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BASOS DE BARRO

TRIBULACIÓN Y TRIUNFO

2Cor.4:7-15

Pero tenemos este tesoro en cacharros de arcilla para que el poder que supera todas las cosas se vea que es de
Dios y no nuestro. Estamos atacados por todas partes, pero no acorralados; desbordados, pero no desesperados;
perseguidos por los hombres, pero no abandonados por Dios; sobre la lona, pero no fuera de combate. En nuestro
cuerpo estamos siempre en peligro de muerte como Le pasó a Jesucristo, para que se manifieste en nuestro cuerpo
la misma vida que vivió Jesús. Porque a lo largo de toda nuestra vida se nos entrega a la muerte constantemente
por causa de Jesús, para que también la vida que da Jesús la puedan ver todos claramente en nuestra carne
mortal. En consecuencia, la muerte actúa en nosotros, pero la vida en vosotros. Como tenemos el mismo espíritu
de fe que aparece en el pasaje de la Escritura que empieza por «he creído y por tanto he hablado,» nosotros
también creemos y por tanto hablamos; porque sabemos que el Que resucitó al Señor Jesús también nos resucitará
a nosotros con Jesús, y nos presentará con vosotros.
Todo lo que nos sucede es para vuestro bien, para que la gracia abunde más y más y haga que la acción de
gracias que se eleva de muchos abunde todavía más para la gloria de Dios.

Pablo empieza este pasaje expresando la idea de que podría ser que los privilegios que disfruta un cristiano le
movieran al orgullo. Pero la vida está diseñada para mantenernos libres del orgullo. Por muy grande que sea su
gloria, el cristiano vive todavía al nivel mortal, y es víctima de las circunstancias; está sujeto todavía a los azares y
avatares de la vida humana, y a la debilidad y el dolor que conlleva un cuerpo mortal. Es como un cacharro de arcilla,
frágil y sin ningún valor, en el que se ha guardado un tesoro valiosísimo. Ahora se habla mucho del poder de la
persona y las grandes fuerzas que controla; pero lo más característico de la persona humana no es su poder, sino su
debilidad. Como decía Pascal: «Una gota de agua o un soplo de aire la pueden matar.»
Ya hemos visto lo grandioso y glorioso que era el triunfo de un general romano. Pero había dos ingredientes
diseñados para librar del orgullo al general. Lo primero era que, cuando iba en la carroza con una corona por encima
de su cabeza, la gente no sólo gritaba sus vítores sino también, de vez en cuando, «¡Mira detrás de ti y recuerda que
eres mortal!» Lo segundo era que al final del desfile llegaban sus mismos soldados y hacían dos cosas mientras
desfilaban: cantaban canciones en honor de su general, pero también burlas e insultos para que no se enorgulleciera
más de la cuenta.
La vida nos ha cercado de debilidad, aunque Cristo nos ha rodeado de gloria, para que tengamos presente que
la debilidad es cosa nuestra y la gloria es de Dios, y reconozcamos nuestra absoluta dependencia de Él.
Pablo prosigue describiendo en una serie de paradojas esta vida cristiana en la que nuestra debilidad se mezcla
con la gloria de Dios.
(i) «Estamos atacados por todas partes, pero no acorralados.» Estamos sometidos a toda clase de presiones,
pero no estamos nunca tan arrinconados que no tengamos salida. Es característico del cristiano el que, aunque su
cuerpo esté confinado en alguna circunstancia angustiosa, su espíritu siempre puede volar libremente por los
espacios de Dios en comunión con Cristo.
(ii) «Perseguidos por los hombres, pero no abandonados por Dios.» Una de las cosas más notables en los
mártires es que, aun en medio de los más terribles sufrimientos, gozaban de la dulce presencia de Cristo. Como
decía Juana de Arco cuando la abandonaron los que deberían haberle sido fieles: "Es mejor estar sola con Dios. Su
amistad nunca me fallará, ni Su consejo, ni Su amor. En Su fuerza osaré, y osaré, y osaré hasta la muerte.» Como
decía el salmista: «Aunque me abandonaran mi padre y mi madre, el Señor me recogería» Sal_27:10 ). Nada puede
alterar la fidelidad de Dios.
(iii) «Desbordados, pero no desesperados.» Hay momentos en los que un cristiano no sabe qué hacer; pero,
aun entonces, no duda de que algo se puede hacer. Hay veces cuando no puede ver muy bien hacia dónde va la vida,
pero no pone en duda que va hacia alguna parte. Si tiene que «lanzarse al oscuro y tremendo mar de nubes,» sabe
que saldrá con bien. Hay veces en que un cristiano tiene que aprender la lección más difícil de todas, la que Jesús
aprendió en Getsemaní: a aceptar lo que no puede comprender, pero decir: «Señor, Tú eres amor. Sobre eso edifico
mi fe.»
Podemos estar derribados, pero no destruidos, porque entonces, tal vez más que nunca, Cristo está con nosotros.
(iv) «Sobre la lona,, pero no fuera de combate.» La suprema característica del cristiano no es que no puede caer,
sino que siempre que cae se levanta otra vez. No es que no acuse los golpes, sino que no es nunca derrotado
definitivamente. Puede que pierda una batalla, pero sabe que, a fin de cuentas, no puede perder la guerra. Browning
describe en sus Epilogues a un verdadero caballero:

