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N úm .

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LA RECONQUISTA

Por

JUAN DE AREVALO

PUBLICACIONES ESPAÑOLAS
OTIOnnell , 27 - M A D R I D
1956
LA RECONQUISTA

I Volviendo a las diferencias entre las dos


zonas señaladas, encontramos en Asturias
COMIENZOS DE LA RECONQUISTA un heuliu fundamental y de la mayor tras­
cendencia para el futuro de la unidad es­
Resulta sumamente interesante estudiar pañola. Pelayo y los suyos reivindican des­
los primeros tiempos de esta lucha singu­ de el primer instante la continuidad de la
lar porque en ellos encontramos un sin­ monarquía visigoda. Representan, según
fín de cuestiones que determinan el pro­ ellos, el poder visigodo vencido en Guada-
ceso institucional posterior. lele, y esta legitimidad será esgrimida des­
pués muchas veces como argumento para
En primer lugar, notamos que los nú­
detentar una hegemonía política sobre los
cleos líe resistencia al invasor musulmán
reglantes reinos de la península. Otra nota
se extienden a lo largo de la cadena mon­
característica es la prontitud de la apari­
tañosa que forman los montea Cantábri­
ción de estos focos de resistencia, apenas
cos y los Pirineos, es decir, desde Astu­ diez años después de. la invasión. También
rias al Mediterráneo. Pero estos focos múl­
es de notar que estos comienzos se cono*
tiples no tienen entre s( relación en los
cen, en líneas generales, aparte detalles de
primero» siglos y, por otia parte, el co­
fechas concretas, valoración exhaustiva de
mienzo de la Reconquisla en las dos gran­
su importancia, etc., a diferencia de lo
des zonas — Cantábrico, Pirineos— pre­
que ocurre en el núcleo oriental, donde
senta características propias, pues, mien­ la complicación misuia que supone la mul­
tras en Asturias se trata de un movimien­ tiplicación de focos resistentes y la ayuda
to autóctono, sin vínculos ni ayudas ex­ del otro lado del Pirineo nos hace cami­
teriores, en el Pirineo, la acción de la ve­ nar en estos primeros tiempos por la vía
cina monarquía francesa determinó la acti­
de las conjeturas y la leyenda. Para com*
tud de estos brotes de rebeldía ante el in­
prender estas dos actitudes debemos te­
vasor. Ya volveremos sobre este punto
ner en cuenta un factor geográfico deri­
para sacar de él algunas consecuencias.
vado de la misma invasión. Mientras por
Ante todo, surge uní consideración la parte occidental, despues de las prime­
cuando pensamos en el eacenario geográ­ ras correrías de los musulmanes, pronto
fico de estos primeros pasos de la Re­ quedó una zona desértica por replegarse
conquista. Los hombres que levantan la hacia el sur las fuerzas invasoras —zona
bandera de la independencia 6on monta­ que, más o menos, se extendía del Duero
ñeses, en general poco romanizados, en hacia el norte—, en la parte oriental, la
los cuales late ese sentimiento innato de penetración de los musulmanes fue menos
rebeldía que distingue a los hombres de constante e intensa, llegando hasta las es­
la montaña de los del llano. Ellos irán tribaciones mismas del Pirineo, e incluso
descendiendo penosamente hasta recons­ dominando los pasos de esta cordillera pa­
truir una nacionalidad al borde de los ra, a través de ellos, penetrar en el sur de
ríos y en las infinitas llanuras de la pe­ Francia. De este modo, tan sólo las altas
nínsula. cumbres quedaban libres, y la presión del

— 3 —
sur fue en estos tiempos macho más in­ cerse dueños de la situación hasta crear
tensa por este lado que por la reciente un reino que comprendía las tierras de Na­
monarquía asturiana. varra, Aragón y Castilla, y pareció, por
En cuanto a los hechos, en los valles un momento, que iba a realizar la unidad
cántabros, junto a los naturales del paía, de la reconquista. Pero aquel sueño se
se refugian algunos fugitivos de la parte vino abajo en 1035, a la muerte de Sancho
visigoda, que serán los que dan ese tono el Mayor de Navarra. Nacen ahora como
de continuidad desde el primer momento, reinos Castilla y Aragón, vecinos de Na­
enlazando esta9 primeras escaramuzas con varra, que al presionar sobre ella acaba­
la historia inmediatamente anterior. Los rán por cerrarla su proyección hacia el
primeros siglos transcurren en una alerta sur, para terminar, muchos siglos después,
continua, ya que lo precario de la situa­ absorbiéndola en la unidad nacional.
ción pone siempre en peligro la existen­ Los comienzos de Aragón son parecidos
cia de esta monarquía, que bajará de As­ a los de Navarra. Dominada primero por
turias a León para hacer de esla última la monarquía francesa, a mediados del si­
ciudad su centro político. Detrás, van que­ glo IX se hace independiente y comienza
dando las tierras liberadas y que se van a marchar por sí sola, para caer bajo el
repoblando. Tempranamente también, tie­ dominio de Navarra, hasta esa fecha de
ne lugar un suceso de la mayor impor­ 1035, ya señalada, en que reanuda su vida
tancia : el nacimiento de Castilla, que se propia con una fuerza paralela a la de
desgaja de la monarquía leonesa y se Castilla, para cumplir un papel semejante
presenta desde los primeros instantes con a esta zona de la reconquista.
unos caracteres netamente acusados de au­ Lo mismo se podría decir de loa otros
dacia, que la llevarán, cuu el tiempo, a pequeños ceutros de resistencia, Sobrarbe,
atraer sobre bí el centro de interés de la Ribagorza, Pallara, etc., que, con orígenes
reconquista en la meseta. Estos primeros similares, sucesivamente fueron absorbidos
siglos son de una «rudeza incompatible por los reinos más poderosos.
con el florecimiento de la vida del espíri­ En Cataluña ann se ve más claro esta
tu», como ha dicho un gran historiador. subordinación de origen a la monarquía
El instinto primario de defensa domina so­ de los francos. Al sur de los Pirineos, Car-
bre todas las otras cuestiones. Pero, lo que lomagno y 6us sucesores crean la Marca
es indudable es que, desde los primeros Hispánica, territorio de cobertura y pro­
momentos, se piensa eu la reconstrucción tección del Imperio Carolingio, con una
de una unidad nacional preexistente, y, serie de vínculos que irán debilitándose
esta idea, más o menos expresada en do­ conforme decaiga el poder de la monar­
cumentos, se nos aparece clara a lo largo quía franca, hasta conseguir eu total inde­
de los siglos posteriores. pendencia. Pero este sello de origen per­
Por el lado del Pirineo, Navarra se pre­ durará mucho tiempo y, a lo largo de la
senta desde el principio en lina posición Edad Media, las presiones de sur a norte
geográfica difícil. Sus fronteras, por los serán constantes, hasta constituir una ca­
cuatro puntos cardinales, tienen siempre racterística fundamental de la historia de
ana gran tensión. Por el norte, los fran­ Cataluña.
cos, por el sur, los islamitas, y por el este Esta proximidad efectiva de las zonas de
y el oeste, los otros núcleos de reconquista, reconquista oriental con la monarquía
que presionan sobre la monarquía de Pam­ francesa hace que, desde sus orígenes, la
plona, enyo proceso en loe primeros tiem­ influencia ultrapirenaica He muestre clara
pos es rapidísimo como en ningún otro lu­ en todos los aspectos, y marque los carac­
gar. Nacida en relación con los francos, teres diferenciales con las monarquías de
a fines del siglo VIII surge ya la monar­ la Meseta. Pero, tanto en un lado co­
quía alrededor de la familia de Iñigo Aris­ mo en otro, desde los primeros instantes,
ta y pronto, por una serie de circunstan­ el fin se vio claro y se luchó por él con
cias, sus reyes, en el siglo XI, llegan a ha­ la misma intensidad.
n drán que convivir con estos hombres de
distinta religión; en otras, por el contra­
RECONQUISTA Y REPOBLACION rio, la repoblación se hará de'raíz, pero a
su vez puede realizarse por el esfuerzo pri­
Frecuentemente caemos en la falsa apre­ vado o bajo la dirección de la corona. Sim­
ciación de que la Reconquista fué sólo una plemente bastan estos datos —que no son
lucha a lo largo y a Ju ancho de la penín­ los únicos a tener en cuenta— para per­
sula y nos dejamos seducir por el ruido de catamos de la importancia de estos hechos,
las anna9, olvidando que este largo perío­ al mismo tiempo que de su dificultad.
do entraña múltiples y variados aspectos, Para fijar un poco el desarrollo, en este
tan interesantes o más que los puramente largo proceso podemos señalar algunas lí­
militares, aunque se deriven de estas úl­ neas en el tiempo y en el espacio que de­
timos. Pensemos, sencillamente, que, du­ terminan, en parte, las variantes a que noa
rante estos ochocientos años, se está for­ liemos referido. Si tenemoB en cuenta la
mando España, lo que supone movi­ dirección fundamental de los ríos españo­
miento de hombres, nacimiento de ins­ les, en sentido de los paralelos, estas
tituciones y creación de formas culturales. corrientes fluviales marcarán los escalones
Por otra parte, la verdadera historia con­ como de herbó representaron los limites
siste en esa profunda vida que late bajo de grandes períodos de avance en la mar­
el ruido de la guerra y los nombres sono­ cha de la reconquista. Por una parte, en
ros. Naturalmente que esta idea está pre­ la meseta serán el Duero, el Tajo y el
sente en los especialistas, pero no tanto Guadalquivir; y, en los reinos orientales,
en el espectador sencillo que se asoma por »1 Ebro, como frontera principal que di­
primera vez a los hechos del pasado, y, por vide dos períodos.
ello, es necesario a veces iniciar estas sen­ En el tiempo, con el peligro que repre­
cillas calas en aquellos aspectos de la his­ senta siempre en historia determinar fe­
toria, ya cultivados por I09 investigadores chas-tope, señalaremos la conquista de doE
—como p.n el enso que d o s ocupa, referen­ ciudades como jalones que dividen los dos
te a la repoblación de España, estudiado períodos principales. Son éstas, Toledo,
entre otras obras en la titulada aLa Re­ reconquistada en 1085, y Zaragoza, que
conquista española y la repoblación del pasó a dominio cristiano en 1118. Es decir,
país», Madrid, 1951, en que colaboran un que, hasta íines del siglo XI y comienzos
grupo de notables especialistas. del XII, la repoblación tiene unos carac­
La situación y los hechos son los si­ teres que se van a modificar a partir de
guientes: conforme avanzan hacia el sur este momento, sin cambiar, desde luego, el
los reinos crútianos nacidos en las estriba­ Bentido final del hecho.
ciones pirenaicas y cantábricas, las tierras En cnanto a la forma, en la primera
que se conquistan al musulmán, preciean época, lo predominante ee la «presura»,
de una ocupación para hacer efectiva en es decir, la ocupación de la tierra para su
ellas la vida. Hay que llevar población que cultivo. Se presupone que la tierra arreba­
se instale, unas veces en las casas y tierras tada al musulmán pertenece al rey y a los
abandonadas, y otras que ponga en rendi­ hombreB de su reino que se dirigen a ella
miento las tierras yermas entre la fronte­ para ocuparla. De la hueste que dominó
ra cristiana y la musulmana. Pero el fe­ el territorio, unos cuantos se quedan en
nómeno es complejo, porque presenta va­ él con todas las consecuencias posteriores
riantes según las diversas zunas, y a la vez de levantar núcleos de población, roturar
evoluciona conforme se adelanta de norte campos, creación de instituciones, etc. Los
a sur. Por otra parte, la sitnación de las «presores» u ocupadores actuaban unas
tierras incorporadas a los reinos cristianos veces en plena iniciativa —la audacia de la
do tiene siempre la misma fisonomía; en reconquista— y otras como delegados de
ocasiones, la población mora sigue vivien­ la nobleza, de los monasterios o del mo­
do en ellas, y los nuevo» ocupantes ten­ narca. Había, pues, varios tipos de ocupa*
ción, abundando las colectivas, que tie­ vida, determinadas por la permanencia en
nen una extraordinaria importancia por la España ¿rabe. Además están I09 pobla­
la fuerza que representan. Las circunstan­ dores vencidua, lus musulmanes, que en la
cial se imponen en estos primeros siglos, mayoría de los casos quedan viviendo en
en los que la realeza carece aún de un po­ b u s propiaa tierras, después de establecer

