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1.- Sentencia N° 00075 del 23/01/03. SPA. Exp. Nº 2001-0145

ACCIÓN
CONCEPTO JURISPRUDENCIAL (SPA)
ACCESO A LA JUSTICA
PRINCIPIO: NEMO IUDEX SINE ACTORE

El argumento sustancial empleado por la demandada para sostener la cuestión


previa, es que la inexistencia del consorcio hace que el mismo carezca de legitimidad para
accionar en defensa de sus derechos porque, al no tener personalidad jurídica, no puede
tener interés para litigar.

La parte actora en su escrito de demanda expresó, que las empresas integrantes


constituyeron un consorcio mediante documento autenticado para ejecutar la obra de
suministro, instalación y puesta en operaciones del sistema telefónico de Bauxiven en Los
Pijiguaos.
Cuando el justiciable considera que sus derechos se encuentran insatisfechos,
puede acudir a los órganos jurisdiccionales para solicitar se le otorgue tutela judicial a
su pretensión, esto es, cuando tenga interés procesal para accionar, entendido éste como
la necesidad y adecuación del proceso para satisfacer la pretensión demandada.
Este especial derecho de acudir a los órganos jurisdiccionales en busca de la
satisfacción de los demás derechos concedidos por el ordenamiento jurídico, es el
denominado derecho de acción procesal, el cual está previsto y garantizado
expresamente en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en su
artículo 26, en los siguientes términos: “Toda persona tiene derecho de acceso a los
órganos de administración de justicia para hacer valer sus derechos e intereses, incluso
los colectivos o difusos; a la tutela efectiva de los mismos y a obtener con prontitud la
decisión correspondiente. (omissis)”.
En sentencia número 1.648 de fecha 13 de julio de 2000, dictada por esta Sala
Político-Administrativa, se expresó, con relación a la acción procesal, lo que a
continuación se transcribe:
“En la estructura del ordenamiento jurídico, está concebida la acción
procesal como el medio para acceder a la función jurisdiccional, cuando
existe la necesidad de satisfacer pretensiones jurídicas. Si se entiende la
acción procesal como un derecho a la jurisdicción, debe precisarse que ella
es un presupuesto lógico de todo derecho, dado su carácter de medio o
instrumento jurídico para lograr, por intermedio de los órganos
jurisdiccionales, el goce y ejercicio pleno de todos los demás derechos. Esta
necesaria relación de medio a fin, permite calificar a la acción como un
derecho especial o de segundo nivel, es decir, un auténtico metaderecho,
frente a todos los demás derechos del ordenamiento jurídico.” (… omissis)
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(destacado de la Sala)

Cuando el ordinal 11 [del artículo 346 del CPC] dispone que el demandado puede
oponer la prohibición de la Ley de admitir la acción propuesta, o cuando sólo permite
admitirla por determinadas causales que no sean de las alegadas en la demanda, a lo que
hace referencia es que la ley, en ciertos casos, priva o limita el ejercicio de este derecho de
acceso jurisdiccional, porque el ordenamiento jurídico le niega tutela judicial a ciertas
circunstancias de hecho que los justiciables aspiren proteger o defender.

Ahora bien, esta Sala teniendo presente que esta garantía de acceso a la jurisdicción
goza de primacía constitucional respecto de las demás normas legales del ordenamiento
jurídico, considera, que debe hacerse una interpretación amplia de este ordinal 11 del
artículo 346 del Código de Procedimiento Civil, la cual resulte acorde con el mejor ejercicio
del derecho de acceso de toda persona a la administración de justicia a fin de hacer valer
sus derechos e intereses, para entender, que sólo hay prohibición de ley de admitir la
acción propuesta cuando las normas nieguen, en forma expresa, tutela judicial a la
situación que se pretenda reclamar o cuando se desprenda de los textos normativos la
clara intención de no conceder la referida tutela a ciertas situaciones de hecho que se
pretendan defender ante los órganos jurisdiccionales.

En caso sub júdice, se aprecia del escrito de demanda que el Consorcio Radiodata-
Datacraft-Saeca acudió al órgano jurisdiccional para solicitar que la sociedad mercantil
C.V.G. Bauxilum, C.A. cumpliera con el pago por concepto de la obra ejecutada
conforme al contrato suscrito en fecha 20 de noviembre de 1991, identificado con el Nº
BX-C-503/91; lo que evidencia, por una parte, que la pretensión está referida a un daño
producto del retardo en el cumplimiento del pago de una obligación contractual y por la
otra, que al no haberse satisfecho extrajudicialmente dicha obligación hay un interés
para accionar en sede jurisdiccional.
Ahora, habiéndose establecido el carácter del consorcio, en este caso, la
circunstancia de que el derecho venezolano no le reconozca personalidad jurídica al
mismo, no implica que dicha organización de empresas no pueda accionar en defensa de
sus derechos e intereses, siendo que, en primer lugar, la demandada en el contrato
celebrado le reconoció dicho carácter denominándolo “EL CONTRATISTA” y en segundo
lugar, porque la legislación no prohíbe el ejercicio de esta acción cuya pretensión es la
tutela del derecho alegado por la actora como insatisfecho, vale decir, el pago por el retardo
en el cumplimiento de la obligación contractual. Así se decide.
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En fuerza de las motivaciones anteriormente expuestas, esta Sala considera que la


cuestión previa opuesta del ordinal 11 del artículo 346 del Código de Procedimiento Civil,
no debe prosperar. Así se declara.
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2.- Sentencia N° 01116 del 19/09/02. SPA. Exp. Nº 13.353

ACCIÓN
LEGITIMATIO AD CAUSAM

En cuarto lugar, aprecia la Sala del material probatorio en conjunto, que el


ciudadano Carlos Gustavo Pérez Prado fue detenido en la sede de Lagoven ubicada en
los Chaguaramos de esta ciudad de Caracas, por efectivos de la Guardia Nacional y no
por empleados de seguridad de Lagoven.

La cualidad o legitimatio ad causam es condición especial para el ejercicio del


derecho de acción y podemos entenderla siguiendo las enseñanzas del Maestro Luis
Loreto, como aquélla “... relación de identidad lógica entre la persona del actor,
concretamente considerada, y la persona abstracta a quien la ley concede la acción o la
persona contra quien se concede y contra quien se ejercita en tal manera ...”. (Ensayos
Jurídicos, “Contribución al Estudio de la Excepción de Inadmisibilidad por Falta de
Cualidad”, Fundación Roberto Goldschmidt. Editorial Jurídica Venezolana, Caracas
1987, p.183. ).
Es decir, la cualidad debe entenderse como la idoneidad de la persona para actuar
válidamente en juicio, idoneidad que debe ser suficiente para que el órgano
jurisdiccional pueda emitir un pronunciamiento de mérito a favor o en contra; y que en
nuestro ordenamiento jurídico debe ser opuesta como defensa de fondo, tal como se
expresa en el artículo 361 del Código de Procedimiento Civil vigente.
Ahora bien, en el presente caso se aprecia de la pretensión de la actora así como
de los hechos establecidos conforme a los alegatos, afirmaciones y defensas de ambas
partes demostrados en este proceso, que no hay una relación de identidad entre la
persona que realizó el hecho de la detención del ciudadano Carlos Gustavo Pérez Prado,
lo cual dio origen a la interposición de la presente demanda, y la persona, en este caso
jurídica, contra quien se ejerció la misma; razón por la cual esta Sala concluye que hay
una falta de cualidad pasiva en el presente procedimiento, por lo que la defensa
esgrimida por la representación judicial de la parte demandada debe ser declarada con
lugar. Así se declara.
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3.- Sentencia N° 00372 del 21/04/04. SPA. Exp. N° 2000-1078 (HMP)

ACCIÓN
CONCEPTO LEGITIMATIO AD CAUSAM (SPA)

