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INTIMA CONVICCIÓN

Contraria al sistema de la prueba legal, está el de libre valoración de la prueba, en el


cual, los requisitos de aceptación o no de las pruebas no aparecen contemplados en las
normas legales1.

Michele Taruffo señala que, según este sistema se haría depender la decisión, sobre
los hechos de la intime conviction del juez; es decir, de un convencimiento interior,
subjetivo, personal e impenetrable del juez en torno al valor de la prueba y a la verdad
de los hechos2.

En palabras de Rosas Yataco3, este sistema consagra la libertad absoluta del juez para
formar su convencimiento a través de los diferentes medios de prueba. No existen reglas
que determinen previamente el valor de cada prueba; sino, el juez aprecia y analiza
según su conciencia y la impresión que le cause, si es o no plena prueba.

Así, podemos identificar como características de este sistema los siguientes: a) No se


implanta regla alguna para la apreciación de las pruebas. El juez es libre de
convencerse, según su íntimo parecer, de la existencia o no de los hechos de la causa.
b) El Juez no está obligado a fundamentar su decisión, de modo que esto conduciría a
la arbitrariedad y a la injusticia.

La íntima convicción o prueba en conciencia representa el polo opuesto del sistema de


la prueba legal: la libertad absoluta4. Por ello, la crítica que se le hace a este sistema de
valoración de la prueba es que permite o da lugar a la arbitrariedad judicial, y pasa de
un principio de rechazo a los excesos del sistema de prueba legal o tasada a otro
sistema que llega a echar de lado la prueba en sí. Tanto así, que se habla incluso de
“libérrima convicción”, pues el juzgador no tiene la obligación de rendir cuentas a la ley;
sino solo a su conciencia, a la que se le exige sinceridad.

Por otro lado, la ventaja de este sistema, sobre la el de la prueba legal o tasada, es que
la convicción del magistrado, no está atado a formalidades preestablecidas que podían
obstaculizar la obtención de la verdad.

En conclusión, este sistema concede al juzgador amplias facultades sobre la apreciación


de las pruebas al no estar sometida a reglas. El juez tiene absoluta independencia, de
tal forma que está en la facultad de apreciar las pruebas con entera libertad, pudiendo

1
BINDER, Alberto. “Derecho Procesal Penal”, Escuela Nacional de la Judicatura, Santo Domingo,
República dominicana. 2006. Pág. 552
2
TARUFFO, Michele. “La prueba, artículos y conferencias”. Editorial Metropolitana. Pág. 101
3
ROSAS YATACO, Jorge. “La Prueba en el Nuevo Código Procesal Penal”. Ediciones Legales. Pág. 121
4
ROSAS YATACO, Jorge. Ob cit. Pág. 122
incluso apartarse de ellas. Pues este sistema no le exige al juzgador que manifieste las
motivaciones en las cuales se fundamenta para otorgar valor a una prueba o
simplemente descartarla, pudiendo ser propenso a la arbitrariedad y, por ende, conllevar
a una injusticia.

LIBRE CONVICCIÓN O SANA CRÍTICA RACIONAL

También denominada “apreciación razonada de las pruebas” o “persuasión racional”. Al


igual que en el sistema de intima convicción, aquí el juzgador es libre de formarse su
propio convencimiento; pero, tiene que dar razones que expliquen cómo o porqué de su
convicción sobre determinada prueba.

Cafferata Nores dice que este sistema establece plena libertad de convencimiento de
los jueces, pero exige, a diferencia de la “íntima convicción”, que las conclusiones a que
se llegue sean fruto racional de las pruebas en que se apoye. Por ello, estos sistemas
otorgan garantías contra la arbitrariedad judicial, al permitir verificar los fundamentos
utilizados en la sentencia, otorgándole la posibilidad de impugnarlos o rebatirlos.

Se caracteriza, por tanto, por la posibilidad de que el magistrado logre sus conclusiones
sobre los hechos de la causa valorando la prueba con total libertad, pero respetando los
principios de la recta razón; es decir, las normas de la lógica, de la psicología y de la
experiencia común. Al mismo tiempo que exige la fundamentación o motivación de la
decisión.

La libre convicción ocupa el medio entre dos excesos, dice Manzini, sin la excesiva
rigidez de la prueba legal y sin la excesiva libertad del criterio de conciencia, regula la
actividad intelectual del juez frente a la prueba.5 El principio de la libre convicción ha
liberado al juez de las reglas de la prueba legal pero no lo ha desvinculado de las reglas
de la razón6.

Asi, entre las diferencias se puede observar que el sistema de la sana crítica otorga al
juzgador una libertad que se puede considerar relativa o limitada en la valoración de las
pruebas, pero el sistema de la íntima convicción le da una libertad absoluta.

5
TAMBINI DEL VALLE, Moisés. “La prueba en el Derecho Penal”. Grafica Horizonte. 2da Ed. Lima. 2000.
Pág. 189
6
TARUFFO, Michele. Ob cit. Pág. 102
Existir una sana crítica por parte de los jueces no implica, solamente, que este pueda
valorar las pruebas de la manera que mejor estime, así vaya acompañado de la lógica
y de la experiencia, sino que está en la obligación también, de justificar dicha actividad.7

En conclusión, este sistema se caracteriza principalmente por el hecho de que le permite


al juzgador, valorar la prueba libremente; no obstante, ello no significa que el juez pueda
realizar juicios de valor con respecto a las pruebas de forma arbitraria; sino, muy por el
contrario, las pruebas deben ser valoradas atendiendo a las reglas de la lógica, la
experiencia, psicología y el sentido común, y establecer lo que lo ha motivado a valorar
una prueba en detrimento de otra.

BIBLIOGRAFÍA

 BINDER, Alberto. “Derecho Procesal Penal”, Escuela Nacional de la Judicatura,


Santo Domingo, República dominicana. 2006.

 CASTILLO ALVA, José Luis. “La motivación de la valoración de la prueba en


materia penal”. Editorial Grijley. Lima 2013.

 ROSAS YATACO, Jorge. “La Prueba en el Nuevo Código Procesal Penal”.


Ediciones Legales.

 TAMBINI DEL VALLE, Moisés. “La prueba en el Derecho Penal”. Grafica


Horizonte. 2da Ed. Lima. 2000.

 TARUFFO, Michele. “La prueba, artículos y conferencias”. Editorial


Metropolitana.

7
CASTILLO ALVA, José Luis. “La motivación de la valoración de la prueba en materia penal”. Editorial
Grijley. Lima 2013. Pág. 126