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DE LA LIBERTAD Y SUS ENEMIGOS

Gerónimo Martínez García


(gmgcia@yahoo.com)
Febrero-abril de 2019
Los crotos, San Pedro
Punta sur, Altata
Dos encinos, Surutato

Si no me preguntáis que es el tiempo lo sé; si me lo preguntáis no lo


sé. San Agustín

Podríamos decir que entre más derechos identificamos, solicitamos


y se nos entregan, más estamos disminuyendo la libertad. Richard G.
North

De algún modo, somos todos prisioneros de la publicidad. El Correo


de la UNESCO

Cuando los políticos empiezan a hablar en términos místicos,


¡cuidado! Podrían intentar disfrazar y justificar el sufrimiento real
envolviéndolo en palabras altisonantes e incomprensibles. Sea el
lector especialmente prudente a propósito de las cuatro palabras
siguientes: sacrificio, eternidad, pureza, redención. Si oye alguno de
estos términos, haga sonar la alarma. Yuval Noah Harari

La tentación de los vendedores de panaceas, en medio de la


ignorancia y la pobreza, del demagogo dispuesto a explotar la miseria
en su ventaja personal, puede ser irresistible. Sandifer y Scheman

Contenido
INTRODUCCIÓN ................................................................................................................................... 2
APROXIMACIÓN CONCEPTUAL............................................................................................................ 4
TIPOLOGÍAS DE LA LIBERTAD ............................................................................................................ 11
ENEMIGOS DE LA LIBERTAD .............................................................................................................. 16
PARA CERRAR .................................................................................................................................... 37
Bibliografía ........................................................................................................................................ 41
INTRODUCCIÓN
Libertad es una expresión densa y fatigosa por la riqueza
y complejidad de elementos que involucra. De un lado, expresa
insatisfacción, descuerdo, desaprobación por cosas que se
oponen a la realización del individuo. De otro, revela los
empeños de la gente por romper las leyes, usos y costumbres
que coartan los deseos de ser como se quisiera ser. Tales
cualidades hacen su estudio interesante a la vez que escurridizo.

Libertad es una flama que históricamente ha animado las


principales luchas políticas, sociales y económicas de individuos
y de grupos. Ha dado lugar a movilizaciones tan grandes y
profundas que han transformado radicalmente el rostro de
naciones enteras. La Revolución Francesa es icónica en ese
sentido.

Este texto se ocupa de las limitaciones que en la


actualidad existen para su ejercicio. Hace énfasis en la libertad
individual, sobre todo en la libertad del individuo respecto del
Estado.

Sin embargo, el ensayo reserva algunos párrafos para


hablar del concepto de libertad. Se afirma que la libertad tiene
como exigencia contigua y consubstancial la responsabilidad.
Aquélla sin ésta es mero libertinaje, anarquía, lucha por el poder
de sobreponerse a los demás. Y el medio que hace posible que
tome cuerpo es la legislación.

La libertad encuentra sentido y sostén en las leyes


expedidas por los órganos competentes, los propios de cada
país. Cuando se está a la ley, la libertad se concibe como un

2
derecho, el derecho de hacer lo que las leyes permiten. Luego,
en consecuencia, pretender hacer lo que la ley no permite es
abrir la puerta a la anarquía y al dominio de los más fuertes, esto
es, de los que sean capaces de imponerse a los demás. Para
subsanar tal posibilidad, los individuos delegan en los órganos
legislativos la facultad de expedir las disposiciones jurídicas que
consagren la libertad, y en los gobiernos la obligación de
asegurar el cumplimiento de dichas disposiciones. Tal
separación es indispensable, porque cuando quien emite las
leyes es el mismo que las aplica y valora los hechos, puede
caerse en el despotismo y la dictadura.

En conclusión: La ecuación contiene dos variables


fundamentales: la libertad y el cumplimiento de las leyes. La
primera anida de manera importante en el reino de lo individual;
lo segundo es responsabilidad del Estado. Cuando éste
desempeña plenamente su papel, es decir, cuando garantiza la
vigencia de las leyes que preservan los derechos de los
individuos, la libertad adquiere plenitud; caso contrario, se
vuelve espejismo, materia de discurso, aspiración sin cuerpo.1

1 (Sáchica, 2002, pág. 127) expresa dicha idea en estos términos: “Libertad y autoridad son
los términos de un recurrente antagonismo histórico. La libertad representa en ese reiterado
conflicto el impulso, la iniciativa creadora; la autoridad significa la fuerza moderadora,
restrictiva, enervante. Su equilibrio es logrado por el derecho, norma reguladora de uno y
otro términos de esa oposición, con capacidad de hacer el reparto justo y válido de poderes
entre gobernados y gobernantes.” Por su parte (Sandifer V. & Sheman, 1967, págs. 55-56) lo
expresan así: “Por igual motivo, sin embargo, la democracia no puede funcionar a menos que
sus ciudadanos se sientan seguros en su vida y en su libertad. Los hombres temerosos no
pueden obrar por sí o en interés común. No son solamente las palabras que aparecen en la
Constitución, sino la atmósfera verdadera de una democracia, las que deben crear la
confianza en la seguridad personal. Por lo tanto, la ecuación es ésta: la vida sin libertad, sea
cual sea la definición de esa libertad, no tiene sentido. Sin seguridad, la libertad es una ficción
y la seguridad recubre todos niveles y todas las fases de la existencia humana. Sin seguridad
para obrar libremente no se puede esperar que el hombre obre y vote, en la mayoría de los
casos, de acuerdo con sus mejores intereses propios o el interés de la mayoría de la sociedad.
Pero a menos que el hombre lo haga así, la democracia será un fantasma. Por eso, el respeto
a la vida, a la libertad y la seguridad, sin la exclusión ni la derogación de cualquiera de esos
elementos, es fundamental para la existencia humana y un requisito previo al ejercicio
efectivo de la democracia representativa.”
3
APROXIMACIÓN CONCEPTUAL
Todo mundo pide libertad. Una porción importante del
discurso cívico-político, aquí y allá, consigna demandas de
libertad. Libertad con y sin adjetivos. Así ha sido a lo largo de la
historia. En todas partes. “Tierra y Libertad”, decía el lema
zapatista. “Igualdad, Libertad, Fraternidad” fue la consigna
durante la Francia revolucionaria de fines del XVIII. Libertad
sexual se pide hoy en todas partes.

La libertad es una construcción conceptual compleja formada


con principios morales, políticos, filosóficos, jurídicos, éticos y
religiosos; se expresa en normas de comportamiento aceptadas
por todos o casi todos y la seguridad de su cumplimiento se
delega en un órgano superior dotado de poder para hacer
realidad este objetivo. Esas normas crean los espacios donde
cada individuo puede proveer a la consecución de sus intereses
sin más limitación que no traspasar los méritos equivalentes de
todos y cada uno de sus semejantes. Es, pues, una libertad, mi
libertad, dosificada por la libertad de los otros.2 Es libertad todo
cuanto se haga en dicho marco general de actuación
mutuamente acordado. La libertad es consecuentemente un
derecho de hacer o no hacer, pero en ese marco de cosas
previamente determinado.3 Más aún: El hombre libre se

2 En palabras de (North G., págs. 10-11): “A menudo se dice que uno tiene derechos (y las
libertades que surgen de estos) únicamente debido a que uno acepta obligaciones. Desde
este punto de vista, es la actitud recíproca de derechos y obligaciones lo que hace que la
sociedad funcione. Yo me vería abatido si no tuviera mi propio espacio social, y aun así sólo
mi entendimiento del derecho de otros y de sus espacios sociales me limita y les permite a
los demás sus medios de operación. Normalmente, los buenos modales y una sociabilidad
común significan que entendemos estas cosas —vivimos juntos de manera cordial. Pero en
las buenas sociedades hay un marco legal y un mecanismo para imponerlo. Si no actuamos
de buena manera juntos, la policía y los tribunales ya saben cómo tratar con nosotros.”
3 (Sáchica, 2002, pág. 146): “La libertad es poder, mas no absoluto, incondicional, voluntad

omnímoda, arbitraria, sin pautas. La libertad verdadera no es negativa de la ley, ni excluye la


obediencia. Lo que mantiene y enriquece la libertad no es la ausencia de las leyes o su
abolición, sino la oportunidad de aceptar autónomamente, de consentir sin coacción,
racionalmente, la ley que se acata por encontrarla justa, válida, conveniente, oportuna,
4
construye como tal: lo hace a partir tanto de sus propias
posibilidades como del contexto en que se desarrolla: cultural,
social, político, jurídico, económico, demográfico y geográfico.4

La libertad es un estado de cosas acotado por dicho


constructo conceptual. La libertad, sin embargo, no existe de
una vez y para siempre. Existe para esta sociedad y para este su
tiempo concreto y determinado. Y, no hay que olvidarlo, existe
para una buena cantidad y variedad de cosas específicas.5 Hubo

acertada. La libertad, por consiguiente, es el régimen de la ley o de la obediencia consentida;


sólo la imposición opresiva, la de la fuerza bruta, la de la ley injusta, la de la tiranía
esclavizante destruyen la libertad; nunca el imperio del derecho justo.”
4 (Sáchica, 2002, pág. 124) lo dice así: “Ineludiblemente, en consecuencia, el hombre tiene

que tomar en cuenta su mundanidad, su circunstancia, a la que está integrado y dentro de


la que ha de vivir, así como contar con su sociabilidad y su politicidad, porque le son
inmanentes, consustanciales, constitutivas. Ha de contar con su mundo y consigo mismo,
con las cosas con las que debe coexistir, pues son su realidad externa concreta; y, también,
contar con los demás, con el otro y los otros, con quienes debe convivir, vivir en correlación,
correspondencia, reciprocidad. El hombre es un todo, pero inserto en el mundo y abierto a
los demás hombres. Su libertad se predica en relación con su mundo y con sus semejantes.
La libertad del uno supone la de los demás. No somos libres en relación con esclavos o
siervos; sólo lo somos entre iguales.”
5 Aunque escritas pensando en la sociedad colombiana, (González-Monguí, 2017, págs. 24-

25) hace al respecto reflexiones que sin duda tienen validez general: “sobre el concepto de
libertad no existe unanimidad de criterio. Según la época y la sociedad en que se viva, se
define la libertad. Desde un punto de vista genérico se permiten todo tipo de posiciones
políticas, partidistas, religiosas, filosóficas o personales; lo que para alguien significa libertad
para otra persona puede ser libertinaje o un concepto reducido de ella. Cada sociedad tiene
una noción de lo que debe entenderse por libertad. La sociedad en la que vivimos tiene su
propio concepto, quizás un criterio evolucionado y en continua aproximación a lo que en un
futuro se entenderá sobre ella. Por ello, aunque estemos ubicados en un contexto histórico
y en un medio social determinado, no encontraremos uniformidad y consenso acerca de lo
que entendemos por libertad. Dicha noción se encuentra representada en lo cotidiano, en
las vivencias de los grupos sociales y de los individuos, así como en las múltiples relaciones
entre estos; también en las expresiones artísticas y culturales, en el sistema social y político,
en la economía y en la producción. El concepto de libertad también lo encontramos en las
instituciones jurídicas, en su afán de buscar una definición que de por sí está determinada
por los intereses de los creadores de las normas y no por los de los destinatarios de ellas.
Desde el punto de vista legal, la libertad es definida en cada sociedad por normas que
imponen determinado comportamiento o reglas de juego. Todo lo que transgreda esa
normatividad se contrapone a lo que, bien o mal, ha sido establecido como libertad en
sentido individual y colectivo.” (Zanotti, 1985, pág. 9) lo expresa brevemente así: “una sana
5
un tiempo, por ejemplo, cuando había hombres que eran libres
de tener esclavos. Hoy esa libertad ha desaparecido en la
mayoría de las naciones del mundo. Durante muchos años y en
muchas sociedades las mujeres no eran libres de decidir su
matrimonio; hoy lo son de manera creciente y generalizada.

