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Aproximación a los comportamientos caballerescos


artúricos
María Aurora GARCÍA RUIZ

En el presente trabajo exponemos una visión general de las actuaciones de los personajes de los poemas
novelescos de Chrétien de Troyes: Erec et Enide1, Cligès2, Le Chevalier au Lion (Yvain)3 (1177), Le Chevalier
de la Charrette ou Le Roman de Lancelot4 y Le Conte du Graal ou le roman de Perceval 5 (ca. 1177 y 1181) y
las obras francesas que componen el ciclo en prosa escrito entre 1215 y 1230 de la
conocida Vulgata6 constituida por Lancelot du Lac (Lanzarote en prose)7, La Quête du Saint-Graal8y La mort
le roi Artu9. Aunque son notables las diferencias (de estilo e índole, apuntada por Gustave Cohen y Jean
Frappier) entre la literatura francesa de la segunda mitad del siglo XII y la primera mitad del XIII, hemos podido
ver que existen unos códigos comunes a ambas que se gestaron en la antigua poesía lírica y que se
perfeccionaron en el siglo XII, concretamente, con los romans de Chrétien de Troyes. Ahora bien, dichos
códigos conductuales, referidos a un ámbito específico, el caballeresco artúrico, influyeron en la posterior
literatura en prosa.

De esta manera, ponemos en evidencia las actuaciones positivas elogiadas por el autor o por el resto de
personajes e imitadas por la sociedad caballeresca artúrica. Del mismo modo, incluimos los comportamientos
negativos que son propios de los personajes viles y carentes de virtud, actuaciones que son castigadas y
denostadas. La mayoría de estas conductas se repiten y se perpetúan en obras posteriores quedando
establecido un código aparentemente férreo, pero en el que existen transgresiones y excepciones a la norma.

En esta literatura referida al rey Arturo, se exaltan aquellos singulares personajes que tienen
comportamientos ejemplares para la vida caballeresca y una actitud social modélica. El paradigma del perfecto
caballero artúrico se construye a partir de un sofisticado entramado en el que entran en juego el respeto de
las leyes de la corte, el mantenimiento del orden jerárquico, la consecución de los deberes caballerescos, la
realización del protocolo amatorio y la ejecución de las obligaciones religiosas.

En este trabajo se hace referencia al código de conducta caballeresca artúrica desde una perspectiva
puramente literaria. Para sistematizar las normas de conducta y las leyes que componen este código es
necesario alejarse del concepto caballeresco asociado al de orden religioso-militar. Las normas aquí
compendiadas no están expresamente expuestas en las obras estudiadas, sino que se extraen de la lectura de
los diversos textos, de este modo, los autores de la materia artúrica transmiten con detalle el complicado
código10. En los textos doctrinales o literarios de la época no aparecen explícitamente expuestos todos los
preceptos que están obligados a cumplir los caballeros. Las leyes que rigen el mundo femenino, a veces,
coinciden con las del masculino y, otras, distan de él.

Existe un conjunto de normas tan conocidas y extendidas en las obras referidas a la caballería que se
transmiten de instructor a aprendiz en el reconocido oficio y que conforman el paradigma del perfecto caballero
artúrico:

1. Defender la orden de caballería.


2. Defender y respetar su religión y su fe.
3. Cumplir con los deberes feudovasalláticos.
4. Impartir y hacer justicia.
5. Batallar a enemigos, socorrer al clero y al indefenso.
6. Tener destreza en el manejo de la montura, de las armas, en la caza, en deportes caballerescos, en duelos y lides
judiciales y en la guerra.
7. Ser cortés, misericordioso, generoso y valiente.
8. Ser virtuoso, en cuanto a justo, sabio, caritativo, leal, veraz, humilde, fuerte y esperanzador, piadoso y compasivo.
9. Conservar y cuidar las propias tierras y los bienes, principalmente los que permiten el sustento de su oficio.

6La existencia de otras múltiples normas nos aboca a completar la anterior enumeración en la siguiente
clasificación en dos ámbitos:
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1) Humano:

 1.1. La inserción social del caballero (instrucción, educación del caballero, buenas maneras, etc.)
 1.2. Los sentimientos caballerescos (amor, pasión, vergüenza)
 1.3. La dimensión bélica (guerras, enfrentamientos, torneos...)

2) Divino y espiritual (religión y espiritualidad).

