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CAPITALISMO Y LA MODERNA TEORIA SOCIAL

SEGUNDA PARTE
DURKHEIM
ANTHONY GIDDENS

ANDREA VARGAS HERRERA


Durkheim fue el que estuvo menos directamente implicado a nivel personal en los
grandes acontecimientos políticos de su época. los primeros escritos de Durkheim
se hicieron eco de las ideas de un grupo de autores alemanes contemporáneos.
Ciertas teorías sociales han caído casi completamente en el olvido. Una de estas
teorías es el organicismo, representado en la última parte del siglo XIX por los
escritos de Fouillée y Worms en Francia, y Schäffle y Lilienfeld en Alemania. La idea
de que la sociedad forma una unidad integrada, comparable de algún modo con la
de un organismo viviente, puede remontarse sin duda hasta la filosofía social
clásica.
LAS PRIMERAS OBRAS DE DURKHEIM
LA SOCIOLOGÍA Y LA «CIENCIA DE LA VIDA MORAL»
Según Durkheim, una de las aportaciones más importantes de Schäffle consiste en
haber trazado las líneas generales de un fructuoso análisis morfológico de los
principales componentes estructurales de diferentes formas de sociedad. Schäffle
utiliza varias partes de la sociedad con los órganos y tejidos del cuerpo. Indica
Durkheim con aprobación La vida del organismo animal se rige «mecánicamente»,
mientras que la sociedad está unida en su conjunto «no por una relación material,
sino por los vínculos de las ideas»
La «ciencia positiva de la moral» en Alemania, publicado en 1887. Su artículo tiene
por objeto principal examinar lo que han aportado los autores alemanes más
destacados para fundamentar una ciencia de la vida moral. Schmoller ha puesto de
manifiesto, afirma Durkheim, que los fenómenos económicos no pueden estudiarse
adecuadamente a la manera de la teoría económica clásica, como si estuvieran
separados de las creencias y normas morales que rigen la vida de los individuos en
sociedad. No hay sociedad (ni podría concebirse una sociedad) donde las
relaciones económicas no estén sujetas a una reglamentación de leyes y
costumbres. como Durkheim expresaría más tarde en La División del trabajo, que
«un contrato no se basta a sí mismo”. Los pensadores alemanes tienen el gran
mérito de haber puesto de manifiesto que las reglas y acciones morales deben
estudiarse científicamente, como propiedades de la organización social. Más bien
tenemos que empezar por la realidad, es decir, por el estudio de las formas
concretas de las reglas morales comprendidas dentro de sociedades determinadas.
Wundt ha puesto en claro que las religiones primitivas contienen dos tipos de
fenómenos interrelacionados: un bloque de «especulaciones metafísicas sobre la
naturaleza y el orden de las cosas» por un lado, y reglas de conducta y de disciplina
moral por el otro.
Durkheim critica a Wundt, entre otras cosas, el que no se dé plena cuenta del
carácter ambiguo del efecto regulador de las normas religiosas y demás normas
morales. Todas las acciones morales, dice Durkheim, tienen dos aspectos. La
atracción positiva, la atracción a un ideal o conjunto de ideales, es uno de ellos.
LOS OBJETIVOS DE DURKHEIM EN «LA DIVISIÓN DEL TRABAJO»
En el libro buena parte de la polémica va dirigida contra el individualismo utilitarista
de los economistas políticos y filósofos ingleses. Pero hay también otro objetivo
crítico en el libro, algo menos evidente. Afecta a la corriente de pensamiento que
procede de Comte, y que fue adoptada por autores como Schäffle, corriente que
acentúa el valor que tiene para la perpetuación del orden social un consenso moral
firmemente determinado.34 Durkheim considera que esto es apropiado para el
análisis de los tipos tradicionales de sociedad. Pero la principal afirmación que
desarrolla en La división del trabajo social dice que la moderna sociedad compleja
no tiende inevitablemente a la desintegración, a pesar de que viene a menos la
importancia de las creencias morales tradicionales. la existencia del contrato
presupone unas normas que no son el resultado de vínculos contractuales, sino que
constituyen los compromisos morales generales sin los cuales la formación de tales
vínculos no podría proceder de una manera ordenada.