Los derechos y las libertades forman una pareja


estrechamente entrelazada. Sin embargo, no son lo mismo.6 Sus
ámbitos son distintos. Además, aunque aparecen juntas, no
tienen la misma temporalidad. Hay entre ellas una relación de
precedencia. Libertad sin sanción jurídica es una mera
aspiración, una demanda, un objetivo o una meta. La lucha por
conseguir el usufructo de una libertad concreta, si ha de tomar
cuerpo, ha de pasar por su consignación en una ley. Ésta
precede a aquélla. El derecho sanciona la libertad; la confirma.
Por eso es posible decir: gracias a que tengo el derecho de votar
tengo la libertad para elegir a quien yo quiera. O de no votar, si
ésa es mi voluntad. No puede decirse lo contrario.

Se aplica el concepto de libertad a una muy amplia


variedad de objetos. Se habla de la libertad del viento, de las
olas, de los peces, de las aves. Todo porque se los ve ir y venir
sin ataduras. Se olvida que su movilización obedece, según el
caso, a leyes de la física o a los llamados del instinto. No de la
razón. No del juicio. No de la autodeterminación. En otras
palabras, no constituye acto de conciencia. Cuando el hombre
actúa en el marco que establecen las leyes, lo hace con base en
su pensamiento. Es decir, toma decisiones racionales, reflexivas.
Decidir es actuar conscientemente, racionalmente,
juiciosamente. Y tal cosa es una facultad humana. Actuar con

concepción de la libertad humana no implica una libertad totalmente independiente de


influencias sociales y culturales.”
6 Para (North G., pág. 9): “Las libertades y los derechos no son la misma cosa. Por razones

prácticas, mis derechos consagran mis libertades. Gracias a que tengo derechos, sé cuáles
son mis libertades y que soy libre para ejercerlas. La distinción parece ser esta: los derechos
anteceden a las libertades. Gracias a que tengo el derecho a abandonar mi país (y el Estado
no tiene el derecho a detenerme), estoy en libertad de viajar por el mundo. Gracias a que
tengo el derecho a protestar, estoy en libertad de ir a algún lugar y mostrar una pancarta.”
6
libertad es confirmar la naturaleza humana. Actuar con base en
el instinto acerca a la animalidad. Cuando el hombre actúa en
uso de sus libertades se confirma en su humanidad. Se confirma
como persona. Defender la libertad propia es hacer uso de los
derechos que la ley confiere así mismo y frente a los demás.

Sin embargo, la exigencia, colectiva o individual, de


libertad a secas, sin adjetivos, no siempre tiene sentido. La
libertad, concebida en general, es un concepto filosófico, un
término semántico, un tema de discusión. Es una abstracción.
Uno no pide libertad, pide libertades, libertades concretas,
específicas, constantes y sonantes. Libertades no sólo
delimitadas, sino también localizadas en el tiempo y el espacio.7

7 Dice (Bueno, 1996, pág. 243) al respecto: “Los diversos conceptos o acepciones del término
libertad que hemos considerado, así como otros muchos análogos que pudieran añadirse,
constituyen una constelación muy oscura, una nebulosa, sin perjuicio de que en ella haya, de
vez en cuando, puntos más o menos brillantes. La Idea de libertad, podría decirse, está
repartida y como refractada en el conjunto de estos conceptos particulares, acepciones o
determinaciones. También es verdad, suponemos, que sólo por la mediación de estas
determinaciones y a través de la confrontación crítica de las mismas, puede intentarse una
reconstrucción sistemática. Esta reconstrucción de una Idea de Libertad es la tarea de la
filosofía: porque, tal como entendemos la filosofía en general, y la filosofía de la libertad en
particular, no le asignaremos «fuentes propias», situadas en un terreno distinto de aquel en
el que se dibujan o se conquistan los «conceptos particulares» de libertad. La Idea de libertad
sólo se manifiesta, porque sólo se desarrolla, también, abriéndose camino a través de los
fenómenos, de los diferentes conceptos de libertad que, a su vez, están determinados en el
curso de los procesos históricos, culturales y sociales. Por tanto, la Idea de libertad sólo
puede analizarse a través de esas concreciones suyas por cuya mediación, además, seguirá
determinándose en lo sucesivo. Sería absurdo pensar que la Idea de libertad que la filosofía
pueda dibujar se manifieste en una revelación inaudita, es decir, no contenida en la nebulosa
constituida de sus determinaciones. La Idea de libertad, si es que puede ser establecida,
deberá extraerse de esa nebulosa; y no necesariamente como un «común denominador» a
todas sus partes, o como una «integración armónica» de todas ellas, sino acaso como una
reconstrucción de algunas partes a partir de otras, o de todas a partir de terceros
componentes que puedan demostrarse que actúan en aquellas partes. Lo que implicaría,
eventualmente, antes la «desintegración» o trituración que la «integración» de las partes de
esa constelación de la libertad en la Idea de libertad.” Otro tanto leemos en (Sáchica, 2002,
págs. 135-136): “La libertad está constituida por un haz, variable en el contexto
histórico, de libertades concretas y reales. Aunque aparezca como una repetición, debe
decirse que la libertad no puede definirse simplemente como no dependencia, o ausencia
de obligaciones, o no existencia de coerción y compulsiones, porque ésa es una noción
7
La libertad que hoy se pide aquí, tal vez la demandó otro, y quizá
la obtuvo, hace tiempo, en un lugar distinto. O aún quizá en
algún lugar aun no se demanda. Hay, asimismo, libertades que,
en una sociedad dada, no perturban a todos por igual. Son
propias de grupos formados por individuos a quienes unen
intereses y necesidades muy propias o particulares. Las hay de
vocación estrictamente personal como las de pensamiento y
conciencia, y otras que atañen a la totalidad como las de reunión
y manifestación.

Esto explica en parte la existencia de un complejo


universo de demandantes de libertades que no pocas veces
luchan contiendas contrapuestas, porque lo que para unos
puede ser libertad para otros puede significar una cosa muy
distinta.8 Hay pues una arena en la que los grupos se enfrentan
para obtener sus objetivos. Que a los ojos de algunos pueden
lucir justos, pero que a los de otros pueden parecer
prerrogativas.

Las luchas o demandas de libertad provienen de


individuos y grupos que navegan en campos sociales muy
diversos, tales como la política, la economía, las religiones, la
academia, la comunicación, o de personas que desempeñan
roles muy diversos: se es patrón, trabajador, jefe de familia,
alumno, hijo, servidor público. Pero todas las libertades han de
coexistir a condición de que unas y otras se concedan el respeto
necesario. Por lo dicho, se puede pensar que la palabra libertad,
en general, paragua una gran diversidad de libertades
particulares que participan además de una característica
insoslayable: su carácter histórico, lo que significa que surgen de

formal, sin contenidos, negativa e indeterminada, equivalente a una inteligencia y una


voluntad en el vacío, sin causa, móviles ni fines. La libertad que se vive o que se busca se
traduce siempre en no depender o liberarse de algo o alguien identificado, particularizado;
o en la facultad para hacer algo específico, sin oposición de nadie, esto es, en relación con
todos o con sujetos determinados.”
8 La demanda de libertad de una persona de unirse a otra de su mismo sexo puede ser para

otra persona una aberración.


8
acuerdo con las transformaciones que experimentan las
sociedades y las necesidades de sus miembros.

La búsqueda de libertades ha generado un frenesí de


movimientos que abruman a los órganos legislativos. Desde
todos los rincones de la sociedad, con buenos financiamientos y
objetivos muy diversos, surgen personas y grupos que
enarbolan alguna demanda de libertad. Se trata de libertades
de. Es posible, como quedó dicho, que las libertades solicitadas
en un lugar hayan sido conseguidas de antiguo en otro lugar.
Ejemplos: libertad de elegir, libertad de salir del hogar sin la
custodia de un miembro masculino de la familia, libertad de
elegir pareja, libertad de poder salir del país, libertad de ver el
cine de nuestro gusto sin sufrir la censura, libertad de acceso a
las redes informáticas, etc. Las libertades se multiplican. Y es
temer que se relativicen, que se abaraten. Y es de temer
también que se contradigan y neutralicen unas a otras. Y no
pocas de ellas resulten meras declaraciones formales ante la
imposibilidad de hacerlas efectivas por las exigencias que su
disfrute conlleva. Tómese como ejemplo la libertad de salir del
territorio nacional o la mera libertad de moverse dentro del
espacio de la nación. Tal libertad se convierte en un privilegio de
los menos, los que pueden sufragar los costos implicados.

En muchos países esas libertades existen y la gente las


considera dadas. En estos países se lucha ahora por derechos y
libertades muy controvertidos, como el matrimonio entre
personas del mismo sexo y su libertad de adoptar criaturas, o la
libertad de migrar entre fronteras, la libertad de buscar empleo
donde exista, aun cuando sea en otro país, la libertad de
conservar y comunicarse en la lengua materna, aun cuando se
esté en otra nación, así como conservar en el país de adopción
las costumbres nativas del país de origen. Estas nuevas
libertades no están desligadas de aquellas, las antiguas, porque
unas y otras están encadenadas en la historia. Las primeras
sirven de sustento a las segundas. Una libertad conquistada
prepara el camino para otra que vendrá después. A la libertad

9
de votar conseguida por las mujeres siguió su libertad de
conseguir ser votadas.

Bajo esa sombrilla coexisten en nuestro tiempo las


libertades que gozamos quienes vivimos en el llamado mundo
occidental, a saber y de manera enunciativa, no exhaustiva, de
locomoción, expresión, residencia, trabajo, conciencia,
enseñanza, asociación, o bien de votar o no votar, interrumpir
el embarazo, y muchos más. Y es el Estado quien debe garantizar
que tales libertades y los derechos que las sustentan sean
respetados.

El disfrute pleno de las libertades, esto es, la posibilidad


real de hacer el individuo lo que aspira, desea o se propone
conduce a su autorrealización. Se es efectivamente libre en la
medida que tal autorrealización se hace realidad.

Hay circunstancias, sin embargo, en que es necesario


acudir al concepto abstracto. Tal cosa sucede cuando se habla
de libertad en relación con masas humanas indeterminadas.
Cuando es necesario responder a preguntas como estas que
siguen. ¿Es el hombre un ser intrínsicamente libre, como dicen,
por ejemplo, las constituciones políticas de los estados
nacionales, o la cualidad de ser libre es una condición creada por
las legislaturas de los países? ¿Nace el hombre libre? ¿Dónde
radica la libertad? ¿En el pensar, el decir o en el actuar? ¿En una
circunstancia dada, se es libre para ciertas cosas, pero no para
otras? ¿Es el hombre libre por el simple hecho de ser un ser
racional? Los contingentes de africanos que nacieron y vivieron
libres antes de ser traídos a América como esclavos durante los
siglos XVIII y XIX cuestiona dicha percepción. No cabe pensar
que no fueran seres pensantes. Otro tanto cabe decir de los
aborígenes de los pueblos esclavizados en la América colonial
por los europeos en los siglos XVI y XVII. Más bien cabría decir
entonces, como hipótesis, que la libertad se recibe si se nace y
vive en sociedades donde tal valor es aceptado por todos y
existe un ente público que tutela dicho valor. ¿Es la libertad un

10
bien absoluto o es relativo? ¿Se es igualmente libre en cualquier
lugar o en unos lugares más que en otros?

La idea de libertad despierta tantas esperanzas y da pie a


tantas demandas, procedentes de tantos lugares, personas y
colectivos, que dificulta no sólo la posibilidad de definirla9 sino
de darle concreción en medios que la viabilicen. En los trabajos
para alcanzar estos dos propósitos debe hacerse frente a
contradicciones, intereses contrapuestos, visiones diferentes.
Un ejemplo que ilustra fehacientemente dichos entramados de
ideas contrapuestas son las que ha generado la lucha de muchos
hombres y mujeres por obtener la libertad de interrumpir el
embarazo. Las argumentaciones a favor y en contra,
sustentadas en razones filosóficas, biológicas, jurídicas, éticas,
culturales, políticas y económicas, dan lugar feroces encuentros
que lejos de llevar a los consensos profundizan los enconos.