En la doctrina caballeresca existen unos mandamientos de obligado cumplimiento (los referidos a la milicia,
el respeto al monarca, al señor o al superior, la ayuda al indefenso, batallar al enemigo, luchar por la fe, etc.);
asimismo, otros tipos de condicionantes configuran el virtuosismo de aquellos que los practican (la
generosidad, la prudencia, la caridad, la equidad, la humildad, etc.). Finalmente, otros principios contribuyen
a acrecentar la cortesía del que los integra en su forma de actuar (el protocolo en el saludo, al tomar la palabra,
en la mesa, la discreción amorosa, el cuidado de la imagen física, etc.). Los patrones de conducta referidos no
surgen por casualidad, por el contario, nacen de una necesidad educacional y política. Los literatos escriben
con marcada voluntad didáctica, creando esmerados modelos caballerescos.

1. Ámbito humano
Vid. JohanHUIZINGA, El otoño de la Edad Media: estudios sobre la forma de la vida y del espíritu d (...)

En la ficción narrativa de las obras artúricas la sociedad en la que vive el caballero es la típica sociedad
estamental del Medievo. En primer lugar, en esta sociedad extremadamente jerarquizada es una norma
preceptiva que el caballero esté al servicio de su rey.El juramento de la caballería lleva asociado el de la
obediencia a los superiores y la obligatoriedad o acatamiento de las órdenes. Todos los personajes están
obligados a cumplir indispensablemente las órdenes reales. Dicha vinculación de servicio, en el caso de los
caballeros, se adquiere a través del juramento o acto de investidura que, a su vez, conlleva todo un ritual
procedimental cuya celebración también está sujeta a unas normas.La caballería11 exige un proceso de
evolución individual del caballero que termina con la mencionada investidura y se perfecciona con la
experiencia.

Jesús RODRÍGUEZ-VELASCO, El debate sobre la caballería en el siglo XV, ed. cit., p. 275.

La codificación literaria de la caballería artúrica está vinculada a diversos conceptos12: nobleza, gentileza,
linaje, justicia, lealtad, fidelidad, virtud, instrucción, deberes, obligaciones, comportamientos, normas, respeto,
fortaleza, disciplina, fe, etc. Estos conceptos están conectados entre sí y dan lugar a un complejo entramado
narrativo que promueven el ideal de perfecto cortesano, como hará, salvando las distancias geográficas, siglos
más tarde, Baltasar de Castiglione. En este sentido, el término nobleza es entendido en su pluralidad de
acepciones: como grupo social, como conjunto de valores y virtudes honrosas que se relacionan con las
obligaciones y actitudes conductuales de los pertenecientes a un estamento destacado.

De la lectura de los textos artúricos se deducen las virtudes de todo buen caballero y entre éstas destacan:
saber administrar justicia, obrar con equidad y derecho, buscar el equilibrio en la fuerza contra los enemigos
y practicar la delicadeza con el resto, lo que se va consiguiendo con la práctica y la edad.

Este mencionado código caballeresco artúrico está vivo y presente en cada uno de los personajes
caballerescos que velan por el cumplimiento de la justicia. Los protagonistas artúricos comparten
características comunes, como es el caso de la capacidad de creer en una fuerza superior, que le ayuda en
materia de amor, en la religiosidad que manifiesta y en la justicia que imparte, entre otros aspectos.

Es inevitable hacer referencia a la educación recibida por el caballero pues es de vital importancia el
aprendizaje de estas cualidades que se consolidan y convierten en virtudes con el paso del tiempo, ya que las
encontramos en los textos de Chrétien de Troyes y, como hemos comprobado, en textos posteriores. Al tratar
la educación, disposición e instrucción de los caballeros existen numerosos tratados que recogen múltiples
aspectos referidos a la caballería. En las obras de Chrétien de Troyes y en el resto del corpus analizado se
potencia el desarrollo moral, el intelectual y físico, las habilidades guerreras y las referidas a artes musicales,
pictóricas, etc. En su desarrollo evolutivo, la compañía o comitiva que rodea al héroe durante su instrucción,
desde la infancia, se convierte en modelode conductas de equilibrio, ecuanimidad y cortesía, requisitos
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imprescindibles para llegar a ser un buen caballero. Ocurre lo mismo con los personajes femeninos, pues el
carácter de las damas también está regido por férreos preceptos sazonados de buenos modales.

Sobre el simbolismo del rey Medieval, del rey Arturo en la Historia Brittaniae de Monmouth, vid. Ad (...)