der capaz de obrar con la intensidad re­ con el vencedor determinadas condiciones.
querida. Precisamente en la segunda eta­ Tenemos también a los judíos, en número
pa, cuando estas monarquías se hallan ro­ notable, que se mezclan a los grupos an­
bustecidas, recogerán estos esfuerzos para teriores con características muy precisas;
darles una dirección más global, al mis­ y, por último, nos encontramos con gran­
mo tiempo que perfilan los vínculos jurí­ des contingentes de fuera de España que
dicos que entrañan. A partir del siglo XII llegan a ella a través de los caminos de
van desapareciendo las presuras para dar peregrinación o atraídos por la reconquis­
lugar a la repoblación por iniciativa de los ta misma, y, muchas veces, llamados por
reyes en exclusiva, con la creación de los reyes y que se instalan en sus propios
grandes y numerosos municipios y con el barrios que lian dejado su nombre en mu­
trasiego de poblaciones, sorprendentes a chas ciudades españolas.
veces por su origen y por su variedad. A Con estos elementos va a realizarse la re­
éstos debemos añadir la aparición de las población a partir de los primeros núcleos
órdenes militares, que, si representan una al borde del Cantábrico y de los Pirineos.
gran ayuda en la reconquista, serán tam­ Esta última zona, y en su parte más alta,
bién las que reciban las mayores exten­ mientras en las estribaciones centrales de­
siones del territorio recién liberado pura bió quedar la antigua población, que cons­
establecer en el la población. Así, a par­ tituye, en relación con los territorios fran­
tir del Tajo, en la Mancha, Extremadura ceses, los primeros fucos de rebeldía, en
y Andalucía, encontramos las tierras de las tierras más cercanas al mar, que habían
las órdenes militares con sus grandes ciu­ quedado arruinadas, se hizo la repoblación
dades, encomiendas y castillos. Las últimas por montañeses, mozárabes y habitantes
presuras son del siglo XIII, y tienen ya del norte del Pirineo. Pero cuando pene­
únicamente el valor de meras reliquias. tramos más al sur nos encontramos, hacia
Quizás el aspecto más interesante de es­ el valle del Ebro, con una circunstancia
te fenómeno de la repoblación sea la hete­ que dominará en todo este territorio, y con
rogeneidad de la masa de ocupantes. La la que tienen que enfrentarse Iob reinos
Edad Media, lejos de lo que se podría orientales; la permanencia en sus tierras
creer con una visión superficial, filé nn» de los vencidos musulmanes, a los que se
¿poca de mezclas, de trasiego, de despla­ añade la población nueva que viene del
zamientos de hombres, y, para España, norte en número suficiente para asegurar
de convivencia de razas y religiones que el dominio efectivo. La norma general es
se entrecruzan unas veces, chocan otras, que ee da a los moros un tiempo de per­
se superponen aquí y allá, pero, en defini­ manencia en la ciudad, pasado el cual se
tiva, viven en el mismo suelo. A la hora les sitúa a extramuros, conservando sus
de dar vida a esas tierras que han entrado bienes, así como sus mezquitas y sus leyes.
en el ámbito de los reinos cristianos, hay Estos hechos determinan la permanencia
que contar con todos estos elementos de de esta base morisca en las tierras de Ara­
población. Existirán los cristianos que vie­ gón hasta muy avanzada la Edad Moder­
nen de los territorios del norte, los con­ na. También en estos territorios es nece­
quistadores a los que m miman aquellos sario destacar la importancia de las pobla­
otros cristianos que permanecieron vivien­ ciones con contingentes de extranjeros que
do entre los musulmanes, los mozárabes, vienen aquí por el Camino de Santiago y
en número considerable, a veces con des­ son instalados por los reyes con privilegios
plazamientos masivos que determinan unas a veces superiores a los indígenas. Así te­
características especiales en sus formas de nemos pobladores de este origen en Jaca,
Sangüesa, Estella, Pamplona —donde esta origen de esta población: Villagallegos,
población llegó a superar a la indígena, es­ Bascones, Viliabascones, Toldanos, etc.
tablecida en barrios cercanos— . Notemos Como se ha dicho más arriba, la con­
de pasada que estos ultrapirenaicos no se quista de Toledo inicia una nueva etapa
limitan a la zona de Aragón, y los encon­ en este proceso repoblador. Se pasa de la
tramos después diseminados por toda Es­ zona del Duero a la del Tajo, en cuanto
paña, como en León, Astorga, Segovia, al espacio y el territorio se llena de po­
Avila, Salamanca, etc. derosos concejos dueños de un extenso te­
La población mozárabe da las riberos rritorio que ha nacido bajo la dirección
del Ebro se vió considerablemente aumen­ real. La ocupación de la antigua capital
tada a partir de 1126, tras la expedición de de los visigodos supuso la definitiva repo­
Alfonso I el Batallador por tierras andalu­ blación de la tierra entre el Duero y el
zas, trayendo al regreso más de diez mil Tajo y a su vez la penetración en la Man­
de estos cristianos que habían vivido en te­ cha y el posterior salto a Andalucía. La
rritorio musulmán. mása de población seguirá siendo funda­
Cuando en el siglo XIII los monarcas de mentalmente la misma, pero con predo­
la Casa de Aragúu se lancen a la reconquis­ minio ahora de los cristianos del norte
ta de las tierras de Levante —Valencia, aunque es muy interesante las últimas
Murcia, Baleares— , la repoblación se ha­ oleadas de mozárabes que llegan a la zona
rá bajo la dirección de lr»s reyes, y tam­ del Tajo a mediados del siglo XII, hu­
bién aquí permanecerá la base morisca en yendo del nuevo clima de opresión reli­
el cultivo de la tierra, protegidos por los giosa impuesto por almorávides y almoha­
propios señores entre los que se ha repar­ des. También por la zona de Extremadura
tido el territorio, Como norma general, se irá creando una tupida red de ciuda­
puede señalarse la desaparición de la re­ des y tierras repobladas con toda la se­
población privada, que se sustituye por la cuela de fueros, libro do repartimiento,
oficial en' zonas y lugares determinados que etcétera, que caracterizan a este período.
se fijan por medio de comisiones npartito- Por último, en Andalucía, la técnica de
res» o divisores y se consignan en los libros la repoblación, en su aspecto jurídico lle­
de repartimiento. gará a su máxima perfección, an ejemplo
En la meseta hay un primer momento de' lo cual es la que tiene lugar en Sevilla.
en que las zonas al sur de las montañas Así termina el asentamiento de la pobla­
cantábricas quedan desiertas, y a ellas co­ ción española.
mienzan a bajar Iob primeros pobladores
de un lento y difícil proceso, en especial
en lo que se refiere a lo que luego sería ni
Castilla. En los anales castellanos se dice
qne en el ant) 814 «salieron de Malaeuera CARTAS-PUEBLAS Y FUEROS
los trasmontanos y vinieron a Castilla». El
sistema es, desde luego, la presura, y la Directamente enlazado con el tema de
masa de población está compuesta de cán­ la repoblación en la Reconquista, está el
tabros, astures y vascones. de la organización jurídica de las villas
Más al centro, en el territorio que for­ ■y ciudades en los reinos cristianos. Como
mara el reino de León, limitado por el primer dato debemos apuntar la falta de
Duero, la población se lleva a cabo a unidad legislativa para todo el territo­
todo lo largo del siglo IX hasta alcanzar rio. No hay una ley general, sino que por
a fines de la centuria los bordes del r ío : el contrario, la costumbre domina en to­
Simancas (899), Zamora (893) y Toro dos sitios y ello determina la formación
(900). Las gentes procedían de Galicia, del derecho loeal de cada ciudad. Esta
Asturias y de la zona musulmana. Los situación es característica de los siglos XI
nombres de lugares son expresivos en la al XIV y tiene su expresión en las llama­
mayoría de los casos para determinar el das cartas-pueblas y fueros.
En na primer momento, cuando m r> a ción procuran lijar claramente, con todas
crear un núcleo de vida en las tierras re­ las garantías posibles, los privilegios de
cién incorporada», aparece la carta-puebla todo orden que han ido conquistando dea-
que no es otra cosa que un documento, de su fundación, lo que da lugar a la re­
mis o menos extenso, en que se fija la dacción de estos fueros o costumbres que
concesión otorgada por el rey o señor a son loa estatutos de las ciudades y pobla­
los habitantes o nuevos pobladores de no ciones en los que se recogen todas estas
lugar eo el que se estipulan las condicio­ exenciones así como las normas fijadas
nes de posesión y se establecen las nor­ por la práctica, las «fazafias» o sentencian
mas mínimas y fundamentales para la vida dictadas por sus jueces según su libre al­
de la comunidad. Estas cartas-pueblas po­ bedrío, todo lo cual forma la constitución
dían darse a lugares nuevos o a loa que ya del municipio. F.w muchos casos, al prin­
tenían población a fin de atraer a ellos cipio de esta redacción escrita de privile­
mayor número de personas. gios se coloca la carta-puebla fundacional
Naturalmente que estas cartas de pobla­ y a partir de ella todos los demás aspec­
ción alcanzan nna gran diversidad, según tos de la vida jurídica que han sido dados
por el señor, el rey, el obispo, o aprobados
la zona en que había de establecerse la
población o la época en que se data el do­ por el propio municipio y que se some­
cumento. Las concesiones eran más gene­ ten a la confirmación del soberano para su
rosas para aquellas localidades situadas en garantía total.
territorio próximo a la frontera musul­ Una circunstancia a tener en cuenta
mana, o los que, en ciertos casos, se lle­ dentro de esta variedad dominante en la
gaba a fijar el derecho de asilo para cri­ España medieval es lo que se denomina
minales. La forma de atraer a una masa familias de fueros que viene a minorar eo
de hombres a estos territorios reconquis­ parte esta heterogeneidad jurídica. Con­
tados consistía en la concesión de una se­ siste en que algunos de estos fueros da­
rie de franquicias o exenciones que iban dos para una localidad determinada se
constituyendo en cada caso un conjunto copian en su totalidad o en parte y se
de privilegios que celosamente se defien­ conceden a otras, lo que motiva una agru­
den por los habitantes y que motivan esa pación en la que puede reconocerse el
diversidad jurídica a que nos hemos refe­ fuero originario y qne alcanza a veces una
rido. notable extensión. Así ocurre, por ejem­
Podrían señalarse varios tipos que van plo, con los de Sepúlveda, Salamanca,
desde la máxima sencillez hasta los de Logroño, Teruel, etc., que sirvieron de
redacción más amplia y complicada. Los modelos a otras muchas ciudades. En al­
primeros vienen a ser una especie de con­ gunos lugares, encontramos dos fueros,
trato agrario colectivo entre un señor, uno, primero, breve, y otro, segundo, más
dueño de un lugar, y un grupo de hom­ extenso y detallado. Pueden estar escritos
bres que van a poblarlo. Partiendo de en latín o romance y frecuentemente ve­
aquí la carta-puebla va ampliando tu con­ mos traducciones del mismo fuero del la­
tenido hasta llegar a ser un verdadero es­ tín al castellano para una mejor com­
tatuto que delimita jurídicamente las re­ prensión del pueblo que iba olvidando la
laciones de la comunidad consigo mismo lengua de Roma. En estas sucesivas redac­
y con el señor. Se han conservado muchas ciones es también corriente encontrar adi­
de estas cartas-pueblas, pero a título de ciones que muestran el proceso de enri­
ejemplo, citaremos sólo la concedida a quecimiento de la vida jurídica de la ciu­
Brañosera por el conde Ñuño Núñez dad.
en 824. Generalmente suelen dividirse estos fue­
Los fueros o costumbres (costums) co­ ros en breves y extensos, siendo los pri­
mo se denominan en Cataluña, represen* meros, en general, más antiguos. También
tan, en general, un proceso más avanzado. podrían clasificarse según la persona otor­
Los municipios surgidos de la repobla­ gante : el rey, un señor, un obispo, etc.
Entre los brevM, citaremos los de León? do en los primeros siglos de la Recon­
Toledo. Sahagún, Logroño, Guadalajara, quista. El camino 6erá largo y dificultoso
etcétera. Entre loa redactados por el con­ porque estas comunidades, parapetadas
cejo y Orinados por el rey (Alfonso V lil), tras sus mnralla9 y sus fueros, se resisten
tenemos el de Madrid (1202) y entre los a entrar cu esa unidad legislativa, a la
concedidos por uu obispo, el de Falencia. que tiende el estado en formación. En
De los extensos, ejemplos eon loa de Cuen­ esta marcha que no culminará hasta muy
ca, Sepúlveda, Zamora, etc. avanzada la Edad Moderna, indicaremos
En lo que respecta • los otros reinos algunos de los más conocidos códigos sin
do la Reconquista, señalemos en Nava­ pretender determinar la línea completa:
rras los Fueros de Estella, Tíldela y el Fuero Viejo de Castilla, Fuero Real
Fuero General de Navarra, importantísi­ (1255), el extraordinario monumento ju ­
mo tanto por sa contenido como por la rídico de las Partidas de Alfonso X el
lignificación qne tiene para todo el dere­ Sabio, el Ordenamiento de Alcalá, etc.,
cho territorial navarro. En Aragón tuvie- más la realidad fué que todos estos corpus
ruu fuero, entre otros lugares, Jaca, Ca- fueron superponiéndose a las distintas le­
lataynd, y en Zaragoza rigió el denomi­ gislaciones locales sin conseguir, de he­
nado Privilegio de Las Veinte, por ser este cho, la unidad que se pretendía.
el número de personas que intervienen en Hemos visto así la ocupación humana
el juramento, notable también por otros de las tierras de España a la vez que la
detalles curiosos de bu contenido. red de instituciones j formas jurídicas que
En Cataluña se denominan costumbres enraizan al hombre con esta tierra.
por constituir la redacción de las costum­
bres jurídicas de la localidad, y tenemos
ejemplos numerosos y de la mayor sig­
nificación Recognoverunt proceres o Cos­ rv
tumbres de Barcelona confirmadas por
Pedro III en las Cortes de 1284, qne for­ LAS GRANDES BATALLAS DE LA
man nno de los volúmenes más caracte­ RECONQUISTA
rísticos del derecho catalán, dadas en
principio para la ciudad de Barcelona, Vamos a recoger en un esquema breví­
pero que se extendieron después consi­ simo los principales choques que tuvie­
derablemente. También recogieron SUS ron lugar entre cristianos y musulmanes
privilegios y franquicias en forma de Cos­ en la Reconquista. Les dedÜcamos un ca­
tumbres, Lérida, Tortosa, Gerona, etc. pítulo aparte para que ee vea en sí mis­
Si hubiéramos de hacer un estudio compa­ mo este aspecto bélico que se pierde mu­
rativo de este derecho local con el caste­ chas veces a lo largo de una exposición
llano, nos encontrarían!oh con nnan dife­ conjunta de reinados e instituciones.
rencias que muestran en Cataluña una De nuevo vamos a fijar unas líneas en
mayor penetración da formas feudales el mapa y unas fechas en el tiempo para
que aparecen más mitigadas en los ranos dividir en dos períodos estos combates a
de la meseta. fin de apreciar con cierta claridad las di­
Pero junto a este fenómeno de la diver­ ferencias fundamentales que se manifies­
sidad jurídica que acabamos de ver cabe tan con la evolución del tiempo. Tenemos,
indicar el esfuerzo de los reyes por cons­ por una parte, las batallas localizadas al
tituir un derecho territorial uniforme. norte del río Duero, y anteriores al si­
Precisamente lo más característico de ese glo XI. Todas ellas tienen lugar durante
proceso de reconstrucción del poder de la el emirato y el califato de Córdoba, es
Monarquía que representa la Baja Edad decir, en los siglos de mayor poderío del
Media, lo más interesante es este interés dominio árabe en España. Militarmente
por recoger en códigos básicos y unifor­ consideradas no alcanzan ntmea grandes
mes ana soberanía que se había disgrega­ proporciones, pero tienen en cambie el
valor uiuiLólico de representar nombres * En este mismo siglo VIII, en el año
gloriosos en los que se afianza el espíritu 794, so da la batalla do Lutos en la que el
de los conquistadores para proseguir una general Abd-al-Malik es derrotado estre­
lucha difícil. Entre estos nombres están pitosamente cuando regresaba de una ex­
Covadonga, Roncesvalles y Calatañazor, pedición a Oviedo. Annqne las crónicas
que por bí solas tienen una profunda sig­ árabes quisieron disminuir la importan­
nificación en la Historia de España. cia de este encuentro, evidentemente re­
Un segundo período se extiende desde el sultó un gTan alivio de estos primeros años
siglo XI al VX y los campos de lucha es­ de la lucha.
tán situados al sur del Duero, cerca del La batalla de Clavijo está llena de
Tajo, el Guadiana y en Andalucía. En lo problemas que van desde la negación del
que respecta al Islam en España, rota la
hecho hasta la atribución a distintos re­
unidad califal, los reinos taifas tendrán
yes. Dado el enlace que tiene con el pos­
que acudir en sus momentos de angustia
terior roto de Santiago, estas cuestiones
a sus hermanos de Africa que vendrán en
no han perdido interés. Para unoa, el su­
formas de invasiones — almorávides, al­
ceso tuvo lugar en el reinado de Hamiro I,
mohades y benimerines— para oponerse al quien vonco a los ejércitos de Abd-al-
incontenible avance de los reyes cristia­ Rahman I I ; para otros, el voto filé he­
nos. Es ahora cuando encontramos esas
cho por Ramiro II después de la batalla
batallas de cuantioso número de comba­
de Simancas y, por último, lo más cierto
tientes y de una gran dureza. En ellas se
parece la existencia de una batalla de Cla­
va a decidir la suerte de España porque
en cada caso la situación de la penínsu­ vijo en la que Ordeño II, en el año 859
la varió notablemente. Este período está vence a Musa ben Musa Qasi. Pero tam­
representado por los nombres de Zalaca, bién aquí nos encontramos con un hecho
Uclés, Alarcoa, las Navas y el Salado. que, si discutido históricamente, tiene la
E b imposible, aunque esto sería muy enorme fueran de la leyenda.
interesante, detenernos en el detalle de La epopeya se apoderó muy pronto del
cada una de ellas. Señalaremos única­ nombre de Roncesvalles para crear cuu ¿1
mente el hecho fundamental con sacrificio uno de sus capítulos más bellos a través
do los episodios. del cual es difícil seguir con exactitud la
Alrededor de la batalla de Covadonga realidad de los hechos. En el año 777 una
han crecido exuberantemente las flore6 de embajada de musulmanes de Zaragoza se
la leyenda ha9ta desfigurar bastante el presenta ante Carlomagno en solicitud de
hecho militar que tuvo lugar entre los años ayuda con la promesa de entregarle sus
718 a 722. Mientras las crónicas cristianas ciudades. Al año siguiente el rey francés al
hablan de un monumental combate en las frente de un gran ejército penetra en la
estribaciones de Asturias en el que las fle­ peninsnla, conquista Pamplona y llega a
chas de los infieles se vuelven contra ellos Zaragoza, pero loa habitantes se niegan a
y los montes se desploman para liquidar cumplir lo pactado y la plaza se resiste.
a sesenta y tres mil enemigos, en la his- Carlomagno decide el regreso y al atrave­
tnringrnfía árabe no aparece reseñado el sar el Pirineo I09 vascos aniquilan eu
encuentro, aunque sí la presencia en el ejército, derrota que produjo perdurable
norte de España de Pelayo y los suyos que impresión en Francia. Siglos después, es­
«se alimentaban de la miel de las abe­ ta campaña se transformará, por obra de
jas». Pero independientemente de la im­ la leyenda, en una gesta de cruzadas, y
portancia real de e9ta batalla fue y es para los peregrinos de Santiago aquella
para nosotros el comienzo de un período entrada había tenido como fin rescatar el
histórico y eu huella es imperecedera. Las Bepulcru del apóstol. De este modo la pre­
mismas crónicas lo expresan claramente sencia en España de Carlomagno se convir­
cuando hacen arrancar de este pequeño tió en aliento espiritual de aquella co­
montículo la salvación de España. rriente europea que recorrió España en
peregrinación a lo largo de muchos si­ rretas a lo largo de todos los caminos del
glos. Islam. En ningún momento como en ésto
Vienen luego las batallas del siglo X : puede hablarse con más exactitud de usa
San Eslcban de Gormaz (917), donde los guerra santa para ambos ejércitos. Años
m u s u lm a n e s fueron vencidos a mano de loa después, en 1108, se repite el duro golpe
cristianos. Valdvjunquera (920), que fué de los hombres del sur. El ejército cristia­
la contundente réplica de Abd-al-Rali- no, a cuyo frente va el joven príncipe
man 111 a la derrota anterior. Leoneses y Sancho, hijo de Alfonso VI, es derrotado
navarros. unido9, sufrieron un gran desas­ eu Ucléa, y por un momento peligran tu­
tre. y <¡ran número de cautivos cristianos das las conquistas del Tajo. Pero la des­
siguieron penosamente hacia el sur a las composición interna de los almorávides
tropas vencedoras. Pero el Duero seguirá permite ni reajuste y se salva el peligro.
siendo campo de cita para estos choques En la centuria siguiente otra vez los mu­
en.1re cristianos y musulmanes. En el año sulmanes españoles reciben la ayuda de
939. Abd-er-Rahmán III prepara una ex­ Africa. Los almohades vienen en socorro
pedición con más de cien mil hombres qne de los taifas andaluces y acuden a la
considera definitiva, como lo atestigua al Mancha para detener la Reconquista, que
denominarla «campaña de la omnipoten­ llega ya a los bordes de Sierra Morena. En
cia». Mas, en un esfuerzo supremo, Rami­ Atareos (1195), tiene logar otra de estas
ro II, aliado con la regente de Navarra do­ batallas de grandes consecuencias. Alman-
ña Toda y el conde Fernán González, de­ sur Yacub cae sobre el ejército de Alfon­
tienen este alud guerrero y en los muros de so VIH en pleno mes de julio y las flechas
Simancas asestan un duro golpe a las tro- almohades cansan estragos en los fatigados
pan árabes. Las crónicas europeas se hacen cristianos. Las historias árabes hablan de
eco con elogios de esta batalla, y por últi­ miles de muertos y la huida del rey cris­
mo, en el año 1000, tiene lugar la acción tiano.
de Calatañaxor, sobre la cual la leyenda Sin embargo, el suceso decisivo y cen­
cristiana forjó — de una derrota real su­ tral de esta lucha de siglos no tardaría en
frida por los castellanos, leoneses y nava­ llegar. Las Navas de Tolosa abren con bri­
rros, a uiunos de Almanzor— el poema de llantes el siglo X m . Alfonso VIII quiere
una victoria cristiana con la muerte inclu­ vengar el desastre de Alareos y dar a esta
so del caudillo musulmán «que fué ente­ guerra el carácter de Cruzada. Sus emisa­
rrado en los infiernos», según dice la cró­ rios recorren la cristiandad occidental y el
nica. Papa Inocencio III alienta a los cruzados
A partir del siglo XI, como ya hemos para que vengan a España. En el mes de
dicho, comienzan las luchas decisivas. A mayo de 1212 empiezan a acudir a Toledo
la caída de Toledo, en 1085, los taifas lla­ los nobles y obispos franceses seguidos de
man en su ayuda a los duros nlmoraviües sus hombres. Llega también el rey de Ara-
que acuden a restablecer el poderío del pon y se inicia la marcha. Pero mnv pron­
Islam. En las tierras de Extremadura, cer­ to, al recorrer los secos caminoe de la me­
ra de Badajoz, se va a dar, en 1086, la ba­ seta, aquellos hombres extraños a nuestra
talla de Sagrajas o Zulaca, en la que ee tierra y a nuestras costumbres empiezan
mueven grandes contingentes de tropa. a abandonar, y así cuando el ejército cris­
Los cristianos son machacados material­ tiano se sitúe en el valle al sur de Despe-
mente por los feroces africanos y la acción ñaperros frente a las tropas de Al-Nasir,
tiene como fondo el monótono y aterrador únicamente serán españoles los combatien­
sonido de los tambores almorávides que tes. Las tropas de Sancho VII el Fuerte
ponen espanto en las tropas de Alfon­ de Navarra unidas a las del monarca de
so VI. Terminado el combate, Yusuf, el Aragón y a las castellanas, rivalizarán en
caudillo vencedor, marca el campo de la valor. Después de una penosa marcha a
lucha con las pirámides de cabezas de cris­ través de senderos de montaña para elegir
tianos que más larde serán llevadas en ca­ el sitio, el 16 do julio los musulmanes se­

