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Rosario a la Virgen de Guadalupe

Señal de la cruz
Pedir perdón
Padre nuestro…
3 aves Marías

Primer Misterio: La Virgen de Guadalupe se presenta a San Juan


Diego.

“Sabe y ten entendido, tú, el más pequeño de mis hijos, que soy yo la
siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se
vive; del Creador, en quien está todo; y es Señor del cielo y de la tierra.
Deseo vivamente que se me erija aquí un templo para en él mostrar y
dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy su piadosa
Madre”
Te pedimos Virgen María por todos aquellos que no te conocen y
no te valoran como Madre nuestra, te suplicamos que en las horas
amargas de la vida, cuando la angustia y la aflicción nos lastime,
sepamos escuchar en lo íntimo del alma tu voz consoladora, como el
dichoso Juan Diego en el Tepeyac. Concede a quienes contemplamos
con fe tu bendita imagen de Guadalupe gozar por anticipado la felicidad
que en la casa del Padre nos espera, a cambio de lo cual aceptamos
sobrellevar con firmeza los trabajos que Dios nos enviare. Amén.

Segundo Misterio: San Juan Diego comparte a La


Virgen su humildad.

“Te ruego encarecidamente, Señora y niña mía, que


alguno de los principales, conocido, respetado y
estimado, le encargues que lleve tu mensaje para que
le crean, porque yo soy un hombrecillo, soy un cordel,
soy una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja, soy
gente menuda.”
Te pedimos Virgen que nos ayudes a darnos cuenta del valor de la
humildad y la sencillez de corazón Madre de Dios y Madre nuestra,
te pedimos que así como en el Tepeyac te dignaste salir al encuentro
de Juan Diego temeroso y apocado que te rehuía, te dignes asistirnos
con tu presencia materna en el trance de la muerte y consolarnos en la
agonía. De tu valiosa solicitud esperamos la dicha de contemplar a Dios
tal y como es por toda la eternidad. Amén.
Tercer Misterio: La Virgen escogió a Juan Diego por su sencillez.

Oye hijo mío, el más pequeño, ten entendido que son muchos mis
servidores y mensajeros a quienes puedo encargar que lleven mi
mensaje y hagan mi voluntad, pero es de todo punto preciso que tú
mismo solicites y ayudes y con tu mediación, que se haga mi voluntad.”
Te pedimos Virgen que nos ayudes a saber transmitir la palabra de
Cristo a los demás…Madre de todos los hombres, te suplicamos que
así como consolaste a Juan Diego, abatido por la enfermedad que
minaba la salud y fuerza de su tío, acudas en auxilio nuestro cuantas
veces nos apartemos de la virtud y atentemos contra el amor. Madre
Santa, que resuene en nuestros oídos aquel ¿A dónde vas, hijo mío?,
que dijiste a Juan Diego y que al oírlo dejemos el camino de la mentira,
del fraude, la irresponsabilidad y comencemos de nuevo a servir a Dios
Amén.

Cuarto Misterio: La Virgen María cura a Juan Bernardino.

“Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te
asusta y aflige; no se turbe tu corazón; no temas a esa enfermedad ni
alguna otra angustia. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás
bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi
regazo? ¿Qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa,
no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella. Está
seguro de que ya sano.
Te pedimos Virgen que, como Juan Diego, sepamos acompañar en
la enfermedad, la angustia y el dolor a los que están cerca de
nosotros, Madre nuestra, te suplicamos que así como brotaron rosas
frescas y fragantes en el árido Tepeyac y se imprimía tu divina imagen
en la tilma de Juan Diego, te dignes hacer florecer en nuestra alma el
amor para que en ellas te retrates tú, purísima Madre, y podamos
esperar con inquebrantable fe un tránsito feliz de esta vida a la eterna.
Amén.

Quinto Misterio María nos deja su imagen para recordarnos su


ternura, su amor y su constante protección

“Juan Diego trajo a la Señora del Cielo las diferentes rosas que fue a
cortar; las que, así como las vio, cogió con sus manos y se las echó en
el regazo diciendo: “Hijo mío, el más pequeño, esta diversidad de rosas
es la prueba y señal que llevarás al obispo, le dirás en mi nombre que
vea en ella mi voluntad y que él tiene que cumplirla. Tú eres mi
embajador, muy digno de confianza.”
Te pedimos Virgen que, como Ella, sepamos escuchar y ayudar a
nuestros hermanos…Madre de los mártires, te suplicamos que, así
como el neófito Juan Diego, tu embajador, se sintió tan hondamente
solidario ante las necesidades de sus semejantes, y alcanzó por tu
mediación ante Dios la salud de su afligido tío Juan Bernardino, te
dignes alcanzarnos la gracia de vivir ese espíritu de servicio a los demás
como verdaderos hermanos de Jesús. Amen.