En primer lugar, esta Sala considera necesario resolver el alegato de la parte


demandada referido a la falta de cualidad de la ciudadana Beatriz González de
Villamizar, al negar que la prenombrada ciudadana, estuviera casada con el ciudadano
Gonzalo Villamizar, y por ende que fuera su viuda y mantuviera con este comunidad de
bienes, lo cual le permitiría ejercer la presente acción con el carácter de cónyuge
heredera.
Sobre el anterior particular, estima esta Sala necesario señalar como ha sido
definida la cualidad por la jurisprudencia y la doctrina patria, y al respecto resulta
pertinente destacar la decisión Nº 01116 de esta Sala de fecha 19 de septiembre de
2002, mediante la cual se indicó que:
“La cualidad o legitimatio ad causam es condición especial para el ejercicio del
derecho de acción y podemos entenderla siguiendo las enseñanzas del Maestro Luis
Loreto, como aquélla ‘... relación de identidad lógica entre la persona del actor,
concretamente considerada, y la persona abstracta a quien la ley concede la acción
o la persona contra quien se concede y contra quien se ejercita en tal manera ...’.
(Ensayos Jurídicos, ‘Contribución al Estudio de la Excepción de Inadmisibilidad por
Falta de Cualidad’, Fundación Roberto Goldschmidt. Editorial Jurídica Venezolana,
Caracas 1987, p.183. ).
Es decir, la cualidad debe entenderse como la idoneidad de la persona para actuar
válidamente en juicio, idoneidad que debe ser suficiente para que el órgano
jurisdiccional pueda emitir un pronunciamiento de mérito a favor o en contra; y que
en nuestro ordenamiento jurídico debe ser opuesta como defensa de fondo, tal como
se expresa en el artículo 361 del Código de Procedimiento Civil vigente.” (Sentencia
de esta Sala Nº 01116 de fecha 19 de septiembre de 2002)

Así, conforme a las consideraciones expuestas supra, corresponde a esta Sala


determinar en el caso concreto sí la demandante tiene cualidad para intentar la presente
demanda, y al efecto observa:
La demanda objeto del presente análisis fue intentada por la ciudadana Beatriz
González de Villamizar, en su condición de viuda del ciudadano fallecido Gonzalo
Villamizar Flores, por lo que resulta imprescindible determinar si en efecto se probó en
autos el carácter de cónyuge heredera.
Al respecto, debe señalarse que la mencionada ciudadana, a los fines de demostrar
su cualidad de cónyuge heredera presentó certificado de solvencia de sucesiones y
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planilla de declaración sucesoral, las cuales corren insertas a los folios 14 al 18 del
presente expediente.
Así, afirmaron los apoderados actores en el escrito libelar que, respecto de la
cualidad de su representada que: “...Dado el alto volumen del material adquirido por el
cónyuge fallecido de nuestra mandante, este no pudo retirarlo de inmediato y estando
haciendo los preparativos para llevarse su mercancía le sobrevino la súbita muerte, lo que
hizo que nuestra representada suspendiera las gestiones tendientes al fin expuesto, ya
que hubo que dedicarse a realizar la declaración sucesoral y demás diligencias necesarias
para adquirir por asignación de bienes gananciales de la comunidad conyugal y por
herencia, los bienes dejados por su cónyuge, diligencia que una ves (sic) cumplidas le
produjeron a nuestra representada la titularidad en propiedad de los bienes del causante,
incluidas, el material al cual hemos hecho mención”. (Subrayado de esta Sala)
Asimismo, en el escrito de promoción de pruebas, los apoderados judiciales de la
parte actora al refutar el argumento expuesto por la parte demandada, referido a que la
ciudadana Beatriz González de Villamizar fuese viuda de Gonzalo Villamizar Flores,
indicaron que ello “se desprende de la declaración sucesoral en la cual fueron
consignados todos los recaudos.”
Ahora bien, considera la Sala que la declaración sucesoral y la solvencia
consignada en autos, en todo caso, demuestran simplemente que la parte actora realizó
la declaración y pagó la planilla, pero no demuestran la cualidad de cónyuge de la
demandante, pues para demostrar tal hecho, es decir, el vínculo matrimonial existente
entre la prenombrada ciudadana y el ciudadano Gonzalo Villamizar Flores, (lo cual le
otorga la cualidad para actuar en el presente juicio), debió consignarse en autos un
medio de prueba idóneo que evidenciara el estado civil invocado, el cual según el Código
Civil Venezolano, lo constituye la copia certificada del Acta de Matrimonio, documento
éste que resulta fundamental para reclamar los efectos civiles del mismo, entre ellos, el
de cónyuge heredera.
En efecto el referido artículo 113 del Código Civil señala:
“Nadie puede reclamar los efectos civiles del matrimonio si no presenta copia
certificada del Acta de su celebración, excepto en los casos previstos en los Artículos
211 y 458.”

Por su parte, las excepciones a lo anteriormente expuesto, se encuentran


contenidas en los artículos 211 y 458 eiusdem que establecen:

“Artículo 211: Se presume, salvo prueba en contrario, que el hombre que vivía con la
mujer en concubinato notorio para la fecha en que tuvo lugar el nacimiento del hijo,
ha cohabitado con ella durante el período de la concepción.”
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Artículo 458.- Si se han perdido o destruido en todo o en parte los registros; si son
ilegibles; si no se han llevado los registros de nacimiento o de defunción, o si en
estos mismos registros se han interrumpido u omitido los asientos, podrá suplirse el
acta respectiva con cualquiera especie de prueba. Las partidas eclesiásticas
tendrán el valor de presunciones.

La prueba supletoria será admisible, no sólo cuando se trate de nacimientos,


matrimonios y defunciones, sino también para acreditar todos los otros actos que
deben inscribirse en los registros del estado civil, cuando concurran respecto de
estos actos las mismas circunstancias ya previstas.

Si la falta, destrucción, inutilización total o parcial, o la interrupción de los registros


proviene de dolo del requeriente, no se le admitirá la prueba autorizada por este
artículo.”

Así pues, resulta claro que para que la cónyuge del ciudadano fallecido -Gonzalo
Villamizar Flores- pudiese ejercer la presente acción por enriquecimiento sin causa,
debía presentar copia certificada del acta de matrimonio, al menos de que alegase
alguna de las excepciones previstas en los artículos anteriormente señalados, lo cual no
es el caso, pues tal y como se expuso anteriormente, la cualidad de cónyuge, no se
comprueba con la planilla sucesoral y la solvencia de sucesiones.
Por tales razones, visto que la parte actora no demostró su cualidad de cónyuge de
conformidad con la norma antes citada, debe esta Sala forzosamente declarar la falta de
cualidad de la ciudadana Beatriz González Villamizar y por ende SIN LUGAR la presente
demanda. Así se decide.
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4.- Sentencia N° 01454 del 24/09/03. SPA. Exp. Nº 2000-1064

ACCIÓN
CONCEPTO LEGITIMATIO AD CAUSAM

La cualidad o legitimatio ad causam es condición especial para el ejercicio del


derecho de acción y se puede entender -siguiendo las enseñanzas del Dr. Luis Loreto-,
como aquélla “...relación de identidad lógica entre la persona del actor, concretamente
considerada, y la persona abstracta a quien la ley concede la acción o la persona contra
quien se concede y contra quien se ejercita en tal manera...”. (Ensayos Jurídicos
“Contribución al Estudio de la Excepción de Inadmisibilidad por Falta de Cualidad”.
Fundación Roberto Goldschmidt. Editorial Jurídica Venezolana, Caracas 1987, p. 183.).
De allí pues, que la cualidad debe entenderse como la idoneidad de la persona
para actuar en juicio, idoneidad que debe ser suficiente para que el órgano jurisdiccional
pueda emitir un pronunciamiento de mérito a favor o en contra; la cual, conforme al
Código de Procedimiento Civil vigente, no puede ser opuesta como cuestión previa.
De conformidad con lo anteriormente expuesto, la Sala no debe resolver el
problema planteado por la representación judicial de la parte demandada, al no ser la
oportunidad procesal para pronunciarse sobre tal alegato. Así se declara.
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5.- Voto Salvado del Magistrado Jesús Eduardo Cabrera Romero en la Sentencia N°
445 del 23/05/00. Sala Constitucional. Exp. Nº 00-0679

ACCIÓN
NOCIÓN
ACCESO A LA JUSTICIA (ART.26 CRBV)
ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DE LA ACCIÓN
INTERÉS PROCESAL
LEGITIMACIÓN
CONCEPCIÓN DINÁMICA DE LA ACCIÓN
DECAIMIENTO