TIPOLOGÍAS DE LA LIBERTAD
Ha quedado dicho que la libertad en abstracto es un mero
concepto, una idealización, y que se comprende mejor el
constructo cuando se desciende de nivel y se habla de libertades
específicas. Para comprender mejor este tipo de libertades se
acude al uso de diversas tipologías.

Hay una tipología que examina la libertad con el auxilio de


dos acepciones: libertades negativas y libertades positivas. Las
primeras expresan el rechazo a ser controlado, a aceptar
relaciones de dependencia; inducen a romper con cualquier
cosa que coarte la espontaneidad; las segundas son de carácter
proactivo y comprenden los géneros de libertad conducentes a
la consecución de objetivos específicos; reivindican la capacidad
de hacer cosas por uno mismo. Se es libre negativamente si

9 Comparte con otros conceptos esa cualidad. Como el odio, el rencor, la bondad, la felicidad
o el amor. Se les puede identificar sin dificultad, pero no definir tan fácilmente. No resulta
empresa sencilla definir la felicidad, por ejemplo, pero es relativamente fácil saber si una
persona es feliz.
11
nadie lo coacciona a uno. Lo es positivamente si dispone de los
medios para conseguir lo fines que se propone.10

Hay entre estos géneros de libertad una relación de


precedencia en favor de la primera. La posibilidad de hacer
cosas libremente está condicionada a la ruptura de las fuerzas
que la limitan. Es decir, el sujeto está en posibilidad de realizar
sus deseos porque han desaparecido las amarras que de algún
modo y en algún tiempo y lugar lo impedían. Un habitante de un
país tiránico ―los hay varios aun― no puede salir de su país
porque hay disposiciones que lo impiden; será hasta cuando
dichas disposiciones restrictivas desaparezcan que podrá
disfrutar de la libertad para salir y volver a su país sin cortapisas
a condición de que realice los trámites administrativos

10
(Wikipedia) proporciona estas definiciones: “Se entiende por libertad
positiva la capacidad de cualquier individuo de ser dueño de su voluntad, y de controlar y
determinar sus propias acciones, y su destino. Es la noción de libertad como autorrealización.
Se complementa con el concepto de libertad negativa, que considera que un individuo es
libre en la medida en que nada o nadie restringe su acción, sea cual sea el carácter de esa
acción. Mientras la libertad negativa de un individuo se refiere a que "le permiten" ejercer
su voluntad, pues nadie se lo impide, la libertad positiva se refiere a que "puede" ejercerla,
al contar con el necesario entendimiento de sí mismo, y la capacidad personal para
ejercerla.” (Fermandois, 2000, págs. 26, 27, 33) se refiere al tema en estos términos: “La idea
de libertad “negativa”: Normalmente se dice que yo soy libre en la medida en que ningún
hombre ni ningún grupo de hombres interfieren en mi actividad. En este sentido, la libertad
política es, simplemente, el ámbito en el que un hombre puede actuar sin ser obstaculizado
por otros. Yo no soy libre en la medida en que otros me impiden hacer lo que yo podría hacer
si no me lo impidieran; y si, a consecuencia de lo que me hagan otros hombres, este ámbito
de mi actividad se contrae hasta un cierto límite mínimo, puede decirse que estoy
coaccionado o, quizá, oprimido. (…) Ser libre en este sentido quiere decir para mí que otros
no se interpongan en mi actividad. Cuanto más extenso sea el ámbito de esta ausencia de
interposición, más amplia es mi libertad. La idea de libertad “positiva”: El sentido “positivo”
de la palabra “libertad” se deriva del deseo por parte del individuo de ser su propio dueño.
Quiero que mi vida y mis decisiones dependan de mí mismo, y no de fuerzas exteriores, sean
éstas del tipo que sean. Quiero ser el instrumento de mí mismo y no de los actos de voluntad
de otros hombres. Quiero ser sujeto y no objeto, ser movido por razones y por propósitos
conscientes que son míos, y no por causas que me afectan, por así decirlo, desde fuera.
Quiero ser alguien, no nadie; quiero actuar, decidir, no que decidan por mí; dirigirme a mí
mismo y no ser movido por la naturaleza exterior o por otros hombres como si fuera una
cosa, un animal o un esclavo incapaz de representar un papel humano; es decir, concebir
fines y medios propios y realizarlos.”
12
respectivos, o de no moverse, si ése es su deseo, pero a
sabiendas de que posee la libertad de hacer uso de tal derecho.

La libertad negativa es conocida también como libertad


de, y la libertad positiva, como libertad para. En la historia y en
todo el mundo, las principales luchas por la libertad son del
primer tipo: rompimiento de restricciones para realizar ciertas
cosas específicas. Los individuos, aislada o colectivamente,
demandan, por diversos medios, a veces pacíficamente, otras
veces violentamente, libertades de concretas, identificables, a
saber y, por ejemplo, de expresión, de movimiento, de trabajo,
de conciencia, de elección, de uso del cuerpo, de preferencia
sexual, de asociación, de asentamiento. Se busca en todos esos
casos libertades de para poder hacer las cosas
correspondientes. Quiero libertad de locomoción para poder
salir de mi país cuando yo quiera y pueda.

Ni la libertad negativa, ni su equivalente, la libertad de son


concepciones abstractas sino reales, ya que existen en el mundo
de las cosas: se aspira a la independencia de algo que coarta mi
libertad de acción, el que puede ser una persona, una institución
religiosa, un uso o costumbre, una regla económica o una
disposición legal. Luchar por conseguir una libertad es luchar
contra aquello que impide su ejercicio.11 En ese sentido iba una

11 Dice (Bueno, 1996, pág. 256): “Tiene poco sentido «pedir la libertad», reivindicarla o
exigirla en abstracto (¡libertad!, ¡libertad!), salvo que se sobrentienda qué especie de libertad
se reclama (libertad de prensa, libertad de asociación, libertad para los presos políticos). En
general, las peticiones de libertad que unas personas hacen a otras personas se refieren a
libertades-de, es decir, a la eliminación de las trabas o prohibiciones que impiden el
desarrollo de una supuesta capacidad o libertad-para; la libertad-de exigida está siempre en
función de esa libertad o poder para hacer algo, y se da por supuesto que una vez conseguida
la libertad-de, la libertad-para, o potencia, se manifestará por sí misma (conseguida la
libertad de asociación, las asociaciones se constituirán de inmediato). Un supuesto acaso
excesivamente optimista cuando se toma en la universalidad de sus propios términos.” Y en
palabras de (Pérez Herranz, 2007, pág. 12): “La libertad de ha de dejar paso a la libertad para,
la libertad definida extensionalmente por las materias en las que se ha de ejercer esa
libertad… La libertad para realizar esto o lo otro depende de las materias que constituyen su
telos: Libertad para lo excelso o para lo ínfimo; para lo maravilloso o para lo estúpido; para
hacer el bien o para hacer el mal...”
13
pregunta, aparentemente mal interpretada, formulada por
Lenin. “Libertad, ¿para qué?”12

Estas dos concepciones de la libertad (de y para) refieren


a un sujeto dotado de autodeterminación. Se sitúan del lado
contrario del determinismo y el fatalismo. Dichas concepciones
se oponen a la inmovilizante causalidad. Si bien es cierto que las
reglas de la causalidad operan en el mundo de las decisiones
humanas, ya que a toda acción corresponde una reacción o
respuesta, el escenario donde se dirimen las posibilidades y el
ejercicio de la libertad no está regido por las leyes de la
naturaleza sino por las de la racionalidad. Tal dicotomía nos
pone frente a dos mundos que se observan muy de cerca: El
mundo de lo natural regido por las leyes de la física y el mundo
de la acción intencional regido por la razón y el pensamiento.
Esta segunda concepción niega la primera por necesidad. Ésta
es potencia de hacer; aquélla, resignación; la primera es
pasividad, conformismo; la segunda, razón, voluntad.

12 (Laso Prieto, 1978) da la siguiente versión de dicha respuesta: “Aunque admiradores y


enemigos, desde posiciones contrapuestas, hayan coincidido en la valoración de la
excepcionalidad de la dimensión histórica de Lenin, ello no siempre ha supuesto la
comprensión auténtica de su pensamiento. Como todo auténtico revolucionario, Lenin tenía
numerosos enemigos que se esforzaron siempre en tergiversar su pensamiento y actuación.
Más sorprendente es la incomprensión de quienes no se hallaban tan alejados de él
ideológicamente. Prototipo típico de tal incomprensión, fue la que el dirigente socialista
español Fernando de los Ríos reflejó en su libro sobre la URSS. Tanto en tal obra, como en
las numerosas citas que de ella se han hecho, se interpreta la frase de Lenin «¿Libertad?
¿para qué?» –que Lenin utilizó en su conversación con Fernando de los Ríos– como un
desprecio de la libertad, producto de un talante autoritario y unas convicciones despóticas.
Empero, quien conozca debidamente el pensamiento de Lenin, no puede aceptar tal
interpretación. Para Lenin, la esencia del marxismo estribaba «en el análisis concreto de las
situaciones concretas». Por ello, rehusaba hablar de libertad con mayúscula y en abstracto.
Lenin trataba siempre de concretar: libertad, ¿para quién? (para qué clase o grupo social) y
libertad, ¿para qué? (¿para qué finalidad?: para explotar a los semejantes o para
emanciparlos). No debe olvidarse que Lenin rechaza la concepción escolástica de libertad,
basada en el libre albedrío, para situarse en la concepción hegeliano-marxista de la libertad
como conciencia de la necesidad. Es decir, de una libertad basada en el dominio consciente
por el hombre de la naturaleza, de la sociedad y de sí mismo.”
14
Existe una paradoja en la consecución de libertades de.
Entre más libertades de se consiguen más se constriñe la
libertad, toda vez que para asegurar la vigencia de esos
derechos se concede poder de intervención al Estado, que es un
ente de cuyo poder de control se busca independizarse.

Resumiendo: La libertad de consiste en la adquisición de


un derecho o en la supresión de una traba con independencia
de si ese derecho o supresión se usa o no. Tal es el caso de la
libertad de abortar. Este tipo de libertad se consigna en los actos
legislativos o en las reglamentaciones respectivas. Que facultan
para hacer algo. La libertad para refiere a la decisión de utilizar
o no la libertad de: una vez que tengo la libertad de la utilizo a
mi conveniencia en el marco que establecen las leyes. Puedo
tener la libertad de y no utilizarla jamás, pero me tranquiliza
saber que cuento con ella. Tal sucede con la libertad de
expresión o de movilización en el territorio. Las restricciones a
la libertad que trata este ensayo se centran tanto en la libertad
de como en la libertad para.

Finalmente, cabe decir que existe un tercer tipo de


libertades que atañen también al individuo, aunque de una
manera diferente. Tienen carácter estructural. Aunque se puede
alegar que las anteriores también tiene ese carácter, esta nueva
categoría lo es de manera algo distinta. Se trata de la libertad
respecto de. Entra aquí una larga lista de luchas que los hombres
han emprendido y lo fatigan aun diariamente en todas partes
del mundo. Forman aquí la aspiración de obtener la libertad
respecto de la ignorancia, la pobreza, la servidumbre, el
subdesarrollo, el hambre, el abuso, la insalubridad, la coacción,
la explotación, la enfermedad, la muerte, el desempleo, el
subempleo, la desnutrición, la inequidad, la injusticia, los
salarios de hambre.13

13En palabras de (Bobbio, Matteucci, & Pasquino, 1998, pág. 894): “ El liberalismo luchó
esencialmente por las libertades de (o sea de religión, de palabra, de prensa, de reunión, de
asociación, de participación en el poder político, de iniciativa económica de los individuos),
y por esto reivindicó un no impedimento por parte del estado y una garantía de estos
15
ENEMIGOS DE LA LIBERTAD
La humanidad avecindada en los países occidentales goza
de un muy variado y rico repertorio de libertades, fruto de las
luchas emprendidas por hombres y mujeres de los más diversos
orígenes y motivaciones comprometidos con la creación de
medios propicios para la realización plena del hombre.

