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La Virgen María, Madre de los Dolores

En esta semana, que comenzamos la Semana Santa, quiero destacar especialmente la respuesta
de la Virgen María, modelo vivo para todo cristiano: Hágase en mí según tu Palabra. No ha
dudado ni un segundo, no le ha hecho esperar a Dios. Precisamente esta disponibilidad generosa
y total la ha destacado el Papa, Benedicto XVI, en la Exhortación Apostólica, Sacramento de
caridad, en el número 33, diciendo: “María de Nazaret, desde la Anunciación hasta Pentecostés,
aparece como la persona cuya libertad está totalmente disponible a la voluntad de Dios… La fe
obediente es la forma que asume su vida en cada instante ante la acción de Dios”. La Virgen
María es la gran creyente que se ha entregado, sin reservas, al Señor, de la mano de Nuestra
Señora vivamos los Misterios de la Muerte y Resurrección del Señor, con auténtica fe.

Si nos fijamos a nuestro alrededor nos daremos cuenta que muchos cristianos ven zarandeada su
fe por la multiplicidad de dificultades que han de afrontar y que están presentes en nuestro
mundo, dificultades que vienen de uno mismo, de "no estar en vela" (Lc 21,36; Mt 26,40) y las
que nos vienen dadas por el ambiente en que vivimos. La tentación de la duda, de la
incredulidad, que ha existido siempre, sigue haciendo acto de presencia no dejando a la fe en
paz. Hoy día vemos cómo muchos valores, incuestionables en otros tiempos, se están poniendo
en tela de juicio: el valor de la vida, con la lacra del aborto, eutanasia; el valor de la familia, que
tiene que padecer tantos ataques e intentos de romperla; el valor de la fe de nuestro pueblo,
atacada por propuestas soeces, ridículas o blasfemas... También es verdad que en esta situación
no todo son desventajas, ya que están urgiendo a una profundización en la fe, a una toma de
posición más consciente y personal. Es ineludible tomar postura y definirse.

Para el cristiano de este siglo, de esta época, es fundamental el modelo de fe de la Santísima


Virgen María. No en vano el Concilio nos dice (L.G.,63; 65) que María es "tipo y ejemplar
acabadísimo de la Iglesia en la fe y en la caridad" y que "Maria resplandece como modelo de
virtudes para toda la comunidad de elegidos". No debemos olvidar, pues, que María fue la
primera creyente en Jesús, porque ha sabido escuchar los planes de Dios en orden a la salvación
del género humano: "María es la oyente, que acoge con fe la Palabra de Dios: fe que para ella fue
premisa y camino hacia la Maternidad divina, porque como intuyó San Agustín: "La
Bienaventurada Virgen María concibió creyendo al (Jesús) que dio a luz creyendo". Su fe
interpela la nuestra y nos ayuda a descubrir mejor cómo debe ésta conducirse y avanzar. Vivió
una experiencia única, colmada de enseñanzas para nosotros, porque se le pidió creer en un
"imposible", como se le ha pedido a las grandes figuras de la Historia de la Salvación, recuérdese
a Abrahán y salta a la vista la respuesta positiva y la estima que tenían los primeros cristianos a
la Madre de Jesucristo: "¡Feliz la que ha creído...! (Lc 1,45).

Nuestra fe no debe ser fruto de una elaboración de un proyecto personal, sino fruto de la
seducción de Dios vivida con la misma actitud de María: "Fiat", como respuesta, "He aquí la
esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38). La Virgen María es el modelo de
persona que ha sabido escuchar a Dios, es el modelo que nos ayudará a valorar la facultad de la
escucha y a que no veamos ahogada nuestra fe por una palabra que no sea la de Dios. En los
tiempos difíciles escuchar es todavía más necesario, para dejarse penetrar por la novedad del
mensaje. Se necesitan oyentes de la Palabra y para esto es preciso, crear un estilo de oración,
confianza en Dios, participación en la Eucaristía… El Papa hace una referencia en la
Exhortación sobre la Eucaristía en estos términos: “María de Nazaret, icono de la Iglesia
naciente, es el modelo de cómo cada uno de nosotros está llamado a recibir el don que Jesús
hace de sí mismo en la Eucaristía” (n.33)
Pidamos en este día por las Hijas de la Caridad, que renuevan sus votos al Señor. Os bendice,
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín