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Bien y resignación: estoicismo.

Séneca

1. El estoicismo: una ética deontológica y cosmopolita

El estoicismo es una filosofía con cinco siglos de pervivencia histórica que se


suele dividir en tres periodos con los siguientes principales representantes: estoicismo
antiguo, con Zenón de Citio y Crisipo; estoicismo medio con Panecio y Posidonio; y
estoicismo nuevo o romano con Séneca, Marco Aurelio y Epicteto.
El estoicismo (de “Stoa” que significa Pórticos pintados) es fundado en el siglo III
a. C. por un comerciante, Zenón de Citio, pero quien dotó de rigor y sistematización a la
doctrina fue Crisipo. Los Escipiones llevan la filosofía a Roma, y es el estoicismo romano,
concretamente el de Séneca, el más documentado. Los estoicos dividieron la filosofía en
Lógica, Ética y Física, mas los romanos únicamente se interesaron por la Ética.
El estoicismo surge y resurge en tiempos duros. El emperador Marco Aurelio,
máximo poder del imperio romano, tenía un gran sentido del deber al tiempo que una
gran conciencia de impotencia. Séneca era abogado y uno de los hombres más ricos de
Roma, fue un personaje muy debatido históricamente, sobre si su estoicismo era
verdadero o mera pose intelectual. Epicteto, liberto, fue el primer esclavo que se dedicó a
la filosofía.

El estoicismo puede ser bien definido desde las siguientes máximas estoicas:
- Soporta y renuncia porque todo está determinado.
- La única libertad que existe está en una vena de tu cuerpo; la puedes cortar cuando
quieras [Séneca]
- Estúpido es preferir ser arrastrado que guiado por el destino

En efecto, en el estoicismo ortodoxo se defienden posiciones como las que se


expresan en esas máximas, a saber:
- Panteísmo: es una doctrina que afirma que Dios es todo, Dios es el Mundo y el
mundo es la Naturaleza. No olvidemos que la categoría de creación es cristiana; en el
mundo griego el mundo es eterno y, para los estoicos, se identifica con Dios y el logos.
La influencia de Heráclito en los estoicos es muy grande; Dios es un gran fuego que se
enciende y se apaga. Dios es un ente vivo, y la ley natural es la ley divina.
- Monismo: Sólo hay mundo, eso es todo y todo es Dios. El todo es uno. Los seres
humanos tenemos el privilegio de participar en el logos universal, ahí reside la posibilidad
de la Ética. Podemos entender el mundo y al conocer su lógica, asumimos que es, como

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dijo siglos después Leibniz la reformularía, el mejor de los mundos posibles. No hay
pesimismo, se trata de una forma de entender la Ética que ya no consiste en la búsqueda
de la felicidad, sino el cumplimiento del deber que ordena obedecer a Dios. Los estoicos
son los primeros deontólogos, hay que hacer el deber por el deber.
La felicidad para los estoicos es el cumplimiento del deber y la llaman apatía. La
acción es el deber que se ha de hacer, no busca nada más allá de ella. La acción es
buena porque la virtud es el premio que se busca. La virtud es el esfuerzo por cumplir el
deber. La deontología estoica concibe la acción como un fin en ella misma.
- Deontología: La acción ya no es un medio para conseguir algo, el deseo es anulado.
El deseo es prepotencia, es fracaso moral. Según Séneca, la apatía, la negación de la
pasión, supone sería el placer de haber anulado los placeres. sería el placer de haber
anulado los placeres.