Durkheim, por el contrario, no se propone «extraer la moral de la ciencia, sino hacer
la ciencia de la moral, lo que es muy diferente».
El desarrollo de la forma moderna de sociedad viene unido con la expansión del
«individualismo». Este fenómeno está claramente asociado con el crecimiento de la
división del trabajo. Tendencias morales contradictorias «individuo desarrollado
universalmente». «En forma general, el precepto (maxime) que nos ordena
especializarnos es impugnado por todos lados por la máxima contraria, que nos
ordena realizar todos un mismo ideal».
El mismo proceso puede observarse en todos los sectores de las sociedades
contemporáneas: en el gobierno, el derecho, la ciencia y las artes.
El aumento de diferenciación social puede compararse con ciertos principios
biológicos. «un organismo ocupa un lugar tanto más elevado en la escala animal
cuanto más especializadas estén las funciones en él».
La solidaridad social para representar gráficamente «es necesario sustituir el hecho
interno que se nos escapa, por un hecho exterior (fait extérieur) que lo simboliza».
Dondequiera que exista una forma estable de vida social, las normas morales
llegarán un día a codificarse en forma de leyes.
Un precepto legal puede definirse como una regla de conducta sancionada; y las
sanciones pueden dividirse en dos grandes grupos. Las sanciones «represivas» son
propias del derecho penal, y consisten en la imposición al individuo de cierto tipo de
sufrimiento como castigo por su transgresión. Entre estas sanciones están la
privación de la libertad, el tormento, la pérdida del honor, etc. Las sanciones
«restitutivas», por otra parte, implican reparación o restablecimiento de las
relaciones tal como estaban antes que se violara la ley.
El derecho represivo es característico de aquel tipo de transgresión que se
considera un «crimen» o delito. Delito es un acto que conculca sentimientos
«universalmente aprobados» por los miembros de la sociedad.
El predominio del derecho penal dentro del sistema jurídico de una sociedad
determinada presupone así necesariamente la existencia de una conscience
collective firmemente definida, de creencias y sentimientos compartidos
conjuntamente por los miembros de la sociedad.
El castigo conserva, por tanto, su carácter expiatorio (por lo que mira al que perpetró
el acto delictivo), y sigue siendo un acto de venganza (por parte de la sociedad).
La función primaria del castigo consiste, por tanto, en proteger y reafirmar la
conciencia colectiva frente a actos que cuestionan su santidad.
La «solidaridad mecánica» tienen una estructura agregada o segmentaría, se
componen de grupos político-familiares yuxtapuestos (grupos de clan) que son muy
semejantes entre sí por su organización interna.
EL CRECIMIENTO DE LA SOLIDARIDAD ORGÁNICA
El progresivo desalojo del derecho represivo por el derecho restitutivo es una
tendencia histórica correlativa al grado de desarrollo de una sociedad. La solidaridad
orgánica, no presupone identidad sino diferencia entre las creencias y acciones de
los distintos individuos.
El progreso de la solidaridad orgánica depende necesariamente del decrecer de la
importancia de la conscience collective. Una sociedad en la que cada individuo
persiga únicamente su propio interés, se desintegraría en breve tiempo. Los
diferentes modos de vida y de creencia de estas sociedades, una vez puestos en
contacto entre sí, destruyen la homogeneidad aislada de cada grupo, y estimulan el
intercambio económico y cultural. La densidad «dinámica», «La división del trabajo
varía en razón directa al volumen y a la densidad de las sociedades, y si progresa
de una manera continua en el transcurso del desarrollo social, es porque las
sociedades se vuelven más densas y de una manera muy general, más
voluminosas».
Durkheim nos ofrece una explicación sociológica: la densidad material es importante
sólo en la medida en que se transforma en densidad moral o dinámica, y el factor
explicativo es precisamente la frecuencia de contactos sociales.
