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Vázquez Rodríguez Daniela

Compresión de textos y expresión oral


1er reporte de lectura
Alfaro López, H., & Martín Marín, C. (2007). “La
lectura como inocencia perdida”. En H. Alfaro,
Comprender y vivir la lectura (pp. 101 -111). D.F,
México.: UNAM, Dirección General de Bibliotecas,
Secretaría Académica.

La lógica en “la lectura como inocencia pérdida”.

Leer no es solamente una acción cotidiana que nosotros llevamos a cabo día con día, los actos
que se conllevan a partir de la realización de la lectura van más allá de lo que estamos
conscientes al efectuar la misma. Alfaro dicta su propósito como el hacernos entender,
comprender y aprehender que cuando ejecutamos el verbo “leer” no lo hacemos
exclusivamente en un acto de explicación lingüística, sino que este implica, de la misma
manera, la adquisición de una visión más abierta de nuestra realidad al relacionarla con las
palabras que nos marcan las lecturas y que nos hacen, inexorablemente, llegar a la pérdida
de nuestra inocencia.
Pero, ¿cómo podemos llegar este punto? ¿Qué entendemos exactamente como “perder
la inocencia”? La respuesta es muy sencilla. Cuando tenemos la necesidad de comprender
ciertos aspectos de mayor dificultad, cuando el producto de nuestra interacción con la lectura
requiere que obtengamos frutos respecto a la adquisición de conocimientos, debemos
comenzar a generar “esquemas mentales” y, para esto, utilizamos el aspecto psíquico y
sociocultural. Es decir, nos obligamos a penetrar en el texto, más allá de las palabras.
Alcanzamos a entender lo que el mismo texto nos quiere transmitir, a partir de nuestra
historia, de aquello que conocemos, de nuestras experiencias y, es así como empezamos a
constituirnos como verdaderos lectores y dejamos de ser simples decodificadores.

Como supuesto se debe consolidar un rango más alto al deducir cualquier lectura que se nos
presente y, esto solamente lo logramos, cuando estas influyen y hacen relucir los aspectos
sociales y culturales personales de cualquier persona que sea lector/a. Es así que nuestra
inocencia se ve perdida para siempre, porque ya no volveremos a leer a partir del sentido
vago de no-comprender y sólo “leer” el significado de las palabras, sino que ya
encontraremos en ellas una significación real.

Realizar correctamente ésta significación y desglosamiento del texto es muy importante, ya


que si no lo hiciésemos contaríamos, indudablemente, con problemas al realizar los esquemas
mentales que nos ayudarían a entender y aprehender completamente cualquier lectura que
ejecutáramos. En cambio, las implicaciones que se llevarían a cabo al momento de cristalizar
el proceso tal y como Alfaro nos lo recomienda (a partir de la construcción histórica y
cultural, con base en nuestras experiencias y conocimientos) serían beneficiarias para llegar,
finalmente, al orden del discurso como poder.
La adquisición de este poder por parte del lector, permite que su propia libertad para decidir
cómo comprender y qué comprender sea plenamente ejercida y desarrollada. Es así como los
esquemas mentales tienen medida dentro de la significación real de un texto, al permitir que
se desempeñen en su totalidad las prácticas que suponen el entendimiento total del mismo.

La lectura es comprendida, desde el punto de vista del autor, como una práctica en la cual
el lector adquiere un papel activo de interacción con la representación visual del texto.
También señala que, a pesar de que el texto no se pueda considerar como una entidad
meramente autónoma, se le puede otorgar cierta autosuficiencia al encontrarse con algún
lector que le dé una visión global que permite la entrada del sesgo individual en el que cada
lector puede interpretar de manera personal su práctica con la lectura.

Alfaro referencia la información contenida en su escrito, citando a varios autores, entre ellos
a Michel Foucault y a Daniel Cassany, aportando la información necesaria para
complementar las ideas centrales y ofrecer una explicación más detalla de su argumento. Por
ejemplo, cita a Cassany con su libro, Tras las líneas. Sobre la lectura contemporánea para
poder así explicar de una manera más clara los aspectos relacionados al enfoque lingüístico,
psicolingüístico y sociocultural, comparando estos conceptos con los planos de Cassany: leer
las líneas, entre líneas y — la más importante— entre líneas.
Como conclusión, el autor nos regala una pequeña recapitulación de los conceptos y del
punto central de la lectura. En ella nos recuerda que el enfoque sociocultural resulta de vital
importancia para poder llegar hasta ese lugar en el cual las letras ya no son sólo letras, sino
que se transforman independientemente de nosotros como lectores, de nuestras experiencias,
recuerdos, inclusive de nuestra forma de pensar, nuestras ideologías e inclusive también de
nuestros sentimientos. Es ahí donde dejamos de ser inocentes; dejamos de asimilar los textos
de manera mecánica y pasamos directamente a la práctica y disociación de sus elementos.
Particularmente, pienso que ésta lectura es esencial para nosotros como alumnos de recién
ingreso, de manera en que nos ayuda bastante para darnos cuenta de que el simple hecho de
realizar una lectura (cualquier tema) va más allá de sólo leer las palabras, sino que como
alumnos universitarios, debemos aprender a desenvolver nuestras capacidades de aprendizaje
y entendimiento, y qué mejor que mediante nuestros textos leídos a conciencia y en este
marco cultural-histórico que sin duda nos puede auxiliar en la mejora de nuestra capacidad
de discernimiento.