Esas luchas han sido enderezadas contra los gobiernos y


sus instituciones, contra poderosos factores de poder
económico, contra instituciones religiosas, contra costumbres
ancestrales retrógradas, contra prácticas sanitarias contrarias a
la salud, contra la desigualdad entre mujeres y hombres, contra
prácticas discriminatorias, contra la humillación y explotación de
seres humanos, contra condiciones de vida degradantes y
contra un largo etcétera.

Las posibilidades teóricas para vivir en dichos países una


existencia plena están en los compendios legislativos y en el
derecho consuetudinario en forma de reglas de
comportamiento consensualmente aceptados por todos. Si bien
muchos tienen categoría de bienes jurídicos y sociales propios
de un país, los hay también, y no son pocos, que trascienden las
fronteras nacionales y gozan de aceptación entre muchas
naciones al mismo tiempo.

Esa plétora de libertades, sin embargo, no siempre


disfruta de existencia entera, sino que ve limitada su vigencia
por factores diversos que en este texto se los cataloga
genéricamente como enemigos de la libertad. Dichos enemigos

derechos individuales, civiles y políticos. Ahora, en cambio, el acento se desplaza a las


libertades respecto de (o sea de las carencias, del miedo, de la ignorancia), y para la
consecución de estos fines, que estaban en la lógica universalista del liberalismo, se renunció
al dogma de la no intervención del estado en la vida económica y social. Para el liberalismo
el problema de conciliar la libertad económica y la justicia social (o el socialismo) se ha
presentado, por ejemplo, no como un problema ético -donde los valores no están
disponibles- sino como un problema práctico de correspondencia de los medios con los fines;
y de este modo ha podido hacer una notoria contribución al reformismo democrático.”
16
prosperan en todos los países, aunque en algunos más que en
otros, y afectan a unas libertades más que a otras. De entrada y
de manera general se observa una relación directa entre la
vigencia de las libertades y el grado de observancia de la ley. En
ocasiones suele hacerse la referencia con respecto a la vigencia
de las prácticas distintivas de la democracia.

Los enemigos de la libertad, en general, y de las libertades


específicas en que aquélla toma cuerpo, son de naturaleza muy
diversa y con frecuencia suelen tomar rostros concretos en
relación con libertades igualmente concretas. Son factores que
impiden pasar plenamente de la libertad de a la libertad para, y
aun tener acceso a la primera.

Figuran entre dichos enemigos el Estado mismo, a pesar


de ser formalmente el ente garante de las libertades, grupos
criminales, organizaciones políticas, instituciones religiosas,
organismos privados, sistemas de comunicación, individuos
poderosos, entidades monopólicas, gobiernos extranjeros,
organizaciones sindicales, firmas monopsónicas, usos y
costumbres y otros más.

Consecuentemente, para desarrollar esta parte del


ensayo, hay que identificar dichos elementos. Una forma de
hacerlo es tomar libertad por libertad e imaginar qué se opone
a su concreción en actos voluntarios. O qué recibirá andanadas
descalificadoras, por ejemplo, desde las llamadas redes sociales.
Hay que decirlo ahora: no todas las amenazas a la libertad de
que se habla en las páginas siguientes se ciernen sobre México.
Pero no sobra mencionarlas.

En el listado de los enemigos de la libertad hay que


inscribir, de entrada, al determinismo y al fatalismo. Tienen en
común que eliminan la posibilidad de la libertad o, al menos, que
la limitan severamente. En el primer apartado, cabe considerar
dos casos: un determinismo natural según el cual más que
libertad lo que existe es una relación de causalidad: las
decisiones humanas no serían decisiones autónomas sino

17
respuestas a fuerzas naturales impulsoras ajenas al individuo, y
un determinismo social de acuerdo con el cual la libertad está
sumamente acotada por factores sociales, como los prejuicios,
las normas morales, la educación, los usos y costumbres, el qué
dirán y cosas de semejante naturaleza; aquí, de nueva cuenta,
las decisiones autónomas se verían restringidas toda vez que
más que conforme a la racionalidad íntima, el hombre actuaría
de acuerdo con lo que halagara las convenciones colectivas del
medio donde viviere.

De otro lado, enemista a la libertad también el fatalismo,


según el cual todo cuanto hace el hombre está dictado por seres
sobrenaturales que han prescrito las trayectorias del mundo, la
de los seres humanos incluidas. Un rostro del fatalismo es la
resignación, propia del que dice que no cabe esforzarse porque
al final todo está escrito.14

14 Leemos en (Pérez Herranz, 2007, pág. 7): “Parece entonces que si, por un lado, todo está
determinado, que los hechos, sucesos o acontecimientos se desarrollan de acuerdo a leyes
de la naturaleza que los prescriben; y que si, por otro, somos protagonistas y responsables
de nuestros propios actos, entonces se enfrentan dos clases de conceptos incompatibles:
«Las leyes de la física» y «la acción intencional». De manera que si se defiende la Libertad
habrá de hacerse como una acción negadora del determinismo, de las leyes de la naturaleza.
Mas ¿qué fuerza, qué potencia habría que suponer en los hombres para que tengan
posibilidades de triunfar en este combate? Frente a las dependencias, las inercias o las
imposiciones del exterior, la libertad es potencia de hacer del sujeto y lo que se nos presenta
como estructura polar de opuestos, habría que entenderlo ahora en un contexto dialéctico,
que incorpora una acción que niega, que destruye, que desconecta las líneas de la causalidad.
Una negación que procede de un sujeto capaz de dominar toda determinación y que asume
absolutamente la libertad de hacer esto o lo otro frente a cualquier dependencia exterior.”
(García López, págs. F-67) se refiere al tema en estos términos: “La existencia de la libertad
es negada de una manera general por el determinismo y fatalismo en sus diversas formas.
Hay un determinismo físico de la libertad, que es el simple resultado de aplicar a la causalidad
libre la misma rigurosa determinación de la causalidad natural: Hay un determinismo
biológico o fisiológico, que apenas difiere del anterior. Un determinismo social, que rara vez
es tan extremo que destruya en absoluto la libertad humana, a la que, sin embargo, restringe
y bloquea por el medio social, las ideas dominantes, la educación, etc. Hay un determinismo
estrictamente psicológico, que más que una negación de la libertad es una falsa concepción
de ella, pues no anula la espontaneidad del acto libre y su fundamento en la razón, aunque
afirma que la voluntad queda rigurosamente determinada por el motivo más poderoso.
Finalmente hay un determinismo metafísico y teológico, al que algunos prefieren llamar
18
Un doloroso enemigo de la libertad es el acoso de que son
objeto las mujeres. Se les falta al respeto de muchísimas
maneras, en todas partes y por los más variados sujetos, aun de
la familia a que pertenece. Tocamientos, miradas lascivas,
discriminación laboral, frases punzantes y aun vulgares,
desconsideraciones, discriminación, agresiones físicas, hasta
extremos como la violación y el asesinato. Impunemente. Ante
la indiferencia social y aun de las autoridades.15 Sufren las
mujeres la violación de varias de sus libertades, como las de
movilización, trabajo, sexual, vestido, educación y concurrencia
a lugares públicos. La prensa diaria de México y de otros países
presenta a diario información puntual que ilustra esta
afirmación.

Las fiestas privadas. Somos libres de y para organizar


fiestas en nuestras casas y aun en lugares de paga; creemos que
en esos ámbitos podemos hacer lo que nos plazca: comer,
beber, bailar, conversar, cantar, escuchar música. Nada que
objetar. Sin embargo, frecuentemente la libertad deviene en
libertinaje. Tal cosa sucede cuando la diversión perturba la paz
de los vecinos; por ejemplo, cuando la música es tan estridente
que se extiende decenas de metros y aun centenas, por horas,
sin que a los festejantes importe que la gente de los hogares
vecinos quiera descansar y renovar sus energías para el día de
trabajo del día siguiente. Se lesiona, entonces y en particular, su
libertad de trabajo, su derecho a emprender las labores
cotidianas idóneamente, y de educación, ya que tales conductas
afectan también a los chicos que hayan de acudir a los centros
educativos ya que no podrán hacerlo en las mejores condiciones

fatalismo, que llega a la negación de la libertad humana, y aun a veces de toda libertad,
descendiendo de ciertos principios metafísicos o teológicos con los que se la cree
incompatible.”
15 (Homs, 2019) narra el caso de una mujer de nombre Nayelli que tras ser violada en un

transporte público no sólo no fue atendida debidamente en su denuncia por el ministerio


público, sino que tiempo después los violadores, entre los que se encontraba un patrullero,
se presentaron a su domicilio, la violaron de nuevo y la amenazaron con mayores represalias
si no retiraba la denuncia. Su pequeña de dos años fue maltratada. ¿Cómo obtuvieron los
violentos los datos de la denunciante, se pregunta Homs? ¿Colusión entre autoridades?
19
para aprovechar las sesiones escolares. En ocasiones, se dispara
armas de cualquier calibre. Sienten los que lo hacen que son
libres para hacerlo, pasando por alto el derecho de la gente
ajena a la seguridad. La autoridad suele no intervenir, sea por
desinterés, por temor, o colusión. Son pues la prepotencia y la
impunidad los enemigos de esa libertad de diversión en la
medida que la desvirtúan y la vuelven viles atropellos a las
libertades y derechos de los demás. Los afectados suelen no
protestar, ni ante los causantes ni ante las autoridades, por
temor. Un caso particular que ilustra el caso general: El miedo
hace nugatorias muchas “libertades para”, aunque existan las
“libertades de”.

Otro caso notable es la libertad de manifestación y


movilización. En uso de esa libertad, frecuentemente, en todas
partes, se llega al abuso en la medida que se lesiona otras
libertades. Cuando grupos sociales se adueñan de los carriles de
circulación para marchar o para acampar golpean la misma
libertad de otros, en la medida en que éstos no pueden transitar
con la facilidad con que desearían. Dañan también la libertad
económica de trabajadores y productores toda vez que impiden
que unos y otros puedan realizar sus objetivos.

La protesta callejera es buena y debe ser respetada y aun


estimulada porque constituye una forma de hacer valer
derechos y las libertades asociadas a esos derechos. Pero no
deber ser permitida cuando lesiona los derechos y libertades de
otros. La justificación conocida cuando se cuestiona a quienes
realizan tales atropellos de que sólo así se les escucha no es
válida, sobre todo cuando se lesionan intereses superiores y
cuando existen vías para hacerse escuchar.

Cuando alguien fundamenta la obstrucción de una vía de


comunicación con el argumento “éste es un país libre”, está

20
diciendo que los demás no son libres de gozar el derecho de
libre tránsito y que su papel se reduce a apechugar.16

Cuando el Estado se niega a poner orden alegando no ser


represor del pueblo, está incurriendo en una clara confusión de
términos, porque aplicar la ley no significa represión sino
cumplimiento de su obligación. Tras esa confusión lo que a
veces hay es solapamiento interesado. O temor.