Es uno que jamás volvió la espalda, siempre iba con el pecho por delante; no dudó que las nubes se abrirían, ni
soñó, cuando el bien iba perdiendo, que el vencedor final sería el mal; mantuvo que caer y levantarse era como
dormir y despertar para poder mejor seguir luchando.

Después de detallar las grandes paradojas de la vida cristiana, Pablo pasa a revelar el secreto de su propia vida
y las razones que le permitieron llevar a cabo su obra y soportar las adversidades sin rendirse.
(i) Se daba perfecta cuenta de que si una persona está dispuesta a asumir la vida de Cristo tiene que estarlo
también a asumir sus riesgos; y si quiere vivir con Cristo tiene que estar dispuesta a morir con Él. Pablo conocía,
reconocía y aceptaba la ley inexorable de la vida cristiana: "No hay Corona sin Cruz.»
(ii) Arrostraba todos los embates teniendo presente el poder de Dios Que levantó a Jesucristo de entre los
muertos. Podía hablar con tanto valor y coraje y con tal menosprecio de su seguridad personal porque creía que,
aunque le alcanzara la muerte, Dios podía hacer que-eso no fuera su final, sino que le levantaría como levantó a
Jesús. Sabía que podía depender de un poder que era suficiente para todas las necesidades de la vida y más fuerte
que la muerte.
(iii) Lo soportaba todo con la convicción de que sus sufrimientos y luchas eran el medio para que otros llegaran
a participar de la luz y del amor de Dios.
El gran proyecto del pantano de Dam llevó la fertilidad a muchas zonas de América que antes habían sido
desiertos. En su construcción fue inevitable el que algunos perdieran la vida. Cuando se completó el pantano, se
puso en uno de sus muros una lápida con los nombres de los obreros que habían muerto en la empresa, que acababa
con esta inscripción: «Estos murieron para que el desierto se pudiera regocijar y florecer como la rosa.»
Pablo pudo soportar todo aquello porque sabía que no sería un sacrificio inútil, sino que serviría para llevar a
otros a Cristo. Cuando una persona tiene la convicción de que todo lo que le sucede está dentro del plan de Dios y
forma parte de la causa de Cristo, es capaz de hacerlo y de sufrirlo todo.

Algunos en Corinto acusaban a Pablo de insinceridad en su ministerio. «Pablo lo hace sólo por lo que puede ganar»,
era la acusación. En este capítulo Pablo pone de manifiesto que su ministerio es sincero.

I. Su determinación (4:1)
¿Por qué continuaba Pablo predicando, con todos los peligros y esfuerzos que involucraba, si no era sincero?
Un hombre con motivos menos dignos, o con una perspectiva menos espiritual del ministerio se hubiera dado por
vencido mucho tiempo atrás. Pablo miraba al ministerio como una mayordomía: Dios se la dio y Dios también le
daba la fuerza para continuar y no desmayar. ¡El evangelio era demasiado glorioso como para que Pablo se diera
por vencido! Para él ser un ministro del evangelio era un privilegio demasiado grande como para arriesgarse a caer
o descarriarse.