Los estoicos creen que el hombre no es fuerte para controlar sus deseos
(epicureísmo) sino para extirparlos o anularlos. Los epicúreos creen que pueden controlar
las tentaciones porque pueden anular el deseo cuando éste es vano y lo controlan
cuando es satisfactible. Como decía Oscar Wilde: una pasión controlada, no es una
pasión. Esta frase está de acuerdo con el estoicismo. Los estoicos consideran la pasión
como fracaso de la represión de los deseos. El deseo es el síntoma de que el sujeto cree
que su mundo interno obedece otra ley distinta de la del mundo y que éste está al
servicio de aquel.
El ser humano es una partícula insignificante en la gran conflagración universal y
única que es Dios. Nosotros somos piezas, nuestra única peculiaridad es entender la
lógica del mundo y coadyuvar al buen funcionamiento de la misma. La desgracia humana
viene por la creencia infundada de que el hombre es distinto del mundo y el mundo puede
doblegarse a su voluntad. Nosotros estamos en el mundo, no es el mundo el que se posa
a nuestros pies.
Es una Ética para hombres duros en tiempos duros. La impotencia del ser humano es
total. Viven el mundo como un destino. La resignación estoica no es trágica, pero
tampoco esperanzada, es una resignación deontológica. El mandamiento fundamental es
vive según la naturaleza, obedece a Dios.
Para los estoicos la naturaleza es Dios. Por ser monistas, el mundo, Dios y la
razón es todo lo mismo. Los estoicos asumen que nada depende de nosotros. Sólo hay
una ley, Dios y su lógica, contra la que no podemos luchar. Hay que asumir con buena
voluntad lo que ha de ser, porque lo que tenga que suceder, sucederá.

- Determinismo: la única libertad que existe para los estoicos consiste en querer o no
querer lo que hay. Toda Ética necesita una cierta dosis de libertad, la estoica apuesta por
la construcción de un carácter fuerte que asume el destino. Así reducen la libertad al
ámbito de las intenciones que no se traduce en el ámbito de las acciones.

De ese modo hay que entender la máxima Soporta y renuncia porque todo está
determinado. En el soportar radica la fortaleza, en el sucumbir, la debilidad. Hay que
renunciar a los deseos. Si el deseo es querer lo que no se tiene, desear supone
pretender conseguir lo que se quiere, y eso supondría volver al esquema de que la
voluntad humana puede controlar el curso del mundo, cosa que no permite el
determinismo.

Lo que sí permite es la voluntad de aceptar lo que hay, es decir, asumir el destino.


Es feliz pues aquel que no experimenta la amargura del deseo no alcanzado ni la
comezón del deseo, pues éste ha sido anulado. El cumplimiento del deber reporta esa
felicidad, semejante a la epicúrea, que es la imperturbabilidad.

Al asumir que el mundo está predeterminado y al renunciar a la prepotencia de ser


el protagonista de su vida y del mundo, el estoico encuentra la fuente de la felicidad. Al
asumir que el mundo es Dios, que ese mundo sigue una regla férrea que es el destino y

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el destino es Dios, el estoico suprime la fuente de la infelicidad, que era el deseo y
adquiere la apatía que consiste en la tranquilidad que deriva del cumplimiento del deber.

La apatía no hay que entenderla como un no hacer nada, sino como un hacer lo
que se debe. El deseo de renunciar al deseo, y el placer de haber renunciado al placer,
viene de haber entendido (es una Ética muy intelectualista) que el curso del mundo es el
curso divino y que la máxima autoridad moral ya no es el placer, sino el deber y éste
consiste en obedecer a Dios.

Los estoicos hicieron cierta apología del suicidio; éste no es legítimo para
liberarse del dolor sino para librarse del problema. El suicidio es el último acto digno de
un cobarde. El deber consiste en soportar y renunciar porque todo está determinado. Si
uno se sabe arrastrado, que no soporta, que no renuncia, al menos realiza un último acto
digno. Antes de perseverar en esta maldad que nos hace indignos, se renuncia a la vida.
No es un suicidio hedonista, para librarse del dolor, sino para librarse de la inm oralidad
insuperable. Para el estoico ortodoxo, el suicidio es el último acto heroico de una persona
débil. Quien se sabe lo suficientemente débil se suicida para, al menos, no perseverar en
el mal.

