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CAPITULO 1

MATERNIDAD ESPIRITUAL DE MARÍA

Entremos al tema de la maternidad espiritual: María la mujer que tiene como hijos a
todas las criaturas; que nos engendra, nos conserva y nos acrecienta por individual a la vida
sobrenatural de la gracia divina. Pero esta maternidad espiritual es consecuencia de la
maternidad divina, porque en ella nos incorpora al cuerpo místico de Cristo. Es por ello, que
Roschini, nos dice:

«María SS. es el punto luminoso en el que la divinidad y la humanidad se


encuentran y se unen, puesto que por medio de Ella se ha encarnado el Verbo, y
encarnándose, se ha convertido en Cabeza de todas las criaturas visibles e
invisibles, y todas las criaturas a la vez, se han convertido en místicos miembros
suyos que constituyen con Él un solo cuerpo místico»1

Entonces cuando se introduce al tema de la maternidad divina de María, es lógico que


debemos de tocar el tema por consecuencia, sobre la maternidad espiritual de María. Son
temas que van unidos por un conector fundamental, que es la encarnación de Jesús; Por
voluntad propia, es madre de Dios-Hombre. Con este acto, mereció el titulo de madre de los
hombres y de otros privilegios, que fue causa de sus actos personales, como a los sufrimientos
que lo ofreció por nosotros.

«Por la comunión de los padecimientos y de la voluntad entre Jesucristo y María,


la virgen mereció y se hizo plenamente digna de ser reparadora del perdido
mundo, y, por consiguiente, la dispensadora de todas las riquezas que Jesús nos
consiguió con su sangre y su muerte»2

1
ROSCHINI, G., La Madre de Dios según la fe y la teología, editorial apostolado de la prensa, S. A., Madrid,
España, 1962 vol.1 pág. 381
2
S. S. Pío X, Enciclica Ad diem illum, 2 de febrero de 1904. La parte de la frase en bastardilla es una cita de
Eadmero: De la Excelencia de la Virgen María, cap. IX, PL. CLIV, 223 (inter opera B. Anselmi)
Y esta sucesión de temas, se debe de dar con frecuencia en un tratado de Mariología.

«La conexión necesaria que une la maternidad espiritual de María a la


maternidad divina, coloca lógicamente el capítulo de la maternidad espiritual
inmediatamente a continuación de la maternidad divina en un tratado de
Mariología, y no, como ocurre generalmente, hacia el final del tratado. Otra
razón, además, exige este lugar: y es que los demás privilegios de María le han
concedido no solamente en vista de su maternidad divina, sino también en vista
de su maternidad espiritual, es decir, en vista de su función de Madre del Cristo
Total»3

Por lo que acabamos de decir, lo podemos resumir con el primer principio


fundamental que nos comparte el Pbro. Carlos H. Spahn, donde dice: «Dicha sentencia puede
formularse de la siguiente manera: la maternidad divina de María, considerada integralmente
en sí misma, constituye el primer principio básico y fundamental de toda la Mariología»4

Para concluir con esta relación entre maternidad divina y espiritual, y en relación con
el primer principio fundamental de la mariología, se puede decir: que La maternidad divina
es respecto a las demás prerrogativas de María— de modo proporcional— lo que la unión
hipostática en Cristo es respecto a las gracias y dones con que su humanidad fue adornada.
Luego, así como la unión hipostática es el principio del cual provienen a Cristo todos sus
dones de gracia y de gloria, así la divina maternidad es el principio de donde se deriva el
conjunto de todos los dones de gracia y de gloria y de los demás privilegios con que la Virgen
María fue exaltada y deificada sobre todas las criaturas. Por eso, como ya vimos, la
maternidad divina es el principio primario de toda la teología mariana.

Por lo consiguiente, nos adentraremos al inmenso tratado de Mariología, para encontrar


los datos que nos ayuden a comprender esta conexión entre la maternidad divina y la
espiritual. Pero de esta unión, nos interesa conocer como se da esta maternidad espiritual en
María, dando como resultado la connotación a María, como Madre de la Iglesia.

3
SPAHN, C., Hijo, he aquí a tu madre/tratado de mariología, ediciones I.P.L. y C.E.A., San Francisco de
Campeche, Campeche, 2009. Pág. 151
4
Ibidem., pág. 29
1.1 Concepto de Maternidad Espiritual

Encontramos el concepto de maternidad en cualquier diccionario, y se te presenta esta


constante definición: Dícese del estado o calidad de madre. Una definición incompleta si lo
vemos de manera objetiva, ya que la idea general de maternidad, está a veces cargado de
diversidad de matices, que nuestra sociedad no trata de expresar con claridad. Sino más bien
confundir o manipular. Este concepto abarca varios aspectos, como son. El psicológico, el
moral, el social, el afectivo, el médico-biológico, etc. Por lo tanto, una definición general
podría ser: la de todo conjunto de acciones realizadas a favor de la mujer en época de
gestación, nacimiento de la nueva persona, cuidados posteriores y atención y ayuda al nacido.
Es decir: concepción, embarazo, parto, crianza y desarrollo.