Suele afectarse también la libertad a la autonomía. Por


ésta se entiende el derecho de disponer de medios para
realizarse como persona, es decir, de planear y hacer las cosas
que se deseen. Tal libertad implica recibir los medios para hacer
los planes y ejecutarlos. Figuran de manera destacada los
medios de vida (alimentación, salud y vivienda, principalmente),
una educación suficiente en cantidad y calidad y los medios para
hacerse de la información necesaria y, de ser el caso, para
expresar sus pensamientos sin censura alguna por parte de
nadie, el Estado principalmente. La canalización de recursos
presupuestales hacia destinos económicamente no prioritarios
en perjuicio de aquellos que conllevan una gran productividad
social entra en esa categoría. Invertir preferentemente a gastar
es la fórmula correcta, no al revés. Porque la potencia
16 (North G., págs. 12-13) hace esta reflexión: “Nos inclinamos a pensar que los derechos y
las obligaciones son bastante bien equilibrados dentro de la gente comúnmente civilizada y
capaz. Pero esto es menos común de lo que pensamos. Nos inclinamos mucho a creer que
tenemos que crear mucho espacio para la gente que no consideramos muy razonable.
Creamos mucho espacio en la sociedad para gente que simplemente hacen valer su
necesidad de mucho espacio. El borracho, el disidente, el infeliz, el creativo: estas son
personas que en el mejor de los casos generan bastantes inconvenientes, y aun así se les
brinda más libertad de la que quizás “merecen” (más, digamos, que aquellos a los que causan
molestias). De igual forma, la sociedad trata a los criminales mejor de lo que éstos tratan a
la sociedad. Sin lugar a dudas, a veces hay razones de conveniencia para que esto sea así.
Nos imaginamos que ofender a los criminales podría hacerlos aún más peligrosos.
Reconocemos que un artista obsceno podría de alguna forma oscura hacernos bien.
Entendemos que ser borracho no es un estado totalmente voluntario. Comprendemos que
la protesta tiene una larga y honrosa tradición. Aún así, en sus maneras diferentes, estas son
todas personas que no toman muy en serio sus obligaciones con el resto de la sociedad, o
que requieren de mucha paciencia por parte del resto de nosotros cuando hacen valer su
“derecho” a tomar una visión idiosincrásica de cuáles son sus obligaciones con la sociedad.”
21
multiplicadora de la inversión es considerablemente mayor que
la del gasto. México requiere manos que sujeten la mancera en
el campo, que afirmen la llave en el taller, que sostengan el
timón en el mar, el volante en el aire y deslicen el ratón en la
oficina, más que manos que se extiendan para recibir la dádiva
pública. Además, la política de la dádiva desvaloriza socialmente
al trabajo y al estudio como medios de mejora de la condición
de vida.17 Los recursos fiscales actuales no dan para las dos
cosas. Es, por tanto, necesaria una reforma fiscal que ponga en
manos del Estado recursos bastantes para que pueda atender
esas dos agendas que le competen: el bienestar social y el
crecimiento económico.

Libertad de progreso. Implica que no se coarte ningún


medio que permita tener acceso a los medios para superar una
cierta situación relativa. Figuran aquí la educación,18 otra vez, y
17 Leemos en (Popper, 1995, págs. 158, 274): “hoy día estamos viendo que la gran idea del
estado de bienestar tiene sus limitaciones. Parece que es peligroso descargar a una persona
de su responsabilidad hacia sí misma y hacia personas que dependen de ella; y en muchos
casos quizá incluso dudoso si debemos hacer mucho más fácil la lucha por la vida para los
jóvenes. Parece que, para muchas personas, la retirada de la responsabilidad personal
directa puede despojar de sentido a su vida. (…) En algunos países, la lucha contra la pobreza
ha producido un Estado de bienestar con una burocracia monstruosa que engulle por
ejemplo a los hospitales y a toda la profesión médica, con el resultado obvio de que de hecho
sólo una parte del dinero gastado en acciones de bienestar beneficia realmente a quienes la
necesitan.”
18 Con motivo de un memorando que el Ejecutivo Federal enviara a tres secretarios del

Despacho instruyéndoles para que sobreseyeran la aplicación de ciertas disposiciones


constitucionales que sustentan la Reforma Educativa de 2013, la (CNDH, 2019) hizo un
posicionamiento en el que afirmó lo siguiente: “1. La educación es un derecho humano
fundamental que se encuentra reconocido tanto por la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos, como por diversos instrumentos internacionales que han sido suscritos
por nuestro país, siendo una obligación del Estado mexicano hacer efectivo este derecho y
garantizar que las y los mexicanos tengan acceso a una educación de calidad sostenible. 2.
Con independencia de coyunturas políticas o diferendos ideológicos, es preciso que el Estado
cumpla con su obligación y proteja efectivamente este derecho, dando certidumbre sobre
los términos y condiciones en que el mismo se hará vigente y podrá ser exigible, máxime que
son las niñas, niños y adolescentes los principales beneficiarios del mismo, por lo que
cualquier acción que se emprenda en este ámbito, también debe tomar como premisa de
ponderación, la defensa del interés superior que les asiste. 3. La instrucción dada en el
sentido de dejar de aplicar los contenidos constitucionales y realizar el manejo de diversos
22
proyectos de inversión pública y privada que creen condiciones
para conseguir oportunidades de trabajo y de creación de
nichos propios de ocupación legal y legítima. La cancelación de
obras como el AICM19 actúan contra esa libertad. Los miles de
trabajadores directos que perdieron su trabajo, los
inversionistas que debieron cancelar sus inversiones, los
proyectos de inversión que pudieron haber surgido y los
empleos que se hubieron creado hablan de cómo una decisión
de gobierno puede actuar contra la libertad de progreso y de
autonomía de los habitantes de una región y del país.20

La libertad de expresión supone varias libertades. Una


directa, desde luego, que es la de poder decir cosas, por diversos
medios. Pero implica también la libertad de pensamiento y la
libertad de acceso a la información. Esto plantea que cumple al
Estado la obligación de que el individuo pueda tener acceso a la
información que el gobierno recoja o genere, procese y

aspectos y cuestiones vinculadas a la educación mediante procedimientos y medios ajenos a


los previstos por la Constitución y las normas, modifica y acota los términos y condiciones en
que el derecho a la educación puede ser vigente, generando el riesgo de que se produzcan
vulneraciones mayores a los derechos de niñas, niños y adolescentes, en tanto las
autoridades estarían actuando al margen o fuera de las normas, dejando sin efecto garantías
institucionales y propiciando actuaciones discrecionales.”
19 Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
20
Leemos en (Elizondo Mayer-Serra, 2019): “La mayoría quiere trabajar de forma honesta
para brindarle a sus hijos una vida mejor. Esto requiere que el gobierno utilice su poder para
construir ese Estado de las izquierdas democráticas europeas que ha conseguido conciliar la
democracia con un piso parejo y una mayor movilidad social. Desgraciadamente, la izquierda
en nuestra región suele priorizar el reparto de recursos a su base electoral, no a la
construcción de capacidades estatales. Lo primero surte impacto político inmediato. Lo
segundo toma tiempo. AMLO dice que al repartir dinero logrará pacificar al país. Ojalá tenga
razón. El costo es que para financiarlo está desmantelando capacidades estatales que llevará
años reconstruir y que dejarán de proveer esos servicios públicos que no se notan, hasta que
fallan, como el control sanitario que hace posible la exportación a EU sin que hayamos visto
una crisis por contaminación por parte de productos nacionales. Más allá de la necesidad de
construir un Estado que funcione, está el brindar confianza a los empresarios e inversionistas.
La decisión de cancelar el aeropuerto de Texcoco y su estrategia de polarizar a la sociedad
genera incertidumbre. Ésta explica la atonía de la inversión privada, motor del crecimiento,
única forma de hacer de México un país normal en todo su territorio.”
23
sistematice, que garantice que la gente pueda usarla para
expresar sus puntos de vista, cualesquiera que sean, incluidas
las que pudieran ser críticas de las instancias de gobierno.21 La
palabra es transparencia. Un Estado que no atiende a lo
expuesto se erige en enemigo de la libertad de expresión, sobre
todo cuando instaura la censura.22

Los espacios de libertad que se concede a los criminales


afectan otras libertades individuales, a saber, la de moverse
libremente por las calles, con cualquier motivo, tal como ir al
trabajo, a la escuela, de compras, de esparcimiento o la libertad
de perder el tiempo. O la libertad para emprender algún negocio
y vivir de él. Los delincuentes que asaltan en la vía pública, o en
los medios de trasporte o que cobran derecho de piso son
enemigos de esas libertades. De nueva cuenta, la omisión de las
21 (Gonzáles Pérez, 2012, pág. 162) lo expresa en estos términos: “Ocultar información,
limitar su difusión o restringir el acceso a ella por cualquier cuestión, son violaciones graves
al derecho a la libertad de expresión, pues, indirectamente, se está causando un agravio al
individuo, toda vez que no se le permite informarse, conocer, asimilar y compartir la
información a la que, por principio de cuentas, tiene derecho, dejándolo a ciegas y en un
plano de ignorancia tal que resulta demasiado complicado, si no es que imposible, que pueda
tener conocimiento suficiente sobre las situaciones que le atañen para poder entrar en
campos de discusión y plantear un punto de opinión crítico y personal.”
22 (Gonzáles Pérez, 2012, págs. 161-162): “En ocasiones sucede que el individuo tiene la

intención de decir algo, pero sabe que al decirlo implicaría ser sancionado por parte de su
gobernante. Sabe que lo que desea expresar es algo que puede beneficiar a sus iguales, pero
también que puede perjudicar a los que gobiernan y sabe que, de forma indirecta, su libertad
está limitada, pues se considera que tuvo total acceso a las fuentes de información, tanto
públicas como privadas, que trabajó en su idea, la analizó, la debatió, llegó a una conclusión
y ahora su pensamiento está completo, ha llegado el momento de expresarlo y hacer que
todos lo sepan pero puede detenerse porque piensa que habrá consecuencias.” El informe
anual de (Reporteros sin fronteras, 2019) expone las difíciles condiciones en que los
profesionales de la información realizan su trabajo en la mayor parte del mundo. Este párrafo
resume dicho estado de cosas: “La Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa, que evalúa
cada año la situación del periodismo en 180 países y territorios, revela la instauración de una
mecánica del miedo muy perjudicial para el ejercicio del periodismo. La hostilidad hacia los
periodistas, e incluso el odio trasmitido por dirigentes políticos en numerosos países, ha dado
lugar a actos violentos cada vez más graves y frecuentes, lo que incrementa los peligros que
afronta la prensa y causa unos niveles de temor inéditos en algunos lugares. (…) El país más
peligroso del continente para la prensa sigue siendo México;”

24
autoridades, cualquiera que sea la razón que la explique, las
vuelve enemigas de esas libertades.

Hay libertades que pueden significar costos para la


colectividad. Por ejemplo, yo tengo la libertad de usar mi tiempo
como yo quiera, pero si fracaso en la vida, es decir, si caigo en
las drogas o no obtengo las calificaciones que me permitan
obtener un empleo remunerativo, aun cuando tuve la
oportunidad de conseguirlas, los demás, al través del Estado,
han de subsanar mis irresponsabilidades; es decir, soy libre de
fracasar, pero otros están obligados a cargar con mi fracaso, lo
que significa que no tienen la libertad de ignorar mi fracaso ni
mis errores. La gente es libre de beber bebidas altamente
azucaradas, que pueden inducir estados diabéticos, pero el
resto de la sociedad no es libre de impedir que se utilicen sus
impuestos para curarlos, cuando esa gente causó su propia
desgracia.23

Uno de los enemigos más importantes de las libertades (y


ciertos derechos humanos como el derecho a la intimidad) es la
vigilancia que se ejerce sobre nosotros, unas veces de manera
abierta, otras, de manera secreta, por el Estado y sus órganos
de seguridad. Cualquiera que sea la forma, el resultado es el
mismo: cada vez somos menos dueños de nuestra intimidad:
datos sobre nuestra vida personal son del conocimiento de esos

23No se está diciendo que el Estado y la sociedad deban desentenderse de los desvalidos; es
una forma de llamar la atención sobre el uso responsable que debe hacerse de las libertades,
como se asienta en el texto. Hay, sin embargo, algo cierto: mucha gente en México cree tener
el derecho de que el gobierno les resuelva todos sus problemas y les proporcione
gratuitamente y sin obligaciones diversos bienes y servicios, y que sus demandas se
antepongan a las de los demás. (North G., págs. 17-18) hace esta reflexión: “Es importante
decir que todas estas demandas parecen ser muy democráticas, pero frecuentemente no
son más que populistas. Parecería melodramático afirmar que amenazan a la democracia, y
es cierto que los gobiernos democráticos siempre han enfrentado las presiones de grupos
de interés de una forma u otra. Lo difícil está en que las presiones populistas a menudo
resultan irresistibles: hay un elemento de súplica especial en los casos que se presentan. Sus
argumentos son difíciles de refutar, no porque sean muy fuertes, sino porque rebatirlos
constituye una opción muy difícil —y muy poco atractiva políticamente— para los
gobiernos.”
25
entes que nos vigilan, los cuales registran, sistematizan y usan
en formas que no podemos controlar, y ni siquiera conocer. El
Estado responde que hace tales cosas por razones de seguridad,
es decir, para diseñar medidas que le permitan combatir las
amenazas a la tranquilidad social. En general, dicha explicación
es bien recibida, por una razón: la gente parece privilegiar el
orden sobre la libertad; otro tanto sucede cuando se pone la
libertad económica frente a la igualdad. La gente se inclina por
esta: acepta de mejor grado la igualdad, incluso en la pobreza,
que la libertad.