Si la Ética es la forja del carácter, los hábitos hedonistas tienden a la construcción


de un carácter feliz, para ellos no tiene sentido trabajar la fortaleza, luchar contra los
deseos o padecer para demostrar hasta qué punto se soporta el dolor y hasta qué punto
se tienen todavía deseos. El estoico no niega el dolor, lo soporta. Los epicúreos creen
que cada uno es según disfruta y se forma en el placer, saben lo que uno es cuando sabe
cómo goza.

2. Razón, sentido y resignación

Para los estoicos una persona no se conoce en sus placeres, sino en lo que es
capaz de superar Para superar pruebas es necesario ponerse a prueba. Esta es una
pedagogía del dolor. Es el sufrimiento como método para llegar al conocimiento de lo que
se es. En el dolor está la forja de la fortaleza, en la lucha contra la pasión se consigue la
apatía. Es una ética guerrera, un ir continuamente a la batalla para poner a prueba la
fortaleza.

Los estoicos creen que la razón humana es suficientemente potente, pues


participan de la divina, para participar del logos cósmico, la ley de Dios y entenderla en
parte; pero es una razón débil para controlar la pasión (¿qué es más difícil para el
fumador, controlar el número de cigarrillos diarios -propuesta epicúrea- o abandonar por
completo lo que considera un vicio -propuesta estoica-?).

La Ética estoica es una ética de la resignación, pero no trágica, sino de buen


talante, porque supone aceptar lo que Dios es y quiere. La Ética estoica se dirige a la
construcción de la fortaleza que requiere asumir voluntariamente el destino y preferir ser
guiado, querer lo que hay, que arrastrado en contra de la voluntad por ese destino. No es
una resignación trágica. La tragedia es ir en contra de los propios deseos y el estoico no
desea.

En la resignación estoica no hay esperanza ni tragedia pues estas se relacionan


con el deseo. El verso de Miguel Hernández "¿Tanto penar para morirse uno?" no es un
pensamiento estoico, porque es trágico. Al estoico le basta saber que ha hecho lo que
tenía que hacer, ésta es una satisfacción suficiente. La resignación estoica no es
esperanzada, pues no espera nada de su acción, si así fuera ésta se convertiría en un
medio para cumplir un deseo.

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Los estoicos son los primeros cosmopolitas de la historia, todos somos hermanos
en un mismo y único mundo. Defienden la igualdad. Influyeron en los cristianos en ese
cosmopolitismo defensor de la igualdad y en la resignación de la asunción del deber
porque es el deber. Mas el cristiano da mucha más importancia al valor individual.
Cuando muere el estoico, se disgrega en la gran conflagración universal que es el
cosmos.

Para los epicúreos el mal es el sufrimiento, que hay que disminuir en lo posible.
Los estoicos en cambio creen que el dolor humano tiene sentido. Todo tiene sentido. El
sentido es el logos, aunque no lo captemos. Si se entendiera el mundo “sub specie
aeternitatis” como Spinoza dijo, se entendería que el dolor tiene un sentido y, con ello,
resultaría menos doloroso. Pero en el dolor hay un aprendizaje. Uno no se conoce hasta
que se percata de lo que se es capaz de soportar. Uno es lo que es capaz de resistir.
Cuando se es capaz de soportar, uno se conoce a sí mismo; y ése es el objetivo de la
Ética. Asumido el aprendizaje de que el dolor venía de los deseos, aprendemos a no
desear. Cuando estamos superando el dolor soportándolo nos damos cuenta de que la
fuente de aquel dolor era que pretendíamos imponer nuestros deseos y voluntad al
mundo y el mundo no nos los satisfizo; gracias a ello, aprendemos a vivir mejor.