En nuestro estudio, debemos decir que la maternidad, es dar vida y cuidar. Cuando
hablamos de vida, empezamos a apreciar dos tipos de vida: la de la naturaleza y la
sobrenatural, esta última, trasciende las exigencias de la vida natural. Una vida sobrenatural
que es solamente concedida gratuitamente por Dios a todos los hombres, a los animales con
intelecto.

En el caso de María, su maternidad lo ponemos en la maternidad de orden sobrenatural,


o de la gracia. También se le puede llamar a esta maternidad como adoptiva; aunque no
debemos equivocarnos cuando hablamos de adoptivas; ya que hay diferencias entre la
adopción humana y la divina.5

Esta diferencia se aprecia cuando al hablar de adopción humana, nos referimos a la


filiación jurídica, que confiere algunos derechos y deberes. Y cuando hablamos de adopción
divina, se comprende de manera diferente, como nos dice Roschini:

«La adopción divina, por el contrario, causa en el adoptado una filiación física,
intrínseca, la gracia santificante, en virtud del cual el adoptado queda hecho
misteriosamente participe de la naturaleza misma del adoptante, es decir, de
Dios… la gracia santificante penetra, transforma y diviniza toda nuestra vida

5
Cfr. ROSCHINI, G., La Madre de Dios según la fe y la teología, editorial apostolado de la prensa, S. A.,
Madrid, España, 1962 vol.1 pág. 382
natural, se imprime en lo más íntimo de nuestra alma y se extiende por medio de
las virtudes sobrenaturales infusas a todas las facultades del alma»6

Es lógico, decir que la virgen santísima ha concebido la humanidad a la vida


sobrenatural de la gracia cuando concibió a Cristo, cabeza de la humanidad, puesto que en
aquel momento comenzó la regeneración sobrenatural de la humanidad. Así, dio a luz a la
humanidad en el calvario, en el momento de la muerte física de Cristo; ya que con ella hubo
la regeneración sobrenatural de la humanidad.

Para tener más claro esta maternidad espiritual, ponemos a continuación unos
párrafos, que hacen referencia a este tema, escrito por Roschini, donde dice:

«La solución de la cuestión sobre el fundamento teológico de la maternidad


espiritual de María depende de la solución del problema sobre el nexo que existe
entre la maternidad divina y la maternidad espiritual. Aquellos (poquísimos) para
quienes la maternidad divina de María Santísima no es más que la maternidad
del Hombre-Dios no ven evidentemente nexo alguno entre maternidad divina y
maternidad espiritual. Aquellos, en cambio, para quienes la maternidad divina de
María es la maternidad del Hombre-Dios Redentor en cuanto tal (es decir, en
cuanto Redentor, Cabeza de la humanidad, que Él ha venido a regenerar a la vida
sobrenatural), ven un nexo estrechísimo entre la maternidad divina y la
maternidad espiritual de María Santísima. Para éstos, pues, el verdadero
fundamento de la maternidad espiritual se encuentra en nuestra incorporación a
Cristo. En virtud de la encarnación redentora, en efecto, el Verbo encarnado en
el seno virginal de María queda constituido Cabeza mística de toda la humanidad
(síntesis de toda la creación), y la humanidad queda constituida Cuerpo místico
suyo. Cristo, en efecto, puede ser considerado bajo un doble aspecto: como
Hombre-Dios y como Redentor. Como Hombre-Dios tiene un cuerpo físico, como
todos los demás hombres; como Redentor del género humano, en cambio, tiene
un Cuerpo místico, que es la sociedad de todos los que creen en Él (Rom 12,5).
La Virgen Santísima, pues, al engendrar física y naturalmente a Cristo,
engendraba espiritual y sobrenaturalmente a todos los cristianos, miembros
místicos de Cristo, o sea, a todo el género humano. Se sigue que tanto la Cabeza
como sus místicos miembros son frutos del mismo seno, el de María; y que María
queda constituida así Madre del Cristo total, es decir, de la Cabeza y de sus
miembros, aunque de modo diverso: físicamente de la Cabeza, espiritualmente de
los miembros.

