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Dolencias jóvenes del siglo xxi

Trastornos de ansiedad, ataques de pánico, depresión, TOC´s y adicciones. Estos son, entre
otros, los trastornos mentales que atormentan a uno de cada tres argentinos y que, a pesar
de que la gran mayoría son tratables, es imprescindible conocerlos y detectarlos, para
tratarlos a tiempo. Tener un conocimiento certero sobre estos padecimientos es urgente,
sobre todo cuando el número de adolescentes que sufren estos trastornos crece año a año.

Son muchos los factores que conducen a que se de este incremento de dolencias psíquicas,
y los cambios por los que se atraviesa durante la adolescencia son más que suficientes para
abrirles la puerta. De igual manera psicólogos advierten que el rol de los padres es
fundamental a la hora de reconocer síntomas, pero que muchos los pasan por alto, ya que
los normalizan o minimizan permitiendo su desarrollo.

La adolescencia es ese momento bisagra en el que aún estamos en formación y, para tratar
de encajar, dejamos de lado lo que somos, creemos y pensamos. Todo esto ocurre en la
transición primaria-secundaria (y más adelante con el paso a la vida adulta. No solo
tenemos la presión social de pertenecer a un grupo y formarnos como individuos que se
están desarrollando físicamente, sino que la manera en la que nos enseñaban cambia de
forma rotunda. Y de este modo, con cambios que no podemos frenar, empiezan a aparecer
conductas que a la larga nos perjudican. Cada vez estamos más estresados, y dormir las
ocho horas recomendadas no alcanza (si es que alguien tiene la suerte de poder dormir
tanto). Esta situación deriva en un uso problemáticos de sustancias (drogas y alcohol) y del
de computadoras/videojuegos, que potencia el desarrollo de patologías.

Trastornos cada vez más comunes en adolescentes

El 50% de las enfermedades mentales suelen empezar a desarrollarse antes de los 14 años,
y la gran mayoría no se detectan ni se tratan. La ansiedad y la depresión son las más
comunes, seguidas por la bipolaridad, TOC y la esquizofrenia, entre otras. Y a pesar del
incentivo de la Organización Mundial de la Salud por promover la prevención, el número
de adolescentes que sufren estas patologías no disminuye.

"Llegan al consultorio niños, niñas, adolescentes o jóvenes que son traídos por sus padres
por falta de atención, porque cambiaron sus conductas, porque están intolerantes, furiosos,
desatentos o porque los ven aislados. Y cuando uno empieza a trabajar aparece lo depresivo
e incluso la depresión como entidad. Hay muchos chicos sin el diagnóstico adecuado",
comenta José García Riera, médico psiquiatra especializado en psiquiatría infanto-juvenil.

Muchos de estos síntomas son obviados, ya que el campo psíquico infanto-juvenil es


mucho más complejo que el adulto por los cambios naturales propios del desarrollo
humano. Esto no quita que haya ciertas actitudes que van más allá del crecimiento
evolutivo del niño/a. Pero son los mismos padres, y hasta las mismas instituciones
educativas, quienes creen que estas formas son solo una fase del crecimiento. Esto sucede
debido a que, durante el crecimiento, se van presentando síntomas que no necesariamente
son patológicos, sino que corresponden a un proceso adaptativo. Las causas que determinan
el desarrollo y crecimiento de estos trastornos también responden a factores biológicos,
sociales, económicos, políticos y culturales. No es el mismo desarrollo el que tiene un chico
con una economía y entorno familiar estable, que vive en un pueblo tranquilo en el que
sabe que si sale no le va a pasar nada; al desarrollo de una chica de una gran ciudad con una
inestabilidad económica, social y familiar, en donde el salir le genera un miedo. ​¿Pero qué
pasa cuando estos se presentan con una mayor intensidad y aun así los pasan por alto? Los
indicios se hacen cada vez más frecuentes y agudos, y empiezan a sobrepasar a los padres,
por lo que no tienen otra opción más que buscar ayuda médica. Pero como bien dijo el
doctor García Riera, estas patologías ya están muy desarrolladas.

El hecho de que la gran mayoría de los adolescentes busquen atención médica, y que cada
vez sea más frecuente, trajo como resultado que, en los últimos años, la venta de
antidepresivos haya aumentado de una manera exponencial. Se calcula que entre los años
2004 y 2016, el aumento fue de 111,3%; y entre 2016 y 2018 se vendieron alrededor de 20
millones de cajas de clonazepam a nivel nacional.
"El adolescente necesita vivir en una sociedad segura que le permita jugar con la vida e ir
probando para encontrarse a sí mismo. Necesita una sociedad que lo sostenga en la
diferenciación donde pueda elegir quién ser y no ser atacado por eso. La sociedad debe
garantizar que no sea usado, abusado o utilizado con fines comerciales ya que es una
etapa muy especial. Los chicos se alejan de la familia y tienen que encontrar en el afuera
una sociedad que los reciba y proteja", dice Mónica Oliver, psiquiatra y directora del
departamento de Psiquiatría Infanto-juvenil de la UBA.

Teniendo en cuenta los factores que conllevan al desarrollo de dichos trastornos, el


aumento de estos y cómo se vio reflejado en el incremento de la venta de fármacos;
veremos cuáles son esas instituciones de contención a la hora del desarrollo psíquico
emocional saludable de los jóvenes: la familia y la escuela. ¿De qué manera estos dos
grupos afectan y fomentan el desarrollo de las dolencias psíquicas? ¿Qué sucedió durante la
evolución de la institución familiar para que esta empezase a ser un problema? ¿Está la
escuela preparada para tomar el rol de cuidado frente a sus alumnos y para desarrollar las
prácticas educativas?

