargo, la
política también implica participación y presión sobre los políticos de parte de los
que nos sentimos parte de la comunidad; supone preocuparme por el bien de la
sociedad y pensar en cómo aportar desde nuestro trabajo, desde nuestra vida:
¿cómo aportar desde nuestro trabajo, desde nuestra vida: ¿cómo aporta mi
trabajo a la sociedad?, ¿pago mis impuestos?, ¿exijo que se realicen obras
públicas y mejores servicios con el pago de los mismo?, ¿trato bien a los demás?,
¿conozco los problemas de mi país?, etc.,
Cada miembro de la colectividad debe asumir su responsabilidad para con los
demás de forma cotidiana, en su actividad profesional, cultural, asociativa, de
consumidor. Preparamos para esa participación supone, ante todo, conocer
nuestros deberes y derechos, entender cómo el ejercicio de nuestra libertad debe
convivir con el ejercicio de los derechos y la libertad de los demás.
Necesitamos aprender a valorar más la diferencia y para ello tenemos que
conocer más a otros diferentes antes de juzgarlos; necesitamos relacionarnos con
otros diferentes a nosotros en un contexto de igualdad, de proyecto común y
combatir nuestros propios prejuicios pues nos llevan permanentemente al
enfrentamiento. Muchas veces la obsesión por competir y demostrar que somos
mejores que los demás nos llevan a guerras individuales y grupales. Se trata de
descubrir quienes somos y luego poder escuchar al otro y aceptarlo. Las tensiones
entre seres humanos son inevitables, el problema es cómo las afrontamos: si
dialogando e intercambiando argumentos o aplastándonos unos a otros.
Ahora, por ejemplo, con los rápidos progresos de la ciencia y de la tecnología,
se habla de “aldea planetaria” y sin embargo no hemos llegado a un
entendimiento razonable entre Oriente y Occidente para beneficio de ella. Existe
un tesoro común de sabiduría y experiencia, tanto oriental como occidental, que
puede permitirnos hallar la manera de aumentar nuestro bienestar material y de
vivir juntos armoniosamente pero depende de cómo aprendamos a considerar al
otro, diferente de uno.
¿Cómo valorar más los puntos de convergencia que los aspectos que nos
separan para lograr una forma de identificarnos como especie? Se requiere un
esfuerzo común, así como el que muchas veces logramos en el deporte, trabajo,
colectas, actividades culturales y sociales, marchas, proyectos de preservación y
fomento del patrimonio mundial, etc.
La necesidad de un sentido de pertenencia a la Tierra y no sólo a mi país o mi
ciudad, supone combatir la tendencia a encerrarse en la propia identidad; pero con
esto no queremos decir que nos olvidemos de la identidad, de la propia cultura a la
que pertenecemos (“de la montaña”, “de la sierra”, “de la costa”,”del sur”, “del
norte”, “de oriente”, “de occidente”, “de mi ciudad”, etc.,), sino que recordemos
también que existe una gran identidad común a todos : la comunidad de nuestra
especie.
Por ello, la frase “somos iguales y somos diferentes” cobra sentido. A firmar la
diferencia es parte de la afirmación personal y cultural que todos necesitamos para
ubicarnos en el mundo pero si nos vamos al extremo del chauvinismo o el
nacionalismo, bloqueamos la posibilidad del encuentro con el otro diferente de
nosotros, limitamos nuestro ser y el de los demás. Reconocer que pertenecemos a
diversos grupos (familia, amigos, ciudad, país, continente, mundo) nos permite ir
encontrando puentes de comunicación y convivencia desde la aceptación de la
diferencia y la semejanza y nos invita a buscar un equilibrio razonable entre la
búsqueda de la propia identidad y la integración satisfactoria.
Para participar y proponer soluciones, no sólo a mis problemas personales sino
también a los de la comunidad a la que pertenezco, necesito reflexionar sobre
temas éticos y políticos; necesito informarme. Y para informarme necesito
interesarme. Y para interesarme necesito unas ganas muy fuertes de hacerlo. Y
para tener ganas pues sólo tengo que tener ganas. Unas ganas que
probablemente surjan de la existencia de los elementos señalados en nuestra vida
cotidiana. Si no hay ganas, no hay interés. Si no hay interés, no hay búsqueda de
nada. Si no hay búsqueda no hay posibilidad de aporte. Si no hay posibilidad de
aporte, no hay posibilidad de que mejore la vida entre seres humanos.

¿Realmente el mundo queda tan lejos? ¿Qué es el mundo? ¿nosotros estamos en


él?¿Qué lo hace lejano o cercano?

