Vous êtes sur la page 1sur 25

UNIVERSIDAD ANDINA DEL

CUSCO
FACULTAD DE DERECHO Y
CIENCIA POLITICA
ESCUELA PROFESIONAL DE
DERECHO

RELACION DE SERVICIOS PUBLICOS Y LA LIBRE COMPETENCIA

ALUMNOS:

 CRISTIAN HILARES SALAS


 JAIR ROJAS TERRONES
 PABLO SEBASTIAN CASTRO VARGAS
 GHIRO JULINHO MIRANDA QUISPE
 JOSE LUIS PILARES SANCHEZ
 GHIRO JULINHO MIRANDA QUISPE
INDICE
Introducción............................................................................................................................... 3
La libre competencia .................................................................................................................... 4
¿Qué es la libre competencia? ................................................................................................. 4
¿Qué es el derecho de competencia? ...................................................................................... 4
¿Para que sirve la libre competencia? ..................................................................................... 5
Los Servicios Públicos ............................................................................................................... 6
La Libre Competencia, Diferencias Y Coincidencias Entre La Libre
Competencia Y La Regulación.......................................................................................... 7
La Regulacion De Los Servicios Publicos En El Perú ............................................... 8
El Estado De Bienestar ..................................................................................................... 12
El Estado regulador ........................................................................................................... 13
La Regulación: Qué Es, Por Qué Se Presenta Y Qué Busca .................................. 14
El régimen jurídico de los actos y contratos de las empresas de servicios
públicos y la libre competencia...................................................................................... 15
CONCLUSIONES................................................................................................................. 21
Bibliografía ................................................................................................................................. 22
Introducción

La presente investigación, se llevó a cabo a través del desarrollo de la libre competencia


y los servicios públicos teniendo conceptos claros así llegar a la relación que tienen
entre si
En este tiempo sabemos que la libre competencia crece cada día más en un estado
social de mercado cualquier persona o empresa es libre de participar en una
determinada actividad económica ya sea como vendedor o como comprador. Cuando
existe libre competencia, las empresas o personas son libres de entrar o salir de un
mercado .pero esta tiene que estar regulada, deben ejercer los Estados nacionales para
impedir monopolios, concentración y posiciones dominantes de empresas y carteles y
evitar operaciones de comercio internacional que, vía precios de predatorios,
distorsionen o perturben mercados perjudicando a consumidores y agentes de comercio
en general
Eso como primera parte y al momento que existe los servicios públicos tenemos en
cuenta que según la RAE El servicio público hace referencia al acto y el resultado de
servir (el desarrollo de una acción para la satisfacción de una cierta necesidad).es decir
que servicios públicos es la satisfacción de necesidades generales a través del estado
y también conocida como prestación de servicios ya que con todos nuestros tributos
obtenemos servicios públicos como el agua, luz y telefonía

Si bien existen características, que se desprenden de los servicios públicos,


encontramos que el mismo debe ser prestado para cubrir necesidades de interés
general, y no particular. Por lo tanto, la prestación de un servicio público no debe
perseguir fines de lucro.
Generalmente, los servicios públicos son ejercidos por un organismo, pero también
pueden hacerlo los particulares, bajo la autorización, control, vigilancia y fiscalización
del Estado, con sujeción al ordenamiento jurídico permanente. En sentido general,
están sometidos al régimen legal de derecho público, pero, también pueden estar
sometidos a un régimen de derecho privado, siempre y cuando así lo disponga
expresamente la Ley.
El tratamiento oficial de la materia de servicios públicos ha pasado por etapas
divergentes de transformación (del Estado prestador de servicios al Estado regulador),
hacia una nueva regulación jurídica e institucional donde se establece taxativamente la
función ejercida por la Administración Pública como ente rector de las políticas
públicas, sujeta al servicio público o interés general, estando en consecuencia al
servicio de la ciudadanía sin ningún tipo de distinciones, privilegios o discriminaciones.

Y conociendo estos dos aspectos generales partimos que la relación entre servicios
públicos y la lkibre competencia es en regla general en los servicios
públicos domiciliarios es la libre competencia, que le permite a cualquier operador
entrar a prestar el servicio
La libre competencia
¿Qué es la libre competencia?
La libre competencia es el resultado de todos los agentes económicos establecidos en
una determinada sociedad, estos determinan el impacto de un producto, debido al
método económico de costo beneficio que busca el producto, para Pierre Bon: “La
competencia es el conjunto de esfuerzos que desarrollan los agentes económicos que,
actuando independientemente, rivalizan buscando la participación efectiva de sus
bienes y servicios en un mercado determinado” (Bon, 2016)

Para el autor Cesar Landa :

La libre competencia es una situación en donde cualquier persona o


empresa es libre de participar en una determinada actividad económica ya sea
como vendedor o como comprador. Cuando existe libre competencia, las
empresas o personas son libres de entrar o salir de un mercado. Asimismo,
tienen completa libertad para fijar el precio de sus productos con el objetivo de
atraer las preferencias de los consumidores. Estos últimos por su parte, son
libres de elegir qué productos quieren comprar y a qué oferentes quieren acudir.

(Arroyo, p. 128, 2016)

Además La Constitución Política del Perú en su artículo 61 establece el principio de libre


competencia como un derecho radicado en cabeza de todos los ciudadanos que supone
responsabilidades y está sometido a los límites que establezca la ley.

¿Qué es el derecho de competencia?


El Derecho de Competencia se ocupa de la protección de los intereses de los
consumidores y de la protección de la libre competencia en los mercados. Éstos se
protegen mediante la prohibición de actos que se considera impiden la competencia,
tales como dumping predatorio , abuso de posesión dominante, etc esta protección que
se busca es mediante la promoción y abogacía por un entorno competitivo sano , donde
todas las empresas compitan en una posición horizontal , ya que de esta forma se busca
la igualdad de oportunidades en el mercado.

El maestro Oscar Sumar Albujar opina respecto a este tema :

La competencia es el conjunto de esfuerzos que desarrollan la personas


que, actuando independientemente, buscan asegurarse la consecución
de un fin. En términos económicos, la competencia es un conjunto de
actos desarrollados por agentes económicos independientemente, que
rivalizan con el fin de asegurar la participación efectiva de sus bienes y
servicios en un mercado determinado.

La competencia en los mercados debe protegerse al imponer presión a


las empresas para que sean más eficientes y provean productos con
mayor calidad y variedad a precios más bajos. Para esto, las empresas
deben invertir en mejorar la calidad y producir más; incentivos
directamente relacionados con el crecimiento económico y la innovación
que se traducen en beneficios para los consumidores. En este sentido, el
estímulo económico llamado competencia es el único mecanismo
conocido que, por sí solo, puede mejorar el nivel de vida sin la
interferencia del Estado.

(Albujar, 2013)

¿Para que sirve la libre competencia?


La libre competencia sirve para crear una actividad económica estable dentro de los
parámetros de la sociedad, esta actividad económica consiste en brindar a los
compradores el producto que buscan a un precio justo , además de darle la libertad de
elegir este mismo producto dentro de una amplio mercado que tiene a su alcance, frente
a todo este mercado que se tiene , es el consumidor quien elige que producto se va a
colocar por encima de otros, esto debido a la oferta y la demanda.

Esto a su vez trae beneficios, los cuales son :

 Incentiva a las empresas a ser más eficientes, innovar y mejorar constantemente


la calidad de sus productos con el fin de atraer la preferencia de los
consumidores. Las empresas más competitivas serán las únicas capaces de
sobrevivir en el mercado y obtener utilidades.

 Beneficia directamente a los consumidores que terminan pagando menores


precios y pueden optar a más y mejores productos que en el escenario de un
monopolio o un escaso nivel de competencia.

 Cuanto más libertad de competencia exista, más cerca se estará un mercado


de la llamada competencia perfecta.

De esta manera, “La legislación de competencia es una expresión de las facultades


regulatorias que deben ejercer los Estados nacionales para impedir monopolios,
concentración y posiciones dominantes de empresas y carteles y evitar operaciones de
comercio internacional que, vía precios de predatorios, distorsionen o perturben
mercados perjudicando a consumidores y agentes de comercio en general (…)”

Según los Lineamientos Generales para la Aplicación de las Normas de Libre


Competencia en el Ámbito de las Telecomunicaciones, aprobados por Resolución No.
003-2000-CD/OSIPTEL, publicada el 8 de febrero de 2000

"La legislación de libre competencia vela por el proceso competitivo a través del
comportamiento”

(Rubias, 2013).

Los agentes que interactúan en el mercado, siendo el fin último de la misma que la libre
iniciativa privada se desenvuelva procurando el mayor beneficio de los usuarios o
consumidores.
En este sentido, OSIPTEL opina :

La legislación de libre competencia tiene una finalidad


económica: maximizar el bienestar del consumidor a través del uso eficiente de recursos
por parte de las empresas. Se entiende, pues, que la eficiencia, en su sentido económico
(lograr la mejor asignación de recursos escasos) es un valor que debe orientar la
aplicación de la ley. Como ya vimos, nuestro sistema jurídico privilegia la consecución
de este objetivo (la eficiencia que redunda en bienestar del consumidor) mediante la
plena vigencia de la libertad de iniciativa privada.

(Indecopi, 2018)

OSIPTEL ha establecido que el criterio para medir la eficiencia será el bienestar que la
conducta empresarial pueda generar en los consumidores.

Como ya se dijo, tal bienestar se deriva precisamente de la concurrencia de empresarios


y consumidores en un mercado. De acuerdo con la finalidad adoptada por nuestra
legislación, se deben sancionar aquellas prácticas que implican un uso no eficiente de
recursos mediante conductas que afectan la libre competencia, el libre juego de la oferta
y la demanda. Ello será claro en algunos casos, por ejemplo, la concertación o acuerdo
de productores o proveedores para fijar precios implica que los consumidores están
pagando un precio mayor al que arrojaría el mercado en ausencia del acuerdo. Sin
embargo, en otros casos, puede ser difícil determinar si una práctica implica un uso no
eficiente de recursos

Los Servicios Públicos

Según la RAE :

El servicio publico hace referencia al acto y el resultado de servir (el


desarrollo de una acción para la satisfacción de una cierta necesidad).

(Pacheco, 2017)

Para el autor Laverde el servicio público es :

Se denomina servicio público, de este modo, a la actividad que desarrolla


un organismo estatal o una entidad privada bajo la regulación del Estado para satisfacer
cierta necesidad de la población. La distribución de electricidad, el suministro de agua
potable, la recolección de residuos y el transporte son algunos ejemplos de servicios
públicos.

(Alvarez, 2012)

Siguiendo esta línea de conceptos ofrecidos por los maestros ya mencionados podemos
sostener que los servicios públicos son dos , los básicos en las ciudades como son los
medios de transporte, entre los que destacan tanto el autobús como el tranvía o incluso
lo que es el metro. Esos pueden ser utilizados por cualquier persona a través de los
correspondientes billetes simples, pero suele suceder que los habitantes de la ciudad
pueden disfrutar de ciertas reducciones en el precio mediante determinados bonos o
tarjetas.

Para el profesor Alberto Pisconte los “Servicios públicos son todas aquellas actividades
llevadas a cabo por los organismos del Estado o bajo el control y la regulación de este,
cuyo objetivo es satisfacer las necesidades de una colectividad. Los servicios públicos
son una función de Estado, puesto que el Estado no es sino una corporación de servicios
públicos administrados por los gobernantes sobre quienes recae, a su vez, la función y
la obligación de crear, organizar y garantizar el adecuado funcionamiento de los
servicios públicos”

(Peña, 2014, p.83)

Para Ariño Ortiz , “Actividad propia del Estado o de otra Administración Pública, de
prestación positiva, con la cual, mediante un procedimiento de derecho público, se
asegura la ejecución regular y continua, por organización pública o por delegación, de
un servicio técnico indispensable para la vida social”. ( 2003)

La Libre Competencia, Diferencias Y Coincidencias Entre La Libre Competencia


Y La Regulación
La liberalización del Estado denota la supresión de los obstáculos que impiden que
pueda considerarse que la actividad económica sea libre , como, por ejemplo, los
monopolios , así como la liberalización de aquellas actividades publificadas , actividades
que pueden ser gestionadas solo por el Estado o por los privados a través de
concesiones

(Quadra, 2000)

En tal sentido, el contenido central y medular de la liberalización implica devolver a los


privados la libre iniciativa económica, lo que, antes, en virtud de actos del Estado, estaba
reservado a la titularidad y gestión estatal (De La Quadra-Salcedo, 2000, p. 31).

Teniendo en cuenta que con la liberalización el Estado decide abrir el mercado a la libre
iniciativa privada, se deberá establecer como regla general el libre funcionamiento del
mercado y, por tanto, garantizar que las actividades liberalizadas se presten en libre
competencia, en contraposición a la intervención directa del Estado en la economía.

Al respecto, el artículo 61 de la Constitución Política del Perú de 1993 estipula lo


siguiente: «El Estado facilita y vigila la libre competencia. Combate toda práctica
que la limite y el abuso de posiciones dominantes o monopólicas. Ninguna ley ni
concertación puede autorizar ni establecer monopolios». Ahora bien, este
planteamiento de que la regla general es la libre competencia no desconoce que el
Estado puede intervenir como regulador, puesto que, si bien es cierto que el mercado
tiene sus propias reglas y, sobre la base de ellas, se satisfacen las necesidades de los
ciudadanos, también es cierto que muchas veces los privados pueden advertir
circunstancias especiales (por ejemplo, en el caso de los servicios HEBERT EDUARDO
TASSANO VELAOCHAGA Derecho PUCP, N° 76, 2016 / ISSN 0251-3420 públicos,
escenarios de monopolio legal o natural) que les permitan aprovecharse de los usuarios
o consumidores ante la ausencia del Estado. En ese sentido, es claro que la regla
general será que los agentes del mercado actúen en el marco constitucional establecido
de libre competencia; sin embargo, existirán supuestos en los cuales el Estado deberá
intervenir mediante la regulación para corregir determinadas fallas de mercado, como
veremos más adelante.

Esta regulación se realizará en una etapa de actuación de los agentes ex ante, sin
perjuicio de la actuación del Estado ex post cuando determine que una cierta conducta
es anticompetitiva. En efecto, las normas de defensa de la competencia y la regulación
son formas de intervención de los poderes públicos en los mercados. Ambas persiguen
el interés general, pero tienen contornos distintos y específicos.