Para los estoicos no existe el mal, ¿cómo explicar el mal si Dios y el mundo son
una misma cosa? Cabe, no obstante, precisar una distinción entre el mal físico, sufrimos
un mal, y el mal moral, aquel que es fruto de nuestra voluntad, somos nosotros mismos el
agente del mal. Niegan una última realidad al mal, y suponen que las cosas malas sólo lo
son en apariencia, tomadas aisladamente, pero tienen sentido, sirven a la perfección de
la totalidad y por eso no son realmente malas.

El mal físico es el dolor que experimenta una persona. Si se vieran las cosas
desde una perspectiva global (pan-orámica) entenderíamos la razón de ser de este
sufrimiento. El mal lo es porque no se entiende, porque es absurdo, mas sólo lo es en
tanto no se participa del logos absoluto y se obtiene una visión parcial.

Si se entiende la razón de ser de lo que causa el dolor, el dolor se soporta. El


dolor lo es por falta de perspectiva global. Pero siempre es la prueba que pone de relieve
la virtud de la fortaleza o la falta de ella.

En el mundo estoico se niega la existencia ontológica del mal, que nos duela no
significa que sea malo. El mal físico es necesario para demostrar y forjar la virtud. Uno no
sabe lo que vale hasta que no se pone a prueba. El mal físico sólo es la cantidad de mal
necesaria para ver cuánto se soporta. Por eso el mal cumple para el estoico una misión
pedagógica. El sufrimiento es bueno porque es la condición para forjar el carácter. Para
los estoicos el sufrimiento es mayor cuando no se entiende, mas ellos le encuentran una
lógica desde la perspectiva cósmica. Además, el sufrimiento ayuda a conocerse a uno
mismo.

Séneca compadece a aquel que vive entre algodones, pues no se conocerá


nunca. Desde la antropología se da la razón al estoicismo, pues podemos constatar que
todas las sociedades tienen unos ritos de iniciación que son experiencias físicamente
duras, en que hay que superar pruebas para pasar de la infancia a la mayoría de edad,
se trata de poner a prueba la capacidad de afrontar por uno mismo las responsabilidades
de la vida.

El mal moral se produce cuando no se asume el destino y la persona es agente o


autora del mal. Hace el mal quien estúpidamente, abusando de la libertad, renuncia a
optar a ser guiado y con ello resulta arrastrado por el destino. Es tonto hacerlo contra la
voluntad cuando, en definitiva, se acabará haciéndolo.

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Pero el estoico no encuentra placer en el sufrimiento porque no busca el placer;
asumen que uno no es quien pone las reglas del juego. Lo único que depende de
nosotros es asumir que nada depende de nosotros en el curso de las acciones, sólo en el
de las intenciones.

El mal moral es fruto de la actividad del ser humano y queda reducido al ámbito de
las intenciones. El mal moral es aquella decisión en la que la persona, en uso de su
libertad, decide ser arrastrada por el destino. Por tanto, es fruto de una estupidez, una
falta de perspectiva global que hace que uno se empeñe en un protagonismo individual.

Esta visión es coherente con el sistema estoico panteísta y monista, donde el


mundo, Dios, el logos y la naturaleza se identifican. Por tanto, la Ética también participa
de este panteísmo y de este monismo. Mala será aquella acción estúpida, porque no
sigue el logos consistente en obedecer a Dios. El último reducto de libertad que le queda
al ser humano es pues aceptar el destino de buena gana o ser arrastrado por él
(inmoralidad).

Los estoicos defendían que el mal moral es fruto de no entender la bondad del
mundo en el que el mal físico no es realmente tal. El estoico se encuentra en una
situación insuperable que no puede cambiar, decide salvar lo que puede, así mismo
mediante la dignidad, acepta de la mejor manera posible lo que le ha tocado vivir.
Cuando los estoicos hablan del destino y, por tanto, de la fortaleza como virtud educable
moralmente para asumirlo, están hablando de aquellas circunstancias que nos vienen
dadas sin poder evitarlas y que marcan la vida.

