Vous êtes sur la page 1sur 8
EL ABC DEL SENOR K 2Qué lee un corresponsal de guerra ‘cuando va ala cama? Hay en sus ojos un parpadeo nervioso como silo hi biiesen despertado con brusquedad de un suet, pero me dijo que andaba en su cama leyendo a pierna suelta antes de esta ita a la hora del desayuno, Después de haber asistido en México a su taller para Is Fundacion Nuevo Peviodismo en I Universidad tberoamericana, Kapus- inski me habia prometido una conversacién sabre sus primeras lecturas. Pero esta maiiana de marzo de 2001, elsefior K na luce como el reportero superstar del Tercer Mundo: esta mafana el autor de El empertdor luce una calvicie despeinada, se ha librado del asedio de la prensa ¥ de Ia corbata de los ditimos dias, pero atin conserva ese andar pendular de oso, y el ost tan redondo y ra borizado coma ei de su paisano el Papa Karol Wojtyla, tuna catadura en estado de pudor crénico. La primera vez ue vi a Kapuseinski pude espiar su pasaporte: K habja egado a México el mismo dia de su cumpleaiios. No se lo dijo a nadie, Entonces lo ilusionaba conocer a Garcia Marquez, otre de los piscis mis memorables del mundo, quien en dos dias también cumpliria afta Iba a comerse unos tacos con el hijo del telegrafistaen su residencia del 59 Distrito Federal, pero también iba por fn a hacer ma~ letas para volver a Varsovia. EI aio 2000, Ryszard Kazi imierz Kapuscinski habla wijado treinta y tres veces por el mundo, Fra hora de volver y de sentarse a eseribit. Por ahora el sefior K acaba de descender de su habitacion en el Flamingos Pliza para darme malas noticias. —Tenemos s6lo unos minutos. Debo irme Ha revisado su reloj un par de veces durante el dl timo cuarto de hora. Kapuscinski debe partir otra vea, volar de vuelta aVarsovia para encerratse a escribir con los seis sentidos puestos en América Latina, el tema de su libro vigésimo primero. Su esposa, una pediatra que alguna vez me dijo por teléfono que K estaba de visje,lo espera siempre como Penélope a Odiseo, porque hubo tuna época en que no se comunicé con ella durante casi cincuenta meses, «No le escribo cartas ni la amo por teléfono euanda estoy trabajando, Hay que viajar solo, aprender an idioma, involucrarse con la gente y no pue- des estar pensando en tu familiae, me habia contado en tun desayuno anterior, en el que también me comenté sa amistad con ete nistico del ceatro llamado Jerzy Gro tovski, quien cteia en un ascetismo que prescinde de escenario, vestimenta y texto, pero no del sacrificio de tun actor que se ofrenda al piblico. Desde esa desnudez compariida el sefior K ¢s la prueba viviente de que leer y escribir no es mis que un aprendizaje de estar solo de que el geriodismo es para él una misién. De algin ‘modo, Wojeya, Kapuscinski y Grotowski, entre los pola~ cos mis univerales de la Tierra tienen en comin haber sido misioneros en el ejercicio de Ia religion, el teatro y el periodisino. Bl sefior K escribe sus libros a mano y nunca las corrige. oMe siento muy mil cuando no es- ribo, con un complejo de culpar, me dice como si esta entrevista fuese un tropieza mas entre él y las palabras, tun cropiezo mis entre al y el siguiente avién. El senor K se siente tan culpable de Jos libros que atin Ie faltan por escribir coma de los ibros que ha dejado de leer, Debe- ria pedirle disculpas, pero me pido un café, Kapuscinski se pide un vaso con agua. El selior K decia que no era de esa clase de hom- bes que se habfan criado en un cuarto de juegos, y que Joyce escribia cartas admirables alos doce atios, ala ‘misma edad en que él corr detris de las vacas sin haber leido un solo libro. «El pri- descalza y medio desnudo mer libro que lei no tiene ninguna importancia. Eran las smemorias de un muchacho de su escuela secundaria en Ja Polonia del siglo xtx.» Era una especie de Conazén es- crito por un Edmundo de Amicis polaco, un libro infan- til y melodramitico, nada cotizable en la bolsa de valores de la literatura, y que Kapuscinski desdefta sin piedad a sus sesenta y nueve afios cumplidos. «Gente como Joyce nacié en los apartamentos de sus padees y sus abuelos, que estaban llenos de libros y smpezaton a leer —me recuerda K-~. Yo naci en una familia muy pobre que vivis en la parte oriental de Polonia. Al estallar Ia guerra fue ocupada por las tropas armadas soviéticas; entonces tuvimos que hui hacia Polonia Cencral y vivir en na aldea alin mis pobre y mas analfabeta, donde no ha- bia ningiin libro.» S6lo después de la Segunda Guerra Mundial, Kapuscinskt pudo hallar por azar el primer bi bro de sw vids en el apartamento de un amigo. a