Por un lado, el derecho de la competencia no es otra forma de regulación,


sino una alternativa que procura conseguir las condiciones para crear o mantener
los elementos de un mercado competitivo, más que repetir los resultados de la
competencia o corregir sus defectos o fallos

(Cases, 2009)

Así, en el momento en que los poderes públicos estiman que la regulación económica
no es necesaria, utilizan otro tipo de intervención en el mercado para el control de las
conductas de los operadores económicos, como es la defensa de la competencia
(Cases, 2009, p. 435).

Dicho ello, queda claro que, tal como lo hemos señalado anteriormente, el hecho de que
el Estado haya aplicado una política de liberalización y, como consecuencia de ello,
estén establecidos como regla general la libre competencia e, incluso, el rol subsidiario
del Estado no implica que este no pueda intervenir en el mercado. Sin embargo, esta
intervención se realizará de manera excepcional en determinados casos, para lo cual
está habilitado a intervenir como regulador (ex ante) y a establecer reglas para la
defensa de la libre competencia (ex post).

Para (Ariño & López de Castro, 1999, p. 615), se trata de un nuevo modelo de
Regulación para la competencia, pues dadas las tendencias colusivas de muchos
sectores, la privatización y la teórica liberalización podía dar lugar a un monopolio
privado, tan ineficiente como el monopólico servicio público de titularidad estatal

En ese sentido, cuando existan justificaciones para que el Estado intervenga en el


mercado (por ejemplo, en el caso de algunas industrias de red que son calificadas
como servicios públicos, donde se presentan fallas de mercado), deberá decidir
si corresponde crear un organismo regulador que se encargue de la regulación ex
ante (Bullard, 2003, p. 633) necesaria y delimitar sus funciones respecto de las
actividades que considere pertinente intervenir. O deberá decidirse si resulta pertinente
crear una agencia de competencia que se encargue de la regulación (Derecho PUCP,
N° 76, 2016 / ISSN 0251-3420 post (Bullard, 2003, p. 633), delimitando sus funciones
y competencias, más aun para el caso de los servicios públicos.

La Regulacion De Los Servicios Publicos En El Perú


Los servicios públicos se conciben como una técnica legal de regulación sobre
actividades de contenido económico, destinadas a satisfacer necesidades esenciales
de los ciudadanos, cuya titularidad ostenta el Estado a través de la publicatio y cuya
gestión la puede realizar el propio Estado o los particulares, a través de una concesión.

Ahora bien, en la medida en que se tratan de actividades que resultan esenciales para
los ciudadanos, su gestión, ya sea por parte del Estado o por parte de los particulares,
se encuentra sometida a un régimen jurídico especial, donde se establecen una serie
de derechos y obligaciones para todas las partes que intervienen (concesionarios,
concedente, usuarios, organismos reguladores). Así, por ejemplo, a diferencia de otro
tipo de actividades, la gestión de las actividades consideradas servicios públicos está
sometida a determinados principios jurídicos, tales como la igualdad, la mutabilidad, la
continuidad y la universalidad. Por este motivo, existe un control estricto por parte del
Estado a través de las autoridades administrativas competentes, dentro de lo que hemos
denominado rol regulador del Estado.

Ello se encuentra de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 58 de la Constitución Política


del Perú, que establece que el Estado:

“Orienta el desarrollo del país, y actúa principalmente en las áreas


de promoción de empleo, salud, educación, seguridad, servicios públicos
e infraestructura». El mencionado artículo confirma la importancia que
tienen los servicios públicos para la población y el progreso social de la
nación, de manera que no pueden quedar expuestos a los riesgos del
mercado, debiendo el Estado intervenir de manera oportuna y objetiva”

(Sentencia Luis Nicanor Maravi Arias, 2005)

Dentro de este contexto, el Estado ha creado a los organismos reguladores de servicios


públicos, los cuales tienen el encargo de intervenir (de manera ex ante o previa) en el
mercado, para cumplir ”la función de suministrar el marco regulador necesario a fin
de promover nuevas inversiones, así como el ingreso de nuevos operadores,
desarrollan al mismo tiempo mayores niveles de bienestar para los usuarios de
los servicios bajo su supervisión”

(Tribunal Constitucional, 2003)

En este punto, resulta conveniente apreciar que cuando hablamos de regulación


hacemos referencia a la regulación económica, la cual afecta a los sectores
intervenidos, calificados como servicios públicos, se centra en la entrada y salida de la
actividad (por medio de contratos de concesión) y afecta las condiciones económicas.
De esta forma, es el Estado quien, a través de su prerrogativa de poder de control,
puede establecer el “quantum” de producción, el ámbito físico o zonas de actuación y
las tarifas (precios públicos) que se deben cobrar.

Resulta importante tener en cuenta que el objetivo de la regulación no es tanto controlar


a las empresas, cuanto proteger a la sociedad en la ejecución de actividades que
resultan esenciales para la vida y el bienestar de aquella

(Castro, 1999)

Es por ello que cobra sentido el que la regulación económica se aplique en el caso de
los servicios públicos y no en otras actividades. Sobre la base de este mandato
constitucional es que el Estado ha creado los organismos reguladores.

La regulación se da en industrias que tienen determinadas características, no solo desde


un aspecto legal (por ejemplo, ser consideradas actividades esenciales o importantes
para el interés público), sino desde el punto de vista técnico y económico. En efecto, la
organización económica en las industrias que proveen los servicios públicos es uno de
los aspectos más complejos de la actividad económica. Estas industrias se caracterizan
por la existencia de importantes costos hundidos, economías de escala y de ámbito , y
el consumo masivo de los servicios (Levy & Spiller, 1994).

A esto hay que agregar que la maduración de las inversiones y los períodos de
depreciación de los activos en estas industrias son elevados por encima de los quince
años para el caso de las telecomunicaciones, veinte años para el sector eléctrico, treinta
años para los servicios de agua y desagüe y aun plazos mayores para el caso de la
infraestructura de transporte y que requieren de largos períodos de recuperación de la
inversión, lo que implica horizontes de largo plazo al momento de tomar decisiones
tarifarias y de crecimiento de la demanda. Por lo tanto, se debe tener en cuenta que,
además de reglas claras y estabilidad, se necesita de mecanismos adecuados y
confiables para que los organismos reguladores cumplan sus funciones de supervisión
y fiscalización, así como para resolver los posibles conflictos que surjan durante la larga
ejecución de las concesiones y los reclamos que presenten los usuarios. Teniendo en
consideración las características de estas industrias, no es posible incorporar en el
contrato regulatorio todos los shocks de costos y de demanda que a lo largo de la
ejecución del contrato se presenten. Por ello, el diseño institucional y organizacional de
los organismos reguladores debe resolver de forma óptima, en términos de mayor
bienestar social, los intereses en conflicto de los actores de la actividad regulatoria:
Estado, empresa regulada y organismo regulador. Esto se traduce en seguridad jurídica,
para todos los agentes que participan en un sector determinado. Por consiguiente, en el
caso del Perú, el Estado ha publicado (es decir, las ha calificado como servicios
públicos) aquellas actividades que cumplen con las características de las industrias
reguladas, tales como las vinculadas a las telecomunicaciones, la electricidad, el gas
natural, el agua potable y la infraestructura de transporte público. Para estos casos, el
Estado peruano ha creado organismos reguladores encargados de realizar regulación
ex ante, a propósito de los procesos de liberalización de los servicios públicos, los
cuales, en algunos casos, estuvieron acompañados por privatizaciones de empresas
estatales monopólicas (por ejemplo, en las áreas de telecomunicaciones y electricidad).
La finalidad de la creación de los organismos reguladores fue garantizar un tratamiento
técnico de la regulación y supervisión de las actividades económicas calificadas como
servicios públicos o de actividades que se desarrollan en condiciones de monopolio
natural o poco competitivo y que requieren para su desarrollo la utilización de redes de
infraestructura. Asimismo, se crearon para ejercer acción sobre el mercado mediante
una intervención «arbitral», buscando el equilibrio entre los intereses de los usuarios,
de los prestadores del servicio y del mismo Estado. Por ello, la regulación debe ser
utilizada como un instrumento al servicio del mercado y no como un sustituto del mismo.
Los organismos reguladores se crean, además, para garantizar un marco institucional
de seguridad y estabilidad en las reglas de juego y la inversión. En esa línea, su éxito
dependerá del entendimiento de las relaciones entre la estructura del mercado, el diseño
de las reglas y los requerimientos institucionales.