En este campo la figura del mentor, maestro o instructor juega un papel clave en el aprendizaje de las
diferentes normas, en la interiorización de las leyes éticas caballerescas y en la lucha por el ascenso en el
escalafón guerrero, pero su papel es secundario para no restar protagonismo al futuro héroe que se ejercita
bajo su atenta supervisión en sencillas disciplinas que se irán complicando con la práctica. Normalmente, el
instructor suele ser un hombre de iglesia que suple a la figura paterna o bien otro caballero mayor que su
aprendiz que le enseña los trucos propios del oficio. Se entiende que todas las conductas necesarias para el
ejercicio de la caballería son asimiladas desde edad temprana, por tanto, el mayor éxito del maestro será
conseguir que su aprendiz logre perpetuar estas leyes y, finalmente, se convierta en el nuevo transmisor del
código, protegiendo su perpetuación. En esta literatura, el rey Arturo 14 es el modelo y excelso arquetipo de
todos los caballeros, él mismo se declara como maestro y padre de sus caballeros. Pero en determinadas
circunstancias es necesaria, además, la figura del consejero que, puede coincidir o no con la del maestro.
También es cierto que, en este aspecto, la figura femenina adquiere importancia como leal consejera de su
esposo.

Siguiendo con la enumeración de las normas caballerescas, destacamos ciertas cualidades inherentes a la
condición del caballero extraídas de la lectura de las citadas obras: discreción, decisión, valor, saber y voluntad.
Un caballero aprende a lo largo de su instrucción y de su errancia caballeresca a proteger al indefenso,
acompañar a las doncellas, liberar a prisioneros y cautivas, responder a la petición de un don−don en blanco
o don contraignant−, etc. En raras ocasiones asistimos al incumplimiento de estas últimas peticiones que
poseen validez en el ámbito intraliterario, pues su cumplimiento es intrínseco a la condición caballeresca.

Sobre este aspecto vid. Ana-MaríaHOLZBACHER, «Chrétien de Troyes et le thème de la recréantise», B (...)

La sociedad juzga a todo aquel individuo que osa incumplir las normas establecidas del mencionado código,
por lo que siempre prevalece la justicia para que el mecanismo social avance; el acatamiento de las normas
es reconocido por los que rodean al personaje con el galardón de la fama, el honor, la honra y con otro tipo
de bienes materiales. La fama o renombre es una meta individual que el caballero debe alcanzar a partir de
coherentes comportamientos, pero también es un deber porque el caballero tiene que conseguirla con su
esfuerzo, con sus buenas hazañas; la actitud contraria da lugar a la reprobable recréantisse que se manifiesta,
por ejemplo, en el libro titulado Erec et Enide de Chrétien de Troyes15.

Dentro del mencionado código de lealtad feudal un aspecto jurídico contempla los derechos de los vasallos
y la vulneración de los mismos conlleva penalizaciones para los abusadores. A la vista de estas consideraciones,
el código contempla que nunca se atente contra la vida del rey o del señor, pero se exculpa en el caso de que
el señor cometa contra el vasallo asesinato, felonía o traición. Si un caballero mata a un superior, fuera de
estos excepcionales casos, padecerá deshonra eterna y se le impondrá una dura pena.

En la presentación de un personaje el autor construye la caracterización psíquica progresiva del mismo y lo


dota de especial relevancia con sus palabras, sus hechos y, sobre todo, con el modo de ejecutar sus acciones.
Algunos detalles que completan las etopeyas caballerescas son el tipo de ademanes públicos y privados de los
caballeros que, en determinados momentos, categorizan al personaje. Cabe destacar que los comportamientos
apartados de los preceptivos, de la regla, aquellos que transgreden las normas son los que consiguen crear
mayor tensión narrativa en los relatos y es aquí donde radica la relevancia del cumplimiento del código en la
valoración de la conducta. Las acciones ofensivas son consideradas desmesuras, locuras, sinrazones o
desvaríos impropios de un caballero, pero el cumplimiento no representa un encorsetamiento. Son los autores
los que eligen el futuro de sus personajes en función de sus propósitos y exageran ciertas actuaciones para
conseguir un extraordinario efecto paródico o humorístico.