¿Conoces el barrio en el que vives?, ¿sus límites?, ¿sus problemas?, ¿las zonas
históricas?, ¿las diversas zonas que lo conforman? Dibuja un mapa de la ciudad.
Ubica en él la capital, el aeropuerto, la Municipalidad, tu barrio, su casa, el lugar
que más frecuentas y cualquier otro lugar que conozcas.
“En el campo de la ciencia y la tecnología, que tanto han cambiado al mundo y
que Occidente ha desarrollado con tanta rapidez, los científicos occidentales han
tendido a tratar a la naturaleza como un territorio que la inteligencia y las
competencias humanas debían conquistar. Ese planteamiento ha dado lugar, en
efecto , a grandes descubrimientos y grandes inventos (...) Ahora bien, todas esas
aportaciones al bienestar de la humanidad también han acarreado problemas
capitales (...) En Oriente, nuestros antepasados no quisieron o no se atrevieron a
hacerlo dominar la naturaleza, por considerar que era esencial vivir en paz y en
armonía con ella. En la medida en que consideraban a los seres humanos parte
integrante de la naturaleza, no había nada en ella que combatir, controlar ni
conquistar. Esas actitudes estuvieron vigentes durante siglos y, en cierta medida,
retrasaron nuestro progreso material por el lentísimo ritmo de la evolución de la
naturaleza (...)”.

¿Pesimismo?
Un hombre encontró la lámpara de Aladino tirada por ahí. Como era un buen
lector, el hombre la reconoció y la frotó. El genio apareció, hizo una reverencia, se
ofreció:
- Estoy a su servicio, amo. Pídame un deseo, y será cumplido. Pero ha de
ser un solo deseo.
- Como eras un buen hijo, el hombre pidió:
- Deseo que resucites a mi madre muerta
- El genio hizo una mueca:
- Lo lamento, amo, pero es un deseo imposible. Pídame otro.
- Como era un buen tipo, el hombre pidió:
- Deseo que el mundo no siga gastando dinero en matar gente.
- El genio tragó saliva:
- Este.. ¿cómo dijo que se llamaba su mamá?

¿Optimismo?
“Que es posible forjar una sociedad en la que el individuo no vea en el otro
individuo un competidor, sino alguien que le auxilie a hacer lo que es capaz, a
desarrollarse como ser humano, en beneficio de los demás seres humanos”.

¿Quién discrimina a quién?

- Los hombres son más ciudadanos que las mujeres


- Los blancos, los criollos y los mestizos son más ciudadanos que los cholos
y los indígenas.
- Los negros, cholos e indígenas tienen menos derecho a entrar a
determinadas discotecas.

¿Y ahora que?

Cómo vivir mejor... de eso tratan justamente la ética y la política, aunque esto
pueda hablemos sorprendido.
Entonces, ¿cómo escapar de enfrentarnos a asuntos éticos y políticos? Sería
como eludirle a la vida, como morir un poco. Tal vez eso nos esté sucediendo a
los seres humanos y por ello el mundo, en un sentido, ande “patas arriba”.
Olvidarnos de la pregunta ¿cómo vivir mejor? es renunciar a nuestra esencia
como personas es renunciar a pensar, a hacer, a buscar alternativas, a soñar con
transformar las cosas, es renunciar a ser libre y elegir, es renunciar a vivir.
Nosotros queremos vivir, pero no de cualquier manera. Queremos hacerlo lo
mejor posible, por eso necesitamos primero pensar en cómo queremos vivir y
luego hacer algo al respecto.
Así, la reflexión, el pensar críticamente, es necesaria para comenzar. Cómo
queremos vivir es una pregunta par la cual no hay una única respuesta. ¿Cómo
quiero vivir yo? ¿Cómo queremos vivir nosotros? Algunas respuestas dependen
más de mi y otras del conjunto de personas con las que vivo. En ambos casos no
hay respuestas exactas, por eso necesito pensar de forma especial: críticamente,
reflexionando.
De otra parte, pensar en cómo vivir implica pensar en cómo usamos nuestra
libertad, por ello necesitamos entender que es la libertad y que significa para
nosotros. Hemos planteado que la libertad consiste en elegir consciente y
responsablemente, pues si no hay conciencia y responsabilidad, no sabemos que
estamos eligiendo y sería como dejar que el azar decida por nosotros.
El ejercicio de nuestra libertad para elegir cómo vivir nos lleva inevitablemente
al tema de los valores. Al decidir, estamos optando por algo que nos parece mejor;
estamos valorándolo. Hemos dicho que los valores son modelos ideales a los que
aspiramos y guían nuestras acciones. La búsqueda de cómo vivir y convivir mejor
con los demás requiere reflexionar sobre qué valores están detrás de nuestras
decisiones y acciones. No hemos dicho cuáles deben ser esos valores, sólo nos
hemos detenido a pensar en ellos a través de dilemas.
Finalmente, ya lo hemos dicho antes, el vivir mejor implica el convivir mejor, y
esto nos lleva al último tema: Ciudadanía. Es decir, la posibilidad de vivir
ciudadanamente sintiendo que pertenecemos a un grupo con el cual nos
identificamos, reconociendo nuestros deberes y derechos.

Curso: Comportamiento Organizacional


UNMSM 2018
Docente: María Jacqueline Otiniano Mejía de Diestra