INDIVIDUALISMO Y ANOMIA
Expuesto su análisis de las funciones y de las causas de la división del trabajo,
Durkheim dice que la conscience collective «consiste, cada vez más, en maneras
de pensar y de sentir muy generales y muy indeterminadas, que dejan lugar libre a
una creciente multitud de disidencias individuales”. La solidaridad mecánica) va
siendo reemplazada cada vez más en las sociedades contemporáneas por un nuevo
tipo de cohesión social (solidaridad orgánica).
Durkheim reconoce que el conflicto de clases que brota entre el capital y el trabajo
asalariado ha acompañado a la expansión de la división del trabajo que se sigue de
la industrialización. En lugar de la reglamentación moral requerida, la formación de
relaciones contractuales tiende a estar determinada por la imposición del poder
coercitivo. A esto Durkheim lo denomina «división forzada del trabajo» (la division
du travail contrainte). «Si una clase de la sociedad, para vivir, está obligada a vender
a cualquier precio sus servicios, mientras que la otra puede pasarse sin ello, gracias
a los recursos de que dispone y que, no obstante, no son necesariamente debidos
a ninguna superioridad social, la segunda dicta injustamente la ley a la primera».
La disminución progresiva de la desigualdad de oportunidades («desigualdad
externa»).Según Durkheim la sociedad primitiva llega a ser cada día más
susceptibles de actualización, con lo cual ejercen un empuje hacia la
autorrealización individual.
SU CONCEPCIÓN DEL MÉTODO SOCIOLÓGICO
EL PROBLEMA DEL SUICIDIO
Durkheim en El suicidio aplica el método sociológico a la explicación de lo que a
primera vista parecería un fenómeno completamente «individual».
Llegaron a la conclusión de que los modelos de índices de suicidio tienen que
depender de fenómenos de tipo geográfico, biológico o social, distribuidos de
manera estable. En El suicidio Durkheim estudia con cierto detalle los dos primeros
tipos, y los descarta como posibles explicaciones de la distribución de los índices
de suicidio. Por consiguiente, fija en el tercer tipo de factor, el social, para explicar
los modelos de índices de suicidio.
La distribución del suicidio en los países de Europa occidental muestra una estrecha
relación entre índices de suicidio y adscripción religiosa: los índices de suicidio en
los países predominantemente católicos son más bajos que en los países
principalmente protestantes.
La explicación debe buscarse en diferencias enraizadas más genéricamente en la
organización social de las dos Iglesias. Durkheim, el protestantismo es una Iglesia
«con una integración menos firme» que el catolicismo. El grado de integración en
los demás aspectos de la sociedad se relaciona con las cuotas de suicidio de una
manera semejante. Durkheim descubre que esta es la realidad.
«el suicidio varía en razón inversa del grado de integración de los grupos sociales
de que forma parte el individuo» (suicidio egoísta). Durkheim indica que las cuotas
de suicidio son más elevadas en las personas que trabajan en industria y comercio
que en las que trabajan en agricultura.
Durkheim vincula el suicidio egoísta al crecimiento del «culto al individuo”. El suicidio
egoísta es un vástago del «culto a la persona”. El suicidio anómico procede de la
falta de reglamentación moral particularmente característica de importantes
sectores de la industria moderna.
«EXTERIORIDAD» Y «COERCIÓN»
Es la constitución moral de la sociedad la que fija en cada instante el contingente
de muertes voluntarias. Existe, por tanto, para cada pueblo una fuerza colectiva, de
determinada energía, que impulsa a los hombres a matarse. Los movimientos que
el paciente ejecuta y que, en el primer momento, parecen expresar tan sólo su
temperamento personal, son, en realidad, la continuación y la prolongación de un
estado social que manifiestan exteriormente.
«Exterioridad» y «coerción» (contrainte). Los hechos sociales son «externos» al
individuo en dos sentidos conexos. En primer lugar, todo hombre nace dentro de
una sociedad en marcha que ya tiene una organización o estructura determinada,
lo cual condiciona su propia personalidad: «hablando de las creencias y prácticas
religiosas, el fiel las ha encontrado hechas por completo al nacer; si existían antes
que él, es claro que existen fuera de él». En segundo lugar, los hechos sociales son
«externos» al individuo en el sentido en que cualquier individuo es sólo un elemento
dentro de la totalidad de relaciones que constituyen una sociedad.