Son muchos los aspectos protocolarios asimilados y convertidos por costumbre en comportamientos
exigibles a todo buen caballero, que pueden pasar inadvertidos, tal es el caso de la solicitud de viaje y el
consentimiento o permiso para la partida. Los jóvenes caballeros suelen solicitar la aprobación de su rey, de
su señor, de su padre o de su amada antes de emprender la partida hacia una nueva aventura. Son detalles
que conforman la normalización de la cortesía que construye este complicado reglamento.
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Otras normas rigen el proceder del caballero en lo que se refiere al respeto y hermanamiento o fraternidad.
En su errancia caballeresca los personajes artúricos se encuentran, en múltiples ocasiones, con situaciones
diversas en las que tienen que interactuar con otros personajes de rango superior, del mismo rango o de un
estatus inferior, según la clasificación social medieval. El caballero debe corresponder a cada personaje con la
cortesía adecuada a su clase o condición; no obstante, el proceder no tiene que ser necesariamente el mismo
ya que las circunstancias que rodean el encuentro controlan la flexibilidad del acatamiento de las normas
protocolarias.

En un determinado momento el caballero siente la necesidad de demostrar su valía individual, lo que


requiere ineludiblemente combatir y caminar en soledad. El caballero que suele ir acompañado exclusivamente
de su escudero, sólo acepta a otro acompañante en caso de expresa necesidad (enfrentamiento con más de
un adversario, concesión de una gracia...). El elenco narrativo es consciente de que acompañar a un caballero
ejemplar implica directo aprendizaje y fama compartida. Se convierten en normas el pedir permiso a otro
caballero para acompañarlo y el respetar la denegación de acompañamiento.

No siempre las palabras y los gestos son los mismos en las salutaciones, su variedad y su correcta ejecución
forman parte de la cortesía adquirida por el personaje en su educación y en su errancia. Se establece un
protocolo caballeresco en torno al saludo al rey, al señor o al caballero principal. El saludo del caballero al
señor es la reverencia que muestra pleitesía y simboliza respeto, servicio, humildad y obediencia. De nuevo,
este simbólico gesto revela la marcada jerarquía social existente. Esta atención o respeto la deben mostrar
tanto caballeros como doncellas y se convierte en descortesía destacada si no se realiza o si se efectúa fuera
del debido protocolo. La licencia de hablar primero la goza el rey o señor e, incluso, los ancianos tienen esa
venia.Los mismos personajes conocen cuál es su turno al hablar y cuándo deben dejar que otro sea el que
inicie la conversación con un adversario.Así, el caballero suele mostrar esta cortesía en un encuentro por los
caminos y cuando llega a la corte. Los saludos también siguen una jerarquía protocolaria y en lo que a ellos se
refiere encontramos distintos tipos de ademanes, según las personas que realizan la reverencia. La forma de
saludar explica, incluso, las futuras relaciones entre personajes desconocidos entre sí; sin embargo, saludar
con desánimo o un saludo mal entendido puede acabar en un auténtico conflicto. Igualmente, negar el saludo
muestra el talante poco cortés de un personaje, pues supone una descortesía indecorosa, ya que ni siquiera
se entiende la negación del saludo al enemigo.

Otro comportamiento en el que entra en juego la cortesía es el recibimiento y la atención al huésped. Al


agasajar al huésped suelen acontecer dos situaciones diferentes:

1. lo común es ofrecer la mayor riqueza al más destacado de los caballeros presentes como reconocimiento o
recompensa a sus hazañas: el mejor caballo, vestimenta, manjar u otro tipo de riqueza
2. bien se hace hincapié en que todos los personajes reciban riquezas por igual, destacando así la
ecuanimidad del que ofrece hospedaje.

Encontramos numerosos ejemplos donde se presta ayuda al caballero para desmontar; existe otro orden
protocolario para montar a caballo y para escoger el caballo según la ocasión (paseo, viaje, adiestramiento,
batalla...). La minuciosidad en los detalles se extiende hasta el color de la cabalgadura que tiene una marcada
simbología: el blanco es símbolo de pureza, virginidad, etc.). En conclusión, la abundancia de este tipo de
ejemplos nos hace pensar que albergar a un caballero es una costumbre que, con el uso, se convierte en norma
sobreentendida que deben cumplir los reyes, los propios nobles y demás personajes. El hospedaje de un héroe
es un gesto que denota la condición generosa del que lo asila; la honra del que acoge es reconocida en función
del tratamiento y cuidados que facilita, según sus posibilidades.

Se hacen extensivas las mismas atenciones y honores dados al caballero en lo referido a su desarme,
considerándose indecorosa la apropiación indebida y la utilización de las armas de otro caballero, salvo en caso
de extrema necesidad.

El orden al tomar asiento o al levantarse estando en comitiva, ya sea en una celebración o en una comida
rutinaria, denota la categoría social o jerárquica que posee un personaje. Una norma de educación protocolaria
consiste en levantarse ante la llegada de un superior, de una dama o de un eclesiástico. La reverencia o gesto
de erguirse cuando una dama deja la mesa o la sala denota gran atención por parte del correcto caballero.