Todo esto es consecuencia de una maternidad divina soteriológica, o sea, de la


maternidad del Hombre-Dios Redentor en cuanto tal; de una maternidad
ordenada por sí misma, en virtud del plan divino, a la redención, a la
regeneración sobrenatural de la humanidad caída. Esto se deduce, como
veremos, de la Escritura, de la tradición y, de un modo clarísimo, de la enseñanza

6
Ídem
del magisterio eclesiástico. En breve: la maternidad espiritual de María
Santísima respecto a todos los cristianos es una prolongación de su maternidad
divina y física respecto a Cristo...: somos hijos en el Hijo (filii in Filio), en quien
estamos como incluidos, a quien estamos incorporados.

En cambio, los que no admiten (y son bien pocos, un número casi despreciable)
esa maternidad divina soteriológica (o sea, con finalidad redentora), encuentran
el fundamento de la maternidad espiritual de María Santísima en las palabras de
Cristo en la cruz; «¡He ahí a tu madre... ¡He ahí a tu hijo!» (Jn 19,26-27) ... Pero
las citadas palabras de San Juan, como veremos, no tienen un valor causativo,
sino solamente declarativo o proclamativo de la maternidad espiritual de
María».»7

En realidad, en el hermoso párrafo que acabamos de transcribir está dicho casi todo
lo que se puede decir en torno al fundamento de la maternidad espiritual de María sobre todo
el género humano redimido por Jesucristo: La maternidad espiritual de María es el
complemento de su maternidad divina, puesto que Ella es la Madre del Cristo total: Madre
física de Cristo-Cabeza, y Madre espiritual de todos los miembros de su Cuerpo místico.

Ahora bien, desde la concepción de María, fue elevada a la plenitud de la vida de la


gracia, que no es solo para ella, sino es para comunicarlas a las otras personas; aquí se puede
agregar que Cristo tiene las gracias de manera universal, en María lo tiene de manera
participativa, como se dijo anteriormente. Es así, que engendro en el orden físico a la cabeza,
que al mismo tiempo daba luz en el orden sobrenatural, los que iban a constituir el cuerpo de
Cristo con ella.8

Por lo cual, el Cristo total no se reduce solamente en Jesús de Nazaret, sino que abarca
todos los elegidos; y en consecuencia el «Fiat»9de María comprende a la cabeza y a sus
miembros. Podemos acomodar el salmo 86, 5: «Homo et homo natus est in ea», aplicando el
versículo a Cristo y la Iglesia, en cuanto que al primogénito engendrado por María en el plano
físico-natural se le agregan en el plano sobrenatural los hombres. Es como lo dice Pbro.
Vicente María Gregori:

7
Ibidem, pág. 384
8
Cfr. Comisión nacional pro definición dogmática de la maternidad espiritual de María., La maternidad
espiritual de María, Ed. Jus, México, 1961. pág. 383
9
El consentimiento de la Virgen María en ser la Madre de Dios, declarado durante la aparición del Arcángel
Gabriel, al decir: «He aquí la esclava del Señor; hágase (Fiat, en latín) en Mí según tu palabra.» (Lc. 1, 38)
««Homo, et homo natus est in ea» Así leemos en los salmos, así cantamos en los
coros; pero quizá sin inteligencia del gran misterio. No, no fue solo un Dios-
hombre, dicen San Ambrosio y San Agustín, el que se dignó nacer de María; nació
también de María, por consentimiento de común felicidad, cada uno de los
hombres: Homo, esto es, Cristo Señor Nuestro, primero entre todos los hombres;
et homo, esto es, y todo otro hombre nació gloriosamente de María; natus est in
ea.»10

En definitiva, la maternidad de María que nos ha dado la vida sobrenatural tan


verdaderamente como nuestras madres nos han dado la vida natural; y que, como nuestras
madres lo hacen en nuestra vida natural, ella nutre, protege, acrecienta y extiende nuestra
vida sobrenatural a fin de conducirla a su perfección.

No podemos dejar a un lado la vida natural, que a lado se encuentra la fe que nos enseña
que hay para el cristiano otra vida, llamada sobrenatural o espiritual. Esta vida sobrenatural
es muy superior en particular a esta vida natural que nos es tan querida; es la razón por la que
tantos mártires han sacrificado alegremente ésta a aquélla. Por eso es que nosotros todos
debemos estar en la disposición de perder nuestra vida natural antes que el estado de gracia,
puesto que el Hijo de Dios se ha encarnado y ha dado su vida para merecernos esta vida de
la gracia.