El terrorismo es un enemigo de la libertad y de otros


derechos humanos; lo es directa e indirectamente y de varias
maneras.

Una forma de hacerse sentir directamente es robándole


a la gente el sosiego. La primera consecuencia del terrorismo, y
al parecer es el principal objetivo de los terroristas, es el
rompimiento de la paz social. En cualquier lugar donde se
perpetra ese tipo de actos, la gente vive en tensión porque no
sabe, aunque espera, cuando va a ocurrir un atentado.24 Otra

24 Dice (Harari, 2018, pág. 13): “El terrorismo opera pulsando a fondo el botón del miedo en
nuestra mente y secuestrando la imaginación individual de millones de personas.” En otra
página (181), agrega: “Los terroristas son maestros en el control de las mentes. Matan a muy
pocas personas, pero aun así consiguen aterrorizar a miles de millones y sacudir enormes
estructuras políticas como la Unión Europea o Estados Unidos.” Y en las páginas 182-183,
continúa: “Entonces ¿cómo es que los terroristas esperan lograr algo? Después de un acto
de terrorismo, el enemigo continúa teniendo el mismo número de soldados, tanques y
buques que antes. La red de comunicación, las carreteras y los ferrocarriles del enemigo
están en gran parte intactos. Sus fábricas, puertos y bases apenas han sido tocados. Sin
embargo, los terroristas esperan que aunque apenas pueden hacer mella en el poder
material del enemigo, el miedo y la confusión provoquen que haga un uso incorrecto de su
fuerza intacta y reaccione de manera desproporcionada. Los terroristas calculan que cuando
el enemigo enfurecido use su enorme poder contra ellos, generará una tormenta militar y
política mucho más violenta que la que los propios terroristas podían haber provocado. En
cada tormenta ocurren muchas cosas no previstas: se cometen errores y atrocidades, la
opinión pública titubea, los neutrales cambian de postura y el equilibrio de poder se
desplaza. De ahí que los terroristas se parezcan a una mosca que intenta destruir una
cristalería. La mosca es tan débil que ni siquiera es capaz de mover una simple taza de té. Así
pues, ¿cómo destruye una cristalería? Encuentra un toro, se introduce en la oreja y empieza
26
consecuencia es que la gente ve constreñida su libertad de
movimientos. Toda vez que los terroristas suelen escoger
puntos de reunión la gente trata de evitar, hasta lo posible, su
asistencia a ese tipo de lugares. Hablamos de templos de todo
tipo, de parques y jardines, plazas públicas, bancos, escuelas,
centros deportivos, lugares de veraneo, como playas, cafés,
restaurantes, y lugares que tengan como característica común
propiciar la reunión de gentes. Otros efectos colaterales se
relacionan con las pérdidas económicas por destrucción y
merma de actividades que sufren los prestadores de servicios,
como pueden ser los dueños de restaurantes y cafés. Ven
afectadas y de diferentes maneras, pues, sus libertades
económicas.

Indirectamente, el efecto de los actos terroristas sobre la


libertad del individuo y otros derechos se da a través de la
intervención del Estado. Éste se ve obligado a hacer frente a los
terroristas de varias maneras: enfrentándolos físicamente y
expidiendo leyes o usando otros recursos legales ya existentes
que lo faculten para ello. Dichas disposiciones afectan a las
personas de varias maneras, a saber: las hace objeto de
vigilancia, restringe sus movimientos al prohibirle asistir a
ciertos lugares, vulnera su privacidad al hacerla objeto de
vigilancia, limita su libertad de reunión, y alguna veces su
libertad de expresión, la somete a detenciones en las calles y
carreteras bajo el pretexto de revisiones de rutina, que alguna
veces se justifican con una supuesta búsqueda de armas y
realiza visitas a los hogares bajo el pretexto de que en el hogar
visitado podría haberse ocultado un terrorista.25

a zumbar. El toro enloquece de miedo e ira, y destruye la cristalería. Eso ocurrió después del
11-S, cuando los fundamentalistas islámicos incitaron al toro norteamericano a destruir la
cristalería de Oriente Próximo. Ahora medran entre los escombros. Y en el mundo no
escasean los toros con malas pulgas.” Véase también (Meschoulam, 2019).
25 ¿Qué hacer ante el terrorismo? (North G., pág. 22) da esta respuesta: “Las sociedades

deben juzgar el grado en que reducir los derechos civiles de los supuestos terroristas vale la
pena en la lucha contra éstos, y equilibrar eso contra el aumento en el terrorismo que podría
resultar de cualquier abuso. Lo pongo de esta forma porque podría ser que la conveniencia
27
La privación ilegal de la libertad constituye un enemigo
frecuente de la libertad, sobre todo en países caracterizados por
su arbitrariedad y la presencia de grupos criminales poderosos.
A veces, con el pretexto de realizar investigaciones ligadas con
ciertos delitos reales o supuestos, se detiene a personas sin
mediación de disposición judicial alguna. Este hecho más el
carácter clandestino de la detención tipifican el delito, que
afecta libertades muy sentidas como la libertad corporal y la
movilización. Otras veces dicha privación es operada por
organizaciones criminales que buscan obtener un beneficio
económico mediante el pago de un rescate por personas
cercanas al detenido. Adicionalmente al daño económico, se
afecta la libertad de movilización. Otras veces la afectación de la
libertad de movilización la hacen organizaciones políticas a las
que puede motivar tanto objetivos económicos como políticos.

La tecnocracia, y en general la burocracia, pueden a veces


limitar la libertad individual. Un caso notable en todo el mundo
es la severa restricción de las libertades cívicas de los individuos
perpetrada por burocracias políticas que han hecho modus
vivendi de los procesos para llegar al poder público y
mantenerse en él. En los regímenes democráticos esas
burocracias lo han logrado mediante la conformación de
estructuras legales que regulan los mecanismos para obtener
candidaturas y recursos para competir en la arena pública.

El control que han logrado es tal que han conseguido que


sólo se pueda obtener acceso al poder a través de partidos
políticos que ellas controlan, lo que significa que quien no
juegue ese juego no puede aspirar al poder. Dichas burocracias
crean clientelas fieles que deben pagar su acceso a los puestos

de las medidas antiterroristas sea un mejor freno contra los excesos que las consideraciones
morales por sí mismas. Y por el momento, también vale la pena enfatizar que los gobiernos
democráticos podrían enfrentar una reacción muy violenta —e incluso moralmente
justificada— si sus escrúpulos sobre los derechos civiles de hecho facilitan ataques
terroristas. En resumen, los terroristas tienen un gran poder de pisotear las libertades de las
sociedades a las que atacan, y tal vez valdría la pena sacrificar algo de nuestra libertad —y
de los supuestos o verdaderos terroristas— con el fin de reducir dicho riesgo.”
28
públicos adoptando conductas del gusto de los oficiantes, se
adjudican las mejores posiciones y crean mecanismos para
pasar de un puesto a otro, lo que los eterniza en los puestos,
deciden los montos presupuestales y su asignación lo que
aumenta su poder, a tal grado que se vuelven inamovibles.

La democracia, elemento central de su discurso, se vuelve


una entelequia, porque los electores, cuando son llamados a
elegir, “deciden” sobre decisiones que han sido tomadas por
otros, lo que confiere a su voto el carácter de legitimador de
cosas ya hechas. Eso explica que las lealtades de los funcionarios
sean para los electores que los eligieron en primera instancia y
no para los votantes que sólo sirvieron de comparsas.

Las amenazas también afectan libertades de la gente


cuando, por ejemplo, se le indica que será objeto de
determinados perjuicios si hace ciertas cosas o deja de hacerlas.
Es el caso de comerciantes que son amenazados en sus bienes y
en su seguridad si aceptan comercializar cierta línea de
productos o, por el contrario, se niegan a mercadear otros
productos que les son impuestos. Una libertad afectada aquí
directamente es la económica. Muy cercana de ese enemigo de
las libertades están las coacciones, realizadas también por
grupos criminales. Casos concretos son los cobros de piso que
tanto afectan a empresarios de todos los giro y tamaños.

Un enemigo de última generación de las libertades anida


en las llamadas nuevas tecnologías de la información. Se erige lo
mismo en las modernas sociedades de occidente que en los
países autoritarios e iliberales. Dichas tecnologías amenazan las
libertades más apreciadas por los hombres: la privacidad, la
libertad de movilización, la libertad de expresión de las ideas, la
libertad de disfrutar las preferencias personales, la libertad de
asociación. Como ya fue expuesto, la gente es vigilada
constantemente y en todo lugar. Todo cuanto hace es
registrado, concentrado, sistematizado y utilizado de cualquier
manera, a saber: para manipular sus gustos de consumo, para
modelar sus preferencias políticas, para hacerla objeto de

29
control policíaco. Depende de quien use la información
recopilada: empresas comerciales, organismos políticos,
oficinas fiscales, agencias de espionaje y seguridad.

Los dispositivos de obtención de datos de los individuos


están en las mismas manos de los individuos; son Facebook,
Twitter, las llamadas redes sociales, Internet, WhatsApp, los
servicios bancarios, Netflix, los servicios médicos, de transporte,
las cámaras de vigilancia, en fin.

A cada rato, proveemos información que nos atañe; lo


hacemos con cada acto que realizamos, como navegar por la
red, deambular por la ciudad o por las carreteras con nuestros
móviles a cuestas, o al hablar por teléfono. Proporcionamos de
nosotros lo mismo información de pareja que de finanzas,
ocupaciones, gustos culinarios, estados de ánimo,
entretenimientos favoritos, desplazamientos, inclinaciones
sexuales, ingresos, ahorros, deudas, amistades, planes para el
futuro, estudios realizados, y otras cosas de nuestra vida y de las
de los demás que nos rodean o de los círculos a que
pertenecemos. Somos constantemente observados y, por tanto,
podemos ser objeto de muchos tratamientos como
manipulación de nuestros gustos, atentados en nuestro
patrimonio, chantajeados, coaccionados, tomados presos, y
muchas otras cosas que nuestra imaginación podría idear. Entre
las libertades puestas en riesgo aquí cabe enlistar las de
movilización, de reunión y de expresión.