Como veremos a continuación, la aparición de reguladores en el Perú determinó la


liberalización de amplios sectores del mercado, la transferencia al sector privado de la
propiedad de numerosas empresas estatales y el otorgamiento de concesiones de
servicios públicos y de obras públicas de infraestructura
(VELAOCHAGA, 2016)

La Regulación de los servicios públicos y la libre competencia

La garantía de la libertad económica provada continua teniendo una importancia


significativa en los textos consitucionales , esta realidad es ajena a consideración
ideológicas y concepciones económicas precisas ; aun ebnun contexcto bastante
difernte al de las revolcuones liberales , la protección de los intreses de los particulares
en u nentorno económico sigue mereciendo una especial atención por parte del Estado
que concretiza en manifestaciones de índole patrimonial.

En nuestra consitucion de 1993 en su articulo 59, se establece la libertad de empresa ,


este arituclo que a la letra establece lo siguiente :

CAPITULO I

Articulo 59 .- Rol Económico del Estado

El Estado estimula la creación de riqueza y garantiza la libertad de trabajo y la libertad


de empresa, comercio e industria. El ejercicio de estas libertades no debe ser lesivo a
la moral, ni a la salud, ni a la seguridad públicas. El Estado brinda oportunidades de
superación a los sectores que sufren cualquier desigualdad; en tal sentido, promueve
las pequeñas empresas en todas sus modalidades

En nuestra constitución política de 1993 se confirma su considerancion , además de


insertar algunas novedades de carácter formal, pero tambien material, dono no solo se
consideran distintas actividades que deben ser garantizadas , una innoovcaion del
Estado lo tenemos en el arituclo 60 de la constitución política del peru , en el cual
establece el rol subisidriario del estado, además de establecer tácitamente algunos
servicios públicos , sin lugar a dudas esto se debe a las nuevas necesidades de la
sociedad, y que hoy en dia las podemos apreciar Tenemos un claro ejemplo del país
vecino de Colombia, quien a comienzos del decenio de 1990 ocurrió algo que para la
mayoría de los ciudadanos pasó desapercibido:

El Estado deja de realizar algunas funciones que desde hacia ya más de cuatro
décadas venía ejecutando. Es el caso de la provisión monopólica de servicios públicos
domiciliarios (acueducto, alcantarillado, electricidad y telecomunicaciones, entre otros)
que antes eran suministrados exclusivamente por el Estado y ahora pasaron a ser
funciones también de la empresa privada. El Estado se ha convertido esencialmente en
agente planificador, regulador, vigilante y controlador de las acciones del sector privado

(Andre, Colombia y los servicios publicos domesticos, 2001)

Pero este fenómeno no es exclusivo de Colombia, la metamorfosis que sufrió el Estado


tiene origen en el contexto internacional y desde hacia más de veinte años venía
gestándose y desarrollándose en diversos países de Europa y Norte América.

Desde principios del decenio de 1980, por muy variados motivos, la mayoría de países
del mundo, entre ellos los latinoamericanos, comenzaron un proceso de privatización de
sus empresas y una apertura a la competencia en la prestación de servicios públicos
domiciliarios. Las razones que llevaron a tomar tales decisiones fueron varias, entre las
más influyentes las presentó la teoría económica ortodoxa.
Para ésta corriente de pensamiento, en la mayoría de casos, la competencia es una
fuerza poderosa y eficaz para aumentar la eficiencia en el suministro de bienes y
servicios. Así, las acciones de los agentes, motivadas por el interés individual producen
enormes efectos positivos sobre la sociedad, asegurando la maximización del bienestar
social. Ésta simple actitud en las acciones del gobierno encierra una enorme
transformación filosófica e ideológica en cuanto a las actuaciones que debe cumplir el
Estado en la economía. Es precisamente en éste ámbito donde surge la necesidad de
analizar su nuevo rol en la economía; un Estado metamorfoseado:

 Primero en Estado de bienestar y luego en regulador, cambio que pudo realizar


en virtud de la delegación que los ciudadanos le han concedido a éste Leviatán,
que se transforma y adapta de acuerdo con las circunstancias que la sociedad
le demanda; tal como esta vez lo ha hecho

El Estado De Bienestar
El Estado de bienestar surge a principios del siglo veinte como respuesta a la
imposibilidad que tenía el modelo de libre mercado para dar solución a la Gran
Depresión.

La Escuela Clásica de economía política sostenía que el mecanismo de los precios


dictado por el mercado es la vía más eficaz para la asignación de los recursos sociales.
Su principal representante, Adam Smith (1723-1890), consideraba el desarrollo
económico era fruto de la libre producción e intercambio entre los individuos. Para él, el
Estado debería cumplir en la economía las funciones de definir y defender los derechos
de propiedad de los agentes y regular los mercados adecuadamente, tratando con ello
de incentivar las acciones de los privados y conseguir finalmente la creación de mayor
de riqueza social.

El Estado debería, por tanto, participar lo mínimo en los asuntos privados, dejando a los
individuos la mayoría de las responsabilidades. En su libro quinto de La Riqueza de las
Naciones , Adam Smith considera que el Estado debe actuar en tres campos
básicamente:

Proteger a la nación de agresiones externas, administrar la justicia interna y proveer


aquellos bienes que el mercado no suministra (por que no existen incentivos
económicos para hacerlo) y que son necesarios para su buen funcionamiento

En la concepción liberal, el ciudadano tiene libertad económica y política, tiene derechos


y responsabilidades de contribuir el progreso de la nación. Pueden transar entre ellos
como individuos iguales y lo que voluntariamente decidan, y esto debe ser garantizado
por la ley. En esta medida el Estado debe participar lo mínimo en los asuntos
económicos, dejando a los individuos la mayoría de las responsabilidades.