1.2 La maternidad espiritual de María en la Historia

En la historia de la Iglesia, no se habla de la maternidad espiritual, sino, de la maternidad


divina. Pero para nuestro parecer, debemos tener en cuenta la historia de como llegaron a la
aceptación de la maternidad de María. Porque, las dos maternidades están unidas entre sí.
Como se dijo anteriormente, la maternidad divina, es la que da bases contundentes para las
demás verdades dichas o afirmadas de María, que son los dogmas. Pero a la vez, también, es
el centro vital del cuerpo místico, que somos nosotros; porque, en esta maternidad, se da a
luz a Cristo, la cabeza de la Iglesia.

10
GREGORI, V., Los hijos del dolor de María, seriamente ocupados en la meditación de sus penas y en la
práctica de los deberes y obligaciones de cada uno de los sagrados espirituales ejercicios, Ed. Administración
del real arbitrio de beneficencia, Madrid, España, 1799. pág. 26
En la historia, desde el comienzo se hablaba de María como madre de Jesús, en
consecuencia, como madre del hijo de Dios. Pero en el transcurso del tiempo, se iban
formando doctrinas que iban negando esta maternidad divina, como es el caso de los
gnósticos que decían que el cuerpo de Cristo no es real, sino aparente fantasma.

Pero el problema más grande y que repercutía gravemente en esta maternidad, empezaría
con Arrio que mantenía que el verbo no era Dios, sino que era una creatura, la mas excelsa
entre las otras. En el símbolo de Nicea, se contrarresta la doctrina de Arrio, y se profesa:
«creemos… en un solo Señor Jesucristo Hijo de Dios… que por nosotros los hombres y por
nuestra salvación descendió y se hizo hombre.»11

Pero no se termina en este símbolo, es en el símbolo de Constantinopla, donde se le agrega


a la profesión, a María, poniéndola como madre del Hijo de Dios: «que por nosotros los
hombres y por nuestra salvación descendió de los cielos y se encarnó por obra del Espíritu
Santo y María Virgen, y se hizo hombre.»12

Pero los problemas no se terminan aquí, en el siglo V aparece otra doctrina que negara la
maternidad divina, esta idea presentada por Nestorio, va más a la cuestión cristológica. Todo
comienza en dos escuelas que están en contra, que son la de Alejandría y la otra Antioquía.
Que se centraban en concebir a Cristo en la unidad de las dos naturalezas: divina y humana.

Nestorio, empieza llamando a María, anthropotokos (madre del hombre), khristotokos


(madre de Cristo), pero niega que se diga madre de Dios; porque el decía que Cristo no era
Dios, sino que era un hombre unido en forma especial a Dios. El que reacciona en contra de
Nestorio es San Cirilo, el cual expone el fondo teológico en cuestión.13

En el símbolo de Éfeso, no se redacto una nueva profesión, sino que se insistió en la


formula de fe de Nicea: «Después de la lectura de estos documentos, el santo sínodo decretó

11
ALCALÁ, M., Mariología / María, madre de Dios y madre de la Iglesia, seminario diocesano, San Juan de los
Lagos, Jalisco. pág. 161
12
ídem
13
Cfr. ídem
que no es permitido a nadie proponer, redactar o formular otra fe distinta de la que ha sido
definida por los Santos Padres reunidos en Nicea con el Espíritu Santo.»14

En el III concilio de Constantinopla, recoge algunos anatematismos de San Cirilo, como


es el siguiente: «Si alguno no confiesa que el Emmanuel es verdaderamente Dios y que por
eso la Santísima virgen es madre de Dios, puesto que engendró según la carne el Verbo
encarnado, sea anatema.»15

El concilio de calcedonia, aparece un inciso mariano, que se puede apreciar como siguen
poniendo a la virgen María como la madre de Dios: «que antes de los siglos es engendrado
por el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo, en los últimos días, por nosotros y por
nuestra salvación, engendrado de María virgen, madre de Dios, en cuanto a la humanidad.»16

Adelantándonos un poco en la historia, vemos que la corriente anticalcedoniana, sigue


dando un error en cuanto a su doctrina. Donde hablan de Cristo es solamente hombre, pero
que esta dotado de una gracia singular, creada y superior a la nuestra. Y esta ideología se
puede relacionarse con un adopcionismo, donde se habla que Cristo es un hombre, que Dios
lo adopto para hacer una misión.