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rán aniquilados totalmente. Desde ahora de un período de preparación porque casi
la suerte está decidida; el final de la Re* siempre los musulmanes defendían brava­
conquista dependerá únicamente del tiem­ mente estas posiciones. La entrada en la
po que quieran tomarte los cristianos. ciudad era el remate de unu larga campa­
Como final — antes de la guerra de Gra­ ña y después seguía un gran derrumba­
nada— tenemos la acción del Salado, que miento en las zonas próximas lo que de­
podemos titular, por eu significación, uel terminaba una etapa de repoblación del
Cuadalete al reveas, ya que el campo de territorio.
lucha íué muy cercano al de aquel otro en La entrada en la ciudad sucedía des­
el que los musulmanes vencieron a los vi­ pués de un largo asedio y una devastación
sigodos y se abrieron de eata manera las del territorio llevado a cabo metódicameu-
puertas de España. Ahora, a mediados del te. En muchos casos se utilizaron inge­
siglo XIV , Alfonso X I acude a levantar nios de guerra, como torres de madera,
el sitio que tienen puesto a Tarifa el Cau­ defensas, etc. £1 bloqueo resultaba tan
dillo de loa benemerines, Abulhassan, penoso para los sitiadores como para los
aliado del rey de Cranada Yúsuf I. En el sitiados a qnienes únicamente se podía do­
ejército de Alfonso figuran las mesnadas meñar por hambre, dada la sólida estruc­
de los Concejos andaluces junto a los tura de las defensas j los escasos medios
hombres del norte —vascos, asturianos, de ataque. De aquí la frecuencia de las
montañeses de Santander—■, porque Es­ capitulaciones y pactos antes de llegar a
paña se ha extendido ya de mar a mar. El la destrucción total porque el desgaste de
rey de Castilla y el de Portugal, Alfon­ los atacantes les movía a la transacción a
so IV, obtienen un triunfo total que seña­ fin de acabar la campaña.
la el dominio del estrecho c impide ya la En líneas generales, puede decirse que
ayuda que Africa podía prestar a sus her­ estos conquistas no comienzan basta fines
manos de la península. del siglo X I y principios del X II, coin­
De esta manera, hay una línea bélica cidiendo con la ruina del califato de Cór­
que va de C.ovadonga a Granada entrete­ doba y el establecimiento de los reinos
jida de triunfos, derrotas, leyenda y san­ de taifas. Precisamente las luchas entre
gre que puntea este hecho que denomina­ los reyezuelos moros facilitaron el avan­
mos Reconquista. ce por la falta de cooperación entre ellos.
Primero, se establece la denominada po­
lítica de «parias», por la cual los reinos
taifas aseguraban su independencia me­
V diante el pago de cantidades estipuladas
por los reyes cristianos. Luego, desde Al­
LA CONQUISTA DE LAS GRANDES fonso VI, 6e plantea la liberación de las
CIUDADES principales urbes de la España musul­
mana.
Entre los hechos más notables de la Re­ Toledo representaba para uno y otro
conquista está el de la ocupación por los bando la antigua capital de los visigodos y
cristianos de las ciudades principales de había sido dentro de la España musulma­
la España musulmana. La mayoría de las na un foco de inquietud y de poderío. Por
veces estas conquistas dieron lugar a epi­ ello su caída bajo el dominio cristiano fué
sodios bellísimos y tuvieron una resonan­ un golpe que se acusó en todo el Islam y
cia grande tanto na el occidente de Europa provocó una reacción que se manifiesta
como en todo el Ialam, lo que ocurrió en en la llegada a España de las oleadas afri­
el caso de Toledo. Vamos a fijamos en la canas de los almorávides. Alfonso VI, que
reconquista de cinco de estaa ciudades co­ había vivido desterrado en la ciudad del
mo las más significativas: Toledo, Za­ Tajo bajo la protección de su rey Alma-
ragoza, Valencia, Sevilla y Granada. mún conocía perfectamente la situación
Generalmente la campaña iba precedida de aquella tierra y meditaría muchas ve-