Por eso la virtud por excelencia en esta Ética es la fortaleza. Pero esta fortaleza
necesita un entrenamiento continuo, en consecuencia, el estoico no huye del dolor, lo
busca, pero no con un talante masoquista, sino porque sabe que sólo asumiendo el
sufrimiento se demuestra lo fuerte que se es. En último término, el suicidio de los estoicos
es acción de fortaleza frente al reconocimiento de la propia debilidad, no quiere
perseverar en el mal para evitar indignidad.

Los estoicos hablan de la felicidad en dos sentidos:


a) La felicidad criticable, la débil, la que no educa el carácter porque es la fuente de
infelicidad. Para los estoicos es la búsqueda de la felicidad, entendida como la
satisfacción del deseo, la causante de las desgracias humanas y de la falta de sentido de
la vida. Esa búsqueda está condenada al fracaso, nunca será saciada porque todo está
determinado.
i) La felicidad propuesta por los estoicos es la felicidad entendida como apatía, donde
la pieza clave es la fortaleza. Si uno se encuentra fuerte, se sabe digno y se siente feliz.
En ese sentido habla Séneca del placer de haber renunciado a los placeres.

La apatía es para un estoico imperturbabilidad; por eso propugnan una ética


intelectualista en tres sentidos:

a) La Ética va encaminada a encontrar sentido, logos, y el mundo es el sentido. El


mundo es Dios y Dios es el logos, la razón universal. El mundo es concebido como una
gran razón.

b) La única posibilidad de sentido para el ser humano consiste en entender el sentido del
mundo. La razón humana participa de la universal y por eso puede entender el mundo en
el que el mal es un error intelectual, una concepción equivocada.

c) La razón humana es lo suficientemente fuerte para anular el deseo, la pasión, y optar


por la apatía, pero lo suficientemente débil para controlar dicha pasión. El estoico, como

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Óscar Wilde, piensa que una pasión controlada no es una pasión, sino decepción
perpetua.

3. La heterodoxia de Séneca

En la obra de Séneca encontramos contradicciones continuas. Conviven en él,


continuamente, el estoicismo clásico ortodoxo y su posición particular heterodoxa. Estas
diferencias no son fruto de una evolución. Él mismo dice que le preocupa divulgar la
filosofía estoica, no el rigor; no escribe para los filósofos. En Séneca, existe un destino
fatídico (fatum), una mala suerte contra la que ni Dios puede luchar.

Séneca vivió bajo los imperios de Claudio (aquel que sabía que moriría
envenenado, por eso sólo comía higos de la higuera de su huerto con los que, a pesar de
su cautela, murió envenenado); Calígula (aquel que nombró cónsul a su caballo) y Nerón
(que incendió Roma y culpabilizó de ello a los cristianos). Séneca vivió, pues, la
sensación de impotencia frente a un imperio que domina todo y lo era todo, un imperio en
el que ni los emperadores dominan la situación.

Séneca es estoico ortodoxo por su defensa de la actitud de soportar y renunciar,


por asumir el destino, por entender el suicidio como una última libertad, y por preferir ser
guiado que arrastrado. Sin embargo, se desvincula de la ortodoxia fundamentalmente por
que en su filosofía no hay panteísmo; se mantiene una relación paterno-filial con un Dios
que vive en el mundo y que no es el mundo. En Séneca hay cierta religiosidad próxima al
cristianismo, pero su tradición y biografía romana pesaron más. En las cartas a Lucilio
habla de un deseo de inmortalidad y, por tanto, se aleja de la conflagración universal y la
consiguiente disolución del individuo en el gran cosmos que defendía la ortodoxia.
Séneca subraya mucho el protagonismo del individuo y lo afirma como pieza crucial de su
ética. Para nuestro filósofo ni Dios puede luchar contra el mal que, en verdad, el mal
existe.

