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FICHA n° 2

Fernanda Araya Santander

Minuchin, S. (2003). Familias y terapia familiar. Barcelona: Gedisa Editorial.

La civilización urbana y no urbana industrial moderna exige a las personas dos requerimientos
básicos (a) capacidad para desarrollar habilidades de alta especialización y (b) capacidad para una rápida
adaptación a un escenario social y económico que se encuentra en constante modificación. En ese
contexto se enmarca la familia, quien debe cumplir con dos objetivos: uno a nivel interno, que implica
la protección psico-social de las/os integrantes de ésta y un nivel externo que implica la acomodación a
una cultura y la transmisión de la misma. Gracias a la familia, la persona es capaz de construirse en base
al sentido de identidad y separación, elementos que se desarrollan dentro del grupo familiar.

La estructura familiar es un conjunto de demandas funcionales que organizan las dinámicas de


los/as integrantes de la familia, estas dinámicas operan en base a un sistema de pautas transaccionales las
cuales regulan la conducta de los/as miembros/as, que permanecen en relación con una acomodación
mutua y una eficacia funcional, y se mantienen gracias a dos sistemas de coacción: (a) uno genérico que
implica reglas universales que gobiernan la organización familiar y (b) un sistema idiosincrático que
incluye las expectativas de las/os diversos/as integrantes de la familia. Dentro de la estructura familiar
podemos encontrar los subsistemas: conyugal, parental y fraterno.

La adaptación de la familia se encuentra sometida a presiones internas, originadas por el


desarrollo de sus propios/as integrantes y subsistemas, y a presiones exteriores, originadas por
requerimientos para acomodarse a las instituciones que influyen sobre los miembros familiares. La
respuesta a estas presiones exige cambios constantes, donde surgen dificultades para acomodarse a las
nuevas situaciones. El estrés que nace de estos cambios puede ser producidos a partir de cuatro fuentes:
contexto estresante de un miembro con fuerzas extrafamiliares, contacto estresante de la familia en su
totalidad con fuerzas extrafamiliares, estrés en los momentos transicionales de la familia y estrés
referentes a problemas de idiosincrasia.

Minuchin señala que la familia “renuncia” a la socialización de los niños y niñas a una edad cada
vez más temprana y que la sociedad no ha logrado desarrollar fuentes extrafamiliares adecuadas de
socialización y apoyo. Este enunciado puede ser válido para la sociedad chilena actual, sin embargo, es
necesario explicitar que la renuncia a la socialización por parte de la familia a los y las niños y niñas es
una imposición del sistema neoliberal, más que una opción o decisión que puedan tomar las familias.
Esta imposición se produce debido a que en la realidad chilena la mitad de sus trabajadoras/es gana
trescientos cincuenta mil pesos o menos y que ese monto no es suficiente para sustentar de un techo,
alimento y educación a una familia, por lo que en su mayoría las personas que dan el sustento económico
se ven en la necesidad de tener más de un trabajo o trabajar horas extras que confluyen en una separación
de la familia. En este contexto, es necesario hacer un análisis de las distintas formas en que las familias
van cambiando, a su vez, de ir pensando en estrategias sociales o de políticas públicas que faciliten un
mayor bienestar y seguridad social a las familias.