Para concluir, podemos hablar que en el concilio vaticano II, se toma la maternidad de
María como en el marco en el que estudiar el papel de María en el misterio de Cristo y de la
Iglesia. Destacando:

«que esta maternidad biológica y al mismo tiempo ha tenido lugar por la fe. Se
trata de una maternidad que se extiende desde la concepción y el parto hasta la
crianza del niño y su acompañamiento en el Calvario, donde el Fiat de la
anunciación sigue resonando con una nueva aceptación. Esta maternidad
aparece no sólo como una maternidad humana y sobrenatural que llena
totalmente la vida de la virgen, sino también como raíz de todas las gracias que
ha recibido y como fundamento de su maternidad sobre nosotros.»17

14
Ibidem, 162
15
ídem
16
Ibidem, pág. 163
17
Ibidem, pág. 164
En cuanto a la maternidad espiritual, y como se dijo anteriormente, que no se hablaba
de esta maternidad, sino que algunos padres de la Iglesia, recogen algunos datos bíblicos para
entender la misión de María. Es por ello, que podemos entender como maternidad espiritual,
los escritos de los padres que hablan sobre la figura de la nueva Eva. Después San Agustín
hablara sobre María como la madre del Cristo Total; donde aparece el cuerpo místico de
Cristo, que él es la cabeza.18

Y es en la edad media, donde se despliega la doctrina que pone como base y fundamento
de la maternidad espiritual de María, basada en el texto de la biblia, acerca del testamento de
Jesús en el Calvario.

1.3 la maternidad espiritual en el depósito de la fe

En este apartado nos proponemos aclarar el concepto de maternidad espiritual, por medio
del depósito de la fe, que son la sagrada escritura, los padres de la Iglesia y el magisterio.
Abordaremos cada uno de ellos, con la finalidad de darnos una idea más clara sobre la
maternidad espiritual de María. Para ello, interpretaremos algunos pasajes bíblicos, dando
luces de algunos datos que están implícitos en la sagrada escritura, pero que, para nosotros,
son una manera de acrecentar nuestra fe.

Así, como entender la doctrina de algunos padres de la Iglesia, que abordan el tema de la
maternidad de María. Como ellos lo explican. Y, por último, que nos pone de verdad el
magisterio de la Iglesia.

18
Ibidem, pág. 211
1.3.1 Sagrada Escritura

a) Gen. 3, 15

En este Protoevangelio, que dice: «Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje
y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar.»19

La maternidad de María, la podemos encontrar citada desde las primeras paginas de la


sagrada escritura, como es el caso de este versículo, que se denomina Protoevangelio. Para
interpretarlo, lo debemos de no querer verlo explícitamente; porque en este versículo, no nos
pone nunca que María es madre Dios y en consecuencia madre nuestra. Sino que debemos
verlo de modo implícito, para poder interpretar lo que nos quiere decir, acerca de la
maternidad de María.20

Explícitamente nos quiere decir, que María es madre física del redentor, de la cabeza.
Pero implícitamente, y al tener claro que se habla de la madre del redentor, entonces podemos
decir, que nos comunica que María, es madre de los redimidos, que somos el cuerpo místico
de la cabeza, que es Cristo. Por lo tanto, podemos apreciar dos cosas que resultan evidentes,
como nos dice Roschini: «Dos cosas resultan evidentes de este análisis: el carácter «materno»
de la mujer de quien se habla y el carácter de universalidad propio de la «descendencia de la
mujer»»21

Por consiguiente, podemos interpretar que el linaje, es Cristo que nació de la virgen
María. Aunque desde la concepción ya era en potencia madre nuestra. Es por ello, que el
linaje de la mujer en el Protoevangelio, se refiere a Cristo y a nosotros, sus hermanos. Que
se hace verdadero en el momento del testamento en el calvario.

19
Biblia de Jerusalén Gen. 3, 15
20
SPAHN, C., Hijo, he aquí a tu madre/tratado de mariología, ediciones I.P.L. y C.E.A., San Francisco de
Campeche, Campeche, 2009. Pág. 153
21
ROSCHINI, G., La Madre de Dios según la fe y la teología, editorial apostolado de la prensa, S. A., Madrid,
España, 1962 vol.1 pág. 402
Es, por tanto, que no debemos tomar todo de manera objetiva de la sagrada escritura, sino
poder interpretar por medio de la fe y de la razón; lo que nos quiere transmitir. En este caso,
como conclusión, se puede responder que este Protoevangelio, nos pone desde un comienzo
en la sagrada escritura como hermanos de Cristo, en otras palabras, que María es nuestra
madre espiritual.

b) Jn. 19, 25-27

La hora de la que Jesús habla en las bodas de Caná llega cuando Jesús está en la cruz y
allí nos vuelve a poner Juan a la madre, dice:

«Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María,


mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a
ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu
hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella
hora el discípulo la acogió en su casa»22

Se diferencia de los sinópticos en que mientras éstos hablan de mujeres que observan
la crucifixión de lejos y no nombran a María en este momento, Juan habla de cuatro mujeres
y un discípulo junto a la cruz y entre ellas está la Madre de Jesús.