De esta afirmación de que el mal existe, se derivarán todas las peculiaridades del
estoicismo de Séneca, la principal de las cuales es la radicalidad que se da a la
autonomía individual y a la pasión por la autoafirmación personal. Se da en este filósofo
al tiempo que una apatía por las cosas exteriores, una gran pasión por la autoposesión.

En efecto, para Séneca el mal existe, no es una falta de perspectiva global o una
decisión personal de no asumir el destino, como decían los ortodoxos. Para Séneca el
mal existe y es inextirpable, ni Dios puede extirparlo. Hay decisiones humanas malas y
hay mal en circunstancias que son absolutamente injustas e indignas. Hay, por tanto,
cursos de acciones que no son lógicos ni justos.

Y contra ese mal hay que luchar. Lo menos importante es que sea vencido, lo
importante consiste en combatirlo. Así se subraya aún más el anticonsecuencialismo de
los estoicos: no es la consecuencia de las acciones (placer o victoria) lo que nos hace
actuar, no la eficacia de la acción el motivo, sino la plena conciencia de que se ha de
actuar.

En Séneca el mal tiene un doble papel, existe y se ha de luchar contra él, se le


extirpe o no, al tiempo que sirve para devenir, en su combate, fuerte. Como el mal existe
y existe la posibilidad de un destino fatídico, en Séneca se subraya por encima de todo la
autoafirmación personal y por eso interpreta el suicidio de Sócrates y de Catón com o
heroico.

Séneca convierte a Sócrates en estoico. Sócrates muere porque no le merece la


pena vivir en el mundo que le ha tocado, y, antes de retractarse de sus ideas, muere por

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ellas de una manera digna (eutanasia), no en nombre del hedonismo, sino porque la vida
que ha de vivir no es digna de ella. En el suicidio, según Séneca, se lucha por las ideas
que es lo único por lo que hay que luchar. Con su muerte, Sócrates, demostró que sus
idas valían más que una vida habiendo renunciado a ellas. Catón lucha con Pompeyo y
contra Julio César y pierde. Acatar al vencedor supondría, según Séneca, renunciar a sus
ideales y acatar un destino que no merece la pena ser vivido. Por eso se suicida.

Para Séneca, el suicidio es el último acto de autoafirmación personal. Si el mundo


es injusto, no merece ser vivido. Así interpreta él el suicidio de Sócrates, como
autoafirmación personal: no querer vivir en un mundo injusto -que niega la filosofía-
supone morir por las ideas. Para Séneca, el mal existe (no es algo inexistente como para
los ortodoxos), ni Dios puede luchar contra el mal, porque éste es el abuso de la libertad,
y ese es el precio de dar la libertad a los hombres.

Para Séneca la persona es un ser que lucha por un sentido. En Séneca hay una
pasión que es el autodominio, la autoposesión; El individuo es una gran autoridad moral.
El mal moral para Séneca consiste en renunciar a los propios ideales, o sea, rendirse,
claudicar. El estoico no es un arrebatado, va a la batalla sabiendo que es su deber, no
trágicamente, sino orgulloso; y si muere, no hay muerte más gloriosa. El hombre es un
ser en busca del sentido. Y en Séneca el principal de ellos es la autonomía individual. En
él hay una verdadera pasión por el sentido. Hay una lucha por los ideales.

Según Séneca el mal es inextirpable; y el mal de este mundo es fruto de nuestra


falta de lucha; por eso vuelve la importancia de la fortaleza: No hay espectáculo más
digno de un dios, que un hombre desafiando el destino. No puede extirpar el mal del
mundo pero sí que el mal del mundo no pueda con uno mismo. Contra él se lucha
aprendiendo a morir por las ideas.