Quien suscribe, JESÚS EDUARDO CABRERA ROMERO, salva su voto por disentir
de sus colegas del fallo que antecede, que declarara sin lugar el recurso de nulidad por
inconstitucionalidad que interpusiera el abogado (XXX) contra el Estatuto Electoral del
Poder Público, por los motivos que a continuación se expresan:
La vigente Constitución, en su artículo 26, garantiza a toda persona el acceso a la
administración de justicia. Este acceso se ejerce mediante la acción.
Sea cual fuere el concepto de acción, en sentido amplio o en sentido estricto, la
acción requiere de elementos constitutivos, siendo uno de ellos, el interés procesal, el
cual en el accionante debe ser activo (el interés de obrar judicialmente). Según el
maestro Italiano Piero Calamandrei, en su obra “Instituciones de Derecho Procesal Civil”
(Volumen I, La Acción, p. 269, Ediciones Jurídica Europa América, Buenos Aires, 1973)
“El interés procesal en obrar y contradecir surge precisamente cuando se verifica en
concreto aquella circunstancia que hace considerar que la satisfacción del interés
sustancial tutelado por el derecho, no puede ser ya conseguido sin recurrir a la autoridad
judicial: o sea, cuando se verifica en concreto la circunstancia que hace indispensable
poner en práctica la garantía jurisdiccional”. El interés procesal surge así, de la necesidad
que tiene una persona, por una circunstancia o situación jurídica real en que se
encuentra, de acudir a la vía judicial para que se le reconozca un derecho y evitar un
daño injusto, personal o colectivo.
El autor argentino Roland Arazi, en su trabajo “La Legitimación como Elemento de
la Acción” (publicado dentro de la obra “La Legitimación”. Libro Homenaje al profesor
Lino Enrique Palacio. Abeledo Perrot. Buenos Aires, 1996), enseña: “El interés como
requisito de la acción exige, en primer lugar, que la finalidad que el solicitante se propone
lograr mediante el ejercicio de la acción, no puede ser alcanzada sino por medio de la
sentencia judicial. En segundo lugar, que la decisión judicial no mantenga a las partes en
la misma situación jurídica en que se encontraban antes del proceso”, y agrega: “Para que
sea admisible la acción, debe invocarse un interés egoísta, o sea, que tenga su base en la
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propia ventaja del peticionario: el deseo de cooperar al triunfo de la justicia no constituye


un interés tutelado por la ley. Además, en principio, debe ser un interés actual, porque la
esperanza no está protegida por el Derecho; y jurídico, ya que no basta el interés moral”.
Conforme a tal definición, el interés procesal responde a una situación jurídica real que
se encuentra lesionada en alguna forma, y no a razones políticas, publicitarias o
personales de alguien, ajenas al derecho; por lo tanto, el interés procesal de alguna
forma debe dimanarse de la demanda o solicitud, y mantenerse a lo largo del proceso, ya
que la pérdida del interés procesal conlleva al decaimiento y extinción de la acción.
La necesidad del interés procesal, entendido en el sentido señalado por los
autores citados, como requisito indispensable de la acción, llevó al Maestro Hugo Alsina
(Tratado Teórico Práctico de Derecho Procesal Civil y Comercial. Tomo I, Segunda
Edición. Buenos Aires. 1956, pág. 393), a afirmar: “sin interés no hay acción, y el interés
es la medida de la acción”.
La ausencia de ese interés procesal, tradicionalmente en nuestro derecho procesal
podía ser declarado tanto in limine litis o en la decisión de fondo, tal como sucedía en el
derogado Código de Procedimiento Civil de 1916, artículo 257; o sólo como cuestión de
fondo, como ocurre en el vigente Código de Procedimiento Civil, donde la falta de interés
se opone en la contestación al fondo de la demanda (artículo 361), para ser resuelto en
la sentencia definitiva. Sin embargo, siendo un requisito de la acción, constatada esa
falta de interés, ella puede ser declarada de oficio, ya que no hay razón para poner en
movimiento a la jurisdicción, si la acción no existe.
La Ley Orgánica de Amparo Sobre Derechos y Garantías Constitucionales, está
entre las leyes que permiten rechazar la acción ab initio al constatarse la falta de interés;
y así son causales de inadmisibilidad de la acción las que aparecen en 5 numerales del
artículo 6 de dicha ley, todas por falta de interés (las de los numerales 1, 2, 3, 5 y 8), lo
que no obsta -por ejemplo- para que otras razones que tipifiquen una falta de interés, no
puedan ser tomadas en cuenta por el juez que va a conocer del amparo.
Siendo el interés procesal un requisito de la acción, éste es indispensable para
que ella sea admisible, aunque la intensidad del interés puede variar según lo que se
persiga. En las acciones populares por inconstitucionalidad, por ejemplo, no es que no
existe interés procesal, sino que el único exigido, es el que tiene todo ciudadano, por
serlo, de mantener la supremacía y la integridad constitucional. Su necesidad de acudir
a la justicia se hace patente, porque sólo los órganos jurisdiccionales competentes
pueden declarar la inconstitucionalidad, y ante tal realidad, quien alega la
inconstitucionalidad, tiene que acudir ante los tribunales, para que ella se declare.
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Pero el acceso está dirigido a obtener una satisfacción real, una mutación en la
situación jurídica en que se encontraba antes del proceso, es decir, un cambio para la
ventaja del peticionario, así dicho cambio no lo gratifique económicamente o no le
constituya una situación jurídica, bastando que obtenga la satisfacción de que lo
contrario a la Constitución, que lo perjudica, no surta efecto alguno.
Al referirse a la acción popular Juan Montero Aroca (“La Legitimación en el
Proceso Civil”. Edit. Civitas. 1994) dice: “El accionante de modo popular no puede afirmar
ni afirma su titularidad sobre un derecho subjetivo material, sino que ha de limitarse a
afirmar que la ley reconoce el derecho a la actividad jurisdiccional, con base únicamente
en la defensa de la legalidad. Está claro, pues, que la acción popular no implica conceder
a los ciudadanos un derecho material, sino sólo un derecho procesal”. Esto a su vez se
traduce en que al accionante no se le exija interés procesal alguno, pero ello no significa
que una persona, en función de defender la integridad de la Constitución, utilice la
acción, no para obtener una decisión judicial, sino un fin diferente que objetivamente
trasciende de su actitud. No es concebible que alguien ejerza el derecho de acción para
obtener una desventaja, ya que ello no sólo es ilógico sino que obra contra las máximas
comunes de experiencia. Si ello ocurre es que el interés procesal, y por ende la acción,
no existen.
El legislador evita que personas cuyo bien jurídico no se encuentre lesionado,
estén acudiendo ante el órgano jurisdiccional a ventilar derechos en “beneficio de la ley”,
o para obtener una satisfacción no jurídica. Así, el legislador trata de impedir que la
acción se utilice con fines distintos al que se juzgue la cuestión de fondo, cual es reparar
la lesión jurídica que al accionante y a toda la colectividad, por ejemplo, le puede causar
una situación de hecho.
Tan ello es así que, para intentar la acción de inconstitucionalidad de las leyes o
de los actos administrativos de efectos generales, el artículo 112 de la Ley Orgánica de
la Corte Suprema de Justicia reza: “Toda persona natural o jurídica plenamente capaz,
que se vea afectada en sus derechos o intereses por ley, reglamento, ordenanza u otro
acto de efectos generales...(omissis)... puede demandar la nulidad del mismo ante la
Corte, por razones de inconstitucionalidad o ilegalidad, salvo lo previsto en las
disposiciones transitorias de la ley”. Sin embargo, y a pesar de tal disposición, en la
acción popular se considera que todo ciudadano ante una inconstitucionalidad está
afectado en sus derechos e intereses.
Pero, como surge del citado artículo 112, la afectación del ciudadano tiene que ser
real, ya que si ella no lo es, simplemente no está utilizando los órganos jurisdiccionales
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para que administren justicia, y al tenerse certeza de tal situación, el interés procesal no
puede existir.
El ciudadano (XXX) intenta acción de inconstitucionalidad del Estatuto Electoral,
pero resulta que por la vía del hecho notorio comunicacional, quien suscribe, conoce que
es candidato a la Asamblea Nacional.
Entonces, ¿qué interés puede tener un candidato a la Asamblea Nacional a que se
anule el Estatuto Electoral que, en principio, lo puede llevar a dicha Asamblea?.
La actitud de quien así actúa contradice su petición ante los órganos
jurisdiccionales. Quien pretende ser Asambleísta fundado en tal Estatuto, mal puede
“perjudicarse” invocando la nulidad del instrumento legal que lo legitimaría en su
aspiración.
Si a esto agregamos, a que el actor de manera sistemática en los medios de
comunicación masivos, escritos, radiales, o audiovisuales, se ha dedicado a denostar de
esta Sala, aduciendo que ella carece de independencia, que por lo tanto es incapaz de
administrar justicia, de que se trata de una Sala sin condiciones jurídicas o morales
para declarar la inconstitucionalidad pedida, la condición de que quien así opina y
acciona ante la Sala, no puede estar buscando una declaración de sus derechos, ya que
es totalmente contradictorio que se acuda ante unos jueces que según el accionante de
antemano afirma no le van a administrar justicia, ya que siguen órdenes de personas
que -según él- están contra sus intereses.
Siendo ésta la posición de quien incoa la acción, la cual repite insistentemente
ante los medios, no puede ser su real pretensión el que se le decida algo, sino otra
totalmente distanciada de la obtención de justicia, y por tanto, carente de interés
procesal. Sobre las declaraciones irrespetuosas u ofensivas contra este Tribunal
Supremo o contra la Sala, basta consultar los artículos periodísticos impresos en el
diario El Universal de fechas 31 de marzo de 2000 (“La resistencia continúa”); 29 de
marzo de 2000 (“La sentencia es un absurdo, Polémica genera decisión del Tribunal
Supremo de Justicia por rechazo de recursos contra “megaelecciones”); 03 de marzo de
2000 (“La nueva Constitución ¿está vigente?”); 04 de febrero de 2000 (“Las cartas están
marcadas”), entre muchas otras.
Tal profusión de descalificaciones y denuestos contra esta Sala, emitidas antes
del fallo, basados no en argumentos jurídicos, sino en lugares comunes e improperios, a
juicio de quien disiente, lo que denotan es un deseo de no ser juzgado, ya que es
contrario a las máximas de experiencia comunes que quien pretende justicia,
públicamente cuestione la imparcialidad de quien va a impartir justicia, pudiendo
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recusar a los jueces; y ello -a juicio de quien suscribe-, indica que el accionante persigue
un fin ajeno a la solución judicial de su pretensión, el cual puede ser la publicidad, una
manía exhibicionista, un proyecto político o cualquier otra razón, mas no el que se le
decida. Cualquiera sea su motivación, diferente a la solución judicial de la causa,
estaríamos ante una falta de interés procesal, y por tanto, de acción.
(…)
La falta, incluso, de instancia procesal e interés es tan evidente, que no existen en
los registros del Juzgado de Sustanciación de esta Sala, prueba de que quien intentó
esta acción, haya concurrido a ver la marcha del expediente.
En consecuencia, la demanda ha debido ser declarada inadmisible por falta de
acción, y no por las razones aducidas en el fallo.