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cea durante su destierro la campaña. Te­ repoblaron Salamanca, Avila, Arevalo,
nía dinero y amigo» en la ciudad y por Olmedo, Medina, Segovio, Cnéllar y M
«fio tan pronto como so sienta en el tro­ conquistaron Talayera, Maqueda, Madrid,
no de CaEtilla y León decide realizar su Uceda, Cnadalajara, Hita, Mora, Uclés,
*neño. T.op hechos de esta conquista se etcétera.
presentan confusos; son machos los fac­ En el valle del Ebro se da la conquista
tores que juegan en ella: luchas internas de Zaragoza la que determina un fenóme­
en la ciudad, ambiciones de otros reres no semejante en cuanto a la caída poste­
taifas, debilidad del monarca toledano. La rior de un gran territorio. La entrada en
campaña durará oficialmente seis años, la ciudad tuvo lugar tras una hábil cam­
desde 1079 a 1085, m ezclada de lucha», paña de Alfonso I el Batallador que some­
pactos y cercos. Reinaba en Toledo un nie­ te a las ciudades cercanas e impide toda
to de Almamún, el protector de Alfon­ comunicación con el exterior. Es do seña­
so VI, Alcadir, joven débil que tenía en­ lar la aportación humana de las tierras al
frente un fuerte partido de oposición que norte del Pirineo cuyos hombres acudían,
liorna en su auxilio al rey de Badajoz según las crónicas, como hormigas. La la­
para arrojar a Alcadir. En este momento cha se desarrolló entre los años 1114 y
entra en juego el rey de Castilla quien se 1118 y en el cerco final se emplearon to­
pone de acuerdo con el destronado para rres de madera a fin de dominar las mura­
la conquista de la ciudad que quedaría en llas. La reacción de los almorávides a la
poder del castellano a cambio de poner al conquista de la ciudad no se hace esperar,
rey moro en el trono de Valencia. Los pero su contrataque es deshecho definiti­
«ucesos se precipitan; el rey de Badajoz vamente en la batalla de Cutanda, que ase­
liuye de Toledo y Alcadir vuelve a la ciu­ gura esta zona reconquistada.
dad para continuar en ella las ludias. Al­ En lo que respecta a Levante, Valencia
fonso VI entra en el reino de Toledo y lo fué reconquistada definitivamente por Jai­
somete a una dura devastación, tal vez de me I el Conquistador el año 1236 como
acuerdo con los propios toledanos que de final de una expansión profunda a partir
esta manera querían justificar ante el Is­ de la línea del Ebro. Como en los otros
lam la entrega pactada de antemano. Por casos, primero se domina una serie de vi­
i’dtinio, el rey cristiano instala su campa­ llas y castillos, Burriaoa, Peñiscola, Chis-
mento en la Huerta del Rey, a orillas del vert, etc., hasta que en abril de 1238 se
Tajo y cierra el cerco; cuando los sitia­ cerca definitivamente la ciudad, situándo­
dos comprueban la falta de ayuda de los se el campamento en el Grao. El ejército
otros taifas, humillados ante el poder de es numeroso — unos 60.000 hombres—
Alfonso, deciden su entrega, que se reali­ constituido por catalanes y aragoneses.
za el 6 de mayo de 1085 en condiciones Cuando francasa el intento naval de avi­
benignas. Seguirían en la ciudad, conser­ tuallar a la ciudad, sos habitantes capitu­
vando sns mezquitas y bus instituciones. lan el 28 de septiembre y entra el rey ara­
El rey castellano a quien se proclamó el gonés, «llorando y besando la tierra» con
soberano de hombres de las dos religiones "ran emoción.
entra en la ciudad el 25 de este mismo mes La conquista de Sevilla constituye el
y tuvo buen tacto para establecer la con­ capítulo más bello del reinado del tercer
vivencia de cristianos, musidmanes y ju ­ Fernando. Una serio de acontecimientos
díos. alrededor del suceso central le dan un ca­
Si grande fuá el eco de la conquista de rácter sumamente interesante. Las fuer­
la antigua capital de los visigodos en el zas del rey avanzan a lo largo del río dea-
mundo musulmán, no lo fu¿ menos en el de Córdoba y sistemáticamente van pre­
terreno práctico de la España cristiana. parando el golpe final. El rey instalado
Consecuencia de la caída de Toledo fué en el campamento de Tablada contempla
la repoblación de la ancha zona entre el el avance de las naves del almirante Ra­
Duero v el Tajo. Después de Toledo ge món Bonifaz, que ha librado encuentros

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con las escuadras musulmanas de Tánger concibe esta guerra con un carácter total
Y Ceuta hasta situarse entre Sevilla y Tria- y sin compromisos. Pero la tenacidad em­
na para impedir la comunicación de estos pieza a ceder cuando los granadinos ven
dos núcleos. El cerco se ve diariamente in­ levantar sobre el campamento cristiano
quietado por las frecuentes salidas de los incendiado, una ciudad de nombre simbó­
moro» y por ello requiere constante vigi­ lico : Santa Fe. Desde aquí todo es fácil;
lancia. Las naves de Bonifaz han roto los la oleada popular de entusiasmo se res­
puentes sobre el río y los infantes han to­ quebraja y acepta las capitulaciones fir­
mado el castillo de Triana. Al fin, como madas por su rey, y el 2 de enero de 1492
Biempre, comienzan las negociaciones que sobre las torres de la AUiambra se levan­
son largas y complicadas. La entrega se tan los signos cristianos. Días después —«I
haría con el abandono de los musulmanes 6 de enero—- los reye» hacen su entrada
que podían llevar sus bienes muebles, pero solemne. T.a Reconquista lin terminado.
dejando intacta la ciudad. El 23 de uo-
viembre de 1248 ondea la enseña cristia­
na en el Alcázar. Femando, ya enfermo,
ha cumplido su sueño. Frente a Sevilla ha VI
nacido la escuadra castellana y 6e ha do­
minado definitivamente al musulmán. EL SIGLO X III. PLENITUD DE LA
Como broche de oro de la Reconquis­ RECONQUISTA
ta tenemos la entrada en Granada en ese
año hermoso de la historia de España, La Edad Media alcanza su cénit en la
1492. Si en las anteriores ciudades hemos centuria de 1200 a 1300. Todos los presu­
hablado de una campaña previa, en Gra­ puestos que caracterizan esto período his­
nada fue una larga j difícil guerra «lius- tórico llegan ahora a su madurez. Gran­
ta arrancar los granos uno a uno». La des figuras que llevan a cabo extraordina­
arción final comienza en 1490 cuando se rias empresas; avances importantísimos
exige a Boabdil la entrega de la ciudad en la cultura; el pensamiento, que se
conforme a lo pactado con los Reyes Cató­ concreta en una filosofía imperecedera;
licos en convenios anteriores, pero el gra­ el arte, que encontrará en el gótico una
nadino se niega y en la ciudad prende un de sus más espléndidas expresiones. Es el
espíritu de feroz resistencia que prolon­ siglo X III la ¿poca de las Universidades,
gará dos años la caída final. En el cerco de la Escolástica, de la recepción del de­
ae van a dar episodios dignos de figurar recho romano, de los ’ trovadores proven-
en las viñetas de los libros de la época. Los zalea, de la Escuela de Traductores de
caballeros moros y cristianos compiten en Toledo, de la obra literaria de Alfonso X
heroicidad y gallardía. Allí Hernando del el Sabio y de las Cruzadas de San Luis,
Pulgar, «i de las Hazañas, entrará un día entre otras muchas cosas. Alguien dijo que
audazmente para clavar el cartel del «Ave en el siglo X III y comienzos del XTV se
María» en la puerta de la mezquita; allí habían construido cuatro cosas definiti­
ante la presencia de la reina lucharán ji­ vas : la Summa Theologica, de Santo T o­
netes moros y cristianos hasta convertir más; la arquitectura gótica; la Divina
estas escaramuzas en verdaderas batallas. Comedia, del Dante, y las Partidas, de
Pero por debajo do estos episodios de ar­ Alfonso el Sabio. Esta enumeración peca
mas se realiza en secreto las negociacio­ por defecto ya que deja fuera todo el es­
nes para la entrega de la ciudad. Si va­ fuerzo reconquistador español y la pro­
lientes son los guerreros, no menos valor funda transformación que empieza a di­
demuestran los negociadores, como el cas­ bujarse en las tierraB de Europa con la
tellano Hernando de Zafra y el musulmán aparición de la ciudad y dentro de ella
Abulcasim, que tienen que verse con pe­ la nueva mentalidad de sus habitautes.
ligro de sus propias vidas. Mientras Boab­ Para España y su reconquista es esta la
dil quiere llegar a la rendición, el pueblo centuria donde plenamente podemos ha­

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blar de una guerra total planteada con el la conquista de las principales ciudades.
decidido propósito de someter a los mu­ F.n las Navas se dan cita todos los reyes
sulmanes de la península. El voltunen de cristianos a excepción del leonés Alfon­
tierras que se incorporan a los reinos cris­ so IX, que realizará, por su parte, una
tianos es superior a ningún otro siglo y notable obra política en sus tierras. La
Iras las campañas de Alfonso IX, Feman­ destrucción de los almohades en esta ba­
do III y Jaime I, el Islam en España eerá talla supone la debilidad definitiva de los
lun sólo un pequeño rincón sin fuerza y moros españoles. Desde aliora lodo será
siempre a la defensiva en espera de su más fácil. Los reinos cristianos, regidos por
llora filial. En la primera mitad no boy grandes monarcas, se lanzarán decididos
momento He. reposo. Van cayendo las ciu­ contra lo» ninRulninnes.
dades en manos de los reyes cristianos a A la manera de un colosal despliegue,
la par que se funden reinos y territorios sobre ellos caen las fuerzas de cuatro rei­
—como León y Castilla— en ese camino nos que incesantemente golpean su forta­
de unificación que es uno de los procesos leza. Portugal, León, Castilla y Aragón
más interesantes de nuestra historia me­ son esas cuatro flechas que se van clavan­
dieval. Luego, en su segunda mitad, se ini­ do para siempre en las tierras de la mo­
ciará el período brillante de la cullura a risma. El padre de San Femando, Alfon­
la vez que los monarcas de Castilla y Ara­ so IX de León, es un rey activo, inquieto,
gón se enlazan con los problemas del Im­ que mantiene durante muchos años un ás­
perio en sus versiones alemana — Alfon- pero pleito con sus vecinos de Castilla,
10 X — e italiana — Pedro III y su6 suce­ incluso con su propio hijo, pero que no le
sores. Este esfuerzo reconquistador está impide actuar decisivamente en la recon­
expresado bellamente en laB siguientes pa­ quista de las tierras que se extienden al
labras de la Crónica General: «...en sur de su reino. Así León hará Buyas las
aquella sazón era la guerra de los moros tierras de Extremadura y las tropas de
hi inuv grande; e así los reyes, condes, e Alfonso entrarán en Cáceres (1227), Mé-
los altos homes e los otros caballeros, que xida y Badajoz (1230). Junto a esto aun
se prsaciaban de armas todos, paraban los ha tenido tiempo el rey leones para orga­
caballos dentro 'en las cámaras, donde te­ nizar los Estudios que serán la base de
nían sus lechos, donde dormían con sus la futura Universidad de Salamanca y rea­
mujeres, porque luego que oyen dar el lizar en bu reino una profunda obra de re­
apellido, tuviesen prestos sus caballos e población acompañada de acertadas me­
sus armas, e cabalgasen luego sin otra tar­ didas en lo administrativo.
danza ninguna». Y a su muerte, asistimos a un hecho de
El anuncio de esta etapa bélica es la gran trascendencia en la historia. Sus dos
batalla de Al arcos (1195), con la que los esposas — pues estuvo casado dos veces,
musulmanes cierran el siglo X II en ana siendo amboB matrimonios disueltoB por
última gran victoria sobre las armas cris­ parentesco de los cónyuges—i dando ana
tianas mandadas por el rey Alfonso VIII prueba de sensatez ejemplar, deciden que
de Castilla. Muy pocos años después este sea Femando, rey ya de Castilla, hijo
mismo monarca, después de reenperar las de doña Berenguela y Alfonso, el here­
tierras de la Mancha, se lanzará decidido dero del trono. De esta forma venían a
contra los enemigos más allá de Despeña- unirse definitivamente los dos grandes
perros, en los bordes de Andalucía. Tiene reinos de la meseta. Desde este instante la
así la acción de las Navas de Tolosa (1212) fuerza redoblada de los cristianos será
la significación de ser el comienzo de la incontenible en las tierras del sur.
recuperación de la más densa tierra del Is­ Hablar de Fernando HI el Santo des­
lam eu España. Por esta Andalncia, en borda cualquier posibilidad de espacio.
cfecto, llevará sus huestes el rey Fernan­ El representa el símbolo del rey comba­
do hasta borrar casi su presencia políti­ tivo, cristiano, en paz siempre con sus
ca tras tirios años qne están marcados por vecinos porque siente como ningún otro