El reparto en la asignación de los lugares a ocupar exige un conocimiento del mismo: los regentes tienen
prefijados lugares determinados en los espacios de la ficción artúrica, al igual que en un contexto histórico
real. En la distribución espacial los reyes están siempre situados en lugares centrales o en sus tronos, sus
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escaños suelen colocarse por encima del resto, están estratégicamente ubicados en emplazamientos
privilegiados. Luego se ubica al resto de los personajes según su estatus social. De este modo, cuando alguno
de los monarcas o ambos deciden situarse al nivel espacial de otro caballero o doncella es muestra de cortesía
hacia éstos, entonces estamos ante un caso en el que estiman al caballero como a un igual.

La actitud en la mesa y los modales manifestados a la hora de comer demuestran la esmerada educación y
distinción de las doncellas y caballeros artúricos. El código vestimentario del caballero artúrico es parte de su
conducta cortesana, los caballeros deben llevar la indumentaria apropiada a cada ocasión. El rey Arturo es el
único que puede romper el esmerado código sin transgredirlo.

Vid. Frank PIERCE,Amour courtois et table ronde,Ginebra : Droz, 1972, p. 28-29.

Los ademanes entre enamorados deben ser discretos, en el cortejo amoroso deben quedar velados a los
acompañantes. Las leyes morales de estos caballeros hacen referencia a un comportamiento que
ineludiblemente deben acatar en lo relativo a relaciones amatorias, el amor cortés o fin’s amour se impone16.
Las normas amatorias están relacionadas con la constancia, fidelidad, lealtad, devoción y confianza. Existe un
protocolo de acercamiento a la dama, de cortejo y una posterior ceremonia para lograr las atenciones de la
misma, cuestiones todas de un rígido reglamento amoroso que velan por el mantenimiento de la gentileza y
que alejan actuaciones de tono agresivo o atrevido. Los modelos de parejas existentes en estas obras son:

1. El matrimonio.
2. Los componentes de un triángulo amoroso.
3. Las parejas con relaciones sexuales sin futuro compromiso.
Aspectos apuntado por Immanuel BEKKER en la primera edición del texto en 1856 y por Wendelin FOREST (...)

Erich KÖHLER, La aventura caballeresca. Ideal y realidad en la narrativa cortés,Blanca GARÍ (trad.)(...)

El sacramento más alabado dentro de la sociedad medieval cristiana es el matrimonio, pues la unión
sacramental permite la inclusión de relaciones amorosas en el relato caballeresco, aunque tenga como fin de
engendrar la progenie, sin embargo, en estos libros existen relaciones sexuales extramatrimoniales. Chrétien
de Troyes se muestra como gran defensor del matrimonio e incluye en su obra modelos de amor cortés
diferentes al de Tristán e Iseo. Los protagonistas de la obra más antigua de Chrétien de Troyes, ErecyEnide,son
ejemplo de amantes y compañeros maritales que demuestran su amor recíproco. Son ejemplo de la
coexistencia de amor, matrimonio y caballería presentes en esta obra, aspecto apuntado por Bekker y
Foerster17. Según podemos apreciar, el adulterio es la peor transgresión del código amoroso que puede
cometer un caballero. De la controversia entre amor y matrimonio entre los cónyuges surge el código cortés
amoroso de Chrétien de Troyes, así en Cligés se plantea la polémica de estas relaciones, tema estudiado por
Erich Köhler18. Paradójicamente, cabe señalar que los caballeros, ocasionalmente, requieren a las doncellas
como amigas y, en este mismo contexto, se deja bien claro que no es correcto que las mujeres requieran a los
caballeros. Al mismo tiempo, la dama debe mostrar una cuidada actitud, haciéndose rogar y no revelando sus
sentimientos hasta que estime oportuno; así la doncella distinguida no responde súbitamente ante los reclamos
del caballero para estar acorde o en armonía con los enunciados del propio código. Esta conducta, casi
normativa, que se le exige a la dama en esta literatura medieval, se debe a una consideración social vinculada
a la honra pública y a la forma correcta de manifestar los sentimientos. El amor discreto, fiel, leal y
correspondido es el bien más preciado para los dos géneros. La circunspección de los personajes es alabada
porque este decoro en el amor es prueba de la distinción en la manifestación de sentimientos: alegría, pena,
tristeza, dolor, deseo... Sólo el dolor por la muerte de un ser querido permite a los personajes demostrar
abiertamente su pena sin transgredir el prudente código de comportamiento aristocrático y cortesano. El llanto
es la muestra más común del sufrimiento, también se evidencia el dolor a partir del desmejoramiento de la
belleza física de los personajes, pero el llanto en los hombres implica vergüenza. El desmayo o la pérdida de
sentido es una muestra de dolor más reconocible y eficaz en la literatura artúrica, pues la privación del sentido
es un comportamiento involuntario y habitual en los personajes artúricos, pero asociado con frecuencia a la
conducta femenina, aunque sorprenda encontrar casos de desmayos masculinos.