II

Por otra parte, la Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia, en el numeral 6


del artículo 84, contempla como causal para que no se admita ninguna demanda, ni
solicitud, el que ella contenga conceptos ofensivos e irrespetuosos. Se trata del rechazo
del escrito, pero en el fondo, tal prohibición está ligada a la falta de interés procesal, ya
que la acción no es un recurso para injuriar, ofender, o atacar a funcionarios o
instituciones.
Si bien es cierto que el artículo 84 se refiere a la demanda (al escrito), no es menos
cierto que es un fraude a la ley, no decir en la demanda los conceptos ofensivos o
irrespetuosos contra el Tribunal o la contraparte, y consignarlos públicamente en
escritos de prensa o programas radiales o televisivos. Ello no es mas que un proceder
que contraría el numeral 6 del artículo 84 citado, y que no se puede amparar en la
libertad de expresión, ya que ella no involucra la inobservancia de la ley, y menos,
cuando sea utilizada para dejar sin efecto una prohibición legal.
Consecuencia de lo señalado, es que el escrito contentivo de la acción de
inconstitucionalidad ha debido ser inadmitido al constatarse el fraude a la ley y por
tanto no sea decidido por esta Sala en la forma como lo hizo.
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6.- Sentencia N° 01084 del 11/05/00. SPA. Exp. Nº 16.285.

ACCIÓN
(EN EL CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO)
LEGITIMACIÓN ACTIVA
ACTOS DE EFECTOS PARTICULARES = INTERÉS: PERSONAL, LEGÍTIMO Y
DIRECTO
ACTOS DE EFECTOS GENERALES = SIMPLE INTERÉS
ACCESO A LA JUSTICIA

En criterio de esta Sala, cuando el objeto del recurso de nulidad se refiere a un


acto administrativo de efectos particulares la legitimación activa exigida es, de acuerdo a
los claros términos de los artículos 121 y 124, ordinal 1º, la de un interés legítimo,
personal y directo, esto es, que el interés en la legalidad de la actividad administrativa
está calificado por el legislador, por ello se requiere que el recurrente, por ejemplo, sea el
destinatario del acto, o cualquier otro sujeto que, sin ser titular de derechos subjetivos
administrativos, se encuentre en una especial situación de hecho ante la infracción del
ordenamiento jurídico, la cual, por eso mismo, le hace más sensible que el resto de los
administrados al desconocimiento del interés general o colectivo por parte de la
Administración al violar la ley. Éstos últimos han sido llamados por la doctrina
interesados legítimos.
Distinto a lo antes dicho resulta la noción de simple interés, es decir, el interés no
calificado por el legislador y que se refiere a la facultad que tiene cualquier ciudadano de
impugnar la actuación administrativa, siempre que ésta le afecte en su esfera jurídica.
Este interés simple, pero particularizado, condicionado a que afecte derechos o intereses
de quien recurre, es el que se exige para solicitar la nulidad de actos de la
Administración de efectos generales.
Por tanto, puede afirmarse que en el contencioso administrativo la legitimación
activa para recurrir de un acto que aparezca ilegal dependerá de la clasificación del acto
mismo, esto es, si es de efectos generales o de efectos particulares. Como se dijo, en el
primero de los casos, la Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia en su artículo
112, se refiere al simple interés particularizado, en tanto que, cuando se trata de la
impugnación de actos administrativos de efectos particulares, el interés está calificado
por el legislador al detallar que el mismo debe ser legítimo, personal y directo, es decir,
un interés actual, concreto, que afecte directamente a sus destinatarios, a aquellos que
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han establecido una relación jurídica con la Administración Pública o a todo aquel a
quien la providencia administrativa afecta en su derecho o interés legítimo.
En el presente caso se ha accionado en contra de un acto administrativo por el
cual el Presidente de la República en uso de sus atribuciones designó al ciudadano Otto
Graterol, como Director Ejecutivo del Instituto Nacional de Nutrición, es decir, un acto
administrativo de efectos particulares.
Han acudido a esta Sala para demandar la nulidad de dicho acto los agremiados
del Colegio de Nutricionistas y Dietistas de Venezuela aduciendo que tal nombramiento
ha recaído sobre un profesional de la medicina y no sobre un licenciado en Nutrición y
Dietética quien, a juicio de los impugnantes, es el profesional idóneo para planificar,
ejecutar, asesorar, supervisar y evaluar actividades de asistencia, administración,
educación e investigación en programas de nutrición dirigidos a individuos, instituciones
y comunidades. Invocan como fundamento jurídico del recurso, la norma contenida en el
artículo 7 de la Ley del Ejercicio de la Profesión del Licenciado en Nutrición y Dietética
que establece que la dirección de los entes públicos encargados de la política alimentaria
deberán ejercerse por Licenciados en Nutrición y Dietética.
Observa la Sala, que en el escrito por el cual fundamentan la apelación, los
accionantes alegan que el ...vicio principal que padece (sic) el Decreto impugnado consiste
en haber sido dictado en franca violación a lo establecido en el marco legal bajo el cual
rigen los recurrentes, menoscabándoles su labor y reconocimiento al privar de la
conducción del citado Instituto a un profesional de su ámbito, lo que lleva a que se dicten
políticas poco precisas, sin la preparación ni el conocimiento idóneo de la materia
nutricional...”
Para esta Sala, el interés particular de los accionantes deriva de la especial
situación de hecho en que se encuentra el ente gremial frente al perjuicio que pueda
causar el acto administrativo que se dice ilegal y que, en el caso, es concordante con el
interés general de que la autoridad administrativa mantenga su conducta dentro del
orden legal establecido. El propio texto de la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela así lo confirma, cuando establece en los artículos 25, 26 y 259 lo siguiente:
“Artículo 25. Todo acto dictado en ejercicio del Poder Público que viole o
menoscabe los derechos garantizados por esta Constitución y la ley es nulo; y
los funcionarios públicos y funcionarias públicas que lo ordenen o ejecuten
incurren en responsabilidad penal, civil y administrativa, según los casos, sin
que les sirvan de excusa órdenes superiores.
Artículo 26. Toda persona tiene derecho de acceso a los órganos de
administración de justicia para hacer valer sus derechos e intereses, incluso los
colectivos o difusos; a la tutela efectiva de los mismos y a obtener con prontitud
la decisión correspondiente.
16
El Estado garantizará una justicia gratuita, accesible, imparcial, idónea,
transparente, autónoma, independiente, responsable, equitativa y expedita, sin
dilaciones indebidas, sin formalismos o reposiciones inútiles.
Artículo 259. La jurisdicción contencioso administrativa corresponde al
Tribunal Supremo de Justicia y a los demás tribunales que determine la ley.
Los órganos de la jurisdicción contencioso administrativa son competentes para
anular los actos administrativos generales o individuales contrarios a derecho,
incluso por desviación de poder; condenar al pago de sumas de dinero y a la
reparación de daños y perjuicios originados en responsabilidad de la
Administración; conocer reclamos por la prestación de servicios públicos y
disponer lo necesario para el restablecimiento de las situaciones jurídicas
subjetivas lesionadas por la actividad administrativa.”
(…)
No indica el texto constitucional, requisito alguno que condicione a los sujetos
interesados en la legalidad y constitucionalidad de la actividad administrativa; por el
contrario, otorga la posibilidad de acudir a los órganos de administración de justicia
para hacer valer sus derechos e intereses a toda persona, lo que conduce a esta Sala a
colegir en que la intención del constituyente fue la de flexibilizar el acceso del colectivo a
la justicia de manera de garantizar el estado de derecho dentro de una sociedad
contralora y participativa.
Ello implica que cuando la Administración actúe al margen de la ley, en
detrimento de intereses indirectos y distintos a los derechos subjetivos de los
destinatarios expresos de su actuación, quedan habilitados quienes ostenten esta
condición dada por este específico interés, de acuerdo a los razonamientos que acaban
de exponerse, los cuales quedan confirmados además, con lo previsto en el artículo 121
de la Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia relativo a los extremos subjetivos
para recurrir de los actos administrativos de efectos particulares, esto es, el interés
personal, legítimo y directo.
Para esta Sala, en el presente asunto, los agremiados del Colegio de Nutricionistas
y Dietistas de Venezuela, si bien no poseen un interés directo, vale decir, que aun
cuando no son titulares de derechos subjetivos frente a la Administración autora del
acto que designó al ciudadano Otto Graterol como Director Ejecutivo del Instituto
Nacional de Nutrición, sí tienen un interés legítimo en la legalidad de dicha actuación,
pues las directrices que emanarán de dicho órgano afectarán, naturalmente, a los
profesionales de la Nutrición y Dietética del país. Razón ésta que conduce a la
declaratoria con lugar del presente recurso de apelación. Así se decide.
17