Si, como se reconoce, esta síntesis sui generis que constituye la sociedad produce
fenómenos nuevos, diferentes de los que hay en las conciencias solitarias, es
preciso admitir que estos hechos específicos residen en la sociedad misma que los
produce y no en sus partes, es decir, en sus miembros.
Criterio empírico: la presencia de «coerción» moral.
La paternidad es también un fenómeno social. «cuando yo estoy completamente de
acuerdo con estos tipos de conducta o de pensamiento, esta coacción no se hace
sentir, o lo hace levemente, y por ello es innecesaria. Pero no deja de ser una
característica intrínseca de estos hechos, y la prueba es que ella se afirma desde el
momento en que intento resistir». La obligación moral siempre tiene dos aspectos.
El segundo es la aceptación de un ideal que está en la base de la obligación. un
hecho interior y profundo que, él sí, es absolutamente ideal: es la autoridad moral.
LA LÓGICA DE LA GENERALIZACIÓN EXPLICATIVA
En Las reglas, Durkheim «considerar los hechos sociales como cosas»
Durkheim asimila los hechos sociales al mundo de la realidad natural sólo en la
medida en que, como los objetos de la naturaleza, sus propiedades no pueden
conocerse inmediatamente por intuición directa y la voluntad humana individual no
las puede modelar a su gusto.
La explicación de los fenómenos sociales puede hacerse de una manera funcional
y de una manera histórica. El análisis funcional de un fenómeno social significa
establecer la «correspondencia entre el hecho que se considera y las necesidades
generales del organismo social, y en qué consiste esta correspondencia [...]».
«Función» debe distinguirse de «finalidad» u «objetivo» psicológico, «porque los
fenómenos sociales no existen generalmente con miras a los resultados útiles que
ellos producen». Las motivaciones o sentimientos que llevan a los individuos a
participar en las actividades sociales no son exactamente iguales a las funciones de
dichas actividades. La sociedad no es un simple agregado de motivaciones
individuales, sino «una realidad específica que tiene sus propias características».
Se sigue, por tanto, que tales motivaciones no pueden explicar los hechos sociales.
NORMALIDAD Y PATOLOGÍA
Los «medios» y también los «fines» que pretenden los hombres, empíricamente son
un producto de la forma de sociedad de la que son miembros.
La normalidad puede determinarse, de una manera preliminar, por referencia al
predominio de un hecho social dentro de sociedades de un determinado tipo. un
hecho social que es «general» en un determinado tipo de sociedad, es «normal»
cuando se pone de manifiesto que esta generalidad se funda en las condiciones de
funcionamiento de aquel tipo de sociedad. La generalidad de tales creencias que
todavía persiste no es, por tanto, en este caso, un índice preciso de lo que es normal
y de lo que es patológico. Es necesario rastrear «las condiciones que han
determinado esta generalidad en el pasado e [...] investigar a continuación si se dan
todavía estas condiciones en el presente». Si no corresponden estas condiciones,
el fenómeno en cuestión, aunque sea «general», no puede considerarse «normal».
INDIVIDUALISMO, SOCIALISMO Y «GRUPOS PROFESIONALES»
LA CONFRONTACIÓN CON EL SOCIALISMO
La actitud de Durkheim respecto al socialismo se basa en el supuesto de que las
doctrinas socialistas deben ser objeto del mismo tipo de análisis con que ellas
abordan los demás sistemas ideológicos. El comunismo es una doctrina apropiada
para sociedades cuya división del trabajo se ha desarrollado poco, y de ellas
procede originariamente. La teoría comunista conserva la concepción de cada
individuo, o cada familia, como productor universal; puesto que todos trabajan en
parcelas semejantes, y puesto que sus formas de trabajo son todas semejantes, no
hay ningún tipo de dependencia cooperativa entre todos en la producción. Se trata
de aquel tipo de sociedad en que la especialización profesional ha avanzado muy
poco.