La cercanía es un poco inverosímil, pues los soldados no permitían se acercasen a los


reos. El evangelista lo que quiere resaltar es la proximidad espiritual de estas mujeres con
Jesús. El cuarto evangelio hace coincidir la crucifixión con la exaltación gloriosa de Jesús y
la efusión del Espíritu, lo cual es una interpretación teológica de este momento de la vida de
Jesús, ante la que pierde importancia la presencia física.

Lo importante es que María tuvo una presencia teológica y simbólica en este


acontecimiento de «la hora» de Jesús. Las mujeres y el discípulo amado participan en el
sufrimiento de Jesús. Mientras los otros se alejan y huyen, la madre y este pequeño grupo se
aproximan a la cruz, le siguen hasta el final.

22
Biblia de Jerusalén, Jn. 19, 25-27
Ahora aparece invertido el diálogo entre María y Jesús que encontrábamos en Caná.
No es María la que se dirige al Hijo, sino el Hijo quien toma la iniciativa y se dirige a María.
El Hijo le dice que su maternidad biológica termina, poco después le entregarán el Hijo
muerto. Jesús vuelve a dirigirse a ella como Mujer. Jesús sustituye su maternidad biológica
por otra maternidad misteriosa y espiritual que la planifica, la proclama «madre del discípulo
amado». Ahora se encuentra con una maternidad nueva en la comunidad del Reino, que no
se produce sin dolor.

El evangelio hace del discípulo amado un símbolo, el prototipo del verdadero


creyente: «vio y creyó». Se condensa en él el ideal del auténtico discípulo. La comunidad
cristiana puede verse ejemplificada en él. El discípulo amado y la misma comunidad son
orientados por Jesús hacia María para que la reconozcan y acepten como Madre.

El evangelista concluye diciendo que: «desde aquella hora el discípulo la acogió en


su casa», la traducción más correcta parece que es «la acogió entre sus propias cosas», es
decir, entre todo lo que le hacía ser discípulo amado de Jesús. Jesús glorificado por el Padre
revela la maternidad espiritual de María sobre todos los hombres. No se trata de una
maternidad que los discípulos se inventan sino una maternidad ofrecida por Jesús. No se
puede ser discípulo amado de Jesús sin acoger a su madre.

La aportación peculiar del cuarto evangelio a la figura de María consiste en insertarla en


la vida misma de la Iglesia y presentarla como madre de los creyentes e intercesora a favor
suyo. E. Johnson siguiendo su línea advierte que no idealicemos tanto a María que no la
alejemos de tantas madres como ven morir a sus hijos, ya sea de muerte natural, ya sea como
Jesús de forma violenta.23

23
Cfr. JOHNSON, E., Verdadera hermana nuestra: teología de María en la comunión de los santos, Herder
Editorial, España, 2005. Pág. 337 – 341.
c) Ap. 12

El último libro de la sagrada escritura nos presenta en el capitulo 12, una narración donde
podemos sacar una interpretación de la maternidad de María. En este, encontramos tres
protagonistas, que son la mujer misteriosa, el hijo varón y el dragón.

El dragón, es la serpiente antigua, llamada satanás. Esta serpiente fue la que vemos en el
génesis, la que tienta a Eva. El hijo de varón, es el redentor, el mesías, el hijo de Dios. Es,
por tanto, que la mujer es María, que es madre del redentor, por lo tanto, somos también hijos
de ella. Como lo dice ap. 12, 17: «Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la
guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el
testimonio de Jesús.»

Es por ello, que la mujer indicada no es más que María, madre de Cristo y de los
cristianos, en estos últimos nos detendremos, para decir, que para dar a luz a los cristianos se
nos presenta como victima de dolores de parto. Esta interpretación lo podemos constatar en
la encíclica Ad Dem Illum, de San Pío X:

«vio, pues, Juan a la santísima madre de Dios ya en la eterna


bienaventuranza, y, sin embargo, sujeta a un parto misterioso. ¿Cuál? El
nuestro, indudablemente; nosotros, detenidos todavía en el destierro, no
hemos nacido aún al perfecto amor de Dios y a la eterna felicidad»

1.3.2 Padres de la Iglesia

a) San Ireneo

Ireneo en su obra “Adversus Haereses” usa el modelo de recapitulación, lo que deshizo


Eva, Dios lo vuelve a rehacer por María. Parte de María para llegar a Eva, ya que al crearla
Dios pensaba en María. La eficacia salvífica de María posee para Ireneo un sentido universal
que se extiende a todo el género humano y llega hasta el origen de la humanidad. María trajo
la vida al linaje de Eva. La actitud de María «reintegra-recapitula» tiene valor retroactivo
llegando incluso hasta Eva. María no es la enemiga de Eva sino su abogada. Eva desobedece
y María obedece y trae la vida. Eva pecó siendo virgen, María obedece siendo virgen. Adán
no tiene padre, Jesús no tienen padre humano.