7.- Sentencia N° 01398 del 23/11/03. SPA. Exp. N° 2001-0711

ACCIÓN
TERCEROS INTERVINIENTES (LEGITIMACIÓN E INTERÉS)
INTERVENCIÓN VOLUNTARIA Y FORZOSA

Resuelto lo anterior, corresponde a esta Sala pronunciarse sobre la intervención


del ciudadano (XXX) realizada a tenor de lo dispuesto en los artículos 370 ordinal 3° y
381 del Código de Procedimiento Civil, respecto de lo cual observa:

De conformidad con lo dispuesto en los artículos 370 y siguientes del Código de


Procedimiento Civil, aplicables al proceso contencioso administrativo en razón de lo
previsto en el artículo 88 de la Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia, la
intervención de terceros puede darse en algunos casos voluntariamente, pretendiendo
total o parcialmente la cosa o derecho litigioso, o a los fines de sostener las razones de
alguna de las partes; y en otros forzadamente, cuando son llamados por una parte o por
el Juez. En el caso de autos, el ciudadano (XXX) pretende que con fundamento en los
precitados artículos 370 ordinal 3° y 381 del Código de Procedimiento Civil, se le tenga
como litisconsorte de la empresa recurrente, por las razones señaladas supra.

Al respecto, observa la Sala que del Documento Constitutivo de la sociedad


mercantil (YYY) y de las Actas de Asamblea cursante en copias a los folios 28 al 50 del
expediente, se evidencia que el ciudadano (XXX) es accionista de la mencionada
empresa. Asimismo, es de destacar que del texto de la resolución impugnada y de lo
expuesto por la propia recurrente, se desprende que la instalación y operación de la
estación de radiodifusión sonora en frecuencia modulada (000), fue inicialmente
autorizada al tercero interviniente, quien a los fines de negar la explotación de la
frecuencia por parte de la actora señala no haber aportado la misma al capital de la
compañía.

Siendo ello así, y en atención a la legitimación activa necesaria para actuar en el


presente caso, resulta indiscutible que el precitado ciudadano conserva un interés en las
resultas del juicio de nulidad incoado por La (YYY) contra el acto administrativo
emanado de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones, por cuanto la decisión que
18

surja en este proceso incidirá directamente en su situación jurídica frente a la parte


contraria. En virtud de ello, y de conformidad con lo previsto en los artículos 137 de la
Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia y 181 del Código de Procedimiento Civil,
esta Sala encuentra legitimado al ciudadano (XXX) para actuar en el presente juicio y en
tal sentido admite su intervención. Así se declara.
19

8.- Sentencia N° 01439 del 23/09/03. SPA. Exp. N° 2003-0058

ACCIÓN
TERCEROS INTERVINIENTES
TERCEROS ADHESIVOS
INTERÉS JURÍDICO
LEGITIMACIÓN ACTIVA
ACTOS DE EFECTOS GENERALES = SIMPLE INTERÉS
INTERVENCIÓN VOLUNTARIA Y FORZOSA

Una vez expuestas las anteriores consideraciones, debe esta Sala pronunciarse
sobre las solicitudes de adhesión formuladas por las sociedades mercantiles supra
identificadas, como terceros coadyuvantes de las sociedades mercantiles recurrentes,
cuando afirman tener derechos comunes a los alegados por aquéllas y un interés
jurídico actual, de conformidad con las disposiciones contenidas en los artículos 112 y
137 de la Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia y en los ordinales 1° y 3° del
artículo 370 del Código de Procedimiento Civil.
Respecto de la figura de la intervención de terceros, debe observarse que vista la
falta de regulación expresa sobre esta materia en la Ley Orgánica de la Corte Suprema
de Justicia, de conformidad con el artículo 88 eiusdem, resultan aplicables al proceso
contencioso administrativo de nulidad los principios y las reglas que respecto de la
intervención de terceros se encuentran contenidos en el Código de Procedimiento Civil.
En tal sentido, debe la Sala atender a lo dispuesto por la citada normativa;
particularmente a la norma contenida en el artículo 370 del Código de Procedimiento
Civil, que establece:
“Artículo 370: Los terceros podrán intervenir, o ser llamados a la
causa pendiente entre otras personas en los casos siguientes:
1° Cuando el tercero pretenda tener un derecho preferente al del
demandante, o concurrir con éste en el derecho alegado, fundándose en el
mismo título; o que son suyos los bienes demandados o embargados, o
sometidos a secuestro o a una prohibición de enajenar y gravar, o que tiene
derecho a ellos.
2° Cuando practicado el embargo sobre bienes que sean propiedad de
un tercero, éste se opusiere al mismo de acuerdo a lo previsto en el artículo
546.
Si el tercero, sólo es un poseedor precario, a nombre del ejecutado, o si
sólo tiene un derecho exigible sobre la cosa embargada, podrá también hacer
la oposición, a los fines previstos en el aparte único del artículo 546.
3° Cuando el tercero tenga un interés jurídico actual en sostener las
razones de alguna de las partes y pretenda ayudarla a vencer en el proceso.
4° Cuando alguna de las partes pida la intervención del tercero por
ser común a éste la causa pendiente.
20
5° Cuando alguna de las partes pretenda un derecho de saneamiento
o de garantía respecto del tercero y pida su intervención en la causa.”

Conforme a la previsión transcrita, suele diferenciarse la forma de intervención


de los terceros en los procesos ya iniciados, para oponerse a las pretensiones de las
partes o para coadyuvar en la defensa y sostener las razones litigiosas de una de ellas,
atendiendo a la voluntariedad de dicha intervención o a su carácter forzoso. Así, en
anteriores oportunidades la Sala se ha pronunciado sobre el tema, señalando que:
“En efecto, los terceros pueden intervenir en los procesos pendientes
entre otras personas, en unos casos voluntariamente, pretendiendo, total o
parcialmente, la cosa o derecho litigioso (intervención excluyente: tercería y
oposición a medidas de embargo; ordinales 1° y 2°, artículo 370 eiusdem); en
otros forzadamente llamados por la parte o por el juez (ordinales 4° y 5° del
citado artículo 370 y 661 eiusdem); y por último, entre otros supuestos,
espontáneamente (intervención adhesiva), para sostener las razones de
algunas de las partes, por “un interés jurídico actual”, para ayudarla a
vencer en el proceso (ordinal 3° artículo 370, ya mencionado).” (Sentencia de
fecha 26 de septiembre de 1991, caso: Rómulo Villavicencio)

Tal distinción resulta necesaria, ya que de la precisión a la que se arribe con ella,
podrá determinarse cuándo tal intervención es a título de verdadera parte y cuándo lo
es a título de tercero adhesivo simple, visto que dichas intervenciones poseen efectos
distintos dentro del proceso. Sobre el referido particular, en la decisión supra citada la
Sala expresó:
“Ciertamente que por la índole del procedimiento de anulación, las
intervenciones excluyentes y forzadas, no son aplicables, limitándose
entonces, el interés de la distinción entre los terceros que concurren a dicho
procedimiento espontáneamente, porque en algunos supuestos son
verdaderas partes y en otros simples terceros. En efecto, en estos casos, de
intervención espontánea, el interviniente no introduce una pretensión
incompatible con la que se discute en el proceso pendiente, sino que se limita
a ayudar a una de las partes, y por esta razón, genéricamente, cabe calificar
a este tipo de intervención de adhesiva. Sin embargo, es ésta, según que el
tercero alegue o no un derecho propio, o un simple interés, será o no una
verdadera parte, o un tercero adhesivo. Esta distinción aparece en el artículo
381 del Código de Procedimiento Civil, cuando advierte que en los casos de
intervenciones adhesivas de terceros, si la sentencia firme del proceso
principal ha de “producir efectos en la relación jurídica del interviniente
adhesivo con la parte contraria (eficacia directa), el interviniente adhesivo
será considerado litis consorte de la parte principal, a tenor de lo dispuesto
en el artículo 147”. En otras palabras, que éste último interviniente es parte
y no simple tercero, y si de parte se trata, ha de reconocérsele el derecho de
comparecer como tal en cualquier estado y grado del juicio (artículo 137 de la
Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia), claro está sometido al
principio preclusivo de las oportunidades defensivas (artículos 206, 361 y
380 del Código de Procedimiento Civil, y 126 de la ley Orgánica de la Corte
Suprema de Justicia)”.
21

Ahora bien, tal como fue advertido anteriormente por esta Sala, los actos
administrativos cuya nulidad se debate poseen efectos generales, por lo cual resulta
necesario observar la disposición normativa que rige los procesos de nulidad ejercidos
contra actos de efectos generales, contenida en la Ley Orgánica de la Corte Suprema de
Justicia, aplicable en concordancia con el artículo 26 del texto constitucional, a los fines
de determinar la legitimación activa para incoar dichos juicios; así el referido artículo 26
de la Constitución y el 112 de la citada Ley, preceptúan lo siguiente:
“Artículo 26: Toda persona tiene derecho de acceso a los órganos de
administración de justicia para hacer valer sus derechos e intereses, incluso
los colectivos o difusos, a la tutela efectiva de los mismos y a obtener con
prontitud la decisión correspondiente.
El Estado garantizará una justicia gratuita, accesible, imparcial,
idónea, transparente, autónoma, independiente, responsable, equitativa y
expedita, sin dilaciones indebidas, sin formalismos o reposiciones inútiles.

Artículo 112: Toda persona natural o jurídica plenamente capaz, que


sea afectada en sus derechos o intereses por ley, reglamento, ordenanza
u otro acto de efectos generales emanado de alguno de los cuerpos
deliberantes nacionales, estadales o municipales o del Poder Ejecutivo
Nacional, puede demandar la nulidad del mismo, ante la Corte, por
razones de inconstitucionalidad o de ilegalidad, salvo lo previsto en las
Disposiciones Transitorias de esta Ley”.

De conformidad con las normas supra transcritas, la legitimación para solicitar la


nulidad de un acto de efectos generales corresponde a cualquier persona plenamente
capaz, sea ésta natural o jurídica, que resulte afectada o lesionada en sus derechos e
intereses; en tal sentido, le bastará demostrar a quien ejerza o pretenda ejercer la
acción de nulidad por razones de inconstitucionalidad o de ilegalidad contra un acto
administrativo de efectos generales, su interés, sea éste directo o indirecto, individual
o colectivo, sin tener que comprobar que le asiste un derecho subjetivo o un interés
personal, legítimo y directo para impugnar el acto demandado.
Una vez advertida la cualidad que tiene toda persona (natural o jurídica)
legalmente capaz, que se vea afectada en sus derechos e intereses de forma directa o
indirecta, de solicitar la nulidad de un acto administrativo de efectos generales, debe
determinarse la forma en que puede intervenir en un proceso de ésta naturaleza ya
instaurado; motivo por el cual resulta de obligada consideración la norma establecida
en el artículo 137 de la Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia, cuyo texto
resulta del siguiente tenor:
“Artículo 137: Sólo podrán hacerse parte en los procedimientos a
que se refieren las Secciones Segunda y Tercera de este Capítulo, las
22
personas que reúnan las mismas condiciones exigidas para el accionante
o recurrente”.

De allí, se infiere que cualquier persona que ostente la cualidad conferida por el
artículo 112 de la Ley Orgánica de la Corte Suprema de justicia, es decir, que posea un
simple interés en las resultas de un determinado juicio de nulidad, podrá intervenir en
éste. No obstante, vista la pluralidad de formas de intervención de los terceros en juicio,
en el presente caso debe precisarse bajo cuál de los supuestos descritos en el artículo
370 del Código de Procedimiento Civil, pueden configurarse las solicitudes de adhesión
interpuestas por las sociedades mercantiles contribuyentes previamente identificadas.
En el caso de autos, pudo esta Sala advertir que las solicitudes de adhesión al
recurso de nulidad por razones de inconstitucionalidad e ilegalidad ejercido en forma
conjunta con amparo cautelar y medida cautelar innominada de suspensión de efectos,
interpuesto contra los actos administrativos contenidos en la Providencias
SNAT/2002/1418, SNAT/2002/1419, SNAT/2002/1454 y SNAT/2002/1455, fueron
fundamentadas en los ordinales 1° y 3° del artículo 370 supra indicado; no obstante, del
análisis de los términos en que fueron planteadas las referidas solicitudes, aprecia
fácilmente este Alto Tribunal que la intervención pretendida por los solicitantes no
puede subsumirse en los supuestos regulados por el ordinal 1° del aludido artículo 370,
visto que el mismo regula la denominada intervención voluntaria y principal de los
terceros contra ambas partes de un proceso pendiente y donde se pretende excluir la
pretensión del demandante a través de un derecho preferente o concurrir con él en el
derecho o intereses alegado con fundamento en el mismo título, situación ésta no
planteada en el presente caso.
En este sentido, se observa que la intervención solicitada por las sociedades
adherentes al recurso de nulidad y acción de amparo, se presenta conforme a lo
dispuesto en el ordinal 3° del señalado artículo 370, en concordancia con la norma del
381 del Código de Procedimiento Civil, es decir, aquella intervención en la cual el tercero
alega un interés jurídico actual en sostener las razones de una de las partes, en virtud
de los efectos que pudiera extender la cosa juzgada entre las partes intervinientes en el
proceso, respecto de las relaciones jurídicas del tercero con el adversario de la parte en
cuya victoria se está interesado. Así, habiéndose solicitado la nulidad de un acto de
efectos generales, para lo cual resulta legitimado cualquier persona capaz que considere
vulnerado sus derechos e intereses, conforme a la norma contenida en el artículo 112 de
la Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia y no configurándose ninguna de las
causales de inadmisibilidad a las que hace referencia el artículo 84 eiusdem, resulta
23

forzoso a esta Sala declarar admisible la adhesión al presente juicio de las sociedades
mercantiles solicitantes, pues sus requerimiento denotan la existencia de intereses
subjetivos vinculados directamente con el interés jurídico objeto de controversia. Así se
decide.

