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Defensa del arte en el aula de clase

La motricidad es un despliegue de potencias. Luz E Gallo Cadavid

La conjetura que se desarrollará en esta disertación argumentativa será: ¿por qué la enseñanza

de la artística ha quedado minimizada a una serie de ejercicios, hacer por hacer?

respondiendo esto a una filosofía educativa, en donde no cabe el arte, la creatividad, ya que

solo responde a una razón rentable, a un exceso de realidad. El arte por el contrario como lo

afirma Rodrigo Arguello, “logra des-potenciar la prepotencia de la realidad”. (2017, p.30).

Entonces, en las aulas de clase la educación artística juega un papel clave en la formación de

los estudiantes, no solo desde el desarrollo de contenidos, también como una apuesta política

a favor de la fantasía; ya que en las aulas se le da mucha importancia, más de la necesaria a la

lógica matemática y los procesos lingüísticos, sin olvidar que eso es lo que evalúa el ICFES.

Así mismo, se dará una mirada desde dos líneas que han hecho carrera en occidente y cómo

estas han intervenido en la educación artística y en general en las ciencias humanas. La

primera línea obedece a la educación para cultivar la forma, lo exacto, lo pitagórico que tiene

su máxima expresión en la ilustración con los artistas neo-clásicistas; y, la otra que ha

buscado en todas las artes desarrollar la sensibilidad, la creatividad, ésta, vista desde los

poetas románticos que rompieron con las reglas establecidas por una tradición que pretendió

amarrar al arte a una simple disciplina sometida a la razón.

La sociedad de rendimiento impuesta por la economía neoliberal, hace un fuerte ataque a la

sensibilidad, si bien necesitan de la creatividad en la redes y en la publicidad, no se busca

fomentar la sensibilidad crítica, un ejemplo de ello es la educación que imparten en las

instituciones universitarias en Silicon Valley, éstas no manejan el sistema tradicional de las

universidades tradicionales, allí se busca fomentar la creatividad y la capacidad para innovar,

pero todo en función del hiper-consumo y el capitalismo.


Volviendo a la escuela tradicional, la que se imparte en Colombia, centrada en el desarrollo

de ideas abstractas y alejada de las experiencias vitales. Ésta ha sufrido grandes fracasos por

esa apuesta, dirigida por una razón lógico-matemática y más aún por la producción en masa,

tanto de productos como de estudiantes; desde esa mirada, el estudiante sigue siendo visto

como un recipiente vacío para ser llenado, o como lo plantea Paulo Freire, “En vez de

comunicarse, el educador hace comunicados y depósitos que los educandos, meras

incidencias, reciben pacientemente, memorizan y repiten”. (1970, p.5). Allí radica lo que el

llamaría la educación bancaria-tradicional, que hizo carrera por muchos siglos y sigue siendo

el pilar en muchos sistemas de educación. Se educa desde la imposición de una verdad que el

estudiante debe asimilar, aprender y en algunos casos memorizar; pero no se busca despertar

la pasión por ese saber o la emoción por el hecho de aprender.

Además, esa visión mal sana de separar las ciencias “duras” de las humanidades, llevó a una

idea de desprestigiar el papel de la imaginación, la sensibilidad en el campo educativo,

contrariando los postulados que afirman que la ciencia y las artes van de la mano y logran

una formación más armónica; los pintores del renacimiento, el barroco, nunca se separaron de

los estudios de la luz, los efectos cromáticos para crear sus obras; así mismo lo plantea Lindy

Joubert en el artículo titulado: La ciencia y el arte: nuevos paradigmas en educación y salidas

profesionales:

Una educación holística y simbiótica en ciencias y artes desarrollará todos los

aspectos del potencial humano. La ciencia busca los medios para explicar los

procesos naturales que se rigen por leyes fundamentales. Investiga las leyes que

rigen el comportamiento del mundo y del universo, y los resultados se expresan

en un lenguaje abstracto, matemático. La deducción lógica basada en la

observación práctica y en la investigación es el vehículo para alcanzar resultados

y descubrimientos científicos. El arte ha sido el medio por el cual todas las


civilizaciones han expresado y evaluado sus ideas, conductas y cultura a través de

sus respectivos idiomas artísticos. Los artistas generalmente expresan sus

sentimientos (conscientes o subconscientes), no se limitan a reproducir lo que

observan. (2002, p.85).