Padres: sobreprotección y desatención

Existe una barrera impuesta por los padres. Son pocos los que se animan a enfrentar, tratar
y compartir el problema que sus hijes tienen. Esto surge por dos comportamientos
totalmente opuestos que pueden tener los padres, aquellos que sobreprotegen de más a sus
hijos, y les están encima como si fueran helicópteros, y aquellos que por el contrario, al
estar tan ocupados en sus propias actividades y problemas, dejan de lado a sus hijos. En
ambos casos ninguno nota realmente los síntomas que podrían llegar a presentar sus hijos a
causa de sus comportamientos con ellos.

El concepto de padres helicópteros nace tras un estudio hecho en Estados Unidos al


comportamiento de padres sobreprotectores y cómo esto influye en el desarrollo de sus
hijos. Se realizó durante ocho años, y durante las pruebas las reacciones de los chicos
variaban entre frustrados, desafiantes o apáticos; la conclusión a la que se llegó fue que, los
niños/as que tienen padres helicópteros pueden ser menos capaces de lidiar con los retos y
desafíos al crecer, especialmente en el entorno escolar. Tienen más probabilidad de
comportarse de manera inadecuada en el aula, tener más dificultades para hacer amigos y
luchar en la escuela. Esto lleva a que también posean una dependencia con sus padres, por
lo que en el momento de empezar a independizarse, les genera miedos, dado a que no saben
lidiar con el fracaso.

Por otro lado están los padres que están tan inmersos en sus actividades, trabajos y
problemas, que el contacto con sus hijos es minimo, por lo que no tienen en cuenta los
pequeños síntomas que se presentan, y solo los notan cuando estos están muy desarrollados.
La necesidad de los hijos por la atención de sus padres, muchas veces los lleva a contraer
acciones que los perjudican, y ayudan a que los trastornos se desarrollen aun más, los más
comunes suelen ser los trastornos alimenticios, autoflagelación, etc, que están sujetos a su
vez de las dolencia mentales más frecuentes (depresión y ansiedad).

Dadas las neutralizaciones o minimizaciones de estas actitudes, los institutos educativos


deberían darse cuenta de estos síntomas, reportarlos a los padres y hacer algo al respecto.
¿Pero qué pasa cuando el rol educativo es uno de los factores de dichos trastornos, y las
condiciones de enseñanza no hacen más que empeorarlas?

El rol de las escuelas

La ciencia y la tecnología avanzó, lo que estudiamos se renueva, pero el “cómo” sigue


igual. En los primeros años del secundario profesores nos dan tips para estudiar, los
probamos, algunos sirven otros no; transcurren meses para que encontremos de qué forma
se nos es más fácil estudiar. Lo más cómodo, estudiar de memoria, agobia pero sabemos
que con esto aprobamos.

El primer trimestre casi siempre es fácil, no estudiamos hasta el cansancio, si lo


desaprobamos tenemos otras chances de levantarlo; pero aun así las semanas de exámenes
estresan, una prueba atrás de la otra, el método “estudiar de memoria” no alcanza, marea y
confunde, quejarse no sirve. El segundo trimestre cambia, vacaciones de invierno en el
medio, algunos le dicen trimestre bisagra porque depende de este el esfuerzo que uno tenga
que hacer en el último; nos juntan todas las pruebas de nuevo, el estrés crece. Tercer
trimestre, algunos profesores se acuerdan que tienen que meter más de cuatro unidades en
dos meses, ahora no podemos desaprobar, tenemos que levantar los anteriores, trabajos
prácticos para suplantar pruebas, orales para notas extra, y las pruebas una atrás de otra; la
irritabilidad la tenemos todos, el cansancio también. Dormimos menos, se nota en algunas
calificaciones.

La frustración que genera el ámbito escolar, hace que el rendimiento, ya no solo propio sino
colectivo, se note a nivel nacional. El rendimiento educativo argentino bajo drásticamente
en los últimos años, en el 2012 obtuvimos el puesto 57 de los 64 países participantes en el
estudio de las PISA. Esto no mejoro, sino que al contrario, no hubo un aumento de estos en
los últimos años, y el número de deserción también sigue creciendo. Esto no se da de
manera uniforme a lo largo y ancho del país, sino que, al ser un país federal, las provincias
tienen una amplia autonomía en materia educativa. Existen disparidades regionales en
cuanto a la facilidad de acceso a la educación, la calidad de la educación, los presupuestos
de educación, la infraestructura o los sueldos de los docentes, por citar sólo algunos
ejemplos.

Esto genera que la deserción escolar sea cada vez más común, esto no solo causa que los
adolescentes se crean poco útiles, sino que dado a que no poseen un título de secundario
completo, los trabajos que pueden conseguir dadas a la situación económica del país, lleva
a que los ingresos que tengan sean bajos. Y como si esto fuera una gran telaraña, toda
reacción repercute en la salud mental de estos, ya que según un estudio realizado por la
UCA, llegaron a la conclusión de que aquellas personas que se encuentran bajo la línea de
pobreza presentan el doble de síntomas de depresión y ansiedad que el resto de la
población, y una menor sensación de felicidad y falta de proyectos. Y teniendo en cuenta en
cómo es la tendencia (impredecible) de la economía de nuestro país, no es raro que cada
vez se diagnostique ansiedad y depresión en la gente joven.

“La falta de contención familiar, la claudicación del sistema escolar, los cambios de
paradigma que no se van reemplazando o que aún no nos permiten ver hacia adónde
vamos, porque es como el daño ecológico, lo notamos cuando ya ha pasado.” José García
Riera, médico psiquiatra especializado en psiquiatría infanto-juvenil.

Ariadna L. Córcoles Aguirre

Nació en Capital Federal en 2001. Está cursando el CBC para


medicina.