— IB —
la empresa común ante la cnal es preciso (1243) reconquistada por el infame Don
deponer todas las cuestiones en busca de Alfonso, el futnro Rey Sabio, con ayuda de
una eficacia real contra el enemigo que no las tropas aragonesas de sn yerno el rey
es otro que el musulmán. Por ello h« he­ Jaime, quedará en la posesión de Casti­
cho el fírme propósito de no combatir lla que desde el puerto de Biar, en Ali­
contra un rey cristiano y lo cumple a pe­ cante, hace suya en exclusiva la tarea de
sar de loa momentos difíciles que le crea hacer cristianas las tierras del sur. Un
su propio padre. Es el rey que percibe cla­ ejemplo más de esa sensatez que paree*
ramente el carácter de cruzada de esa gue­ presidir la historia de esta centuria. La ac­
rra secular de los españoles contra la mo­ titud posterior de los aragoneses no pue­
risma y por ello responde sabiamente cun de ser más noble. Cuando los moros de
una negativa a la llamada de su primo San Murcia, pasados unos años, se levante®
Luis cuando éste le solicita para bus ex­ contra el rey castellano, serán la9 tropas
pediciones al Oriente. «Bastantes infie­ de Jaime el Conquistador las que dominen
les tiene él en bu reino» contra los que la situación, realizando la verdadera con­
emprenderá la campaña más bella de nues­ quista para devolver, según lo pactado, la
tra Edad Media en lo territorial. plaza al rey castellano.
Descendiendo a través de los fuertes Porque también Aragón y Cataluña van
paredones de Despeñaperros y sierra Mo­ a realizar en esta centuria y en la siguien­
rena hasta llegar al ancho valle del Gua­ te una obra histórica de gran alcance. El
dalquivir, el Rey Santo ira haciendo suyas paralelo de Jaime I y Femando III ei
las ciudades y las tierras de Córdoba obligado, dejando de lado conductas y
(1236), Jaén (1246) y Sevilla (1248) ante hechos personales. Los dos comienzan su
la que despliega los primeros barcos de la reinado en edad temprana, y bus prime­
escuadra dn Castilla, de esa Castilla que ros años son difíciles y duros, en manos
había llegado, como dice la Crónica «de de deudos y ambiciosos. Pero también
mar a mar», desde el Cantábrico al Atlán­ ambos ton pronto como tengan en sus ma­
tico. Y aun piensa en llevar sus armas a
nos el poder serán reyes enérgicos, poseí­
Africa, mostrando a sus sucesores nn ca­
dos de su misión que van a realizar de una
mino geográfico que nunca debieron ol­
vidar porque eu él estaba la garantía de forma espléndida. Mientras Castilla se ex­
España. Y al paso de estas armas va na­ tiende por Andalucía y Murcia, Jaime lle­
ciendo el habla de Castilla y repoblándo­ vará a los aragoneses y catalanes a través
se estas lujuriantes tierras del snr con los de las tierras al sur del Ebro hasta con­
duros hombres de la meseta que se que­ quistar Valencia por los mismos añoi,
darán aquí para siempre encantados por (1238), en que San Fernando hacía suya
el murmullo de tantas cosas que forman Córdoba. También aquí se llevará a cabo
el secreto de los paisajes cuya pérdida una gran obra de repoblación a base de
habían de llorar durante siglos los musul­ catalanes y aragoneses que deja teñida la
manes. conquista de influencias humanas, lin­
Pero además, la tendencia castellana a güísticas y culturales. Desde Jaime el
dominar el este de la península tiene eu Conquistador, Valencia constituirá nn rei­
este reinado el capítulo final representa­ no más de esa monarquía poderosa que un
do por la nonqnista de Murcia. A lo lar­ día se unirá a los reinos de la meseta.
go de la Edad Media, los reinos de Aragón Pero aun hace más el Conquistador. Li­
y Castilla han firmado una serie de trata­ quida la expansión catalana más allá del
dos — Tudellén (1151), Cazóla (1179)— Pirineo con el Tratado de Corbeil (1258)
en Iob que se delimitaba la pertenencia de para dejar su reino cerrado en el parén­
las tierras musulmanas por conquistar. tesis de dos pactos, Almizra-CorbeiL, y
Fernando HE suscribirá con Jaime I de lanzarse decididamente por los camino*
Aragón el de AlmizTa (1244) por el que se del mar. Con él comienza la expansión
fijan loa límitce de ambos reinos. Murcia catalanoaragoneaa por el Mediterráneo,

— 18 —
A V i l a .
Son Isidoro (León).
Monasterio de Santas Creus (Tarragona).
La Casa del Cordón (Burgos).
que sus sucesores concluirán sin desma­ española posterior por estas latitudes. Y
yos. asi es. Cuando a comienzos del siglo XVI
Lo» sucesores de Fernando y Jaime, en España b« lanza a la rosa de los vientos de
la segunda mitad del siglo, seguirán dis­ su acción en el mundo, la dirección medi­
tintos derroteros. Alfonso el Sabio divi­ terráneo-italiana y por ende hacia Europa,
dirá su actividad en d o s: la cultura y la vendrá marcada por estas conquistas de
política. Ed la primera dejará una eBtela los monarcas de la casa de Aragón y esta
profunda, mientras en la segunda, concre­ conjunto de intereses e influencias que se
tada en las ambiciones del Imperio, úni­ crearon durante estos siglos medios.
camente le acarreará sinsabores y fraca­ España en la Edad Media no sólo rea­
sos. El «fecho del Imperio» fné la causa lizó la ingente tarea de la Reconquista,
del divorcio con ras súbditos, el abando­ sino que estuvo presente en el movimiento
no de la reconquista, y la amargura del comercial y político que tiene por esce­
viejo rey que por soñar demasiado tuvo un nario el Mediterráneo y que a partir del
día que mendigar la hospitalidad de sus siglo VI adquiere una importancia funda­
propias ciudades, levantadas contra él por mental en Europa. Las Cruzadas, y el
su hijo Sancho. Había demasiada doctri­ choque —fatal para ambos— del Pontifi­
na en su Código de las Siete Partidas, que cado y el Imperio hacen que este mar in­
no podía ser asimilado todavía por los terior de Europa recobre todo su valor y
castellanos. Tan sólo nos queda en su ha­ con él se Bituen en primer plano los pulsea
ber de la reconquista, los nombres de ribereños del Imperio, islas y penínsulas
Niebla, Cádiz, Jerez y algunos otros al que se convierten en centro de interés y
sur de Sevilla. Con San Fernando y Jaime escenario de luchas por lina hegemonía
el Conquistador, había terminado la gran que llevaba implícita riqueza e influen­
etapa de las cabalgadas por tierra de mo­ cias. La Corona de Aragón que ha cum­
ros. Pero con todo, el siglo X III había plido su papel de reino de la reconquista
contemplado la obra de reyes guerreros arrebatando al musulmán las tierraB del
juutu a m onarcas de fina sensibilidad cu l­ sur que caían dentro de su esfera, a la
tural. vez que realizaba una política ultrapire­
naica tendente a la creación de una na­
cionalidad que comprendiera los países a
VII un lado y a otro de ln gran cordillera, al
llegar el siglo X n i se ve frenada por sus
EXPANSION CATALANO ARAGON ESA vecinos en estas tendencias. Por un lado,
POR EL MEDITERRANEO Castilla que se irroga el papel único en la
futura reconquista, a partir de Murcia;
Es curioso que para muchos españoles v, por el otro, Francia que se ha lanzado
la idea de la salida al mar de España está decididamente hacia el sur y que hace su­
unida al descubrimiento de América y a la yas las tierras del Pirineo, liquidando, de
fecha de 1492. Unicamente el capítulo At­ hecho, esa tendencia española. Pero queda
lántico está presente en la conciencia de el mar enfrente, que por otra parte siem­
muchos cuando la verdad es que algunos pre hubiera atraído a la rica burguesía
siglos antes los españoles realizaron por el catalana con una decidida vocación por
Mediterráneo una acción larga, bella y estos derroteros. Y es ahora cuando da co­
profunda. En efecto, el reino de Aragón, mienzo ese capítulo largo y lleno de inte­
con sus dos grandes zonas, Cataluña y rés que se le llama la expansión catalana
Aragón, llevó a cabo a lo largo de dos si­ por el Mediterráneo.
glos por las tierras del Mediterráneo una Si nos detenemos unos instantes a con­
empresa en el más amplio sentido de la templar el escenario, el mar azul que fes­
palabra por cuanto supuso guerras, inte­ tonea las costas meridionales de Europa,
reses comerciales, huella cultural y, en lo primero que se uos aparece es un carác­
definitiva, comienzo de la gran política ter de vado, interrumpido aquí y allá do

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islas y tierras que permiten cruzarlo a los hechos posteriores. Luego se incorpo­
«altos, de una en otra. Esto tiene para rarán las demás islas. Menorca en 1231 e
nosotros un gran interés porque a6Í se rea­ Ibiza en 1235. Pero cuando muera Jaime
lizará la expansión que relatamos. No el Conquistador, estas tierras pasarán a
hay romo en los grandes océanos distan­ formar un reino independiente para su se­
cias en el sentido colosal de la palabra. gundo hijo Jaime, empezando asi ese pro­
En el Mediterráneo todas las tierras son ceso de segregación a que nos hemos re­
vecinas y 6e mueven siempre en el mismo ferido antes. Señalamos también que en la
uiuudo de iutercses e ideas; su proximi­ lueule del Conquistador estuvo presente
dad hace que eu dominio tenga que ser el viejo sueño europeo de las Cruzadas
siempre por fuerza el choque con otros y un día salió de las costas catalanas ca­
vecinos que también se sienten llamados mino de Jerusalén, pero el mar y lo gasta­
a eu conquista. De esta manera, Jaime el do de la idea sin eco y ya en los corazones
Conquistador, Pedro D I, Jaime II y los occidentales le detuvieron.
demás reyes de Aragón y Cataluña irán El camino estaba trazado y será su hijo
saltando de piedra en piedra —de isla en Pedro III el Grande el que lleve a cabo
isla— hasta asentar su poderío sobre to­ la segunda y más importante etapa de este
das las riberas de este mar. Y aún otra proceso histórico. Muchas cosas habían
cosa. A lo largo de estos siglos podremos ocurrido en Europa cuyas consecuencias se
ver dos momentos claramente diferencia­ iban a reflejar eu España. El Sacro Impe­
dos. Uno primero en que se siembran in­ rio Romano Germánico, detentado por los
tereses en forma de estados con príncipes Staufen, ha caído vencido en la persona
de la Casa Aragonesa, pero dueños de eos de su emperador Federico, y las tierras del
destinos; y nna segunda etapa en que se sur de Italia. Sicilia y Ñapóles que domi­
recogen esos intereses, incorporando ple­ naron estos emperadores como el último
namente estas tierras a la propia corona florón luminoso de su gran creación 6on
que les dió vida. Es una realización per­ ahora manzana de las discordias de reyes
fecta que tiene como fruto a fines del si* y pueblos. Al Mediterráneo también se
glo X V una poderosa monarquía exten­ asoma Francia, representada por la Casa
dida en la península y a todo lo ancho de de Anjou que se apoya eu el Pouliíicado
las aguas del Mediterráneo, con nna vo­ para crearse un dominio en Italia. Pe­
cación marcada por todos los problemas dro III está unido a los Staufen por la
que tengan alguna referencia con este mar persona de su esposa Constanza, sobrina
y sus tierras ribereñas. Tal vez loe hechos de Federico y así cuando caigan los últi­
posteriores, la gran empresa española en mos representantes de esta familia, el rey
Indias, hayan apagado un poco el valor aragonés heredará los intereses en Italia.
de estas gesta», pero imborrablemente El duelo está planteado: monarquía ara­
tienen en sí un mérito y una trascenden­ gonesa contra CaBa de Anjou que contará
cia que no debemos olvidar. siempre con el Papa. Los hechos van a ser
Comienza el reinado de Jaime I con la rápidos y decisivos. La superioridad de la
conquista de Baleares. La marina y el co­ marina catalana vencerá una y otra ves
mercio de Cataluña empajan al animoso a su rival por aquello de que quien domi­
rey que en 1229 se lanza sobre las islas ne el mar será dueño de la tierra. Un día
próximas. La técnica naval y el entusias­ los sicilianos puestos bajo el dominio de
mo de Jas gentes realizarán lo demás. Una los Anjou por el Papa se levantan en las
batalla victoriosa al desembarcar y un lar­ Vísperas Sicilianas (1282) y llaman a Pe­
go sitio de la capital, Palma, que, al fin, dro que acude y vence. Son los años del
cae en manos del rey. Las tierras conquis­ gran almirante Roger de Lauria. La supe­
tadas serón repartidas entre los catalanes rioridad es siempre catalana. La respuesta
que han sido los principales colaboradores, de los enemigos no puede ser más fuerte.
con lo que se establecerá un enclave lin­ El reino de Aragón es puesto en entredi­
güístico y humano que pesará mucho en cho, su rey excomulgado y los franceses