LETANÍAS DE LA VIRGEN DE GUADALUPE.

Señor, ten piedad de nosotros


Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos
Dios, Padre Celestial
Dios, Hijo Redentor del Mundo Dios,
Espíritu Santo
Santísima Trinidad que eres un sólo Dios
Santa María de Guadalupe, que bajaste a visitar el suelo de México.
Santa María de Guadalupe, que hablaste benignamente a Juan Diego.
Santa María de Guadalupe, que llamaste a Juan Diego, hijo tierno y
delicado
Santa María de Guadalupe, que te dignaste hacer tu mensajero a
Juan Diego.
Santa María de Guadalupe, que nos enseñaste el respeto a la Iglesia.
Santa María de Guadalupe, que escogiste a los humildes y
despreciables para confundir a los fuertes del mundo.
Santa María de Guadalupe, que deseas y nos pides que se te edifique
un Templo.
Santa María de Guadalupe, que elegiste y santificaste el lugar donde
quisiste vivir.
Santa María de Guadalupe, que hiciste brotar frescas flores entre
áridos peñascos.
Santa María de Guadalupe, que cubriste las rosas de rocío en el
helado invierno.
Santa María de Guadalupe, que mandaste cortar y traer las rosas a tu
presencia.
Santa María de Guadalupe, que con tus manos virginales cortaste y
levantaste las rosas.
Santa María de Guadalupe, que mandaste las rosas al Obispo como
señal de tu aparición.
Santa María de Guadalupe, que apareciste milagrosamente pintada al
prelado y a los suyos.
Santa María de Guadalupe, que dejaste tú Imagen siempre hermosa
entre los rigores de la intemperie.
Santa María de Guadalupe, que con tu imagen nos dejaste tú Nombre
glorioso.
Santa María de Guadalupe, que con tu imagen nos dejaste tú Corazón
de Madre y Abogada.
Santa María de Guadalupe, que socorres a tu pueblo.
Santa María de Guadalupe, que nos ayudas en todas nuestras
necesidades.
Santa María de Guadalupe, que haciendo derroche de tu piedad
maternal, nos escogiste como hijos amadísimos y te muestras
verdadera Madre la más solícita.
Santa María de Guadalupe, que has sido proclamada y coronada
como Reina de México, tu pueblo predilecto.
Santa María de Guadalupe, que eres Patrona y Emperatriz de toda
América.
Santa María de Guadalupe, que ante el trono del Altísimo presentas
sin cesar tus súplicas por la salvación de nuestra Patria.
Santa María de Guadalupe, que no permitirás que perdamos la fe y
nos librarás del comunismo, de la guerra, de la inmoralidad y de la
perdición eterna.

. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,


Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
Óyenos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Ten
piedad y misericordia de nosotros.

ORACIÓN ¡Oh María!, Tú que eres la omnipotencia suplicante y que


sabes mejor que nosotros nuestras necesidades espirituales y
materiales, alcánzanos de tu Divino Hijo el remedio de ellas, según la
santísima voluntad de Dios. Amén

Préstame Madre tus ojos, para con ellos poder mirar, porque si con
ellos miro, nunca volveré a pecar.
Préstame Madre tus labios, para con ellos rezar, porque si con ellos
rezo, Jesús me podrá escuchar.
Préstame Madre tu lengua, para poder comulgar, pues es tu lengua
patena de amor y santidad.
Préstame Madre tus brazos, para poder trabajar, que así rendirá el
trabajo una y mil veces más.
Préstame Madre tu manto, para cubrir mi maldad, pues cubierta con tu
manto al Cielo he de llegar.
Préstame Madre a tu Hijo, para poder yo amar. Si tu me das a Jesús,
qué más puedo yo desear y ésta será mi dicha por toda la eternidad.
Amén.
La Guadalupana

Desde el Cielo, una hermosa mañana (bis)


La Guadalupana (tres veces) bajó al Tepeyac.

Suplicante juntaba sus manos (bis)


y eran mexicanos (tres veces) su porte y su faz.

Su llegada llenó de alegría (bis)


De luz y armonía (tres veces) el Anáhuac.

Junto al monte pasaba Juan Diego (bis)


Y acercó sé luego (tres veces) al oír cantar.

A Juan Diego la Virgen le dijo (bis)


este cerro elijo (tres veces) para hacer mi altar.

Y en la tilma entre rosas pintada (bis)


Su imagen amada (tres veces) se dignó dejar.

Desde entonces para los cristianos (bis)


Ser guadalupano (tres veces) es algo esencial.

En sus penas se postra de hinojos (bis)


Y eleva sus ojos (tres veces) hacia el Tepeyac.