La IA pone a nuestro alcance, con aparente inocencia y


ganas de servirnos, una gran cantidad de servicios. Nos apronta
información estadística, nos ofrece documentos sobre diversos
temas, no informa sobre las características de los usufructuarios
del poder, nos ofrece opciones de entretenimiento, nos
muestra el mundo lejano, los usos culturales de otros individuos,
habitantes de lugares que desconocemos. ¿Qué tan fieles son
esas informaciones? ¿Son tendenciosas? Al solucionarnos cosas,
¿nos están manipulando? ¿Están amellando nuestra

30
creatividad? ¿Está la IA remodelando los tradicionales principios
éticos? ¿Nuestro sentido de la justicia?26

En esta categoría de enemigos de la libertad figuran


crecientemente las dictaduras digitales, entendidas como
algoritmos informáticos capaces de interferir con la libertad de
pensamiento y con la toma libre de elecciones. Un enemigo
específico en este nuevo universo es la fusión de la
biotecnología con la infotecnología, es decir, la unión de la IA
con los avances en el conocimiento del comportamiento del

26 En un reciente número de El Correo de la Unesco, (Ang & Feinholz, 2018) nos ofrecen estas

reflexiones: “Cuanto más complejo se vuelve el desarrollo tecnológico, más se complican las
preguntas éticas que suscita. Y si los principios éticos permanecen inmutables, nuestra
manera de abordarlos podría cambiar de manera radical, con riesgo, seamos conscientes o
no, de ponerlos gravemente en cuestión. Por ejemplo, nuestros conceptos de vida privada,
de confidencialidad y de autonomía podrían cambiar por completo. A través de aplicaciones
o dispositivos llamados smart (inteligentes, astutos), convertidos en instrumentos de
comunicación de redes sociales como Facebook o Twitter, divulgamos “libre”
y voluntariamente nuestros datos personales, sin comprender por completo quién usará
esos datos y para qué. Esta información se transmite más tarde a sistemas de IA,
desarrollados principalmente por el sector privado. Estos datos permanecen vinculados a
nosotros. De esta manera, la información relativa a nuestras preferencias y hábitos puede
utilizarse para crear modelos de comportamiento. Dichos modelos permiten que la IA nos
mande, por ejemplo, mensajes de carácter político, nos venda aplicaciones comerciales o,
incluso, almacene información relativa a nuestros cuidados médicos. ¿Será el fin de nuestra
vida privada? ¿Qué hay de la seguridad y de la vulnerabilidad de datos frente a las acciones
de los piratas informáticos? ¿No podría el Estado adueñarse de estas para controlar a la
población, en detrimento probablemente de los derechos humanos individuales? En un
entorno en donde la IA vigile nuestras preferencias constantemente y las utilice para
proponernos diferentes opciones, ¿no se corre el riesgo de limitar nuestra libertad de
elección y nuestra creatividad? Otra pregunta importante: ¿los datos usados por la IA para
aprender no corren el riesgo de estar moldeados por ideas y prejuicios recibidos? ¿No
llevarían estos datos a la IA a tomar decisiones que discriminen o estigmaticen? Esto haría
vulnerables a los sistemas de IA encargados principalmente de las relaciones con el público
o de la distribución de servicios sociales. Debemos ser conscientes de que ciertos datos,
como los producidos en Internet, contienen información que refleja lo mejor y lo peor de la
humanidad. Por ello, no podemos fiarnos solo de la IA para sacar conclusiones a partir de
esos datos sin correr riesgos a nivel ético. Una intervención humana directa es, entonces,
imprescindible.”
31
cuerpo humano.27 Significa utilizar el crecido poder de
procesamiento de la información para manipular los
descubrimientos que la psicología y las ciencias del cuerpo
humano están logrando sobre el funcionamiento del cuerpo y
sus emociones. Tal combinación científica permitirá obtener un
conocimiento tan profundo del organismo y la mente que será
posible detectar el funcionamiento de cualquier parte del
cuerpo y escanear el complicado mundo de los sentimientos y
las emociones.

Dicho estado de cosas no es de menor significación.

Para empezar, existe el riesgo de que decisiones hasta


ahora circunscritas al ámbito personal pudieran caer en el
ámbito de los ordenadores. Los algoritmos sabrían de nosotros
más que nosotros mismos. Podrían detectar, mucho antes de
que tuviéramos conciencia de ellos, trastornos de orden
anatómico y fisiológico en proceso de gestación, lo que
aparentemente sería de gran utilidad, pero que podrían actuar
contra el interés de las personas si dicha información cayera en
manos de las empresas en las que aquéllas laboraran, afectando
la permanencia en el trabajo si dicha información la empresa la
considerara contraria a su interés, o en poder de los sistemas de
seguridad social, que pondría a éstos en posición ventajosa para
imponer medidas que quizá el individuo no quisiera tomar,
como fuera el caso de aumentar las cuotas a pagar o someterse
a tratamientos médicos que la persona nunca había pensado
tomar.

Visto con optimismo, ese estado de cosas hablaría de que


se estaría en posición de atajar oportunamente las amenazas a
la salud; sin embargo, otra visión podría decir que estaríamos
siempre enfermos porque los quebrantos, grandes o pequeños,
de la salud son una constante a lo largo de la vida. Cualquiera
que fuera la visión que se tuviera, es de esperarse que las
conclusiones de los ordenadores podrían terminar por
27(Harari, 2018) trata con amplitud estos temas. Véase en particular las páginas 69-71, 86-
87, 93 y 292-294.
32
imponerse a las decisiones que el individuo pudiera querer
tomar.

La invasión de la privacidad, y de los márgenes de


actuación libre hasta ahora reservados a los anaqueles íntimos,
podrían verse vulnerados en otros campos, como el de las
emociones y los sentimientos. La IA dispone de algoritmos
capaces de “leer” los cambios que experimentan los estados de
ánimo cuando el sujeto es expuesto a estímulos diversos. Por
ejemplo, películas, imágenes, publicidad, discursos. Esas
reacciones constituyen información valiosa para los intereses de
empresas y gobiernos que pueden utilizarla para propósitos
afines a sus planes y proyectos. Como la manipulación de gustos
y condicionamientos políticos. Se sabe que hacen tal cosa tanto
las grandes empresas del entretenimiento como gobiernos
conocidos por su autoritarismo. Las manipulaciones implícitas,
en la medida que significan orientación tendenciosa de las
conductas, significan también privación de la libertad.

Finaliza este listado de enemigos de la libertad con el


iliberalismo. El iliberalismo es un sistema de gobierno
construido democráticamente pero que, en el poder, cancela la
democracia, invalida la separación de poderes, abole los
contrapesos, suprime las libertades individuales y, en general,
concentra el mando en una persona o un grupo reducido, como
puede ser una camarilla de incondicionales o un partido político.
Es un sistema antisistema. Rechaza al liberalismo como se
entiende este sistema generalmente.28 A veces, según las

28 (Piacenza, 2016) ofrece una excelente síntesis de los sistemas iliberales: “En un país
“iliberalista” puede haber democracia, al menos nominalmente y sobre todo para las
elecciones; se llega al poder por medio de ella pero una vez en el poder se manipula aún más
el apoyo de sectores de la población, se divide a la población, se obtiene el apoyo
incondicional de fuerzas del estado y se merman las libertades civiles puesto que se gobierna
superando las instrucciones explícitas de separación de poderes, libertad de expresión y
demás derechos civiles contenidos en la mayoría de las constituciones. El “iliberalismo” se
refiere más específicamente a un abuso del liberalismo constitucional que es una tradición
que trata de salvaguardar principios y valores tales como la libertad y el derecho de los
individuos. Mientras que la democracia es una vía para elegir líderes políticos, el liberalismo
constitucional es el respeto a los ciudadanos basándose en la constitución y sus principios.
33
circunstancias, adopta la forma de un nacional-liberalismo, por
lo que oscila entre el proteccionismo y el libre mercado.

Actualmente, el iliberalismo se expande en el mundo, en


todos los continentes: Hungría, Polonia, Rusia, China,
Venezuela, Brasil, Filipinas, Italia, son ejemplos paradigmáticos.

(…) El iliberalismo puede imponerse más fácilmente debilitando a la prensa, al poder


legislativo, al poder judicial y asegurando el apoyo de las fuerzas armadas a través de diversos
medios, incluyendo la corrupción. El iliberalismo mella la continua evolución de la
democracia liberal hacia estadios más justos. El iliberalismo (que va de mano en mano con
el populismo) debilita el orden mundial y, si es conducido por poderosos gobiernos
nacionalistas autoritarios, podría desarticular el precario orden internacional, especialmente
si al interior de los grandes países sus autoridades electas deciden que es innecesario tratar
de ponerse de acuerdo ya que en un mundo con poblaciones empoderadas, para lograr las
medidas políticas que desean lograr, pensarán que hay que imponerse a como dé lugar. La
sensación de inseguridad económica y cultural puede ser exacerbada para imponerse.”
(Dudda, 2018) se refiere al tema en estos términos: “Una cosa es lo que digan y otra lo que
hagan. Los populistas iliberales comienzan atacando el liberalismo y acaban atacando
también la democracia. Usan el lenguaje de la democracia, que todavía resulta atractivo,
pero no suelen ser demócratas. A menudo se basan en un líder carismático, que es el
“intérprete” único de la voluntad del pueblo. Esto es algo iliberal, pero también
antidemocrático.” Por su parte, leemos en (López Aguilar, 2018): “Porque tal
sobreexposición de “voluntad de mayoría”, despeñada hacia la arbitrariedad, es todo menos
democrática. Y porque al señalar “enemigos” en los competidores y en los oponentes
políticos, e incluso en los liderazgos de la disidencia social e intelectual (caso de la
Universidad patrocinada por Soros en Budapest), para estigmatizarlos -fase inmediatamente
previa a su criminalización-, se están subvirtiendo las bases desde las que se alcanzó un
gobierno limitado, provisional y condicionado por las leyes y los mandatos temporales,
amenazando en trastocarlo en un poder expansivo, ilimitado, blindado y, por la vía de los
hechos, finalmente irrevocable. Es forzoso concluir que esa supuesta variante de
“democracia iliberal” entraña una negación frontal de la democracia y de la fundamentación
constitucional de la UE. Urge advertir -en nuestro propio rincón de la construcción europea-
que la pretensión política de una Cataluña etnicista, desde una identidad excluyente e
incompatible con los círculos concéntricos de la ciudadanía en una sociedad abierta, y
contumazmente abocada al fraude y violación del Derecho (DUI..¡“investidura telemática”!),
incurre en el mismo pecado de quienes, desde el otro confín (léase Órban o Kaczynski),
remedan paradójicamente sus fantasmas fenecidos: Nada resucita tanto el espectro del
franquismo en la España y en la Europa de 2018 como el desprecio por la idea constitucional
de la ley y del valor del pluralismo por el que el secesionismo y su nacional-populismo destilan
su versión estelada de “democracia iliberal”.”
34
Ostenta varios otros rostros; es nativista, populista29 y
antimulticulturalista.30 Al parecer, ha llegado para quedarse.31

29 En palabras de (Martinez Montoya, 2011, pág. 11): “En el caso del nativismo, estamos ante

una ideología que sostiene que la nación debe ser habitada exclusivamente por miembros
del propio grupo. El autoritarismo y el populismo defienden la pureza del pueblo frente a las
élites corruptas.” En términos parecidos escribe (Shabot, 2019): “En política exterior,
Netanyahu ya mostró cuáles son sus preferencias. Los gobiernos populistas de derecha que
tanto se han extendido, constituyen sus mejores colegas y colaboradores. Trump, Putin,
Bolsonaro, Matteo Salvini, Viktor Orbán e, incluso, el excéntrico y sanguinario Duterte, de
Filipinas, se hallan entre los mandatarios amigos del israelí, con filias y fobias de patrimonio
común. Comparten visiones ultranacionalistas y xenófobas, lo mismo que posiciones poco o
nada respetuosas de la separación de poderes que debe regir en las democracias. También,
sostienen un cierto menosprecio de los derechos humanos como pilar de la salud pública,
con acusaciones constantes a la prensa libre de “conspirar” contra los poderes establecidos.
Las minorías y los migrantes son en este contexto, malqueridos y satanizados, calificados
como elementos disruptivos de la nación pura y buena.”
30 Con respecto del rechazo observado actualmente en círculos europeos al otrora celebrado

muticulturalismo, (Martinez Montoya, 2011, pág. 13) ofrece esta reflexión: “El miedo a la
presencia masiva de inmigrantes está produciendo una crisis en el modelo de integración
que había empezado a adquirir carta de ciudadanía en algunos países de la sociedad
europea: el multiculturalismo. Entendido como un hecho sociológico (vivimos en sociedades
social y culturalmente híbridas) y como un proyecto político (el respeto y el reconocimiento
de la diversidad étnica, cultural y religiosa se valora y se fomenta superando el viejo esquema
asimilacionista), a partir del 11.09.01, de los atentados de Madrid (2004), de Londres (2005)
y de la consecuente guerra contra el ‘mal’, el multiculturalismo empieza a ser cuestionado.
La creencia en una cohabitación pacífica entre poblaciones de orígenes raciales y étnicos
diferentes en el mismo territorio se pone en cuestión por parte de algunos analistas, por no
hablar de políticos y de líderes religiosos.” Este fenómeno no es exclusivo de Europa: se lo
ve en otras partes del mundo.
31
(Bonilla Saus, 2009) ofrece al respecto estas reflexiones: “Ni en Uruguay ni en la región es
posible eludir por mucho más tiempo un análisis cuidadoso y sistemático de la relación
fuertemente contradictoria existente entre las prácticas políticas de los gobiernos y el
carácter pretendidamente democrático de esos gobiernos. Curiosamente, en estas
“democracias latinoamericanas” profusa y entusiastamente adjetivadas -(como
“progresistas”, “de izquierda”, “populistas”, “plebiscitarias”, “social-demócratas”,
“bolivarianas”, “indigenistas” o “socialistas”), nunca se recurre a la expresión “democracia
liberal”. Casi insensiblemente, la política de un gran número de países latinoamericanos
parece estar acomodándose a una convivencia supuestamente “natural” entre democracia
y limitación o ausencia de libertad de prensa, inexistencia de autonomía del poder judicial,
delegación de competencias legislativas en el Ejecutivo, intromisión sistemática de las
grandes burocracias corporativas sindicales en las decisiones políticas, persecución política
(cuando no asesinato) de individuos y grupos opositores, corrupción, patotas “piqueteras”,
35
El iliberalismo se exacerba por la conjunción de diversos
factores que se alinean en la misma dirección, que no es otra
que el rechazo al liberalismo. Forman en esa lista la migración
de empleos hacia países y regiones de bajos salarios, debilidad
sindical y gobiernos autoritarios, la competencia de productos
baratos procedentes de esos países, la ralentización salarial, la
expansión debocada del neoliberalismo, todo lo cual ha
sembrado frustración, desesperanza y enojo en amplias capas
de la población, sobre todo de las clases medias y de
trabajadores. Sentimientos y actitudes que se exacerban con las
crisis económicas. Constituyen esos segmentos poblacionales
instrumentos favorables para la conquista del poder por fuerzas
políticas lo mismo de izquierda que de derecha. Porque son
fácilmente manipulables.

