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EL DIOS OCULTO

Por José Álvarez López.

No sé si a Dios le preocupan la ciencia y los científicos; pero sí sé que


Dios no interesa ni a la ciencia ni a los científicos. Un hecho constatable es
que la palabra “Dios” es la única que no aparece en los millones de páginas
escritas por científicos.
Esta persistente asepsia teológica de la ciencia no puede ser debida a
la casualidad; por el contrario, debe tener serias y profundas motivaciones,
que no aparecen por la naturaleza misma de esta ignorancia que más que
ignorancia es una censura o, mejor aún, una auténtica “represión”, en el
más puro estilo freudiano.
Sin embargo, no todos los científicos han omitido mencionar a Dios;
algunos se han referido a El, aclarando que: “La ciencia no es atea ni
creyente, simplemente no toma partido en el problema de la existencia de
Dios”.
Algunos científicos han ido un poco más allá, como Laplace —el
astrónomo francés que enunció la teoría del origen del mundo en la nebulosa
que se fue condensando— quien al ser interrogado por Napoleón, dio como
resultado el siguiente diálogo:

—“¿Qué papel juega Dios en su teoría del origen del mundo?”—


preguntóle Napoleón.

—“Sire... Dios es una hipótesis que yo no necesito en mi teoría”— le


respondió Laplace.

Yo creo que la respuesta de Laplace a Napoleón es la mejor exposición


hecha hasta ahora sobre la relación entre Dios y la ciencia, porque no fue
únicamente Laplace quien no necesitó a Dios en una teoría científica sino
que todos (absolutamente todos) los científicos no han tenido necesidad de la
“Hipótesis de Dios” para explicar ninguno —ni el más insignificante— de los
hechos presentes de la Naturaleza.
Como dije antes, esta circunstancia tan general y absoluta no puede
obedecer a una casualidad. Un hecho concreto que revela esta situación es
que Dios no aparece vinculado a ninguno de los hechos y fenómenos que
constituyen el mundo en que vivimos.
No se trata de una experiencia aislada o de la opinión de un científico,
sino que es la conclusión de doscientos años de investigación donde una
explicación en cuanto a Dios es heterogénea a toda experiencia científica.
Adoptando una postura científica frente a este problema de la
inexistencia de Dios, pienso que ello se debe o bien a que Dios no existe o
bien a que Dios se ha ocultado a la vista de los hombres.
Dada mi posición de creyente no me queda otra alternativa que
pensar que si Dios no aparece en el mundo que investiga la ciencia es porque
él deliberadamente se ha ocultado a la vista de los hombres.
Este ocultamiento de Dios rige para los científico desde el Siglo XVIII
cuando Immanuel Kant —un astrónomo auténtico sucesor de Newton—
estableció que: “Una explicación de un fenómeno es una explicación
científica únicamente cuando es una explicación es cuanto a un mecanismo.”
Esta importante afirmación de Kant tuvo vigencia durante dos siglos
y determinó la estructura del pensamiento en general y de la ciencia en
particular.
Todavía hacia 1915 la Teoría del Átomo de Bohr como un pequeño
sistema solar constituido por un electrón girando en torno a un núcleo,
mantenía algo de las viejas explicaciones en cuanto a un mecanismo; pero
hacia 1925 las “ecuaciones” de Schrödinger, las “matrices” de Heisenberg y
la “relatividad” de Einstein, acabaron con todas las explicaciones en cuanto
a un mecanismo.
Y si no hay explicaciones en cuanto a Dios ni explicaciones en cuanto
a un mecanismo ¿qué es lo que explica la ciencia hoy?