La vergüenza está presente en la literatura artúrica como un concepto profundo y complejo asociado a
ciertos comportamientos que no se ajustan a los preceptos marcados y merecen ser castigados, la mayoría
son conductas relacionadas con el deshonor o la deshonra. El control emocional es una norma de
comportamiento ejemplar, por lo que controlar la cólera, el dolor y las manifestaciones sentimentales son
pilares del código de conducta cortés.
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Otro comportamiento que muestra el dolor es la inapetencia asociada al duelo, al dolor y a la enfermedad.
Aparecen distintas pruebas de dolor en acciones tales como mesarse los cabellos, retorcerse de las manos o
autolesionarse (arañarse el rostro). Las manifestaciones de pasión y deseo presentes en la vida cotidiana
también se hacen explícitas en la vida caballeresca. En cambio, los personajes femeninos y masculinos deben
demostrar su digna condición controlando sus sentimientos en público, pues en estos detalles radican los
modelos corteses. Es inevitable encontrar personajes que dan muestras de afectuosidad, abatimiento, júbilo y
placer a lo largo de todas las obras pero, siempre se cuida el momento oportuno, relegando la espontaneidad
a un segundo plano. Por este motivo, abundan las cuidadas exhortaciones de los personajes secundarios que
advierten al protagonista del peligro que corren al descuidar su mesura expresiva (ya sea por regocijo o por
desconsuelo). La explicación que justifica este proceder es que pueden descubrir la causa de sus desdichas o
de su entusiasmo poniendo en peligro su honra y la de otros, si hablamos de amor secreto. En resumen, la
imprudencia se convierte en una peligrosa arma de doble filo pues, conlleva la pena interna y la deshonra
pública. Se aboga por el amor verdadero y por sus muestras más afectivas en la intimidad, se reprueban los
matrimonios concertados, los concebidos por obligación y los faltos de amor (el amor adúltero se considera
una transgresión del código).

Ahora bien, como se entiende que el amor cortés o caballeresco tiene un propio código y forma parte de un
entramado mayor, si el caballero y la dama consiguen demostrar los excelsos valores asociados al amour
courtois ambos son exculpados de algunas faltas si rompen ocasionalmente el código y enmiendan sus errores
demostrando así su valía ante los demás.

Los distintos códigos del caballero pueden entrar en conflicto, al coexistir dos situaciones contradictorias
(frente a la tradicional preferencia teórica del deber sobre el placer o del honor sobre el amor), se impone
entonces la lealtad amorosa sobre la lealtad vasallática.

Jesús RODRÍGUEZ-VELASCO,«Esfuerço. La caballería, de estado a oficio», in : Amadís de Gaula: quinie (...)

En lo referido al ámbito bélico, ser caballero significa ostentar un oficio19 que pone al hombre al servicio de
la sociedad y sus deberes y obligaciones hacen referencia al mantenimiento del orden entre las gentes. Su
potestad no está limitada territorialmente y su autoridad es incuestionable (el servicio a su rey impera por
encima del resto de auxilios que debe prestar). Esta meritoria profesión se engrandece o se envilece según las
obras llevadas a cabo por el caballero.

Víctor DAVID HANSON, El arte de la guerra en el mundo antiguo: de la guerra de los persas a la caí (...)

Vid. Flavio VEGECIO,El arte de la guerra romana,Menéndez ARGÜÍN (trad.), Madrid: Sígnifer Libros, (...)

Vid. Livre des manières de Étienne de Fougères (ca. 1170-1180) vid.Étienne DE FOUGÈRES, Le livre de (...)

Existen numerosos tratados antiguos20 orientales y occidentales, como el de Vegecio21, por citar un
ejemplo, en los que se compendian los preceptos de ámbito militar que establecen los derechos y deberes de
los caballeros. Muchas de las instrucciones o reglas son coincidentes, salvando las distancias, otras se
perpetúan o asimilan y se adaptan a los cambios de época. Durante la Edad Media existen abundantes
doctrinales sobre el ejercicio militar22. Principalmente, las virtudes que debe poseer todo buen caballero, en
tanto a conducta bélica, son: cordura, fortaleza, mesura, justicia, inteligencia, astucia y, además, deben cuidar
sus bienes (caballo y armas). En esta literatura artúrica las mujeres, los religiosos y los niños están exentos
de practicar el ejercicio militar. Y no todos los hombres pueden ostentar este oficio, están descartados los viles,
los débiles, los pobres, etc..

Los comportamientos bélicos están asociados, primordialmente, a prestar ayuda al señor en caso de guerra
(para defender sus tierras o para conquistar otros territorios). En ocasiones, debe luchar en sustitución de otro
caballero o en el nombre de uno ausente por imperativos de necesidad. Las obras artúricas nos muestran las
técnicas guerreras, la disposición de los cuerpos de los ejércitos, los consejos de guerra y la descripción de
múltiples luchas y la diversidad de las armas dentro del referido código militar. Cada caballero tiene sus propias
destrezas guerreras.Las principales obligaciones de un caballero batallador son:

1. Estar siempre dispuesto y preparado para defender a su rey y a su reino.


2. Proteger a desfavorecidos, mujeres, desheredados y débiles (no pueden lidiar por sí mismos).
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3. Luchar por causas asociadas al honor (justicia y bien público).

El caballero artúrico no debe matar ni buscar un enfrentamiento sin un fin justificado. Entre las prohibiciones
halladas en las obras arturianas destacan: atacar a otro caballero desarmado, luchar sin motivo justificado,
luchar con un caballero pariente o amigo, rechazar un enfrentamiento con otro caballero (aunque conozca que
es superior en facultades guerreras). Todos estos aspectos son motivo de castigo y vergüenza.

Los comportamientos militares implican unas estrictas normas de obligado cumplimiento y asociadas a estas
conductas está el tema del perdón de la vida; Jean Flori sintetiza esta idea con las siguientes palabras:

Jean FLORI, Chevaliers et chevalerie..., p. 171 ; [“El tema del perdón de la vida en el siglo XII s (...)

El perdón de la vida del adversario y la clemencia son deberes implícitos e ineludibles. Las razones por las
que el caballero debe perdonar la vida del perdedor en la lid son las siguientes: por caridad y piedad con el
derrotado, por un galardón, don o petición o por generosidad y decoro. Otra cuestión hace referencia a la
rendición, considerada siempre la última opción posible. Los autores ponen especial cuidado al describir la
victoria de un rival, pues consiguen inventar las circunstancias oportunas para que dicho sometimiento parezca
adecuado e incluso legal.

El caballero tiene que saber utilizar las armas para cumplir con el ejercicio militar (esgrimir la espada,
embestir con lanza, portar el escudo...). En la educación caballeresca aprenden a cuidar sus armas y
protegerlas de los ladrones. En contadas ocasiones el héroe proporciona sus armas a otro que se encuentre
desprovisto de ellas. El motivo de las armas robadas es muy recurrente en la literatura artúrica y caballeresca

Hay una normativa para ejecutar cada una de las actividades guerreras del caballero: romper lanzas,
enfrentamientos a caballo o a pie, torneos, etc. En torno al desafío se cierne un complejo protocolo de actuación
que los caballeros suelen conocer. La declaración de hostilidades puede preceder al reto (procedimiento
público) o al duelo (privado). El ganador de un reto prueba su verdad y valía ante los presentes. La victoria de
un héroe sobre su rival da lugar a la elección de su destino, se contempla la petición del perdón de vida por
parte del vencido, previo reconocimiento de su propia inferioridad bélica. También hallamos ordalías, es decir,
pruebas de Dios o batallas de purgación.