Por otro lado, los métodos de enseñanza que se desarrollan en las aulas de clase en las

mayorías de las instituciones siguen un patrón fijo, unos pasos casi de piedra, dan la

teoría, explican, hacen un actividad y luego un examen de corte memorístico; el

estudiante en pocas ocasiones experimenta con su cuerpo, con los elementos que lo

rodean, por eso, los conocimientos que logran los estudiantes son muy pocos, además

no se presentan alternativas de enseñanza el método es siempre el mismo, no se rompe

con la línea de trabajo.

El docente debe y tiene la obligación de mostrar los hilos que unen los aprendizajes,

por ello no es descabellado pensar en un educador que logre reconocer las verdades

emitidas desde las diferentes disciplinas y cómo estas logran potenciar los saberes

específicos de cada campo educativo, la sensibilidad no solo se requiere para la

creación de una pintura o para la interpretación de un papel en una obra de teatro, así

mismo, dicha sensibilidad hará que el estudiante sienta más cercanía con la naturaleza y

las formas de cada elemento natural, en ultimas, una educación holística le demostrará

tanto al inventor, al arquitecto, al empresario, que el reconocimiento del arte es

necesario en cada campo y que es un gran complemento, ya que como “mínimo”

potencia el desarrollo de las múltiples inteligencias planteadas por Howard Gadner.

Pero dicha educación holística fracasa, en la medida que no logra reconocerse en la

educación el verdadero valor del arte.

Ahora bien, la asignatura de artística no solo puede ofrecer información y ejercicios

puramente manuales, debe desarrollar la contemplación y sensibilidad con el artefacto


creativo, ya sea desde la observación o creación; la lectura de una obra literaria, la

visita a un museo, a una galería; necesariamente con.-mueve, y dicho proceso

interactivo es otra forma de experiencia humana, así lo apuntala la siguiente

proposición “Debe recordarse que la producción artística tiene entre sus propósitos

presentar distintas problemáticas que afronta el ser humano en su tránsito por la vida

terrenal y de proporcionar cantidades de situaciones experienciales inimaginables para

hacerles frente”. (Castillo. 2009, p. 587) y lo desarrolla Susan Sontag en su ensayo

Contra la interpretación, “El verdadero arte tiene el poder de ponernos nerviosos”

(1984, p.20). Ambos están indicando algo sumamente importante, el arte no es una

simple acumulación de datos que se pueden analizar, es un lenguaje propio y para ser

comprendido debe generar una experiencia, los sentidos y las emociones hacen parte de

dicho proceso; entre el estudiante y la obra surge un tercero que es la compresión de la

misma, así lo indica Louise Rosenblat en su grandioso libro, La literatura como

exploración, “Ligar los signos palabra a palabra y frase a frase no basta, hay que

vincular la palabra con lo que ésta señala en el mundo humano o natural. Es decir,

debemos relacionarla con nuestra experiencia. (2003, p.135). Dicho proceso de lectura

no solo se da frente a un libro, todo objeto sea artístico o no, se está leyendo cada vez

que uno de nuestros sentidos pasa por él.

Por otro lado, se debe leer el arte con su propio lenguaje, como lo indica Edmund

Husserl o Gilles Deleuze en sus tratados sobre estética. El estudiante debe generar y

comprender el leguaje de la obra, no para que sea un erudito sino para que logre

percibir desde esa verdad la realidad de la observación y de la misma creación, por ello

es necesario que reconozca las tradiciones, los procesos estructurales que hay detrás de

cada obra; también como lo desarrollará George Steiner en Lenguaje y silencio “Hay

que sobrevivir al libro” (2003, p.115). Algo debe morir cuando se termina de crear una
obra de arte o cuando se termina de leerla, ¿acaso el estudiante y el maestro logran

esto?