Así, los planteamientos clásicos son:

 El Estado debe ser neutral en la economía permitiendo el libre juego de los


agentes económicos; el equilibrio se consigue con el libre juego de la oferta y la
demanda. Por tanto, la concepción clásica de economía es oponerse a la
intervención del Estado, busca su desmantelamiento y reducción de tamaño. Sin
embargo, los planteamientos de la Economía Clásica, aplicado durante gran
parte del siglo diecinueve en Europa, no lograron mantenerse y en la segunda y
tercera década del siglo veinte hicieron crisis.
(Smith, 1790)

Fue en Estados Unidos donde se produjo un fenómeno importante como respuesta


a la Crisis de los años treinta, allí surgió, lo que con el tiempo llegaría a denominarse,
el Estado de bienestar. Una innovación norteamericana que tuvo sus orígenes y las
fuentes intelectuales en la Europa del siglo diecinueve, pero su desarrollo y
consolidación en Estados .

El Estado regulador
El debate entorno al Estado regulador surgió en Europa y Norteamérica, como tema de
la agenda política, a finales del decenio de 1970 .

Para PRATS, Las razones de su aparición son de naturaleza variada, responde a


causas ideológicas, técnicas, económicas, académicas y políticas, entre otras; a
continuación se verán algunas de ellas

(PRATS, 2002)

a. Ideológico, pues se comenzó a argumentar por los defensores del liberalismo


económico que los gobiernos deberían estimular la competencia para favorecer el mejor
funcionamiento de los mercados, lo que implicaba, necesariamente, la revisión de los
marcos reguladores existentes y proceder a «desregular» mediante la supresión o
modificación de las regulaciones.

b. Tecnológico, ya que al experimentarse una revolución tecnológica sectores


como la información, los transportes y la energía, se tuvo que cambiar los supuestos
sobre los que se habían justificado una serie de mercados altamente regulados,
haciendo obsoletas y altamente improductivas las concepciones de intervenir mercados
con monopolios naturales.

c. Económico, pues el capital se hizo mucho más móvil y la estructura de las


empresas comenzó a cambiar en sus formas de comercialización, provisión de recursos,
producción y desarrollo de nuevos productos. Se incrementó la presión para reformar
las regulaciones que impedían estos procesos y, en la medida en que las reformas
producían claros incrementos en la productividad, el aumento de la competencia
internacional expandía la demanda de nuevas reformas en las regulaciones.

d. Académico, debido a que el análisis económico de las regulaciones ganó


legitimidad académica y considerable influencia política; trabajos como los de George
Stigler (1971), Sam Peltzman (1976) y otros de la Escuela de Economía Política de
Chicago son ejemplos de cómo los académicos comenzaron a darle importancia a la
regulación.

A partir de entonces la acción reguladora de los gobiernos comenzó a ser


considerada como un problema económico pertinente. Se fue desarrollando la teoría de
los «fallos del Estado» que no excluía sino que, combinada con la de los «fallos del
mercado», debía constituir el fundamento racional de las intervenciones reguladoras.
(Winston, 1993)
e. Político, debido a que a partir de 1970, se registra una gran diversificación de
los valores y de los grupos sociales. Este proceso erosiona (principalmente en Europa)
los marcos reguladores tradicionales pactados corporativamente entre gobierno,
patronal y sindicatos. Los sistemas reguladores centralizados y burocráticos comienzan
a cuartearse en la medida en que surgen más actores que ya no encajan en la
representación corporativa, en la medida en que más intereses o bienes públicos han
de ser considerados en la decisión reguladora y en la medida en que los ciudadanos y
sus grupos de interés demandan más libertad, más responsabilidad y mayor información
y participación (Prats y Comany, 1998).

En esta última fase se están creando nuevos cuerpos consultivos y reasignando


a cuerpos preexistentes, redistribuyendo responsabilidades en la gestión del sistema
regulador en su conjunto. Este movimiento se está plasmando en las formas
organizativas más diversas como son agencias especializadas en la reforma del sistema
regulador, comités consultivos, comités intergubernamentales para la calidad regulatoria
y comités parlamentarios, entre otros, que sirvan todos ellos para controlar al regulador
y las regulaciones

(Ocde, 1998).

De esta manera la intervención del Estado en la economía actual no debe mirársele


como el mismo Estado librecambista de mediados del siglo diecinueve, no es volver al
Estado liberal de la Economía Clásica, donde el gobierno interviene lo menos posible
en la economía; por el contrario, el Estado regulador ha aprendido de aquellas
experiencias tenidas a lo largo del siglo veinte y trata de mejorar su actuación. Los
gobiernos saben que para lograr el óptimo funcionamiento de los mercados requiere
intervenir en ellos, pero de otra forma a la que tradicionalmente venía realizando. Han
comprendido que no se puede dejar el laissez faire actuar a sus anchas, que requiere
de su actuación para funcionar adecuadamente. Su interés se centra, por ejemplo, en
aspectos como el diseño de los sistemas de propiedad y la imposición de sanciones a
infractores.

Ahora, “Los mercados han de ser entendidos como construcciones legales e


institucionales, que deben ser evaluados sobre la base de su capacidad de promover
intereses humanos, y no como parte de un supuesto orden natural cuya emergencia
sólo requeriría la retirada del Estado o como un simple medio para promover las
interacciones voluntarias”

(Valencia, 2005)

La Regulación: Qué Es, Por Qué Se Presenta Y Qué Busca


El primer problema al que se enfrenta un estudioso de la regulación es entender, de
manera precisa, el significado que se le da a esta palabra. Éste es un concepto
polisémico, utilizado por políticos, economistas, juristas y por diversos científicos
sociales, que tiene, por tanto, muchos significados, algunos imprecisos y otros más
acercados a la realidad. Por ejemplo, hay quienes consideran la regulación como
cualquier tipo de control del comportamiento, sin importar su naturaleza

(Garcia, 2001)
Para otros (Rodríguez, 1998 y Vidal, 1997) la regulación es una serie de instrumentos
mediante los cuales los gobiernos establecen requerimientos sobre la libre actividad de
las empresas y de los ciudadanos.

Se entiende la regulación como un conjunto de normas generales y especificas


impuestas por las agencias de regulación estatales que interfieren directamente en el
mecanismo de asignación de los mercados, o indirectamente alterando las decisiones
de oferta y demanda de los usuarios y de las empresas prestadoras del servicio. En éste
sentido, las regulaciones son limitaciones impuestas a la libertad de los ciudadanos y
de las empresas por presumibles razones de interés público.

Aunque las regulaciones que el Estado realiza pueden ser económicas, sociales o
administrativas, aquí sólo se consideran las regulaciones económicas, es decir, aquellas
con las que el gobierno interviene directamente en decisiones de mercado; por ejemplo,
la fijación de precios y normas que coloquen barreras a la entrada o la salida de las
empresas en el mercado. El objetivo que pretende el gobierno es promover la
competencia, incrementar la eficiencia económica mediante la reducción de barreras a
la competencia y a la innovación, aumentar el bienestar tanto de los consumidores como
de los inversionistas (vía calidad, precios y oportunidades); pretende, también, aumentar
la eficiencia económica, la equidad, facilitar el acceso a la información relevante
(Fernández, 2000, 78).7 Finalmente, la regulación económica trata de luchar, en lo
posible, con los llamados fallos de mercado relacionados fundamentalmente con la
información asimétrica, el ejercicio del poder de mercado en situaciones de
concentración y la no consideración de los costes ambientales.

