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¿CÓMO SE CONSTRUYE UN CUERPO GORDO?

SOBRE LÍMITES, EXCESOS Y ALIANZAS POSIBLES

Introducción

En el marco de los actuales debates feministas, el cuerpo se ha vuelto una categoría


clave para pensar posibles modos de resistir al sistema hetero-capitalista. En Argentina, las
apuestas políticas de los últimos años hicieron foco en el cuerpo para avanzar en materia de
derechos sexuales y reproductivos. Así, la discusión sobre el aborto y las luchas que se
vienen dando por el reconocimiento del trabajo sexual han instalado el cuerpo en el centro
de los debates políticos. Desde la consigna “mi cuerpo es mío” se reactualiza la
problemática del cuerpo al tiempo que se enfatiza un modo de abordar los cuerpos
recurriendo a la soberanía y autonomía corporal: “decidir sobre el propio cuerpo”.
En paralelo a tales discusiones, el activismo gordo irrumpe en la escena política
contemporánea de nuestras latitudes denunciando los entramados de poder que intervienen
en la constitución de todo cuerpo posible ¿Cómo se construye un cuerpo gordo? ¿Cómo se
trazan los límites de un cuerpo legítimo? ¿Qué es lo prohibido en la gordura? ¿Por qué se
pena el desborde? La pregunta política sobre los cuerpos gordos señala ciertos límites
respecto de la soberanía y autonomía. El cuerpo gordo, ese cuerpo desbordado, se presenta
como un cuerpo (im) posible, pues sólo sobrevive en la medida en que se lo hace
desaparecer. De allí el siguiente interrogante: ¿Cómo decidir sobre el propio cuerpo gordo
cuando la única opción supone el aniquilamiento del mismo?
Este trabajo propone un recorrido por el activismo de la gordura a fin de reflexionar
sobre la producción política de los cuerpos. Nos interesa señalar cómo la soberanía de
nuestros cuerpos está intervenida y regulada por determinados dispositivos que deciden con
antelación sobre la posibilidad o imposibilidad de los mismos. Por otro parte, planteamos
una lectura que se distancia del argumento de la autonomía y focaliza en las alianzas entre
cuerpos, para pensar posibles modos de resistir el actual dispositivo de corporalidad.

Genealogía gorda
El nacimiento del activismo gordo se remonta al menos a la década de 1970 cuando un
grupo de mujeres de Los Ángeles (Estados Unidos), muchas de las cuales lesbianas,
formaron el Fat Underground. Su interés estaba centrado en problematizar el poder
medicalizador y su impacto negativo en las mujeres gordas. Otro movimiento que podemos
tomar como antecedente es el “London Fat women´s Group el cual en 1989 redactó el The
Fat Dykes Statement (Declaración de las Tortas Gordas). Ya entrados los años 90´s junto
con la tercer ola del feminismo e incorporando las nuevas tecnologías aparecen en escena
los zines, dentro de esta temática el zine Fat Girl “para tortas gordas y las mujeres que las
desean” retoma la temática e utiliza nuevas redes de difusión para hacerlo. En la actualidad
sabemos que los trabajos y las reflexiones en lengua angloparlante sobre la temática gordx
se nuclean bajo el nombre de Fat Studies.
Desde este lado del mundo, el de habla castellana, podemos nombrar algunxs de los
principales representantes de este activismo, por una cuestión de cercanía nombraremos en
primer lugar la página Gorda!Zine que administra la argentina Laura Contreras. Para
algunxs de nosotros este sitio fue la entrada a las lecturas sobre activismo gordx. Luego
debemos mencionar Manifiesto Gordx de Constanza Álvarez y Samuel Hidalgo, una
producción audiovisual chilena de gran importancia no solo por su excelente producción
sino también porque cuestiona nuestro lugar de espectador desde el territorio más explicito
de la mirada. Este material actualmente no se logra conseguir online, su texto está
disponible pero el video ha sido censurado reiteradas veces. Desde México debemos
mencionar los trabajos de “la Bala Rodríguez” gran activista y performer. En territorio
español es importante mencionar el trabajo del colectivo Masa Crónica quienes ya no se
encuentran activas pero algunas de sus participantes como Lucrecia Masson continúan en
actividad. De hecho en gran parte este apartado vuelca el recorrido que ella desarrolla en el
libro “Cuerpos sin patrones”, bibliografía fundante para comprender e introducirse en el
activismo gordx. Dicha compilación fue organizada y editada por Nicolás Cuello y Laura
Contreras quienes también son organizadores de los talleres “Hacer la vista Gorda” los
cuales están más activos que nunca ya que frecuentemente están organizando estos
encuentros. Cabe mencionar también que Laura Contreras y este grupo surgido a partir de
estos talleres han participado ya en 3 encuentros nacionales de mujeres (Argentina)
teniendo cada vez mayor convocatoria, siendo en los últimos dos talleres que tuvieron que
desdoblar la actividad por la numerosa cantidad de asistentas que tuvieron.