«Y si la primera (Eva) desobedeció a Dios, la segunda (María), en cambio,


consintió en obedecer a Dios, a fin de que la Virgen María pudiera ser
abogada de la virgen Eva. Y así como la raza humana quedó vinculada a
la muerte por causa de una virgen, de igual manera es liberada por una
virgen; la desobediencia de una virgen ha sido compensada por la
obediencia de otra virgen.»24

Aunque este paralelismo ejerce influjo en la historia de la teología no forma parte de


los concilios ecuménicos, se integra ahora en el magisterio pontificio gracias al Vaticano II
(LG 56).

María es la nueva Eva, la madre de los vivientes (maternidad universal de María), Ireneo
la llama «el seno de la humanidad» recapitulada en Cristo. Habla del nacimiento de Cristo
como «del ser puro que abrió con toda pureza el puro seno que regenera a los hombres en
Dios» (Contra las herejías - Libro 4, 33, 11).

b) Orígenes

Es el único que considera la maternidad de María sobre todos los creyentes en este
sentido. Según él, Cristo vive en todos los que le siguen con perfección, y así como María es
la Madre de Cristo, también es la madre de aquel en el que Cristo vive. Por ello, según
Orígenes, el hombre tiene un derecho indirecto a reclamar a María como su madre, en la
medida en que se identifique con Jesús por la vida de la gracia.

Para comprender un poco más sobre su doctrina de Orígenes, escribimos aquí sus
palabras:

«nos atrevemos a afirmar que las primicias de todas las escrituras son los
evangelios; y las primicias de los evangelios, son el evangelio de Juan:
nadie puede comprender su sentido si no ha reposado sobre el pecho de

24
Contra las herejías - Libro 5, 19, 1
Jesús u ha recibido a María, convertida en su propia madre. El que quiera
ser otro Juan, debe ser tal como fue Juan; que Jesús pueda declarar que
también él es un Jesús. Puesto que María, según los que rectamente
piensan de ella, no tuvo otro hijo fuera de Jesús, Jesús dice a la madre:
«he aquí a tu hijo», y no «este es tu hijo»; o lo que es lo mismo: «este es el
Jesús que has engendrado».» (Comm. In Ioan., I, 6; PG. 14, 32)

Orígenes entiende dos características: la de haber reposado sobre el pecho de Jesús y


la de haber recibido de él a María por madre. Estas dos características, nos ponen en la línea
que orígenes manifiesta; en primer lugar, que debemos los cristianos ser otros Juanes, es
decir, que debemos ser perfectos; esto lo tendremos cuando podamos participar de Cristo de
manera que nos dejó estipulado en los evangelios. Y con ello, nos deja a su madre, María,
que estando en el calvario se la dejo como madre a Juan. Por lo consiguiente, como otros
Juan, tenemos como madre a María, que nos auxilia en cualquier momento.25

Pero, estos perfectos, que son como Juan; deben ser otros Cristo. No de manera física,
sino de manera espiritual (místico). Por lo tanto, María nos engendró de manera mística, por
medio de su Fiat y en el calvario se dio esa plenitud de madre espiritual de los perfectos,
como dice Orígenes.

c) San Agustín

San Agustín dice que María es «Madre de los miembros del Cuerpo Místico.» Esta
maternidad espiritual de la Virgen sobre todos los cristianos, que tuvo su momento
«incoactivo» en el consentimiento para la encarnación, su solemne proclamación en la cruz,
se ejecuta y lleva a efecto en cuanto María, junto con Jesús e inseparablemente de él, merece
por nosotros y colabora íntimamente en la redención, y por fin en la aplicación de sus méritos
y gracias mediante su intercesión continua por sus hijos espirituales. En el primer momento,
María es «Compañera del Redentor», expresión más justa que la de «Corredentora», que
suele usarse mucho, y en el segundo, es «Medianera» universal.