2. Ámbito divino y espiritual


La ética caballeresca medieval está estrechamente vinculada a la moral eclesiástica. La religión tiene un
benéfico poder para el caballero. La dimensión ética (vista en el apartado 1.1. y en parte en el 1.2., a propósito
de la vergüenza) se sitúa a caballo entre ambos planos, pues aúna aspectos de la moral laica, específicamente
caballeresca, con otros ligados a la moral cristiana en general. Fe y esperanza son virtudes consustanciales a
todo buen caballero.Los personajes artúricos profesan la fe católica y son fieles a sus creencias pues
demuestran un comportamiento religioso admirable. Los guerreros siempre recurren a la fe en el momento
más álgido de la batalla. Muchas de las aventuras expuestas están directamente relacionadas con la búsqueda
del Grial, otras conductas a fuerza de repetirse en los distintos textos se convierten en hábitos relacionados
con la doctrina católica.Un caballero cristiano debe cumplir los mandamientos que impone la Iglesia católica.
Según la consideración católico-medieval, sólo Dios es dador de las más excelsas virtudes. Las virtudes
presentadas en nuestro estudio componen un fuerte decálogo moral y tienen un fin didáctico y propagandístico,
que se van desarrollando y se relacionan con la evolución interior de los personajes.

Los personajes más devotos en la literatura artúrica son los relacionados con el clero y los femeninos. En
momentos de peligro, desesperación o muerte los creyentes recurren a la fe. El código religioso del caballero
está alejado, como expusimos en un principio, de las órdenes religioso-militares, pero los preceptos que
consuma el caballero hacen referencia directamente a los ritos o ceremoniales católicos. Se hallan a caballeros
creyentes en el Dios cristiano, auxiliador y protector.

Las transgresiones a este código son escasas, pero una de ellas es entrar de forma inadecuada en un recinto
sagrado, lo que supone una absoluta falta de respeto a las creencias católicas, puesto que en lugar consagrado
los caballeros deben extremar el cuidado de sus actos.Los textos sagrados se utilizan para la lectura, así como
para otorgar credibilidad a un testimonio personal jurando sobre los mismos.
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Incurrir en pecado capital es la peor tacha que se le puede atribuir a un caballero, de ahí que la vanidad sea
un defecto muy reprochado y que se use para la caracterización de caballeros antagonistas; el orgullo y la
soberbia se asocian a la locura o a la falta de razón y de virtud.

Las fiestas religiosas son las fechas idóneas en las que poner a prueba las diversas habilidades con
adversarios dignos. Así, encontramos que se repiten ciertas onomásticas y festividades en las obras artúricas
para la celebración de torneos y otros actos.

En definitiva, la verdadera importancia de estos modelos conductuales insertos en los citados códigos
(humano, militar y religioso) radica en que su quebrantamiento plantea fuertes tensiones narrativas en el
mundo artúrico. De este modo, la transgresión implica un comportamiento contrario al código, por lo que es
punible. La mayoría de los personajes arturianos de las obras de Chrétien de Troyes y del resto de las obras
analizadas, a excepción de unos pocos, transgreden las normas que constituyen los códigos, pero gracias al
elogio de las acciones modélicas y a la inclusión de los diferentes tipos de transgresiones, que son
amonestadas, castigadas, reprobadas, corregidas o vituperadas, se ha podido llegar a determinar la extensión
de las mismas.

La caracterización de los personajes depende también del grado de cumplimiento o violación del propio
código, es decir, que dependiendo del grado de ejecución de las costumbres y del respeto de las normas que
tiene el personaje obtiene su mayor o menor reconocimiento social.

Por este motivo, la creación del personaje antagónico es necesaria ya que el antihéroe presenta los
comportamientos y las características antitéticas de los personajes modélicos, evidentemente son los más
denostados por ser los mayores transgresores del código.

En conclusión, los mencionados códigos se transfieren y muchas de sus normas perviven casi idénticas en
diferentes obras y distintos contextos; en cambio, otras normas se pierden y la mayoría se adaptan a los
nuevos moldes de la realidad imperante (a la ideología, a la moral religiosa del momento, a las modas, en
definitiva, a las circunstancias del tiempo en el que fueron escritas). Los detalles más nimios de este código,
como los que aluden a la vestimenta, hasta la compleja red de normas que rigen los comportamientos del
caballero son interpretados integrándolos en una unidad mayor en las que adquieren un sentido más complejo.
A través de la lectura de las obras se llega a la conclusión de que existe una interconexión entre los diferentes
códigos, pues el caballero no puede delimitar las leyes que rigen los diversos mundos en los que vive
(caballeresco, militar, cortesano, religioso, etc.). Pero los códigos pueden entrar en conflicto por sus diferencias
o pueden llegar a solaparse por sus similitudes, aunque hay algunos preceptos que son tan coincidentes en los
diferentes ámbitos que conforman el universo del caballero que se extrapolan de uno a otro o se adaptan para
no chocar. Por consiguiente, el caballero más perfecto, el más virtuoso es aquel que encuentra el equilibrio
en los ámbitos de lo humano, lo militar y lo religioso.