9.- Sentencia N° 06019 del 26/10/05. SPA. Exp. N ° 2004-0061

ACCIÓN
INTERÉS PROCESAL
EXTINCIÓN
Previo al pronunciamiento que debe efectuar este Alto Tribunal respecto de la
solicitud de exequátur formulada, corresponde a la Sala analizar en el presente caso la
cualidad de la ciudadana (XXX) quien requiere que se conceda fuerza ejecutoria al fallo
dictado por el Juez Religioso Islámico de Trípoli de la República de Líbano.

En efecto, debe indicarse que ha ocurrido a formular la solicitud de exequátur una


persona distinta de los sujetos que fueron parte en el proceso extranjero, sujetos éstos
que son los primeros legitimados, sin distingo entre actor y demandado. No obstante,
reitera la Sala que también gozarán de legitimación aquellos que tengan un interés
jurídico y actual en que se le otorgue fuerza ejecutoria a una sentencia, en virtud de los
potenciales efectos que puedan producirse en su esfera jurídica con ocasión de la
sentencia dictada.

De allí que, la acción para solicitar el exequátur de un fallo no se extingue con la


muerte de alguna o de todas las personas que fueron partes en el juicio extranjero, pues
-se reitera- la misma es transmisible a los herederos. (Vid. sentencia de esta Sala N°
0030 del 28 de enero de 2004).

En el caso de autos, la solicitante, según indicó en el escrito, es hija del ciudadano


(ZZZ), parte demandante en el juicio de divorcio, motivo por el cual al tratarse de su
heredera, ciertamente, ostenta la legitimación para requerir que se dé el pase de la
sentencia extranjera, toda vez que la acción es transferible a los herederos de aquellos
sujetos que hayan sido parte en juicio. Así se declara.

10.- Sentencia N° 02224 del 17/11/04. SPA. Exp. Nº 2001-0858

ACCIÓN
LEGITIMACIÓN PARA APELAR
24

Dicho lo anterior, pasa esta Sala a analizar los argumentos expresados por la
parte apelante en contra de la decisión dictada por la Corte Primera de lo Contencioso
Administrativo en fecha 12 de julio de 2001, y en tal sentido observa:
En primer término, se advierte que de la precaria fundamentación presentada por
la parte recurrente, sólo puede deducir la Sala que su intención consiste en atacar la
parte del fallo referida a la negativa de pago de salarios dejados de percibir entre el
momento en que fue removida del cargo y la resolución definitiva del presente asunto.
Dicha conclusión dimana del hecho de que las partes sólo tienen legitimación para
apelar del fallo que les ha resultado desfavorable, mas no de aquello en lo cual hayan
resultado vencedores, y siendo que en el presente caso la Corte Primera de lo
Contencioso Administrativo, al momento de resolver el recurso interpuesto, declaró la
nulidad del acto impugnado y con ello satisfizo la pretensión principal de la recurrente,
dicho pronunciamiento no pudo constituir el objeto de su apelación. Así se declara.
25

11.- Sentencia N° 00192 del 23/03/04. SPA. Exp. Nº 2001-0534

ACCIÓN
LEGITIMACIÓN PARA APELAR
En cuanto a la apelación ejercida contra el pronunciamiento respecto al fondo del
asunto debatido, advierte la Sala que el recurrente expresó en el libelo (cuarto párrafo
del folio 8 del expediente), lo siguiente:
"(...)estas fallas graves con respecto a la NOTIFICACIÓN de nuestras personas
hacen anulables todas las actuaciones realizadas (Informes y sentencia)
(Refiriéndose al acto administrativo sancionatorio) (...omissis...) y en
consecuencia deberá REPONERSE LA CAUSA AL ESTADO DE NUEVA
NOTIFICACIÓN para que tenga lugar nuevamente el Acto de Informes(...)"

Ahora bien, el mérito del asunto debatido fue resuelto en el fallo impugnado,
declarándose la nulidad del acto recurrido y ordenándose la reposición del
procedimiento administrativo seguido al recurrente al estado de notificación de la
celebración del acto de informes; en tal sentido, es incuestionable que se concedió todo
lo solicitado por el actor, lo cual impide el ejercicio del recurso apelación contra el
pronunciamiento de fondo emitido por la Corte Primera de lo Contencioso Administrativo
en la sentencia impugnada, de conformidad con lo dispuesto por el artículo 297 del
Código de Procedimiento Civil, que reza:
"No podrá apelar de ninguna providencia o sentencia la parte a quien en ella
se hubiere concedido todo cuanto hubiere pedido; pero, fuera de este caso,
tendrá derecho de apelar de la sentencia definitiva, no sólo las partes, sino
todo aquel que, por tener un interés inmediato en lo que sea objeto o materia
del juicio, resulte perjudicado por la decisión, bien porque pueda hacerse
ejecutoria contra él mismo, bien porque se haga nugatorio su derecho, lo
menoscabe o desmejore."

En tal virtud, resulta improcedente el recurso ejercido respecto al


pronunciamiento de fondo. Así se declara.
26

12.- Sentencia N° 00302 del 26/02/03. SPA. Exp. N° 2000-1177


ACCIÓN
LEGITIMACIÓN E INTERES

“(…) Revisadas como han sido las cuestiones previas opuestas por la
representación de la Procuraduría General de la República, y visto el escrito de
contradicción presentado por la parte actora, pasa esta Sala a decidir en torno a las
siguientes consideraciones:
En primer lugar, la parte demandada opuso la cuestión previa contenida en el
ordinal 2º del artículo 346 del Código de Procedimiento Civil, es decir, “la ilegitimidad de
la persona del actor por carecer de la capacidad necesaria para comparecer en juicio”,
fundamentándola en que la parte demandante no es titular del derecho que reclama,
sino que es un tercero extraño a la relación contractual, y por otra parte indican, que la
sociedad civil Asociación Venezolana de Armadores Atuneros (AVATUN) no posee un
interés directo en la nulidad del acuerdo, pues su fundamento principal lo constituye un
supuesto temor fundado, y no en hechos o circunstancias reales que existan en la
actualidad.
Por su parte, la actora en su escrito de contradicción señaló que, el interés y la
legitimidad de su mandante para actuar e incoar la nulidad del referido convenio estaba
suficientemente demostrada en el expediente.
Sobre el anterior particular, debe señalar la Sala en primer término que la
demandada confunde las figuras procesales de legitimación en el proceso y la
legitimación necesaria para el ejercicio de la acción.
En tal sentido, se observa que en el caso bajo análisis se interpuso demanda de
nulidad de un acta convenio de conformidad con lo dispuesto en el artículo 111 de la Ley
Orgánica de la Corte Suprema de Justicia, que establece la posibilidad de que un tercero
solicite la nulidad de una relación convencional, en la cual no ha intervenido.
En efecto, el mencionado artículo en cuanto al trámite procedimental remite al
procedimiento ordinario previsto en la Sección Primera del Capítulo II del Título V de la
Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia. Por tanto, resulta fácil colegir que en los
contratos celebrados por la Administración Pública, los terceros que demuestren tener
un interés personal, legítimo y directo en la anulación del contrato, tienen legitimación
27

procesal para solicitar el mismo.