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apoyados en estas armas espirituales se za, son encumbrados por el emperador
lanzan sobre Cataluña. Pero el rey y 6us v suscitan los celos de los príncipes y dig­
vasallos responden espléndidamente y la natarios que un día se deciden a emplear
amenaza es rechazada no sin momentos ni arma del asesinato para librarse de sus
de gran dificultad. Gerona será la clave molestos vecinos. Entonces, aquellos hom­
y cou ella la derrota de los franceses. La bres enloquecidos, al grito de venganza ca­
acción en el mar continuará. Los catala­ talana se hacen dueños de tierras que
nes no se irán de Sicilia y desde alnora mantienen en feroz independencia duran­
junto a la guerra estarán las conversacio­ te varias décadas, formando así un domi­
nes y los tratados con Francia y el Pa­ nio en el corazón de Grecia uno de cuyos
pado que tratan de compensar a los mo­ centros será la vieja Atenas. Y estos cata­
narcas aragoneses con vistas a un arreglo. lanes durante muchos años, como dice un
Los hijos de Pedro el Grande, Alfonso m historiador, «hacían esta cosa milagrosa:
v Jaime II repetirán las mismas situacio­ oían misa eu el Fnrtenón. Palas Atenea
nes. Cuando lleguen al truuo dejarán en ¿c había convertido en la Virgen Ma­
Sicilia a su hermano r dialogarán cou el ría».
Pontificado para concluir la guerra. El Los hechos siguen. Luchas en Córcega y
nno ajustará la Paz de Tarascón (1291) por Cerdeña donde se desgasta esta monar­
la qne promete convencer a su familia del quía. Por último, la llegada al trono de
abandono de la isla. Es no más que una Pedro IV el Ceremonioso (1336-1387) que
tregua. Jaime II cuando llega al trono de incorporará, de una forma n otra, todas
Aragón, después de su reinado en Sicilia, estas monarquías al tronco de donde sa­
volverá a los tratados con los enemigos. lieron. Más tarde, ya con los Trastamaras,
En la isla ha quedado sn hermano Federico Nápolcs será tambicn conquistado por Al­
que se identifica con los intereses locales. fonso V.
Jaime II suscribirá el Tratado de Anag- Pero no se trata tan sólo del ruido de
ni (1295) por el que, a cambio de luchar las armas. Por todas estas tierras correrá
contra su hermano Federico, Tecihía la por estos mismos años la sangre de la cul­
investidura de Córcega y Cerdeña — nue­ tora catalana, en forma de consulados del
vas piedras del vado—. que de esta manera mar, viajeros místicos, como R a m ó n
entran en la órbita de Aragón. La lucha Lluch, Arnaldo de Vilanova, libros y ma­
entre los hermanos carece de nervio por pas que marcan ana profunda huella. Este
parte del rey aragonés, que es vencido has­ fué el eco de la expansión catalanoara-
ta que se llega por todos los contendientes, gonesa por el Mediterráneo.
Pontífice, Anjou, rey de Aragón y rey de
Sicilia al Tratado de Caltabellotn (1302)
por el que queda reconocido Federico co­ VIII
mo rey de Sicilia. La constancia y la pe­
ricia han dado el triunfo a estos hijos de LOS REINOS DE LEON Y CASTILLA
Jaime el Conquistador. DURANTE LA RECONQUISTA
A partir de este momento se inicia el ca­
pítulo más novelesco y emotivo de este Hemos visto ya en capítulos anteriores
viaje histórico de los catalanes por el Me­ los aspectos más característicos de la Edad
diterráneo. Las tropas desocupadas de Si­ Media española tanto en lo que se refiere
cilia, Ion duros almogávares cuya fama se a movimiento de población, instituciones,
hace eco por todas las tierras de este mar, batallas más significativas, reconquista de
son Domados al Oriente por el emperador las grandes ciudades, etc., y corresponde
bizantino Andrónico Paleologo (1203). Allí ahora presentar la evolución de las mo­
vencen de nnevo a los enemigos del Im ­ narquías que conviven en este periodo en
perio, los turcos, y constituyen la única el suelo de España. De esta manera que­
fuerza efectiva hasta el punto de que sns dará más claro su desarrollo hasta el mo­
jefes, Roger de Flor, Berenguer de Enten- mento final de la unificación.

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El reino de León e9 el Heredero directo ración, como Cartilla y Portugal. Pero
de la primitiva monarquía asturiana que cuando el califato se destruye para saltar
realiza durante los siglos VIII y IX una en pedazos los reinos de taifas, las his­
notable obra de expansión por Galicia, toria tomará un signo positivo para Ids
Cantabria, y tierras del norte del Duero. reines cristianos. El reinado de Alfonso ▼
Corresponde e9te período a los reinados en León es una época de gran importan­
meritorios de Alfonso I, que comienza a cia en la obra legislativa (Fuero de León
descender de la montaña al llano, para 1017). Sin embargo, entonces se va a pro­
verse interrumpida esta expansión por el ducir un hecho de las mayores consecuen­
coutralaque musulmán de los grandes cias. Ha nacido Castilla.
emires cordobeses, en especial de Abd- Al este del reino de León, en las ribe­
al-Raman I. Años difíciles vienen luego ras del Ebro y norte de Burgos, en abo­
para esla incipiente monarquía encerrado* que diario con loe ejércitos cordobeses que
bajo la leyenda de unos reyes tristes y buscaban esta vía para su penetración en
desgraciados, Fruela, Silo, Aurelio, Ber- el norte de la península, aparece al me­
mudo I para brillar de nuevo bajo el do­ diar el siglo IX un territorio fronterizo
minio de Alfonso U y Alfonso 111. Ha pa­ de hombres audaces, pequeños propieta­
sado la tormenta que descargaba desde el rios libres, con un derecho consuetudina­
sur y Be reanuda la marcha recouquisla- rio rebelde a toda legislación y un mar­
dora. Pero al llegar el siglo X los hijos de cado espíritu antileonés. Esta es Castilla,
Alfonso III se reparten el reino y enton- cuyos orígenes están sembrados de leyen­
oes, año 910, aparece con caracteres pro­ das que la historia va interpretando. No­
pios el reino de León, separado de los de tamos las primeros brote* de rebeldía a
Asturias y Galicia. Este siglo X representa comienzos del siglo X, en el reinado de
para la nueva monarquía otro momento Ordoño II de León, quien se ve obligado
de gran peligro. En Córdoba, el Islam es­ a apresar a tres condes castellanos. En rea­
pañol llega a su cumbre política. Apare­ lidad Castilla como núcleo propio de re­
cen los terribles debeladores de la España conquista no surge hasta los tiempos del
cristiana, Abd-al-Raman III y Almanzor, conde Fernand-González, hábil político
que golpearán insistentemente las fortale­ que sabe aprovechar todas las oportuni­
zas del norte. No obstante estas luchas y dades de sus enemigos a la vez que se de­
estos peligros, la población se ve incre­ fiende contra los musulmanes. Consigne
mentada por la llegada de grandes masas de Ramiro II la investidura de los distin­
de mozárabes. También esta monarquía tos condados que formaban el territorio y
leonesa, que corrobora la conciencia de se titula comes totius C.aslelle. Tras va­
continuidad con respecto al reino visigodo rias peripecias, que han dejado so huella
de Toledo que tuvo Asturias, continúa en los romances, consigue transmitir a ni
afirmando su poder teórico sobre los de­ hijo el condado engrandecido e inamovi­
más reinos peninsulares, hasta plasmar ble, aunque no independiente. Vienen lue­
tiempos después con el título de empera­ go varios condes embellecidos también por
dor que se darán sus reyes. la poesía hasta que el último de elloe, el
Al peligro exterior que representan los infante García, muere en I^nn asesinado
ataques musulmanes se añaden las luchas el día de sus bodas, pasando el condado
intestinas entre los pretendientes al trono, a manos del rey de Navarra Sancho III el
hijos de reyes que se disputan ferozmente Mayor, para a su muerte, ser heredado por
con la intervención de tropas cordobesas, su hijo Fernando I titulado va rey de Cas­
el trono de sus antecesores. Así Sancho y tilla. Desde este momento el eje de la re­
Alfonso IV, Ordoño III y su hermano conquista en la meseta será Castilla que
Sancho I el Craso. Es entonces cuando los pronto, en el mismo reinado de su pri­
territorios más apartados del centro de la mer monarca, se anexiona a León, consti­
monarquía empiey.an a forjar los antago­ tuyendo una poderosa monarquía que ex­
nismos que les llevarán un día a la sepa­ tiende sus límites más allá del Duero y

— Í0 —
hasta \ iseo, Lunago y Coimbra e presionada por los reyes vecinos. Faces,
inicia sn tendencia a abrirse hacia Levan* luchas, alianzas, y contralianzas con los
te como lo pmeba las campadas del mis­ otros reyes peninsulares resulta la cons­
mo Fernando 1 contra Valencia. Interior­ tante política de estos reyes a la vez que
mente sa va institucionando y enriquecien­ van extendiendo b u s dominios sobre las
do de contenido hustu culminar poco tierras de Extremadura con la conquista
tiempo después en eso titulación imperial de Alcántara, Cáceres, Badajoz, etc., rea­
a qne antea no* hemos referido. lizando en lo interno una notable obra le­
Muerto Fernando I (1050), viene un pe­ gislativa.
ríodo de lachas entre sus hijos que ha de* Por su parte, Castilla en este período va
jado una estela profunda en el romancero a tener en su trono un gran monarca, Al­
(romances del rey don Sancho, del cerco fonso VIII, el derrotado en Alarcos, pero
de Zamora, del desafío del Cid, etc.) que vencedor en las Navas de Tolosa, con el
se termina con la llegada al trono de Al­ que llega hasta los límites de Andalucía,
fonso VI, el conquistador de Toledo, ciu­ dejando ubi las tierras de la Mancha en po­
dad que un día le sirvió de refugio eu su der de cristianos. Al fin j para siempre,
destierro. Con Alfonso VI de Castilla y Castilla y León se unen en la persona de
León llegan al Tajo a la vez que el mejor Femando III el Santo, de cuya obra ge­
caballero de Castilla, el Cid Campeador, nial ya se habló anteriormente (E l siglo
enemistado con su rey, lleva sus armas KIII, plenitud de la Reconquista).
hasta Valencia. Estamos en uno de los Su hijo y sucesor, Alfonso X el Sabio, es
grandes momentos de la Reconquista: la una figura eumbre de nuestra historia tan­
España de Alfonso VI 7 del Cid. Los reinos to por lo que soñó —ambición a coronarse
andaluces pagan tributo al poderoso señor emperador del Sacro Imperio Románi­
de Toledo y uu díu aterrorizados aule uu co— y fracasó, como por su valor literario
inminente ruina llaman a sua hermanos de y jurídico. La España de Alfonso X el Sa­
Africn, loa almohades, que vendrán a pe­ bio es una de las épocas más bellas de
lear en Zalaca y T'clés contra el poderoso nuestro pasado, inquieta, abierta a todos
rey cristiano. los horizontes de la cultura, que transmi­
Luego del calamitoso paréntesis de la te a Europa desde su Escuela de Traduc­
hija de Alfonso VI, doña Urraca y su ma­ tores de Toledo todo el saber griego y
trimonio con Alfonso I de Aragón, llega oriental acumulado por las largas corre­
al trono de León y Castilla otro Alfonso, rías de los musulmanes 7 que estos depo­
el VII, que extiende su influencia entre to­ sitaron en España. Si es verdad que eu es­
dos loa reinos de la península (Imperator te momento ee detiene la Reconquista no
Totiw» ffispanae) y lleva sus armas a tra­ lo es menos que España comienza a mar­
vés de Andalucía hasta Almería para ter­ char con pa*o seguro por los caminos de
minar con él noto hegemonía representada la cultura y de la influencia en el mundo.
per loe reinos centrales. A su muerte van Los sucesores del soñador Alfonso tie­
a separarse otra vez León j Castilla para nen planteado ante si, aparte de luchas
vivir así cerca de un siglo hasta su defi­ intestinas (infantes de la Cerda contra
nitiva unidad eu 1230. Sancho IV, minoridad de Alfonso XI), el
Los monarcas privativos de León hasta problema del Estrecho, la puerta de Afri­
esto período son Femando II y Alfonso ca, amenaza de España. Irán cayendo en
IX que realizan una importante obra de manos cristianas, para conservarse o per­
reconquista en Extremadura a la vez que derse luego, Tarifa, Gibraltar, etc. hasta
libran una ininterrumpida batalla militar que un rey, Alfonso X I, legislador y gue­
y diplomática con los reinos vecinos de rrero, cierre la puerta definitivamente en
Portugal y Castilla, ya que las fronteras la batalla del Salado (1340) para ir a mo­
nunca estuvieron delimitadas claramente y rir frente a los muros de Gibraltar.
la monarquía leonesa, situada en una faja Tras el enloquecido reinado de Pedro I,
continua en el centro de la meseta, se veía cuando loa bandos en lucha traen a las