El régimen jurídico de los actos y contratos de las empresas de servicios


públicos y la libre competencia

En primer lugar, debe señalarse que existen estudios sobre el régimen jurídico de los
actos y contratos de las empresas de servicios públicos (ESP) que tocan el punto con
mayor precisión y profundidad.

Un artículo de la Ley 142 de 1994 de la Ley Colombiana que normalmente pasa


desapercibido en los estudios que se hacen sobre el régimen jurídico de las ESP es el
artículo 30, artículo que prescribe que las normas de esa ley que tratan sobre contratos
se deben interpretar con base en los principios previstos por dicha ley, y en la manera
en que mejor se garantice la libre competencia y mejor se impidan los abusos de
posición dominante.

El legislador en este artículo impartió una orden expresa en el sentido de que la libre
competencia es un principio de interpretación sobre el régimen legal de los contratos de
las ESP. En otras palabras, los operadores jurídicos en la interpretación del régimen
contractual establecido por la Ley 142 de 1994 deben consultar la libre competencia
como criterio interpretativo, podría decirse que la norma legal establece una
interpretación pro competencia o in dubio pro concurrencia de las normas referidas.

La lógica presentada a lo largo de la primera parte de este escrito se fortalece con la


norma recién transcrita. La libre competencia no es solo una de las razones que
justifican la intervención del Estado, sino que además debe ser un criterio de
interpretación de la ley para los operadores jurídicos. La pregunta subsiguiente es si los
operadores jurídicos en Colombia han respetado este principio legal al momento de
interpretar el régimen de de las ESP. Para poder dar respuesta a esta pregunta es
necesario consultar el contenido y espíritu de la Ley 142 de 1994 y analizar algunas
decisiones jurisprudenciales sobre la materia.

Si se tratara de reducir a su esencia el propósito de la Ley 142 de 1994 se podría decir


que intentó "atribuir una calificación orgánica única a los prestadores de los servicios
públicos domiciliarios, capaz de soportar un régimen jurídico, también único"

De tal manera, esa norma legal pretendió establecer un prestador único, las ESP, y un
régimen jurídico único. A pesar de la existencia en la mencionada ley de tres tipos de
ESP, oficiales, mixtas y privadas, Montaña ha señalado que las diferencias entre los
diversos tipos de ESP son muy pocas, y que tal proporción se justifica porque ante
ciertas circunstancias no es posible tratar a sujetos públicos y privados de la misma
manera.

El régimen común de los prestadores se estableció en el artículo 32 de la Ley 142 de


1994, disposición que establece que salvo que la Constitución o la ley dispongan
expresamente lo contrario, todos los actos de las ESP, así como los requeridos para su
administración y el ejercicio de sus derechos, se regirán por el derecho privado

A la luz de lo anterior se puede concluir que la Ley 142 de 1994 pretendía establecer un
régimen jurídico único para todos los prestadores sin importar la conformación de su
capital. Ello era así como consecuencia de la necesidad de establecer condiciones
similares entre los prestadores del servicio para que existiera una competencia justa en
el mercado39; se trata de la necesidad de establecer un level playing field. Ese régimen
jurídico similar fue el derecho privado, salvo que la Constitución o la ley expresamente
dispusieran lo contrario.

Con base en lo anterior se puede entrar a observar cuál ha sido la interpretación


jurisprudencial de este régimen jurídico relativamente claro y de sus objetivos.

Una de las decisiones trascendentales sobre esta materia es la sentencia de la Corte


Constitucional C-736 de 2007. En esa decisión la Corte se pronunció sobre la no
inclusión de las empresas de servicios públicos mixtas en el sector descentralizado tal
y como este fue definido por la Ley 489 de 1998. Lo anterior, pues solamente las ESP
oficiales fueron incluidos en los artículos de la Ley 489 de 1998 referidos al sector
descentralizado por servicios.

En esa decisión, la Corte decidió que las ESP mixtas y las privadas con capital público
hacen parte de la rama ejecutiva del poder público. Adicionalmente, a esa infortunada
lectura de la Ley 489 de 1998 la Corte le asignó algunas consecuencias, esto es, que
esas empresas: estarían sometidas a control fiscal, a control político; debían ser de
creación legal, por medio de ordenanza o acuerdo según el nivel territorial; a ellas
aplicaba el régimen de inhabilidades e incompatibilidades previsto en la Constitución;
estaban sometidas a las reglas orgánicas de presupuesto; en materia contable
quedaban sujetas a la contabilidad oficial; y además, estaban sujetas a control de tutela.
A la luz de lo anterior se puede afirmar que si las empresas mixtas tienen un régimen
que incluye esas consecuencias en razón de que pertenecen a la rama ejecutiva, las
empresas oficiales que por expresa determinación legal tienen el carácter de entidades
descentralizadas también deben atenerse a esas reglas.

Analizar el impacto real que tiene imponer a determinadas empresas (aquellas con
capital público) una carga adicional (las reglas recién mencionadas) requiere de un
estudio empírico en el que se demuestren la ineficiencias que crean estas normas de
derecho público. Sin embargo, desde el punto de vista jurídico resulta ineludible
subrayar que esta lectura de la Corte Constitucional violenta la igualdad de condiciones
de los agentes económicos en el mercado. En nuestra opinión, con esta lectura se
soslayó por completo el principio de interpretación pro competencia establecido en la
propia Ley 142 de 1994.

Algunos ejemplos generales de este quebrantamiento de la igualdad de condiciones de


los actores en el mercado se darán para ilustrar el punto, con la advertencia de que el
impacto real requiere un estudio ulterior, empírico, o cuando menos un análisis
económico de las normas.

Resulta complejo conciliar la lógica de mercado que deben tener estas empresas con la
posibilidad de que órganos de naturaleza política cuestionen sus decisiones
empresariales. Esto es justamente lo que implica la posibilidad de controlar
políticamente a estas empresas.

Otra situación que resulta compleja de cara al régimen privado es la necesidad de


cumplir con las normas públicas presupuestarias. No existía disposición que indicase
que dichas reglas debían ser cumplidas por las ESP; sin embargo, así lo dictaminó la
Corte Constitucional. Esta realidad impone a las empresas con capital público cumplir
con unas estrictas y rígidas normas de derecho público que están planteadas para el
sector público, pero no para un sector que debe competir en igualdad de condiciones
con particulares que no tienen reglas presupuestarias con similar rigidez.

Podemos concluir sobre esa decisión

(Muñoz, 1993) Que en la práctica, la atención de esta modificación significa,


entonces, una flagrante discriminación entre agentes públicos y agentes privados, que
en nuestra opinión atenta contra el derecho a la libre competencia del que son titulares
los prestadores de servicios públicos

Esto atenta de manera frontal contra el principio de libertad de competencia en su


manifestación de igualdad de condiciones de los actores en el mercado. Es decir que
con la decisión de la Corte sobre las empresas de servicios públicos se está atacando
la propia lectura de la Corte sobre la libertad de competencia en otros sectores
económicos, y en otras decisiones sobre servicios públicos.