Producción política de los cuerpos


En los cuerpos hay economías, hay pérdidas y ganancias, hay intercambios y
agenciamientos, entonces nos preguntamos: ¿son nuestros nuestros cuerpos? ¿Cuánto poder
tenemos sobre ellos? Lo vemos en nuestro propio modo de nombrarnos, ¿es el cuerpo un
territorio? ¿Cuáles son y cómo funcionan las políticas limítrofes en los cuerpos excedidos?
Parece ser que en este sentido operan los diferentes dispositivos de disciplinamiento, pues
en cuanto nuestras carnes exceden los límites de lo normal, de lo permitido, de lo saludable,
y estamos ocupando el espacio ajeno, los cuerpos gordos entran en el ámbito de lo público,
adquieren la situación de extranjeros contra la ley, motivo por el cual deben disculparse y
aceptar las consecuencias. Si te metes en el espacio estatal, debes saber que estas sujeto al
peso de la ley. ¿Qué es lo prohibido en la gordura? Inmediatamente pensamos ¿qué no lo
es? Y solo se nos ocurre la redención como respuesta. Pedir perdón y redimirse es el
destino único de los cuerpos excedidos, disculparse y aceptar el encierro, encorsetarse en la
delgadez, desaparecer, porque hasta el inodoro de tu casa te está enseñando a diario que le
debes al mundo la retribución por haberte salido, por poner en duda la hegemonía de los
cuerpos, por no acatar cuando todxs lo hacen. La condición de los cuerpos gordos es su
imposibilidad. No es posible que tu desacato sea gratuito cuando vivimos en el reino de la
ley. Para ser alguien tienes que dejar de ser lo que eres: gordx!.
En base a la propuesta foucaultiana del panoptismo, ese modo político operativo que
nace con la modernidad en el que el poder concentrado en el Estado se vuelve la autoridad
de gestión del cuerpo-máquina y del cuerpo-especie, la gordura aparece como uno de esos
delitos arquitectónicos que en las sociedades de control además de ser vigilado y castigado,
es condicionado por lo que Flavia Costa llama “dispositivo fitness”. Señala Costa:

Propongo que a partir de mediados del siglo XX estamos asistiendo a una


transformación de las estrategias que operan a la vez sobre el cuerpo-especie, sobre los
cuerpos-máquina y sobre el cuerpo imagen. Una nueva articulación entre anatomo-políticas
de disciplinamiento de los individuos, bio-tanatopolíticas de regulación de las poblaciones e
info-políticas de ajuste y programación de los públicos que presionan para dar como
resultado una nueva síntesis histórica acerca de qué es (cómo debe ser vivido) un “cuerpo”
(Flavia Costa).
En este sentido nos preguntamos, qué ocurre actualmente en las sociedades de control en
torno a la gordura? Ya no se trata de disciplinar el cuerpo de manera mecánica o mediante
la intimidación y la penalidad, sino que además, se ingresa en un mundo ciborg donde se
espera que determinada información cambie la materialidad del cuerpo ¿Qué se hace con
un gordo en el ciberespacio? Ya existe un archivo de información y un discurso de
hipercirculación que se caracteriza por slogans meritocráticos de apelación a la voluntad
para adelgazar. Demás está aclarar lo violento que resultan estos intentos de
disciplinamiento, por lo tanto surge la pregunta ¿Qué diferencia hay entre imperarle a los
cuerpos gordos que adelgacen y las apelaciones al imperativo del amor propio (porque
propio es nuestro cuerpo)? Estamos ante una sociedad virtual, donde la identidad y la
química de los cuerpos son movilizadas y construidas en virtud de la visibilidad
espectacular.
“Lo que se inventa es el cuerpo como superficie de aparición y como alter ego.
“Tofit” en inglés, significa “quedar bien”, “encajar”, “ajustar”, “cuadrar”, “caber”, ser
digno de algo, ser adecuado para algo, estar “en condiciones”, “apto para” un trabajo o una
tarea. Y tiene que ver con las exigencias hacia el cuerpo para que “encaje” en el nuevo
régimen de aparición-espectáculo. El cuerpo ya no es abordado principalmente como valor
de uso ni como valor de cambio (es decir, como fuerza de trabajo), sino como valor de
exhibición, y en tanto tal se le extrae una nueva plusvalía” (Flavia Costa) Entonces ¿en qué
medida la visibilidad hoy es una herramienta potente? ¿De qué modos y bajo qué premisas?
La espectacularización de los cuerpos gordos, de las vidas gordas aparecen en el espacio
mediático como vidas condenadas al eterno retorno a las dietas, a subir la colina de la
aceptación: la imagen es clara, emerge espontáneamente en el imaginario, unx gordx
haciendo un ejercicio extremadamente agotador con un sujeto fitness a su lado emitiendo
un constante estímulo imperativo para que por una vez en su vida sea “fuerte”, “resista”,
“aguante”, después vendrá la recompensa. Resultan evidentes las similitudes entre la
disciplina de los cuerpos gordos y el entrenamiento para exposición en las competencias
caninas. El régimen adultocentrista tutelar que se dedica a la cría y ganadería de humanos,
es quien ocupa el lugar del juicio justo: “dejarás de ser una vaca para volverte unx humanx
digno de mirar”. Costa nos dice “En los Estados de Malestar (cada vez más
tanatopolíticos), se deja de reforzar, incitar, domesticar y gestionar la vida para pasar
especialmente a crear y administrar la cesura entre vida “que merece ser vivida” y “vida
desnuda”; entre vida “verdaderamente humana” y vida “animal(izada)”.
Si en la sociedad disciplinaria se trataba de vigilar a un individuo que es continuamente
observado y cada vez más conocido; si se trataba de tener a su cuerpo encerrado en el
espacio, y se convertía al trabajador en fuerza de trabajo, en la sociedad de control ya no
hay encierro, sino control permanente y mediatizado por pantallas: el poder no es un poder
pastoral, donde el pastor conoce a cada ovejita; es un poder anónimo que opera en el
tiempo mediante un lenguaje analógico y a través de un control numérico sobre "dividuos":
es decir, sobre bancos de datos, cifras, identidades sin profundidad ni diferencias
significativas. El cuerpo controlado es un cuerpo moldeado, aggiornado, joven y “de buena
presencia”; un operador-gestor-administrador intercambiable de servicios que recibe
“premios por producción”.
En las sociedades de control, la moral dominante es el estar comunicado, el modelo ideal
es el modelo del consumidor polimorfo, cuya ley es consumir y ser consumido. No se trata
sólo de acumular datos, sino fundamentalmente de poder enviarlos y recibirlos en todo
momento y lugar: el público (individual o colectivo) es seducido por las promesas del
consumo, y celebra la vigilancia bajo sus dos rostros: las políticas de seguridad que
imponen cámaras en cada edificio y en cada comercio (incluso en las plazas y calles), y
exposición de la intimidad ante las masas de transeúntes y televidentes. Para que este nuevo
tipo de vigilancia sea posible, para detener el acontecimiento en marcha, son necesarias
nuevas operaciones sobre el cuerpo”
El cuerpo gordo aparece entonces entre dos dispositivos de regulación: el imperativo de
salud y la señal de ajuste o dispositivo fitness. Por un lado es un cuerpo sometido a un
constante juicio médico-punitivo que actúa como normalizador de los desajustes del cuerpo
social en general, pero de un modo particular respecto a las gorduras: ante la inminencia de
la obesidad, es decir, de la enfermedad, el sistema médico reacciona con dureza. De este
modo, los cuerpos gordos sea cual sea su situación material, ingresan en la zona del cuerpo-
especie en peligro, zona de riesgo, lugar a corregir. Esta falta sanitaria ejemplar del no-
cuidado y una actitud rebelde ante el sometimiento al régimen corporal que promueve los
modos de enunciación correctos del cuerpo, son consideradas como agravios hacia el resto
imaginario del cuerpo social presuntamente sano y que teme al contagio. Por otro lado, el
cuerpo gordo recibe la descarga perpetua de la señal de ajuste. En una sociedad
virtualizada, ser el cuerpo-imagen perfecto es el imperativo: encajar o no encajar, esa es la
cuestión. La imagen cristalizada de un ideario de cuerpo tonificado, esculpido, tiene la
fuerza de impartir valor identitario en mayor o menor medida en tanto el cuerpo se adecue,
o encaje en el modelo hegemónico de corporalidad deseable. “El cuerpo ya no es abordado
principalmente como valor de uso ni como valor de cambio (es decir, como fuerza de
trabajo), sino como valor de exhibición, y en tanto tal se le extrae una nueva plusvalía”.
Entonces nos encontramos con un cuerpo proletario en las asignaciones de rol social
como cuerpos únicamente deseantes, jamás deseados: del mismo modo en que nadie desea
ser parte de la clase explotada, nadie quiere ser gordx, nadie desea a unx gordx. Ya
precarizadas por la clase, el género, la raza, la geopolítica, aún queda por “ser menos”
desde el foco de la poder médico, es decir, ser un cuerpo enfermo, un cuerpo descuidado
por pura irresponsabilidad individual de su propietario, designado como cuerpo de tercera
mano, cuerpo inválido, cuerpo en eterno anhelo, cuerpo graso, blando, débil, sucio, un
cuerpo que avergüenza. La vergüenza no es menor en torno a los diferentes mecanismos
identitarios, es un efectivo dispositivo de coaccionamiento que opera como inhibidor, como
un clonazepam que disminuye la intensidad de las emociones, que reprime y controla
condenando a los cuerpos desacatados a una perpetua desdicha y un irremediable desanimo.
La vergüenza es un mecanismo poderoso mediante el cual el ejercicio de la represión se
multiplica, se trafican sustancias para inhibirla, y no tenerla es causal de pena.

“Mi cuerpo es y no es mío”. Resistir desde las alianzas

Aunque luchemos por los derechos sobre nuestros


propios cuerpos, los cuerpos por los que luchamos
nunca son lo suficientemente nuestros.
(Judith Butler)

Considerando los anteriores apartados nos hacemos eco de una pregunta planteada por
Lucrecia Masson en su artículo “El cuerpo como espacio de disidencia”. Masson pregunta:
“¿Podemos entonces entender el propio cuerpo como espacio de activación política?”
(Masson, 2017, 55). Si bien la pregunta refiere al “cuerpo propio” es importante destacar
que en este caso “lo propio” remite a lo común colectivo. Para la autora la rebelión de los
cuerpos es planteada a partir de los encuentros, las afinidades y las alianzas, de allí la
necesidad de trazar una historia colectiva de los cuerpos inapropiados. Mencionamos esto
porque gran parte de las producciones gordas se narran en primera persona del singular y
apelan al propio cuerpo; sin embargo, lejos de aproximarse a una retórica liberal que
enaltece lo individual, la primera persona es un recurso utilizado para confrontar los saberes
sobre la gordura. Por ello la revolución gorda se narra en singular y en varias ocasiones
toma la forma de ensayo, pues no se pretende adaptar su escritura a los estándares
académicos; en su lugar se apela a la experiencia. Y si bien la revolución gorda habla en
singular y se sirve de experiencias personales, no por ello deja de construir una voz
colectiva; porque singular no equivale a individual, lo singular, en todo caso, marca los
matices de una experiencia corporal colectiva que no puede reducirse a los saberes sobre la
gordura.
Por otra parte
Entendemos lo político como aquello que altera un ordenamiento, reconfigura un
espacio establecido, trastoca o extiende los límites de lo posible; pero también es aquello
que reúne cuerpos, cuerpos que, al congregarse, forjan roces inesperados, redes afectivas
que luchan y resisten tales ordenamientos. Por eso, al desafiar el sistema de la normalidad
corporal, y al hacerlo desde experiencias vulnerables compartidas, el activismo gordo
ingresa al orden de lo político.

Escritos, publicaciones, talleres, encuentros, manifestaciones públicas, son algunas de


las formas en las que el activismo gordo se pronuncia e ingresa en el orden de lo político.
Nos interesa hacer foco en las reformulaciones del nombre propio y de las multitudes, en
las proximidades y divergencias entre lo singular y lo colectivo.

Reflexiones finales

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