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“CUERPO ‘BIOLÓGICO’ Y CUERPO ‘ERÓGENO’ ”

Luis Francisco Barbero, María Susana Pedernera

Eje temático: Cuerpo en la teoría


Descriptores: ​cuerpo biológico, cuerpo erógeno, pensamiento complejo

Resumen
Freud pide, en forma implícita que, si se acepta como verdadera la prueba de la existencia
de los procesos psíquicos inconcientes, al estar hipotéticamente asociados con los procesos
somáticos, éstos adquieren la característica de su existencia inconciente. A su vez, si los procesos
concientes son sólo una forma de expresión parcial de los psíquicos inconcientes, cuando los
procesos somáticos acceden a la conciencia también son parciales o lagunosos respecto de su
forma de existencia en lo inconciente.
Ésta será nuestra base epistemológica para “observar” a nuestro objeto de estudio,
comprendiendo que cuerpo “biológico” y cuerpo “erógeno” corresponderían a la descripción
efectuada desde la conciencia de un mismo existente, en sí mismo incognoscible.

Desarrollo
Entre el “Proyecto de Psicología” (1950a [1895]) y el “Esquema de Psicoanálisis” (1940a

[1938]), toda vez que se le hizo necesario, Freud construyó ​supuestos (Etcheverry, 1976) que

dieran cuenta de sus presunciones teóricas. Si bien escribe (Freud, 1950a [1895]) que «quien se

ocupa de edificar hipótesis científicas1, ​sólo empieza a tomar en serio sus formulaciones cuando

1
Algunas de ellas señalaron descubrimientos anticipados de otras ciencias, como la hipótesis de las barreras de contacto,
que “Al menos morfológicamente (o sea, histológicamente), no se conoce nada que sustente esa separación​” (Freud,
1950a [1895], pág. 346-47). “Sustento” que descubrieran Foster y Sherrington pocos años después y lo denominaran
sinapsis.

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las ensambla en el saber desde más se un lado y cuando en ellas se puede mitigar la

​ arbitrariedad de la ​constructio ad hoc»2 (pág. 346).

“Supuesto” alude a la “suposición de alguna cosa, sea posible o imposible, para inferir de

ella una consecuencia” (RAE, 2014), “conjetura, presunción o anticipación lógica que se da el

entendimiento para explicar provisionalmente los hechos” (Espasa, 2015). Si bien el supuesto y la

presunción son una construcción lógica provisional acerca de hechos ideales o reales, la primera

se asienta en una inferencia, la segunda lo hace en un hecho conocido.

Si bien aclara que «Tenemos derecho, creo, a dar libre curso a nuestras conjeturas con tal

que en el empeño mantengamos nuestro juicio frío y no confundamos los andamios con el

edificio» (Freud, 1900a [1899], pág. 530), algunos de esos supuestos, como el de la existencia de

los procesos psíquicos inconcientes, el de la resistencia y represión y la consideración de la

sexualidad infantil y el complejo de Edipo, llegaron a formar los pilares del psicoanálisis (Freud,

1923a [1922], pág. 243). Otros, sin embargo, como los dos supuestos que denominara

“fundamentales” (Freud, 1940a [1938]; pág. 156), constituyeron el basamento de toda la teoría

psicoanalítica.


El primero de estos supuestos, publicado en ​La interpretación de los sueños, dice que

«Imaginamos (…) el aparato anímico como un instrumento complejo -como si fuera un

microscopio compuesto, una cámara fotográfica, o algo semejante- a cuyos elementos llamamos

instancias o, en beneficio de la claridad, sistemas» (1900a [1899], pág. 529-30). En esta

descripción no caben dudas acerca del sentido metafórico que Freud le da. Sin embargo con el

segundo supuesto, a nuestro entender, no ocurre lo mismo.

2
El destacado no corresponde al original.

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El mismo fue escrito en Esquema de psicoanálisis, que data del 22 de julio de 1938 (Freud

1940a [1938]). En él sostiene que los «procesos concientes no forman unas series sin lagunas,

cerradas en sí mismas, de suerte que no habría otro expediente que adoptar el supuesto de unos

procesos físicos o somáticos concomitantes de los psíquico, a los que parece preciso atribuir una

perfección mayor que a las series psíquicas, pues algunos de ellos tienen procesos concientes

paralelos y otros no» (pág. 155). Y «​declara que esos procesos concomitantes presuntamente

somáticos son lo psíquico genuino, ​y para hacerlo prescinde al comienzo de la cualidad de la

conciencia» (pág. 156). Este “supuesto” fundamental describe una manifestación o explicación de

lo que está oculto o no se entiende bien (RAE, 2014).

Freud pide, en forma implícita que, si se acepta como verdadera la prueba de la existencia

de los procesos psíquicos inconcientes, al estar hipotéticamente asociados con los procesos

somáticos, éstos adquieren la característica de su existencia inconciente. A su vez, si los procesos

concientes son sólo una forma de expresión parcial de los psíquicos inconcientes, cuando los

procesos somáticos acceden a la conciencia también son parciales o lagunosos respecto de su

forma de existencia en lo inconciente.