En relación con el anterior punto, el Consejo de Estado ha considerado que lo señalado


constituye obiter dicta de la decisión de la Corte Constitucional Por lo tanto, la
mencionada carga normativa que desequilibra a los operadores públicos respecto de
los privados no sería vinculante. Sin embargo, las dos interpretaciones permanecen en
el ordenamiento hasta que no exista claridad en relación con el verdadero alcance de la
decisión de la Corte.
Otra decisión del Consejo de Estado parece alinearse con la de la Corte Constitucional,
en el sentido de diferenciar aún más los regímenes de las entidades que pueden ser
consideradas entidades públicas de aquellas que pueden ser consideradas empresas
privadas.

En esta ocasión las normas demandas eran unos actos, denominados "reglamento de
contratación" y "condiciones generales para la contratación". En esta ocasión el Consejo
de Estado dejó claro que su decisión se refería a un momento en el tiempo en el cual la
empresa que había expedido estos actos era una empresa de servicios públicos
oficiales, pues su capital era 100% público.

Lo que no resulta igual de claro es si las conclusiones que alcanza en relación con la
naturaleza de los actos se contrae solo a este tipo de empresas, o si también podría
predicarse de los tipos "públicos" bajo la comprensión de la sentencia C-736 de 2007,
es decir, empresas mixtas y privadas con capital público.

A decir verdad, la argumentación del Consejo de Estado es escasa. En esa ocasión el


Consejo de Estado señaló que para que una manifestación de la voluntad sea
controlable por parte de la jurisdicción han de concurrir dos requisitos:

1. Que provenga de autoridad o particular que cumpla funciones administrativas.

2. Que se observe un contenido decisorio, o lo que es igual, que produzca efectos.


Seguidamente la sala concluye, sin referencia concreta al contenido de los actos, que
los actos demandados son manifestaciones de voluntad de la Administración y que
dichos actos se producen sin anuencia de los destinatarios, por lo que trazan reglas de
conducta.

Por lo tanto, concluye el Consejo de Estado que se trata de actos administrativos


porque establecen reglas contractuales que se trazan para lograr la mejor prestación de
los servicios públicos y de los fines del Estado. En el numeral anterior el Consejo de
Estado había llegado a la conclusión de que la ETB al momento de expedir estos actos
era una empresa oficial. Sin embargo, cuando analiza la naturaleza de los actos parece
que la naturaleza de la entidad es poco relevante y se centra en el hecho de que se trata
de una expresión unilateral de voluntad de la Administración que produce efectos
jurídicos, ligándolo a la prestación de servicios públicos y de cumplimiento de las
finalidades del Estado. Por ello, no resulta claro si la decisión refiere a la ETB como
administración en tanto empresa oficial, 100% pública, o lo hace en tanto que prestadora
de servicios públicos domiciliarios.

El punto trascendental es desentrañar si las empresas de servicios públicos en general


son administración en tanto prestadoras de servicios públicos, o si las empresas de
servicios públicos oficiales son administración en tanto pertenecen a la rama ejecutiva
del poder público.

El alcance de esa decisión debería limitarse a las empresas de servicios públicos


oficiales. En ese sentido parece estar la aclaración previa hecha dentro de la decisión
en relación con la naturaleza oficial de la empresa.

Adicionalmente, esa decisión establece más diferencias entre los regímenes jurídicos
de las ESP, y se considera más respetuoso de la libre competencia que sea
diferenciación se dé solamente respecto del menor número de operadores posible,
solamente aquellos oficiales.

Sea que se refiera solamente a las empresas oficiales o a todas las empresas con capital
público, lo cierto es que el Consejo de Estado impuso un régimen de derecho público a
ciertas empresas en la expedición de actos empresariales unilaterales. Todos los actos
de carácter unilateral, como los demandados en la sentencia aludida, en los cuales se
"observe un contenido decisorio, o lo que es igual, que produzca efectos", serán
considerados actos administrativos. En nuestro sentir, si un reglamento interno de
contratación y las "condiciones generales para la contratación" tienen para el Consejo
de Estado un contenido decisorio, lo difícil será pensar en actos empresariales que no
lo tengan.

A la luz de lo anterior, existe una discriminación entre operadores en relación con el


régimen de sus actos empresariales. Esta discriminación tendrá como consecuencia
una carga más pesada en el régimen jurídico para las empresas oficiales. Aun cuando
se requiere un estudio empírico para medir las consecuencias reales de esta decisión,
el simple hecho de que sus actos sean demandables por cualquier destinatario, por
ejemplo un potencial contratista, crea costos adicionales, como el de defenderse de ello
ante la jurisdicción de lo contencioso. Lo anterior se considera prueba suficiente de una
desigualdad de condiciones en el mercado que violenta la competencia como principio
y da cuenta del abandono del Consejo de Estado de la libre competencia como criterio
interpretativo de las normas relativas a los contratos contenidas en la Ley 142 de 1994.

El Consejo de Estado pudo haber entendido el asunto de manera diferente. Por ejemplo,
en una lectura de la orden del artículo 30 de la Ley 142 de 1994, pudo haber decidido
que la competencia como criterio interpretativo imponía que esos actos no podían ser
considerados administrativos, puesto que de serlo se estaría estableciendo un régimen
jurídico diferenciado entre empresas competidoras.

Adicionalmente, desde una perspectiva ius administrativista más tradicional, es posible


distinguir cuándo las administraciones actúan como administración y cuándo no. Luego,
en el caso de empresas con capital público, incluso las oficiales, sería posible distinguir
cuándo hacen uso de su calidad de entidades públicas y cuándo actúan como cualquier
otra empresa en el mercado podría actuar. Es posible argumentar que los actos
demandados en la sentencia que se critica son actos que cualquier empresa podría
expedir para su uso interno, sin que sus potenciales contratistas pudiesen demandarlos
ante la jurisdicción ordinaria. Luego, no se justifica que materialmente estos actos se
categoricen como administrativos.

Así, podría recurrirse a la idea de que esos actos son expedidos por una administración,
pero no en ejercicio de funciones administrativas, sino empresariales, subrayando el
contenido económico de los servicios públicos. En efecto, cuando Santofimio define el
acto administrativo señala que un elemento fundamental es el ejercicio de función
administrativa. Función administrativa que no está presente en el caso de decisiones
que cualquier empresa podría tomar, menos cuando el legislador claramente estableció
un régimen de derecho privado por regla general.
A la luz de todo lo anterior es posible concluir que, a pesar de la lógica de la Ley 142 de
1994, y de la expresa orden de interpretar sus normas con la libre competencia como
criterio, lo que se puede observar en la jurisprudencia es justamente el progresivo
deterioro de ese régimen jurídico único, y con ello el progresivo menoscabo de los
propósitos de la ley y de la competencia como

Es imposible saber la suerte que estas decisiones administrativas, que han sido
demandadas, van a tener en los estrados judiciales. Sin embargo, salvo que la
jurisdicción de lo contencioso determine que la SIC no tiene competencia sobre los
servicios públicos domiciliarios, un escenario que se considera poco probable, lo que
existe es un mensaje claro por parte de la autoridad de competencia en el sentido de
que la competencia importa en los servicios públicos domiciliarios. Los operadores
tienen una garantía de que la libre competencia y la igualdad de condiciones van a ser
respetadas, y en caso de que se sientan violentados en sus derechos pueden hacerlos
exigibles con un régimen que otorga herramientas para ello.
CONCLUSIONES