Establecido esto, resulta oportuno señalar que la doctrina ha establecido
claramente que “La persona que se afirma titular de un interés jurídico propio, tiene
legitimación para hacerlo valer en juicio (legitimación activa), y la persona contra quien se
afirma la existencia de ese interés, en nombre propio, tiene a su vez legitimación para
sostener el juicio (legitimación pasiva)”, concluyendo que “Si las partes son realmente
titulares activos o pasivos de la relación, sólo puede saberse al final del proceso, en la
sentencia de mérito, cuando se declare fundada la pretensión que se hace valer en la
demanda”. (Rengel Romberg, Tratado de Derecho Procesal Civil, Tomo II, páginas 27 y
28, Año 1997).
En tal sentido, observa la Sala, que en el presente caso el planteamiento esgrimido
por el demandado, está referido directamente con el análisis del fondo del asunto, al
fundamentar su alegato en el hecho de que supuestamente no existe un daño real y
efectivo, sino eventual y que no ha sido determinado, lo cual, no se corresponde con el
supuesto de legitimación procesal, que como se expuso sólo requiere un interés
personal, legítimo y directo, lo cual se verifica en este caso. Así se declara.
Por las razones antes expuestas, debe declararse sin lugar la cuestión previa
opuesta referida a la ilegitimidad de la persona del actor por carecer de la capacidad
necesaria para comparecer en juicio. Así se declara.”
28

13.- Sentencia N° 308 del 20/02/02. Sala Const. Exp. N° 01-0157

ACCIÓN
CONCEPTO DE ACCIONANTE

Sobre este particular, esta Sala en sentencia 1807/2001 (Caso Josefa Carrasquel),
delimitó tal requisito, dentro de los siguientes términos:

“En tal sentido, el amparo constitucional como medio de tutela de los derechos
fundamentales y libertades públicas, está limitado sólo a casos en los que sean
violados a los peticionarios, en forma directa e inmediata, derechos subjetivos de
rango constitucional, para cuyo restablecimiento no existan vías procesales
ordinarias, eficaces e idóneas. En consecuencia, sólo procede cuando el accionante,
es decir, el sujeto activo de la pretensión tenga aptitud para ser parte del proceso de
acuerdo a la relación que exista entre éste y los hechos constitutivos de la lesión
aducida.
De acuerdo a lo anterior, la legitimación para ejercer la acción de amparo
constitucional, sólo la tiene aquél que se vea lesionado o amenazado con la violación
de sus derechos o garantías constitucionales”
29

14.- Sentencia N° 353 del 15/11/00. S. CAS. CIVIL. Exp. N° 00-070

ACCIÓN
LEGITIMACIÓN PARA EJERCER EL RECURSO DE CASACIÓN
DIFERENCIA CON LA LEGITIMACIÓN PARA APELAR

En consecuencia, con la adjudicación del inmueble en el acto de remate, culminó


la fase de ejecución de la sentencia por lo que ni siquiera podía el tercero amparar su
intervención con base en lo dispuesto en el artículo 376 del Código de Procedimiento
Civil, y al no haber agotado el camino de la acción de tercería previamente, carece de
legitimación como parte en el proceso y por ende, para recurrir en casación, al no
cumplirse uno de los requisitos necesarios para la admisión del recurso extraordinario,
como es el interés legítimo del recurrente.
En tal sentido la Sala, en decisión del 4 de agosto de 1976, relativa a la
legitimidad del recurrente en casación, estableció lo siguiente:
“...la cualidad para poder hacer uso del recurso de casación la da, únicamente,
la de ser parte en el juicio en el cual se intente el recurso; esta cualidad es
pues, diferente a la que se exige para apelar, que no requiere ser parte en el
proceso, bastando tener interés inmediato en lo que sea objeto o materia del
juicio, ya porque resulta perjudicado por la decisión, bien porque pueda hacerse
ejecutoria contra el mismo, bien porque haga nugatorio su derecho, lo
menoscabe o desmejore...”

Así que, sólo pueden recurrir en casación las partes o quienes se hubiesen
constituido en parte mediante alguno de los medios procesales previstos en la ley, de lo
contrario se carece de legitimidad para interponer el recurso de casación.
Por todas las razones anteriormente expuestas, se declara inadmisible el presente
recurso.
30

15.- Sentencia N° 629 del 27/06/00. SALA CONST. Exp. N° 00-0672

ACCIÓN
LEGITIMACIÓN (AMAPARO)
INTERES PROCESAL (EXTINCIÓN O DECAIMIENTO)

En el proceso de amparo, la lesión de los derechos del presunto agraviado lo


reviste de la legitimación suficiente para intentar la acción, configurándose en él un
interés procesal necesario y, de esta forma, la facultad de solicitar al órgano
jurisdiccional la protección constitucional que invoca.
Así las cosas, resultaría absurdo que un determinado órgano jurisdiccional,
teniendo conocimiento de la pérdida de interés procesal del accionante continúe la
sustanciación de un proceso determinado. Tal proceder constituiría una indebida
dilación procesal -en perjuicio del órgano jurisdiccional, dada la congestión de causas-
en virtud de que la voluntad de restitución de la situación jurídica infringida, ha
quedado desvanecida, bien por la subsanación por parte del agente lesivo, bien por la
irreparabilidad del daño causado.

Entonces, el interés procesal es el requisito constitutivo de la acción (de amparo)


que motiva al presunto agraviado, y lo legitima a acudir ante el órgano jurisdiccional y
solicitar la satisfacción de su pretensión, cual es la cesación del hecho, acto u omisión
lesivo. En consecuencia, si la pretensión del accionante halla plena satisfacción antes de
la sustanciación definitiva de un proceso, el objeto del mismo quedará extinguido por tal
circunstancia.

En el caso de autos, esta Sala tiene conocimiento -ya que ha incoado al menos
dos amparos ante ésta- de que el ciudadano JESÚS RAMÓN QUINTERO PRIETO se
encuentra en libertad y, por tanto, la acción cuya decisión se somete a consulta carece
de objeto. En tal virtud, en concordancia con la doctrina expuesta, resulta forzoso para
esta Sala declarar la inadmisibilidad de la acción propuesta, ya que encuadra dicha
acción en la causal de inadmisibilidad de la acción de amparo establecida en el numeral
1 del artículo 6 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales, y así se declara.
31

16.- Sentencia N° 01744 del 07/10/04. SPA. Exp. N° 2000-0395

ACCIÓN (CADUCIDAD)
ACCESO A LA JUSTICIA

En segundo término, ha sido alegada la caducidad de la acción de nulidad


intentada, sobre la base de que el acto administrativo sancionatorio impugnado fue
dictado en fecha 06 de marzo de 2000, y el presente recurso fue incoado ante esta Sala
Político-Administrativa en fecha 02 de mayo de 2000, lapso en el cual ha transcurrido
sobradamente el período de caducidad de treinta (30) días continuos, previsto en el
Decreto de Transición del Poder Público.
Ahora bien, sobre este particular, ha indicado la representación de la Inspectoría
General de Tribunales, que si bien es cierto que el acto administrativo impugnado fue
dictado en fecha 06 de marzo de 2000, no es menos cierto que la Inspectoría fue
efectivamente notificada del mismo en fecha 31 de marzo del mismo año, siendo ésta y
no aquélla, la fecha que deberá ser tomada en cuenta a los fines de la caducidad del
recurso contencioso administrativo de anulación. Partiendo de esta base, el lapso de
treinta (30) días continuos venció entonces el día domingo 30 de abril de 2000, siendo el
primer día hábil siguiente para intentar el recurso el martes 02 de mayo de 2000, por
aplicación del artículo 200 del Código de Procedimiento Civil.
En tal sentido, pudo comprobar esta Sala, por constar su original en los autos,
que la Inspectoría General de Tribunales fue efectivamente notificada del acto
administrativo impugnado en fecha 31 de marzo de 2000, por lo que es ésta la fecha en
que comenzó a correr para ella el lapso de caducidad del recurso contencioso
administrativo de nulidad. Se observa igualmente, que dicho lapso venció en un día no
hábil (domingo 30 de abril de 2000), por lo que, de conformidad con el primer aparte del
artículo 19 de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia, resulta aplicable lo
establecido en el artículo 200 del Código de Procedimiento Civil, debiendo entenderse
entonces que el lapso de caducidad venció realmente el primer día hábil siguiente al
cumplimiento de los treinta días, que para el caso de autos sería el martes 02 de mayo
de 2000, toda vez que, el lunes 01 de mayo fue día de fiesta nacional.
Todo lo anterior lleva a esta Sala a concluir que el recurso contencioso
administrativo de nulidad fue interpuesto tempestivamente, y así se declara.
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