— 21 —
tierras de Castilla mesnadas extranjeras hasta INájera, ocupando gran parte de la
para dirimir s u b pleitos —Bellrán Dugues- Rioja y amenazando Tudela. Soporta bien
clín y el Príncipe Negro —llega al trono los caviles de Abd-al-Rahman III en Val-
la dinastía de loa Trastamaras con sus re­ dejunquera y Pamplona y cuando llogun
yes Enriques y Juanes, sucesivamente, en los tiempos de Almanzor, eu el terrible
cuyo tiempo, entre luchas internas y re­ siglo X, sabrá realizar nna buena pnlítira
beldías de la nobleza se va terminando la de amistad para quedar libre de las cam­
Edad Media. Hábiles políticos unos, dé­ pañas del caudillo musulmán. En el siglo
biles reyes otros, en su haber tienen triun­ XI, entre los años 1000 y 1035, alcanza su
fos y fracasos. Juan I quiere anexionarse momento cumbre, el que representa el rei-
Portugal, y es derrotado en Aljubarrota uado de Sancho el Mayor que tuvo en sus
(1385) iniciándose así la ilusión de Por­ manos la unidad de los reinos de la Re­
tugal unido. Con Enrique III, Africa y conquista. Además, también ahora, por el
Canarias entran en el ámbito de España. portillo de Navarra, van a entrar en Es­
El caballero Bethencourt llevará bajo el paña notables influencias ultrapirenaica
vasallaje de Enrique de Castilla a las is­ representadas por loe monjes cluniacenses
las Afortunadas que serán un día futuro con el rito romano, el cambio de letra ea
las últimas piedras del vado para saltar la escritura nacional y tantas cosas más.
a América. Por último, en los reinos de Pero este tiempo áureo para Navarra
Juan II y Enrique IV son el ejemplo de terminó con la muerte de su rey. Después
reyes dcbiles con la sombra de las privan­ fuertemente presionado por sus dos pode­
zas (don Alvaro de Luna) qne merman la
rosos vecinos Aragón y Castilla que le
autoridad de la monarquía hasta preci­
cierran el paso de la Reconquista hacia el
pitarla en una ruina total de la que la sur, sólo merced a una inteligente polí­
sacarán, titánicamente, los últimos reyes tica pudo conservar su independencia en
de la Edad Media y los primeros de la un equilibrio difícil entre Francia y Es­
Edad Moderna, Fernando e Isabel.
paña. En el año 1076 al ser despeñado ra
rey Sancho por sus hermanos se incorpo­
ra a Aragón, para recobrar su indepen­
dencia en 1134 con García Ramírez, qne
IX
inicia una nneva y gloriosa etapa de histo­
ria. Entre bus reyes posteriores sobresale
NAVARRA. ARAGON Y CATALUÑA Sancho VII el Fnerte, de vida iuquieta,
DURANTE LA RECONQUISTA
viajero, con airea de personaje de novela,
que un día marcha a Africa al servicio
Paralelamente a lo que se ha visto en de loa musulmanes y otro se encierra vo­
el capítulo anterior sobre los reinos de la luntariamente en Tudela, ausencias que
meseta, vamos a considerar ahora a gran­ fueron aprovechadas por Alfonso VIII de
des rasgos el desarrollo de las monarquías Castilla para arrebatarle parta de su te­
orientales durante la Edad Media. Sabe­ rritorio —Alava y Guipúzcoa— y recortar
mos ya que de la multitud de núcleos apa- aún más los limites de Navarra. Es este
reridns a lo lnrgo del Pirineo quedaron, mismo Sancho VTI el Fuerte el que com­
tras un proceso de anexiones y ampliacio­ bate bravamente en las Nava» de Tolosa
nes, los de Navarra, Aragón y Cataluña, en alianza con el rey castellano a In vez
cuyos orígenes también lian sido conside­ qne haría vasallos suyos a algunos señores
rados ya. del otro lado del Pirineo. Pero el destino
La monarquía de Navarra— en realidad, de Navarra había de sufrir muchas vici­
monarquía de Pamplona hasta el siglo situdes en la Edad Media. En 1234 pasa
XII—surgida alrededor de la ciadad que le el trono a la Casa de Chamapaüa en la
da nombre y por el esfuerzo de la lamilla persona de Teobaldo I y más tarde se in­
de loa Arista, inicia con Sancho Garcés I corpora a Francia por matrimonio de su
ana nueva dinastía que amplía el territorio reina Juana con el rey Felipe I y así per-

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niunrcc hasta que otra reina, Juana II, re­ narca Ramiro I, este reino montañé* se
cupera la personalidad independiente del lanza a la conquista dpi valle del Ebro.
rrino ni contraer matrimonio con Felipe Sancho Ramírez y Pedro I hacen suyas
de Evrcux. Nos encontramos ya en la ba.ia Graus, Monzón, Huesca (1096) y Barbastro
Edad Media y el rey de Navarra Carlos II, v llegan hasta cerca de Zaragoza, ciudad
monarca violento, iracundo, de fuerte per­ que hará cristiana Alfonso I el Batalla­
sonalidad, juega un gran papel en Francia dor quien domina también ambas orillas
durante la guerra de los Cien Años. Esle del Ebro y deja constituida así la base de
rev turbulento y viajero aspira a incorpo­ lo que será el territorio aragonés. A b u
rarse Ins tierras limítrofes de Navarra en muerte, sobreviene para la monarquía un
Francia y por ello busca las alianzas con momento difícil por las tendencias am­
Inglaterra y los reinos peninsulares. Pri­ biciosas de Alfonso VII de Castilla, pero
sionero unas veces, árbitro do la política sabrá en su día librarse de este vasallaje
en el vecino país otras, sn reinado repre­ gracias a 6U fuerte personalidad. Por otra
senta un cuadro de azares e inquietudes parte realizará la unidad con Cataluña
muy de eu época. En su tiempo, los nava­ para constituir un sólido bloque que se
rros al mando dol infante Luía, hermano extenderá por el sur de Francia, por el
del rey, lnchan en Albania y Gracia, don­ Mediterráneo y por las tierras musulma­
de fundan nn dominio qne se mantuvo nas del sur.
hasta 1402. Cataluña, hasta la unidad con Aragón,
Como contraste violento, el reinado de tiene también una historia apasionante.
su hijo, Carlos III, es un cuadro de paz, La Marca Hispánica fnndada por Carlo-
de equilibrio, de prestigio del monarca magno y sus sucesores empieza a mani­
ante quien acuden los otros reyes en bus­ festar pronto tendencias antifrancesas, y
ca de solución para sus conflictos. Es 8u b hombres, aprovechando la debilidad
un rey constructor, pacífico, buen orga­ de los reyes franceses, consiguen paulati­
nizador, en cuyo tiempo, sin embargo, namente su independencia, que .se per­
empiezan a dibujarse las luchas entre sonifica eu el cunde Viíredo el Velloso,
agramonteses y beaumonteses, que aeran que reúne bajo su gobierno los condados
la causa de la ruina posterior del reino. de Barcelona, Gerona, Ausona, Urgel, Be-
Los últimos años de la historia medieval salú y Cerdeña. A la vez, Cataluña no ha
de Navarra aon bien tristes. En ellos te­ olvidado la tarea de la Reconquista, y
nemos la figura delicada de sn reina doña Ramón Berenjruer III (1096-1131) llega
Blanca, esposa de Juan II de Aragón, jun­ hasta Tarragona y hace expediciones con­
to a la de su h ijo don Carlos de Viana, tra los piratas musulmanes del Medite­
personaje clave con su tragedia de los he­ rráneo. Kn tiempos de este conde tiene lu­
chos posteriores. Al fin, otra vez Navarra gar el abrazo de Aragón y Cataluña con
▼iene a caer en manos de una dinastía los esponsales de Petronila, hija de Ra­
ultrapirenaica, la de Albret, que difícil­ miro II el Monje, de Aragón, con el con­
mente podía preservar al reino de las ten­ de catalán (1137). El bijo de este matri­
dencias francesa y española en choque a monio, Alfonso II, hace efectiva esta
comienzos del siglo XVI. El año 1512, el anión e inicia las dos direcciones funda­
rey Fernando con las fuerzas castellanas mentales de la política catalanoaragone-
incorporará Navarra a la unidad de Es­ sa: hacia el norte —dominio e influen­
paña, dejando intactas sus instituciones cia en el sur de Francia— y hacia el sur,
que han perdurado entrañablemente guar­ labor reconquistado». En el primer capí­
dadas por sus hijos hasta nuestros días. tulo tenemos la entrada en la órbita del
Por su parte Aragón, con unos co­ monarca aragonés de los condados de
mienzos pobres y difíciles, muy pronto Provenza, Toloaa, Bearn, Bigurru, Car-
comienza a marchar con una fuerza que casona, etc., con lo que Cataluña se in­
le hará situarse rápidamente a la cabeza corpora a ese interesante mundo cultural
de la Reconquista. Desde su primer mo­ y se asoma a la llanura valenciana. Dea-
de ahora Castilla tendrá en Aragón un Juan II, últimos reyes privativos de Ara­
fuerte rival que le disputa las tierras de gón y Cataluña, van a llevar a cabo, en
España. Esta rivalidad estará señalada lo exterior y en lo interior, una obra me­
por una serie de tratados —Tndellen, Ca­ ritoria. Eli primero incorpora Nápolea, y
zóla, Almizra—■ entre ambos reino9. pa­ su figura se encierra ya en el marco del
ra delimitar las zonas de influencia y los Renacimiento; el segundo, con sus luchas
conLra su hijo, el principo de Viuua, y los
límites de las tierras por conquistar.
catalanes sublevados, va a ser un ejemplo
Con Pedro II, Aragón y Cataluña ven perfecto de los reyes de fines de la Edad
como se derrumba toda bu política ultra­ Media, ambiciosos, políticos, turbulen­
pirenaica. La herejía albigense ha turba­ tos, pero, a la vez, iniciadores con sus he­
do la vida de Provenza y feroces luchas chos de una nueva edad. Juan II de Ara­
detienen el renacimiento temprano de es­ gón, que un día vió a su reino arder en
ta región. El monarca aragonés, presente feroz lucha, cuyo centro era su propia
también en las Navas de Toloea (1212), persona, pudo contemplar, al fin, como el
acude en ayuda de m i s aliados del otro sol tras la tormenta, el matrimonio de su
lado del Pirineo, y en la batalla de Muret hijo Femando con la princesa Isabel. -La
(1214), encuentra la muerte y precipita historia de Aragón separada de los reinos
al reino en uua crisis gravísima. Su hijo peninsulares había terminado.
Jaime 1, niño aún, está en poder del ene­
migo, y cuando llega al trono tiene que
salvar los años de su minoría, su que ludo
parece venirse abajo. Pero cuando alcan­ X
za la mayoría de edad, su genio político
abre la más bella historia de la monar­ PROCESO DE UNIFICACION TERRI­
quía oriental. El paralelo de Jaime el TORIAL DURANTE LA
Conquistador y Femando III ya quedó
hecho en otro momento, así como el co­ RECONQUISTA
mienzo de la política naval de Cataluña
por el Mediterráneo. Con él, Aragón al­ Los ocho siglos que dura la lucha con­
canza los límites de eu expansión recon­ tra los musulmanes tienen, aparte de su
quistadora, y b u s sucesores, gTandes reyea finalidad concreta : la lucha contra el mu­
la mayoría de ellos, como Jaime II, van sulmán, el interés de un proceso paralelo
a culminar este proceso de engrandeci­ de fusión de reinos hasta llegar a la uni­
miento, no sólo en la península, sino fue­ dad territorial a fines del siglo X V con
ra de ella. Y es interesante señalar que, los Reyes Católicos, quedando únicamen­
a la vez que se realizaba esta expansión, te fuera de ella Portugal, que se incor­
los monarcas aragoneses tienen qne librar porará, aunque sea brevemente, a fines
una dura batalla interior contra la noble­ del siglo XVI, con el reinado de Feli­
za —privilegios de la Unión— que culmi­ pe II.
na a veces en luchas armadas, como laa Resulta sumamente difícil sintetizar en
qne Rostiene Pedro IV, quien da el gol­ pocas líneas esta marcha hacia la unidad,
pe definitivo en la batalla de Epila, para porque no sigue un ritmo ininterrumpi­
encaminar a la monarquía hacia un asen­ do, sino que, más bien, el espectáculo
tamiento y equilibrio que le permitirá consiste en un hacerse y deshacerse de
salvar las más difíciles coyunturas. En España. Reinos que se unen hasta formar
1410, cuando la soberanía aragonesa se una gran monarquía, que se fragmenta de
extiende basta Sicilia, y por lodo el occi­ cuero a la muerte de uno de sus monar­
dente del Mediterráneo, la muerte sin su­ cas, para volver a empezar las anexiones,
cesión de Martín I el Humano, motiva los matrimonios, etc., qun constituyen el
el Compromiso de Caspe, por el que se cañamazo de este proceso.
instala en el trono de Aragón Femando Si partimos de loe núcleos iniciales de
de Trastornara, cuyos hijos, Alfonso V y la Reconquista y loa reducimos a los fun-