En base a los resultados obtenidos en nuestro trabajo determinamos que la libre


competencia es cuando las empresas y los usuarios de un determinado mercado
pueden satisfacer sus necesidades respectivas, trabajando bajo condiciones equitativas
y justas para cada uno de los participantes
La libre competencia tiene como principal finalidad proteger la libertad del consumidor y
de las empresas para que elaboren elecciones de acuerdo a sus necesidades.
Para que se de una libre competencia el consumidor no debe verse afectado en la toma
de sus decisiones para satisfacer sus necesidades.
Debe haber un ambiente de equidad y justicia en la rivalidad de las empresas.
Las empresas no deben causar perjuicio en la búsqueda de maximizar sus utilidades.
Y así vemos que los servicios públicos es La actuación del Estado para satisfacer
necesidades de sus ciudadanos es una responsabilidad de reconocer la carga social del
Estado. Siempre se discute la capacidad de gestión de los servicios públicos que
entrega a sus ciudadanos, puesto que no solo es una cuestión de proveer el servicio,
sino una cuestión de la calidad del servicio que permita satisfacer de manera similar a
una prestación privada. En la presente entrevista, el Dr. Orlando Vignolo nos comparte
sus observaciones sobre como el Estado ha ido desarrollando o encaminando la gestión
de los servicios públicos, como se puede hacer compatible la actuación del Estado con
el límite del principio de subsidiariedad, que nuestra Carta Magna establece
Con la entrada en vigencia de la Constitución Política del Perú de 1993, se estableció
el modelo económico de economía social de mercado. Como parte del mismo, se
realizaron una serie de reformas institucionales del Estado, creándose cuatro
organismos reguladores de los servicios públicos y una agencia de competencia. El
modelo económico de economía social de mercado garantiza la libre competencia en el
mercado como regla general, estableciendo un marco regulatorio para los servicios
públicos que, antes de la reforma, eran gestionados directamente por el Estado
Bibliografía

 Andre, S. y. (2001).

 Andre, S. y. (2001). Colombia y los servicios publicos domesticos. Medellin : El


Rubius.

 Cases, L. (2009). Regulacion y competencia. Madrid: Iustel.

 Castro, G. A. (1999). Nuevo Servicio Publico y regulacion economica. Madrid :


Gaspar.

 Garcia, C. A. (2001). regulacion de los servicios publicos : redifinicion


constitucional del Estado. Colombia: Legis Bogota.

 Muñoz, O. (1993). Despues de las privatizaciones . Medellin: Cieplan .

 Ortiz, G. A. (2003). Principios de derecho publico economico. Madrid: fundacion


de estudios de regulacion .

 Peña, L. A. (2014). Comentarios al texto unico del procedimiento administrativo.


Lima: San Marcos.

 PRATS, J. y. (2002). La construcción institucional de las capacidades


regulatorias. Estados Unidos: attorney.
 Quadra, S. D. (2000). la actividad del Estado. Lima: Legis editores.

 Sentencia Luis Nicanor Maravi Arias, 034-2004-PI/Tc (Tribunal Constitucional 12


de Febrero de 2005).

 Smith, A. (1790). Horizontes de la Economia Etica. Estados Unidos: The Great


Master.

 Tribunal Constitucional, Expediente 008-2003-AI/TC. 11 (Tribunal Constitucional


15 de Junio de 2003).

 Valencia, D. T. (2005). Economia de la Regulacion . Medellin: Medellin .

 VELAOCHAGA, H. E. (Sabado de Marzo de 2016). PUCP BLOG. Obtenido de


BLOG PUCP:
http://revistas.pucp.edu.pe/index.php/derechopucp/article/viewFile/14850/15392

 Winston, C. (1993). Economic Deregulation . Estados Unidos: Days of reckoning


.
RESUMEN DE RELACION DE SERVICIOS PUBLICOS Y LA LIBRE COMPETENCIA

1.- Los servicios públicos

Para el profesor Alberto Pisconte los “Servicios públicos son todas aquellas actividades
llevadas a cabo por los organismos del Estado o bajo el control y la regulación de este.
Los servicios públicos se conciben como una técnica legal de regulación sobre
actividades de contenido económico, destinadas a satisfacer necesidades esenciales
de los ciudadanos.
2.- La Libre Competencia
El hecho de que el Estado haya aplicado una política de liberalización y, como
consecuencia de ello, estén establecidos como regla general la libre competencia e,
incluso, el rol subsidiario del Estado no implica que este no pueda intervenir en el
mercado.
Los períodos de depreciación de los activos en estas industrias son elevados por encima
de los quince años para el caso de las telecomunicaciones, veinte años para el sector
eléctrico, treinta años para los servicios de agua y desagüe y aun plazos mayores para
el caso de la infraestructura de transporte y que requieren de largos períodos de
recuperación de la inversión.
3.- La Regulación de los servicios públicos y la libre competencia en la
constitución
Se entiende la regulación como un conjunto de normas generales y especificas
impuestas por las agencias de regulación estatales que interfieren directamente en el
mecanismo de asignación de los mercados.
En el artículo 59 establece “El Estado estimula la creación de riqueza y garantiza la
libertad de trabajo y la libertad de empresa, comercio e industria. El ejercicio de estas
libertades no debe ser lesivo a la moral, ni a la salud, ni a la seguridad pública (…)”
Adam Smith, consideraba el desarrollo económico era fruto de la libre producción e
intercambio entre los individuos. Para él, el Estado debería cumplir en la economía las
funciones de definir y defender los derechos de propiedad de los agentes y regular los
mercados adecuadamente, tratando con ello de incentivar las acciones de los privados
y conseguir finalmente la creación de mayor de riqueza social.

El Estado debería, por tanto, participar lo mínimo en los asuntos privados, dejando a los
individuos la mayoría de las responsabilidades.
El objetivo que pretende el gobierno es promover la competencia, incrementar la
eficiencia económica mediante la reducción de barreras a la competencia y a la
innovación, aumentar el bienestar tanto de los consumidores como de los inversionistas,
pretende, también, aumentar la eficiencia económica, la equidad, facilitar el acceso a la
información relevante.
RELACION DE
SERVICIOS
PUBLICOS Y
LA LIBRE
COMPETENCIA

LA REGULACIÓN
DE LOS SERVICIOS
LOS SERVICIOS LA LIBRE PÚBLICOS Y LA
PÚBLICOS COMPETENCIA LIBRE
COMPETENCIA EN
LA CONSTITUCIÓN

Se entiende por regulacion


Son todas aquellas como un conjunto de noras
El hecho de que el Estado generales y especificas
actividades llevadas a haya aplicado una política
cabo por los Estan destiadoas a impuestas por las agencias
satisfacer necesidades de liberalización y, como de regulacion estatales que
organismos del consecuencia de ello,
Estado o bajo el esenciales de los interfieren directamente en el
ciudadanos. estén establecidos como mecanismo de asignacion
control y la regulación regla general la libre
de este. de los mercados.
competencia e, incluso, el
rol subsidiario del Estado
no implica que este no
pueda intervenir en el
mercado.
Articulo 59 de la
Constitucion
Politica del Peru.