El socialismo, por otra parte, es un tipo de teoría que sólo puede haber surgido en
sociedades donde la división del trabajo se ha desarrollado notablemente.
La lucha de clases, según Durkheim, no es intrínseca a las doctrinas fundamentales
del socialismo. Durkheim reconoce, naturalmente, que muchos socialistas —y Marx
en especial— consideran que la consecución de sus objetivos está
inseparablemente vinculada a la suerte de la clase trabajadora. Pero la defensa de
los intereses de la clase obrera en cuanto opuestos a los de la burguesía, afirma
Durkheim, es en realidad algo secundario respecto a la principal preocupación del
socialismo, la de llevar a la práctica la reglamentación centralizada de la producción.
El comunismo y el socialismo, por tanto, presentan un marcado contraste en
muchos aspectos. Sin embargo, convergen desde un importante punto de vista:
ambos se interesan por poner remedio a situaciones en las que los intereses de
individuos particulares predominan sobre los de la colectividad.
LA FUNCIÓN DEL ESTADO
Aunque Durkheim rechaza explícitamente la necesidad de reorganizar la sociedad
contemporánea sobre la base de la revolución de clases, prevé una marcada
tendencia hacia la desaparición de la división de clases.
El creciente predominio de las relaciones económicas, consecuencia de la
destrucción de las instituciones religiosas tradicionales que constituyeron el fondo
moral de las anteriores formas de sociedad, es precisamente la principal fuente de
anomia de la sociedad contemporánea.
En la concepción de Durkheim, el Estado debe desempeñar una función moral tanto
como económica; y el alivio del malaise del mundo moderno debe buscarse en
medidas que en general son más morales que económicas. El problema
característico con que se enfrenta la edad moderna consiste en reconciliar las
libertades individuales.
Durkheim rechaza también la idea (a la cual Weber otorga considerable importancia)
de que la ocupación permanente de un área territorial fija es una característica
necesaria para la existencia de un Estado. no
pueden considerarse de importancia esencial para definir si una sociedad es política
o no. Esto equivaldría a «negar todo carácter político a las grandes sociedades
nómadas cuya estructura fue a veces muy elaborada».
LA DEMOCRACIA Y LOS GRUPOS PROFESIONALES
Esta afirmación de la
necesidad del pluralismo es precisamente la que traza la conexión entre la teoría de
Durkheim del Estado y su concepción de la democracia y, de ahí, con su llamada a
favor del resurgimiento de las asociaciones profesionales (corporations). Durkheim
rechaza la idea tradicional de democracia, en la medida que implica el que la masa
de la población participe directamente en el gobierno.
Excepto para las pequeñas tribus menos avanzadas, no existen sociedades donde
el gobierno sea ejercido por todos en común: se encuentra siempre en manos de
una minoría selecta, sea por nacimiento o por elección; su radio de acción puede
ser amplio o reducido, según las circunstancias, pero nunca comprende más que
un círculo limitado de individuos.
Una sociedad es más o menos democrática, siguiendo la terminología de Durkheim,
según el grado en que se da en ella un doble proceso de comunicación entre el
Estado y los demás niveles de la sociedad.
Durkheim llama al Estado el «ego» social (es decir, la «consciencia»), mientras que
la conscience collective es la «mente» social en su conjunto (es decir, incluye
muchos modos de pensamiento reflexivo habitual).
Durkheim llegó a la conclusión de que las asociaciones profesionales deben
representar en las sociedades contemporáneas un papel más amplio que el que
desempeñan actualmente. Hay anomia en el sistema profesional en la medida en
que falta integración moral en los «puntos neurálgicos» de la división del trabajo.
Una de las principales funciones de las asociaciones profesionales sería fortalecer
la reglamentación moral en estos puntos, y fomentar así la solidaridad orgánica. El
grupo profesional es el único «bastante próximo al individuo, para que éste pueda
confiar directamente en él, y bastante permanente, para que pueda ofrecerle una
perspectiva».
