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El porno y la debilidad psicológica


del agresor refuerzan las
'manadas' sexuales
Sábado, 12 enero 2019, 00:06
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Pozoblanco (Sevilla)."/>
Los miembros de La Manada abusan de una joven en Pozoblanco (Sevilla).

La educación de los adolescentes debe dotarles de


herramientas suficientes para distinguir la realidad de la
ficción en temas sexuales
Los agresores sexuales que actúan en grupo son jóvenes, de entre 25
y 33 años, sin antecedentes policiales por estos delitos. Suelen
actuar en festivo o en noches del fin de semana, en la vía pública, y
casi siempre en zona residencial. Más que ningún otro tipo de agresor
sexual, los que atacan de forma colectiva suelen cometer algún tipo de
penetración, con un control violento de la víctima. Este es el retrato
robot policial de los violadores grupales, según el estudio 'Agresores
sexuales con víctima desconocida', publicado por el Ministerio del
Interior. Sin embargo, estos rasgos no explican la raíz de los
comportamientos violentos.
«Se percibe un repunte en violencia contra las mujeres en los jóvenes»,
asegura Silvia C. Carpallo, sexóloga autora del libro 'Sexo para ser
feliz'. «Es sencillo y fácil saber si la mujer está disfrutando o tiene
conciencia, pero hace falta educación. Aunque es cierto que hay un
retroceso en el sistema educativo, existen otros factores, como culpar a
la víctima o transmitir la idea de que no es un delito grave». Un crimen
revestido de impunidad: alrededor del 70% de las víctimas no
denuncian los hechos y la tasa de esclarecimiento, cuando el agresor
y la víctima no se conocen, es del 51%, según datos del Sistema
Estadístico de Seguridad.
Otros datos estadísticos que perfilan al agresor: mientras más joven,
más actúa en un entorno conocido y en el 94% de los casos abandona
a su víctima en el mismo lugar de la agresión. «Hay elementos que
tienen que ver con las relaciones afectivas del agresor, influidas por
cómo han sido las experiencias con sus padres», explica Javier Gómez
Zapiain, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad del
País Vasco. «Hay personas inseguras que tienden a la ansiedad y
que tienen más probabilidad que otros de agredir. Estas personas
temerosas al abandono ponen el sexo al servicio de su autoafirmación
y poder. El violador no disfruta de la experiencia erótica, sino de tener a
la víctima a su servicio».
Ficción y realidad
Otro factor es el mayor acceso a la pornografía. «El porno es una
herramienta que hay que saber utilizar», dice Carpallo. «Necesita un
filtro de educación sexual que haga ver que lo que muestran las
imágenes es ficción. Le falta diversidad al 'mainstream', que es muy
machista, y produce problemas de sexualidad, como inseguridad en las
medidas y los tiempos que ven en el porno».
Mientras los recursos destinados a la formación de los estudiantes en
colegios e institutos se han dedicado en los últimos años a combatir el
'bullying' «sin una visión de género», dice Carpallo, internet magnifica el
fenómeno. «Las personas con miedo atávico a la intimidad tienen serias
dificultades para tener relaciones sexuales», sostiene Gómez Zapiain.
«Los que actúan en grupo suelen reflejar esas debilidades
psicológicas. Así, lo que serían incapaces de hacer solos, lo hacen con
el apoyo de sus iguales. Es inmadurez. Los victimarios aparentemente
son fuertes y duros, pero desde el punto de vista psicológico es al
revés y se afianzan en el marco machista».
En el mundo del porno se encuentran con facilidad vídeos que
apuntalan estos comportamientos, bajo etiquetas como 'gangbang' y
'abused' (maltratada). Ficciones que pueden entremezclarse con
sucesos reales y entenderse como «actos sexuales en un ambiente de
jolgorio y regocijo», como describió el voto particular de la sentencia
de La Manada de la Audiencia Provincial de Navarra al abuso sexual
sentenciado contra cinco hombres que acturon en los sanfermines.
Interpretaba la agresión como una «cruda y desinhibida relación sexual,
mantenida entre cinco varones y una mujer» sin «violencia, fuerza o
brusquedad».

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