II. Su honestidad (4:2-4)


Hay algunas cosas que Pablo se negaba a hacer. Rehusó usar prácticas solapadas y engañosas para ganar
seguidores. Los falsos maestros estaban haciendo estas mismas cosas. «No empleamos artimañas para que la gente
crea», es cómo la versión La Biblia al día lo dice. Pablo no andaría con astucias ni usaría engañosamente la Palabra,
o sea, «adulterando la palabra de Dios». Usamos la Biblia con engaños cuando mezclamos la filosofía y el error con
la verdad de Dios para ganar la aprobación humana. No así con Pablo. Su ministerio era honesto. Usaba la Palabra
de una manera abierta, sincera y animaba a las personas a que escudriñaran las Escrituras por sí mismas (véase
Hch_17:11).
Si el evangelio está escondido, nunca debe ser culpa del maestro. Satanás ciega el entendimiento de los
pecadores porque no quiere que vean la gloria de Cristo. Multitudes hoy, que no quieren mirar el rostro de Jesús
para salvación, un día tratarán de esconderse de su rostro (Apo_6:15-17). La mente del pecado es ciega e ignorante
(Efe_4:17-19), y sólo la luz de la Palabra puede traer el conocimiento de la salvación. Mas nunca debemos torcer o
corromper la Palabra de Dios en un intento de lograr convertidos. Debemos usar la Palabra con buena conciencia
hacia los hombres y hacia Dios.

III. Su humildad (4:5-7)


Si Pablo quería obtener a alguien que lo siguiera y hacer dinero, debería haber predicado de sí mismo y no de
Cristo. Sin embargo, no predicaba de sí mismo; procuraba honrar únicamente a Cristo. Lea otra vez 1Co_3:1-9 para
ver cómo Pablo se presenta a sí mismo como siervo de Dios y esclavo por amor de Jesús. No, no puede haber luz si
exaltamos a los hombres; sólo Dios puede hacer que la luz brille en las tinieblas.
Aquí Pablo nos refiere de nuevo a Gen_1:1-5, donde Dios hizo la luz en la creación y de ella trajo vida y bendición.
El corazón del pecador perdido es como esa tierra original: sin forma, vacía y en tinieblas. El Espíritu se mueve
sobre el corazón. La Palabra viene y trae luz: la luz del glorioso evangelio. El pecador entonces llega a ser una nueva
creación, una nueva criatura y empieza a dar fruto para la gloria de Dios.
«Sí, tengo un tesoro», admite Pablo, «pero está en un vaso de barro. No quiero que me vean a mí; yo soy sólo el
vaso. Lo más importante es que vean a Cristo y que Él reciba la gloria». Es muy malo cuando los obreros cristianos
hacen al instrumento más importante que el tesoro del evangelio.

IV. Su sufrimiento (4:8-10)


Si Pablo andaba buscando ganancia personal, como decían ellos, ¿por qué sufrió tanto? El hombre que entra en
componendas en vez de ajustarse a la Palabra de Dios, no sufrirá; los hombres le acogerán y le honrarán. Pero la
gente maltrataba a Pablo, le rechazaba y le hacía la vida imposible. Le trataban como los hombres trataron a Cristo.
La disposición de Pablo para sufrir por Cristo es una de las pruebas más grandes de su sinceridad como siervo
de Dios. Lea estos versículos en una traducción moderna para captar el vigor de su mensaje.

V. Su abnegación (4:11-15)
Pablo estaba dispuesto a enfrentar el sufrimiento y muerte por causa de Jesús y por causa de las iglesias. Las
experiencias que le traían muerte significaban vida para los creyentes a medida que sufría por darles la Palabra. Los
falsos maestros no sabían nada de sufrimiento ni sacrificio. A través de la carta Pablo señala sus llagas como
credenciales de su ministerio. En Gal_6:17 dijo: «Yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús».
«Todas estas cosas padecemos por amor a vosotros». ¡Qué espíritu de abnegación y desprendimiento! Pablo
estaba dispuesto a ir dondequiera, dispuesto a sufrir lo que fuera, si daba gloria a Dios y bien a las iglesias. Tenía el
Espíritu de fe; sabía que sus sufrimientos redundarían en bendiciones.