Ésta será nuestra base epistemológica para “observar” a nuestro objeto de estudio,

comprendiendo que cuerpo “biológico” y cuerpo “erógeno” corresponderían a la descripción

efectuada desde la conciencia de un mismo existente, en sí mismo incognoscible.

El vocablo “cuerpo” proviene del latín ​corpus, y este del indoeuropeo ​krp-es (de ​kpr-, de

krep- cuerpo). Designa a la sustancia material de un organismo; tronco de un hombre o de otro

animal. En física significa: lo que tiene extensión limitada y produce impresión en nuestros

sentidos por calidades que le son propias (Gómez de Silva, 1985; Moliner, 1986; RAE, 2014). Así

como Aristóteles suponía que en toda corporeidad hay una formación, algunos platónicos y

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pitagóricos consideraban al cuerpo como sepulcro del alma. Con Descartes el ser pensante (el

alma) y la cosa del mundo (el cuerpo) son existentes independientes.

Según Spinoza el cuerpo físico es una cantidad de tres dimensiones que adopta una figura,

un modo de la extensión; mientras que Kant lo concibe de dos modos diferentes: como extensión

mecánica o poseyendo potencia activa al reducir la realidad hacia lo exterior; o como resistencia

que se opone a la voluntad o esfuerzo del yo, cuando se privilegia la realidad interior (Ferrater

Mora 1970).

El conocimiento del mundo externo fue lo primero que atrajo la “mirada” del hombre, de

allí surgen la Física, Química y Matemática, entre otras ciencias con el ánimo poder explicar

“objetivamente” al medio circundante llamado Naturaleza. A esto le siguió, en apretada síntesis, el

estudio del cuerpo de quién era el observador implacable y objetivo; nacen así la Biología,

Anatomía y Fisiología, entre otras. Hasta aquí todo era “objetivo”, claro, adecuadamente

explicativo del observable. Correspondía al paradigma disyuntor cartesiano que controla el

pensamiento occidental, y que separa claramente a la ciencia de la filosofía, como dos mundos que

seguirán sus cursos en forma de rieles paralelos e independientes. Sin embargo, algo surgía y

entorpecía la “observación”: la presencia del observador que alteraba el campo de estudio y lo que

lo “animaba” –en su doble connotación de entusiasmo y alma— al observador, eso “subjetivo” que

complicaba el estudio y no tenía explicación. Con el surgimiento del Psicoanálisis como ciencia lo

“subjetivo” comenzó a objetivarse, y la existencia del mundo interno fue la conclusión. Es así que

la subjetivación del objeto concluyó con la objetivación del sujeto.

En su obra Freud plantea que el yo es una superficie con dos “caras”. Una de ellas es

descripta desde la percepción y la otra desde los afectos. Una es la representación de un objeto

del mundo externo y la otra la imagen construida desde la sensación. Una “es” una superficie y la

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otra la “proyección” de una superficie. De una decimos que es “real” y la otra que es “ideal”. Una

es “objetiva” y la otra es “subjetiva”. En última instancia, ambas son representaciones en la

conciencia. A la primera la conceptualizamos como somática, es el “cuerpo biológico” que

corresponde a la realidad material y decimos que es asimbólica; es el cuerpo en donde surge la

necesidad, sus engramas son heredados y decimos que es “patrimonio” de la Biología. A la

segunda la conceptualizamos como perteneciente a la realidad psíquica; es el “cuerpo erógeno”

en donde se expresan las necesidades del ello como deseos, sus engramas de vivencias también

son heredados y decimos que es “patrimonio” del Psicoanálisis porque es simbólico. Sin embargo,

aunque el cuerpo al que se refieren la Biología y el Psicoanálisis es un cuerpo que posee vida

--animado---, ni bien ingresamos en su estudio los caminos divergen. Es sabido que para la Biología

el cuerpo es el asiento de engramas heredados que se llevan a cabo automáticamente en el

mundo circundante, y los denomina “instintos”. En tanto que al psicoanálisis le importa el cuerpo

depositario de la libido, el que da cuenta del devenir de engramas heredados que se expresan

como “pulsión” a través de las zonas erógenas.

Tenemos, ahora, al Inconciente como actor y autor de la vida y su presentación en

sociedad por parte de Freud, le dio su carta de ciudadanía científica.3 Como planteamos párrafos

atrás, establecida la nueva ciencia necesitó de hipótesis y construcciones para avanzar en su

investigación. Conceptos como “pulsión”, “investidura”, “represión”, entre otros pasaron de ser

hipótesis explicativas a asertos científicos. Poco a poco el “supuesto”, necesario como construcción

se fue consolidando ​«de suerte que no habría otro expediente que adoptar el supuesto de unos

procesos físicos o somáticos concomitantes de los psíquico, a los que parece preciso atribuir una

perfección mayor que a las series psíquicas» (Freud, 1940a [1938]; pág. 155).