Los grupos profesionales no deberían ser simplemente una forma rediviva del
gremio medieval; gozando de un alto grado de autonomía interna, deberían estar
jurídicamente bajo la supervisión general del Estado; deberían tener autoridad para
resolver tanto los conflictos entre sus propios miembros como los que tienen con los
demás grupos profesionales; y tendrían que ser el centro de numerosas actividades
recreativas y educativas. Una de las razones de la volubilidad superficial de ciertas
sociedades modernas es que están atadas al predominio de la representación
directa en el sistema electoral, lo cual deja a los representantes elegidos, a su vez,
encadenados a los caprichos del electorado. Esto podría superarse mediante el
establecimiento de un sistema electoral en dos etapas o de múltiples niveles, en el
cual los grupos profesionales serían las principales unidades electorales
intermediarias.
El desarrollo de los grupos profesionales es un principio que surge de la compleja
división del trabajo.
LA RELIGIÓN Y LA DISCIPLINA MORAL
Durkheim reconoce que la religión es la fuente original de todas las ideas morales,
filosóficas, científicas y jurídicas que se han desarrollado posteriormente. Él
reconoce que no adquirió plena conciencia de la importancia de la religión como
fenómeno social hasta 1895. Pasó de una posición relativamente «materialista» a
un punto de vista mucho más próximo al «idealismo”. La parte más substancial de
la teoría que presenta en Las formas elementales de la vida religiosa tiene un
carácter funcional. Durkheim desarrolla en Las formas elementales de la vida
religiosa está en que conduce a una clarificación de la naturaleza de esta
continuidad entre las formas tradicionales de sociedad y las modernas. «A fin de
comprender estas nuevas formas, hay que conectarlas con sus orígenes religiosos,
pero sin confundirlas por ello con los fenómenos religiosos propiamente dichos».
Durkheim insiste sobre el carácter coercitivo de los fenómenos sociales da lugar a
una mayor acentuación de la importancia del carácter específico de los símbolos
que intervienen en la adhesión «positiva» a los ideales.
Durkheim afirma que la sociedad es a la vez la fuente y la reserva de los ideales
humanos.
EL CARÁCTER DE LO SAGRADO
Es falso, declara Durkheim, suponer que la existencia de divinidades sobrenaturales
sea necesaria para que exista religión. El rasgo distintivo de las creencias religiosas
es que «suponen una clasificación de las cosas, reales o ideales, que se
representan los hombres, en dos clases, en dos géneros opuestos». El carácter del
pensamiento religioso es algo que no puede captarse si no es dentro de la misma
noción de dicotomía: el mundo está dividido en dos clases de objetos y símbolos
completamente separados, lo «sagrado» y lo «profano».
El carácter específico de lo sagrado aparece en el hecho de que está rodeado de
prescripciones y prohibiciones rituales que imponen su separación radical de lo
profano. El concepto de «Iglesia», tal como lo emplea Durkheim, se refiere a la
existencia de una organización ceremonial regularizada perteneciente a un grupo
determinado de fieles. Así llega Durkheim a su famosa definición de la religión
como «un sistema solidario de creencias y prácticas relativas a las cosas sagradas
[...] creencias y prácticas que unen en una misma comunidad moral, llamada Iglesia,
a todos los que se adhieren a ellas»
Según esta definición, el totemismo es una forma de religión, a pesar de que carece
de dioses o espíritus personalizados. El totemismo reconoce como sagrados tres
tipos de objetos: el tótem, el emblema totémico y los mismos miembros del clan.
Se denomina mana (El desarrollo de la concepción abstracta del mana como fuerza
universal sólo tiene lugar, según Durkheim, cuando se destruye el sistema de clanes
totémicos) la energía religiosa, que se encuentra de una forma difusa y que lo invade
todo en el totemismo australiano.
Durkheim en Las formas elementales propone que en la religión se expresa la
autocreación, el desarrollo autónomo, de la sociedad humana.