Un hombre desafiando al destino es realmente impensable en una visión


heterodoxa. En Séneca pues conviven desarmónicamente el estoicismo ortodoxo, donde
se acepta el destino y el heterodoxo: cuando se ha de luchar contra él. El último punto de
referencia será la interpretación que del destino se hace desde el criterio personal. Si
Séneca, como parece aunque nunca hubo pruebas, participó en varias conspiraciones
contra el emperador, se mostraría con ello un constante deseo de cambiar el destino.

La apuesta estoica por el sentido la podemos ver desde el punto de vista de


Séneca. Ha de tener sentido, sino, ¿para qué seguir? Ha de tenerlo y es el que el
individuo el que se lo ha de dar y por el que ha de luchar. Séneca es individualista pero,
al mismo tiempo, cosmopolita. Los estoicos se sienten ciudadanos del mundo y luchan
por una justicia universal, por una hermandad universal. Séneca es individualista en el
sentido de que el individuo es la última autoridad, pero no lo es en el sentido de que no
haya ideales trascendentes por los cuales todos deberían luchar. En la lucha por la
justicia del mundo encuentra la vida su sentido.

Los estoicos conciben la Ética como una continua lucha para hacer que la vida tenga el
sentido que ha de tener, sin depender del éxito del esfuerzo, aunque espera que no sea
en vano, que tendrá sentido. Es una ética de la intención y la convicción, pues el curso de
las acciones no dependen de la voluntad humana, sólo responderemos de nuestra
fortaleza para luchar por nuestras convicciones.

Es importante resaltar y repetir que los estoicos (tanto los ortodoxos como los
heterodoxos) superan el relativismo de los epicúreos porque creen en una justicia y
hermandad universales. Los estoicos se oponen al relativismo de la justicia, y al
relativismo de los placeres.

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A modo de resumen: En Séneca, el mal existe. No hay optimismo panteísta sino
agónico, de combate. Hay una noción de un dios paternal y deseo de inmortalidad. Existe
una cierta relación de complicidad con dios en el padecimiento y en la lucha contra el
mal.

4. Comparación entre el pensamiento estoico y el epicúreo.

Los estoicos están totalmente en desacuerdo con los epicúreos cuando afirman
que uno sólo se conoce cuando se pone a prueba y conoce sus límites, en el
sufrimiento, no en el placer. El verdadero amor no se constata en compartir los
placeres, sino en el absoluto desinterés por las consecuencias que una acción reporte.
La verdadera amistad está en estar incluso cuando no apetece. La amistad es la
complicidad en las ideas y en las luchas. La amistad no reside en el sentimiento, sino
en la complicidad en el sentido. Por último, los verdaderos amigos se encuentran en la
desgracia, en las circunstancias adversas.

Séneca lee detenidamente a Epicuro y reconoce que no están defendiendo cosas muy
distintas, se busca el mismo sitio por distintos caminos; pues la apatía estoica y la
ataraxía epicúrea propugnan, aunque por diferentes vías, el mismo estado de paz
espiritual, de tranquilidad anímica. El mismo Séneca nos ofrece su opinión respecto al
tema:

"Yo mismo soy de la opinión de que los preceptos de Epicuro son venerables, rectos,
y, si los miras más de cerca, tristes; pues reduce el placer a algo escaso y mezquino, y la
ley que nosotros asignamos a la virtud, él la asigna al placer: le ordena obedecer a la
naturaleza; pero es poco para la sensualidad lo que para la naturaleza es bastante. No
diré, como la mayoría de los nuestros, que la escuela de Epicuro es maestra de infamias,
sino que digo: tiene mala reputación, tiene mala fama, y no la merece". (Sobre la
felicidad, Séneca)

Epicuro define el bien y lo busca según un cálculo de conveniencia. Es bueno si


conviene según un cálculo a largo plazo, hasta el punto que puede tomar lo malo -el
placer- por lo bueno -la calma-, lo cual es locura para Séneca.