Así mismo, el discurso que debe defender el arte en la aulas tiene que ir acompañado de

una apuesta inevitablemente política, debemos contestar y con argumentos

contundentes a las nuevas formas interactivas de realidad, los video juegos, los

celulares deben estar presentes en las aulas y también se debe tener una lectura crítica

frente al imposición de una sola realidad, la inmediatez, que nos quiere hacer vivir el

capitalismo contemporáneo. El docente en cualquier área debe tener una postura clara

sobre el hiper-consumo, unos lo harán atacando las metáforas que ocultan las verdades

razones de la publicidad, otros mostrando los daños ambientales que esto ocasiona y el

docente de artes debe llevar los jóvenes a crear y recrear desde obra de artes hasta

métodos para mejorar el ambiente de vida en sus casa y colegio, porque la creatividad

no solo puede ser sobre obras artísticas.

Hasta ahora se ha intentado problematizar el papel de la educación artística en las aulas

de clase y la sociedad, los lineamientos curriculares colombianos, el documento 16 del

MEN, apuntan a un formación integral que lleve al educando a una lectura crítica de la

realidad y en algunos casos a convertirse en un creador cultural y defensor de la

memoria desde el arte, pero no se ha planteado la otra cara, hasta dónde el arte si logra

conmover a un joven, surgen preguntas como: ¿es tan efectivo dicho proceso de

humanización? ¿Se es más humano cuando se tiene una formación intelectual y

artística? La respuesta quizá la va a desarrollar Steiner en Lenguaje y silencio,

“Sabemos que un hombre puede leer a Goethe o a Rilke por la noche, que puede tocar a

Bach o a Schubert, e ir por la mañana a su trabajo en Auschwitz”. (2003, p.113).

Steiner pone en tela de juicio la formación intelectual en el arte, ya que este tipo de

conocimiento meramente enciclopédico no logra conmover y transformar como si lo


hace un partido político. Entonces, el arte no siempre logra ese gran valor de crear

sujetos críticos y con una gran sensibilidad hacia los demás; es en este punto donde el

título del texto toma de nuevo relevancia, se educa para saber del arte o para desarrollar

una sensibilidad estética, o mejor aún, ha logrado el arte en las aulas de clase fomentar

el desarrollo crítico y humanista. De nuevo se presenta el choque entre la enseñanza del

arte desde la forma o el arte como imitación y creatividad.

Como lo señala Rodrigo Arguello en su obra, La lectura en la oscuridad “El arte es más

filosófico que la historia” (2017, p.45) y esto hace que una educación que problematice

la formación en el arte transforme y no una simple información bancaria, esta contiene

la historia de la humanidad y debe llegar al estudiante desde la experiencia estética-

sensible, conmover y no solo informar.

Sin embargo, no se pretende decir que la educación artística con énfasis en el

componente estético se convierta en una clase de moral o peor aún moralizante, más

bien debe llevar al estudiante a la complejidad del bien y del mal, a reconocer en el

artista a un sujeto sin máscara y en la obra, la compresión de una realidad ubicada en

una época y por ello una percepción de la realidad particular.

Ese desarrollo de la sensibilidad intencionada, se logra con la implementación de una

educación artística que no solo sea por el hacer, sino por el comprender haciendo, en donde

los diferentes tipos de sensibilidad como la auditiva, estética, interpretativa, extra-textual se

unen en el proceso cognitivo; el estudiante debe comprender que el arte es para afectar,

movilizar a los otros y no solo para lograr una forma o una instrucción requerida por el

docente.

Finalizando el desarrollo de la conjetura, se debe afirmar que dicho proceso crítico de la

educación artista no solo depende de unos planteamientos teóricos, además de esto las

secretarias de educación y los colegios en particular, deben analizar su PEI y comprender


cuál es la línea más adecuada para su contexto, su campo y desde allí formar a los estudiantes

de manera compleja e integral, desde el hacer comprendiendo, ya que como se mostró, se han

quedado más en el hacer por el hacer y han dejado a un lado las emociones y el desarrollo de

la sensibilidad, porque como lo afirma el filósofo Edgar Morín:

Educar para comprender las matemáticas o cualquier disciplina es una cosa,

educar para la comprensión humana es otra; ahí se encuentra justamente la misión

espiritual de la educación: enseñar la comprensión entre las personas como

condición y garantía de la solidaridad intelectual y moral de la humanidad. (1999,

p.47).

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