3
Cf. ​El inconciente y la ciencia. Dorey y otros (1991).

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Pero no todos los autores acuerdan con ella. Marty (1979) menciona que, cuando la

situación traumática es insostenible para el psiquismo, el aparato establece una desorganización

regresiva con el ánimo de atemperarla, en un camino que lleva de la “mentalización” a la

“somatización”. Es decir, que su postulación cartesiana es contraria a la letra de la segunda

hipótesis fundamental, dado que cuerpo y alma son dos ontologías imposibles de unir. McDougall

(1981) escribe algo semejante cuando dice que los síntomas somáticos no son metafóricos, son

débiles manifestaciones del cuerpo biológico que es mudo, en donde la economía del afecto y la

actividad representacional están bloqueadas en el camino que parte del cuerpo fragmentario,

primario, irrepresentable para el psiquismo, para llegar al cuerpo erógeno, unificado y objeto de

simbolización.

Este principio de simplicidad, separa lo que está ligado (disyunción) llevando a que estas

dos “realidades” sean tratadas como separadas y que tomen caminos paralelos (Morin, 1990). Así,

el cuerpo “biológico” será Observado en el consultorio clínico y el cuerpo “erógeno” en el

consultorio psicoanalítico. Por eso, quienes parten de estos supuestos construyen una

psicosomática psicoanalítica mediante la introducción de la somatogénsis en la perturbación

psicológica y la psicogénesis en el trastorno somático,

Cesio (1978), en cambio, escribe que los términos “somático” y “psicosomático” no están

exentos de confusión en la investigación psicoanalítica. «[Las] construcciones somáticas que

realizamos a partir de las asociaciones del paciente [son] explicaciones que, concomitantemente

con las psicoanalíticas, se nos presentan como una explicación de manifestaciones psicológicas»

(pág. 209). En este caso la segunda hipótesis es tomada como una advertencia que haría Freud

para que el psicoanalista no equivoque la interpretación del material “somático” desde el

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psicoanálisis y lo haga desde la biología. Sin embargo, en el intento de unir lo diverso (reducción)

mantiene la disyunción.

La objetivación de la cosa, los atributos que de ella sabemos a través de las impresiones,

que permite su acceso a la conciencia, son siempre menores que todo lo que la “cosa en sí”

representa. Es por ello que lo que accede a la conciencia es parcial y lagunoso con respecto a la

“cosa en sí”. Más adelante, en el “Esquema” en lugar de la “cosa en sí”, que plantea Kant, utiliza a

la fisiología como su representante.

Tal como planteamos anteriormente, si bien “es obligatorio adoptar provisionalmente

algún supuesto y someterlo a prueba de manera consecuente hasta que fracase o se corrobore”

(Freud 1914c, pág. 75), a posteriori de la descripción de la segunda hipótesis Freud (1940a [1938],

pág. 288) dirá taxativamente: «los procesos psíquicos inconcientes serían, justamente, los

procesos orgánicos paralelos de los anímico, hace mucho admitidos»4.

Sostener entonces que “cuerpo” y “alma” son dos estatutos ontológicos que requieren de

un tercero para vincularse es muy distinto a sostener que “cuerpo” y “alma” son dos formas en

que una realidad incognoscible es observada desde la conciencia. Como escribe el poeta William

Blake (1790-93), «el hombre no tiene un cuerpo distinto de su alma. Aquello que llamamos cuerpo

es una porción del alma percibida por los sentidos» (pág. 6). Y Carrel (1949) sostiene: «cuerpo y

alma son vistas tomadas del mismo objeto, aunque por métodos diferentes; abstracciones

obtenidas por nuestra razón de la unidad concreta de nuestro ser (…) El error de Descartes fue

creer en la realidad de estas abstracciones y considerar lo material y lo mental tan heterogéneos

como dos cosas distintas. Este dualismo ha pesado mucho tiempo sobre la historia de nuestro

4
Esta obra fue escrita en Londres el 20 de octubre de 1938, a posteriori del “Esquema de psicoanálisis”, según relata
Strachey en la introducción a dicha obra.

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conocimiento del hombre. Porque ha engendrado el falso problema de las relaciones del alma y

del cuerpo. No existen tales relaciones. Ni el alma ni el cuerpo pueden ser estudiados por

separado. Solamente observamos un ser complejo, cuyas actividades han sido divididas

arbitrariamente en fisiológicas y mentales» (pág. 121).

Entendemos que con la reinserción del sujeto y el observador en la trama del

conocimiento, y la nueva interpretación de las denominadas leyes de la naturaleza, conllevan un

cambio epistemológico en el pensamiento científico. Y la dificultad de ubicar al Psicoanálisis entre

ciencias de la naturaleza o ciencias del espíritu, con las cuales tenía que mediar Freud, dependen

más de la teoría explicativa que el observador utilice, que de la supuesta realidad que trata.

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