— M —
dámenteles, nos encontramos con qne es­ de Castilla, Aragón y llega a dominar
ta síntesis territorial se va a realizar a en León. Pero, a su muerte, el hecho mas
cargo de León —primero, monarquía as­ notable de este proceso que venimos vien­
turiana—, Castilla, Navarra, Aragón y Ca­ do : esta masa territorial se fragmenta pa*
taluña. Forzando el esquema para una ra constituir los reinos de Navarra, Casti­
mayor claridad, diremos que ee forman lla, Aragón, Sobrarbe y Ribagorza. De
dos grandes zonas qne van a realizar pri­ nuevo, vuelta a empezar.
mero la fusión de los reinos integrantes Más al oriente, y posterior a estas fe­
de su ámbito para, en un hecho final, unir­ chas, Aragón y Cataluña, en 1137, por la
se a la vez ambas. Tendremos así la zona vía matrimonial, se unen para siempre.
central, que cuwieuza cou la monarquía Luego, constituidos asi estos dos grandes
asturiana, constituida dcspucs en monar­ bloques, Caslilla-Leóu y Aragón-Cata-
quía leonesa, de la que se separa Castilla luña, realizarán paralelamente 6U obra de
en el siglo X, para formar primero un reconquista con momentos de paz y gue­
condado independiente, elevado después rra entre ellos, hasta los últimos años del
a reino. Un nuevo núcleo, Portugal, Be siglo XV, en que, con la boda de Fernan­
separa en el siglo XII, para constituir un do e Isabel, se realizará la unidad en la
contrapeso en el oeste de la península. forma de una monarquía dual, que repre­
La unidad en la meseta se constituirá, senta la pervivencia de las formas institu­
pues, a base Je Leóu y Castilla, que pre­ cionales propias de cada uno de los
viamente han absorbido a Galicia y las reinos.
sonas limítrofes de su base geográfica. Veamos ahora las circunstancias escue­
Esta unidad, lograda a mediados del si­ tas de estos distintos momentos. El uaci-
glo X III, forma una de las dos colum­ miento de Castilla tiene lugar, en líneas
nas sobre las que 6e montará el arco de­ generales, en el 6Íglo X , sin descender a
finitivo de la unidad, a fines del siglo X V . pormenores de matices y fechas. F.n el si­
En el otro lado, encontramos un des­ glo siguiente, en 1029, Sancho el Mayor
arrollo paralelo cuyos factores son: Ara­ incorpora Castilla por matrimonio con
gón y Cataluña, que forman la otra co­ doña Mayor, hermana del último conde.
lumna del arco. En el centro queda Na­ A su muerte, como ya hemos dicho, el
varra, que si un día estuvo a punto de antiguo condado es elevado a reino de
lograr la unidad siendo ella el eje, des­ Castilla en la persona de su hijo Fernan­
pués ee anquilosa para vivir su vida pro­ do I. Este rey incorpora León a la muerte
pia y ser incorporada manu militari a co­ de Bermudo III, con cuya hermana, San­
mienzos del siglo XVI. Al igual que en la cha, estaba casado. Pero esta gran monar­
zona central, aquí los otros pequeños te­ quía vuelve a deshacerse, momentánea­
rritorios iniciales de la Reconquista, co­ mente, a la muerte de Fernando, origi­
mo Sobrarbe, Ribagorza, Pallás, etc., se nándose un período de luchas intestinas
sumieron pronto en las grandes monar­ entre sus hijos, que se resuelven con el
quías. triunfo de Alfonso VI, rey de Castilla y
En una línea resumidísima, las etapas León. Tras él surge otra vez la posibili­
de esle proceso son las eiguientes: la mo­ dad de la unidad, con el matrimonio de
narquía astur-leonesa, como centro ori­ Alfonso I el Batallador, de León, y doña
ginario del que se desgaja Castilla, y más Urraca, hija de Alfonso VI y reina de
tarde Portugal; un período de unidad de Castilla. Mas este enlace se convirtió en
León y Castilla, para separarse de nuevo un semillero de discordias y choques per­
en 1157 hasta su unión definitiva en 1230 sonales entre los cónyuges, haciendo in­
con Femando III el Santo. En el siglo XI, útil esta posibilidad. Tras el reinado de
el gran momento de Navarra, representa­ Alfonso VII de Castilla y León, una vez
do por el reinado de Sancho 111 el Ma­ más se separan ambos reinos para sub­
yor (1100 a 1135), que incorpora a su sistir así bajo el gobierno de reyes pro-
reino patrimonial Navarra, las tierras p i o s —Fernando II, Alfonso IX, en

— 25 —
León, y Sancho, Alfonso VIII y Enri­ actos de mayor sensatez política de la
que I, en Castilla— , llanta que, en la per­ Edad Media: el Compromiso de Caspe
sona de Fernando 111, se unen definitiva­ (1412). Vacante el trono de Aragón por
mente (1230). la muerte sin sucesión de Martín 1, en
Por el lado oriental, después He la cumplimiento del testamento de este rey,
se unen en Catpe compromisarios de Ara­
fragmentación de la monarquía de San­
gón, Cataluña y Valencia, y eligen por
cho el Mayor, viven independientes Na­
rey al infante castellano don Fernando de
varra y Aragón hasta 1076 en que los na­
Antequera, tío de Juan II de Castilla. Sua
varros, asesinado su rey, se incorporan
hijos, los infante* de Aragón, interven­
voluntariamente a Aragón, permanecien­
drán insistentemente en los asuntos de
do así hasta 1134, a la muerte de Alíou-
Castilla, marcando de este modo su ten­
so I el Batallador. Después, Navarra con­
dencia, que culminará con la llegada al
tinuará independientemente su historia trono de Aragón de uno de ellos, Juan II,
hasta 1512. verdadero artífice de la unidad, a través
Aragón y Cataluña dieron un paso tras­ del matrimonio de su hijo Fernando con
cendental en este camino el año 1137, con la princesa Isabel de Castilla. De esta
el matrimonio de Ramón Berenguer IV forma, penosamente, en lucha con la geo­
con Petronila, hija de Ramiro II, rey de grafía y con el temperamento español,
Aragón. Unidos así, realizarán una gran culminaba el proceso de unidad territorial
obra de reconquiste y de expansión por — quedando intactas las esencias genuinas
el Mediterráneo, sin perder ambas zonas y tradicionales de cada reino— a la vez
sus características propias. casi que terminaba el argumento central
En el siglo X V va a fraguar esta unidad de la Edad Media española : la lucha con­
territorial, aparte de la tendencia geo­ tra los musulmanes. En 1479 muere
gráfico natural y de los ideales subsisten­ Juan H, con lo que quedan reyes de Cas­
tes a lo largo de la Edad Media, por la tilla y Aragón Fernando e Isahel. Pocos
obra de una dinastía, los Trastamaras, con años después, en enero de 1492, las tro­
una enorme vocación unificado». Reyes pas de los Reyes Católicos entran en Gra­
de Castilla, una de sus ramas subirá al nada. Diríase la llegada a una cita histó­
trono de Aragón en virtud de uno de los rica con precisión casi matemática.
I N D I C E

PÁcs.

I. Comienzos de la Reconquista 3
O. Reconquista j repoblación ... 5
III. Cortas-pueblan y fueros ... ........ 7
IV. Las grandes batallas de la Reconquista. 9
V. La conquista de las grandes ciudades ■■■ 12
VI. El siglo XIII. Plenitnd de la Recon­
quista ........ 14
VII. Expansión catalanoaragoneaa por el Me­
diterráneo ............................................. 17
VIH. Los reinos de León y Castilla durante
la Reconquista .................................... 19
IX. Navarra, Aragón y Cataluña durante la
Reconquista .......................................... 22
X. Proceso de unión territorial dorante la
Reconquista ... ...................... ............. 24
TITULOS PUBLICADOS

N.° 1.—Vista, suerte y al loro. N.o 53.—La Marina Mercante.


N.° 2.—Fiestas y ferias de España. N.° 64.—Las «checas».
N.« 3.—Artesanía. N.® 55.—ES mar y la pesca.
N.° 4.—Los territorios españoles del Golfo N." 66.—Rosales.
de Guinea. N.® 67.—Hernán Cortés.
N.° S.—ES crucero «Baleares*. N.° 58.—Españoles en Argelia.
N.° e.—Palla., arañados y Albénlz. N.® 59.—Galicia y Asturias.
N.° 7.—Conquista por el terror, N.° 60.—Leyes fundamentales del Reino.
N.° 8.—España en los altares. (Tercera edición.)
N.® 9.—La gesta del Auto de los Leones. >í.® 61.—Medicina del Trabajo (2.» edición).
N.® 10.—EIx combatientes. N.® 62.—ES cante andaluz (2> edición).
N.® 11.—La batalla de Teruel, N.® 63.—Las Reales Academias.
N.® 12.—Vida y obra de Menéndez y Ptlayo. N.® 64.—Jaca C2.» edición).
N.® 13.—Residencias de verano. N.® 65.—José Antonio (2.® edición).
N.° 14.—Españoles esclavos en Rusia. N.® 66.—La Navidad en España <2.® edición).
N.® 15.—La batalla del Ebro. N.® 67.—Canarias (2.® edición).
N.® 1«.—cuma, suelo y agricultura. N.® 68.—ES bulo de los caramelos envene­
N.® 17.—Eliminad ns.
nados (2.® edición).
N.® 18.—La batalla de Brúñete.
N.° 19.—La Industrialización de Espafia. N.o 69.—Putas y caminos.
N.® 20.—La casa tradicional en España N ® 70.—Un año turbio.
N.° 21.—Ea general Y agüe. N.® 71.—Historia de la segunda República.
H.* 22.- -Museos. N.® 72.—Portuny.
N.° 23.—Oviedo, ciudad laureada. N.® 73.—Eli Santuario de Santa Maria de
N.® 24.— F r e n te dea S u r . la Cabeza <2.® edición).
M.° 25.—División Azul. N.® 74.—Mujeres de Espafia.
N.o 26.—Donoso Cortés (2.» edición}. N.« 75.—Vallado’Id (la ciudad más román­
S.* 27.—Regeneración del preso. tica de España).
N.® 28.—La «semana trágica» de Barcelona. N.® 76.—La Guinea Española.
N.® 29.—Calvo Sotedo (2.» edición). N.® 77.—El general Varela.
N.° 30.—Bordados y encajes (2.* edición). N.° 79.—Lucha contra el paro.
N.° 31.—Seis poetas contemporáneos. N.® 79.—Soria.
N* 32.—El general Mola (2.» edición). N.® 80—El aceite.
N.® 33.—Mapa gastronómico. N.® 81.—Eduardo de Hinojosa.
N.° 34.—Orellana, descubridor del Amazo­ N.® 82.—El Consejo Superior de Investigar
nas. clones Científicas.
N.o 35.—«Yo. el vina* (2 » edición). N.« 83.—El marqués de Comillas.
S.° 36.—E l te a tr o . N.® 84.—Pizarra.
N.® 37.—Víctor Pradera (2.» «lición). N.® 85.—Héroes españoles en Rusia.
N.® 38.—ES Alcázar no se rinde (2.» edición). N.° 88.—Jiménez de Quesada.
M.» 39.—Onésimo Redondo (2.» edición). N.® 87.—Extremadura.
X.® 40.—Ciudades de lana (2.® edición). N.® 88.—De la República al comunismo.
N.® 41.—Nuestro paisaje (2.® edición). (I y II cuadernos.)
N.® 42.—Fray Junípero Serra. N.® 89.—De CastUbi anco a Casas Viejas.
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N.“ 47.—Escritores asesinados por los rolos. N.o 94.—El Sáhara español.
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N.® 49.—El comunismo en España. paña.
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N.® 5 1.— N a v a r r a . N.® 97.—El Museo del Ejército.
N.® 62—Cataluña (2.» edición). N.® 98.—1898: Cuba y Filipinas.
H.“ 09.—Gremio» artesanos. N.« 185.—Rul2 de Alda
N.° 100.—La Milicia Universitaria. N.° 166.—Playas y puertos.
N.® 101.—Universidades gloriosas. N ® 167.—Béjar y sus paños.
N.“ loa.—Proyección cultural de Espolia. N.® 168—Pintores españoles (II).
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N.° 109.—Pintores españoles. N.® 175.—VlUamarttn,
N.” lio.—Primera guerra carlista. N.® 178.—Hl toro bravo.
N.® 111.—Secunda guerra carlista. N.° 177.—Lugares colombinos.
N.o 112.—Avicultura y Cunicultura. N.® 178.—Córdoba.
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Jón. N.° 184.—La Mancha.
N.° 118.—ToglUttl y los suyos en Eapaña. N.o 185.—Pedro de Alvaratío.
N.® 119.—Inventores españoles. N.° 186.—Calatañazor.
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N.® 122.—Revalorlzaclón del campo. N.® 189.—La novela española en la postgue­
N.® 123.—El traje regional. rra.
N.» 124.—Reales Fábricas. N.° 190.—Talavera de la Reina y su co­
N.® 125.—Devoción de España a la Virgen. marca.
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N.< 130.—La Medicina esaafitJl-a contempo­ extranjeros.
ránea. N.» 195.—VUdés Leal.
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N.» 149.—Figuras dei toreo. dos Unidos
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N.” 159.—La, Guardia ClvU. ra (I).
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N.° 161.—La Crua Roja. ra (II).
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N • 227—ra tabaco. N.° 245.—El valle de Salazar.
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