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AMOR A LA NATURALEZA

El amor tiene infinidad de manifestaciones, una de ellas es el amor a la


naturaleza; amar el medio ambiente que nos rodea, los animales, las
plantas, todos los seres vivos. No debemos pasar por alto los momentos
reconfortantes que podemos pasar en medio de la naturaleza.

La naturaleza nos ofrece todo, es una manifestación de Dios, es la obra


de Dios. Estar conectado con la naturaleza nos ofrece multitud de
beneficios, la luz, el sol, el aire puro, las corrientes de energía, la
serenidad, la contemplación de las bellezas que encierran sus paisajes,
sus formas, la vida que encierra por doquier. Es todo un esplendor, es
una obra perfecta, que se nos ha dado para nuestro disfrute y bienestar,
y por consiguiente, hemos de aprender a experimentarla, y debemos
tenerle todo el respeto, por su grandiosidad, por su generosidad. Por
todos los bienes que nos concede debemos amarla, cuidarla y
preservarla.
Estamos muy acostumbrados a vivir en la cuidad, siempre bajo techo,
bajo un entorno urbano, y en muchos casos nos hemos olvidado de que
existe esa naturaleza a nuestro alrededor, que no la disfrutamos, no la
valoramos y por ello dejamos de obtener sus beneficios, los que
podemos gozar con el solo hecho de dar una paseo por un bosque, una
montaña, un valle, una playa, etc. Nos estamos olvidando de que
vivimos gracias a la naturaleza, al campo, sin ellos no habría aire que
respirar, se perdería el equilibrio necesario para que fuese posible la vida
del ser humano en la tierra, al menos por los medios naturales.

La naturaleza es inagotablemente sostenible si cuidamos de ella.


Es nuestra responsabilidad universal pasar una tierra sana a
nuestras generaciones.

(Dennis Gabor)

No nos damos cuenta de que nos es preciso salir a los espacios abiertos,
donde la providencia nos habla por medio de la naturaleza, donde se
respira otro tipo de vida, donde es más fácil pensar con profundidad,
meditar, sentir que somos uno con la propia naturaleza, y que ésta nos
conecta y nos eleva a estadios de conciencia más puros, nobles y
sencillos.

Las comodidades de la vida en las ciudades nos sumergen en mundos


cada día más artificiales, nos conducen a sentirnos como una especie de
seres aparte en la Creación, y nos creemos con derecho a todo,
superiores a todo, y en muchas ocasiones incluso nos creemos dueños
de la propia Naturaleza, no nos importa destruirla.

Unido esto a los intereses materiales, procedemos a talar hectáreas y


hectáreas de bosque, destruyendo el medio ambiente en donde viven
infinidad de especies de animales y plantas, abusamos de la explotación
de los mares, contaminamos las tierras con fertilizantes y venenos, que
a largo plazo dejan si vida a la tierra; contaminamos los ríos, los mares,
todo tipo de aguas, matamos a los animales, por deporte, por placer,
por dinero, sin respetar las especies. En fin, todo un extenso catálogo de
barbaridades y despropósitos que han dejado muy mermado y
trastocado nuestro planeta. Aquel que debíamos cuidar y respetar, lo
estamos destruyendo y reduciéndolo a la más mínima expresión.

Prefiero rosas en mi mesa, que diamantes en mi cuello.

(Emma Goldman)

Todo ello por no comprender que todos somos UNO, que somos parte
integrante de la naturaleza, y que debido a nuestra superioridad con el
resto de las especies tenemos una responsabilidad sobre la misma, y
debemos asumir el deber de cuidarla y respetarla, haciendo que no se
pierda el equilibrio y la perfección del que Dios la ha dotado.

Esto es cosa de todos y cada uno de nosotros, no es responsabilidad de


los gobiernos solamente. Los gobiernos si no se sienten presionados por
la sociedad en general, acaban descuidándose, haciendo la vista ciega y
permitiendo que las industrias y todo tipo de empresas, para sacar
beneficio, hagan lo que están haciendo hasta ahora. Debemos ser
partícipes todos en hacer cumplir las leyes, que están creadas, para
cuidar el medio ambiente y restablecerlo de los errores y los abusos que
se han cometido durante décadas.

No hay mayor beneficio que el de poder disfrutar de un planeta limpio,


sano, en armonía con las leyes naturales, un planeta vivo, en donde
convivan todos los seres vivos aportando cada uno sus cualidades y
bellezas. Un planeta al que si se le respeta y se le mima, da ciento por
uno, un planeta al que por el contrario, podemos estar condenando a la
esterilidad, la destrucción y la fealdad.

¿Quién puede asegurar que algunos fenómenos que se producen como la


sequía, los desajustes climatológicos, por ejemplo no son consecuencia
de la falta de respeto y los abusos que estamos cometiendo con nuestro
entorno?
En la naturaleza no hay recompensas ni castigos, hay
consecuencias.

(Robert Green Ingersoll)

Aprendamos a vivir en armonía con la naturaleza, disfrutemos de las


maravillas que nos ofrece, salgamos a la naturaleza a pasear, meditar, a
sentirnos unidos a ella como parte de Dios mismo. Recordemos que
amar a Dios es amar su obra. Cuando amamos a una persona
respetamos lo que ella hace, la protegemos; igualmente debemos
respetar y proteger a la naturaleza porque es parte de Dios mismo.

El amor es un sentimiento, una actitud, una forma de vivir, el amor no


se limita a una persona, familia u otras cosas que forman de la vida de
uno, es algo más grande y conceptual. El amor va creciendo vida tras
vida, a medida que el ser espiritual que está dentro de cada uno de
nosotros se va sensibilizando, va de menos a más. El amor hacia los
seres más queridos, es solo un ensayo para ir aprendiendo y creciendo
cada vez más. Como un sentimiento, una emoción y una manera de
vivir, el amor no se limita, ni se encoge, se expande y se abre cada vez
más hacia todo y hacia todos.

Cuando dañamos la naturaleza y no le guardamos el debido respeto, nos


estamos dañando a nosotros mismos.

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