VI. Su fe (4:16-19)
Estos versículos dan al creyente la seguridad maravillosa en tiempos de sufrimientos. Aunque el hombre
exterior se va desgastando día por día, el hombre interior, el hombre espiritual, se renueva de día en día (véase
3:18). Aquí Pablo está pesando sus sufrimientos en las balanzas de Dios. Descubre que sus sufrimientos son ligeros
cuando se les compara con el peso de gloria que Dios tiene almacenado para él. Sus días y años de aflicción no son
nada comparados a la eternidad de bendición que le espera. Cuán importante es que vivamos «con los valores de la
eternidad a la vista». La vida cobra un nuevo significado cuando vemos las cosas a través de los ojos de Dios.
El versículo 18 es una paradoja para el inconverso, pero una preciosa verdad para el cristiano. Vivimos por fe,
no por vista. Es la fe la que le permite al cristiano ver las cosas que no se pueden ver (Heb_11:1-3); esta fe viene de
la Palabra de Dios (Rom_10:17). Las cosas por las que el mundo vive y muere son temporales, pasajeras; las cosas
del Señor duran para siempre. El mundo piensa que estamos locos porque nos atrevemos a creer a la Palabra de
Dios y a vivir de acuerdo a su voluntad. Pasamos por alto las «cosas» que los hombres codician porque nuestros
corazones están fijos en valores más elevados.
Es importante que tengamos una vida y ministerio cristianos sinceros. Nuestros motivos deben ser puros.
Nuestros métodos deben ser bíblicos. Debemos ser fieles a la Palabra de Dios. Pablo tenía esta clase de ministerio e
igualmente debemos tenerlo nosotros.

4:7 -- "Pero tenemos... barro". Con este pensamiento Pablo refuta la idea de que sus sufrimientos y aflicciones
probaran que no era embajador de Dios. Es cierto, dice Pablo, que el tesoro, que es el evangelio o su ministerio en
el evangelio, está en un recipiente muy humilde, en un ser humano como él (un vaso de barro). Pero, hay una razón
en particular de por qué es así. Sigue esa razón:
--"para que... de nosotros". Ciertamente los grandes éxitos del evangelio, logrados en las vidas de los
conversos (al quitar dicho evangelio las tinieblas del error e iluminar el corazón para la vida eterna), no se debían a
ningún poder humano, pues como humano Pablo sufría muchas injusticias. Pero el valor del evangelio que Pablo
predicaba, el del "tesoro", se echaba de ver en que siempre el "vaso de barro", débil en sí, salía victorioso sobre los
impedimentos y obstáculos. Obviamente, el poder para esto venía de Dios, y no del hombre. Compárese Rom_1:16.
En su propia persona Pablo no era nada poderoso. Véanse 1Co_2:3-4; 2Co_10:10). La debilidad del cuerpo
hacía evidente que la fuente del poder del mensaje que predicaba era Dios, y no él mismo. Los que creían a la
predicación de Pablo, usando del poder de Dios para confirmar sus mensaje con milagros, tenían su fe fundada, no
en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios (1Co_2:4-5).
Evidentemente los judaizantes en Corinto se gloriaban en su presencia corporal, en sus recomendaciones,
y en su excelencia de oración. Pablo aquí se contrasta con ellos, reclamando que su poder venía de Dios. Por eso
podía vencer a todo obstáculo, como así se expresa en los versículos siguientes.

2.43 como el hierro no se mezcla con el b 2635


2.45 la cual desmenuzó el…b, la plata y el 2635
Nah 3.14 entra…pisa el b, refuerza el horno 2916
Ro 9.20 ¿dirá el vaso de b al que lo formó 4110
9.21 potestad…sobre el b, para hacer de la 4081
2 Co 4.7 pero tenemos este tesoro en vasos de b 3749
2 Ti 2.20 plata, sino también de madera y de b 3749