EL CEREMONIAL Y EL RITUAL
El objeto más común y corriente puede convertirse en sagrado si se le infunde la
fuerza religiosa.
Los fenómenos sagrados, por definición se distinguen de los profanos, son los ritos
negativos o tabúes, prohibiciones que limitan el contacto entre lo sagrado y lo
profano.
Los ritos negativos sirven para mantener la separación esencial entre lo sagrado y
lo profano, de la que depende la misma existencia de lo sagrado.
La función de los ritos positivos consiste en renovar el compromiso con los ideales
religiosos que, de otro modo, se reducirían al mundo puramente utilitario.
Existe otro tipo de rito: el rito «piacular» (expiatorio). Su ejemplo más importante es
el que se realiza en las ceremonias fúnebres.
En todas partes hay dos clases de poderes religiosos, por un lado las influencias
benévolas, y por otro las fuerzas malignas, que traen enfermedad, muerte y
destrucción.
LAS CATEGORÍAS DEL CONOCIMIENTO
Durkheim indica que la clasificación más embrionaria presupone cierto
reconocimiento de semejanzas y diferencias sensitivas. estas diferencias naturales
no forman el eje del sistema de clasificación, sino que constituyen solamente un
principio secundario de ordenación.
El tiempo y el espacio no son, como sostuvo Kant, categorías inherentes a la mente
humana.
Como teoría del conocimiento, la tesis propuesta en Las formas elementales de la
vida religiosa tiene ante todo un carácter genético. Un aspecto básico de la
concepción general que tiene Durkheim del proceso de desarrollo social se refiere
al carácter cambiante de los sistemas de ideas que se encuentran en las sociedades
contemporáneas, y a la naturaleza cada vez más diversificada de los procesos
sociales que están en su base.
El racionalismo, al que Durkheim denomina «el aspecto intelectual» del
individualismo moral, va penetrando cada vez más en el mundo moderno. Una
consecuencia de ello es la exigencia de una «moralidad racional».
El hombre se ha concebido a sí mismo como dos seres distintos, el cuerpo y el alma.
Todo hombre empieza su vida como un ser egoísta. «la sociedad no puede formarse
o mantenerse sin que a nosotros se nos pida hacer perpetuos y costosos
sacrificios».
Durkheim dilucida esto por medio del análisis histórico. El cristianismo, y más
específicamente el protestantismo, es la fuente inmediata de la que procede el
individualismo moral moderno.
La ética cristiana procuró los principios morales sobre los que se funda el «culto al
individuo» dice Durkheim.
El «culto al individuo» no se basa en el egoísmo, sino en la difusión de sentimientos
completamente contrarios al egoísmo: la compasión por el sufrimiento humano y el
deseo de justicia social.
El concepto que Durkheim tiene de la libertad, y de su relación con el orden moral.
La libertad no puede identificarse con la liberación de todas las sujeciones; esto es
la anomia, en la cual los individuos no son libres, pues están encadenados a sus
propios deseos inagotables.
Es un error básico creer que autoridad moral y libertad son opuestos que se
excluyen entre sí. «ser libre no es hacer lo que a uno le place; es ser dueño de sí
mismo».
No hay ningún tipo de organización de vida, indica Durkheim, que no funcione según
determinados principios reguladores; y lo mismo hay que decir de la vida social. la
tesis de Durkheim tiene como punto substancial el afirmar que no son idénticas
todas las formas de reglamentación moral. la «reglamentación» (la sociedad, la
coerción social) en un sentido universal y abstracto, no puede yuxtaponerse
simplemente a la «falta de reglamentación» (la anomia). el egoísmo y la anomia
vienen
estimulados por el mismo individualismo moral que es el resultado de la evolución
social. Los dilemas con que se encuentra la forma moderna de sociedad, sostiene
Durkheim, no van a resolverse por medio de una regresión a la disciplina autocrática
propia de las sociedades tradicionales, sino por medio de la consolidación moral de
la división diferenciada del trabajo, lo cual requiere unas formas de autoridad
completamente distintas de las que señalaron a los anteriores tipos de sociedad.