Según Séneca, la vida ordenada racionalmente es la del hombre dueño de sí que no


se deja dominar por nada y pone las cosas en una perspectiva justa. En relación con los
que ponen la felicidad en el placer escribe:

"Embriáguese con los placeres anteriores y anticipe ya los futuros, apreste sus
esperanzas y, mientras el cuerpo se abandona a los festines presentes, ponga el
pensamiento en los futuros; tanto más desdichada me parecerá por ello, pues tomar lo
malo por lo bueno es locura. Y sin cordura nadie es feliz , ni es cuerdo a quien apetecen
las cosas dañosas como si fueran las mejores. Es feliz, por tanto, el que tiene un juicio
recto; es feliz el que está contento con las circunstancias presentes, sean las que
quieran, y es amigo de lo que tiene. Es feliz aquel para quien la razón es quien da valor a
todas las cosas de su vida". (Sobre la felicidad, Séneca).

No es el placer el que da la felicidad, como piensan los epicúreos. Sin razón no


hay felicidad. Es feliz quien tiene juicio recto La mejor manera de vivir para los estoicos
es anulando el placer, no buscándolo.

Epicuro convierte la razón en calculadora. El deseo supone ausencia de algo y


creencia de que se puede satisfacer esta ausencia. Para los estoicos no desear es estar
contento con las circunstancias presentes, sean las que fuere, lo que supone que nos

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hemos de amoldar al mundo. El estoico es amigo de lo que tiene, lo que hay es ya bueno,
y no desea (apatía) como fruto de la razón, no a causa de un desinterés por todo.

Un objeto es valioso para Epicuro si produce placer, para Séneca, si endurece. Lo


importante para éste no es el valor del objeto, sino el sentido que se le encuentra y su
lógica. (intelectualista). Mas ambos convierten la razón en una esclava de la pasión;
también Séneca está tan volcado en eliminar la pasión que ésta acaba siendo una
esclava de aquella.

Sin embargo, la pasión estoica no es un mal, está para ser anulada. Pero sin la
pasión no sabríamos quienes somos, no encontraríamos los límites. Quieren eliminarla y
no pueden prescindir de ella. Séneca propugna el placer de anular el placer, en ello se
encuentra la felicidad, pues la vida es batalla. En el fondo la pasión es necesaria y la
razón también. Para Epicuro la razón sirve para maximizar el placer, en Séneca para
anularlo.

En la búsqueda de la ataraxía, la paz y la tranquilidad, Séneca defiende a los


epicúreos. Difieren en el medio: Control del deseo versus extirpación del deseo. Ambos
buscan la tranquilidad del alma, pero pedagogía del dolor versus pedagogía del placer. El
placer es como esa hierbecilla que crece, sin que nadie la plante y termina dando una
flor, como la amapola, que alegra. No se ha buscado, pero si está ahí, mejor.

La filosofía epicúrea enseña a vivir y la estoica a morir.

5. Críticas al estoicismo

Hay una reducción inconsistente de la libertad al ámbito de las intenciones, pues


las intenciones son hechos del mundo y para moldear el mundo. Además, algunas
intenciones redundan en acciones (por ejemplo, el suicidio), con lo que alguna capacidad
de cambio tienen las acciones. Por otro lado, los pensamientos son fenómenos psíquicos
de un cerebro que está en el mundo, y de los pensamientos se derivan los cambios que
propician las acciones.

Es una teoría ética para tiempos duros, de desorientación; es una Ética para la
resistencia y para aprender a morir. Ser estoico sería la única posibilidad Ética, en
situaciones en que se constata una gran impotencia. Es, por tanto, una Ética que no se
escogería de tener otra que afrontase ese tipo de situaciones. Lo deseable es que pueda
ser superada. Lo ideal es no tener que ser estoico.

Son los primeros deontólogos de la Historia. Tienen presencia en Espinoza e


influencia en Kant. Los estoicos no renuncian a una cierta felicidad: saberse fuertes.
Séneca no huye del placer, sino de la dependencia y debilidad que pueda reportar.