25
Cfr. ROSCHINI, G., La Madre de Dios según la fe y la teología, editorial apostolado de la prensa, S. A.,
Madrid, España, 1962 vol.1 pág. 418
San Agustín, nos habla del Cristo total, que está constituido por Cristo y por nosotros, y
como se dijo en los capítulos anteriores, que por su Fiat y la entrega de María a Juan; nos
hace ser participe de su maternidad. Es por ello que la María santísima, es pues, madre del
Cristo total, es decir, que es madre tanto de Cristo como de nosotros, en dos formas: de
manera corporal, que el Cristo su hijo y espiritualmente, que somos nosotros.26

1.3.3 Magisterio

a) León XIII

León XIII, es el primer Papa que ha utilizado la expresión «maternidad espiritual» en un


documento magisterial27 y afirma que este titulo no era una simple expresión metafórica, sino
que ella realmente nos ha dado a la luz en el Calvario. Es decir, que «la virgen santísima, así
como es madre de Jesucristo, así es verdadera madre de los cristianos, puesto que los ha
regenerado en el calvario entre los supremos dolores del Redentor.»28

Otras de sus encíclicas se encuentran Octobri mense, que se traduce como: A la llegada
de] el mes de octubre. Fue emitido el 22 de septiembre de 1891 en la Basílica de San Pedro
en Roma. Es esta encíclica recalca la maternidad espiritual, por medio del acto del calvario,
la entrega de maría, como madre de Juan:

« Tal nos la ha dado Dios, pues por lo mismo que la eligió para Madre de su Hijo
unigénito, la dotó completamente de sentimientos maternales, que no respiran
sino amor y perdón: tal la anunció desde la Cruz cuando en la persona de Juan,
se discípulo, le encomendó el cuidad y el amparo de todo el género humano: tal
finalmente, se ofreció ella misma, que habiendo recibido con gran valor aquella
herencia de inmenso trabajo, legada por el Hijo moribundo, inmediatamente
comenzó a ejercitar todos sus deberes maternales.» (V. Por medio de María.)

Se encuentra también la Encíclica Laetitiae sanctae (8 de septiembre 1892). En esta, el Papa


León XIII exhorta a los fieles incluidos los pastores a María, como madre de cada uno de nosotros:

26
Cfr. Ibidem, pág. 422
27
Encíclica Adiutricem populi
28
Encíclica Quam Pluries
«no cesen nunca de invocarla, de suplicarla, en privado y en público, con alanzas, plegarias, votos,
como a madre de Dios y nuestra, y de decirle: muéstrate verdaderamente Madre.»

En conclusión, León XIII, dio la iniciativa de empezar a hablar sobre la maternidad espiritual
de María, la cual no se había dado. Y de aquí hasta hoy, con el Papa Francisco se le da la connotación
de maternidad espiritual, al hecho de que María, es nuestra madre de manera espiritual.
ESTRUCTURA DE TRABAJO DE INVESTIGACIÓN

1. Maternidad espiritual de María


1.1. Concepto de maternidad espiritual
1.2. La maternidad espiritual de María en la Historia
1.3. La maternidad espiritual en el depósito de la fe
1.3.1. Sagrada Escritura
a) Gen. 3, 15
b) Jn. 19, 25-27
c) Ap. 12
1.3.2. Padres de la Iglesia
a) San Ireneo
b) Orígenes
c) San Agustín
1.3.3. Magisterio
a) León XIII
2. Concilio Vaticano II y el magisterio de Pablo VI
2.1. La maternidad espiritual en el concilio Vaticano II
2.2. Pablo VI
2.2.1. Exhortación Marialis Cultus
3. María, madre espiritual de los cristianos
3.1. Culto a María
3.1.1. Abusos del culto a María
3.2. Devoción popular a María
3.3. María, madre espiritual de los cristianos, hoy
BIBLIOGRAFÍA DEL PRIMER CAPITULO

ALCALÁ, M., Mariología / María, madre de Dios y madre de la Iglesia, seminario


diocesano, San Juan de los Lagos, Jalisco.

Comisión nacional pro definición dogmática de la maternidad espiritual de María., La


maternidad espiritual de María, Ed. Jus, México, 1961.

GREGORI, V., Los hijos del dolor de María, seriamente ocupados en la meditación de sus
penas y en la práctica de los deberes y obligaciones de cada uno de los sagrados espirituales
ejercicios, Ed. Administración del real arbitrio de beneficencia, Madrid, España, 1799.

JOHNSON, E., Verdadera hermana nuestra: teología de María en la comunión de los


santos, Herder Editorial, España, 2005.

ROSCHINI, G., La Madre de Dios según la fe y la teología, editorial apostolado de la prensa,


S. A., Madrid, España, 1962

SPAHN, C., Hijo, he aquí a tu madre/tratado de mariología, ediciones I.P.L. y C.E.A., San
Francisco de Campeche, Campeche, 2009.