La receta es simple: se concentra en señalar a los


causantes del problema y en ofrecer soluciones sencillas y
aparentemente viables. Los “culpables” están a la vista: los

organizaciones narco-políticas fomentadas desde el poder ejecutivo y una larga lista de


prácticas rigurosamente anti-democráticas y antiliberales que, en última instancia,
convergen en el cercenamiento de la libertad de los ciudadanos. Sin detenernos en casos
como Cuba o Haití, donde toda discusión del tema sería redundante, el fenómeno de la
expansión de la “democracia autoritaria” en América Latina parece incontenible. Venezuela,
Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Argentina, Honduras, El Salvador, Guatemala y grandes países
como México o Brasil son terreno fértil para algunas o casi todas de las prácticas arriba
señaladas. Son países cuyos gobiernos revisten como gobiernos democráticos sólo porque
realizan elecciones pero, al mismo tiempo, las plataformas electorales enarboladas y las
políticas llevadas adelante revelan de manera transparente que en nombre de “el pueblo”,
“la justicia social”, “el desarrollo productivo”, “el latinoamericanismo”, “la liberación”, “el
socialismo”, etc., las libertades públicas están siendo recortadas cuando no en vías de ser
suprimidas.” Por su parte, (Cordera Campos, 2019) escribe: “Las tendencias globales no
pueden dejar de lado la amenaza de nuevos autoritarismos que sin rubor prometen vueltas
atrás en defensa de las patrias y las seguridades personales y comunitarias frente a
los bárbaros que, a las puertas de Palacio, reclaman inclusión. Esas amenazas son reales y
quitan el sueño de los políticos y estrategas que atestiguan sus avances en las preferencias
ciudadanas de varios países europeos, integrantes de la gran proeza democrática y de
progreso económico y social que ha sido la Unión Europea. Mucha gente se manifiesta
dispuesta a cambiar libre participación política por seguridad personal y, tal vez, también
económica, hoy acosadas, según lo ven sus promotores, por la inundación migratoria del
lado oscuro del planeta.”
36
gobernantes de turno, los ricos, los intelectuales llamados
orgánicos, las potencias imperiales, la prensa vendida, los
organismos internacionales al servicio del gran capital, los
inmigrantes que toman empleos y traen con ellos toda clase de
calamidades, el país que nos vende mucho y nos compra poco.

Es muy fácil canalizar el enojo contra ellos, causantes


todos de marginar al pueblo del progreso y de apropiarse de un
bienestar que les ha sido hurtado. Los regímenes iliberales,
como ha quedado dicho, arriban al poder por el camino de las
urnas. Pero utilizan el mandato de las urnas para deshacerse de
todo cuanto se oponga a su ejercicio libre y sin barreras; por
tanto, no tienen empacho en reprimir, humillar, descalificar,
injuriar, calumniar, apresar, expropiar, someter al escarnio
público a quien no esté con ellos. A cada paso atentan contra las
libertades individuales como es fácilmente deducible de lo
expuesto: de expresión, de movimiento, de localización, de
trabajar, de hacer negocios, de participar en la vida pública,
entre otros.32

PARA CERRAR
La libertad, como facultad humana, es un acto racional.
Libertad es pensamiento. Es actitud. Es conocimiento. Es
potencia. Es conciencia. Es un sentimiento. Quien es libre, tiene
conciencia de que lo es, se sabe libre, se siente tal, adopta
actitudes propias de quien se reconoce dueño de sus actos. Lo
sabe porque lo piensa. Lo piensa poca razona. Aunque esto
último parezca tautológico. Quién es libre se sabe dueño de una
fuerza interna que le permite alcanzar propósitos inmediatos y
de largo plazo. Esto significa que quien es libre puede enfrentar

32
¿Está México en esa situación? (Zamora , 2019) escribe lo siguiente: “La captura de las
instituciones del Estado por parte del titular del Poder Ejecutivo federal es el primer paso
para instaurar un régimen autoritario y representa una seria amenaza política y económica
que crea incertidumbre sobre la vigencia de la democracia constitucional, el Estado de
derecho y el desarrollo del país. (…) Esta concentración de poder en el Ejecutivo conduce,
inevitablemente, a una autocracia y a la restricción del régimen de libertades y derechos.”
37
las cosas del diario acontecer y prever cosas que podrá hacer en
el futuro.
Hemos dicho que la libertad para es capacidad de hacer.
Sin embargo, eso no basta. Se requiere también estar dispuesto
a hacer valer esa libertad. Hablamos de asertividad. No basta
con tener libertad de y libertad para. Es necesario el acto volitivo
que convierte una posibilidad en una realidad. La mayoría de la
gente sabe cuáles son sus libertades, pero no siempre es capaz
de hacer uso de ellas. De hacerlas valer. A veces, porque no
tiene los medios para conseguirlo. Otras veces, porque aun
disponiendo de ellos, no tiene el valor para darles cuerpo. Unas
veces por miedo, otras por temor a ofender, y unas más por
indiferencia.
Esto significa que hay que aprender no sólo que se tienen
libertades, sino a usarlas con decisión, inteligencia y
oportunidad. Con valor también. No hablamos de cosas que son
fáciles. Hacer uso de la libertad es una tarea ardua. Lo saben
quiénes han hecho de las luchas por la libertad una experiencia
de vida. Lo saben porque en esas luchas han debido enfrentar
resistencias, algunas verdaderamente fuertes. Sobre todo,
cuando han debido hacer frente a las fuerzas del Estado o de
organizaciones poderosas.
Los luchadores sociales han pagado sus pretensiones con
represiones diversas, incluidas la prisión, y a veces la muerte.
Muchos de ellos han debido sufrir estigmas dolorosos: se los ha
acusado de locura, de falta de juicio, de traidores, sobre todo,
cuando sus objetivos han parecido desproporcionados. Han sido
siempre los luchadores sociales los ilusos de la historia. Sin
embargo, esos ilusos, esos locos, esos cruzados por las
libertades han sabido ser perseverantes. Algunos han podido
ver en vida el fruto de sus esfuerzos. Otros han debido dejar las
antorchas en manos de sus discípulos, de sus seguidores,
idealistas como aquellos que han perseverado en la brega por
hacer realidad aquellos ideales. Y al triunfo de las causas han
recibido los reconocimientos post mortem. Aunque a veces
tardíamente.

38
Las luchas por las libertades han sido tejidas por
generaciones de hombres y mujeres que han creído que es
posible vivir mejor y que para eso hay que romper con los
valladares que se oponen al bienestar humano. El patrón se ha
repetido. En las luchas por jornadas de trabajo humanas, por
abolir el trabajo infantil, por la seguridad social, por el voto
femenino, por la igualdad de género en la política, por la
igualdad de ingresos para hombres y mujeres en el trabajo, por
el matrimonio igualitario, por la adopción de niños por parejas
de personas del mismo sexo, por la libertad de expresión, por el
derecho a la información, por la transparencia de la función
pública, entre otras muchas, han participado hombres y mujeres
portadores de poderosas convicciones íntimas y sociales.
Hombres y mujeres procedentes de distintas capas sociales,
diferentes niveles de ingreso, distintos niveles educativos, del
campo y de la ciudad, dotados de distintos instrumentos de
lucha, pero animados por el mismo espíritu: servir a los demás.
A lo largo de la historia y en todos los países encontramos
ejemplos que comprueban estas palabras. Gracias a ellos, los
hombres y mujeres que en los inicios del tercer milenio
habitamos el planeta podemos disfrutar de un muy amplio
arcoíris de libertades.
A nuestra generación le competen dos cosas: honrar
dichas libertades, usándolas amplia y responsablemente,
defendiéndolas también, es decir, cuidando que no sean
conculcadas, y ampliarlas, incorporando aquellas que los
tiempos que nos han tocado vivir hagan necesarias. Éstas no son
tareas menores. Nos competen sobre todo a los mayores. Es
nuestro deber inculcar profundos sentimientos de respeto y
amor por las libertades en los niños y en los jóvenes, tarea que
deberá tener lugar constantemente en los hogares, en las
escuelas, en la plaza pública, en los centros de trabajo. Y como
vehículos, el ejemplo en primer lugar, la enseñanza, el discurso
político, la crítica sana, la buena gobernanza.
Nuestras libertades, herencia de nuestros antepasados,
son un patrimonio colectivo, que vale mucho, y porque vale

39
mucho hay que preservarlo. Hay que preservarlo de los embates
de sus muchos enemigos, tanto de dentro como de fuera. No
tenemos derecho de renunciar a dicha tarea. No tenemos
derecho a entregar a la generación que nos suceda un
patrimonio mutilado. Sería el caso si por cobardía o por interés
malsano permitimos que nuestras libertades sean conculcadas.
No importa por quien. Sabemos quiénes podrían ser. Están
identificados: son los gobiernos iliberales, los demagogos de
todos los signos, las grandes empresas del entretenimiento, los
grandes monopolios de la información, el Estado, los grupos
criminales.
Debemos saber cómo enfrentarlos. Tenemos los medios
para hacerlo: las instituciones sociales, los partidos políticos, las
organizaciones gremiales, los organismos no gubernamentales,
los comunicadores honestos, las escuelas de todos los niveles.
Informar, orientar, concienciar, vigilar; he ahí los verbos.
El compromiso es indispensable.
No es tarea de los demás, algo que los demás deban
hacer; es de nosotros, es de todos. Porque a todos nos afecta.
Hay muchas trincheras. Cada uno tiene la suya. Identifícala.
Conócela. Trabaja en ella. Haz tu tarea. Ninguna es pequeña.
Todas son importantes.
La faena no es sólo la tuya; es la de todos.
Porque las luchas por las libertades son nuestras luchas.
Porque somos nuestras libertades.
Sin ellas no somos. Somos los que nuestras libertades son.
Entendámoslo. Y seamos congruentes. Que nadie nos hurte la
libertad de expresión. Ni la de reunión. Ni la de movilización. Ni
la de trabajar en lo que queramos. Ni de disfrutar de lo que nos
hace felices. Ni la de amistar con quien nos plazca. Ni la de elegir
a nuestros representantes. Ser libres es nuestro derecho. Que
nadie lo conculque. México es un país de libertades. Las
libertades de que disfrutamos constituyen un patrimonio
inmenso. Que se mantenga vivo es nuestro deber. gmg
Dos encinos, 21 de abril de 2019.
40
Bibliografía
Ang, T. W., & Feinholz, D. (julio-septiembre de 2018). A nuestro servicio y no a nuestra costa.
(UNESCO, Ed.) El correo de la UNESCO, 72. Recuperado el 12 de Marzo de 2019, de
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Berlin, I. (2004). La traición de la libertad. Seis enemigos de la libertad humana. México: FCE.
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